Hermanos: ¿Amigos o Rivales?

 

 

Hermanos, una palabra que sin dudar hace que surja desde nuestro más profundo ser, emociones, recuerdos y momentos.  Este comercial de Coca – Cola (sin intención de la publicidad en este espacio), tiene consigo en solo 1 minuto la esencia de los que es la relación de hermanos, en muchos casos puede ser un sinónimo de compañerismo, complicidad y amistad, y en otros casos puede ser sinónimo de rivalidad, celos, diferencias.

 

La relación entre hermanos es el primer espacio íntimo de socialización entre iguales, y no iguales entendidos solo desde la edad, sino desde la posición familiar a la que se refiere. Los hermanos pertenecen en la estructura familiar al  llamado sub-sistema fraternal.    Pero la relación que se establece entre ellos (los hermanos) está directamente relacionado a otros dos sub-sistemas: el conyugal y el paternal. ¿Qué quiere decir esto?, que los padres  son los primeros responsables de guiar, orientar y direccionar la relación y los matices que se establecen entre sus hijos, quiere decir que hay una estrecha relación entre el ejercicio de la paternidad y el tipo de vínculo y relación entre hermanos.

 

Cuando en una familia aparece la “figura” del hermano, empieza ya a jugarse un papel importante de adaptación familiar. El primer hijo  es a quien generalmente se le depositan las primeras ilusiones y expectativas de los padres en su comienzo de la aventura de «criar», y dependiendo de cómo haya sido esta primera experiencia, los padres   matizarán la segunda oportunidad de crianza, generalmente con mayor seguridad ya que el primer hijo les ha permitido, por decirlo de alguna manera, un espacio de practica al ejercicio de la parentalidad. Esta primera experiencia determinará la emocionalidad  de la llegada de un segundo hijo e igualmente abrirá el camino para los primeros pasos de la relación entre hermanos.

 

Sin lugar a dudas, la historia de cada padre jugará un papel importante para el ejercicio de su parentalidad. Como se ha explicado en artículos anteriores, los legados familiares ayudan a ajustar y a enfrentar  cada una de las crisis o los ciclos que deben atravesarse en la historia de la vida de una persona. De esta manera los padres utilizaran recursos recibidos desde su propia historia, desde su infancia, y desde la manera como se vinculó y posicionó dentro de su propia familia de origen, para ajustar y formar su nueva familia propia. Para más detalles se recomienda leer Conectando con nuestras herencias familiares (transgeneracionalidad) y el artículo La huella del amor negativo en la infancia publicados en esta misma página.

 

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Factores que influyen en la llegada de los hijos. 


Cuando estamos haciendo la historia familiar en nuestras consultas, hay preguntas que realizamos, no con el ánimo de averiguar por solo saber, sino que nos orientan en la manera de cómo se forma y cómo se fortalece el vínculo entre padres e hijos, y como esto puede impactar en la organización psicológica de un niño.

 

Comenzamos con preguntas relacionada al sistema conyugal, de manera que nos permite visualizar la posición de la  paternidad para cada integrante de la pareja. De esta manera observar prioridades, expectativas y proyecciones futuras, estilos vinculares y estructuración familiar, nos permite igualmente visualizar el impacto producido por la paternidad para esta persona que tenemos enfrente y para observar la vinculación entre ellos.

 

Igualmente la llegada de otro hijo va ser recibida e incluida dentro del sistema familiar de acuerdo a los momentos psicológicos y emocionales que se encuentre viviendo esta familia. Por ejemplo, la llegada de un hijo luego de una reconciliación de los padres (¿estaban separados en el momento de quedar embarazados? ¿Acababan de reconciliarse?, la llegada de un hijo luego de la creación de una segunda pareja ¿es un nuevo hijo entre la nueva pareja? ¿es hijo de su pareja?, padres con hijos ya adolescentes ¿hay mucha diferencia de edad entre cada hijo?, padres con separaciones prolongadas por motivo laborales, padres con familias numerosas, la propia posición del padre o madre dentro de su familia de origen (¿fue el primer o segundo hijo?¿pertenece a una familia numerosa? ¿cómo es su relación con sus hermanos?), la perdida de un hijo anterior ¿sufrió usted una pérdida antes?,  el género también juega un papel importante ¿es el sexo que esperaba? ¿tiene relación el género del niño con su rol dentro de la familia? . Es en estos aspectos donde se puede observar la influencia directa que se establece entre el momento psicológico de una madre o padre  y  la orientación y guía de la relación entre hermanos.

 

Esto quiere decir que la situación que viven los padres en la llegada de cada hijo de seguro será diferente,  y la manera de como sea canalizada y manejada por los padres tanto en el ejercicio de su parentalidad como en la relación de pareja va a determinar las posiciones y roles que jugaran cada no de los hijos dentro de la estructura y la dinámica familiar. En resumen, los padres son los árbitros y guías de la relación que se establece entre los hermanos.  

 

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La Posición de los hijos dentro de la estructura familiar. 


 

Salvador Minuchin, dentro de su estudio de la estructura familiar, explica como generalmente se tiende a desarrollar algunas dinámicas vinculares que posicionaran a los hijos de acuerdo a su llegada al sistema familiar (por orden de nacimiento), determinando roles y pautas de vinculación tanto para el sistema fraternal como para la relación con sus padres, sin embargo esto igualmente se relaciona como se dijo anteriormente con pautas transgeneracionales y la propia historia del padre y madre dentro de su familia de origen, al igual que se ve influida igualmente por la cultura, el momento socio histórico en el que se conforma la familia; razón por la cual no debe ser una pauta de afirmación  generalizada, pero si puede orientar la similitud observada en muchas familias:

 

