Aprendiendo a ser Padres: Hermanos

Esta es una serie de artículos para orientar a padres, hermanos, educadores y cualquiera interesado en el conocimiento acerca de los distintos ámbitos que ocupan la vida de los jóvenes y adolescentes. Pero si tuviera que definir un “Target” (Un objetivo) diría que se trata de una serie de artículos para orientar a los padres en el complejo mundo que es su hijo.

La relación entre hermanos:

El vínculo entre hermanos es diferente a la relación con los padres y los amigos. Un hermano influye en el desarrollo social del niño ya que le da la oportunidad de desenvolverse ante posibles situaciones sociales futuras. Éste tipo de relación se puede definir como ambivalentes: Por un lado el niño tiene más oportunidades de pelearse con sus hermanos que de hacerlo con otros niños y por el otro, tiene más oportunidades de disfrutar de relaciones positivas con sus hermanos que con el resto.

Tener hermanos supone tener:

  • Compañeros de juego.
  • Modelos a imitar.
  • Relaciones conflictivas con ellos y aprender a solucionarlas,
  • Una fuente de apoyo y compañía.
  • Aprender a compartir.

Celos entre los hermanos.

Cualquiera puede tener celos. Suele presentarse en los primeros años y esto puede dar lugar a choques entre los hermanos, y pueden ocurrir de forma abierta o enmascarada durante toda la vida.

Los celos en el niño nacen al imaginar, sentir, pensar o darse cuenta de que sus padres quieren más a otro hermano que a él.

El origen de los celos cuando un hermano nuevo llega a casa.

Dependiendo de la edad que tenga, se tratará de una situación diferente. A partir de los dos años suele reflejar su malestar de forma más o menos encubierta, mostrándose más tierno y pidiendo más atención de su madre.

Desde los cuatro y cinco años puede reaccionar volviéndose más travieso y opositor. Cuando tiene más de cinco no se le nota tan afectado porque sus relaciones sociales ya son más amplias.

El niño puede sentir celos ante los cambios por distintos motivos:

  1. Le prestáis menos atención porque todo gira en torno al nuevo bebé.
  2. Se le cambia de habitación por la llegada de su nuevo hermano.
  3. Se le piden y exigen cosas diferentes por ser el hermano mayor.
  4. Se le riñe e impide hacer cosas habituales, utilizando siempre como argumento al nuevo hermano.

El niño siempre querrá teneros solo para él, en especial en sus primeros años, y con un hermano nuevo le será más complicado lidiar con eso. Puede sentir que la llegada del hermano es una fuente de inseguridad para él, viendo en riesgo su propio mundo.

¿Cómo saber si vuestro hijo tiene celos?

Puede que se comporte de forma agresiva en con la familia y en el colegio, e incluso puede autoagredisrse para intentar llamar la atención. Puede hacer comparaciones continuas con sus hermanos. Puede sufrir afecciones físicas como hacerse pis, tener nauseas, vómitos, diarrea, problemas de alimentación, alteración del sueño, ect.

Puede manifestar quejas y fingir afecciones como dolor de tripa, de cabeza o mareo. Puede estar susceptible en especial ante vuestros comentarios. Puede comportarse de forma más inmadura a su edad real.

Puede imaginar, o incluso tratar de hacer daño a sus hermanos, al tratarlo como su enemigo. Esto puede generarle culpabilidad que intentara subsanar con muestras de cariño desproporcionadas.

¿Qué hacer en caso de que sienta celos?

Antes de nada, no os asustéis y sed pacientes. Por desgracia, vuestro hijo va a pasar por los celos y van a darse cambios en la dinámica familiar, pero hay formas para reducir los efectos negativos de esta situación.

Es relevante involucrar al niño desde el primer día del embarazo, haciéndole partícipe de los preparativos que vais llevando a acbo para recibir al nuevo hermano.

Ayuda presentar al bebé al niño como una persona con sentimientos y deseos. Así al niño le podría generar curiosidad hacia el bebé y evitar que le vea como un incordio que le quita atención.

Pedidle que os ayude a cuidar del bebé. Esto le hará sentirse útil y valioso, y se empezará a sentir como un hermano mayor que tiene ciertas ventajas que su hermano menor no tiene. Es muy importante que el niño se sienta único e irremplazable, para que él también se sienta irrepetible y por tanto no tienda a compararse con su hermano.

Tratad de transmitir que vuestro cariño no se puede medir porque es ilimitado e inagotable, y por eso se puede compartir con el resto de hermanos. Haced saber al resto de la familia, amigos y vecinos que no presten toda su atención al recién nacido. Así se facilita la adaptación del niño al nuevo sistema familiar.

Una idea es generar situaciones donde solo él tenga atención, como juegos, tareas domésticas, etc. Igual que antes de la llegada del hermano.


El constante choque entre hermanos

Mientras que crecen, suele darse un reparto de roles entre ellos. Uno puede definirse por una cualidad (estudioso, inteligente,…) y suele desarrollarla y actuar como si fuera su papel asignado de antemano, distinguiéndole del resto. Esto genera envida en el resto de hermanos e incluso el rechazo total de esa característica, por lo que intentan buscar un papel propio dentro de la familia, como podría ser el rebelde, social, simpático, ect.

Resaltar los avances, aunque sean pequeños, de cada uno de ellos en sus diferentes áreas (Estudio, deportes, amigos), siempre comparándole con él mismo y nunca con los demás. Así aprenderá a valorarse y se evitará la envidia hacia el que sobresale en otras actividades concretas. Enseñadle que le queréis tal y como es, por lo que no tiene que ser ninguna otra persona, ni compararse para sentirse aceptado o querido.

Atended de forma paciente y prestando atención las quejas de vuestro hijo cuando se sienta que preferís a su hermano, para recordarle situaciones donde le hayáis demostrado vuestro cariño y apoyo.

Cuando los hermanos se pelean

En las relaciones entre hermanos es normal que pasen de estar jugando a pelearse donde se agredan físicamente. Por eso hay que evitar responsabilizar siempre al mayor cuando se dan peleas entre ellos, porque hará que se sienta tratado de forma injusta y fomentará los celos por el hermano menor. Cuando se estén pegando es importante que actuéis, de forma firme y contundente, para terminar la reyerta y evitar que se acostumbren a resolver sus problemas con peleas.

A la hora de criticar alguna conducta, lo mejor es que sean conductas concretas (“No está bien eso que has hecho”) que generalizar la crítica hacia el niño (“Eres muy malo”). Es importante que aclaréis las consecuencias de su comportamiento (“Si insultas a tu hermano se sentirá triste”). Es importante que le enseñéis alternativas posibles para resolver una pelea: “Cuando te estropee un dibujo, en lugar de pegar a tu hermano, dale una hoja para que él también pueda dibujar”.

Desde pequeño es necesario que le enseñéis a ponerse en el lugar del otro: “Cómo te sentirías si tu hermano te insultara?”. Podéis planificar actividades que generen cooperación entre hermanos para que aprendan a compartir sus cosas, tener que ayudarse mutuamente y respetar a los demás.

La educación que proporcionéis para favorecer la buena relación de los hermanos y evitar la envidia entre vuestros hijos, debe cumplir tres condiciones elementales:

  1. Proporcionar el cuidado y la atención específica a cada hijo teniendo en cuenta sus necesidades.
  2. Establecer una relación afectiva que le dé seguridad, evitando sobreprotegerle.
  3. Facilitar una vía de comunicación para que vuestro hijo pueda consultaros sobre cualquier cosa que le preocupe.

Conclusión

No es una tarea sencilla y es fácil no seguir éste ideal de paternidad, pero es que todos somos humanos y no es tan sencillo ser padre. Intentad todo lo posible, tened paciencia y recordad que nunca es tarde para mejorar las dinámicas en casa y si la tarea resulta demasiado difícil siempre podéis acudir a un profesional que pueda ayudaros.

¿Qué nos pasa a los hombres? Una historia de desconexión emocional

Te propongo algo. Puedes visitar la web de cualquier periódico on-line, y buscar noticias de sucesos. Seguramente, podrás encontrar la mano de uno o más hombres como responsables de los mismos. Por otro lado, si buscas estadísticas sobre suicidios, las relativas a 2014 en España señalan que se trata de la primera causa externa de muerte en varones, y que de todos los suicidios, más del 75% corresponde al género masculino. Recientemente, una de mis compañeras de blog hacía una reflexión sobre la masculinidad. Más allá de planteamientos culturales y morales sobre estos hechos, ¿qué nos impulsa a los hombres a actuar de esta forma? ¿Podría tener relación con nuestra clara dificultad para comprender, expresar y regular emociones?

 

 

Nuestro desarrollo emocional es diferente

En este mes de enero, ha salido publicado en la revista científica Infant Mental Health Journal un artículo del prestigioso psicólogo especializado en el estudio del apego Allan N. Schore acerca de la neurobiología del desarrollo en los niños varones. Schore hace una amplia exposición de la evidencia científica que pone de manifiesto que el desarrollo emocional, en cuanto a percepción, expresión y regulación de las emociones, es más lento en los varones, ya desde la etapa prenatal, dentro del útero. Esto se manifiesta en diferentes parámetros, como una mayor tendencia a que se produzcan partos prematuros en el caso de fetos masculinos, mayor probabilidad de sufrimiento fetal durante el parto, menor puntuación de Apgar en el momento del nacimiento, y a lo largo del primer año de vida, mayor labilidad emocional, con más irritabilidad, más episodios de pataletas y llanto, menor posibilidad de sonreír, en fin, mayor vulnerabilidad ante situaciones de estrés.

 

 

Parece que todo este desfase en el desarrollo emocional tiene unas bases biológicas muy claras, con diferentes velocidades de maduración entre sexos, y que se mantiene hasta la adolescencia. ¿Qué consecuencias tiene esta maduración más lenta?

 

“Niños en riesgo”

Schore emplea este término de forma frecuente en su artículo. Recoge datos que ya son reconocidos en el ámbito científico y profesional, y a los que se va dando explicación gracias a los avances en neurociencia. Las estadísticas llevan indicando desde hace años que los niños varones tienen mayor riesgo de padecer trastornos del desarrollo, como puede ser el caso del autismo. También presentan más frecuencia de trastorno de déficit de atención e hiperactividad, y al llegar a la adolescencia y etapa adulta temprana, afloran patologías psiquiátricas con rasgos más externalizantes, como la esquizofrenia, o los trastornos adictivos. También las conductas más agresivas a las que estamos acostumbrados en prácticamente todas las culturas y sociedades.

 

 

Para Schore, ese riesgo que padecen los niños varones desde antes de nacer puede comprenderse desde una perspectiva neuroendocrina, a partir de la influencia que tiene la testosterona sobre el desarrollo cerebral.

