El ser esencial: Más allá de la razón y la creencias

 

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Observar el desarrollo de la física, desde Newton hasta hoy, equivale a observar los límites de la ciencia. El célebre físico Stephen Hawking ha expresado varias veces que no cree en nada parecido a un dios personal. Lo cierto es que su noción de un universo sin fronteras, es decir, sin comienzo y sin final, previsto por la todavía incipiente “teoría matemática del todo”, no contempla la posibilidad de un creador. No obstante el profesor de Cambridge, piensa que cuando la teoría del todo se desarrolle, se descubrirá si el universo tiene un significado, se aclarará el por qué de la creación, y cuál es la misión del ser humano en el mundo.

ser esencial

El encomiable esfuerzo de la Física Teórica en los últimos cien años ha llevado a los científicos a plantearse preguntas cuyas respuestas, ya por definición, escapan al marco estricto de la ciencia matemática. Así lo ve Peter Coles, profesor de Astrofísica de la Universidad de Nottingham, y estudioso del origen de las galaxias, quién, con ocasión de las afirmaciones de Hawking, se plantea si la naturaleza es realmente matemática ¿No serán –señala- las normas que diseñamos solamente una especie de taquigrafía que nos permite describir el universo con el menor número de páginas posible? ¿Es la física simplemente un mapa, o es el territorio en sí? También está otra cuestión importante relacionada con las leyes de la física, y vinculada con el inicio mismo del espacio y del tiempo. En algunas versiones de la cosmología cuántica, por ejemplo, se debe postular, como una especie de neoplatonismo, la existencia de leyes físicas que existen, por decirlo así, antes del universo físico que se supone que deben describir.

Además- añade el citado profesor-, los avances en lógica matemática han levantado dudas sobre la posibilidad de que una teoría basada en cálculos matemáticos sea totalmente coherente. En tal sentido, el lógico Kurt Gödel ha demostrado un teorema, conocido como “teorema de la incompletitud”, que demuestra que cualquier teoría matemática siempre contendrá aspectos que no pueden demostrarse en esa misma teoría. (cita recogida de “Hawking y la mente de Dios” de Peter Colles, Gedisa. Barcelona, 2004).

La ciencia, en su vertiente metodológica clásica, persigue extrapolar leyes y teorías desde el manejo y la contrastación empírica de los hechos objetivos. En el ejercicio del za-Zen la experimentación se torna en experiencia, no menos contrastable, pero tratándose de una experiencia vivenciada, interior, no “interna”, sino íntima, y, sobre todo, inmediata, o in-mediata. Desde ahí es desde donde podemos aproximarnos al término “Ser Esencial”.

 

Ser esencial

Los científicos, predominantemente psicólogos y psiquiatras, al considerar que ese término parte de un misticismo oscuro, ellos mismos se excluyen de la posibilidad de acceder a esa experiencia inmediata, ya que han caído en esa mistificación de la razón que sólo reconoce como verdadero el fenómeno o evento que entiende directamente y que domina desde el control de las variables externas; una actitud racionalista que llevó a Ortega y Gasset a decir que “cualquier teología me parece transmitirnos mucha más cantidad de Dios, más atisbos y nociones de la divinidad que todos los éxtasis juntos de todos los místicos juntos”. Versión bien distinta a la que de lo místico tiene Wittgenstein, quien señala que “aquello de lo que no se puede hablar hay que silenciarlo”.

Es precisamente desde la renovada valoración de los milenarios ejercicio del silencio, como estamos hoy en camino de superar esas barreras, para tomar muy en serio “qué ocurre” en esos determinados momentos, que nos des-velan la fuerza liberadora y transformadora de nuestra verdadera naturaleza esencial. No considerar el peso de la individualidad, y lo que, fuera del discurso intersubjetivo, se puede experimentar, es lo que hace enfermar a las colectividades, convirtiendo en neurótica al 76% de nuestra civilización que vive de espaldas a las demandas más humanas de la naturaleza del ser humano.

En el ejercicio de la sentada en silencio del Za-Zen, ya lo hemos dicho, nos encontramos con la oportunidad de ponernos en contacto con nuestra verdadera naturaleza, con nuestro Ser Esencial; es decir, con nuestro núcleo oculto, transpersonal, e incondicionado. La pregunta que aquí surge es ¿de dónde proviene ese conocimiento esencial que se sitúa más allá de la experiencia ordinaria de los objetos? Porque ¿no resulta, acaso, una arrogancia hablar del Absoluto o de lo sobrenatural vivido en el interior de nuestra interioridad? ¿No se trata de un conocimiento referente a la fe religiosa, a la teología, o a la especulación filosófico-racional? ¿O, no será también un autoengaño, un opio social, cuando no un mecanismo de evasión autoinoculado para evadirnos de la angustia? Nada de eso: Ser esencial, como experiencia, es un derecho de nacimiento, ajeno a cualquier religión o corriente metafísica, al que puede acceder todo ser humano. Hablamos de Ser Esencial en virtud de experiencias acumuladas, y contrastables, a lo largo de la historia de la humanidad. Aunque los occidentales, obnubilados por el predominio del discurso racional, lo hayamos olvidado:

“El concepto de Ser Esencial -Dice Dürckheim- descansa sobre la base de un conjunto coincidente de experiencias de fenómenos y situaciones extraordinarias desde el punto de vista cualitativo. De las extraordinarias fuerzas que liberan, así como de las transformaciones que pueden suscitar, se desprenden que estas experiencias no son producto de meras fantasías, sino que tienen lugar en el marco de una realidad extraordinaria.»

Dürckheim, se refiere a ese fenómeno que Maslow llamó “experiencias cumbre”, a esos momentos estelares propios de otra dimensión ajena al pensamiento ordinario, y que suelen frecuentemente acontecer cuando hemos llegado al límite tanto nuestras fuerzas físicas naturales como de nuestra capacidad de entender y comprender. Una extraña fuerza que no sólo nos anima, sino que nos eleva más allá del desamparo existencial, de los sinsabores o contrasentidos y de la absurdidad, que ilumina nuestra mente, para ver con claridad más allá de las anteojeras sociales, y haciéndonos presentes a un orden del que participamos aun sin comprenderlo totalmente. Se trata de una inteligencia lúcida, ajena a cualquier fe o creencia externa. Se trata de una experiencia contundente, real, que no engaña, y que, de modo imprevisto, puede acceder en los momentos de mayor hundimiento. Entonces nos sentimos acogidos, rescatados del aislamiento y avisados de nuestra pertenencia a un Todo.

Puedo afirmar que lo que en esos momentos aparece se trata de una energía, que nos eleva sobre nuestras fuerzas ordinarias; una fuerza que nos faculta para poder soportar lo insoportable, o de afrontar peligros inquietantes, como el de mirar a la muerte cara a cara. Miles de personas, muchas de ellas en estados límite, han accedido y siguen accediendo a esas experiencias. Lo que ocurre es que nos han programado la conciencia para no tomar en serio nuestra propia liberación.

En el Za-Zen, procuramos afinar el instrumento de nuestra mente y nuestro cuerpo para que tales experiencias no sólo sean un hecho extraordinario sino el acceso transformante de todo nuestro ser hacia una nueva visión, a una nueva conciencia más allá del pensamiento unidimensional. A nuestra naturaleza verdadera. Eso es el Ser Esencial que se ofrece aquí y ahora. En el eterno presente.

  

EL ETERNO PRESENTE

 

Como un sol breve
que no se aferra al aire,
el eterno presente tiene alas
de una blanca mariposa inmóvil.

La frágil fortaleza del instante,
expande su insistencia estremecida
como una claridad que nos ocupa,
como una conciencia desbordada
que no tiene cabida en los sentidos.

 

 

Por eso, en el Za-Zen insistimos siempre en el hecho de si en alguna parte puede hallarse la vida, esa parte es el momento presente, el instante. El nos conduce a nuestro centro, a ese punto central de la conciencia donde yo soy lo que más soy.

 

 

Fuente:

Fragmento del libro: LA RADICALIDAD DEL ZEN (En 24 teishôs)
Fotografía: Sweet Ice Cream Photography

Autoestima

Por amor a uno mismo

No se ama al marido por amor al marido, sino que es por amor a uno mismo (ātman) que se ama al marido. No se ama a la esposa por amor a la esposa, sino que es por amor a uno mismo (ātman) que se ama a la esposa. No se ama a los hijos por amor a los hijos, sino que es por amor a uno mismo (ātman) que se ama a los hijos. No se ama la riqueza por amor a la riqueza, sino que es por amor a uno mismo (ātman) que se ama la riqueza (…). No se ama a los seres por amor a los seres, sino que es por amor a uno mismo (ātman) que se ama a los seres (…). Hay que escuchar, reflexionar y meditar sobre uno mismo (el ātman) En verdad, cuando se ha visto, escuchado, pensado y conocido uno mismo (el ātman), todo este mundo es conocido.

Este texto pertenece a la Bṛhadāraṇyaka Upaniṣad (5.5-6) uno de los textos filosóficos más antiguos de la tradición védica.

La palabra ātman es un pronombre sánscrito que significa uno mismo y que en la filosofía pasó a referirse a la energía que habita en nosotros como una y la misma energía que da lugar al universo entero. Algo muy parecido esa energía a la que se refirió Einstein cuando decía que la energía nunca desaparece, sólo se transforma.

 

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Este texto puede sonar muy egoísta, pero lejos de ser una propuesta egoísta lo que propone es darnos cuenta de lo que tenemos en común y no lo que nos distingue. Nos enamoramos de otra persona y en realidad nos enamoramos de la imagen que nos hacemos de esa persona, de nuestros pensamientos acerca de esa otra persona, sin prestar atención a la energía vital que subyace en cada uno de nosotros que es una y la misma y es lo que realmente nos mueve.

Lo que nosotros somos en realidad, más allá de las aventuras que atraviesa nuestro personaje, es un estado de paz.

La energía de Vida que vivifica nuestro personaje, no se ve alterada por lo que le ocurre a dicho personaje, igual que una pantalla de cine no se ve en realidad afectada por las imágenes que se proyectan sobre ella.

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Mi mini «yo»

A menudo nos identificamos sólo con el pequeño “yo”, con el personaje, su forma, las cosas que le “ocurren”, su opinión, lo que le han dicho, lo que dirá, lo que tiene, lo que ha conseguido, etc.

Esto nos hace perder de vista por completo nuestro verdadero Ser, Aquello en nosotros que es testigo de todo lo que va y viene, Aquello que ya está siempre en paz, de modo que comenzamos a buscar esa paz y felicidad en las formas, en los objetos externos, en los otros seres, a los que les pedimos que nos proporcionen esa felicidad, esa paz que hemos olvidado.