  1. El hijo mayor:     Generalmente es el hijo líder, el que debe fungir de guía y de orientador de sus hermanos, suele cumplir roles protectores, igualmente se le suelen asignar responsabilidades de crianza hacia sus hermanos menores. En algunos casos más extremos, usualmente observado en familia numerosas, y dependiendo de los legados familiares ya sea por género, edad, o por situación particular de los padres suelen ser parentalizados, que significa la asignación de responsabilidades exclusiva de los padres hacia el cuidado de sus hijos. para entender más este término, se recomienda leer el artículo publicado anteriormente  Parentalización: cuando un NIÑO se convierte en PADRE  .
  2. El segundo hijo: Debido a que generalmente al primer hijo se le depositan mas expectativa de sus padres, este hijo debe luchar por conseguir su propia posición dentro de la familia.   Tiende a observar a su hermano mayor como una guía, sin embargo con mayor libertad de desarrollo ya que no hay tantas presiones sobre el o ella.
  3. El tercer hijo: En muchas ocasiones puede ser el hijo menor,  en donde la familia ya ha caminado un trayecto lo que permite relajarse, ya cada uno de los integrantes funcionan bajo un rol familiar, y este hijo menor suele recibir la atención de todos los miembros de la familia, tanto de sus padres como de sus hermanos, suele verse como «el más consentido»

 

Cuando existen  familias numerosas de 4 o mas hijos, generalmente tienden a establecerse jerarquías y alianzas entre el subsistema fraternal, se puede observar en la práctica clínica como los hermanos mayores tienden a cumplir roles parentales con sus hermanos mas chicos, y como los padres empiezan a delegar mayores responsabilidades en estos hijos ya que confían en sus habilidades como cuidadores y protectores.

 

Igualmente y como se ha explicado anteriormente, la posición entre hermanos también va a ser influido por otros factores, mas externos y culturales, como por ejemplo el rol del género, los legados y los momentos  familiares que interactuen con la llegada de un nuevo integrante de la familia.

 

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La importancia de los hermanos


 

La relación entre hermanos se diferencia a la relación con los padres principalmente porque se trata de una relación de horizontalidad, es decir, una relación entre iguales. A diferencia de la relación con sus padres que debe ser una relación de verticalidad, ya que en la jerarquía familiar los padres ejercen una relación de autoridad frente a sus hijos.  En dinámica familiar se habla de una relación entre hermanos como na relación que debe ser caracterizada por la simetría.

 

La relación que establece un niño o una niña con sus hermanos es sumamente importante, ya que es el primer vinculo que experimenta con sus iguales, y es un espacio de practica y de enseñanza para la vida futura, ya que esta relación podrá igualmente determinar la manera como este niño se vinculará con sus iguales en una edad adulta. Los hermanos en muchas ocasiones están mas tiempo juntos que con los propios padres, así que son un un espacio único que determinara el desarrollo emocional y psicológico del un niño.

 

Es por eso que los padres deben estar atentos a la manera como sus hijos están relacionándose entre sí, y de cómo ellos se relacionan de manera individual con cada uno de sus hijos, de manera que se pueda hacer una intervención oportuna en la aparición de celos, rivalidades, competencias y separaciones prolongadas.  El estilo de relación entre  hermanos  lo pautan los padres, y se observa a través de trato que dan diferenciado a cada uno de sus hijos, de esta manera cada uno de los hijos de la familia van tomando recursos de interacción entre ellos.

 

 

¿Cómo manejar los celos y las rivalidades entre los hermanos?



https://www.youtube.com/watch?v=gXh8t6iqKhc

 Este video nos enseña como las diferencias  en vez de convertirse en una amenaza y en un quiebre permanente nos invita mas bien a la integración e inclusión, y allí esta la clave. Es importante reconocer como padres que, a pesar de intentar entregar  las mismas experiencias y oportunidades a nuestros hijos, los momentos y las circunstancias en que llegaron cada uno a nuestras vida matizan en cierta medida nuestra manera de vincularnos con ellos. De manera que no se trata de enjuiciar o señalar negativamente las diferencias que se hacen con cada uno de los hijos, pero si de hacer conscientes que de nuestras actitudes influye en la relación que se establece entre los hermanos.

La aparición de celos y rivalidades son naturales entre las relaciones humanas, y mas especialmente en aquellas relaciones intimas y de convivencia, la aparición de estas dinámicas nos permiten igualmente según como se canalicen e intervengan, tener una buena oportunidad para desarrollar habilidades de resoluciones de conflicto efectivas y respetuosas. En este sentido hay dinámicas familiares que podrán facilitar el ejercicio de una sana parentalidad. Para esto es muy importante evaluar algunas características que pueden estar presentes en el día a día.

En familia con dinámicas aglutinadas, donde generalmente los espacios y límites de cada uno son difusos, tiende a haber una invasión por el espacio del otro, se pierde la individualidad y de maneja mas bien un colectivo familiar, es importante evaluar como es manejado el espacio emocional de cada uno, el respeto por los tiempos del otro, igualmente si se tiende a involucrar  a miembros de la familia en roles que no corresponden, por ejemplo: ¿en la discusión de los padres algún hijo interviene? ¿como se llegan a  acuerdos, se toman decisiones por el otro?. O, por el contrario, con familias con limites rígidos y dinámicas distantes, ¿se reconoce el mundo emocional del otro?   ¿se promueve la colaboración mutua y el sentido de pertenencia familiar?. Lo importante es hacer una evaluación del rol de los padre en su manera de guiar la relación entre sus hijos y de cómo esto guía la dinámica familiar. Puntos claves para determinar la dinámica familiar que va a orientar la relaciones entre hermanos.

