El perdón a través de los ojos de tus padres

John Bradshaw afirma:

«No podemos encontrar la luz en nuestras vidas hasta que nos enfrentemos a la oscuridad y transformemos el dolor original que vivimos en la infancia.»

Si recordáis en el artículo anterior La huella del amor negativo en la infancia decíamos que hasta que no llega el perdón hacia nuestros padres internos, vivimos dominados por nuestro niño herido  y emocionalmente inmaduro que llevamos dentro y que busca el amor incondicional que cualquiera necesita, pero que no recibió de manera acertada en su familia.

Es por todos sabido que no hay una verdadera empatía ni perdón si ésta no pasa por ponerse en la piel del otro. Y no puedes ponerte en la piel del otro si hay una capa gruesa de rabia, miedo y tristeza que taponan la herida para que no puedas penetrar en ella. Incluso aunque ésta funcione con amnesia en algunos casos.

Es por ello que lo primero que hay que hacer es liberar la voz acallada del niño para encaminarla de modo adecuado.  El entender que nuestros progenitores no supieron hacerlo de otro modo no elimina de por sí la huella del Amor Negativo. Hay que sacar el dolor y la rabia encasquillados en forma de Egocentrismo que nuestro niño ha usado a modo de caparazón.

La liberación del dolor contenido

Este es el punto más difícil del proceso. Desde pequeños se nos ha reprimido tanto la expresión sana de la rabia que la hemos desplazado de las maneras más absurdas. La hemos enmascarado con miedo o con tristeza, o la hemos utilizado para crear alguno de los personajes de nuestra ‘identidad’ (el/la rebelde, respondón/a, inconformista) sobrevalorando su presencia a veces para otorgarnos más poder frente a los demás.

Sin embargo, cuando en un estado meditativo guiado te enfrentas a todo el dolor, el miedo, la angustia y la decepción que tienes acumulados en las entrañas hacia tu padre y madre internos (recordemos que esta ira manifestada en ese momento es hacia la imagen introyectada, no hacia los padres físicos) sientes que el dolor puede llevarte hasta el límite, no hay tabúes, no hay represiones no hay castigos ni culpa por expresar tu malestar. Simplemente sueltas, te sueltas, lo  sueltas…hasta quedarte vacío/a.

 

vacio

 

Muchas personas tratan de saltarse el paso de sacar y liberar la rabia y pasar directamente al perdón a través de meditaciones, justificaciones racionales, cartas simbólicas, etc.

Sin embargo, hoy sabemos por experiencia que sin el paso previo de vaciar el vaso lleno de barro, sólo conseguirás llenarlo de agua limpia pero que se mezclará con la suciedad anterior. Puede que eso diluya en parte el barro, pero seguirá estando el poso abajo sin que el agua llegue a estar nunca limpia del todo.

Cara a cara con la infancia de nuestros padres

Sólo cuando aprendamos a desactivar los patrones negativos heredados , tal y como explica los explica el médico y psicoterapeuta Luis F. Cámara en el siguiente vídeo, el proceso nos conducirá al contacto de nuestro propio niño con el niño de nuestros padres.

 

Una vez nos sentimos vacíos y ligeros de peso tras la descarga del dolor, nos encontramos con la decisión simbólica de ayudar o no a nuestros padres y darles aquello que ellos no nos dieron a nosotros.

A título personal he de decir, que a pesar de que algunas de las historias que encontré eran realmente duras, no hubo ninguno de nosotros durante el proceso que se negara a ayudar a sus padres y darles de manera figurada (a través de un acto similar al usado en psicomagia por Jodorowsky) todo el amor positivo que ellos no recibieron.

De un modo u otro, dentro de cada quien, existía la sabiduría que a través de esta decisión consciente se rompía el cordón umbilical del Amor Negativo y de la dependencia emocional. Desde nosotros y hacia los otros nacía el amor incondicional, la compasión y el perdón por sanar aquello que ellos no pudieron, no quisieron o no supieron cambiar.

Después del encuentro  frente a frente con el niño que fue tu padre y con la madre que fue tu madre, nunca más la relación con ellos vuelve a ser la misma. Ni siquiera aunque uno de los dos o los dos hayan muerto.

perdón

 

Más que sentir cómo ellos te cuentan su historia de vida, el proceso te acompaña a revivirla, como si realmente pudieras ponerte «en su piel» con el dolor infantil del rechazo, la soledad o la incomprensión que ellos mismos hubieran experimentado y que de manera inconsciente te transmitieron a ti en forma de automatismos, creencias y carencias.

Dicho esto ¿significa entonces que ya nunca más va a ofenderte un chantaje emocional o una sobre exigencia de uno de los dos? ¿Significa que vas a ser inmune a su intento de dirigir tu vida o la negligencia de sobreprotegerte? ¿Entonces tendrás que tragar y sonreír cuando salte algún automatismo suyo porque ya les he perdonado? En absoluto se trata de eso.

Sencillamente aprendes poco a poco y de forma natural a no reaccionar contra ellos, a ver las cosas tal y como son, a relacionarte con ellos -y con todos aquellos de tu entorno en los que proyectes a tus progenitores- no desde el niño que se siente herido (aún sin haber sido consciente de ello), sino desde quien eres en el momento presente. Dejas de relacionarte con la imagen que tienes grabada de tu madre y tu padre interno (ya sea que los rechaces o los idealices) y lo haces con ellos tal cual son.

Podría afirmar que de alguna manera se activa un botón cuando sus patrones negativos aparecen y de forma automática pudieras «ver» a su niño herido detrás de sus ojos de adulto. Y todo se hace más fácil.

 

padres

 

Muchos y muchas podréis pensar que no hay forma exacta de probar si lo que experimentas allí, reviviendo su infancia, es literalmente cierto o si creamos con la imaginación aquello que queremos ver. Y tenéis razón, no podemos saberlo. Pero realmente no importa.

Incluso aunque ya hay numerosos estudios que demuestran que las zonas del cerebro que utilizamos para percibir objetos y aquéllas que usamos para imaginar objetos se superponen,  «el recuerdo imaginado» puede dejar en nuestro cerebro la misma marca que un hecho realmente ocurrido.

Y en este caso, la marca que te deja el perdón y la reconciliación con tus padres internos es de una magnitud extraordinaria. Te cambia por completo.

Hoffman nos recuerda que para llegar a este punto de liberación tendremos que:

-Llegar a una comprensión sin condena de nuestros padres biológicos y nuestros padres sustitutos

-Tener compasión por la infancia que ellos vivieron.

-Perdón por lo que ellos nos hicieron y por lo que les hicieron a ellos.

-Aceptarlos totalmente como son y como fueron

-Poder amarlos incondicionalmente por lo que ellos son sin expectativas frustradas ni idealizaciones irreales.

El perdón en la herida del dolor original 

LLegamos finalmente el encuentro con tu niño interior ya que esa herida infantil  auto-congelada en el tiempo, salta cada vez que nos volvemos a sentir heridos y no nos prestamos atención. 

Este encuentro con nuestro niño olvidado, puede que sea doloroso y difícil ya que es probable que este niño esté asustado o puede que esté muy enfadado contigo. Hasta puede que seas tú la que estés muy enfadado con él «por lo mal que se portaba y lo que hacía sufrir a tus padres».

Sea del modo que sea, este proceso te ayuda a que el niño emocionalmente herido vuelva a confiar en ti poco a poco,  a que no se sienta juzgado ni abandonado y a que le animes a madurar para convertirse en un adulto consciente y afectuoso.

¿Y cómo sucede este encuentro? Hoffman sustenta que cada uno de nosotros estamos formados por cuatro partes: el niño emocionalmente herido, el intelecto adulto, el yo espiritual y el yo físico corporal.

Cuando logramos reeducar el Intelecto Adulto Sabelotodo (la razón) para que acalle su voz crítica y beligerante en forma de pensamientos obsesivos,  y se ‘reconcilie’ con el Niño Interior Quejica (la emoción) -que está «a la que salta»-, se produce una sinergia, algo así como un pacto entre ambos que se manifiesta a un nivel corporal y espiritual en un acto de auto validación y equilibrio.

Experimentar de forma real ese acto de validación y aceptación plena de ti, es liberarse, -en el sentido literal y hasta corporal-, de un gran peso. Es como si un plomo que se ha quedado instalado en el pecho, saliese despedido hacia fuera y pudieras respirar profundamente y sin presión.

De algún modo se trata de volver a estar apegado a la familia de origen al mismo tiempo que has cortado el cordón umbilical negativo, pues de todos es sabido que no puedes separar algo que no haya estado unido antes.

Llegar a tu propio perdón a través de la mirada de los ojos de tus padres es sin lugar a dudas un acto único para ser más tú y permitir que ellos sean más ellos.  Y si te equivocas o se equivocan contigo: más compasión y menos juicio.

Puede que no todos ni todas quieran, puedan o necesiten pasar por este proceso. Aunque así fuera, no dejéis escapar la oportunidad un día de volver a mirar a los ojos a vuestro niño o niña interior y que os sonría. Os aseguro que es una cura para el alma.

 

*Nota: se ha usado el término niño interior y el modelo familiar de padre y madre por congruencia expresiva, pero así mismo este texto se aplica por extensión, a todos los modelos posibles de familia y a la niña interior.

 

Referencias bibliográficas:

-Hoffman, Bob El proceso Hoffman de la Cuadrinidad, Ed. Urano, 1992.

 

Pokémon, Tinder y los peligros de Internet.

Internet es, en mi humilde opinión y con todas los legítimos motivos que tenemos para criticarlo, la mayor revolución cultural de la historia moderna. Entre otras cosas porque ha ocasionado que vivamos a dos niveles, el nivel real y el virtual; construimos nuevas identidades en la red, nos relacionamos, nos enamoramos y rompemos amistades utilizando las redes sociales.

Tinder y Pokémon: Algunas claves.

Después del boom de las redes sociales clásicas, articuladas todas en torno al modelo Facebook, ha habido dos aplicaciones que han tenido un impacto brutal sobre los usuarios de dispositivos móviles con acceso a Internet.

La primera ha sido Tinder y sus múltiples hermanas, todas aplicaciones basadas en la misma premisa, la búsqueda del amor (o del sexo) a través de Internet, un método directo,  sin intermediarios, de tener acceso al mercado del «amor» en el que ¿todo es posible? La ilusión de tener a nuestra disposición millones de posibles parejas es algo que supone una realidad psicológica completamente nueva. Aún no sabemos cuales pueden ser la consecuencias a largo plazo en las relaciones de pareja que se puedan construir o las que puedan romperse por este motivo. Si sabemos algo sobre la paradoja de la elección y cómo el tener muchas opciones perjudica a nuestra capacidad para elegir adecuadamente y finalmente nos lleva a la insatisfacción.