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Así pues, creo que me enamoro del otro por sus cualidades, por su forma de ser, sus circunstancias, su pequeño “yo”… cuando en realidad lo que me lleva a amar es el Amor mismo, es la Conciencia que ya soy y lo que amo y busco en el otro es ese Amor que ya está en mí, pero como no lo veo en mí misma lo busco fuera y confundida lo vuelvo a proyectar en formas limitadas y cambiantes, que no me permiten ver lo que el otro es en verdad, lo mismo que yo, el Ser, la Energía de Vida que siempre está en Paz.

¿Qué es la autoestima?

Aquí llega el punto crucial, a veces confundimos la autoestima con generar un pequeño “yo”, un personaje, seguro de sí mismo, de sus pensamientos y habilidades, de sus opiniones, de sus formas, y olvidamos de nuevo el amor a uno mismo, no en tanto que personaje sino por el re-conocimiento de lo que uno es más allá del personaje, o mejor dicho, en el fondo del personaje.

Si nos vamos al Wikipedia y buscamos la definición de autoestima nos encontramos con esto:

La autoestima es un conjunto de percepciones, pensamientos, evaluaciones, sentimientos y tendencias de comportamiento dirigidas hacia nosotros mismos, hacia nuestra manera de ser y de comportarnos, y hacia los rasgos de nuestro cuerpo y nuestro carácter. En resumen, es la percepción evaluativa de nosotros mismos.1

La cuestión estriba en definir qué entendemos por “nosotros mismos”.

Definición 1

Si por uno mismo entendemos el personaje que a veces se siente de una forma a veces de otra, que actúa de distintas maneras, que tiene opiniones cambiantes, cuyo cuerpo se transforma con el paso del tiempo, entonces la autoestima se convierte en un esfuerzo por hacer una valoración y proyección positiva de ese personaje.

Definición 2

En cambio si definimos uno mismo como la Conciencia última que siempre es testigo de las transformaciones que ocurren en el personaje el asunto cambia por completo.

Amarse a uno mismo es ver al personaje y amarlo tal cual es y tal cual se modifica. Amarse a uno mismo es concentrar la atención, no en aquello que nos hace diferentes sino en Aquello que es igual en todos los seres, en todo el universo. Amarse a uno mismo es concentrar la atención no en lo que cambia constantemente sino en el espacio del Corazón que es testigo de todos los cambios, el lugar del cual emerge la energía de Vida a través de la cual se viven todos esos cambios. Sería como ir al punto donde brota por primera vez el agua que luego da lugar a un enorme río, que en unos tramos baja con furia y en otros parece estanco.

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El personaje vive condicionado por aspectos de la naturaleza que hacen que unas veces esté ofuscado y deprimido, otras veces exaltado y emocionado y en otras ocasiones sereno y armonioso.

Es cierto que si nuestro personaje se encuentra en un estado de oscuridad y apatía fomentar ciertas habilidades que nos permitan descubrir un personaje más enérgico, vital y seguro de sí mismo puede resultar positivo de cara a que la persona pueda abrirse a nuevas formas de pensarse, percibirse y percibir el mundo. Ahora bien, si nos quedamos sólo ahí seguiremos siempre en la lucha por mantener un personaje “sano”.

La verdadera autoestima no puede consistir solamente en un personaje que se viste de seguridad y habilidades que sean socialmente reconocidas, la verdadera autoestima sólo puede proceder de la tranquilidad de Ser, simplemente Ser, sin que sea tan importante si ese Ser se expresa a través de unas formas y habilidades u otras.

Cuando puedo reconocerme a mí misma desde ese lugar, puedo reconocer el mundo entero. Amarse a uno mismo es Amar, no com una acción sino como reconocimiento de ser ese Amor. La Vida es Amor expresado a través de múltiples formas. Lo que amo en el otro es el Amor, es lo que yo Soy, lo que él Es, el hecho de Ser.

 

Amar-se es AMAR

Con este post no pretendo decir que los trabajos de autoestima que buscan hacer que la persona sea más asertiva, tenga una imagen mucho más segura sobre su personaje, valore sus habilidades , sea más independiente,etc. no resulten útiles en muchos casos e incluso puede que sea necesario comenzar por ahí y dando soporte desde trabajos de conciencia corporal y estímulo de las capacidades manuales.

Lo que quiero decir es que es importante no quedarse sólo con eso. Sería algo parecido a quitar los síntomas de un resfriado repetitivo sin ir a la causa ¿cuánto tardaremos en resfriarnos de nuevo? Creo que la verdadera autoestima tiene su origen en última instancia en el claro reconocimiento y experiencia de Ser, de ese lugar de Paz en nuestro corazón. La verdadera autoestima ve en uno mismo a todos los seres y se reconoce a sí mismo en todos los seres, de modo que en realidad es sólo Estima, Amor.

1José-Vicente Bonet. Sé amigo de ti mismo: manual de autoestima. 1997. Ed. Sal Terrae. Maliaño (Cantabria, España). ISBN 978-84-293-1133-4.

Fuentes consultadas:

Wikipedia, autoestima. https://es.wikipedia.org/wiki/Autoestima

P. Olivelle, Upaniṣads, Oxford Universiy Press, 1996

El duelo. una experiencia personal

Nuestra idea del duelo, nuestro conocimiento de éste muchas veces difiere de la experiencia que tenemos cuando la persona que muere es muy cercana en el afecto.

El último 19 de junio se festejó el día del padre en Argentina, pero este año me enteré al día siguiente al abrir el Facebook. En España, no sé por qué, se festeja otro día. Mi hermana había subido a su muro de la red social una foto de ella sentada en las rodillas de mi padre. Ambos aparecen sonriendo para la cámara. Me imagino que ella andaría por los 3 o 4 años. En el mensaje encima de la imagen, decía mi hermana que el domingo temprano pensó que habría alguien ansioso por ser saludado al otro lado del charco -ella hace años que vive en París- pero que después cayó en la cuenta de que ya no había un papá esperando ese llamado. Se me ocurre pensar que la muerte del padre es algo así, que no haya nadie del otro ladoUn domingo de soledad y tristeza, pero sin una semana nueva que prometa sacarnos de allí.

El impacto

El 11 de febrero de 2016 se murió mi padre. Una llamada de mi mamá y de un momento a otro, de repente, todo cambió, todo se tambaleó. ¿Llegué realmente a hablar con ella?, ¿O recibí un escueto whatsapp que ponía “ya está. Se terminó”?

Sólo puedo reconstruir parcialmente, de manera inexacta, las horas que siguieron a esa noticia. En algún momento de la tarde-noche de ese jueves, me senté a buscar a billetes de avión hacia Buenos Aires. Acto seguido, escribí un correo electrónico a mis compañeros de la universidad para contarles lo que había ocurrido y que estaría fuera de España por unos días. Me preocupé porque a mis alumnos les llegara la respectiva notificación de la suspensión de la clase correspondiente al lunes y al miércoles de la semana entrante.

Todavía estoy alucinando de cómo pude haber hecho todo eso bajo el impacto de semejante acontecimiento. Sospecho que el choque es tan grande que genera una suerte de despersonalización, de extrañamiento con uno mismo. Como si lo ocurrido no tuviese suficiente realidad, como si uno hubiese entrado en una película y fuera a la vez protagonista y espectado

En cualquier caso, el viaje a Buenos Aires fue real.duelo

Dos días después de haber recibido aquella llamada, estaba en un cementerio inmenso para asistir a  la cremación del cadáver de mi padre. No pude verle muerto. Sólo experimentar la sucesión de imágenes ante la madera muda del ataúd. Todo ocurrió demasiado rápido y en un plano mental. Saludé a mucha gente, en particular a familiares que no veía desde hacía tiempo, con el gesto cortés, automático y la emoción ausente. Las lágrimas no aparecían y más que dolor parecía preocupado en que el ritual de despedida se desarrollase bien.

Somos animales simbólicos. Desde antiguo realizamos ritos para las cuestiones trascendentales de la vida: ante los ciclos de la naturaleza, ante los dioses y sus exigencias, para despedirnos de alguien o para darle la bienvenida a los que llegan. En muchos casos no conocemos el origen de un determinado rito pero algo en nuestro interior nos lleva a cumplir con éste.

Entre los ritos más significativos de las diferentes culturas humanas, están, desde luego, los ritos funerarios. De hecho, éstos han sido calificados por la antropología como determinantes de nuestra especie en la medida en que a través de este tipo de ritos entramos en contacto con una cualidad determinante de nuestra condición como es la finitud.

Cuando el cuerpo de mi padre empezó a pertenecer a lo muerto yo no pude verlo, tampoco pude estar presente en el instante en que su corazón dejó de latir. Más allá de meras explicaciones racionales, no me resulta fácil saber por qué se dio así.

En aquellos días no podía darme cuenta de que la muerte de mi papá significaba tantas cosas a la vez y que necesitaría tiempo para que a la conciencia pudieran incorporarse de una en una. Las fichas irían cayendo a un ritmo lento e incesante. Al ejercicio colectivo-social de la muerte, le seguiría uno mucho más personal e íntimo.

La tristeza y el ejercicio de la memoria

En estos meses he estado oscilando entre la necesidad de atención, de cariño y las ganas de no conectar con nadie, de estar en retirada.

Nunca antes había vivido nada semejante a la pérdida de mi padre y el desconcierto es de tal magnitud que me pregunto hasta qué punto soy aquel que creía ser.

En estos meses estuve recordando, volviendo a pasar por el corazón. No sólo ha perdido a su papá el adulto que soy, sino también el bebé, el niño, el púber y el joven que fui.

Cuando desarmé su escritorio de trabajo, me encontré con que él había guardado los dibujos que yo mismo le hice con tres o cinco años. También recordé lo mucho en que insistía en que lo único que iba a dejarme era una formación, una educación y como me insistió para que fuera a estudiar a Europa.

Su amor se traducía, muchas veces, en el contacto físico (llorar recostado en su pecho, por ejemplo), otras veces, en el apoyo económico para que saliera adelante.

Recordé una conversación, él en Buenos Aires y yo en Madrid, en la que me preguntaba sí comía todos los días y en la que insistía en que yo siempre iba a tener un lugar al que volver si las cosas me iban mal en España.

También vinieron recuerdos más cotidianos como cuando me preguntaba como quería el nudo de la corbata.  O el de su imagen en el espejo del baño cuando se pasaba un algodón empapado en agua de colonia por el cuello, después de la ducha matinal. Su manía por la pulcritud.

La manera en que me entregaba la paga mensual para mis gastos de muchachito y el beso que yo le daba luego de recibir el dinero.

No todos los recuerdos fueron dulces o reconfortantes. Yo mismo, en un momento dado, tuve que poner distancia entre nosotros para evitar que su imagen me aplaste ya que tenía un temperamento fuerte y su influencia resultaba para mí intimidante.

Cuando estaba bien, era un encanto de tipo: cercano, gracioso, seductor. Cuando estaba preso de sus furias, era tremendo: como un juguete rabioso y sin consciencia de los efectos que producían sus actos.   Entre los recuerdos tristes, algunos momentos de mi última estadía en Buenos Aires antes de su muerte, o su negativa a hablar por teléfono conmigo.

