¿Por qué somos tan cotillas? Teoría del chismorreo de Robin Dunbar

La semana pasada saltó la noticia: Angelina Jolie y Brad Pitt se divorcian. Al instante cientos de medios comienzan a compartir información absurda. Que si ha sido por las drogas; que si tiene un amante… Si buscas en google «angelina jolie and brad pitt divorce» se pasa de 2.960.000 respuestas a 24.000.000 ¡en sólo 4 días!. Y así seguirá hasta que otro nuevo cotilleo llegue a nuestras vidas.

«Bueno… pero es que ellos son famosos, y los famosos nos interesan mucho» podrán decir algunos…

Observa a las personas con las que estás conectada en Facebook, ¿acaso no tienes «amigos» (del colegio por ejemplo) a los que hace años que no ves? Personas que realmente no te aportan nada pero que mantienes en tu red para (admítelo) ¿poder cotillear su perfil?

En los grupos sociales, ya sea de amigos, de compañeros de trabajo, etc, siempre suele haber, por lo menos una persona experta en el arte del espionaje en internet, que disfruta de lo lindo soltando bombazos ajenos.

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Cotilleo

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Y es que resulta que todos somos un poco cotillas, y de hecho este ha sido uno de los temas de indagación de estudiosos y antropólogos que se han dedicado a analizar los procesos de evolución humanos. ¿Nos ayudó el cotilleo a construír nuestras civilizaciones?

El evolucionismo social de Robin Dunbar

El evolucionismo social intenta estudiar los cambios que se van dando en una sociedad a medida que ésta se hace más compleja. Las civilizacione se situarían así en un contínuo. En uno de sus extremos estarían los primeros individuos que formaban sociedades muy sencillas, hasta llegar al otro polo donde encontramos las sociedades más complejas. Pero, ¿qué permite a una tribu de pocos individuos avanzar hasta las grandes comunidades de las que formamos parte en la actualidad?

 

Aquí es donde entra en juego Robin Dunbar. Dunbar es un antropólogo y biólogo británico especializado en el estudio de primates. Actualmente trabaja en la Universidad de Oxford donde imparte clases de psicología evolutiva.

 

Robin DunbarLa teoría evolucionista que plantea podría resumirse de la siguiente manera: hace millones de años nuestros antepasados convivían en grupos muy pequeños. Las relaciones que se establecían entre los miembros de la tribu eran muy directas y recíprocas, y serían parecidas a las conductas de limpieza que podemos observar en los primates. Yo te acicalo y tú me acicalas. Este tipo de relaciones fomentan la cohesión del grupo: lo hace más fuerte. En los grupos de primates más avanzados que tienen hasta 55 individuos, los chimancés dedican un 20% del día, casi 5 horas, a cultivar este tipo de relaciones sociales, sobre todo táctiles y por parejas. ¿Qué ocurre con el hombre que vive en grupos mayores?

 

Pues bien, según Robin Dunbar, cuando nuestros ancestros empezaron a abandonar la vida nómada, y formaron grupos sociales  mayores, tuvieron que buscar alternativas para mantener la cohesión del grupo. Porque claro está, manosear y despiojar a 60 personas al día consume demasiado tiempo…

Y es aquí donde entra en juego el cotilleo.

El cotilleo como base social

Una vez que los grupos comienzan a ser más numerosos, las antiguas conductas que se utilizaban para establecer alianzas (yo te acicalo y tú me acicalas) dejaron de ser eficientes por cuestión de tiempo y recursos. Tuvieron entonces que buscar alternativas  y el chismorreo emergió como una manera megaeficiente de hacerlo (yo te cuento y tú me cuentas).

El lenguaje es una solución alternativa para el ejercicio de la inteligencia social.

Dunbar introduce el concepto de inteligencia social que se relaciona directamente con el tamaño del cerebro, más concretamente del neocórtex. Cuantos más individuos conforman un grupo, es necesario tener un cerebro más grande para poder mantener una comunicación eficaz con los demás miembros del grupo.  De hecho, el neocórtex  es responsable del lenguaje y evolutivamente es la última zona que se desarrolló.

No se está diciendo que el lenguaje se creara con el fin de cotillear. Lo que está diciendo es que un aspecto del lenguaje, el chismorreo, apareció como herramienta fundamental para crear vínculos sociales. Por supuesto que el lenguaje tenía un gran uso técnico, pero cuando estas personas terminaban sus faenas y se reunían en torno al fuego, o donde fuera que se encontraran, hacían uso del chismorreo para establecer vínculos con los demás. Se abandonan las herramientas basadas en el contacto directo por técnicas simbólicas con babasadas en el lenguaje. 

 

primates

 

¿Qué ocurre en la actualidad? En una investigación que realizó el antropólogo, observó que de media, pasamos el 65% del tiempo de una conversación chismorreando (que no criticando). Una cantidad de tiempo nada desdeñable. Y la cosa se complica si tenemos en cuenta que el número de personas con las que interactuamos desde la llegada de la redes sociales se ha disparado. Tenemos la titánica misión de mantener relación con ¿200? ¿300? contactos virtuales, a los que debemos sumarles los contactos reales.

Y es que, ¿cuántas relaciones sociales podemos mantener?

El número Dunbar

Hace algunos años, en 1992 para ser exactos, estaba Robin Dunbar estudiando poblaciones de primates cuando se le ocurrió comprobar si había una relación entre el tamaño de la corteza cerebral, y el número de individuos que componen los grupos en los que vivían los primates. Efectivamente encontró una fuerte correlación entre el tamaño de la población y el tamaño del cerebro así que aplicando la formula a los humanos estableció que el número óptimo de personas con los que podemos mantener relaciones estrechas es de 150 (147,8).

Para contrastar si esto era cierto aplicó la fórmula en grupos de humanos de diversos momentos históricos, analizando los «censos» de los que tenemos conocimiento. Estableció tres categorías:

  • Grupos de 30 – 50 individuos.
  • Grupos de 100 – 200 individuos.
  • Grupos de 500 – 2.500 individuos.

Observó que los grupos que rondaban los 150 individuos funcionaban mucho mejor que los que eran más numerosos en parte porque sus miembros podían socializar los unos con los otros con menos esfuerzo. De hecho predice que a partir de esta cifra los conflictos surgidos dentro del grupo crecerán exponencialmente.

¿Qué ocurre ne la actualidad con las redes sociales como Facebook por ejemplo? En una entrevista concedida a Eduard Punset para el promgrama REDES en 2011 el autor explicó que cuando hablaba de «150 personas» hablaba de amigos directos, familiares; gente muy cercana. Los amigos de Facebbok no los considera como tal ya que:

No estamos hablando de amigos de Facebook, donde podemos tener varios miles de amigos si queremos. Sin embargo, si tenemos una gran cantidad de amigos en Facebook, a muchos, en realidad, apenas los conocemos. Si les pidiéramos un favor, probablemente no nos lo harían.

Claro está, la teoría de Dunbar ha recibido muchas críiticas. Para empezar los estudios realizados para establecer el factor exponencial (tamaño de cerebros – nº de individuos de un grupo) que le llevó al famoso 150, queda empañado por la veracidad de los censos que consultó para su estudio. También critican el escaso poder que otorga al entorno y a las herramientas de comunicación que manejamos en la actualidad. Sin embargo, la teoría del cerebro social de Dunbar se mostró como algo novedoso, como una nueva manera de explicar una conducta que nos es terriblemante familiar y condenada a partes iguales: el cotilleo.

Referencias bibliográficas: 

Asexualidad ¿Es la falta de sexo la última revolución sexual?

La asexualidad aparece con fuerza en los titulares de medio mundo en una época en la que el propio concepto de identidad está en crisis, un momento en el que para mucha gente los discursos nacionales, políticos o religiosos han dejado de tener sentido. De pronto, nos encontramos con el terreno bien abonado para el descubrimiento de nuevas identidades, nuevas categorías que  nos ayuden a saber quienes somos, que nos den una explicación y al mismo tiempo un marco de referencia para entender nuestra subjetividad.

Este es uno de los motivos que explican el masivo nacimiento de nuevas identidades a lo largo del siglo XX que continúa con fuerza acentuándose a partir del comienzo de la era digital. El declive del modelo normativo universal impulsado por occidente (hombre, blanco, heterosexual, cisgénero y cristiano) ha dado lugar a la reivindicación de todas aquellas identidades que permanecían en un segundo plano. Empezando naturalmente por la mujer y su lucha, todavía vigente, por ocupar el lugar que legítimamente corresponde a nada menos que el 50% de la humanidad, históricamente marginada.

La lucha por la libertad y el lugar de la asexualidad

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Junto a la revolución feminista vino la racial, la de las minorías sexuales y muchas otras. La mayoría de estas reivindicaciones, como podemos ver todos los días en las noticias, están a la orden del día. Lo cual, por cierto, no quiere decir que no podamos estar orgullosos como civilización de todas las cosas que hemos conseguido.

En este entramado identitario una de las grandes luchas ha sido la de las minorías sexuales. Desde el principio este asunto fue de gran complejidad, se trataba de nombrar por primera vez en siglos, de forma no peyorativa aquello de lo que estaba prohibido hablar (o al menos hablar bien). Esa es una de las razones por las que el colectivo ahora conocido por las siglas LGBTI (Lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales) ha sufrido tantos cambios internos hasta la formulación que actualmente es más frecuente, no sin polémicas, como veremos, de hecho la «I» es una incorporación bastante reciente, no aceptada por todo el mundo.

Cada una de estas siglas lo que representa al fin y al cabo es una identidad que históricamente no ha podido ser expresada por su lejanía del modelo normativo del que antes hablaba. Pues bien, en este momento hay varios colectivos que desean añadir letras a LGBTI, uno de ellos, tal vez el que está haciendo más ruido en internet es el asexual, pero ¿Es razonable, con lo que sabemos, la inclusión de la «A» junto con las otras siglas?.

¿Qué es la asexualidad?

Los defensores de la asexualidad como una orientación sexual más (además de la heterosexual, homosexual y bisexual), pretenden establecer paralelismos entre esta y aquellas que habiendo estado perseguidas durante siglos ya han alcanzado ciertos grados de aceptación en la sociedad, este es uno de los motivos por los cuales desean su inclusión dentro del colectivo LGBTI, que ha servido históricamente para dar voz a aquellos que tenían una sexualidad, sexo o género no normativo.

Pero vayamos al tema que nos ocupa, ¿Cómo se definen los propios asexuales? En la versión española de la web de la asociación internacional más importante de asexuales, AVEN, definen al asexual como :

La persona que no experimenta atracción sexual hacia otras personas. No es lo mismo que ser célibe, ni lo mismo que ser asexuado o antisexual. No implica necesariamente no tener libido o no practicar sexo o no poder sentir excitación o no poder enamorarse o no tener pasiones o no sentir deseo. En la comunidad asexual la consideramos una orientación sexual, hacia ningún género o sexo, o la falta de orientación sexual, siendo ésta referida sólo a la atracción sexual ya que la orientación romántica de cada persona no tiene por qué coincidir con la sexual.

Encontramos mucha información en esta definición, veamos parte por parte.

De entrada queda claro que la asexualidad no tiene que ver con el celibato, es decir con la opción de no mantener relaciones sexuales aunque exista atracción o deseo. Esta distinción parece muy importante, es decir, la asexualidad tiene que ver con la atracción sexual, no con el hecho en si de no practicar sexo, ser virgen o hacer votos de celibato.

Tampoco es lo mismo que ser asexuado, cosa que equivaldría a no tener órganos genitales, ni que ser antisexual que supondría odiar el sexo.

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Lo que sigue es más complicado, esta definición plantea que los asexuales pueden mantener relaciones sexuales o tener conductas autoeróticas, lo harían en estos casos por contentar al otro, para liberar tensiones o por una descarga fisiológica. En este sentido efectivamente también podrían enamorarse y sentir pasión romántica sin necesidad de sentir atracción sexual, quedaría así desligado una vez más el sexo del amor, lo que para algunos teóricos sería un amor incompleto o platónico y sin embargo ha sido extremadamente popular desde la época de los juglares y el amor cortés.

Asexualidad, libido y deseo

La parte más compleja de esta definición sería, sin embargo, aquella que afirma que «ser asexual no implica necesariamente no tener libido (…) o no sentir deseo.» Esta frase es equívoca a mi parecer, ya que los conceptos de libido y deseo son amplios y cuentan con numerosas definiciones posibles.

Libido, por ejemplo, según la RAE sería:

Deseo sexual, considerado por algunos autores como impulso y raíz de las más varias manifestaciones de la actividad psíquica.

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Bien, si la libido es el deseo sexual y el asexual es aquel que no experimenta atracción sexual hacia otras personas vemos que el elemento diferencial es lo relacional. Es decir, que según AVEN el asexual puede experimentar deseo sexual pero este es un deseo sin objeto deseado.