La segunda de estas aplicaciones estrella ha sido, por supuesto, aquella de la que todo el mundo está hablando: Pokémon Go. Como la mayoría de la gente sabe, Pokemon es un juego de la era Gameboy rescatado por Nintendo para los nuevos dispositivos Smartphone. La premisa siempre ha sido tan sencilla como adictiva. «Hazte con todos».

En la versión original el jugador recorría un mundo virtual cazando a estas criaturas y entrenándolas para luchar en diferentes batallas contra otros entrenadores de pokémon. En su reinvención para móviles el juego ha tomado una nueva dimensión. Los pokémon ya no están en un mundo virtual. Están repartidos (virtualmente) por el mundo real, de esta forma la aplicación ha conseguido llevar la realidad virtual por primera vez a un nivel tan masivo. Puedes (debes) jugar en todos los lugares y en todo momento, nunca sabes dónde puede estar esperándote ese pokémon que ansías, aquel que te dará la ilusión de poseer algo especial, cuando en realidad no posees nada real, los mecanismos consumistas  se activan. ¿Qué mejor negocio que hacer a la gente consumir algo intangible, algo que en el mundo de la realidad física no existe? 45 millones de usuarios activos diarios ha llegado a tener el juego, un fenómeno global sin precedentes ¿Un peligro para la humanidad? Probablemente no, pero tal vez si es una señal importante de los tiempos que están por llegar.
pokemon

La pregunta ahora es ¿Qué podemos esperar después? Las gafas de realidad virtual, a la vuelta de la esquina, prometen traer muchas sorpresas y tal vez también algún peligro.

Patologías de Internet

Un cambio de esa magnitud naturalmente tiene que tener su reflejo sobre la salud mental de los seres humanos que entran en un nuevo paradigma de comunicación y de ser en el mundo.

Las patologías que este nuevo ambiente puede generar son aún muy desconocidas, aunque algunas empiezan a asomar como las nuevas adicciones a Internet, a la pornografía o al juego online, también encontramos trastornos ocasionados por la exposición excesiva a la red en personas con una vulnerabilidad previa específica (fobia social, trastornos de la alimentación que beben de los foros de Internet, psicopatías y parafilias variadas, etc…). En cualquier caso siendo un tema muy nuevo aún no podemos determinar el impacto real de Internet en nuestras vidas.

Por poner un ejemplo, es seguro que ya existen patologías relacionadas directamente o que se expresan a través de Pokémon Go, sin embargo los cambios sociales son tan rápidos que es probable que para cuando pueda hacerse un estudio del impacto de la aplicación en la salud mental Pokémon Go haya dejado de existir y otra aplicación distinta haya tomado el relevo con lo que nuevos estudios deberán hacerse. Los cambios sociales en este momento, tan marcados por las nuevas tecnologías hacen que sea prácticamente imposible para la ciencia seguir el ritmo.

adicción móvil

Sin embargo, en nuestra vida cotidiana si podemos detectar algunas claves. De entrada podría decirse que el uso de Internet se convierte en patológico en el momento en el que empieza a reducirse de forma sustancial el número de satisfacciones que la persona encuentra en su vida en pro de un mayor uso de la red. Es fácil encontrar gente que huye de las interacciones directas para esconderse tras diversas máscaras virtuales que les permiten, en el mejor de los casos, ocultar las cosas que no aprecian de si mismos, y en el peor desarrollar una identidad totalmente nueva, olvidando la real.

Conviene recordar que ninguna de estas aplicaciones, ni las redes sociales, ni los smartphones, ni el propio Internet son malos por si mismos, tienen potencial para ser algo bueno o malo, depende de nosotros y del uso que les demos.

Depende, en definitiva, de que seamos capaces de distinguir lo real de lo virtual. Al fin y al cabo, este es el gran problema de Internet ¿Dónde está la realidad? ¿Lo que sucede en la red podemos integrarlo en nuestro mundo o constituye una ilusión que nos atrapa y nos impide ver lo que sucede a nuestro alrededor?

Es aquí, en la zona gris del poder omnipotente que promete Internet donde la patología encuentra el terreno abonado y listo para plantar sus semillas.

¿Eres auténtico? Ideas claves de la gestalt de F. Perls

Hay muchas «ideas clave» en la terapia Gestalt. Hoy he querido recoger algunas de sus frases que aunque no estés familiarizado con su obra, creo que te pueden hacer reflexionar. Su teoría básicamente está encaminada a hacernos responsables de nuestra vida, de nuestras creencias, y lograr trascenderlas.

Pararnos, y sentir lo que somos en cada instante.

Ser auténticos.

 gestalt

 

Preceptos de la Gestalt

Estos son algunos preceptos preceptos clave de la terapia Gestalt. A mí siempre me han resonado mucho. No hace falta que seas psicólogo o que seas un profesional de la salud, para que estas ideas formen parte de tu vida. Si las haces tuyas, tendrás una vida más «consciente» y una apertura de mente mayor.

 

 1- Vive ahora, es decir, preocúpate del presente más que del pasado o el futuro.

2- Vive aquí, es decir, relaciónate más con lo presente que con lo ausente. Deja de imaginar: experimenta lo real.

3- Abandona los pensamientos innecesarios; más bien siente y observa.

4- Prefiere expresar antes que manipular, explicar, justificar o juzgar.

5- Entrégate al desagrado y al dolor tal como al placer; no restrinjas tu percatarte.

6- No aceptes ningún otro debería o tendría más que el tuyo propio.

7- Responsabilízate plenamente de tus acciones, sentimientos y pensamientos.

8- Acepta ser como eres.

 

Ser auténtico

Es fácil decirle a alguien «abandona los pensamientos innecesarios»… ¿Pero sabemos cuáles son los pensamientos innecesarios? ¿Sabemos qué es lo que los impide ser auténticos? ¿Ser nosotros mismos?

La dificultad estiba en poder «ver» esas creencias, que aunque no seamos conscientes de ellas, están actuando en nuestra vida. Y para eso muchas veces necesitamos a un terapeuta o un buen amigo que nos escuche atentamente, con plena presencia, para ir soltándolas una a una. Alguien que te escuche, y ante una incongruencia en nuestro discurso, nos pregunte… ¿te has dado cuenta de lo que has dicho? Normalmente de esa forma podemos ir tomando consciencia de que  muchas veces «hablamos» ideas que no son nuestras. Y que ni siquiera creemos en lo que estamos diciendo. Ante una pregunta así, podemos parar, y probablemente diremos… «¡Dios mío… pero si eso es lo que me decía mi madre cada vez que yo hacía X o Y…!».

Muchos teorías espirituales dicen que estas «creencias» que actúan desde el inconsciente en nuestra vida son «programas» que instalaron en nuestra mente durante la infancia, y que siguen activas en nosotros. Estos «programas» son cualquier cosa que escuchamos de niños, a las personas de «autoridad» y que «hicimos nuestras». Y sin darnos cuenta, actuamos según esas ideas que se quedaron grabadas en nuestra mente.

Es probable que ahora mismo estés pensando que tú ya eres auténtico, que ya «cortaste el cordón» con tus padres y familiares, que ya haces lo que quieres, cuando quieres y cómo quieres… Pero siento darte esta mala noticia. Probablemente, aunque creas que lo has hecho, no lo has hecho en absoluto. De hecho, me temo que puede llevarnos toda una vida deshacernos de todas las ideas que  no son nuestras pero a las que seguimos rindiendo pleitesía.

 

Hacernos responsables y adultos

Actualmente pensamos que hacernos responsables es independizarnos, pagar nuestras facturas, formar nuestra familia y una largo etcétera de cosas que hacen los «adultos». Pero según la terapia Gestalt eso está bastante lejos de hacerte adulto. Puedes tener cincuenta años, ser directivo de una gran empresa y tener cinco hijos, y seguir actuando de forma «irresponsable». Seguir siendo un Ser «no auténtico».

Ser adulto es ser plenamente responsable de nuestros actos, pensamientos, creencias, limitaciones, neurosis… y actuar en consecuencia.  Ser «consciente» de todo ello. Podemos actuar como niños en un momento dado, pero tenemos que ser consciente de lo que estamos haciendo. Y ser consciente de que eso que estamos haciendo no es lo más adecuando ni para nosotros ni para las personas que nos rodean.

Ser adulto y auténtico generalmente entraña la necesidad de mostrarse vulnerable. Algo que a los adultos neuróticos de hoy en día nos resulta aterrador. Pero difícilmente conseguiremos ser auténticos sin habernos dado el permiso para hacernos antes vulnerables. Para mostrarnos tal cual somos, desnudos, sin importarnos lo que nadie pueda decir de nosotros. Una vez que nosotros mismos dejamos de juzgar a los demás, no nos afectarán sus juicios.

 

El insight

Hace unos días estaba hablando con un amigo y fui consciente de varias creencias que había heredado de mi madre sobre el amor y la amistad. Yo las creía totalmente superadas, pero me di cuenta de que no era así. Es más, como si estuviera  en una de esas experiencias cercanas a la muerte, vi ante mi una película de todas las veces que había actuando según esas creencias. Y no puede evitar un «¡Mierda! ¡Pero cómo es posible que esto siga actuando en mi vida!»…

Así que reflexioné mucho sobre dichas ideas. Y me permití a mí misma el ser totalmente vulnerable y hablar con algunas personas a las que probablemente había hecho daño actuando como lo había hecho.

Y ahí es cuando te das cuenta de que cuando sí que eres auténtico, cuando sí que actúas sólo bajo tus propias ideas y creencias, el Universo te devuelve paz. Y tu encuentras la paz en ti mismo.

¿El problema? Que ser auténtico implica estar en alerta todo el tiempo. Estar presente, en tu centro, escaneando tus pensamientos, tus reacciones, tus juicios. Saber cuándo actúas bajo tus ideas, o estás «comprando» el amor, la aprobación o la aceptación de los demás.

¡Suerte!

 

Ideas clave de Perls que nos harán reflexionar

El desarrollo y crecimiento personal

“No encontrarán ningún animal -excepto el animal doméstico, ya infectado por la humanidad- ninguna planta que se impida el propio crecimiento.”

“Cada vez que rechazas el contestar una pregunta, ayudas a la otra persona a usar sus propios recursos.»

“La mayoría de los hombres modernos vive en un «trance verbal». No ven ni escuchan, y el despertar toma bastante tiempo.”

“Miedo a la muerte significa miedo de la vida.”

“Crecer significa «ser solo» (al-one).”

“Hay dos grandes mentiras: «yo quiero» y «yo trato».”