 

Testosterona, epigenética y desarrollo cerebral

Ha quedado claramente demostrado el enorme papel que tiene la testosterona en la potenciación de una red de circuitos cerebrales diferenciada entre hombres y mujeres. Se ha constatado la existencia de varios picos o niveles elevados de esta hormona en momentos concretos del desarrollo, tanto a nivel prenatal como en los primeros meses, y que dichos picos se produzcan de forma adecuada depende en gran medida de que exista un entorno relacional que lo permita. Es decir, existe una clara interacción entre lo ambiental y el desarrollo.

A nivel ambiental, se ha destacado como uno de los principales factores la calidad del cuidado recibido por el bebé. Un bebé varón necesita realmente de mucha sensibilidad para su cuidado, ya que tiene mayor tendencia a regular peor las situaciones de estrés al tener un cerebro menos maduro que el de una niña. Ese estrés puede determinar respuestas conductuales a largo plazo, como una menor capacidad de autorregulación emocional y menor tolerancia a la frustración, conductas más agresivas, etc. Se ha demostrado el enorme peso que tiene el trauma por separación, por ejemplo en los periodos de adaptación a entornos como guarderías y similares, o cómo condicionan a largo plazo los sucesos adversos que se producen en la primera infancia (malos tratos, abusos, hospitalizaciones prolongadas, etc).

 

 

Otro condicionante ambiental es la existencia de los denominados disruptores endocrinos. Se trata de sustancias que forman parte de productos que manejamos habitualmente, como ciertos tipos de plásticos, que simulan a nivel biológico el papel de ciertas hormonas y alteran los mecanismos habituales de acción de estas. Se ha descrito la feminización de ciertas especies animales derivadas de la contaminación ambiental por disruptores (uno de los más estudiados es el bisfenol A), y el bebé varón puede ser especialmente susceptible a estas sustancias en los periodos críticos de desarrollo cerebral coincidente con picos de testosterona.

Parece que el mecanismo que subyace la acción de todos estos condicionantes ambientales es de tipo epigenético, es decir, factores externos condicionan la activación o represión de ciertos genes que influirán posteriormente en el desarrollo, y dicho patrón de activación/represión puede transmitirse entre generaciones. No hay mutaciones genéticas tal cual se han considerado tradicionalmente, sino modificaciones reversibles en nuestro material genético, que de no variar las condiciones ambientales, se siguen transmitiendo como una forma de adaptación.

 

¿Cómo puede encajar la sociedad estos hallazgos?

La semana pasada compartí en redes sociales algunas reflexiones que se habían realizado en un blog sobre crianza acerca de este trabajo de Schore, especialmente las relacionadas con el cuidado materno en los primeros meses de vida. Una gran parte de la respuesta que recibí fue por parte de mujeres que entendían que esos resultados las culpabilizaban de ser “malas madres” y se negaban a aceptar que ellas fueran responsables de que sus hijos pudieran salir delincuentes. Lo unieron en algunos casos a una visión patriarcal, en cuanto a que la mujer debe seguir siendo quien se encargue principalmente de los cuidados del niño.

Comprendo que exista esa susceptibilidad, aunque mi reflexión era otra. Creo que la biología nos está dando evidencias de algo que intuitivamente podemos comprobar si nos abrimos a observar sin juicio la interacción entre un bebé y sus padres. El vínculo madre-bebé es diferente al del padre-bebé. Es cierto que al final prima la figura de un cuidador principal, pero creo que biológicamente, quien ha mantenido un vínculo incluso dentro de su propio cuerpo y en los primeros momentos de vida, es la madre. Más allá de cargar con más responsabilidades a la mujer, mi propuesta se refiere a que podamos facilitar cambios en nuestra forma de plantear la m/paternidad en la sociedad, dirigidos a protegerla de forma real, a incentivar los procesos de cuidado, y a que una madre pueda decidir de forma libre, no condicionada por aspectos laborales, hasta cuándo decide mantener una atención continuada y prolongada de su bebé antes de utilizar recursos como guarderías o escuelas infantiles.

Por desgracia, vivimos en una sociedad del tener, del hacer, más allá del ser y del sentir. Es cierto que está caracterizada por valores tradicionalmente asociados a lo masculino. Pero también es cierto que, si no cuidamos como especie a nuestros bebés, incluso desde antes de nacer, seguiremos perpetuando de una u otra forma esa huida del sentir, de reconocer nuestras emociones, de renunciar a la sensibilidad para seguir cayendo en la continua insatisfacción de vacíos emocionales que se sintieron ya desde nuestros comienzos.

 

Los círculos de hombres

Entre las mujeres, existe tradición de crear grupos de apoyo mutuo, círculos de mujeres en los que pueden compartir sus inquietudes, emociones, miedos, ilusiones, logros. El momento de la crianza es una oportunidad para conocer otras madres y potenciar un proceso de sociabilización que, ya desde un punto de vista biológico, viene facilitado por una mayor maduración cerebral en etapas tempranas de la vida. Pero, ¿cómo podemos abrirnos los hombres a un cambio en nuestra forma de estar en el mundo?

En los últimos años, y en gran parte impulsados por todo aquello que mueve la paternidad, han ido surgiendo en nuestro entorno diferentes grupos de hombres que sencillamente buscan compartir sus sentires, vulnerabilidades y modos de adaptarse a una sociedad en cambio en la que muchas veces se hace confuso el papel que deben representar. Merecen la pena los libros sobre masculinidades de uno de los psicólogos que ha sido pionero en nuestro país en impulsar este tipo de iniciativas, Alfonso Colodrón.

 

 

A modo de conclusión, planteo la siguiente reflexión. Creo que todos los movimientos sociales que han permitido la visibilización del papel de la mujer en la sociedad y la equiparación de derechos han sido fundamentales para lograr un mundo más igualitario y justo. La cuestión es que los hombres, en cierto modo, también hemos sido y seguimos siendo víctimas de una visión patriarcal o machista de la sociedad, en la que hemos renunciado a “ser” y “sentir”, incluso de forma poco consciente pues ya se da desde los primeros momentos de vida, a favor del “tener” y “hacer”. Creo que, más que nunca, necesitamos de un diálogo entre géneros, de una apertura mutua a reconocer nuestras distintas formas de sentir y a compatibilizar una labor de reivindicación con una actitud de comprensión y apertura desde el amor a la diferencia del otro para lograr un mundo verdaderamente integrado y justo.

 

Referencias bibliográficas

  • Schore, A.N. (2017). All our sons: the developmental neurobiology and neuroendocrinology of boys at risk. Infant Mental Health Journal, 38, 1, 15-52.
  • Colodrón, A. (2015). Guía para hombres en marcha. Editorial Desclée de Brower. Bilbao.

¿Cuántas ex parejas soy capaz de soportar?

¿Quién no sabe de alguien con una o varias ex parejas? Vivimos en un momento en el que es habitual haber tenido varias relaciones a lo largo de nuestra historia vital. Con todo lo que eso conlleva.

A diferencia de otras épocas, hemos «aparentemente» transmutado los valores del Amor Romántico relacionados con el mito de la exclusividad, la media naranja y el compromiso por y para siempre.

Pero esto sólo ha sido en parte ilusorio, ya que por un lado hemos integrado la libertad que nos otorga el poder de determinar el inicio y el cierre de una relación, sin tener en cuenta que cuando rompemos con alguien físicamente, nos llevamos con nosotros una mochila cargada de toda la carga energética vivida en la anterior relación.

Y ahí, de frente a mi nueva pareja, desayunando cada mañana con sus ex y con los míos, el mito vuelve a hacer su aparición cuan fantasma en un cajón de la coqueta de noche.

¿Cómo me las apaño para lidiar con tantos vínculos anteriores llenos de emociones y de recuerdos?

El duelo con las ex parejas

La separación implica un fuerte impacto emocional.  Si bien los sentimientos y posiciones ante ella son diferentes dependiendo de cómo y quién ha tomado la decisión, es ineludible afirmar que cuando se comparte la vida en todas sus dimensiones con otra persona, se establece un Nosotros asumido que de repente, deja de serlo.

La cotidianeidad es testigo del vertido de necesidades, expectativas, miedos e ilusiones en forma de energía que se pusieron en esa relación y en el constructo mental que decidimos hacer de ella. La ruptura de ese equipo, formado por un tiempo determinado, conlleva inevitablemente un sentimiento de pérdida, que reactiva de manera inconsciente aspectos relacionados con todas las anteriores pérdidas vividas.

Existen dos pérdidas a diferenciar: la primera es la perdida tangible y concreta que es la persona físicamente hablando y que es, como en cualquier adicción, casi la más fácil de sobrellevar.

La segunda es la perdida intangible: que consiste en los sueños, las ilusiones, las expectativas, las promesas repetidas de compañía y de amor incondicional, la lucha, la culpa, las reconciliaciones, la seguridad e invulnerabilidad de la relación, la autoestima, la confianza, la noción reconfortante del futuro compartido y la sensación de fracaso por haber apostado por un presente con significado pleno.

 

pasado

pasado

En definitiva, la sensación de pseudo completud que repara y abastece las propias carencias infantiles.

No es sólo la pérdida de la persona, sino todo el significado latente que el otro ha puesto en esa relación. Si además con ese/esa ex hemos sido padres, entonces el vínculo residual es aún más complejo y ambiguo

Visto esto se hace imprescindible acompañar la nueva etapa de un duelo real o simbólico. Entendiendo este tránsito como la redistribución y reabsorción de la energía psíquica y emocional que hasta entonces estaba concentrada en una única representación ajena al yo (el otro-la otra).

Freud refiere la importancia de llevar a cabo correctamente este proceso para integrar el objeto amoroso dentro de un contexto pasado-pasado y no estancarse en un pasado-presente.

«El duelo normal vence la pérdida del objeto» (Freud)

Tres son multitud

¿Qué ocurre si no interiorizamos y recolocamos bien a nuestras ex parejas interiormente cuando empezamos una nueva relación? Que puede tener diferentes efectos. Veámoslos.

  • La repetición en la elección de una pareja similar a la anterior con la que dar continuidad a lo que quedó abierto y sin cerrar.

Singmund Freud lo llamó compulsión de repetición y lo definió como

«Proceso inconsciente en el cual el sujeto se sitúa activamente en situaciones penosas, repitiendo así experiencias antiguas, sin recordar el prototipo de ellas, sino al contrario, con la impresión muy viva de que se trata de algo plenamente motivado en lo actual.»

