Aprendiendo a ser padres: El control de Esfínteres

Este es el primero de una serie de artículos para orientar a padres, hermanos, educadores y cualquiera interesado en el conocimiento acerca de los distintos ámbitos que ocupan la vida de los jóvenes y adolescentes. Pero si tuviera que definir un “Target” (Un objetivo) diría que se trata de una serie de artículos para orientar a los padres en el complejo mundo que es su hijo.

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¿Qué es importante saber sobre el control de esfínteres?

Es importante establecer unos «Standars»: La edad en la que los niños controlan habitualmente sus esfínteres oscila entre los 18 y 30 meses, siendo la maduración nerviosa una condición indispensable para alcanzar dicho control. La secuencia del control de esfínteres es: Primero de los 18 meses a los 2 años los niños suelen lograr el control anal tanto nocturno como diurno; Poco tiempo después el niño anticipa la sensación de hacer pis y/o decir que está mojado; A partir de los 2 años, se produce un incremento en la capacidad de la vejiga y se inicia el control: primero, de días y algo más tarde, de noche. Entre los 3 y los 4 años debe haberse logrado tanto el control diurno como el nocturno.

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¿Cómo enseñar a vuestro hijo a controlar sus esfínteres?:

Es necesario que enséñeis a vuestro hijo a controlar la orina cuando haya adquirido la capacidad para caminar de forma firme y rápida y empiece a decir que quiere hacer pis, aunque ya se lo haya hecho encima. Es importante que le quitéis los pañales para que aprenda a diferenciar entre estar seco o mojado. El verano es una buena época para enseñarle, porque no resulta tan incómodo si se producen fallos y se moja. Al principio, es conveniente estar pendiente de las horas en las que orina y del tiempo que pasa entre una y otra micción. Una vez que calculéis las horas en las que vuestro hijo puede necesitar ir al baño, proponedle que utilice el orinal o el inodoro, pero nunca le deis demasiado tiempo, porque podría provocarle rechazo.

Es conveniente permitir que vuestro hijo pase al baño y vea cómo usáis los demás el inodoro, para que intente imitaros. Actualmente, existen suplementos que se pueden acoplar al inodoro y que a vuestro hijo le gustarán más que el orinal, porque le permiten imitar mejor el comportamiento de los adultos. Para conseguir que vuestro hijo retenga durante más tiempo su orina, es conveniente enseñarle, como si fuera un juego, a cortar y soltar el pis cuando vaya al paño. Es importante que felicitéis a vuestro hijo cada vez que lo consiga y nunca le castiguéis o critiquéis si no lo logra. Es fundamental que ayudéis a vuestro hijo a bajarse y volver a subirse la ropa interior, pero no hagáis las cosas por él.

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Problemas de la eliminación:

  • La enuresis: Es la falta de control en la emisión de orina, sin causa orgánica que lo justifique, a partir de los 4 o 5 años. La enuresis puede aparecer durante el día (Diurna), solo durante la noche (Nocturna), o en ambas situaciones (Mixta). En algunos casos se produce todos los días y en otros de forma esporádica. Aunque la mayoría de las enuresis son primarias (Cuando el niño nunca ha controlado la orina), también se pueden dar las secundarias (Cuando, después de haber pasado un periodo de tiempo controlando la orina, el niño vuelve a hacerse pis). Estas últimas suelen coincidir con algún acontecimiento negativo o estresante. La enuresis es uno de los problemas más comunes a los que se enfrentan los padres en los primeros años de vida de su hijo. Si aparece, es necesario que un profesional determine cuáles son sus posibles causas: Antecedentes familiares de enuresis, sueño muy profundo, fallos en el entrenamiento de los hábitos de limpieza, acontecimientos estresantes.

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    ¿Qué hacer ante el niño enurético? Ante todo, es fundamental que no hagáis un drama, demostrando a vuestro hijo que confiáis en que sea un problema pasajero. Tened en cuenta que cada niño es diferente, por lo que debéis evitar comparar a vuestro hijo con otros niños (Hermanos, amigos, vecinos…). Por norma general, prestad atención a vuestro hijo, alabadle cuando consiga no mojarse. Nunca le castiguéis ni le recriminéis si tiene fallos. Podéis recompensar los logros de vuestro hijo, dándole un premio especial cuando consiga no mojar la cama un determinado número de noches. También podéis recurrir a los diferentes aparatos que existen en el mercado para solucionar el problema de la enúresis. Su funcionamiento consiste en la activación de una alarma ante las primeras gotas de orina, produciendo dos efectos: Se detiene la emisión de orna y el niño se despierta.

    Es importante que impliquéis a vuestro hijo para resolver el problema, sin recriminarle: Eseñándole que no debe ingerir líquidos antes de acostarse. Enseñádle a ir siempre al baño antes de dormir. Apuntando con él, en un gráfico, qué noches se hace pis y cuales no. Ayudándolo a responsabilizarse de retirar la ropa mojada (Pijama y sábanas). Evitando ponerle pañales, porque dificulta que el niño aprenda a recibir las señales que le avisan de que desea hacer pis, aunque si podéis colocar en su cama un plástico para proteger el colchón.

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    Es conveniente que entrenéis a vuestro hijo a aguantar la orina, para aumentar la capacidad de su vejiga. Cuando os indique que desea ir al baño, pedidle que aguante cinco minutos. Una vez pasado ese tiempo, el niño irá al baño y se le debe felicitar por su esfuerzo. Paulatinamente se irán subiendo los minutos, para que pueda aguantar más fácilmente. También podéis despertar a vuestro hijo por la noche para que vaya al baño, pero es importante que se despierte del todo y que sea plenamente consciente de lo que está haciendo. A partir de los 5 años, es conveniente que acudáis al pediatra y al psicólogo, para descartar causas orgánicas y determinar la mejor forma de actuación. También existe medicación específica que se utiliza en los casos de enuresis, pero siempre debe administrarse bajo recomendación y supervisión médica.

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  • La encopresis: Es la falta de control en la evacuación de heces, sin causa orgánica que lo justifique, a partir de los 4 años. Aunque es un problema menos frecuente que la enuresis, si aparece es necesario que un profesional determine cuáles pueden ser sus posibles causas: Estreñimiento, problemas durante el entrenamiento de ir al baño, situaciones de estrés, dificultades familiares.¿Qué hace ante el niño encoprético? Al igual que los casos de enuresis, es importante que impliquéis a vuestro ijo para resolver el problema, sin recriminarle: Enseñadle a adquirir la costumbre de sentarse en el inodoro durante unos minutos, dos veces al día, al levantarse y después de la comida. Elaborando con él los horarios de defecación. Apuntando con él, en un gráfico gráfico, los éxitos y los fracasos, premiando cada éxito. Ayudándole a responsabilizarse de la limpieza en los episodios de encopresis. Alabando sus esfuerzos e interés por resolver el problema. Es fundamental que evitéis bromear, criticar y, por supuesto, castigar a vuestro hijo cuando se ensucie, porque afectará negativamente en su autoestima. Es conveniente que acudáis al pediatra y al psicólogo, para determinar si existe o no causa orgánica y determinar la mejor forma de actuación.

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Conclusión:

No existe una edad fija para que vuestro hijo empiece a controlar sus esfínteres. Llegará a hacerlo cuando esté preparado. Si sois demasiado estrictos o, por el contrario no le enseñáis, puede que tenga dificultades. Es conveniente no desatender este tipo de problemas, ya que suelen producir sentimientos de culpa tanto en vosotros como en él y un aumento de la tensión en el ambiente familiar. Para evitarlo, consultad con el pediatra, que determinará si existe una alteración orgánica. Una vez descartada es importante acudir al psicólogo para que analice y valore la mejor forma de actuación.

Llenando el nido que quedó vacío: La emancipación de los hijos

Los modelos de familia han sufrido transformaciones a lo largo de la historia, evolucionando y adaptándose al estilo de vida social de cada época. Así como en nuestra historia reciente vemos por ejemplo que en el siglo XIX y comienzos del siglo XX la configuración más común era la familia multigeneracional, que explica la presencia de varias generaciones conviviendo en el mismo lugar y  generalmente compartiendo la misma actividad económica, ya que usualmente las personas vivían en campos, su primera actividad económica era la agrícola familiar. Estos  modelos familiares se definirían hoy en día con dinámicas “aglutinadas”, en lo que se profundizará más adelante.

Esta modalidad de familia se fue transformando, individualizando y en la actualidad predomina la familia nuclear, conformada básicamente por la díada padres – hijos; por lo que se puede concluir que el modelo social de familia ha buscado más bien la individualización y parcelación, fenómeno que se puede ver más frecuentemente en occidente.

 

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En la actualidad la parentalidad está enfocada en el desarrollo de vínculos afectivos más fuertes, ya que se privilegia  la participación de ambos padres y otros actores  familiares que apunten al desarrollo de un apego seguro en el niño, que facilite el desarrollo y expresión emocional, por lo que afortunadamente (por lo menos en la mayoría de los países occidentales) los roles de género tradicionales de unos 50 años atrás, ha cambiado, gracias a la lucha y a la conquista de espacios de personas y grupos que ayudaron a facilitar la visualización de una parentalidad más nutritiva e igualitaria, mostrando la importancia y el impacto de ambas figuras parentales en la crianza, lo que generara experiencias más liberadoras tanto para padres como  para hijos.

 

 

Los ciclos vitales de la familia

Dentro de la familia se esperan que surjan ciertas crisis que son esperadas para poder evolucionar y pasar al “siguiente nivel”, estas crisis  van a moldean el carácter de la misma y va a permitir el crecimiento de los miembros de un grupo familiar, o por el contrario el estancamiento en una etapa, lo que patologizaría el desarrollo familiar.

Tenemos las crisis normativas o esperadas  y las crisis circunstanciales o inesperadas,  esto igualmente se le llama Ciclo Vital.

Crisis normativas: son aquellas crisis esperables en el ciclo de la vida. Algunos  por ejemplo son determinados por las diversas etapas biológicas, otros por condicionamientos de la sociedad. Por ejemplo: luego del nacimiento de un hijo, podemos observar una crisis (y entiéndase como cambio)   cuando ya éste debe incorporarse a un sistema de estudio formal. Igualmente por ejemplo los padres que pasan de su edad productiva a la jubilación.

Crisis no normativas: se puede define como  eventos inesperados o accidentales en la vida de un individuo o familia, por ejemplo la separación de la pareja, la muerte de algún familiar, mudanzas, entre otros. Se observa como una amenaza a la supervivencia familiar y requiere de la activación de mayores recursos para su superación.

Salvador Minuchin (1986) indica que la familia se desarrolla en el transcurso de cuatro etapas principalmente a lo largo de las cuales el sistema familiar sufre variaciones; los períodos de desarrollo pueden provocar transformaciones al sistema, un salto a una etapa nueva y más compleja:

  • Formación de la pareja.
  • La pareja con hijos pequeños.
  • La familia con hijos en edad escolar y/o adolescentes.
  • La familia con hijos adultos.

Minuchin también señaló que cada etapa requiere de nuevas reglas de interacción familiar, tanto al interior como al exterior del sistema. Sin embargo, hay familias que pueden permanecer en una etapa, a pesar de que el sistema familiar requiere de una transformación ante nuevas situaciones. Igualmente explicaba sea cual sean las características de la familia (ya sea de padres divorciados, de familia monoparentales, de familia con niños en diferentes etapas de ciclo vital, ejemplo hijo lactante e adolescente al mismo tiempo) si llegase a existir el estancamiento en alguna etapa del ciclo vital puede llevar a la disfuncionalidad familiar y manifestaciones sintomáticas.

 

 El arte de saber volar

Como ya hemos visto, dentro de la familia se espera la aparición de diversas etapas, que van a facilitar el crecimiento de la misma. Una de las etapas más difíciles dentro de una familia es cuando los hijos se marchan de casa. Dependiendo de la cultura esta etapa llega antes o después. Por ejemplo es bien sabido que en la cultura de Estados Unidos la emancipación se espera ya cumplido los 18 años. Se puede observar igualmente que en las culturas como Latinoamérica o España, esta salida de casa es un poco más tardía.

Pero entonces, ¿que hace que un proceso de emancipación sea realmente exitoso sin que ponga en riesgo la estabilidad familiar?

Primeramente hay que entender el proceso de emancipación como eso, un proceso, lo que quiere decir que son un conjunto de eventos sucesivos que generan un hecho en específico. Es decir, que una persona no se levanta un día con ganas de independizarse y emancipar, sino que hay una serie de eventos anteriores que prepararon el terreno  para que pudiese tomarse la decisión.

Este proceso idealmente debe estar preparado por los padres, quienes son el primer modelo que un hijo toma como referencia para afrontar la vida. Igualmente hay ciertos factores que  participan en la salida definitiva de un hijo de casa, como lo es la posibilidad del sostenimiento económico por sus propios medios.  En la actualidad vemos adultos aun conviviendo con sus padres, no por un tema de dificultad para separase, sino por la imposibilidad de costearse una vida de manera independiente.