La responsabilidad

“Hay dos grandes mentiras: «yo quiero» y «yo trato».”

«Intentar es mentir. Lo intentaré quiere decir que no tienes intención seria de hacerlo. Si de veras piensas hacerlo, di: «lo haré»; y si no, di: » no lo haré». Hay que hablar claro para pensar claro y obrar claro»

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Nuestro Ser y nuestras percepciones

“El organismo lo sabe todo. Nosotros sabemos muy poco. La intuición es la inteligencia del organismo.”

“Sé como tú eres, de manera que puedas ver quién eres y cómo eres. Deja por unos momentos lo que debes hacer y descubre lo que realmente haces.  Arriesga un poco si puedes. Siente tus propios sentimientos. Di tus propias palabras. Piensa tus propios pensamientos. Sé tu propio ser. Descubre. Deja que el plan para ti surja dentro de ti.»

“Al no vivenciar necesidades e impulsos, la auto-regulación organísmica se deteriora, necesitando confiar en regulaciones moralistas.”

«Abandona tu mente y dedícate a tus sentidos»

«La percepción per se -en sí y por sí- puede ser curativa»

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Los «deberías»

“Amigo, no seas perfeccionista. El perfeccionismo es una maldición y un esfuerzo. Es perfecto si te dejas estar y ser”

“Acercadeismo y deberías: 100.000 órdenes, mas ninguna consideración sobre el aguante que esta persona efectivamente tiene para acatarlas. Y más aún, la mayoría de la gente cree que este «tú debes hacer esto, tú debes cambiar, tú debes, etc,…», es una fórmula mágica que va a dar algún resultado.”

Los otros

“La conciencia es subjetiva. Nos percatamos de nosotros por medio de nuestro cuerpo y de nuestras emociones. Nos percatamos del mundo por los sentidos. No puedo percibir tu conciencia. Conozco sólo tu conducta observable y lo que estés dispuesto a compartir.”

“Si tienes dificultad en comunicarte con alguna persona, busca en los RESENTIMIENTOS. Encontrar aquello con lo que estás resentido y EXPRESARLO y hacer que tus exigencias sean explícitas.”

«Si uno se siente incómodo con alguien puede estar seguro que no hay una comunicación verdadera. Tan pronto como uno expresa genuinamente desaparece toda la incomodidad.» 

«El contacto es la apreciación de las diferencias». Puedo estar contigo únicamente si estoy seguro de que tú eres «no-yo». Lo contrario es la confluencia (fluir con).”

El «aquí» y «ahora»

«La angustia es la brecha entre el «ahora» y el «después».»

«Estar presente ahora consiste en unir nuestra atención y nuestra conciencia».

La terapia Gestalt

“El terapeuta busca constantemente las formas de estar en contacto con el «cómo» de los sucesos que ocurren en el presente. Atiende el flujo de la conciencia del paciente.”

“La meta de la terapia es asegurarnos que el paciente llegue a conocer cuando se experimenta a sí mismo, cuando percibe su mundo y cuando hace uso de su intelecto.»

«En la terapia, estamos involucrados críticamente con el proceso intelectual (ZIM o zona intermedia) como la forma de existencia que imposibilita que nos experimentemos nosotros mismos y evita que veamos y oigamos el mundo».

«El paciente descubre cómo usa la cabeza para bloquear la experiencia y la percepción».

“El método básico es por medio de la conciencia continua. Se pide al paciente que exprese, alternadamente, en voz alta, la conciencia que tenga de sí mismo y el mundo. Interrúmpasele cuando incluya sus pensamientos…”

“Al trabajar con el medio continuo de la percepción, el cliente comienza a experimentar lo que significa «dejar que las cosas ocurran».

“Cuando el paciente haya aprendido a compartir su percepción de su propio cuerpo y de sus emociones, tal como fluyen, hágase que deliberadamente añada su fantasía. Ejemplo: «Veo tu cuerpo…ME IMAGINO QUE ESTÁS… Yo me siento…»

“Al principio, antes que el paciente haya tenido una conciencia clara de sí mismo, dice que «ve» tristeza, que «siente» fracaso, que «sabe» que alguien lo va a culpar. Presenta como un hecho establecido las diversas variedades de lo que imagina.”

«Al comenzar la terapia «Más del 90% de lo que ocurre es proyección».»Confía siempre en la Gestalt que surge», «con el tiempo algo surgirá».»No empujes el río; fluye por sí mismo». «El flujo interno de los acontecimientos es el estado humano natural». Cada uno de nosotros, en cualquier momento, estamos «interminados o no resueltos emocionalmente», y la naturaleza del flujo emocional es permitir que se transforme en conciencia lo no terminado.»

“Cuando el paciente no indica percepción de lo que a nosotros nos parece un fenómeno evidente y claro, podemos hacer algo mejor que esperar: podemos compartir nuestra percepción. Lo que interesa es percibir al paciente con suficiente claridad para saber si permite el proceso de su propio flujo o si se detiene a sí mismo.”

“Vigílese el retraimiento del paciente, para descubrir qué es lo que evita. Si se siente incapaz de enfrentarse a lo que ocurre en torno suyo en el momento presente, puede pedirle que cierre los ojos y se aleje a fantasear, como quiera. Cuando regresa, se compara el lugar al que ha ido en su fantasía, con la situación aquí y ahora.”

 

 

Fotografía:

Gusanos musicales: canciones que se pegan

A no ser que seas un extraterrestre recién aterrizado en nuestro planeta, lo más seguro es que hayas visto uno de los últimos anuncios de Vodafone, en el que el protagonista no puede dejar de entonar una cancioncilla que fue éxito del verano hace algunos años, con el consiguiente sufrimiento de quienes le rodean. Nuestro pobre hombre está siendo atacado por gusanos musicales:

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https://www.youtube.com/watch?v=W1DPL2LpiQs

Que levante la mano a quien no le haya pasado lo mismo en alguna ocasión. Pero ¿por qué ocurre? ¿qué base neurológica hay detrás de este incómodo fenómeno? ¿hay canciones más convertibles en «gusanos musicales»?

Gusanos musicales: ¿qué son?

Al primero que llamase a este hecho «gusano musical» deberían haberle dado un premio. La definición me parece efectivamente precisa. Porque cuando se te mete una canción en la cabeza, parece como si efectivamente, un pequeño gusano sin forma se moviera a sus anchas en tu cerebro sin que puedas hacer nada por echarlo de allí. El término adecuado es el de imaginería musical involuntaria.

En su libro «Musicofilia» Oliver Sacks dedica un capítulo entero llamado «Gusanos cerebrales, música empalagosa, y melodías pegadizas» a este tipo de fenómenos.

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Gusano musical

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Ante la pregunta de ¿por qué ocurren? la hipótesis que plantea es que de algún modo nuestro cerebro evolucionó con una gran capacidad para repetir sonidos. Hace miles de años nuestros ancestros tenían que aprender a diferenciar los sonidos que escuchaba a su alrededor, distinguiendo cuáles eran peligrosos y cuáles no. Y para poder realizar esta tarea satisfactoriamente se requiere la capacidad de almacenar y repetir estos sonidos.

El problema que plantean es que en la actualidad estamos sobre expuestos a los sonidos. Todos tenemos un teléfono que nos acompaña cargadito de música. Nos la llevamos al gimnasio; la escuchamos en la radio; el las películas, en los anuncios de televisión, etc. Si hace cientos de años el acceso a la música estaba mucho más restringido a ciertos tipos de celebraciones sociales y a la propia producción en los casos más privilegiados, hoy en día podríamos decir que nos la música nos satura.

¿Algunas canciones son más propensas?

Hace unos años la doctora experta en los procesos de memoria Vicky Williamson se propuso estudiar el fenómeno realizando un pequeño experimento.  En colaboración con la BBC, pidió a los oyentes de un programa de radio que compartieran este tipo de episodios con ellos, creando así una pequeña base da datos en la que observó algo sorprendente a primera vista:

«Cuando tuve 1.000 canciones de gusanos musicales en mi base de datos, sólo media docena se habían mencionado más de una vez; así de heterogénea fue la respuesta. Es un fenómeno muy individual». 

Por lo tanto, parece que el tipo de melodías que se alojan incansablemente en nuestro cerebro dependen de cada persona. También se ha observado que poco influye que la canción tenga letra o no, ambos casos pueden convertirse en gusanos auditivos. Eso sí, es más fácil que ocurra si se trata de canciones con una estructura musical sencilla y repetitiva, como por ejemplo las nanas o las canciones infantiles o religiosas.

gusano musical

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Otro aspecto importante es que  es un fenómeno que parece estar íntimamente relacionado con un tipo de memoria más ligada a los recuerdos emotivos. Han visto que las canciones de la infancia, cargadas de recuerdos y emociones son muy propensas a convertirse en gusanos musicales por lo que todo parece indicar que la memoria autobiográfica tiene un papel bastante relevante en el proceso. Ya hace muchos años, el psicoanalista Theodor Reik, (colaborador de Freud) se acercó al fenómeno con curiosidad ya que creía que:

 «Ofrece al analista un indicio para llegar a la parte más secreta de la vida emocional en cada persona».

Independientemente de si las cancioncillas nos traen algún recuerdo emotivo, está bastante demostrado que una vez se te ha alojado un gusano en la cabeza, éste tiene más probabilidades de volver una y otra vez. Esto quedó reflejado en la maravillosa película «Del Revés» en la que un gusanillo musical se pasea por sus anchas en varios momentos de la película atormentando a sus protagonistas:

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https://www.youtube.com/watch?v=euwgRSt5Nrs

 

Cuando los gusanos auditivos se convierten en psicosis

Lo más común es que la experiencia tenga una esperanza de vida corta, unas horas es lo más habitual, y después tal y como han llegado se vayan. Pero ocurre a veces que las canciones se vuelven tan intrusivas que interfieren en la calidad de vida de la persona que las sufre. Podemos hablar entonces de una psicosis musical.

Es el caso de Jack Pudwell quién relata su experiencia en The Guardian, en un artículo llamado:  «Broken Record Syndrome: my life with chronic earworm«. Jack escucha canciones que se repiten en su cabeza todos los segundos de su vida, desde que se despierta hasta que se vuelve a dormir.

Es realmente claustrofóbico leer la experiencia de Pudwell quien relata cómo el hecho de estar contínuamente escuchando el fragmento de una melodía tras otra le llena de ansiedad. Ya no puede ir al cine, componer música le supone un serio problema, y los medicamentos con los que trata de frenar la enfermedad parecen no dar resultado. Tal y como termina el artículo, parece que su única esperanza es aprender a vivir con ello.

Pero  ¿por qué dar con una cura es tan difícil?