 Algunas   consideraciones para manejar la relación entre hermanos


  • Lo primero, EVITAR LAS COMPARACIONES. Ayudar a aceptar las diferencias como espacios de crecimiento y de reconocimiento por el otro. Este es el primer punto de quiebre entre hermanos cuando se practica con frecuencia,  las comparaciones son el primer punto de competencia entre hermanos que puede facilitar un quiebre permanente del el amor entre ellos.
  • Respetar el espacio entre hermanos, entre ellos debe haber espacio para la discusión y la diferencia de ideas, y los mismos hijos conseguirán la autoregulación, de manera que así aprenden a conocerse a si mismos y a conocer a los demás en situaciones conflictivas. Si se observa que es necesaria la intervención de un adulto, se debe seguir la máxima: sé un mediador no un juez. No reprimas el conflicto, ayúdalos a saber como resolverlo.
  • Pasa del conflicto a la reconciliación, ayúdalos a ver que a pesar de estar molestos, el amor no se altera, y que siempre va a existir un espacio para reencontrarse y para conversar.
  • Siempre reconocer y reforzar las características únicas y positivas de cada uno de los hijos.   Cada uno tiene un talento individual, ayúdalo a reconocerlo y a potenciarlo, y ayúdalo a integrarlo para el crecimiento de la familia.
  • Dedica tiempo para todos, pero también busca actividades que compartir con cada uno de manera individual, de manera que obtengan una atención especial, pero sin sentir que amenazan o son amenazados por el espacio del otro.
  • Fomenta la Comunicación y la colaboración entre ellos, ayúdalos a sentir que es una decisión que toman de manera voluntaria, y no una obligación.
  • Fomenta espacios de esparcimiento y de juego entre ellos, sin importar la diferencia de edad, hay espacios de juego que deben ser compartidos solo y exclusivamente entre ellos.
  • Fomenta la expresión emocional y el cariño por el otro. En esto es clave tu ejemplo.
  • Fomenta el respeto por la ira del otro, ayuda a propiciar un espacio cuando los hermanos se desbordan emocionalmente. Evalúa que juego de poderes se establecen con tus hijos, observa como se ejerce y realiza una intervención mediadora, evitar que se hagan daño entre sí.
  • Cada uno se debe sentir valorado como individuo, y que sus diferencias sean una atributo positivo y no negativo ante la familia.
  • Involucra a los niños en las tareas cotiadianas del hogar de forma equitativa y adaptados a su edad. Asígnale responsabilidades a cada uno y supervisa que se cumplan de manera equitativa.
  • No delegues responsabilidades que te competen solo a tí como padre o madre.
  • Promover expresiones en los adultos cercanos en la familia de los positivo que es tener un hermano: Va a ser divertido tener un hermanito, vas a poder jugar con el», en vez de comentarios como » vas a tener que compartir tus juguetes, ahora tienes que dar el ejemplo porque eres el mayor, tu vas a cuidar de tu hermanito.    

 

En vez de observar las conductas de celos o rivalidades entre tus hijos como conductas amenazantes o desadaptativas, es una buena oportunidad para ti como padre de enseñarles una afectividad asertiva y una manera de vincularse e manera sana con el otro.

 

Los hermanos son el regalo mas bonito que la vida puede dar, la familia es un vínculo infinito, y la relación entre hermanos puede llegar a ser el vínculo tan fuerte, que acompañará a la persona por el resto de su vida. Nuestros  hermanos son nuestros iguales más cercanos, no solo porque se comparten padres, o porque se compartes herencias familiares, sino porque son los primeros compañeros de experiencias en la vida, son nuestros cómplices, nuestros primeros amigos. Aquellos encargados de cuidar y proteger  el uno del otro. entre los hermanos se establece un vínculo a veces mucho más fuerte que hacia los padres, lo  que hace que sea una experiencia única para nuestra  vida.

 

 

  • «Eres mi hermana no porque nacimos de lo mismos padres sino porque nuestro corazón siempre está unido en todo momento.» (Anónimo)

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Esas voces que oigo dentro de mí, ¿locura o supervivencia?

 

¿Alguna vez te has planteado qué significado tiene para ti la locura? ¿Has tenido contacto con alguna persona que tenga algún tipo de psicosis? ¿Qué sensaciones te ha producido la interacción con ella? ¿Quizá eres quien padece o ha padecido alguna manifestación de psicosis?

 

En mi caso, mi primer contacto fue hace más de 20 años, cuando comencé a trabajar en un centro docente que estaba dentro del recinto de uno de los mayores complejos psiquiátricos de Europa, en Ciempozuelos (Madrid), y donde se formaba a profesionales que desarrollarían sus prácticas en dicho centro hospitalario, y una buena parte de ellos pasarían a engrosar posteriormente la plantilla del mismo. Yo no impartía ninguna materia relacionada con salud mental, sino otras de carácter complementario, y durante los más de 15 años que trabajé ayer, desempeñando diversas funciones dentro del ámbito docente, siempre sentí una especie de incapacidad para conectar con las personas que padecían trastornos mentales severos de forma crónica y que residían allí. Creo que me faltaba comprender algún eslabón de todo lo que acontecía, y algo intuitivo me impedía aceptar que el enfoque convencional era el único aceptable.

 

Mente dividida en la locura

Mente dividida en la locura

 

¿Qué supone la traumatización crónica para nuestro cerebro?

 

Desde hace unos cuantos años he sentido una profunda atracción por todo lo relativo a cómo las personas afrontan situaciones de traumatización crónica, especialmente en la infancia, ya sean maltratos, abusos, abandono, etc, y cómo se ha avanzado en los últimos años en un abordaje más integrador desde el ámbito de la psicoterapia, con enfoques novedosos como el EMDR (desensibilización mediante movimiento rápido de los ojos), brainspotting, mindfulness y un acompañamiento más humanista.

 

Comencé a conocer y profundizar en el concepto de integración, entendido como la organización de los diferentes aspectos de la personalidad en un todo unificado que funciona de un modo cohesionado, de forma que podemos concebir una historia o biografía completa o coherente, así como un sentido estable del yo. En cierto modo, se concibe a la personalidad como un conjunto de formas típicas y duraderas de pensar, sentir, actuar y percibir de cada uno, donde lo habitual es la transición suave entre patrones de respuesta.

 

 

Nuestro cerebro está preparado para llevar a cabo esta integración, y para ello es importante, durante la infancia, el papel de los padres para acompañar el proceso de regulación emocional que el niño va adquiriendo de forma progresiva. Cuando un niño se expone a circunstancias especialmente duras, y no es acompañado, aceptado, validado por un adulto que pueda contenerlo sin negarlo, lo más habitual es que no funcione totalmente ese mecanismo de integración, y hablemos de que se ha producido una disociación. Una persona disociada tiende a sentirse fragmentada, puede vivir como ajenos ciertos pensamientos, recuerdos, emociones, etc, de modo que se tambalea su percepción de un yo estable y unificado. Seguramente, una gran parte de nosotros tengamos patrones de respuesta emocional exagerada en determinados momentos, sin capacidad para controlarlos o darles una explicación, que tienden a generar una incomodidad o incluso sufrimiento, y que quizá son el reflejo de algo más profundo que no ha terminado de ser integrado en el inconsciente.

