Aprendiendo a ser padres: La agresividad

Este es el primero de una serie de artículos para orientar a padres, hermanos, educadores y cualquiera interesado en el conocimiento acerca de los distintos ámbitos que ocupan la vida de los jóvenes y adolescentes. Pero si tuviera que definir un “Target” (Un objetivo) diría que se trata de una serie de artículos para orientar a los padres en el complejo mundo que es su hijo.

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¿Qué es importante saber sobre agresividad?

La agresividad puede ser física o verbal. No todos los niños que manifiestan agresividad verbal pasan a la física, pero, ambos tipos están fuertemente relacionados.

Si no se controla pronto, la agresividad del infante afectará negativamente en su desarrollo. Pudiendo desembocar en un comportamiento violento cuando crezca.

El niño agresivo no se encuentra a gusto consigo mismo ni con los demás presentando dificultades en las relaciones sociales. Controlar el comportamiento agresivo no quiere decir volver pasivo e indefenso al niño. Como la mayoría de comportamientos agresivos son aprendidos, pueden aprender a actuar de forma no agresiva.

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¿Qué puede provocar conductas agresivas en el niño?

No hay un solo factor el detonante de la agresividad, sino la unión de varios. A saber:

  • Tipo de sociedad: La sociedad actual promueve la agresividad y la competitividad individualista. Este tipo de mensajes cala en los niños y adolescentes
  • Entorno social: El niño aprende del entorno y es fácil que cuanto más agresivo sea, más cosas consiga reforzando esas conductas agresivas.
  • Medios de comunicación: La televisión tiene mucho contenido violento y si está desregulado y fuera del control de los padres, puede ser una mala influencia.
  • Factores biológicos: Hay, evidentemente, factores fisiológicos que pueden desencadenar una mayor tendencia a las conductas violentas.
  • Relaciones familiares: Las relaciones entre miembros de la familia son muy importantes en la producción de la agresividad. Si los padres son agresivos con el niño facilitan que su hijo se relacione de forma agresiva con los demás.
  • Estilo de educación: Tanto unos padres negligentes como una educación excesivamente estricta puede desencadenar conductas agresivas en los niños y adolescentes.
  • La edad: Las conductas agresivas de los niños son frecuentes y hay que controlar un poco como se manifiestan para que no se acentúen con el crecimiento. En la adolescencia puede llegar a desembocar en comportamientos violentos.

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¿Cómo prevenir la agresividad?

Hay que resaltar la importancia del ambiente familiar y la forma de relacionarse en casa para la prevención de conductas agresivas.

Se recomienda el uso de un lenguaje correcto, para mostrar el desacuerdo de forma pacífica y respetuosa. Es importante enseñar a poner en palabras las emociones y sentimientos porque le permitirá reducir la ansiedad. Premisas como: Sabemos que estás enfadado. ¿Qué es lo que te enfada? ¿Qué crees que te haría sentir mejor?

Es importante que entienda que el enfado es natural, a veces ocurre. Pero, que se debe controlar y expresar de forma adecuada. También evitar que vea programación de contenido violento no apto para su edad y sin vuestra supervisión. Puede que tienda a imitar formas violentas como actos normales por culpa de los cánones violentos de la televisión.

Si se da una situación violenta ajena, podeis aprovechar para mostrarle que esa no es la forma de solucionar las cosas (Televisión, agresiones en la calle, cualquier ejemplo espontaneo vale) y aprovechar para enseñarle alternativas saludables. La práctica de deportes por ejemplo, es una buena forma de encauzar su energía. Los más recomendables son los que además de canalizar su energía le enseñen a respetar las reglas del juego y al adversario, no incidir en la cara más competitiva del deporte.

Es recomendable que el niño practique actividades en grupo con otros niños para que aprenda a trabajar en equipo. Además de transmitir a vuestro hijo que la agresión no es la forma de comunicarse, le debéis de enseñar a defenderse y a no aceptar la agresión de los otros. Si aprende a defenderse no asumirá el papel de víctima. Confiará en sí mismo y podrá afrontar la agresión de los demás poniendo limites.

Es importante que enseñéis a vuestro hijo a quererse y aceptarse tal y como es para que tenga un buen concepto de sí mismo. Aunque no es recomendable que presencie conflictos entre vosotros, a veces es inevitable. Intentad explicar que a veces discutís y resolvéis vuestros conflictos dialogando.

Si notáis que se crea una situación conflictiva con vuestro hijo, intentad mantener la calma. Y si no pudierais, recurrir a salir de la habitación para más tarde volver y plantear buscar una solución.

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¿Cómo actuar ante la agresividad?

Es importante que desde pequeño corrijáis las conductas agresivas del niño. Desde insultar, a hacer daño a otras personas o animales. Es fundamental que ambos tengáis la misma opinión respecto a las conductas agresivas.

Evitad prestar atención cuando de pequeño diga alguna palabra subida de tono. Porque a veces os hará gracia y otras le reprochareis que la use y eso le desconcertará. Si le escucháis insultar, decidle que eso no se hace, pero sin gritarle.

Si le escucháis algo parecido a “Es idiota, me ha cogido…” le podéis decir que muestre ese mismo enfado, pero usando unas palabras más adecuadas. Ayudad a controlar el enfado de vuestro hijo poniendo límites, dejadle claro que no consentiréis que golpeé o insulte: “Sabemos que estás enfadado, pero no vamos a consentir que pegues… Hoy no verás la tele”.

Aunque debéis recriminar las conductas agresivas, también es imprescindible reforzar las conductas no agresivas. Si utilizáis excesivamente el castigo podéis provocar el efecto contrario. Cuando esté “no agresivo” decidle lo bien que os sentís cuando se comporta así.

Cuando regañéis a vuestro hijo porque ha agredido, centraros en esa conducta específica que está mal, no lo descalifiquéis a él como persona con premisas como “Qué malo eres”, sino más bien “Eso está mal”. Evitando así que se identifique con el rol de “Niño malo”.

Debéis prestar especial atención a los avances que hace. Si notáis que está esforzándose en cambiar o comportarse mejor, evitad hacer referencias al comportamiento anterior. Aunque vuelva a realizar alguna conducta violenta.

Controlar el comportamiento agresivo del niño con castigos físicos, lejos de ayudar a prevenirla, acentúa las conductas agresivas en él.

Es importante que no sólo le prestéis atención cuando hace conductas agresivas. Porque aprenderá que es la única forma que tiene de conseguir atención.

Si las conductas agresivas de vuestro hijo van en aumento u os sentís incapaces de controlarlas, buscad ayuda profesional.

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Migración: decidir partir, cuando la esperanza es el reencuentro.

Son muchas las razones por las que alguien decide emigrar, hay algunos en que prima el deseo de aventuras, de conocer una cultura distinta, de probar otros sabores. Sin embargo, hay una gran parte de personas o familias que deciden emigrar debido a presiones externas, estos se ven “obligados” en cierta forma a tomar otros caminos y cambiar el lugar que es llamado “Hogar”.

A lo largo de la historia gracias a los procesos migratorios el ser humano ha logrado tanto desarrollarse como evolucionar. Esa necesidad de descubrir que hay más allá, de conquistar nuevas tierras, de intercambiar modelos de vida, de organización social, de mezclar sabores, oficios, genes, entre muchos otros factores, han generado lo que somos hoy en cada uno de los rincones de nuestro planeta. En algunos casos encontramos sociedades más “avanzadas” en lo que respecta a el nuevo hombre, tecnológico y globalizado, y en otras sociedades más apegados a tradiciones y  a estilos de vida menos tecnológicas.

Lo que no cabe duda es que cuando una persona o familia emigra se producen cambios, tanto en su estructura interna como externa. Y estos cambios impactan a cada uno de los integrantes de la familia ya sea de una manera positiva, y en otros casos menos afortunados de una manera más negativa. Esto ha generado mayor interés por realizar investigaciones en materia de salud mental y física en migrantes a los largo de todo el mundo. Y en este sentido no solo se considera a la persona o a las personas que se van, igualmente se considera como parte del impacto y del proceso migratorio a las personas que se quedan. Teniendo en consideración la mirada sistémica, donde cada uno de los integrantes de la familia influye y contribuyen a la organización emocional, social y psicológica del otro.

Evidentemente no significa que la inmigración en sí sea un detonante de patologías, pero inevitablemente es un proceso transformador y de crisis   para el sujeto y la familia. En algunas investigaciones se ha determinado que la experiencia de la migración aflora patologías físicas psicosomáticas tanto para el que se va como el que se queda, tales como cefaleas, problemas gastrointestinales, hipertensión, entre otros, al igual que también aparecen en muchos casos manifestaciones psico-emocionales como insomnios, depresiones, ansiedades, abusoMafalda-5 (Custom) de drogas, patologías conductuales, entre otras afecciones. De esta manera, la migración puede activar igualmente factores que estaban encubiertos en el país  lugar de origen ya que es una experiencia altamente movilizadora.  Razón por la cual el estudio y la atención preventiva en diferentes niveles (médico, psicológico, social, político)  es de carácter primordial. 

Hay diferentes condiciones que afectaran de una y otra manera la estructura familiar, ya sea porque el padre o madre viaja primero dejando a los hijos al cuidado de terceros significativos, ya sean familiares o no, que se convierten en sus figuras parentales de referencia, como aquellas parejas que se separan cambiando la dinámica familiar a una dinámica monoparental, como cuando viajan solos los hijos y los padres quedan en el lugar de origen, esto genera experiencias de abandono, de pérdidas o ausencias que va a determinar la experiencia de una reagrupación futura, que en algunos casos sucede en tiempo cortos y determinados, como en otros donde son más prolongados y se convierten en espacios de tiempo que escapan de la planificación original de la familia. Pero son los hijos o la segunda generación quienes sufren las consecuencias directas de la migración, sus padres contaban con un paradigma cultural de base, pero son los hijos quienes deben danzar entre culturas para crear su propia identidad.

 

La migración: proceso de duelo

Es por esto que una de las conclusiones más comunes de las investigaciones es que el proceso de migración también es un proceso de duelo.  Un duelo que depende de cada uno de los recursos personales y familiares, estos van a garantizar el éxito o el fracaso de adaptación a la nueva cultura y al país que acoge.

Estos duelos  pueden ser simples, complicados o extremos. Considerando que pueden existir distintos tipos de duelo ya sea por la pérdida de la familia y los seres queridos, del idioma y la cultura, en algunos casos por la tierra (paisajes, clima, estaciones), por el estatus social, el cual suele ser también una de las causas más frecuentes de consulta, por la seguridad social (documentos de identidad, trabajo, vivienda, acceso a oportunidades, etc) Achótegui, J. Los duelos de la migración: una perspectiva psicopatológica y social(2000).

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Aunado a ello, se resalta como parte esencial del proceso aquellos legados de afrontamiento a las situaciones de crisis y cambios, al igual que se considera como los efectos de la migración impactan a las siguientes generaciones, como se indica en el artículo anterior en Conectando con nuestras herencias familiares (transgeneracionalidad) , la familia de origen trae consigo recursos que pueden ayudar o desfavorecer la adaptación en un nuevo contexto, tanto así que permitan la interacción e introducción sana de una nueva cultura y nuevos códigos, o por el contrario, hagan que el proceso migratorio se convierta en un proceso de marginación debido a legado muy rígidos y cerrados, donde lo nuevo sea procesado como una amenaza.

En su libro “Terapia familiar sistémica, aspectos teóricos y aplicación practica” Carmen Bermudez y Eduardo Brik (2010), explican cuatro fenómenos que ocurren cuando un individuo entra en contacto con otra cultura: asimilación, segregación, marginación e integración.

  • Asimilación: el individuo no desea mantener su identidad cultural y busca la interacción con la cultura de la sociedad dominante.
  • Segregación: cuando un individuo valora más su cultura de origen y evita la interacción con la otra cultura.
  • Marginación: cuando un sujeto no valora ni su cultura ni tampoco intenta entrar en contacto con la cultura local.
  • Integración: cuando un individuo le interesa conservar su identidad cultural de origen y al mismo tiempo mantiene interacción con la cultural local de manera que se pueda relacionar con ambas.

Esto se refiere al término de aculturación, como una respuesta adaptativa donde entran en juego intercambios culturales significativos que involucran tanto a los individuos locales como a los inmigrantes y se van a caracterizar por los puntos descritos anteriormente. La interculturalidad favorece el modelo de la integración dinámica el cual no solo va a  cambiar al inmigrante sino también a la sociedad de acogida.  Donde se respetan las diferencias y se buscan puntos de encuentro entre ellas.

El papel de las políticas públicas en temáticas de inmigración es esencial para la salud mental y para el adecuado proceso de interculturalidad.  La apertura a la diferencia cultural, el apoyo psicosocial, las redes comunitarias, la posibilidad de obtención de residencias y visados (el estatus legal), van a aportar a la salud mental del inmigrante y va a evitar colateralmente problemas sociales de mayor carácter como la violencia, condiciones de trabajo abusivas o explotadoras, pobreza y la marginación en la población migrante.  Por otro lado el trabajo realizado en los medios de comunicación debe estar enfocado en invitar a la integración cultural, y evitar estigmatizar y reforzar estereotipos que generan mayor resistencia o temor por la presencia del migrante en una sociedad.