¿Qué parte de nuestro cerebro alimenta y aloja a los gusanos?

El problema de tratar de encontrar la parte específica de nuestro cerebro que se encarga de dar cobijo, crear y alimentar a estos pequeños gusanos es la propia naturaleza del mismo.

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gusanos musicales

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Tal y como indica el doctor Sacks en su libro, y como han demostrado tantas y tantas investigaciones: nuestro cerebro es altamente musical. Por ello cuando realizamos una actividad musical el cerebro se activa de una manera sorprendente  y  por ello también es muy difícil separar el módulo o región que provoca estos fenómenos.

Lo que sí que parece es que tiene una base fisiológica. Por ejemplo se ha observado que la ingesta de ciertos medicamentos (como la lamotrigina por ejemplo) que afectan a nuestros neurotransmisores, está relacionado con un aumento de estas canciones pegadizas.

Lamentablemente no hay un remedio «patentado» que solucione las pequeñas intrusiones musicales que todos sentimos de vez en cuando. Algunos investigadores recomiendan realizar alguna actividad que requiera un esfuerzo mental, como un sudoku por ejemplo. Otros recomiendan ponerse a escuchar otras canciones hasta que el gusano desaparezca. Quién sabe, igual Vodafone tenía razón y Spotify sea la solución…

 

Referencias

  • Sacks, Oliver. Del L. (2015)  Musicofilia, relatos de la música y el cerebro. Anagrama.

ZEN: Insistiendo en la respiración

TEISHÔ 3 – TEISHÔ 2 – TEISHÔ 1

La respiración es el fundamento de la vida, anuncia el infinito devenir: la emergencia, la desaparición, y reaparición de nuestra forma a través de la hondura del Ser. Por eso, el ejercicio de la respiración puede, si se comprende y realiza bien bien, sustituir a la oración más profunda, siendo el órgano mediante el que podemos experimentar la trascendencia, el cuerpo que se es, en palabras de Dürckheim.

El ejercicio de la respiración, nos proporciona la posibilidad de ponernos en contacto con la tierra, simbolizada por el bajo vientre, el hara -el auténtico centro-, desde cuya plataforma podemos elevarnos transformados mediante ese continuo fluir de las formas que evolucionan hasta que ese cuerpo se halla en condiciones de manifestar el Ser. Para ello, el primer paso es la apertura, abriéndose más y más hasta sentirse Uno con la Vida. Esa apertura al centro vital del Hara, en la expiración, es la condición previa para que el ser humano se haga transparente, pues sólo quien ha conocido la importancia del hara es capaz de practicarlo responsablemente.

respiración meditación

Mediante el continuo ir y venir de su incansable fuelle, la respiración anuncia por sí misma algo que le es sustancial a la meditación: la acción transformadora que nos hace transparentes al Absoluto. Si somos conscientes de su fluir y del incesante movimiento de vaivén producido en las fases de espiración y inspiración, podremos percatarnos de esa disponibilidad o abandono confiado que la naturaleza persigue, y exige, para que pueda emerger el regalo de la permeabilidad al Ser que nos envuelve. Abandonarse a la trascendencia de “abajo”, para remontar a la de “arriba”.

Esto significa que en el proceso respiratorio se dé, en principio, un abandono sin resistencia; un dejarse llevar, hasta el fondo, a las mismas fuentes de la vida, para que, en un segundo momento, podamos permitir que la inspiración nos traiga el don de una nueva forma. El vaivén de la respiración es un proceso de apertura receptiva a la trasformación. La secuencia respiratoria, interiorizada en la meditación, des-vela la constante demanda del Ser, que, instante a instante, segundo a segundo, interpela nuestra conciencia para que ésta se abra hasta hacerse una con él.

Comenzamos respirando para, llegado un momento, poder constatar con toda nitidez que no respiramos, sino que más bien somos respirados en un soplo indescriptible, e impresionante, que no sólo nos roza, sino que barre por completo nuestras dudas sobre la certeza de esa presencia omniabarcante. Así, la respiración, vivida desde la meditación, culmina en sentirnos respirados por el aliento de una presencia que viene de otro lugar. Por eso la respiración consta de una primera etapa: el “descenso” o abandono en la confianza básica del Ser, que supone un morir a lo viejo; y un segundo momento, que es el devenir de una nueva forma abierta a la Unidad con el Ser.

Y, llegado ese momento ya no existe diferencia entre quien respira y la respiración, sino que más bien uno mismo se transforma en respiración. Entonces no existe centro ni periferia, no hay arriba ni abajo; porque la trascendencia, hecha respiración, ha reventado todos los límites posibles.

La razón de ser de nuestro cuerpo no es otra que la de ser testimonio del Ser, que aspira a realizar su forma en el ser humano. Por eso, en la sentada za-zen es preciso ver dos aspectos:

La posibilidad que se presenta de ABRIRME al Ser, que me interpela resonando en mi interior según la forma que me ha sido dada.

Consolidar ese estado de presencia fuera del ámbito del zendo, en la propia vida cotidiana, transparentándolo en la existencia.

 

En consecuencia, el ejercicio de la sentada persigue el surgimiento y afinamiento constante de la forma que le es propia a nuestro cuerpo hecho respiración, para que por medio de él se perciba con certeza la voz del Ser que nos envuelve. No se trata, pues, de un voluntarismo obsesivo, o de una tenacidad egocéntrica impulsada por el afán de logro, sino, llana y sencillamente, se trata de prestar una cuidadosa atención a esa experiencia radical que nos transciende, y que, interpelándonos a cada instante, aspira a expresarse, a tomar cuerpo, echando sus raíces en la vida cotidiana.

La experiencia nos señala que conforme tratamos de elevarnos, igualmente debemos anclarnos en la tierra, porque el camino de la transformación espiritual no es tal sino en la misma medida en que abarca la transformación del propio cuerpo.

 

En resumen:  

Al vaivén acompasado de la respiración, el cuerpo y la mente van soltando, de modo imperceptible, el lastre de sus límites, mientras las iniciales fronteras se ensanchan más y más al ritmo de los latidos del corazón de fuego del Ser que las expande. Hasta quedar derretidas en su luz.

El ejercicio del Za-Zen se inicia en la respiración y, llegado un instante, el Gran Silencio acaba “respirando” al propio meditador, para luego ambos fundirse en el aliento de la Vida. Surge entonces una inusitada Fuerza que puede con la muerte. Y así desaparece el miedo. Y así se tornan ilusorias las fronteras. Y así todo se convierte en Uno, y uno en Todo. Entonces, todo se vuelve transparente en la amorosa danza de la Unidad que nos habita. Y esa vivencia transforma la mente y cuerpo . Y todo lo que es, se presenta muy claro, enormemente claro…..

En el Za-zen no existe objeto, no se persigue nada; ni siquiera la iluminación, porque el propio Zazen es la iluminación.

 

Fuente:

Fragmento del libro: LA RADICALIDAD DEL ZEN (En 24 teishôs)

Ser feliz: la aventura de amar

Ser feliz es un camino que empieza por la reconciliación interior, por mirarnos bien a nosotros mismos, por abrazar con amor y respeto a todas las partes que nos habitan. Ya sé que a veces vemos comportamientos de alguna parte de nosotros que no nos gustan… y, claro, nos cuesta abrazarlos… De cómo reconciliarnos con ellos es de lo que hablo en este nuevo artículo.

Una de las claves para ser feliz es comprender compasivamente este tipo de comportamientos que a veces tenemos, que a veces son, precisamente, «eso» que no te deja ser feliz… — ¿Feliz? Ay, ¿cómo voy yo a ser feliz con “eso” que tengo…?

 

Ser feliz

 

Observar sin juzgar

Lo primero que podemos hacer es acercarnos a esa parte de nosotros mismos que hace algo que no nos gusta en actitud de respeto y escucha. Observar, simplemente, observar sin juzgar, sin necesidad de cambiar nada… Preguntar a esa parte de nosotros mismos ¿que quieres conseguir? y abrirnos a la sorpresa…

Un cliente me decía que cuando entraba en contacto con la mujer que le gustaba se ponía muy nervioso. Reaccionaba con ansiedad por decir algo interesante o gracioso, algo que hiciera que ella tuviera ganas de quedar con él más veces, de llegar a tener una relación con él… Era tal su ansia que ella en vez de acercarse, se apartaba. Y así cada vez… Estaba muy enfadado con esa parte de él…

Le pedí que dijera a esa parte de él que imaginara que ya había conseguido lo que quería, que la chica tuviera una relación con él… Y que me dijera como se sentía… Peor, más nervioso aún… Imaginaba todo el tiempo que “tendría” que pasar con ella… Ella acabaría por conocerle y no le iba a gustar…

Lo que esa parte de él que se ponía nerviosa quería conseguir era gustar a la chica… Así que le pedí que sugiriera a esa parte de él que imaginara que a la chica le gustaba como era él y como era su vida, que su relación se consolidaba y duraba años… toda la vida… Luego le dije,

 — Y ahora que todo esto ya está ocurriendo, me gustaría que preguntases a esa parte de ti que quiere conseguir a través de esto que sea aún más importante

—  Que sienta que yo valgo, que me sienta aceptado y valioso tal y como soy — respondió él con sorpresa tras un largo silencio— Y yo seguí preguntando…

—  Y a través de eso, ¿que quiere conseguir esa parte que sea aún más importante?

— Que yo me acepte a mí mismo, que me valore a mi mismo…

— Y a través de eso, ¿que quiere conseguir, aún más importante?

— Que yo esté en paz, que me sienta en paz

Cuando nos abrimos a escuchar a esas partes de nosotros que no nos gustan, nos podemos sorprender de los mensajes que surgen de sus profundidades. Ese hombre que estaba buscando la aceptación de la chica, en realidad quería encontrarse con la aceptación de sí mismo… Ese hombre que en el proceso de buscar la aceptación se ponía nervioso, en realidad, lo que quería encontrar era la paz…

Ser feliz

 

Escuchar la intención positiva

El trabajo ericksoniano y la PNL asumen que todo comportamiento humano tiene una intención positiva. Quiere hacer algo bueno por ti. Ya sé que parece paradójico que esa parte de ti que quiere conseguir la paz, se ponga ansiosa para ello… que esa parte de ti que quiere que te aceptes a ti mismo, busque esa aceptación en el otro… Ya sé que es paradójico pero cuando exploramos lo que quieren obtener nuestras partes internas observamos muchas veces estas paradojas… Y podemos ir preguntando a la parte con  esos sucesivos “¿que quieres conseguir?” para ir descubriéndolas.

Y luego preguntarnos también, como hice con mi cliente,

— ¿Qué has aprendido de esto?

