El universo en ti

Las leyes del universo

En el post, Quién soy yo?, citamos el mensaje de varios sabios que desde antiguo vieron la importancia de conocerse a uno mismo para conocer el universo entero:

“ Uno debe de ver y escuchar, así como reflexionar y concentrarse en su propio ser, ya que cuando uno ha visto y oído su propio ser, cuando uno ha reflexionado y se ha concentrado en su propio ser, conoce entonces el mundo entero.” (Bṛhadāraṇyaka Upaniṣad)

Cuando leemos o nos dicen esto por primera vez podemos pensar que se trata de una frase hecha, una forma de hablar, pero si lo ponemos en práctica y nos mostramos atentos a nuestras formas a lo que ocurre en nuestro cuerpo, a la forma en que actuamos con los demás y la forma en que el mundo actúa con nosotros, descubriremos una serie de patrones o “leyes” naturales que nos permiten comprender la Vida, porque en realidad todo está hecho de la misma pasta.

Desde la antigüedad se han vinculado los cinco elementos, incluido el espacio, al funcionamiento de todo organismo. De modo que el fuego está presente en nuestro cuerpo bajo la forma de calor corporal en procesos digestivos, o en fiebres que combaten algún elemento infeccioso, etc. igual que en el universo está presente como sol, como fuego que emerge de la fricción, etc. Ni que decir del agua, que es el constituyente más abundante de nuestro cuerpo y del planeta que habitamos.

Pero no sólo a nivel fisiológico observamos paralelismos, también estar atentos a nuestra forma de interactuar con el resto del mundo nos da pistas para la comprensión del entorno. Por ejemplo, cuando discuto con una persona cercana, tengo la posibilidad de indagar en los mecanismos, patrones y creencias de cada uno que nos han llevado a la discusión y eso me puede permitir comprender los patrones de fondo que llevan a una discusión mayor e incluso a una guerra. La mayoría de personas rechazamos las guerras, en cambio vivimos a menudo alimentando nuestros propios conflictos. ¿Cómo pretendemos que esos conflictos individuales y de pequeña comunidad no se reproduzcan a mayor escala? La cuestión sobre las guerras nos conduce a su vez a la reflexión sobre la vida y la muerte y si observamos la naturaleza puede que descubramos que la vida y la muerte forman parte de Algo mucho mayor, de la Vida, que nunca muere. La flor y el fruto mueren para el árbol y sólo así perpetúan el nacimiento de nuevos árboles.

leyes del universo

Lo que es arriba es abajo

 

La esencia más sutil, tú eres Eso

Cuenta una historia de la Chāndogya Upaniṣad que al regresar Śvetaketu a su casa, tras doce años estudiando con su maestro, se sentía orgulloso y algo engreído por todo lo que sabía. Su padre observando esto, dijo:

«Śvetaketu, mi pequeño, parece que tienes una elevada opinión de ti mismo, te crees instruido, y te sientes orgulloso por ello. ¿Has preguntado por el conocimiento mediante el cual se oye lo que no se oye, se piensa lo que no se piensa y se sabe lo que no se sabe?».

«¿Cuál es ese conocimiento, padre», preguntó Śvetaketu.

«Al igual que conociendo un amasijo de barro, hijo mío, se llega a conocer todo cuanto es de barro, ya que las diferencias son sólo palabras y la realidad es barro; y así como conociendo un pedazo de oro se puede conocer todo lo que es de oro, ya que las diferencias son sólo palabras y la realidad es sólo oro; y así como conociendo un trozo de hierro se conoce todo lo que es de hierro, ya que la diferencia son sólo palabras y la realidad es sólo hierro».

Śvetaketu replicó: «Ciertamente mis honorables Maestros no conocían esto. Si lo hubieran sabido, ¿por qué no me lo habrían contado? Explícamelo, padre».

«Sea pues, hijo mío.»

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Normalmente nuestro ego se empeña en destacar, en ser diferente, en ser especial, cuando en realidad se trata justo de lo contrario. De comprender, no lo que nos hace especiales, sino lo que nos iguala, la esencia que compartimos con el resto de seres, con el universo entero.

Cuando descubrimos esa esencia en nosotros mismos podemos comenzar a reconocerla en todo lo que nos rodea. A su vez, lo que nos rodea nos sirve como espejo y nos recuerda una y otra vez nuestra naturaleza común, una sola con todo lo demás.

La historia citada en realidad continua con toda una serie de enseñanzas en las que el padre muestra una y otra vez a su hijo que su verdadera naturaleza es aquella esencia sutil que no alcanzamos a percibir. Igual que otros sabios como Sócrates, insiste en la importancia de conocerse uno mismo. En uno de los ejemplos el padre pide al hijo que le lleve el fruto de un enorme árbol y que parta el fruto en dos. Se trata de una higuera y al partir el fruto lo que se encuentra el hijo son miles de diminutas semillas. Luego le pide que divida una semilla en dos y le pregunta qué es lo que ve. El hijo le responde que nada y entonces el padre prosigue con su magistral enseñanza de esa nada que no alcanzas a percibir surgió esta enorme higuera. Esa esencia sutil que hace surgir el árbol, eso es la realidad. Eso es uno mismo. Eso eres tú.

 

Conócete y conocerás el universo entero

En nuestro afán por destacar, por ser buenos, por generarnos una identidad, incluso en nuestro afán por obtener más conocimiento, nos perdemos a menudo en en el conocimiento de nombres y formas olvidando la esencia que lo constituye. En cualquier objeto de oro, el oro es la esencia y da igual si toma la forma de pulsera, de collar, de reloj, de pendiente, de una vasija, una marco, etc. Aquel que sabe reconocer el oro lo reconocerá bajo cualquiera de las formas y nombres que tome. Así también, este universo está constituido por una misma energía que toma distintas formas y nombres. Cada uno de estos nombres y formas que toma esta energía, a la que llamo Vida, es una oportunidad para reconocer nuestra propia naturaleza. Y a la vez cada mirada hacia nosotros mismos examinada con una actitud de honesta escucha es una oportunidad para comprender el mundo a nuestro alrededor.

No se trata de conocer el nombre de cada planta o de cada estrella, ni de ser un experto en clasificar objetos, personas, animales u otros seres, como no se trata de conocer la diferencia entre un collar, una pulsera, un reloj… Al distraernos aprendiendo acerca de esas diferencias, ocurre a menudo que dejamos de ver la esencia común que las constituye. Tenemos tal obsesión por distinguir un collar del otro, compararlo y competir para hacer que nuestro collar sea reconocido como el más bello, que no nos damos cuenta de que todas esas comparaciones y juicios no son más que fruto de nuestra creencia y además perdemos por completo de vista la esencia que lo constituye.

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Cuando fijamos nuestra atención en la esencia común, podemos ver el mundo en una gota de agua. Cuando iniciamos el camino hacia dentro, todo el universo se convierte en un reflejo de nosotros mismos, y cuando conocemos nuestro propio ser, el universo en ti………………………………………. Silencio.

 

 

Sentimos lo que pensamos: bofetadas electroquímicas, limones ácidos y emoticonos

El cerebro y la neurociencia han vendido millones de libros e incluso se han entrometido con descaro en conversaciones de cafetería. Ya no sólo nos interesa a los científicos; los presentadores de los telediarios y la gente normal se animan a hablar de redes neuronales que se activan y desactivan, de brazos robóticos controlados por la mente, de hormonas, neuropéptidos, emociones, pensamientos, de amor o de Alzheimer. El cerebro está de moda y nuestra sociedad se está convirtiendo en neurocentrista. Nos sobran los motivos para tirar del hilo que asoma (en realidad en este caso vamos a tirar de la neurona que asoma), y vamos a hacerlo sin miedo para ver hasta donde nos lleva. Are you ready?

 

Neuronas en un universo con forma de coliflor

Nuestro cerebro está repleto de células que denominamos neuronas, las cuales están conectadas unas con otras formando largas redes por todo el cuerpo, capaces de conducir mensajes en forma electroquímica. Es como una enorme red de carreteras microscópicas, con sus tramos de autopistas, autovías, carreteras nacionales y vías urbanas. Si conducimos nuestro automóvil por este universo con forma de coliflor… ¿Nos resultará más fácil desplazarnos en una ciudad repleta de posibilidades y conexiones o en un desierto que apenas cuenta con carreteras? Evidentemente nos será más cómodo desplazarnos si disponemos de gran cantidad de conexiones. Esta idea es extrapolable al cerebro humano.

 

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Diferentes redes neuronales se activan cuando tomamos un café, vemos por la tele al presentador del telediario o escuchamos música. Al conducir mensajes electroquímicos, aumenta el consumo de oxígeno y nutrientes por parte de las neuronas que transmiten la información, de la misma forma que un coche que circula por una carretera consume gasolina. Si esto ocurre, algo que podemos ver mediante pruebas de neuroimagen, entonces decimos que están activas. Ahora bien, las neuronas no se encuentran encerradas en el cráneo, sino que el cerebro se desparrama por todo el organismo hasta llegar a las puntas de los pies. A todo el conjunto de neuronas desperdigadas por nuestro cuerpo lo llamamos sistema nervioso.

 

Acerca de cómo se activan las neuronas: bofetadas o limones

Observando el cerebro con dispositivos de imagen médica en diferentes situaciones, hemos aprendido que nuestras neuronas se pueden activar de dos formas: recibiendo información del exterior por medio de los sensores corporales o mediante un pensamiento. También podríamos hacer el famoso experimento de Galvani, tan desgastado por los laboratorio en las High School de las películas americanas, donde los alumnos hacen bailar las ancas de rana inyectando electricidad con un generador en el sistema nervioso del animal. Lo que ocurre es que los grupos musculares del anfibio (o lo que queda de él) confunden las señales eléctricas del generador con las que habitualmente envía el cerebro para decir: “¡adelante!”.

Centrémonos en primer lugar en cómo se activan las neuronas al recibir información del exterior. Por si sólo, nuestro cerebro lo tiene realmente crudo: es ciego, sordo y mudo (aunque no “torpe, traste o testarudo”). Él únicamente puede manejar señales eléctricas por lo que no se entera de nada de lo que ocurre a nuestro alrededor. Puede estar lloviendo a cántaros o tocando una banda de mariachis a escasos metros, que él ni siente ni padece. Necesita de “algo” que le cuente qué está pasando ahí fuera, es decir, que traduzca esas señales físicas ambientales a un lenguaje bioeléctrico que él pueda entender. Ese “algo”, esos traductores, son los sentidos.

Veamos que ocurre cuando nos dan una bofetada. La mano de alguien, al que seguramente no le caemos muy bien, nos golpea la mejilla y hace tambalear nuestras células (nocirreceptores). El dolor que sentimos es proporcional a la presión ejercida por la mano sobre nuestra mejilla, y describir lo que ha ocurrido, de la forma más fielmente posible, es en definitiva la tarea del tacto (a no ser que tengamos un trastorno genético como la analgesia congénita que nos impida sentir dolor). Así que el tacto está atento a la contracción mecánica de los tejidos de la mejilla para generar una señal eléctrica que viaje al cerebro con la información tanto de la presión (se ha pasado tres pueblos) como de la localización (en la mejilla derecha). Lo que acabamos de explicar a poca gente le impresiona, algún que otro cachete nos hemos llevado, aunque algunas personas se incomodan al descubrir que el dolor no se siente realmente en la mejilla sino en el cerebro.

La segunda forma de generar actividad neuronal, aunque la usamos miles de veces al día, todavía sorprende a más de uno: el pensamiento. Pensamos en un limonero, en sus verdes hojas y sus frutos amarillos. Nos acercamos a él y elegimos un limón. Buscamos el más rugoso, el más ácido, y comenzamos a girarlo sobre sí mismo hasta desprenderlo del árbol mientras nos invade un olor a campo. Cortamos con un cuchillo el limón por la mitad y nos llevamos lentamente a la boca, para apretarlo y sentir como derrama su ácido jugo sobre nuestro paladar. Tiene el balance perfecto entre acidez y dulzura. Automáticamente nos ponemos a salivar. ¡Y ni siquiera hemos visto el limón! La neurociencia lleva décadas gritando a los cuatro vientos que pensar es algo así como una “bofetada electroquímica”. Lo que acabamos de experimentar es que un pensamiento u acción (para el cerebro son muy similares) lleva asociado una firma fisiológica única que es el resultado de una actividad neuronal, endocrina y bioquímica.

 

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Sentir lo que pensamos

El cerebro es un bigotudo pintor realista. Entre sus herramientas de trabajo encontramos unos tubos de pintura, los pigmentos o colores, el caballete y el lienzo. Los inagotables tubos representan a las glándulas (un conjunto de células que fabrican sustancias químicas) y su contenido, los pigmentos o colores, a las diferentes hormonas (la sustancia química que fabrican las glándulas). El caballete sería el sistema circulatorio, mientras que el lienzo simboliza al torrente sanguíneo. Con todo este material de primera, un buen pintor puede ponerse manos a la obra para trabajar la mezcla de colores hasta obtener el tono perfecto que retrate lo más fielmente posible la realidad. De forma análoga, el cerebro secreta mediante diferentes glándulas la cantidad exacta de hormonas o neurotransmisores con el fin de generar una composición química que represente lo más fiel posible a la señal eléctrica enviada por el sistema nervioso. ¿Y para qué sirve todo esto?

 

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El torrente sanguíneo es el medio perfecto para repartir estos mensajeros químicos (las hormonas) por todo el organismo, y llegar así a cada una de las células. Es interesante darse cuenta de que si los mensajes hubiesen mantenido su forma eléctrica, la gran mayoría de las células ni se hubieran enterado. Al igual que el cerebro sólo entiende los impulsos eléctricos, a las células les encantan los químicos. El objetivo es que estos mensajes alcancen a toda las células del organismo, por lo que adoptar una apariencia química es lo más conveniente. En realidad, si reflexionamos fugazmente, todo este tinglado está bastante bien montado. Las señales eléctricas viajan por las neuronas a una velocidad superior a 400 kilómetros por hora (más que un Ferrari de fórmula uno), mientras que un señal química está limitada a la velocidad del flujo sanguíneo (unos 0,036 kilómetros por hora). Una vez la hormona mensajera se encuentra repartida por todo el organismo lo más rápidamente posible, debemos saber que cada tipo de célula tiene unos receptores específicos, lo que significa que sólo reaccionarán ante un tipo de hormonas concretas y no ante cualquiera. Así comienza un baile de hormonas y células, una cascada de cambios químicos en el organismo los cuales solemos llamar emociones.

A fin de cuentas, o una bofetada hace tambalear nuestros nocirreceptores de la mejilla para generar una señal eléctrica y activar nuestras redes neuronales, o bien estas redes se activan a través de un pensamiento. Ambos caminos terminan invitando a bailar a nuestras células con la ayuda de hormonas mensajeras dando como resultado reacciones químicas a las que llamamos emociones. En el día a día de una persona que vive en una sociedad occidental, la cual permanece de 8 a 10 horas sentada en una silla frente a un ordenador (y el resto casi con el móvil), nos pasamos la mayor parte del día dándole al “coco”. Cada vez que le damos al “coco” se activan unas redes neuronales concretas debido a aquello que pensamos, y se inicia un proceso que imprime en el organismo la emoción correspondiente.