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A este proceso participan características propias de las familias que favorecen o no la salida saludable de un integrante al mundo exterior de manera independiente:

Los padres, o las personas encargadas de la crianza del niño, tienen que promover el desarrollo de la independencia y la seguridad en sí mismo con actividades adaptadas para la edad que vayan moldeando el apego y generen la individualización de este niño. Estas primeras “practicas” van a generar una autonomía plena y sana que favorecerán la futura participación como adulto son en la sociedad. Para esto recomiendo leer el artículo Aprendiendo a ser padres: La Autonomía y la Responsabilidad. 

Algunas condiciones de las familias van a determinar la salida temprana o tardía de los hijos. En este sentido la Psicología Sistémica plantea varias características que se explican a continuación:

Minuchin establece un término que facilita la visualización de las características de interacción.  Introduce el término de Límites, lo cual define como el sistema de reglas que van a regir la dinámica de una familia. Junto con las fronteras familiares, los cuales permiten o no la permeabilidad de participantes o sistemas externos al sistema familiar a través de la  exposición e interacción.

  • Los límites claros, los se representan como un conjunto de reglas que permiten la adaptación ideal de un sistema familiar. Los miembros de la familia respetan espacios y conocen las funciones, roles de cada uno. De tal manera que vemos padres ejerciendo de padres y respetando el espacio de sus hijos y viceversa. Las fronteras de estas familias igualmente están abiertos lo que permite la interacción con otros sistemas familiares nutriéndose de ellos.

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  • Los límites difusos, son aquellos que pertenecen a un sistema de reglas difíciles de establecer,  se pueden observar en las familias aglutinadas, aquellas donde los miembros confunden los roles, traspasan espacios correspondientes a otros miembros, existe un exagerado sentido de pertenencia; ausencia o pérdida de autonomía personal; poca diferenciación entre subsistemas; el sufrimiento de un miembro se convierte en el sufrimiento de toda la familia.  Generalmente estas familias suelen tener fronteras cerradas o semi cerradas, lo cual establece que la influencia externa es observada como una amenaza. En este tipo de familias en algunas ocasiones la diferenciación o proceso de independencia es evaluado como una traición al grupo familiar y suele dificultar la salida (física y mentalmente) de los miembros de la misma.

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  • Los límites rígidos generalmente son representados por familias desligadas se caracterizan por miembros con pocas cosas en común. Se observa un exagerado sentido de independencia; ausencia de sentimientos de fidelidad y pertenencia; no piden ayuda cuando la necesitan; generalmente el sufrimiento de un miembro no es registrado por el resto.
  • Existe otra característica que puede dificultar la emancipación defini
    tiva de un hijo de su familia de origen y es la triangulación. Minuchin igualmente lo define como la inclusión de un tercero con la finalidad de desfocalizar generalmente el conflicto real. En otras ocasiones es llamado igualmente Chivo expiatorio. Tenemos por ejemplo, y en el caso de la independencia y diferenciación, la fusión de una madre con un hijo, con la finalidad de que no salga de casa para no confrontar los diversos conflictos de pareja presentes en el sistema conyugal, o para n contactar con su propia individualidad desde la soledad. La parentalización de un hijo también se observa como una triangulación , como se explica en el articulo Parentalización: cuando un Niño se convierte en Padre.

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En cualquiera de los  casos, tanto en familias aglutinadas como en familias desligadas, o en aquellas donde exista alguna triangulación, el proceso de diferenciación o independencia con la familia de origen se presenta con mayor dificultad, lo que hace que la experiencia de la independencia este matizada con emociones negativas como la culpa, el enojo o la tristeza, o en otras manifestaciones esta experiencia se viven con somatizaciones importantes que requieren de atención por parte de la persona que intenta emancipar, o por algún miembro de la familia.

 

El nido vacío

 

http://https://www.youtube.com/watch?v=Bq4iRAbV9hk

 

Aunque el hijo emancipe, la conexión entre ambos es un espacio que no se va a alterar por la distancia, sino que va a ser un espacio de reconstrucción de la relación. Es como volver a ser padres e hijos, pero parados desde el amor y el respeto por el espacio y la vida del otro.

La emancipación de los hijos es una emancipación igualmente de los padres. Es así que preparar la emancipación ayudara a soportar el dolor de la separación. Preparar el camino de la independencia aunque se viva bajo el mismo techo va a favorecer el éxito de la salida definitiva de este hijo. Un hijo que observa a padres autónomos confía en su propia autonomía.

Participar de la emancipación de los hijos es mostrarle igualmente la consecuencia de las decisiones que se tomen. Es participar como un orientador del camino, mas no como un permanente salvador de éste.  Generar la verdadera autonomía promueve una verdadera libertad entre ambos lo que garantizará una nueva relación basada en el respeto por la individualidad del otro, pero también apostando por el amor genuino entre un padre y un hijo.

Aunque es una experiencia difícil de afrontar, cuando los hijos marchan de casa, generalmente hay un vacío y un silencio inusual, que puede generar angustia y tristeza en los padres o en las personas que cuidaron a estos hijos. Sin embargo es una oportunidad única para volver a contactar con el espacio de individualización postergado durante la crianza. Recordando que se fue primero mujer o hombre antes de ser padre o madre, la emancipación de los hijos es una invitación a reconectarse con todas aquellas actividades o esferas de la vida que quedaron postergada por la llegad de los hijos. Vivir el duelo de la partida como un proceso natural de la vida, facilitará la vinculación en esta nueva relación y permitirá una reconstrucción sólida y permanente de la relación.

El título de este artículo va dirigido a una invitación: Fluir. Como el cauce de un río, que sigue su curso a pesar de conseguir rocas y troncos en el camino, la fuerza el agua siempre hará que el río continúe, así es la vida. Aunque nos resistamos con todas las fuerzas, la vida sigue su ciclo. Es una decisión personal el seguir luchando en contra de las fuerzas naturales, o más bien fluir con la fuerza y aprovecharla a vuestro favor.

Llenar el nido que queda vacío es una oportunidad para volver a empezar. Es un espacio único de reconstruir una relación también contigo mismo, de llenar esos espacios que hoy quedan libres con aquellos “pendientes”. Aquellas actividades, gustos, entretenciones. Si estas en pareja, a volver a verle desde el reencuentro, a volver a contactar a aquellas amistades olvidadas, a realizar aquellos  viajes apuntados en la ilusión, aquellos libros que no se habían podido leer, aquellas películas que no se habían podido ver, aquellos paseos que no se habían podido dar, aquellas artes que no se habían podido aprender, aquellos platillos que no habían podido comer. Volver a empezar aunque cause dolor, pero con la certeza de saber que tu trabajo como madre o padre fue hecho desde el corazón y ahora es un regalo para ti la oportunidad de conectarte plenamente  contigo mismo y con tu libertad.

 

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Trátame con mucho tacto: el profundo significado de una caricia

 

Te propongo un momento de serenidad para comenzar. Solo tienes que cerrar los ojos, inspirar profundamente, y colocar tu mano derecha bien abierta sobre tu corazón, siente su tacto, a la vez que liberas el aire de forma lenta a través de tus labios. Puedes colocar también tu otra mano sobre tu vientre. Respira lentamente varias veces manteniendo esta posición. Puedes prestar atención al calor que desprenden tus manos en tu pecho y en tu abdomen, al roce del aire en tus labios al espirar. ¿Qué sensación interior estás teniendo? ¿Qué se mueve o se detiene dentro de ti? Puede que hayas vivido una experiencia de reencuentro contigo mismo. Y, seguramente, el elemento que ha tenido más peso en ello ha sido tomar conciencia de tu propio tacto.

 

El tacto como puerta de la afectividad

El tacto es uno de los sentidos que se desarrolla a etapa más temprana en el embrión humano. La piel comienza a llenarse de terminaciones nerviosas que conectan con el sistema nervioso en desarrollo, y esto permite al embrión y posteriormente al feto recoger sensaciones táctiles cuando aún se encuentra nadando en el líquido amniótico. Su propio movimiento y el de su madre suponen un estímulo continuo antes de nacer, con contracciones, vibraciones, roces dentro del vientre materno, que contribuyen a la maduración de este sentido.

Tal es la importancia del tacto, que nada más nacer, lo más importante es proporcionar al recién nacido el contacto piel con piel con su madre. Las prácticas habituales hasta no hace muchos años se basaban en separar inmediatamente al bebé de su madre, lavarlo, monitorizar el estado de salud y ya al cabo de un rato, devolvérselo a ella. Pero se demostró que, tan importante como respirar, es ese contacto inicial entre los dos implicados para generar un vínculo basado en el tacto, el olor, el sabor, los sonidos, que permitirá al bebé normalizar sus constantes vitales, regular su desbordamiento emocional ante la llegada a este mundo desconocido, y reducir el estrés tras la traumática vivencia del parto. En las unidades de neonatología se practica ya desde hace años el método canguro, especialmente importante en niños prematuros que requieren del contacto directo con la piel de su madre para reducir su frecuencia cardiaca, regular su respiración y el aporte de oxígeno, y controlar su temperatura corporal.

 

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Tacto piel con piel entre recién nacido y su madre

 

¿Qué sentido tiene que sea tan necesario ese contacto continuo con la madre?

Se ha especulado mucho sobre ello, y desde un punto de vista evolutivo, una hipótesis considera que, para que fuera posible que el ser humano evolucionara hacia la bipedestación, es decir, mantenernos sobre dos piernas, se hacía necesaria una anchura de cadera limitada. Una de las consecuencias de ello es que el periodo de gestación de las crías humanas no podía alargarse hasta que hubiera un desarrollo avanzado, sino que una parte importante de la maduración debía realizarse ya fuera del útero. Es por ello que los bebés humanos son las crías de mamífero menos maduras y más indefensas, y por tanto, la naturaleza ha propiciado que sea necesario un contacto continuo con su progenitor para lograr la sensación de seguridad que permita proseguir el desarrollo, además de proporcionarle alimentación y cuidados. Cuando este contacto no se da o es menor que el necesario, surge el llanto desgarrador, que es la señal de alarma más importante que tiene un bebé para llamar la atención.

Aunque en los últimos años ha habido un cambio importante a favor del contacto físico con los bebés, aún pesan las creencias de que “demasiados brazos malcrían al niño”, o que “es mejor que se acostumbre a estar solo”. Realmente, estamos barriendo, desde un punto de vista “adultocéntrico”, las necesidades evolutivas, y nos permitimos juzgar sin comprender lo que hay detrás de una manifestación de alerta de un bebé.

Además de conferir seguridad y facilitar el apego, el contacto físico con el bebé le permite desarrollar su conciencia corporal, la estimulación de su piel permite generar conexiones a nivel cerebral que le permiten ir desarrollando un esquema de su propio cuerpo, de sus movimientos y contribuir a generar su “yo somático”.

 

 

La oxitocina como llave para vincularnos y relacionarnos en positivo

¿Qué base biológica hay detrás de la necesidad del contacto físico para generar vínculos? En las últimas décadas se ha hecho un esfuerzo importante para comprender qué nos mueve afectivamente hacia las otras personas, y parece que existe una hormona, la oxitocina, que está detrás de todo ello. Esta hormona interviene en el momento del parto y también durante la lactancia, pero lo que parece ser aún más relevante es que cualquier estimulación táctil y, en general, sensorial, que nos resulte agradable, eleva sus niveles y nos hace más proclives a “conectar” con los otros. Parece que hay una tendencia a menor niveles de esta hormona en personas que muestran un apego inseguro, y cuando existen ciertos problemas de salud, como depresión, esquizofrenia, fibromialgia o ciertos síndromes asociados a dolor crónico.

En general, se ha demostrado que unos niveles adecuados de oxitocina se asocian con un mejor estado de salud, que se plasma con un menor riesgo cardiovascular, menor tensión arterial, menor ritmo de envejecimiento, menor riesgo de infecciones ciertos tipos de cáncer, etc. La oxitocina se genera ante situaciones que nos “mueven” emocionalmente, como una mirada intensa y profunda, una caricia u otra manifestación de tacto afectivo, también ante un masaje, una relación sexual o con la ingesta de alimentos. Incluso, esta hormona está detrás de la conexión existente entre humanos y perros, ya que en ambas especies, un contacto visual afectivo eleva los niveles de oxitocina y contribuye al vínculo.

 

El poder de un buen abrazo

Aunque escasos, son interesantes los estudios científicos relativos a los abrazos sobre la salud. Se ha demostrado que las mujeres en etapa postmenopáusica que compartían más abrazos con sus parejas tenían niveles más elevados de oxitocina, así como una tensión arterial y una frecuencia cardiaca más bajas. Otro estudio experimental con adultos sanos a los que se inoculaba un virus que producía cuadros respiratorios leves ha puesto de manifiesto que cuando la persona percibe un mayor apoyo social y recibe más abrazos, tiene menor tendencia a enfermar, y si lo hace, mostrará signos menos graves de enfermedad.