 

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Enfoque Sistémico en el trabajo con familia de inmigrantes

El terapeuta y/o organización que desee trabajar en el área de inmigración o con familias provenientes de otros lugares debe tener la capacidad de revisarse primeramente, y como sucede con otras temáticas, debe tener en cuenta su sistema de valores, las ideas y creencias que tiene en relación a lo que significa la inmigración y estereotipos acerca de diversas culturas. La persona que solicita ayuda siempre estará muy sensible a este tipo de posturas en el otro, y más en un terapeuta donde desea obtener la contención que quizás no ha recibido en el contexto que lo rodea.

Dentro del campo sistémico, las escuelas que más se emplean son el modelo relacional estratégico, la escuela estructural, la intergeneracional, el enfoque narrativo, el enfoque ecosistémico aplicado a la transición cultural. En las últimas décadas se ha desarrollado para abordar esta temática la Terapia Transcultural. Aquí entra en relevancia el enfoque de la segunda cibernética, donde terapeuta y paciente “construyen juntos”, el terapeuta pasa de ser un agente externo, para convertirse en un participante, invitándolo a adentrarse al mundo del paciente, lo que facilitara la comprensión de su marco simbólico, de la manera como organiza y se relaciona con el mundo o con el otro. Y donde el sistema de valores y el mismo mundo simbólico del terapeuta van a interactuar en el proceso del paciente o familia que está atendiendo. Debido a esto, la importancia de adentrarse como terapeuta en su propio sistema de valores y creencias, para conocer si hay aspectos en su mundo simbólico que pueden entorpecer y perjudicar el proceso terapéutico de una persona o una familia, es de primera importancia.

Finalmente la búsqueda es mitigar el dolor y el malestar sufrido por la persona o grupo familiar, gracias al “choque de culturas, duelos presentes y asuntos no resueltos con sus lugares de origen”, con el objetivo de fomentar la construcción de una realidad más integrada e intercultural, donde la persona pueda mantener relación con su cultura de origen, pero que igualmente pueda integrarse de una manera saludable a la cultura del lugar de acogida, construyendo un yo o un sí mismo más intercultural.

Los inmigrantes, son personas resilientes,  que han logrado estar en un Lugar diferente  y convertirlo en su nuevo hogar. Es importante ayudar a visualizar y validar el proceso vivido por la persona o familia como un proceso de crecimiento. Hoy en día la nueva manera de comunicarse y la tecnología facilitan la mantención de los vínculos  familiares y con los seres queridos que han quedado en el lugar de origen. Esto también es una ventaja terapéutica, ya que se puede utilizar este factor como una herramienta para poder trabajar con temáticas no resueltas del lugar de origen de la familia o de la persona consultante.

 

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La gestión pública y los servicios sociales tienen un rol fundamental para poder establecer un proceso migratorio sano tanto para el que llega como para el que ya estaba. En la actualidad desafortunadamente hemos visto como en esta materia los gobiernos han sido ineficientes, y en algunos casos han generado prácticas perversas en materia de inmigración, lo que genera mayor casos y crisis, violentando Derechos Humanos, y generando mayor resistencia en los países de acogida, como lo hemos visto en casos de los refugiados y desplazados, productos de la violencia y condiciones de vida precarios desbordados en diferentes partes del mundo.

Hay países que tienen décadas abordando el fenómeno de la migración como lo son los Estados Unidos, Igualmente la Unión Europea, en especial países como España, Italia y Francia. Sin embargo aún sigue siendo fenómenos que generan malestar tanto en el local como en el migrante, ya que  las políticas de interculturalidad son ineficiencias y poco realistas.  Es por esto que la demanda es establecer servicios preventivos y de atención directa en materia educativa, política, médica, social y psicológica que favorezcan una mejor relación intercultural, donde se acoja las necesidades de las personas locales y de aquellas que llegan, para evitar la activación de procesos radicales que general mayor violencia y marginación .

 

Conclusiones

Si el fenómeno de la migración se observara como un proceso natural de los seres vivos, donde la diferencia puede ser una ventaja, se abriría un espacio de crecimiento. Siempre el intercambio entre culturas va a permitir el crecimiento cultural del lugar de acogida, ya que inevitablemente va a verse impactada por nuevos códigos ya sea en áreas como la música y el arte en general, la gastronomía, la educación, la organización política, entre otros aspectos.

El título de este artículo es decidir partir, cuando la esperanza es el rencuentro.  Esto basadoen parte en mi experiencia personal.  Cuando decides partir de tu lugar de origen, ya sea por la razón que te motive, en algunos casos más voluntarios que en otros, siempre se sufre un duelo, que según se explicó anteriormente dependiendo de la manera como se aborde va  a garantizar  el éxito o el fracaso de la experiencia.

 

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Llegar a un lugar nuevo siempre va a generar un impacto. Ya que es otro sistema de códigos sociales. Finalmente de acuerdo a los recursos personales este impacto va a ser una experiencia paralizadora o más bien activadora. Como soy parte de esta comunidad de migrantes, atreviéndome a compartir mi experiencia personal, siempre voy a recordar el día que llegue a Madrid y salí por el metro ópera; mi aliento se contuvo y quede maravillada por lo que me rodeaba, al igual que siempre recordaré la primera vez que fui a una piscina municipal en verano y vi a todas las chicas en Topless, quede ruborizada, me sentía mi abuelita, con un bañador que me tapaba hasta las uñas.

En mi caso como mi migración fue voluntaria, esto inevitablemente me ayudó a sopesar   y a activar mis recursos personales para lograr adaptarme de manera más activa, aun con experiencias un tanto movilizadoras como la irregularidad en mis documentos y permiso de trabajo, el rechazo de algunas personas por mi lugar de origen, el clima y el saber que no habían personas familiares que pudiesen ayudarme en un momento difícil. Esto me ayudo a conectarme y activar mis propias redes de apoyo, me ayudo a abrirme a una nueva cultura y a integrar nuevos códigos en mi organización social.

En otros casos donde la migración es forzada, estos mecanismos aparecen en una forma más lenta,  donde el duelo puede perjudicar  y entorpecer la adaptación e integración   a una nueva cultura. Como en el caso de mis padres y hermana, que se vieron obligados a salir de Venezuela, luego de vivir una experiencia de violencia donde casi pierden la vida.  Esto obviamente no les permitió preparar el terreno para su salida, sino que precipitó la decisión de emigrar.

Siempre va a existir una nostalgia de reencontrarse con aquellas personas y lugares amados que nos traen buenos recuerdos. Depende de la vinculación que se tenga  con las raíces, la necesidad del reencuentro y de volver a ese lugar maternal que ayudo a crecer. El proceso de la migración es sin duda transformador, es muy cierto el dicho que dice “el que se fue ya no vuelve aunque regrese”. El contacto con otras culturas va  modificar la realidad, va a ampliar la manera de ver y de procesar el mundo. Es una experiencia única que inevitablemente influye en nuestra manera de organizarnos. Va a requerir de la activación  de los recursos personales y familiares más íntimos y rudimentarios, para que la experiencia se convierta en una oportunidad de crecimiento. Y esto no solo te va a marcar a ti, sino a futuras generaciones. Haciendo nuevamente mención al artículo Conectando con nuestras herencias familiares (transgeneracionalidad)

La invitación es, si por la razón que sea, ya no estás en tu país o lugar de origen, darte cuenta que tienes una oportunidad única. Es un nuevo comienzo que te invita a descubrir y crecer. Si el llamado por las raíces no te permiten conectarte con el aquí y el ahora, y el duelo por las pérdidas sufridas en este proceso no han permitido tener espacios de apertura a una nueva cultura, lo importante es evaluar la posibilidad de recurrir a espacios de ayuda que favorezcan un adecuado proceso de interculturalidad. Existen organizaciones y grupos que pueden ayudar a las familias o a las personas a contener y a sobrellevar esta experiencia de una manera más saludable. Darse cuenta que no se está solo, y que solo se necesita  dar un paso hacia afuera y conectarse con las oportunidades que le ofrece la experiencia de migrar.

Comparto una reflexión que en algún momento tuvo sentido para mí: “Para que exista un verdadero proceso de transformación, debe existir la ruina, y es a partir de ella que se puede empezar  a reconstruir y renacer, y si no, ¿quién llego a este mundo sin dolor?”  invito a ver el siguiente video las ruinas son el camino a la transformación.

Culmino con un pensamiento tibetano:

Todo lo adquirido puede perderse. A todo encuentro debe seguir la separación. Solo lo que hayas cultivado en tu mundo interior te pertenece”

 Bibliografía

  • Bermudez y Brik. (2010). Terapia Familiar Sistémica. Aspectos teóricos y aplicaciones prácticas. Editorial Síntesis.
  • Achótegui, J. (2000). Los duelos de la migración: una perspectiva psicopatológica y social. Editorial Bellatierra.
  • Rivera, Obregón y Cervantes. Recursos psicológicos y salud: Consideraciones para la intervención con los migrantes y sus familias. Facultad de Psicología, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. (2009).

Tres experimentos (que no creerás) heredados de la II Guerra Mundial

Después de la Segunda Guerra Mundial, a lo largo de la década de los 50 y los 60, la comunidad científica internacional se vio sumida en un hervidero de nuevos estudio, teorías, investigaciones, experimentos… que intentaban dar respuesta a grandes interrogantes surgidos después del conflicto. Una vez terminada  la guerra, Europa estaba demasiado ocupada intentado recomponerse del desastre, así que fue en los EEUU, cuyo territorio seguía «intacto» donde se pusieron en marcha algunos de los experimentos psicológicos más curiosos que se han hecho en la historia de la medicina y la psicología del pasado siglo. 

1- Proyecto Paloma: misiles guiados por palomas

El nombre del proyecto parece sacado de una película de los Monty Python, pero es real como la vida misma. De todos los experimentos llevados a cabo a lo largo de la historia, mi favorito es sin duda el  Project Pigeon.

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Después de la Segunda Guerra Mundial el desarrollo armamentístico experimentó un grandísimo boom en la búsqueda de nuevas maneras de matar más y mejor. Entre otras cosas, se querían desarrollar estrategias de guiado de misiles que fueran lo más fiables posibles.  Y es aquí donde (¿en serio?) entra en juego nada más y nada menos que:  Frederic Skinner, uno de los mayores referentes  de la psicología conductista, por aquel entonces profesor en la Universidad de Harvard.

Al padre del condicionamiento operante no se le ocurrió mejor idea que adiestrar a varias palomas para picotear, mediante estímulos, figuras con el objetivo que tendría el misil. El resto del mecanismo no importa. En el museo Smithsonian tienen una réplica del diseño original.

Demasiado excéntrico para el Ministerio de Defensa, el proyecto fue cancelado en octubre del 44 (después de haber invertido eso sí  25.000 dólares).

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2- La psicología del hambre: el experimento de Minnesota

 

En noviembre de 1944, 36 jóvenes participaron en un curioso experimento llevado a cabo en los pasillos  y habitaciones del estadio de fútbol de la Universidad de Minnesota. Los jóvenes, que por supuesto no eran futbolistas, fueron reclutados por Ancel Keys (el mismo que popularizó el concepto de Índice de Masa Corporal), desde el recién inaugurado  laboratorio de Higiene Psicológica de la universidad, en colaboración con Josef Brozek como psicólogo responsable. ¿De qué trataba el proyecto?

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En Estados Unidos veían como el hambre era un problema constante en la Europa asediada por la guerra, donde los bloqueos comerciales hacían muchas veces imposible el abastecimiento de ciudades enteras. Desde la universidad se propusieron hacer un estudio sistemático sobre los efectos físicos y psicológicos de hambre a largo plazo, tratando de encontrar cuál es la mejor manera de rehabilitar a las personas que lo han padecido durante periodos prolongados de tiempo.  Los  36 participantes del estudio eran objetores de conciencia , que como alternativa a la guerra se habían apuntado a labores de servicio público (a menudo los objetores de conciencia se alistaban en experimentos médicos donde eran utilizados como conejillos de indias). 36 jóvenes que se ofrecieron voluntariamente para que «los mataran de hambre«.

De los 200 inscritos, 36 llegaron a Minessota en noviembre de 1944, donde pasarían los 12 meses siguientes. El experimento se desarrolló de la siguiente manera:

Los tres primeros meses se les alimentó de manera normal, para establecer una línea base (un punto de partida controlado y equitativo) entre los jóvenes.

Los siguientes 6 meses fueron sometidos a una dieta muy pobre, dividida en dos comidas al día. Los alimentos que les daban eran los mismos que se podían encontrar en la Europa de aquellos años: patatas, pan, pasta, poca proteína… Debían trabajar 15 horas a la semana en el laboratorio, caminar 22 millas a la semana, y  participar en actividades educativas otras 25 horas semanales.