 

Emoticonos: generando el modelo de realidad

La ciencia habla de las cosas que ocurren en nuestra vida utilizando representaciones de la realidad o modelos. Cada modelo se aproxima más o menos a lo que ocurre, y es ahí donde hablamos de “precisión”. Por ejemplo, Newton utilizó un modelo para hablar de la gravedad, que consistía en relacionar la fuerza, la masa y la aceleración. Luego vino Einstein, con su relatividad, e ideó un modelo más preciso que el de Newton (a la par que más complejo). ¿Eso quiere decir que el modelo que el científico empleó para explicar la caída de la manzana era erróneo? No, simplemente su modelo no era tan preciso. De hecho, si todo va bien, no es de extrañar que consigamos un modelo para la gravedad más preciso que el de Einstein en años venideros.

Volvamos a mirar dentro de nuestro cerebro con esta idea de “modelo” bajo la manga. Hemos descubierto a un bigotudo pintor realista que habita dentro del cráneo obsesionado por retratar en la sangre aquello que pensamos mediante cambios bioquímicos (nuestras queridas emociones). ¿Y para qué todo esto? ¿Qué mosca le ha picado al cerebro con convertir nuestros pensamientos en emociones? La respuesta es simple: el cerebro es un generador automático de modelos.

 

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Imaginemos una cinta automática de supermercado que transporta aquello que captan nuestros sentidos. En ella encontramos un mejunje de receptores externos (informándonos de aquello que vemos, oímos, saboreamos, olemos o sentimos), pero también internos. Estos sensores internos menos conocidos dan parte al cerebro de los cambios químicos o térmicos del medio donde chapotean nuestras células (el medio interno) y, por lo tanto, nos informan de nuestras emociones. Totum revolutum, la cajera de supermercado (ahora el cerebro es una empleada de supermercado y la cinta transportadora el sistema nervioso) va codificando con el lector infrarrojo cada información proveniente de estos receptores. Con todo esto, el cerebro genera un modelo de la realidad que es lo que cada uno percibimos en nuestro día a día.

Al revisar el ticket de compra nos daremos cuenta en seguida de que hemos pasado por alto alguno de los artículos que conforman nuestra realidad: entre ellos encontramos la memoria. Aunque hablaremos de ello en su momento, es tan importante para nosotros que debemos tener presente que el cerebro genera el modelo de realidad utilizando la memoria (nuestra experiencia) como un sentido más. Ahora si. Esta reconstrucción cerebral de la realidad, este modelo, es a lo que nosotros llamamos David, María o Francisco: un espacio donde podemos sentir las emociones (los cambios bioquímicos) que generan nuestros pensamientos, las bofetadas, y que nos convierten en emoticonos andantes.

 

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Cómo aplicar la ciencia a nuestro día a día 

Nos den una bofetada o pensemos en un limón ácido, esa actividad neuronal irá a parar al torrente sanguíneo para generar un cambio químico al que llamaremos emoción. Luego nuestro cerebro reconstruirá un modelo de realidad (con ayuda de la memoria) para que, en definitiva, sintamos. Esto quiere decir, sin tapujos, que el hecho de que nos suden las manos, se apelotonen los latidos de nuestro corazón, se agite la respiración o que la tensión arterial esté por las nubes, la mayor parte del tiempo no ocurre debido a la situación que estamos viviendo, sino por lo que pensamos acerca de ella.

Nos pasamos la vida exprimiendo limones imaginarios. Al estudiar el organismo, la ciencia nos está queriendo decir que aquello que sentimos, en la mayor parte de ocasiones, proviene de lo que estamos pensando. Ahora bien, siempre que sea posible, no tiene sentido adoptar una postura de «lo que diga la ciencia va a misa» cuando disponemos de un organismo para poder experimentarlo de primera manto. Esta es una invitación formal a hacerlo. Enseguida os daréis cuenta de que existen multitud de ejemplos. Una madre teme que a su hijo le haya pasado algo y comienza a agitarse, sudar o temblar debido a que siente los efectos de pensar “mi hijo ha sufrido un accidente”. Un hombre que cree que su mujer le ha sido infiel porque no se encuentra en casa (cuando en realidad ha ido a comprarle un regalo por un aniversario de pareja que él ni recordaba), siente tensión fruto del pensamiento “ya sabía yo que tenía a otro”. Un viajero que teme volar en avión se siente angustiado o nervioso porque piensa “voy a sufrir un accidente de avión”.

En cualquier caso, nadie ha sufrido un accidente, nadie se ha acostado con nadie o ningún avión ha realizado un aterrizaje de emergencia. Somos emoticonos que, a lo sumo, hemos ido a un limonero imaginario, el más ácido del lugar, hemos seleccionado un limón tocando la porosidad de su piel mientras respirábamos el aroma a campo. Lo hemos partido mientras su jugo recorre nuestras manos, hemos levantado el limón nuevamente y exprimido el jugo del cítrico en nuestra boca.  Ummm… ácido, muy ácido… ¡Buen provecho!

 

Viento en popa a toda vela

Como primera aproximación al mundo que os he presentado hoy, donde la ciencia es nuestra maestra, no está nada mal: nos vamos con un sorprendente “sentimos lo que pensamos”. Ahora bien, son muchas las preguntas que han saltado a la palestra a lo largo de mis investigaciones y, aunque hoy las dejemos volar libremente por los aires, os hablaré de ellas en breve. ¿Por qué a veces sentimos emociones y no encontramos ni rastro del pensamiento generador? ¿Cómo componemos la realidad? ¿Qué pasa con los genes? ¿Existe alguna relación entre la autorregulación corporal y las emociones? ¿Qué papel juegan en el organismo, en las emociones o en aquello que sentimos los microbios? ¿Es el amor una sensación? ¿Necesitamos realmente proyectar un futuro? ¿Donde queda el pasado y la memoria? ¿Qué es el miedo? ¿Qué es la honestidad y para qué sirve? ¿Puede un ser humano vivir con un 5% de su masa cerebral? ¿Por qué enfermamos?

El cisne negro: un caso de psicosis

Ballet Lago de los Cisnes

 

Hace una semana tuve el privilegio de acudir en mi país a la puesta en escena de El Lago de los Cisnes. La trágica historia de amor, maravillosa música de Tchaikovsky y magistral interpretación deleitaron a todos los presentes. En la cultura popular, este ballet ha inspirado diversas cintas cinematográficas entre ellas El Cisne Negro. La relación del Psicoanálisis con el séptimo arte siempre ha sido muy estrecha. A través del cine el ser humano expone aspectos de su psiquismo que serían difíciles de presentar de otro modo.

Me gustaría compartir con ustedes algunas reflexiones que hice hace algún tiempo sobre esta película. Principalmente, cómo en ella se presenta el concepto de la psicosis y los fenómenos psíquicos que le caracterizan. No hay una definición propiamente psicoanalítica de la psicosis. Sin embargo, se considera la misma como una de las tres estructuras psíquicas, junto con la perversión y la neurosis. Su denominador común es una alteración en el sujeto de la relación que mantiene con la realidad compartida por todos. Sus particularidades serán explicadas tomando a Nina, protagonista del Cisne Negro, como sujeto del análisis.

 

El frágil vínculo social en la psicosis

Psicosis Suplencia

 

Nina es una mujer de 28 años, quien se dedica al ballet clásico. Acude con regularidad a una prestigiosa academia de danza en Nueva York. Es una de las bailarinas más dedicadas de la compañía, buscando siempre la perfección en la técnica. Reside con su madre Erika, bailarina retirada a los 28 años cuando quedó embarazada de Nina. Esto fue producto de una relación sentimental con un director de su academia. Desde entonces, Erika se ha dedicado a cuidar de su hija y promover en ella un gran interés por el baile.

Thomas es el director de la academia que dirigirá el ballet de El Lago de los Cisnes. Describe a Nina como la intérprete idónea del cisne blanco: “bella, frágil, perfecta en sus movimientos”. Nina se muestra como una persona dócil y sumisa frente a figuras que considera de autoridad. Además, se muestra inocente y “carente” de cualquier manifestación de sexualidad.

¿Cuál es el trasfondo que sostiene a la psicosis y cómo se despliega en ella el Complejo de Edipo? Si tuviéramos que nombrar el tipo de vínculo entre Nina y su madre, tendría que ser Erikanina. Es un relación completamente dual, sin cabida para un tercero. Nina tiene la certeza de ser todo para su madre, aquello que completa la falta de la madre. Además, es su objeto de goce, pues a través de Nina, la madre obtiene satisfacción pulsional. Esto se observa en el modo en el que Erika manipula el cuerpo de Nina a su antojo, vistiéndola y desvistiéndola aún a sus 28 años. Sumado a esto, la madre presenta una obsesión con el rostro de su hija, del cual hace pinturas de forma compulsiva.

 

La sexualidad sin deseo

La sexualidad de Nina se ve limitada a este intercambio con Erika. No ha entrado en el discurso materno el Nombre del Padre o una figura que haga la función paterna. Es decir, un Otro que ocupe el deseo de la madre, y que ponga límites a esa relación de satisfacción y de exclusividad entre ambas. La alusión que hace la madre de Nina sobre el padre es que fue un “error, por el cual tuvo que renunciar a su carrera”.

Como resultado de esta dinámica, Nina se mueve en el mundo de las “relaciones de a dos” y de los “blancos y negros”, donde no pueden ser posible los puntos intermedio. Hay además un agujero en lo simbólico, teniendo las palabras una literalidad vital. Destaco en este punto el significante “perfección”, que en la vida de Nina parecía tener mucha relevancia. Hasta ese momento había estado asociado con la exactitud en la técnica del ballet.

Hasta el desencadenamiento del brote psicótico, esa carencia en lo simbólico había sido colmada por una suplencia del Nombre del Padre. La suplencia es algo que mantiene la unidad con lo social y ayuda a mantener la compostura. En este caso, el ballet hace de suplencia pues es una actividad que le había permitido a Nina salir un poco de esa relación exclusiva con la madre. Sumado a esto, le permitía mantener un estado de psicosis estabilizada y le daba una identidad de bailarina. Siendo consistente en sus entrenamientos podía alcanzar, según su razonamiento, el nivel de perfección literal. Nada se mueve, nada se cuestiona, nada cambia.

 

El surgimiento del brote psicótico

Psicosis Brote

 

En la academia de danza a la que pertenece Nina, anuncian el nuevo ballet de El Lago de los Cisnes dirigido por Thomas. Éste lo presenta ante las aspirantes con una dicotomía de sus personajes. Por un lado, Odette (la reina de los cisnes y el cisne blanco) es la heroína de la historia. Es una hermosa princesa, que se ha transformado en un cisne blanco durante el día y toma su aspecto humano durante la noche. Por otro lado, Odile (el cisne negro), es la malvada hija del brujo Rothbart, y al igual que Odette se ha enamorado del príncipe Sigfrido. Dile se transforma en Odette con la ayuda de su padre para que el príncipe se enamore de ella. Thomas invita a las bailarinas a hacer una interpretación “visceral y real.”

Nina aspira al papel principal, quien debe interpretar tanto al cisne blanco como al negro. Es en ese momento, se empiezan a manifestar fenómenos característicos de la psicosis. ¿Qué de este hecho puede haber incidido? Nina es llamada a ocupar un lugar que no puede representarse. Por una parte, pasar de tener un rol secundario a uno protagónico. Mientras que también, debe interpretar dos personajes opuestos en una sola obra, manteniendo su parte cisne blanco “virginal”, y dejando surgir su cisne negro “seductor”. Esta exigencia adquiere cualidad de mandato. Se vuelve un imperativo que ella debe cumplir en lo real, y no únicamente como una representación.

 

El mandato del amo

Cisnes negro psicosis

 

Teniendo esto como base, sigamos el curso del desencadenamiento. Decíamos que hay dos exigencias, tomemos por primera la más gráfica: la no-metáfora del cisne negro. El director del ballet, le hace una invitación a Nina, a fin de poder interpretar adecuadamente al cisne negro. En diferentes momentos, Thomas la expone frente a su sexualidad, de la cual ella no se ha cuestionado nunca cual le dice:

Pierde el control y a ti misma, déjate llevar, sorprende y sorpréndete, sé seducida y seduce…

Ve a casa y tócate, vive un poco.

¿Te follarías a esta mujer? Nadie lo haría. (Refiriéndose a Nina) Siente mi tacto y responde a él.

¿Qué ocurre aquí? Thomas enfrenta a Nina con un deseo enigmático para ella, por lo que se coloca frente a él como objeto de goce pasivo, al igual que con Erika. Pero Thomas exige otra cosa, que cuestiona su sexualidad, su deseo y su identidad de “ser bailarina” que hasta ese momento la habían sostenido. Al no soportar la incertidumbre, y potenciado por el modo seductor de Thomas, Nina lo coloca en el lugar de amo con una demanda clara: déjate llevar, disfruta de la sexualidad, vive, y te convertirás en el cisne negro que estoy buscando.

La relación especial que Nina tiene con el lenguaje y el cuerpo, influyen para que este mandato retorne desde lo real en forma de alucinaciones. Ante la ausencia del soporte simbólico, Nina es incapaz de metaforizar, y se queda en la literalidad del mandato, sufriendo en su cuerpo una metamorfosis. En ella, progresivamente, y luego de sus intentos de masturbarse, Nina tiene la percepción de que su cuerpo se fragmenta, de que empiezan a salirle plumas y patas, y a cambiarle el color de los ojos. Esto la deja perpleja y le angustia, pues no hay una representación de un cuerpo unificado que le pertenece, más bien le es extraño. Nina no reconoce que esto está es su mente, y lo experimenta como si fuera completamente real.

 

El delirio paranoide en la psicosis

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Otra salida característica que Nina reproduce es la formación de un delirio paranoide. El principal objeto persecutorio para ella es Lilly, una bailarina nueva en la academia. Thomas describe a Lilly como “imperfecta, natural y que no finge”, para él ella sería el perfecto cisne negro. El delirio consiste en que Lilly está conspirando contra ella para desplazarla y representar el papel protagónico. Entonces nos preguntamos ¿por qué Lilly? Puede ser porque ella está significada por Thomas como la sensualidad y la soltura que a Nina le faltan.

Inicia para Nina la búsqueda de una “nueva perfección” asociada ahora con la sensualidad y no con la técnica. Entonces despliega diversas estrategias que culminan con fenómenos alucinatorios. Primero roba artículos personales de Beth, quien es la antigua estrella de la academia y consentida de Thomas. Beth deja su carrera por tener una edad que esa disciplina se considera avanzada. Por otro lado, se articula una fantasía homosexual con Lilly. A través de este vínculo, trata de descubrir algo de lo que para ella es un misterio: la femineidad y sensualidad. Ambos aspectos que se desbordan en Lilly y de los que ella no sabe nada.

Durante el brote psicótico el sufrimiento de Nina es avasallador. La angustia de aniquilamiento del ser es paralizante. La misma es promovida por una madre demasiado presente, y por ese agujero en lo simbólico ante el cual no puede responder. Esto se observa en una escena en la cual Nina se empieza a masturbar en su habitación y la madre irrumpe. Nina busca poner un límite a la madre en la realidad, tratando de poner una vara para evitar que se abra la puerta de su habitación. La madre literalmente sigue allí negando ese espacio de privacidad a su hija.