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La vida continúa: elaboración del duelo

Con sus cosas buenas y no tan buenas, la vida continúa. El recuerdo del que se ha ido no nos abandona, pero paulatinamente se va desdibujando para permitirnos tomar aire. Nuestra mente busca hacer espacio a lo nuevo que acontece. Hay algo inevitablemente triste en este proceso pero a la vez es necesario.

No hay recetas ni fórmulas mágicas para asumir la pérdida de un ser querido. Cuando además de ser querido, es alguien que forma parte de nuestro núcleo afectivo más constitutivo la huella de su partida es aún más honda. No hay escalas ni mediciones del dolor que valgan.

Tampoco hay respuestas ante preguntas del estilo: ¿cómo se vive este duelo?, ¿qué debería hacer?, ¿debería hacer algo distinto a lo que hago?, ¿hay algún momento más adecuado que otro para llorar o para volver a reír?

Frente a lo irreparable de la muerte y el dolor que provoca, reaccionamos de maneras muy distintas dependiendo de nuestro temperamento, de la estructura de nuestra personalidad, de nuestro vínculo y experiencias, del momento de la vida que estemos atravesando.  

Es usual que se susciten en nosotros emociones negativas y no está de más tener en cuenta que debajo de cada emoción negativa, está el dolor.

El miedo a vivenciar el dolor, nos lleva, en muchos casos, a poner en marcha un arsenal de mecanismos de defensa mediante los cuales cerramos el paso a vivenciar el dolor. Cuando éste llega, quizá resulte conveniente no bloquearlo sino dejar que fluya.

Hace pocos meses en una reunión con amigos, empecé a preguntarme dónde habrían quedado las gafas de mi padre luego de su muerte y terminé conectando con una tristeza enorme.

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También recuerdo como una tarde de domingo estaba preparando la cena y sin que ninguna imagen dolorosa se dibujara en mi mente las lágrimas empezaron a caer en catarata dentro de un cuenco en el que había harina mezclada con agua. Al principio no fue más que un sollozo pero luego se abrió la garganta con fuerza y dio paso a un grito ahogado que me hizo estremecer. Todo mi cuerpo tembló y en el pecho sentí una puntada muy aguda.

Al cabo de unos minutos, había recuperado la respiración y el pulso normal.

Mi propio organismo que parecía haberse colapsado a causa del dolor, pudo restablecerse en equilibrio.

Aquella tarde de domingo fui atravesado por el dolor como por una daga. El cuerpo fue lo primero que tuvo registro y después sólo pude cerrar los ojos, intentar respirar, soltar la presión que sentía dentro y darle voz a la pena. Aquella voz sólo fue aire que entraba y que salía de mi cuerpo. Respirar, seguir respirando.

¿Vivo en un universo hostil o amigable?

Albert Einstein, decía que la pregunta más importante que un ser humano podía hacerse en la vida era: ¿vivo en un universo hostil o amigable? De la respuesta que demos a esta pregunta, dependerá la forma en que se va a desplegar nuestra vida.

Si crees que vives en un universo hostil, vas a vivir con miedo, todo el día alerta. Verás amenazas incluso dónde no las hay. Mirarás al otro como a un oponente y el otro lo va a notar y a reaccionar ante ti con esa misma hostilidad que tú le muestras (aunque sea de una forma sutil, no consciente…).

Si crees que vives en un universo amigable, que la vida te está tendiendo la mano, deseosa de que tu se la estreches, vas a vivir más tranquilo… Puedes ver oportunidades dónde antes no las veías. Puedes mirar al otro como un ser humano que, como tú, está haciendo su camino. Alguien que te puede aportar y a quien tu puedes aportar. Alguien con quien puedes cooperar.

El Doctor Mario Alonso reflexiona sobre las consecuencias de vivir con miedo en este vídeo.

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Vídeo de la entrevista con el Doctor Mario Alonso en la TV de Cataluña. El Dr. Alonso contesta en castellano.

Energía del miedo vs. energía del amor

Un buen amigo dice que los seres humanos actuamos, básicamente, desde dos energías: la del miedo y la del amor.

Cuando te mueves desde la energía del miedo se genera malestar. Encuentras ansiedad, rencor (todo lo que se teme se acaba odiando), incertidumbre, confusión, duda… La energía está baja, cuesta mucho hacer lo que necesitas…

Y cuando te mueves desde la energía del amor se genera bienestar. Serenidad, comprensión, compasión, aceptación, confianza, creatividad, alegría, ilusión… La energía está alta, te es más fácil hacer…

Quien sabe… quizá por puro sentido práctico, nos convenga vivir en el amor más que en el miedo…

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¿Vivimos en un universo hostil o amigable?

Amar

Habrá quien sienta que amar le hace vulnerable pero lo que nos hace vulnerables es simplemente vivir la vida. Y no por eso vamos a dejar de vivirla.

Amar a alguien… ¿y si luego sale mal? Querer hacer algo concreto en la vida… ¿y si luego no funciona? ¿Vas a dejar de hacerlo por si…?

Brene Brow nos dice:

 “amemos de todo corazón, aunque no haya garantía”.

De todas maneras, no va a haberla…

Te dejo con estas maravillosas reflexiones de Brene Brown sobre la vulnerabilidad del ser humano:

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Vídeo de Brene Brown en TED Talks. Subtitulado en castellano

 

Un abrazo de corazón,

Ana F Luna

PCC Coach y Máster en Psicoterapia

Vídeos recomendados:

TED Talks. Brene Brown: el poder de la vulnerabilidad.

TV3. Retrats. Entrevista con el Doctor Mario Alonso

 

 

Mi cerebro se va de botellón

Fui de la generación del botellón para que negarlo. Si al mirar atrás ves un ir y venir de amigos, bancos, parkings, escaleras, parques, playas, de botellas de marca la pava, bolsas de hielo y vasos de plástico; e ahí la prueba.

Al pasar los 30 eso del botellón no está bien visto (ahora lo más apropiado es tomar Gin Tonic), aunque si te criaste en la época del botellón es normal que te den ganas de volver a beber en la calle cuando pides un Gin Tonic (al que quién sabe por qué le ponen kiwi flameado y especias) y te clavan 12 €. Esta situación, basada en hechos reales, me hizo reflexionar y me propuse escribir un artículo al respecto. Este es el resultado.

Con este artículo he quiero responder a algunas de las preguntas acerca del alcohol y el organismo que se han ido acumulando a lo largo de los años como por ejemplo: ¿Cómo afecta el alcohol a mi cerebro? ¿Por qué tenemos resaca? ¿Qué hace que con la edad las resacas sean monstruosas? ¿Cuál es el mejor kit de supervivencia para la resaca? ¿Por qué después de una borrachera épica a base de Martinis no puedo ni olerlo?

 

Resaca: una historia de amor

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Rebuscando entre artículos científicos acerca de los efectos del alcohol en el organismo, lo que menos te esperas es encontrar una apasionante historia de amor. Pero así fue. El alcohol (Romeo) y los receptores de glutamato (Julieta) sienten al encontrarse una atracción tan fuerte que cuando se ven por primera se produce un flechazo, y ambos se funden para siempre en un eterno abrazo. Como consecuencia de ello mis receptores de glutamato quedan inutilizados.

Aquí comienza el culebrón. Cuando el glutamato, quien está comprometido con el receptor de glutamato, se entera de la infidelidad se deprime y mucho. Resulta que el glutamato es importante porque se encarga de excitar las conexiones entre neuronas (las archiconocidas sinapsis), y como el glutamato no hace más que llorar y gastar Clinex, el funcionamiento de mi cerebro se resiente. Como cualquier pareja joven y apasionada, los receptores de glutamato y el alcohol tienen sus lugares favoritos. Les gusta proclamar su amor por el hipocampo (memoria), la amígdala (emociones) y el cuerpo estriado (movimiento y otros menesteres). ¡Esto me pasa por beber! ¿No? En parte sí, pero resulta que ocurre lo mismo cuando me como un buen chuletón (debido a la grasa animal) o media docena Cup Cakes (gracias a la bomba de azúcar).

Mientras tanto, el alcohol se va apoderando de mi cuerpo y lo altera. Uno de los más perjudicados es mi hígado dado que cambia su forma de funcionar (su metabolismo vaya), lo que se traduce en una escasez de azúcar en sangre.  Otro aspecto interesante (para sentirme como si me hubiera pasado un camión por encima) es que el alcohol es diurético y hace que me pase la noche yendo al baño como si no hubiera un mañana. El resultado: deshidratación.

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Al final la historia de amor acaba con un final trágico. En mi cerebro el alcohol entra repartiendo manporros a las neuronas al más puro estilo Bud Spencer. El alcohol es nuerotóxico y hace que un buen puñado de mis neuronas mueran. En una persona sana, las neuronas sólo mueren por un golpe fuerte en la cabeza o debido a tóxicos. Y aquí ni el kiwi, ni las especias, ni San Pancracio pueden hacer nada. De todos modos (mamá no te preocupes) en mi hipocampo nacen unas 700 neuronas cada día (y también en otras partes del cerebro).

¿Qué hace mi organismo con el alcohol? Su estrategia es convertir algo tóxico en algo inofensivo. ¿Cómo? En el hígado hay dos enzimas encargadas de convertir el alcohol (tóxico como el sólo) en un inofensivo acetato. Lo que ocurre es que cuando la concentración de alcohol es muy elevada (como ocurre con el whisky o la ginebra), nuestro hígado tiene más trabajo que el polígrafo de «Salvame» y no da a basto. En este contexto, nace el hijo del alcohol y los receptores de glutamato: la resaca.

 

Dormir la mona

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La mejor forma de eliminar toxinas es durmiendo porque es cuando viene la mujer de la limpieza. Mientras en mi organismo el sistema linfático se encarga de recoger la basura celular, en mi cerebro el tamaño de las células se reduce un 60% y se lanza un chorro de líquido cefalorraquideo para limpiar toxinas (sistema glinfático) que arrastra la porquería hasta el hígado donde finalmente pasan a mejor vida.

Esto es muy lógico. Imagina que los barrenderos salen a limpiar las calles con la manguera a las 9 de la mañana. La ciudad despierta, el tráfico es denso, tardan una hora mas en llegar al lugar. Luego empiezan a mojar a jóvenes que van a la escuela o ejecutivos, reciben quejas, y tardan dos horas más en hacer si trabajo. Esto no es eficiente. Y al organismo le obsesiona la eficiencia. En resumidas cuentas, la noche que decido irme de botellón es para mi cuerpo como para un pueblo sus fiestas patronales, y el hígado es el pringado que le toca hacer turno triple.

 

La resaca y la edad

A los 18 años comienza a confabular nuestra piel para tejer las primeras arrugas (la regeneración no da a basto). A partir de los 30 la tendencia de es a perder músculo y ganar grasa. Celebramos nuestro 40 cumpleaños produciendo menos saliva (nuestra pasta de dientes antibacterias natural) y los dientes se quedan en cueros, o a los 65 la voz cambia el tono debido a que se “aflojan” las tuercas de los tejidos blandos de la laringe. Vamos que con el tiempo en nuestro organismos van cambiando cosas.

