Es la hora de Papá

Los Hijos Infinitos.

Cuando se tiene un hijo,

se tiene al hijo de la casa y al de la calle entera,

se tiene al que cabalga en el cuadril de la mendiga

y al del coche que empuja la institutriz inglesa

y al niño gringo que carga la criolla

y al niño blanco que carga la negra

y al niño indio que carga la india

y al niño negro que carga la tierra.

 

Cuando se tiene un hijo, se tienen tantos niños

que la calle se llena

y la plaza y el puente

y el mercado y la iglesia

y es nuestro cualquier niño cuando cruza la calle

y el coche lo atropella

y cuando se asoma al balcón

y cuando se arrima a la alberca;

y cuando un niño grita, no sabemos

si lo nuestro es el grito o es el niño,

y si le sangran y se queja,

por el momento no sabríamos

si el ¡ay! es suyo o si la sangre es nuestra.

 

Cuando se tiene un hijo, es nuestro el niño

que acompaña a la ciega

y las Meninas y la misma enana

y el Príncipe de Francia y su Princesa

y el que tiene San Antonio en los brazos

y el que tiene la Coromoto en las piernas.

Cuando se tiene un hijo, toda risa nos cala,

todo llanto nos crispa, venga de donde venga.

Cuando se tiene un hijo, se tiene el mundo adentro

y el corazón afuera.

Y cuando se tienen dos hijos

se tienen todos los hijos de la tierra,

los millones de hijos con que las tierras lloran,

con que las madres ríen, con que los mundos sueñan,

los que Paul Fort quería con las manos unidas

para que el mundo fuera la canción de una rueda,

los que el Hombre de Estado, que tiene un lindo niño,

quiere con Dios adentro y las tripas afuera,

los que escaparon de Herodes para caer en Hiroshima

entreabiertos los ojos, como los niños de la guerra,

porque basta para que salga toda la luz de un niño

una rendija china o una mirada japonesa.

 

Cuando se tienen dos hijos

se tiene todo el miedo del planeta,

todo el miedo a los hombres luminosos

que quieren asesinar la luz y arriar las velas

y ensangrentar las pelotas de goma

y zambullir en llanto ferrocarriles de cuerda.

Cuando se tienen dos hijos

se tiene la alegría y el ¡ay! del mundo en dos cabezas,

toda la angustia y toda la esperanza,

la luz y el llanto, a ver cuál es el que nos llega,

si el modo de llorar del universo

el modo de alumbrar de las estrellas.

Andrés Eloy Blanco

 

 

Los niños, son el mejor regalo del universo, su risa pura, su amor incondicional y su mirada ingenua. Para los que nos rodeamos día a día con niños, nos damos cuenta de su energía especial, que va más allá de ellos, y que a veces hacer reír, soñar o llorar a nuestro niño interno. Quienes trabajamos en la protección a la infancia, este poema nos llega al alma.

 

Un día leí  que la paternidad es el mejor regalo o la mejor oportunidad para ser mejores seres humanos, y recordé una entrevista a Michael Gurian que decía:

 

“Si tratas de unir la ciencia con la espiritualidad, podemos llegar a un punto que podría llamarse epifanía, te das cuenta de que no hay ejemplo mejor de lo que es Dios, que un niño. Aunque uno sea ateo, aunque no creas en Dios o en un Dios en lo absoluto, cuando se tiene un hijo se entenderá que si hay grandiosidad en el Universo. Si existe la seguridad de la paz pura, la van a conseguir en un niño, y si, ellos ven y perciben cosas para los que no tienen un lenguaje adecuado, ellos si pueden ver lo espiritual y divino, y es una de las razones por las que tenemos ese sentido de protección hacia ellos, y no solo porque son nuestra descendencia, sino porque en ellos sentimos ese sentido de divinidad, ese Dios.

 

 Si un niño no crece en un ambiente de cuidado, de protección y de guía, estaremos dañando su alma, y la forma como se manifiesta. No tiene que ser una falta de compresión del concepto de Dios, sino que como adultos, no protegerán, cuidaran ni guiaran a nadie, solo después mirándolos desde un nivel espiritual,  nos daremos cuenta que cuando un padre pega a un hijo, o son víctimas de abusos, el cerebro de ese niño o alma, se volverán tan oscuros, que no seremos capaz de sanarlos. En cierto modo es una cuestión de lenguaje, y en cierto modo podrá confundirnos, pero la clave es: NO HAGAS DAÑO A ESE NIÑO.  Dale seguridad, dale amor y así es como surgirá, la manifestación de la espiritualidad del niño, en ellos y en ti”.

 

Me quedo con estas maravillosas palabras, y me conecto con las experiencias que he podido ver día a día, en mi trabajo profesional, pero también en mi vida personal. Como he podido presenciar transformaciones humanas a través de la paternidad. Y me quedo con la palabra Paternidad, desde el enfoque del Padre.

 

 

 

La madre, en este caso, siempre ha tenido un rol más protagonista en la crianza de los hijos, hay múltiples investigaciones que evidencian esa conexión especial y única entre una madre y un hijo. Desde el punto de vista biológico como medio de supervivencia a través de la alimentación y el abrigo, como desde el punto de vista psicológico y evolutivo, como por ejemplo investigaciones sobre el apego. Desde un punto de vista histórico la madre, es la pieza fundamental en crecimiento de un niño, una pieza inigualable, un rol asignado desde nuestros ancestros más remotos. Y no solamente a las madres, pero si a la mujer como tal.

 

Pero, ¿qué pasa con el padre?, esa figura que, hasta hace no muy atrás quedaba segundo en la crianza, donde se le asignaba solo un rol proveedor. Afortunadamente, en las últimas décadas se han desarrollado investigaciones sobre la importancia del padre en el desarrollo emocional y evolutivo de un niño.  Sin embargo, la mayoría de las investigaciones se basan principalmente en el efecto que produce su ausencia. Y esto gracias a que lamentablemente (afortunadamente eso va cambiando) el padre sigue apareciendo como una figura ausente.

 

En mi práctica profesional, veo que quienes asisten mayoritariamente a consulta son las madres, a quienes también el sistema judicial (que tiene mucho peso en una sociedad, no se de manera justo o no, ya que esto sería una larga discusión), le asigna a la madre el rol fundamental en la crianza. Asignándole a ella los cuidados prioritarios en caso de separaciones o divorcios, dejándoles la mayoría de las veces la tutela y el cuidado del grupo familiar (los hijos). Para que la madre pierda, o en este caso para que el padre gane los cuidados personales de sus hijos, tiene que haber una evaluación previa de la imposibilidad de la madre, tanto física como psicológica para hacerse cargo de los hijos, de esta manera cambiar los cuidados personales asignándole  así el beneficio al padre (en el caso de Chile). Y es que estas premisas de cuidado prioritario están basadas en la importancia biológica y evolutiva histórica que han tenido las madres en el desarrollo de la sociedad.

 

Pero ¿qué ha pasado nuevamente con los padres?, ¿han perdido la batalla, o no han luchado lo suficiente? A quien se puede responsabilizar esta realidad, a la sociedad patriarcal dirían unos, a los mismos padres dirían otros. Olavarría, J. y Parrini, R. (2000) C.P Angelo Vasquez (2011), señalan:

 

“La paternidad patriarcal del siglo XX se impuso no sólo a través de procesos socio psicológicos, que tienen que ver con la subjetividad de los hombres y mujeres en el ámbito de la familia, de los grupos de pares y la escuela, en los procesos de identidad y socialización de cada persona, sino también en el ordenamiento jurídico y de las políticas públicas que permitieron, impulsaron e impusieron ésta forma particular de paternidad y familia”.

 

A un conjunto de hitos históricos en resumen.

 

¿Qué dicen las investigaciones: Son los padres importantes?

 

 

 

Es un área prácticamente nueva de  investigación: la importancia del padre en la vida familiar. Gracias al empoderamiento y la inclusión de la mujer en el aparato productivo, la familia como núcleo social ha sufrido drásticas transformaciones. Esto ha generado intereses científicos como el de Kimmel (1987), quien estudia La “Nueva Paternidad” relacionando el movimiento masculino que examina la vida del varón desde una perspectiva de género, y está conceptualizando “La Nueva Masculinidad”.      Torres y Vera hacen una recopilación de investigaciones en cuanto a la ausencia paterna:

 

  • Mclanahan y Sandefur “crecer sin padre: una perspectiva sociológica”. Realizan un estudio longitudinal de 70.000 adolescentes y adultos jóvenes de ambos sexos a lo largo de casi 20 años,  estudiando riesgos de interrumpir estudios secundarios, riesgo de permanecer sin estudiar ni trabajar por períodos prolongados y riesgo de embarazo en la adolescencia, comparando principalmente la diferencia entre los jóvenes que crecieron con padres a los que no. El estudio demostró una diferencia significativa entre ambos grupos, siendo los jóvenes con ausencia de padres quienes tienen mayor riesgo a  presentar estas condiciones sociales.

 

  • H. B. Biller(1974), en sus estudios sobre el del padre en la crianza, también refiere un alto impacto en el rendimiento académico, dividiendo el grupo de estudio en cuatro: Padre ausente con pérdida anterior a los 3 años de edad, Padre ausente con pérdida posterior a los cinco años de edad, Padre presente con menos de seis horas de convivencia por semana, Padre presente con más de catorce horas de convivencia por semana. Presentando mayores dificultades y riesgos de deserción escolar aquellos niños con padres ausentes. El estudio demuestra como el contacto con el padre y el desempeño académico está fuertemente correlacionado.

 

  • Llad Phillips y William Comanor (2002), en california realizaron un seguimiento en  15.000 adolescentes en la cual encontraron una fuerte asociación estadística entre ausencia del padre y delincuencia juvenil y conductas violentas: un punto importante de este estudio, es que el impacto de una madre ausente respecto de la variable criminalidad es casi nulo, lo que confirma la especificidad de la figura paterna respecto de la conducta transgresora.

 

 

¿Pero, qué pasa cuando el padre está presente, qué pasa cuando un padre se involucra?

 

http://https://www.youtube.com/watch?v=hKxyuwYNH2o

 

Este video que trajo tantas reproducciones en pocos días, y muestra como en la actualidad los padres están participando mas activamente en las actividades en sus hijos. Como pueden ver en la cara de las niñas, y también de los padres,   esta experiencia las va a marcar de por vida, y va a fortalecer el vínculo entre ellos.

 

  • Un padre que ha logrado involucrarse en el desarrollo de su hijo(a), desde el inicio se convierte en un referente significativo para éste trayéndole múltiples beneficios. Pruett Kyle en su publicación sobre la importancia del padre en el 2001 evidencia los cambios ocurridos en el cuerpo del niño recién nacido, pudiendo diferenciar al padre de la madre a partir de los 6 meses, indicando que en la presencia de la madre, el niño se muestra más relajado, con los hombros más suaves y el ritmo cardiaco más lento, en cuanto en la presencia del padre (del que ya reconocen su voz y olor) evidencian una aceleración del ritmo cardiaco, abren los ojos  muestran mayor brillosidad e intensidad en la mirada.

 

  • Frank y Biller en 1981 comprobaron que aquellos niños que tuvieron una exposición frecuente al padre entre los 2 años de vida, tienden a ser más curiosos, con mayor seguridad en su exploración y en la manera como descubre el mundo. Igualmente indican que una vez iniciada su vida escolar estos niños presentan mejores proyecciones en su adaptación social, teniendo más posibilidad de socialización, mejor capacidad de espera y mayor tolerancia a la frustración, igualmente hacen honor a lo que las investigaciones en éxito escolar refieren, ya que indican que estos niños, quienes tienen al padre como figura referente tienen mejor capacidad para enfrentar las tareas escolares, mayor confianza en sus propias habilidades y mejor desempeño académico.

 

  • Ross Parke, investigador y psicólogo, indica que le padre también tiene un papel fundamental en diferentes aspectos, por ejemplo, los padres motivan a los niños a realizar juegos menos convencionales, ayudándoles en la exploración del mundo, como indican los investigadores anteriores, esto les ayuda a desarrollar confianza en sí mismos y confianza en el mundo externo. Igualmente este investigador refleja la importancia del padre en la autorregulación de emociones, en el desarrollo de la empatía y en la internalización de normas. El padre según este investigador también  muestra con mayor capacidad para establecer disciplina, y para ejercerla. De manera que ayuda al niño en su ajuste en la sociedad y en el respeto por los otros.