 

El pasaje al acto como desenlace

 

El gran día de Nina llega justo después de sufrir unas intensas alucinaciones. Ella se empeña en salir a escena, a pesar de que su madre ha llamado antes para comunicar que estaba incapacitada. Thomas complacido, por esta nueva Nina más “segura de sí misma”, le dice:

La única persona metida en tu camino eres tú, es hora de dejarlo ir y dejarte llevar.

Toda la presentación parece llena de un dolor innombrable, que se observa en la expresión de su rostro. Nina comienza a experimentar las alucinaciones y el delirio. La única salida posible es un pasaje al acto. Esto implica un salir de la escena del lugar al que había sido llamada. Nuevamente toma las palabras de Thomas como una orden y actúa para “quitarse de su propio camino”.

Entonces, por la identificación masiva que presentaba con respecto a Lilly, se hiere a sí misma con un vidrio. De forma alucinatoria Nina piensa que ha herido a Lilly. Sólo cae en cuenta que se ha herido a sí misma, cuando Lilly entra a su camerino para felicitarla, y lo real se le presenta de frente. Otra vez su cuerpo estaba desconectado del dolor físico, pues vuelve para culminar con la función. Es entonces cuando finaliza la escena y literalmente muere.

El suicidio de Nina es contundente, ya que no hay un llamada a un otro ni una intención de enviar un mensaje. Sus últimas palabras dirigidas a Thomas: “lo sentí, me sentí perfecta, fue perfecto”. Una vez más se confirma cómo esta mujer no podía tomar el sentido metafórico. La única forma de tener una interpretación magistral, y de acabar con sus alucinaciones y angustia paralizante, era muriendo al igual que Odette.

 

Psicosis Suicidio

 

Referencias bibliográficas:

  • Laplanche, Jean y Jean-Bertrand Pontalis, Diccionario de Psicoanálisis, Paidós. Edición 2007.
  • Julien, Philippe, Psicosis, Perversión y Neurosis, Amorrortu Editores. Edición 2000.

Fuentes:

¿Te acuerdas de…? El multiverso de la memoria humana

«Puedo recordar todo lo que sucedió aquel día como si fuera ayer… aunque hace ya diez años de ello, puedo recordar perfectamente el sabor de aquella comida, pues jamás olvidaré dónde me encontraba en aquel momento».

A la mayoría de nosotros nos cuesta a veces recordar qué es lo que cenamos la noche anterior o cuál fue el perfume que elegimos antes de salir de casa, pero quizá rememoremos con detalle el menú del convite el día de nuestra boda (una fecha señalada)­ que tuvo lugar varios años atrás. Entonces ¿por qué algunas memorias quedan grabadas en piedra y resisten inolvidables al paso de los años, mientras que otras son frágiles y desaparecen en minutos?

En un estudio realizado en el año 1977, Roger Brown y James Kulik, de la Universidad de Harvard, publicaron que 79 de 80 estadounidenses entrevistados recordaban vívidamente las circunstancias en las que se encontraban 14 años antes cuando escucharon que John F. Kennedy había sido asesinado. Estos resultados han sido replicados en numerosos estudios que han estudiado eventos similares de singular importancia, observando las características de la persistencia o la precisión de las memorias formadas en determinadas circunstancias. En inglés este tipo de memorias se denominan memorias fogonazo (flashbulb).

 

RECUERDOS QUE PERDURAN

Algunas remembranzas resultan mucho más vívidas que otras. Con el nombre de memorias fogonazo (flashbulb) nos referimos a memorias especialmente vigorosas que se generaron en respuesta a una experiencia única con una alta carga emocional. Por ejemplo los atentados del 11 de Septiembre de 2001. Todos tenemos memorias personales muy intensas relacionadas con acontecimientos importantes en nuestra vida, como un accidente o una boda. En otros casos la persistencia de la memoria requiere atención y esfuerzo por nuestra parte como el aprendizaje de distintas materias durante la formación académica.

 

Los numerosos datos revelan que los sucesos que han sido asociados a momentos de alta carga emocional, tienden a ser recordados de forma espontánea con una intensidad concreta. Pero en otros casos, la formación de los recuerdos no se realiza de manera inconsciente, ya que requiere esfuerzo por parte del individuo para poder retener cierta información. Es decir, su persistencia solo se consigue mediante la repetición. ¿Cuántas veces tuvimos que repasar la tabla de multiplicar o la lista de capitales europeas para posteriormente poder recordarlas?

Cuando nos paramos a pensar en ¿qué es eso de los recuerdos? Surgen numerosas respuestas y a su vez cuestiones relacionadas con el tema. La ciencia se ha centrado durante muchos años en poder localizar los recuerdos en el cerebro humano y hoy por hoy son muchos los resultados obtenidos gracias a los avances tecnológicos de la época. Así podríamos definir la memoria  de forma general como la capacidad que tiene el sistema nervioso de retener información acerca de las experiencias pasadas, de manera que puedan ser condicionadas las conductas futuras. Sin embargo, el concepto de memoria es mucho más complejo que esto, ya que hoy sabemos que engloba capacidades muy diversas pudiendo distinguir diferentes tipos de memoria:

  • Memoria explícita o declarativa: tales como nuestros recuerdos de gentes, lugares y cosas.
  • Memoria implícita o de procedimiento: que incluyen distintas formas de aprendizaje inconsciente, motor o perceptivo.

A su vez, estos tipos de memoria requieren la participación de diferentes circuitos neuronales y se localizan en distintas regiones del cerebro. Pero llegar a esta conclusión no ha sido nada sencillo. Mediante el estudio de pacientes con lesiones cerebrales muy dispares, experimentos con animales de laboratorio y técnicas quirúrgicas y farmacológicas, se ha podido identificar el sustrato anatómico de distintas formas de aprendizaje y memoria en los humanos, acabando con la idea inicial de un sustrato completamente deslocalizado que se mantenía al principio del siglo XX. Por tanto podemos concluir hoy en día que el cerebro es un conglomerado de circuitos especializados que llevan a cabo distintas funciones.

Tras algunos datos teóricos pongamos un ejemplo:

La neuropsicóloga Brenda Milner estuvo trabajando en uno de los casos más relevantes de la historia de la clínica neurocientífica, en particular con un paciente conocido como H.M. que parecía presentar una importante lesión cerebral en el lóbulo temporal.

H.M. LA HISTORIA DE UN HOMBRE SIN HISTORIA

A la edad de 27 años H.M. fue sometido a una operación quirúrgica experimental y arriesgada con el objetivo de curarle de los ataques epilépticos cada vez más frecuentes e intensos que sufría desde su niñez a causa de un accidente en bicicleta. Dicha operación consistió en la extirpación quirúrgica de la región del cerebro en la que los médicos consideraban que se encontraba el foco de su epilepsia, una parte del lóbulo temporal que incluía el hipocampo. Los resultados de la intervención fueron sorprendentes: tras la operación, el cerebro de H.M. había perdido la capacidad de formar nuevas memorias. En palabras del cirujano responsable: «intentamos acabar con su epilepsia, pero acabamos con su memoria´´. La operación tuvo lugar en 1957; en los decenios siguientes H.M. gozó de buena salud y fue objeto de numerosos estudios neurológicos y psicológicos. La investigación realizada reveló que el paciente era incapaz de formar nuevos recuerdos de la gente que había conocido tras la operación, incluso de las enfermeras que veía a diario y así continuó hasta su muerte en 2008 a los 82 años. Lo más interesante del caso es que a diferencia de lo observado en los episodios de amnesia clásica, la mayoría de los recuerdos de H.M. previos a la operación seguían intactos. Además aunque su cerebro era incapaz de adquirir nuevas memorias de tipo declarativo, no estaba cerrado a otras formas de aprendizaje, tales como la adquisición de nuevas habilidades motoras. De esta manera se demostró que los distintos tipos de memoria se alojaban en sustratos anatómicos diferentes.

hipocampo

 

 

 

Este caso le condujo a la identificación del lóbulo temporal en general y el hipocampo en particular como componente imprescindible para la adquisición de nuevos recuerdos acerca de personas, eventos o cosas, es decir, memorias de tipo explícito o declarativo. Sin embargo, una vez que la memoria ha sido adquirida y consolidada, el hipocampo deja de ser necesario. Por mecanismos que aún se desconocen, se produce una transferencia de la información desde el hipocampo hacia centros corticales. Por ello las lesiones hipocampales no repercuten en los recuerdos consolidados previos al daño.

Además de este avance, otros estudios han podido dilucidar circuitos neuronales que subyacen a otros tipos de memoria. Por ejemplo la amígdala, el estriado o distintas regiones de la corteza cerebral desempeñan una función clave en la memorias de tipo emocional, motora o procedimental. Pero, ¿de qué están hechos los recuerdos? ¿qué es lo que debemos buscar cuando hablamos de ellos? La identificación de la naturaleza física de los recuerdos ha sido un tema recurrente de estudio a lo largo de la historia, pero no fue hasta finales del siglo XIX que se postuló la primera hipótesis cargada de validez científica basándose en la intuición del neuroanatomista aragonés Ramón y Cajal, padre de la neurociencia moderna y premio Nobel en Medicina y Fisiología en 1906. El autor enunciaba ya para el año 1894 que:

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«El ejercicio mental facilita un mayor desarrollo de las estructuras nerviosas en las partes del cerebro en uso. Así, las conexiones preexistentes entre grupos de células podrían ser reforzadas por la multiplicación de terminales nerviosas´´

En la actualidad, esta hipótesis es la que explica la visión del problema en cuestión. La mayoría de los neurocientíficos piensa que los mecanismos de plasticidad sináptica (capacidad para modular o cambiar la fuerza de las conexiones entre neuronas, las sinapsis, y en consecuencia las propiedades y funciones de circuitos neuronales en respuesta a estímulos externos y a la experiencia previa) representan el sustrato celular para la formación de los distintos tipos de memoria: desde las formas más simples de aprendizaje no asociativo que observamos en sensibilizaciones en animales de laboratorio, hasta las elaboradas formas de memoria declarativa de los humanos. Resulta admirable que Ramón y Cajal pudiera inferir esa idea a partir de lo observado en las imágenes estáticas de sus preparaciones en microscopía. Finalmente la hipótesis cajaliana sobre la plasticidad sináptica encontró una definición más formal cincuenta años después en palabras de Donald Hebb (1904-1985), reconocido psicólogo canadiense cuyo postulado se considera hoy en día la explicación más razonable de lo que ocurre en nuestro cerebro cuando aprendemos: «Cuando el axón de la célula A excita a la célula B, y repetida o persistentemente interviene en su activación, algún tipo de crecimiento o cambio metabólico tiene lugar en una o ambas células…´´.

DATOS CURIOSOS

MEMORIAS DE CARACOL. CUANDO EL TAMAÑO IMPORTA

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El caracol marino Aplysia califórnica se ha ganado un puesto destacado en la historia de las neurociencias. Su sistema nervioso, formado por unas 20.000 neuronas organizadas en una docena de ganglios, es muy simple si lo comparamos con los más de 10 mil millones de neuronas que constituyen nuestro cerebro. Pese a semejante simplicidad, el caracol exhibe una variedad de comportamientos innatos y adquiridos que van desde el aprendizaje no asociativo al condicionado. Por ello, Eric R. Kandel, de la Universidad de Columbia, ha dedicado buena parte de su carrera científica a investigar las bases celulares y moleculares de estas formas básicas de aprendizaje. La accesibilidad de su sistema nervioso y el gran tamaño de sus neuronas, las mayores observadas en el reino animal, han permitido identificar con gran detalle los circuitos neuronales que regulan comportamientos concretos y estudiar cómo el aprendizaje y la formación de memorias afecta y da lugar a cambios físicos en conexiones especificas dentro de estos circuitos. Mucho de lo que conocemos hoy en día acerca de las bases celulares y moleculares de la memoria se lo debemos a este animal. Pese a la diferencia en número de neuronas y complejidad, parece que los mecanismos moleculares básicos que subyacen al aprendizaje y la memoria en este molusco están altamente conservados en los mamíferos.

anders gefragt : Eric Kandel, Medizin-Nobelpreis 2000

 

 

Labilidad de la memoria autobiográfica

En la conferencia de Helmut Schnatz realizada hace unos años, saltó el escándalo. Entre los asistentes al acto había muchas personas mayores de Dresde, testigos directos del horrible ataque sufrido por su ciudad los días 13 y 14 de febrero de 1945. Excitados, contaban que, tras el derrumbe de los edificios, los aviones británicos habían ido a la caza, en vuelo rasante, de los que huían de las llamas hacia las orillas del Elba o el gran parque. Schnatz, historiador riguroso, explicaba pacientemente que los hechos desmentían ese recuerdo. Los bombardeos levantaron tal columna de fuego, que era imposible que los pilotos volaran sobre la ciudad a baja altura para atacar a las personas una a una. El análisis de los planes de ataque y de los partes de las incursiones aéreas británicas no ha suministrado tampoco ninguna prueba de tales cazas del hombre. Aunque lo expuso con precaución y prudencia, el investigador consideraba la historia del vuelo rasante un mito que se perpetúa hasta hoy en el recuerdo de muchos ciudadanos. Pero los oyentes se hallaban indignados, pues ¿es que no habían visto con sus propios ojos los «plateados cazas Mustang´´ y a las personas que huían despavoridas?

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Los recuerdos, a pesar de ser falsos, encierran una gran densidad emotiva. Han adquirido tal importancia para ellos que ya no quieren perder estos sentimientos y otros asociados. En último término, se trata de sucesos que fueron decisivos en sus vidas y no podrían olvidarlos nunca. Paradójicamente es probable que esta intención haga que lo vivido se transforme de mil modos, pues toda evocación de un recuerdo, tiene también como consecuencia su almacenamiento refundido. En él se archiva el contexto de cada situación de evocación, por lo cual el recuerdo original puede enriquecerse o corregirse con nuevos matices y centrarse o incluso transferirse a determinados aspectos.

Quien comenta con otros participantes, sucesos compartidos, acusa la influencia de los demás en su retrospectiva personal. Por ejemplo, en casos de vivencias tan duras como conlleva una guerra, los sociólogos observaron que los relatos se estandarizan en el formato en que otros también lo recuerdan. Muchas de las transmisiones de los sucesos guardan un patrón similar, pareciendo que todas las personas hubieran vivido lo mismo en una determinada fase de sus vidas. Esto saca a la luz que los testigos de vivencias bélicas pueden presentar recuerdos muy diferentes a los que documenta la historia. Los habitantes de una ciudad bombardeada se constituyen en comunidades de recuerdo que se intercambian relatos y al mismo tiempo los modifican y configuran hasta que todos disponen de un fondo de historias similares. Ciertamente, todas ellas se basan en experiencias equiparables, sin embargo, con frecuencia han sido modificadas, adulteradas y creadas en la comunicación.

Los estudiosos de la memoria saben que las informaciones de episodios singulares e incluso desarrollos completos de sucesos, pueden integrarse en contenidos de memoria preexistentes. Se pueden alimentar falsos recuerdos a partir de fuentes muy diversas que trascienden lo vivido por uno mismo: narraciones de otras personas, novelas, documentales, películas, ensoñaciones y fantasías. Se trata de un fenómeno de amnesia de las fuentes: se recuerda el suceso en cuanto tal, pero se confunde la fuente de la que procede el recuerdo. Con el paso del tiempo, se intensifica esta tendencia del cerebro a recordar como parte de la propia biografía las vivencias de otros.