(Jean Laplanche & Jean-Bertrand Pontalis. Diccionario de Psicoanálisis)

Con ello se establece una comparación inevitable entre la anterior relación y la actual, en un intento de acoplamiento de la nueva pareja al molde de la anterior para que responda las expectativas frustradas.

  • La búsqueda de una persona completamente diferente a la imagen mental que tengo de mi ex pareja

Del mismo modo que la anterior, sería una lealtad negativa hacia la energía depositada en la otra relación, sólo que en esta ocasión, de carácter contrario. Pero que trae igualmente el recuerdo vívido en la idealización de la nueva relación en contraposición con las ex parejas.

En ambos casos se produce una falta de atención y de presencia esencial en la nueva relación por seguir estando con un pie en el pasado y otro en el presente.

 

Veamos esto. Si mi conciencia, -con mis pensamientos y energía-, está enfocada por el motivo que sea, en algún aspecto sin integrar de la relación anterior, no puedo por mucho que lo desee, estar viendo claramente a mi nueva pareja, pues sólo puedo ser consciente de lo que mi atención ilumina en el presente, no en el pasado.

«La atención es el primer elemento del buen amar. Si no se nos hace caso, somos seres anónimos, sin nombre» (Sam Keen)

 

  • El Síndrome de Rebeca.

Por muchos y muchas es conocido el argumento del libro (y posterior film de Alfred Hichcok) que dio lugar al denominado síndrome de Rebeca.

Al poco tiempo de perder a su esposa Rebeca, el aristócrata inglés Maxim de Winter (Laurence Oliver) conoce a una joven humilde de la que se enamora. Tras la boda se van a vivir a la mansión inglesa de Manderley, donde el viudo y la fallecida vivieron. Pronto la nueva señora Winter se dará cuenta de que no puede borrar en su marido el recuerdo de su difunta esposa, cuya sombra sigue presente en la casa, en su ama de llaves, y también en los pensamientos de su marido.

Entre los sentimientos que engloba este síndrome es el de los celos retroactivos: los celos que radican en el pasado de la pareja, especialmente en sus relaciones amorosas anteriores, y que pueden llegar incluso a la obsesión compulsiva por saber detalles íntimos de las relaciones anteriores de la pareja.

Esto nos lleva al dilema planteado en muchas parejas que vienen a consulta: ¿Es conveniente hablar de los ex con mi nueva pareja? ¿Existe una diferencia real entre sinceridad y sincericidio?

Muchos terapeutas de pareja coinciden en que no es necesario hablarle en profundidad acerca de nuestro pasado sentimental a nuestra pareja actual, al menos no durante el primer año de relación, que es cuando el estadío de enamoramiento está germinando. Pero coinciden también que tampoco se puede hacer como si el pasado nunca hubiese existido, negándose a hablar de ello con evasivas y cortinas de humo. Esto es especialmente complicado cuando tenemos hijos en común y tenemos que relacionarnos (normalmente) obligatoria y convenientemente con el otro progenitor.

Como advierte la doctora Frische:

» La madre de los hijos siempre tendrá un lugar especial en la vida del hombre y el padre de los hijos siempre estará en la mente de la mujer, hay que ser consciente de eso”

Esa relación que vincula padres/hijos de ser sana, ha de seguir exisitiendo. Lo que no significa que sea necesario mantener las fotos familiares de las ex parejas presentes en la casa ni compartir vacaciones todos juntos.

 ¿Quien se fue a Sevilla perdió su silla?

Por último quería destacar el enfoque que hace Bert Hellinger a este respecto desde la teoría de los Órdenes del Amor dentro del método terapéutico de las Constelaciones Familiares.

Estos Órdenes del Amor son un conjunto de premisas que se deben respetar para que la familias funcionen y sus miembros sean felices y estén satisfechos con la relación. Estas premisas nos obligan a prestar atención a varios puntos importantes: orden, pertenencia y equilibrio entre dar y tomar.

Enfocándonos en el primero de los puntos, Bert Hellinger se dio cuenta de que existen unas leyes universales que rigen todos los sistemas vinculares (familiares, organizacionales,etc) sea cual sea su país o su cultura. Dentro de un sistema habría pues, un orden que hay que respetar para que pueda prevalecer la armonía y cada uno pueda ocupar el lugar que le corresponde.

orden

ex parejas en orden

A la vez, todas las personas son importantes, tanto las que están presentes hoy en día como las que estuvieron presentes en el pasado. Y eso incluye a las ex parejas (tanto propias como del otro) Todas estas personas deben tener un espacio integrado dentro de nosotros aunque no formen parte de vuestro día a día actual. Si no le damos este espacio a través del duelo y la transmutación, es muy probable, a la luz de la teoría de Hellinger que el fantasma del recuerdo esté presente en forma de boicotedor, o con la aparición de un tercer miembro con el paso del tiempo.

En resumidas cuentas,

“Con amor, sólo con amor, no basta. Tiene que estar en orden”                           (Bert Hellinger)

 

¿Qué significa integrar mi pasado y el de mi pareja?

Principalmente mirar a mi historia personal  y la de mi pareja con respeto, sin enganche positivo o negativo con mi ex pareja. Aprender a aceptar que las personas aparecen y se van justo cuando deben hacerlo (ni antes ni después) y agradecer que sois quienes sois ahora en este camino porque ello os llevó hasta encontraros.

Sólo de esta manera, lograrás estar totalmente presente en una nueva relación.

 

Referencias bibliográficas:

Hellinguer, Bert. Órdenes del Amor. Cursos seleccionados de Bert Hellinguer, Ed. Herder, 2011.

Jean Laplanche & Jean-Bertrand Pontalis. Diccionario de Psicoanálisis, Ed. Paidós, 1996.

Fuente:

Aragón Daza; R. Alberto y Mendez Sandoval, Miguel Alexander Duelo, ruptura de pareja http://psicopsi.com/duelo-ruptura-de-pareja

Arte y creatividad en la terapia

¿Cómo podemos concebir el arte y la creatividad en la terapia? 

Hace ya un tiempo atrás que se viene discutiendo cuáles son las formas en que podemos entender la figura del terapeuta. Por un lado podemos escuchar aquellos que alaban su capacidad técnica, su sólido conocimiento teórico y lo científico de su metodología de trabajo. Pero por otro lado, los hay que dan especial importancia a su creatividad, sus recursos expresivos y su intuición.

Sin embargo y a pesar de todo, lo ideal es que podamos superar la tan perseverante dicotomía entre terapeuta técnico y terapeuta intuitivo. Ambos extremos forman parte de la misma polaridad y encasillarse en uno de ellos implica mantener un pensamiento lineal y limitador. La oposición entre ambos caracteres es más aparente que real y alienarse supone una caricatura de un terapeuta mecanizado y técnico, o bien de un pseudochamán.

 

Arte y ciencia se unen

 

Podemos extrapolar esta discusión a una dicotomía mucho más antigua: la ciencia y el arte como realidades irreconciliables. Aquellos que tienen una mente discursiva sostienen que el arte carece de cualquier lógica y rigor, como si no fuera también una herramienta que integra el azar, lo irracional y lo espontáneo en su aplicación. Mientras que los que tienen una mentalidad más artística, pasan gran parte de su vida conectados a este tipo de experiencias de exploración.

Si bien es cierto, no podemos negar que la instrucción técnica es necesaria en la formación del terapeuta, pero hay que aprenderla para después olvidarla. Por ejemplo, en las academias de arte el aprendiz conoce las herramientas básicas que le aportarán mayor libertad de expresión, ya que sin ellas estaría más limitado, pero es necesario que más adelante sea capaz de abandonarlas porque si no se limitará en su creación. Podemos encontrar numerosos artistas académicos que no se atrevieron a atravesar sus propios límites y permanecen en terrenos conocidos y seguros.

 

Terapia y arte

Desde la corriente humanista, siempre se ha contemplado la creatividad como una expresión natural del ser humano, donde se da paso a la salud en lugar de sublimar la patología. Entre otras cosas ha venido defendiendo desde sus orígenes, una visión holística del sujeto donde se integra cuerpo-mente, cuerpo-espíritu y mente-espíritu.

En palabras de Rollo May:

«El proceso creativo es un encuentro entre el creador y su entorno: el pintor encuentra el paisaje. La intensidad del encentro, la absorción del creador en el acto creativo y su transformación del entorno y de sí, determina la calidad del proceso creativo, que siempre involucra a la persona entera, en un proceso no irracional, sino mas bien suprarracional, una experiencia mística de unión entre lo individual y el cosmos…»

 

Implicacion del artista

 

La terapia y el arte también comparten el juego. En el caso del arte y el juego, ambos potencian la libertad y la despreocupación, del mismo modo que la terapia grupal de enfoque gestáltico, donde se invita a los sujetos a mostrarse tal cual son, libres y sin tratar de controlarlo todo. Además pone especial énfasis en la espontaneidad, la ampliación de conciencia y la expresividad.

De este modo podemos concebir a la terapia como un espacio de creación en el cual se puede jugar con conciencia plena. Esto sirve como antídoto a los juegos sociales que tenemos en la vida real (juegos convencionales y automáticos que a veces incluso son falsos). Así el juego y el arte en la terapia son expresiones directas de la pulsión de vida.

A pesar de que a la terapia se le considere un lugar artificioso, en ella se puede dar un nivel de verdad (tratando de buscar y vivir la autenticidad en un lugar seguro).

Son muchos los pacientes que no se permiten jugar, siendo incapaces de experimentar el estado de reposo que posibilita la elaboración de cualquier cosa creativa. El mismo hecho de jugar es una terapia en sí misma. Tanto el juego como el arte son estancias intermedias entre el interior de uno mismo y aquello que se encuentra fuera. Es un «como si…´´ que puede revelarse más auténtico que todo aquello que consideramos realidad.

 

Juego y salud

 

Cuando decimos «como si…´´ hacemos alusión al teatro, y la terapia gestalt tiene como una de sus funciones principales permitir que el sujeto pueda recrear su vida y ponerla en escena en un espacio donde se le permita comunicarse sin ser juzgado.

La corriente gestáltica ha sido una de las pioneras en proponer la terapia como un arte haciendo referencia no solo a las técnicas que se emplean, sino también a la actitud del que las aplica. Esta actitud se caracteriza por la libertad interior y la confianza en el impulso.

Claudio Naranjo afirmaba lo siguiente:

«…La psicoterapia con sus reglas, técnicas y rituales, está en contra de la psicoterapia como arte… La enseñanza de la gestalt es que no hay reglas: solo toma de conciencia. Atención y espontaneidad, o mejor aún: percatarse y naturalidad. La naturalidad no es impulsividad, sino… una espontaneidad controlada: hay mucho de eso en el arte Zen…»

Se ha dicho en numerosas ocasiones que el terapeuta gestáltico es un artista y dicha afirmación se ha hecho de forma trivial cuando realmente es algo serio y profundo.

