Nietzsche, Dioniso y la vida como obra de arte

En la primavera de 1869 Friedrich Nietzsche se instala en Suiza para ocupar su plaza como catedrático de filología clásica en la antigua Universidad de Basilea. Tiene sólo veinticuatro años pero ya le avala su título de doctor por la Universidad de Leipzig y una cierta reputación como joven promesa del mundo académico. Sin embargo, a él no parece preocuparle el prestigio que otorgan los puestos docentes ni la fama que acompaña a los más veteranos. Algo sin nombre está creciendo dentro de él, mientras los días transcurren entre lecturas de Schopenhauer y visitas a su amigo el compositor Richard Wagner en Triesbschen, a orillas del Lago Lucerna.

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Durante el invierno de 1870,  y mientras prepara su libro sobre la tragedia griega, escribe una carta a su amigo Rhode en la que le confiesa que no tiene ninguna ambición literaria, que no necesita adherirse a ningún patrón dominante y agrega “ciencia, arte y filosofía crecen ahora tan juntos dentro de mí, que en todo caso pariré centauros”.

El primer centauro que saldrá de las entrañas de Nietzsche, vendrá precedido de contratiempos y tempestades. La salud del filósofo empeoró considerablemente y empezó a experimentar episodios de depresión aguda seguidos de momentos de exaltación maniática.

Alejado temporalmente de la vida universitaria, se irán borrando para él las fronteras que dividen al pensamiento de la poesía, a la filosofía de la filología y al arte de la existencia.

Se va acabando el año 1871, cuando aparece la publicación de su primera obra El nacimiento de la tragedia. Al silencio indiferente de sus colegas filólogos, le siguió la franca hostilidad de algunos de ellos e incluso la de su maestro Ritschl que consideró al escrito una ingeniosa borrachera y resultado de la megalomanía.

Lo que estaba llamado, en principio, a ser un tratado exclusivo para especialistas de la cultura helénica, se convirtió en la carta de presentación de un pensador potente, vital e intempestivo.

Nietzsche nos ofrece una nueva visión del mundo y lo hace a partir de una vivencia personal porque pondrá en juego su intuición y experiencia de la vida y de la muerte. Ambas son, en realidad, una y en este sentido afirmar la generación es recíprocamente afirmar la destrucción. Si nos vamos al terreno del arte, vemos que el combustible del que se alimenta la creación es lo dionisiaco. Todo el desarrollo del arte aparece ligado a la duplicidad de lo dionisiaco y lo apolineo, de igual manera que la reproducción depende de la dualidad de los sexos.

Con Dioniso y Apolo, el mundo griego nos legó una antítesis primordial, fundamental, ya que ambas divinidades marchan una al lado de la otra pero lo hacen en abierta discordia y excitándose mutuamente para parir frutos nuevos y cada vez más fuertes.

Mientras que lo apolineo puede identificarse con el sueño, aquel en el que por primera vez, según Lucrecio, se presentaron ante las almas de los hombres las figuras de los dioses; lo dionisiaco puede identificarse con la embriaguez.

 

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Apoderarnos de nuestra vida, proclamar la soberanía sobre esa fuente eterna que produce individuaciones sin cesar y que al producirlas se desgarra a sí misma
. Porque nadie dijo, y mucho menos Nietzsche, que se tratara de coser y cantar. La vida es dolor y sufrimiento porque para brotar debe quedar despedazado lo Uno que está en el origen o el Todo del que formamos parte, pero la vida también tiende a salir del dolor y reintegrarse en la unidad perdida.

Asumir el carácter trágico de la vida, supone celebrarla y embriagarnos de ella. No temer constantemente a la muerte porque, en última instancia, no es otra cosa que el reencuentro con el origen. Morir no es desaparecer sino reintegrarse en el ciclo perpetuo de la vida. La aniquilación de nuestra individualidad es la condición necesaria de nueva vida. Darse cuenta de esto, tomar conciencia de la vida y de la muerte es, en términos nietzscheanos, pensar trágicamente.

Abrazar lo dionisiaco es una forma de intuir la unidad de todas las cosas pero también su necesaria separación.

En El nacimiento de la tragedia, Nietzsche extiende el concepto de lo bello hasta confundirlo con la propia justificación de la existencia del mundo.

El mundo podría no existir, no es necesario que exista pero en esa gratuidad de su existencia se encuentra la verdad de lo que es la vida, de lo que acontece.

No importa aquí desvelar el mecanismo de la vida, sus funciones o razones, lo que vale es la vida misma: lo bello.

La embriaguez dionisiaca es apretura a lo bello, a lo vital. Lo que Nietzsche llama VOLUNTAD: esa fuerza motriz inefable, aquello que se incrementa en su ser, lo que sólo elevándose se sostiene.

Se trata de encontrarse yendo más allá de uno. Trascenderse como mismidad. Expandirse siendo. Será en esta trascendencia donde podamos recogernos en nuestra propia esencia.

En Nietzsche encontramos una antropodicea, una justificación de la vida como obra de arte cuyo artista es el ser humano. Por ello no puede darse una captación del ser que sea  racional o teórica, sino una captación artística.

El artista de la vida no busca hacer o producir algo, más bien transformar.

Hay que filosofar con el martillo, decía Nietzsche, no para romper sino para desechar lo que no es sólido pero sólido no es lo fijo, sino es lo que se transforma.

Abriéndonos a lo que no es, creamos y jugamos. Nos vuelve a estremecer la potencia artística de nuestra naturaleza y se resquebraja un mundo que se nos ha vuelto extraño.

Hay que abrir nuevos espacios, explorar otras posibilidades para que la vida se diga a sí misma.

La vida como obra de arte y nosotros sus artistas. La auto poiesis por la que yo mismo me creo dándole un rostro a lo que la vida quiere de mí.

Estamos todos invitados al festín de Dioniso, que no es otro que el de nuestra propia vida.

Cantemos, ríemos, bailemos, levantemos nuestros corazones. Ya casi estamos a punto de volar porque:

Bajo la magia de lo dionsíaco no sólo se renueva la alianza entre los seres humanos: también la naturaleza enajenada, hostil o subyugada celebra su fiesta de reconciliación con su hijo perdido, el hombre.

Tenemos en Nietzsche a un aliado, un amigo poeta y filósofo que celebra la vida.

La intuición para tomar una decisión, ¿un acto de inteligencia?

“Tuvo la corazonada de que sus destinos se cruzarían muchas veces, pero la descartó de inmediato. Evitaba caer en las trampas de la intuición”.

Eva Luna (1987), de Isabel Allende.

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Esta pequeña frase encierra el sentimiento que muchas veces nos alberga al momento de tomar una decisión, ya sea sencilla o compleja. La sociedad actual, más intelectual y sofisticada nos ha enseñado a confiar plenamente en la lógica y en la razón como consejera principal para decidir, creyendo ciegamente que la lógica maneja las razones más certeras que garanticen buenas decisiones. Sin embargo hemos olvidado a nuestra principal guía y compañera en la evolución: la intuición. Quien ha tenido un lugar privilegiado en nuestros antepasados para la toma de sus decisiones, garantizándole así su supervivencia.

Y es precisamente la intuición un elemento de nuestra psicología, mucho más poderosa que la lógica. Ya que está relacionada con procesamientos más primitivos pero a la vez más complejos. La intuición es de orden universal, es un proceso natural que va acompañado con nuestra necesidad primordial, que es la necesidad de mantenernos con vida.  Maneja la información precisa para tomar las decisiones correctas en diversas áreas de nuestra vida.

 

Una definición de intuición la podemos conseguir en Wikipedia:

“Se llama intuición al conocimiento que no sigue un camino racional para su construcción y formulación, y por lo tanto no puede explicarse o, incluso, verbalizarse. El individuo puede relacionar ese conocimiento o información con experiencias previas, pero por lo general es incapaz de explicar por qué llega a una determinada conclusión o decisión. Las intuiciones suelen presentarse más frecuentemente como reacciones emotivas repentinas a determinados sucesos, percepciones o sensaciones que como pensamientos abstractos elaborados y muy relacionados con las creencias e ideologías”.

La intuición ha sido silenciada a través los tiempos, ya que en la antigüedad, se percibía como un don relacionado a la magia y a las experiencias religiosas o supersticiosas. La hemos conocido con diferentes nombres: presentimiento, palpito, sexto sentido, un no sé qué que me dice, corazonada, voz interior. Fue más relacionada a las creencias populares y carecía de investigación científica.

 

Uno debe abandonarse a su intuición: sabemos más de lo que creemos.

David Lynch

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La intuición tal como se dijo anteriormente es innata y natural en nosotros, por lo cual puede ser una cualidad que se puede entrenar tal como otras.

“Sabía que no era conveniente salir con esta persona”,  “algo me decía que no debía haber ido hoy”, “Si hubiese escuchado lo que me decía la pancita en ese momento, no me hubiese ido por allí”, “llámalo como quieras, pero algo me dice que no debo decidir lo que me recomiendas”, «Sabía que llamarías, no preguntes porqué». 

Cuantas veces nos hemos arrepentido de decisiones que hemos tomado basados en nuestras lógicas, pero que nuestro “corazón, estómago, o, más profundo ser” nos decía que era otro el camino que teníamos que tomar. Esta voz interior, que muchas veces nos da indicaciones para tomar decisiones se llama intuición.

“Me gusta este empleo que me están ofreciendo, algo me dice que está pintado para mí. Pero mi empleo actual es estable,  mejor no arriesgarme”.

Y es que los años y las experiencias nos hacen tener mayor capacidad de intuir. Es decir, que la intuición se basa principalmente en la experiencia, y en las emociones relacionadas con las mismas.

 

¿Es la intuición una capacidad mágica?

La respuesta rotunda para esto es NO. En el proceso intuitivo no ocurren situaciones mágicas o paranormales, más bien ocurren procesos neurobiológicos que acompañan el despertar, por así decirlo de todos nuestros sentidos y del inconsciente, de aquello que vamos guardando y archivando en nuestra memoria emocional más profunda. Es la activación de ambos hemisferios cerebrales y de zonas específicas de nuestro cerebro emocional: el sistema límbico.

En el cerebro existen estructuras pequeñas pero muy importantes para nuestra supervivencia, que acompaña al hombre desde su existencia más antigua, la amígdala cerebral, forma parte de nuestro sistema límbico o, como muchos lo llaman “nuestro cerebro emocional”.

Ésta es la responsable de monitorear y activar el cuerpo en momentos de alerta y peligro, pero también de almacenar las experiencias que estuvieron ligadas a emociones profundas desde nuestra infancia. Esta estructura se combina con el hipocampo que pone su toque objetivo y puede dar evaluaciones más racionales.

 

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Cuando hay una situación que requiere la activación de nuestra intuición, se despierta aquí todos los sentidos, el oído, el olfato, la vista, etc., junto al sistema límbico cerebral, especialmente la amígdala cerebral, todo lo necesario para una evaluación rápida e inmediata. Lo que se combina con experiencias pasadas y logran el despertar automático del inconsciente humano que actúa como bibliotecario y que saca a la luz experiencias anteriores archivadas relacionados con la experiencia actual y que nos ayuda a realizar un valoración automática de la situación.

La intuición es el resultado de una serie de procesos que surgen del inconsciente y de nuestra neurobiología. Esto se combina y logran un resultado inmediato: Peligro! , Hazlo!, No lo Hagas!. Etc. Todo esto no surge aisladamente sino que responde a un proceso neurobiológico complejo.

La Neurociencia en la actualidad se está encargando de realizar investigaciones científicas que den explicación a todo esto. Han logrado identificar la activación de zonas cerebrales que participan durante el proceso de activación de distintas fases de la conciencia entre ellos la intuición.

 

http://https://www.youtube.com/watch?v=1c9OI1ka-ys

 

¿Cómo puedo reconocer un proceso intuitivo?

Pongamos un ejemplo sencillo:

“Vas caminando por la calle de regreso a casa, ya de noche, cansado de un día duro de trabajo que incluyeron un par de horas extras,  días anteriores viste en los noticieros que en la zona donde resides han aumentado los casos de asaltos, lo cual te preocupó por tus hijos. Pasas frente a un callejón solitario y oscuro, el cual puede tomar como atajo a casa, te detienes un par de segundos evaluando la posibilidad de cruzarlo para llegar antes, pero sin embargo decides seguir caminando por el camino habitual, aunque tardes más” .  

Este pequeño ejemplo, nos pone en evidencia un momento corto del día donde la intuición toma protagonismo para una decisión sencilla. Nos pone de manifiesto algunas variables que se pudieron activar:

– Primeramente la noche y la oscuridad representa en nuestra psicología colectiva a través de nuestra evolución una situación de peligro mayor, de no control, lo que hace que se active nuestra primera fase de alerta.