Es ciertamente posible para todos nosotros experimentar este tipo de deseo sin objeto, es esa comezón, esa sensación interna, es angustia difícil de nombrar que intentamos eludir, silenciar o encarrilar mediante estímulos externos. Esa sensación de deseo sin objeto deseado es normalmente desagradable para el sujeto, necesita ponerle nombre y colocarla en algún sitio (comida, pareja sexual, relaciones sociales, agresividad, deporte, etc…). Por eso, se plantearía en este caso que existen personas que experimentan no simplemente un deseo, sino un deseo de índole sexual pero no dirigido nunca hacia ningún objeto. ¿Quedaría entonces este deseo sexual perpetuamente insatisfecho por no contar con un objeto sobre el que proyectarse o sería simplemente satisfecho mediante la estimulación física y el orgasmo?

En este sentido creo que AVEN entiende por asexuales tanto a aquellas personas que no experimentan ningún tipo de deseo sexual como a aquellas que experimentan deseo sexual pero no dirigido hacia ningún objeto. En caso de considerar la asexualidad como una orientación sexual entiendo que solamente sería adecuado en el segundo de estos dos casos, puesto que en el primero no existe orientación ni falta de orientación sexual puesto que no existe un deseo sexual que orientar o no orientar.

Por otra parte, cuando la RAE se refiere a «algunos autores» habla claramente de los autores psicoanalíticos. Sigmund Freud consideraba efectivamente a la libido como la energía de la pulsión, aquella que llevaba al ser humano hacia la vida y que inicialmente tenía una expresión principalmente sexual, aunque podía sublimarse por diversos medios y manifestarse en multitud de formas.

Según comprensiones más modernas desde el psicoanálisis la libido se reconceptualiza como la capacidad deseante del sujeto. Existiendo por tanto deseo existiría libido. De este modo una «baja libido» sería entendida como un déficit en la capacidad deseante. En este caso es importante diferenciar entre una baja libido originaria o sobrevenida. Si es sobrevenida habrá que considerar qué es lo que la provocó, podemos encontrarnos en este caso, por ejemplo, con un Trastorno de deseo sexual hipoactivo o con otras eventualidades que pueden afectar al deseo sexual de tipo biológico como cambios hormonales, por ejemplo.

Conclusiones

Mi conclusión, según los testimonios que he ido leyendo y los casos que he podido ver en la consulta es que la asexualidad no es, como suele suceder en psicología, una cuestión de blancos o negros, sino de diferentes tonalidades de gris.

Dentro de este degradado de grises podremos encontrar desde la persona que no siente ningún tipo de deseo sexual hasta aquel que tiene un deseo sexual reducido con respecto a la media. Esta falta de deseo/atracción/orientación sexual probablemente sea múltifactorial, como suele suceder con todo lo que tiene que ver con la construcción del deseo, más aún cuando parece que bajo la categoría de asexualidad pueden estar englobadas cuestiones de diversa naturaleza y etiología.

En este sentido, creo que, en la clínica, para poder hablar de una auténtica asexualidad, se impone primero descartar cuestiones farmacológicas o biológicas que podrían estar afectando negativamente al deseo sexual, en esta linea sería necesario descartar también, las dificultades que pueden  experimentar personas que han tenido una educación muy represiva en materia sexual y por último las posibles experiencias traumáticas relacionadas con el sexo (Por ejemplo, agresiones sexuales, abusos, etc…).

Una vez descartadas estas variables creo que es ciertamente posible que dentro de la infinita variedad de la familia humana existan personas que sean genuinamente asexuales, tal vez nacidas así, tal vez como resultado de sutiles cambios hormonales o influencias ambientales recibidas en la más temprana infancia, en realidad, eso es materia para los investigadores, mientras tanto lo que nos toca a los clínicos y a la gente en general es contar con la experiencia subjetiva de las personas. Y si no existe un malestar interno al respecto ni un anhelo por estar perdiendo la experiencia de disfrutar de la sexualidad, creo que es posible que estas personas desarrollen una vida plena.

Quedan sin embargo muchas preguntas por resolver: ¿Cuales son las causas de la asexualidad (o las asexualidades)? ¿Cuales son los condicionantes biológicos y psicológicos que están en juego en estos casos? ¿Qué sucede con estas personas que experimentan un deseo sin objeto? ¿En verdad podemos considerarlas como asexuales de la misma forma que aquellas que no experimentan ningún deseo? ¿Qué realidades diferentes estamos contemplando cuando hablamos de asexualidad? y por último ¿Podemos considerar a la asexualidad (o a una parte de lo que se considera asexualidad) como una orientación sexual más, o hay que conceptualizarla de otra manera?

Mientras nuevos estudios responden a nuestras preguntas nos queda la cuestión inicial, es decir, si esta nueva identidad, bajo la cual un número creciente de personas se ampara tiene hueco dentro del colectivo LGBTI o debería constituirse en otro colectivo diferenciado, al final este es un tema de índole político-filosófico que está abierto al debate. Tal vez la solución sea, como proponen algunos activistas abandonar las siglas tradicionales y cambiarlas por unas más inclusivas: GSRDI (Géneros, Sexualidades y Romanticismos Diversos e Intersexo). 

Mientras tanto, respetando la diversidad y la complejidad humana, pensemos, investiguemos, debatamos y mantengamos una mente abierta.

 

 

Enrique Schiaffino

Psicólogo colegiado en Madrid

Fundador de Psiquentelequia

 

 

 

Elección de pareja: ¿somos libres de la herencia familiar en la repetición de patrones dolorosos?

Desde mi humilde experiencia, y gracias al trabajo personal que he estado haciendo en los últimos años, puedo ver de forma cristalina que las elecciones de pareja que he hecho nunca han sido aleatorias. Podemos decir que el azar o el destino están implicados en las personas con las que nos hemos cruzado durante los años, pero la verdad es que los fenómenos de atracción y de apego tiene una explicación mucho menos romántica. Algo que ya pudimos ver con el artículo de nuestro compañero Hugo.

 

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La triste realidad es que no somos tan libres como pensamos, y que las elecciones que hacemos vienen determinadas por la herencia psicológica que llevamos con nosotros, ya que esperamos encontrar a alguien que sea compatible con lo que cada miembro de la pareja ha heredado durante generaciones.

Si nos fijamos bien en cualquier pareja de nuestro entorno, veremos que hay características que se parecen, y otras que se complementan. Pensemos por ejemplo en una pareja en la que ambas personas tienen un gran sentido de la responsabilidad, tienen un carácter fuerte y mucha determinación. En estos valores, que ambos han heredado de sus sistemas de origen, se reconocen.

Por otro lado, ella es divertida y se ríe continuamente. Mientras que él es una persona seria. En este caso dichas características no encuentran una homóloga en la pareja. Sino que se complementan. Y son los rasgos que generarán atracción entre las dos personas.

 

Lo que nos atrae de la pareja

Según la psicología sistémica y la psicogenealogía, lo primero que nos interesa de una pareja, al conocerla, es encontrar esa mínima base de características parecidas para podernos entender con el otro. En el ejemplo anterior sería el sentido de la responsabilidad, el carácter fuerte y la determinación.

Estos puntos en común funcionan como facilitadores de la relación, pero realmente no tienen mucho que enseñarnos porque ya los llevamos en nuestra propia herencia. Garantizan la compatibilidad a un nivel básico, pero no aportan nada nuevo. Son importantes para la colaboración de la pareja, pero no resultan atrayentes.

Lo que nos atraer verdaderamente de la otra persona son esas características que no tenemos nosotros. Lo que carecemos pero nos gustaría tener. Es la búsqueda de lo que nos complementa, porque nos falta. En el ejemplo anterior, él se va atraído por la alegría de ella, porque él no la tiene. Al igual que ella se ve atraída por la seriedad y la compasión de él, ya que se ve incapaz de asumir situaciones que requieran dichas actitudes.

Así, la pareja aspira a ser un todo completo. Como si cada uno de sus miembros hubiese firmado un poder, cada uno de ellos puede vivir lo que se le ha prohibido vivir en su familia de origen a través del otro. Este complementariedad crea una admiración profunda entre ellos, una atracción que conduce a la pasión.

La pareja se construye sobre el compromiso de que cada uno suplirá las carencias del otro para ser una pareja completa y feliz. Aunque no es oro todo lo que reluce. Con el tiempo, lo que al principio resultaba atrayente se convierte en un fastidio, porque obliga a cada miembro de la pareja a encasillarse en una especialización de la que no puede huir. Y porque generará una relación de dependencia. Con los años, este «fastidio» se puede hacer que la pareja vegete, muera o madure.

 

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Espejos que  no queremos mirar

Aunque esto es lo más común, en ocasiones puede ocurrir lo contrario. Si en tu sistema de origen la prohibición de expresar una emoción o un comportamiento fue muy fuerte, sólo con verla en otra persona nos generará mucho rechazo. Y bajo ningún concepto querremos vivirla a través del otro. En vez de admiración, sentiremos envidia consciente o inconsciente hacia la característica que la otra persona puede expresar y que nosotros no podemos desarrollar.

Entonces, la atracción se convierte en repulsión o atracción conflictiva. Esta atracción nos moviliza a un combate hacia la persona que posee la «atracción prohibida» en nuestro código. Fenómeno que tiene el nombre de polarización.

Esta polarización es la que explica las antipatías entre las personas. La gente que nos cae peor son las que más pueden enseñarnos sobre nosotros mismos. Lo que sentimos hacia alguien que nos resulta antipático puede enseñarnos lo que tenemos reprimido en el fondo de nuestro corazón, ya que no nos damos permiso para sentirlo.

Los fenómenos de procuración (poder que una persona da a otra para que ejecute algo en su nombre) y de polarización son posibles gracias a la proyección que hacemos en la otra persona de aquellas partes menos desarrolladas de nosotros mismos. La proyección es inevitable ya que nos permite exteriorizar las tensiones que estos déficits nos crean.

 

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Elección de pareja

Las prohibiciones, derechos y prohibiciones que hemos interiorizado de nuestra familia de origen, así como las carencias que hemos vivido en nuestra vida producto del entorno, explican cierto número de criterios que tenemos en cuenta a la hora de escoger una pareja.

Toda esta herencia jugará un papel fundamental en nuestra elecciones. Por ejemplo, una mujer que tuvo un padre que vibraba con la libertad, la locura y la originalidad, no elegirá esas características en su pareja, porque pudieron ser las razones de haber vivido muchas carencias económicas durante la infancia. Así, preferirá valores como la estabilidad y la seguridad material.

Estas características, que serán muy valoradas por dicha mujer, no serán las que despierten su pasión. Además, ella deberá buscar otras vías para poder expresar la libertad, la locura y la originalidad que ha heredado y forman parte de ella.

De la misma manera él, que creció en un entorno acomodado, no buscará esas características en su mujer. Ya que él necesita el complemento que le permita vivir esa locura y originalidad que tuvo prohibido en su infancia.

 

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Desarrollo del potencial

El potencial de crecimiento de cada uno de los miembros de la pareja es una fuerza con la que hemos nacido y que nos es propia. Esa fuerza, bien canalizada, nos lleva a la autorealización. Aunque a algunas trayectorias vitales son más propias que otras para ese desarrollo, en cuanto que contienen los estímulos y recursos necesarios para que crezca. Además, estos recursos deben combinarse con las capacidades y la motivación de la persona para que se de una eclosión completa.

La herencia con la que hemos de vivir una vez que abandonamos nuestra familia de origen tiene todos los componentes innatos y adquiridos de este potencial. Donde las capacidades y la motivación del individuo no se han podido desarrollar, se creará, como en el caso de las emociones, un canal de derivación que compense las carencias. Esa pérdida de parte del potencial no explotada quedará en suspenso y la forma en que se exprese influirá en las relaciones de pareja.

La parte de renuncia y l aparte de realización del potencial marcarán la trayectoria persona, de pareja y familiar.

 

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El éxito

Cuando nos unimos a otra persona desarrollamos, consciente o inconscientemente un proyecto común en relación al éxito. Por muy evidente que nos parezca que todo el mundo quiera llegar a tener éxito, conseguirlo o no depende de muchos más elementos que el simple hecho de desearlo o de tener una voluntad consciente para ello.

Crecemos en base a un «código legal» que rige la vida familiar, registrando muchos datos contradictorios, contenidos en ese código, relativos al tema del éxito.

Según Vincent de Gaulejac: «Los padres quieren que sus hijo tenga éxito y consiga un estatus más prestigioso que ellos; pero al mismo tiempo, no desean que sea demasiado diferente a ellos mismos, que no se convierta en un ser extraño y que no sienta la necesidad de renegar de sus orígenes. Quieren que sea otro siendo el mismo, con lo que implantan una contradicción entre lo idéntico y lo diferente en la construcción de la identidad del hijo».

Por ejemplo, una pareja puede tener diferentes conceptos del éxito. Ella, pudo vivir en una familia en la que se le inculcó que tener éxito es sospechoso, y más aún cuando uno se hace rico. Por consiguiente, los ricos corren el riesgo de ser rechazados por el mero hecho de serlo. Por su parte, él pudo aprender que el éxito sólo se consigue a través de una feroz competición en la que se excluyen los afectos. Por consiguiente, por mucho que esta pareja desee tener éxito, difícilmente lo tendrán nunca…

El potencial conyugal sólo podrá fraguarse un camino si se llega a un compromiso entre los deseos de cada uno, las condiciones para alcanzar los objetivos y las prohibiciones. Y teniendo en cuanta que los dos últimos elementos los hemos aprendido de forma inconsciente en el seno familiar, tendremos que hacer un trabajo profundo para sacarlos a la luz, en primer lugar, y decidir si en nuestra vida tienen algún sentido.