Los últimos 3 meses fueron sometidos a una «rehabilitación» en la que volvieron a comer de manera habitual.

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¿Qué averiguaron? Los resultados a nivel físico que observaron fueron los siguientes: bajada de peso; bajada de la temperatura corporal;  disminución de la energía sexual y de la activación en general. En el plano psicológico encontraron un deseo obsesivo por la comida; fatiga; irritabilidad; depresión; apatía…

Pero aquí no termina la historia. Si ya de por sí podemos pensar que el experimento en cuestión era bastante ridículo, el destino no quiso que llegara a buen puerto. En mayo de 1945 finalizó la guerra, antes de haber terminado la segunda fase del experimento, cuando los 36 participantes se encontraban en pleno calvario pasando hambre. El equipo  de Minnesota, que veía como el resultado de su estudio no iba a poder ayudar a la población real, decidió no tirar la toalla y elaboró una guía de 70 páginas Men and Hunger: A Psychological Manual for Relief Workers, basado en lo que habían aprendido hasta la fecha.  Como dato curioso advertir que de todos los tratamientos que se utilizaron en la última fase (rehabilitación) el más eficaz fue  la ingesta de comida altamente calórica.

Si quieres saber más, te recomiendo este artículo en el que se recogen algunos pensamientos de los participantes en el estudio.

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3- Experimentos crueles: investigación de Milgram

 

Desde la Universidad de Minnesota, pasando por Harvard, llegamos a Yale. En esta universidad se encontraba Stanley Milgram cuando  desarrolló unos de los experimentos más famosos de la historia. Corría el año 1961, y los actos de barbarie cometidos durante la Segunda Guerra Mundial despertaban mucha atención. Pocos meses antes miembros del partido nazi habían sido condenados por crímenes contra la humanidad, y Milgram quería averiguar si las demás personas que habían seguido sus órdenes también deberían ser consideradas como cómplices. ¿hasta qué punto un humano obedece a una figura de autoridad aunque  sus órdenes entren en conflicto con su moral? 

El anuncio que publicaron en una parada de autobús en Florida para buscar a sus conejillos de indias rezaba así: «estudio de la memoria y el aprendizaje». Por cuatro dólares más dietas, los voluntarios creían que estaban participando en un estudio que se alejaba mucho de la realidad.

Se necesitaban tres personas para desarrollar la actividad. El investigador, intentaba persuadir al voluntario para que administrara descargas eléctricas a una tercera persona (cómplice del investigador). La intensidad de las descargas iba ganando en potencia, y el cómplice fingía, mediante gritos y suplicas, que sufría verdaderos dolores.  La variable dependiente objeto de estudio fue:

«¿Cuánto tiempo puede alguien seguir dando descargas a otra persona si se le dice que lo haga, incluso si creyera que se le pueden causar heridas graves?»

 

 

Las hipótesis que barajaban en el inicio era que muy pocas personas llegarían al final del experimento, tan sólo los más sádicos, por lo que su sorpresa debió ser considerable cuando vieron que 25 de los 40 participantes llegaron al último nivel de voltaje.

Después de terminar las sesiones Milgram les hacía una serie de preguntas a los participantes antes de contarles lo que realmente había pasado. Algunas de las transcripciones originales son:

 

Sujeto: Yo me detuve, pero él (el experimentador) insistía ¡continúe! ¡continúe!

Milgram: ¿Pero por qué usted simplemente no desatendió la orden?

Sujeto: ¡Él decía que el experimento debía continuar!

Milgram: Está bien, me gustaría decirle algo sobre el experimento ¿se siente usted un poco molesto?

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Milgram: ¿Por qué no se detuvo?

Sujeto: ¡Él no me dejaba! ¡Yo quería parar! Le insistía con parar pero él decía no. Le pedí que revisara al tipo que estaba ahí dentro pero no lo hizo. 

Si quieres saber más, Milgram publicó tiempo después Obediencia a la Autoridad, donde se recogen los detalles de la investigación.

 

Fuentes: 

Música para transitar a través de las emociones

Si existe un fenómeno puramente humano, capaz de movilizar nuestras emociones y hacernos sentir de forma profunda, ya sea desde la más amarga tristeza a la alegría más exultante, esa es la música. Esos efectos tan potentes que ejerce la música sobre todos nosotros se deben principalmente a dos motivos. Por un lado, la gran relación que tiene con nuestra memoria autobiográfica, de modo que tenemos una tendencia natural a asociar determinados hechos o momentos de nuestra vida con canciones o piezas musicales concretas, hasta tal punto que su poder de evocación nos permite revivir imágenes y recuerdos, así como sentir en nuestro cuerpo las mismas sensaciones que antaño. Por otro lado, la música tiene unas características intrínsecas que tienen el potencial de movilizar nuestras emociones más allá de las memorias asociadas con la misma.

 

 

 

Música y memoria autobiográfica

 

El oído es uno de los sentidos que se desarrolla más temprano durante el desarrollo fetal. Nuestro sistema auditivo se vuelve funcional, es decir, capaz de captar y procesar sonidos, entre las semanas 25 y 29 de gestación (alrededor del 6º-7º mes), cuando se conecta el oído interno (el conocido “caracol”) con las estructuras cerebrales que interpretarán las señales recogidas. Todo ello indica que, desde ese momento, el feto va recogiendo de forma activa estímulos sonoros, tanto procedentes del cuerpo de la madre (latido cardiaco, respiración, ruidos intestinales, su voz) como del exterior. De este modo, el feto tiene capacidad para reconocer la voz de su madre, música sencilla, o sonidos comunes del entorno. Se ha demostrado que el aprendizaje intrauterino de sonidos, voces y música comienza alrededor de la semana 32 de gestación. Puede reconocer la voz de la madre o una melodía concreta, incluso el idioma materno frente a otros, y ser capaz de discriminarlos de otros tras el nacimiento.

 

Cuando nos exponemos ya de adultos a determinados sonidos, como una grabación del latido cardiaco, o sonidos de agua (recordemos que, como fetos, vivimos sumergidos en una gran bolsa de contenido líquido que es el saco amniótico), como puede ser el mar, tendemos a experimentar una gran reacción emocional, posiblemente ligada a esas experiencias tempranas en las que aún no tenemos lenguaje, y por tanto, no ha habido posibilidad de almacenarlas como la memoria episódica que utilizamos más adelante siendo niños y el resto de nuestra vida.

 

Lo que las investigaciones de los últimos años han ido demostrando es el gran poder que tiene la música para organizar hechos de nuestra vida, y contribuir a la construcción de la propia identidad. Se ha demostrado la activación de determinadas zonas cerebrales relacionadas con la identidad, con la formación del “ego”, como la corteza prefrontal medial, también con estímulos musicales elegidos por un sujeto como significativos en su vida, y llega a ser tal esta asociación, que incluso en personas con comienzo de enfermedad de Alzheimer, la escucha de música elegida por ellas como con significado en su trayectoria vital es capaz de evocar episodios autobiográficos de un modo importante.

 

 

Reflexionando sobre todo ello, si nos propusiéramos hacer un repaso de nuestra biografía en un proceso consciente de autoconocimiento y de aceptación de lo vivido, seguramente vendrían a nuestra mente sonidos o músicas con un alto significado emocional, que podrían actuar como llave para acceder a detalles más vívidos de las experiencias vividas, y de este modo, facilitar su procesamiento saludable en caso de que tuviéramos bloqueos emocionales.

 

¿Qué características intrínsecas de la música influyen sobre las emociones?

 

Stefan Koelsch, uno de los principales investigadores actuales en el campo de las emociones evocadas por la música, habla de dos principios importantes que explican los efectos emocionales de la música: la tensión y el contagio emocional.

 

 

Al hablar de tensión, nos referimos a factores de la estructura musical que son reconocidos de forma natural por nuestro cerebro y que tienden a favorecer respuestas emocionales. De este modo, la existencia de determinadas intensidades (volumen de sonido) o timbres (el sonido de un violín en comparación con el de un piano, por ejemplo), ciertas combinaciones de sonidos (consonantes o disonantes), el uso de ritmos irregulares o de elementos rítmicos inductores de movimiento como las síncopas, pueden generar tensiones en nosotros cuando no encajan en la estructura predicha y habitualmente aprendida durante la inmersión cultural que experimentamos desde etapas tempranas. Parece que cuanto menor es el grado de predicción en una pieza o estilo musical, mayor es el grado de tensión e incertidumbre que genera en nosotros, y el posible acierto en la predicción genera una sensación de placer y motivación que actúa como refuerzo positivo. Además, la ruptura de expectativa, es decir, la aparición de un acorde o algún motivo musical totalmente inesperado, implica una sensación de sorpresa que contribuye a aumentar la tensión. Los acordes inesperados evocan respuestas en las propiedades eléctricas de la piel y en determinadas regiones cerebrales.

 

El contagio emocional es un fenómeno sumamente interesante. Parece que las características acústicas del habla al expresar emociones (lo que se denomina prosodia afectiva), como por ejemplo la alegría (tempo rápido, alta intensidad de sonido y alta variación en el rango tonal, de graves a agudos), son similares a las encontradas en la música que consideramos, en este ejemplo, “alegre”. Es decir, la música y la prosodia afectiva comparten señales acústicas universales para la expresión emocional y pueden, de este modo, evocar procesos de contagio emocional. La expresión física (cambios en parámetros fisiológicos) de una emoción evocada por la música puede desencadenar procesos psicológicos que reflejan la emoción. Por ejemplo, la música que consideramos “alegre” dispara la actividad del músculo cigomático de la cara que facilita la sonrisa (así como un aumento en la conductancia de la piel y de la frecuencia respiratoria), mientras que la música que tendemos a sentir “triste” conduce a la activación del músculo corrugador que frunce el ceño. Se piensa que la retroalimentación fisiológica de dicha actividad muscular y autónoma evoca el sentimiento subjetivo correspondiente (alegría o tristeza).

 

¿Cómo nos influye la música a nivel social?

 

La música favorece de forma evidente la participación social, y esto se relaciona directamente con la satisfacción de necesidades básicas humanas. El refuerzo de las funciones sociales constituye un importante papel adaptativo de la música en la evolución de la humanidad:

 

Música compartida

Grupo participando en actividad musical compartida

 

  • Favorece el contacto entre las personas, y combate el aislamiento.

 

  • Las actividades musicales desarrolladas en grupo (ya sea la escucha o la participación activa) pueden favorecer que los estados emocionales se vuelvan más homogéneos entre los participantes. Gracias a la empatía generada en este entorno social, se produce una reducción en los conflictos y se favorece la cohesión grupal.

 

  • Existe un solapamiento importante entre los circuitos neuronales y los mecanismos cognitivos implicados en la percepción y producción de la música, y del lenguaje. En los lactantes y niños pequeños, la comunicación musical durante el canto entre el progenitor y niño parece ser importante para la regulación social y emocional, así como para el desarrollo social, emocional y cognitivo.

 

  • Hacer música en grupo requiere que los participantes se sincronicen con un ritmo y lo mantengan. La sincronización de movimientos al seguir un ritmo aumenta la confianza y la conducta cooperativa, tanto en adultos como en niños. Realizar movimientos idénticos también da lugar a una sensación de identidad de grupo. Todo ello favorece una sensación de placer en el sujeto.

 

  • En actividades musicales grupales, se comparte un objetivo común para dar lugar a un resultado fruto de la cooperación. Esta cooperación entre individuos aumenta la confianza entre los mismos y la probabilidad de volver a colaborar en el futuro, incluso en actividades no musicales.

 

  • Existe un aumento del sentido de pertenencia que refuerza la cohesión social. Esta fortalece la confianza en el cuidado recíproco y en que surjan oportunidades de cooperación, y favorece la experiencia de sensaciones de trascendencia y el desarrollo de la espiritualidad.

 

¿Es posible emplear músicas concretas para abordar determinadas emociones?

 

Tras exponer el gran potencial de la música para la regulación de nuestras emociones, nos podría surgir una pregunta. ¿Es posible emplear determinadas músicas para generar determinados estados de ánimo o favorecer el desbloqueo emocional cuando sentimos, por ejemplo, tristeza? La respuesta no es sencilla, debido en parte a lo expuesto respecto a la memoria autobiográfica. El hecho de que existan unos significados tan subjetivos e individuales para cada música en nuestra vida hace difícil estandarizar determinadas “recetas” musicales. No obstante, me gustaría presentar dos modelos diferentes de trabajo a este respecto.