 

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Aunque nos preparemos brebajes más caros o sofisticados, los estudios científicos muestran que con la edad tenemos más grasa (y menos líquido) por lo que estamos peor hidratados y nuestro hígado se hace más vago (en concreto la culpa es de las enzimas que se encargan de metabolizar el etanol). Vamos que el alcohol resulta más tóxico porque lo eliminamos peor y nuestros órganos se vuelven más sensibles a la toxicidad, lo que hace que al pasar los 30 el tiempo necesario para recuperarse de una resaca se alarga sin compasión (dos días no te los quita nadie).

 

Kit de supervivencia para la resaca

Dos cosas que te resultarán muy útiles para tus futuras salidas nocturnas. La primera es tener presente las bebidas alcohólicas que más resaca dan. De mayor a menor: coñac, vino tinto o calimocho, ron, whisky, vino blanco, gin tonic, vodka y cerveza. (Sí, estoy de acuerdo que antes de los nombres que le hemos puesto a los volcanes, deberían habernos enseñado esto en el colegio).

Con esto en mente, y una vez elegido el tóxico de la noche, propongo sin más dilación un kit de supervivencia para la resaca:

KIT DE SUPERVIVENCIA PARA LA RESACA


  • Antes y después dela juerga, un buen chute de carbohidratos.
  • Bebe toda el agua que puedas (si es entre copas mejor).
  • Duerme lo máximo posible.
  • Prohibido el café (es diurético y, aunque despierta, terminaría por deshidratar igual que el alcohol… malo).
  • Come fruta (peras, manzana un poco oxidada o naranja).
  • Si como yo has pasado los 30, plantéate tomar un sabroso Ibuprofeno antes o al levantarte.
  • Para la sensación de sentirse minúsculo o de que el mundo es una m**r*a… lo mejor son mimos.

 

También puedes no beber alcohol si no te apetece (en serio, te lo pasarás bien igualmente). 

 

¿Por qué no puedo oler el Martini?

Hace más de quince años me pillé una buena borrachera a base de Martini. Desde entonces, es oler el Martini y…. ¡Buuaahhhhhhgkas! ¿Cómo es posible que el olfato evoque ese recuerdo tan intensamente?

 

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Al servirme un Martini millones de moléculas se desprenden y algunas de ellas llegan a mi epitelio olfativo (en cristiano tejido olfativo). Allí le esperan alrededor de 15-20 millones de neuronas bañadas en moco que están conectadas al bulbo olfativo (como el escaparate de una perfumería). Lo interesante es que milésimas de segundo después, en su camino por el cerebro, la información del olfato relativa al Martini atraviesa las zonas que se encargan de mis emocionessentimientos (corteza insular y amígdala), lo que hace que aquello que huelo se vuelva emotivo y sentimental.

Los olores no son algo físico del alimento sino una experiencia mental. Lo mismo ocurre con todos los sentidos y también con la memoria. Este punto es clave para entender cómo un olor puede generar un estigma en mi memoria, y nada más encontrarse mi epitelio olfativo con moléculas de Martini, mi cerebro hace que sienta un asco que pa qué.

Gracias a Dios estamos genéticamente programados para tener comportamientos como este, así la estupidez que me llevó a tomar 6 vasos de Martini hace más de quince años, y pasar aquella resaca épica, no se volverá a repetir (al menos con Martini). ¡Salud!

 

Referencias

  • Bueno, D., Cerebroflexia: El arte de construir el cerebro. 2016, Barcelona, España: Plataforma editorial.
  • Meier, P. and H.K. Seitz, Age, alcohol metabolism and liver disease. Curr Opin Clin Nutr Metab Care, 2008. 11(1): p. 21-26.
  • Estupinyà, P., El ladrón de cerebros: Compartiendo el conocimiento científico de las mentes más brillantes. 2010, Barcelona, España: Debate.

El papel del juego en el desarrollo infantil

Los recuerdos más felices que tengo de mi infancia se relacionan con las interminables horas de juego con mis primos. Algunas veces pretendíamos ser astronautas con la misión de viajar al espacio sideral. Construíamos nuestra nave espacial con los muebles de la terraza y sábanas que encontrábamos en la lavandería. Una vez terminada, entrábamos por la puerta y gateábamos por los estrechos pasillos hasta llegar a la cabina principal. En ciertas ocasiones, el viaje terminaba antes de despegar, cuando escuchábamos el llamado de mis padres. Es hora de ir a casa, el juego ha terminado por hoy.

Juego y desarrollo

 

El concepto de jugar

Jugar es una experiencia propia del ser humano, que surge desde la más temprana infancia. Existen muchas definiciones del fenómenos lúdico, que confluyen en su mayoría en las siguientes características:

  • Es una actividad recreativa y que causa algún tipo de satisfacción en quien la realiza.
  • Durante la misma se crea una nueva realidad (imaginaria), que surge en la espontaneidad del momento en que se realiza.
  • Se hace uso de la imaginación y de la fantasía, para representar y tramitar simbólicamente aspectos de la vida cotidiana.
  • La finalidad es la propia acción de jugar, por lo que no hay posibilidad de fracaso.
  • En ocasiones, es el resultados de acuerdos entre los que juegan para determinar sus reglas.

Del mismo modo, muchos sociólogos y psicólogos se han interesado por la observación e interpretación del juego, poniendo atención a diversos aspectos del mismo. Es conocido por mis lectores que me inclino por la teoría psicoanalítica. Sin embargo, en esta ocasión me gustaría exponer algunas otras concepciones relevantes para comprender las funciones que cumple el juego en el desarrollo infantil.

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El juego como promotor del desarrollo social

La socióloga estadounidense Mildred Parten fue la primera en realizar estudios extensivos en los niños entre dos y cinco años de edad. De acuerdo con sus hallazgos, los niños de paulatinamente van incrementando las interacciones sociales al jugar. En 1929, Parten completa su tesis doctoral en la cual desarrolla su teoría de las seis etapas de acuerdo con el grado de interacción con los demás.

  • Comportamiento libre: Esto ocurre cuando el infante no juega aún, sólo explora su entorno. Puede estar parado en un lugar o realizando movimientos aleatorios. Puede tomar los objetos con las manos y agitarlos, o introducirlos en su boca. Un ejemplo, es el juego que inician los adultos en el cual se tapan la cara o se aleja del perímetro visual del infante, mientras que éste los busca con la mirada. Luego el niño puede reproducir la acción de “esconderse” tapándose la cara.
  • Juego solitario: Se da cuando el niño está solo y se enfoca únicamente en la actividad que él realiza. No muestra interés o no es consciente de lo que otros hacen. Es más común en niños entre los dos y tres años de edad, en comparación con niños mayores. Es muy frecuente que se den los juegos repetitivos, como llenar y vaciar repetidamente una cubeta con bloques de madera. Otro ejemplo de este juego es lanzar un objeto y encontrarlo.

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  • Juego del espectador: Sucede cuando el niño observa a otros jugar pero no participa. Puede involucrarse en otras formas de interacción social, así como conversar sobre el juego, sin unirse realmente al mismo. Este tipo de actividad también es más común en niños pequeños.
  • Juego paralelo: Transcurre cuando el niños juega separado de otros pero a la vez cerca de ellos, imitando sus acciones. Esta etapa se constituye en una suerte de transición entre el formas de juego más solitarias, a otras formas de juego que involucran la interacción con otros.

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  • Juego asociativo: Se da cuando el niño está interesado en jugar con otras personas pero no en coordinar sus actividades con las de esas personas. También consiste en las formas de juego donde no hay actividades organizadas. Se observa más interacción con los demás, pero las actividades no están en sintonía. Puede ser que compartan materiales
  • Juego cooperativo: Surge cuando el niño está interesado en jugar con otros y en las actividades que ellos realizan. Generalmente dichas actividades están organizadas y los participantes tienen roles. Usualmente se da en niños en edad escolar.

 

El juego y las funciones cognitivas

El psicólogo suizo Jean Piaget estudia el juego desde la corriente estructuralista. Propone que el juego forma parte de las habilidades cognitivas del niño, porque representa la asimilación de la realidad según cada etapa del desarrollo. Piaget asocia tres estructuras básicas del juego de acuerdo con el desarrollo de dichas funciones cognoscitivas.

  • Juego de ejercicio: Son propios del estadio sensorio-motor, y por tanto de los primeros dos años de vida. Consisten en repetir una y otra vez una acción, por el placer de obtener una satisfacción inmediata.juego cooperativo
  • Juego simbólico: Se da entre los dos y los siete años de edad. Consiste en simular situaciones, objetos y personajes que no están presentes en el momento del juego. Permite a los niños asimilar el entorno que les rodea, aprender los roles de la sociedad, desarrollar el lenguaje y favoreces la creatividad.juego simbolico
  • Juego reglado: Los juegos con reglas no se limitan a los juegos colectivos, como en los deportes o juegos de mesa. En los demás tipos de juegos también existen reglas que pueden ser implícitas o explícitas. Las mismas determinan lo que se espera de quienes participan en el juego.

 

El juego como forma de expresión del inconsciente

Desde el psicoanálisis, se entiende que jugar constituye una forma genuina y privilegiada de expresión del inconsciente en los niños. En su obra Más Allá del Principio del Placer (1920) Sigmund Freud comentó sobre el juego infantil de uno de sus nietos de año y medio de edad. El Fort-Da consiste en lanzar un objeto pequeño a un rincón de la habitación o debajo de la cama haciendo un sonido que tanto la madre como Freud coincidían en que su significado era fort o fuera. En otras ocasiones repetía el juego con un carretel de madera, que tenía una cuerda con la que lo lanzaba y lo hacía volver emitiendo la palabra da que significa aquí.

Después de observarlo durante un tiempo, Freud concluyó que el pequeño repetía un escenario que no es agradable para él: la partida de la madre. Empero, ahora el niño tomaba papel activo, en una vivencia donde fue pasivo. Aunque sea revivir una experiencia dolorosa, va conectada a la ganancia de un placer de otra índole. 

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Freud reconoció la importancia del juego como vía para acceder al inconsciente, sin embargo no lo desarrolló profundamente en su teoría. Fueron sus sucesoras, Anna Freud y Melanie Klein quienes tomaron la batuta en el estudio del Psicoanálisis en el trabajo terapéutico con niños. Sin ahondar en dichas disputas teóricas, se considera que el juego tiene una importancia intrínseca, más allá de un dispositivo propuesto por alguna concepción en particular. El niño que juega va introyectando el entorno a su psiquismo, mientras que va insertándose él en este entorno. A través del juego el niño experimenta situaciones placenteras, expresa sus emociones más profundas, elabora circunstancias difíciles de tramitar de otro modo, y pone en marcha el proceso creativo.