 

Hay otros estudios que demuestran los beneficios de la presencia de un padre en el crecimiento de un niño en áreas como el desarrollo cognitivo e intelectual, en el desarrollo social y hasta en el desarrollo físico, poniendo al límite las reglas de la genética. En síntesis a presencia del padre traspasa diferentes áreas que favoereceran un mejor desarrollo en el niño (a).

 

Estar, pero de verdad.

 

Traigo el relato de una madre, la cual me dijo una vez

 

Caso de D. de 4 años.

“El padre y yo estamos separados, aunque vive en la misma ciudad lo ve poco, y cuando lo hace el niño sigue poniéndose ansioso e irritable ya que para él, su padre sigue siendo un personaje desconocido, porque lo ve solo 1 vez cada 15 días.  Yo logre establecerme en pareja otra vez, y mi pareja se ha convertido en una figura paterna para mi hijo, aunque él sabe que él no es el papa, ni lo llama papa, una vez salimos a dar un paseo todos, y el niño vio a su padre junto a mi pareja, salió corriendo a abrazar a mi pareja para saludarlo y no a su padre quienes venían en el mismo camino, el padre de D me reclamó por esto”.

 

Este tipo de relatos son más frecuentes de lo que uno quisiera, padres que luego de una separación también se desvinculan de sus hijos, haciéndoles victimas de olvidos y de desilusiones. ¿Quiénes son los responsables de que los niños salgan corriendo a abrazarlos? Es el padre en este caso quien ha decidido perder terreno y quien se ha perdido de la oportunidad maravillosa que le ha dado la vida de ver crecer a su hijo.

 

Aunque la justicia está de parte de las madres para otorgar los cuidados de los hijos en caso de separaciones o divorcios, también la justicia premia y alienta a los padres a no perder el vínculo con sus hijos. Es deber de los padres ganar y luchar espacios en igualdad de condiciones en el área de la justicia en cuanto a la crianza de sus hijos.

 

Por fortuna he podido ver las dos caras de esta moneda.

 

  • Ver padres ilusionados y comprometidos a 1000% en su paternidad, disfrutando de cada etapa del crecimiento de sus hijos, y sobre todo cumpliendo con su deber de proteger, de cuidar, de alimentar y de educar. Y por resultado he podido ver crecer estos niños sanos y seguros de sí mismos.

 

  • La otra cara, la lamentable distancia de algunos padres hacia sus hijos. Limitándose solo a realizar el pago mensual de su manutención (que en algunos casos son mínimos o míseros). Y también los efectos que esto ha producido en alma y en el corazón de estos niños, con desconfianza por el mundo adulto, tristeza en sus ojos por esa ausencia, inseguridad en sí mismos y haciendo un trabajo cuesta arriba por levantarse a pesar de la ausencia de una figura idealizada en un primer momento: su padre.

 

La palabra clave: trabajo en equipo y paternidad comprometida.

 

 

Jorge Barudy hace una trabajo en parentalidad hermoso, y pone en evidencia que ambas figuras, tanto el padre con la madre tienen cualidades y competencias que le permiten el ejercicio de la parentalidad de forma igualitaria. Ambos aportando su grano de arena.

 

Por fortuna, hay una creciente manifestación y movimiento social de padres comprometidos con su rol protagónico en el crecimiento de sus hijos. Encontramos hoy a padres participando en labores domésticas, en talleres para padres e hijos (a), participando en la educación activa, igualmente levantando movimientos sociales como “igualdad parental” en temas jurídicos. Quienes han entendido que ellos “no ayudan”, ellos están ejerciendo su Derecho pero sobre todo en SU DEBER en la paternidad.

 

Ser un padre comprometido es estar físicamente accesible, emocionalmente dispuesto, y mentalmente comprometido. Una figura presente y contenedora, formadora y guiadora.

 

Para esto se necesita una relación entre padre y madre que promuevan un contexto familiar respetuoso y positivo. En nuestra consulta profesional podemos observar y ver las consecuencias de un contexto familiar toxico y nocivo, generando múltiples enfermedades psicosociales y lesiones en los niños, pero también podemos ver los efectos de un contexto familiar nutritivo y motivador, generando niños mas seguros y  felices.

 

Entonces está demostrado el éxito en la vida de un niño cuando estos tienen relaciones nutritivas y positivas con sus figuras de apego, principalmente con sus padres. Una parentalidad compartida por padres comprometidos asegura la felicidad y la salud mental y emocional de un niño.

 

Cierro con esta pregunta

 

¿Cómo quieres que te recuerden tus hijos cuando ellos ya sean adultos?

 

http://https://www.youtube.com/watch?v=_ytMXGkEiPk

 

 

Referencias Bibliográficas:

 

  • Paternidad y Crianza. Representaciones significativas en progenitores post separación/divorcio, desde la construcción de sus masculinidades. Angelo Fuentealba, 2011. Chile.

 

  • El rol de padre y la influencia en sus hijos. Vicuña y  Reyes. Fundación Chile Unido. 2002

 

  • Síndrome de Alienación Parental. Aguilar, J. (2005).

 

  • Los buenos tratos a la infancia: parentalidad, apego y resiliencia. Barudy y Dantagnan. 2009.

 

Pongamos ritmo a nuestra vida

Te propongo algo. Puedes colocar tu mano sobre tu corazón, cerrar los ojos, y permanecer así unos instantes, sencillamente permitiéndote vivir este momento en toda su inmensidad. Sentirás ese latido que marca el ritmo de la vida, su fuerza, su resonancia, su regularidad, su variación. Seguramente también sentirás el ritmo de tu respiración. Experimenta con ella, hazla más profunda, y comprueba qué ocurre con tu ritmo cardiaco. Si te fijas, la vida es ritmo. El ritmo es vida.

 

Conectando con nuestros ritmos internos

 

¿Qué entendemos por ritmo?

Si consultamos el diccionario de la Real Academia de la Lengua, ritmo tiene diversas acepciones. Se define como el orden acompasado en la sucesión o acaecimiento de las cosas. También como la sensación perceptiva producida por la combinación y sucesión regular de sílabas, acentos y pausas en el enunciado, especialmente en el de carácter poético. Y a nivel musical, como la proporción guardada entre los acentos, pausas y repeticiones de diversa duración en una composición musical.

Si buscamos un nexo que conecte todas estas acepciones, nos encontramos con el tiempo como el elemento que nos permite captar un orden cíclico en lo que nos rodea. Y el sentido que más se ha especializado en captar ese orden es el oído.

 

 

¿El movimiento como impulsor?

Si nos detenemos un poco a reflexionar, nos daremos cuenta de que el lenguaje existe gracias al ritmo. El ser humano ha aprendido a organizar diferentes sonidos en el tiempo, con una acentuación y pausas, con una entonación concreta, que le ha permitido expresar aquello que lleva en su interior, y también organizar lo externo. ¿Y de dónde surge esta capacidad humana?

Parece que el movimiento es el impulsor de toda nuestra conciencia rítmica sonora. Si bien diversos pedagogos musicales han contribuido a esclarecer este hecho, las observaciones sistemáticas realizadas por Edwin Gordon en la segunda mitad del siglo XX han sido fundamentales para comprender la importancia del balbuceo musical como etapa en la que los bebés y niños pequeños experimentan a través del movimiento y los sonidos emitidos por ellos mismos sus propios ritmos internos, como el de la respiración, y van tomando conciencia de que ante un estímulo musical externo, su cuerpo responde, y paulatinamente aprenden a coordinar sus movimientos. Es una capacidad innata en el ser humano. Somos seres musicalmente rítmicos.

 

 

Lo que las últimas investigaciones en neurociencia van confirmando es cómo ese desarrollo del sentido rítmico influye en otros aprendizajes. La exposición temprana a entornos musicales va a favorecer un mejor desarrollo de las habilidades motoras, de la coordinación, y derivado de todo ello, también va a tener una influencia importante en el desarrollo del lenguaje. Los ritmos musicales de cada cultura tienen mucho que ver con las características de la lengua predominante en esa cultura. Y cuando un niño está inmerso en ese entorno musical desde el disfrute y el juego, absorbe a través de su cuerpo, no de su mente, una forma de sentir el ritmo y de integrar posteriormente el lenguaje.

El empleo de un habla cantada, como el uso de recitados o rimas, junto con movimientos coordinados amplios y fluidos, es una forma excepcional de captar la atención de los más pequeños, disfrutar con ellos, y facilitar un aprendizaje desde edad temprana que cristalizará en los años posteriores.

 

¿Qué conexión hay entre nuestro sistema auditivo y motor?

Desde la década de 1990, ha habido una gran cantidad de investigaciones que ponen de manifiesto la conexión a nivel cerebral entre nuestro sistema auditivo y nuestro sistema motor, que facilita enormemente el desarrollo de movimientos. Este acoplamiento se basa en el proceso de arrastre (entrainment, en inglés). La definición técnica del arrastre hace referencia al ajuste temporal con el que la frecuencia de movimiento o señal de un sistema arrastra la frecuencia de otro sistema. El ejemplo que se expone habitualmente es el de dos péndulos con diferente ritmo, que terminan acoplándose.

Nuestro sistema auditivo tiene la capacidad de detectar patrones temporales en señales auditivas con una precisión y velocidad extremas, mayores que la de los sistemas visual y táctil. El gran descubrimiento es que los estímulos auditivos rítmicos pueden arrastrar respuestas motoras. Escucha una música que te guste y que tenga un ritmo claramente perceptible. Seguramente sentirás un impulso interno para mover pies, manos, hombros. Si te alejas de la mente, es decir, si no pretendes seguir el ritmo, sino que sencillamente te dejas sentir y sumergir en la vibración sonora de la canción, tu cuerpo se ajustará inconscientemente al ritmo marcado por ella.

 

¿Qué aplicaciones tiene el ritmo en la rehabilitación neurológica?

La mayor repercusión de este hallazgo ha sido su aplicación para la rehabilitación motora. Las personas con enfermedad de Parkinson, hemiparesia derivada de un ictus, parálisis cerebral y otras alteraciones a nivel cerebral conservan la capacidad de arrastre, y por tanto, el empleo de estímulos auditivos rítmicos puede facilitar su rehabilitación a nivel motor. Un ejemplo es la demostración de la mejora de la marcha en personas con Parkinson.

La estimulación auditiva predispone al sistema motor hacia el movimiento. Esta preparación aumenta la calidad de la respuesta posterior. Además, los estímulos rítmicos crean plantillas temporales estables y previsibles. La anticipación es un elemento crucial para la mejora de la calidad de movimiento, puesto que es posible ajustar mejor los parámetros musculares inconscientemente.

 

 

¿Y qué permite el ritmo a nivel emocional y social?

Más allá del movimiento rítmico, el modo en el que los seres humanos han creado sus propios ritmos sonoros ha sido a través de la percusión. Percusión corporal, en la que las manos, pies, torso, brazos, se convierten en un instrumento sonoro con el que establecer ritmos, o bien percusión instrumental, en la que el mundo de los tambores, diferentes según las culturas, mueve aspectos profundos de la esencia humana.

 

 

La percusión nos conecta con el cuerpo, con la tierra, con nuestra parte más animal e instintiva. Nos aleja de la mente, en cierto modo, nos desdibuja nuestra identidad, y desde ahí nos abre a conectar desde otra dimensión con el otro. Si quieres sentirlo, solo es necesario que estés, al menos, con otra persona. Marca un ritmo estable sobre tus piernas. Y deja que la otra persona marque el suyo. Tarde o temprano os acoplaréis, y seguramente comenzarás a sentir que tu interior se expande, que tu cuerpo se mueve sin que lo provoques, y habrá un cambio en tu estado de ánimo. Os habréis sincronizado, por fuera y por dentro.

La ciencia ha demostrado que el movimiento sincrónico entre adultos aumenta la cohesión grupal y la cooperación social. El movimiento sincronizado parece tener efectos prosociales, tanto si está acompañado o no por música, pero la predecibilidad temporal de los ritmos musicales proporciona un contexto ideal que respalda ese movimiento sincronizado. Ya desde niños desarrollamos esta capacidad.

Si estás ante un niño retraído o enfadado, muéstrale un tambor, o cualquier instrumento que tenga un parche, y dale unas baquetas para golpear. Si tienes tú otro, genial. Seguramente se ponga a golpear, a expresar físicamente aquello que no sabe decir en palabras y que le desborda interiormente, y si le acompañas, escuchando y respetando su ritmo, os sincronizaréis, y se producirá un cambio en el interior de ambos. Seguramente habrá una subida intensa, y luego un descenso para llegar a un punto de serenidad compartida. Quizá sea más fácil poner palabras a lo sentido tras esta intensa experiencia.