 

Todos somos creadores

Es necesario que seamos capaces de desmitificar el arte y considerar la creatividad como una parte esencial del ser humano. El escritor José Saramago dice:

»Eso de ser un creador no es algo que esté limitado a unas cuantas actividades profesionales muy especiales. Si uno está plantando un árbol, o está haciendo algo con sus manos, usando unas herramientas, todo eso es creación en un sentido amplio. Escribir libros es como hacer sillas. Las sillas tienen que ser solidas y, si quieres, estéticas y hasta hermosas. Pero estás haciendo sillas. No le des más vueltas… Todos tenemos manos muy parecidas, iguales y las usamos. Las manos sirven para escribir La divina comedia o para matar.»

 

Esta es la cuestion…

 

Esta concepción artesanal de la creatividad es muy adecuada también para el oficio de la terapia, puesto que es más cercana a la tradición gremial (el aprendiz que observa hacer al maestro) que a la transmisión académica de información. Realmente la terapia tiene mucho de vocación (lo que te llama a… lo que te atrae…) y una vocación como tal compromete al que la lleva a cabo, tanto en responsabilidad como en la habilidad de responder a lo que le llama.

El pintor Ramón Gaya afirma lo siguiente:

«El arte ha sido visto como la meritoria inclinación de unos cuantos –de esa clase de personas que llamamos artistas- … pero la realidad es otra: la creación artística no es un asunto personal del artista, ni un asunto privado entre el artista creador y el consumidor de su obra, tampoco se trata de algo social, general… sino algo extensamente humano, del hombre común… Sólo él sabe recibir la realidad entera y escuchar esa voz original, antigua, perenne, esencial y obedecer a ella… esa voz suena para todos, y lo que pide (porque viene a pedir, a exigir-nos) lo pide a todos.»

 

El terapeuta como artista

La terapia es como un lienzo en blanco, una obra de arte por realizar, en donde el encuentro se caracteriza por un conjunto de temores, riesgos y posibilidades. Es necesario que tanto el paciente como el terapeuta se desprendan de sus preconceptos para poder alcanzar otros estados de conciencia. Tanto el terapeuta como el pintor o el poeta, crean a partir de un punto cero en donde el vacío proporciona libertad interior. Esto requiere liberarse del:

  1. Autoconcepto: la actitud creativa implica la disolución del autoconcepto, del yo-carácter.

J.A. Valente:

«Reivindico el misticismo o la aniquilación del yo como premisas para la actividad creadora. El poeta debe hacer tranparente el universo y para ello precisa vaciarse de su ego. El escritor debe abrir al lector los horizontes sin interferencias personales.»

Pablo Palazuelo:

«Mi pintura tiene que ver con la vida de los humanos, con la aspiración de ser más de lo que somos, de progresar… pero eso solo ocurre saliéndote de ti, dejando atrás lo que tú eres. No como residuo sino como semilla… es la ambición de ir más allá de todas las formas.»

  1. Conocimiento intelectual: para que el terapeuta pueda partir de un punto cero (o vacío fértil) es necesario que se desprenda de su seguridad intelectual y teórica. Sólo basta quedarse cinco centímetros por encima o por debajo de la obra para que ésta fracase. A lo largo de este camino de renuncia por lo que uno sabe, paradójicamente el conocimiento se torna un «no saber´´, en un «hacer´´. Los terapeutas noveles se pierden en la incomodidad de la conversación interna y constante sobre cómo proceder técnicamente en la terapia, lo cual les impide entrar en contacto real con el paciente. Sus mentes discurren a lo largo de teorías psicodiagnósticas, rompiéndose el contacto con el paciente y creando un vacío estéril y falso que es rellenado por el intelecto. Por tanto, la máxima del Zen es «saber abandonar la mente en pos de los sentidos´´, tratando de rescatar lo emocional.

 

Entrega y receptividad

Tanto la búsqueda del artista como la del terapeuta implican serenidad. Muchos creadores hablan de calma, relajación, receptividad, etc, como condiciones necesarias para que la obra de arte emerja:

Juan Uslé:

«La pintura es un medio lento y especialmente apropiado para indagar en los problemas eternos del hombre, en la soledad, en el amor… la calma que se precisa tanto para hacerla como para disfrutarla es lo que nos da lugar y tiempo para pensar y conocernos.»

Francis Bacon:

«Esas imágenes surgen como caídas del cielo, por pura casualidad, soy más un médium que un pintor… no me considero dotado; sólo soy receptivo…»

Anthony Hopkins:

«Le debo mucho al método Stanislavski, que dice que lo único que nos permite poder representar un personaje es la relajación. Así que, aunque es asombroso, en los momentos más tensos un artista puede permanecer tranquilo…»

En definitiva, el terapeuta como buen artista, debe tratar de buscar su propio estilo siendo uno mismo. Su desarrollo artístico no solo se basa en un compendio de teorías o técnicas brillantes y originales, sino también en su desnudamiento interior, en aras de autorregularse desde un vacío que le permita construir creativamente. Esto lo consigue transitando desde el apoyo externo al autoapoyo, confiando en su propia autenticidad, en la rectitud de la naturaleza y en que el cambio se da verdaderamente cuando uno es lo que es y no cuando trata de ser otra cosa.

 

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Referencia bibliográfica

  • Peñarrubia, Terapia Gestalt: La vía del vacío fértil. Alianza Editorial, Madrid, 2012.

Horkheimer y la naturaleza como objeto de dominio

Continuamos en este entrada con la Crítica de la razón instrumental de Horkheimer. Si en la anterior exponíamos la crítica que Horkheimer realiza a cierta visión positivista de la ciencia, según la cuál la ciencia sería la panacea universal que resuelve todos los problemas de la humanidad, en esta entrada exponemos su crítica a la objetivación de la naturaleza; ésta se concibe como mero medio de supervivencia al servicio de una razón que se entiende como pura capacidad de adaptación.

Afirma Horkheimer que, en su proceso de emancipación, el hombre moderno debe dominar la naturaleza exterior pero también la interior. Lo que tradicionalmente eran fines: felicidad, salud, riqueza, pasan a ser indicadores funcionales de condiciones favorables para la producción material y espiritual. La civilización siempre ha consistido en la sustitución de la selección natural por la acción racional. En la modernidad esto se ha agudizado: más que nunca, los impulsos privados tienen que adecuarse a las exigencias de racionalización y planificación. La auto-supervivencia del individuo presupone la adecuación para la supervivencia del sistema.

Los métodos actuales de producción facilitan y exigen una mayor flexibilidad para los trabajadores. El aumento de independencia ha llevado a mayor pasividad. El hombre no “pierde el tiempo” ya adaptándose a fines objetivos, sino que se adapta casi automáticamente a los procesos determinados económica y socialmente. La modernidad nos deja un yo cuyo contenido es convertirlo todo en medio para la autoconservación, y una naturaleza que es tan solo material para que el yo ejerza su dominio. La razón es identificada con capacidad de adaptación. Si bien la capacidad de adaptación existía también en el pasado, la diferencia ahora es la diligencia con la que se somete uno, el grado en que esta actitud ha empapado el ser total del hombre y ha transformado la naturaleza de la libertad conseguida.

El hombre de hoy no se engaña con proclamas espiritualistas como en el siglo XIX; sigue habiendo contradicción entre realidad y frases altisonantes, pero está institucionalizada, sostiene Horkheimer. La hipocresía no espera ya ser creída, es cínica. La misma voz que predica sobre las cosas más elevadas de la vida: amistad, arte, religión, es la misma que nos recomienda elegir tal marca de jabón. Hay manuales para alcanzar la salvación como manuales para un electrodoméstico. La división del trabajo es la expresión de la técnica al servicio de la industria.

El único fin en la sociedad moderna de hoy es la autoconservación. Cualquier frase que no tenga un contenido pragmático se ve como sospechosa. Si uno admira una cosa por sí misma o respeta un sentimiento o quiere a alguien por sí mismo, la respuesta del otro a menudo es tomarlo a uno por loco o pensar que le está intentando engañar. La transformación del mundo en un mundo de medios es consecuencia del desarrollo de las fuerzas productivas. A medida que éstas y la organización social se vuelven más complicadas y cosificadas, resulta cada vez más difícil reconocer los medios como tales, ya que cobran la apariencia de entidades autónomas.

En la Grecia clásica algunos hombres alcanzaron tal libertad respecto de la presión natural que les permitió hacer filosofía. Platón, Aristóteles y compañía, deben su actividad y su ocio al sistema de dominio del que intentaban emanciparse espiritualmente. Estos momentos se han dado siempre a una élite social, que generalmente ha hipostasiado su privilegio en términos de virtud humana usándolo con fines ideológicos para degradar el trabajo manual. Hoy, sin embargo, los intelectuales no gozan de tal independencia, y no pueden permitirse pensar en la eternidad, sino dirigir su inteligencia a fines prácticos, próximos. El pensamiento especulativo queda liquidado.

La indiferencia del hombre moderno frente a la naturaleza es una variante de la actitud pragmática del hombre occidental, sostiene Horkheimer. La concepción del hombre como señor de la naturaleza está ya en el libro del Génesis. Los principales teólogos cristianos no hablaron del respeto a la naturaleza y animales, más que como educación moral de los hombres, no como obligaciones hacia aquéllos. Efectivamente, la razón pragmática no es nada nuevo. Pero nunca antes había sido expresado tan claramente ni aceptado tan generalmente.

La historia del yo es la historia de los intentos del hombre por sojuzgar la naturaleza o, lo que es lo mismo, el intento del hombre por sojuzgar al hombre. El yo ejerce funciones de dominio, mando y organización. Su base histórica reside en privilegios de casta en sociedades patriarcales con división del trabajo espiritual y manual. Del carácter violento externo del yo se pasa a interiorizarlo: sublimación de las órdenes recibidas por el superior. El yo pasa a organizar la experiencia interna. El yo lleva la mácula de su origen en el dominio social. Descartes lo representa como un pequeño dictador, cuya función es impedir que las pasiones nublen el juicio, cuyo correcto funcionamiento se manifiesta en la matemática, expresión de la razón formalizada. Pero Descartes es aún demasiado católico para renunciar al dualismo y reducir la naturaleza a contenido del yo. Ese paso se dio posteriormente, con el idealismo subjetivo de Fichte, en el que la naturaleza tiene la única función de servir de ámbito de dominio del yo para su realización. La doctrina actual está más cerca de Fichte de lo que parece, aunque despojada de su metafísica. La naturaleza es objeto de dominio total.