 

El estatuto del juego en la actualidad

Cuando un niño no juega o su juego se considera extraño, es una alerta de que algo puede estar sucediendo con éste niño. Pero qué ocurre cuando la sociedad promueve la aniquilación del juego como vehículo de creación y tramitación de los conflictos. La tecnología puede ser beneficiosa para el aprendizaje de los niños. Sin embargo, cuando su uso comienza en etapas muy tempranas merman el despliegue del interés natural por jugar.

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Los padres, maestros y cualquier persona que esté en contacto constante con niños debe comprende la relevancia del juego. Igualmente, deben propiciar las oportunidades que permitirán al niño la posibilidad del juego libre, imaginativo y creativo. Los niños deben tener la oportunidad de experimentar su realidad y expresar sus emociones. Para resumir, jugar cumple brinda aportaciones en las diferentes áreas del desarrollo infantil:

  • Desarrollo motor: Estimula el desarrollo de la motricidad gruesa, fina y viso-motora, pues es la fuerza que impulsa la realización de la acción deseada por medio de movimientos y la coordinación de los mismos.
  • Desarrollo emocional: A través del mismo, el niño puede tramitar situaciones conflictivas. Presta sus sentimientos y emociones relacionados con personas significativas y situaciones. Además, puede expresarlos en un rol más activo, distinto al rol pasivo que juegan en el entorno real.
  • Desarrollo cognitivo: Pone en marcha las habilidades cognitivas, que le permiten comprender su entorno, desarrollar el pensamiento y la creatividad.
  • Desarrollo social: A través del mismo se relacionan con los demás. Apoya el surgimiento de la empatía, comunicación, solución de conflictos y la reciprocidad, entre otros.

 

Referencias bibliográficas:

  • FREUD, Sigmund (1920). Obras Completas: Más Allá del Principio del Placer. Amorrortu Editores. Buenos Aires, Argentina.

Enlaces:

Aprendiendo a ser padres: Los Amigos

Esta es una serie de artículos para orientar a padres, hermanos, educadores y cualquiera interesado en el conocimiento acerca de los distintos ámbitos que ocupan la vida de los jóvenes y adolescentes. Pero si tuviera que definir un “Target” (Un objetivo) diría que se trata de una serie de artículos para orientar a los padres en el complejo mundo que es su hijo.

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¿Qué es importante saber sobre la amistad?

Desde el momento en el que nacemos nos convertimos en seres sociales, ya que empezamos a compartir nuestra vida con las personas de nuestro entorno. La primera relación del niño se establece con sus padres, de modo que éstos pueden contribuir a desarrollar en sus hijos habilidades y formas de comunicación positivas que les permitan, más tarde, relacionarse de forma competente con sus iguales. Las relaciones con otros niños y amigos son muy importantes porque, desde la infancia a la adolescencia, proporcionan: Un espacio para juegos y diversión; Un espacio para aprender y ensayar diferentes papeles sociales; El ámbito adecuado para aprender a cooperar, a respetar al otro y a respetar las normas establecidas; Un importante apoyo afectivo.

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El primer año:

Es una etapa fundamental, ya que en ella se establece el vínculo afectivo entre el bebé y las personas más próximas: sus padres. Posteriormente, esto influirá de forma decisiva en su manera de relacionarse con los demás. Es imprescindible que, además de satisfacer sus necesidades físicas (Comida, sueño, higiene…) habéis, abracéis, beséis y estimuléis al bebé, para satisfacer sus necesidades emocionales. Actualmente, es cada vez más frecuente que el bebé vaya a la escuela infantil, por lo que comienza a relacionarse antes con otros niños.

Entre los 2 y los 3 años:

Se empieza a observar la preferencia por ciertos compañeros de juego y el inicio de actividades grupales, aunque los miembros del grupo cambian constantemente. Intentad dedicar parte de vuestro tiempo exclusivamente a jugar con vuestro hijo. Llevad a vuestro hijo a espacios infantiles que le permitan jugar con otros niños. Si es posible, salid con amigos que tengan hijos pequeños.

Entre los 4 y los 5 años:

Se empieza a depender cada vez más de los compañeros como fuente de satisfacción. El niño comienza a aprender cómo son las relaciones de amistad, al tiempo que desarrolla ciertas habilidades sociales. En esta etapa los padres podéis tener un papel fundamental a la hora de ayudar a vuestro hijo a establecer relaciones sociales.

Organizad actividades en casa o excursiones e invitad a otros niños. Permitidle que vaya a casa de sus vecinos o compañeros. Enseñadle a presentarse a otros niños o a pedir que le dejen jugar. Valorad la cooperación, para que vuestro hijo aprenda a compartir y a aceptar a los demás. Fomentad el diálogo con él y responded a todas sus preguntas. Iniciadle en juegos sencillos en los que se tengan que respetar ciertas normas.

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Entre los 6 y los 9 años:

En este período es muy importante la aceptación de los compañeros y permitirá saber si existen o no dificultades o puede haberlas en el futuro. Se empieza a distinguir claramente quién es un niño popular y quién es un niño rechazado por sus compañeros.

El niño popular: Es un niño que es aceptado por sus compañeros y tiene facilidad para conocer y  hacer amigos porque es activo y comunicativo. Tiene habilidad para solucionar los conflictos entre los compañeros. Se preocupa por sus amigos y les suele ayudar.

El niño rechazado: Cuando hablamos del niño rechazado, debemos distinguir dos causas y comportamientos diferentes de rechazo. Cuando el niño es rechazado activamente debido a su comportamiento agresivo y no respeta las normas de los juegos, queriendo ganar siempre; Cuando el niño es ignorado por los demás al tener poca seguridad en sí mismo y se muestra tímido, reservado, pasivo, temeroso y excesivamente sensible ante situaciones sociales.

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¿Cómo ayudar a vuestro hijo cuando presente dificultades para relacionarse?

Es necesario que ayudéis a vuestro hijo a adquirir seguridad, enseñándole a aceptarse, quererse y valorarse tal y como es. El primer paso para poder relacionarse con los demás consiste en encontrarse a gusto con uno mismo. Indicadle modelos positivos a los que imitar sin que deje de ser él mismo mediante demostraciones prácticas.

Es fundamental que vuestro hijo aprenda a: Interpretar la conducta de los demás, entender su punto de vista, admitir que el otro es diferente y aceptar al resto tal y como es; Hacer comentarios positivos o cumplidos hacia los demás y a saber recibirlos correctamente; Ofrecer su ayuda y a pedirla cuando sea necesario; Decir que no de una forma adecuada ante algo que no desea y a aceptar, a su vez, una negativa como respuesta; Iniciar conversaciones y a participar en ellas; Escuchar a los demás; Resolver conflictos por sí mismo; Compartir.

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Entre los 10 y los 11 años:

Se empiezan a formar las pandillas y es muy importante para el niño pertenecer a un grupo determinado, ya que éstos surgen por la necesidad de obtener cada vez más independencia de los adultos. Los miembros de un mismo grupo generalmente del mismo sexo, comparten valores e intereses y establecen ciertas normas que deben respetarse. Aparece una organización jerárquica (líderes y seguidores) y los intrusos son excluidos. La influencia de estos grupos suele ser positiva. Sin embargo, también puede ser negativa si las prácticas y los objetivos del grupo lo son (Agresiones, peleas, pequeños robos, consumo de drogas…).

Es importante que animéis a vuestro hijo a integrarse en grupos organizados y supervisados (deportivos, culturales…) Recordad que debéis lograr un equilibrio entre la supervisión de sus amigos y de las actividades que vuestro hijo realiza y el fomento de su independencia.

A partir de los 12 años:

El adolescente desea ser aceptado por un grupo determinado y comienza a prestar atención al sexo opuesto. Le preocupa lo que los demás piensen de él y es especialmente sensible a las críticas, ya que muchas veces la imagen que tiene de sí mismo depende de la opinión que de él tienen los demás.

En este periodo se produce un claro alejamiento de los padres y la fuente de satisfacción se busca en compañía de los amigos. Sin embargo, esto no significa que familia y amigos sean incompatibles, ya que el adolescente necesita de ambas para hacer una transición sana hacia la vida adulta. Los problemas aparecen cuando una de las partes, bien los padres, bien los amigos, tiene un papel predominante en prejuicio de la otra, o una de las dos no existe.

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¿Qué aportan los amigos a tu hijo?

Le permiten participar en actividades de ocio y recreativas; le brindan compañía y amistad; Con ellos aprende a desarrollar habilidades sociales; Le ayudan a reafirmar su identidad; Le proporcionan independencia de sus padres; Le ofrecen apoyo emocional en situaciones estresantes; Le sirven de confidentes; Le facilitan críticas y consejos que son aceptados y tenidos en cuenta; Le ayudan en sus primeras relaciones amorosas.

En general, no se pueden establecer normas fijas comunes para todas las familias. Cada una deberá valorar el grado de autonomía que puede dar a sus hijos siempre intentado conseguir un equilibrio entre la independencia que se debe fomentar en ellos y la supervisión. Es importante que conozcáis personalmente a los amigos de vuestro hijo e incluso también a sus familias, invitándolas a casa o en vacaciones.

Es preciso que evitéis continuos interrogatorios y un control tan riguroso que impida una comunicación fluida. Sin embargo, no evitéis ser firmes cuando resulte necesario. Es necesario evitar las críticas constantes hacia los amigos por su forma de vestir, peinar… ya que vuestro hijo siente que esas críticas están también dirigidas a él.

Es importante que tengáis en cuenta que toda prohibición tajante pueda conllevar tentación. Es fundamental estar abierto al dialogo para prevenir cualquier tipo de problema.

Conclusión:

Las relaciones sociales son fundamentales en la vida de cualquier persona. Vuestro hijo tendrá a imitar vuestra forma de relacionaros con los demás. Involucraros en la vida social de vuestro hijo, conociendo a sus amigos y mostrando interés hacia las actividades que realiza, a la vez que impulsáis su independencia y autonomía.

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¿Estresado? pregúntale a tu cuerpo.

 Confucio decía: “elige un trabajo que te guste, y usted nunca tendrá que trabajar un día de su vida”.


 

Esta frase nos permite visualizar un panorama positivo en nuestro día a día, hacer algo que nos gusta y al mismo tiempo recibir recompensa monetaria y social por nuestro trabajo,¿maravilloso no? Poder hacer lo que nos apasiona y que esto nos permita vivir con calidad en la sociedad moderna es el sueño de muchos, que algunos logran concretar y que para otros es un camino más difícil.  Sin embargo en la actualidad, quizás el estilo de vida en la sociedad moderna, traiga de la mano ritmos acelerados, que empujen al cuerpo a un límite, favoreciendo así la aparición de enfermedades biopsicosociales, el coste que alguna veces resulta por lograr cubrir nuestras necesidades básicas, y más, dependiendo de nuestro estilo de vida y de consumo. Esto quiere decir que a pesar de estar  haciendo lo que nos gusta, igualmente podemos vernos envueltos en esta palabra que se ha puesto de moda en las últimas décadas: el estrés; y en otros casos cuando el estrés es prolongado se convierte en crónico, y puede generar cuadros mucho más delicados.