 

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Fuentes:

  • Psicogenealogía. Daris y Lise Langlois. Ediciones Obelisco. 2 edición del 2014.

Fotos:

 

¿Cómo estudiamos? técnicas básicas de aprendizaje

LA VUELTA AL COLE

Ahora, con la gran esperada »vuelta al cole» resurgen los intereses (siempre perennes) sobre el modo en que los alumnos aprenden sus lecciones. Es frecuente escuchar en los medios de comunicación la carga de estrés que los jóvenes de hoy en día tienen en sus estudios. ¡¡Son demasiados conocimientos para tan poco tiempo!! Por ello, durante más de un siglo de investigación se han estado realizando experimentos muy concretos para poder formular modelos de aprendizaje eficaces. Modelos que abaraten tiempo y permitan una mejor asimilación de la información. ¿Y cuál ha sido el resultado de tanto estudio? Pues bien, no existen formulas mágicas. Entonces, ¿cuáles pueden ser las estrategias o atajos que tanto ansiamos y que facilitan esta obligación a veces estresante?

El axioma radica en aprender a aprender de la forma más efectiva posible. Es fácil plantear la pregunta. Y más cuando se sabe que hoy día no existen modelos plenamente definidos a la hora de concretar cuál es la mejor manera de estudiar.

En la actualidad debemos asimilar más conocimientos que antaño, y no aprendemos mejor que los antiguos alumnos. Pero mantengamos la calma, no todo está perdido. Existen tantas formas de aprendizaje como capacidades y conocimientos posibles. Así, los psicólogos del aprendizaje están en constante trabajo para descubrir las vías más idóneas que nos permitan potenciar nuestras posibilidades.

 

EL ARTE DE APRENDER SIN FIN…

En épocas pasadas se consideraba que una persona había finalizado sus estudios tras acabar la educación escolar y la etapa de formación profesional o superior. Sin embargo hoy en día radica el lema de »Estudia durante toda la vida». La ciencia avanza y uno tiene que estar en constante actitud de actualización. Además el modo de estudiar también ha ido modificándose con el tiempo. Han apareciendo nuevos tipos de interacción con las materias a través de la era tecnológica en la que estamos sumergidos. Esto deja ver claramente que con anterioridad el procedimiento de aprendizaje era más estable (en el sentido de memorizar la lección, por ejemplo) mientras que ahora los alumnos tienen mayor libertad para manejarse con los contenidos.

 

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En nuestra sociedad donde prima el conocimiento, experimentamos una continua lluvia de información que nos llega desde muy diversas vías. Esto implica que tengamos que estar adaptándonos constantemente a los nuevos avances técnicos, a formas de comunicación cambiantes y a métodos de trabajo novedosos. Debemos formarnos de manera activa y creativa. De este modo tenemos que estar en constante renovación con el fin de adquirir nuevas competencias y mantenernos »al día».

 

ERRORES CLÁSICOS A LA HORA DE ESTUDIAR

Si tenemos que estudiar un examen para febrero, comenzamos a planificar cómo y cuándo estudiaremos las lecciones para poder alcanzar nuestro objetivo. Cada uno nos forjamos, de forma personal, la manera en que creemos que va a ser más fácil retener la información.  Pero no es lo mismo estar motivado para aprender y aprobar que estar motivado solo para superar la materia y seguir adelante.

Cuando estudiamos, empleamos métodos que se corresponden con nuestros talentos, aunque en la mayoría de las ocasiones no somos conscientes de ello. El problema surge cuando empleamos sistemas de aprendizaje erróneos (los cuales también pueden pasar desapercibidos a nuestra conciencia). Estos sistemas erróneos más que ayudarnos  entorpecen la adquisición de nuevos conocimientos. De este modo pasemos a definir cuáles son los cuatro errores que solemos cometer a la hora de estudiar:

 

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  • Error número uno: Cuanto más mejor. Normalmente los alumnos tratan de estudiar el mayor contenido posible de una tacada, engullendo cada lección y su contenido. Sin embargo, un aprendizaje distribuido en el tiempo da lugar a mejores resultados. Por ejemplo, si estamos estudiando un idioma, es más efectivo aprender un listado de diez palabras cada día que una lista de cincuenta en una sentada.

 

  • Error número dos: Ir a piñón fijo. Muchas personas se dedican a subrayar los textos que le resultan más importantes y a repetírselos una y otra vez hasta acabar memorizándolos. Pero es la variedad la que permite fijar mejor los conocimientos a largo plazo. Por ejemplo, en lugar de repetir la lección infinidad de veces, es más productivo leer el texto, recitarlo en voz alta, escucharlo, incluso poner en práctica lo aprendido.

 

  • Error número tres: Miedo a equivocarse. Cuando tenemos miedo a parecer tontos evitamos la autoproducción, como puede pasar cuando estamos aprendiendo una nueva lengua y tratamos de expresar lo que queremos decir. Uno de los factores más comunes y que interrumpen el proceso de aprendizaje es la timidez. Es importante saber que la repetición activa de lo aprendido, aunque uno tienda a equivocarse, es especialmente efectivo.

 

  • Error número cuatro: Marcar sin pensar. Perdemos mucho tiempo tratando de almacenar numerosos datos, sin digerirlos ni desarrollarlos en profundidad. Si realmente trasladásemos lo aprendido a otros ejemplos, o los recitásemos a otras personas, conseguiríamos un aprendizaje más enriquecedor y duradero. Por ejemplo, entender una fórmula matemática es más útil que aprendérsela de memoria.

 

ESTRATEGIAS EFICACES PARA ESTUDIAR

Cuando pensamos en poder recordar bien los datos de un determinado autor que seguro sale en el examen de oposición, nos surge cierta curiosidad en saber cómo hacerlo mejor. Podríamos decir que ésta es la gran cuestión cuya respuesta todos queremos conocer. Si bien es cierto, una técnica determinada puede ser muy útil para una persona mientras que para otra, con aparentes similitudes, puede no servirle de mucho.

Esto dependerá de numerosos factores idiosincrásicos relacionados con cómo cada uno se ajusta creativamente a su método de estudio. Por ello, ¿pueden formularse reglas generales validas para todo el mundo? A esta cuestión solo le corresponde una respuesta: cada proceso de aprendizaje apenas se asemeja a otro.

En relación a los factores de personalidad hablaremos más adelante. Mientras tanto centrémonos en qué estrategias de estudio parecen ser eficaces de forma general:

 

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CINCO ESTRATEGIAS ÚTILES

  • Autoevaluación

Una manera segura de retener la información es expresándola de forma activa, siendo beneficioso explicarle a otra persona lo aprendido y dejarse acribillar a preguntas. Esto permitiría sacar a la luz el contenido que aún queda por aprender.

Inclusive, la autoevaluación surte efecto incluso cuando no se tiene mucho conocimiento sobre algo. La preparación mental antes de un aprendizaje, ayuda a incorporar nuevos conocimientos a los ya existentes.

  • Aprender en porciones manejables

Ir aprendiendo en dosis pequeñas proporciona un aprendizaje más duradero que »tragarse» una gran cantidad de información de una sola vez. Se debe distribuir el plan de estudio en segmentos manejables. E ir introduciendo de forma regular momentos de descanso entre cada unidad didáctica, así como fases de comprobación de lo ya aprendido.

  • Preguntarse por qué

¿Cuál es el motivo por el que la tierra gira alrededor del sol? ¿Por qué los ojos se adaptan rápidamente a la oscuridad? ¿De dónde proviene el número pi? Argumentar un dato determinado para poder reflexionarlo sin conformarse con simplemente saberlo, hace que las respuestas se fijen mejor en la memoria. De hecho, los pedagogos saben que no sirve de nada bombardear a los alumnos con respuestas prefabricadas, sino que es mejor que las infieran por sí mismos.

  • Saber lo que (aun) no se sabe

¿Qué tiene que ver este contenido nuevo con lo que ya se? ¿Me recuerda a algo? ¿Cómo encaja en mis conocimientos previos? Aquí nos estamos centrando más en el trasfondo de la información que en el mismo contenido. De este modo el alumno aprende a abrirse camino por entre la jungla de conocimientos que posee, dándose la posibilidad de que conozca lo que todavía no conoce.

  • Aprender de forma variada

Como ya hemos comentado anteriormente, estudiar con diversos métodos afina mejor el aprendizaje. Por ejemplo: leer, subrayar, anotar conceptos clave, explicar la materia a otra persona, autoexplicarse las interrelaciones de la información, etc.

 

¿Y QUE HAY DE LA PERSONALIDAD?

¿Cómo poder aprender a manejar una buena reunión de negocios o simplemente flirtear con una persona que te resulta atractiva? Parece ser que en la tranquilidad reside la virtud. Las personas que se mantienen en un estado más calmado internamente, son capaces de controlar mejor su acción. Además les permite poder exponerse de forma repetida ante la misma situación, acabando por dominarla con destreza. Esto tiene relación directa con el rendimiento en los estudios. Las personas más tranquilas se concentran más y son más eficaces.

No solo el aprendizaje parece depender del tema, la situación o la finalidad. También existen factores de la personalidad que influyen en él. Por ejemplo, las convicciones que uno tiene sobre sus propias capacidades mentales, determinan el grado de eficacia en el aprendizaje. Es decir, según nos juzguemos y autoevaluemos nuestro rendimiento, así dará sus resultados. Lo cual implica que si tenemos un bajo concepto de nuestras aptitudes de aprendizaje, esto mermará el grado de éxito. La falta de autoconfianza reduce la capacidad de retención memorística.

Por otro lado, las motivaciones intrínsecas (que surgen de dentro a fuera, como es el caso de la curiosidad) favorecen más el aprendizaje exitoso que las motivaciones extrínsecas (como pueden ser los elogios o el reconocimiento). Pero hoy en día este tema sigue estando en entredicho ya que existen estudios que avalan que el prestigio y el dinero pueden estimular el aprendizaje aunque solo sea un medio para conseguir una recompensa mayor.

¿Estudiar con música? Parece ser que las personas más extravertidas estudian mejor con música de fondo que las introvertidas. Pero cabe señalar que la sonorización tiene en su conjunto una influencia más obstaculizadora que facilitadora. Esto se debe a que la exposición constante a un efecto sonoro facilita la distracción, lo cual debilita la concentración durante el aprendizaje. De hecho, podemos enmascarar peor la música con letra que la instrumental, puesto que la primera interfiere en la información léxico-semántica del contenido a aprender.

Otros estudiantes precisan caminar, tumbarse o estar sentados mientras estudian. Existen estudios sobre cognición corporizada que afirma que la actividad motora también facilita el aprendizaje. Hablan de un efecto de precalentamiento, donde la actividad motora da lugar con frecuencia a efectos mentales al estimular el cerebro. Si bien es cierto, esta información sigue bajo estudio ya que el complejo proceso de asimilar nueva información precisa más elementos.

 

ALGUNAS REGLAS DE ORO

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  • Quien quiere aprender, debe elegir. Lo importante es no solo limitarse a ello, pero saber diferenciar la información relevante dentro del contenido completo, proporciona un aprendizaje exitoso. Por lo cual, saber lo que es esencial ayuda a no perderse entre infinidad de datos anecdóticos y afinar mejor la puntería sobre lo que se debe conocer sin falta. Cierto es que el aprendizaje no solo depende de saberse lo importante de la materia, sino que requiere de numerosos factores, como por ejemplo disponer del tiempo suficiente para poder estudiar.

 

  • Quien quiere aprender, debe relacionarTodo aquello que aprendemos a cada momento no se encuentra aislado de la información general que ya poseemos. Cualquier dato (de la índole que sea) se armoniza y asimila en una red básica de conocimientos adquiridos anteriormente. Así un nuevo paso de baile o una palabra en otro idioma, cuando se retiene en la memoria, es porque comparte lazos con otras informaciones relacionadas entre sí. Es importante saber que la capacidad de adquisición de nueva información no tiene fronteras fijas. Siempre estamos aprendiendo cosas nuevas a lo largo de la vida y en muchas ocasiones de forma inconsciente. Algo interesante es saber que las personas acostumbradas a estudiar son capaces de retener mejor la información debido a que tienen más conexiones establecidas a nivel neuronal. Por ello »quien más tiene, mas retiene».

 

  • Quien quiere aprender, debe olvidarSe sabe que la red neuronal es plástica, es decir, es cambiante a lo largo de la vida. Esto indica que la memoria no se rige por mecanismos rígidos de adquisición y asimilación de la información, sino más bien necesita desechar datos antiguos para poder asimilar los nuevos. Lo viejo se olvida, se reconstruye, se sustituye, se mejora, para dar paso a nuevos conocimientos más completos y recientes. Y cada vez que recuperamos dicha información, se presenta con algún cambio. Del mismo modo, aprendido no es sinónimo de recordado, por lo que si nos interesa mantener una información a largo plazo, debemos ponernos a prueba durante el aprendizaje. Esto se puede conseguir aplicando la información a la realidad, recordando bajo situaciones de estrés, practicando la concentración en otros ambientes, etc.