La generación del super-yo, estructura psíquica que reprime todos los impulsos naturales, es una venganza interna de la propia naturaleza, dice Horkheimer. El que renuncia a llevar una vida guiada por la razón subjetiva, y guiado por su fe de la infancia, previa al super-yo, se decida a reconciliar la verdad con la irracionalidad de la existencia, se verá abocado a la soledad, a una vida conflictiva. La otra opción es aceptar la sumisión, disolverse en la sociedad. Los individuos se obligan así a aceptar la ley del más fuerte, la lógica del dominio; no se reconcilian con la civilización. Su vida es un intento por combatir la naturaleza externa e interna, identificándose con sus sustitutos más poderosos: raza, patria, grupos, caudillo, tradición… Sus impulsos naturales son reprimidos, permanecen fieles al super-yo. Adaptarse, en pos del principio de autoconservación, supone convertirse en parte del mundo de los objetos. El cristianismo y el judaísmo intentaron dar un sentido a esta represión de instintos, dando motivos de comprensión y esperanza, pero las doctrinas políticas modernas no han conseguido ser tan exitosas como la religión.

El darwinismo domina el pensamiento actual sobre la relación entre el yo y la naturaleza. La filosofía subyacente de Darwin es positivista. La supervivencia del más apto puede concebirse como la traducción de la doctrina de la razón formalizada al lenguaje de la historia natural. Para el darwinismo popular, la razón no es más que un órgano, un instrumento de adaptación; la razón brota de lo irracional como mecanismo de supervivencia. Como parte de la naturaleza, la razón no está en oposición a ella sino en oposición a otras formas de vida, a otras razones subjetivas. El espíritu es pues un producto de la naturaleza. Parecería entonces que el darwinismo viene en auxilio de la naturaleza, eliminando toda filosofía que ve a la naturaleza como un objeto verdadero que la razón debe esforzarse en conocer; la razón es rebajada y la naturaleza bruta enaltecida.

Pero lo que ocurre realmente es que, en lugar de leerla filosóficamente, como un texto que revela una historia de sufrimiento infinito, la razón subjetiva oscila entre considerar a la naturaleza como objeto de exaltación, vitalismo, o despreciarla como fuerza brutal. Así pues, sostiene Horkheimer, lejos de servir para reconciliar razón y naturaleza, la maniobra darwinista lo que hace es subrayar la parte dominadora de la razón sobre la naturaleza, despreciando todo lo que no satisfaga el instinto de conservación, todo lo espiritual, todo lo que la metafísica antigua exaltaba. La razón es un instrumento de adaptación, de supervivencia. Se produce una degradación de todo lo espiritual, de todo lo que no vaya encaminado a la autoconservación. Lo bueno es lo que está adaptado. Bajo esa aparente humildad de la razón, la naturaleza queda como mero estímulo para la razón práctica, sin valor alguno en sí.

La solución no radica en volver a primitivismo, afirma Horkheimer. Somos herederos de la Ilustración, del progreso técnico, para bien o mal: no se trata de capitular de formas históricamente racionales de gobierno a formas bárbaras; se trata de liberar de sus cadenas a su aparente adversario, el pensamiento independiente.

 

Referencias:

Horkheimer, M., Crítica de la razón instrumental, Trotta, Madrid, 2002

Redes sociales en tiempos líquidos

¿Podrían las redes sociales ser perjudiciales? Vivimos en una época vertiginosamente acelerada. Grandes alteraciones socioeconómicas y políticas, bruscos cambios de actitudes, costumbres, creencias. La consciencia y comprensión de lo que ocurre a nuestro alrededor y dentro de nosotros, se paraliza. Todo lo que ofrecía solidez en la vida como seres humanos, se ha vuelto fugaz y vaporoso como el humo. Los pilares que nos sostenían se evaporan continuamente.

redes sociales modernidad líquida

 

En cada época surgen mentes brillantes, lúcidos observadores y agudos críticos de la realidad histórica en la que viven. El sociólogo polaco Zygmunt Bauman, fallecido la semana pasada, deja un valioso legado ayudando a dar sentido al malestar que producen las sociedades contemporáneas. Poner en palabras los espectros de las angustias que nos perturban y corroen.

Los vínculos entre seres humanos se han debilitado progresivamente desde el comienzo de la era postmoderna hasta hoy. En el año 1999, Bauman da a luz el concepto de “modernidad líquida1 , expresión que define un modelo de sociedad que implica el ocaso de la colectividad. Se impone un individualismo que corroe y desintegra conceptos como la ciudadanía o la comunidad. Es el fin de la era del “compromiso mutuo”.

Globalización, masificación, precariedad, catástrofes, excesiva información, creciente desconfianza hacia las instituciones… Nos provoca inseguridad e incertidumbre y nos empuja a un giro egocéntrico que nos enfrenta los unos contra los otros. Vivimos en una sociedad cada vez menos “social”, sin elementos a los que pertenecer, sin filiación ni ideologías, que nos fragmenta y aisla como átomos. Los “enlaces covalentes” pierden fuerza para mantenernos unidos. La soledad y el vacío son ahora el mayor veneno de nuestra especie.

La trampa de las redes sociales

La revolución tecnológica de finales del siglo pasado ha irrumpido en nuestras vidas. La virtualidad es la realidad de las nuevas generaciones. En esta época, la cohesión de nuestras relaciones, nuestros vínculos, son más débiles y son enmascarados por redes sociales. Redes amplias, pero superficiales, líquidas.

Bauman justifica el éxito de redes sociales como Facebook, Instagram o Twitter afirmando que los depredadores económicos huelen el miedo y crean falsos salvavidas a los que aferrarmos. Consumibles virtuales que son un señuelo al que nos acercamos para compensar la necesidad de comunidad e identidad, alimentando superficial e ilusoriamente nuestro anhelo de colectividad. Flotar y no hundirnos en el vacío. Como afirma en su última entrevista para el diario El País:

«Dan servicios muy placenteros, pero son una trampa.»

La identidad que otorga pertenecer a un grupo se diluye, por lo que creamos sustitutos dentro de las redes sociales. Añadimos y cancelamos amigos, controlamos las interacciones, sin riesgos para nuestra imagen, sin involucrarnos, sin necesidad de habilidades sociales.  Vínculos postizos. Eso sí, nos sentimos un poco mejor porque la soledad es un fantasma que nos hiela en nuestras habitaciones.

Los deseos «licuados»: una perspectiva psicoanalítica contemporánea

Deseos y necesidades centrales para la estabilidad psicológica, están amenazadas por la liquidez relacional y el aislamiento. El malestar difuso y la sensación de vacío de muchas personas, (algunas de las cuales acuden a terapias sin saber qué les ocurre, sin razones «objetivas» para estar mal) tiene relación con el impacto de la insatisfacción de motivaciones psicológicas básicas.

Nuestras decisiones se ven influidas por  procesos inconscientes. Procesos motivacionales que nos impulsan a atender demandas internas asociadas, por ejemplo, a nuestra propia conservación y cuidado, la búsqueda de placer y bienestar, o a reducir el displacer. Uno de estos motivos básicos e instintivos de la experiencia humana, es la búsqueda y conservación de fuertes vínculos emocionales con otras personas (el apego; tal vez lo llames «amor»). Otra motivación básica es el deseo de reconocimiento y de valoración dentro de dichos vínculos significativos, obteniendo una imagen de sí mismo como alguien digno de recibir atención, de ser querido.  Un sentido de la identidad y valía transmitido por los demás. Nuestra autoafirmación sólo es posible a través del Otro.

Estamos programados para buscar la aceptación del Otro, y evitar su rechazo. Estos sistemas motivacionales permitieron la supervivencia de nuestra especie, asegurando la cohesión grupal y su cuidado. Esto explica la búsqueda de afiliación y el sentido de pertenencia, la vivencia de «estar con», de formar parte de lo mismo.

Autores psicoanalíticos como Winnicott o Kohut, consideraron una motivación central la necesidad de crear y conservar un sentido del Self (sentido de nuestro Yo, de nuestra esencia, nuestra identidad) estable y cohesionado. El flujo de experiencias estables y emociones repetidas dentro de las relaciones del ser humano desde que nace, conservan la continuidad y la familiaridad de su mundo interno e interpersonal. Las relaciones nos permiten sentirnos seguros, y nos sostienen psicológica y emocionalmente.

Mis Selfies por tus Likes

Las redes sociales son un mal sucedáneo de lo que aportan las relaciones reales. Un mal sustituto que engancha, como una potente droga. Y no es una metáfora. El placer y bienestar que generan las interacciones positivas están directamente relacionadas con motivaciones y necesidades interpersonales, y por lo tanto, con circuitos y centros cerebrales de recompensa y evitación2. Los mismos que se activan satisfaciendo necesidades fisiológicas como la ingesta o el sexo, o consumiendo sustancias estimulantes. En esta línea, un interesante estudio realizado por la Universidad de California-L.A., evidencia a través de neuroimagen cómo los centros del placer y la recompensa de cerebros de adolescentes, se activan al ver sus propias fotografías con muchos likes e interacciones positivas3.

Existe una parte de nosotros que desde la infancia busca, en esencia, construir una imagen de sí mismo digna de ser amada, aceptada, validada, reconocida, admirada, y la vida social virtual se convierte en una extensión del campo social real. Por eso la necesidad de aparentar, de manipular la percepción de los demás a través de proyectar una imagen ideal de uno mismo y su vida. Crear una identidad, un falso Self, frágil y adulterado, pero al menos uno que saque del desamparo y la carencia. De ahí el exacerbado narcisismo y la dependencia hacia las redes sociales.

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El impacto psicológico negativo

Fotografías milimétricamente calculadas, aparentando espontaneidad, con un bonito filtro Instagram, acompañadas de una cautivadora frase. Una ilusión distorsionadamente ideal, intentando rellenar el vacío. Y no se puede dejar de alimentar fácilmente los perfiles virtuales, uno dejaría de existir en cierto modo, aunque todo consiste en aparentar y no en «ser»: por eso la angustia del vacío no desaparece, porque la liquidez nunca se rellena de algo «sólido».

Los demás son utilizados como objetos, espectadores del despliegue narcisista que ofrecen atención o admiración, pero no son reconocidos ni valorados como quienes realmente son. Consumo líquido de relaciones. Por otra parte, la estabilidad emocional se ve amenazada por las respuestas de los demás usuarios. Si no hay la interacción virtual que uno espera (número de veces compartido, de comentarios, de «me gusta», etc…), pasa a equivaler psicológicamente a un rechazo real. El número y el tipo de interacciones se convierten en una estimación proporcional de la valía y la autoestima. De forma irreal y simbólica, sí, pero cuyo impacto emocional es real.