 

El Estrés: Una palabra que está de moda pero que está en nuestro cerebro durante nuestra evolución como especie.


 

Estrés, palabra que hace saltar de inmediato aquellas definiciones con carácter negativo por la cual se ha vuelto famosa, una palabra que lamentablemente ha tenido mala publicidad, a la que conocemos poco, olvidando así el valor de su existencia en nuestro cerebro.

 

¿Qué es el estrés?

 

Es una reacción fisiológica del organismo en el que entran en juego diversos mecanismos de defensa para afrontar una situación que se percibe como amenazante o de demanda incrementada, es decir una situación de peligro.

 

El estrés es el modo de un cuerpo de reaccionar a un desafío. De acuerdo con el evento estresante, la manera del cuerpo a responder al estrés es mediante el sistema nervioso simpático de activación que da lugar a la respuesta de lucha o huida. Debido a que el cuerpo no debe mantener este estado durante largos períodos de tiempo, el sistema parasimpático tiene tendencia a hacer regresar al cuerpo a condiciones fisiológicas más normales (homeostasis).

Esta capacidad natural del cerebro  nos ha ayudado a lo largo de nuestra historia evolutiva,(pj:. a correr de un león o a percibir peligros vitales), y de esta manera asegurar la supervivencia.

 

El problema se genera una vez que se nuestro cuerpo está inundado de una hormona llamada cortisol, (que es la que nos activa y ayuda a nuestro cuerpo a estar en fase de huida), y  no logra regularla y regresar al estado anterior a la huida (no logra la homeostasis anteriormente descrita), entonces es allí cuando empieza a alterar la salud mental – física y social de la persona.

 

 

 

Entonces, ¿es positivo o negativo sentir estrés?

Primero hay que diferenciar dos tipos de estrés:

  • Estrés agudo: se considera estrés agudo la reacción del cuerpo y del cerebro ante un episodio corto y puntual que provoca la activación del sistema de alerta, como ejemplo: cuando vemos que alguno de nuestros hijos  se va a caer de algún lugar y reaccionamos para protegerlo, cuando un auto nos pasa cerca en la calle, o cuando vamos en nuestra bicicleta a alta velocidad por una pendiente.  Este tipo de estrés acaba una vez que la situación amenazante o excitadora desaparece.
  • Estrés Crónico: es el estrés más conocido, es aquel que es prolongado en el tiempo, permanece presente por semanas o meses, y en algunos casos más delicados por años, y viene de la mano generalmente por factores externos desagradables como una separación conflictiva, problemas económicos, situación social de inseguridad,    empleo de mucha presión, desempleo,  entre otros muchos factores desencadenantes.

Este último es el que facilitará la aparición de síntomas físicos, emocionales y psicológicos llegando a representar la posibilidad de aparición de enfermedades biopsicosociales, por el desgaste y sobre exigencia continúa a la que está expuesto el cerebro, manteniéndose en alerta aunque ya no exista riesgo o peligro.

 

Factores que influyen en el estrés crónico


 

Centrándonos ahora en el estrés crónico, esta condición puede disparar o activar enfermedades tanto físicas, como emocionales y psicológicas. Es por eso que estar atentos a nuestro cuerpo y a nuestra mente nos puede dar un indicio de que estamos expuestos a situaciones o factores desencadenantes de estrés, y en especial de este especial que genera poco bienestar y reduce nuestra salud integral.

 

No hay una causa única para la aparición de síntomas asociados con la presencia del estrés.  Lo que si ya está comprobado por la ciencia que la combinación de muchos factores favorecen la aparición de síntomas crónicos asociados al estrés, como por ejemplo, un estilo de vida agitado o acelerado, sin espacio para el ejercicio ni el descanso, situaciones familiares complejas, problemas de pareja prolongados, situación de inestabilidad social como países en guerras o en desastres, empleos de alta presión, deudas, perdidas (del estatus económico, de empleo, de un familiar, de una vivienda), enfermedades crónicas y terminales, familiares cercanos con adicciones, entre muchos otros escenarios de la vida diaria, en general situaciones de incertidumbre y de poco control pueden generar en el cuerpo y en la mente desgaste por la exposición prolongada a situaciones donde se requiere un máximo de esfuerzo para poder ser resueltas.

 

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Nuestro sistema psicológico está preparado para poder resistir situaciones adversas, sin embargo una vez que se satura nuestro nivel de resistencia y de defensa ante los peligros y presiones externas, el aparato psicológico empieza a enfermarse,, por lo que utiliza el cuerpo como medio de expresión para solicitar atención. Es como por ejemplo nuestra columna vertebral, la cual está capacitada para resistir hasta una cantidad de peso sobre nuestro cuerpo, pero una vez se supera el límite a columna empieza a sentir dolor, y puede llegar a lesionarse de manera temporal o permanente, dependiendo del daño sufrido.

 

Hay profesiones u oficios que son más vulnerables a sufrir estrés crónico. En muchos casos pueden llegar a cuadros más complicados como el Síndrome del BURNOUT, lo cual representaría una fase de daño más compleja y llega una vez que hemos hecho caso omiso a señales anteriores, el burnout representaría una última fase del estrés, donde nuestro cuerpo y nuestra mente ya no cuentan con recursos suficientes para superar la situación . Término bautizado por Freudenberger en 1974, sin embargo en el año de 1981 Maslach y Jackson proponen las siguientes dimensiones del síndrome de Burnout para definirla:

 

  • Cansancio emocional: valora el agotamiento emocional debido a las exigencias del trabajo.
  • Despersonalización: valora el grado de indiferencia y apatía frente a la sociedad.
  • Baja realización personal: valora sentimientos de éxito y de realización personal

 

Las investigaciones han seguido generalmente la línea laboral u organizaional, enfocando las estrategias de atención a grupos de profesionales o a empresas específicas. Generalmente están asociados a profesiones u oficios relacionados a la atención de púbico, y sobre todo aquellos que atienden poblaciones vulnerables o con condiciones adversas, como por ejemplo el personal médico. Igualmente profesiones como la docencia, profesionales de la salud mental, profesionales  de seguridad pública y de atención al cuidadano como policías, bomberos.  Igualmente a atención al público general, como por ejemplo los teleoperadores.

 

 

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Es por eso la importancia de que los profesionales que trabajan en ambientes de alta presión, con responsabilidades altas, con ambientes de trabajo negativos,  tomen las medidas necesarias para preservar la salud y evitar cavar su carrera profesional rápidamente.

 

Como  psicóloga, y mucho más trabajando en el área de protección a la infancia vulnerada,  comprendí que mi salud mental es fundamental para poder brindar contención y protección a todos las personas a las cuales debía atender y procurar su recuperación emocional.  Comprendí que ser terapeuta luego de pasar por un proceso terapéutico personal,  enriquece mi trabajo, me hace más responsable y me ayuda a ejecutar con mayor claridad las intervenciones necesarias. Igualmente evita que el sistema me consuma y que muy pronto “me queme”, apostando por una carrera larga y con objetivos más claros.

 

El siguiente video ejemplifica de manera sencilla la importancia de poder utilizar espacios terapéuticos como una manera de sanar y mantener nuestra salud  mental y emocional. Y de esta manera evitar que nuestro cuerpo empiece a lesionarse por no escuchar las señales enviadas de advertencia.

 

 

 

Como se manifiesta el estrés en nosotros


 

Manifestaciones psicológicas: En diversas investigaciones se ha determinado que la exposición frecuente a situaciones de estrés, o la permanencia a un estado de estrés crónico puede manifestarse a través de nuestra irritabilidad, poca paciencia, tendencia a responder de manera más agresiva, necesidad de aislamiento,  igualmente se ha estudiado que puede incrementar la necesidad de usar sustancias toxicas para aliviar tensiones como el uso el drogas o de medicamentos. En casos más crónicos puede influir en la aparición  de cuadros depresivos, cuadros ansiosos, o la combinación de ambos. Puede influir en la aparición de cuadros de  ataques de pánico recurrentes o aislados, igualmente altera la memoria y la concentración.  También se ha estudiado la relación entre el estrés crónico y la alteración de los periodos de sueño, en la calidad del sueño y los estados de insomnio primario y secundario.

 

Manifestaciones físicas: viene a manifestarse con alteraciones propias de otros sistemas, por ejemplo manifestaciones gastrointestinales, como gastritis, ulceras o colon irritable, diagnósticos muy asociados a la presencia de estrés. Cefaleas, migrañas.  Tensión alta y dificultades cardiovasculares. Dolores musculares, cuello tenso. Cansancio crónico, fatiga y nauseas. Temblores musculares, aparición de tics. Suele haber igualmente un descuido de la apariencia física.

 

Si tienes varios de estas manifestaciones asociadas a diversos factores de riesgos, nombrado anteriormente como el estilo de vida, trabajos de alta presión, dificultades familiares o sociales, debes considerar tomar acciones reparatorias para evitar daños permanentes tanto físicos como psicológicos.

 

La palabra clave para esta problemática es: “Encárgate de ti mismo”. 


 

 Una vez que eres consciente que las situaciones que vives el día de hoy está afectando la salud mental y la de tu cuerpo es hora de comenzar a provocar cambios, a menos que quieras enfermarte realmente.

 

1.- Reconoce tus fuentes de estrés o los estresores actuales:

Tener pleno conocimiento de cuáles son las situaciones que están afectando tu vida, cuáles son tus fuentes de estrés, te ayuda a  recuperar el control. Saber que no es un todo generalizado, sino que hay ciertas situaciones o personas en específico que te generan estrés podrá empoderarte y enfocarte a trabajar estrategias de resolución efectivas que ayuden a disminuir su intensidad o capacidad para generarte estrés.

  1. Ayuda a tu cuerpo.

La alimentación saludable y oportuna, hidratación y un buen descanso son indispensables para que tu cuerpo esté preparado para enfrentarse a situaciones adversas. Piensa que tu cuerpo es una máquina, que necesita elementos básicos para poder funcionar. Sin estos 3 elementos le haces más cuesta arriba la capacidad de tu cuerpo para reaccionar y para regularse.

  1. Ejercicio Físico.

Aunque es una recomendación súper conocida, el ejercicio físico realmente trae para tu cuerpo   y para tu mente beneficios reconocidos por la ciencia. No tienes por qué dedicar mucho tiempo. De 15 a 20 minutos diarios e ejercicios continuos como una caminata o una pequeña sesión de baile, puede generar en ti más beneficios que el uso de medicamentos  para relajarte.

  1. Practica ejercicios de relajación y meditación.

Una característica básica del estrés es la tensión en el cuerpo, lo que la relajación atacaría directamente. Igualmente libera sustancias que permitirán oxigenar  tu mente y tu cuerpo. Será un punto de liberación al día. La recomendación es hacerlo a diario.