 

 

Una forma de cambiar el mundo: el masaje infantil

Ante las evidencias de la importancia del tacto en nuestra vida, y nuestra dificultad para sentirlo de forma natural, ha habido diferentes aproximaciones para ir generando una visión desprovista de juicios pero sí provista de apertura en cuanto al tacto. Una de ellas ha venido siendo impulsada desde la década de 1970 por Vimala McClure, que se propuso difundir el masaje infantil como una herramienta que, heredada de algunas tradiciones culturales, pudiera ser transmitida a todos los padres y de este modo generar y reforzar el vínculo con sus hijos. La International Association for Infant Massage (IAIM) es la asociación internacional que potencia esta herramienta y en España, a través de la Asociación Española de Masaje Infantil (AEMI), se ofrecen cursos para educadores que sigan difundiendo esta práctica. Generar espacios donde madres y padres puedan conectar con sus bebés de forma natural, piel con piel, sintiéndose desde el corazón, puede ser una de las formas de lograr un mundo más humanizado.

 

 

Y para terminar …

Para finalizar este viaje a través del tacto, te propongo una nueva experiencia. Puedes escuchar el sonido de lluvia que te facilito en el próximo enlace, cerrar los ojos, y e imaginar que las yemas de tus dedos son esas gotas que van a ir empapando tu cuerpo. Puedes realizar pequeños golpecitos por todo el cuerpo, comenzando por tu frente, tu cara, tu cuello, detente en el pecho, sigue por brazos, luego abdomen, cadera, piernas … Siente el golpeteo rítmico ajustado a esa lluvia y permítete acoger las intensas sensaciones que seguramente se generen. Imagina que es tu forma de reconocerte y darte amor.

 

 

Referencias

  • Cohen, S., Janicki-Deverts, D., Turner, R. B., y Doyle, W. J. (2015). Does hugging provide stress-buffering social support? A study of susceptibility to upper respiratory infection and illness. Psychological Science 26, 135–147.
  • Light, K. C., Grewen, K. M., y Amico, J. A. (2005). More frequent partner hugs and higher oxytocin levels are linked to lower blood pressure and heart rate in premenopausal women. Biological Psychology 69, 5–21.
  • McClure, V. (2014). Masaje infantil. Guía práctica para el padre y la madre. Barcelona, Ediciones Medici.
  • Uvnäs-Moberg, K., Handlin, L., y Peterson, M. (2015). Self-soothing behaviors with particular reference to oxytocin release induced by non-noxious sensory stimulation. Frontiers in Psychology, 5, 1529.

 

El raciovitalismo de Ortega y Gasset

El tema de nuestro tiempo

El tema de nuestro tiempo es una obra de José Ortega y Gasset escrita en 1923. Puede considerarse como el comienzo de su tercera y última etapa filosófica, caracterizada por su doctrina del raciovitalismo. Esta teoría considera la vida humana como la realidad radical, siendo la razón uno de sus componentes (instrumentos) esenciales. Con el raciovitalismo, Ortega y Gasset pretende superar los excesos del racionalismo y del vitalismo.

Lo que Ortega llama ‘el tema de nuestro tiempo’ es el agotamiento de los dos grandes movimientos filosóficos que le preceden: racionalismo dogmático y vitalismo relativista, y la necesidad de superarlos.

Razón y vida parecen oponerse. Véase el conocimiento: ¿Cómo conjugar la verdad, objetiva, inmutable, única, universal con la vida, subjetiva, mutable, plural, individual? Si se renuncia a la primera nos quedamos en el relativismo, que en tanto negador de verdad absoluta no se puede tomar en serio a sí mismo; se acaba en el escepticismo: es una doctrina suicida. Por otro lado está el racionalismo, que para salvar la verdad renuncia a la vida. El racionalismo ha de suponer un entendimiento abstracto, un yo puro común a todos los hombres, un yo trascendental. ¿Pero cómo explicar la dificultad del acuerdo en tiempo y lugar? El racionalismo es antihistórico. Los racionalistas conciben la historia como la historia de los errores debidos a nuestra voluntad de afirmar lo que no entendemos aún. La verdad sería lo que la pura intelección descubre sin apoyarse en nada: lo matemático, lo cuantitativo.

Ortega rechaza esta feroz oposición, este falso dilema: y afirma que la sensibilidad de su época rechaza este dilema también. Su época está pidiendo su superación: no entendemos la verdad sin vida ni la vida sin verdad. Lo mismo ocurre con la idea de bien o de belleza; con todo lo que englobamos dentro del término “cultura”. No hay una escisión radical entre razón y vida, sino una continuidad con la vida en la base y la razón como facultad que emerge de lo vital y está al servicio de la vida. El pensamiento es un órgano de mi vida, un instrumento para mi vida que ella gobierna. Nace como necesidad vital del individuo pero consiste en adecuarse a las cosas; está entre la ley subjetiva del individuo y la ley objetiva de la verdad. No puedo pensar útilmente para mis fines biológicos si no pienso la verdad. Lo contrario nos llevaría a numerosos errores prácticos y a la desaparición. El pensamiento verdadero es un enlace entre la subjetividad del yo y la objetividad de las cosas. Tengo que adecuarlo a las cosas y a la vez tengo que hacerlo mío.

Árbol de la vida

La cultura como vida espiritual

Ortega prosigue en la obra citada afirmando que el pensamiento, nuestra parte espiritual, se construye de acuerdo con los dictados vitales. Y el producto de esa construcción es la cultura. La cultura inicialmente es una función vital como su causa, el pensamiento. Pero puede segregarse del sentimiento, independizarse e ir contra la vida, adquiriendo valor por sí mismas, desvinculadas de su función vital, cosa que no sucede con el páncreas, por ejemplo. Es lo que Ortega considera que es el problema de su tiempo: la discontinuidad entre la vida espontánea y la vida espiritual. Y es que no hay cultura sin vida, no hay espiritualidad sin vitalidad. “Espiritual” es un adjetivo que se añade a “vida”: la cultura es vida espiritual. Los racionalistas, al desvincularlas totalmente, han errado. Quedarse sólo con una de ellas lleva a la barbarie o al bizantismo. La nueva sensibilidad es la que se da cuenta de ello.

Los racionalistas, según Ortega, ya no creen en su propia filosofía, pues no es suficiente la convicción lógica, sino que también es necesaria la convicción vital. Nuestras actividades necesitan regirse por dos clases de imperativos: culturales y vitales. La disociación de las normas y su cumplimiento es la gran hipocresía de Occidente en los últimos tiempos, debido a que su cultura está alejada de la vitalidad que la originó; está anquilosada. Se ha objetivado imponiéndose a la subjetividad que la engendró. Esta cultura ya no nos vale, hay que crear otra que sirva a la vida; es necesaria una cultura emergente enraizada en la vida de los hombres de ahora. El hombre occidental está desorientado, su sistema de valores ha perdido vigor imperativo, ya no le convence, no lo siente como suyo. Se ha dejado de creer en los grandes ideales de la modernidad; se hace un arte que rompe con todo lo anterior.

El tema de nuestro tiempo, la misión de nuestra generación -dice Ortega- es reordenar el mundo desde el punto de vista de nuestra vida. Hacer de la vida un principio. La modernidad fue acabando con el trasmundo celestial cristiano, que ponía la vida del más acá como subordinada a la vida del más allá, pero no puso la vida como principio: ciencia, moral, arte (la cultura en general) se consideran como valores desligados de la vida: la ciencia es la búsqueda de la verdad por la verdad misma, la moral el deber por el deber. Dado el carácter esencial de apertura que tiene la vida (siempre se vive para algo): de transitividad, de emigración del yo hacia lo otro, se ha pensado siempre que la vida no tenía valor en si misma. Y no es así.

Ortega aboga por una síntesis superadora de vitalismo irracionalista y culturalismo (racionalismo antivital-antihistórico). Una unión que los haga desaparecer. No se trata de negar la necesidad que la vida tiene de la cultura, sino de destacar la inversa, algo ignorado hasta ahora.

Perspectivismo

Ortega retoma el primer ejemplo que puso: el conocimiento. Pero si antes lo analizó desde el punto de vista del (falso) dilema, ahora lo analiza desde la superación de dicho dilema. Ni nos vale el racionalismo, según el cual el sujeto no tiene peculiaridad alguna, la realidad lo atraviesa sin deformaciones; es un sujeto trascendental, sin vida ni historia. Ni tampoco el relativismo, para el que todo sujeto es particular, la realidad se deforma de modo distinto según el sujeto, y no hay conocimiento objetivo y universal.

La solución que Ortega propone es el perspectivismo. Lo mismo que ocurre con los olores y los colores ocurre con las verdades. La estructura psíquica de cada individuo es un perceptor de unas y otra no, depende de las circunstancias. La realidad es percibida desde distintas perspectivas; no existe un punto de vista absoluto, una visión sub especie aeternitatis al modo espinosista, sino más bien al modo leibniziano, cada mónada es una perspectiva del universo, un parte única de la verdad. La divergencia de visiones entre dos sujetos no implica la falsedad de una de ellas: cada vida es un punto de vista sobre el universo. La realidad es como un paisaje, admite distintas descripciones según el punto de vista.

La peculiaridad de cada individuo es lo que le permite captar la parte de la realidad que le corresponde. Cada individuo, cada enervación, es un aparato de conocimiento insustituible. La verdad total sólo se obtiene articulando lo que el prójimo ve con lo que yo veo, y así sucesivamente. Yuxtaponiendo todas las visiones parciales tendríamos el punto de visa que se atribuiría a Dios, que no es un punto de vista distinto, absoluto, sino la suma de los puntos de vista individuales.

No hay pues para Ortega tal oposición radical entre razón y vida, sólo si concebimos la razón al modo moderno, como razón pura físico-matemática. La razón pura debe sustituirse por la razón vital.

Referencias:

La huella del amor negativo en la infancia

 Amor negativo… 3,2,1:¡acción!

«¿Has sentido alguna vez como una masa uniforme y vacía llamada abismo te va absorbiendo poco a poco hasta no saber si tu propio Yo te pertenece a ti o aquella fuerza succionadora? ¿Has llegado a creer que no eres tú quien dirige tu vida y que todo lo que has dicho o hecho no es más que una reiteración monótona, pesada -muy pesada- sin significado propio? Si es así, bienvenido y bienvenida al Punto de No Retorno.

No olvides compartir con nosotros tu soledad, tu angustia y tu caos el resto de los días que Nos pertenecen. Gracias por ser un cadáver más de entre los cien millones de almas desgarradas que habitan este lugar sin tiempo ni espacio. Que tengas una feliz noche en tu corazón muerto. Buenas noches…shussssss»

Algo está mal cuando un niño o una niña escribe estas palabras con apenas 12 años. Algo está mal cuando alberga dentro de sí estos sentimientos. Estas palabras las escribí yo sin tener idea por aquel entonces que lo que estaba sintiendo era claramente las huellas del Amor Negativo.

El término Amor Negativo fue presentado por  Bob Hoffman en 1976 como el más destructivo de los impulsos emocionales.

«Es la adopción y repetición de una programación básica negativa que incluye los comportamientos, actitudes, rasgos, creencias y emociones negativas de nuestros padres, incluyendo todos los modelos familiares existentes.»

Es cuando, según Hoffman, los niños y las niñas* (de ahora en adelante usaré niño/niños por consistencia gramatical), adoptamos desde muy temprana edad los patrones de nuestros padres por Amor Negativo.

¿Por qué haríamos algo así?

– Bien por imitación, ya que el bebé aprende por modelado de las figuras de apego copiando aquello que ve en su entorno cercano.

– Bien para comprar su amor y ser aceptados («ahora que soy igual que tú ¿me vas a querer mamá/papá?»)

– O bien a un nivel muy subconsciente para castigarlos con la culpa siendo el espejo de las consecuencias destructivas de sus propios patrones negativos transmitidos.

Toda nuestra programación básica negativa ocurre sin que seamos plenamente conscientes, antes de la pubertad (la edad de madurez biológica).  El adulto y adulta en el que nos transformamos después de la pubertad, actúa de manera automática según el  modelo de infancia que hayamos aprendido. Es por ello que  reaccionamos ante las dificultades en función de las necesidades que fueron cubiertas o descubiertas durante ese periodo. Da igual lo que hayas madurado después, da igual que sientas que eres completamente diferente a como eras de pequeño o pequeña. Ante situaciones similares en las que el niño se haya sentido herido y no se haya restablecido a nivel profundo el contacto sano con ese niño, el adulto actuará igual que si tuviera la edad en la que saltó por primera vez ese mecanismo negativo.