Pasar tiempo pasando imágenes y perfiles en Facebook o Instagram, desencadena una sensación de exclusión y soledad, y también envidia 4 . Son un espejo artificial de lo que supuestamente carecemos, de lo inadecuados que somos, y esto nos hace sentir avergonzados, tristes. Espejos que muestran las actividades que no hacemos, las metas profesionales que no alcanzamos, los momentos fantásticos en los que no estamos  presentes,  los lugares que no estamos visitando,  las parejas ideales que no tenemos, las familias perfectas que carecemos; de los defectos que nos sobran y virtudes que nos faltanLa vida que no tenemos, la imagen que no somos. Un real sentimiento de frustración, de inferioridad y malestar provocado por muros virtuales de plástico.

A Social Life de Kerith Lemon

Referencias bibliográficas

1 Bauman, Z. (2000). Modernidad líquida. México, D.F.: FCE – Fondo de Cultura Económica.

2 Fareri, D. & Delgado, M. (2014). Social Rewards and Social Networks in the Human Brain. The Neuroscientist, 20(4), 387-402. http://dx.doi.org/10.1177/1073858414521869

3 Sherman, L., Payton, A., Hernandez, L., Greenfield, P., & Dapretto, M. (2016). The Power of the Like in Adolescence. Psychological Science, 27(7), 1027-1035. http://dx.doi.org/10.1177/0956797616645673

4 Appel, H., Crusius, J., & Gerlach, A. (2015). Social Comparison, Envy, and Depression on Facebook: A Study Looking at the Effects of High Comparison Standards on Depressed Individuals. Journal Of Social And Clinical Psychology, 34(4), 277-289. http://dx.doi.org/10.1521/jscp.2015.34.4.277

Mudras, los gestos energéticos

La palabra mudra en sánscrito significa “gesto”. Cuando realizamos un mudra, estamos configurando de un modo determinado nuestro sistema energético. De esta forma se crea un vinculo entre nuestro cuerpo físico (annamayakosha), pránico (pranamayakosha) y mental (manomayakosha).

Los mudras son una práctica completa per se, al igual que lo son las asanas y pranayamas. Es quizás en las fases más avanzadas de nuestra shadana (practica espiritual) cuando los mudras se utilizan de forma aislada. 

Son muchos los tipos de mudras, y aunque la mayoría de ellos se realizan con las manos (hasta mudras) también se pueden ejecutar con otras partes del cuerpo (khechari, aswini, shambavi…)

Chin / Jnana Mudra

La palabra Chin significa en sánscrito Conciencia, Chin mudra es por tanto el gesto de la conciencia. Para realizarlo debemos de juntar las puntas de los dedos índice y pulgar, creando de este modo un circulo con ellos, y manteniendo los tres dedos restantes estirados y ligeramente separados entre sí (en ambas manos). A continuación dejamos las manos en las rodillas con las palmas apuntando hacia el cielo y nos aseguramos que estén relajadas.

Recuerda que al principio puede que los dedos se separen pasado un tiempo sin que te des cuenta, por lo que resulta práctico, en lugar de juntar directamente las puntas, llevar la punta del dedo índice a la base o primera falange del pulgar y con este sellar el gesto.

Este mudra resulta muy cómodo a la hora de sentarnos a meditar. Puede que al principio sus efectos sean muy sutiles, pero si tomamos costumbre de realizarlo nos aseguramos de que las manos estén bien ubicadas en todo momento.

A nivel simbólico el dedo pulgar representa la conciencia universal, mientras que el índice  representa la conciencia individual. Cuando ambos se juntan se crea la unión, el Yoga. Fusión del universo con el microcosmos de nuestro serA nivel energético creamos un circuito en el que el prana es reconducido hacia Ajna chakra, mejorando de esta forma la capacidad de concentración y creando un efecto relajante sobre el cuerpo.

Jnana significa en sánscrito “conocimiento intuitivo”, por lo que este mudra se conoce como gesto del conocimiento.

La diferencia principal con Chin mudra reside en la posición de las palmas. En lugar de apuntar hacia arriba quedan apuntando hacia abajo. A nivel energético esta simple modificación aumenta el anclaje con la tierra. Cuando sientas que tu mente está muy dispersa o que tiendes a perder la concentración fácilmente es preferible utilizar este gesto.

Aswini Mudra

Es conocido como el gesto del caballo y consiste básicamente en la contracción del esfínter anal. Cuando realizamos esta contracción, activamos ciertos músculos de la zona pélvica y otros asociados con los órganos sexuales.

En el momento en que conseguimos aislar de forma consciente cada una de las áreas implicadas en este mudra, estamos preparados para realizar una práctica más avanzada llamada Moola Bhanda (el primero de los cierres energéticos). Además de prepararnos para Moola Bhanda, Aswini aporta beneficios tanto a nivel físico como a nivel energético.

A nivel energético ayuda a armonizar el flujo de Apana Vayu, el tipo de prana que se encarga de  la excreción y eliminación de residuos en nuestro organismo. A nivel físico refuerza la musculatura del suelo pélvico.

En combinación con ciertas asanas en las que trabajamos con Muladara Chakra, nos es de gran utilidad ya que reforzamos la atención en la zona del perineo. Recuerda que donde vaya tu atención va la energía.

Podemos trabajar con el mudra de dos formas:

La primera consiste en mantener la contracción durante un tiempo determinado, al inhalar se contrae y se mantiene el gesto el tiempo que se pueda sin forzar; cuando queramos soltar lo haremos con una exhalación. Puedes ir observando tu progresión contando ciclos de respiración completa (inhalación-exhalación). Cuando trabajes con asanas es preferible no contar para llevar la atención por completo a Muladara.

La otra forma consiste en realizar la contracción de forma intermitente, creando una sensación de bombeo energético hacia los chakras superiores.

Shambavi Mudra

El una técnica muy poderosa que nos ayuda a activar Ajna chakra. El gesto consiste en llevar ambos ojos hacia el centro de la frente (brhumadhya).

Por si misma es una práctica avanzada que puede inducir a estados profundos de meditación. A nivel físico fortalece los músculos de los ojos y alivia posible tensión acumulada en este área. A nivel mental calma la mente, creando estabilidad y eliminando estrés. Además favorece la capacidad de concentración y desarrolla la intuición. A la hora de realizar esta práctica es importante no bizquear ni forzar la vista. Realiza el mudra de forma breve pero con constancia para obtener resultados.

En la mitología hindú, Shambavi es el nombre que recibe la mujer de Shambu (también conocido como Shiva). En honor a ella Shiva creó esta práctica para que ambos pudieran fundirse en la conciencia universal. En Gheranda Shamita se llega a declarar que de todas las prácticas que aparecen en las escrituras Shambavi es la más secreta y poderosa.

Khechari Mudra

Es una mudra que realizamos conjuntamente con la respiración Ujjai. Se aplica doblando la lengua hacia arriba y llevándola hacia atrás todo lo posible, de manera que la punta de la lengua presiona el paladar blando.

Kechari mudra ayuda a controlar y a influenciar el conjunto de glándulas endocrinas a lo largo del cuerpo. Este efecto se consigue gracias a la regulación en las secreciones del cerebro, que se producen en pequeñas cantidades para controlar la glándula pituitaria y el resto de glándulas que están bajo la influencia de Ajna Chakra (la tiroides, el timo, las glándulas mamarias, la glándula suprarrenal y las reproductivas).

También tiene efecto en los centro del hipotálamo y del bulbo raquídeo, que controlan la respiración, el latido del corazón, las expresiones emocional, el hambre y la sed. Además el hipotálamo está conectado con el tálamo, que tiene un papel fundamental en la regulación de los ciclos de sueño y vigilia y en todas las actividades del sistema nervioso central, como la capacidad de concentración.

Cuando no sabemos por qué hacemos lo que hacemos (o aprendizaje cultural)

 

Hace unos días me contaron un experimento con monos que me dio mucho en que pensar… Después de investigar sobre dicho experimento sobre el «aprendizaje cultural«, he descubierto que no es real. Pero eso no le quita el atractivo… Nunca se hizo, pero de alguna forma se hizo «viral» y se publicó en cientos de blogs y webs de psicología y de negocios. Es razonable que se produjera este efecto, ya que la historia tiene gancho. Y sin ser real, se dice que los humanos «funcionaríamos» así.

 

mono

 

El experimento en cuestión

El experimento viene a decir que tenemos «comportamientos» aprendidos bajo una amenaza que no es real. No porque la amenaza no sea real, que lo es. Sino porque las personas que nos están enseñando dichos comportamientos nunca experimentaron dicha amenaza en sus propias «carnes»…

En una cadena infinita le contagiamos a nuestros predecesores un miedo inexistente. El miedo a hacer (o no hacer) algo porque alguna cosa horrible nos sucederá. Sin saber qué es ese algo, ni de dónde viene… Ni siquiera sabemos si alguna vez llegó a suceder.

¿Interesante, no?

 

 

Para contar el experimento de forma sencilla…

· Metieron a seis monos en una jaula que tenía una escalera en el centro. Dicha escalera permitía coger unos plátanos que colgaban del techo.

· En cuanto un mono intentaba alcanzar los plátanos, les rociaban (a todos) con agua helada. No hace falta imaginar que a los monos no les gusta que les rocíen con agua helada. Este proceso se repitió todas las veces que los monos intentaban alcanzar los plátanos.

· Finalmente, cuando algún mono intentaba coger los plátanos eran los compañeros los que impedían que se acercara a la escalera.

Hasta aquí bien. Esta es la primera parte del «ficticio» experimento. Lo interesante viene a continuación.

· En este punto sacan a uno de los monos de la jaula y meten un mono nuevo (*). Que no había participado en el experimento.

· Al poco tiempo intenta subirse a la escalera para coger los plátanos, pero los compañeros le agreden a golpes ante la expectativa de la ducha helada.

· El nuevo mono (*) no entiende nada, ya que nunca ha experimentado la ducha helada, pero tras varios intentos deja de intentar subirse a la escalera.

Y ahora viene lo mejor…

· Se saca a otro de los monos «originales» y se repite el proceso.

· El mono nuevo (**) intenta coger los plátanos pero otra vez se abalanzan sobre él y se lo impiden de forma violenta. Hasta que desiste en su intento.

· El mono (*) al que metieron en mitad del experimento, y que nunca experimentó la ducha helada, también participa en la agresión, aunque sin saber por qué lo está haciendo. Para él simplemente no está permitido subirse a la escalera.