 

  • Quien quiere aprender, debe sentirLas emociones nos acompañan en prácticamente todos los aprendizajes que adquirimos. Si no recordamos el nombre de la ciudad a la que viajamos este verano, sentimos algo de rabia. O si nos emocionamos profundamente en el pasado con una obra de teatro, la recordaremos con claridad a lo largo de toda la vida. Una de las estrategias más efectivas en el aprendizaje es asociar los datos que estamos estudiando con sentimientos positivos. Pero entonces nos preguntamos cómo se hace esto cuando uno está estudiando Estadística II en su carrera. Pues bien, puede parecer complicado a primera vista, pero siempre existen caminos para hacer el aprendizaje agradable. Por ejemplo con juegos de pregunta-respuesta, aplicando en la práctica lo estudiado, evaluandola información con otra persona, etc. No debemos infravalorar factores como la creatividad o la diversión a la hora de estudiar.

 

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A esto cabe añadirle que estudiar en compañía resulta más provechoso que aprenderse una lección a solas, ya que el respaldo emocional que proporciona un amigo hace más sencillo el proceso. Y a pesar de que las escuelas no potencien este método, es muy provechoso llevarlo a cabo fuera de ellas.

Por ultimo aquí os dejo un breve reportaje  de Eduardo Punset y Shlomo Breznitz que aborda aspectos tan importantes como es el ocuparnos de nuestra salud mental:

REFERENCIA BIBLIOGRAFICA

  • 2009. H. Pashler et al. Learning styles: Concepts and evidence. Psychological Science in the Public Interest, vol. 9, págs. 105-119
  • 2010. A. Owen et al. Putting brain training to the test. Nature, vol. 465, págs. 775-778
  • 2013. Dunlosky et al. Improving student´s with effective learning techniques. Psychological Science in the Public Interest, vol. 14, págs. 4-58

 

ZEN: el nómada en el país de los ciegos

 

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No recuerdo donde leí la historia de aquel joven nómada, que, después de mucho caminar, decidió pararse y montar su tienda de campaña en un bello poblado, cuyos habitantes eran ciegos de nacimiento.

La narración señala que las gentes de aquel pueblo se quedaron pasmadas de asombro ante la presencia de aquel extraño forastero, por lo que, inquietas, le obligaron a que fuera examinado por los doctores de la tribu. Estos, al palpar la cara del extranjero, detectaron unos raros repliegues, como huecos, cubiertos de pestañas adosadas a prominencias carnosas en continuo movimiento, que, en un interrogatorio posterior, el joven nómada aseguró que se llamaban párpados. El más sabio de los hechiceros, sentenció que el aquel hombre no era como los demás, que era un enfermo. Padecía un síntoma atípico: tenía ojos. Y los ojos, además, mantenían al cerebro sin reposo, por lo que se hacía urgente salvar al desafortunado caminante.

Y decía la historia que aquella comunidad de científicos invidentes, llevada por la compasión, consideró que lo único que podían hacer por la salvación del muchacho se reducía a una simple operación quirúrgica, que consistía en algo tan sencillo como extirpar aquellos ojos tan perturbadores. La ciencia, -le dijeron- para calmarle- era capaz de que aquellas alteraciones físicas desaparecieran para siempre, por lo que le auguraron un futuro feliz: llegaría a ser como todos los demás; no tendría problemas de convivencia con el resto de los habitantes. Se convertiría en un individuo normal.

No recuerdo cómo acabó la historia de nuestro héroe en manos de los doctores ciegos; supongo que, como explorador que era, tendría en gran estima su sentido de la vista. En tal sentido, otra leyenda paralela narraba que, ante su resistencia a dejarse curar, le dieron veinticuatro horas para que abandonara el poblado.

Todo fue una pesadilla. Algo aturdido, se levantó poco antes de que despuntara el amanecer. Se ajustó la mochila a la cintura. Respiró profundamente. «Al menos -dijo para sí- sigo conservando la vista».mY como para mejor cerciorarse de que estaba despierto, se restregó una y otra vez sus ojos. Al comprobar que seguía conservándolos sanos, mirando a su alrededor, contempló por última vez la belleza del paisaje que los ciegos eran incapaces de ver. Y aunque las lágrimas nublaran por unos momentos sus ojos, nunca -decía la historia- vio algo tan claro y luminoso. Acto seguido, ajustándose aún más la mochila decidió seguir su camino.

 

ZEN: ceguera

 

Llama la atención el hermetismo aburrido, y demoledor para la mente, de una sociedad cuya conciencia colectiva sufre el adocenamiento de vivir atrincherada en los límites de lo establecido. Una sociedad cuya vida se limita a la anti-vida de la vida política invadida de tertulias, editoriales, telediarios; una sociedad trivializada por la superficialidad, donde ser original es sinónimo de raro. El filósofo Arnauld Desjardins, ante un panorama similar, se pregunta: «¿Cómo yo, que soy soberanamente libre, no dependiente, indestructible, sin límites, puedo elegir yo mismo limitarme, encarcelarme, al identificarme con la conciencia tan estrecha…?» Estamos ciegos, mas la narración del Mito de la Caverna de Platón no llega a esa mayoría amedrentada, que sólo lee el «Marca», «Hola» y vota mansamente, desde el miedo, a quienes secularmente le someten. «Ceguera» en este contexto, no significa no ver nada, sino ver mal.

Cuentan que Swâmiji, refiriéndose a tal ceguera, empleaba un ejercicio bien sencillo. Decía: «Cierre un ojo». Yo cerraba un ojo y sólo veía con el otro. «Y ahora, delante de ese ojo que ha abierto, muy cerca, ahí, ponga un dedo; ya solamente ve su dedo». Si apoyaba el dedo completamente, no veía nada pero si, habiendo cerrado un ojo, colocaba mi dedo justo delante del otro, veía el dedo y nada más que él. Un dedo tan pequeño era capaz de ocultarme la inmensidad del paisaje, todo lo que se extendía ante mí y a mi alrededor…..» Vemos mal. Ni siquiera vemos lo que existe más allá de la máscara del propio personaje, la función, el rol, y toda es parafernalia diseñada por el pensamiento único para que cada individuo «quiera hacer» lo que «tiene que hacer».

 

Aprender a usar los ojos

En pocas cosas -lo confieso- veo encarnarse tanto la profundidad y el esplendor del ser humano como en su mirada. Del mismo modo que ante el mar o el fuego, puedo, pasmado y absorto, pasarme y pasarme horas enteras contemplando el lujoso espectáculo de determinados ojos. Yo no sé -bueno, sí lo sé- qué es lo que le pasa a determinada gente en su mirada. Como cualquier otro, un psicólogo se expone a la deformación profesional. También lo sé: en ninguna de las universidades por donde he pasado aprendí a recibir, como ahora recibo, el mensaje radical que comporta la mirada. Por eso, yo pienso que para aprender a mirar con ojos nuevos, se hace necesario «desaprender» las toneladas de trivialidades que en su día aprendimos.

«Miré y miré, y esto llegué a ver: lo que creía que eras tú, era en verdad yo y yo…». Quizá -sin duda- una de nuestras tragedias consista en que tendemos a engañar en idéntica medida en que nos engañamos, cuando nuestra mirada no alcanza a ver más que el límite del filtro de nuestro pequeño yo; una parcela de la realidad que -tan osada y ligeramente- llamamos «la» realidad. Demasiados antifaces, demasiadas sordinas, velos y tamices para poder llegar a conocer y conocernos. Pero, súbitamente, un buen día, aparece ante nosotros la mirada libre de filtros; una mirada por donde, curiosamente, soy mirado y, a la vez miro; un mismo canal de entendimiento y comprensión, un rostro y un gesto acabados; el guiño de otra realidad escondida, desprovista de la mueca fingida y estudiada. Súbitamente, un buen día, aprendemos a mirar.

A pesar de que la creación, con sus luces y sus sombras pone cotidianamente delante de nuestros ojos el milagro de la posibilidad de despertar, seguimos dormidos. Y a esta dormidera la llamamos vigilia. Por eso, yo creo que saber mirar es, todavía, una asignatura pendiente. Una enseñanza torpe y doctrinaria, nos infundió la ilusión de que la Psicología es el único camino penetrante del conocimiento radical del alma humana, siendo así que esa ciencia se queda a medio camino, en la antesala del conocimiento. La Psicología -y ello no es poco- desvela, desmitifica, despoja ficciones, ilumina la trastienda de nuestras apariencias; más, con todo ello, se muestra corta e incapaz a la hora de arribar al núcleo de nuestro ser. Solo la compasión puede allanar ese camino.

La compasión que inunda la mirada inocente, la del que sabe nacer de nuevo; la mirada libre de referencias, que produce en quien la transparenta, la única facultad capaz de llegar a ver la realidad sin las deformantes anteojeras con que nos han programado. Habrá que «trabajar» esa nueva forma de mirar, libre de programaciones, para que todo eso llegue a suceder. Pues para todo eso, súbitamente, un buen día, nos fueron dados los ojos. Un descubrimiento que, jubiloso hasta las lágrimas, impactó para siempre al nómada del país de los ciegos que más arriba describimos.

 

El poder de la mirada

Siempre me ha llamado la atención la especial manera de mirar que tienen algunas personas. Sí, aunque parezca extraño, hay personas a las que merece la pena pararse a mirar cómo miran ellas a todo lo que les rodea. Observar al observador.

Yo creo que incluso a pesar del ruido y de las imágenes, tan pródigos y estimulantes en esta sociedad, que vive inmersa en el culto al ruido y a la imagen, son escasas las cosas que, fuera del orden programado, logran captar nuestra atención, y muy   pocos los acontecimientos que hacen que nos paremos a observar con atención. No tenemos tiempo; estamos poco hechos a mirar.

Hay miradas cuyo impacto en mí no lo borrará el paso del tiempo: Las miradas, por ejemplo, de Ernesto Che Guevara, del Doctor Schweitzer, de Emiliano Zapata, de Teresa de Calcuta, tan limpias y horizontales. O, también, la forma serena de mirar de los indúes, así como la penetrante agudeza visual reflejada en las fotografías de los sabios jefes indios norteamericanos, aquí llamados salvajes. Extraordinarias, así mismo, las narraciones que describen a Jesús mirando con serena pena al joven rico, o la descripción de la incontenible ternura de su mirada ante la mujer adúltera.

Es sintomático que sean las culturas orientales, tan afanosas en el arte de mostrarnos la senda del despertar, las que más cultiven la espontaneidad reveladora del sentido de la mirada. Mientras tanto, en occidente todo eso no se tiene en cuenta: es una actividad poco rentable. Pero es fundamental aprender a mirar y practicar la atención, aunque, curiosamente, el hecho de mirar pueda resultar aterrador y ser el acto más costoso, incluso el más doloroso que el ser humano puede llegar a realizar.

Y si no, que se lo digan al enamorado, cuando logra, al fin, ver que estaba enamorado de una imagen más que de una persona de carne y hueso. Incluso los verdugos ponen una capucha a los reos porque son incapaces de soportar la mirada del atormentado. Pensemos en la ansiedad que frecuentemente invade a un torturador cuando alcanza a ver la penosa situación en que ha dejado a sus interrogados; o la inquietud que nos suscitan los actuales mendigos vendedores de revistas cuando apartamos la mirada de su oferta suplicante; o la angustia de un intolerante cuando llega a «ver», que sus fanáticas convicciones están fuera de la realidad, y de la vida; o las reacciones airadas de los violentos cuando la T.V. mete en sus ojos la imagen del cuerpo destrozado de una niña inocente, y cuya realidad hubieran preferido negar, disimular y racionalizar.

Por todo eso, creo que el arte de mirar es una acto revolucionario. Faculta a quien lo hace a tomar conciencia de su propia ceguera, embotada por las ideas y los hábitos que ha ido adquiriendo de segunda mano, y de los que debe vaciarse si de verdad desea crecer como persona. El acto de mirar me ayuda a ver a los demás, y a mí mismo, sin referencias, como en realidad son, sin etiquetas, sin el filtro de los prejuicios y de las ideologías. Mirar es el mayor acto de valentía que un humano puede llevar a cabo, ya que mirar resulta insoportable: quien se permite mirar muere a sus esquemas mentales preconcebidos y a los esclavizantes aferramientos afectivos que le mantienen enganchado y sometido.

Y, por todo ello, el mirar puede ser, también, la experiencia más liberadora del universo, porque en el acto de mirar puedo empezar a comprender y a comprenderme; a ver claro, a despertar.

Es preciso revitalizar los sentidos, ver claro, despertar. Y ver claro es captar en profundidad las cualidades que percibimos mediante el sentido de la vista. Y cuando aquí digo “la vista”, me refiero a una palabra simbólica que expresa el acto de ver mediante el ojo interior que abarca todos los sentidos.

Se trata de hacer estallar los conceptos, y afinar la percepción de tal modo que se desarrolle la visión del hondo sentido revelado en cada cosa. Para ello es imprescindible el ejercicio de la atención que nos ofrece el don y la capacidad de permanecer. De permanecer abiertos a la profundidad secreta que se abre a nosotros cuando estamos atentos al filo del instante.