 

En la década de 1970, comenzó a desarrollarse un modelo terapéutico en musicoterapia denominado Guided Imagery and Music (GIM), o visualización de imágenes guiadas por música. Consiste en una serie de programas de piezas musicales grabadas (en su mayoría, de música clásica occidental) que parece que han demostrado su eficacia para abordar determinados estados anímicos y que son empleados por un terapeuta dentro de un marco de acompañamiento humanista. Requiere de una formación específica y con los años ha ido ganando adeptos dentro de la comunidad de musicoterapeutas. En este sentido, me gustaría aportar mi opinión. Si bien puede haber una respuesta más o menos frecuente en la población ante determinadas músicas, lo cierto es que existe un gran sesgo cultural en su selección, y una gran variabilidad en las respuestas. De utilizar música grabada, considero mucho más importante y útil recoger una biografía sonora y musical de cada persona, y trabajar de forma controlada sobre la misma, pues tendrá un efecto mucho más potente y esclarecedor para procesar emociones no totalmente aceptadas por el sujeto.

 

Por otro lado, existe un principio importante en musicoterapia, que es el de sintonizar con la emoción y la energía de la persona cuando acompañamos con música. Esto significa que si una persona se encuentra triste, incluso deprimida, no tiene mucho sentido emplear una música alegre. Sería preciso partir de una música que refleje su estado actual, para conectar desde lo no verbal, permitir que aflore una emotividad evidente que facilite el desbloqueo, y de ahí ir variando la estructura y el carácter musical para facilitar que el sujeto se aproxime a un estado de más energía, claridad y serenidad. Si bien esto podría ser posible con música grabada, lo ideal es llevarlo a cabo con música en directo, improvisando, e incluso potenciando que cada persona se exprese musicalmente, ya sea a través del canto espontáneo, o manejando ella misma instrumentos que “movilizan”, como el tambor oceánico o la percusión, mientras el terapeuta acompaña con instrumentos capaces de generar acordes, como la guitarra, el piano o el arpa. De este modo, sería la sucesión de dichos acordes la que iría aportando un “color” que facilitaría el tránsito por el complejo mundo de las emociones.

 

Referencias

 

  • Koelsch, Stefan (2015). Music-evoked emotions: principles, brain correlates, and implications for therapy. Annals of The New York Academy of Sciences, 1337, 193-201.
  • Janata, Petr (2009). The Neural Architecture of Music-Evoked Autobiographical Memories. Cerebral Cortex, 19, 2579-2594.

 

Una mirada hacia los malestares invisibles de la vida cotidiana

Hoy por hoy se ve natural esperar a que tu hijo aprenda a escribir, puesto que es una señal de un salto cualitativo en su autonomía debido a que accede a otra forma de comprensión de códigos de la cultura para manejarse, al mismo tiempo que se ve natural vestirlo, bañarlo o «hacerle los deberes´´. Se ve natural pedirle responsabilidad al mismo tiempo que se le recoge sus cosas, así como despertarle por las mañanas o imponerle gustos en su ropa. Pero si cabe, se ve natural hoy en día que incluso después de haber superado la crianza, muchos padres y madres se sigan postulando como «padres y madres de crianza´´ de hijos ya mayores, achacando la causa a los tiempos de trabajo que éstos últimos tienen, así como a las prisas o al trajín de la vida diaria.

Frente a esto, la autonomía es un punto clave en la crianza de los hijos, pues «todo lo que un niño, niña o adolescente puede hacer, tiene que hacerlo, ya que es capaz de ello´´. Sin embargo podemos ver que hegemónicamente se postula que «todo lo que quieren, pueden conseguirlo…´´, lo cual implica que se inhabilite un espacio adulto para los padres en relación a ejercer la autoridad necesaria que pueden aplicar para ayudar a crecer a sus hijos de forma saludable y autónoma. Esto facilitaría la ausencia de sentimientos de inseguridad en los hijos además de que evitaría desgastes en las relaciones familiares cuando se es capaz de repartir responsabilidades en función de la edad. Favorecer el desarrollo de la autonomía en los niños, niñas y adolescentes, es todo un reto hoy en día en la sociedad en la que vivimos y tanto las familias como los diversos profesionales y ámbitos institucionales deberían ocuparse de este asunto con especial dedicación.

En nuestro contexto social actual observamos con frecuencia un gran deterioro de la vida cotidiana con los mayores niveles de fragmentación social jamás conocidos, en donde observamos la suplantación de las redes socio-afectivas por redes cibernéticas, que provocan una cierta precarización subjetiva y relacional.

De todo esto podemos sustraer que los procesos de un crecer saludable se ven seriamente afectados, ya que en la actualidad observamos una clara apología al cumplimiento inmediato de deseos, baja tolerancia a la frustración, desprestigio de las normas, falta de esfuerzo, dificultad adulta de poner límites adecuados, inmediatez que niega la posibilidad de procesos, etc. Todo esto a su vez dificulta el proceso de aprendizaje, quedando el desarrollo de niñas, niños y adolescentes supeditado a las promesas constantes de abastecimiento absoluto y a los efectos de la sobredosis de estimulación, lo cual hace que la capacidad de inter-reaccionar suplante a la capacidad de inter-relacionarse. Entonces como resultado tenemos en casa o en el colegio a chicos que hablan mucho, escuchan poco y piensan nada. Chicas y chicos que son el resultado de esta formación social y no de trastornos forzosos como el TDAH o de apego independiente.

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Los roles asignados a mujeres y hombres, la falta de creación de más espacios de reflexión familiar y laboral, el tiempo, las prisas, el consumismo masivo, el abuso telemático junto con el desprestigio de las normas y la indigencia de futuro, provocan un importante descoloque en la crianza de los hijos, generando malestares en la vida cotidiana que resultan paradójicamente invisibles ante nuestros ojos.

Malestares de la vida cotidiana ¿qué son?

Estos malestares se traducen en lo que llamamos Normalidad Supuesta Salud (NSS) que son aquellos malestares que la gente tiene y de los que no es consciente, puesto que no existe aparente relación entre el problema y sus causas, ya que estas últimas son «invisibles´´ y se dan de forma automática. El no poder establecer relación entre la consecuencia y la causa ya de por sí genera malestar, puesto que uno piensa que «no se siente bien con su vida en general, pero no entiende el por qué si se supone que todo lo que hace es lo correcto…´´ entonces ¿Cómo podemos leer estos malestares de la vida cotidiana? ¿Estas causas que parecen invisibles? Veamos definición y algunos ejemplos:

«Los Malestares De la Vida Cotidiana son aquellos que la gente sufre y que habitualmente no analiza ni cuestiona porque los considera normales. Aquellos que no generan demanda explícita, no tienen un interlocutor profesional válido, engrosan la cultura de la queja y para los cuales no existe un campo de intervención especifico; brindándose las respuestas habituales desde enfoques terapéuticos-asistenciales que, o bien tienden a medicalizarlos, psiquiatrizarlos o categorizarlos como pertenecientes a grupos de riesgo social; o bien a incluirlos en acciones preventivas inespecíficas, quedando la mayor parte de las veces en tierra de nadie… Estos implican grados importantes de consenso social y mantienen unida a una sociedad en el plano de la subjetividad colectiva, y a pesar de ir en contra de procesos saludables, perduran y se mantienen por su aparente normalidad´´.

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Cuando hablamos de NSS hacemos referencia a un conjunto de malestares que genera nuestra sociedad y que se expresan a través de conductas individuales pero que realmente trascienden lo individual. Mirtha Cucco (2006, p.32) los define como sigue:

 Os pongo algunos ejemplos de NSS:

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«Cuando preguntamos ¿Qué es ser buena madre? Se suele responder: «pues… la que se desvive por sus hijos´´, «la que ama sin medida´´, «la que lo da todo´´; y sin embargo, desde lo saludable se podría pensar que tener un hijo o una hija no significa tener menos vida («desvivirse´´), no implica no poner límites («sin medida´´), ni tampoco un grado de abastecimiento absoluto («darlo todo´´). Pero en realidad, ¿Qué es lo que queda valorizado desde el imaginario social? ¿Qué consecuencias acarrean en la salud estas dependencias?

 

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« ¿Qué es ser un buen padre? El que siempre es fuerte, está presente y además es buen trabajador porque nunca se cansa. Sin embargo parece que la problemática del hombre es silenciosa, ya que el peso del trabajo  aparenta invisible. El hombre no puede entrar en contacto con sus emociones, no cuida su cuerpo y no va al médico, forzando su capacidad porque él puede con todo. Todo esto es así para que sea un trabajador eficaz, y como es un peso que «no se ve´´, entonces no se habla de ello.´´

 

La construcción de la subjetividad en una formación social determinada depende del contexto socio-histórico en el que se dé, determinando qué es lo que está bien o está mal y la manera en la que el sujeto debe formarse en función de las herramientas sociales de las que dispone.

Este contexto socio-histórico va formando un imaginario social, pero ¿qué es eso de imaginario social? Pues bien, se trata de todas aquellas características, comportamientos, sentimientos y pensamientos que un individuo debe cumplir para formar parte de la sociedad «ideal´´ a la que pertenece. Por ejemplo: dentro de nuestro imaginario social existe tanto un componente material como otro imaginario; así, un billete de 500€ y un folio son papel igualmente, pero para la sociedad el billete es valioso mientras que el folio no lo es…; por ello el imaginario social hace referencia a un consenso social que define lo que es un billete y que además tiene valor, diferenciándolo de lo que no lo es. Se trata de una significación imaginaria social que también se transmite en ¿Qué es ser un buen profesor, una buena persona o una familia feliz? Al tratarse de imaginarios invisibles y consensuados, se convierten en automáticos en nuestros comportamientos, generando malestares significativos sin aparente causa.

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Así, todo sistema social busca la construcción de un sujeto ideológico buscado para que la sociedad pueda funcionar. Realmente esto no es ni bueno ni malo, sino que se trata más bien de guiones de comportamiento que hacen que la sociedad encaje y se perpetúe. La cuestión radica en que existen constantes contradicciones en los padres cuando se trata de construir sus vidas y criar a sus hijos, pues surgen sentimientos de malestar y de estar confundidos cuando creen que todo lo están haciendo bien. Esto refleja con claridad que no son capaces de establecer relación entre los guiones de NSS (que aparentan ser comportamientos correctos) y el malestar que padecen, debido a que da la sensación de que no existe relación entre causas-consecuencias/guiones-malestares/bien hecho-malos resultados.

Esto lo podemos ver reflejado en quejas como:

«Vengo a que me den una fórmula para que mis hijos me obedezcan´´.

«Necesito solucionar el desasosiego familiar, todos los días mi casa es una batalla campal´´.

«Quiero ayudarles a crecer y que se sientan seguros, pero… con las prisas cotidianas te pasas corriendo todo el día y esto me agobia´´.

«Tiene 13 años, es pura rebeldía y confrontación, no sé qué hacer´´.

«Estamos siempre en tensión, me gustaría encontrar una manera de reírnos más y poder disfrutarnos, pues siempre estamos centrados en los problemas del día a día´´.

 

¿Qué les pedimos a nuestros hij@s y qué les brindamos como sociedad?

Les pedimos que sean creativos e inteligentes, pero les ofrecemos un constante bombardeo de imágenes y publicidades que anulan su capacidad de pensar.

Deseamos que quieran aprender y sean curiosos, pero los entregamos a una sobre-información que ni si quiera son capaces de procesar.

Nos encantaría que fueran buenos estudiantes, pero les llenamos la vida y el tiempo con una educación vana y vacía.

Les requerimos que sean sanos, pero les deslumbramos con una gran variedad de alimentos y productos nocivos.

Les demandamos estabilidad, pero promovemos la evasión y el cumplimiento inmediato de deseos, valorando los resultados pero no los procesos.

Les exigimos que sean buenas personas, pero los entregamos a un mundo competitivo y frívolo.

Les pedimos que piensen en su futuro, pero les ofrecemos un mundo sin lugar para sus proyectos ni para ellos mismos.

Tanto los chicos como las chicas tomamos las herramientas y recursos que tenemos a nuestro alcance para desenvolvernos en la vida y así construirnos, por ello es importante que trabajemos desde el primer momento para poner a su alcance todo aquello que necesiten para crecer de forma saludable.

malestares de la vida cotidiana

Cuando hablamos de la crianza de un hijo, nos viene a la mente que se trata de una ardua tarea repleta de aventuras, retos y complicaciones. En la mayoría de los casos, tanto los padres como las madres se aquejan de estar desconcertados y repletos de contradicciones cuando se plantean el modo en el que crían a sus hijos en su vida cotidiana. Se escuchan afirmaciones del tipo: «es que los niños de hoy en día vienen muy resabidos, y como todo depende de cómo los eduques… pues pueden acabar siendo un claro reflejo de sus padres´´ o «es que mira como manda hoy este enano, cuando antes no decía ni mu… a mí me bastaba con una mirada de mi padre para callarme…´´. Entonces nos planteamos ¿Es que vienen así los niños? ¿Es cuestión de la educación? ¿Qué papel juegan los vínculos con los padres en la crianza? ¿Influyen de alguna manera las nuevas tecnologías, los nuevos espacios o los tiempos del trajín cotidiano? Es cierto que los padres emprenden la crianza y educación de sus hijos con esperanzas e ilusión, pero tras estas realidades existen desbordamientos, sentimientos de peso y agobio ante algunas situaciones de la vida cotidiana. Sin embargo no siempre se es consciente de la necesidad de tener un espacio para trabajar estas cuestiones tan delicadas. Por ello la idea de crear escuelas para madres y padres surge como medio para cubrir esta necesidad tan importante y a su vez tan invisible. Hasta ahora no ha existido un lugar específico en donde enseñen a los padres cómo criar de forma saludable a sus hijos.