Y al final…

· Y aquí ya llega el colofón del experimento…

· Según avanza el experimento se van sustituyendo a los seis monos que comenzaron con el experimento. Cuando ya se ha sustituido al último de los monos originales, y éste último mono (******) intenta subirse a la escalera, es vapuleado por sus compañeros, aunque en este caso ya nadie sabe porqué, ya que ninguno de estos monos ha sido rociado con agua helada…

· ¿Qué han aprendido los monos? : “Está prohibido subir por la escalera y quien lo intente se expone a una represión por parte del resto del grupo”.

mono

 

Interesante aunque nunca fue cierto

Según la revista JotDown, «Lo cierto es que ese experimento jamás se llevó a cabo. Es una invención. Casi con toda seguridad de Gary Hamel y C.K. Prahalad, que en 1996 escribieron la que parece ser la primera versión de la historia en su libro de autoayuda Competing for the future. Quizá la fábula naciera de la tergiversación por parte de Hamel y Pralahad de un experimento, este sí real, llevado a cabo por el zoólogo estadounidense Gordon R. Stephenson en la universidad de Wisconsin en 1967. El experimento real se describe en el artículo Cultural acquisition of a specific learned response among rhesus monkeys, que puede leerse por ejemplo aquí. Como Hamel se ha negado siempre a hablar del tema cuando ha sido preguntado al respecto (Pralahad murió hace años), la verdadera inspiración de su historia sigue siendo objeto de especulación.»

 

El bolso en el suelo

Aunque este experimento nunca fue corroborado, no deja de «estar» en nuestro imaginario colectivo. Si pensamos bien, hay muchos comportamientos que podemos atribuir a este tipo de condicionamientos. Como las supersticiones. No es exactamente igual, pero su funcionamiento es muy parecido.

Durante muchos años no he podido dejar mi bolso en el suelo. Y sinceramente… nunca por una razón «objetiva». Cuando mi madre veía un bolso en el suelo siempre se ponía nerviosa, y lo ponía de manifiesto con un «no dejes nunca el bolso en el suelo que se va el dinero». Imagino que ella lo aprendió de su madre, y a saber de dónde lo aprendió mi abuela. El caso es que ninguna de nosotras hemos visto jamás con nuestros ojos que el dinero se «fuera» por dejar el bolso en el suelo.

 

bolso

 

Yo ahora me descojono de esto, y dejo el bolso en el suelo sin ningún problema. Pero el «automatismo» está ahí. Y siempre que dejo el bolso en el suelo aparece esa frase en mi mente… «que se va el dinero». Incluso cuando estoy haciendo el movimiento de dejar el bolso en el suelo me siento desafiando todas las leyes de la naturaleza. Como una absoluta loca tentando a todas las maldiciones habidas y por haber…

Sin lugar a dudas, ¡vivo al margen de la ley!

Tampoco me cuesta imaginarme a mí misma diciéndole a mi hija dentro de veinte años… «no dejes el bolso en el suelo que se te va el dinero». ¿Y por qué? A saber…

 

Vaiana

Los que tengáis hijos seguro que habréis visto Vaiana… Y aquí también tenemos un buen ejemplo.

La historia básicamente es esta. Un pueblo que durante siglos fue nómada, ahora vive en una isla. Por razones que  no voy a desvelar (spoiler), en la actualidad los habitantes de la isla no saben por qué, ni desde cuándo, pero tienen pánico al mar y les está prohibido cruzar el arrecife para ir a pescar. Ni hablamos de trasladarse a otras islas en busca de alimento.

 

Vaiana

 

Como ya os imaginaréis, la película es la historia de Vaiana, que es la primera persona que se plantea el origen de ese «miedo». Y lucha por superarlo. No entiende por qué no pueden acercarse al mar, ni entiende los «peligros» que la aldea se ha creído a pies juntillas, sin ninguna prueba de su existencia real.

Y esa es la invitación… ¿Hay un peligro real detrás de nuestros miedos aprendidos?

 

Invitación a romper el «aprendizaje»

 

La invitación es fácil. Bueno, no es fácil… Más bien es simple.

En algún momento tenemos que hacer un «inventario» de todos nuestros miedos. De todo aquello que sentimos como «prohibido», insuperable, inalcanzable… Realmente se trata de un trabajo de observación. De «pillarnos» a nosotros mismos, de ser consciente de esos «automatismos» que se disparan en nuestra mente, y que nunca nos hemos cuestionado. Simplemente nos los hemos creído y llevamos muchos años viviendo bajo su yugo. Ser capaces de ver ese pensamiento de «que se va el dinero» al dejar un bolso en el suelo…

Y es evidente que este pensamiento es bastante inocuo. Pero hay otros que pueden ser devastadores.

 

miedo

 

Tampoco es cuestión de auto-flajelarnos, o de ser demasiado duros con nosotros mismos. El primer paso para una «auto-observación» sana es ser capaces de hacerlo desde la ternura y la compasión. Ser consciente de estos miedos, analizarlos, observarlos, saber de dónde viene, cuestionárnoslos… y ver hasta dónde estamos viviendo de forma limitada.

Pero sin morir en el intento. Un paso importante es dejar el juez en casa en el camino del autoconocimiento. Siguiendo el ejemplo del bolso… podemos ver ese «automatismo», pero no poder dejar de hacerlo. Y no pasa nada. No hay que juzgarse, ni criticarse, ni auto-exigirse… Está bien, siempre que lo observemos y seamos conscientes de que existe. Porque en algún momento nos haremos «fuertes» y podremos superarlo.

Todos tenemos un sinfín de aprendizajes culturales en nuestras espaldas, ya sea de nuestra familia, amigos, educación, sociedad… Deshacernos de ellos nos hará libres 😉

 

Fuentes:

Fotos:

  • Unsplash

 

 

Donald Trump y Meryl Streep (O la lucha entre el Ello y el Superyo)

meryl devil1. Meryl Streep

En su discurso en los Globos de Oro, Meryl Streep hacía una crítica muy pertinente que se refería a la ejemplaridad. Daba en un clavo que se puede y debe aplicar a todos aquellos que son referentes sociales, especialmente a los que lo son a raíz de un proceso democrático.

Se refería más específicamente a aquella desagradable ocasión en la que el presidente electo de EEUU, el señor Trump se burló de un periodista con diversidad funcional en el curso de una arenga política.

Y señalaba una cuestión fundamental: Aquellos que son referentes para otros deben cuidar sus declaraciones y acciones porque con ellas legitiman las declaraciones y acciones de otros. Así, como ella dijo, la violencia legitima la violencia y las faltas de respeto legitiman las faltas de respeto.

De un tiempo a esta parte hemos venido observando en prácticamente todos los ámbitos políticos una elevación del discurso. Este no es un fenómeno exclusivo de Donald Trump o del Brexit. Campa a sus anchas por toda Europa legitimando en muchas ocasiones el odio, la violencia, el abuso, etc…

Estamos asistiendo, en definitiva, a la ruptura de algunos tabúes que llevaban entre nosotros desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

¡Y qué rápido nos estamos acostumbrando!trump

2. Donald Trump

En el reverso de esta tendencia hay otra, diametralmente opuesta, que indaga con afilada lupa en toda palabra digital o impresa a la búsqueda del lugar dónde ejercer la corrección política.

Esta es la gran paradoja: en el momento en el que los tabúes se sostenían, el espacio para la libertad del chiste, por ejemplo, era mucho más amplio.

Hoy -rotos muchos de estos tabúes- nos encontramos atrapados entre aquellos que se declaran enemigos de la corrección política para expresar ideas que la historia reciente demuestra muy peligrosas y esos otros que, como adalides del tabú, cargan contra cualquiera que no se mantenga dentro del marco roto de lo que está prohibido expresar.

Uno siente casi la tentación de comportarse como el señor Trump ante esta presión constante hacia la corrección. Se percibe el deseo de opinar libremente cualquier barbaridad, de agredir sin consideración, de insultar, de expresar el demonio con libertad.

Libertad para ser un cabrón ¿Por qué no?

Libertad para decirle a Meryl que es una pesada sobreactuada y que burlarse de una persona con discapacidad no es tan grave.

3. El Superyó y el Ello

donald trump meryl streep

Estamos cayendo aquí en la trampa del Ello y el Superyó.

Trump, como el Ello, desea expresarse libremente, sin cortapisas. Meryl, encarnando al Superyó, le censura. Lo que provoca la reacción agresiva de Trump que, reincidiendo en su no-ejemplaridad, insulta a la actriz en Twitter.

La paradoja es que cuanto más fuerte es el Superyó más fuerte es el Ello. Cuanto más agresiva es la fuerza de la censura más potente será el deseo de liberarse de ella.

Con Trump poco se puede hacer, pero ¿Qué hacer con aquellos que sufren más esta falta de ejemplaridad? Me refiero a los niños, aquellos que están en pleno desarrollo moral.

Es importante huir de posturas censoras y represivas. Buscar la tercera vía.

La ley debe existir, igual que debe existir el deseo. Pero hoy sabemos que en la educación el amor funciona mejor que la ley.

Educar en libertad de pensamiento, palabra, obra y omisión. Libertad también para ser un cabrón, pero sin olvidar el empleo de la fuerza del amor. Con el empleo del poder del amor los educadores y los padres pueden construir sujetos libres, buenos y comprometidos, que entiendan porque es inadmisible burlarse de la discapacidad de alguien sin necesidad de la reprimenda de Meryl Streep.

Los padres y los educadores solo necesitan tres cosas:

Vocación, tiempo y recursos.

La primera depende de ellos y está en sus manos realizar el adecuado análisis de conciencia antes de ser padres o dedicarse a la enseñanza.

La segunda y la tercera dependen de otros factores. No basta en nuestros políticos que sean políticamente correctos. Son necesarios cambios en la esfera de la realidad que hagan que la famosa conciliación sea posible, que doten de recursos a las escuelas y que construyan planes educativos basados también en el aprendizaje moral. Un aprendizaje moral desideologizado es posible y una de sus premisas sería sin duda que está mal burlarse de una persona imitando su discapacidad.

La concepción del sujeto como un recurso económico, la idea del niño como una inversión para sus padres, en definitiva el sujeto del discurso capitalista nos lleva solo hacia la psicopatía.

Estamos construyendo un mundo de psicópatas, no nos debe extrañar verlos dirigiendo naciones o empresas.

Los ingredientes están claros. Tanto para el estallido del Ello salvaje como para la instauración de un Superyó sádico. El camino que estamos tomando es muy peligroso.

Solo los educadores -la denostada casta del profesorado- nos puede salvar, pero necesitan armas para luchar ¿Estamos dispuestos a dárselas?

El dragón es poderoso y necesitan ayuda.

¿Se la daremos?