 

Persona que manifiesta malestar psíquico

Persona que manifiesta malestar psíquico

 

Paradojas de la vida, indagando hace algunos meses en este tema de la disociación, me topé con una charla que comparto a continuación, que me permitió conocer a los grupos de “escuchadores de voces”, que es como se vienen denominando habitualmente. Precisamente este tema de la disociación y la integración, que me fascina, me condujo a aquel otro ámbito, el de las psicosis, del que iba rehuyendo de una u otra forma.

 

 

Conocí el caso de Rufus May, un psicólogo británico que de joven padeció varios brotes psicóticos y estuvo hospitalizado por ello, y que ha sido uno de los impulsores en Reino Unido de este movimiento de escuchadores de voces que surgió a finales de los años 80 en Holanda. Con el paso de los años, otros profesionales que respaldan este enfoque alternativo de los trastornos severos de salud mental (otro ejemplo es Eleanor Longden), también han mostrado sus testimonios como pacientes, han relatado sus sufrimientos, su forma de superación de la enfermedad, y han logrado ser vistos y reconocidos por un ámbito profesional especialmente cerrado a ampliar sus enfoques.

 

Pero, ¿qué es el movimiento de escuchadores de voces? Cuando una persona sufre una psicosis, especialmente la esquizofrenia, es muy frecuente que presente alucinaciones auditivas. Lo que ellos llaman “voces”. Tienden a ser voces con un discurso propio, bastante agresivo en ocasiones, que pueden originar un desdoblamiento y gran sufrimiento en la persona. En el enfoque psiquiátrico tradicional, el tratamiento con antipsicóticos reduciría la frecuencia de estas voces, y facilitaría una mejoría del estado de la persona. Sin embargo, la realidad parece ser muy diferente, ya que las personas afectadas suelen seguir oyendo las voces a pesar del tratamiento, y tienden a ocultar sus experiencias para evitar el rechazo o tratamientos más agresivos por parte de los profesionales.

 

En este escenario, comienzan a surgir grupos de escuchadores de voces, constituidos como grupos de autoayuda gestionados por los propios sujetos afectados, sin un facilitador profesional, que buscan que cada persona que escucha voces pueda compartir sus experiencias, sus necesidades, los mecanismos que emplea para convivir con esas voces y cómo las integra en su vida diaria. Se manejan términos diferentes a los más estigmatizantes del mundo de la psiquiatría: en vez de alucinaciones, se habla de realidad no compartida, por ejemplo. El aumento de la autoeficacia en estas personas, su autoestima, su papel más reivindicativo, tienen un efecto positivo en su evolución y plantea alternativas diferentes a la medicación. En noviembre de 2015, organizaron, bajo la denominación de Entrevoces el 7º Congreso Mundial de Escuchadores de Voces, en Alcalá de Henares (Madrid). Aquí comparto esta entrevista realizada a uno de los impulsores en España de este movimiento.

 

 

Las últimas investigaciones para explicar el origen de las psicosis van enfocándose en el papel importante de los sucesos traumáticos durante la infancia, sobre todo si tienen carácter crónico, que influyen tanto en los trastornos de la personalidad como en las psicosis. Y aquí se cierra el bucle que comencé hablando de la disociación. ¿Acaso el cerebro, al sentirse desbordado, no intenta “tabicar” esas partes internas que se quedaron bloqueadas, estancadas durante la infancia, para poder sobrevivir y continuar una vida lo más “normalizada” posible? ¿Quizá la psicosis no sea la manifestación más extrema de división interna, hasta el punto de que las voces que se oyen, a pesar de proceder de dentro, se perciben como algo externo y amenazador?

 

Vivimos aún en un mundo que tiende a ocultar, a tapar aquello que no gusta o que no sabe interpretar y aceptar. Y muchos profesionales reflejan, en muchas ocasiones, esta misma conducta. Sin embargo, los últimos avances en neurociencia y en psicoterapia coinciden en que es la integración la pieza clave para lograr la superación de todo el malestar psíquico y emocional, y en esa integración, la aceptación de la realidad tal cual es y fue es el paso fundamental, y los profesionales tienen el gran papel de acompañar en ese proceso.

 

Para rizar aún más el rizo, recientemente el Prof. Jim van Os, de la Universidad de Maastricht, impartió esta conferencia que desmonta la visión extendida y aceptada de lo que es la esquizofrenia, y plantea muchos interrogantes. Incluso recalca que los genes que, presuntamente, aumentan el riesgo de padecer psicosis son los mismos que confieren una mayor creatividad. Siempre se ha visto que la frontera entre la creatividad y la locura era muy fina. Pero, ¿acaso la locura no ha sido la forma más creativa que ha tenido el cerebro para permitir la supervivencia de las personas que han vivido experiencias de sufrimiento en edades muy tempranas?

 

 

A modo de final, me nace esta reflexión, poniéndome por primera vez en la piel de una persona que sufre psicosis y a la cual tiendo mi mano y abro mi corazón: “No puedo luchar contra mis voces, pues son parte de mí. Solo puedo escucharlas desde el corazón, abrirme a conversar con ellas desde mi yo más coherente, comprender qué emoción hay detrás de cada una de esas voces que me cuesta reconocer como mías, qué vivencias llevaron a que hoy tengan esa necesidad de expresarse, y solo puedo tenderles mi mano para acogerlas, para aceptarlas y convivir con ellas, sabiendo que reconocerlas es una forma de reconocer mi propia historia, mi propio sufrimiento, como primer paso para trascenderlo y dejar la puerta abierta a que el amor y la confianza realmente se asienten en mi vida.

 

Referencias

  • Boon, S., Steele, K., & Van der Hart, O. (2015). Vivir con disociación traumática. Bilbao: Desclée de Brouwer.
  • Van der Hart, O., Nijenhuis, E., & Steele, K. (2008). El yo atormentado. La disociación estructural y el tratamiento de la traumatización crónica. Bilbao: Desclée de Brouwer.
  • Wallin, D. (2012). El apego en psicoterapia. Bilbao: Desclée de Brouwer.