– La soledad igualmente representa en esta situación una desventaja, el no sentirnos acompañados implica un riesgo mayor para nuestra vida, ya que la sensación de vulnerabilidad crece.

– Seguramente se activaron sensaciones corporales asociados a la posición de alerta, el corazón pudo acelerarse, quizás nuestra respiración también, los músculos se tensaron por si era necesario correr.

– El noticiero visto en días anteriores pudo haber filtrado la sensación de inseguridad.

– Y nuestra “voz interior” nos dijo: “muy solo y oscuro, mejor caminar un poco más pero llegas a salvo, en casa te esperan”. Lo que se manifestó como un: mmmmm no, sigo caminando.

 

Éste ejemplo nos muestra cómo se coordina la mente y el cuerpo como equipo para activar nuestras decisiones.  Pero OJO! Que es muy importante diferenciar lo que es el miedo y lo que es la intuición.

El miedo es básicamente una emoción que facilita la huida, la protección ante un peligro real o en otros casos imaginarios,  sin embargo se basa en un  futuro peligroso, en muchos casos con desenlaces negativos. Los miedos generalmente estar cargados de muchos pensamientos con razonamiento negativo. Ejemplo: Ante el Ladrido de un perro nos sobresaltamos, y pensamos, nos puede morder, mejor  caminar lejos de él.

La intuición generalmente se basa en el presente, aunque hace que se  activen experiencias anteriores y en emociones relacionadas para evaluar el escenario presente, actúa como tranquilizadora y con una voz neutral que te ayuda a evaluar. La intuición carece de pensamientos y razonamiento lógico, aparece de forma más bien sensorial, lo que hace que digamos frases como: “una corazonada me dice, algo me dice que…”

 

Por lo que:

La intuición carece de razonamiento lógico.

La intuición no presiona, de hecho es percibida como una voz sutil, casi imperceptible. Si llegase a angustiar o a estresar quizás se trate de otras variables como el miedo.

– Generalmente la intuición va acompañada de una sensación o manifestación corporal, “una corazonada”, “un no sé qué en la pancita”, “un hormigueo en las manos”, es la manera en que la intuición hace que nos conectemos a ella, es la manera que se hace escuchar.

Es como la primera chispa que se enciende, mucho antes de los argumentos al momento de tomar una decisión. Ocurre milésimas de segundos antes de que se active todo el aparato lógico de nuestra mente cuando se necesita tomar una decisión, por lo cual es necesario entrenar la habilidad de escucharla ya que se desvanece con mucha rapidez.

Se puede ir presentando durante todo el día a través de los que llamamos “mensajes”. Es decir podemos conectar momentos del día que pueden dar luces a un guión que quiere manifestar la intuición. Personas específicas que vemos, momentos del día que nos llaman más la atención, cosas que escuchamos, se van a reunir en el momento en el que la intuición quiere que nos conectemos más a ella, al momento de tomar una decisión.  Todo esto ocurre de una manera inconsciente y muy rápida, y se traduce en ese chispazo comentado anteriormente.

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Este aspecto se ha investigado a profundidad, lo cual podemos acceder a través del artículo  de nuestra compañera Lorenley Fraile con su artículo: El corazón: un cerebro con conciencia cuántica.

 

 LA INTUICIÓN ES UNA HABILIDAD NATURAL, INNATA EN NOSOTROS, ¿Cómo SE PUEDE ENTRENAR PARA PODER DARLE MÁS PODER O COMO PUEDO CONECTARME MÁS FRECUENTEMENTE?

 

En esta sociedad tan analítica y racionalizadora, darle espacio a la intuición es toda una proeza. Cambiar el paradigma de que la intuición representa la expresión máxima de la conexión con  nuestro despertar de la conciencia cuántica, no de la razón ni la lógica. Cuando intuimos estamos sintiendo no pensando. Y esto ha sido descalificado durante generaciones como un signo de debilidad o de poca evolución.

Generalmente las personas más intuitivas o conectadas con su capacidad intuitiva, son aquellas que han ejercitado más su lado creativo y menos lógico. Generalmente aquellas personas que han desarrollado oficios relacionados al arte o a la creación, tienen mayor facilidad al momento de escuchar la intuición.  En la actualidad se llama como INTELIGENCIA INTUITIVA.

Clarisa Pinkola Estés dedica un capítulo entero en su libro Mujeres que Corren con Lobos para ayudarte a despertar esta habilidad tan valiosa. A través del cuento de Barba Azul, nos demuestra lo peligroso que es apagar completamente la voz de la intuición y como volver a conectarnos con ella nos garantiza la libertad, nos seguriza nuevamente y nos ayuda a tomar mejores decisiones.  Les dejo acá el link por si desean profundizar más en este cuento, lo cual recomiendo como parte del proceso de conocimiento de la intuición. Cuento de Barba Azul. 

 

Simples pasos que podrán facilitar tu conexión a la intuición:

Estar presentes. En el aquí y en el ahora. En el momento actual. Sin importar lo que pase conectarse con la experiencia actual, la conversación que están teniendo con el compañero, la película que estás viendo, la comida que estas preparando, enciende todo tus sentidos al momento presente.

Toma un tiempo solo para estar contigo mismo y escuchando tu voz interior. Identifica la voz o las voces que vienen de adentro, déjalas expresarse.

– Empezar a meditar. La meditación es una técnica milenaria que ayuda a liberar y a ampliar la mente. Además que científicamente se ha comprobado los beneficios de esta práctica.

Escuchar al cuerpo, a través de sus manifestaciones en el momento en que debemos tomar una decisión, aunque sea la más sencilla del mundo, como que comer hoy o con que vestirnos. Este será un ejercicio habitual que podrá facilitarte la conexión con el cuerpo y con las manifestaciones corporales.

Realizar más actividades creativas. Ya sea a través de un arte específico, o a través de alguna actividad creativa. Las personas que desarrollan la creatividad paralelamente se están convirtiendo en personas más intuitivas.

Observa más y habla menos. No quiere decir que vayas disminuyendo tu habilidad para hablar, pero dedica gran parte del día a observar a tu alrededor, observar sin describir, no es un ejercicio cognitivo, es un ejercicio de conciencia.

 

 

“La mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional es un fiel sirviente. Hemos creado una sociedad que rinde honores al sirviente y ha olvidado al regalo”.

Albert Einstein

Bibliografía recomendada:

  • Clarissa Pinkola Estés. «Mujeres que Corren con Lobos». Ediciones B, S.A, 2005.
  • OSHO, “Intuición: el conocimiento que trasciende la lógica”, Editorial Grijalbo.
  • Vaughan. «PAUTAS PARA DESPERTAR LA INTUICIÓN», New York, 1979

 

Ansiedad… No quiero seguir viviendo así.

“Cada mañana me despierto en un sobresalto, con ansiedad… No me va a dar tiempo a hacer todo lo que “tengo” que hacer hoy. No voy a saber hacerlo. No me va a salir bien. Voy a quedar mal. ¿Qué pensarán de mí?…”

¿Mis pensamientos son verdad?

A veces creemos nuestros pensamientos como si fueran verdad cuando en realidad son algo mentirosillos…

Detrás de todo ese diálogo interno hay una auto-exigencia excesiva. El pensamiento que subyace es algo así como yo “debería” tener todas las tareas hechas a final del día, saber cómo hacerlas y hacerlas bien; yo “debería” quedar bien con todos, es lo que esperan de mí. ¿Y quién consigue eso? Esos “deberías”, esos pensamientos, no son ciertos, son de una auto-exigencia excesiva y me están generando ansiedad…

Anticipando el futuro…

¿Y que sé yo que pasará hoy en el momento en que despierto por la mañana? Hasta que no lo viva no lo sabré… Mientras estoy en el futuro, estoy anticipando acontecimientos que puede que ni siquiera lleguen a existir. De momento, están sólo en mi imaginación. Y esa “realidad virtual” que a veces nos construimos en nuestra cabeza, nos puede generar ansiedad.

 

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Anticipar el futuro puede generar ansiedad

Foco en el resultado o foco en la actividad

Cuando pones el foco en el resultado futuro esperado, te separas de ti. Dejas de estar en el presente, en tu aquí y ahora. Y eso genera, en sí mismo, malestar y abre la puerta a los “miedos” a que salga mal, a que no de tiempo… Abre la puerta a la ansiedad.

¿Y si probamos a enfocarnos en la actividad en vez de en el resultado? Enfocarnos en el hacer de cada momento, nos trae al aquí y ahora, nos hace estar presentes, acompañarnos.

Los plazos

Todos los proyectos se retrasan. Cualquier persona que haya trabajado en un proyecto lo sabe. Siempre surgen imprevistos, modificaciones… Y al final del camino no pasa nada porque ya se asume que esas cosas suceden.

Y si hay un plazo ineludible que cumplir, se termina como se puede, como las circunstancias lo permiten. Aunque no sea de la mejor manera.

Lo mejor es enemigo de lo bueno

Un jefe que tuve decía, como Voltaire, que lo mejor era enemigo de lo bueno. Se trata de elegir una relación adecuada entre coste y eficacia. — Si, vale, esto podría estar mejor hecho pero ¿a qué coste?

Si el coste es elevadísimo, no compensa porque eso hace que la empresa no sea rentable. ¿Podemos hacer algo que cubra la necesidad de una manera práctica y digna? ¿Algo más simple y rápido de gestionar? Hagámoslo así entonces.

¿Y en tu vida personal? ¿Qué coste tiene para tu salud, equilibrio, bienestar… elegir lo mejor en vez de lo bueno? ¿No podrías tú también simplificar?

 

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«Lo mejor es enemigo de lo bueno» Voltaire. Filósofo francés, padre de la Ilustración.

La perfección se alcanza cuando ya no queda más que quitar

Un buen amigo abogado me decía: — Menos mal que hay plazos para entregar los escritos en el juzgado porque si no seguiría cambiando el texto una y otra vez, poniendo más cosas, y no acabaría nunca…

Y quizá ese “extra” de tiempo para supuestamente perfeccionar el texto tampoco beneficie. Reconozco que yo muchas veces me he confundido pensando que algo estaba “perfecto” cuando ya no quedaba nada más que añadir… pero en realidad eso puede hacer el texto farragoso, pesado… hasta ilegible.

Antoine de Saint-Exupéry decía que:

“la perfección no se alcanza cuando ya no queda nada más que añadir sino cuando ya no queda más que quitar”

Quizá se trate más de pararse a pensar unos instantes en que es lo esencial y centrarse en eso. Lo demás es prescindible.

El perfeccionismo

El perfeccionismo genera inseguridad y ansiedad… ¿Y cómo habría de ser de otra manera? Lo único seguro es que perfecto no va a quedar…

¿Es posible estar a gusto de todos?

¿Qué piensas? ¿Es posible estar a gusto de todos? Parece que no… Ya se sabe que sobre gustos no hay nada escrito y cada uno tiene el suyo…

A veces este es otro factor que nos genera ansiedad. Me da miedo quedar mal con otros, ¿qué pensarán de mi?, ¿qué dirán? Me auto-exijo “quedar bien con todos” hacer lo que creo que esperan de mí…

A veces ni siquiera los otros me han dicho que esperan de mí, soy yo quien lo imagino… vaya usted a saber si acierto o no… Otras veces puede que si me lo hayan dicho expresamente. En todo caso, lo que los demás esperen de mí,  ¿es asunto mío…? ¿o más bien es asunto de ellos?

Mientras que yo estoy pensando sobre lo que los demás esperan de mí o no, en como complacerles, etc, estoy de alguna manera viviendo su vida y no la mía. Esto también me separa de mí, me genera malestar y abre la puerta a los “miedos” a no gustar, al rechazo… De nuevo, se abre la puerta a la ansiedad.

Quizá no sea posible complacer a todo el mundo pero si es posible estar razonablemente satisfecho contigo mismo.

 

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La vida es un camino de aprendizajes

La vida es un camino de aprendizajes

La historia de la humanidad es una historia de aprendizajes. Así es como el ser humano llegó desde las cavernas hasta la luna. Un científico premio Nobel, es una persona que se ha pasado años explorando, experimentando en el esquema “prueba, error, corrección”. Tanto es así que quizá deberíamos empezar a hablar de “prueba, resultado, avance”. Porque siempre que hay un resultado, hay una pista sobre por dónde dar el siguiente paso, por dónde seguir avanzando.

Y esa misma historia de la humanidad es reproducida en cada ser humano. Cada vida es un camino de aprendizajes.