 

Enrique Schiaffino

Psicólogo colegiado en Madrid

 

*Este texto está inspirado en recientes acontecimientos y de forma parcial en la lectura de «Problemas en el paraiso» de Slavoj Zizek.

ZA-ZEN: El final del ego

 

TEISHÔ 8 – TEISHÔ 7 TEISHÔ 6TEISHÔ 5TEISHÔ 4TEISHÔ 3TEISHÔ 2 – TEISHÔ 1

 

El final del ego: La historia de Nami

Entre las muchas historias y narraciones sobre el Zen, existe una que cuenta cómo en la era de Meiji, existió un famoso luchador apodado O Nami, cuya traducción es “la sucesión de las olas”. Cuentan que era un hombre corpulento, y muy diestro en el arte de luchar; pero sucedía que así como en los entrenamientos privados era invencible, a la hora de actuar ante el público le derrotaban hasta sus mismos discípulos. Y ese fue el motivo por el que O Nami, pidió ayuda a un anciano maestro Zen, Hakuju, cuyo templo estaba muy cercano.

 

Una vez escuchada la historia, el viejo Hakuju, le dijo lo siguiente:

 

“Tu nombre es “La sucesión de las olas”, así que esta noche la pasarás en este templo, pensando únicamente que tú eres las olas en movimiento. Así que dejarás de ser un luchador acomplejado para lograr ser como “La sucesión de las olas”, que lo arrasan todo. Haz lo que te digo y te convertirás en el mejor de los luchadores del país”.

Dichas estas palabras, el maestro se retiró, y O Nami comenzó a practicar la meditación sentada, tratando, tal y como se lo dijo Hakuju, de imaginarse que él era eso: “La sucesión de las olas”. Al comienzo le resultó bastante costoso concentrar su mente en ese pensamiento, sin embargo lo cierto es que a medida en que pasaban las horas iba progresando en identificarse con el oleaje. Así que las olas iban creciendo y creciendo mientras meditaba. Y de ese modo permaneció toda la noche, con lo que una vez llegada la mañana, el maestro Hakuju halló a O Nami en plena meditación, cuyo rostro mostraba un rictus sonriente, y el maestro, colocando la mano sobre su hombro, le dijo:

 

“Ahora nadie ni nada podrá vencerte, porque tú eres “La sucesión de las olas, y llevarás por delante a todo aquel que se interponga”.

Ese día O Nami combatió en un torneo público, y resultó ganador. A partir de entonces no hubo en todo el Japón luchador alguno que lo superara.

 

La meditación

En una lectura superficial, la historia podría entenderse como que el fin de la meditación persigue armar y fortalecer el ego para la competición. Si bien es verdad que la meditación puede en muchos casos ser causa de ese fortalecimiento, lo cierto es que ese beneficio es un beneficio secundario. Porque la meditación produce precisamente la des-identificación con el pequeño yo, es decir, con el papel o rol social que la sociedad le ha asignado. O Nami era presa del yo, que era tanto como decir que era presa del miedo a hacer el ridículo, y solamente cuando, mediante la acción transformadora de la meditación disuelve su personaje “en medio de las olas” es cuando sucede la maravilla del satori.

 

Yo no estoy de ningún modo seguro de que en la mayoría de las ocasiones en que esta historia se repitiera, el meditador alcanzaría el máximo pedestal como luchador, pero de lo que no dudo es de que sí que reuniría las condiciones previas para conseguirlo. Y ello, precisamente, porque ya no estaría preso de la tensión de dar la talla, pues se habría vaciado de su personaje. Veamos lo que en tal sentido narra una historia Zen:

 

Una historia ZEN

La dedicación y el celo de un discípulo del Maestro Kochi llamaba la atención a sus amigos y a los restantes acólitos.

Sin embargo, no impresionaba a su roshi. El joven se sentaba con seriedad en Za-Zen durante todo el día y en ocasiones toda la noche, y se concentraba con considerable gravedad. Realizaba con el mayor de los empeños cualquier tarea que se le encomendaba.

Los restantes discípulos comentaban que si alguno de ellos merecía alcanzar rápidamente el satori ése no podía ser otro que el discípulo aplicado. Pero el roshi no compartía esa opinión y llamó al joven.

-¿Por qué te aplicas tanto en el trabajo?

-Para conseguir el satori. Para eso estoy aquí.

-Ya veo.

El roshi reemprendió sus tareas y el discípulo las suyas.

El roshi atendía sus obligaciones y vivía su vida. El joven aplicado se sentaba erguido, cruzaba sus manos, cerraba sus ojos con firmeza, respiraba con regularidad y no se permitía una sola cabezada. Sus curiosos compañeros esperaban verle llegar al satori en cualquier momento. Sin embargo, pese a su empeño y concentración, este momento no llegaba. Finalmente fue a ver al roshi.

-Aunque medite durante muchas horas con gran diligencia y profundidad, nada ocurre.

-Ya veo-

-¿Qué debo hacer?

-Debes volver a tu casa. Aquí estás perdiendo el tiempo. El discípulo quedo consternado. Intentó discutir con el roshi, quien, sin embargo, permaneció sentado en silencio y sin responder, hasta que el preocupado joven se levantó para abandonar la habitación. Entonces el roshi le llamó.

-Siéntate y te contaré algo. No has entendido mis palabras y debo explicártelas. He dicho que perdías el tiempo aquí y hablaba en serio. Verás por qué. El satori no es una meta hacia la que trabajar. El Zen es satisfactorio sin satori, porque es un medio que no precisa un fin. Lo mismo se puede decir de la vida. Nuestra meta no tiene una meta. Uno la vive.

Deberíamos meditar de esta misma forma. La meditación es un objetivo en sí misma. No es un proceso que conduce a algo más. Es vida. Pierdes tu tiempo al no darte cuenta de ello. Piensas sólo en el futuro y descuidas el presente. Peor aún, utilizas el presente para perseguir algo sobre lo que únicamente has leído y oído hablar. Piensas en el satori como un premio a obtener, y crees realmente que serás diferente si éste llega.

Por tanto, estás perdiendo el tiempo. Vuelve a tu casa y vive.

Esto es lo que quería decirte y así lo he hecho.

Si no estuvieras tan ciego, te habrías dado cuenta ú mismo. E incluso ahora, mientras hablo, estás esperando a que surja algún tipo de comprensión de estas palabras sin valor.

No has entendido nada.

El abrumado discípulo se retiró. Sin embargo, no volvió a su casa.

Se sentó en silencio con los demás.

Algunas noches meditaba en el jardín. Continuó.

No sabemos si alcanzó el satori.

En cualquier caso, no tiene importancia para esta historia.

 

 

Buda

La gran iluminación de Shakiamuni Buda fue simplemente darse cuenta de que el “universo –mi ego incluido- es uno y vacío”. Y cuando nos hacemos uno con la meditación, también nos hacemos uno con la verdad experimentada por todos los budas (los iluminados) pasados, presentes y futuros de la Humanidad. En esa experiencia se transciende la dualidad, fenómeno que experimentamos al despertar. Y el despertar llamado “iluminación” es eso: palpar de modo vibrante esa unidad vacía en una experiencia viva, que, por ser viva, tiene la propiedad de con-movernos.

 

ego

 

Cuando superamos la dualidad de los opuestos y, como ocurre en la historia de nuestro luchador, llegamos a ser uno con quien percibíamos como contrario o enemigo, se transciende la ceguera, se toca esa unidad. Y al tocarla, uno se libera de la esclavitud del odio al enemigo. Al tocar la unidad llega la liberación, todo se dispone y presenta a nuestros ojos con la real sencillez del Ser. Y los problemas se resuelven por sí mismos, sin el apremio de ser el primero y sin el temor de ser el último.

 

Por eso el personaje que nos hemos montado es una ficción que nos distrae de nuestro verdadero origen. Y por eso “quitar de en medio” al personaje, al pequeño yo, es parte de la meditación. El final del yo es la única meditación.

 

Esta experiencia no surge del saber discursivo científico, sino del despertar, precisamente cuando se ha hecho silencio sobre el ruido del ego. Esta experiencia no puede ser otorgada por maestro alguno, sino que, como le ocurrió, a O Nami, somos nosotros quienes hemos de descubrirla. Un maestro, como Hakuju, puede indudablemente ayudarte a despertar, pero al final, la luz de la iluminación solamente puede ser encendida en tu propio interior, desde ti mismo. De ahí la importancia del ejercicio. Y en el ejercicio del Za-Zen, puro vaciamiento de imágenes, de pensamientos, de sentimientos y de deseos, se dan las condiciones para que te dejes habitar por lo real, Y tú halles en ti mismo tu maestro. Considero que la siguiente historia facilitará la compresión de lo que venimos considerando:

 

 

Cuando un pez nada –decía el Maestro Dôgén- nada y continua nadando y no hay fin para el agua.
Cuando un pájaro vuela, vuela y continua volando y no hay fin para el cielo.
Nunca ha habido un pez que nadara fuera del agua o un pájaro
que volara fuera del cielo.

Cuando necesitan un poco de agua o de cielo, sólo usan un poco;
cuando necesitan mucho, usan mucho.
De ese modo, lo usan todo en todo momento.
Y en todo lugar gozan de libertad perfecta.

 

DÔGEN

El luchador de nuestra historia, revela el fondo de la humanidad en su lucha por ser “algo”. “Algo” que quiere manifestarse, que pugna, que interpela en expresarse, una Algo al que se opone todo lo establecido, todo lo fijado, todo lo objetivante: todas las ideas, que configuran eso que llamamos ego, el personaje, la subsistencia… Pero el ser humano solamente puede identificarse con ese Algo que le interpela si su conciencia objetivante se transforma totalmente, radicalmente, en una conciencia más amplia e interiorizada; un espacio de conciencia donde precisamente el ser humano, como el ser de las olas, se desprenda, esté libre, de todo lo que suponga un “algo”. Así lo vi yo en este poema.

 

Impertinencia

Igual que un centinela espera el alba,
sobre la hierba, frágil, temblorosa,
la gota de rocío, aguarda, quieta,
la caricia silente de la aurora. 

Y empieza a evaporarla el Gran Silencio
cayendo de hoja en hoja; y se disipa,
como lo hace un sueño pasajero
que busca enajenarse de sí mismo. 

Fragilidad acuosa entre las flores,
sutilidad del Ser temblando al viento
que entre mis versos se disuelve. 

Bajo el rayo de sol que la derrite,
la gota, exenta de agua, hoy se ha hecho luz;
danza del alba, luz, fuego y vacío…

 

Fuente:

Fragmento del libro: LA RADICALIDAD DEL ZEN (En 24 teishôs)
Fotografía: Gary Bendig