Aquí te dejo un video que te podrá dar algunos consejos prácticos para hacerlo de manera rápida y efectiva.

 

  1.  Regálate una o dos veces por semana una actividad solo para ti y que tú ames hacer.

Inscríbete en un curso de baile, de pintura, aprende a tocar un instrumento musical,  un curso de cocina, escucha música, lee,  inscríbete en un club deportivo, practica alguna actividad recreativa que te ayude a desconectarte, al principio organizar el tiempo para alcanzar ir va a ser (quizás)  una fuente de estrés, pero una vez que lo generes como un hábito, será un espacio sagrado entre tu cuerpo y tu mente, y donde solo tú te verás beneficiado.

  1. Aprende a decir no, aprende a poner límites.

Esto debe ser una práctica generalizada en tu vida, esto generará relaciones más respetuosas y asertivas en tu vida, te liberara de peros innecesarios y evitara verte envuelto en situaciones.

  1. En situaciones que escapan de tu control pide ayuda.

Apóyate en tu familia, amigos o personas de confianza, delegar responsabilidades igualmente descargará de tus hombros situaciones estresantes.

  1. Si ya tu cuerpo comprometió otros sistemas consulta un médico.

Si ya en tu cuerpo hay manifestaciones crónicas, donde está comprometido el sistema digestivo, el respiratorio, el cardiovascular, el neurológico, el muscular, etc. CONSULTA AL ESPECIALISTA. No te auto mediques. Tu salud es tu responsabilidad no juegues con ella.

  1. Consulta un terapeuta

Así como tu cuerpo tiene especialistas para consultar, tu mente igualmente lo tiene, los psicólogos y terapeutas son personas preparas y capacitadas para poder ayudarte a aligerar la carga, igualmente te acompañan en un proceso en un proceso de cambio que oxigenara tus relaciones con los demás, pero especialmente contigo mismo. Es una inversión en ti mismo.

  1. Evalúa tus expectativas de vida

Realmente vale la pena el sufrimiento y la presión que estás viviendo hoy día? Hay cosas a las que puedes renunciar por mi salud metal? Evalúa cual está siendo el coste de tus decisiones hoy y de esta manera ver cómo puede afectarte en un mañana

 

http://https://www.youtube.com/watch?v=ykTAh3VVkxU

 

 

“El dolor es inevitable, pero le sufrimiento es opcional”

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¿Podemos aprender a acompañar?

 

Te propongo hacer una parada en el camino, en este caso en la lectura que estás realizando. Pero antes, cierra los ojos, intenta recordar una situación en la que sientas que te has ofrecido a ayudar o acompañar, ya sea a nivel personal o profesional, y permítete sentir las reacciones que se producen en tu cuerpo, qué emociones afloran, sin hacer juicios, solo observando.

 

Mi camino “ayudando

 

Llevo más de 20 años “acompañando” de forma profesional, de una u otra forma, ya sea desde lo sanitario, desde lo educativo, desde lo terapéutico. Si realmente miro aún más hacia atrás, tomo conciencia de que llevo “acompañando” desde que tengo uso de razón, ha sido una respuesta que ha surgido de forma aparentemente natural en mí, que creo que he ido perfeccionando, pero que no me ha supuesto un esfuerzo. Ahora bien, en los últimos años, fruto de un profundo proceso de autoconocimiento y balance vital, han ido aflorando en mi interior muchas dudas acerca de qué es lo que realmente hago y, sobre todo, por qué lo hago, cuando ofrezco la posibilidad de acompañar a otras personas. En este proceso, me he replanteado qué significa la palabra “ayuda”, en un sentido profundo, y ciertamente personal.

Creo que los seres humanos tenemos una capacidad instintiva e intuitiva para captar una situación de desventaja en el otro, y mostramos una tendencia a responder, ofreciéndonos para mejorar la situación ajena. Quizá jueguen un papel aquí las neuronas espejo en este mecanismo de empatía, y faciliten la comprensión del dolor ajeno. Considero que, ante circunstancias imprevistas que surgen en la vida y que favorecen situaciones de desventaja, aflora esa respuesta instintiva que, en cierta forma, nos ha permitido subsistir como especie. Las dudas me invaden cuando me planteo qué nos mueve realmente a los seres humanos a dedicarnos “profesionalmente” a “ayudar, o que esa ayuda a los otros, también en un plano personal, sea una característica relevante de nuestro modo de situarnos en la vida.

 

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En mi propio camino de reflexión, he ido tomando conciencia de que mi predisposición a “estar ahí” y ofrecerme, más allá de un acto altruista, podía estar reflejando una visión de carencia, de ver la necesidad en los demás, ante la cual ofrezco mis conocimientos y mi “saber estar y acompañar”. Tendemos a proyectar fuera, en los otros, aquello que no vemos en nosotros. Forma parte de nuestra sombra. Y darme cuenta de que quizá proyectaba en los otros mi propia carencia o necesidad, y desde ahí me situaba en cierto modo en la soberbia del que “sabe acompañar”, supuso una enorme crisis que realmente me permitió seguir descubriendo el motor de mis acciones. Tomar conciencia de mi “inconsciencia”, de mi “ceguera”, me permitió ver que, más allá del altruismo, buscaba en mi vida escenarios donde pudiera seguir desempeñando ese papel cada vez más profesionalizado de “ayudador”, descubriendo finalmente que era la forma que había aprendido durante mi infancia para ser visto, reconocido. Sí, aquí nos encontramos con “el sanador herido”.

Y así me di cuenta de que un acompañamiento no puede ser sano, genuino, cuando el que lo hace se mueve desde su propia necesidad o carencia, sea consciente o no, y no desde el “sencillamente estar y ser”, y desde ahí, compartir, viendo al otro de igual a igual, y reconociendo su propio potencial. Y también reconociendo en uno mismo la propia vulnerabilidad, que es un rasgo genuinamente humano. Si acompaño, lo hago sabiendo que yo también me estoy transformando y que solo establezco intercambio con el otro, no doy sin recibir, y ambos crecemos en esa interacción que nos refleja mutuamente.

 

https://www.youtube.com/watch?v=AiZt7Gc0oMo

 

¿Cómo podemos aprender a acompañar?

 

Creo que esta pregunta ha estado latente en mí durante años, al reconocer mi habilidad para conectar con los demás y mi incapacidad para transmitir “cómo se hace”. En este momento, creo que he llegado a un punto de claridad, aunque sea mínima. Y es que solo podemos acompañar conscientemente cuando hemos hecho y continuamos haciendo de por vida un continuo proceso de autoconocimiento y conciencia que nos mantenga siempre replantéandonos por qué nos manifestamos del modo en que lo hacemos, y qué experiencias vitales han condicionado, de una u otra forma, nuestro modo de estar en el mundo para así acogerlas sin juicio, de forma abierta. En cierto modo, es el reto de desnudarnos a cada paso, de mostrarnos vulnerables y, a la vez, abiertos a compartir entre seres humanos, cada uno con sus cualidades y capacidades.

En los últimos tiempos he ido conociendo formas de enseñar este proceso de acompañar, cada una con sus rasgos distintivos. Destaco, por su importancia en nuestro país, y por haber sido pioneros en el ámbito de la salud, al Centro de Humanización de la Salud, de los Religiosos Camilos, con José Carlos Bermejo como director, que ha establecido un sistema de formación de profesionales en el que se conjugan aspectos técnicos con la humanización y la consideración de la espiritualidad, más allá del hecho religioso. Su modelo basado en el counselling ha proporcionado herramientas y recursos prácticos para que los profesionales de la salud puedan introducirlos en sus entornos de trabajo.

 

 

Acompañar al final de la vida como paradigma para acompañar en la vida

 

En el ámbito de la salud, el desarrollo de los cuidados paliativos y la creciente consideración de acompañar a las personas en su etapa final, más allá de que no se pueda ofrecer una curación, ha sido una auténtica revolución. Es por ello que los profesionales que trabajan en este ámbito han impulsado en gran medida formas de acercamiento a la persona que sufre, en la que integran aspectos biomédicos, psicosociales y espirituales, y de ahí han surgido modelos de formación en diferentes países que buscan facilitar el desarrollo de habilidades que permitan contar con profesionales más humanizados. En este sentido, me gustaría compartir una charla que dio recientemente uno de los mayores especialistas de nuestro país en este ámbito, Enric Benito. Y recomiendo la monografía “Espiritualidad en clínica”, editada en 2014 por la Sociedad Española de Cuidados Paliativos, y que se puede descargar de forma gratuita (http://www.secpal.com//Documentos/Blog/Monografia%20secpal.pdf).

 

 

Daniel Siegel y su propuesta desde la neurociencia

 

Daniel Siegel es una de las figuras que más ha aportado científicamente a la psicoterapia en los últimos años, partiendo de enfoques que rompían con la visión tradicional, e introduciendo los descubrimientos neurocientíficos y los principios del mindfulness o atención plena, tanto en el ámbito de la psicoterapia como en el educativo. Recientemente publicó un libro en el que establece un modelo de desarrollo de habilidades para profesionales de la relación de ayuda, que implica un proceso estructurado de autoconocimiento necesario para poder acompañar desde la conciencia plena.

Siegel se basa en su teoría de la neurobiología interpersonal, y plantea el desarrollo de habilidades de la mente en el profesional que le permitirá adquirir una cualidad “mindful”. Es difícil encontrar una traducción en español de este término, pero me llama la atención una de las definiciones que aporta Siegel, en la que significa estar libre de prejuicios y evitar una pérdida prematura de posibilidades. Es decir, poder situarnos ante el otro con una mente lo suficientemente distante de nuestros propios juicios como para acoger y aceptar al otro en todo su ser. Para ello, es preciso cultivar, entre otras habilidades:

  • la presencia, como una forma de estar en el aquí y el ahora, más allá de nuestra propia historia, abiertos a conectar con lo que sucede, con lo que es.
  • la sintonía, la resonancia y la confianza con y en el otro.
  • la verdad, como forma de percepción de lo que acontece, más allá de nuestra propia narración. Para ello, es preciso ser muy consciente de que esa narración existe, y qué la ha condicionado, para poder acogerla y aceptarla sin juicio.
  • habilidades mentales para estabilizar la lente de nuestra mente con el fin de observar nuestro mundo interior.
  • la integración de lo vivido y del presente, como medio para lograr un equilibrio y alejarse del caos o la rigidez.

 

Siegel propone actividades concretas a lo largo de los quince capítulos donde aborda cada una de estas habilidades y otras que considera importantes para lograr acompañar de una forma abierta y sana.

 

Tras esta reflexión compartida, y desde la serenidad y la honestidad con uno mismo, ¿desde dónde surge tu impulso de ayudar?

 

Referencias bibliográficas

  • Bermejo, José Carlos (2014). Humanizar la asistencia sanitaria. Desclée de Brouwer.
  • Siegel, Daniel (2012). Mindfulness y psicoterapia. Paidós Ibérica.