Aprender a gestionar la ansiedad

Podemos aprender a gestionar la ansiedad, el estrés. Hoy en día existen herramientas a nuestra disposición. Entre ellas, EFT Tapping es la que me parece más fácil y eficaz en su aplicación. Ahora es la técnica de gestión emocional de moda en los Estados Unidos. Se ha extendido rápidamente gracias a su éxito para el tratamiento del estrés. Desde estrés común a estrés post-traumático.

Así, EFT se ha convertido, en su versión básica, en una herramienta de desarrollo personal para auto-aplicación. Y, en su versión avanzada, en una técnica utilizada por coaches y psicólogos que desean contar con una herramienta sencilla de aplicar y potente en sus resultados.

¿Y ahora, qué elijes?

Quien sabe, quizá algún día esa persona cuyo testimonio abría este artículo acabe por decirme “Cada mañana me despierto tranquila. Me doy permiso para aceptar que no sé como irá el día, explorar y a ver a dónde me lleva eso…”.

Un abrazo de corazón,

Ana F Luna

PCC Coach y Máster en Psicoterapia

 

 

ZEN: El ritmo del Ser

 

TEISHÔ 6 – TEISHÔ 5TEISHÔ 4TEISHÔ 3TEISHÔ 2 – TEISHÔ 1

 

Donde no hay ninguna cosa allí está el todo.

 

ZEN

 

El ser propio, que llamamos YO, está vacío; como también está penetrado de vacío el mundo exterior, que llamamos mundo objetivo. La liberación del Zen alcanza su cenit cuando el ser humano llega a caer en la cuenta de la vacuidad que traspasa el universo, exterior e interior. Eso es la iluminación. Esa realización es la que nos libera del sufrimiento, de la angustia, problema básico de la existencia. La raíz de la paz verdadera se fundamenta en esa experiencia, en esa conciencia de que todo es Vacío. Es la única manera de trascender la vida y la muerte hacia una expansión ilimitada. En su CANTO DE ILUMINACIÓN, el patriarca chino Yoka Daishi, lo expresa en el siguiente poema:

 

Cuando despertamos completamente al cuerpo Dharma,
Allí no hay nada,
En nuestro sueño vemos claramente los seis niveles de la ilusión;
Una vez despiertos, no hay ni una sola cosa.
Cuando caemos en la cuenta de la verdadera realidad,

 

Allí no hay sujeto ni objeto,
Y el sendero que nos hace caer en el infierno del mayor sufrimiento,
Desaparece instantáneamente.
Cuando vemos verdaderamente, allí no hay nada.
No hay ninguna persona; no hay ningún Buda.

 

Es preciso saber escuchar la profundidad sonora del Vacío, para, pasado un tiempo, llegar a constatar de que en ese abismo no existe la nada sino la totalidad, la totalidad sin centro, sin norte o sur; la totalidad ilimitada y sin puntos cardinales; la totalidad que nada tiene que ver con lo conocido ni con lo poseído . La plenitud del Vacío.

En el Za-Zen, se nos brinda la oportunidad de vivenciar la nada, que es el Absoluto. Y lo único necesario es afinar la escucha, afinar los sentidos, afinar todo nuestro ser a fin de percatarnos de la plenitud liberadora que surge al despuntar del Ser. Así lo veo yo en esta estrofa:

 

 

El despuntar del Ser

 

Rescatar la inocencia del asombro
en el desnudo eco del silencio.
Y escuchar la elocuencia de un poema
ajeno a labios, rimas y fonemas.

 

Intacta sinfonía de la Nada,
fondo mudo del lecho del Vacío
pugnando por abrirse a cada forma
acontecida por todo el Universo.

 

Y entre dos tiempos y dos pensamientos
se abre paso la vacua geometría
del asombro, en el cosmos sin costuras.

 

Relámpago de luces invisibles
que horada los espejos desfondados
por donde asoma el rostro del Origen

 

La alegría que sigue a la liberación, no tiene igual; yo creo que la misma palabra alegría resulta corta. Mejor cambiarla por la palabra paz. ¡Qué difícil es expresar por la palabra, por muy poética que sea, esa inefable experiencia! Por eso acudimos de nuevo a la herramienta del poema:

 

Atento, estar atento…

 

Atento, a la alegría, a la tristeza,
y entrar allí despierto, muy alerta,
sintiendo en la honda entraña esa gran puerta
que se abre hacia algo nuevo, a la proeza 

que transforma el dolor en fortaleza.
Y abrazado al abismo de la incierta
noche, en su honda soledad desierta,
descubrir la gran luz de esta certeza:

 

La llama que consume la costumbre
de ver en cada sombra sólo sombra;
la antorcha que hoy alumbra con su lumbre

 

la noche con su incierta incertidumbre.
Relámpago del dios que nos asombra
cuando alumbra ese abismo y lo hace cumbre.

La inmensa, la honda, paz que se desprende de la vivencia de que el Vacío traspasa cada objeto está más allá de cualquier descripción racional, y cuando uno es consciente de ese hecho cualquier problema pierde relevancia. Esa es la liberación del Zen. Esa es la comprensión de la Unidad: “Las diez mil cosas se vuelven una…”

En el Za-Zen, podemos observar cómo todas las cosas emergen del Vacío. También la respiración.

Efectivamente, al sosegado ritmo de la respiración, el Vacío se apodera de nosotros, y acaba, lentamente, respirándonos; allá, donde nuestra propia intimidad ha dejado de ser propia.

Za-Zen es des-aparecer, paso a paso, en la quietud eterna del corazón del Ser; paso a paso, sin apenas dejar huella. Za-Zen es latir en los propios latidos de esa secreta dádiva que, suave y quedamente, nos envuelve. Y caminar haciéndose uno con el paso. Paso a paso, paso a paso, paso a paso… hasta des-aparecer sin darnos cuenta.

Todo lo que las palabras no alcanzan a decir, lo dice, vibrando, el viento; lo dice el murmullo del arroyo, lo dice la quietud de las piedras del camino. Todo lo que las palabras no alcanzan a decir, lo expresa, sin quererlo, el suave temblor de la amapola, lo expresa el aire peinando las avenas y lo expresa el eterno volar de los vencejos. Todo lo que las palabras no alcanzan a decir, lo afirma el corazón en sus latidos, lo afirma el vaivén de tu respiración. Todo lo que las palabras no alcanzan a decir, lo dice, sonando, del gong, cuando se expande, imparable, por el zendo.

Y el cuerpo, atravesado de silencio, diluido en las alas de su aliento, él mismo se ha hecho ausencia. Y se ha hecho soplo. Y se ha hecho viento; como un tilo en otoño al que sus propias hojas ya le pesan, y al que su propia desnudez ya le es ajena. Tan sólo permanece el frágil rumor del palpitar. El resto, el meditador incluido, ha perdido su volumen. Sólo queda eso: la meditación, sólo queda eso: la respiración.

 

 

Fuente:

Fragmento del libro: LA RADICALIDAD DEL ZEN (En 24 teishôs)
Fotografía: Sweet Ice Cream Photography

¿Cambio o transformación?

Ausentes

El otro día investigando por internet algunos de los trabajos de David del Rosario, me encontré con un cortometraje dirigido por él que me llamó mucho la atención. Este es el corto, titulado Ausentes – El árbol del compromiso:

Lo que más me llamó la atención acerca del corto es la capacidad de desdibujar la línea mental con la que nos hemos separado del “otro”. Un texto de los Veda, que tiene por los menos unos 2.500 años (¡se dice rápido!) comienza explicando la siguiente historia:

“Al comienzo este mundo era como un solo cuerpo con forma de persona. Miró alrededor y sólo se vio a sí mismo. Lo primero que dijo fue: “¡Este soy yo!” Y de ahí el nombre de “yo” (…)

Este primer ser sintió miedo, ya que cuando uno está solo siente miedo. Entonces pensó: “¿De qué puedo tener miedo si no hay nadie más que yo?” Y así el miedo desapareció, porque ¿de qué iba a tener miedo? A fin de cuentas, uno tiene miedo de otro.” (Bṛhadāraṇyaka Upaniṣad, 1.4.1-2)

La creencia de que el otro es distinto a nosotros, o que nosotros somos distintos del otro, alimenta el miedo y el miedo nos hace creer que necesitamos protegernos. La forma de protegernos es endurecer nuestros corazones y para conseguirlo nos cubrimos de capas y máscaras que escondan nuestra “vulnerabilidad”, la última capa bajo la cual se esconde lo que en realidad SOMOS.

Existe un mecanismo recurrente, que sirve al propósito de enmascarar nuestra verdadera esencia y que consiste en proyectar en el otro lo que no podemos soportar en nosotros mismos. Por ejemplo, gracias a que juzgo al otro como delincuente yo puedo definirme como persona virtuosa y honrada. Cualquier atisbo de mezquindad o debilidad es así volcada sobre el otro. Sólo el otro es un estafador, un ladrón, un violador, un maltratador, un asesino, un terrorista. Yo nunca soy nada de todo eso.

Fortalecer nuestro ego a través del otro

Fortalecer nuestro ego a través del otro

¿Qué ocurre si miro hacia dentro?

Cuando miro hacia dentro me doy cuenta de que todas esas etiquetas: “estafador, ladrón, violador, etc.” las inventé yo. Necesité crear esas etiquetas para poder situar al otro en las antípodas de mí. Pero es que ni lo que yo creo que soy, ni lo que creo que el otro es, ninguna de las dos cosas constituye la realidad.

Cuando miro hacia dentro me doy cuenta que la realidad que veo fuera la proyecto yo a través de las etiquetas que le pongo. Un ejemplo clásico del advaita vedānta cuenta que:

Una persona va por un camino y de repente ve una serpiente. En milésimas de segundo su cerebro ha procesado el peligro que implica una serpiente y ha paralizado todo su cuerpo. Está quieta y el corazón se le ha disparado, le va a mil por hora. Observa atentamente aquella serpiente y no está siquiera segura de si se mueve o no, así que armándose de valor se acerca un poquito y se da cuenta de que la serpiente no se mueve. Esto le anima a avanzar un poco más más para acabar dándose cuenta de que se trataba de una cuerda y no de una serpiente. Todo fue una confusión.

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Algo parecido ocurre con el mundo que percibimos a nuestro alrededor, fruto de nuestros confusos juicios.

Hoy conozco a una persona y la necesidad de protegerme me lleva a ponerle un montón de etiquetas. Al cabo de un par de días cuando la vuelvo a encontrar ya no la veo de una forma nueva, sino que me relaciono con ella en función de las etiquetas que le he puesto y que si es necesario variaré ligeramente hasta que se acomoden a lo que quiero ver. El caso es que no nos relacionamos directamente con la realidad sino con lo que pensamos acerca de ella.

Cuando etiquetamos a alguien como criminal ¿dónde está el límite que nos separa de esa etiqueta? Tal como muestra el corto, todos podemos vivir circunstancias que nos conviertan en criminales.

Todos somos criminales en potencia, mientras sigamos creyendo que la etiqueta “criminal” tiene realidad alguna. Es decir, mientras nos sigamos negando a mirar la esencia última de esa persona, que es exactamente la misma que habita en mí.

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La misma Vida expresada a través de distintos cuerpo, distintas personalidades, distintas circunstancias. Somos nosotros los que a esa expresión concreta de la Vida la llamamos “delincuente” o “criminal” y de esta forma seguimos protegiendo nuestro ego, bondadoso y virtuoso.

La Vida no sabe de delincuentes y virtuosos, no sabe nada de buenos y malos. La Vida sólo busca continuar expresándose bajo la forma que le demos. Es el dilema del héroe y el villano. Quien para muchos es un héroe, como por ejemplo Robin Hood, para otros es un ladrón. Algunos ven en el rey una garantía para la libertad mientras que otros ven en él un símbolo de represión.

Creo que el corto refleja de una forma muy bonita como la línea entre los que están fuera y dentro de la cárcel es muy fina. Y a mí me gusta pensar que la línea entre “yo” y “otro” también es una línea muy fina que se disipa cuando dejo de identificarme con el cuerpo, los pensamiento y las emociones (en constante cambio) y puedo ver la Vida que todo lo habita.

¿Por qué el título del post Cambio o Transformación?

Pues bien, además del aspecto mencionado anteriormente, lo que me ha llevado realmente a escribir este post es la distinción que se hace entre el cambio y la transformación.