 

Elección de pareja: la repetición de patrones tóxicos

De nuevo en el borde de la cama, mis ojos vidriosos repasan cada recuerdo como si leyeran un libro abierto. De nuevo en el mismo punto, con el mismo lastre que sobrecarga el interior de mi cuerpo. ¿Cómo es posible? Personas distintas, relaciones análogas. Idénticas emociones en forma de tormenta que rasgan por dentro. Una mala fotocopia de una imagen distorsionada copiada en otro momento.

Y ahora no queda más que el vacío de la ausencia.

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¿Cómo seleccionamos a otro ser humano para establecer una relación amorosa?

A priori, buscamos establecer una relación satisfactoria y duradera, que permita alcanzar determinadas metas y valores, y que satisfaga necesidades psicológicas y biológicas que aseguran el cuidado, preservación, e integridad física y mental. Y esta idea puede cumplirse en personas que debido a su historia biográfica y características psicológicas, les permite disponer de vínculos que, a pesar de los conflictos, contribuyen a su estabilidad, al sentimiento de seguridad y a dicho equilibrio psicobiológico. Sin embargo, no siempre es así…

Muchos tienden a elegir parejas con las que construyen y repiten vínculos inestables, perturbadores, destructivos o patológicos. ¿Por qué no impiden la experiencia dolorosa y el aprendizaje que vuelvan a emerger  las mismas configuraciones de relación?¿por qué de nuevo atraídos por mismos rasgos de personalidad?¿por qué con personas diferentes se repiten los mismos círculos viciosos?

Una elección no elegida

El quid de la cuestión es que no elegimos sentirnos atraídos por alguien voluntariamente; ni elegimos las emociones que surgen en nuestro cuerpo; ni decidimos inclinarnos por unas personas más que por otras. No es como ir al centro comercial, comparar características de un producto y decidir comprar o no. No somos teléfonos móviles ni televisores.

Gran parte de la dinámica de las motivaciones y deseos que nos impulsan a preferir a alguien, son procesos inconscientes y que no dependen de decisiones racionales. Los enlaces que llevan a una persona a preferir magnéticamente a otra parten de la propia estructura psicológica y de sus experiencias biográficas. De hecho,los potenciales conflictos que destruyen las relaciones, tienen su origen ya en la elección mutua.

Algunas cualidades de la otra persona que resultan atractivas son conscientes. Son accesibles con el pensamiento para nosotros y forman parte de las creencias de por qué se le elige –sentimientos captados por el lenguaje en frases como ”me atrae mucho físicamente”, ”es muy inteligente ”, “me ofrece mucha atención y cariño”, “tenemos un sexo fantástico”, etc.–. Pero es esencial comprender que no todas las motivaciones son evidentes: si alguien mantiene una relación disfuncional con una persona –aparentemente– inadecuada, seguramente significa que en otra parte de su psiquismo le está ofreciendo satisfacción, compensando fallas y necesidades internas. Detrás de toda motivación y deseo, existen necesidades psicológicas y biológicas, susceptibles de ser mutuamente solicitadas y atendidas en una relación de pareja: un refugio para sentirnos seguros y amparados, para el cuidado físico y psicológico mutuo; un espacio de encuentro entre necesidades de intimidad, de goce sensual y sexual; para la aceptación, la comprensión,  la atención, la admiración, la valoración…

Existe también la necesidad de huir o estabilizar los estados displacenteros internos y que puede ser regulado en una relación. Por ejemplo estados depresivos, de ansiedad, de angustia ante la amenaza de la propia integridad física o mental, ante la soledad, la separación o la pérdida de figuras significativas, o aspectos de la autoimagen que provocan sentimientos de inferioridad, vergüenza o culpa, etc. También la necesidad de asumir determinadas identidades: protector o protegido, cuidador o cuidado, culpable o indefenso, admirado o admirador, devaluador o devaluado, abandonado o abandonante, seducido o seductor, perseguido perseguidor, etc. La lista es tan larga como experiencias vividas, son ejemplos de cómo buscamos inconscientemente asumir determinadas identidades o roles –y que el Otro asuma también–, ya que impactan y transforman directamente nuestra autoimagen. 

La elección ocurre dentro de un espacio común de transacciones entre dos subjetividades, dos sujetos en relación que crean un impacto en sus sistemas de motivaciones, y en esa matriz de interacciones se satisfacen, frustran, y transforman mutuamente, adoptando y formando configuraciones de roles y posicionamientos recíprocos.

La repetición de patrones tóxicos: visitas de fantasmas

Existe en ciertas personas un patrón repetitivo de elección “no elegida” de relaciones disfuncionales en las que se reexperimenta lo vivido en el pasado, muchas veces el mismo lazo doloroso. Freud señalaba la existencia de este sesgo demoníaco o el eterno retorno de lo igual, en pacientes que revivían con pesar las mismas situaciones disfuncionales o patológicas provenientes del pasado –la compulsión a la repetición –.

La preferencia de pareja puede quedar sesgada inconscientemente hacia personas con las que se van estableciendo configuraciones de relaciones análogas a las experimentadas, aunque actualizadas en un contexto y realidad presente; además, el Otro actúa desde sus propios esquemas como “cómplice” de círculos viciosos que acaban derivando en tóxicos.

Nuestras experiencias dentro de las relaciones van creando un conocimiento implícito acerca de éstas, y permiten un reconocimiento de elementos muy sutiles de comunicación emocional no verbal en las interacciones, así como elicitar respuestas emocionales y pensamientos automáticos ante ellas. Esta memoria implícita relacional, nos permite procesar e identificar lo ya vivido con otra persona; y esa misma memoria es la responsable de perpetuar los patrones que nos posicionan en determinados roles y de disparar estallidos emocionales que a veces nos «secuestran» hasta el punto de no reconocernos. Se borran los límites entre la realidad actual y el pasado porque el sujeto en el presente activa al mismo tiempo los fantasmas a los cuales ha ido enfrentado desde niño.  El cuerpo se dispara ante el “gatillo” apropiado.