Para mí comprender y sobre todo experimentar esto en la base del proceso Hoffman durante mi estancia en el programa «Crisol», supuso un antes y un después.

Si bien mi incesante interés por la psicología vino en parte motivado por comprender a qué se debían estos mecanismos automáticos que a veces parecían no pertenecerme (rabietas, miedos, sonrisa compulsiva, perfeccionismo, invalidación, autosabotaje, etc.)  antes de este «darme cuenta» minimizaba gran parte de las repercusiones de mi infancia, pues había sido muy feliz, con unos padres que me querían, honrados y buenos. Sin traumas relevantes,  me sentía obligada a idealizar y proteger a mis padres a modo de lealtad y gratitud.

Ahora sé que esto era sólo una falsa cortina de humo para no enfrentar el dolor, para no desenterrar la memoria infantil y para seguir teniendo la justificación de que «es que yo soy así» cada vez que un automatismo negativo saltaba por los aires haciéndome daño a mí y a los de mi alrededor.

 

La internalización  del Amor Negativo

Esta internalización puede llevarse a cabo por medio de tres vías:

-Adopción total: cuando adoptamos totalmente un rasgo de nuestros padres. Si es un rasgo de ambos, será doblemente duro y es casi imposible rebelarnos contra él. (ejemplo: negativismo, miedo, falsedad, autoritarismo, dependencia)

-Rebelión + Amor Negativo: crea un conflicto de «Tira y Afloja». No nos gusta el rasgo negativo de nuestros padres ni sus consecuencias, así que lo suprimimos, tratamos de actuar de manera opuesta. Nos rebelamos. Así que, cuando actuamos con el opuesto positivo, la voz negativa no se calla dentro de nosotros y nos vemos empujados en 2 direcciones opuestas con el consiguiente sentimiento de desgarro. Es un conflicto de «Tira y Afloja»: en ocasiones actuamos positivamente, en otras negativamente.  Este balanceo ambivalente crea todavía más conflictos y ansiedad.  Hay que tomar conciencia de que al adoptar los rasgos de ambos padres, con el fin de ser leal a cada uno de ellos, ¡debemos jugar ambos papeles! Por ejemplo si la madre es tranquila y conciliadora y nunca expresa rabia.  Por otro lado, el padre es siempre hostil y agresivo.

Externamente, podemos comportarnos como la madre, pero la supresión de la hostilidad del padre es como un volcán latente, rugiendo dentro de nosotros, esperando un momento (apropiado o no) para entrar en erupción. Lo mismo ocurre por ejemplo con la dependencia e independencia,  la soberbia y la humilidad, la generosidad y la tacañería.

-Trascendencia: somos capaces de trascender los rasgos negativos de nuestros padres sin sentir un conflicto interior. Adoptamos aquellos rasgos positivos que nos son propios y que no generan conflictos de sentimientos como la deslealtad, la culpa o la soberbia.

Si lo piensas bien, ¿cuántas veces te dices: «me parezco a mi padre» o «en esto soy igual que mi madre».  Y en otras aún más te preguntas «pero ¿por qué estoy haciendo esto?  ¡Mi madre (o padre) hacían justamente esto! y yo odiaba que lo hiciera y ahora aquí estoy haciendo lo mismo…»

Es como el dice el propio Hoffman:

«Es fácil comprender por qué nosotros, cuando éramos niños, imitábamos los comportamientos y los rasgos positivos de nuestros padres.  Lo que es más difícil de comprender es por qué imitábamos también los comportamientos negativos. De una forma y otra, hemos internalizado a nuestros padres en nuestra infancia.»

Si en esencia, si no fuéramos en gran parte la herencia de esos patrones transmitidos, entonces, ¿por qué nos comportaríamos como ellos? o por la contra ¿por qué nos aferraríamos a rebelarnos por no ser como él/ella?

Si bien es cierto que ya en la pre adolescencia, los jóvenes buscamos  nuestra propia forma de ser en vez de adoptar los rasgos parentales  negativos, como no nos sentimos  queridos de manera incondicional cuando nos rebelamos, lo que nos hace únicos no llega a aflorar. Y terminamos rebelándonos también contra nosotros mismos a través de la autoinvalidación y el sentimiento de culpa.

La socióloga y psicóloga Sperber  muestra muy bien esto que señalo:

» Desgraciadamente, nosotros pasamos la vida rechazándonos y creando situaciones en las que nos rechazan los demás. Vivimos poniendo condiciones… parece que uno tuviera que hacer esfuerzos para ser querido, comprar ese amor a prueba de expectativas y pruebas.  Eso es el amor negativo.»

 ¿Cómo se hirió nuestro niño interior?

Todas las formas en las que un niño puede herirse y ser programado con el Amor Negativo responden en esencia a la invalidación  y a sentirse indigno de ser amado.

El patrón de invalidación y auto invalidación es quizá la forma más devastadora en la que se puede dañar la autoestima y la identidad de un niño.

El psicólogo y autor del libro «Volver a casa», John Bradshaw, lo asocia con el sentimiento de la vergüenza tóxica que es mucho peor que el sentimiento de culpa.

«Con la culpa has hecho algo mal pero puedes remediarlo, con la vergüenza, es que hay algo mal en ti y no hay nada que puedas hacer, nunca nada será suficiente hagas lo que hagas: eres inadecuado/a e imperfecto/a.» 

 A su vez el patrón de sentirse indigno de ser amado/a es en mi opinión la base de todo Amor Negativo. Los niños saben intuitivamente que la gente tiene tiempo para lo que ama y cuando eres bebé no sabes diferenciar a ciencia cierta si cuando tu papá o tu mamá se ausentan se trata de una elección o de una obligación. A ojos de un niño, esa ausencia ya sea física, emocional-o ambas-, aun entendida racionalmente y justificada en la adultez, generará inevitablemente en su interior la pregunta ¿qué he hecho mal para que tú no estés conmigo?

Los niños están predispuestos por naturaleza al amor y a la alegría (si crees que no, sólo hay que mirarles a lo ojos cuando son aún bebés). No obstante, deben primero ser  bien amados para poder aprender a amar bien.

naturaleza infantil

naturaleza infantil

El crecimiento sano de un niño depende de que otro le ame y le acepte incondicionalmente por lo que es, y no por lo que hace. Cuando esto se satisface, la energía del niño se libera de modo que es capaz de amar a otros del mismo modo.

Cuando un niño en cambio no es amado tal y como es, se rompe su sentido del Yo. Al ser depender de los adultos, su Egocentrismo se encajona y su verdadero yo nunca llega a salir realmente por miedo a ser herido o rechazado. Se fabrica así la coraza que le permitirá sobrevivir a base de personajes y máscaras con las que evitar el dolor. También reprimirá su voz a la hora de mostrar sus emociones  y le costará amar a los demás con plena aceptación.

Cualquier mecanismo automático infantil reaccionario es pues una sobre adaptación egocéntrica del niño herido y es nuestro deber como adultos que ese niño interior vuelva a confiar en nosotros para que crezca de manera madura y sana.

Ellos no tienen culpa

¿Qué ocurre si al leer estas palabras siento un gran resentimiento contra uno o los dos progenitores? ¿Qué ocurre si cuando estoy leyendo este artículo siento enfado contra su autora invalidando y cuestionando que mis padres hayan influido en cómo reacciono antes las cosas? Ambos sentimientos son completamente normales. De hecho a veces se tiene ambos.

Sin embargo, para que puedas llegar a una comprensión más profunda de la huella del Amor Negativo, es importante aclarar, sin ninguna sombra de duda, lo que dice Hoffman al respecto:

«Nuestros padres, que inconscientemente nos programaron, aunque sean la causa, no tienen culpa. Ellos también fueron programados por sus padres; y antes también lo fueron éstos por los suyos.» Somos todos culpables de nuestros comportamientos, y sin embargo ninguno de nosotros tiene la culpa.»

Y esto, de lo que nadie tiene la culpa, pero nos hace sentir culpables a todos, se hereda ciegamente de generación en generación y se llama Amor Negativo.

Una vez que entiendes esto y lo experimentas (no basta hacerlo mentalmente) todo comienza a colocarse.Comienza el proceso. Comienza el derrumbe de las lealtades.

 

programación negativa heredada

programación negativa heredada

Cómo no va a ser responsable (prefiero éste al  término culpa ) un padre que es alcohólico y maltrata a su hijo/a? ¿Cómo no va a importarle a un niño de 6 años que su padre o madre estén ausentes, sólo se dirijan a él/ella en términos de mandatos y nunca tengan tiempo de jugar con él? ¿Cómo no va a doler que seas el o la favorita de papá (mamá) y tus hermanos/as te tengan envidia por las comparaciones?

A continuación te invito que te tomes unos minutos para leer estas líneas y que seas sincero/a ¿Puedes reconocer de tu infancia alguno de estos patrones y frases (admoniciones) similares?:

– Poca/ninguna demostración de sentimientos

– Falta de compromiso con los demás. Promesas sin cumplir.

– Insensibilidad, indiferencia con los otros.

– Invasión

– Rechazo

– Dependencia

– Chantaje emocional

– Favoritismo entre los hijos

– No expresa aprobación

– Provoca rivalidad entre los hijos

– Disciplina de mano de hierro o lo contrario

– Avergonzar y culpar a los demás

– Egoísmo

**************

– Otra vez lo has hecho mal, esfuérzate

– Así no te van a querer

– Primero, la obligación.

– Así no aprenderás

– Porque aquí mando yo

– Eres un desastre

-No estés triste.¡Otra vez llorando!

– Tienes que ser fuerte.

– Eso son tonterías.

– Con lo que hago por ti.

– No tienes derecho a quejarte

– Pensar en ti  es ser egoísta

– No tienes derecho a opinar.

– No pareces hijo/a nuestra/o.

Antes de que podamos borrar nuestros comportamientos, sentimientos y actitudes negativamente programadas y llegar a un estado en que nos sintamos dignos de ser amados, debemos romper la dependencia y la necesidad psicológica hacia los padres de nuestra infancia y ello pasa por entender el cómo ellos, sin quererlo, nos transmitieron esa programación.

La verdad básica de esta transmisión es:«nosotros no podemos darte  amor de manera incondicional si no lo tuvimos».

Así lo que normalmente parece ser amor es solamente la pretensión de actuar amorosamente para recibir o conseguir el amor de los demás. El verdadero amor sólo puede manifestarse cuando nos aceptamos y nos amamos. ¿Cuántos de ustedes pueden decir que sus padres se aman y se aceptan incondicionalmente? ¿Cómo poder hacerlo entonces con sus hijos?

 Hay algunas personas que tenderán a sentir de manera exagerada que los padres son los culpables de que ahora sus vidas estén así aún no habiendo vivido grandes negligencias ni traumas específicos de abuso o abandono. Otras personas que por el contrario, aún habiendo vivido estas circunstancias habrán aprendido mecanismos de defensa tales como la amnesia o la idealización para tapar dicho dolor.

Sea cual sea tu caso, el niño y la niña interior va a necesitar perdonarlos,así como también necesitará de tu defensa y aceptación incondicional para que madure de una manera positiva y afectuosa hacia la libertad de sentirse amado y amada tal cual es. La forma en la que se conduce el proceso la veremos en el siguiente artículo. ¿Me acompañáis?

puerta de la liberación

 

«Perdonen la cara angustiada, perdonen la falta de abrazo, perdonen la falta de espacio, los días eran así…»

(-A nuestros hijos-, Martins-Lins)

 

 Referencias bibliográficas:

-Bradshaw, John, Volver a casa Recuperación y reveindicación del niño interior. Ed. Gaia, 2015

-Hoffman, Bob El proceso Hoffman de la Cuadrinidad, Ed. Urano, 1992.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El duelo en nuestra cultura

En la España de mi generación  nos hemos acostumbrado a afrontar a la muerte y en ocasiones,  el duelo, de la misma manera que se trata a un vecino que nos da pereza: ignorándola. La muerte se vive apartada, lo más lejos posible, y si podemos no pensar en ella ¡mejor que mejor!

Durante siglos en nuestro país el duelo ha estado regido por leyes desde que en el 1502 los Reyes Católicos dictaron la famosa «Pragmática de Luto y Cera», en la que se establecía lo que debía hacerse si moría un ser querido. Con el paso de los siglos (menos mal) las leyes se relajaron (en 1729 Felipe V dictó una nueva pragmática más flexible) , pero había un elemento en común: la muerte seguía siendo visible.

Solo tenemos  que preguntar a nuestros abuelos  o nuestros padres, para que nos relaten lo que ocurría en el barrio cuando moría un familiar, o incluso un vecino. Al igual que ocurría con los nacimientos, el fallecido era despedido en su propia casa, rodeado de los suyos que eran los que se ocupaban de preparar el cuerpo para la despedida. Los vecinos acudían a presentar sus respetos; la puerta de la casa permanecía abierta. Tanto el paso a la vida como el paso a la muerte tenían lugar en el propio hogar. 