El mensaje viene a decirnos que el cambio es algo que ocurre sólo a nivel mental y a través de una fuerza de voluntad determinante, que me recuerda, personalmente la idea de sacrificio. Mientras que la transformación es algo que ocurre instantáneamente, “un chispazo que te alcanza y que tiene que ver con el corazón”, dice el chico.
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Y para mí está ahí el meollo de toda la cuestión. Nos pasamos la vida intentando cambiar el mundo y todo lo que nos rodea, cuando nos damos cuenta, si es que nos damos cuenta, de que no podemos cambiar al otro entonces intentamos cambiar nosotros. Bueno, tal vez desde pequeños ya nos esforzamos por cambiar en nosotros todo aquello que vemos que es rechazado o que no encaja “ahí fuera”. En cualquier caso, obviamos que el mundo, y “nosotros” con él, está constantemente cambiando, a pesar de nosotros y de la cantidad ingente de energía que invertimos en hacer algo para cambiar lo que sea.

El protagonista del corto dice “yo no cambié sino que me transformé”, indicando que algo algo tocó su corazón, que antes había estado recubierto de piedra y le dio una nueva forma a todo. Trans-formar es ir más allá (trans-) de la forma, es abandonar algo obsoleto para abrirse a la novedad.

¿Y cuál es esa novedad?

Esa novedad, y para mí esto es lo maravilloso, es descubrir que nunca fue nada de todo lo que se había dicho a sí mismo, le habían dicho y había creído que era.Ni tampoco los demás eran lo que él había querido creer que eran.

La transformación es distinta al cambio porque en realidad no es un cambio sino un des-cubrimiento (dejar de cubrir lo que eres). La transformación tienen que ver con re-concerse (volverse a conocer) y si tiene que ver con el corazón es porque se trata de un acto de Amor y el Amor no pretende nada, simplemente se Entrega.

Es un acto de Amor lo que toca el corazón del protagonista y es darse cuenta del Amor que habita en él lo que lo transforma.

¿Y cómo conseguir transformarme?

Simplemente, siendo lo que ya soy.

¿Qué hace Internet con el cerebro de nuestros hijos?

El fenómeno de Internet ha cambiado por completo no sólo nuestras vidas, sino también la anatomía de nuestro cerebro. Vamos al cine por internet, estudiamos por Internet, llevamos los conciertos a casa gracias a internet o, incluso, ligamos y satisfacemos nuestras necesidades sexuales de forma virtual.

Un estudio realizado por We Are Social señala que un 77% de los ciudadanos españoles tenemos conexión a la red de redes. Aquí viene lo bueno: ¿cuánto tiempo le dedicamos? Pasamos diariamente 3 horas y 47 minutos al día de media conectados a la red con el ordenador a las que tenemos que sumar un par de horas más desde nuestro móvil. Esto hace un total de unas 5 horas al día conectados al ciberespacio, lo que se acerca peligrosamente a las 6 horas de sueño mínimas recomendadas. Si se cumple esta tendencia, en los próximos años dedicaremos más tiempo a Internet que a dormir.

 

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Según la revista Nature el límite de la longevidad de un ser humano es de 125 años. Si a alguien le parece poco, que no se deprima o se ponga dramático. Hace 100 años también pensábamos que una persona media con suerte soplaría las velas de su 65 cumpleaños y mira ahora. Volviendo a lo nuestro, si tomamos una vida media de 91 años, los seres humanos pasaremos unos 17 años conectados a Internet a lo largo de nuestra vida. Si, he repasado el cálculo y es correcto. ¿Cómo influye pasar 17 años conectados a Internet en nuestro cerebro?

 

El cibercerebro

El cerebro de cualquier ser vivo es una huella dactilar única que cambia todo el tiempo, y su principal objetivo es ofrecernos un presente apetecible. Cada cosa que modifiquemos en nuestra forma de vivir o de pensar lleva consigo una modificación neuronal. De hecho, este cambio neuronal es lo que llamamos adaptación.

Por ejemplo, un taxista de Londres debe memorizar más de 25.000 calles distintas y 20.000 puntos de referencia en un periodo de 3 años para poder obtener la licencia. Según Katherine Woollett, neurocientífica de la University College London, este aprendizaje aumentó unos centímetros la materia gris en el hipocampo de los taxistas debido al enorme esfuerzo que tuvieron que hacer sus memoria. Si una vez ha conseguido la licencia el taxista se pone un GPS, en pocos meses su hipocampo perderá volumen, adaptándose a la nueva situación (muy similar a la relación ente nuestros músculos y el gimnasio).

¿Y por qué el cerebro no conserva un hipocampo musculoso? Muy sencillo. Mantener a un hipocampo culturista requiere energía, y si vamos a estar con el GPS el cerebro nunca va a malgastar su tiempo y dinero para que el hipocampo luzca músculos con el fin de seducir al lóbulo frontal. Ya que ha salido el tema, en el lóbulo frontal se registra cualquier cambio social, ya sea en nuestro grupo de amigos o en la forma de relacionarnos. Esto nos servirá para más adelante.

 

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En el siglo XXI tenemos clarísimo que el cerebro es algo plástico. Si papá Noel nos trae un iPhone 7 (espero que me escuche desde aquí), y de repente comenzamos a pasar horas y horas con el teléfono móvil moviendo nuestros dedos a toda velocidad para escribir en el minúsculo teclado, la corteza cerebral nos echará humo. Un estudio desarrollado por investigadores suizos consiguió, analizando la corteza cerebral de las 37 personas que participaron en el experimento, saber el tiempo que dedicaban a su Smartphone. El impacto quedaba patente en sus cerebros.

 

El efecto Google

Una de las cosas que más a cambiado en mi día a día el uso de Internet es el señor Google. El señor Google te ayuda a terminar las frases, dejando al borde de la extinción a los “lo tengo en la punta de la lengua”. Internet se ha convertido en un descomunal cerebro externo. Desde que lo conocí, y mira que he sido de esos que han dicho «yo no quiero eso», vivo en la nube.

Esto es el efecto Google. En la Universidad de Columnia, Betsy Sparrow (ya lo he investigado yo por vosotros y no es pariente del capitán Jack) ha realizado 4 experimentos con el fin de determinar el impacto del gigante Google sobre nuestro cerebro. Los conejillos de indias fueron sus pobres estudiantes, y les acompaño en el sentimiento porque a mi también me ha llegado a «invitar» a participar en un experimento la persona que unos meses después corregiría tu examen (y créeme que quieres tenerla lo más contenta posible y que le suene tu cara por si las moscas).

 

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Que me voy por las ramas. La conclusión del experimento fue: para que voy a esforzarme en responder preguntas complicadas si está el señor Google. Sparrow había dividido a los alumnos en dos grupos. Al primero le pidió que respondieran una serie de preguntas más y menos complicadas, avisándoles que diez minutos después podrían usar Internet para responderlas. Evidentemente no les dejó y le retiró los formularios con lo que habían contestado. ¿Que qué paso? Su memoria se vio resentida. El segundo grupo, al cual no les dejó ni oler un ordenador, se esforzó más y respondió significativamente mejor a las preguntas.

Este y otros estudios advierten que el uso de Internet está cambiando las conexiones cerebrales relacionadas con la memoria a lago plazo (así a lo bestia hipocampo y la corteza cerebral). Muchas personas interpretan este hecho como que los jóvenes nos estamos atrofiando, señalando con el dedo a Internet com el verdugo de la memoria, pero lo cierto es que únicamente se está adaptando. La memoria nunca ha dejado de trabajar. Lo que ocurre es que en lugar de esforzarnos por introducir en la mollera información compleja, estamos optando por retener cómo hemos de llegar a la información compleja que necesitamos, llenando nuestro cerebro de direcciones web, nombres de foros o blogs interesantes (como el de Psiquentelequia).

 

El efecto Facebook

Robin Dunbar de Oxford llegó a la conclusión de que los cerebros que tienen más de 150 amigos en Facebook presentan a la vista de los escáners cerebrales un mayor volumen en zonas relacionadas con las emociones y las habilidades de comunicación (lo que hablamos antes del lóbulo frontal) {Dunbar, 2016 #199}. Lo curioso del tema, es que el cerebro parece tener un límite porque los que tenía 300 amigos no tenían el doble de volumen cerebral, sino el mismo. Al parecer la cosa influye hasta un límite.  De todos modos, como hemos mencionado al principio de este viaje neurocibernético, hace un siglo también los científicos pensábamos que el límite máximo en la esperanza de vida eran 65 y hoy ya vamos por 125 años. Con ello quiero decir de que nuestra capacidad de manejar más relaciones sociales muy probablemente aumentará. Así que tiempo al tiempo.

 

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Dejando a un lado los amigos, a nuestro cerebro le pirran los me gusta”. Un cerebro que se conecta a Facebook y ve que su última publicación está rebosante de likes es un cerebro feliz. La investigadora Laura Sherman reunió en el departamento de Psicología de UCLA en los Ángeles a 32 usuarios de Facebook adolescentes y los introdujo con permiso en un dispositivo de resonancia magnética funcional. Al mirar dentro de sus cerebros vio como los núcleo accumbens de los jóvenes se iluminaban como árboles de navidad, cuando entre las 150 imágenes que les mostró aparecían sus publicaciones colmadas de “me gustas”.

Lo que nos interesa del núcleo accumbens (vaya nombrecito teniendo en cuenta de que lo podían haber llamado Paco) es que se encarga de activar el centro de recompensa del cerebro y hace que nuestro organismo se atiborre dopamina, generando una reacción neuroquímica similar a cuando nos comemos un Ferrero Roche o nos toca la lotería. ¿Un poco exagerado no? Para lo bueno y para lo malo, así es nuestro querido cerebro.

 

Internet está cambiando nuestra forma de olvidar

Escribir en la pantalla de un teléfono, utilizar el buscador de Google o hacer clic en algo que nos gusta, acabamos de descubrir que tiene un impacto sobre nuestro organismo. Esto nos puede sorprender más o menos, pero en realidad cualquier cosa que hagamos o pensemos con frecuencia, se representa de algún modo en nuestra estructura neuronal.

Todo los recuerdos que tenemos de cuándo éramos niños, nuestros primeros coqueteos en los campamentos de verano o el primer trabajo en el que nos explotaron, queda almacenado en algún lugar de nuestro cerebro (lo que hoy nos hace más tilín, es pensar que la información de la memoria se almacena en la conexión química que tiene lugar en la hendidura sinóptica al producirse sinapsis entre las neuronas). Ahora bien, la mayor parte de las cosas que pasan por nuestro cerebro las olvidamos. Y es que para nada queremos recordar que esta mañana nos hemos hurgado la nariz mientras estábamos parados en un semáforo.

 

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Ahora bien, si sacamos un video de nosotros hurgándonos la nariz y la subimos a Facebook, la cosa cambia y mucho. Éste es un evento innecesario que vamos a recordad tanto nosotros como los miles de personas que lo vean debido a lo impactante de las imágenes (apuesto que tendrá millones de likes más que este artículo). La memoria de un ser humano medio es un abuelo senil controlado por el Alzheimer comparado con la memoria de la señorita Facebook, quien se está convirtiendo en una descomunal memoria autobiográfica externa para millones de personas.

El olvido es uno de los principales mecanismos del cerebro para construir un presente apetecible. Necesitamos hacer borrón y cuenta nueva cuando las cosas no salen como esperábamos, para poder comenzar de nuevo. El kit de la cuestión, es que pasamos de media entre 2 horas y 3 horas husmeando en los recuerdos de los demás o a generando nuevos recuerdos con la señorita Facebook; ahora una foto haciendo morritos y después mi opinión acerca de la situación política en España. Señoras y señores, Internet no olvida. Y los seres humanos necesitamos tener la posibilidad de olvidar.

 

Por que no debo tirar el ordenador de mi hijo por la ventana

Una socorrista, tras verter el producto químico equivocado en una piscina y provocar quemaduras leves en la piel de los bañistas, narró los hechos a los medios de comunicación con una mítica frase: ”la he liao parda». Pues lo mismo está haciendo Internet con nuestro cerebro: la está liando parda.

Seguramente si eres padre o madre estarás pensando: “¡Dios mío! ¡Voy a dejar de leer este artículo y a salvar la vida de mi hijo!” y tengas ganas de entrar en la habitación y tirar los tres o cuatro ordenadores de media tenemos en casa por la ventana (no olvides los teléfonos). No lo hagas.

Claro que hay que explicarles lo que supone Internet a los jóvenes (aunque muchos de ellos se han dado cuenta de esto hace años), pero quédense tranquilos: Internet no está haciendo nada malo con el cerebro de nuestros hijos. Nuestro cerebro se ha adaptado a miles de cambios drásticos como Internet, por ejemplo al lenguaje o la escritura, y ninguno de ellos nos convirtió en idiotas. Al revés, nos han ayudado a desarrollar capacidades increíbles.

Internet no hará idiota al cerebro de sus hijos. Aunque es pronto para saber a dónde nos llevará el ciberespacio (que capacidades derivarán de estos cambios en la memoria, de la forma de olvidar o en los sistemas de recompensa), lo que si sabemos es que, en dosis adecuadas y siendo conscientes de lo que supone, el uso de Internet es altamente recomendable.