 

El Cerebro y la Gestalt

¿Podemos establecer relación entre el Cerebro y la Gestalt?

Las reacciones emocionales son procesos que empleamos a diario y sobre los que hay que prestar especial atención si queremos saber más en relación a lo que ocurre en las sesiones de terapia. Podemos decir que las emociones son la toma de conciencia de ciertos procesos vegetativos. Es decir, ser conscientes de la consecuencia del sistema límbico cuando es estimulado por el exterior o por representaciones internas. Así, una emoción sentida es darse cuenta de un neurotransmisor circulando por nuestro cerebro.

 

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La herencia arcaica del ser humano no solo se limita a las disposiciones cognitivas actuales que posee, sino también a los contenidos de las huellas mnémicas relativas a la vivencia de las generaciones anteriores. De este modo, nuestra constitución intelecto-emocional también se ve mediada por la información heredada transgeneracionalmente. Por ello, todos nosotros somos el resultado de lo que nos formamos en el presente y lo que poseemos de nuestros ancestros. Nuestro cerebro emocional (o cerebro difuso) se superpone al cerebro cableado que se encarga de las funciones sensoriomotoras, cognitivas y racionales, y su estudio nos permite no solo conocer el alfabeto que esconde, sino también su gramática y sintaxis.

Nuestro cerebro sigue siendo hoy en día un continente a explorar, cuyos recursos van siendo conocidos poco a poco en un terrero subterráneo apasionante. Sigue en vías de desarrollo este eterno infinito de la complejidad, puesto que podemos considerarlo una de las estructuras complejas (por no decir la que más) de cualquier universo. Imaginaos, si nuestra estructura de conocimiento estuviera extendida en un libro, la precisión del contenido seria tal que no se toleraría ni una sola falta de ortografía en una obra de 500 páginas. Por una sola errata todo el libro seria anulado sin piedad. Pero no se trata de un libro programado con anticipación, sino más bien un cuaderno en blanco que vamos escribiendo a cada momento del día.

Si bien es cierto, los arboles de nuestra inteligencia están plantados desde antes de nuestro nacimiento (vida intrauterina) pero sus ramificaciones crecen sin cesar posteriormente, ampliándose del orden de unas 20.000 conexiones sinápticas por neurona a través de nuestra actividad mental asociativa y emocional. Múltiples uniones interneuronales se siguen dando a lo largo de toda la vida, y especialmente durante las sesiones de Gestalt se estimulan las relaciones entre diferentes capas y zonas del cerebro, al centrarse en vivenciar las experiencias emocionales desde la movilización corporal.

 

Breve pincelada sobre el inconsciente

Nuestro verdadero inconsciente es una estructura viva que se ha ido forjando a lo largo de miles de millones de años de evolución humana. Si nos alejamos del concepto clásico freudiano, podemos adentrarnos en la complejidad biológica de las células que lo conciben, en la cuales se encuentra almacenada tanto la información de nuestras propias experiencias de vida como las huellas de los eventos del mundo desde su creación, así como nuestro patrimonio genético. Además comprende tanto las capas corticales del cerebro como estructuras subcorticales más profundas y su concepto se acerca más al de inconsciente colectivo de Jung como a los conceptos actualmente desarrollados por las corrientes transpersonales. Sea como fuere, de algo de lo que estamos seguros es de que cada uno tenemos una inmensa cantidad de información almacenada precozmente desde el estado fetal, distribuida en una red neuronal compleja que se encuentra en continuo reajuste.

 

¿Qué es eso de que tenemos varios cerebros?

Pues bien, no es que tengamos varios cerebros dentro de nuestro cráneo, sino más bien que cada región cerebral tiene sus funciones específicas, pero todas están a su vez conectadas entre sí. Trabajan en equipo a pesar de tener cada una su papel. Por ejemplo:

 

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El cerebro reptiliano es el centro de los instintos, regulando nuestras reacciones agresivas, alimentarias y sexuales que permiten la supervivencia del ser humano. En relación a la Gestalt, podemos establecer el símil de que esta área cerebral se centra en el equilibrio homeostático, el cual vigila el aquí y ahora de nuestro medio interno.  Además interviene como un activador energético de nuestras emociones.

El cerebro límbico sin embargo se ocupa de procesos memorísticos (hipocampo) y de la modulación de las emociones (amígdala). De este modo, permite que los aprendizajes se consoliden mejor al conferirles una coloración emocional concreta, siendo las experiencias positivas mas reforzadas en la memoria. De este modo la memoria y la emoción están especialmente asociadas, siendo la emoción la que favorece el registro de cualquier aprendizaje. Así, en el trabajo en Gestalt, cualquier manifestación de una emoción concreta tiende a favorecer el afloramiento de recuerdos asociados a esta, pero a la inversa también ocurre, yendo un recuerdo seguido de la emoción que le acompaña.

Las terapias psicocorporales y psicoemocionales actúan movilizando las capas profundas del centroencéfalo (límbico + reptiliano), mientras que las psicoterapias puramente verbales trabajan a nivel superficial de la corteza cerebral, pudiendo distinguir de este modo las «psicoterapias de corazón» y las de la «cabeza».

Por último la neocorteza (materia gris) se centra en la actividad reflexiva y creativa del ser humano, así como en la imaginación y la voluntad. Particularmente las áreas frontales son los órganos encargados de mantener la atención consciente, permitiéndonos a su vez poder planificar proyectos concretos o tomar decisiones. De este modo, las lesiones en estas áreas provocan una dependencia excesiva al mundo exterior, siendo abolida la frontera-contacto dando lugar a una clara confluencia biofisiológica. Además frenan las respuestas casi automáticas, favoreciendo la capacidad de decir «no» a las situaciones que no nos convienen. En psicoterapia Gestalt se trabaja con frecuencia el «si» y el «no», la responsabilidad de la elección libre.

 

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Si queremos mantener de forma duradera las huellas de un trabajo terapéutico, lo que debemos hacer es movilizar las capas profundas del centroencéfalo, favoreciendo el surgimiento de la emoción en paralelo a la explicación verbal y su registro. Esto siempre favorecerá la toma de conciencia del individuo, potenciando su creatividad y el surgimiento de nuevas ideas y proyectos. Mediante este tipo de intervención, el paciente vivencia un recuerdo cargado de emoción asociado a una experiencia nueva y positiva. Esto pondrá sobre el campo de trabajo la posibilidad de arreglar recuerdos del pasado desde el contacto directo con la emoción, reapropiándose por ejemplo de secuencias infantiles, o reconstruyendo figuras parentales reajustando las piezas que faltan en el mosaico vital, etc.

 

Hemisferio izquierdo VS Hemisferio derecho: ¿Compiten o se complementan?

Ya sabemos que el cerebro se caracteriza por una clara dismetría interhemisferica tanto a nivel anatómico como funcional. Esto es un síntoma evidente de la evolución y la diferenciación se da desde antes del nacimiento. El hemisferio izquierdo es sobre todo verbal, lógico, analítico y «científico», mientras que el derecho es «mudo», espacial, analógico y artístico, estando más relacionado con la orientación, el esquema corporal, las imágenes, la música, etc. De este modo podemos decir que «pensamos con el cerebro izquierdo y soñamos con el derecho».

 

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El hemisferio derecho es muy solicitado en Psicoterapia Gestalt (al estar más relacionado con la orientación en el espacio y la emocionalidad), mientras que el izquierdo lo es más para psicoterapias esencialmente verbales (rige la orientación en el tiempo, así la sucesión lineal de los acontecimientos y su encadenamiento, favorecen el compromiso). Podemos considerar que las psicoterapias que implican lo corporal y lo emocional son «psicoterapias del cerebro derecho» puesto que existe una estrecha relación entre la movilización corporal, la emoción y la producción de imágenes.

Sin embargo, no podemos negar que ambos hemisferios están interconectados de forma permanente, trabajando en conjunto con la información que llega del exterior. Es decir, la información llega al mismo tiempo a ambos hemisferios, pero cada uno escoge aquello que le corresponde y lo trata en función de su especialización, para más tarde intercomunicarse de nuevo entre sí con las conclusiones necesarias para emitir una respuesta única.

 

Las mujeres la lógica y los hombres la emoción

Nunca nos abandona el gran dilema tratado a lo largo de la historia de la psicobiología neurocientífica en relación a los rasgos de diferenciación intersexual. Somos lo mismo pero no iguales, y esto es una realidad constatable. Parece que los hombres desde siempre han tenido más éxito en labores de dominio espacial mientras que las mujeres se han sentido más competentes en pruebas verbales. Pero, ¿esto es del todo así? Pues bien, parece que algunos estudios han definido que las mujeres tienen más conexiones interhemisfericas, lo cual les permite tener un desarrollo bilateral mayor, mientras que los hombres presentan una dismetría más acentuada con un desarrollo importante del hemisferio derecho tras la pubertad.

 

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Pero rompiendo con prejuicios estereotipados, podemos afirmar que el cerebro femenino además de ser más verbal, es también más lógico, analítico y científico, mientras que los hombres son más sintéticos, más artísticos y están (a pesar de las creencias culturales) más directamente ligados a las emociones!! Además, siempre se ha asociado la creatividad al hemisferio derecho, pero investigaciones recientes dejan ver que al contrario, éste está relacionado con el reconocimiento de la información común y estereotipada de la vida cotidiana (familiar y personal) frente al hemisferio izquierdo que rescata y procesa los elementos novedosos y originales impulsando así la actividad creativa. Por tanto, la verdadera creatividad implica a ambos hemisferios necesariamente.

Por último, existen numerosas técnicas que permiten la activación aumentada de un hemisferio cerebral frente al otro. De este modo, si el hemisferio izquierdo está inactivo, la percepción de las imágenes y las emociones se refuerzan, mientras que si es el hemisferio derecho el que no está sobreactivado, la fluencia verbal aumenta. Así, la Escuela de Palo Alto desarrolló técnicas que permitían liberar mayormente la actividad del hemisferio derecho: mediante la relajación, la meditación, la visualización o técnicas de logolalia (hablar lenguas con palabras inventadas tratando de comunicar a través de la entonación; técnica empleada en el adiestramiento de perros por ejemplo) que provocan una confusión del cerebro izquierdo gracias a la ráfaga de palabras incoherentes, etc.

Esta activación del hemisferio derecho (típica de la corriente Gestáltica Californiana) permite una movilización mayor de las emociones y del soporte físico de la persona, dejando un poco a un lado la interpretación y expresión verbal de las vivencias de los pacientes (intelectualización). Pero esto no implica que la nieguen o la supediten, sino que se trabaja frecuentemente bajando de la cabeza al corazón, rompiendo con la línea imaginaria (ubicada metafóricamente a la altura del cuello) que disocia o separa la una del otro.

 

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Referencia bibliográfica:

  • Ginger S., Ginger A. 1993. La Gestalt: una terapia de contacto. 2a ed. México, Manual Moderno.