Aquí os dejo un enlace de un vídeo que ilustra bien la realidad social del proceso de crianza desde un análisis crítico: https://vimeo.com/147444073

 

¿Por qué una escuela para padres y madres?

En esta sociedad actual, el proceso de crecer está afectado tanto por el concepto que se tiene de ello como por la manera de llevarlo a cabo. En referencia al concepto, nos preguntamos ¿Qué es lo que más desea una madre o un padre para sus hijos e hijas? Y las respuestas que solemos encontrar con más frecuencia suelen ser: «que sea feliz, que esté sano, que estudie y sea responsable, que tenga recursos para poder vivir bien…´´, pero realmente ¿Qué es ser feliz, sano o responsable? ¿Qué hay que hacer para conseguir esto? ¿Guarda alguna relación la autonomía (la cual no se suele nombrar) con el ser feliz?

Cuando un ser humano nace, llega al mundo como un cachorro «indefenso´´ que presenta un conjunto de necesidades que tienen que ser satisfechas por los adultos primordiales, y esto se consigue desde un vinculo que siempre estará marcado por los mandatos sociales (serás una buena madre si… serás un buen padre si…). Pionera en una posible educación desde una escuela para madres y padres, Mirtha Cucco (en Rebollar, 2003, p.81) afirmó que dentro de este contexto de vinculación primaria, es mejor caracterizar el proceso de crecer como  «un camino de sucesivos desprendimientos hacia la autonomía desde cada nueva adquisición´´, en donde los limites son los principales protagonistas dentro de este progreso ya que permiten operativizar dichos desprendimientos.

Estos límites, desde una sana autoridad por parte de los padres, permitirán la construcción de un sujeto separado, autónomo y a su vez intrínsecamente relacionado con los demás, puesto que la humanización implica vínculo, sostén y además desprendimientos sucesivos, que se dan desde un acto generoso por parte de los padres de irse retirando para que el otro «sea´´. Por tanto esta capacidad de «ser feliz´´ que comentábamos anteriormente, va más allá de lo idealizado, teniendo que ver con el logro de grados de autonomía que permitan encontrar y sostener el sentido de la vida.

grupo

La escuela para padres y madres pretende crear un espacio en donde los adultos puedan juntarse para cuestionar si se encuentran en espacios de NSS y ver qué guiones o significados imaginarios emplean en su vida cotidiana. De esta manera pueden concienciarse y desatarlos tomando distancia, teniendo la posibilidad de elegir otro modo de proceder en la crianza de sus hijos. Así, en este espacio se trata de encontrar el lugar que tienen que ocupar los padres para que les indiquen a sus hijos su lugar, en donde puedan aprender a satisfacer todas sus necesidades partiendo desde un modelo de autonomía.

Los recursos que se emplean es estas escuelas permiten hacer visibles los malestares que parecen invisibles, y todo aquello que se pueda ver, podrá ser modificado, ya que los malestares realmente están presentes y se «ven´´, mientras que los comportamientos o guiones de vida que llevamos a cabo de forma automática «no se ven´´. Con esta escuela se aprende a establecer relaciones entre malestares de la vida cotidiana y guiones de comportamiento social, a través de la Critica de la vida cotidiana que permite una interpelación seria y rigurosa de aquello que por cotidiano nos parece conocido pero que sin embargo desapercibimos. De este modo se trabaja por la superación de disociaciones paralizantes entre lo social y lo individual desde una reconstrucción socio-histórica de la subjetividad.

Por ello surgen nuevos espacios grupales de reflexión que permiten interpelar aquello que, siendo normalizado, invisibiliza lo saludable, generando malestares. Y el modo en que se pueden analizar dichos malestares se consigue a través del Diagnóstico de indicadores de población que son caracterizaciones y sistematizaciones de «trocitos´´ de ese Imaginario Social que se cristalizan en comportamientos concretos de la vida cotidiana. Es decir, se trata de hacer un análisis exhaustivo de  Indicadores de Realidad que desde una referencia teórica permite su categorización. Como la NSS compromete a toda la población, es imposible psiquiatrizarla a toda ella, por esto surge este tipo de intervención socio-comunitaria mediante grupos formativos en Escuelas para padres y madres. Y de todo esto podemos finalmente obtener una profunda transformación social que dé como fruto una crianza saludable a los hijos.

Referencias bibliográficas:

  • Cucco, Mirtha (2013). Escuela para madres y padres. Una propuesta de transformación social. Nuevos Editores. Madrid, España.

La explicación estética según Wittgenstein

En esta segunda entrada dedicada a la estética de Wittgenstein expondremos brevemente su noción de explicación estética.

Wittgenstein, en línea con su actitud anti-teórica, considera ridículo considerar, como ha hecho cierta tradición, la estética como una ciencia de lo bello. Para empezar, para él no hay tal cosa como lo bello. Pero es que además la estética no tiene nada que ver con la psicología, con una supuesta ciencia que estudiaría la relación entre obras artísticas y los estados de ánimo que éstas causan. Los problemas importantes (los que forman parte de la estética, de la ética y de la religión) no se resuelven mediante una investigación científica.

Para Wittgenstein (en esto no cambia la posición de su primera etapa filosófica) la explicación científica por antonomasia es la causal mecanicista. Y es que para Wittgenstein la ciencia paradigmática es la mecánica, la física. Las explicaciones de la física son universales, necesarias y con capacidad predictiva. Cuando uno piensa en ciencia, paradigmáticamente piensa en la física. Y así erróneamente uno concibe que es posible una psicología científica con experimentos y leyes. Pero así como en la mecánica hay leyes, en la psicología no hay ninguna. Hablar de mecánica del alma es ridículo. Una ciencia que nos permitiera saber a partir del conocimiento de los mecanismos del cerebro que tal secuencia de notas produce tal reacción en forma de “¡oh!”, de “maravilloso” o de una sonrisa, de modo que pudiéramos predecir qué le gustaría y qué no a una persona determinada, es imposible. Y aunque una ciencia así existiera, dice Wittgenstein, no nos importarían lo más mínimo sus resultados a la hora de explicar nuestras experiencias estéticas.

Wittgenstein

Según Wittgenstein, la explicación estética no tiene nada que ver con la explicación científica, sino que es aquella que da cuenta de las perplejidades estéticas: perplejidades acerca de los efectos que las artes tienen sobre nosotros. La estética responde al porqué de mi agrado o desagrado ante esta obra de arte pero no a la causa, en el sentido que hacen las ciencias; no rastrea un mecanismo. A Wittgenstein, que la estética pueda reducirse a algo de este tipo, resolviendo así todos los problemas y misterios de la experiencia estética, le parece estúpido. Y además imposible, porque para Wittgenstein es imposible una ciencia psicológica, que explique el alma y sus estados como un mecanismo, así como hace la física. La mecánica, la física, es la única ciencia que puede tener leyes en sentido fuerte; no hay tal cosa como las leyes del alma, y si las hubiera tampoco tendrían nada relevante que decirnos en cuestiones de estética. Pues lo que busca el que se queda extasiado o desagradado ante la contemplación o la creación de una obra de arte es que le den un motivo, no una causa, por el que siente ese “nosequé”, que le saque de su perplejidad.

La explicación estética debe responder a por qué este cuadro o esta pieza musical particular me place a mi. Debe responder a por qué digo “me gusta”, “qué buena”, o sonrío al contemplarla. Puede ser la respuesta a “¿a qué me recuerda esto?”. Se nos sugieren varias cosas y una consigue hacernos clic; un fenómeno que nos deja satisfechos. Ese clic es un símil, no hay nada que encaje realmente, mecánicamente. Hemos llegado a la explicación estética según Wittgenstein. Es un porqué pero no es la causa, sino el motivo. Una de las diferencias entre causa y motivo es que el motivo de una acción es algo que el propio actor se supone que conoce, sin embargo no tiene por qué conocer las leyes que rigen su cuerpo y su alma.

Al que está preso de la experiencia estética no le interesan los mecanismos del cerebro, no es lo que busca cuando se pregunta desconcertado “¿por qué estos compases me producen esta situación tan peculiar?” Ese desconcierto sólo se puede curar por medio de una serie de comparaciones, de ciertas figuras musicales, enseñando qué notas son, y viendo su reacción ante ellas (siempre las de esa sola persona, el esteta en cuestión). Por ejemplo, la persona se pregunta “¿por qué me suena anticuado este poema?”. Una posible respuesta, un posible motivo, es “porque esta palabra ya no la usa nadie”. No buscamos una justificación causal científica (te suena anticuado porque tales partículas, o porque tal circuito o sustancia cerebral…), sino una explicación que alivie nuestra perplejidad. Ése es el porqué que buscamos, que nos importa.

Las explicaciones estéticas exigen solamente el acuerdo de la persona que tiene la experiencia estética (ya sea una experiencia de creación o de contemplación); no requiere el acuerdo con las cosas (objetividad) ni con el resto de sujetos (intersubjetividad). A diferencia de las explicaciones científicas, universales y necesarias (y por tanto objetivas) y con capacidad predictiva, las explicaciones estéticas son individuales, singulares, subjetivas. Van dirigidas a un sujeto en concreto. No se pretende que valgan para más; no consisten en ningún mecanismo objetivo del funcionamiento del alma. Su validez, su verdad, es el acuerdo individual. Sólo se exige que esa persona esté de acuerdo con que la explicación dada es la que él busca, la que le hace clic, la que le da la satisfacción y le cura su perplejidad. Se trata de una explicación en clave persuasiva, retórica, no deductiva. Se dan numerosos ejemplos hasta que alguno acaba dando con la clave, curando el desconcierto. Lo que realmente despeja perplejidades estéticas es la comparación y agrupamiento de casos, de manera que por semejanza o por contraste entre ellos el sujeto encuentre el que le satisface como motivo. Así, en el caso de la creación estética: —“¿Qué es lo que quiero decir?”; — “¿Es esta palabra?, ¿esta frase, o quizás la otra?”; —“¡Sí, esto esto que yo quería!”. O en el caso de la contemplación estética:—“¿A qué me recuerda esto?” o “¿a qué proposición se parece esta frase musical?”, o “¿cuál es la filosofía subyacente a este cuadro?”; se sugieren varias cosas y una hace clic. Otro ejemplo: —“¿Por qué el rimo de esta canción me hace vacilar?”; —“Porque su compás es un tres por cuatro”; — “Ah, es verdad”.

Las explicaciones estéticas son el mismo tipo de explicaciones que da el psicoanálisis: —“Le voy a decir lo que hay en el fondo de su mente: … ”, —“¡Oh, sí, es exactamente eso!”. Eso no es una explicación científica psicológica. Habría que tomar una muestra de individuos, tomar nota de sus reacciones o respuestas ante distintos estímulos y sacar un análisis estadístico. Eso sería un experimento psicológico, algo científico, y no lo que hace el psicoanálisis. Para Wittgenstein el psicoanálisis da explicaciones estéticas; no es una ciencia.

Cuando uno queda impresionado estéticamente, perplejo, es este tipo de explicación lo que se desea, y no otra. Para Wittgenstein la psicología no va a explicar alguna día nuestros juicios estéticos prediciendo que tal secuencia de notas me producirá tal reacción. Eso es imposible y además no es lo que buscamos, no es lo que nos deja satisfechos. Wittgenstein sostiene que lo que realmente buscamos en cuestiones que tienen que ver con nuestros problemas existenciales fundamentales no es una justificación científica, sino un porqué en el sentido más cotidiano y natural del término.

Referencias bibliográficas:

El aburrimiento que mato consumiendo

El aburrimiento es un estado emocional comúnmente definido como un fastidio e incluso como un malestar del que hay que salir cuanto antes. Para ello, se dedica mucho tiempo en encontrar diferentes quehaceres y así, ”matar el aburrimiento”. Lo cierto es, que el aburrimiento supone una faceta consustancial en las vidas del ser humano contemporáneo, por lo que escapar de esta experiencia supone un tedioso esfuerzo.

Ante la sensación de aburrimiento, la tendencia de respuesta es crear soluciones que alejen de éste a la persona, bien creando un muro que separe y proteja a la persona del mismo (aunque el aburrimiento espere tras sus puertas) o bien buscando la insensibilización silenciando esta aparentemente “insoportable” experiencia.

¿La razón por la que actuamos así? Seguramente la podemos encontrar en la más tierna infancia, en cómo hemos sido educados y condicionados por la sociedad. Si echamos la vista atrás, podremos recordar cómo el prestar atención a nuestro interior fue tachado por algunos como un acto egoísta, infantil e incluso narcisista al interpretar en nuestra contemplación un desinterés hacia el mundo y las personas que nos rodean.