— Que no necesito mirar a otra persona para empezar a mirarme bien a mi mismo

— ¿Y que vas a hacer con esto?

— Dejar de echar afuera la culpa de mi ansiedad y arreglar las cosas conmigo mismo para aceptarme y estar en paz

El síntoma nunca es el problema. Cuando profundizamos en el síntoma, vemos que hay debajo y encontramos el problema. Cuando descubrimos la intención profunda de nuestras partes internas, encontramos su intención positiva, aquello de bueno que quieren hacer por nosotros.  Y es entonces cuando podemos elegir mantener esa intención positiva, honrarla y respetarla, y obtenerla de otra manera que sea más saludable y eficaz para nosotros.

Habrá quien me diga que no sabe que quiere conseguir esa parte de él o ella que hace algo que no le gusta. Y eso está bien. Lao Tzu decía:

“Las personas son difíciles de guiar
cuando creen que saben las respuestas.
Cuando saben que no saben,
encuentran su propio camino”.

Si sabes que no sabes puedes encontrar más fácilmente tu camino porque estás abierto a escuchar… a escucharte a un nivel más profundo. Y eso es precisamente lo que necesitamos aquí, quedarnos en silencio y esperar a que la respuesta llegue. Puedes darte permiso para “apagar” momentáneamente tu mente racional y esperar en silencio. Sin ir a buscar la respuesta. Que sea la respuesta la que te encuentre a tí.

Quizá al principio no sea fácil, simplemente, porque no estamos acostumbrados a darnos este espacio íntimo para escucharnos a un nivel más profundo. A pesar de ello, puedes concederte tiempo para explorar. Tómate tu tiempo. Puedes concederte todo el tiempo que necesites. La mente tiene horror al vacío. Confía. La respuesta acabará apareciendo. Y con el entrenamiento el proceso se irá haciendo más fácil.

 

Ser feliz: la aventura de amar

 

¿Cómo te relacionas con esa parte de ti?

Quizá también puede ocurrir que estés enfadado con esa parte de ti que hace cosas que te disgustan y… haya que mejorar la relación con la parte antes de hablar con ella… Las partes de nosotros son como las personas. Si las ignoras o las rechazas, no querrán hablar contigo… Si tú sintieras que otra persona te rechaza, te ignora… ¿estarías dispuesto a abrirte a ella en confianza, a hablarle de forma íntima?

Cómo decía al principio, lo primero que necesitamos es acercarnos a esa parte de nosotros mismos que hace algo que no nos gusta en actitud de respeto y escucha. Ya sé que mi mente racional no lo comprende pero seguro que quiere hacer algo bueno por mí.

También necesitamos no quedarnos en la superficie del asunto sino profundizar. Quizá la primera vez que le preguntes a la parte ¿qué quieres conseguir?, te responda “venganza”, y no te sientas muy confortable con esa respuesta. Tranquilo, tranquila. Sigue preguntado y a ver a dónde te lleva eso. Puedes decir a la parte que imagine que ya ha conseguido su venganza y pedirle que vaya más allá, preguntándole:

— Ahora que ya has conseguido tu venganza, que quieres conseguir a través de ella que sea aún más importante

Quizá su siguiente respuesta sea “que te sientas protegida/o” y ya te sientas más confortable con esta segunda respuesta. Puedes profundizar todo lo que quieras. Sólo tienes que apuntar cada respuesta, cada resultado que la parte desea, y utilizarlo para preguntar de nuevo que quiere conseguir a través de ello que sea aún más importante.

Con las partes internas nos pasa como con las personas. Cuando hallamos un terreno común, unos intereses comunes, nos acercamos. Cuando nos damos cuenta de que quieren hacer algo bueno por nosotros, nos reconciliamos con ellas. Aunque hayan podido estar equivocadas, sentimos compasión y agradecimiento por su intención positiva. Como una madre que quería lo mejor para su hijo pero no acertó en la forma de dárselo.

Cuando somos capaces de aceptar todas las partes que nos habitan, somos capaces de reconciliarlas y de hacer que trabajen en equipo, a favor nuestro.

 

Ser feliz

 

La aceptación

Otra forma de hablar de esto es hablar de  “Quiero X pero hago Y”. Muchos de los temas que llegan a la consulta se pueden plantear en estos términos de dualidad “Quiero X pero hago Y”. “Quiero adelgazar pero como helado cada noche”. Así que hay una parte de mí que quiere “X” y otra parte de mí que hace “Y”. Normalmente tiendo a rechazar a esa parte de mí que come helado y cuanto más la rechazo, suele ocurrir que… más helado como y más a menudo… Y cuando el Plan A falla (rechazar esa parte de mi que tiene el problema), es bueno saber que existe un Plan B (aceptarla).

Quizá simplemente necesito escuchar y aceptar a esas partes de mí, confiar en que quieren hacer algo bueno por mí, para empezar a resolver. La parte que quiere que adelgace, quizá simplemente quiere que esté sano físicamente. La parte que come helado quizá simplemente quiere calmar mi ansiedad, que esté sano emocionalmente. Y la intención de relajarse es una intención positiva que merece ser honrada, protegida, merece ser mantenida. Y a partir de ahí, hay tantas maneras de obtener esa intención positiva, hay tantas maneras de relajarse distintas de comer helado cada noche… Así que puedo mantener mi intención positiva y obtenerla de otra manera.

La aceptación de esas partes de nosotros mismos que no nos gustan supone el inicio del cambio que conduce a la resolución del problema.

 

Ser feliz

 

“La aceptación es el principio del cambio” (Stephen Gilligan PhD)

“Todo cambio empieza por una reconciliación interior” (Luis Bueno)

“Lo que rechazas, te somete. Lo que aceptas, te transforma” (Carl Jung)

 

Estas ideas pueden entenderse a través de la historia del siguiente video.

 

 

Ser feliz: la aventura de amar

Está bien saber que la aceptación, la reconciliación interior, nos conduce a la resolución del problema. Es útil y práctico. Sin embargo, para mí no se trata de utilizar la aceptación sólo con un carácter instrumental, como un medio para conseguir un fin. Para mí lo más importante es que aceptarte tal y como eres es un fin en sí mismo y la fuente de la que puedes beber para sentirte feliz. La vida es la aventura de aprender a amar y la primera lección es la de amarte a ti mismo. Para mí de esto es de lo que  trata “ser feliz”. Ser feliz trata de la aventura de aprender a amar.

Una cliente me dijo que quería ser feliz y disfrutar de la vida. Empezamos a trabajar con eso hasta que empezaron a salir cuestiones más concretas. La primera en surgir fue “estoy peleada con todo”, en realidad, “estoy peleada conmigo misma”…

Ella es una mujer con una vida agradable, bien organizada, fácil, trabaja en lo que le gusta, se lleva bien con su familia, tiene amigos, sale… Y sin embargo siente que le falta disfrutar de la vida, que le falta sentirse feliz…

Habrá personas que no entiendan la insatisfacción de esta mujer. Yo si la comprendo. ¿Cómo alguien puede ser feliz y disfrutar de la vida mientras está peleado consigo mismo? No es fácil que lo consiga. Son tiempos de conflicto, de guerra interior… Y si no estoy bien conmigo misma tampoco voy a poder estar bien con el otro, con las personas que me rodean y con mi entorno…

Buen trato, aceptación, amor

Muchas veces detecto que el lenguaje que los clientes usan consigo mismos… no es el propio de darse buen trato. Se juzgan y se condenan duramente. Alguna vez les pregunto ¿consentirías que tu jefe te hablara de ese modo? o ¿permitirías que tu pareja te dijera esas cosas? La respuesta siempre es no… Se dan un mal trato a ellos mismos que no consentirían recibir de nadie más… Y entonces les pregunto ¿qué vas a hacer con esto?, ¿buscar una casa de acogida?

A todos nos puede pasar esto a veces. Todos hemos podido hacerlo en algún momento de nuestras vidas. Yo también. Y esa ausencia de buen trato la tenemos con aquellas partes de nosotros que nos disgustan. Quizá haya llegado el momento de empezar a darlas buen trato porque… ¿cómo no voy a ser amable con esas partes de mí que, precisamente, más lo necesitan…? ¿Cómo voy a dejar de darme amor en el momento que más lo necesito…? Es que acaso… ¿puedo dejar de amar para amar?

Ser feliz es un camino que empieza por aceptarnos a nosotros mismos tal y como somos, con nuestras luces y nuestras sombras… Y curiosamente cuando la sombra se ilumina, también se hace luz… Como hemos visto, la sombra también tiene su intención positiva… también tiene su luz…

Ser feliz es un camino que empieza por amarte a ti mismo. Incluso hay quien dice que empieza y acaba… porque cuando te amas a ti mismo tal y como eres, también puedes empezar a amar a la vida tal y como es… y empezar a sentir que la vida también te ama a tí…

Un abrazo de corazón,

Ana F. Luna

PCC Coach y Máster en Psicoterapia

Bibliografía (libros y artículos en internet):

  • Integración de partes con PNL: Libro “La Transformación Esencial”  Connirae y Tamara Andreas. Ed. Gaia
  • Integración de partes con EFT: Artículos publicados en el Boletín de la Asociación Hispana de EFT:

“Un viaje hacia la reconciliación interior (Parte 1)”

“Un viaje hacia la reconciliación interior (Parte 2)”

  • Ser Feliz: Artículos publicados en Psiquentelequia:

“Cómo Ser Feliz”

“Ser feliz: un viaje hacia la reconciliación interior,”

La entrega, un camino de no-resistencia

¿Entrega o sacrificio?

Hace poco escuché hablar en algún lugar, de cuyo nombre no es que no quiera acordarme pero no recuerdo, de la diferencia entre el sacrificio y la entrega. En realidad, ni siquiera estoy segura de que estos fueran los términos utilizados, pero si escribo hoy acerca de la entrega como un camino de no-resistencia es porque me di cuenta de cuanto cambia la acción dependiendo de la forma en que la hagamos.

Cuando realizamos una acción por la acción misma, sin ninguna expectativa, disfrutando del proceso de aquello que estamos haciendo, permitiéndonos sentir lo que sentimos, esa acción se convierte en un acto de entrega. Por el contrario, cuando ponemos nuestro empeño en conseguir algo, como el reconocimiento, el agradecimiento, que nos valoren, éxito, dinero, etc. convertimos es misma acción en un sacrificio, algo que nos cuesta un esfuerzo y que vamos a que se vea compensado.

 

¿Quién pagará el sacrificio?

Vivimos en una sociedad donde el esfuerzo es un valor importante y, sin quitar mérito a todo lo que puede enseñarnos en un momento dado, ¿por qué algo que ha costado un esfuerzo tiene más valor que algo que se ha hecho sin esfuerzo?