Pero ¿pueden equivocarse estos ojos? Lo relevante de tales reminiscencias importadas es que: «Están casi vivas delante de los ojos como si hubieran pasado ayer´´. De este modo las representaciones visuales de acontecimientos pasados, poseen subjetivamente la mayor fuerza de convicción. Los sucesos, para quedar almacenados después en la memoria, no necesitan pasar antes por la retina. Los sistemas neuronales de procesamiento de las percepciones visuales y los de lo fantaseado e imaginado, se solapan de manera parcial. Stephen M. Kosslyn, de la Universidad de Harvard, demostró en 1995 que la corteza visual primaria se activa de forma similar cuando los probandos ven objetos y cuando sólo se los representan.

Los sucesos se acogen en la historia propia con tanta mayor facilidad cuanto mejor se integran en el sentimiento general de fondo. Por ejemplo, la vivencia directa de la guerra deja tras de sí huellas emocionales muy profundas. Esto lo demostró Joseph LeDoux: se establecen conexiones sinápticas firmes entre las células nerviosas de la amígdala (la central de las conexiones emocionales), que desencadenan una rápida reacción afectiva. Así, determinados estímulos que recuerdan la vivencia primigenia, promueven la liberación de neurotransmisores en el cerebro, y con ello provocan las señales corporales de alarma que están ligadas con el engrama del recuerdo (se empieza a temblar, a sudar, a tener miedo y a buscar protección).

La conciencia puede asignar esta traza de memoria emocional a sucesos muy distintos, no vividos, si bien perfectamente asimilables a nuestra trama de sentimientos. Los recuerdos traumáticos no tienen por qué ser ni «más verdaderos´´ ni «más auténticos´´ que los otros, pero los sentimientos a ellos ligados contienen la huella emocional del acontecimiento de aquel entonces. El quid de la cuestión es que los testigos contemporáneos no pueden llegar a saber por si mismos si algo es un recuerdo verdadero o falso, pues para la persona que los rememora, ambos se perciben enteramente igual. De este modo, aunque los testigos tengan recuerdos muy diferentes de los que documentan los hechos históricos, no significa que mientan o que suplanten el ayer, sino que cuando guardan una imagen, lo hacen con una fuerte carga emocional, la cual apenas cambiará con lo aprendido más adelante. Cabe añadir que tales conflictos entre los recuerdos pueden transmitirse a través de generaciones. Así la transmisión oral del pasado demuestra que a pesar de que el abuelo o la abuela cuenten una historia determinada, los oyentes llegan a su propia versión de lo narrado. Es como si se tratase de un caleidoscopio, en donde los elementos y rasgos de las historias se transforman en una nueva constelación. Por tanto cada uno va incluyendo en la estructura de la narración sus propios sentimientos, formando diferentes collage basados en la identidad del que recuerda.

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Una memoria superior

Si pensamos por un momento ¿qué es lo que hemos desayunado esta mañana? Seguramente no nos suponga el más mínimo esfuerzo responder con acierto a la pregunta. Pero ¿podríamos decir que es lo que comimos el 29 de septiembre de 2003 una vez despiertos y duchados? Ciertas personas son capaces de satisfacer esa curiosidad. A partir de un momento concreto de su infancia o juventud se muestran capaces de describir con pelos y señales cada instante de su vida. Saben al dedillo en que día de la semana cayó una fecha concreta del calendario, qué hicieron en esa jornada y las noticias que leyeron en el periódico.

A esto le llamamos memoria autobiográfica superior o hipertimesia, cuya denominación proviene de la unión de los dos términos griegos: híper, que significa «sobre o por encima de´´ y timesis, «recordar´´. Existe una gran dificultad en investigar el origen de dicha capacidad ya que se conoce un número reducido de personas que dispongan de ella. La ciencia trata de buscar en su cerebro el secreto de tan asombrosa capacidad. Veamos un ejemplo:

 

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hipertimesia

En el año 2000 se inició la historia de este síndrome cuando una mujer de los Ángeles, que por entonces tenía 34 años, contactó en su búsqueda de ayuda por internet con James McGaugh, de la Universidad de California en Irvine. Price remitió al investigador un correo electrónico en el que le narraba su insólita habilidad, la cual le permite conservar los primeros recuerdos de su más tierna infancia y almacenar en el cerebro cada día de su vida desde el 5 de febrero de 1980. Según explicaba, los recuerdos del pasado no le surgen cuando desea recordar conscientemente, sino que literalmente la avasallan cada vez que tropieza con una fecha. A primera vista muchas personas soñarían con poseer un don semejante, pero a Price le resulta una carga.

McGaugh quedó fascinado por el caso. A lo largo de los cinco años posteriores a leer el mensaje de la joven, estudió con minuciosidad el asunto. Se basó en múltiples pruebas de inteligencia y de memoria para comprobar los conocimientos de la paciente sobre días concretos del pasado. Según averiguó, la memoria de Price destacaba sobre todo en relación al calendario: en diez minutos era capaz de poner fecha a todos los domingos de Pascua entre 1980 y 2003, equivocándose tan solo en una de ellas por dos días; también se acordaba de lo que aconteció en su vida cada uno de esos días. El equipo de McGaugh contrastó una parte de esa información con las anotaciones del diario personal que esta mujer escribe meticulosamente desde su adolescencia.

El cerebro de Price también almacena los acontecimientos de trascendencia pública con sus respectivas fechas, siempre y cuando le interesen personalmente. Así lo observaron los investigadores al preguntarle sobre eventos relevantes recogidos en un libro sobre historia norteamericana contemporánea. La paciente acertó todas las fechas, a excepción de una: el día de la ocupación de la embajada de EE.UU. en Irán a finales de los años setenta del siglo pasado. Posteriormente se descubrió que el dato que aparecía en el volumen era incorrecto. Price tenía razón.

 

McGaugh y su equipo comprobaron que esa capacidad inusual no se basaba en un cálculo mental de fechas de calendario como sí se ha descrito en algunas personas autistas con síndrome del sabio o savant. Estos sujetos son capaces de calcular datos exactos dentro de un periodo de tiempo de hasta 40.000 años. Price, en cambio, solo recordaba hechos desde 1980: desde entonces, su memoria autobiográfica trabaja de forma misteriosamente exacta. En pruebas de memorización posteriores, los investigadores descubrieron que el cerebro de esta paciente escondía otros enigmas: era capaz de recordar palabras con la misma perfección.  Reconocía 50 términos que le acababan de mostrar sin equivocarse. No obstante obtuvo un resultado por debajo de la media en pruebas menos estructuradas como recitar de memoria listados de palabras. La paciente reconoce que en casa pierde a menudo las llaves, así como que apunta muchas cosas del día a día para no olvidarse.

Además, al contrario de lo que podría pensarse, la inteligencia de Price se ajusta a la media de los mortales. Le cuesta sobre todo las pruebas de pensamiento abstracto y de anticipación relacionadas con las funciones ejecutivas  del lóbulo frontal (las cuales califican los procesos mentales que sirven para la gestión y adaptación flexible del comportamiento humano; entre estos destacan el control de impulsos, la planificación de acciones o la regulación emocional). Nunca obtuvo notas destacables durante su vida de estudiante y siempre necesitó esforzarse mucho, en especial para aprender de memoria poesías o datos históricos.

De momento no existen instrumentos estandarizados para poder estudiar la Hipertimesia, lo cual implica que los investigadores no hayan podido aclarar hasta ahora el por qué de esta extraña capacidad memorística. Los estudios que se han hecho en pacientes como Price se han basado en métodos ideados en un inicio para evaluar a pacientes con trastornos de memoria. Pero lo que si se ha contrastado con grupos control, es que las áreas cerebrales relacionadas con la memoria autobiográfica se encuentran localizadas en el polo temporal. Existen diferencias en un total de nueve regiones cerebrales entre las que se han hallado mediante tomografía por resonancia magnética (TRM) las siguientes: el lóbulo temporal del telencéfalo (giros inferior y temporal medial o polo temporal), el fascículo unciforme y lóbulo frontal. Se ha comprobado que el fascículo unciforme conecta el lóbulo frontal con el temporal y ejerce una función clave en la memoria autobiográfica. Existe un estudio de un paciente que padeció una lesión en el fascículo unciforme a causa de un accidente en bicicleta, lo cual le produjo un daño en esa zona y como consecuencia la incapacidad de poder recordar episodios pasados de su vida. Sin embargo la memoria semántica (su conocimiento del mundo) se hallaba en su mayor parte intacta.

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También se habla de regiones como la amígdala y el hipocampo, los cuales desempeñan funciones sobresalientes en este tipo de pacientes. Las conexiones que existen entre ambas estructuras cerebrales se presentan mayor de lo usual y además facilitan la remembranza: las emociones tienen gran importancia en la capacidad de recordar, por ello recuperamos mejor los acontecimientos con trascendencia emocional que los estímulos neutros. La amígdala carga de emociones a los recuerdos, con lo que les confiere una gran relevancia personal. Pero si bien es cierto, la investigación sigue sin saber el origen de esta capacidad, por lo que queda abierto pensar si estas alteraciones cerebrales son las que causan dicha habilidad o bien, si el uso regular de ésta habilidad transforma el cerebro.

 

EL SINDROME DE KORSAKOFF

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Sé que esta mañana cuando abra la puerta de la habitación 1037 del servicio de neurología, volveré a encontrarme con una situación difícil de creer. «Vaya, otra vez alguien nuevo…´´, exclamará el paciente desde la cama. La escena se ha repetido en diez ocasiones. Aunque el dialogo se reitera, él cree siempre que es la primera vez:

  • ¿Hace mucho que está aquí?
  • Un día o dos, no más. Va siendo hora de que vuelva a casa – contesta el señor F.
  • Espere… ¿Dónde estamos?
  • Vaya pregunta, pero, eh… al verlo vestido así, yo diaria que… ¿en el hospital?
  • Si, así es. ¿Sabe que día es hoy?
  • El señor F. se rasca la frente…
  • Bueno, yo creo que debemos estar en verano.
  • Sí, ¿de qué año?
  • ¿1999?
  • Le extiendo el periódico. El señor F. frunce el ceño. En la primera página se lee la fecha del 21 de Julio del 2001.
  • ¿Qué broma es esta? – exclama.
  • Me llaman por teléfono y dejo al señor F. muy perplejo. Vuelvo minutos más tarde a su habitación.
  • Ah, otra vez, alguien nuevo… – profiere. Hay tanta gente aquí…
  • Procuro no hacer las mismas preguntas, acompañadas de la entrega del periódico. No habrá novedad en las consabidas respuestas.

El señor F. es un paciente singular. Aunque viva diez veces seguidas un mismo suceso, será para él, de ahora en adelante, una experiencia nueva. Cada mañana se despierta en el hospital y se asombra de estar allí. Cada día encuentra la fecha en el periódico y se entristece, para luego olvidarse. A cada visita del personal, aunque observa a las mismas personas, las recibe como extraños, se presenta y después nombre y cara de los saludados se borran de su memoria. Es como si su vida se hubiera detenido en el verano de 1999. Ninguna traza del nombre, del aspecto, nada de lo que habla con la gente deja la menor huella en su memoria. Hace un año y medio que el señor F. está en la habitación 1037.

El olvido del paciente parece total y absoluto. No es capaz de retener durante más de un minuto información que se le ha transmitido por vía oral o escrita. Esta amnesia evoca la de ciertos pacientes que sufren la enfermedad de Alzheimer, que olvidan de inmediato lo que se les acaba de decir y que plantean sin cesar las mismas preguntas. Sin embargo, el problema del señor F. es diferente; es un caso de amnesia que apareció de repente, hace año y medio:

El señor F., soltero, era técnico de mantenimiento y tenía una arraigada inclinación por la bebida. Bebía con desmesura y prescindía a menudo de la comida. Hasta que cierto día pierde el equilibrio, empieza a ver doble y su mente comienza a desvariar. Llega al hospital en un estado de confusión mental. Un análisis de sangre fue suficiente para emitir un diagnóstico: carencia grave de vitamina B1. Unas perfusiones de esta sustancia le devolvieron la vista y el equilibrio, pero había perdido para siempre la memoria. Padecía el Síndrome de korsakoff.

Sergei Korsakoff (1854-1900) describió el síndrome que llevaría su apellido a finales del siglo XIX. El médico ruso había observado la enfermedad entre los bebedores de vodka. Años más tarde se estableció una relación entre dicha amnesia y la carencia de Vitamina B1, o tiamina, inducida por el alcohol y la malnutrición. En general, tras una fase aguda en la que se asocian confusión mental, parálisis de los nervios motores de los ojos y perdida de equilibrio y de la coordinación de los movimientos, los pacientes salen de ese estado con una amnesia completa. En adelante no fijarán ya nada en su memoria. Con mucha frecuencia, la amnesia afecta incluso a los hechos que precedieron a la crisis aguda. Puede suceder también que al sujeto se le borren todos los recuerdos correspondientes a un periodo de años o decenios. Además, se sume en un pasado más o menos lejano, en el que permanece prisionero por un tiempo indefinido; el olvido le impide modificar sus impresiones en función de los datos del entorno.

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Las lesiones cerebrales de quienes padecen este síndrome se suelen analizar post mórtem o con técnicas de formación de imágenes, como la resonancia magnética nuclear (RMN) in vivo. Las lesiones afectan sobre todo a ciertas estructuras, pequeñas y alojadas a ambos lados de la región media del cerebro: los cuerpos mamilares. El volumen total de las zonas dañadas no supera el medio centímetro cubico de materia gris. Para entender la razón de ésta singular amnesia, es necesario entender cómo los cuerpos mamilares se integran en los circuitos de la memoria. Se sabe que la memorización de los hechos sigue una secuencia precisa:

Las informaciones entran por el Hipocampo (así llamado debido a su parecido con el caballito de mar), que se encuentra en la zona interna de los lóbulos temporales; todas las informaciones recibidas por el cerebro mientras ocurre algo, se dirigen a esta estructura que se activa según una configuración neuronal característica del acontecimiento, lo que constituye una especie de código de almacenamiento y de recordatorio del mismo; el propio hipocampo está conectado a su vez a los Cuerpos mamilares, al Tálamo y a la Circunvolución del Cíngulo, creando un Bucle o circuito de Papez (James Papez, 1883-1958).

 

DATOS CURIOSOS

El neurólogo y escritor Oliver Sacks evoca en su libro «El hombre que confundió a su mujer con un sombrero´´ el caso de un hombre de 49 años que pensaba tener todavía 19 y se creía aun radiotelegrafista del ejército norteamericano. Cada mañana se sobresaltaba de miedo al mirarse en el espejo y descubrirse mucho más viejo que la imagen de sí mismo que guardaba en su memoria. Otros pacientes olvidan que han cambiado de profesión, que se han casado o que han tenido hijos.

¿SABIAS QUE….?

En Australia, donde antaño la frecuencia del síndrome de Korsakoff era la más elevada (a causa del alcoholismo causado por la cerveza), el enriquecimiento obligatorio con vitamina B1 de la harina industrial ha hecho que el número de casos disminuya a la mitad. Esta vitamina es esencial para el funcionamiento de las neuronas y, en particular, las de los cuerpos mamilares, que son cruciales para la creación de los recuerdos de la vida.