En otras ocasiones, quizás nuestra contemplación fue síntoma de vagancia dada nuestra aparente pasividad y falta de actividad, de manera que rápidamente nos interrumpían para “hacer”. De este modo, hemos sufrido desde la temprana infancia un condicionamiento hacia el hacer, en el que la escucha de nuestro cuerpo ha sido castigada a través de la crítica o simplemente redirigida hacia el hacer.

Esta manera de actuar frente al aburrimiento, puede ser asociada a la de un autómata que rápido busca “arreglar” a la persona. Normalmente, la respuesta es el consumo: ir de compras, de bares, buscar refugio en el trabajo, jugar unas partidas por Internet con amigos (eso sí, cada uno en su casa) o inundar la mente en las redes para “matar el tiempo”.

Vivir como un autómata, desde la inconsciencia, supone desconectar del propio cuerpo que es un canal de información que envía señales sobre nuestras vivencias presentes (como tensión, sensación de nudos en el estómago, o simplemente desasosiego). Si esta tendencia se convierte en un hábito, se puede vivir en un estado de inconsciencia crónica, de manera que al desconectar de la propia experiencia, uno se impide ser. Y por ello, nunca nos saciamos, el consumo no alimenta realmente las necesidades propias, sino lo que percibimos como urgente, como un fastidio.

aburrimiento

Si queremos conseguir ser y cuidar nuestro cuerpo, antes debemos habitarlo y permanecer en él pese a las vivencias que nos causen rechazo; esto nos permite vivir en la consciencia. Así, cuando uno acepta la vivencia del aburrimiento e incluso le da cabida en su cuerpo, sin intentar rellenar el presente con meras distracciones, se encuentra realizando el ejercicio de dejar de hacer para ser.

 

Cuando el aburrimiento lleva a la sensación de vacío

 

En una cultura donde el aburrimiento y la sensación de vacío resultan enfermizos, puede que aquello que resulta adictivo, aquello que nos moviliza para consumirlo, o aquello que dentro del aislamiento da una ilusión de pertenencia, sea la herramienta para sobrevivir.

Tanto el continuo aburrimiento como la sensación de vacío, llevan inevitablemente a la cuestión del vacío existencial y el significado de la vida. La vida cobra un significado cuando en ella encontramos sentido y coherencia con nuestro ser. El cuestionamiento del sentido de aquello que uno hace o de aquello por lo que uno vive, induce a reflexionar sobre el sentido de todo lo que uno realiza. Y en ocasiones, la respuesta será que todo por lo que uno vive y para lo cual se esfuerza, no signifique nada, debido principalmente a que las metas o aspiraciones que se plantean realmente no se valoran.

En nuestra cultura parece existir un fracaso generalizado a la hora de encontrar un sentido vital. Relumbra una incapacidad para valorar a aquellas personas, objetivos o experiencias por las que se luchan cada día, dejando un vacío de aspiraciones que provoca un poso de malestar que continuamente se lucha por evitar, sin llegar realmente a aquello que produce ese vacío e insatisfacción.

Puede que el trabajo que uno realiza no lleve más que a la atrofia de la creatividad o limite la necesidad de autorrealización, llegando a convertir a la persona en una especie de autómata, en la que la falta de libertad para “crearse” lo lleve a la insatisfacción, al aburrimiento y por tanto, a la búsqueda de sensaciones que le ofrezcan una ilusión de libertad.

El consumir y abusar no sólo de pastillas, drogas y alcohol, sino también de juegos de azar, ropa, sexo e incluso personas, nace del sentir una insatisfacción o necesidad no resuelta y ofrece la expectativa de aliviar el aburrimiento, y la falta de sentido que son los malestares aparentes; cada pastilla, cada encuentro con un desconocido, cada camisa cara, provoca no sólo placer por la liberación de dopamina, sino que también ofrece la ilusión de libertad, de estar vivo al volver a sentir el propio cuerpo, anestesiado desde hace ya tanto tiempo. Y es esta experiencia la que crea una fantasía de una experiencia diferente e incluso la de crear(se), teniendo la ilusión de ser alguien diferente, aunque solo dure un día o unas semanas.

Sin embargo, el tomar este tipo de medidas distractorias como hábito, produce el distanciamiento real de la propia experiencia e incluso se llega a percibir las señales corporales como algo inoportuno o amenazante. La expectativa de que con estas medidas se extirpa el aburrimiento e incluso el vacío, resulta sumamente decepcionante, ya que aunque a corto plazo suponga un alivio, simplemente silencia las señales que emite el cuerpo. De esta manera, el aprendizaje sobre el consumo absurdo es el de dejar de escuchar al propio cuerpo, y de confiar en los recursos propios para enfrentar el malestar consustancial de estar vivos.

 

montaña rusa

 

En las adicciones de consumo, al igual que en la creatividad, uno experimenta el descubrimiento de una parte de sí mismo y la ilusión de libertad de ser y crear. Puede que por ello consumir resulte tan atractivo. Sin embargo, los actos creativos nacen de muy diversas vías, como es a través de la contemplación y el autodescubrimiento y, una vez se logra este conocimiento, el consumo se percibe como cadenas que atan y frenan.

Algunas notas sobre el amor

La ciudad de Kioto fascina pues en ella convergen la majestuosidad y la simpleza. Kiyomizu-dera es quizás uno de esos sitios que se mantienen en pie para transmitir toda esa espiritualidad que agoniza entre tantos turistas. Dentro de este complejo de templos budistas, se encuentra el santuario Jishu, dedicado a Okuninushino-Mikoto, un dios del amor y los «buenos matrimonios». Como es de esperar, consiste en uno de los destinos predilectos de parejas, y de mujeres jóvenes en busca del amor.

Piedras del Amor

El mismo posee dos «piedras del amor», situadas a 6 metros una de la otra, distancia que los visitantes deben vencer con los ojos vendados. El éxito en esta tarea, es un presagio de que el peregrino encontrará el amor. Es posible ser guiado por alguien, lo cual predice que la persona necesitará de un intermediario para convenir con su enamorado.

La sabiduría oriental nos muestra simplemente cómo el ser humano se moviliza en el ámbito del amor: con los ojos vendados. Hay quienes no temen y aceptan la incertidumbre, transitando este trayecto confiados en que llegarán a la otra piedra sin mayores dificultades y por sí mismos. Otros, desconfían y se sienten perdidos. Con suerte han tenido la guía de otro, quien porta ese saber sobre el amor del que ellos carecen. Este apoyo varía desde lo espiritual hasta los expertos en la materia que abundan hoy en día, terapeutas y autores de libros de auto-ayuda. Nos referimos al amor de pareja.

 

El amor es…

Una definición única del amor es imposible. Ya filósofos, psicólogos y pensadores en general se han esforzado por completar esta difícil tarea. Desde el Psicoanálisis, también se estudia el amor y sus vicisitudes, pues en la consulta terapéutica todas, o la gran mayoría, de las historias terminan hablando de amor. Sigmund Freud lo investiga a lo largo de toda su obra, analizando sus mecanismos desde diferentes ángulos. Como mencionamos en el post anterior sobre la Realidad virtual: un nuevo malestar, se evidencia el amor como una posibilidad para sobrellevar las dificultades de la vida.

El concepto de narcisismo también desempeña un papel destacado. Este se refiere a la operación psíquica de tomar al propio cuerpo como objeto de satisfacción y también como objeto de amor. Podría entenderse como el amor por uno mismo. Respeto de esto, Freud afirma que:

«El que ama se hace humilde. Aquellos que aman, por decirlo de alguna manera, renuncian a una parte de su narcisismo.»

Ser humilde no es sinónimo de humillarse. Más bien, implica ceder en ocasiones a los propios deseos, en pro del ser amado y/o de la relación. También se hace humilde ante la duda que entraña el encuentro con un otro distinto a uno mismo. Otro que también transita el camino del amor a ciegas frente a su propio inconsciente.

Posteriormente, Jacques Lacan propone una fórmula que intenta abarcar gran parte de la esencia del amor en el sujeto, cuando dice:

 «Amar es dar lo que no se tiene a quien no es.»

Esta concepción implica que un sujeto reconozca que no está completo, sino en falta. Esto en Psicoanálisis, se refiere a un sujeto dividido, pues gran parte de sus contenidos psíquicos son inconscientes, es decir, desconocidos incluso para él mismo. No se refiere a la falta de tener, una objeto o un atributo, ni involucra una connotación negativa del ser humano. Por el contrario, esta falta en ser se refiere a la noción de que no somos perfectos ni completos, y es precisamente esto lo que nos impulsa a desear. El deseo es uno de los factores que actúan como motor para el establecimiento de relaciones con otros; es lo que motiva al ser humano a relacionarse y moverse en el mundo. Como explica Jacques-Alain Miller:

… no es dar lo que se posee, bienes, regalos, es dar algo que no se posee, es reconocer su falta y darla al otro, reconocer que se necesita al otro.

El amor, según Lacan, se da dos dimensiones: en el plano imaginario, está el enamoramiento. Ese momento inicial que consiste en el flechazo, donde el otro es un producto de nuestra idealización, y posee todas las cualidades que siempre soñamos. En el plano real, se ubica el amor que no busca reciprocidad, y que no engaña, pues la persona conoce los defectos del otro y aún así le ama. Como bien lo dice Slavoj Zizek:

«Amar significa que uno acepta a la otra persona con todos sus fracasos, estupideces, puntos feos, y a pesar de eso, ve perfección en la imperfección misma.»

 

El amor en tiempos líquidos

Los hombres y mujeres de este siglo, no soportan el peso que conlleva mantener una relación sólida y duradera. Salvo algunas excepciones, sienten miedo, por creer que la misma se convertirá en una carga y atentará contra sus mayores tesoros: su libertad e individualidad. Por otro lado, presentan la incertidumbre ante la posibilidad de ser ellos mismos un desecho, en una sociedad donde predomina lo novedoso. El sujeto entonces se reinventa compulsivamente, no por el deseo genuino de mejorar o hacer algo que le produzca satisfacciones, sino por el mandato a ser innovador, por el simple hecho de no quedarse atrás.

La tendencia actual hacia el ideal de completud y omnipotencia, alimenta la fantasía de que estando empoderados tendremos todo, también en el amor. Con la ayuda de las redes sociales esto se magnifica, iniciando un ciclo de envidia por el éxito aparente del otro, y una obsesión por mostrarse cada vez más perfecto. Nada más lejos de la realidad. Como explica Miller, aquellos que creen estar completos solos o quieren estarlo, no saben amar. Pueden despertar el amor en otros, más no han experimentado por sí mismos los riesgos y las delicias del amor.

amor liquido

En su libro Amor Líquido, Zygmunt Bauman plantea que el individuo escoge las conexiones en contraste con las relaciones. Éstas ocurren dentro de una red, en la cual las acciones de conectarse y desconectarse son simultáneas. Las encuentros son de fácil acceso y salida, ya que pueden cortarse en cuanto empiezan a ser insoportables. Uno siempre puede oprimir la techa de “delete”. Se puede pasar a la próxima conexión al mejor estilo de la serie de MTV “Next”. Si el candidato no cumple con los requisitos mínimos, tenemos la opción y el derecho de pasar al siguiente. Las estructuras que salvaguardaban el compromiso en la pareja flaquean, o se vuelven simples contratos que pueden disolverse con tan sólo una firma. Los matrimonios se convierten en un negocio dirigido por los “wedding planners”, y  los divorcios están a la orden del día.

 

El (des) encuentro entre los sexos

En las últimas décadas, el movimiento feminista ha impulsado una campaña agresiva en pro de la reivindicación de la mujer en relación con el hombre, promoviendo la igualdad de derechos y oportunidades. Si bien la biología y la genética aportan elementos fundamentales en la constitución de lo que es ser hombre y mujer, los estereotipos socioculturales sobre la feminidad y masculinidad están en un proceso importante de transformación. Los hombres, son invitados a feminizarse, al permitirse experimentar sus emociones y expresarlas abiertamente. Mientras que las mujeres, cuentan con el derecho y la responsabilidad de igualarse al hombre, mostrando actitudes más agresivas y hasta viriles. Esta mutación social y psíquica, busca encontrar un balance entre los sexos, y conlleva muchas satisfacciones para ambos. También impacta el modo en que se desarrollan las relaciones.

Algo que sigue vigente es el desencuentro entre los sexos. Incluso en la cultura popular se tiene la noción de que el hombre y la mujer son de planetas distintos, los primeros de Martes y ellas de Venus. En el plano inconsciente, esto implica que mujer y hombre gozan de modos distintos. Lacan lo expone en su fórmula:

«No hay relación sexual.»

amor princesa y sapo

Zizek lo ejemplifica en su análisis de un anuncio de cerveza. Primero, está el cuento de hadas de la princesa y el sapo. Es conocido que ella lo besa y éste se transmuta en su príncipe soñado. Pero el cuento no termina allí, pues el joven la mira con ojos de deseo y también la besa, ante lo cual ella se convierte en una botella de cerveza, que el príncipe empuña triunfante entre sus manos.