 

Los círculos de tambores como herramienta de conexión

Compartir la percusión instrumental con otras personas, es decir, formar un círculo de tambores, es una de las formas en las que los primeros humanos aprendieron a compartir emociones y estados anímicos más allá de las palabras. Fortalecía la sensación de grupo, y el hecho de que se tratara de movimientos rítmicos y predecibles facilitaba que se pudiera entrar en otros estados no ordinarios de conciencia.

La ciencia va demostrando el carácter terapéutico de estos círculos. Tanto a nivel físico, con mejora de parámetros inmunológicos y de rendimiento, como psicológicos, como la reducción del estrés y la mejoría del estado anímico, así como una conducta más prosocial. Incluso hay experiencias de empoderamiento a nivel social basadas en los círculos de tambores.

 

 

Y llegados a este punto, y como reflexión final, me doy cuenta de que nuestra mente siempre necesita datos para confirmar aquello que es intuitivo, que nuestro cuerpo ya sabe y siente. Seguramente si dejáramos que el ritmo guiara nuestro cuerpo, nuestra mente se abriría a dejarnos guiar por el propio ritmo de la vida, sin tanta necesidad de controlar racionalmente, sin tanto esfuerzo. Cerremos los ojos y sintamos de nuevo nuestro corazón. ¿Te animas a balancearte y dejarte mecer por la vida?

 

 

Referencias bibliográficas

  • Gordon, Edwin E. (2007). Learning sequences in music: a contemporary music learning theory. GIA Publication Inc.
  • Stevens, Christine (2014). La música como medicina. Ediciones Urano.
  • Thaut, Michael; Hoemberg, Volker (2014). Handbook of Neurologic Music Therapy. Oxford University Press.

¿Prescindimos del alma en el s. XXI?

Cabe la posibilidad de que el día de mañana podamos prescindir del concepto de alma. La idea de una entidad espiritual ha acompañado toda la vida al ser humano, pero muchos son los que se plantean desde hace un tiempo que podemos comenzar a despedirnos de ella.

Es bien sabido que el concepto de «alma´´ ha contenido numerosos significados, siendo uno de ellos la esencia de aquello que mantiene nuestro cuerpo con vida. Entre otras cosas, el hecho de creer en la existencia del alma, ayuda a millones de personas a perder el miedo a la muerte, ya que a través de ella pueden abordar temas que trascienden más allá de la existencia terrenal.

  <<El alma es inmortal y migra pasando de una forma de vida a otra>> 

                                                         (Pitágoras de Samos, filósofo y místico, 570-510 a.C.)

Repasando la idea de alma

A pesar de la transformación que ha ido sufriendo este concepto a lo largo de la historia, está claro que nunca ha desaparecido ni de nuestro lenguaje cotidiano ni de nuestras mentes.  Normalmente solemos tener expresiones como: «no había ni un alma en la fiesta´´ o «salió corriendo como alma que lleva el diablo´´y aún hoy por hoy hay personas que conciben el alma teñida de connotaciones fastasmagóricas y esotéricas, haciendo de esta entidad un «algo´´ que pertenece al más allá.

Sin embargo, en los avances científicos dentro del campo de la psicología, vemos que todas aquellas hipótesis ambiguas que pudieran contener sentidos espirituales, han ido desapareciendo progresivamente. El objetivo ha sido siempre la constatación empírica que ha ido sustituyendo la «ciencia del alma´´ (como en ocasiones se ha denominado a la psicología) por la «ciencia sin alma´´ o ciencia empírica.

La reminiscencia de las tradiciones antiguas que consideraban el alma como parte esencial de la existencia humana, se sigue manteniendo en nuestro imaginario colectivo. El ser humano está necesitado de una instancia duradera que le confiera cierta identidad, y muchas veces esto se nos escapa de la realidad material en la que vivimos sumergidos. Tanto es así que hasta conferimos a animales, plantas u objetos un núcleo espiritual que los mantiene con vida y que les es esencial para su propia existencia.

 

 

Este hecho descansa sobre la creencia de que nuestros «estados mentales´´ pueden continuar después de la muerte, conformando así el concepto de alma. De este modo le conferimos dicha capacidad espiritual a casi todos los seres vivos u objetos que nos generan apego.

 

¿Como vemos el alma?

Dentro de las diferentes representaciones del alma que han existido en épocas y culturas pasadas, la que mas ha predominado ha sido considerarla como una esencia inmortal que define el concepto del sí mismo. Cuando afirmamos que «alguien no tiene alma´´, normalmente hacemos referencia a aspectos de su personalidad o forma de ser/actuar. 

Por otro lado también solemos darle ciertas características espaciales a este concepto, siendo capaz incluso de cambiar su forma o apariencia,  de separarse del cuerpo o localizarse en el espacio. Esto es bastante paradójico teniendo en cuenta su naturaleza no corpórea.

 

Experiencia extracorpórea

 

Claramente se trata de un intento de cosificar algo que ni si quiera es un objeto y lo hacemos con la intención de hablar de estados mentales que no podemos comprender o afrontar si no es con metáforas o sentido figurado. 

A pesar de tratarse de un error categorial que aparenta carecer de toda lógica posible, las personas no solemos tener problemas para aceptarlo. Es entonces cuando surgen numerosas cuestiones sobre cómo puede influir el alma en nuestro cuerpo. Ya Descartes hablaba de la ubicación del alma en la epífisis, lugar físico que permitía conectarse con el cuerpo. 

Pero como contraposición, sobre todo para aquellos más escépticos, encontramos el dualismo intuitivo con el que nos hemos criado a lo largo de toda nuestra vida. Desde pequeños aprendemos a diferenciar los estados mentales de lo material, ya que muchas de las cosas que pasan por nuestra mente no se encuentran reflejadas en la realidad. Esto dificulta la concepción del alma como parte influyente en el cuerpo, pues se trata de materias distintas y la mente racional no puede percibir el alma en ninguna parte.

 

Concepto metafórico

 

Sin embargo, si seguimos cuestionándonos, ¿qué es lo que hace que mi cerebro actúe por si mismo? parece difícil encontrar una clara respuesta. Podemos rescatar  la idea del Primer motor inmóvil de Aristóteles, ¿pero dónde se encuentra? Parece ser que nadie lo ha visto… y hasta ahora nuestro cerebro no aparenta poseer ninguna instancia autónoma que determine sus decisiones conscientes y comportamientos. ¿Entonces cabría aquí la posibilidad de incluir el alma dentro de la fórmula? Algunos piensan que si, otros no tanto (si a la ciencia nos remitimos).

Si creemos o no, es subjetivo

En muchas ocasiones hemos podido escuchar la expresión «ha vendido su alma al diablo´´ y lo que podemos deducir de ella es el significado subjetivo de que alguien ha faltado a sus principios por un beneficio mayor. 

Son algunos los estudios que revelan que la creencia o concepción del alma atañe al modo en cómo pensamos sobre nosotros mismos y los demás. Es decir, parece que el alma puede servir como un refugio para nuestro autoconcepto y percepción del mundo. 

Por otro lado, el alma nos permite perder el miedo a la muerte, porque si nos paramos a pensar en qué será de nosotros cuando «pasemos al otro mundo´´ seguramente nos podamos imaginar o vagando por la penumbra de la noche, en el limbo o siguiendo una brillante luz. De algún modo nos imaginamos desde fuera y esto refleja nuestra necesidad de compensar de algún modo la idea de la propia inexistencia. 

 

Ascensión del alma después de la muerte

 

Nuestro cerebro automáticamente se disocia de la idea de muerte, ya que si estuviésemos pensando en nuestro ultimo día durante todos los días, no seríamos capaces de vivir tranquilos. Y cuando se nos ocurre pensar en la muerte, nos contamos la «historia´´ heredada culturalmente, de nuestra permanencia en algún otro lugar inmaterial. Imaginarnos cómo es estar muerto, excede nuestra capacidad representacional. Es evidente que nuestra mente retrocede ante la posibilidad de no existir.

A todo esto cabe añadirle que somos capaces de aceptar que hace cien años no existíamos. Pero no aceptamos con mucho gusto la idea de no existir dentro de cien años. Este podría ser uno de entre los varios motivos que nos facilitan la creencia de poseer un alma que además de persistir en el mas allá, nos mantiene vivos en el presente. 

«SI EL ALMA ES INMORTAL, NUNCA DESAPARECERÉ…´´

Objeción científica 

Desde la ciencia podemos encontrar cada vez más explicaciones de sucesos próximos a la muerte o experiencias como el dejà-vu, que descartan por completo el concepto de alma o del mas allá. Como consecuencia, dentro de este terreno va avanzando  la comprensión de la mente desde fenómenos basados en leyes naturales.

Incluso en el campo de la filosofía encontramos especialistas que afirman que en este siglo no tiene por qué haber problemas para despedirnos de la idea clásica de un alma inmortal. Parece que la neurociencia cognitiva ayuda en esta idea, puesto que dilucida con precisión el modo en el que el cerebro lleva a cabo sus funciones mentales. 

 

 <<He diseccionado muchos cadáveres y nunca he hallado un alma>>

                                                                (Rudolf Virchow, médico, 1821-1902)

 

Evidentemente este avance repercute en el modo en el que percibimos nuestros procesos mentales y la idea de que pueda existir un mas allá va siendo difícil de argumentar con «tanta facilidad».

En sus inicios, se consideraba al alma como una entidad superior a la consciencia, comprendiendo un principio vital para la vida. Sin embargo con el paso de los siglos, hemos ido obteniendo mas información sobre el funcionamiento fisiológico del cuerpo y de la mente, por lo que se ha ido desechando este constructo como medio de explicación de las funciones vitales. Hoy en día empleamos el concepto de alma como sinónimo de psique, lo cual la destierra de toda connotación extrasensorial. Esto demuestra que el concepto seguirá transformándose con el paso del tiempo. 

Entonces nos surge la cuestión de si estos avances implican que el alma vaya quedando cada vez más encapsulada en el ámbito de la fe… Algunos profesionales afirman que el alma inmortal hoy ya solo es un concepto teológico, pero a pesar de ello sigue habiendo personas que se aferran a ella porque les hace sentir mejor o porque les aporta unidad personal y cierto auroconcepto de sí mismas. 

Cierto o no, la creencia en el alma no podemos fundamentarla con argumentos concluyentes, lo que hace que algunos se refuercen en ideas como que ya estamos inmersos en un proceso en el cual nos estamos deshaciendo de la creencia en el alma y en el mas allá. La ciencia aboga por sustituir viejos enfoques por otros nuevos que se presentan mas explicativos y empíricos. De este modo, el avance se determina eliminando los supuestos errores de hipótesis aparentemente obsoletas. 

Como conclusión 

Podremos decir que los concepto de alma, cerebro y consciencia han ido cambiando sus sentidos y significados a lo largo de la historia. Pasando por funciones religiosas, metafísicas, culturales y científicas, se han ido adaptando a los tiempos de guerras, tratados y descubrimientos científicos. 

Todo esto refleja que este proceso todavía no ha llegado a su fin. Nuestra comprensión se ve comprometida y seguirá evolucionando en función de los avances científicos, clínicos y filosóficos.

Horkheimer: la opresión del individuo moderno

Continuamos en esta entrada con la Crítica de la razón instrumental (1947) del filósofo alemán Max Horkheimer, perteneciente a la Escuela de Frankfurt. Si en la anterior exponíamos su crítica a la concepción de la naturaleza como mero medio de supervivencia al servicio de una razón que se entiende como pura capacidad de adaptación, en ésta exponemos su crítica a la opresión que sufre el individuo por las estructuras de poder sociales, económicas y culturales en la época del industrialismo.

Afirma Horkheimer que la individualidad es propia de sociedades civilizadas y sus capas superiores. La individualidad presupone el sacrificio voluntario de placeres presentes en aras de la seguridad y conservación espiritual y material de la propia existencia. Cuando no hay posibilidad de llevar vida de ese tipo no hay alicientes para eso.

La individualidad empieza a gestarse en la Polis griega, según Horkheimer. Sócrates fue el primer filósofo de la individualidad. Con él empieza a ponerse de manifiesto la contradicción entre la conciencia individual y el Estado. Las filosofías helenísticas separaron al individuo del Estado, claudicando así de la emancipación del individuo, que siempre supone la emancipación de una sociedad atomizada, no la separación respecto a ésta. Las virtudes deben ser virtudes sociales siempre además de individuales; cuando el hombre se olvida de los asuntos comunes, políticos, la tiranía se impone.