Se trata de un trasvase desde el ser que en el pasado –en la infancia, adolescencia o primeras relaciones amorosas– necesitó a unas figuras buscando amor, cariño, atención, calma, ternura, reconocimiento y valoración, pero encontró negligencia en su cuidado físico, psicológico o afectivo, y en su extremo el trauma grave por el abuso y el maltrato. Tal vez éste sea el tipo de comportamientos que viene a la mente al lector, pero la falla puede ser mucho más sutil y silente. Puede ser un regreso emocional a un vínculo con poco cariño,con frialdad emocional o cierta indiferencia a necesidades afectivas; a un vínculo excluyente y abandonante; a vínculos devaluadores, críticos, invalidantes, persecutores, severos; a vínculos de amor condicionado a deseos o necesidades ajenas a él; a vínculos que impiden la autonomía, que ahogan la iniciativa y la independencia; vínculos llenos de agresividad, desprecio…

Las perturbaciones en el vínculo con las figuras significativas, parentales o no, empujan muchas veces al encuentro compulsivo con ese trauma relacional vivido. Reaparecen desde la sombra de la memoria múltiples experiencias de angustia y sufrimiento, que nos alertan en el cuerpo sobre la amenaza del dolor psíquico, activando estrategias defensivas que en algún momento permitieron sobrevivir y equilibrar el psiquismo, pero que en muchos casos son disfuncionales en la relación presente. En cierta forma, nuestras relaciones actuales pueden ser perseguidas por fantasmas de las pasadas.

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Explicación de la repetición

La búsqueda compulsiva de recobrar lo vivido, puede producirse con el objetivo de reparar las fallas emocionales, de alguna forma una oportunidad de lograr un resultado diferente, una nueva oportunidad de enfrentarse a roles y situaciones ya vividas, buscar enmiendas, curar heridas profundamente ancladas en lo más profundo del ser. En resumen, obtener un amor de la figura de apego de la forma que fue vital tener y no se tuvo. 

Desde una perspectiva teórica actual, distintas escuelas y orientaciones de psicoterapia coinciden, aunque con distinto lenguaje técnico y perspectiva, en que la mente se estructura en el seno de las relaciones, y que determinados aspectos sobre los modos de relacionarse, así como la autoimagen y las expectativas de los demás quedan grabados en forma de esquemas, que actúan de manera estable en forma de automatismos en el pensamiento y las emociones. Esto se debe a la tendencia de nuestra mente a conservar una continuidad y cohesión con la experiencia asimilada. Se mantiene cierta necesidad de estar en contacto con formas de relación que son familiares a su experiencia y que les mantiene conectados con el mundo interpersonal conocido.

“los sentimientos dolorosos, las relaciones autodestructivas y las situaciones de autosabotaje se recrean a los largo de la la vida como medios de perpetuar los primeros lazos con las demás personas significativas” (Mitchell, 1993, p.40)

Algunas veces toman los roles traumáticos como una forma de obtener en el presente el control de situaciones que fueron desbordantes en el pasado. En esos aspectos emocionales que se transfieren al presente, no sólo se repiten las mismas configuraciones o posicionamientos ante el Otro, sino que también se pueden invertir los roles: la víctima siempre aprende los dos papeles de la situación traumática, víctima y verdugo, dos caras de la misma moneda. Éste es el caso de las personas que, habiendo sido sufrido alguna negligencia , se identifican con el perpetuador y repiten la escena en su  conducta como una forma de obtener una identidad poderosa, no débil, pasiva ni padeciente. En el reverso de la moneda, otra forma de control en la transferencia es adoptar comportamientos de sumisión, pasividad y sometimiento ante los deseos y abusos del Otro, con el objetivo de aplacar al persecutor o incluso provocarle intencionadamente, re-actuando la situación pero esta vez de una forma controlada y no sorpresiva, ya que es uno quien cree ser protagonista y responsable de lo que le ocurre. Con estas conductas masoquistas se reduce el impacto traumático, mediante la autoinculpación y «salvando» a la  figura de apego, que, a pesar de todo, sigue necesitando.

¿Condenados a enamorarse mal?

Resumidamente, a veces ocurre que el objeto de amor elegido no va en consonancia con atributos y cualidades, psicológicas y físicas, que le atraen o convienen a un sujeto: puede estar cubriendo inconscientemente a otro nivel motivacional algún vacío o compensando un conflicto, de un aspecto que es esencial para él/ella. Por esto, no tiene sentido decir que se elige mal y culpabilizarse: en primer lugar porque no es voluntario, y en segundo porque las emociones se dirigen a elegir lo mejor de lo que está disponible, para resolver parcialmente ciertos deseos y necesidades que pujan desde dentro de una persona en un momento específico; aunque no sea lo más adecuado para la totalidad de dicha persona.

¿Pero es eterna esa condena? La respuesta es NO.

Me gustaría invitar a la reflexión de qué aspectos puedan estar enganchando a relaciones tóxicas. Qué motivaciones pueden haber detrás de dichos patrones. No es mi intención hurgar gratuitamente en cicatrices ni memorias dolorosas, pero sí convidar a un aprendizaje personal que permita una mejor elección de pareja, así como para mejorar aspectos dentro de una relación ya establecida. Está en nuestras manos la decisión de con quién compartimos nuestra vida y cómo lo hacemos. De ahí la importancia de dar un primer paso y reconocer la implicación psicológica propia.

Tras una apropiada exploración, que permita una reflexión sobre las experiencias vividas y una comprensión que ofrezca una coherencia, es especialmente importante tener una oportunidad de vincularse, actuar o pensar de una forma distinta dentro de una relación significativa–como una relación de apego seguro o una relación terapéutica, que permiten una experiencia reparatoria y de regulación emocional–, ya que es la única forma de imprimir experiencias emocionales correctoras en la memoria implícita.

El azar sigue actuando en la vida y existen nuevas oportunidades de establecer distintos vínculos, pero desde luego la atracción es mucho mayor hacia esos vínculos inadecuados, y no es una solución saltar de relación en relación manteniendo el mismo lastre. En cada relación se abre una ventana hacia el pasado, a lo experimentado en las relaciones a lo largo de la vida. Se reviven y despiertan deseos y angustias, pero se brinda la posibilidad de sanar, de realizar lo nunca vivido en un vínculo, de construir mutuamente lo íntimamente anhelado. 