Del lado de la mujer, sucede que a través del amor una rana puede convertirse en el objeto de su amor; del lado del hombre, en cambio, la mujer quedará reducida a un objeto parcial, el objeto de deseo. La relación entre los sexos es asimétrica, en la cual cada uno porta su propia fantasía. Como se plantea en esta metáfora, la mujer fantasea con la rana que gracias a su amor se transforma en Príncipe Encantador. Mientras que el hombre en principio reduce a la mujer a un objeto, el cual desea obtener, pero una que lo logra esto se vuelve deseo de otra cosa.

 

Avatares del amor contemporáneo

Cada caso en el amor es particular, y no es posible agotar todos los ejemplos en un sólo post. Curiosamente, la queja de muchas mujeres hoy es que “no hay más hombres, y si los hay no son para mí.” En estos casos, ponen al Hombre en el lugar de lo que les falta. Entonces, cuando aparece uno, les brillan los ojos ya que es una oportunidad única. Se aferran a él como si fuera un salvavidas en pleno naufragio. No se trata aquí de una experiencia de amor, sino de un estrago. El hombre por su parte, comprueba que es necesitado, mas no amado y literalmente huye. Una vez más se comprueba la teoría de que no hay más hombres, la tragedia femenina por excelencia. Pero si una mujer puede mover al hombre de ese lugar, notará extrañada como él deja de escapar.

Por su parte, los hombres también se movilizan cuando aman. Sobre todo en los casos en los cuales no están seguros de su virilidad, se dejan intimidad por la posibilidad de verse algo ridículos. Una de las respuesta es huir, como vimos anteriormente. Pueden presentar también, como dice Miller, retornos de su orgullo y mostrarse agresivos o indiferentes frente a su objeto de amor. Por ello, también puede desear a mujeres que no aman, para reencontrar algo de la posición masculina de la que se han despojado frente a aquella a la que sí aman. Es lo que Freud llamó la escisión del amor y del deseo en el hombre, mediante la cual tiene dos mujeres, la santa y la prostituta. Cada vez más, constatamos este fenómenos también en las mujeres.

amor

En fin, no existe un guión anticipado entre un hombre y una mujer. Como es el caso del espermatozoide que está destinado a encontrarse con el óvulo. Hoy compartimos la ilusión de que el amar es una destreza o un arte, que se puede aprender con la experiencia. La ciencia nos empuja a creer que el amor se puede medir estadísticamente, y que ciertas variables son indicadores del éxito o el fracaso en esta tarea. La conquista del amor se ha constituido en un logro más de nuestra lista, y la presión por conseguirlo nos lleva precisamente a aquello que va en su contra: la posesión, el poder, la fusión y el desencanto. Los amantes constatarán que esta sabiduría sobre el amor siempre nos llega a posteriori. Como bien dice Bauman:

“El amor no encuentra su sentido en el ansia de cosas ya hechas, completas y terminadas, sino en el impulso a participar en la construcción de esas cosas.”

 

Referencias bibliográficas:

  • Bauman, Zygmunt. Amor Líquido, Fondo de Cultura Económica. México D.F. Edición 2007.
  • Freud, Sigmund (1912). Obras Completas. Sobre la más Generalizada Degradación de la Vida Amorosa (Contribuciones a la Psicología del Amor). Amorrortu Editores. Buenos Aires, Argentina.

Fuentes:

Lazos invisibles: apego, conexión e intimidad

«Ha pasado mucho tiempo desde la última discusión. Al entrar por la puerta de la cafetería, se me hiela el cuerpo; por un segundo mientras busco con la mirada entre las mesas, me doy cuenta que lo que llevo en el cuerpo no son nervios, es miedo. No he parado de pensar en ello, en cómo sería este reencuentro, cómo va a reaccionar, cómo voy a reaccionar yo…
Al verme, abre mucho los ojos, se levanta de golpe, y una sonrisa le ilumina la cara. Me abraza; no recuerdo que me haya abrazado así antes.  Iba a decir algo, el corazón y el estómago me atenazan, me dejan sin palabras. Me dejo llevar, me dejo estar; me derrito por dentro. No recuerdo haber abrazado así antes. Mi mano, al separarnos, le acaricia su cara; siento cómo se estremece en mi palma, rehuye mi mirada: sus ojos están húmedos, y los míos se empapan como el reflejo de un espejo… me ha echado de menos, y yo también. Mucho. Lo se ahora.
Siento su entusiasmo en mi pecho a pesar del abatimiento pasado. Pasado que se relativiza a los pocos minutos: la complicidad de las miradas, anticiparnos a lo que dice el otro, la risa… me invade una gran alegría… Conectados de nuevo.»

conexión e intimida en el abrazo

Con los abrazos se finaliza el frío de la desconexión

 

Desconectarnos nos apaga. De alguna forma, en los vínculos más importantes (las relaciones con nuestras figuras de apego), estamos conectados como un circuito eléctrico: captamos que la conexión está abierta o cerrada si sentimos el flujo de la corriente. No es algo que podamos poner fácilmente en palabras ni pensar racionalmente qué es; simplemente lo sentimos. Somos permeables a esa corriente emocional mutua, somos capaces de leer automáticamente en los gestos posturales, las expresiones de la cara, el tono y ritmo de la voz, más allá de las frases y palabras, y saber que “algo” ocurre. Por dentro de nuestro cuerpo las emociones funcionan como un medidor de corriente; o una brújula, que señala la dirección en una geografía llamada relación.

Existen deseos de hallar respuesta emocional del Otro de forma que permita completar ese circuito de intercambio afectivo. Siguiendo la viñeta del comienzo, los gestos de ternura, el placer en el reencuentro, la complicidad en las miradas, la alegría por la alegría del otro; u otros ejemplos como el abatimiento mutuo por la tristeza, el encuentro sexual pleno… hasta el chiste malo que encuentra la risa del oyente, sólo pueden ser posibles si ambos comparten un mismo estado afectivo. Algunos de nuestros estados emocionales sólo existen en la intersubjetividad, en el espacio psicológico compartido que emerge entre dos individuos en relación. La necesidad de intimidad, de que haya un estado emocional compartido es diferente de la empatía, ya que ésta no requiere que la persona con la que nos comunicamos experimente de la misma forma un sentimiento.

Raíces de la conexión emocional: la relación de apego temprana

Veintitrés centímetros es una distancia mágica para un recién nacido.

Veintitrés son los centímetros promedio del campo visual durante nuestras primeras semanas de vida: es la longitud que separa nuestros ojos y la cara de nuestra madre cuando estamos en su pecho nada más nacer… Los bebés recién nacidos son capaces de fijar la mirada y reaccionar ante las interacciones de los adultos (por ejemplo con reflejos como la sonrisa), reconocen y responden a las caras humanas antes que cualquier otro estímulo. Curiosamente, el desarrollo de las áreas perceptivas visuales es posible gracias a las interacciones interpersonales, ofreciendo la estimulación necesaria. Éste es sólo un ejemplo de los muchos aspectos del cerebro que la investigación científica evidencia que el bebé está programado para ser social, no se vuelve social por aprendizaje o la adaptación al entorno. Nace inscrito en una matriz de interacciones que permite que su cerebro pueda desarrollarse y madurar, el cual viene ya equipado con una amplia gama de recursos que permiten interactuar nada más nacer, especialmente con la mamá. El sistema nervioso se organiza y madura gracias a la regulación emocional mutua y a la interacción sintónica que las relaciones de apego tempranas ofrecen.

Veamos qué ocurre cuando se rompe esa interacción.

VIDEO (activa los subtítulos y selecciona el castellano en «configuración» sí lo deseas): Ilustra el experimento de la cara inexpresiva (still face) del psicólogo evolutivo Edward Tronick. Demostró la importancia de la comunicación bidireccional afectiva y su influencia. La falta de comunicación, impulsa al bebé a buscar una respuesta, cambiando de estado de ánimo a otro hasta el llanto. Evidencia la aptitud de los bebés para conectarse emocionalmente y la importancia del papel parental en la estimulación, regulación y transmisión emocional.

Siempre me ha impresionado la mirada del minuto 1.07: el bebé capta increíblemente rápido que algo pasa. La niña despliega todas las estrategias de las que dispone: le manda la más linda y seductora de las sonrisas, señala con el dedo para atraer su atención, hace cambios posturales y gestos, grita ensordecedoramente (¡vuelve mami!)… no soporta su mirada inerte, siente angustia. La desconexión emocional le aniquila. No tiene capacidad de cuidarse, de darse calor, de alimentarse, de valerse por sí misma: sin un Otro, estaría en un aislamiento letal. Imagina flotar a la deriva en el espacio exterior, estar solo significa aniquilación… y el bebé lo vive en el cuerpo.

Nuestro Yo más básico, nuestro Self, emerge en la relación de apego temprana. El bebé es sensible a las “desconexiones” del adulto hacia él. Los cambios de tono y ritmo, las expresiones faciales, matices en los gestos y respiración, movimientos bruscos, miradas, el bebé no puede comprender palabras pero capta la corriente emocional. Esa es nuestra herencia biológica. Nuestro cerebro emocional (concretamente el sistema límbico del hemisferio derecho) está a pleno rendimiento desde el nacimiento (de hecho, desde el útero). De la misma forma que aprender a montar en bicicleta es algo que no «se conoce», simplemente es algo que «se hace» y no se olvida, en un contexto relacional ocurre lo mismo. Existe una memoria (memoria implícita o procedimental) cuyo contenido empieza a estar disponible desde antes del parto y está formado por respuestas emocionales y patrones procedimentales de “estar con alguien”, de formas de mantener dicha conexión, que no pueden transmitirse con palabras. Este conocimiento sobre las relaciones se expresa en la forma en que nos comportamos y sentimos, los modos y roles desde los que nos relacionamos, y también en lo que esperamos de los demás1. La memoria que nos permite poner en palabras e imágenes nuestra experiencia (memoria explícita o declarativa) se desarrolla en el hemisferio izquierdo, pero eso no ocurre hasta los 3 años aproximadamente (por eso no tenemos recuerdos de esas edades).

W. R. D. Fairbairn (1889-1964)2  fue un psicoanalista escocés que en su trabajo con niños maltratados, observó que a pesar de todo el daño y las secuelas, seguían necesitando de esas figuras significativas, desarrollando distintas defensas psicológicas para que pudiera ser posible. Para Fairbairn el motivo básico de la experiencia humana (en contraposición a Freud) sería la búsqueda y conservación de un vínculo emocional fuerte con otra persona, independientemente de que éste sea dañino. Si las personas que tienen a su cargo ofrecen una relación con experiencias de determinada cualidad emocional, sean placenteras o dolorosas, el niño metabolizará esa forma de contacto: lo fundamental es estar conectado, no el bienestar. La patología de la conexión en el adulto proviene de estrategias que aplacan las consecuencias de las fallas o traumas en los vínculos de apego de la infancia. Ser incapaz de sentir o comprender lo que siente otra persona, ser incapaz de necesitar o sentirse cómodo en la intimidad, o por el contrario, el ansia por tenerla, ser una antena parabólica emocional que alerta de cualquier amenaza para el vínculo, son distintos polos de una misma dimensión. La psicopatía o el narcisismo patológico es un extremo de esta desconexión; la patología borderline y la desregulación emocional severa serían ejemplos del reverso de la moneda.

 

Deseo de intimidad

Si hay una característica que nos distingue como especie es nuestra poderosa motivación de vinculación. Cualquier motivación impulsa a satisfacer una necesidad o deseo interno, para equilibrar el estado interno hacia un bienestar, reduciendo el malestar y la perturbación. Existe un área motivacional entre la intersubjetividad y el apego, que nos empuja a necesitar sentir, que el Otro se halla en el mismo espacio psicológico y emocional, sintiendo alegría en ese encuentro. Y con una angustia propia, la vivencia del desencuentro, de una soledad que duele, de frío paralizante, de vacío… a veces aún estando presente físicamente con nosotros.

El sentimiento de no estar en el mismo espacio mental es distinto de la soledad producido por la ausencia de la figura de apego, ya que se sufre independientemente que haya presencia física: lo central  es que se encuentra en otro lugar «psicológico». Imagina a alguien que está pasando una grave crisis en pareja, tras una desencuentro por algo cotidiano e insustancial, va emergiendo una fuerte discusión que arrastra otros asuntos conflictivos; pasada la discusión y el enfado llega al tristeza de sentirse “desconectado”. Al acostarse en la cama se siente profundamente solo, siente que a su lado hay alguien que «no está», sus emociones ya no le alcanzan. Frases como: «siento que no te reconozco»,»no nos entendemos» son intentos de llevar a palabras esa percepción. El malestar proviene de no existir como se desea en la mente del Otro, sus sentimientos o pensamientos no alcanzan a su compañero y no provocan la resonancia que permite la la vivencia de estar juntos, de intimidad. A veces el malestar es tal, que se prefiere romper con todo, no ver más a esa persona, que no siga el dolor del desencuentro emocional por su presencia. La rabia y el odio pueden ponerse al servicio de destruir ese anhelo de intimidad, raíz del sufrimiento.