En el camino hacia la interiorización existe, según el maestro zen Willigis Jäger, “un desmontaje progresivo de la perspectiva del mundo como nos lo presenta la consciencia del yo. Las percepciones corporales, la actividad intelectual, la percepción causal y la experiencia espacio-temporal se van relegando…” 

Cuando llegamos a “ver claro” surge una nueva estructura de la conciencia, que no discurre por los caminos trillados, ni por las leyes de la Psicofisiología convencional. Y es precisamente la transformación de tales estructuras lo que conduce a ese despertar llamado iluminación.

En el Za-Zen se practica el ejercicio de la atención, bien respirando, bien ejercitando el andar contemplativo, para alcanzar mediante el ejercicio un estado de vigilancia estable que nos ayude simplemente a experimentar el fenómeno de ver.

Quiero adelantar que el camino de transformación es duro, pero las personas que están dispuestas a recorrerlo alcanzan la liberación de eso que con tanto acierto las ciencias sociales han llamado falsa conciencia, y que nosotros, dando un paso más, llamamos el ojo del espíritu. Ese ojo, que, agudizado y afinado mediante el ejercicio del Za-Zen, es capaz de ver cómo la totalidad de lo manifiesto emana de ese abismo causal que no tiene forma. Ese ojo que se abre al Ser sin imágenes, porque sólo cuando la vista ha quedado ciega a toda representación, es cuando se torna capaz de aprehender la luz del Ser Esencial.

 

Fuente:

Fragmento del libro: LA RADICALIDAD DEL ZEN (En 24 teishôs)
Fotografía: Jairo Alzate

 

EFT Tapping es un regalo. “Con las emociones no se puede hacer nada…” ¡Sí, se puede!

Me preguntan ¿que es EFT? o ¿qué es tapping? (como popularmente se conoce a EFT). Y cuando contesto, acabo por quedarme con la sensación de no haber transmitido lo que realmente es para mí. Es fácil caer en dar una explicación técnica, sin más. Y con eso quedas bien. Es correcto. Pero EFT ha significado mucho más que eso en mi vida, personal y profesional. Hace 10 años que comencé a utilizar esta herramienta y no imagino cómo hubiera podido recorrer todo este camino sin esta compañera de viaje…

— Has sido mi mejor compañera de viaje, EFT, la más leal. Siempre has estado ahí para echarme una mano. Gracias.

Titulo este artículo “EFT Tapping es un regalo” pero, en realidad, yo he recibido muchos regalos gracias a ella… Te los cuento ahora.

EFT, Tapping

Con las emociones no se puede hacer nada vs. ¡Sí, se puede!

Quizá a vosotros no os haya pasado esto pero a mí si… A mí me enseñaron de niña que con las emociones no se podía hacer nada…

— ¿Qué estás enfadada? Pues te aguantas y te lo tragas.

Cuando ya era mayor, todavía escuché decir a un psicólogo…

¡Que manía con hablar de las emociones, con preguntarle al cliente como se siente! El cliente se mete en su “fregao” emocional y de ahí no hay quien le saque…

El mayor regalo que me hizo EFT fué hacerme ver que los seres humanos tenemos una capacidad natural para “soltar” el malestar emocional. ¡Claro que se puede hacer algo con las emociones! Puedes gestionar las emociones. Puedes reconocerlas, aceptarlas cuando lleguen, y luego soltarlas, dejarlas marchar, recuperando así tu bienestar.

El Tapping me ayudó a recuperar esta habilidad natural para “soltar”, entrenarla y desarrollarla. Y cuando comencé a dedicarme al coaching, me permitió también hablar de emociones con mis clientes SIN miedo a que se metieran en un “fregao”… porque EFT siempre estaba allí si hacía falta liberar emociones desagradables.

(Aunque no hace falta decirlo por obvio, si quiero, por respeto, mencionar que hay muchos psicólogos que si hablan de emociones con sus clientes y algunos también usan EFT)

Trabajar sólo desde la mente vs. hacer un trabajo holístico

Cuanto más pasan los años, más me convenzo de la conveniencia de trabajar con el sistema energético de nuestros cuerpos. Y EFT fue quien me inició en este camino.

— No te voy a engañar… Seré honesta. A pesar de lo que acabo de expresar, reconozco que cuando te conocí, EFT, yo era una escéptica, occidental, abogado… Necesitaba “tocar” para creer… Y eso del sistema energético del cuerpo me sonaba a ese tipo de cosas que una no puede ni ver ni tocar… Esotérico…

La Real Academia de la Lengua Española (RAE) define esotérico como algo oculto, reservado… Impenetrable o de difícil acceso para la mente. Afortunadamente, la RAE también enseña que exotérico (ahora con “x” en vez de con “s”) significa “común, accesible para el vulgo”.

Y fue así como, a pesar de mi mente cuadriculada de abogada escéptica y occidental, el sistema energético del cuerpo acabó por ser accesible también para mí, para el “vulgo”, siguiendo la definición de la RAE. Mi mente decidió darse permiso para explorar nuevos territorios. La sencillez y naturalidad con la que el Tapping trabaja desde el sistema energético del cuerpo, hicieron lo demás con el tiempo.

El ser humano es mente, emociones, cuerpo, sistema energético y alma. Necesita un tratamiento holístico. Ninguna parte de nosotros mismos puede quedar excluida si deseamos sanar, evolucionar, crecer de una forma integrada y armónica. Y EFT hace este tratamiento holístico. Este fué mi segundo regalo.

EFT

Es demasiado fácil… vs. “hazte la vida fácil”

— En este arrebato de sinceridad que hoy me embarga, tengo que reconocerte EFT que también pensé de ti: ésto es demasiado fácil para funcionar y ser eficaz…

De niña me enseñaron que todo lo que merecía la pena requería mucho esfuerzo, sacrificio. Que las cosas eran complicadas… Lo fácil no funciona, no resuelve nada… Seguir el camino fácil es un error.

Cuando empecé a trabajar para una multinacional tuve un jefe cuyo lema era “hazlo sencillo, hazlo fácil”. Para él lo complicado no funcionaba. Descubrí con sorpresa que tenía razón. Cada vez que se establecía un nuevo procedimiento en la empresa y éste era complicado, fracasaba su implantación. Los empleados nos hacíamos un lío:

— Uy… y ahora… ¿quién tiene que autorizar esto?

— Y… ¿cuál es el siguiente paso? Es que hay tantos…

— ¿Y no puedo hacer el paso 3 antes del 2? Es que fulanito está de vacaciones…

— ¿Cómo quieres que termine en plazo y que el asunto quede bien? Con todo este procedimiento tan complicado…

Recuerdo con cariño a este jefe que me hizo ver la conveniencia de hacerte la vida fácil por primera vez en mi vida. Luego, el Tapping se encargó de acabar de convencerme. Y éste fué el tercer regalo.

Además, por muy sencillas que sean las técnicas que utilicemos, al final habremos de aplicarlas a una entidad compleja: el ser humano. Con toda su riqueza y diversidad, con todo su misterio… Así que tranquilos, la complejidad acabará por llegar, si es esto lo que os preocupa.

También ocurre que hay quien cree que EFT es sólo la llamada “receta básica” pero el Tapping es mucho, mucho más. Aunque hay que seguir reconociendo a Gary Craig (creador de EFT) su gran habilidad para hacer fácil lo difícil.

EFT, Tapping

¿Qué es EFT Tapping?

— Bueno Ana. Esta carta de enamorada que le estás escribiendo a EFT con tanta honestidad, reconociendo tus iniciales prejuicios hacia ella es muy entrañable pero… ¡dímelo ya!, ¿qué es el Tapping?

— Tienes razón. Ahora te lo cuento. Muy resumido, en una “cascara de nuez”. Aquí va.

Herramienta holística de gestión emocional

EFT es una herramienta de gestión emocional. Con EFT puedes aliviar estrés, tristeza, enfado… El Tapping es cómo otras técnicas con las que puedes estar más familiarizado, sólo que, además de trabajar con la mente y la emoción, trabaja también con los meridianos de energía y con el cuerpo. Esta forma holística de trabajo facilita y hace más rápido el alivio emocional.

Te cuento su historia en un suspiro

Roger Callahan, doctor en psicología americano, descubrió que estimular ciertos puntos de acupuntura, junto con una serie de procedimientos físicos y psicológicos, podía aliviar problemas emocionales. Tras años de estudio, desarrolló TFT. Terapia eficaz pero muy compleja de aprender y aplicar.

Un alumno suyo, el coach americano e Ingeniero por Standford Gary Craig, diseñó EFT, consiguiendo simplificar la técnica de Callahan mientras mantenía su eficacia. Es así como EFT se ha convertido en la técnica más difundida y se ha constituido en el “buque insignia” de la denominada psicología energética que hoy es vanguardia en EEUU.

A pesar de su juventud, ya existen estudios científicos que avalan su eficacia en el tratamiento de todo tipo de estrés, desde estrés común hasta estrés post-traumático.

Simplificando, se puede decir que EFT interviene directamente sobre la emoción a través del sistema energético del cuerpo. Es una especie de acupuntura emocional SIN agujas, con digitopuntura. De ahí que popularmente se conozca como “tapping”, que en inglés significa dar suaves golpecitos con los dedos.

Y aún me queda algo más… ¡El cuarto y el quinto regalo!

Como venía diciéndo, el Tapping es una técnica de gestión emocional suave y natural. Te ayuda a recuperar tu  capacidad natural para “soltar” el malestar emocional. Pero EFT no es sólo esto… Cuando, a través del Tapping, nuestro malestar emocional desciende hasta diluirse, nuestra perspectiva del asunto cambia, podemos mirarlo con distancia y sentirnos más capaces de manejarlo. Y cuando cambia pensamiento y emoción, también cambia nuestra acción.

Así es como EFT puede ayudarte, no solo a generar cambios emocionales, sino también cognitivos y de conducta. Y ya tenemos el cuarto regalo.

Vamos a por el quinto. EFT tiene una versión sencilla que puedo enseñar a mis clientes para que se apliquen Tapping entre sesión y sesión. Los clientes que la utilizan avanzan más rápido en el proceso y, sobre todo, aprenden una herramienta que les podrá ser útil para recuperar su bienestar emocional el resto de sus vidas.

Y ya me despido…

Sólo mencionar que EFT son las siglas en inglés de “Emotional Freedom Techniques”, que traducimos al castellano por Técnicas de Liberación Emocional, y también recordar que es conocida popularmente como “Tapping”.

— Tenías razón Ana. El “rollo” técnico es un poco frío. Me ha llegado más lo otro. Y también es verdad que después de tu explicación técnica ya entiendo mejor que es EFT.

— Espero que te haya sido útil

Un abrazo de corazón,

Ana F Luna

PCC Coach y Máster en Psicoterapia

Formadora en EFT certificada por la AHEFT y autora del libro “Manual EFT”, Editorial Dilema.

 

Referencias:

  • Manual EFT”, Ana F. Luna. Editorial Dilema.
  • Cursos EFT Tapping

 

 

La vida ¿es sueño?

Entre la realidad y el sueño

Cada día de nuestras vidas, cada noche cuando dormimos, experimentamos un estado de conciencia en el que proyectamos a través de nuestra mente un universo nuevo. Se trata del universo onírico, el mundo de los sueños. A veces soñamos parajes y situaciones que nos hacen sentir muy a gusto y si el despertador nos encuentra en ese agradable momento es fácil que pensemos “¡ay! Un poquito más. No quiero perderme lo que seguía, ¡estaba tan a gusto!”.

Otras veces ocurre justo lo contrario, nos despertamos de una pesadilla y al abrir los ojos con sobresalto nos decimos “¡uff, menos mal que sólo era un sueño!”, y aún necesitamos beber un poco de agua o hacer unas respiraciones antes de volvernos a dormir. En ocasiones los sueños nos parecen tan reales que al despertar no estamos seguros de si fue sólo un sueño o si ha ocurrido en realidad. Y aquí llega la gran cuestión ¿cuál de las dos realidades es la real?, ¿qué es lo que distingue la vida “real” del sueño?

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Procesando nuestras vivencias

En tanto que los sueños nos ayudan a procesar asuntos inconclusos que han quedado registrados en nuestro subconsciente, forman parte de la vida “real”, es decir, desde un punto de vista global el mundo de los sueños forma parte de la vida “real”. Ahora bien, es el sueño en sí aquello que decimos que no es real. Por ejemplo, sueño que veo a un amigo que hace mucho tiempo que no he visto, hablamos y nos comunicamos unos mensajes. Al despedirnos nos damos un sentido abrazo.

Diríamos que lo real es el hecho de haber soñado y los motivos que tal vez me hayan llevado a soñar esto: justo hace un par de días vi a alguien que me recordó a este amigo y estuve pensando en él. Lo que no es real es el encuentro con este amigo, ya que sólo ha ocurrido en una proyección interna de mi mente. En cualquier caso el elemento más importante que nos marcar la línea que divide la realidad de los sueños es el despertar. Solamente al despertar puedo estar segura de que lo anterior fue un sueño.

La vida es sueño

En la España del s. XVII Calderón de la Barca reflejaba en su obra, La vida es sueño, la idea de la vida como un sueño del cual sólo despertamos en el momento de la muerte. El monólogo más famoso de esta obra dice:

“(…) Sueña el rey que es rey, y vive

con este engaño mandando,

disponiendo y gobernando;

y este aplauso, que recibe

prestado, en el viento escribe

y en cenizas le convierte

la muerte ¡desdicha fuerte!:

¿que hay quien intenta reinar

viendo que ha de despertar

en el sueño de la muerte?