En la Edad Media la idea de individuo se vio fortalecida con el cristianismo. El hombre, cada hombre, es creado a imagen de Dios, siendo todos iguales ante él. Dios a su vez se hace hombre en la figura de Cristo, presente como luz interior en el alma de cada sujeto humano, que aspira a la inmortalidad y salvación individual. Mediante la devaluación del yo empírico el individuo adquiere un nuevo valor trascendente, sostiene Horkheimer.

En la era de la libre empresa, la individualidad se subordinó a la razón autoconservadora: se convirtió en mera síntesis de los intereses materiales. Para el liberalismo burgués el progreso de la sociedad reside en la interacción recíproca automática de los intereses divergentes en un mercado libre. El individuo persigue sus intereses a largo plazo privándose de las satisfacciones inmediatas (ascetismo intramundano preparado por el calvinismo). El individuo burgués no veía la oposición con la comunidad, sino que creía que sólo la competencia entre individuos traería armonía social.

La época de la gran industria ya no es la de empresarios pequeños propietarios individuales con capacidad para predecir el futuro, dice Horkheimer. El individuo tiene mayores posibilidades pero también mucha mayor incertidumbre, y sus decisiones concretas son más efímeras. Cada vez depende menos de su capacidad de previsión y más de las luchas naciones e internacionales de los colosos de poder. En la medida en que el individuo se adapta a todos los grupos de poder en los que entra, en la medida en que se transforma en miembro de organizaciones, en que sacrifica sus posibilidades para complacer a tales organizaciones y a conquistar influencia en ellas, consigue sobrevivir. Se trata de supervivencia por mimetismo. Un pensamiento que no esté al servicio de unos de esos grupos, al servicio de la industria, es nulo. Los anuncios imbéciles, producción de instrumentos de dispersión, han convertido la utilidad en evangelio.

La organización del trabajo es un negocio más, afirma Horkheimer. La fuerza de trabajo no sólo es comprada por la fábrica y subordinada a las exigencias de la técnica, sino que es administrada también por los sindicatos. Paralelamente al desvanecimiento de las ideologías religiosas y morales y a la eliminación de la teórica política en valor de la investigación empírica en sentido positivista (la sociología ha capitulado de su intención crítica y transformadora de la sociedad), el pensamiento de los trabajadores tiende a amoldarse a la ideología mercantil de sus líderes. Bombardeados constantemente por las técnicas de la cultura de masas que inculcan los patrones de conducta, han aprendido que lo mejor es seguirlos, aceptar la injusticia.

Tanto el trabajo asalariado como el capital están interesados en mantener y ampliar sus controles. Ambos son tecnocráticos. Se condena la improductividad y el capital ocioso; el propio descanso se ve como un vicio cuando no es necesario para realizar un trabajo ulterior. No se trata de la producción sin más, sino de las formas en las que tiene lugar: las relaciones recíprocas de los humanos en el seno del industrialismo. El esfuerzo, la invención y la investigación se convierten en ídolos. El trabajo duro ya no se recompensa por la esperanza en una plenitud, sino que la actual ideología glorifica el trabajo por el trabajo mismo, conduciendo al rencor hacia todo trabajo. La decadencia del individuo no se debe pues a los logros técnicos ni al hombre, sino a la estructura del espíritu que gobierna la vida social. El espíritu objetivo de este tiempo adora la técnica, la nacionalidad y la industria sin conferirles un sentido.

La productividad, su relevancia económica, es la utilidad para las estructuras de poder, y no para las necesidades de todos. La pérdida de individualidad de los miembros de la sociedad no se ve recompensada por la racionalidad de la organización. No hay zonas de seguridad ya; el individuo no se puede mantener en pie ante la maquinaria social. Frente a la ideología dominante, la reflexión crítica debe reivindicar como verdaderos individuos a los mártires, a las víctimas de la opresión, y no a las hinchadas personalidades de la cultura de masas ni a los dignatarios. Para Horkheimer la tarea de la filosofía es traducir lo que han hecho dichas víctimas a lenguaje.

 

Referencias:

Horkheimer, M., Crítica de la razón instrumental, Trotta, Madrid, 2002

El lado sanador de la creatividad tras un trauma

La resiliencia implica necesariamente, el haber sufrido un trauma previamente. En esta entrada voy a tratar la sanación del trauma a través de la creatividad, que será el vehículo hacia la resiliencia.

El trauma supone un evento que sorprende, genera impotencia y tiene significado para la persona. Precisamente por el significado que contiene, su recuerdo no desaparece por mucho que la persona luche por controlar sus pensamientos o reminiscencias. Así pues, uno llega a entender e incluso a aceptar que es inútil seguir luchando en contra de la aparición de éstos, pero ¿cómo puede seguir viviendo con este recuerdo?

Lograr convivir con el trauma implica la búsqueda de soluciones creativas. Este tipo de respuesta es el vehículo de salvación tanto para los adultos como para los niños que han sufrido o incluso sufren en un periodo continuado un trauma. Por regla general, los niños que han sufrido un trauma, repiten sus acciones y por ello actúan en el juego de forma monótona y repetitiva hasta que logran a través de pequeñas modificaciones, sentirse menos indefensos. Sin embargo, los adultos, empleamos otras vías como son la narrativa o discurso, los sueños o visualizaciones.

Dado que erróneamente los adultos intentamos explicar, justificar o razonar los traumas con los más pequeños, me gustaría hacer unos breves apuntes de cómo los niños trabajan los traumas por sus propios medios.

Normalmente, el juego en los niños suele ser rico tanto en temática, como en personajes y escenario. Sin embargo, tras haber sufrido un trauma el juego del niño suele cambiar radicalmente, empobreciéndose, de manera que pese a cambiar de personajes o de juego, la temática se mantiene en todos ellos, siendo el tema repetitivo la propia experiencia traumática. Gaynor Lacey estudió en los años 70 a niños que habían sufrido el mismo evento traumático en la escuela. Describió las consecuencias de este trauma refiriendo la monotonía de los juegos, además de presentar ciertas dificultades y cambios en el desarrollo de la personalidad.

Con la monotonía en el juego o la repetición se busca aliviar la tensión del trauma. Así, el juego postraumático se caracteriza por ser un juego monótono que busca cumplir un deseo interno, que bien puede ser buscar una vía para soportar el miedo o bien, el deseo de cambiar el final por uno feliz. En la repetición del juego, el juego no libera ansiedad, al contrario, puede llegar a crear más tensión o sentimiento de indefensión, porque independientemente de los caminos que tome el niño en el juego, el final siempre es el mismo. Debido a que el trauma exige cambio y creación de alternativas, el juego no sólo perdura sino que aumenta la creatividad. Ésta surge en el momento en el que tras el juego repetitivo el niño logra deshacer la experiencia, modificando las respuestas que dan los personajes del juego e incluso creando nuevas soluciones y así se logra el alivio.

A través de la narrativa, uno construye formas de representar el mundo que lo hacen más comprensible. El poder entender, percibir el mundo como coherente proporciona seguridad. Y esto mismo puede suceder cuando narramos las heridas. Reconstruir un recuerdo provoca cambios en nuestro discurso, en cómo lo narramos y por tanto en la emoción, de manera que en la expresión del mundo íntimo encontramos una vía para mejorar el control emocional. En el caso de los niños que emplean la narrativa como medio sanador, éstos no obtienen el resultado reparador que esperan porque el grado de comprensión, abstracción y creación de significado a través de la narrativa es mucho menor que el de los jóvenes o adultos.

Un claro ejemplo de las dificultades que presenta la narrativa en los niños se refleja en los denominados “niños adultistas”. Ante el daño que le puede provocar un adulto con el que mantiene una relación afectiva, como un profesor o los propios padres, el niño se ampara en un discurso de tipo: “pobre, no sabe controlarse”, “me da pena”, “no sabe hacerlo mejor”.

Este comportamiento adulto puede verse como un intento por evitar enfrentarse a una realidad mucho más dura, pero exige una capacidad de control excesivo. Además, la narrativa del niño busca encontrar una forma de ser amable con el adulto no para lograr su amor, sino para liberarse y no depender del amor de los otros. Por lo tanto, con esta vía el pequeño no logra reparar el vínculo sino afianzar un patrón de relación más bien evitativo o distante ante otras posibles relaciones afectivas.

Cuando se habla de trauma durante la infancia, la primera cuestión que suele venirnos a la cabeza es el papel de los padres, ¡¿pero cómo no se dan cuenta?!

Por regla general, los padres suponen para el niños un refugio seguro en aquellos momentos en los que sufre algún malestar. Los padres ofrecen protección, consuelan y organizan los sentimientos del pequeño y el niño se apoya en los padres para explorar porque tiene la certeza de que éstos lo cuidan en la distancia. Pero lo cierto es que sólo un tercio de la población tiene la suerte de contar con este nivel de seguridad hacia los padres.

Lo más común es encontrarnos con jóvenes que sufren de grandes carencias afectivas bien porque se encuentran en una situación en la que la familia se encuentra en riesgo de exclusión social o en una familia que en búsqueda de éxito, no ofrece seguridad a los hijos al no ocupar el lugar que le corresponde en la vida del niño. En ambas situaciones lo que se produce es una baja disponibilidad física y/o emocional de los padres, de manera que el niño no puede contar con este refugio seguro en el que ampararse. Un caso extremo sería el aislamiento sensorial, en la que se da una privación afectiva tal que el niño se muestra hipersensible a cualquier estimulación y con más intensidad si es de tipo afectivo. En estos casos el niño no sufre por dolor ni pérdida sino que vive la indiferencia, un abandono de tipo emocional que produce un embotamiento de sus percepciones bien por no existir una figura afectiva destacada o bien porque las vivencias de uno no tienen significado; en ambos casos el resultado es la creación de un mundo bastante borroso y desestructurado.

Retomando el ejemplo de los niños adultistas, si nos encontramos en una familia en la que los padres no muestran empatía por el niño, puede que éste llegue incluso a responsabilizarse de la situación actual de los padres. Así, cuando uno juega a ser adulto, o cuando se siente mayor crea una imagen de sí mismo como “bueno” al hacer felices a otros, ser fuerte, no dar problemas, pero también generoso al cuidar de algún miembro de la familia u ofrecer su apoyo a los adultos de la casa.

 

La superación del trauma a través de la creatividad: un gran paso hacia la resiliencia

Los temas del trauma son difíciles de expresar, por eso en el arte, en el crear, encontramos a grandes genios que a lo largo de sus vidas han sufrido uno o diversos traumas.

La imaginación libera a uno del contexto, soñando volamos y nos protegemos, nos distanciamos de nuestra situación. La imaginación también nos ayuda a fantasear con el ideal de nosotros mismos y por tanto puede darnos pistas de hacia donde dirigirnos para parecernos cada vez un poco más a esa idea.

El crear implica expresión y ésta se puede compartir con otros  mejorando las relaciones de tipo afectivo. En el contexto social y cultural en el que vivimos, a los niños se les facilita el que se vinculen con otros niños aunque sea en instituciones como el colegio, precisamente porque en el juego, en el intercambio creativo, los niños aprenden a vincularse a otros niños que serán figuras reparadoras en muchas ocasiones, y por tanto podrán aprender entre otras cosas, formas de amor alternativas o diferentes a las que viven con sus familias.

La creatividad según Sternberg es un fenómeno multifacético, es crear y construir desde el pensamiento divergente. La búsqueda de uno mismo a través del arte tiene como esencia considerar a la expresión artística como el instrumento sobre el cual uno se conoce a sí mismo. Esta concepción se ha dado desde el Renacimiento, donde el artista intelectual, reflexivo y misántropo, se aislaba del mundo para poder escucharse. Pero el arte no sólo es síntoma, sino también catarsis, y esta concepción se afianzó en el Romanticismo en el que los artistas buscaban el experimentar las emociones desde diferentes experiencias como a través de la soledad, el riesgo, las drogas, etc.

La creatividad calma como el soñar y construye, crea un imaginario que se puede compartir y este es el comienzo de la resiliencia, porque en la construcción, en el compartir con otros, se crean nuevos significados y experiencias que ayudarán a dar coherencia al entorno. Así, la persona resiliente no se olvida del evento traumático, no lo edulcora ni lo niega, sino todo lo contrario, la persona más allá de escapar de él, convive con esta memoria como con tantas otras, la tiene presente porque explica muchas de sus actitudes o comportamientos e incluso la explota a través del arte, siendo capaz de comunicar estados emocionales con gran maestría.