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Todos los elementos del bucle son indispensables para la fijación de los recuerdos a largo plazo. Cualquier tipo de destrucción del hipocampo por infección, traumatismo, accidente cerebrovascular, o por enfermedad como el Alzheimer, da lugar a una amnesia grave. En el síndrome de Korsakoff, resultado de una carencia de tiamina, la amnesia es idéntica, con la diferencia de que el hipocampo sigue intacto. En este síndrome son los cuerpos mamilares los que están destruidos debido al déficit de vitamina B1.

Todavía se desconoce por qué la carencia de esta vitamina destruye las neuronas de los cuerpos mamilares y de otras estructuras cerebrales. Entonces nos surge la cuestión de ¿Por qué algunas de estas células mueren en caso de carencia y otras no? Lo ignoramos… Lo único que conservamos de momento es el conocimiento de que la destrucción de los cuerpos mamilares impide la activación normal del hipocampo cuando se trata de crear nuevos recuerdos.

¿Qué le ocurre al sujeto cuando sufre lesión en  los cuerpos mamilares? Mantiene su capacidad de percibir el momento presente gracias a las zonas cerebrales cuya función es independiente del circuito de Papez. Sin embargo ese instante presente es barrido para siempre por las sensaciones siguientes: las zonas sensoriales no pueden guardar mucho tiempo en la memoria el contenido de las sensaciones, y en ausencia del circuito de Papez, no se inscriben en la historia a largo plazo del individuo. Se borran automáticamente tras unos instantes. De este modo los pacientes que sufren este síndrome lo olvidan todo, o por lo menos es la impresión que dan. Aun así siguen recordando su nombre, el de sus padres, qué es un perro o un tractor, cómo se usa un tenedor o cómo se conduce un coche. Es decir, que este circuito solo interviene en un tipo de memoria: la memoria episódica o de las experiencias vividas.

Los conocimientos sobre el mundo que nos rodea o la memoria semántica, no se resienten. Los pacientes reconocen el entorno y comprenden el significado de las palabras. Esta memoria depende de otras regiones cerebrales que se alojan en la cara externa de los lóbulos temporales. La memoria semántica está separada del circuito de Papez, es decir, de todo contexto espacio-temporal. Del mismo modo ocurre con la memoria procedimental, la cual nos permite aprender a montar en bici o conducir un automóvil. Por ello estos pacientes nunca olvidan ciertos ejercicios como esquiar o tocar un instrumento musical. La memoria procedimental se ubica en estructuras profundas del cerebro que se conectan con zonas motoras, como la sustancia negra, el núcleo caudado o el lenticular, que gobiernan los aprendizajes motores. Ni la memoria semántica ni la procedimental están asociadas a un momento dado en el tiempo o a un lugar en particular. Esto se muestra en que sabemos montar en bicicleta sin que sea necesario acordarse ni en qué fecha precisa ni dónde aprendimos a hacerlo. Los pacientes con el síndrome de Korsakoff por tanto son capaces de aprender comportamientos nuevos pese a su olvido inmediato. Pueden adquirir competencias particulares como la lectura y la escritura especular, o incluso jugar al tenis. Es curioso que cada vez que lo intentan, declaran que nunca en su vida han realizado este ejercicio, pero sus resultados mejoran cada día. También pueden aprender a orientarse en lugares nuevos.

Existen experimentos llevados a cabo por Claparède (1873) en donde observaba a pacientes con este síndrome que eran capaces de recordar dónde se ubicaba el baño dentro del hospital aun diciendo que no conocían donde se encontraban; o el caso de otra paciente con la que este autor había puesto de manifiesto su memoria emocional mediante un experimento curioso: un día, ocultó una aguja en la palma de su mano y después se la estrechó a la paciente, recibiendo ésta un pinchazo doloroso, lo cual hizo que a pesar de que al cabo de unos minutos olvidara el incidente, más adelante se negara a darle de nuevo la mano al médico, interiorizando el dolor asociado al apretón de manos.

Parece que todos estos aprendizajes, que se inscriben en el ámbito motor, emocional, espacial o incluso verbal se desarrollan en el registro inconsciente. El paciente dispone de ciertas informaciones y habilidades técnicas  que puede usar de manera juiciosa, aunque sin tomar conciencia de ello. Sin embargo la memoria afectada por este síndrome (memoria episódica) es por encima de todo una memoria explicita, de la que uno tiene conciencia.

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El estudio de este complejo síndrome nos ha permitido manifestar que la memoria humana está formada por diversos componentes localizados en varias regiones del encéfalo. No obstante, lo duro del caso es que no hay cura para las personas que lo sufren. No existe de momento manera alguna de hacer funcionales las estructuras afectadas en el hipocampo de estos enfermos. El señor F. no escapará a esta triste suerte y continuará amnésico hasta el fin de sus días. No podrá vivir fuera de un centro especializado, tendrá siempre 42 años en su cabeza y guardará la impresión de vivir en alguna parte hacia la mitad del verano de 1999…

Parentalización: cuando un NIÑO se convierte en PADRE

A menudo podemos observar en diferentes épocas o lugares del mundo que, a los niños se le exige ser adultos en miniatura. No es nuevo ver a los niños realizando tareas o actividades que corresponde solo y exclusivamente al mundo adulto. Puede verse reflejado en diferentes contextos tanto sociales, escolares como también en contextos familiares, donde se espera que los niños se ajusten y respondan de acuerdo a lo esperado para su adulto significativo. De esto no escapa la parentalidad.

familia

La familia puede dividirse en diferentes sub-sistemas, cada uno con roles “definidos”. En el enfoque sistémico, Salvador Minuchin con su Escuela Estructural, dan cuenta de la existencia de sub sistemas, entre los que destacan:

El sistema conyugal el cual se refiere a la relación de pareja, el sistema parental el cual hace mención a los padres – hijos, y tenemos el sub sistema fraternal que define a los hermanos. Igualmente tenemos a la familia extensa (tíos, abuelos, primos). Todos y cada uno se relacionan entre sí, definiendo una dinámica familiar que va a determinar la ejecución de roles, jerarquías, normas y límites.

Pero que pasa cuando en una familia, los roles no se definen adecuadamente y las jerarquías se diluyen? generalmente esto produce un movimiento en muchos casos desestabilizador, que provocará que los límites se traspasen entre los participantes, provocando  confusión de la identidad dentro de la familia.

Es muy importante brindarle a nuestros hijos experiencias que generen responsabilidad, sentido de pertenencia, cuidado personal y que moldeen hábitos que le faciliten su participación futura en la sociedad. Lo ideal es que las responsabilidades de estos niños este siempre orientado a su etapa de desarrollo (edad) y habilidades personales, que el niño vaya creciendo conociendo como es el mundo, pero sin olvidar que siguen siendo niños.

Parentalización: cuando un padre delega, siempre…

Hay muchos casos donde los padres deben mantenerse ausentes o distantes tanto física como emocionalmente de sus hijos, ya sea por razones laborales y sociales, o por otros movimientos como separaciones, enfermedades de larga data, muertes, en familia muy numerosas (4 hijos o mas), igualmente cuando un padre empieza a ubicar a un hijo como un sostén emocional, como un referente en momentos difíciles, otorgándole el lugar de “confidente”, suele traer como consecuencia en los hijos sobre ajustes compensatorios a las faltas de los que deberían generar los espacios de cuidado, afecto y protección: sus padres. Los hijos (generalmente el hijo mayor) entonces, empieza a sumir responsabilidades y tareas propias del sub – sistema parental. A esto anteriormente descrito se le define como Parentalización.

 Parentalización

La parentalización se define como la asignación del rol parental a uno o más hijos de un sistema familiar. Los hijos hacen de padres de sus hermanos, o incluso de un padre mismo. Este hijo parentalizado se encarga de su propio cuidado personal, del cuidado de su hermanos, del cuidado del hogar, y hasta de cumplir con roles sociales. Tenemos entonces a este hermano mayor (como un ejemplo) que se cocina a él y a sus hermanos, hace sus tareas y ayuda a la de sus hermanos, arregla la casa, hace las compras, y en algunos casos hasta va a la reunión de padres en la escuela, ya que el adulto al cual corresponde estas tareas se encuentra «ausente”.

En algunos casos estas conductas son reforzadas y observadas con orgullo por parte del resto del sistema familiar, suele verse como un espacio de “madurez precoz”, y como se vuelven funcionales ante este rol, se le siguen asignando nuevas tareas que van a ir perpetuando la confusión de la identidad y de los roles y límites dentro de la familia. La pregunta es: ¿Que pasa dentro de estos niños/jóvenes que viven estas experiencias?, ¿que pasa cuando esta situación se vuelve parte de la dinámica estructural de la familia?

 

Parentalización: la experiencia de ser hijo y padre a la vez

Principalmente estos niños o jóvenes dejan de vivir su etapa de desarrollo, dejan de vivir su infancia para poder adaptarse a una etapa más compleja, se convierten precisamente en adultos en miniatura, por lo que pueden evidenciar dificultad para desarrollar relaciones con sus pares adecuadas y sanas. Esto hace que salten una etapa que debe ser hermosa y nutritiva, dejan de ser niños, y empiezan a cumplir funciones de un adulto. Es un carga muy pesada que inevitablemente traerá consecuencias para su vida inmediata y adulta.

Esto igualmente trae consecuencias en el sistema fraternal. El hijo parentalizado ya tiene un poder que lo ubica en el sistema paternal, lo cual hace que se desconecte del sistema fraternal, suelen evidenciarse dificultades en las relaciones entre hermanos, aflorando rivalidades o celos entre ellos, marcando conflictos que pueden ir perpetuándose en el tiempo y generando así la alteración definitiva del sub – sistema fraternal. Los hijos parentalizados “juegan a ser padres”, utilizando intuitivamente los recursos observados o naturales necesarios para abordar diferentes situaciones. En algunos casos estas posturas son acatadas por los hermanos como un proceso natural, aceptando y cumpliendo con la función de “hijo”, normalizando así la parentalización de su hermano, quienes en algunos casos pueden utilizar estrategias de regulación y disciplinas inadecuados.

 Parentalización

La parentalización también puede traer como consecuencia la dificultad futura en desarrollar diferenciación con la familia de origen. Ese sentimiento de sentirse responsable eternamente de la salud y la estabilidad emocional de toda la familia, en especial de estos padres que le otorgaron este “poder”. Sienten la obligación de mantener el cuidado a este padre o madre. Esto puede generar conflictos al momento de decidir hacer vida en pareja, ya que se puede vivir con “culpa” la experiencia de separarse física y emocionalmente de este padre o madre. Por lo cual se altera o se vive con dificultad una ciclo natural de la vida y de la evolución como persona.

Igualmente una parentalizacion puede traer como consecuencia la dificultad de desarrollar una autoestima sana, la constante obligación de satisfacer los deseos y cuidado de los demás, dificultara la exploración de las necesidades y potencialidades propias, por lo que enlentece el proceso de auto conocimiento. Cuando adultos suelen ser expertos en cuidar a los demás, lo que puede orientar decisiones de profesiones u oficios futuros.

Este video aporta un espacio de reflexión sobre la paternidad y sus efectos en la vida adulta de un hijo. REDES-APRENDIENDO A SER PADRES

Parentalización 

Sin embargo, es importante destacar que los padres en muchas oportunidades no se dan cuentan que están generando espacios de parentalización que pueden afectar a sus hijos. Estos padres a su vez, fueron hijos, y podrían estar respondiendo a pautas observadas durante su infancia (ver artículo Conectando con nuestras herencias familiares (transgeneracionalidad)). Para estos padre pueden estar normalizadas muchas situaciones que en su infancia estuvieron presentes y que en este momento están siendo utilizados como recursos de crianza. Es de importancia generar espacios que generen la visualización de estas dinámicas que pueden repercutir en la salud mental de la familia, de manera de provocar cambios favorables para el desarrollo de los hijos.

 

Las palabras claves en este sentido son: perdonar, reconocer, aprender, reparar y crecer

Perdona

Podemos darnos cuentas que vivimos en carne propia un proceso de parentalización durante nuestra infancia. Sin querer, nuestros padres no pudieron sanar sus propias historias y repitieron pautas con nosotros. En su momento tus padres te entregaron lo que ellos pensaban que era lo mejor para ti. Como se describe en el articulo Conectando con nuestras herencias familiares (transgeneracionalidad), fue un regalo que ellos te hicieron a ti, seguramente con amor, pero que quizás en algún momento olvidaron ver el daño que podías causar en ti alguna de sus decisiones como padres. Una noticia: no tienes porque repetir la historia. Puedes marcar diferencias entre tu historia y la de tus hijos.

Parentalización

Reconoce

Darte cuenta que quizás estas repitiendo tus historias familiares te da la oportunidad de generar cambios y giros positivos en el ejercicio de tu paternidad.

Aprende

Aprende que tu eres responsable de tu propia vida, y de que tus hijos tienen Derecho a vivir la suya propia.

Repara

Si sientes que tus experiencias infantiles aun generan dolor, busca un espacio terapéutico para sanarlas. Busca apoyo y espacios de crecimiento para ti. Por fortuna la estigmatización de la consulta psicológica ha ido en decrecimiento, aumentando así  la demanda de psicoterapia. No tengas miedo al dolor, al contrario, la psicoterapia sera un espacio protegido para enfrentar ese dolor y para salarlo.

Crece

Es una oportunidad única para hacer mas nutritiva para ti tu parentalidad, y por consecuencia para tus hijos. No te pierdas la oportunidad de ser padre, no dejes que tu hijo pierda la oportunidad de ser hijo y niño. Finalmente evalúa si estas utilizando pautas de crianza que ayuden a tus hijos a abrir sus alas y a volar por sus propias fuerzas o por el contrario le estas brindando espacios para mantener sus alas cerradas.

 

Dejar ir también es una forma de crecimiento.

Solo hay dos días en el año en los que no se puede hacer nada. Uno se llama ayer y el otro se llama mañana. Hoy es el día correcto para amar, creer, hacer y vivir.

 

Fuente:

Dejando que mi voz exprese mis emociones

Te propongo algo. Solo necesitas tener una grabadora a mano, ya sea en tu móvil u otro dispositivo, y la decisión de dedicarte un momento en el que puedas estar en soledad, y en silencio. Cierra los ojos unos minutos, conecta con tu respiración, sencillamente obsérvala sin querer modificarla y siéntete conectado con la parte más profunda de tu ser. Ahora abre los ojos, pon en marcha la grabadora, y haz una descripción de ti mismo, con tu nombre, a lo que te dedicas, y qué esperas de la vida. Lo ideal es que sea una grabación espontánea, sin retoques, con sinceridad y honestidad hacia ti mismo. ¿Qué has sentido al grabarte? ¿A quién sentías que estabas hablando? Ahora, escucha esa grabación, ya sea con ojos abiertos o cerrados. ¿Qué sientes? ¿Qué emociones se desatan en ti? ¿Qué te gusta y no te gusta de tu voz?

 

La voz como nuestra primera herramienta de comunicación

 

¿Cuál es la primera manifestación de un recién nacido cuando llega a este mundo? Seguramente, llorar. Si tomamos conciencia de ello, su primer recurso para mostrar a sus padres que existe y que necesita de ellos para cubrir unas necesidades básicas es el llanto. Es su voz expresando emociones de forma intensa. Los seres humanos estamos programados para dejar que nuestra voz fluya de múltiples formas para comunicar, y para captar a través de ella los estados emocionales propios y del resto de personas. ¿Acaso no somos capaces de intuir el estado anímico de una persona cercana a través de la cualidad de su voz?