Sueña el rico en su riqueza,

que más cuidados le ofrece;

sueña el pobre que padece

su miseria y su pobreza (…)

¿Qué es la vida?, un frenesí.

¿Qué es la vida? una ilusión,

una sombra, una ficción,

y el mayor bien es pequeño:

que toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son.”

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En la tradición hindú el advaita vedanta también plantea la misma cuestión pero con una pequeña y gran variación: ¿y si la vida fuese como un sueño?. Ese “como” marca una gran diferencia. El advaita vedanta no pretende afirmar que la vida que vivimos es en sí misma un sueño completamente irreal, sino que nuestra percepción de la vida es como un sueño del cual podemos despertar. Es decir, podemos despertar a otra forma de percepción de la realidad y con ello descubrir un nuevo mundo.

A diferencia de la idea de que la vida es un sueño del cual despertamos en el momento de la muerte, como exponía Calderón de la Barca, aquí no es necesario morir en el sentido literal de la palabra para poder despertar.  Lo que sí es necesario es morir al ego y a sus formas de percepción e identificación. No se trata de algo mágico, en el sentido de que uno vaya a percibir un mundo de luces y colores, sino de abrirnos a conocer el mundo de otra manera tan distinta que nuestra antigua percepción nos parezca un sueño.

¿Qué ves y cómo lo ves?

¿Has hecho alguna vez algún juego de percepción en el que tienes que descubrir una figura “escondida” en la globalidad de la imagen?

Al principio la imagen general aparece como como si fueran manchas o bien sólo puedes detectar una forma concreta y no ves la alternativa. Tú te esmeras en buscar qué otra percepción se puede tener de la imagen. ¿Te ha ocurrido que no había manera de dar con la solución hasta que alguien te la ha indicado? ¿Y no ocurre entonces que cuando por fin ves la solución ya no puedes dejar de verla? Por mucho que quieras volver a la percepción anterior no puedes dejar de ver la imagen concreta que por fin detectaste e incluso ni te explicas cómo es que te costó tanto verlo.

Pues bien, con la percepción del mundo y de la “realidad” ocurre lo mismo. Una vez descubrimos otra forma de realidad y la integramos, ver el mundo de la forma limitada que lo veíamos antes nos parece un sinsentido, nuestra percepción anterior fue como un sueño.

En otros casos ni si quiera la percepción a través de los sentido cambia, pero sabemos que en realidad las cosas son de otra manera. Seguimos viendo el sol salir por el este y ponerse por el oeste y en cambio, sabemos que el sol ni sale ni se pone y que es la tierra la que al girar a su alrededor dando la sensación de que sale por un lado y se esconde por otro. Veamos el ejemplo con unas figuras:

¿Cuál de los dos te parece más largo?

 

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Pues son iguales. ¡Mira!

 

El conocimiento que todo lo cambia

Nosotros vivimos la vida como en un sueño: a veces gozando de los placeres y momentos agradables, otras veces sintiendo dolor y miedo. Tanto una cosa como la otra dependen de nuestra proyección mental, de nuestra forma de conocernos, conocer el mundo y relacionarnos con él. El CONOCIMIENTO en este sentido LO CAMBIA TODO. Igual que al despertar de un sueño nos damos cuenta de que sólo fue un sueño, al despertar a una nueva forma de comprensión nos damos cuenta de que la vida que estábamos viviendo era lo mismo que un sueño.

 

¿En qué consiste el conocimiento del que hablamos?

Consiste en darnos cuenta de lo pasajero de todo lo que nos rodea así como de nuestro cuerpo, nuestros pensamientos, emociones… Darnos cuenta de que términos como “yo” y “mío” están vacíos, son sólo nombres. Todo aquello con lo que me identifico y a lo que llamo “yo” habitualmente es efímero y cambiante.

Este es mi sueño: nací en el mes de octubre y pesé muy poco. En el lugar donde debiera estar mi paladar había un agujero, así que en el hospital me apartaron varios días de mi madre para poder hacerme un seguimiento médico. Fui una niña inquieta y a la vez dulce y amable. Era servicial, siempre dispuesta a contentar a los demás. Delgadita, pequeña, morena y fuerte….

Podría seguir con el sueño que podría ser completamente distinto y haber soñado que nací en un mes de julio, con gran tamaño y peso y que enseguida mi madre me pudo tener entre sus brazos mientras yo me cogía a su pecho. Podría haber soñado que fui una niña tranquila y parada.

A veces sueño que me ocurre algo maravilloso y me siento contenta y satisfecha, otras veces sueño que estoy triste porque algo me ha dolido, o que me siento enfadada.

Conocer es ante todo CONCIENCIA, DARSE CUENTA, OBSERVAR. ¿Has tenido alguna vez un sueño consciente? Se llama sueños conscientes a aquellos en los que dentro del propio sueño uno se da cuenta de que está soñando y elige cómo vivir su sueño.

El DESPERTAR

¿Y si ocurriese lo mismo con nuestra vida? En el momento en que puedo darme cuenta de que estoy soñando algo dejo de ser esclava de mis sueños.

Del mismo modo, en el momento en que me doy cuenta de que yo no soy todos los juicios, pensamientos y emociones pasajeros que me atribuyo, puedo entonces observar lo que queda, la plenitud del Ser, Eso es lo que soy. No soy lo cambiante y pasajero con lo que siempre me identificaba, esa vida mía era como un sueño.

Darse cuenta de que la vida es como un sueño nos permite vivirla sin apego, observando todo lo que va y viene, todo lo que aparece y desaparece mientras Algo mucho mayor en nosotros es consciente de estar soñando. Entonces podemos movernos con plena libertad en el sueño de nuestra vida, igual que una araña se mueve libremente por la tela que ella misma ha tejido.

Neurobiología de la honestidad II

Algunas preguntas para entrar en calor: ¿Te imaginas una persona que pasa sus días siendo deshonesta con ella misma, alguien que diariamente acudiera a un puesto de trabajo que no le llena, que compartiese espacio con una pareja a la que no ama o simplemente una persona que trata de esconder a los demás aquello que es, piensa o siente? ¿Te imaginas cómo sería un planeta repleto de personas deshonestas? Seguramente sus habitantes sufrirían accidentes de tráfico paranormales, tendrían profesores insensibles con perfil psicópata y las personas se jugarían el pellejo sin ton ni son. Menos mas que esto es ciencia ficción (aquí puedes encontrar la primera parte del artículo).

Accidentes de tráfico paranormales 

El científico Anthony Greenwald cita textualmente en un artículo publicado en los años 80 una serie de experiencias “paranormales” vividas por personas que habían sufrido un accidente de tráfico. La policía recogió en sus declaraciones la aparición misteriosa y repentina de una señal de stop o un poste de teléfono volador que se aproximaba a toda velocidad a la conductora sin que esta pudiera evitar la colisión. Ninguno de ellos había bebido o consumido sustancia alucinógena alguna, y además la segunda declaración corresponde a una profesora de literatura de renombre. Evidentemente, el equipo de atestados no requirió la ayuda de Iker Jimenez para aclarar los hechos. ¿Por qué personas sanas reaccionamos de esta forma?

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Aunque pueda sorprendernos la respuesta, este comportamiento está íntimamente relacionado con las características de nuestra memoria. Bajo circunstancias en las que todo transcurre muy rápido o son de una intensidad considerable, como en un accidente de tráfico, nuestra memoria patina e inventa una historia que abofetea la realidad. Para sorpresa de muchos, la corteza cingulada anterior (nuestro detector de honestidad que funciona como un rociador de hormonas anti-incendio) no interpreta acto deshonesto alguno, por lo que nuestro corazón se queda tranquilito y no hay ni rastro de cortisol o testosterona en el torrente sanguíneo. ¿Y esto porqué?

Esto ocurre porque nuestro organismo tiene una idea de honestidad muy diferente a nosotros. La honestidad no tiene mucho que ver con los demás, o con la verdad, sino con uno mismo. Podemos estar contándole a un policía con todo lujo de detalles que el poste de teléfono vino volando hacia nosotros (me encantaría haber visto el rostro del agente) mientras nuestro detector de honestidad duerme la siesta. En otras palabras, cuando nuestra memoria es coherente con la versión que lanzamos al mundo el organismo no detecta deshonestidad alguna a pesar de que lo que contemos sea «mentira». Por lo tanto, la honestidad para nuestro organismo no parece tener mucho que ver con la verdad.

 

Profesores insensibles con perfil de psicópata

Para conocer un poco más qué es la honestidad para el organismo, viajemos a nuestra época de estudiantes con nuestra máquina del tiempo cerebral. Estamos en la cantina de la universidad, con el sol de julio aún algo tímido, celebrando el final de exámenes tras recibir la última calificación que nos faltaba por saber. Suele ser habitual que parte del grupo de compañeros que han suspendido se muestren como víctimas de una injusticia, damnificados por un examen que salió despedido de la mente de un psicópata, mientras los que han aprobado mantienen la boca cerrada. Esta experiencia, que se repetía año tras año durante mi etapa de estudiante, coincide curiosamente con los resultados obtenidos por Robert Arkin y su equipo de investigadores de la Universidad de Ohio los cuales señalan que, ante un suspenso, tendemos a ver al profesor como un insensible lejos de asumir nuestro error. ¿Esto es honesto o no?

 

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Para nosotros todo puede ser cuestionable. Con mucho menos montamos programas televisivos o iniciamos interminables debates, pero menos mal que la honestidad no es una batalla mental o intelectual. Independientemente de nuestra opinión, es nuestro detector de honestidad el que toma las decisiones, y él tiene muy claro lo que es un acto deshonesto y lo que no (imagino a una corteza cingulada anterior reflexionando horas y horas acerca de si algo es honesto mientras el organismo se encuentra en serios apuros). El alumno que pone “verde” al profesor comienza a percibir en su organismo síntomas fisiológicos deshonestos. Empieza la fiesta del cortisol y la testosterona aumentando en la presión arterial, el ritmo cardiaco, la frecuencia respiratoria, la temperatura y experimenta una pérdida de empatía con el mundo.

Estas y otras investigaciones dejan entrever un mecanismo muy humano que tiene mucha guasa: achacamos nuestros éxitos a nuestro buen hacer y vemos los fracasos como fruto de la injusticia o de la “mala suerte”. Pero la cosa tiene más delito (ahora viene un punto que me encanta). Cuando se trata de los demás, entonces tendemos a pensar que sus logros se deben a la “buena suerte” y que el fracaso ajeno está relacionado con la falta de esfuerzo o directamente se debe a su incompetencia. Este comportamiento activa, la mayoría de veces de forma inconsciente, nuestro detector de honestidad como un martillo pilón.

 

Jugarnos el pellejo

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Nunca lo habría imaginado: la deshonestidad puede poner en peligro nuestra integridad física. Los seres humanos somos capaces de jugarnos el pellejo para mejorar la opinión que los demás tienen de nosotros, aunque sepamos que esa «mejoría» no será más que una quimera temporal. Si nuestro objetivo es conquistar a una chica o a un chico, somos capaces de conducir a gran velocidad, sufrir trastornos alimenticios, pelearnos sin motivo aparente, comenzar a fumar, beber en exceso o ingerir drogas. El investigador Mark Leavy nos aporta evidencia científica de ello. ¿Qué tanto nos aporta la deshonestidad que parecemos adictos a ella?

 

Los límites de la deshonestidad

Hagamos la mochila, añadamos un saco y tienda de campaña por si acaso, para hacer una nueva expedición. Caminando por los límites de la deshonestidad encontramos el trabajo de Dan Ariely. Junto a un buen número de colaboradores diseñaron desde el MIT un experimento que consistía en entregar a cada participante una hoja de papel con 20 ejercicios matemáticos que todos ellos sabrían resolver con un tiempo limitado de cinco minutos. Dan y su equipo sabían que, en promedio, cada persona tendría tiempo para resolver únicamente cuatro problemas. Las condiciones del estudio se completaban informando al personal que se pagaría un dólar por cada problema resuelto y que no era necesario entregarle las resoluciones como justificante. Es decir, podías no resolver ningún problema y dedicar el tiempo hurgarte la nariz, acercarte al majo de Dan y decirle que habías concluido todos los problemas y recibir veinte dólares. En palabras textuales del investigador “vimos a mucha gente haciendo un poco de trampa”. Los participantes dijeron que resolvieron siete problemas de media.

Los experimentos de Dan se corresponden con mis estudios observaciones en el Lizarrán (un restaurante español en el que cada pincho contiene un palillo y te cobran en base a los palillos que presentes). Por termino medio, cada uno de mis amigos consumió cinco o seis pinchos. Sin embargo, el 90% de ellos llevó únicamente cuatro palillos a caja. Nadie llevó uno o dos: todos hicimos un poco de trampa pero no mucha.