Según autores como Terr, Cyrulnik, Baradon o Herman, los factores de la resiliencia son el logro de la seguridad afectiva y de la responsabilización en crear un proyecto de vida. Alcanzar la resiliencia implica en las personas que lo han logrado un previo proceso de trabajo y movilización hacia una “mejor versión de uno mismo”, crear relaciones afectivas y lograr formas nuevas de expresar su mundo interior, construyendo desde la coherencia.

En todo este proceso de aprendizaje, la creatividad juega un papel muy importante por lo que se podría afirmar que el origen de la resiliencia se encuentra en el imaginario.

El duelo: Cómo aprendemos a crear muros de silencio y a huir del dolor

 

Hablemos del duelo…

¿Dónde aprendimos que el dolor debe rodearse de un muro de silencio? ¿De dónde surge ese impulso de huir de él? ¿Quién nos ha enseñado que hay que reaccionar así?

Así comienza Alba Payàs Puigarnau su libro «El mensaje de las lágrimas«, que recomiendo a cualquier persona que esté viviendo o haya vivido un proceso de duelo. Que básicamente será todo el mundo… Ya que todos hemos perdido a alguien o algo en algún momento de nuestra vida.

Este post es una recopilación de algunos textos del primer capítulo del libro. Seguramente que muchos no podréis dejar de leerlo… Es un tesoro que tengo entre las manos. Lleno de sabiduría, comprensión y compasión.

 

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Los duelos en la infancia

Veamos situaciones de pérdidas importantes contadas por personas que vivieron duelos en su infancia.

a) Mi madre se estaba muriendo y me llevaron a casa de unos primos, en el campo. Me pasé un mes jugando y disfrutando. Cuando regresé a casa, ya habían enterrado a mamá. Me hubiese gustado asistir al funeral. Nadie me llevó ni me explicó nada. Sólo veía caras tristes. Cuando crecí, me sentí muy culpable por habérmelo pasado tan bien mientras mi madre estaba enferma, en sus últimos días.

b) Me ocultaron que mi abuela se había muerto. Me dijeron que se había ido de viaje «al pueblo, a buscar novio». Me pasé varios años enfadada con ella, pensando que me había abandonado. Cuando supe la verdad, siendo más mayor, me sentí muy culpable.

c) Durante la enfermedad de mi padre, nadie me explicó lo que pasaba. Después, mamá y él se marcharon; nos dijeron que estaban de viaje y nos quedamos con una tía. Unos días después, mi madre llamó por teléfono y me dijo: «Papá ha muerto». Siempre recordaré aquel momento. Me sentí muy solo y no entendía por qué.

d) Mi abuelo se suicidó en casa. Yo me di cuenta de que había pasado algo grave, pero nadie me explicaba nada. Sólo veía caras largas. Una tía que vino a pasar unos días me explicó con palabras sencillas lo que había ocurrido. Recuerdo que pude preguntarle muchas cosas. Después fuimos juntos al cementerio. Estuvimos allí varias veces hasta que ya no quise ir más. Siempre le estaré agradecida.

 

Las primeras experiencias de pérdida, ya sean leves (un traslado o la pérdida de un animal de compañía) o graves (una enfermedad, una separación o la muerte de un ser querido), son la base de aprendizaje en la que los adultos que nos cuidan nos transmiten el modelo que tienen para gestionar las emociones.

Seguramente, de pequeños, todos hemos vivido situaciones como las que hemos visto en los ejemplos, en versiones iguales o con matices. Como padres, también habremos actuado de alguna de esas maneras ante el dolor experimentado por nuestros hijos.

El problema en la expresión de la pena ante nuestra necesidad de consuelo radica en el uso de alguna de estas respuestas: negar, minimizar, reemplazar, ridiculizar o racionalizar (como en los ejemplos, excepto el d).

 

Un niño puede vivir cualquier cosa siempre y cuando se le diga la verdad y se le permita compartir con sus seres queridos los sentimientos naturales que todos tenemos cuando sufrimos.

LAWRENCE L. LESHAN

¿Qué ocurre si no viviste un duelo «sano»?

Si te identificas más con el resto de apartados (a, b y c), puede que ahora tengas una pista de por qué afrontas algunas situaciones del siguiente modo:

● Cuando sientes dolor, no entiendes lo qué te pasa. No sabes reconocer tus emociones y esperas que alguien venga a tu rescate sin pedir ayuda.

Te enfadas cuando vives una pérdida y descargas tu ira contra los demás: tu pareja, tus amigos o tus hijos.

● Te sientes víctima de la vida, consideras que es dura e injusta contigo. Te deprimes.

● Crees que demostrar el dolor no sirve de nada, que es un signo de debilidad. Te da vergüenza mostrar tu vulnerabilidad. Crees que cuando vives una pérdida debes tragarte el dolor, y que pedir ayuda es algo inútil.

● Tienes sensaciones extrañas; te repites que tienes que ser racional y que el tiempo lo cura todo. Y si eso no es suficiente para calmar tu angustia, te esfuerzas constantemente en distraer tu dolor o burlarlo comiendo, ocupando todas las horas con un montón de tareas, bebiendo o aislándote.

Si vives alguna de estas situaciones, o varias de ellas a la vez, ya lo sabes: son formas de crear muros defensivos ante el sufrimiento natural por tus pérdidas, maneras que aprendiste de los adultos que te rodeaban cuando eras pequeño. Tu modelo de gestión del dolor es el que viste en tu familia, tu entorno social y tu colegio. Ahora lo tienes tan interiorizado que ya lo has hecho tuyo y forma parte de lo que denominamos sistema de afrontamiento de protección en el proceso del duelo.

 

Los muros del silencio en el duelo

Este conjunto de respuestas ante el dolor se basa en una serie de creencias. Son, por decirlo de alguna manera, los cimientos de los muros de silencio, convicciones que hemos interiorizado pensando que eran verdades absolutas porque siempre las hemos vivido así, las hemos visto en las personas que nos rodean.

Los mitos o falsas creencias más comunes en el proceso del duelo son:

1. El tiempo lo cura todo.
2. Expresar tu dolor te hace daño.
3. Expresar tu dolor hace daño a los demás.
4. Expresar dolor es una señal inadecuada.
5. El dolor debe ser expresado en la intimidad.

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Mito 1 del duelo: El tiempo lo cura todo

Vamos a ver dos historias reales de dos personas muy conocidas que perdieron a un ser querido en su infancia y su adolescencia. La religiosa y escritora franco-belga sor Emmanuelle (1908-2008) vio morir a su padre cuando tenía seis años. Évariste Galois (1811- 1832), el gran matemático, tenía dieciocho años cuando su padre se suicidó. ¡Fíjate qué vivencias tan diferentes!

 

Cuando era pequeña, vi cómo se ahogaba mi padre. No pude hacer nada. Creo que aquella experiencia ha marcado mi vida; de hecho, mi vocación religiosa data de aquel día… Ahora tengo sesenta y dos años, y por fin mi comunidad me ha permitido viajar a Egipto, mi sueño: poder vivir entre los más pobres de los pobres. Vivo en una barraca diminuta de no más de tres metros cuadrados. Está sobre un depósito de basuras y tengo un saco a modo de colchón, una mesita y una silla. Por fin soy feliz. ¡Qué bonito volver a sentirse joven, levantarse a las cinco de la mañana y poder sonreír!

MADELEINE CINQUIN, SOR EMMANUELLE, Memorias

¿Sabes qué te digo, amigo mío? ¿Sabes qué es lo que más echo en falta ahora mismo? Y sólo puedo confiártelo a ti, alguien a quien pueda querer, y querer sólo en espíritu. He perdido a mi padre y nada nunca lo podrá sustituir ni reemplazar, nada, ¿me oyes?

EVARISTE GALOIS, nota de su intento de suicidio

¿Las heridas se curan solas? Algunas sí, es verdad. Hay heridas que el propio cuerpo supera con el tiempo y con los procesos naturales de desinfección y cicatrización. Si fuese igual con el duelo, que es una herida emocional, sólo habría que suprimir la sintomatología, anestesiarla, sentarse y tener paciencia.

Pero hay heridas que se infectan y empeoran, invadiendo el cuerpo de la persona afectada. Otras cicatrizan, pero se quedan llenas de pus por dentro, de manera que en cualquier momento podría reactivarse la infección. Otras veces, alguna estructura interna (por ejemplo, un hueso) no se cura bien, y si no se regenera, la herida se cerrará y quedará mal curada para siempre. Existen numerosas experiencias del proceso del duelo en las que la infección no se ha curado bien, o hay huesos que no se han soldado como deberían porque no se recolocaron correctamente en su momento.

 

Veamos algunos ejemplos de heridas de duelo mal cicatrizadas:

Mi hermano perdió a su hija de diez años hace cinco. Aparentemente está bien, pero lo veo muy irritable. En el trabajo me dicen que está tenso y que salta a la mínima. Pero el duelo lo lleva bien; al menos no lo vemos triste ni habla del tema. Se distrae. Lo único es ese mal humor que tiene siempre. Antes no era así.

Tras la muerte de mi hijo, me dijeron que lo llevaba muy bien. Que el tiempo me ayudaría. Me hice la fuerte y decidimos no hablar del tema en casa. Han pasado ocho años. Un año después de lo ocurrido, mi marido y yo nos separamos. Mi hijo mayor no levanta cabeza, lo veo mal, y a mí me acaban de diagnosticar un cáncer.

Después de la muerte de mi madre, parecía que mi padre estaba bien. Se le veía triste, pero engañaba a su tristeza manteniéndose muy ocupado. Un año después le dio un ataque al corazón.

Perdí a mi primera pareja cuando tenía veinticuatro años. Estábamos a punto de casarnos. Después me fui a vivir al extranjero. He viajado mucho. Ahora tengo cuarenta y cinco años, y sigo sola. No he vuelto a tener pareja; me han interesado otros hombres, pero no sé por qué, cuando parece que la cosa empieza a avanzar, yo lo dejo estar. A veces me pregunto si no tendrá algo que ver con la muerte de mi primer novio.

Éstos son cuatro ejemplos de casos en que el tiempo no ha sido suficiente para resolver el duelo, que se cronifica y acaba teniendo consecuencias graves (en algunos casos, devastadoras) para la vida relacional e íntima, y para la salud mental y física.

Tu duelo no se cura solo con el tiempo; sino que depende de lo que tú hagas con ese tiempo.

 

Mito 2 del duelo: Expresar el dolor te hace daño

 

El médico acababa de darme la terrible noticia, así, de golpe. Me puse fatal, lloraba y creo que gemía a un volumen un poco alto. El médico estaba visiblemente apurado; entonces me dijo que la enfermera me daría algo. Cuando ella me acercó el vaso con una pastilla, le pregunté: «¿Qué es eso?». «Un válium, se sentirá mejor.» No lo entendí, estaba muy enfadada y le dije: «Déselo al médico, me parece que lo necesita; si él se lo toma mientras yo lloro la muerte de mi hija, lo ayudará a soportar mis lágrimas».

Suspirar, llorar o gemir no son actos autolíticos, son la manera natural de expresar la aflicción. Es posible que después te sientas cansado y frágil, pero también habrás aligerado el peso de tu dolor. No existe ninguna prueba de que llorar haga daño. La doctora E. Kirkley Best, experta en acompañar a padres que han perdido a sus hijos durante el parto (pérdidas perinatales), afirma que «las lágrimas de los padres sólo representan un peligro para las emociones de los médicos».

Hace veinte años que escucho a personas en proceso de duelo, he visto llorar a miles de personas, y todas, absolutamente todas, dejan de hacerlo pasado un rato. La sensación del que escucha puede resultar incómoda porque se siente impotente por no poder hacer nada. Pero cuando aceptamos que simplemente con nuestra presencia ya estamos ayudando, y descubrimos cómo nuestra presencia silenciosa y afectuosa es curativa en sí misma, entonces resulta más fácil acompañar y aprendemos a confiar en las bondades del proceso natural humano que es compartir la pena.

En ocasiones, la persona que llora piensa que se volverá loca. Nadie se vuelve loco por mostrar aflicción. Lo que puede hacer que alguien se vuelva loco es no tener la posibilidad de mostrar aflicción.

 

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La función de las lágrimas y el llanto

Cuando afrontamos una pérdida o una situación de estrés muy intensa, llorar es una reacción universal, una capacidad estrictamente humana que ha sobrevivido y se ha vuelto más sofisticada en la evolución de nuestra especie por alguna razón importante. Los estudios realizados por el Dr. Frey sobre la composición química de las lágrimas (las que van asociadas a una emoción, no las que se nos caen al cortar cebolla o se nos mete algo en el ojo) revelan que éstas contienen hormonas del estrés (entre otras, la prolactina). Estas hormonas prepararan al organismo ante una situación de amenaza para poder organizar los recursos personales de manera más eficaz. Nos ayudan a reaccionar adecuadamente, a vigilar, a huir o afrontar la situación con más capacidades, o bien a tomar una decisión rápida que nos salve la vida.