 

Referencias

Woollett, K.e.a., Acquiring ‘‘the knowledge’’ of London’s layout drives structural brain changes. Current Biology, 2011. 21(24): p. 2109 – 2114.

Ghosh, A., et al., Use-Dependent Cortical Processing from Fingertips in Touchscreen Phone Users. Current Biology, 2014.

Sparrow, B., J. Liu, and D.M. Wegner, Google Effects on Memory: Cognitive Consequences of Having Information at Our Fingertips. Science 2011. 333(6043): p. 776-778.

Dunbar, R.I.M., Do online social media cut through the constraints that limit the size of o ine social networks? R. Soc. open sci. , 2016. 3(150292).

Sherman, L.E., et al., The Power of the Like in Adolescence: Effects of Peer Influence on Neural and Behavioral Responses to Social Media. Psychological Science OnlineFirst, 2016.

El impacto de la tecnología en la imagen del cuerpo

Esta publicación está inscrita dentro de una serie en la cual se tratan fenómenos propios del siglo XXI: “Un nuevo malestar: la realidad virtual” y “El goce de mirar y hacerse-mirar”. Para introducir el contexto del vínculo del sujeto con su cuerpo, se tomará como referente la ponencia de la psicoanalista francesa Marie-Hélène Brousse sobre Cuerpos Lacanianos (2010). Según Brousse, el gran aporte de Lacan con respecto a la imagen fue la delimitación de la misma como teniendo un poder en lo real. Es decir, como algo que es eficaz y tiene consecuencias en lo real. Brousse retoma el ejemplo que utiliza Lacan basado en la etología sobre la reproducción sexual de las palomas. De acuerdo con estos estudios, para que los órganos sexuales de estas aves se reproduzcan, es necesaria la percepción de la imagen de otra paloma en un momento crítico de su desarrollo. Por su parte, en el desarrollo infantil, se observa como la concepción del cuerpo se construye a partir de la relación del niño con su imagen en el espejo.

 

El Estadio del Espejo

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Durante las primeras etapas del desarrollo, predomina en el bebé lo que Lacan llama la fantasía del cuerpo fragmentado. Según la misma, el bebé no experimenta su cuerpo como un todo unificado, sino como partes aisladas. Lo podemos observar cuando el infante encuentra sus piecitos y los introduce en su boca, como un objeto de satisfacción de su pulsión oral. Igualmente se evidencia toda vez que el bebé se extrañe ante su imagen en el espejo, y traté de tocarla como si fuera otra persona.

El Estadio del Espejo es un concepto propuesto por Lacan que consiste en el paso de la experiencia del cuerpo fragmentado del bebé recién nacido, al reconocimiento e identificación de la imagen de su propio cuerpo en el espejo. La madre en su discurso le indica “éste eres tú”, creando paulatinamente en el niño la imagen de sí mismo.

Esta experiencia ocurre en tres tiempos:

  • Primero el bebé experimenta una confusión entre sí mismo y el otro. Como si percibiera la imagen de su cuerpo como la de un ser real al que intenta acercarse o atrapar. Esto domina la dialéctica del comportamiento con sus semejantes.
  • Luego, puede distinguir la imagen del otro de la realidad del otro. Descubre que el otro del espejo no es un ser real sino una imagen, por lo que ya no intenta atraparla.
  • Surge la convicción de que la imagen del espejo es la suya. Al reconocerse, el niño reúne el cuerpo fragmentado en una totalidad unificada, que constituye la representación del propio cuerpo. El reconocimiento de su imagen en el espejo, constata la conquista de su identidad.

Si el niño no atraviesa satisfactoriamente este estadio, se hace una barrera protectora, donde fallan la simbolización del cuerpo y las identificaciones primarias. Siendo que la unidad de la imagen corporal no está lograda, si algo de esta imagen o del entorno se altera, surge la angustia del ser, experimentada como angustia de muerte o angustia de fragmentación.

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Del cuerpo fragmentado a la imagen del cuerpo

Volviendo a la ponencia de M.H. Brousse, en un principio el niño experimenta sensaciones orgánicas múltiples sin unidad, lo que Lacan denominó cuerpo fragmentado. La unidad posterior del cuerpo no viene de estas sensaciones, sino de la imagen encontrada en el espejo (o en el otro primordial). Con el logro de la imagen unificada del cuerpo, en la psique se establece una suerte de velo que cubre al cuerpo fragmentado. Brousse lo conceptualiza de la siguiente forma:

Imagen del cuerpo

La barra representa al velo, que deja al cuerpo fragmentado en el inconsciente. Cuando esta barra falla, se dan fenómenos característicos de la psicosis. En dicha estructura psíquica, se evidencia como el cuerpo está fragmentado. Por esto, la auto-mutilación es posible, ya que son sólo partes que pueden desprenderse sin más.imagen del cuerpo

En sujetos neuróticos, ocurren fenómenos que evidencian la angustia ante la caída de este velo. M.H. Brousse pondrá dos ejemplos que ilustran muy bien este aspecto. El primero, muy cotidiano, se trata del cabello. Éste es una parte de la imagen exaltada y con un alto valor fálico en todas las culturas, aunque sea de maneras distintas. ¿Qué ocurre cuando vemos hebras desprendidas del cuero cabelludo en el lavamanos o la bañera? Fuera de la imagen unificada produce una sensación repulsiva.

El segundo ejemplo, se basa en el film “Salvando al Soldado Ryan”. Se enfoca en la escena donde un soldado es lanzado al suelo producto de una explosión. Al ver a su lado su propio brazo desprendido de su cuerpo, entonces grita. Esto evidencia como algo de la imagen del cuerpo cortado produce terror. Lo mismo ocurre con las voces y la mirada, que nos son familiares siempre que parezcan provenir de una boca o unos ojos humanos.

 

Los efectos de la ciencia en la imagen del cuerpo

En la actualidad, el desarrollo de los discursos de la ciencia y la tecnología, han impactado el modo en el sujeto experimenta la imagen de su cuerpo. En ocasiones produciendo la experiencia del cuerpo fragmentado característica de etapas más tempranas del desarrollo. ¿Qué fenómenos actuales dan cuenta de estos procesos?

1) El cuerpo visto desde dentro:

Como se expuso en el post sobre la mirada: El goce de mirar y hacerse-mirar, la imagen del cuerpo ahora está separada de la percepción visual humana. Un ejemplo claro son las ecografías, que constituyen las primeras imágenes del bebé antes de nacer. Del mismo modo, con el uso de los ultrasonidos, los médicos pueden ver a través de la piel. En la actualidad, somos capaces de ver elementos que no existen en la experiencia perceptiva posible para el ojo humano. Aunque el sujeto esté detrás, son imágenes imposibles de ver sin las máquinas.

2) El cuerpo como objeto científico:

El discurso de la ciencia ha alterado la vivencia de cuerpo fragmentado, que ahora no está velado sino expuesto. La ciencia ha despojado al cuerpo de la imagen que lo recubría. Ahora, se ha constituido en su objeto de estudio, e incluso un objeto de comercio que se puede comprar o intercambiar. Es lo que ocurre con los trasplantes de órganos, su donación e incluso su tráfico.

3) La ideal y falsa imagen del cuerpo:

Del mismo modo, la imagen del cuerpo es un aspecto importante del yo ideal. Hay sujetos para los cuales la imagen de su cuerpo no corresponde con este ideal. En la actualidad, la cirugía plástica estética está disponible para tratar de cerrar esta brecha en la realidad. En algunos casos, se busca un ideal de belleza, en otro incluso un cambio de sexo. Lo cierto es que el abuso de esta práctica crea perplejidad en el observador.imagen del cuerpo

4) Los gadgets como extensión del cuerpo:

La realidad virtual y la tecnología de teléfonos celulares permiten por un lado una suerte de conexión entre la máquina y el cuerpo, al igual que el lente de las cámaras fotográficas con el ojo. La ciencia hace posible superar otra barrera, el objeto está presente en su ausencia. Del mismo modo que el ojo humano no tiene la capacidad de ver a través de la piel, físicamente es imposible estar simultáneamente en dos sitios. La ciencia y la técnica lo han hecho posible, siempre que se tenga la máquina. El consumo de las mismas se torna vital.

5) El cuerpo virtual:

El cuerpo en las redes sociales cumple algunos rasgos de los otros fenómenos mencionados. Primero, la ausencia del cuerpo real en el establecimiento de los vínculos interpersonales. Dos o más sujetos pueden relacionarse sin estar en el mismo lugar físico, por medio de los aparatos electrónicos y el internet.

Por otro lado, es posible hacer una “cirugía virtual” de uno mismo, al plasmar en las redes rasgos ideales para el sujeto, que pueden o no corresponder con la realidad. En el plano de la imagen, el uso de filtros, aplicaciones, y programas como Photoshop, permiten alterar esa imagen y mostrar a sus “amigos” o “seguidores” una cara más hermosa según con los estándares de belleza de cada quien.

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Comentario final

En muchos casos, el modo en que la tecnología impacta la imagen del cuerpo es beneficiosa para el sujeto, proporcionando oportunidades sobre todo el en ámbito de la salud. En otros casos, la tecnología se constituye en un medio a través del cual es sujeto manifiesta alguna dificultad con respecto a la imagen de su cuerpo, en relación consigo mismo y con su yo ideal. El grado en que estos cambios en la tecnología y la ciencia tengan un impacto o no en el sujeto depende de factores que se relacionan con la resolución de procesos psíquicos complejos en la infancia y el desarrollo posterior.

 

 

Referencias bibliográficas:

Fuentes:

Aprendiendo a ser padres: Las drogas

Este es el primero de una serie de artículos para orientar a padres, hermanos, educadores y cualquiera interesado en el conocimiento acerca de los distintos ámbitos que ocupan la vida de los jóvenes y adolescentes. Pero si tuviera que definir un “Target” (Un objetivo) diría que se trata de una serie de artículos para orientar a los padres en el complejo mundo que es su hijo.

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¿Qué es importante saber sobre las drogas?

El consumo de drogas es un fenómeno muy complejo y en el que intervienen muchos factores. Por eso es necesaria la prevención desde los diferentes ámbitos de nuestra sociedad. Los jóvenes consumen drogas por diversos motivos, tales como: La curiosidad, conseguir ser aceptados en un grupo, sentirse más independientes frente al mundo adulto y rebelarse contra la establecido, el deseo de correr riesgo y experimentar sensaciones nuevas, la diversión, olvidarse de los problemas a los que no saben enfrentarse y sentirse bien.

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¿Por qué se empieza a consumir drogas?

El consumo se inicia, generalmente, por curiosidad, porque se realiza con el grupo de amigos y como una forma más de diversión. En la mayoría de los casos este consumo no genera una drogodependencia, pero cuando las drogas se utilizan para evadirse e intentar resolver las dificultades a través de ellas se corre el riesgo de generar una adicción, entonces la droga se convierte en el eje central de la vida de una persona, con el consiguiente deterioro de sus relaciones familiares, sociales, escolares o laborales. El consumo y el modo de consumir las drogas por los jóvenes han cambiado en los últimos años. Cada vez está más extendido el consumo habitual durante los fines de semana, al estar socialmente aceptado en su grupo de edad.

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¿Cómo prevenir el consumo de drogas de vuestro hijo?

La relación que establezcáis desde el principio con vuestro hijo va a ser fundamental para prevenir un posible consumo de drogas en el futuro. Es necesario que busquéis el punto medio entre ser demasiado autoritarios o, por el contrario, excesivamente permisivos. La mejor forma de controlar el comportamiento de vuestro hijo es siendo firmes, pero también razonables. Es necesario, que, como padres y figuras de autoridad para vuestro hijo, establezcáis normas claras y coherentes, dejándolo espacio para que pueda actuar de forma autónoma en función de su edad y conducta.

Transmitirle siempre que le queréis, independientemente de lo que haga y aunque le castiguéis, ya que fomentará la confianza en sí mismo. Es fundamental crear un ambiente familiar que facilite una buena comunicación, estando siempre abiertos al diálogo. Esto favorecerá que vuestro hijo se acerque a vosotros cuando tenga que enfrentarse a situaciones difíciles. Es importante que, desde pequeño, fomentéis su independencia, permitiéndole que vaya asumiendo responsabilidades, pero, por supuesto bajo vuestra supervisión y reforzándoles cunado tome las decisiones adecuadas.