Os invito a acompañarme en este proceso de valorar hasta qué punto el esfuerzo nos aporta algo y hasta qué punto se convierte en un sacrificio que alguien tendrá que pagar.

Creo que el esfuerzo nos ayuda a veces a valorar las cosas o a valorarnos a nosotros mismos, ya que nos genera la sensación de superación.

Por ejemplo, caminar hasta la cima de un pico elevado, esforzarse para pasar unos exámenes, correr una maratón, hacer a alguien un regalo en el que nos implicamos personalmente, conseguir un puesto de trabajo demostrando nuestras capacidades… Son ejemplos de cosas a las que dedicamos un esfuerzo y que en un momento dado nos pueden hacer sentir bien. Sin embargo, en todos los casos mencionados hay una expectativa, una intención final que nos genera dolor si no se produce el efecto buscado: podría no llegar a la cima y sentirme frustrada, podría suspender los exámenes y sentir que no valgo para lo que estoy estudiando, no terminar la maratón y sentir que he entrenado en vano todo este tiempo, etc. Entonces el esfuerzo parece volverse en nuestra contra y puede que lo cubramos con un esfuerzo aún mayor o bien desistiendo.

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¿Existe la posibilidad de entregarse a la acción sin esfuerzo?

La respuesta es que sí, podemos actuar sin esfuerzo siempre que no pongamos la atención en el fin sino en el proceso. Dicho de otro modo, siempre que nos entreguemos al proceso sin pre-ocuparnos del resultado. El sacrificio o el esfuerzo es fruto de la resistencia, de una mente que se resiste a sentir lo que está sintiendo. Para no sentir lo que estoy sintiendo en el proceso fijo la atención en el resultado, en lo que voy a conseguir a través de todo lo que estoy haciendo. Cuando soltamos las resistencias entonces nos abrimos a vivir lo que estamos haciendo sin esfuerzo. ¿Y cómo podemos soltar las resistencias? Abriéndonos a sentirlas y acompañándonos en lo que estamos sintiendo.

Cocinar sin esfuerzo

Veamos un ejemplo, mi pareja me pide que le haga la comida y de pronto a mi no me apetece ponerme a cocinar, pero también me sabe mal decirle que no y opto por hacer el esfuerzo y ponerme a cocinar. No me voy a parar a analizar si debiera o no acceder a cocinar, baste con notar que posiblemente haya accedido por contentar al otro y con el fin de ser vista por él. El caso es que me pongo a cocinar y ahora tengo dos opciones, hacerlo desde el esfuerzo o hacerlo desde la entrega. Si me resisto a hacer lo que estoy haciendo, entonces conectaré con el sacrificio, cocinaré a regañadientes o bien “con todo mi cariño” pero buscando sólo conseguir que el otro me esté agradecido y me de a cambio un poco de su amor.

Sin embargo, puedo optar por cocinar desde el amor (y no para conseguir amor) y soltar toda resistencia a hacer lo que estoy haciendo. Entonces haré la comida con todo mi cariño, no para el otro sino por el goce mismo de cocinar. Si una vez me he puesto a cocinar sigo sintiendo que no me apetece y esa sensación de resistencia sigue ahí no me quedará más remedio que sentirla, sentirla plenamente, sentir que estoy actuando de forma esforzada y sacrificada. Y puedo parar de cocinar y decir “no, no me apetece hacer la comida” o seguir cocinando mientras siento lo que siento, tal vez rabia por estar haciendo algo que no quería, tal vez frustración por no saber decir “no”… En realidad no importa lo que haga sino si puedo entregarme totalmente a ello.

Acción sin apegos, acción libre

Cuando nos entregamos a lo que estamos haciendo la resistencia y la rabia se disipan, entonces puedo cocinar simplemente disfrutando del proceso de cocinar, sin saber si el plato saldrá rico o no, sin importar si la otra persona lo valorará o no porque ya no hace falta que lo valore, yo misma estoy valorándolo, entregándome a vivir el proceso, sentirlo y realizarlo de la mejor manera que sé, sin esfuerzo, sin sacrificio, simplemente viviendo con presencia lo que estoy haciendo.

 

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Una de las enseñanza más preciadas de la Bhagavad Gītā, texto fundamental del hinduismo, es el yoga de la acción: realizar la acción por la acción misma sin apegarnos al resultado

“Tu interés debe centrarse sólo en la acción, nunca en los resultados. Los frutos de la acción nunca deberían ser el motivo de tu acción y tampoco deberías apegarte a la inacción” (Bh.G. II,47)

Cuando olvido el amor

Incluso cuando se trata de algo que nos gusta pueden aparecer resistencias si ponemos la atención en los resultados. Incluso aquello que tanto nos gustaba se convierte en un sacrificio, porque nuestra energía se centra entonces en algo que no es lo que estamos haciendo en ese momento.

Por ejemplo, inicio un proyecto que me ilusiona y con toda la ilusión comienzo a trabajar en él entregándome por completo. Al poco tiempo comienzan a aparecer resistencias que normalmente tienen que ver con los resultados: ¿saldrá bien?, ¿les gustará a los demás?, ¿qué pensarán de mí?, ¿ganaré suficiente dinero para pagar las facturas?, ¿cómo puedo plantearlo para que el proyecto tenga éxito?, ¿valgo realmente para esto?,etc. Poco a poco la energía ilusionada con la que comencé a trabajar comienza dispersarse y cada vez me cuesta más esfuerzo dedicarme a él. Olvidé el amor que me llevó a entregarme espontáneamente a dicha actividad y claudiqué frente al miedo y la resistencia, dando las riendas a una serie de pensamientos con los que huyo de mi centro. ¿Será que no me atrevo a darlo todo, a entregar todo mi ser en el proyecto? (Donde digo proyecto valga cualquier actividad).

Cuando las resistencias aparecen, a punto de convertir la entrega en sacrificio, no podemos negarlas sin más, ya que por un lado u otro acabarán manifestándose. ¿Qué ocurre si me abro a sentir esas resistencias, sin que eso signifique que me identifique con ellas y me crea todo lo que la mente dice? Al abrirme a sentir las resistencias puedo descubrir el miedo que se esconde tras ellas y observar lo que sucede entonces en mí. Desde ahí puedo entregarme y abandonar la resistencia, hacer simplemente lo que estoy haciendo en este momento, con todo mi ser, con todas mis resistencias entregadas; darme cuenta de que el sacrificio nace del miedo mientras que la entrega nace del amor y para que el miedo deje paso al amor hay que acogerlo amorosamente.

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Neurobiología de la honestidad I

 

Estamos en la cola para entrar al parque de atracciones cuando vemos un cartel que pone “niños hasta 12 años entrada reducida”. De repente nuestro hijo adolescente, el cual acaba de cumplir catorce años y luce más bigote que Super Mario Bros, resulta que tiene doce. Andamos un par de metros y nos encontramos de frente con otro cartel que indica sin ambigüedades que no podemos introducir en el recinto comida o bebida alguna. Sin embargo, nuestras mochilas contienen bocadillos, chips y refrescos suficientes como para montar un puesto de ultramarinos improvisado. Nos hacemos los locos.

Una vez dentro del recinto nos encontramos con un ex-compañero de trabajo. Ante el “¡Hombre! ¿Cómo estás? ¿Qué tal todo?” habitual, contestamos “¡Muy bien! La verdad es que no me puedo quejar”. ¿En serio? La noche anterior apenas pegamos ojo por la tensión y el dolor de espalda que nos genera la decisión de querer dejar el trabajo y, para colmo, el perro está enfermo. Pero estamos “¡Muy bien!”. Media hora más tarde, mientras nuestro “Super Mario” hace cola para subir al Tornado, nos suena el teléfono móvil. Rápidamente la pantalla nos informa que ha llegado a la bandeja de entrada un nuevo correo de trabajo dispuestos a amargarnos nuestro día libre con asunto “URGENTE”. Decidimos ignorarlo: “¡Si hombre!… ¡estoy de vacaciones!”. Cuando al día siguiente nuestro jefe nos llama por teléfono contestamos sorprendidos: “¿Correo? ¿Qué correo? Yo no he recibido ningún correo”.

¿Te imaginas cómo sería la vida de una persona, una sociedad o un planeta que miente cada 3 minutos? Este artículo recoge unas pocas pinceladas de la investigación que he llevado a cabo en los últimos meses. ¿Influye vivir la vida de forma deshonesta a nuestro organismo? ¿Qué efectos tiene a nivel neurológico y biológico un acto deshonesto? ¿Es posible cambiar nuestra forma de actuar desde un punto de vista neurobiológico? Comencemos.

 

Los seres humanos mentimos

Removiendo en el baúl de los estudios científicos encontramos un buen puñado de ellos que tratan de establecer el papel de la mentira en la vida diaria de las personas. Para hacernos una idea de por donde van los tiros seleccionaremos dos de ellos. La investigadora de la Virginia University Bella DePaulo llevó a cabo un experimento que concluyó con datos interesantes: en una semana cualquiera mentimos a un 35% de las personas con las que entablamos una conversación. En el caso del trabajo de Robert S. Feldman de la University of Massachusetts los datos revelaron que solemos mentir una vez cada 3 minutos de media.

 

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Dejando a un lado los números, la honestidad es un bien escaso. Los investigadores coinciden en que leemos menos de lo que presumimos, flirteamos más de lo que admitimos, exageramos los comentarios que nos hieren, compramos las cosas más caras de lo que reconocemos, fumamos más de lo que admitimos o hacemos menos ejercicio del que proclamamos. La mentira forma parte de nuestras vidas hasta tal punto que vemos el engaño como un mecanismo crucial para el adecuado funcionamiento de nuestra sociedad, llegando a desarrollar algoritmos capaces de detectar mentiras analizando la sintaxis de las oraciones (como en el caso del Dr. Ludwig y su equipo). En poco tiempo, éstos algoritmos busca mentiras podrán utilizarse con la misma naturalidad que el corrector ortográfico en el Word o en nuestro gestor de correo.

 

El cerebro honesto: de la mentira a la honestidad

Las neuroimágenes nos permiten observar qué ocurre dentro del cerebro de una persona cuando realiza una actividad concreta (por ejemplo cuando engaña o miente) sin necesidad de rebanarle el cráneo. La resonancia magnética funcional es una forma de entrar, echar un vistazo a la actividad cerebral (concretamente a los niveles de oxígeno en sangre que consumen las neuronas) y salir de puntillas. ¡Aquí no ha pasado nada! Aunque sabemos que no todas las personas emplean las mismas áreas cerebrales para llevar a cabo la misma acción, es común generalizar.