Estos estudios, entre otros, indican que existe un límite en nuestro detector de honestidad. Este umbral es una línea roja que no cruzamos a la ligera. Esto quiere decir que nos llevamos prestados el jabón de los hoteles o alguna toallita, evadimos impuestos cuando llevamos el coche al taller, pero la mayor parte de las personas no cogemos dinero de la caja del hotel (aunque sea poco) o robamos un coche. ¿Qué aspectos son capaces de desplazar la línea roja que marca los límites de la honestidad?

El mismo grupo de investigación diseñó un nuevo estudio que aporta unas cuantas pistas al respecto. Cuando pidieron a los participantes que antes de resolver los problemas recordaran los diez mandamientos, de repente resultaron ser todos unos santos y resolvieron menos problemas de media. Engrasando los entresijos del experimento, algo me llamó la atención: no hubo diferencia entre creyentes y ateos o entre personas que recordaron los diez mandamientos o ninguno (el autor confiesa que nadie fue capaz de recordad los diez). Sin embargo, la línea roja que marca los límites de la honestidad se vio condicionada igualmente. Evidentemente, esto no resulta exclusivo de la religión, sino que con un hipotético juramento cualquiera a la constitución, por ejemplo, puede estrechar el límite que nos separa del acto deshonesto. La moraleja podría resumirse en que el umbral de honestidad depende de nuestros pensamientos y es fácilmente manipulable por terceras personas. 

 

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Se que de esto ya hemos hablado pero es que me pirra. ¿Qué opinamos cuando los que hacen «un poco de trampas» son los demás? La cosa cambia y mucho. De modo inconsciente, justificamos evadir impuestos en el taller mecánico (es tanto de esperar como encontrar un póster de una mujer en cueros), o aceptamos incluir algo cuestionable en el currículum, pero si un político o un cargo público evade impuestos o falsifica algún documento es un corrupto y merece ir a la cárcel. El rasero de la honestidad es diferente si lo aplicamos a nosotros o a los demás.

 

Neurofisiología de la honestidad

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Hemos hablado y mucho del acto deshonesto, de aspectos neuronales y fisiológicos… ¿Pero qué ocurre cuando somos honestos? Estudios conjuntos entre las universidades de Hardvard y California durante cuatro años, son rotundos y esclarecedores: la honestidad reduce el estrés, ralentiza el envejecimiento celular, mejora la salud y nos hace más longevos. Estos efectos se deben a una hormona que habita los organismos honestos, la oxitocina, encargada de promover la salud, disminuir los niveles de cortisol y restablecer la tensión arterial a su curso natural.

 

Miedo a la honestidad

Muchas personas compartimos la extraña creencia de que si nos mostramos a los demás tal cual somos, haciendo uso de la honestidad, algo saldrá mal. Esta idea es el padre del cortisol y la testosterona, y para nada se corresponde con la realidad.

En los hospitales estadounidenses encontramos un buen ejemplo de ello. Alrededor de dos millones de personas se encuentran con problemas de salud graves, y cerca de cien mil pierden la vida a causa de errores médicos según los datos de un informe del Instituto de Medicina de USA (1999). Normalmente esto ocurre entre interminables jornadas laborales, donde los profesionales prescriben erróneamente un medicamento (sin caer en la cuenta de alergias o contraindicaciones entre fármacos) y realizan diagnósticos equivocados. Según el doctor Luis Rojas Marcos, quien de 1995 a 2002 dirigió el sistema sanitario neoyorkino, cuando los profesionales de la salud bajan del pedestal y exponen lo ocurrido a los pacientes con honestidad, las personas perjudicadas no sólo agradecen y aceptan sus disculpas sino que se interponen menos medidas legales por sus negligencias. En definitiva: no tenemos argumentos sólidos para temer a la honestidad, sólo alguna que otra creencia sin fundamento al respecto, y si muchos motivos para ser honestos.

 

La humanidad tiende a la honestidad

 

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Para ser honestos no tenemos que esforzarnos. Cuando la cosa aprieta, o al menos eso concluyen un buen puñado de estudios científicos, los seres humanos tendemos a ser honestos incluso en situaciones en las que tenemos algo que perder. A pesar de estar en juego la propia economía de los participantes o su reputación social, muchas personas optan por la honestidad como forma de afrontar situaciones de vida complicadas. Nuestra programación genética se impone. El titular podría ser: la humanidad tiende a ser deshonesta en las cosas “poco importantes” y a ser honesta en las “importantes”.

 

El poder de la honestidad

 

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Ante la honestidad no hay creencia, hábito o red neuronal que valga. No hay excusas. Ser honestos nos convierte en organismos saludables y no por arte de magia sino por arte de ciencia. Con cada experimento, con cada línea, caemos en la cuenta de que nuestro organismo tiene una idea de honestidad muy diferente a la nuestra y llegar a este punto no tiene precio.

Este texto no pretende que nadie se haga una nueva idea acerca de la honestidad, sino que entendamos cómo ve la honestidad nuestro organismo, que aprendamos sus manías y cómo funciona, para que podamos vivir una vida en sintonía con él. Para nuestro organismo la honestidad no tiene tanto que ver con decir la verdad a los demás, más bien es un gesto de empatía con nosotros mismos.

 

Referencias

Greenwald, A.G., The totalitarian ego. American Psychology, 1980. 35: p. 603-618.

Rojas, L., Eres tu memoria: conócete a ti mismo. 2012, Barcelona: Espasa.

Arkin, R.M. and G.M. Maruyama, Attribution, affect, and college exam performance. Journal of Educational Psychology, 1979. 71: p. 85-93.

Rojas, L., La autoestima. Nuestra fuerza secreta. . 2007, Madrid: Espasa.

Leary, M.R., et al., Self-presentation in everyday interactions: Effects of target familiarity and gender composition. Journal of Personality and Social Psychology, 1994. 67(4): p. 664-673.

Ariely, D., Our buggy moral code. 2009, TED2009.

ten Brinke, L., J.J. Lee, and D.R. Carney, The physiology of (dis)honesty: does it impact health? Current Opinion in Psychology, 2015. 6: p. 177-182.

Light, K.C., K.M. Grewen, and J.A. Amico, More frequent partner hugs and higher oxytocin levels are linked to lower blood pressure and heart rate in premenopausal women. Biol Psychol, 2005. 69: p. 5–21.

Zhu, L., et al., Damage to dorsolateral prefrontal cortex affects tradeoffs between honesty and self-interest. Nature Neuroscience 2014. 17: p. 1319–1321.

El goce de mirar y hacerse-mirar

Lo más característico de la vida moderna no era su crueldad ni su inseguridad, sino sencillamente su vaciedad, su absoluta falta de contenido.

– George Orwell (1949)

 

En el mundo globalizado del Siglo XXI, el sujeto puede aparentemente relacionarse con más personas, incluso de otras latitudes del mundo. Paradójicamente, hay un incremento de la soledad, los dramas sociales y el sufrimiento psicológico. El discurso capitalista se ha coronado como sistema económico y social por excelencia en los países llamados occidentales. Estamos solos en relación al otro semejante, y al mismo tiempo estamos constantemente expuestos al gran Otro: el sistema. Esto lleva al sujeto a confundir sus objetos (de amor) con los gadgets (objetos de consumo), que actúan como termómetro de su estado de bienestar.

 

La sociedad Orwelliana

En 1949 George Orwell publica su obra “1984”, en la cual presenta una sociedad ficticia indeseable en sí misma. Pretende la felicidad mientras que oprime a sus ciudadanos y los condena al sufrimiento. Escasas décadas después, se encuentran paralelismos con lo que ocurre en la actualidad. Vivimos en un mundo en el cual se manipula la información y se practica la vigilancia masiva.

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Uno de los protagonistas de esta obra literaria es llamado sarcásticamente el Gran Hermano. Éste tiene un carácter omnipresente y lo observa todo. Además, aparece constantemente en la trama a través de las tele-pantallas, en la enérgica propaganda de «El Partido». Su existencia es enigmática, pues nadie lo ha conocido ni se sabe su verdadero nombre. ¿Será el Gran Hermano una persona real o una invención propagandística para infundir respeto y temor en la población?

Si bien Orwell se basó en los sistemas totalitarios y de valores colectivistas, algunos rasgos de este fenómeno se evidencian en la actualidad. En nuestra cultura dominada por el capitalismo, estamos vigilados constantemente. Estamos a merced del Gran Hermano.

 

La mirada y la pulsión escópica

El psicoanalista francés Jacques Lacan estudia la temática de la mirada en su seminario “Los cuatro conceptos fundamentales del Psicoanálisis”. En éste discute el libro “Lo visible e invisible” del filósofo Marleu-Ponty. Lacan distingue la pulsión escópica, centrada en la mirada subjetivante, de la función fisiológica de ver. Por definición, ver es la acción y el resultado de captar el mundo por medio de la vista. Mientras que mirar, consiste en fijarse en un detalle particular de aquello que estamos viendo.

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Durante el desarrollo del sujeto, la madre mira a su bebé, y le va introduciendo la imagen de su propio cuerpo como algo unificado. Este bebé se va convirtiendo en un sujeto, pues hay alguien que dirige hacia él una mirada amorosa. Entonces en el niño va surgiendo un deseo de ser mirado, y posteriormente de mirar él mismo.

Al igual que todo los aspectos pulsionales del ser humano, esta mirada debe tener un límite. Es angustiante para el pequeño ser mirado todo el tiempo. Es por esto que los niños disfrutan el juego del escondite. En el mismo, el niño se oculta de la mirada del otro, y a la vez desea que el otro lo busque. El goce que se pierde al no poder mirar o ser mirado todo el tiempo, se recupera a través del juego.

 

La mirada de la ciencia

Gérard Wajcman (2011) en su libro “El Ojo Absoluto” introduce la noción de que somos mirados permanentemente. Esto se constata ante la infinidad de cámaras de vigilancia que hoy son parte del entorno natural del hombre citadino. El deseo de mirar, propio de la naturaleza humana, ahora parece ser potenciado por la ciencia y la tecnología. Éstas implantan la creencia y la promesa de que tarde o temprano absolutamente todo es posible. Dentro de estas posibilidades, entra el ver-todo que se impone como un mandato, desnaturalizando el deseo previo. Igualmente, funciones que antes estaban separadas, deben condesarse y formar un solo objeto. Entonces desaparece el corte entre ver y ser visto, entre el sujeto y el objeto.

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Wajcman propone la Transparencia como un fenómeno actual. La ciencia y la técnica han sobrepasado los límites del cuerpo, pues ahora puede verse a través de la piel. El único intermediario es la pantalla, ya sea la del monitor o el televisor. Incluso el bebé ya no es sólo anticipado por la palabra, sino por “sus primeras fotografías” tomadas cuando aún habitada la comodidad del vientre materno.

Hoy en día, todos los objetos tecnológicos tienen un ojo integrado, con una gran capacidad de memoria para almacenar todas las imágenes producidas. Entonces tomamos fotos frenéticamente, en lugar de mirar. Se mirará siempre más tarde, imágenes que son almacenadas en carpetas de la memoria. Cada una tiene su minuto de gloria para luego ser sustituida por los millones que le siguen. Wajcman titula una de las secciones de su libro: “Ver Todo, Perdérselo Todo”, ya que hay demasiadas fotos y no bastantes ojos para verlas.

Esto se constituye en una amenaza a lo íntimo, ya que el lugar donde el sujeto puede sustraerse de la mirada del Otro le es arrebatado. La tendencia actual a la transparencia es opuesta al derecho del sujeto a ocultar su verdad inconsciente, de la que él mismo tampoco sabe nada. ¿Por qué? La mirada omnipresente del sistema sobre nuestras formas de satisfacción le proporciona información importante. De este modo, el mercado sabe cómo anticiparse y colmar todos nuestros deseos. A través de Internet se pueden conocer los intereses intelectuales, sociales y hasta sexuales; que luego son ofrecidos como objetos plus de goce. Actualmente no se crea una invento para satisfacer una necesidad, mas bien se crea la necesidad de dicho invento.

 

Lo público y lo privado

El psicoanalista francés Jacques-Alain Miller expresa:

Hoy no sólo tengo derecho a gozar a mi manera, sino también a decírselo a todo el mundo. Hay un plus de goce que no está velado, sino que se exhibe de todas las maneras posibles. La sociedad ha dado un giro para pasar de la intimidad de los goces privados de la Viena Victoriana de Freud, a la exposición pública de todos los modos potenciales de gozar.

La influencia del Psicoanálisis pasa por la idea actual de que si algo anda mal, es absolutamente necesario hablar, y por qué no, publicar. Las pacientes histéricas de Freud vivían en la época de la represión y el secreto de la doble moral. Freud liberó la palabra cuando descubrió las pulsiones y los deseos inconscientes. No se imaginó que el sujeto un siglo después estaría vociferando sus goces y desgracias, exhibiendo sus secretos más íntimos. Consecuentemente encontramos las estanterías repletas de libros de auto-ayuda basados en la vida de personas comunes que obtuvieron los logros que la sociedad les impone como deseables. Todo el mundo tiene una historia que contar. Esta es la era de los talk shows, cada uno protagonista de su propio espectáculo.

 

La realidad como espectáculo

El paso de lo público a lo privado, no sólo implica el empuje actual a decirlo todo. No basta sólo con palabras huecas, pues además se hace imperativo hacerlo visible en imágenes. La sociedad del show business nos pone a disposición el goce de la pulsión escópica. El sujeto cae y consiente esta dinámica, por lo que se muestra más que dispuesto a exhibirse.