Ayudadle a aprender de sus propias experiencias, y no de las vuestras, salvo que os lo pida expresamente. Las normas contrarias al consumo deben quedar establecidas tanto para vosotros, como para vuestro hijo. Los padres sois el mejor ejemplo, ya que aprenderá tanto de lo que digáis, como de lo que hagáis. Orientad a vuestro hijo sobre el empleo de su tiempo libre:

  • Dándole a conocer las diferentes actividades que existen en su entorno más próximo;
  • Apoyando la relación de diferentes actividades para generar aficiones que puedan llenar su tiempo de ocio: Deportes, actividades en contacto con la naturaleza…;
  • Compartiendo actividades con él;
  • Implicándole en tareas sociales siendo miembro de alguna asociación.

Relacionaros con los amigos de vuestro hijo para conocer a sus gustos, intereses y actividades que realizan. Es importante que habléis con vuestro hijo sobre el consumo de drogas, dejando clara cuál es vuestra postura al respecto y resaltando los aspectos positivos de no consumir. Debéis tener en cuenta que una información aislada sobre las drogas y sus efectos no previene su consumo e incluso puede tener el efecto contrario y despertar su curiosidad. Después de la familia, la escuela es el mejor lugar para la prevención y donde también debe darse.

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¿Cómo detectar el posible consumo de drogas en vuestro hijo?

Existen ciertas señales de alarma que podrían indicar un posible consumo de drogas en vuestro hijo. Es necesario que estéis alerta ante cualquier cambio en su comportamiento, pero debéis tener mucho cuidado antes de achacarlo a un consumo de drogas, ya que puede ser consecuencia de los cambios frecuentes que se producen al llegar a la adolescencia o de otro tipo de problemas.

Tener un gasto excesivo dinero sin ninguna explicación; Pedir constantemente dinero, tanto a los padres como a personas cercanas, o estar involucrado en la desaparición de dinero en casa; Disminución del rendimiento escolar; Descenso de la asistencia a clase; Cansancio excesivo o, por el contrario, a veces, una agitación excesiva; Cambio en su comportamiento en casa: se vuelve más solitario, irritable y agresivo; Cambios en sus pautas de alimentación y sueño; Cambios de amigos e influencia excesiva de éstos; Pérdida de interés por actividades que antes realizaba; Desmotivación y pasividad, en general; Empleo repetido de la mentira para salir airoso de ciertas situaciones; Transformación en su forma de vestir, hablar y comportarse; Estar en posesión de objetos: Hierba, papelillos de liar…

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¿Qué podéis hacer si vuestro hijo consume drogas?

Será difícil confirmar el consumo de drogas de vuestro hijo, a no ser que le descubráis consumiendo, que alguien le haya visto, que llegue a casa en mal estado o que encontréis alguna sustancia entre sus pertenencias. Pero incluso, aunque ocurra ésto último, no podréis estar seguros ya que os puede decir que no es suyo porque se lo ha guardado a algún amigo.

No dramaticéis ni os desesperéis. Tened en cuenta que no todos los chicos que toman drogas llegan a convertirse en consumidores habituales. Antes de hablar con él, poneos de acuerdo en lo que le vais a decir y en lo que haréis al respecto. Es conveniente que le dejéis claro cual es vuestra postura: Que es perjudicial para él, que no vais a permitir su consumo y que puede contar con vuestra ayuda. Si sospecháis que vuestro hijo consume, es necesario que habléis con él de forma tranquila y sincera. Elegid un momento adecuado, donde haya cierta intimidad, con disponibilidad para escuchar y sin perder el control. Si vuestro hijo llega en mal estado, evitad cualquier enfrentamiento en ese momento y esperad a que esté en condiciones para hablar con él.

Debéis evitar centraros exclusivamente en el consumo de drogas y en los efectos que provoca a largo plazo, y sí en los cambios y desajustes que han podido motivar su consumo (“Estamos preocupados porque no sabemos lo que realmente te pasa…”). Evitad lanzar amenazas que no vayáis a cumplir. Es mejor esperar y saber hasta dónde estaríais dispuestos a llegar. Evitad señalar culpables, mostraos abiertos al dialogo y buscad con él las posibles soluciones analizando los motivos por los que consume. Estad muy pendientes de vuestro hijo, pero sin perseguirle ni acosarle, ya que esto produciría el efecto contrario y se alejaría de vosotros. Informaros sobre drogas y los recursos existentes en vuestro entorno y buscad ayuda profesional para evitar sentiros solos y desorientados.

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Conclusión

El mundo de las drogodependencias es muy complejo debido a que intervienen muchos factores. La familia tiene una importancia fundamental en su prevención desde la infancia más temprana, ya que en ella se sientan las bases de la educación, de los valores y de la forma de relacionarse. Si notáis que vuestro hijo ha empezado a consumir drogas no os culpéis y buscad asesoramiento profesional.

Musicoterapia y dolor crónico: un camino de conciencia

 

El dolor físico es un compañero de vida que habitualmente rechazamos, consideramos inútil y molesto, y sin embargo, tiene mucho que decirnos. La musicoterapia puede ayudar a que lo comprendamos, a darnos luz sobre aquello que nos quiere decir.

 

Nuestro cuerpo habla

 

Te propongo que dediques un momento para observar, interiormente, tu cuerpo. Lo ideal es que estés sentado de forma cómoda, cierres los ojos, y sientas cómo se relajan tus hombros, tus brazos, y va llegándote la sensación de soltar, de dejar el control. Puedes enfocarte en tu respiración, sobre todo, en la espiración, permitiendo prolongarla todo lo que puedas sin forzar, y sin prisa para inspirar de nuevo.

 

Relajación

Relajarnos para observar interiormente nuestro cuerpo

 

En este estado de calma, de serenidad, seguramente te comiencen a venir a la mente pensamientos, imágenes, recuerdos, … y si pones atención a tu cuerpo, es muy probable que adviertas cómo aparecen sensaciones corporales en zonas concretas asociadas con esa actividad mental que te llega y que apenas puedes controlar. Intenta prestar atención a vivir esas sensaciones, ponerles forma, color, textura … y suelta si puedes el pensamiento o recuerdo que la había provocado. Permítete sentir lo que tu cuerpo te expresa, sin ponerle palabras, ni juicios, sin rechazar eso que, quizá, puede parecer que nos va a desbordar.

 

Sensaciones corporales

Sensaciones corporales

 

Si has podido vivir esta experiencia con esta conciencia, habrás advertido que existe una necesidad permanente de expresar por parte de nuestro organismo, de indicarnos sensaciones que, aunque no sepamos qué, realmente nos quieren decir algo, seguramente de asociaciones aprendidas en el pasado. Una de esas sensaciones nos resulta tan desagradable e intensa, que le hemos dado un nombre propio: dolor.

 

¿Qué es el dolor?

 

La IASP (International Association for the Study of Pain) define el dolor como “una experiencia sensorial o emocional desagradable, asociada a daño tisular real o potencial”. Es decir, el dolor actuaría como señal de alarma ante una situación que nuestro organismo considera peligrosa para el mismo. Esto suele ser cierto en un caso de dolor agudo. La situación más complicada es cuando el dolor persiste, se vuelve crónico, y aparentemente no existen condicionantes biológicos o físicos que estén justificando dicha persistencia.

 

¿Una medicina con ojos para la superficie?

 

La medicina se ha caracterizado en el último siglo por una categorización cada vez más exhaustiva de aquellos síntomas y signos que acontecen al ser humano para agruparlos bajo etiquetas que denominamos enfermedades o síndromes. Si bien el origen de la mayor parte de cuadros clínicos es multifactorial, es decir, la combinación de diferentes factores condiciona su aparición, desde el paradigma biomédico se resta peso al componente psicoafectivo para enfocar casi toda su atención en la parte biológica, entendiendo al organismo como una máquina en la que alguno de sus sistemas ha comenzado a funcionar mal.

Cada vez tengo mayor sensación de que los humanos vivimos en un mundo de “efectos”, solo vemos los extremos de las ramas de los árboles de nuestra vida, sus flores, sus frutos, o la ausencia de los mismos, y no indagamos más allá de ello, en las raíces. Nos quedamos en la superficie de la vida, en lo externo, sin profundizar, sin buscar la esencia.

 

Árbol con raíces

Más allá de lo que vemos (síntomas, signos), podemos indagar en las causas profundas (forma de integración de las experiencias vividas)

 

¿Diferentes manifestaciones de dolor crónico, un mismo origen?

 

Cuando hablamos de fibromialgia, enfermedad inflamatoria intestinal (colitis ulcerosa, enfermedad de Crohn), artritis reumatoide, lupus eritematoso, cefaleas, etc, nos estamos refiriendo a diferentes “etiquetas”, distintas formas de enfermedad en las que un elemento en común suele ser el dolor crónico, localizado en diferentes zonas según cada enfermedad y persona, y en las que el componente psicológico y emocional tiene un gran peso, aunque desde la medicina no se sepa realmente cómo abordarlo.

 

Persona con dolor

Persona experimentando dolor

 

Durante los últimos años, se ha profundizado en el conocimiento acerca de cómo la forma de asimilar e integrar acontecimientos adversos en la infancia, la presencia de traumatización crónica, condiciona en gran medida una serie de memorias corporales que pueden facilitar la expresión en la etapa adulta de ciertas enfermedades, muchas de ellas de origen autoinmune, y en las que el dolor suele ser un compañero inseparable. En otro post anterior hablaba de algo similar en el caso de la enfermedad mental, y que recientemente se estaba indagando en acompañar a las personas afectadas en su proceso de asimilación de lo vivido.

Desde mi experiencia, aún queda mucho por hacer en aquellas enfermedades donde predomina el componente físico, como es el dolor, y en las que se pasa de puntillas sobre qué aspectos emocionales hay detrás. No creo que sea cuestión de poner más etiquetas (depresión, ansiedad, etc), sino más bien de crear espacios donde las personas afectadas puedan tomar conciencia de su propia vida con perspectiva, y afloren de forma natural emociones, sentimientos, recuerdos, que van a ayudar a dar sentido a lo que su cuerpo les está queriendo decir.

 

¿Qué puede aportar la musicoterapia en el abordaje del dolor?

 

Existen muchas investigaciones que demuestran cómo escuchar música ayuda a reducir el dolor en personas con distintas dolencias, incluso cuando se someten a pruebas diagnósticas y antes o después de una cirugía. Sin embargo, existen pocos trabajos publicados acerca del empleo de musicoterapia de forma activa, no solo planteando la escucha de música. El grupo de investigación de la Universidad de Heidelberg, en Alemania, ha planteado un protocolo de trabajo que ha demostrado su utilidad en adultos con dolor crónico, tanto de origen oncológico como no oncológico.

Para el abordaje del dolor, este grupo se basa en el paradigma biopsicosocial, donde se consideran los aspectos biológicos, psicológicos y sociales del dolor. Consideran que, a través de la música, pueden modularse diferentes aspectos que influyen en la experiencia del dolor:

  • Atención: cuando hay un dolor agudo, la atención se centra de forma natural en la zona afectada, pero cuando se transforma en crónico, el dolor pierde su función de alarma pero la atención se mantiene. La estimulación auditiva mediante la música capta y distrae la atención del foco del dolor.
  • Emoción: La cronificación del dolor suele acompañarse de trastornos emocionales (ansiedad, depresión) y de una reducción de la capacidad para regular las emociones. También es común la rigidez emocional o la inhibición de la expresividad. La música evoca y modula todo tipo de emociones con sus diferentes intensidades, y facilita su flexibilización y expresión.
  • Cognición: Cuando el dolor se vuelve crónico, aparecen distorsiones cognitivas (formas de pensar) y estrategias de afrontamiento de mala adaptación, así como estilos de atribución externa, es decir, una tendencia a creerse indefenso ante las circunstancias externas y no asumir la responsabilidad sobre la forma propia de percibir el mundo. La música puede aportar significados que trascienden el lenguaje, y por tanto el pensamiento, además de asociarse con la memoria autobiográfica, y así puede facilitar un cambio de conciencia.
  • Conducta: El dolor conlleva cambios en las conductas del sujeto (gesticulación, cojera, evitación). Cuanto más tiempo persiste el dolor crónico, más se limitan las conductas. El sistema motor es estimulado involuntariamente por la música (golpeteo, balanceo, baile). Hacer música implica un repertorio complejo de conductas que implican a amplias partes del cuerpo y el cerebro, y por tanto, contribuye a desbloquear la rigidez de movimientos asociadas con el dolor crónico.
  • Relaciones interpersonales: La cronificación del dolor puede facilitar el aislamiento de la persona, que tiende a evitar las relaciones sociales y reduce su comunicación con los demás. Hacer música de forma compartida, ya sea con el terapeuta o en grupo, va a constituir una forma de comunicación no verbal que abre un nuevo camino de expresión e interacción, y refuerza la sensación de pertenencia y la empatía.