Pongámonos la bata blanca y adentrémonos en el Virginia Tech Carilion Research Institute americano para descubrir qué área del cerebro es crucial en la honestidad. En sus instalaciones, un grupo de científicos ha estudiado el cerebro de 7 pacientes con lesiones en la corteza prefrontal con ayuda de un dispositivo de resonancia magnética funcional, y han concluido que esta región juega un papel fundamental en la honestidad. Para situarnos, la corteza prefrontal corresponde a la zona que cubrirías con la mano si la pones sobre la frente. Bien, primer paso superado: parece que tenemos “localizada” a la honestidad.

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Ahora alquilemos un coche y conduzcamos hasta el estado de Pensilvania para visitar su universidad. Tras preguntar en conserjería por el doctor Langleben, llegamos al departamento de radiología y psiquiatría de la Universidad de Pensilvania. Entre los experimentos llevados a cabo por el grupo de investigación, nos centraremos en un estudio realizado en el 2002 el cual reveló algo increíble: antes de que la mentira se comunique a las demás personas se activa una alarma en una zona de la corteza prefrontal conocida como corteza cingulada anterior.

Aquí encontramos una paradoja. Todos pensamos que una mentira se forja cuando se expresa a los demás y que nunca existirá si no la llegamos a comunicar a otras personas. Por contra a esta idea, los trabajos realizados en los laboratorios apuntan a que para nuestro organismo las reglas son diferentes: no importa si se comunica o no. El cerebro humano dispone de un “detector de honestidad” situado en la corteza cingulada anterior que responde no a si mentimos o decimos la verdad a las personas que nos rodean, sino al simple hecho de ser honesto o no.

 

Biología y fisiología de la honestidad

Hemos descubierto que pensar en algo deshonesto hace saltar nuestro detector de honestidad. El siguiente paso sería determinar qué procesos biológicos y fisiológicos promueve nuestro detector cuando saltan las alarmas. La honestidad se comporta como un catalizador que hace al organismo adoptar una composición química característica a toda velocidad. Acerca de cómo se lleva a cabo este proceso, de cómo un pensamiento deshonesto puede convertirse en un cambio químico y deambular por nuestra sangre, ya hablamos con anterioridad en el artículo “Sentimos lo que pensamos”.

Para conocer a las estrellas del espectáculo no tenemos más que analizar una muestra de saliva o sangre de una persona que está siendo deshonesta; los focos se prenden ante el cortisol y la testosterona {Lee, 2015 #160}. Éstas hormonas se comportan como palomas mensajeras que promueven diferentes procesos fisiológicos que podemos medir. El cortisol es conocido como “la hormona del estrés”, y encontrar niveles elevados en sangre se asocia con un aumento de la presión en las arterias, la aceleración del corazón, agitación de la respiración o dilatación de las pupilas. La otra co-protagonista, la testosterona, es la “hormona masculina” por excelencia (aunque las mujeres también la producen en menor cantidad), y su función es disminuir, entre otras cosas, nuestra empatía con el mundo.

Ahora bien, que nadie se ponga apocalíptico. Nuestro organismo viene de serie con las herramientas necesarias para deshacer un acto deshonesto y restablecer el funcionamiento habitual del cuerpo. Una vez pasado el episodio deshonesto todo vuelve a la normalidad a no ser que encadenemos un acto deshonesto tras otro, ya que el cortisol y la testosterona se mantendrían permanentemente en el terreno de juego. Niveles elevados de éstas hormonas de forma “crónica” nos hacen firmes candidatos a padecer desajustes en la tiroides (una glándula con forma de mariposa que tenemos en el cuello e influye en las reacciones químicas que se dan en nuestro cuerpo), trastornos inflamatorios, diabetes o hipertensión arterial  

 

¿Es contagioso el engaño?

 

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Una mentira que queda en nuestra mente, sea o no proyectada al exterior, nos afecta tal y como descubrió doctor Langleben y sus colegas. Ahora bien, cuando la compartimos y la hacemos real se intensifica en nuestro organismo y contagia a las personas que están a nuestro alrededor. Del mismo modo que una persona que se encuentra a nuestro lado mientras nos encendemos un cigarrillo es un fumador pasivo, un observador que presencia cómo robamos o engañamos es una “víctima” pasiva de nuestra deshonestidad. Ten Brinde y su equipo de colaboradores demostraron que el organismo del observador se comporta como si él mismo estuviese cometiendo el acto deshonesto, viéndose afectados parámetros como la actividad eléctrica de la piel y el funcionamiento del sistema cardiovascular entre otros. Este mecanismo puede ser explicado mediante el funcionamiento de las neuronas espejos (motor de la empatía en los mamíferos) del que hablaremos a su debido tiempo.

Dando la vuelta a la tortilla descubrimos algo más que interesante: no sólo transmitimos a los demás el acto deshonesto, sino también los actos de honestidad. Cuando presenciamos acciones honestas nuestros niveles de cortisol y testosterona en sangre disminuyen, a la par que se establece un vínculo con el autor.

 


En el próximo artículo… 

Hasta aquí nuestra primera aproximación a la honestidad. En la segunda parte del artículo “La neurobiología de la honestidad” continuaremos con nuestras incursiones por laboratorios de todo el mundo con el fin de descubrir que ser honestos ralentiza el envejecimiento celular, mejora la salud y nos hace más longevos, que somos pésimos detectores de mentiras y que, en definitiva, la honestidad es un acto de empatía con uno mismo. Seguiremos desarmando de manera sencilla y asequible los entresijos del cerebro honesto, y avanzaremos hasta descubrir cómo podemos comenzar a ser honestos en el mundo que vivimos.


 

Referencias

  • DePaulo, B.M., et al., Lying in Everyday Life. J of Personality and Socual Psychilogy, 1996. 70(5): p. 979-995.
  • Ludwig, S., et al., Untangling a Web of Lies: Exploring Automated Detection of Deception in Computer-Mediated Communication (Journal of Management Information Systems, Forthcoming., 2016.
  • Zhu, L., et al., Damage to dorsolateral prefrontal cortex affects tradeoffs between honesty and self-interest. Nature Neuroscience 2014. 17: p. 1319–1321.
  • Langleben, D.D., et al., Brain activity during simulated deception: an event-related functional magnetic resonance study. Neuroimage, 2002. 15: p. 727–732.
  • Lee, J.J., et al., Hormones and ethics: understanding the biological basis of unethical conduct. J Exp Psychol Gen, 2015. 144(5): p. 891-897.
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La sexualidad infantil

A finales del siglo XIX, Sigmund Freud desarrolla al Psicoanálisis como un método para explorar los procesos mentales inconscientes. También como una técnica para tratar las enfermedades mentales. Uno de sus constructos fundamentales es la relevancia de la sexualidad en la constitución del sujeto. En la época victoriana hablar de la sexualidad infantil era casi un pecado. En su obra Tres Ensayos de Teoría Sexual (1905), Freud expone cómo en ese momento la opinión popular asumía la creencia de que lo sexual falta en la infancia. Incluso en la actualidad hay sectores que consideran que la sexualidad sólo se activa en la pubertad, como por arte de magia.

A partir de los trabajos de Freud, se acepta que la sexualidad está presente desde la infancia y se desarrolla hasta la edad adulta. Definitivamente, los (as) niños (as) no experimentan las pulsiones sexuales del modo en que lo hacen los adultos. Es importante conocer las bases de este desarrollo para la comprensión del ser humano y su psiquismo. Aún cuando hoy este tema sigue siendo tabú, muchos de los conceptos freudianos se han insertado en el discurso social. También, han contribuido al surgimiento de otras teorías que han sido fundamentales para comprender este proceso.

sexualidad infantil

En los últimos días en mi país se ha desatado una lucha campal entre dos bandos que apoyan o rechazan un proyecto de ley. El mismo propone la educación sexual en los colegios, entre otras iniciativas vinculadas a la llamada salud sexual y reproductiva. Uno de los aspectos que crea más polémica es “hablar de sexo” con niños en edad escolar primaria. Se han expuesto argumentos válidos a favor y en contra. Igualmente se han divulgado muchos mitos sobre lo que es la sexualidad y cómo se manifiesta en la niñez. Ensayaremos esclarecer algunos conceptos básicos.

 

¿Qué es la sexualidad?

Es muy importante resaltar que en la teoría psicoanalítica, la sexualidad se distingue de la genitalidad. Tomemos como referencia la definición propuesta por Laplanche y Pontalis en su Diccionario de Psicoanálisis:

En la experiencia y en la teoría psicoanalíticas, la palabra sexualidad no designa solamente las actividades y el placer dependientes del funcionamiento del aparato genital, sino toda una serie de excitaciones y de actividades, existentes desde la infancia, que producen un placer que no puede reducirse a la satisfacción de una necesidad fisiológica fundamental (respiración, hambre, función excretora, etc.) y que se encuentran también a titulo de componentes en la forma llamada normal del amor sexual.

La sexualidad se constituye desde la infancia como la búsqueda de un placer que se apuntala en las necesidades fisiológicas pero que las sobrepasa. Freud lo ejemplifica con el chupeteo, y expone los trabajos del pediatra húngaro S. Linder. Cuando un bebé nace, su reflejo de succión existe para que pueda satisfacer la necesidad biológica de alimentarse. Además, se establece un vínculo estrecho con la madre mediante el amamantamiento, el acto de ser alimento. Es un momento idílico entre ambos, en el cuál ella lo mira y acaricia: la primera experiencia de satisfacción.

En un mundo ideal, madre y bebé permanecerían en esta situación siempre. Sin embargo, hay componentes de la realidad que los separan por momentos. Posteriormente, el niño chupetea aún cuando no tiene hambre, buscando una experiencia similar a esa vivencia anterior. Aquellos que hayan tenido bebés o los hayan observado, habrán notado que en muchas ocasiones chupetean mientras duermen. Más adelante, algunos cuidadores primarios captan este fenómeno y le ofrecen al niño un chupete, si es que no ha encontrado su dedo pulgar primero. Esto es una manifestación de la sexualidad en el infante: la búsqueda del placer en su boca aún cuando no tenga hambre.

sexualidad infantil

 

Las zonas erógenas

Durante distintas etapas de la infancia, existen zonas del cuerpo privilegiadas en la búsqueda de ese placer que queda luego de satisfacer las necesidades fisiológicas. Freud las denominó zonas erógenas, pues son fuentes de una tensión que debe calmarse, y a la vez son el objeto o el lugar en el cual se satisface. Como mencionamos el ejemplo de la boca de donde surge el empuje a succionar, y que se colma en sí misma en el chupeteo. En este sentido, la sexualidad en el infante es auto-erótica, pues se satisface en su propio cuerpo.