Con la modernización paulatina de la sociedad, nos hemos ido apartando de los ritos asociados al duelo, tal y como expresa Marcos Gómez Sancho:

“Todo tiene un coste, lo que hacemos y lo que no hacemos. Hemos creído que estamos por encima de los ritos y que estos son un patrimonio de la religión, cuando no es cierto. En los ritos hay mucho de religioso, pero también de cultural. Si todo nos dice que vivamos el duelo por dentro, al final nos aislamos y es mucho más difícil hacerlo”. 

La triste verdad es que no hemos sabido revelarnos contra el luto asfixiante, el luto «lorquiano» que atisbamos en la Casa de Bernarda Alba, y hemos caído en el extremo opuesto. Hemos despojado a la muerte de todos los ritos que la revestían.

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duelo en españa

 

Para reflexionar: el duelo en el pueblo mapuche

El pueblo mapuche tiene una palabra preciosa, «layelewün«, una palabra que vendía a significar «vacío por pérdida» o «vacío por muerte». Hace alusión a un estado especial de desolación y de vacío en el que quedan inmersas las personas de la comunidad que han perdido a un ser querido. 

Para el pueblo mapuche, cuando la persona muere queda dividida en tres unidades:

  • La carne, que queda en la tierra.
  • El espíritu, que viajará a lo desconocido para toda la eternidad.
  • El tercer legado de la persona que ha muerto es el «Am», la imagen del difunto que queda en la tierra durante unos meses, y que permanece después en el recuerdo de los seres queridos. Es el «Am» el que realmente facilita la despedida. Al fin y al cabo el cuerpo queda enterrado e inaccesible; el espíritu no sabemos dónde ha ido, pero al dotar de una naturaleza casi tangible al «Am», se hace más sencillo despedirse poco a poco de la persona que ya no está.

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funeral3

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De un modo similar a lo que ocurría en la España de hace no mucho, el fallecido debía pasar varios días en su casa antes de proceder al entierro. Las mujeres velaban el cadáver durante el día y los hombres por la noche. Toda la comunidad participaba en el entierro y de hecho, quienes no lo hacían transgredían gravemente las normas de la comunidad.

En nuestra cultura actual, tan avanzada en otros aspectos, creo que nos sentimos bastante ciegos en lo que respecta a la muerte. Cuando vamos a un funeral, a un velatorio podemos encontrarnos con la duda de no saber qué decir, qué hacer. Utilizamos eufemismos como «se ha ido», «nos ha dejado» en lugar del certero «ha muerto».  Intentamos consolar a la persona que está sumida en el dolor con frases hechas («el tiempo todo lo cura»). El pueblo mapuche tenía otra manera de enferntarse al dolor. Como decía antes, existe una palabra, «layelewün» que intenta hablarnos del estado de vacío en el que quedamos sumidos cuando perdemos a alguien. Durante las semanas siguientes a la muerte de la persona, los mapuches creían que cuando te sobresaltan recuerdos dolorosos, lo adecuado es cesar  inmediatamente la actividad que se esté  llevando a cabo, para para dejarse inundar por completo por  el sentimiento. La persona se sumerge en el dolor y se deja llevar por él.

Fases del duelo y duelo patológico desde la teoría del apego

En los años 80 Bowlby estudió losprocesos de duelo:

«La pérdida es una de las experiencias más dolorosas que un ser humano puede sufrir. Y no sólo es dolorosa de experimentar pero también es doloroso ser testigo de ésta, especialmente porque nos sentimos impotentes para ayudar».

El autor explicó cómo estos procesos rompen el equilibrio en la vida de la persona que lo está experimentando, que tienen que reorganizarse para poder superar el dolor. Bowlby encontró muchas similitudes entre las fases que atraviesa un niño cuando es separado de su madre por un breve periodo de tiempo (experimento de Mary Ainsworth), con las fases del duelo que experimentan niños y adultos ante la muerte de una figura de apego.

1 Fase de aturdimiento o de shock

Se siente incredulidad, una fuerte impresión, un gran rechazo a aceptar la noticia que causa un estado de shock. Son frecuentes las expresiones del tipo «no lo puedo creer», «es imposible»… Esta fase puede durar días, semanas, o incluso más.

2 Fase de búsqueda de la persona querida

Una vez superada la primera fase, nos vemos inundados por una intensa añoranza, una necesidadad de reencuentro con la persona que ha muerto que nos llena de desesperanza ante la iposibilidad de la misma. La persona está vigilante, esperando la vuelta de dicha persona. Una puerta que se abre, un móvil que suena; cualquier cosa le hace estar alerte y expectante. Como esto no es posibe, se dan sentimientos de ira y enojo. Los objetos del difunto son guardados a la vez como un tesoro, a la vez como algo de lo que debemos desprendenos. Se vuelve una y otra vez  a las fotos, vídeos, a las cartas… que nos trae su recuerdo.

recuerdos

En esta fase del duelo, ya que la persona está buscando reencontrarse con el difunto, no  suele reaccionar bien a los consejos de los demás que intentan ayudarle a aceptar su muerte. En este momento lo adecuado es dejar que comparta sus recuerdos, las vivencias, que hable del difunto para poco a poco ir siendo más consciente de la necesidad de soltar.

3 Fase de desorganización

Entramos en esta fase cuando aceptamos plenamente que la persona no va a volver. Quedamos entonces sumidos en un estado de apatía, y nos vemos sumergidos en un fuerte sentimiento de soledad.

4 Fase de reorganización

En esta última fase tratamos, no de romper el vínculo con la persona que ya no está, si no de modificarlo, dándolo un nuevo y valioso papel dentro de las representaciones mentales que vivn a través del recuerdo.

Si esta fase se produce con éxito, poco a poco la persona recupera la capacidad de sentir placer, de hacer planes, de no sentirse culpable por seguir viviendo.

El duelo patológico

Bowlby habló de dos tipos: el duelo crónico y la ausencia de duelo. En ambos existe cierta creencia de que la muerte es reversible, y por lo tanto no se avanza en sus fases, y no se puede llegar a a etapa de reorganización.

Los modelos internos según los cuales funciona la persona no se modifican, y por lo tanto se permanece en un estado de estancamiento vital.

¿Cómo acompañar en el proceso de duelo?

Debido a nuestro paulatino alejamiento de la muerte, es bastante usual no saer qué decir, qué hacer, cuando tenemos que acompañar a alguien querido que está afrontando el proceso de pérdida.

El Colegio Oficial de Psícologos de Madrid tiene esta pequeña guía, que nos ofrece consejo.

Entre otras recomendaciones hablan de la importancia de no caer en frases hechas («es la voluntad de Dios», «ahora ya no sufre»…); de no intentar distraer a la persona de su dolor, sino todo lo contrario, de actuar como un facilitador de conexión del indivíduo con los sentimientos que está viviendo en ese momento.

Dejarte llevar por tus propios sentimientos también es importante. No tengas miedo a llorar por temor a aumentar los sentiemientos de tristeza del otro. Mostrar tu estado de ánimo puede ser un valioso elemento empático que ayude al otro a no sentirse sólo, a sentirse comprendido.

Para terminar, me gustaría despedirme con esta preciosa frase de Dostoyevsky: 

Cuanto más oscura es la noche, más brillantes son las estrellas. Cuanto más profundo es el duelo, más cercano esta dios.

estrellas

Referencias: 

¿Ha muerto el amor?

¿Hay alguien para ti? ¿Alguien en un lugar del mundo que te espere? ¿Será el destino? ¿La media naranja? ¿Manzana? ¿Pera? ¿Será la divina providencia? ¿San Antonio? ¿La mano de Fátima que te compraste en el Bazar de Estambul? ¿O la claridad de las señales que le estás enviando al cosmos?

moulin rouge amor

Nosotros, seres solitarios, añoramos la época en la que unidos a nuestra madre, nadando felices, ignorantes del mundo, sentíamos que eramos completos. Tras el trauma del nacimiento salimos al mundo y chocamos con nuestras limitaciones, el universo es un lugar hostil para una pequeña criatura como nosotros. Quedamos, entonces, deseando siempre hallar aquello que nos haga ser de nuevo completos, algunos creen que lo pueden encontrar en los caminos del espíritu, otros en las cloacas del dinero. Con todo, la mayoría de las personas nacidas en países occidentales y en este siglo busca colmar esa falta por la vía del amor. Es, en verdad, una buena vía esta del amor, pero está llena de indicaciones falsas, infructuosos atajos y caminos cortados.

Así muchos de nosotros consumidos por las fantasías manufacturadas de Disney esperamos cantando como Blancanieves “Algún día mi príncipe/princesa vendrá”

https://www.youtube.com/watch?v=jia9enHovls

Pero no viene, aparecen pastores, camareras, lecheros, pescaderas, hasta algún abogado pero príncipes y princesas ninguno. Así quedamos siempre con la puñetera duda que insistentemente cuestiona: “¿Y si no viene?” “¿Y si no me encuentra?”. Y latente, por debajo, la mayor incertidumbre, un terror que sugiere que Disney mentía y que el amor ha muerto, un terror que, abandonada la adolescencia (mental, que no biológica), se convierte en certeza.

Y entonces caemos en la desesperación, la muerte del romanticismo deja paso a un erial, un desierto en el que nada es bueno, nos volvemos hipercríticos, el carácter se agria y nos reímos con dolor y desprecio de todo aquello en lo que una vez creímos.

Y sin embargo, a pesar de la pésima educación emocional que hemos recibido, de las manipulaciones románticas y del peligro constante de caer en el cinismo, la vida nos lleva la contraria. Todos conocemos, antes o después, a personas en la vida real que encuentran el amor. No es un amor como el de Blancanieves pero nos vale, nos da esperanzas. “Si él/ella lo encontró, tal vez yo también pueda”. Y él/ella no es un dibujo animado, es una persona que también va al baño (la esperanza aumenta).

titanic amor

Pero, si hablamos del amor real, baños aparte, tenemos que introducir muchos elementos que Disney no consideró en la ecuación, empezando por el sufrimiento. Dice Freud:

“Nunca estaremos menos protegidos contra el sufrimiento que cuando amamos y nunca seremos más irremediablemente infelices que cuando hayamos perdido a la persona amada o su amor”

Enuncia el sabio una cosa que saben los que amaron y es que se sufre sin amor y se sufre con amor, la soledad es una compañera antipática cuando se queda en casa demasiado tiempo pero el amor siempre implica un riesgo, el riesgo de perder aquello que amamos, por eso cuanto más amamos más podemos sufrir, igual que cuanto más jugamos en el casino más fichas podemos perder.

El dolor de la pérdida puede ser terrible y las personas que han pasado por él pueden desarrollar una defensa instintiva ante la posibilidad de volver a ser víctimas de ese dolor que les impida implicarse emocionalmente con una nueva pareja. Los fantasmas de las parejas anteriores son incómodos compañeros de viaje, conviene exorcizarlos, ponernos en buenos términos con ellos y, mientras esto no sea posible, colocarlos en su alta torre y hacerles pocas visitas.

Brokeback mountain amor

Queda claro que amando se goza y se sufre y que a través del amor en ocasiones podemos sentir que somos más completos, pero queda todavía la pregunta del millón. ¿Por qué éste y no aquel? ¿Por qué aquella y no ésta? ¿En qué se basa nuestra elección? Una de las más importantes de nuestra vida y parece una completa arbitrariedad.

La buena noticia es que no es siempre así. Efectivamente, hay un elemento maravilloso, arbitrario y no medible pero también hay otros que derivan de la propia biografía de cada uno, los vínculos tempranos, los roles desarrollados, las proyecciones de los familiares, etc… Todos estos elementos inciden directamente en la elección de pareja.

Por eso es tan importante reflexionar cuando llevas cuatro parejas seguidas en las que se cumple el mismo patrón ¿Qué estás intentando arreglar a través de esa relación en la que cambian las caras pero el problema siempre es el mismo? ¿Por qué te transformas en esa otra persona que te desagrada cada vez que empiezas una relación? ¿Por qué hay una persona que vuelve a tu vida una y otra vez a pesar de que no deseas estar con ella?

Son demasiadas las cosas que se ponen en juego en el encuentro entre dos personas, si conocemos el mecanismo por el que se rige nuestra elección, tendremos la llave para una relación más sana, más limpia de interferencias inconscientes y de conflictos ajenos. Una relación que no será ideal, será real.

Y entonces nos daremos cuenta de que el amor no ha muerto, solo había que atreverse a sentirlo.

Cuando los celos y la ira toman el control de la mente

En un post anterior ya hablamos de la mente como un sistema modular, pero vamos a intentar entender mejor qué es este sistema modular y como nos afecta, por ejemplo, cuando sentimos celos o ira. Como vimos, estos módulos tratan de tomar el control de la mente por un tiempo, hasta que otro módulo toma el control. Y esta forma de funcionar es lo que explicaría que nuestra mente pueda funcionar eficazmente sin que haya un “yo” que se encargue del control, del mando de los módulos.