Referencias bibliográficas

  • Bleichmar, H. (1997). Avances en Psicoterapia Psicoanalítica. Hacia una técnica de intervenciones específicas. Barcelona: Paidós Ibérica.
  • Filippe dos Reis, H. (2016). La elección de objeto de amor desde el enfoque Modular-Transformacional: el encuentro con el Otro. (Pendiente de publicación)
  • Freud, S. (1914). Recordar, repetir, elaborar. En Freud, S. (2007) Obras Completas, Vol. XII. Buenos Aires: Editorial Amorrortu.
  • Mitchell, S. (1993) Conceptos relacionales en el psicoanálisis: una integración. Madrid : Siglo XXI

Unamuno: oposición entre razón y vida

Una oposición radical

Una de las tesis principales de Unamuno que recorre Del sentimiento trágico de la vida (1913), y a la que el filósofo bilbaíno dedica especialmente la sección intermedia de dicha obra, es que la razón y el consuelo existencial (la inmortalidad del alma) son incompatibles. Unamuno ataca tanto a los defensores de la inmortalidad del alma, que pretenden hacer pasar su doctrina como racional (pasan injustificadamente del consuelo a la razón), como a los defensores del consuelo racional, que pretenden convencernos de que la razón consuela (pasan injustificadamente de la razón al consuelo).

El consuelo vital no es racional

Los abogados del alma inmortal basan su doctrina en dos pilares conceptuales: dualismo ontológico y concepto de substancia. Sin éstos la inmortalidad del alma es insostenible. Unamuno muestra cómo, haciendo uso de la razón moderna madura, la razón de Hume, esos pilares se destruyen, y con ellos la doctrina de la inmortalidad del alma. Desde la pura razón es imposible defender la inmortalidad del alma.

La razón es monista materialista. El racionalismo es materialista (o idealista; lo mismo da decir que todo es materia o todo idea) y forzosamente monista: para explicar el universo no es necesaria la hipótesis del alma. Sólo los dualismos salvan el problema al diferenciar esencialmente la conciencia individual del resto de fenómenos. Pero que la conciencia individual depende siempre del cuerpo y que cambia con él, y por tanto, se desintegrará con él, es evidente. El alma no es más que la conciencia individual en su integridad y persistencia, que cesa con la muerte del cuerpo.

La razón es fenomenista. A partir de la conciencia de que nuestra identidad persiste (dentro de ciertos limites) a través de los cambios de nuestro cuerpo llegamos a la conclusión de que el alma es sustancia. Pero de esa sustancia, de ese yo puro, no tenemos experiencia, sólo de estados de conciencia concretos. El alma es en realidad una sucesión de estados de conciencia que unificamos. La unidad de la conciencia no es sustancial, sino fenoménica.

La razón es relacional. Lo racional es siempre relacional, formal; necesita una materia irracional. La doctrina escolástica de la sustancialidad del alma es una muestra de ello: en ésta la razón, la lógica, está puesta al servicio de algo irracional, el anhelo de inmortalidad. La escolástica es abogacía y sofistería.

La razón es universalizante; es antivital. La razón es enemiga de la vida. La inteligencia tiende a la muerte. La vida es inestabilidad, individualidad. Y la razón es fijeza, universalidad. En definitiva, según Unamuno, los rasgos de la razón moderna son incompatibles la vida. ¿Y qué es vivir, si no querer vivir, querer seguir viviendo? Para Unamuno -tomando el concepto de Spinoza de conato- ser es querer seguir siendo, vivir es querer seguir viviendo, y por tanto, vivir es anhelo de inmortalidad.

La razón no consuela vitalmente

Por otro lado están los calificados por Unamuno como “racionalistas hipócritas”. Los llamados a sí mismos racionalistas humanistas, que pretenden que desde la pura razón hay motivos para vivir y consuelo para haber nacido, son hipócritas según Unamuno. La cultura humana es inútil si no hay una conciencia que la contemple, y racionalmente es evidente que dejará de haberla tarde o temprano. Unamuno señala diversas actitudes en este grupo.

Para empezar Unamuno destaca a los del odio antiteológico, los del rabioso cientificismo: los materialistas del XIX (Haeckel y compañía), que en el fondo esconden una gran desesperación. Luego están los epicúreos -el placer por el placer- y estoicos -el deber por el deber-; ambos tienen una base común: no pensar en el más allá.

También está los panteístas como Spinoza, que creen en la inmortalidad no individual. Sostener que venimos de Dios y en Dios nos disolvemos es como decir que mi conciencia individual viene de la nada y a la nada volverá. La inmortalidad no individual no consuela. Además el enfoque espinosista es un enfoque intelectualista: ¿de qué sirve definir la felicidad si no eres feliz?. En cuanto a Nietzsche, su doctrina del eterno retorno además de ridícula no consuela porque el individuo no recuerda, y sin memoria no hay continuidad de la individualidad, de la personalidad. Tanto Spinoza como Nietzsche tenían un hambre loca de inmortalidad a juicio de Unamuno.

Por otro lado están los que dicen no necesitar dicha fe: algo impensable para Unamuno; el que ha probado la fe en la inmortalidad no la pierde del todo nunca. Y todos la hemos tenido, pues cuando nacemos no tenemos noción de que nuestra vida tenga un fin; la conciencia de la muerte individual es aprendida. Y por último están los que prefieren no hablar del tema: con ello no se aquieta el pensamiento.

En definitiva, según Unamuno, la razón es desconsoladora. La ciencia (razón) como sustituta de la religión (fe) siempre ha fracasado y fracasará: satisface las necesidades intelectuales, pero contradice las afectivas/volitivas. Además, la razón es escéptica y relativista (disolvente). El triunfo de la razón es disolverse a sí misma. Verdad y necesidad son relativas. La verdad es coherencia. La necesidad absoluta no existe, siempre es condicionada. En conclusión, ni el sentimiento logra hacer del consuelo verdad, ni la razón logra hacer de la verdad consuelo.