La respuesta de descarga interna de una sobredosis de hormonas del estrés facilita ese proceso, pero al finalizar la situación de amenaza, el cuerpo que ha producido un exceso de esas hormonas, necesita un mecanismo para liberarlas, y ese mecanismo es el llanto. Hoy se sabe que estas hormonas mantenidas en el cuerpo a la larga son tóxicas. Las personas sometidas a un estrés sostenido pueden acabar padeciendo problemas fisiológicos y mentales graves. En general, las mujeres producen niveles más altos de prolactina, por ejemplo estas aumentan especialmente durante el embarazo. Según los expertos, eso estaría en la base de por qué en general les es más fácil llorar, y todavía más durante el embarazo.

Llorar no tiene efectos secundarios adversos, todo lo contrario: libera el exceso de tensión, baja la presión sanguínea, produce distensión muscular, y tiene un efecto sedante y antidepresivo. Después de llorar, de forma natural, la mayoría de las personas afirma que se siente mejor. Además, las lágrimas suavizan la piel y mitigan las arrugas del rostro. Es cierto que los ojos se enrojecen y te afean el rostro, ¡sobre todo con el maquillaje! Sin embargo, si descansas después, al día siguiente notarás que te has sometido a un tratamiento de belleza natural. No llorar aumenta la tensión muscular y el nivel de estrés, y puede acabar generando problemas vasculares por el aumento de la presión sanguínea.

Llorar también tiene una función social: es una manera de pedir ayuda. Cuando mostramos nuestra tristeza, las personas de nuestro alrededor nos ofrecen su apoyo, nos preguntan si necesitamos algo. Ver que alguien llora invita a la compasión y alerta a la comunidad de que uno de sus miembros necesita ayuda. ¿Qué ocurriría si un bebé se perdiese en una ciudad y no llorase? El llanto es la manera que tiene el niño de restablecer la vinculación con los adultos y de expresar un malestar para el que todavía no dispone de palabras.

Para los niños, llorar es una manera de pedir ayuda física y emocional; no saben llorar solos. Paradójicamente, cuando adquirimos la habilidad de inhibir el llanto, los adultos acabamos llorando en la intimidad. De este modo, perdemos la función social y sólo nos queda la de descarga.

Llorar es la manera que tenemos las personas de mostrar nuestra humanidad; de decir, de mostrar que hemos amado y seguimos amando.

Otra función del llanto es que si bien es cierto que llorar nubla nuestra visión de lo externo, a la vez la expresión del llanto tiene la cualidad de disipar el velo de nuestro mundo interior. Las lágrimas son portadoras de mensajes esenciales para nuestro duelo.

 

Mito 3 del duelo: Expresar tu dolor hace daño a los demás

Cuando mi hijo me ve llorar, siempre me dice: «Mamá, no llores, ¿no ves que te haces daño? Hazlo por nosotros». Tengo que encerrarme en la habitación para que no me vea.

Cuando estás en proceso de duelo y muestras tu tristeza, pena o añoranza, despiertas emociones en las personas que te rodean. «¡Nos haces llorar!», dicen. Sería bueno poder responder: «Sí, claro, no pasa nada, podemos llorar juntos si quieres». Seguramente, desde el respeto y el miedo a hacer daño, lo que haces es callar, hacer de tripas corazón y reprimir el dolor. La tristeza queda sepultada en tu corazón.

Empatizar con el dolor de una persona es natural y forma parte de la experiencia de relacionarnos y compartir emociones sobre lo que nos ocurre. No ocultar nuestra pena al escuchar a alguien que nos habla de su duelo es bueno. Transmitimos que nos afecta, que lo sentimos, que amamos, que es importante para nosotros y que nos impacta lo que comparte con nosotros.

Esa emoción tiene que ver frecuentemente con las pérdidas de quien escucha; se despiertan en nosotros las experiencias propias que todavía nos conmueven. Es curioso observar cómo en los velatorios o después de un funeral, los asistentes acaban hablando de sus duelos en lugar de consolar a la familia. «Cuando se murió mi…» Cada persona cuenta sus experiencias. Las lágrimas de los demás conectan con las nuestras, con las que no hemos derramado todavía, y podemos interpretar esa experiencia como una amenaza o como una oportunidad.

 

Las lágrimas de los demás conectan con las nuestras, con las que no hemos derramado.

Cuando somos capaces de compartir nuestra pena por unos momentos, en silencio o abrazados, expresamos que somos personas en proceso de duelo y que a pesar del dolor podemos apoyarnos mutuamente.

 

Tengo dieciocho años y hace seis meses que perdí a mi madre. Soy hija única, así que mi padre y yo nos hemos quedado solos en casa. Cuando llego cenamos juntos, estamos cansados y hablamos de trivialidades; fingimos que no ha pasado nada, nunca hablamos de ella. Después de cenar nos encerramos en nuestras respectivas habitaciones. Me duermo llorando, abrazada a la almohada, y muchas veces lo oigo llorar a él también.

Debemos hacer que nuestro hogar sea un espacio donde podamos expresar alegría y buen humor, pero también tristeza y duelo. Nuestro desafío como padres consiste en enseñar a nuestros hijos que es bueno mostrar los sentimientos y que no debemos avergonzarnos de esas respuestas naturales que experimentamos ante las situaciones de pérdida. De ese modo, al hacerse mayores tendrán la capacidad de estar en intimidad en sus relaciones, de relacionarse con otras personas desde el corazón, desde la realidad de la condición humana. La vida tendrá para ellos más intensidad y profundidad, y las relaciones resultarán mucho más satisfactorias.

Sin la capacidad de emocionarnos no podemos estar en intimidad. Sin intimidad no podemos disfrutar de relaciones profundas.

 

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Los niños y la expresión de dolor de sus adultos de referencia

La afirmación de que compartir nuestro dolor no hace daño a los demás tiene una excepción: hacerlo intensamente delante de un niño o de una persona con discapacidad o alteraciones psíquicas puede afectarlos negativamente. Los padres en proceso de duelo deben encontrar el punto justo, cosa que no siempre es fácil, entre expresar lo que sienten porque es natural y humano (ofreciendo a sus hijos un modelo de cómo gestionan los adultos el dolor) y a la vez no mostrar un nivel de dolor excesivo que haga que desborde al niño, que le haga sentirse en peligro o desprotegido, o que le haga pensar que es el responsable de ese sufrimiento.

La pena que sienten los padres, deben mostrarla en momentos concretos, sin alterar gravemente el día a día, y tienen que hacerlo de manera que enseñe al niño que pueden sentir tristeza pero que es o no les impide seguir siendo los responsables de la estructura y de las tareas diarias de cuidados y de mostrar afecto y seguridad hacia los otros miembros de la familia.

Podemos detectar que un niño vive manifestaciones de dolor excesivas en su entorno cuando muestra conductas como estas:

● Quiere «rescatar» a los adultos, es decir, quiere ocuparse de aspectos materiales y/o afectivos que no le corresponden por su edad. El niño intenta «hacer de adulto», asume responsabilidades por encima de su edad, vigila a los padres constantemente para que no se desborden e intenta consolarlos.

● Hace el papel de «niño bueno» para no preocupar más a sus padres: la niña adaptada que empieza a portarse bien para que los padres se sientan mejor, por ejemplo. Muchos niños se sienten culpables por lo que ha pasado, y esa respuesta de «practicar la bondad » puede ser una señal…

● Dice la palabra mágica. El niño aprende rápidamente que si nombra al hermano, al padre o al abuelo fallecidos, el adulto de referencia dejará de hacer lo que esté haciendo e irá a consolarlo. El nombre en cuestión se convierte en una palabra mágica que no tiene nada que ver con su duelo sino con la necesidad de pedir la atención que necesita.

Es importante que los padres estén atentos a esas conductas y a otras que denotan dificultades en los niños. Lo mejor que pueden hacer unos padres en proceso de duelo por sus hijos es pedir ayuda para ellos mismos. Mediante la experiencia de recibir ayuda podrán obtener del terapeuta experto numerosas instrucciones, consejos y aclaraciones sobre cómo reaccionar ante esas señales a fin de atender las necesidades afectivas de sus hijos, sin descuidar las propias.

 

Mito 4 del duelo: Expresar tu dolor es una señal de inadecuación

Empecemos con dos historias:

● Hoy, Luis ha vuelto al trabajo. Es su primer día allí después de la muerte de su mujer. ¡Se ve que lo lleva muy bien! ¡Es admirable! Se le veía contenido, haciendo esfuerzos para no decaer. No ha dicho ni una palabra. ¡Qué fortaleza! Ha trabajado mucho y no ha derramado ni una lágrima. No sabíamos qué decirle y hemos optado por no acercarnos.

● Ramón ha vuelto hoy al trabajo. Es su primer día después de la muerte de su mujer. Estaba triste y se ha emocionado mucho al vernos. Ha querido estar con nosotros y compartir sus sentimientos con todos, especialmente con los más allegados. Ha hablado de cómo fueron los últimos días. Después nos ha dado las gracias por haberle escuchado y nos hemos abrazado. No hemos trabajado mucho, la verdad, y hemos acabado todos emocionados con él. Ha sido triste, pero bonito a la vez.

Es posible que tengamos que modificar nuestra idea de qué significa ser valiente. Tendríamos que plantearnos la posibilidad de que la persona valiente no es aquella que oculta el sufrimiento, sino la que tiene el valor de compartirlo. Disponer de recursos durante un proceso de duelo significa que eres capaz de mostrar tus emociones cuando es necesario y de contenerlas cuando la situación lo requiere. Mostrarse frágil y vulnerable no significa que no estés bien, igual que mostrarse fuerte e inexpresivo no quiere decir que estés bien.

 

La persona valiente no es la que oculta el sufrimiento, sino la que tiene el valor de compartirlo.

 

¿La persona racional es la fuerte ? ¿Acaso expresar emociones es un signo de debilidad, de inmadurez? ¿Lo lleva muy bien porque no expresa nada? ¿Qué significa estar bien cuando ha muerto un ser querido? ¿Actuar como si nada hubiese pasado ? ¿Es eso lo que se espera en un duelo?

Los expertos decimos que la persona que a nuestro entender hace el mejor duelo es la que su familia considera que no lleva bien el duelo porque le ven fatal.

 

Con frecuencia, en una familia en proceso de duelo, la persona que lo lleva de manera más saludable es la que la familia identifica como la que está peor.

JOAN BORYSENKO

Las personas que acuden a los grupos de apoyo a pedir ayuda, en algunos casos, reciben críticas de sus familiares. «No sé qué vas a hacer allí, a escuchar penas. ¿No tienes suficiente con las tuyas? No te hace ningún bien.» Por suerte, no siempre es así. Muchas familias animan a pedir ayuda a sus miembros más afectados, y he conocido a muchos padres, hombres, que hacían el duelo a través de sus esposas: las esperaban en casa y ellas les hacían un resumen de lo que habían aprendido en el grupo de apoyo.

 

Mito 5 del duelo: El dolor debe ser expresado en la intimidad

La pérdida de mi hijo asustaba a algunos conocidos. Pasadas las primeras semanas, veía cómo se alejaban. Supongo que no sabían cómo reaccionar, cómo encontrar las palabras adecuadas. Pero yo puedo decir que fui muy afortunada. Durante el primer año, los amigos de Jordi venían a casa a menudo y me regalaban días memorables. Solían venir en grupos de tres o cuatro, sus amigos de toda la vida. Me encantaba cuando compartían sus recuerdos más preciados, aquellos que eran especiales para ellos, cuando me explicaban alguna historia de Jordi totalmente desconocida para mí, me hacían descubrir una parte de él que yo no conocía. Me hacían llorar y sentirme cerca de él, como si el amor de los que lo querían me llegase a mí. No eran visitas llenas de tópicos ni hechas desde las formas porque «es lo que hay que hacer». Reconozco que antes yo misma habría pensado que era horrible recordar cosas dolorosas, como poner sal en una herida. Pero hoy sé que no es así. Todavía hoy, pasados tantos años, cuando me visitan por su cumpleaños es como un regalo muy preciado que agradezco. Y el dolor que siento al ver que se van haciendo mayores y que todavía lo recuerdan siempre se mezcla con sentimientos de amor y gratitud.