Douglas Kenrick, psicólogo de la Universidad del Estado de Arizona y co-autor del libro “El animal racional”, plantea en él una visión modular de la mente, un modelo modular. Y el libro sostiene que cuando se trata de nuestro comportamiento social, estamos casi siempre bajo la influencia de estos módulos. Aunque no sólo Douglas sostiene este planteamiento. En la Facultad de Psicología de la UNED también se lo toman en serio. O por lo menos ciertas asignaturas ya plantean el funcionamiento de la mente bajo este sistema modular.

 

Los siete jinetes del Apocalipsis

Kendrick afirma que hay siete sub-modulos, y el sufijo “sub” no se refiere a que estén “por debajo” en la jerarquía de mando. Recientemente explicó que estos siete sub-módulos movilizan una gran cantidad de otros módulos más pequeños.

Los siete sub-módulos están al cargo, y no bajo el control de una especie de “presidente” que decida quién toma el mando en cada momento. De hecho, en inglés los llamó “subselves”.

Utilizando la metáfora de un gobierno, podría estar el secretario de estado, el secretario de guerra, de educación, etc. Y cada uno de estos sería un sub-módulo. Los siete sub-módulos son como los secretarios del gabinete.

Y esta formación nos hace plantearnos preguntas interesantes: ¿Cuáles son las siete posiciones en el gabinete? O lo que es lo mismo, ¿A cargo de qué están?. En segundo lugar, si no hay un presidente ¿qué determina qué modulo se encargar en un momento dado? Y en tercer lugar, ¿cuáles son exactamente los cambios en la disposición mental y del comportamiento que producen los diferentes módulos cuando están al mando?

 

1- ¿Cuáles son las siete posiciones del gabinete?

Kenrick es un psicólogo evolutivo, por lo que se acerca a esta pregunta desde ese punto de vista. Y dice que en el ámbito de la conducta social, hay siete principales tipos de desafíos que nuestros antepasados tenían que cumplir con el fin de trasladar sus genes a la siguiente generación.

Módulo de Autoprotección: Muy valioso desde el punto de vista de la selección natural. En otras palabras, es la capacidad de defenderse del daño que otros miembros de nuestra especie nos puedan causar.

Módulo de Atracción de una pareja: Si el objetivo del juego es trasladar los genes a la siguiente generación, sería de gran ayuda poder atraer una pareja.

Módulo de Retención de la pareja: Protección, compañía y más prole.

Módulo de Afiliación: De gran ayuda para poder asociarse con compañeros. Su función es hacer amistades y alianzas.

Módulo de cuidados familiares: Su función es ocuparse de otras personas con las que compartimos muchos genes.

Módulo de status: Sirve principalmente para demostrar al grupo que eres alguien de confianza.

Módulo de evitación de la enfermedad: Nos sirve para mantenernos alejados de personas que parecen ser portadores de gérmenes.

Esta idea es sólo un punto de vista posible de nuestra mente. Entre todos los defensores del sistema modular no hay un consenso claro de los sub-módulos que nos “gobiernan”, pero puede ser un buen punto de partida para entender cómo funcionamos

 

2- ¿Qué determina qué módulo estará a cargo en un momento dado?

La respuesta de Kenrick es más o menos la misma respuesta que se obtendría preguntando a la mayoría de investigadores de la visión modular de la mente. La idea básica es que un módulo es altamente activado por la información en el medio ambiente, y tenderá a ser dominante durante algún período de tiempo.

Si alguien se nos acerca con un machete en la mano gritándonos “te voy a matar”, es evidente que el módulo de autoprotección entrará en juego. Nos hará salir corriendo y pedir ayuda. Este es un ejemplo muy simple y evidente de cómo un módulo se activa y cómo controla nuestro comportamiento por un tiempo.

 

3- ¿Cómo cambia un módulo la disposición mental y el comportamiento?

Aquí empezamos a llegar a lo interesante. Y lo más interesante está en los cambios tan sutiles que apenas nos damos cuenta. Todo lo contrario al loco vecino del machete.

Kenrick hizo un experimento con algunos colaboradores cuyo objetivo (aparentemente) era cómo respondía la gente a la publicidad. Hicieron dos versiones de un anuncio para visitar un museo. Con dos slogans diferentes: “Recibe la visita de más de un millón de personas cada año”. Y la otra “Destaca frente la multitud”. Dos mensajes opuestos que podríamos pensar que atraen a personas diferentes. Pero el interés aquí es que no atraen a dos personas diferentes, sino a dos módulos diferentes.

Así que lo que investigaron es si las personas se sentían atraídas por un anuncio en función del módulo activo en ese momento. Y si al cambiar de módulo activo, cambiaría también su atracción al cartel opuesto. Lo que parece que ocurrió.

Lo que hicieron es activar a un grupo el módulo de Autoprotección, haciendo a ese grupo ver la película “El Resplandor”. Y a otro grupo les activaron el módulo de Atracción a una pareja, haciéndoles ver “Antes del amanecer”.

El resplandor

A continuación, vieron el anuncio. Y luego se les hicieron preguntas como, ¿le gustaría visitar este museo? Y resultó que las personas que habían visto la película de miedo estaban más inclinados a visitar el museo cuando vieron el anuncio de “Recibe la visita de más de un millón de personas cada año”. Está claro que si Jach Nicholson te persigue con un hacha, prefieres estar rodeado de mucha gente.

Sin embargo, la gente que había visto la película romántica quiso ir al museo después de ver el slogan “Destacan entre la multitud”, lo que podría deberse a que cuando estamos en el modo de cortejo, tratamos de distinguirnos de otras personas. También podría deberse a que cuando estamos en el modo de cortejo, en el modo de atraer a una pareja, estamos buscando un ambiente íntimo para estar a solas con la persona.

Pero en cualquier caso, lo que es interesante aquí es que se podría pensar que hay una personalidad fija en la persona. Y que actuaría más o menos de forma constante. Y que un publicista haría dos tipos de anuncios para atraer a dos tipos de personas diferentes. Pero resulta que en realidad esto no es así.

Cada anuncio puede apelar a la misma persona, en un momento diferente. Dominada por un módulo diferente.

 

Otro experimento

Hay otro experimento interesante sobre algo que también cabría esperar que permanece bastante constante en las personas. Y que en realidad no es así. Se trata de lo que los economistas llaman futura tasa de descuento.

Se refiere a nuestra disposición a renunciar a una recompensa en el corto plazo, para obtener una mayor recompensa en el futuro. Así que si te digo, mira, puedes tener 10€ ahora, o puedes tener 15€ en un mes, ¿qué prefieres?

¿Cómo respondes a esta pregunta, y otras cuestiones por el estilo, determina cuál es tu tasa de descuento temporal. Y los economistas siempre han dicho que es algo atemporal. Que cada persona tiene una diferente tasa de descuento temporal. Que es algo constante, y que respondemos lo mismo ahora que dentro de una semana.

Pues bien, resulta que no es el caso, y lo sabemos por un experimento llevado a cabo por Margo Wilson, quien fue una figura muy importante en la psicología evolutiva y falleció hace unos años. Hizo el experimento junto con su colaborador Martin Daly. Y lo que hicieron es trabajar con hombres y mostrarles imágenes de mujeres que habían sido juzgadas como atractivas en una web donde los hombres clasifican a las mujeres como calientes o no calientes.

También les mostraron imágenes de otras cosas, ya sean mujeres que no habían sido juzgadas como atractivas o fotos de hombres o de coches. Y resultó que cuando los hombres habían visto las fotos de las mujeres atractivas, aunque antes hubieran decido esperar un mes para conseguir más dinero, ahora querían su dinero ya.

La explicación evolutiva de sentido común es que cuando se activa el módulo de Atracción de una pareja, cuando se está en modo de cortejo, queremos tener todos los recursos posibles ante la mujer en cuestión.

Lo interesante es que esta no es una estrategia orquestada a nivel consciente. Ya que eran mujeres “no reales”, a las que nunca iban a conocer en realidad.

Eso no tiene ningún sentido, ¿verdad?

 

Tercer experimento

Este es otro experimento en el que una características que se podría pensar constante en la mente de una persona resultó cambiar en respuesta a la activación del módulo Atraer a una pareja.

Atraer pareja

Los psicólogos tomaron varios varones estudiantes de secundaria. Tenían que hacer una encuesta sobre sus aspiraciones profesionales. Se les separaba en distintas habitaciones. En unas sólo había chicos, y en otras había chicos y chicas de la misma edad. Resultó que en las salas donde había también chicas, los chicos eran bastante más propensos a tener aspiraciones de carrear más ambiciosas. Y en concreto, a tener más ingresos. Por lo que la cantidad de dinero era una meta importante asociada a las aspiraciones cuando había mujeres presentes. O lo que es lo mismo, cuando el módulo Atraer a una pareja estaba activo.

Lo curioso de este experimento es que los chicos actuaban como si estuvieran haciendo auto-publicidad ante las chicas, pero ellas no podían ver sus respuestas, ya que se hacían mediante encuestas escritas. Y al repetir las encuestas semanas después, sin ellas presentes, sus respuestas no fueron tan ambiciosas. Quizá porque en ese momento había otro módulo dirigiendo la maquinaria.

Además, dado que estos chicos no iban a hablar con ellas después del experimento, no parece que hubiera una orquestación consciente de las respuestas. Una estrategia consciente para atraerlas.

De lo que se concluye que no hay una decisión consciente para marcar el comiendo de un módulo en particular, y sin embargo sucede.

En los tres experimentos, hemos visto cómo características que se podrían pensar estables en una persona, como la tasa de descuento o las aspiraciones profesionales, resultan cambiar según el módulo activo en cada momento. Y además, sabemos que no hay una decisión consciente en dichos cambios.

Aún así, mucha gente podría decir que estos cambios se podrían dar por el estado de ánimo, por estar en un momento romántico, por el ambiente… Aún así, la mayoría de los investigadores afirman que no es posible que el ambiente, o nuestro estado de ánimo, sean los únicos desencadenantes de nuestra acciones en un momento dado.

Además, se han hecho diferentes “sub-experimentos” para comprobar los distintos módulos. Por ejemplo, en el primero, el de la película de miedo, también lo repitieron mostrando fotografías de caras de personas de una etnia diferente. Primero se mostraban las caras, que fueron juzgadas como neutras en la mayoría de los casos. Y después de ver una película de miedo, en este caso El silencio de los corderos, fueron juzgadas como amenazantes y más enojadas. Las mismas personas juzgaron la misma cara de formas distintas en cuestión de horas. Lo que se puede asociar a un cambio de módulo. Y también se puede deducir que los distintos módulos cambian nuestra forma de percibir.

Hay que decir, sobre todo, que estamos hablando de experimentos estadísticas, con lo que es una forma de simplificar mucho la realidad. Se sigue investigando este modelo modular de la mente, y seguro que pronto conoceremos más de él.

 

¿Cómo funcionan los módulos?

Es interesante, además, conocer cómo funcionan. Hay algunos módulos que funcionan independientemente de otros. Como el de Autoprotección. Otros, en cambio, pueden funcionar en combinación de un segundo módulo. Como es el caso del módulo de Status. Doug Kenrick afirma que este módulo se activa en el contexto de otros módulos, por ejemplo, el de Atracción de una pareja, o el de Afiliación. En estos contextos se activaría para impresionar a otras personas que queremos que se conviertan en amigos o en pareja.

Si pensamos en los efectos de los módulos, nos encontramos con una paradoja. Podríamos pensar que el módulo de Afiliación se trataría de la amistad. De darnos palmaditas en la espalda, decirnos cosas agradables, etc. Pero un psicólogo evolucionista podría argumentar que en realidad una de las herramientas empleadas en el proceso de regulación de la amistad es la emoción de la ira. Con lo que la ira estaría asociada al módulo de Afiliación.

Según la investigadora Leda Cosmides, pionera en la psicología evolutiva, la visión modular de la mente realmente tiene sentido desde un punto de vista evolutivo. Ella está investigando con Aaron Sell sobre esto y han visto que un periodo de ira se activa cuando alguien te hace darte cuenta de que están poniendo poco peso en tu bienestar, o en algo a lo que tu crees tener derecho.

En función del tipo de relación que tengamos con la persona, cuando esa ira se activa, ciertas cosas van a suceder. Porque si la ira está diseñada para la negociación interpersonal, para tratar de conseguir que la otra persona ponga más peso en nuestro bienestar, entonces tenemos motivaciones suficientes para comunicar esto que es importante para nosotros. Dentro de nuestra cabeza se despertarán pensamientos como “¿Cómo pudiste hacerme esto?”, “Yo no me merezco esto”, “Yo siempre me he portado bien contigo”…

Pero el módulo de Ira no sólo se activa en estos contextos. Las personas nos enojamos con nuestros compañeros, con nuestras parejas (Afiliación)… y esto tiene sentido. Los términos de una relación pueden ser renegociados de vez en cuando. Este módulo no se activa sólo cuando le compramos un ramo de rosas a nuestra pareja o le damos un masaje en los pies.