Razón y fe: opuestas pero inseparables

Así pues, razón y fe (vida) son dos enemigos irreconciliables, según Unamuno (la vida pide inmortalidad y la razón niega los dos pilares básicos sobre los que se asiente). La inteligencia te hace desaparecer, disolverte en el mundo; la voluntad te lleva a apropiarte del mundo, a hacerlo tuyo. Sin embargo están condenadas a entenderse, pues no puede sostenerse la una sin la otra; mantienen una relación dialéctica. La fe pide ser racionalizada, hacerse comprensible (para ser transmisible para mí y para los otros, tengo que traducir lingüísticamente, racionalmente, mis anhelos), y la razón sólo puede actuar sobre lo irracional, necesita una base sobre lo que partir, sobre la que construir, pues es relacional. La razón es formal; necesita materia, contenido, que es irracional.

De ahí la imposibilidad de optar sólo por una de ellas, y la tensión permanente en toda la historia de la filosofía, que puede verse como una lucha entre ambas. Y en ese equilibrio precario se mantiene y se define el cristianismo: es imposible tanto uno tradición puramente racionalista como puramente fideísta. La postura de Unamuno es aceptar el conflicto como tal, vivir en éste. Esa desesperación puede ser la base de una ética decidida, vigorosa, y de una filosofía. Unamuno no apela ni al lector racionalista ni al sentimentalista puro, quiere que lo lea el hombre con razón y vida. Si no, no podrá seguirle.

Referencias:

ZEN: Ser y cuerpo

 

TEISHÔ 4 – TEISHÔ 3TEISHÔ 2 – TEISHÔ 1

 

El Buda, la cabeza de Dios, reside tan cómodamente

En los circuitos de un ordenador digital o en los engranajes

de transmisión cíclica como en la cumbre

de una montaña o los pétalos de una flor.

Pensar de otro modo es degradar al Buda; o, lo que es lo mismo,

Degradarse a sí mismo.

 

Eso que llamamos vida, se muestra ante nuestros sentidos como un flujo irresistible de formas cambiantes. Nuestras propias formas corporales, reflejan la fluida dialéctica entre la permanencia y la impermanencia. Y ello hasta tal punto, que los biólogos constatan de qué manera nuestro cuerpo, con la totalidad de sus células, es capaz de tornarse en «otro» cuerpo en un reducido tiempo. Cuando hacemos la pregunta ¿dónde localiza usted su Yo?, nos miran con extrañeza. Tan sólo la insistencia de la pregunta forzará, quizá, una vacilante respuesta: «en la cabeza»…. «en el corazón»…. «en el estómago…» Es regla común que tendamos a dar supremacía a una zona que conocemos, mientras huimos inconscientemente del lugar en que nos sentimos marionetas de las fuerzas que no controlamos. Nos inclinamos a sobrevalorar el espíritu racional sobre lo natural no racional, y tememos perder la «forma» del pensamiento convencional, encarnada en nuestro personaje social. Toda manifestación de la vida discurre a través de dos movimientos opuestos: el impulso hacia el desarrollo de nuestro personaje-personalidad individual, y, de otro lado, el empuje hacia la pérdida de su «forma» para fundirse en la unidad del gran Todo. Dos movimientos reveladores de los dos tipos del sufrimiento humano y que es nuestra tarea lograr armonizar, ya que lo que se opone a este doble movimiento engendra sufrimiento en el corazón del hombre.

 

zen

 

Si es cierto que «ser normal» consiste en seguir las leyes naturales, lo natural sería entonces no resistirnos al curso de ese movimiento de nacer, crecer y entrar en el gran Todo: morir-re-nacer-cumplirnos plenamente en una nueva forma. Pero suele ocurrir que optemos por estancarnos. Tememos a las nuevas formas posibles y nos aferramos al personaje conocido, reprimiendo así la fluidez del cuerpo como pastor del Ser, capaz de revestirse en diversas formas temporales. El cuerpo en tanto que recipiente- receptáculo del ser; el cuerpo que se es, el cuerpo, des-vestido y re-vestido de provisionales formas mientras alcanza la. Forma inmutable.

El sufrimiento humano procede del estancamiento que le aparta de su doble origen, siendo tan antinatural reducir al silencio las formas «demoniacas» de la tierra que intentan emerger a la conciencia, como rehuir la formas emergentes del espíritu. Una y otra represión alejan al ser humano de su verdadera patria.

La fuerza natural que proviene de las formas del yo, preocupado por saber, tener y poder, es una fuerza paradójica: siendo necesaria para la vida; se vuelve molesta, sin embargo, cuando nos identificamos con ella reprimiendo la fuerza emergente que nace de nuestra naturaleza real, la que alcanza su sentido en la Unidad universal de la Vida; de ahí que la fuerza identificatoria con el ego sea una fuerza deformante en la medida en que nos separa y distrae de nuestras verdaderas raíces. Así, en esa identificación con el yo mental, se gesta el sufrimiento. Veamos lo que a este especto recoge una vieja historia Zen:

 

Dos monjes, al ver flamear una bandera

en el viento, comenzaron a discutir.

Uno dijo: “La bandera se mueve”.

El otro sostuvo: “No, es el viento el que se mueve”.

Y así siguieron sin ponerse de acuerdo.

Hui-Neng, el Sexto Patriarca, se acercó a ellos y dijo:

“No es la bandera la que se mueve.

No es el viento el que se mueve.

Es la mente de ambos la que se mueve.

 

En el Za-Zen tenemos la oportunidad de contemplar las fuerzas que bullen dentro de nosotros mismos. Es curioso constatar cómo casi siempre comenzamos la sentada mediante una acto voluntarioso de sujetar la postura, controlar la respiración, dominar el dolor o el sueño, y vigilar la distracción. Sin embargo, cuando la meditación avanza, a la concentración suele sucederle la experiencia envolvente que nos libera del voluntarismo. Y fluye entonces espontáneamente la vivencia del ser que emerge de la profundidad. Ya no respiramos, sino que “alguien” nos respira, conectándonos con la esencia que está más allá del control de la voluntad individual, conectándonos con lo más íntimo de nuestra intimidad. En la práctica de la meditación suele aparecer esa doble fase.

 

Fuente:

Fragmento del libro: LA RADICALIDAD DEL ZEN (En 24 teishôs)
Fotografía: Jairo Alzate