En Una pena en observación, un breve y maravilloso libro autobiográfico de C. S. Lewis, el autor describe la experiencia de la pérdida de su esposa y afirma que tal vez deberíamos juntar en un mismo recinto a las personas en proceso de duelo para que no molesten. Son un estorbo para los demás porque la gente no sabe cómo tiene que reaccionar ante su dolor. De ahí viene esa idea de que hay que llevar el duelo en la intimidad. Es cierto que muchas veces la persona en proceso de duelo pide estar a solas con su dolor y lo necesita: y que la introspección y el aislamiento son elementos necesarios en el proceso de recuperación. Pero también es muy cierto que los seres humanos necesitamos a los demás para aliviar el sufrimiento y darle sentido. El duelo es algo que se vive en relación.

 

duelo

 

Según los estudios sobre el duelo, quienes realizan bien el proceso, quienes se recuperan mejor, son aquellas personas que tienen a otras con las que compartir, los que cuentan con el apoyo de los amigos y la familia a pesar del tiempo que haya pasado, a los que nadie «da el alta» antes de tiempo. Cuentan con el apoyo de personas a las que no les da miedo escuchar, que no tienen prisa, que no te interrumpen, que no tienen miedo de tus emociones… Si tienes una persona así a tu lado o cerca, no dudes en pedirle ayuda. Disponer de un tiempo para compartir tus sentimientos, sean los que sean, de un espacio de escucha sensible, es totalmente indispensable cuando estás en proceso de duelo. Las personas que no tienen a nadie con quien compartir su experiencia, sus preocupaciones, fantasías, miedos o ansiedades, son las que tienen más probabilidades de acabar haciendo un duelo complicado que puede acabar en una depresión.

Sabemos también que los padres y las madres en proceso de duelo por la pérdida de un hijo mejoran cuando comparten lo ocurrido y no intentan hacerse los valientes entre ellos. Paradójicamente, los intentos de proteger a la pareja disimulando el dolor y evitando todo lo que se refiere a la pérdida no hacen más que alargar e intensificar los síntomas del duelo de los dos.

 

Creí que mi quehacer desde el momento en que nuestra hija falleció era atender a mi mujer. Ahora, después de cuatro años, me ha pillado por sorpresa una especie de grito interior que dice «no he podido llorar la muerte de mi hija», cosa que ha hecho que me derrumbara. No puedo responsabilizarla a ella, sino al hecho que no he sabido gestionar lo que ha pasado para que no nos hiciera daño ni a ella ni a mí. El duelo que no he vivido ahora me pesa y sé que debo hacer algo. Y si hay un responsable, he sido yo por mi forma de ser y por no comunicarme ni lo suficiente ni como debiera haberlo hecho.

Las personas somos los seres vivos que forjamos los vínculos sociales más complejos, los que tenemos más capacidad para sentir emociones y los que podemos expresar el dolor de manera más sofisticada cuando esos vínculos se ven amenazados o se rompen. Estas habilidades han perdurado a lo largo de la evolución de nuestra especie y, sin lugar a dudas, tienen una función adaptativa de supervivencia. La dimensión relacional del duelo, expresada en la necesidad de compartirlo, es tan importante (o más) como la dimensión subjetiva. Somos seres sociales: necesitamos amor, afecto, consuelo, reconocimiento y aceptación de los otros para poder crecer, madurar y vivir con plenitud.

No reconocer y no saber expresar la aflicción natural ante las pérdidas y los traumas de la vida se convierte en una especie de acto contra natura, una negación de lo que es más intrínsecamente humano, y provoca que, por una lado, perdamos la oportunidad de tener las necesidades afectivas cubiertas y, por otro lado, hiramos los sentimientos de los demás. Es evidente que no podemos forzar a nadie a expresar aquello que no puede, y que las personas necesitan un tiempo para poder compartir. Cuanto más traumáticas son las experiencias, más tiempo necesitamos para digerirlas. Con el tiempo, sin embargo, integrar la vivencia del duelo pasa necesariamente por verbalizarla y compartirla con los demás.

 

El duelo es una herida provocada por la falta de relación, que sólo se puede curar dentro de otras relaciones.

 

duelo

 

 

Fuente:

Fotos:

Prana y Pranayama – Conociendo y controlando la energía

Para hablar de Prana debemos de remontarnos a los orígenes de la creación, tal vez un poco antes.

En el principio no había nada, ni siquiera la creación. Lo que existía era una conciencia no manifestada que permanecía inmóvil, en perfecto equilibrio y armonía, conteniendo en sí misma todos elementos necesarios para la creación, el universo en su totalidad comprimido en forma de potencial. Una conciencia que en las escrituras se conoce como Para Brahman.

De esta quietud surge un movimiento, el primer impulso creativo, el deseo. Ekoham bahusyam: ”soy uno, déjame ser muchos”. De este deseo se crea la primera vibración spandan, y de ella surge la energía primordial mahaprana.

Desde el origen de la creación el universo se ha ido expandiendo, en un baile cósmico entre conciencia y energía, creando diferentes niveles de  existencia.

Todo el universo se compone de dos fuerzas: Conciencia y energía. Donde quiera que miremos, en la naturaleza, en el cuerpo, en la mente, esta polaridad puede verse como luz y oscuridad, positivo y negativo, masculino y femenino… Cuando esta polaridad se manifiesta en el microcosmos humano, toma la forma de chita shakti (conciencia) y prana shakti (energía)

Es este prana shakti el que forma el cuerpo pránico:

Los yoguis sostienen que envolviendo al cuerpo físico existe un cuerpo energético conocido como pranamaya kosha. Este es el cuerpo etérico a través del cual la energía se mueve por canales establecidos llamados nadis. Existen más de 72000 pasajes de energía diferentes de los cuales 3 son fundamentales. Estos son Ida, Pingala y Shushumna. Cuando Ida y Pingala están en equilibrio, Sushumna se activa y la energía comienza a fluir a través de él. Los dos mantras que forman la palabra HA THA corresponden con cada uno de estos nadis: Ha con Pingala (Sol) y Tha con Ida (Luna)

Pranayama

“La vida es el periodo entre una respiración y la siguiente, aquel que respira correctamente adquiere control sobre todo su ser” Hatha Yoga Pradipika

Pranayama es una técnica para controlar y dirigir la energía. A través de la respiración tomamos control sobre el prana.

La vida y la respiración están estrechamente conectadas, podemos pasar días sin agua o alimentos pero ¿Cuánto tiempo podemos aguantar sin llenar de aire nuestros pulmones? Sin respiración no hay vida.

Teniendo en cuenta la importancia de la respiración, deberíamos de pararnos a observar la calidad de la misma. ¿Estamos respirando correctamente?

Una respiración rápida y superficial está asociada con tensión, miedo, preocupación…condiciones que tienden a llevarnos hacia problemas de salud, infelicidad y por supuesto hacia una vida mas corta.

Una persona que está razonablemente relajada inhala y exhala aproximadamente medio litro de aire en cada respiración. Si expande el abdomen y el pecho todo lo que puede, este volumen puede ascender hasta los dos litros.

Cuando esta respiración profunda se hace de forma lenta, conseguimos que la mayor cantidad de oxigeno se transfiera a la sangre, llenando de vida cada una de las células del cuerpo. Una persona que respira profunda y lentamente se mantiene en un estado relajado, en calma y feliz.

“Cuando el prana fluctúa la mente fluctúa, cuando el prana se estabiliza la mente quede en calma”

Cuando el flujo de prana está en armonía, los pensamientos se reducen al mínimo y somos capaces de controlar la mente. Imagina que la mente es un cristal con vistas a la realidad. Si el cristal está sucio veremos la realidad “manchada” o incluso tan solo una parte de esta. Mediante las técnicas de pranayama conseguimos limpiar esta ventana y de este modo podemos ver las cosas como realmente son.

El proceso consta de inhalación (pooraka), exhalación (rechaka) y retención (kumbaka). Normalmente la exhalación es igual o el doble a la inhalación.

De acuerdo con los textos yoguicos, kumbaka es la esencia del pranayama. Cuando la respiración cesa, prana y apana se unen dirigiéndose la energía resultante hacia arriba a través de Sushumna nadi. Cuando esta energía alcanza Ajna chakra las fluctuaciones de la mente cesan por completo y alcanzamos Shamadi.

A medida que vamos redirigiendo la energía al canal central mediante la práctica de pranayamas vamos activando diferentes zonas del cerebro que permanecían inactivas, despertando de este modo a nuevas realidades existenciales.

“Aquel que conquista la esencia del pranayama es capaz de controlar su cuerpo, su mente y cualquier poder en el universo”

 

 

Lenguaje, pensamiento y cultura ¿Debemos decir “niñas y niños”?

Querida lectora, si por algún casual resultara que has sido (o eres) estudiante de psicología, te habrás topado más o menos a mitad de tus estudios con una “maravillosa” asignatura llamada “Psicología del Lenguaje”. Uno de los temas recurrentes de la misma se centra en estudiar la relación entre lenguaje y pensamiento. Como el dilema del huevo y la gallina se preguntan ¿Qué existe  primero, lenguaje o pensamiento? Seré sincera y admitiré que no recuerdo ya gran parte de lo “estudiado” pero hace un mes más o menos a raíz de una película, volvió a mi mente la pregunta ¿condiciona nuestro lenguaje la manera en que pensamos?

Porque si al fin y al cabo vivimos en una sociedad en el que el pensamiento guía nuestras decisiones (amigas psicoanalistas permitidme la licencia de esa afirmación) creo yo que estaría bien conocer si existen trampas o limitaciones en cómo pensamos.

Más concretamente vengo pensando últimamente sobre si el lenguaje de nuestra amada lengua es sexista o no, porque si así fuera, y resultara que el lenguaje influye en el pensamiento, ¿estaré boicoteando a mis pobres neuronas cuando hago uso de ese lenguaje?

Poniéndonos en antecedentes: la película.

Comencemos por el principio. La película de la que hablaba es “La llegada” (prometo que no haré demasiados spoilers). En ella Amy Adams interpreta a una brillante lingüista que por el bien de la humanidad tiene que encontrar un modo de comunicarse con unos alienígenas recién aterrizados.  Según avanza la película queda claro que los extraterrestres tienen un modo muy peculiar de pensar, y su modo de entender el tiempo (de manera circular) está íntimamente relacionado con su lenguaje, también circular. Es decir, para los extraterrestres su manera de hablar y de comunicarse está íntimamente relacionada con su manera de pensar y de entender la realidad y viceversa.

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Amy Adams La llegada

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Claro está que hablamos de una película (y de ficción además) pero en un momento dado ella menciona una teoría que de ciencia ficción no tiene nada: la hipótesis de Sapir-Whorf.

Lenguaje y cultura

Antropólogos y lingüistas han estudiado está relación entre lenguaje, pensamiento y cultura, y se postulan dos hipótesis que tratan de encontrar una respuesta:

  • Hipótesis de Sapir-Whorf: esta hipótesis mantiene que la lengua de las personas influye en su pensamiento. Personas que hablan distintas lenguas experimentan distintos mundos de pensamiento. En su versión más “fuerte” (totalmente abandonada hoy en día) la lengua de una persona determinaría por completo la forma en la que conceptualiza la realidad. La hipótesis whorfiana débil es la que cuenta con mayor evidencia. Viene a decir que la lengua de un hablante tiene cierta influencia en cómo este analiza y recuerda la realidad. En igualdad de condiciones, ante un mismo suceso personas parlantes de diversas lenguas enfocan las situaciones de manera distinta.
  • Desde el construccionismo social por el contrario se defiende que el contexto de una persona y su situación social moldearán los contenidos de su lengua.

Se han realizado numerosos estudios intentando demostrar la validez de una frente a la otra, y como suele ocurrir, los resultados sugieren que ambas tienen cierta razón.

Niños y niñas. Lectores y lectoras.

A lo mejor te ha ocurrido que has leído el primer párrafo de este post y te ha resultado extraño que comience con un “querida lectora”.

Para poder abarcar a todos los que estén leyendo estas palabras podría haber escrito  “lectoras y lectores” pero caeríamos en una duplicación que atentaría contra una de las características que hacen de nuestro idioma un gran recurso: la economía del lenguaje. Cuantas menos palabras usemos para construir una oración, mejor que mejor. Así que caemos en utilizar el sustantivo en masculino “lector”. Pero al fin y al cabo,   por estadística pura y dura probablemente el 50% de las personas que lean este post serán mujeres así que si quiero dirigirme al total de los lectores, ¿por qué no decir lectoras?