 

Los celos

Otro ejemplo complejo serían los celos. Desde un punto de vista psicológico evolutivo los celos son funcionales. Leda Cosmedis afirma que han evolucionado programas de ordenador que explican como se cierran determinados mecanismos y se activan otros de forma coordinada para ayudarnos a resolver un problema de adaptación particular. Y un ejemplo serían los celos. De repente, empezamos a prestar atención a cosas en las que antes no pensábamos. Si sospechamos que nuestra mujer está liada con el vecino, empezaremos a sospechar cada vez que perdamos de vista a nuestra mujer y a nuestro vecino.

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Se activará la alarma cada vez que se de una ausencia simultánea. Cada vez que no estén ambos aquí al mismo tiempo. Y es curioso, porque de repente estaremos pendientes de la ausencia simultánea, cuando es algo a lo que nunca antes prestábamos atención. La mayoría de las personas están ausentes en este momento, y eso no nos importa.

Además, nuestra atención se va a centrar en cosas diferentes. Nuestra memoria episódica va a recuperar episodios del pesado. “¿Por qué ese día se puso ese vestido? Cuando nunca lo hace. Pero ese día él estaba allí…”. Se empieza a dar una reevaluación de los episodios del pasado. De este modo cambian las inferencias acerca de lo que significa el comportamiento de las personas. Y se activa el módulo de Vigilancia, para hacer un seguimiento de dónde está mi mujer, qué está haciendo y con quién está hablando.

El problema con el que nos encontramos es que es difícil hacer determinadas tareas cuando unos módulos o sub-módulos están activos. Es muy difícil estudiar para un examen de estadística cuando el sistema de celos sexuales está activo.

¿Y esto por qué ocurre? Cuando se activa un módulo particular, también se activa el modo de procesamiento de la información de ese módulo en particular. Empezamos a tratar de la información de una forma particular. Y en este caso, el modo de vigilancia puede no ser el adecuado para estudiar estadística.

Desde un punto de vista adaptativo esto tiene sentido. Ya que este estado emocional se centra en solucionar un problema adaptativo (retener a nuestra pareja). Y parte de la solución pasa por desactivar otros problemas de adaptación para centrarnos en el que nos parece más relevante. O más bien en el problema que nuestro instinto evolutivo considera más relevante.

 

Complejidad mental a la carta

Por lo tanto, si sumamos todos los elementos nos encontramos con algo muy complejo. Ya que continuamente estamos activando y desactivando mecanismos diseñados para resolver distintos problemas adaptativos. La mente humana es muy compleja. Y cualquier modelo que trate de explicar su funcionamiento, como el modelo modular de la mente, también será muy complejo.

Podemos pensar que el sistema modular es correcto. O podemos preferir pensar en términos de sistemas o modos. O en términos de estados de ánimo y emociones. Todo es correcto, porque todavía queda mucho por investigar.

Pero lo más interesante es que estamos viendo que se dan cambios muy significativos en nuestros estados de ánimo y en nuestra disposición de comportamiento, sin nuestra elección consciente. Como en el caso de la ira, o los celos, donde pocas veces toman el control con nuestra elección consciente.

La buena noticia es que probablemente cada vez seamos más conscientes de estos cambios. Las personas que tenían que elegir un slogan publicitario después de ver una película romántica, no eran conscientes del cambio sutil que se produjo en su mente. No eran conscientes de que se produjo un cambio de módulo. Y probablemente no eran conscientes del cambio en la disposición de la realidad que había sucedido. Lo mismo que tampoco somos muy conscientes de cuando se produce un cambio en nuestro estado de ánimo.

Pero pensando en la evolución de nuestro cerebro, la selección natural ha evolucionado para conseguir que nuestros genes pasen a las siguiente generación. Pero hay otras razones más específicas.

Acumulamos “conocimiento” sobre cómo ser mejores parejas, como cuidar mejor a nuestros hijos… y cómo hacerlo mejor que la media, para pasar a la siguiente generación. Y esas “áreas funcionales”, que se activan de forma inconsciente para nosotros, son lo que los investigadores llaman “módulos”.

 

El “yo” en la visión modular de la mente y en el budismo

Cuando los investigadores son escépticos en cuanto a la idea de un “yo”, se acercan mucho a la idea que Buda tenía del “self”. En uso de sus discursos, afirmaba que no hay un “self” coherente que persiste en el tiempo. En la mente humana afirmaba que reina la impermanencia.

Lo mismo que afirma la visión modular de la mente. Que afirma que hay un conjunto de módulos que dirigen el espectáculo, sin la existencia de un único yo coherente.

Otro tema interesante del que hablaba Buda era el control de nuestra mente. Él afirmaba que no tenemos un control consciente de lo que pasa por nuestra cabeza. Y si crees que lo tienes, estás equivocado.

La visión modular de la mente también podría explicar este fenómeno. Ya que afirma que el estado de nuestra mente en un momento dado no es el resultado de una decisión consciente. Más bien es el resultado de cómo entra en nuestra mente la información proveniente de nuestro ambiente. Y a un nivel no consciente, desencadena la activación de uno u otro módulo.

Y tu… ¿crees que controlas tu mente?

Y aquí os dejo una charla interesante de TED sobre la identidad de uno mismo:

 

Fuentes:

ZEN: No morarás en ninguna parte

TEISHÔ 2 (TEISHÔ 1)

Un niño chino Daikan Enô, oyó un día recitar un sutra que cambió su vida: “No morando en ninguna parte, la mente se manifiesta”. Esa sutra -la Sutra del Diamante-, le llevó a la iluminación profunda. Enô fue el sexto patriarca sucesor del gran maestro Bodidharma.

Uno de los sentimientos más dolorosos que los psicólogos captan del actual hombre occidental es el sentimiento de sentirse aislado, repatriado del ser que le es propio. El hombre, cada día con más fuerza, sufre esa separación, un sufrimiento que no es otro que la llamada lacerante del Ser no vivido en su conciencia, para que éste advierta su presencia. Y así, interpelado en su inconsciente por esa presencia, ha sentido desde lo más remoto de los tiempos que lo sagrado necesitaba un lugar, un hábitat.

Antaño las divinidades vivían en las grutas, en los bosques, en los manantiales; más tarde en las iglesias y las catedrales, según la cultura y el grado de conciencia de la humanidad. Hoy, el ser humano empieza a tomar en serio que el habitáculo de lo divino comienza a ser el propio ser humano; un habitáculo donde el ser y el estar se unifican, donde “los seres se hacen estares”, como tan bellamente lo describió el poeta Antonio Machado. El cuerpo es la estancia más íntima; el cuerpo, receptáculo y caja de resonancia donde vibra la sensación de ser, haciéndola más intima que la propia intimidad. El cuerpo, como expresión del Ser que lo habita y lo interpela a tomar conciencia de su verdadera naturaleza. El cuerpo, territorio extremo de la interioridad del Ser, intimor intimo meo; el locus o lugar fuera de todo lugar; espacio de la materia, mater, interior que nos liga a la vida; el cuerpo, donde el sonido del origen vibra y se hace carne. El niño, en su rudimentaria conciencia, ya lo pre-siente desde sus momentos más tempranos.

Pero también el ser humano adulto, desde su más profunda vena, sabe que, llegado su momento, debe abandonar el estado de eterna infancia en el que ha estado confinado bajo el imperio del arquetipo de la diosa madre hecha materia y hecha cuerpo. Y desde la larga noche de la evolución, el hombre se va elevando del cuerpo hasta otra nueva conciencia, el pensamiento, con el que, separado de la gran Madre, puede alzar su identidad aislada y proclamar así su ego: El arquetipo del padre refleja la verticalidad, la elevación sobre la horizontalidad de la madre tierra, el cielo, la cima, la claridad del espíritu-pensamiento sobre la eterna noche de la placenta materna. Así, esa necesidad de altura que al hombre mismo le eleva y le hace cumbre, revela su deseo de Absoluto en forma de pensamiento, en forma de lógica y en forma de la luz del entendimiento. Un noble deseo cuyo peligro reside en que el ser humano, cegado por el fulgor de esa luz, llegue a caer en el error de sustituir la vida por la idea de la vida. El Yo por el yo.

El pequeño ego racional es sumamente necesario, esencial, por su utilidad y pragmatismo; aunque ocurre que cuando el ser humano se identifica con él, puede llegar a asfixiar la llamada del Ser, alejándose así de la profundidad de su verdadera naturaleza una vez cimentada su identidad en la sola razón. La razón es el gran logro de Occidente; pero también su drama. El hombre, por tanto, deberá ponerse de acuerdo consigo mismo unificando, fusionando, los polos de su doble origen, el terrestre y el celeste. Ese es el fin del Zazen. El objetivo del Za-zen es que la dualidad del pequeño ego desaparezca en el Sí Mismo para poderlo así transparentar . Eso es lo que sucede cuando aceptamos no morar en ninguna parte: el Ser nos traspasa sin obstáculos y, libre del polvo narcisista, nuestro cuerpo y nuestra mente, transparentan libremente la Gran Mente del Ser.

zen

 

Dice el Maestro Dôgen:

 

Estudiar budismo es estudiarse a sí mismo.
Estudiarse a sí mismo es olvidarse de sí mismo.
Olvidarse de sí mismo es estar iluminado por todas las cosas.
Estar iluminado por todas las cosas es desprenderse
del propio cuerpo y de la propia mente,
y desprenderse de los cuerpos y las mentes de los otros.
Ningún rastro de iluminación permanece, y este ningún-rastro
Continúa interminablemente.

 

DÔGEN

Tenemos miedo a desaparecer, y cuando en el zen oímos eso de desmontar el ego nos entra pánico, el horror vacui , horror al vacío. Pero bien entendida, la vacuidad hace referencia al hecho de vaciarnos de nuestras ideas, sin que por ello sea opuesta a la existencia. La vacuidad no equivale a la extinción, sino al hecho de prescindir de las ideas de existencia e inexistencia, ya que la realidad está mucho más allá de ese binomio. La vacuidad es una herramienta liberadora de la hojarasca de imágenes mentales que nos turban impidiéndonos ver la realidad que está más allá y más acá de los opuestos existencia-inexistencia. Es imprescindible no dejarse atrapar por las ideas, incluida la idea misma de vacuidad.

La esencia de la sabiduría reside ahí, en superar el binomio existencia-inexistencia. Consiste en percibir el no-nacimiento y la no-muerte.

Aclarado eso del desmantelamiento del ego, y volviendo a la Psicología, quisiera recordar que en nuestro caminar hacia la totalidad es importante la palabra “individuación” acuñada por Carl Gustav Jung, que significa alcanzar a ser enteramente uno mismo. La tragedia de ser humano actual es que se le ha negado el permiso de ser él mismo. Pero el hombre no se ha rebelado ante semejante tragedia, y la neurosis más intolerable en occidente no es otra que el haberse alejado de ese centro que la Psicología llama el Sí Mismo y Dürckheim Ser Esencial, la forma con que el ser individual participa del Ser el auténtico morador en esa estancia llamada cuerpo.

Gracias a la fidelidad al ejercicio que le permite acceder a esa conciencia no dual, el ser humano podrá algún día caer en la cuenta de que el Ser del que habla el Zen se experimentará en su propio ser; y se experimentará como un ser vivo, – ¡El Ser es un ser! – ilimitado, misterioso e inefable, que se con-forma (se hace forma) con todo y en todo lo que existe. El Todo en todo.

A través del ejercicio del Za-Zen estamos en condiciones de poder caer en la cuenta de quiénes verdaderamente somos al reconocer la naturaleza y el sentido de nuestro verdadero yo; de despertar al origen común de la humanidad más allá, y más acá; arriba y abajo; antes y después del cielo y de la tierra. Y ello, tanto en la intimidad de los latidos nuestro cuerpo, como en el milagroso vaivén de la respiración, o como en los resplandores del fuego de la mente. “ESO -la manifestación de la Gran Mente- es lo que experimentó Enô al escuchar el Sutra del Diamante; ESO es lo que sucede cuando, saltando los límites del pequeño ego de la razón instrumental, deshacemos nuestra falsa identidad no aceptando MORAR EN NINGUNA PARTE, para que de ese modo, como lo hacen en un cristal inmaculado, penetren en nuestro cuerpo los rayos de luz que nacen del Vacío y pueda transparentarse nuestro verdadero rostro. Cuidar por siempre y con mimo esa experiencia es el deber más grande de todo practicante de Zen.