 

Llanto de un bebé al nacer

 

Siendo una de las manifestaciones más humanas, la voz es también uno de los recursos que aprendemos a juzgar y reprimir de forma más intensa a lo largo de la vida. Como adultos, tendemos muchas veces a cortar la expresión natural de comunicación de los niños, ya sea porque “los educamos” para que hablen solo en el momento apropiado y establecemos una represión clara, o porque juzgamos aquello que dicen como irrelevante, o bien porque sencillamente los ignoramos, y los niños terminan por apagar su canal natural de expresión.

 

La cuestión es que, con el paso de los años, tendemos a ir perdiendo el enorme potencial expresivo que tiene nuestra voz fuera de lo que supone una conversación rutinaria, y además nos cuesta escucharnos a nosotros mismos y tendemos a rechazar en gran medida el sonido de nuestra voz. ¿Te resulta familiar? Si retomas el ejercicio con el que habíamos comenzado, ¿sientes que te ocurre algo así al escucharte?

 

Las primeras manifestaciones de la voz

 

Si observamos a un bebé desde que nace y lo seguimos los primeros meses, podemos ser testigos del amplio espectro de posibilidades con el que cuenta nuestra voz, y cómo vamos aprendiendo a modularla hasta alcanzar el lenguaje. Verás que un bebé puede llorar de forma intensa y no quedarse afónico: de forma instintiva, sabe “colocar” su voz de modo que no se agote ese recurso que le resulta vital. Pero también podrás escuchar sus balbuceos, sus gemidos, sus giros de entonación tan amplios, sus risas, sus quejas, sus canturreos, sus gritos.

 

Resulta hermoso observar cómo las madres y los padres se comunican con sus bebés empleando una voz cantada, mucho más rica que la que utilizamos habitualmente al hablar, y que ayuda tanto a que los bebés aprendan a ampliar su frecuencia tonal de sonidos, y a reconocer las diferentes entonaciones que conlleva una declaración de amor, un enfado o una pregunta por parte de los padres.

 

 

El gemido como catalizador de emociones

 

Te propongo un nuevo ejercicio. Solo necesitas un instante tranquilo, puedes estar de pie o sentado, cerrar los ojos y respirar de forma profunda. Comienza a expulsar el aire a través de la boca, como si hicieras un pequeño soplido que prolongas hasta que de forma natural se extinga hasta que tomes nuevo aire. Ahora permítete que salga un ligero hilo de voz cuando hagas la espiración, solo al soltar el aire. Y siente, sencillamente déjate estar así unos minutos. Si quieres experimentar aún más sensaciones, deja que ese hilo de voz se haga cada vez más continuo. Puedes imaginar alguna situación que te haya afectado emocionalmente, o incluso un dolor o molestia física, y dejar que la voz exprese esa emoción o dolor. ¿Qué sientes?

 

Con el ejercicio anterior, hemos conectado con el gemido, una de las múltiples formas de expresión de nuestra voz. Tendemos a asociar el gemido como una forma de manifestación en determinadas esferas de la vida, como puede ser la sexual. Y eso nos reprime de emplearlo como recurso para nuestra liberación emocional. Si nos hemos dejado sentir de forma profunda el ejercicio anterior, habremos experimentado seguramente que el gemido producía una vibración suave y profunda en nuestro pecho, y nos facilitaba entrar en un estado natural de relajación. Incluso, puede que se haya reducido la molestia física que sentíamos.

 

Juguemos con nuestra voz

 

Si prolongáramos el ejercicio anterior y comenzáramos a jugar con nuestra voz, a subir hacia los agudos, descender hacia los graves, tomaríamos conciencia de cómo esos “deslizamientos” de voz que llamamos glisandos nos suelen conducir a estados de alegría, nos conectan con nuestra parte más infantil. De una u otra forma, es algo ya vivido y nos conecta con nuestra parte más profunda. Y si nos atreviéramos a dejar que ese contorno de sonidos comenzara a tener una forma de melodía, que pudiera brotar un canto de forma espontánea, con vocales y quizá consonantes, sin filtros ni juicios como “qué mal canto”, “no me sé ninguna canción”, y otras excusas aprendidas que nos coartan nuestra expresión creativa, seguramente descubriríamos que nuestra voz es nuestra aliada para dejar que nuestras emociones afloren más allá de las palabras.

 

El poder liberador del grito

 

Nos queda aún una manifestación de la voz que, generalmente, es la que más reprimimos: el grito. Socialmente no está bien visto, y hemos renunciado a su potencial liberador y sanador. Un grito ofrece la posibilidad de desbloquear toda la tensión muscular acumulada, y facilitar que se abran otros canales de expresión.

 

En las décadas de los sesenta y setenta del siglo XX, se desarrolló una corriente en psicoterapia basada en lo que su impulsor, Arthur Janov, llamó el “grito primal”. En cierto modo, cuando una persona en un proceso de autoconocimiento o terapia se somete a un procedimiento de toma de conciencia de episodios bloqueados de su vida, generalmente de la infancia, llega un momento en que la intensidad emocional es tan alta que se produce un grito desgarrador y penetrante que surge del inmenso dolor acumulado y acallado con los años.

 

Ese grito abre la puerta a sentir de nuevo lo que se vivió, como medio para poder asimilarlo de forma real y salir de los patrones neuróticos de conducta. Si bien se trata de una terapia muy polémica, desde mi punto de vista el grito sí tiene un gran potencial para liberar emociones reprimidas y abre la puerta a sentir de un modo más libre y natural.

 

La voz como recurso para el autoconocimiento y la terapia

 

En cierto modo, puede decirse que si aceptamos nuestra voz y somos capaces de jugar y expresar con ella de modo consciente, estaremos más cerca de aceptarnos a nosotros mismos con el menor juicio posible. Para un actor, el trabajo con su voz es un elemento clave para conocerse a sí mismo, y mejorar su capacidad de transmitir al público. Para un cantante, la voz es un medio de expresión de su ser, que trasciende las palabras que puedan ser transmitidas en las letras de canciones.

 

Poder emplear la voz en forma de gemido, glisando, grito o canto espontáneo ya suponen recursos importantes en el ámbito de las terapias expresivas, como la musicoterapia. En las últimas décadas han ido surgiendo diversos enfoques en este sentido, de modo que en su mayoría se basan en la expresión libre del canto, en el trabajo con canciones ya existentes con un significado especial para la persona, o bien en la composición de nuevas canciones por parte de la persona, de modo que la letra exprese sus sentimientos y constituyan una forma diferente de expresión.

 

Un campo en el que se ha desarrollado especialmente el canto libre es el trabajo con mujeres embarazadas. Además de la expresión emocional, se ha constatado que ciertos ejercicios respiratorios y de voz favorecen la respuesta durante las contracciones del parto y lo facilitan.

 

 

Respecto a la composición de canciones, se ha demostrado muy útil, por ejemplo, con adolescentes y adultos en situaciones de duelo.

 

Adolescente haciendo música

 

Para terminar, y si quieres experimentar en ti mismo tu potencial de expresión del canto espontáneo, puedes dejarte guiar por esta meditación en la que la voz tiene una importancia fundamental:

 

 

Referencias

  • Austin, Diane (2008). The theory and practice of voice psycotherapy. Jessica Kingsley Publishers.
  • Berry, Cicely (2015). La voz y el actor. Alba Editorial.
  • Janov, Arthur (2009). El grito primal. Edhasa.

 

Buscando la conciencia (el “yo”) dentro de nuestra mente

Últimamente hay una idea que ronda en mi cabeza. Aunque bueno, más que una, son varias… Y todas van a dar al mismo lugar. Los que andamos en este camino del descubrimiento de uno mismo, antes o después llegamos a preguntarnos ¿quién soy yo? Pregunta a la que difícilmente hallaremos respuesta. Otra pregunta que llegará antes o después es: ¿Dónde está ese yo? ¿Está en la mente, en el cerebro, en el corazón?, ¿Quién gobierna este barco? O como diría William Ernest Henley… ¿quién es el capitán de mi alma?

 

Fuera de la noche que me cubre,
Negra como el abismo de polo a polo,
Agradezco a cualquier dios que pudiera existir
Por mi alma inconquistable.

En las feroces garras de la circunstancia
Ni he gemido ni he gritado.
Bajo los golpes del azar
Mi cabeza sangra, pero no se inclina.

Más allá de este lugar de ira y lágrimas
Es inminente el Horror de la sombra,
Y sin embargo la amenaza de los años
Me encuentra y me encontrará sin miedo.

No importa cuán estrecha sea la puerta,
Cuán cargada de castigos la sentencia.
Soy el amo de mi destino:
Soy el capitán de mi alma.

 

 

Lo que nos dice la ciencia de nuestro yo

Los últimos avances científicos apuntan a que no hay ningún Jefe de Estado en el cerebro. No hay un yo como nosotros creemos. Sino que más bien hay una gran cantidad de módulos que se turnan para ejercer una influencia dominante en nuestro pensamiento y nuestro comportamiento. Curioso que esta idea encaja bastante con muchas doctrinas orientales que afirman que no hay un “yo” que domina nuestra conducta, que no hay un “yo”, estático, siempre el mismo, que capitanea nuestra alma.

Con esto ya empezamos mal. Porque a nadie le gusta tener que asumir que quien creía ser no existe. Que no existe esa identidad tan arraigada que toma las mejores decisiones para nosotros. Y más adelante veremos por qué es así. Así que a partir de ahora, cuando se acerque a la nevera a darle un tiento a la onza de chocolate, pregúntese qué módulo está al mando en este momento…

Pero vayamos por partes, primero hagámonos a la idea de que no hay un núcleo sólido que actua de manera coherente a través del tiempo y que mantiene las cosas bajo control.

El yo en la mente

 

¿Cómo funcionan los módulos?

Para Rita Casmedy, pionera en psicología evolutiva y una de las investigadores del modelo modular de la mente, es así: Los módulos actúan coordinando pensamientos y percepciones para un fin específico en un determinado momento.

Si en un momento dado nos sentimos celosos y actuamos como personas celosas, es porque el módulo que coordina estos pensamientos y percepciones ha tomado el control.

Y según ella, la meditación puede tener un papel determinante en este proceso. Ya que puede hacer que los módulos que toman el control por defecto, dejen de hacerlo. Podemos llegar a tener un cierto control sobre estos módulos.

 

¿Cómo nos ayuda la meditación?

Como en muchas otras tareas, a lo que nos ayuda la meditación (o el Mindfulness) es a tomar conciencia. Nos permite hacernos cargo del estado en el que estamos en cada momento. No hay un tipo específico de coordinación que dirija la orquesta de los módulos.

No hay un módulo que tenga más “poder” y que decida en qué momento entra uno y sale otro. Simplemente están en continua “lucha” por el poder. Y va tomando más peso el módulo que más haya sustentado el poder en una determinada situación. Volvamos al ejemplo anterior e imaginémonos ante el frigorífico con la tableta de chocolate en la mano ¿qué módulo ganará?.

Hay dos opciones. Puede ganar el módulo de la gratificación momentánea, o puede ganar el módulo de la salud a largo plazo. ¿Quién ganará? Es simple, el que haya ganado más veces en el pasado.

Y esto es terrible. O a mí me lo parece. Entiendo que la teoría de la evolución tiene sus razones para que esto sea así, pero no nos deja en un buen lugar…

 

meditando

 

Red en modo automático

Otro concepto importante a tener en cuenta es el modo automático. Y es lo que ocurre en nuestra mente, por defecto, cuando no se está ocupando en nada en particular. Cuando la mente no ha sido absorbida por cualquier otra tarea. Una especie de mente errante.

Investigaciones recientes han demostrado que este modo “por defecto” está menos activado durante la meditación. Y los que han hecho meditación sabrán lo difícil que es muchas veces “calmar” nuestra mente cuando no está haciendo ninguna otra cosa.

Nos sentamos a meditar, intentamos concentrarnos en la respiración, en la postura, en las sensaciones en el cuerpo… Y antes o después comienzan a avasallarnos los pensamientos. “Espero no haber ofendido ayer a mi jefe cuando le dije esto”, “me pregunto si el chico tan atractivo del tercero querrá salir a comer conmigo”, “no sé qué voy a hacer esta noche para cenar”… Y mil historias más.

Como dice Rita Casmedy, en un estado así, la red en modo automático está funcionando… Y hay un montón de módulos intentando llamar la atención. Metafóricamente, claro, ya que no son conscientes. Pero de alguna forma están compitiendo por nuestra atención.

 

Los módulos en acción

Douglas Kenrick, otro investigador de este modelo modular de la mente, que ha escrito varios libros sobre el tema, afirma que existen unos seis módulos diferentes. Así que cuando estamos intentando meditar y nos aborda el pensamiento “espero no haber ofendido ayer a mi jefe cuando le dije esto”… El módulo Afiliación es el que ha tomado el control. Es el que ha conseguido captar nuestra atención en este preciso segundo. Este es el módulo encargado de mantener las amistades, en definitiva, el encargado de mantener nuestro estrato social.

Y cuando estoy pensando en cenar con el vecino atractivo del tercero, está funcionando el módulo de la Atracción. Ya sabes, el encargado de que podamos dejar nuestros genes en la próxima generación 😉

Y aunque pueda parecer que los módulo se activan según la información del ambiente, no es así. Podría parecer que ante la persona atractiva se activa automáticamente el módulo de la Atracción, pero las investigaciones sugieren que funcionan al revés.

No es la información en el entorno inmediato lo que activa un módulo. Y esto es lo más llamativo de este modelo. A menos a mi entender. Cuando leí esto por primera vez casi entro en un colapso total. Y no es para menos. Veamos…

Supuestamente, todos los módulos están continuamente rumiando información, sin parar un segundo. Podemos imaginar una parte de nuestro cerebro con seis módulos enviando pensamientos continuamente a nuestra conciencia. ¡Estresante cuanto menos!

Esta información está continuamente activa hasta que una en particular llega a nuestra conciencia. Y las restantes cinco ahí siguen, lo que pasa es que no llegamos a ser conscientes de ellas.

 

modulos yo

 

La meditación

¿Cómo aquietamos esta red? La ciencia sugiere que son dos los tipos de meditación que nos pueden ayudar. Una es la meditación consciente y la otra es la meditación mediante la concentración.

La concentración es especialmente eficaz para calmar la red en modo automático. Porque estar centrada en algo, es una forma de cortocircuitar ese modo automático. Por eso la meditación consciente a menudo comienza con la concentración.

Además de este cortocircuito, hay otra conexión entre la meditación y los módulos. Que tiene más relación con la meditación consciente. Este tipo de meditación nos enseña a ver las cosas tal cual son, dentro de nuestra mente y en el mundo exterior. Nos ayuda a ver las cosas de otra forma, más objetivamente, con menos apego. No solo en la meditación, sino en la vida cotidiana.

Una de las consecuencias de la práctica de la meditación es ver nuestros sentimientos con menos apego. Y conseguir que nuestros sentimientos no tengan tanto poder. Nos ayuda a que las emociones tengan menos poder para arrastrar a la mente en una dirección en particular.

 

Los gatillos de los módulos: las emociones

Los expertos en el modelo de los módulos han demostrado recientemente que las emociones y los sentimientos son los “gatillos” de los módulos. Realizaron un experimento en el que condicionaban a la gente unos determinados sentimientos para ver qué módulos se activaban después. Tras ver una película de terror se activaba el módulo de Auto-Protección, y tras ver una película romántica se activaban módulos muy diferentes que hacen que la gente se comporte de forma muy diferente.