 

 

¿Cómo puede organizarse ese trabajo con el dolor desde la musicoterapia?

 

Cada aspecto citado no se trabaja de forma separada, sino que se abordan de forma conjunta, a través de tres etapas:

 

  • Refuerzo de la percepción de bienestar: mediante música grabada o en directo que conecta con memorias de bienestar en la persona, y que contribuyen a fortalecer aspectos positivos de sus vivencias.
  • Alivio sintomático: la persona afectada puede participar en actividades de improvisación musical, lo que ya contribuye a flexibilizar sus emociones, facilitar la interacción social y la comunicación, y la conciencia corporal. Se pueden crear piezas musicales que expresen el dolor sentido, para así facilitar la liberación de tensiones internas.
  • Refuerzo en el manejo diario: se pueden plantear estrategias sonoras y musicales que la persona pueda emplear en su día a día para reducir los síntomas y mejorar el afrontamiento de situaciones en las que el bloqueo emocional era una respuesta frecuente.

 

 

En España, diversos centros hospitalarios públicos y privados están incorporando actividades basadas en la musicoterapia en su cartera de servicios, como es el caso de la Unidad del Dolor del Hospital Universitario La Paz, en Madrid. También cada vez más profesionales colaboran con colectivos de afectados, como es el caso del proyecto que lleva acogiendo la Asociación de Fibromialgia y Fatiga Crónica de Salamanca (AFIBROSAL), cuya experiencia ha sido recogida recientemente en una publicación.

Mi propia experiencia acompañando personas en momentos con dificultades emocionales ha estado caracterizada por el hecho de que, al conectar con sus propios bloqueos y permitir que fluyeran durante la experiencia musical, comenzaban a mejorar, e incluso desaparecer, dolencias físicas que presentaban. Incluso, han podido ir descubriendo qué recuerdos y vivencias, generalmente relacionadas con la infancia, se asociaban con esas sensaciones físicas y les ha permitido “soltar” y aceptar lo vivido en mayor o menor grado, con una correlación clara con la mejora de los síntomas.

Para concluir, me gustaría dejar una pequeña reflexión. Vivimos en un mundo de pensamientos en el que hemos aprendido a manejarnos porque nos da una presunta seguridad, pero a la vez, nos aleja del cuerpo, de las sensaciones, de las emociones. Mientras no seamos capaces de reconciliarnos con nuestro cuerpo, de aceptar todo lo que nos dice, viviremos en una confrontación interior en la que la enfermedad será su manifestación más visible.

 

Referencias bibliográficas

 

  • Edwards, R.R., Dworkin, R.H., Sullivan, M.D., Turk, D.C., and Wasan, A.D. (2016). The role of psychosocial processes in the development and maintenance of chronic pain. Journal of Pain, 17, 9 Supplement, T70-92.
  • Koenig, J., Warth, M., Oelkers-Ax, R., Wormit, A.,  Bardenheuer, H.J., Resch, F., Thayer, J.F., and Hillecke, T.K. (2013). I need to hear some sounds that recognize the pain in me: an integrative review of a decade of research in the development of active music therapy outpatient treatment in patients with recurrent or chronic pain. Music and Medicine, 5, 3, 150-161.
  • Wormit, A.F., Warth, M., Koenig, J., Hillecke, T.H., and Bardenheuer, H.J. (2012). Evaluating a treatment manual for music therapy in adult outpatient oncology care. Music and Medicine, 4, 2, 65-73.

 

Os cuento mi historia: Fritz Perls, el padre de la gestalt y un niño terrible

 

A estas alturas y después de tanto tiempo, las personas que mejor me conocen se han sentido orgullosas de mi en numerosas ocasiones, pero en otras muchas se han podido avergonzar por mi actitud. Sé que no soy perfecto, aunque lo he deseado siempre y a veces incluso lo he creído fervientemente. Dependiendo del periodo de mi vida que os relate, seguramente penséis que soy un genio inspirado o más bien la reencarnación del mismo diablo.

Como todo ser humano, tengo de todo y lo mejor que puedo hacer es responsabilizarme de quien soy. Reconozco en mí que me he llegado a mostrar egoísta, narcisista, orgulloso, avaro, incluso colérico y paranoico; además me considero un ser »perverso polimorfo» en el plano sexual; un seductor insaciable aunque no sea muy agraciado físicamente, pero me compenso con ser algo cómico, exhibicionista y voyeur. Me he entregado a drogas como el LSD y otras variantes psicodélicas, además de que fumo tres paquetes de Camel a diario. No he sido un hijo ejemplar, como marido tampoco llegué a «dar la talla» y como padre he dejado mucho que desear. Si bien, en el plano profesional la gente me admira, pero yo me siento un psicoanalista mediocre y no muy buen escritor. Es más, muchos de los textos que hoy en día leéis, han sido escritos por colegas y allegados que considero lo hacen mejor que yo (como mi querida Lore o A. Levitsky).

 

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Los que ven virtudes en mí, me han devuelto cosas tan intensas como que tengo buen sentido de observación, así como una buena intuición y una cultura amplia. Yo solo sé, que lo que sé ha sido por pura curiosidad y ganas de superación constantes. Soy bastante creativo y vital y no abandono el sentido de autocrítica, aunque a veces me cueste aceptar ciertos neuroticismos propios. Pero lo que si rescato como eje principal en mi trato con los pacientes es que siempre me he abrazado alrededor del problema existencial de cada uno de ellos. Me he considerado un artista haciendo esto, y como buen artista ya sabemos todos que no somos muy puritanos y quizá lleguemos a ser algo raros. Aunque esto de mí siempre me gustó.

Podría resumir mi vida como una experiencia siempre agitada, en lo que respecta a mis sentimientos y resentimientos así como mi comportamiento, relaciones sociales y desplazamientos geográficos. Me considero un judío errante y algo desorganizado con mis documentos y textos.

Bueno, después de esta introducción, voy a pasar a relataros mi itinerario de vida, el cual puedo calificar como bastante tormentoso y que me llevó a ser un personaje fuera de lo común:

 

ALEMANIA

• En 1893: Un 8 de julio vine al mundo después de un parto complicado en donde tuvieron que emplear fórceps para sacarme de dentro de mi madre. Nací en un ghetto judío a los alrededores de Berlín. Cuando yo llegué, ya habían dos hermanas mayores esperándome y unos padres un poco sombríos.

 

Mi padre Nathan, era negociante de vinos y después se hizo corredor de comercio lo cual le obligaba a desplazarse con frecuencia y era evidente que iba acumulando las infidelidades. Siempre fue encantador y seductor, irresistible para las mujeres, pero también era colérico, violento y orgulloso (rasgos que perfectamente puedo encontrar en mi mismo). Era militante de la francmasonería y soñaba con convertirse en un gran maestro de su logia.

 

Mi madre Amalia, era una judía practicante que provenía de buena cuna y que respetaba las tradiciones kasher y el shabbat. Le apasionaba el teatro y la opera (pasiones que yo heredaría para mantenerlas toda la vida).

 

Mis padres vivían en un clima de conflicto permanente, en donde frecuentaba el odio, las disputas e incluso los golpes.

 

Mi hermana mayor Else, era ciega, lo cual siempre ha hecho que mi madre la sobreprotegiera. Reconozco que siempre esto me ha provocado unos celos terribles y me hacia ponerme agresivo con ellas. Ni si quiera lloré cuando supe que ambas perecieron en el campo de concentración.

 

Y mi segunda hermana Grete, siempre fue muy marimacho. Vivió durante casi diez años conmigo y mi mujer en Nueva York sirviéndonos en nuestra casa.

 

Con el paso del tiempo fui desarrollando un odio profundo contra mi padre ya que siempre me trató como un «tarugo de mierda que estaba destinado a acabar mal».  Dudaba hasta de si era mi padre realmente y deje de tratarme con él hasta tal punto que ni acudí a su entierro. Ahora después de tanto conocimiento se que siempre me he mostrado hostil ante las figuras paternas, por eso nunca termine de llevarme bien con Freud (aquí ya tenéis el por qué).

 

• Hacia 1903: a la edad de 10 años comencé a revelare. En el colegio me volví bastante insoportable y me negaba a aprenderme las lecciones y a hacer los ejercicios. Tanto era así que comencé a falsificar mis notas y molestaba a las mujeres de mí alrededor (me escondía bajo sus faldas). Mi madre me pegaba con frecuencia con un látigo o con una paleta de madera, y acabé rompiendo ambas cosas, rebelándome contra ella. Llegué incluso a lanzarle objetos cada vez que trataba de pegarme.

 

• En 1906: con 13 años me expulsaron de la escuela por mala conducta y me fui con mi nuevo compañero, el cual me inició en el tema de la masturbación e incluso me facilitó el encuentro con una prostituta. Tras esto mi padre decidió meterme a trabajar en una boutique de dulces y de ahí decidí por mi cuenta inscribirme de nuevo en los estudios en un colegio liberal en donde se interesaban mas por los alumnos que por las materias. En este nuevo colegio pude desarrollar mi gusto por el teatro, lo cual me duró toda la vida y hoy en día podemos encontrar reflejado en la terapia gestáltica.

 

Durante mi adolescencia seguí formándome en teatro y realice más tarde mis estudios en medicina en Berlín. Durante toda mi vida, mi gran sueño era convertirme en director de teatro aunque siempre me consideré un mal actor. Y no fue hasta los 75 años, que pude encontrar mi propio estilo.

 

• En 1914: al comenzar la guerra, me eximieron del servicio militar porque tenía una malformación cardiaca. Esto condujo a que me mandaran al servicio auxiliar y a los 22 años entré en la Cruz Roja como voluntario.

• En 1916: me enviaron durante 9 meses a la guerra de las trincheras en el frente en Bélgica. Esto me hizo experimentar situaciones especialmente traumatizantes ya que veía a mis propios compañeros exterminando a golpes a los soldados enemigos. Por mi condición de judío, me persiguieron y me llevaron a los puestos más peligrosos, y me vi expuesto a gas venenoso además de que me hirieron con una granada, lo cual me hizo acabar hospitalizado. Esto me produjo numerosas secuelas y manifestaba signos claros de despersonalización e indiferencia total al entorno que me rodeaba.

• En 1920: a los 27 años y tras la guerra, pude obtener mí doctorado en medicina concretamente en neuropsiquiatría. Pero a pesar de mi carrera, seguí teniendo especial interés en el teatro y por ello frecuentaba los cafés izquierdistas de la contracultura. Fue en estos lugares donde conocí al gran Salomon Friedlaender (filosofo expresionista) que me inspiró significativamente. Es en esta época cuando desarrollo el concepto de «vacío fértil».

 

• De octubre de 1923 a abril de 1924: viajé a Nueva York con la intención de obtener el título equivalente en medicina pero me encontré con una competencia muy grande entre los profesionales, además de problemas con el idioma y regresé bastante frustrado y sin ningún resultado.

• En 1925: aun con 32 años seguía en la casa de mi madre viviendo. Cada vez me iba tornando más inseguro de mi mismo y me veía feo, débil, encorvado y despreciado por mi padre. De la guerra me quedó una secuela crónica físicamente y tenía grandes dudas sobre mi potencia sexual además de que estaba obsesionado con la masturbación.

En esta turbulenta época de mi vida conozco a Lucy, una mujer casada que me sedujo en muy poco tiempo. Con ella comencé a descubrir los placeres de las diferentes caras de la sexualidad (tríos, exhibicionismo, homosexualidad, etc). Esto me permitió transgredir todos los tabúes, lo cual me provocaba un placer especial.

 

• En 1926: siento la necesidad de entender todas las emociones que estas experiencias me brindaban (excitación frente a culpa) y decidí comenzar un psicoanálisis con Karen Horney, la cual me recomienda que me aleje de Lucy y que cambie de ciudad de residencia. Así me mudé a Francfort donde comienzo a trabajar como medico asistente de Goldstein. Allí conozco a Lore Posner con la que empecé un noviazgo de más de tres años.

 

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• En 1927: en Francfort continuo un segundo análisis con Clara Happel durante un año. Tras esto me mudé a Viena y comencé mi andadura como psicoanalista. Al siguiente año decidí regresar a Berlín para seguir trabajando de psicoanalista y también comienzo un tercer análisis con Eugen Harnick. En esta ocasión estuve unos 18 meses de análisis, cinco veces a la semana. Pero decidí interrumpir la terapia cuando Lore y yo nos comprometimos en matrimonio.

 

• En 1929: nos casamos a pesar de estar su familia en contra. Para aquel entonces yo tenía 36 años y ella 24. Al siguiente año comencé un cuarto y último análisis con el que yo consideraba el mejor de todos, Wilhelm Reich. Esta fue la terapia que mas me ayudó y la que me inspiró principalmente en la génesis de la terapia Gestalt.