Jinshû, un discípulo destacado del quinto patriarca, lo entendió así en su famoso poema:

 

El cuerpo es el árbol de la iluminación y soporte
de la mente, que es un espejo claro.
Límpialo una y otra vez,
no dejes nunca posarse polvo en él.

 

Se trata de un poema sin duda útil y estimulante para el que se inicia en el Zen, aunque si se observa con atención veremos que no alcanza a ser un exponente de lo que en sí misma es la iluminación. Así lo vio el mismo Enô, quien, nada más leerlo, y a modo de réplica, compuso seguidamente el siguiente poema alternativo:

 

El árbol de la iluminación en principio
no tiene tronco ni es soporte de un espejo claro.
En principio no existe ni una sola cosa.
¿Qué puede haber entonces
en que se pueda posar el polvo?

 

La diferencia es reveladora tanto en cuanto al contenido de ambos poemas, como al estado de iluminación de sus autores; así, mientras el primero posee un carácter ascendente, el segundo manifiesta la culminación de la naturaleza búdica; mientras el primero es la potencia, el segundo es el acto.

Pero puede llegar un momento, fuera de todo momento, en que la iluminación se hará estacionaria, permanente, trascenderá el espacio y el tiempo, incluido el cuerpo, al que la misma Plenitud le hará desaparecer del mundo de las formas. Se borrará el iluminado para dejar paso a la iluminación; se borrará del mundo el observador para dejar paso a la observación, y el Ser se habrá actualizado en la plenitud de la Nada.

Para Alcanzar esa experiencia, no es preciso ser monje, ni es preciso remontarse a los primeros patriarcas, porque poetas actuales, ajenos a cualquier confesión como el arriba citado, José Ángel Valente, o Roberto Juarroz, sin ser ninguno de ellos monjes, explican magistralmente esa misma experiencia de la plenitud del Vacío. Algunos textos de Valente:

¿Es inhumano sentir en un momento dado que acabamos en el vacío? ¿O que el vacío es la presencia más constante? ¿O que el vacío no tiene presencia? Para mí, no. Para mí es lo más humano, pero entendámonos: lo humano con las máscaras caídas, lo humano en la desnudez, no en el disfraz y en el convencionalismo…

Y añade:

 

…Vivimos entre límites y, sin embargo, en lo más entrañable, uno siente que no hay límites. Pues lo ilimitado no sostiene a nadie, sólo los límites sostienen….

  

Finalmente:

 

Borrarse.
 Sólo en la ausencia de todo signo se posa el dios.

 

Roberto Juarroz, practicante de Zen, se asemeja a José Ángel Valente en su afán de quitarse de en medio, de des-aparecer, de ser sólo huella; si bien, a diferencia de éste, Juarroz concitó en su vida personal más adhesiones que el poeta español. Su falta de protagonismo no fue sólo radical, sino sencillamente natural, vivida, sin escenarios, transparentemente sincera:

 

Qué mayor sinceridad
que hacer a un lado todo aquello que se sabe
y dejar que hable en uno,
Aunque sea sin uno, aquello que no se sabe.

Fuente:

Fragmento del libro: LA RADICALIDAD DEL ZEN (En 24 teishôs)

Aprendiendo a ser padres: La autonomía y la responsabilidad

Este es el primero de una serie de artículos para orientar a padres, hermanos, educadores y cualquiera interesado en el conocimiento acerca de los distintos ámbitos que ocupan la vida de los jóvenes y adolescentes. Pero si tuviera que definir un “Target” (Un objetivo) diría que se trata de una serie de artículos para orientar a los padres en el complejo mundo que es su hijo.

Portrait of Happy Family Piled Up In Park

¿Qué es importante saber sobre la autonomía y la responsabilidad?

Primero, definamos: Autónomo es aquel que no depende de otros para cumplir una función; Y responsable es aquél que es consciente de sus obligaciones. El papel de los padres en el desarrollo de la autonomía y responsabilidad en el hijo es innegable, ya que son el modelo a seguir, correctores y guías (Sobre todo en las primeras fases del desarrollo). Como la edad a la que los niños adquieres autonomía es flexible y sus márgenes son amplios, no todos los niños aprenden a leer, o a controlar sus esfínteres a la misma edad. Es importante tener en mente que cada niño tiene unas características propias que le diferencian de los demás.

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Grados de responsabilidad:

  • De 0 a 2 años: Grado muy bajo de autonomía y depende de vosotros. A partir del tercer mes comienza a mostrar conductas intencionales (reconoce, mira). Al cuarto o quinto mes, manipula objetos activamente. Al final del primer año de vida empieza a andar, por lo que puede ir ampliando su mundo y empieza a comunicarse señalando de forma activa e incluso pronunciando sus primeras palabras.
  • De 2 a 7 años: La adquisición más importante es el lenguaje, que le permite relacionarse con sus iguales. Juega con otros niños y hace “ensayos” de la vida real que le sirven de entrenamiento. A partir de los tres años asume costumbre básicas (comida, higiene, el sueño, control de esfínteres, ect.) Por eso, es muy importante que vosotros le demandéis cierta disciplina. El control de esfínteres se afianza, aunque de noche puede haber dificultades, para los 5 años debe tenerlo prácticamente logrado. Es aconsejable tener una rutina par air a dormir para que lo haga él solo y cuando se le indique. Con los juegos, reclama cada vez menos vuestra atención. También podeis pedirle que coopere en las tareas de casa: Poner la mesa, ordenar la ropa y/o su cuarto.
  • De 7 a 12 años: Los amigos empiezan a ganar más peso para el niño. Aumenta su capacidad de cooperación. Atiende a los razonamientos del otro, por lo que es la etapa en la que se fija el respeto mutuo. Comienzan los juegos de reglas, donde “ensaya” nociones básicas para la vida, siendo capaz de reflexionar antes de actuar.
  • Adolescencia: La entrada en la adolescencia supone un momento de grande cambiso y de malestar para el niño y para vosotros. Surgen la necesidad de identidad y búsqueda de independencia. El adolescente pone a prueba los modelos conocidos y las figuras de autoridad para ver si aguantan. Consolida su esquema de valores y se afianza en su grupo de iguales.

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Modelos educativos «Inadecuados»:

  • Punitivo: Cuando los métodos para conseguir que las normas se cumplan son la agresividad y la intimidación, el niño puede sentir miedo e inseguridad, o por el contrario, agresividad desmedida y frustración. Es importante que enseñéis que la agresividad no es el modo de conseguir las cosas (Como podíamos ver en el artículo anterior sobre agresividad) y también que sus opiniones tienen valor y merecen ser escuchadas. Sin escucha, no podrá darse la comunicación.
  • Sobre-Protector: Cuando se anticipan a las dificultades del niño, impidiendo que se equivoque. El niño cree que siempre habrá alguien para resolver sus problemas y que la responsabilidad de su bienestar está en otra persona, esto genera dependencia de ellos. Surge en el niño miedo hacia lo nuevo y lo desconocido. Enseñad a afrontar las dificultades y a aceptar que en ocasiones se equivocará, sin que esto le hunda. Acompañadle en el aprendizaje de sus propios errores, pero no los viváis por él.
  • Permisivo: La creencia de que el niño tiene el derecho a expresar sus deseos de cualquier modo y que es su función la de facilitar que se cumplan siempre. El niño piensa que lo único importante son sus necesidades y conseguir sus deseos al momento. Enseñad que sus deseos no se anteponen a cualquier cosa (Ni los de los demás) ni se consiguen sin ningún tipo de esfuerzo o porque é “Lo quiere”. Enseñarles a conseguir las cosas es algo que requiere tiempo.

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Modelo educativo adecuado:

Primero Acompañad al niño en sus dificultades y ayudadle a superar su frustración pero no evitándoselas. Enseñadle que la agresividad no es respetuosa ni tolerante con los demás y que vosotros valoráis su opinión. Todos sus comportamientos tienen consecuencias, positivas y negativas. No os mostréis, pues, permisivos con sus comportamientos inadecuados. Mostradles, de modo claro y estable, cuales son los límites a su conducta. No dudéis en aprobar y alabar su comportamiento adecuado. Debéis enseñar al niño que sus logros y sus capacidades son algo que le pertenecen, y que él mismo puede superarse.

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¿Qué es hacer a vuestro hijo responsable?

Preparadle para afrontar el mundo adulto. Los juegos de reglas que él conoce ahora se extienden también a las relaciones sociales de su vida. Potenciad su autoestima y la confianza. Enseñareis al niño a saber cuándo está haciendo bien las cosas y cuándo no. Preparadle para que tome sus propias decisiones sin miedo. Dadle la oportunidad de sentirse válido. Permitidle disfrutar de su individualidad responsable y respetuosa. Y pedid que el resto de personas se muestren con él igualmente responsables y respetuosos.

Capacitadle para decir No a las cosas que no quiere (Drogas, violencia, sexo, valores…) de una manera asertiva, sin dañar a los demás ni sentirse mal por ello. Ser críticos con las cosas que le suceden y con las opiniones de los demás. Enseñadle a desarrollar su autonomía económica, sentimental, afectiva, ect. Enseñadle a controlar su propia conducta impulsiva y animadle a que siga avanzando en sus éxitos.

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¿Cómo poner límites a una conducta no responsable?

Haced ver que su conducta trae consecuencias. Si el niño pega a su hermano, es inadmisible y debe tener unas consecuencias que supongan algún coste para él. Si besa y escucha a su hermano, hacedle ver que eso os gusta y lo aprobáis. Reforzadle, ya que vuestra aprobación es muy importante para él, aunque no os lo diga. Se siente valioso cuando le decís que os gusta cómo recoge su ropa después del baño. Hacedlo, aunque sea su obligación, ya que así aprenderá a disfrutar también con las cosas que debe hacer. Dejadle claro qué cosas no se pueden hacer en casa. Sólo de esta forma él sabrá, exactamente, cuándo se ha saltado los límites. Explicadle también qué ocurrirá si él se salta ese límite. Enseñadle que su conducta se puede reparar. Pedidle que os ayude a limpiar y recoger los espaguetis del suelo, si los ha tirado, pero no le digáis que es un “Inútil”.

Mostraos constantes en vuestras respuestas, es algo que el niño necesita. Si siempre respondéis igual le estáis enseñando a ser consecuente y responsable con su propio comportamiento. De otra forma, si los límites son cambiables, crece en el niño la incertidumbre, el miedo y la inconsecuencia de su conducta. Confiad en él, en sus capacidades y en sus criterios para hacer las cosas. Aceptad que el niño puede tener dificultades o problemas en el cumplimiento de las normas. Su desobediencia no debéis entenderla siempre como un gesto de maldad o desconsideración hacia vosotros. Cuando se salta una norma, preguntadle cuáles han sido sus motivos para incumplirla. Sed razonables pero firmes en vuestras normas. Cuando vuestro hijo se enfada con vosotros no es a vosotros a quienes rechaza, sino a la norma. Al principio, el niño intentará alargar la hora de volver a casa; mostradle que estáis dispuestos a flexibilizar y ceder un poco, pero nunca iréis más allá de lo que vosotros consideréis razonable.

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No rechacéis valores personales de vuestro hijo, sino comportamientos concretos. Si tu hijo hace algo mal, no es que sea un “inútil”, un “vago”, o un “egoísta”, sino que ha hecho algo que no está bien. No le digáis que es un “vago”, decidle que no os gusta cunado no estudia. Cambiad el modo de decirle las cosas. Decidle: “Espero que hagas tu cama porque sé que eres capaz de hacerlo”. De esta forma dais al niño control sobre su conducta, demostráis que confiáis en él y que le pedís un comportamiento adulto. Enseñadle a ponerse en el lugar del otro. Así mostrareis a vuestro hijo cuáles son las consecuencias de sus conductas sobre los demás. No utilicéis esto como chantaje afectivo. Si llega tarde a comer eso implica que la comida se queda fría o que hay que empezar a comer sin él y eso no os gusta. No le digáis que es un “egoísta” y “que no valora vuestros esfuerzos con él”.

No os coloquéis en el ideal de perfección. Es normal que haya pequeñas discusiones en casa, o momentos de desacuerdo con vuestros hijos. Haced que el hogar le proporcione sentimientos de seguridad para poder salir al mundo sin agresividad o vulnerado los derechos de los demás. No repitáis mensajes, porque estos perderán su valor. Es mejor decir las cosas pocas veces, de una forma firme y cuando realmente os está escuchando, que repetirlas muchas veces sin conseguir nada.

Conclusión:

La autonomía y la responsabilidad son cualidades que se adquieren en el proceso de aprendizaje y no son características que vuestro hijo posea en el momento de nacer. La convención sobre los derechos del niño recoge en uno de sus artículos la obligación de “(…) preparar al niño para asumir una vida responsable en una sociedad libre (…)”. Cuando el niño cumpla 18 años la sociedad le pedirá que sea responsable. Que tenga esas competencias dependerá del camino que habréis recorrido con él.

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