Así que siempre hay sentimientos asociados a determinados módulos. Por ejemplo, empiezas a sentirte mal porque a lo mejor ofendiste a tu jefe. Es un sentimiento negativo que llama tu atención. Y la única forma de que ese sentimiento y ese pensamiento se vayan es “solucionando el problema”. Así que decides mandarle un correo electrónico para cerciorarte de que todo está bien. El módulo ya ha hecho su trabajo y ahora somos vulnerables a cualquier otro módulo. En el caso de la cena con el vecino atractivo igual, ese sentimiento agradable es lo que le da poder al módulo sobre ti.

¿Pero este modo de funcionar es bueno para nosotros? ¿Es un forma útil de llamar nuestra atención? Que los sentimientos y las emociones nos “gobiernen”¿a dónde nos lleva?

Un sentimiento dado será lo que marque qué módulo gana y qué módulo pierde. La atención plena nos puede hacer más conscientes de nuestros sentimientos y pensamientos, de forma que podemos llegar a ver qué sentimiento nos está controlando en un momento dado. Porque además, ni siquiera nos podemos fiar de la “veracidad” de los sentimientos. Como vimos en otro post, nuestra mente nos puede hacer creer que una cuerda es una serpiente, y desencadenar todos los efectos del miedo en nuestro cuerpo.

 

Emociones

 

¿Qué pasa cuando odiamos?

Un ejemplo para entenderlo bien es el odio. Un psicólogo evolutivo nos diría que el odio es necesario ya que define a nuestros enemigos. Si odiamos a alguien es nuestro enemigo. Y esto es importante para la selección natural, saber quiénes son nuestros amigos y quienes son nuestros enemigos.

Los científicos del comportamiento han descubierto una característica interesante que define cómo nos fijamos en nuestros amigos y en nuestros enemigos. Y es la Ley de la Atribución. Si nuestro amigo hace algo bueno se lo atribuimos a su esencia interior y si hace algo malo lo atribuimos a una causa externa. Ya sabes, “era la presión del grupo”, “no había dormido bien”, “en realidad no era él mismo”, etc… Lo mismo ocurre con nuestro propio comportamiento. Si apruebo un examen es porque soy una gran estudiante. Si lo suspendo, los profesores me tienen manía. La historia de siempre…

Con nuestros enemigos es lo contrario. Si hacen algo bueno, habrá alguna causa externa para explicarlo. Y si hacen algo malo, será su esencia natural. Básicamente, ellos son malos aunque hagan algo bueno.

Esta característica fue diseñada por la selección natural. Cuando hablamos de nuestros enemigos está en nuestro interés hacerlo de forma poco favorable. Queremos socavar su estatus, ya que son las personas que potencialmente pueden hacernos daño. Y cuanto más poderosos sean, más daño pueden hacernos. En definitiva, nuestro enemigos son las personas que hacen cosas malas por naturaleza y cosas buenas por otras razones.

Una de estas razones la podemos ver cuando una nación va a entrar en guerra con otra nación. ¿Qué se suele hacer con el líder del país que va a ser atacado? Se le presenta como el mismísimo diablo. Sea real o no. En la guerra de Irak de 2003, por ejemplo, se comparaba a Saddam Hussein con Hitler. Y si lo quieres es sembrar el odio en la mente de alguien, esta es una buena manera. Una vez que has conseguido “instalar” este marco en la mente de la gente, si esta persona hace algo bueno, se le atribuirá a causas externas. Y cuando hace algo malo, será una prueba más de lo mala que es esa persona.

El odio es una emoción muy fuerte, se siente de forma muy dramática. Cada vez que piensas en tu enemigo vuelves a sentir la rabia. El módulo te está atrapando otra vez. Además, es muy fácil que de forma externa, mediante los medios de comunicación, por ejemplo, se forje en ti un “gatillo” que de forma automática le dará el control a uno de los módulos, incluso cuando lo que te están contando no sea una realidad.

 

¿Podemos controlar los módulos?

En realidad no es una tarea fácil. Pero la única forma es tomando más control y más conciencia sobre nuestros pensamientos y emociones.

La meditación consciente y la atención plena, en el contexto de esta visión modular de la mente, nos pueden ayudar a entender qué módulo está actuando en nosotros. Y cómo ese módulo está cambiando la forma en que percibimos la realidad. Y lo puede hacer incluso con emociones muy sutiles.

Queremos saber cuándo la serpiente es una serpiente, y cuando es una simple cuerda, ¿no? Yo por lo menos si quiero saberlo.

El problema es que los sentimientos que activan los módulos pueden ser muy sutiles. No siempre estarán asociados a una serpiente que nos puede matar, o a un terrorista que puede invadir nuestro país. Y cuando entramos en este nivel de sutileza, sólo la auténtica presencia, la atención plena, puede ayudarnos.

 

La visión budista

El budismo nos habla de la doctrina del “no yo”, lo que podría encajar perfectamente con esta visión modular de la mente, donde no hay un “director de orquesta” que esté al mando.

Aunque hay muchas interpretaciones de esta doctrina del “no yo”, la que más podría encajar con esta visión es la que dice que no hay ninguna parte de nuestra mente que tenga que ser parte de nuestra alma. No hay ninguna sensación que tengamos que poseer, no hay ningún pensamiento que tengamos que poseer. Podemos elegir qué cosas dejar de lado.

Para traducirlo en términos modulares se podría decir que no hay ningún módulo que tengamos que poseer. O no hay ningún módulo que tengamos que ser. Porque como hemos visto, los módulos están luchando todo el tiempo por ser nuestro self.

 

Fuentes:

Religión moral y religión estatutaria para Kant

La verdadera religión se reduce a moral

Kant contrapone la religión racional o moral (la única verdadera), basada en la razón práctica, cuyo único contenido es la ley moral (formulada en el imperativo categórico), a las religiones estatutarias o históricas (judaísmo, catolicismo, islam, luteranismo, etc.), en su obra La religión dentro de los límites de la mera razón. Las leyes de una religión estatutaria son contingentes y es necesario recurrir a una supuesta revelación para verificarlas como mandamientos divinos. Las leyes (la ley) de la religión moral, no; basta el propio examen interno a la luz de la razón práctica. La ley moral es la verdadera piedra de toque para saber si un precepto se puede considerar mandamiento divino o no. Sólo hay, pues, para Kant, una verdadera religión: la moral. El resto son creencias. Una fe histórica no sólo es contingente sino que uno es consciente de su contingencia. Sólo la fe racional es necesaria y cognoscible como necesaria.

La única religión verdadera, universal y necesaria para Kant es la racional o moral, pero el filósofo alemán reconoce que los hombres necesitan de aspectos sensibles, empíricos, para convencerse y comprender los conceptos de la razón. De ahí la necesidad de religiones estatutarias o eclesiales. Kant sostiene que debido a la naturaleza humana el hombre necesita empezar por una fe estatutaria antes de purificarla y convertirla en una fe moral pura. Como el hombre es débil y necio, piensa que para ser grato a Dios hay que adorarle. El hombre piensa en Dios como si de un rey se tratase, al que tiene que servir con ritos y sacrificios, creando así una religión del servicio a Dios, una religión estatutaria, en lugar de una religión moral pura. Cuando lo único que pide Dios, según Kant, es el cumplimento de la ley moral, y que así la actuación virtuosa tenga como objeto a los demás hombres, porque al hacerlo así se hace sobre Dios (no cabe relación directa con Dios).

Para mantener una fe eclesial es necesario un segundo tipo de intérpretes (el primero es la razón práctica): eruditos que por sus conocimientos históricos y lingüísticos puedan certificar que no es imposible que las escrituras sean reveladas, y puedan interpretarlas para que la comunidad de fieles las comprenda. Por eso la fe histórica, eclesial, se acaba convirtiendo en fe en dichos eruditos, lo cual se remedia posteriormente mediante la libertad pública de pensamiento, la apertura y exposición para que las doctrina puedan ser sometidas a críticas por todos.

Kant se separa de la visión católica de la fe, que asocia con la aceptación de únicamente la parte estatutaria de la fe, pero tampoco cae en un protestantismo irracionalista, fideísta, de tipo calvinista. Y es que aunque Kant afirma que la religión no necesita de eruditos interpretes (catolicismo), sino que cada uno es intérprete de las Sagradas escrituras (protestantismo), eso no quiere decir que la interpretación sea arbitraria, pues ésta ha de hacerse según la razón (practica), según la ley moral, por lo que tendrá que ser la misma para todos los seres que hagan uso de su razón. El sentimiento no puede ser interprete según Kant, pues eso lleva al fanatismo, al iluminismo, al misticismo. Un sentimiento es un efecto que puede serlo de muchas causas, sólo contiene el modo en que al sujeto le es afectado algo; no puede producir objetividad. Es la ley moral el canon de la escrituras y no al revés. Que algo sea mandamiento divino dependerá de si concuerda con la ley moral (Kant contra el voluntarismo); si no concuerda, no lo será, o tendrá que interpretarse de modo que lo sea. Dios manda algo porque eso es bueno, y no al contrario. Kant es consciente de que la razón teórica demanda que el voluntarismo sea verdadero porque no puede haber nada por encima de Dios, pero la razón práctica (que prima sobre al teórica) demanda lo segundo, porque si no caeríamos en la heteronomía moral: se harían las cosas porque Dios lo ordenara y no porque fueran buenas incondicionalmente.

religión

El cristianismo como religión moral

La única religión estatutaria, según Kant, que ya tenía el germen de la verdadera religión (moral) es el cristianismo: por eso la historia del dominio del principio del bien sobre el principio del mal es la historia del cristianismo. Para Kant, el judaísmo, como diría Spinoza, son las leyes de un Estado ya desaparecido. El judaísmo está superado. El cristianismo no es una continuación del judaísmo, pues responde a un principio totalmente distinto: a la ley moral. Los mandamientos del judaísmo están orientados para su mera observancia externa, la consecuencias de su transgresión tienen lugar en esta vida únicamente (el judaísmo inicial no creía en la vida futura), y van dirigidos sólo a un pueblo muy concreto, no son universales. En definitiva, son normas políticas para un pueblo concreto en el espacio y en el tiempo. Los primeros maestros cristianos introdujeron el cristianismo vinculándolo con el judaísmo por una cuestión pragmática, de conveniencia, para que pudiera ser fácilmente introducido entre aquellas gentes. El cristianismo fue preparado por la filosofía griega, que había ilustrado algo a los bárbaros judíos y les había preparado para revoluciones, así como por el dominio romano, que debilitó el poder sacerdotal.

Kant considera que el cristianismo es una religión estatutaria pero con vocación de convertirse en racional. Sostiene que el cristianismo es una fe histórica que se sabe medio para el fin, la religión racional, y está dotado de un principio que le va llevando a ésta. Por ello el cristianismo puede llamarse en cierto sentido verdadera iglesia y verdadera religión: una religión moral. Ahora bien, Kant reconoce que su vertiente histórica, su faceta de fe eclesial ha sido muy perjudicial para la moralidad: monacato inútil, milagros-supersticiones, dogmatismo, tiranía papal, guerras “santas”, división, persecuciones. Ésta es la historia del cristianismo. Pero es una historia que, como no podría ser de otro modo, reconoce Kant, tenía que empezar como fe histórica.

Ahora bien, para Kant la fe eclesial es provisional: al final la humanidad no la necesitará. Cuando sea ilustrada, cuando llegue a la madurez, se liberará de ella. Cada uno obedecerá a la ley que se prescribe sabiendo que es la ley del Soberano del mundo. Desaparecerá la distinción entre clérigos y laicos; no hará falta iglesia visible; será una revolución interior (pietismo). Llegará el Reino de Dios a la Tierra, el triunfo del principio bueno sobre el malo. En definitiva, lo que Kant sostiene es que cuando todos seamos ilustrados, no harán falta los templos, los sacerdotes, los ritos, los mitos, las escrituras… (se trata de la religión natural de los ilustrados). La religión verdadera está en el corazón de los hombres (Rousseau). El destino último de la religión (de las creencias, como las llama Kant) es acabar reducida exclusivamente a la moral (kantiana, es decir, cristiana, el amor al prójimo/imperativo categórico).

Referencias:

Las heridas en la adopción

La experiencia de la adopción no sólo significa el abandono, sino ser confiado a extraños. El hecho de que exista una adopción implica el abandono previo de los padres biológicos. En la actualidad, las familias biológicas suelen separarse del bebé justo tras su nacimiento, ya que esta separación resulta menos dolorosa que una vez se consolida el vínculo.

La separación que se da justo tras el nacimiento provoca la denominada herida primaria, ya que la falta de un cuidador permanente supone una discontinuidad en la relación y por tanto, en el aporte emocional y estimulación del recién nacido.

La díada cuidador- infante durante los primeros años de desarrollo es tan relevante que teóricos como Cicchetti, Ainsworth y Schore, hacen hincapié en el papel que cumple el cuidador en los procesos neurorreguladores durante los periodos de la primera infancia. En esta línea, Hofer describe el comienzo del apego desde el estado simbiótico en el que los sistemas de homeostasis del bebé y del adulto se encuentran unidos de manera que este apego permite una regulación mutua de los sistemas endocrino, autónomo y nervioso central. De este modo, en el futuro será este adulto quien influirá en los sustratos neurales de la emoción en el niño, regulando directamente la neuroquímica del cerebro en su desarrollo. Así, el niño se apega al cuidador modulador que crea oportunidades de afecto positivo y minimiza los afectos negativos. Por lo tanto, no contar con un cuidador permanente durante los primeros años de desarrollo implica la pérdida de estos reguladores, restringiendo al niño de algunos requisitos del desarrollo psicológico normal.

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Tipos de abandono e implicaciones en los jóvenes

Podemos diferenciar distintos tipos de abandonos. Si bien todos ellos producen gran dolor en el niño, las implicaciones a nivel de salud mental pueden ser muy diversas:

El abandono por incapacidad de los padres es aquel en el cual los progenitores presentan ciertas condiciones que les incapacita para realizar sus funciones como figura cuidadora, de manera que deben ceder a su hijo al Estado. Algunas de estas características pueden ser el consumo de sustancias, maltrato, problemas económicos o ciertas enfermedades crónicas. En este caso, no se da una libre elección por parte de los padres de deshacerse del hijo, de manera que la vivencia del abandono de éste será diferente a aquel que vive el abandono como una cesión voluntaria a extraños. En estos casos, la gran mayoría de los jóvenes son capaces de transformar su sufrimiento en un florecimiento personal, de manera que la creencia “hay algo malo en mí” se transforma y con ello, la sensación sentida.

El abandono precoz es aquel que se produce cuando uno cede voluntariamente a un recién nacido en adopción con la característica propia de que se desconoce el paradero de los padres biológicos. En este caso, el recién nacido no desarrolla ningún vínculo postnatal con su familia biológica, de manera que durante el tiempo que no sea cedido a una familia, deberá enfrentarse a los cuidados de diferentes profesionales, produciéndose discontinuidades en la relación.