 

• En 1931: nace mi primera hija Renate, lo cual me tranquilizó puesto que creía que era estéril. Esto me enorgulleció y me mantuvo unido a mi familia durante los primeros cuatro años. Pero cuando nació mi segundo hijo, Steve, comencé a descuidar a toda la familia hasta los últimos días de mi vida. Mientras tanto tenia numerosos pacientes en consulta, pero tras la toma de poder de los nazis, tuve que huir de Alemania.

 

• En 1933: debido a la persecución de los judíos, emigré a Holanda dejándolo todo atrás. Al ver que no conseguía el permiso de trabajo en Amsterdam, acepté una propuesta laboral en Sudáfrica que me llegó a través de Ernest Jones (amigo y biógrafo de Freud).

SUDÁFRICA

• En 1934: durante las tres semanas de viaje en barco, estuve practicando mi inglés para perfeccionarlo. Más adelante nos instalamos en Johannesburgo donde fundamos el Instituto Sudafricano de Psicoanálisis. Allí tuvimos numeroso clientes tanto Lore como yo y pudimos mantener una buena calidad de vida. Aun en esta época me regía por las normas ortodoxas del psicoanálisis, haciendo terapias cinco veces a la semana, durante 50 minutos y sin ningún contacto visual o físico con el paciente. Pero con el paso del tiempo me fui dando cuenta de que me estaba convirtiendo en un «cadáver calculador´´ como el resto de los analistas que conocía.

• En 1936: tiene lugar el Congreso Internacional de Psicoanálisis de Praga al que acudía con especial dedicación y en el cual me lleve tres grandes decepciones que me marcaron para toda la vida:

 

Estuve preparando mi trabajo sobre las «Resistencias orales´´ como investigación complementaria a los trabajos de Freud y la bienvenida que recibí de él fue muy traumatizante para mí. No prestó atención a mi obra y esto provocó mi ruptura definitiva con su escuela. A pesar de mi rechazo hacia esta persona, nunca saqué su fantasma de mi vida.

Por otro lado, me volví a encontrar con Reich (el cual fue mi psicoanalista durante más de dos años) y ni si quiera me reconoció ni se interesó por mi vida. Y por último, la fría acogida que me dieron el grupo de psicoanalistas de aquel entonces en relación a mi investigación sobre la influencia de la oralidad en los primeros años de vida, fue el choque final.

 

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• En 1940: Terminé mi primer libro «El yo, el hambre y la agresividad´´ que escribí en colaboración con mi esposa (ella redactó incluso algunos capítulos) y a la que le dediqué un agradecimiento en el prefacio en la primera edición. Prefacio que después decidí retirar en ediciones posteriores porque exigí la paternidad total de la obra. La consideraba más mía que suya. Tras sacar mi obra a la luz, me exigieron que renunciara a ser miembro de la Asociación Psicoanalítica Internacional, pero me negué, puesto que aunque no compartiera los principios ortodoxos, el psicoanálisis era mi primera escuela.

• En 1942: inicia la Segunda Guerra Mundial, y decidí alistarme en la armada en Sudáfrica como médico oficial de psiquiatría (durante 4 años). Pasaba poco por casa y mis aventuras sexuales aumentaban crecientemente. Empecé a perder el interés por mi familia y cada vez les pegaba más y me enfadaba por cualquier cosa (comencé a reproducir el comportamiento de mi padre).

NUEVA YORK

• En el verano de 1946: con 53 años decidí dejarlo todo de nuevo. Abandoné a mi familia, mi lujosa casa en Sudáfrica y mis pacientes, en busca de nuevas experiencias. Cuando llegué a Nueva York, recordé lo poco que me gustaba la competencia profesional que allí había, además de que no me recibieron con los brazos abiertos los psicoanalistas ortodoxos que me tachaban de desviado. Es cierto que siempre fui sucio y desordenado, y que coqueteaba abiertamente incluso hasta con mis clientes. Pero esto no impidió que encontrara apoyo en Karen Horney, Eric Fromm y Clara Thompson (ex alumna de Ferenczi) para reconstruir una nueva clientela rápidamente. Un año después mi familia se unió a mí en la nueva residencia.

 

En aquel entonces seguía empleando el diván en mis sesiones de terapia, pero poco a poco me fui interesando más por las terapias de grupo, y comencé a plantearme que la mayoría de terapeutas debían darse cuenta de que la terapia individual y de larga duración ya estaba obsoleta.

 

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• En 1950-51: constituimos el Grupo de los Siete y publico Gestalt Therapy el primer libro de Terapia Gestalt que dio inicio a esta nueva práctica.

• En 1952: creo junto a mi mujer el primer Instituto de Gestalt en Nueva York y en el 54 el de Cleveland. Poco a poco le fui cediendo la dirección de estos centros a Laura mientras peregrinaba por todos los EEUU proclamando mi nueva teoría. Trabajaba con grupos abiertos y talleres de demostración, codeándome con numerosos terapeutas y recogiendo buenas ideas y técnicas a lo largo del camino: la toma de conciencia de Charlotte Selver, el psicodrama de Moreno o la cientología de Ron Hubbard.

 

Aun no había ideado la famosa técnica de la «silla vacía´´ y me seguía manteniendo en una terapia más verbal en búsqueda de la toma de conciencia de lo experimentado en el pasado. Me centraba en el contacto directo y genuino con el paciente en el presente, trabajando identificaciones con los elementos de los sueños y eliminando proyecciones toxicas que interrumpían el proceso. Mis compañeros de NY y Cleveland comenzaron a criticar mi manera de proceder en terapia, lo cual hizo que les fuera cediendo progresivamente la dirección de ambos institutos.

FLORIDA

• En 1956: comencé a estar desalentado y cansado de mi relación con Laura y de viajar tanto. Tenía problemas de corazón y deseaba retirarme para irme a vivir a las playas de Miami. Al llegar allí me encontré solo y deprimido. Nadie me conocía y me mudé a un pequeño departamento en el que apenas entraba la luz. Hacía grupos de trabajo con pocas personas en el salón de mi casa y comía todos los días en un restaurante judío cercano. No tenía amigos y por primera vez en mi vida renuncié a cualquier actividad sexual por miedo a padecer de un infarto de miocardio.

• En diciembre de 1957: se me apareció como un milagro una clienta, Marty Fromm, con la que comencé un intenso romance. Ella tenía 32 años y estaba infelizmente casada. Entró en tratamiento conmigo porque afirmaba que nunca hacia el amor con su marido y que padecía de frigidez. Retomamos juntos el gusto por la vida y se convirtió en la mujer más importante de mi vida. La inicié en todos los placeres del sexo y llevábamos a cabo todas las fantasías más osadas.

 

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Más adelante empecé a experimentar con el LSD en busca de experiencias nuevas y cada tres días «viajaba´´ hacia otros mundos bajo los efectos de estas drogas psicodélicas. Pero un día estallé en una paranoia cónica latente. La droga me aportaba una «conciencia cósmica´´ lo cual me hizo pensar que definitivamente estaba loco. Marty no soportó más mis delirios y celos patológicos y me abandonó por un amante mucho más joven que yo.

VIAJES

• En 1959-60: comienzo un nuevo periodo errático. Vuelvo en varias ocasiones a California y Los Ángeles y ando vagabundeando por las calles como un drogadicto sin rumbo fijo. Pero Jim Simkin (uno de los primeros pacientes que tuve en Nueva York) me llegó a convencer de que dejara la droga.

• En 1962-63: con 70 años ya, decidí hacer un viaje alrededor del mundo durante 18 meses. Estuve un tiempo en Israel, en un pueblo «beatniks´´ de jóvenes artistas que lo único que hacían era no hacer nada y sentirse orgullosos de ello. Me inicié con la pintura y cuando me aburrí de estar allí me fui a Japón para quedarme un par de meses en un monasterio zen. El zen me atraía por tratarse de una religión sin dios, pero me decepcioné al ver que cada mañana se postraban ante un gran Buda para invocarlo. Sentí que mi búsqueda de la iluminación fue un completo fracaso. De este modo deduje que tanto el budismo zen como el psicoanálisis generaban psicoanalistas y monjes, lo cual me hizo enterrarlos en sus lápidas en lo más profundo de mi basurero.

 

ESALEN

• En diciembre de 1963: junto con Michael Murphy dimos forma a Esalen, una propiedad en Big Sur, California, en donde comenzamos a hacer conferencias con artistas y escritores de renombre como Aldous Huxley o Paul Tillich. Pero en este lugar no se hacía más que beber, fumar y llevar a cabo experiencias con drogas y homosexualidad, lo cual me hizo reaccionar y querer darle una nueva cara a este lugar.

• En abril de 1964: comencé con talleres de demostración y programas de formación en Gestalt, pero no tuvo mucho éxito desde el principio (solo 4-5 participantes en los primeros talleres).

• En 1965: con 72 años, ya estaba muy fatigado y con problemas de corazón. Tuve que acudir a una fisioterapeuta muy buena que consiguió corregirme los problemas de espalda, lo cual me hizo ganar algunos años de vida.

 

Dos años más tarde mis talleres seguían siendo poco exitosos (12 alumnos máximo) por lo que construimos una residencia circular de madera en lo alto de un acantilado para poder realizar los talleres allí. Tenía una gran sala cubierta por una alfombra gruesa no muy agradable, puesto que estaba inundada de colillas y quemada, en una atmosfera continua de humo.

 

 

• En 1968: se produce el gran movimiento de los estudiantes y los hippies californianos que reclamaban el vivir en libertad, la liberación de tabúes, el placer del cuerpo, el derecho a la desnudez, etc. Es entonces cuando la sociedad estaba preparada para acoger el mensaje de la psicología humanista y de la Gestalt.

 

Ya tenía 75 años y mi fotografía comenzó a aparecer en los grandes seminarios americanos. Incluso llegué a salir en la portada de Life proclamado como «el rey de los hippies´´.

Es a partir de este momento cuando en cada seminario que daba, se amontonaba la gente para recibir mis presentaciones. Enumeraba a varios voluntarios por orden y los hacía sentarse en la silla caliente con una silla vacía a su lado. Trabajaba los problemas existenciales de las personas a través de sus sueños y experiencias y los problemas parecías desaparecer por arte de magia. Me filmaron y grabaron y numerosos especialistas de todas partes venían a Esalen a ver mis demostraciones: Eric Berne, Alexander Lowen, Gregory Bateson, etc.

 

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Pero a pesar de todo esto, yo seguía sintiendo unos celos tremendos por los éxitos de mis colegas y quería ser el único Maestro en la psicología. De hecho, soñaba con montar un Kibboutz de Gestalt en donde se pudiera vivir la Gestalt en comunidad durante las 24 horas. El cometido era ya no solo superar la terapia individual, sino también la grupal, haciendo de la Gestalt un modo de vida.

COWICHAN (CANADÁ)

 

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• En junio de 1969: adquirí un viejo motel de pescadores a la orilla del lago Cowichan en la isla de Vancouver. Una treintena de discípulos se trasladaron conmigo a esta nueva residencia. Allí impuse mi ley: nada de niños ni perros, no quería nada ni nadie que nos pudiera perturbar. Fuimos para allá para vivir en comunidad realizando trabajos colectivos, terapias y formaciones. Es entonces cuando viví verdaderamente feliz, dándome cuenta de que estaba en paz y que ya no necesitaba pelearme con otros.

• En marzo de 1970: tras regresar de un viaje de ocio por Europa, decidí dirigir algunos talleres en Chicago y es ahí donde fallecí por causa de un infarto. Además, la autopsia reveló que padecía un cáncer de páncreas.

 

En el discurso fúnebre, Paul Goodman me criticó abiertamente aludiendo que siempre estuve traicionando a la Gestalt tradicional con mis aventuras a lo largo de Norte América. Esto provocó que más adelante, Abraham Levitsky organizara una segunda ceremonia con el fin de reparar mi imagen.

En fin, esta ha sido mi vida, y aunque algunos lo quieran o no, a pesar de no haber sido el único teórico de esta nueva corriente, si que he sido el mayor portavoz de ella y su principal creador. He sido muy criticado por Gestaltistas contemporáneos, pero no se puede negar que he dejado un fuerte legado con sello personal. Hoy en día, los EEUU considera la Gestalt como uno de los métodos de terapia y desarrollo personal más innovadores al otro lado del Atlántico.

 

REFERENCIA BILIOGRAFICA

  • Ginger S., Ginger A. 1993. La Gestalt: una terapia de contacto. 2a ed. México, Manual Moderno.