Recuerda a la niña del vídeo. Desde la más temprana infancia hasta el final de nuestra vida jamás dejamos de necesitar a un “Otro” (en la realidad o en nuestros pensamientos) que afirme y valide nuestras emociones, pensamientos o sentimientos. Como un espejo en el que nos podemos mirar, el placer que nos da la intimidad es esa revalidación. En cierta forma, en que valide nuestra existencia. Cuando descubrimos, dolorosamente, que el estado emocional, los intereses o deseos de nuestras figuras de apego son muy diferentes, el deseo de reencuentro mental se convierte en un imperativo psicológico. Nos impulsa a reconquistar ese calor psicológico y emocional que hay en el vínculo. Necesitamos tener a nuestros seres amados en un mismo espacio psicológico.

Existen tantas maneras de encontrar la intimidad como historias particulares con esa persona. Generalmente una forma sencilla de reconectar los lazos, es compartir una actividad que implique una interacción cercana. Por ejemplo, ayudar a un familiar en una tarea, planificar y compartir un evento con un amigo, escaparse de viaje con la pareja, etc. El bienestar viene de ese «estar juntos», no tanto en la actividad: el placer de una tarde de cine o de «peli-y-manta» reside en el visionado compartido, no tanto en la película en sí. Otra manera es compartir el mismo estado emocional, como cuando escuchamos un triste acontecimiento y nos contagia, brindando nuestro apoyo, o cuando compartimos y festejamos una buena noticia. En pareja, como veremos a continuación, existe el área de la sexualidad y la sensualidad, una vía privilegiada de conexión: hay quien necesita el contacto sexual directo, hay a quien le basta el roce delicado, hay quien necesita sentir el cuerpo del compañero, o hay quien especialmente necesita sentir que es mutuo y que el propio cuerpo es deseado por el Otro… Distintos caminos que conectan dentro de la sexualidad.

intimidad y conexión emocional en pareja

Sexualidad, intimidad y apego

La intimidad desde una visión relacional e intersubjetiva del psicoanálisis, es un tipo de deseo muy específico y afectivo del ser humano, que crea un espacio de encuentro psico-emocional. Cuando los lazos invisibles se conectan creando una cálido puente donde reverberan las emociones, cuando se da la conexión afectiva de un cerebro a otro, se intensifica la necesidad de cercanía y de mantener vivo el espacio compartido. La intimidad es un poderoso motivo que nos lleva a mantener nuestras relaciones de apego.

Siempre y cuando no hayan existido perturbaciones que incapaciten percibir estados emocionales y mentales propios y ajenos, uno se siente profundamente aceptado al ser acogido en su totalidad corporal y psicológica, y al mismo tiempo, recoge el goce, el deseo y el agradecimiento del otro. Un encuentro de placer sensorial, ternura y acogimiento que reverbera mutuamente. La sensualidad pone énfasis en la dimensión intersubjetiva de la sexualidad.

Sentir la cercanía de otro ser en un mundo que crea abismos entre nosotros, nos devuelve la esencia como seres relacionales, sin muros levantados entre medias. Muros de miedo, de temores, de juicios, de culpa, de vergüenza. El mutuo acceso sexual de seres independientes, que no están totalmente al alcance del otro por fronteras físicas y psicológicas, es una vía privilegiada de satisfacción de los deseos de intimidad. Es un escenario intersubjetivo que nos enlaza profundamente y nos impulsa a seguir cuidando dicha relación. La efervescencia de emociones y sensaciones a múltiples niveles lleva algunas veces a formas de éxtasis, especialmente cuando ambos son capaces de dejarse llevar y sentir en sintonía; encuentro que posibilita que dos personas que se aman puedan hallar estados fusionales, de un sentimiento oceánico. En cierta forma, una vuelta a un estado vivido en el origen de la vida.

Fuentes:

 

Referencias bibliográficas:

Abrirnos a la experiencia de no saber

La ignorancia es la raíz del sufrimiento

Parte el budismo de la premisa de que el mundo que percibimos es sufrimiento y esta premisa, fruto de la observación, es compartida por un buen número de tradiciones filosóficas de la India. Otro de los puntos en los que suele haber acuerdo es que la ignorancia es la raíz de todo este sufrimiento. ¿Pero a qué se refieren al hablar de ignorancia? Está claro que no se trata de ignorancia cultural, de analfabetismo o desconocimiento de las distintas ciencias, sino desconocimiento de la realidad tal como es, siempre cambiante (en el caso del budismo) o desconocimiento de la esencia última y eterna que constituye la verdadera realidad de todo lo que podemos concebir (en el caso del vedanta). La ignorancia no es entendida en este contexto como una falta de información si no como un conocimiento erróneo, una percepción muy limitada del mundo y de nosotros mismos y es esta errónea percepción, el identificarnos con lo que no somos en verdad, lo que nos acarrea sufrimiento.

Veamos un ejemplo, me he identificado tanto con mi forma de pensar que cada vez que alguien me lleva la contraria necesito defender mi punto de vista a ultranza. ¿Por qué? Porque mi identidad se ve amenazada, porque estoy definiendo lo que yo soy en función de lo que pienso. Esto es sólo un ejemplo, serviría también la identificación con el cuerpo físico, con las emociones, con la profesión o roles sociales, con las posesiones materiales, las cualidades que uno se atribuye, etc.

saber¿Y por qué razón esto nos genera sufrimiento? Pues bien, nos genera sufrimiento porque pretendemos que lo que es pasajero y cambiante pase por eterno, rechazamos el cambio y lo hacemos a menudo tomándolo por algo fijo que atribuimos a nuestra identidad. De hecho cuando hablamos de identidad ¿no os suena a algo fijo? “estas son mis marcas de identidad”, “yo soy así y así seguiré nunca cambiaré” – decía la letra de una canción de los ochenta–.

 

El deseo insaciable

Hay otro rasgo común entre muchas escuelas del pensamiento indio y es que esta ignorancia-confusión en la percepción del mundo, lleva consigo el deseo y el deseo resulta ser un pozo sin fondo, una sed que nunca se sacia, a menos que comprendamos nuestra verdadera naturaleza y nos demos cuenta de que nosotros, desde nuestra ignorancia, inventamos esa sed, creímos que nos faltaba algo para ser completos y comenzamos a buscarlo fuera, en los objetos, en las emociones, en el otro…, pasando por alto que nada pasajero nos puede proporcionar una felicidad o una paz que sea infinita.

Uno de los deseos más arraigados en el ser humano parece ser el deseo de conocer y de entre todas las incógnitas algunas de las que han predominado han sido el deseo de saber cómo se originó la vida, si tiene ésta algún sentido o finalidad concretas y qué ocurre tras la muerte. Todas ellas preguntas acerca de lo incognoscible, del misterio de la vida, “Misterio de los misterios” (reza un verso del taoísmo). Muchas son las respuestas que se han dado a estas preguntas dando con ello lugar a distintas religiones, ciencias y corrientes filosóficas. Sin embargo, ¿puede el Misterio dejar de ser Misterio en algún momento? Intentar explicar lo incognoscible a través de un pensamiento limitado, que parte de preguntas limitadas, parece un juego sin fin, como el burro que persigue la zanahoria atada a un hilo que cuelga de una estructura propia que hace que la zanahoria nunca sea alcanzable por el burro, generándole cada vez la ilusión de que con el próximo paso conseguirá alcanzarla.
saber

Y así ocurre a menudo con nuestra idea de felicidad, algo que siempre se alcanzará en un futuro, un futuro que nunca llega.

 

Saltar al VACíO de NO-SABER

Surge en nosotros el deseo de saber y con él la necesidad de generar opiniones e ideas acerca de lo que percibimos y muy a menudo apegándonos a esas opiniones como la verdad, o si más no aquella forma de pensar que me proporciona una identidad y creyendo que lo que yo soy se limita a esa identidad. Recurrimos a las palabras para explicar el Silencio, a la especulación para avanzar en conocimiento, creyendo cada vez que por fin hemos alcanzado la “Verdad” hasta que una nueva “verdad” desplaza la anterior. En ese ansia de saber, me pregunto “¿es este proceso es un desarrollo evolutivo que llegará a algún fin o en realidad todas las nuevas respuestas que pueda dar nunca me llevarán a liberarme del sufrimiento? o dicho de otro modo… alcanzar un estado de felicidad plena como afirman las tradiciones de la India que es posible lograr. Queremos alcanzar a comprender lo desconocido a través de los conceptos e ideas que ya conocemos, queremos saltar al vacío pero lo llenamos de nuestra experiencia pasada y nuestras formas de pensar, no fuésemos a morir en el salto.

¡Qué vértigo nos da soltar! Soltar lo conocido para abrirnos a decir “no sé”, “no tengo ni idea de qué va todo esto”, “no tengo ni idea de si la vida tiene algún sentido o no lo tiene”, “no tengo ni idea de quién soy ni de quién es la persona que tengo delante”… ¡Qué miedo abrirme al Misterio, sin saber cuál es el siguiente paso! Me da tanto miedo que rápido recurro a lo que ya conozco, a los juicios y formas de actuar que me son familiares, a tapar el Silencio, el Vacío, lo Desconocido con palabras y discursos que me dan una cierta seguridad, con nombres y formas que a lo sumo parecen proporcionarme de vez en cuando un nuevo punto de vista y ahí nos quedamos, en los puntos de vista que siguen intentando comprender lo desconocido desde lo conocido. De esta forma sigo y supongo que seguimos muchos, alimentando la ignorancia, entendida como esa visión errónea de la que hablábamos al inicio del texto, cuando en realidad se nos insta a soltar.

Me temo que indagar en mí, en conocerme y conocer el mundo, conocer la Realidad, si a caso existe una Realidad en mayúsculas, pasa por soltar, por abrirme a la experiencia de no-saber y con ello abrirme a las infinitas posibilidades que desconozco y a soltarlas de nuevo, abrirme eternamente, en cada instante, a no-saber. Tal como advertía el propio Buddha (el que ha despertado), según las enseñanzas que se le atribuyen, una vez hemos utilizado la barca de las enseñanzas para cruzar al otro lado de la orilla no tendría ningún sentido seguir cargando con ella sino que habría que soltar esa barca que nos ha llevado de la orilla del sufrimiento a la orilla de la paz. También advierte de la inutilidad de la especulación y lo hace contando la historia de un hombre que ha sido herido por una flecha envenenada. ¿Acaso cuando compañeros y amigos llamasen a un médico para salvarlo diría “no consentiré que me arranquen la flecha hasta que sepa quién me ha herido, de qué familia procede, si es alto o bajo, el color de su piel o hasta que sepa de qué material está hecha la cuerda del arco con que me disparó, etc.”? Si así lo hiciese, el hombre moriría antes de haber llegado a saber tantas cosas.

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Este tipo de historias apuntan a la imposibilidad de llegar a conocer a través de la mente y los conceptos aquello que nos puede liberar del sufrimiento, a saber, ver lo que es tal como es y no como querríamos que fuese o como pensamos que es. ¿Qué pasa si de verdad nos abrimos al Misterio, asumiendo que es Misterio precisamente porque no tenemos ni idea de lo que es? ¿Y qué pasaría si llevásemos esta actitud de observación, desde el no-saber, a cada instante de nuestra vida? ¿Podría esta actitud arrancar la flecha de nuestra errónea identificación con lo que no somos y el deseo insaciable que esto nos genera y que tanto nos duele?

Comparto finalmente los últimos versos de un poema védico dónde hace más de dos mil quinientos años, se pone de manifiesto las limitaciones del conocimiento humano y os invito a que cada uno mire dentro de sí qué espacio se abre al soltarnos a la posibilidad de ¡no-saber!

«(…)
Buscando en sus corazones, mediante su sabiduría
los sabios hallaron el vínculo
que une al Ser con el no-Ser.
Extendieron transversalmente su cordel.
¿Existía un abajo? ¿Existía un arriba?
¿Existían fecundadores, existían energías?
Abajo se hallaba la fuerza; arriba el impulso.
¿Quién sabe la verdad?
¿Quién puede decirnos dónde surgió esta creación?
Los dioses nacieron después, con la creación del universo.
¿Quién puede saber, pues, de dónde surgió?
Aquel que es su guardián en el cielo,
fuera él o no su hacedor,
sólo aquel sabe de dónde surgió esta creación.
O quizá ni siquiera él lo sabe».

 

Referencias bibliográficas

  • Panikkar, R., El silencio del Buddha. Una introducción al ateísmo religioso. Siruela, 2000.
  • Gallud Jardiel, E. El hinduismo en sus textos esenciales,  Verbum, 2016.