El abandono diferido se da cuando los padres ingresan en una institución a su hijo con el fin de «apoyarse» en su educación pero sin que esté presente un objetivo de retorno del joven a la familia. Este tipo de abandono es uno de los más dolorosos ya que además de vivir experiencias previas significativas con los padres biológicos, éste vive de forma directa el rechazo de manera que cuando intenta regresar a casa, se encuentra con la imposibilidad de hacerlo. Debido a este tipo de abandono, los jóvenes suelen desarrollar la creencia de que son personas malas, no merecedoras del amor de otros o sentimientos de recelo y desconfianza, mostrando una alarma continua ante el posible abandono.

Con consecuencias similares a este tipo de abandono, se encuentran los segundos abandonos, en el que adolescentes adoptados han sido cedidos nuevamente a instituciones porque los padres adoptivos renunciaron a hacerse cargo de ellos. En estos casos, el daño es mayor ya que el trauma se reactiva, por lo que observaremos mayores resistencias por parte de los jóvenes en modificar patrones de comportamiento que se presentan sobre todo en las relaciones interpersonales desafiando continuamente la relación (ante el miedo a ser rechazado y abandonado nuevamente, el joven intenta aliviar dicho miedo buscando la ruptura inmediata de la relación con el otro). De este modo tienen control sobre la ruptura de las relaciones.

El abandono prenatal se basa en estudios que han demostrado cómo los fetos estando en el útero son receptores de emociones y son capaces de experimentar ciertas sensaciones en las que comienzan a ponerse en juego los sentidos. Por ello, los fetos pueden comenzar a sentir en madres ambivalentes ante el embarazo, sentimientos de rechazo que se verán traducidos tras el nacimiento en una incapacidad por parte de la madre en establecer contacto afectivo con el recién nacido, lo que puede dar lugar a problemas de personalidad en el futuro. Este tipo de abandono no supone adopción en todos los casos, ya que el abandono emocional no implica el abandono físico, de manera que la familia biológica puede cubrir los cuidados del bebé sin por ello dejar de sentir rechazo hacia el mismo. Sin embargo, cuando se lleva a cabo la adopción, el joven no sólo ha vivido la experiencia de ser cedido a extraños, sino un rechazo previo, más inconsciente, basado en sensaciones producto de esa ambivalencia.

En cualquiera de los tipos de abandono, al separarse de la figura de apego, se dan sentimientos de ansiedad, pena y soledad y cuando éstos surgen se da a menudo la necesidad de buscar una figura que le ofrezca protección, afecto y seguridad, para poder así regresar al estado de bienestar grabado en la memoria emocional del recién nacido. Sin embargo, en esta búsqueda de una nueva figura, se gesta la idea de que una madre que abandona a su hijo es porque no le quiere y el joven se reafirma ante mensajes aparentemente incongruentes que recibe de su entorno como “tu familia te quería mucho y por eso decidió darte en adopción”, razonando que desde el amor uno no abandona a un hijo.

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Debido al miedo a ser rechazado y la necesidad de protegerse de futuros rechazos, se da el temor de conectar con la familia adoptiva; este temor se puede materializar en dos posibles fenómenos: por una parte, retraimiento y/o aislamiento y por otra, una reacción consistente en poner a prueba las relaciones a través de conductas inadecuadas (desobediencia, menudeos, etc.), o a través de rechazar a los otros antes de que los otros le rechacen (mostrando indiferencia, agresividad, etc.).

Comprender la razón del abandono no implica (en la mayoría de los casos) que el sentimiento se modifique ya que este sentimiento de abandono persiste durante toda la vida. Sin embargo, conocer los problemas de separación, pérdida y confianza asociados al abandono y los sentimientos que se dan (rechazo, culpa, vergüenza y confusión en las áreas de identidad, intimidad, lealtad y dominio o poder y control) ayuda a explicar a los padres adoptivos los comportamientos y reacciones “desmesuradas” de los jóvenes en ciertas etapas del desarrollo y a los propios jóvenes que en ocasiones viven con asombro o terror su propia experiencia interior.

Así, cuando uno da coherencia al mundo que percibe y es capaz de organizar su experiencia no sólo comprende sus respuestas de huida, sometimiento, lucha o seducción, sino que puede buscar vías de actuación alternativas.  Esto le permitirá crear relaciones sanas afrontando los desafíos que supone la relación con un otro sin ser prisionero de su pasado, sino que teniéndolo presente en su memoria, pueda  analizar tanto la situación como su experiencia interior.

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Adolescencia y búsqueda de identidad

El periodo de la adolescencia se caracteriza por una búsqueda de identidad propia, de manera que el joven desecha modelos previos (padres, profesores, etc.) y adquiere modelos que provienen del exterior (amigos, famosos, etc.) con el fin de diferenciarse tanto de su familia de origen como de su grupo de iguales. Esta tarea en la mayoría de los casos resulta compleja pero se resuelve cuando el joven logra incorporar e interiorizar aspectos de modelos previos y del exterior, desechando aquello que resulte incongruente con su identidad. En el caso del adoptado, se añade la dificultad para identificar su propia historia personal con la de su familia adoptiva por lo que vive un gran conflicto al tratar de indagar sobre sus raíces e historia personal.

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La creación de la identidad en jóvenes adoptados se ve influenciada por una dificultad al integrar el pasado, presente y futuro por las discontinuidades en las experiencias familiares, vacíos en la biografía y la necesidad de sentirse diferentes y es por estas dificultades que muchas memorias pueden ser distorsionadas, suprimidas o imprecisas. Debido a la escasez de información, el adolescente vive esta búsqueda de identidad con mayor estrés que un adolescente no adoptado, necesitando relacionar la búsqueda de sí mismo con la búsqueda de la familia biológica. Por lo que muchos jóvenes adoptados (pese a sentir este temor de conexión con otro que le puede rechazar) inician una búsqueda activa de la familia biológica con el anhelo de llegar a vivir un sentimiento profundo de conexión con la familia perdida. Este hecho resulta muy evidente cuando el joven adoptado se encuentra en un contexto cultural que difiere de sus raíces y en este nuevo entorno busca relaciones con personas que provengan de su país y le nutran y le facilite conectarse con sus raíces.

 

El corazón: un cerebro con conciencia cuántica

¿Por qué el corazón es el primer órgano que se forma en un feto? ¿Cómo es posible que cuando tenemos recuerdos repentinos de algo doloroso sentimos un pinchazo en el corazón? ¿Por qué el corazón puede vivir sin cerebro pero el cerebro no puede vivir sin corazón? ¿Qué es eso de tener una corazanada?

Desde hace siglos, y más a raíz de la influencia en Occidente del dualismo cartesiano , se ha sobrevalorado la idea del cerebro como el «gobernante» que dirige y coordina el resto de órganos del cuerpo. Mientras al corazón se le ha dado un papel secundario, incluso en muchos casos peyorativo, por se el «causante» del mal de amores y pulsiones «irracionales».

A pesar de ello, en muchas culturas milenarias así como en el inconsciente colectivo (y también en el refranero) la metáfora del corazón como una fuente de sabiduría ha estado y está hoy vigente.

Pues bien, gracias a los cada vez más veloces avances en el campo de la Neurocardiología, se ha demostrado que el corazón no sólo no es una simple «bomba» mecánica, sino que además tiene un sistema nervioso intrínsico (SNI) altamente complejo compuesto por más de 40.000 neruronas e interneuronas cuyo circuito permite cualificarlo y calificarlo como un cerebro.

Lo más interesante de esto es que esas interneuronas altamente sensitivas que se comunican entre sí , son capaces de sentir, percibir, aprender, memorizar y tomar decisiones con independencia del cerebro.  De ahí cobra sentido la intuitiva frase de Blaise Pascal:

«El corazón tiene razones que la razón no entiende.»

 

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Comunicación Cerebro cabeza- Cerebro Corazón

¿Y cómo se produce la comunicación entre ambos? Según expone la autora del libro «Maestro del corazón» Annie Marquier, matemática y experta en el tema , afirma que esta comunicación se llevaría a cabo en cuatro niveles:

  • Comunicación neurológica mediante la transmisión de impulsos nerviosos. El corazón envía más información al cerebro de la que recibe, es el único órgano del cuerpo con esa propiedad, y puede inhibir o activar determinadas partes del cerebro según las circunstancias. Esto puede influir definitivamente en nuestra percepción de la realidad y por tanto en nuestras reacciones y respuestas.
  • Información bioquímica mediante hormonas y neurotransmisores. Es el corazón el que produce la hormona ANF,»la hormona del equilibrio u homeostasis». Es decir, es la que inhibe la producción de la hormona del estrés y la encargada de producir y liberar la oxitocina (la hormona del amor).
  • Comunicación biofísica mediante ondas de presión. Parece ser que a través del ritmo cardiaco y sus variaciones, el corazón envía mensajes al cerebro y al resto de las células del cuerpo. Esta variabilidad de la frencuencia es lo que se conoce como coherencia cardiaca y está directamente relacionado con las emociones positivas (aumento de la armonía rítmica y del equilibrio del SNA) y también con las emociones negativas (desorden,  incoherencia en el rimo cardiaco y desequilibrio del SNA).
  • La comunicación energética: el campo electromagnético del corazón es el más potente de todos los órganos del cuerpo, 5.000 veces más intenso que el del cerebro. Y se ha observado que cambia en función del estado emocional. Cuando tenemos miedo, frustración o estrés se vuelve caótico. Cuando te sientes en paz o sientes amor la frecuencia cardiaca se armoniaza y la vibración aumenta también. Además esa info-energía contenida en nuestro corazón no sólo es enviada al cerebro y al resto de las células del cuerpo, sino que se expande por nuestra ratio alrededor del cuerpo -hasta 4 metros-, siendo esa información recibida, interpretada y sincronizada con los campos electromagnéticos de los organismos cercanos.
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En esta línea el Instituto HeartMath  afirma que el corazón late en un campo electromagnético más grande producido en el cuerpo , los latidos pueden llegar hasta otros corazones y entablar una especie de comunicación. Investigadores de este Instituto afirman:

«La mayoría de la gente piensa en la comunicación social únicamente en términos de señales manifiestas expresadas a través del lenguaje, la voz, gestos, expresiones faciales y movimientos corporales. Sin embargo, ahora existe evidencia de que existe un sutil pero influyente sistema electromagnético o sistema de comunicación “energético” y la hipótesis de que probablemente este campo contribuya a la atracción o repulsión “magnética” entre individuos».

En torno a esto hay además nuevos datos que sugieren que el campo electromagnético del corazón está directamente relacionado con la percepción intuitiva, a través de un acoplamiento con un campo energético de información en sintonía con el campo cuántico, que muestra que el corazón recibe información antes que el cerebro, incluso antes de que el evento suceda.

De ahí la razón de usar frases como tengo una corazonada o escucha a tu corazón.

Comunicación no local y memoria celular

Una cosa a saber sobre el campo electromagnético es que se ha demostrado científicamente que cada órgano y célula de su cuerpo generan un campo de energía.

Puesto que el corazón genera el campo electromagnético más fuerte, la información almacenada en su campo electromagnético afecta a cada órgano y célula de su cuerpo.

El ya fallecido neurópsicólogo Paul Pearsall, investigador  pionero en el estudio sobre los receptores de trasplantes cardíacos que reciben los recuerdos de su donante, afirmaba al respecto:

«las células tienen memoria y el corazón carga una información electromagnética (info energía) que nos conecta con los demás seres humanos y con el mundo que nos rodea. «

De cierta manera, su teoría explica por qué muchos transplantados empiezan a manifestar trazos de la personalidad del donante como cambios en los gustos, recuerdos con personas que no conoce o atracción inusual hacia actividades que nunca antes les habían interesado o incluso habían detestado.

Según Pearsall,

«no a todas las personas que son trasplantadas les ocurre este fenómeno, ya que como una radio sintoniza una emisora determinada, la sensibilidad del cuerpo del receptor ha de ser igualmente alta y coherente con  la del donante».

Las células del corazón son las únicas células rítmicas. Ellas pulsan incluso cuando están fuera del cuerpo, y cuando son colocadas cerca de otras células del corazón, se comunican entre sí y entran juntas en un latido rítmico

Cada célula de nuestro cuerpo vibra, nuestras células se comunican entre ellas mediante impulsos débiles de 75-80 mV. Esa info energía lleva lo que se conoce como memoria celular y en la que cada célula tendría la información y memoria de todo nuestro organismo.

La memoria  celular implicaría pues la impronta que produce cada vivencia en cada uno de los niveles del ser: material, -como en los músculos o las moléculas-; energético, -como el patrón de vibración neuronal-; informacional -como el significado ya prensizaje del recuerdo de aquella experiencia-; y de conciencia -al extraer el sentido profundo y conectarlo con la globalidad-. Si esto fuese cierto, la afirmación de Candace Pert sobre que la mente no reside en el cerebro, sino que existe en todo el cuerpo, tendría sentido.

Bruce Lipton, biólogo celular y autor del libro «La Biología de la creencias», afirma que las células no sólo se comunican a través de intercambio bioquímico, sino que poseen receptores capaces de captar información del contenida en el vacío cuántico en forma de radiación electromagnética. Algo parecido a lo que hacemos cuando nos conectarnos a Internet, bajamos y compartimos información.

Aunque aún queda mucho que investigar sobre este campo, algunas personas ya nos cuestionamos el hecho de que si  somos capaces de conectarnos vía Wireless a través de nuestros aparatos electrónicos ¿por qué no íbamos a poder hacerlo con nuestro propio organismos y entre otros?

Corazón como vía directa a la expansión de la consciencia

Cuando nos referimos a como el campo energético del corazón  puede conectar con la información más sutil sobre objetos y eventos remotos en el espacio tiempo nos referimos a lo que Kart Pribam  llamó dominio espectral: una forma de energía potencial que envuelve al espacio y al tiempo y que formaría la base para nuestra conciencia y comprensión de “el todo.”

Así pues la comunicación energética a través del campo del corazón facilitaría  el desarrollo de una expansión de nuestra conciencia en relación con nuestro mundo social.

Tomás Álvaro, neurocardiólogo y experto en sistema inmunológico nos recomienda prestar atención de manaera intencionada al corazón :

«céntrate en tu corazón a la hora de dar un abrazo, de mirar a los ojos o de superar una difícil situación. La práctica de la meditación o la conciencia intencional de un estado emocional positivo, como puede ser el agradecimiento  y la compasión, aumentará y armonizará tu coherencia cardiaca hacia tus centros cognitivos y emocionales cerebrales ayudando así  a tu sistema inmunológico.«

La danza entre el cerebro cabeza y el cerebro del corazón refleja la la sinfonía y sincronización de los campos energéticos y el vínculo entre los individuos.

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Quizá es de ahí que en las tradiciones filosóficas y religiones antiguas se haya afirmado que el Amor es la llave para la unificación y respuesta de la humanidad, ya que ésta emoción se recibe y se emite principalmente desde el corazón.

Puede entonces que la reflexión a todo esto sea llegar a experimentar el Amor del corazón no como una emoción aislada y efímera a nivel individual, sino como un verdadero Estado de Consciencia Inteligente, colectivo y eterno.

 

Referencias bibliográficas :

  • Lipton, Bruce H. La biología de la creencia: la liberación del poder de la conciencia, la materia y los milagros. La Esfera de los Libros, 2007
  • Marquier, Annie Maestro del corazón, Luciérnaga, 2010

Fuentes:

  • http://www.quo.es/salud/el-corazon-tiene-memoria
  • http://pranamanasyoga.es/ la-conciencia-del-corazon
  • www.heartmath.org