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Siguiendo a Wajcman, para esconder algo es preciso reconocerse en él. De modo que sólo es posible exhibir sin pudor cuando el sujeto no se reconoce exactamente en lo que muestra. En este sentido, el exhibicionismo apunta a algo del desapego y liberación respecto de sí mismo. Es decir, que la mirada a la que se expone no apunta a él como sujeto, no está implicado y no es responsable de lo que se ve de él. Así es como los actores que representan un personaje toman distancia de sí mismos.

En este contexto surgen y se popularizan los reality shows, en los cuales suponemos ser testigos de la real cotidianidad de sus protagonistas. Podemos identificar tres tipos de reality shows:

  • Primero tenemos los Top Shows, en los cuales sus participantes cuentan con un talento que enmascara el verdadero propósito de mostrarse: canto, baile, cocina, modelaje, etc.
  • Segundo se ubican los New Celebrities Shows, teniendo como prototipo “Keeping Up with the Kardashians». Éstos se basan en la vida de un grupo reducido de personas que cuentan con un estatus de vida excéntrico y lujoso, cuyo único talento es seguir siendo famosos.
  • Por último, se encuentran los Truman Shows, basados en la película que lleva el mismo nombre. Sus participantes cuentan con una carencia emocional importante. Esto les hace exponerse a una situación de encerramiento con extraños, y ser sujetos del escrutinio colectivo. Quedan a merced de los medios de comunicación, que tienen acceso a las reacciones de público, y manipulan las condiciones de la casa-jaula para obtener mayor rating.

Citando a la psicoanalista Diana Wolodarsky en su artículo Reality Show:

El Reality puede inscribirse como un nuevo gadget de la época: un objeto más de consumo ofrecido en el mercado para saturar el vacío de existir… el sujeto paga el precio de ser reducido a la condición de objeto, como un producto más del consumo del mercado.

 

El ideal de fama injustificada

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En el Siglo XXI, programas de televisión como Big Brother son populares tanto en países desarrollados, como en los llamados peyorativamente tercermundistas. La pobreza económica no es el factor determinante, sino el empobrecimiento de la experiencia. Lo importante es atraer las miradas, puesto que la sensación de no ser mirado acarrea una irremediable falta en ser. Hay una consigna: “Me miras, luego soy. Soy mientras me miras.”

Otro factor importante a considerar es la caída de los ideales. Diariamente, incluso en las redes sociales, los sujetos-objetos de la mirada buscan fervientemente un estatus de celebridad. La particularidad y lo que le distingue de generaciones anteriores, es que dicha insignia surge ante la ausencia de un talento o saber extraordinario. Más bien se basa en la realización de las actividades cotidianas, lo cual genera admiración en sus espectadores y deseo de imitarlos.

Woody Allen plasma este fenómeno en su película “A Roma con Amor”. El personaje Leopoldo Pisanello es un tipo terriblemente aburrido, quien una mañana se convierte en el hombre más famoso de Italia. Es constantemente acosado por lo paparazzi, empieza a disfrutar de los privilegios de su fama. Un buen día, el foco de atención se desplaza a una nuevo famoso desconocido, Aldo Romano. Entonces, el pobre Leopoldo ignorado trata desesperadamente de mantener su nivel de fama. Realiza actos que llegan al extremo de desnudarse en la calle: toca fondo.

Esta reflexión sarcástica de Allen, nos muestra el precio a pagar por la fama injustificada. Actualmente, las redes sociales y los reality shows, entre otros fenómenos, alimentan esta sed de ser mirados y mirar. Llegan los sujetos a borrarse con el único fin de hacerse visibles para alguien, hay espectadores anónimos y disponibles. «Ser mirado» depende del otro que mira, mientras que «hacerse-mirar» está del lado del sujeto, quien se exhibe buscando ser notado, admirado y hasta envidiado.

De este modo, seguiremos siendo bombardeados con los detalles más irrelevantes de lo que le ocurre a estas personas en sus vidas vacías. Continuará la producción y desecho incesantes de famosos injustificados. Los espectadores seguirán de cerca el show del momento, ilusionados o decepcionados. Y esto será así, mientras el mercado encuentre un beneficio económico y/o social. Tal como culmina Wajcman en su libro:

Cada quien es susceptible hoy de ser el gran reportero de todas las tragedias del mundo, desde las más grandes hasta las más minúsculas.

 

Referencias bibliográficas:

  • Miller, Jaques-Alain; Laurent, Eric. (2005). El Otro que No Existe y sus Comités de Ética. Editorial Paidós. Buenos Aires, Argentina.
  • Nasio, Juan David (2011). La Mirada en Psicoanálisis. Editorial Gedisa. Barcelona, España.
  • Wajcman, Gérard (2011). El Ojo Absoluto. Ediciones Manantial. Buenos Aires, Argentina.

Fuentes:

Aprendiendo a ser padres: Los valores

Este es el primero de una serie de artículos para orientar a padres, hermanos, educadores y cualquiera interesado en el conocimiento acerca de los distintos ámbitos que ocupan la vida de los jóvenes y adolescentes. Pero si tuviera que definir un “Target” (Un objetivo) diría que se trata de una serie de artículos para orientar a los padres en el complejo mundo que es su hijo.

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¿Qué es importante saber sobre enseñar valores?

La familia, al ser el primer entorno en el que los niños comienzan a relacionarse con los demás, también va a ser el lugar donde, día a día, van a aprender los distintos valores que después les ayudará a enfrentarse con éxito al mundo exterior. Los niños y adolescentes deben desarrollar estos valores dentro de la familia ya que a partir de las vivencias cotidianas y las relaciones con sus padres, hermanos, abuelos… es donde primero aprenderán a convivir, a compartir y a ayudar. Los padres podéis facilitar la educación en valores viviendo cada día con ilusión para fomentar que vuestro hijo se sienta a gusto y querido; Aceptando a vuestro hijo tal y como es, con sus particularidades pero creándole expectativas positivas y realistas; Buscando momentos que permitan que os reunáis toda la familia, en los que podías dialogar y compartir; Siendo un ejemplo a imitar por vuestro hijo.

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¿Cómo educar a vuestro hijo para  favorecer su crecimiento y desarrollo personal?:

Los valores que debéis fomentar son: La Responsabilidad, la Autonomía y la Independencia.
Es importante que al ejercer la autoridad con vuestro hijo no lo hagáis por el simple hecho de ser sus padres, sino que debéis conseguir que las normas que existan en vuestra familia las asuma como suyas y las acepte como guía de su comportamiento. Mientras vuestro hijo es pequeño es necesario que le deis pocas instrucciones, muy claras y muy concretas para que entienda perfectamente qué es lo que esperáis de él. A medida que vaya creciendo debéis explicar a vuestro hijo los motivos de vuestras peticiones e incluso pedirle opinión para intentar llegar a acuerdos.

Animad a vuestros hijos ante cualquier iniciativa que tenga, pero siempre supervisando que sea adecuada para su edad y ayudándolo a desarrollarla. Enseñadle a tomar decisiones por sí mismo y a saber elegir. Es conveniente proporcionar situaciones donde tenga que empezar a decidir: A: De pequeño, se sentirá orgulloso si le tenéis en cuenta a la hora de realizar ciertas compras, ayudar en casa, planear el fin de semana… B: Cuando vaya acercándose a la adolescencia, es conveniente que decida cómo administrar el dinero que le deis, su forma de vestir y peinarse, cómo organizarse para hacer las tareas domésticas encomendadas, dando un mínimo de orientación.

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Es importante que razonéis con él las consecuencias de su decisión, pero si no son peligrosas, la mejor manera de que aprenda es dejándolo equivocarse. Cuando vuestro hijo se equivoque debéis evitar comentarios tales como “Ya te lo advertimos” o “Nunca nos haces caso”, Porque podéis provocar que evite tomar decisiones la próxima vez, o con tal de oponerse a vosotros, las tome sin pensar. Cuando tenga un problema, será necesario que le impliquéis en la búsqueda de alternativas para solucionarlo, alentándole para que alcance una solución madurada. Será positivo que le dejéis tiempo para solucionar por sí mismo los problemas que se le planteen. Cuando consideréis que debéis intervenir, preguntadle antes como le gustaría que le ayudarais. Es importante que le expliquéis, mediante ejemplos, que todos sus actos tendrán consecuencias. También debéis decirle que en ocasiones esas consecuencias pueden ser negativas para ellos o para los demás, a fin de que aprenda a valorar los resultados de su comportamiento antes de actuar.

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¿Cómo educar a vuestro hijo para facilitar su relación con los demás?

Los valores que debéis fomentar son: Convivencia, Tolerancia, Respeto, Solidaridad, Justicia.
Es fundamental que fomentéis en vuestro hijo un estilo de vida sencillo que se base en el ser y no en el tener, para no llegar al consumismo imperante en nuestra sociedad. Es importante que enseñéis a vuestro hijo a no tener prejuicios y a aprender que todas las personas tienen los mismos derechos aunque las características de los otros sean diferentes a las suyas. Será positivo que enseñéis a vuestro hijo a valorar las diferencias de los demás y a conocer la diversidad cultural que existe incluso dentro de nuestro país, a través de viajes, visitas a museos, libros… Es necesario que enseñéis a vuestro hijo desde pequeño a respetar a los demás, no haciendo ruido si alguien está durmiendo, estudiando o realizando alguna tarea, no interrumpiendo conversaciones y respetando las cosas de los demás.

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Es importante que enseñéis a vuestro hijo a respetar su entorno más cercano: No tirando papeles al suelo, no pisando el césped, no rayando paredes , respetando turnos… Debéis animarle desde pequeño a hacer cosas por los demás. Cuando sea pequeño, pedidle que colabore en casa para, después, ir implicándole poco a poco en las necesidades de nuestra sociedad. Podéis proponerle que regale sus juguetes que estén en buen estado y que ya no use a otros niños más necesitados, o que dé parte de su dinero ahorrado. Es importante que a medida que vaya creciendo. Le ayudéis a conocer la realidad que le rodea para que aprenda a analizarla de forma crítica, comentando noticias de prensa, programas de televisión, libros… Favoreced el contacto de vuestro hijo con sus abuelos, para que les transmitan sus propias experiencias de la vida.

Proponedle que practique deporte y/o participe en asociaciones infantiles o juveniles, para favorecer la participación en grupos organizados que le permitan convivir y aceptar a otros niños. Es necesario que ayudéis a vuestro hijo a intentar ponerse en el lugar del otro, entendiendo y respetando sus sentimientos y opiniones. Es importante que vuestro hijo aprenda a escuchar las ideas y opiniones de los demás y las acepte como válidas aunque sean diferentes a las suyas. Debéis enseñar a vuestro hijo a aceptar los errores de los demás, diciéndole que nadie es perfecto y que incluso vosotros podéis equivocaros. Es importante que vuestro hijo aprenda a colaborar con los demás y que pida y/u ofrezca su ayuda cuando crea que puede ser necesaria.

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¿Cómo educar a vuestro hijo para favorecer su buen ajuste escolar?

Los valores que debéis fomentar son: Estudio, Perseverancia, Voluntad, Objetivos y Metas.
Será positivo que establezcáis con vuestro hijo los objetivos que le gustaría alcanzar y que le animéis a esforzarse por conseguirlos. Mostrad vuestra alegría por lo que va consiguiendo, exigiéndole poco a poco para que los logros se conviertan en hábitos. Valorad el esfuerzo que realice vuestro hijo cuando consiga algo por sí mismo y hacedle entender que no conseguir a veces los resultados esperados es normal, pero que descubriendo fallos cometidos, al final tiene éxito. Es importante que establezcáis prioridades y horarios determinados para realizar las diversas actividades. De esta forma vuestro hijo irá adquiriendo la capacidad de organizarse. Es conveniente que dediquéis todos los días un espacio de tiempo para saber cómo le h ido en el colegio y lo que ha hecho durante el día.

Intentad que vuestro hijo adquiera el gusto por saber, por conocer cosas nuevas, estimulando su curiosidad, bien contestando a sus preguntas espontáneas, o bien proponiendo vosotros mismos temas donde vuestro hijo tenga que pensar: Planead visitas a museos, conciertos, exposiciones y lugares de interés histórico; Fomentad el hábito de lectura en vuestro hijo dedicando parte de vuestro tiempo para leer todos juntos y adquiriendo de forma periódica publicaciones infantiles o juveniles. Es fundamental que participéis en sus juegos, aunque cambien con la edad, ya que permiten establecer lazos afectivos muy sólidos y le ayudan a desarrollar sus habilidades. Debéis tener en cuenta que las aficiones son importantes. Es conveniente que compartáis con vuestro hijo alguna adecuada a su edad, en la que no tenga que realizar un esfuerzo excesivo, pero que le plantee algún tipo de reto.

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Conclusión:

Uno de los aspectos más importantes para educar en valores a vuestro hijo es favorecer el diálogo entre todos los miembros de la familia, creando un ambiente donde todos os sintáis queridos y respetados. Es fundamental que escuchéis de forma activa a vuestro hijo y mostréis interés por cualquier área de su vida.