Como ya mencionamos, el niño no concibe la sexualidad como lo hace un adulto. Tiene sensaciones placenteras en su cuerpo, sobre todo en áreas que por su anatomía están de cierto modo predestinadas. Es en la adolescencia donde despiertan los deseos sexuales propiamente, que van dirigidos hacia un otro. Más adelante, en la vida adulta la sexualidad estará al servicio de la reproducción, y la satisfacción de las pulsiones parciales  formarán parte del acto sexual. Esto se da porque persisten en el sujeto esas formas de satisfacción de su infancia.

 

El desarrollo de la sexualidad

En su obra, Freud propuso una serie de fases (hipotéticas) del desarrollo de la organización sexual. Denominó pregenitales a las organizaciones de la vida sexual en que las zonas genitales todavía no han alcanzado su papel predominante. En su obra explica que:

Normalmente, estas fases de la organización sexual se recorren sin tropiezos, delatadas apenas por algunos indicios. Sólo en casos singulares calificables como patológicos son particularmente activadas y se vuelven notables incluso a una observación grosera.

  • Fase oral: En el primer año de vida la alimentación es la función principal en el desarrollo del infante. Durante el mismo, el placer del bebé está ligado a la cavidad bucal y los labios, que hacen contacto con el pecho de la madre. Como presentamos anteriormente, el chupeteo ejemplifica lo que ocurre en este momento del desarrollo. Consiste en el resto de placer que queda más allá de la nutrición. Se puede observar cómo los bebés se vinculan con su entorno a través de la boca, buscando introducir en ella cualquier objeto que encuentren. El destete constituye un momento crucial en el cual se le despoja al bebé de esta experiencia.

sexualidad infantil

  • Fase anal: Segunda fase del desarrollo sexual que puede ubicarse aproximadamente entre los dos y los tres años. Se caracteriza por la prioridad de la zona erógena anal. Los niños están descubriendo que pueden tener cierto control sobre sus esfínteres. La madre o los cuidadores primarios esperan que el niño tenga conciencia de esta nueva habilidad, al avisar cuando quieren ir al baño. Posteriormente, se espera de ellos que puedan controlar la salida de las heces cada vez más. Es decir, postergar el momento de evacuar hasta que lleguen al baño. Este nuevo poder adquirido de controlar sus heces produce placer. Las heces en sí mismas, son un regalo (simbólico) a los cuidadores primarios quienes promueven su independencia en este aspecto.

control de esfínteres

  • Fase fálica: Fase que se caracteriza por la primacía del interés en los órganos genitales. Los niños en edad pre-escolar sienten curiosidad por descubrir su propio cuerpo. En ocasiones los niños pueden tocar o exhibir sus genitales, sin tener la connotación de un adulto. Además, se preguntan sobre cuestiones propias de la sexualidad como la diferencia entre los niños y las niñas, el origen de la vida, la relación de pareja entre sus padres, etc. Durante esta etapa culmina el Complejo de Edipo (que expondremos en una publicación posterior) y surgen las identificaciones de los niños por las características de los géneros masculino y femenino. Esto se puede observar en juegos de roles y el interés por diversas actividades que socialmente corresponden a un género u otro. Al finalizar esta fase, tienen más conciencia sobre el concepto de privacidad.

fase falica

  • Período de latencia: Período comprendido durante la edad escolar, antes del comienzo de la pubertad, y que representa una etapa de pausa en la evolución de la sexualidad. Según la teoría psicoanalítica, el período de latencia tiene su origen en la declinación del complejo de Edipo. Surgen las identificaciones con los padres y el desarrollo de las sublimaciones. Es por esto que en este periodo los niños se enfocan en llevar a cabo actividades relacionadas con el aprendizaje, ya sea académico o de otras áreas como el deporte y las artes. Generalmente no demuestran mucho interés en las actividades del sexo opuesto, salvo ciertas excepciones.

periodo de latencia

  • Fase genital: Inicia en la pubertad y está determinada por la organización de las pulsiones parciales bajo la primacía de las zonas genitales. Se pasa del autoerotismo del que hablamos en la infancia, hacia el interés sexual por un objeto u otro.

 

Las teorías sexuales infantiles

Los niños son curiosos por naturaleza, desde su nacimiento exploran su entorno y a sí mismos. Estos cuestionamientos varían cualitativamente en los diferentes momentos de su desarrollo. Como ya vimos, los niños pequeños se preguntan sobre aspectos relacionados con la sexualidad. Transmiten dichas cuestiones a sus padres o cuidadores primarios y también crean teorías que los ayudan a interpretarla. Freud propone las siguientes:

  • El enigma de la esfinge: Con respecto a la diferencia de los sexos, surge la primera teoría sexual infantil. Es el supuesto de que todos los seres humanos tienen el mismo órgano genital: el masculino. Posteriormente, ante la presencia de la realidad, se dan cuenta de que no es así. Esto ocurre cuando los niños pequeños comparan sus propios genitales con los de sus padres o algún (a) hermanito (a). De acuerdo con Freud, esta teoría sexual infantil se basa en la creencia de que todas las personas tienen pene, y que a las niñas no les ha crecido todavía.
  • Teorías del nacimiento: Surgen ante la llegada de un (a) hermanito (a), o cualquier embarazo de alguien cercano. La pregunta predominante es: ¿de dónde vienen los niños? Ya que durante el embarazo el vientre de la madre crece, los niños pequeños generalmente tienen la teoría de que el bebé llegó allí por algún proceso asociado con la alimentación. Los padres y cuidadores en distintas culturas buscan responder con fábulas como la cigüeña o similares.
  • Concepción sádica del acto sexual: Sólo en los casos en los que el niño presencia el acto sexual en una edad temprano, lo interpreta como una especie de maltrato o sometimiento. Esto puede ocurrir en situaciones en las que los padres sostienen que el infante no se entera de lo que sucede por no comprender aún lo sexual. Precisamente por no tener esa comprensión y su inmadurez en el desarrollo de la sexualidad, el niño se lo vive como un acto agresivo.

embarazo

Freud apunta que estas teorías sexuales infantiles son un reflejo de la propia constitución sexual del niño. Dan cuenta de una gran comprensión, acorde con su edad, sobre los procesos sexuales. Sin embargo, luego de la primera infancia el niño renuncia a este interés de saber sobre lo sexual, y dirige sus esfuerzos a otros menesteres.

 

El rol de los padres: amor y límites

Esta temática es bastante compleja para los padres. En la actualidad se considera que es apropiado hablar con los hijos acerca de la sexualidad. La cuestión incómoda es determinar las palabras adecuadas y el momento indicado. Sobre todo, porque en nuestro mundo globalizado y tecnológico, la información está al alcance de un click. ¡Padres y madres, tranquilos! La «educación» en el aspecto sexual va más allá de las charlas sobre sexo, aunque no las excluye. A través de los cuidados y la crianza ya están contribuyendo en el desarrollo de las sexualidad de los pequeños. Vamos a abordar dos manifestaciones de este transcurso, para lo cual retomaremos el planteamiento de Freud sobre la meta de la pulsión sexual en los niños:

La meta sexual de la pulsión infantil consiste en suscitar y producir la satisfacción mediante la estimulación apropiada de la zona erógena que, de un modo u otro, se ha escogido.

Sin embargo, vivir en sociedad nos exige a todos renunciar a la satisfacción de ciertas pulsiones. O por lo menos postergar esta satisfacción a un momento más adecuado. Los padres, como representantes de esta sociedad en el hogar, transmiten estas normas a sus hijos. Los niños desde muy temprano se encuentran con estos límites que son impuestos con todo el amor que sus padres pueden ofrecerles. Consisten en la renuncia que deben hacer los infantes a esta satisfacción de la que se han servido por un tiempo.

Ejemplo de estas renuncias son: el destete, el control de los esfínteres, la prohibición de tocar o mostrar sus genitales en público. Las madres, sin saber que esto se relaciona con el desarrollo de la sexualidad, se preguntan: ¿cuándo es el momento propicio? No hay un manual que defina esto con precisión. En la conexión con sus hijos encontrarán la respuesta. Hay un saber en la madre y en la propia fisiología del niño, sobre los momentos más o menos favorables para que se den estos hitos del desarrollo. Su logro promueve la independencia de los niños en el cuidado de su propio cuerpo. Además, apoya un desarrollo sexual y psicológico adecuado, aunque en el momento estos aspectos no parecen estar vinculados.

 

Hablar de sexualidad con los hijos

Otro aspecto que crea incertidumbre en los padres es la curiosidad de los niños sobre estos temas. Y ahora, ¿cómo responder ante las preguntas de mi hijo (a)? Los padres y madres no quieren “meter la pata”. Les aterroriza plantar ideas sobre sexualidad en sus hijos que luego pueden crear más problemas. Sumado a esto, es incómodo hablar de sexo hasta con personas adultas. Pues otra vez, ¡calma! No existe una única respuesta para el bombardeo de preguntas que reciben los padres. Primero hay que mantener la tranquilidad e indagar de dónde surgen esas preguntas. Los padres pueden continuar esta conversación preguntándole a su hijo (a) qué piensan sobre eso. La respuesta que los padres den a sus hijos deben ser honestas y sencillas. No es necesario explicar más de lo que ellos han preguntado.

Padres - Hijos

Desde una edad temprana, los padres pueden inculcar en sus hijos el carácter del cuerpo como algo que se debe cuidar. Además de aspectos de salud en general, esto se refiere también a la comprensión paulatina de que los genitales son órganos privados, que no deben ser exhibidos por los niños. También, en los posible velar porque los pequeños no presencien actos sexuales que como ya hemos visto son interpretados como agresivos.

Más adelante en la pubertad y en la adolescencia, los padres pueden ser más explícitos con respecto a los procesos propios de la sexualidad. Cada familia encontrará la manera de abordar este tema de una forma satisfactoria para todos. La sexualidad es un aspecto fundamental en la constitución de la psique del sujeto. No podemos suponer que en todos los casos este transcurso de dará de forma regular o de acuerdo con lo esperado. Lo fundamental es el amor y los límites que serán el marco para el crecimiento de todo (a) niño (a).

 

Referencias bibliográficas:

  • Freud, Sigmund (1905). Obras Completas (Tomo VII), Tres Ensayos de Teoría Sexual. Amorrortu Editores.
  • Gómez Sánchez, Carlos. Freud y su Obra: Génesis y Constitución de la Teoría Psicoanalítica. Editorial Biblioteca Nueva. Edición 2002.
  • Laplanche, Jean y Jean-Bertrand Pontalis. Diccionario de Psicoanálisis. Paidos. Edición 2007.