¿A lo mejor hay alguna regla gramatical que explique por qué utilizar el sustantivo masculino cuando nos referimos a ambos sexos? Sí y no. La Real Academia Española lo explica aquí.

“El uso genérico del masculino se basa en su condición de término no marcado en la oposición masculino/femenino. Por ello, es incorrecto emplear el femenino para aludir conjuntamente a ambos sexos, con independencia del número de individuos de cada sexo que formen parte del conjunto. Así, los alumnos es la única forma correcta de referirse a un grupo mixto, aunque el número de alumnas sea superior al de alumnos varones”.

En resumen, podrías estar dirigiéndote a un grupo en el que hubiera 30 niñas y un solo niño, y gramaticalmente lo correcto sería decir “niños”. Pensando sobre el tema me ha venido a la memoria un recuerdo de algo que viví hace algunos años. Estudiaba magisterio en la universidad y en clase éramos unas 60 chicas y ¡un solo chico! Una profesora nos llamó la atención dirigiéndose al grupo con un “chicas” para después pedir disculpas al susodicho por haberle metido en el saco.

El lenguaje cómo reflejo social

¿Y en España qué ocurre? En España, desde 1713 existe un organismo llamado la Real Academia Española que  tiene como misión principal: “velar por que los cambios que experimente la lengua española en su constante adaptación a las necesidades de sus hablantes no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico”. Cada cierto tiempo los académicos elaboran una nueva versión del diccionario, la última en 2014.

Cuando se iba a proceder a dicha revisión, se hicieron algunos grupos de trabajo uno de ellos encargado de realizar un análisis para comprobar si efectivamente el diccionario era machista o no.

Aunque parezca sorprendente, hasta hace poco más de dos años se encontraban definiciones como las siguientes, que por fortuna desaparecieron:

  • Femenino: débil, endeble.
  • Huérfano: dicho de una persona de menor edad: a quien se le han muerto el padre y la madre o uno de los dos, especialmente el padre.

Aun así, la RAE recibió muchas críticas. Se negaron a eliminar definiciones tan sexistas como:

  • Sexo débil. Conjunto de las mujeres.
  • Sexo feo. Conjunto de los hombres.

sexo débil rae

 

Cuando le preguntaron al respecto a Pedro Álvarez (silla Q del organismo) dijo.

 “Se trata de que el Diccionario sea mejor, no menos machista, sino de que lo que diga sea verdad. Lo que no se puede pretender es cambiar la realidad a través del Diccionario. Si la sociedad es machista, el Diccionario la reflejará. Cuando cambia la sociedad, cambia el Diccionario”.

El académico se posiciona pues por la segunda de las teorías que mencionaba: el lenguaje refleja lo que ocurre en la calle. Mala noticia niños y niñas, según la RAE España es un país machista.

Esta es la postura que toman muchas personas y alegan que la lengua no es un instrumento que pueda y deba ser modificado al antojo de ciertos colectivos, en este caso las feministas. La lengua es un bien tan preciado que debería mantenerse al margen.

Sin embargo la lengua puede ser un instrumento realmente útil en según qué circunstancias:

Lenguaje gay en Indonesia

El idioma nacional de Indonesia recibe el nombre de “bahasa”. Muchos varones homosexuales en Indonesia hablan bahasa gay o “lengua gay”. Aunque Indonesia es el cuarto país más grande del mundo, y además  su población está repartida en aproximadamente 6.000 islas, el bahasa gay se habla prácticamente en todo el país. Tiene un vocabulario distinto en el que se ridiculizan algunas palabras relacionadas con el mundo político, se juega modificando palabras mediante prefijos, etc.

Indonesia es un estado muy (pero que muy) homófobo, donde por ejemplo el verano pasado fueron detenidos dos hombres por subir a Facebook una foto en la que aparecían sin camiseta acusados de compartir contenido pornográfico. Un país donde el gobierto pidió a Whatsapp que eliminara algunos emoticonos que consideraba aberrantes.

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manifestación Indonesia

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El bahasa gay, tal y como señaló Tom Boellstorff (profesor del departamento de antropología de la Universidad de California) es  utilizado como una herramienta por un colectivo que es menospreciado, atacado y discriminado continuamente. Una herramienta que les ayuda a sobrevivir en una situación tan complicada, favoreciendo la cohesión del grupo y permitiéndoles mofarse de aquellos que les oprimen.

Poco les preocupará a los indonesios estar mancillando la estructura y los contenidos de su idioma, para ellos luchar por sus derechos está por encima.

Conclusión

Más allá de cómo interfiere el lenguaje que usamos en cómo pensamos, no cabe duda de que el lenguaje es una manifestación de la cultura que contiene creencias y saberes compartidos por  todos sus hablantes. Es a través del lenguaje que empezamos a construir nuestro conocimiento del entorno, así que me parece un tema sobre el que deberíamos por lo menos, reflexionar.

Igual que me parece lógico que hace años, cuando las mujeres vivían (generalmente) apartadas de la vida pública, se empleara el género masculino para designar la totalidad, me parece lógico que hoy en día intentemos generar oraciones inclusivas en las que nos veamos reflejados ambos sexos, o por lo menos abandonar aquellos usos del lenguaje que son marcadamente sexistas.

El debate de la duplicación de palabras pare refeirse a ambos sexos seguirá abierto, y por desgracia nos seguirá «chirriando» cuando lo escuchemos. Pero el simple hecho de que se abra el debate ya me parece significativo. Una oportunidad para dar voz en un debate abierto a aquell@s que no han tenido voz hasta hace muy poco.

Afirmar que el lenguaje permanece inalterado hasta que un grupo de catedráticos deciden editar una nueva versión del Diccionario me resulta tan absurdo como  afirmar que nuestro pensamiento no cambia continuamente. Los adolescentes de hoy en día tienen un modo de asomarse al mundo y de analizar sus distintas partes que difiere mucho del pensamiento de sus abuelos.

Yo por mi parte empezaré a utilizar el femenino cuando me dirija a un grupo en el que vea que la mayoría somos mujeres, y si hay algún hombre en el grupo que se sienta ofendido… ofendido se quedará.

Referencias Bibliográficas:

  • González Labra, M.J. Psicología del Pensamiento. Sanz y Torres. Edición 2012.
  • Miller, Barbara Diane. Antropología Cultural. Pearson. Edición 2011.

Miedo: Las trampas que nos autoimponemos para seguir dormidos

 

TEISHÔ 9 – TEISHÔ 8TEISHÔ 7 TEISHÔ 6TEISHÔ 5TEISHÔ 4TEISHÔ 3TEISHÔ 2 – TEISHÔ 1

Vivir dormidos

 

Todo deliberar del corazón yerra su blanco.
Todo proceso de pensamiento lleve a un fin contrario.
Si se comprende esto, uno no se halla separado
de aquello que se halla ante los ojos.

Sin embargo, vas cargando con tu bolso y escudilla de mendigo,
Deambulando en busca del Buda y el Drama.
¿Lo conoces, tú, que así caminas buscando?
Es vivaz como un pez en al agua y no tiene raíz ni tronco.

Aunque lo abraces, no puedes poseerlo;
Aunque lo apartes, no puedes liberarte de él.
Cuanto más lo buscas, más lejos está,
y si no lo buscas está delante de tus ojos.

 

Rinzai

 

Este texto de Rinzai revela las trampas que nos autoimponemos para seguir dormidos. La liberación produce miedo, miedo a lo nuevo; y el miedo mismo nos empuja a buscar la salida en sistemas de pensamiento, o en filosofías y creencias de segunda mano, en lo externo. Mas la mirada atenta consigue al fin descubrir que lo que habíamos perdido no era sino una ilusión, una trampa del ego, ya que aquello que buscábamos, nunca lo habíamos perdido.

 

dormidos

 

El sentido de toda meditación es la extinción del ego, la liquidación de la identificación con el “personaje”, para que, desocupados de la carga del narcisismo, pueda fluir la posibilidad de fundirnos con el Absoluto. En consecuencia, esto supone un esfuerzo que facilita la liberación de todos los obstáculos que nos separan del Ser Esencial, que es la forma que adquiere el Absoluto en nuestra existencia.

 

Las dependencias

La mayor parte de nuestros conflictos neuróticos se gestan precisamente en las dependencias que hemos construido con respecto a las organizaciones sociales, religiosas o económicas, habiendo ellas adquirido, con nuestro consentimiento, un poder predominante sobre nuestra intimidad creando una malestar anímico que a penas suele traspasar el umbral de la conciencia. Pero la meditación posee esa facultad de despertar, esa acción reveladora y liberadora ante las dependencias que nosotros mismos hemos construido, y que nos hacen sufrir.

Las dependencias pueden ser de diverso nivel existencial, siendo algunas, según su hondura y calado, más importantes que otras; pero las más significativas son el miedo al deterioro y a la muerte; el desasosiego por sentirnos inútiles y la inseguridad que provoca la soledad, siendo el miedo el denominador común de todas ellas. El miedo, efectivamente, es la herida que con mayor asiduidad nos bloquea. De ahí que el afrontamiento del miedo, sobre todo el más significativo, que es el miedo a la muerte, es una de las tareas, uno de los ejercicios, más importantes en cuanto a la liberación del ser humano.

 

El miedo

En el ejercicio del Zen, solemos encontrarnos con el miedo a la muerte, y es bueno que el encuentro con la aniquilación, en tanto que observación, sea incluido en la práctica meditativa. Hay que recordar que el sentimiento del miedo posee una calidad destructora y aniquilante, que puede bloquear nuestro desarrollo, pero, paradójicamente, sucede que cuando uno mira al miedo cara a cara, a la destrucción y a la muerte cara a cara, es cuando puede sobrevenir la experiencia del Absoluto como Fuerza presente en la misma fragilidad, siendo entonces cuando la vida, desde su más profunda arteria, puede encontrar su camino, su verdadero sentido.

El Absoluto, entendido no como un opio alienante que facilita el escapismo de la angustia, como tan bien señaló Marx; ni como una fijación infantil y proyectiva del padre o de la madre, que nos facilitaron seguridad, como apuntó Freud, sino el Absoluto comprendido, y vivenciado, como una presencia inequívoca cuya realidad nada tiene que ver con las teorías o creencias, sino con la experiencia vívida que fluye en el acto meditativo, y que en este caso nada tiene que ver con el escapismo alienador, o la regresión infantil, sino muy al contrario: con el afrontamiento directo con la muerte, y con todo lo que ocurre tras ese afrontamiento, cuando uno toca fondo después de haber tenido el valor de soportar lo insoportable. Y el valor de habernos quitado de en medio como pequeño yo. Así lo vivencié yo en un soneto.

 

TOCAR FONDO

 

Me quema la memoria. Mas recuerdo
el raudo palpitar, el sudor frío,
y el espantoso hielo del vacío,
azotando mis sienes… No me pierdo,

 

No, en las olas terribles del recuerdo:
el cielo mudo, y mudo el dios. Y el río
tan gélido en mis venas. “¡Oh, Dios mío….,
a ti alzo mis brazos…” ¡No hubo acuerdo….¡

 

En la penumbra azul de la alborada,
hirviendo aún la materia temblorosa
de mi entraña, exclamé: ¿Por qué he bebido,

 

la horrorosa ceniza de la Nada,
(la humana condición, tan espantosa),
en la niebla de un orbe sin sentido?

 

Del sufriente tejido,
y al tocar fondo, todo el Universo
se hizo luz. Y el llanto se hizo verso.

 

 

Un afrontamiento que consiste en dejar que el miedo se manifieste, recibirlo, no esquivarlo. Dejar que se acerque. Y aunque parezca extraño, el mismo miedo será el elemento desencadenante de nuestra propia transformación. Cuando eso sucede, se nos abren los ojos interiores, y hasta el escenario de los más maravillosos amaneceres, o las más espléndidas puestas de sol parecen insignificantes comparados con el fulgor de nuestra naturaleza real.

En el Za-Zen, no perseguimos experiencias o vivencias especiales situadas fuera de la vida, sino que es la misma Vida la que, abriéndonos los ojos, abre asimismo el esplendor de su escenario, revelando así la ilusoria falsedad con que la mente dormida ha llamado vida a lo que no es vida.

 

PARECE

 

Que la sed se extingue,
al ver que la Presencia
jamás estuvo ausente;
que todo fue un acto fallido,
un error de cálculo.
Y una mala pesadilla.

 

 

Una historia Zen

Cuenta una historia Zen que en un monasterio vivía un anciano monje ante el que los jóvenes novicios se sentían intimidados; no porque fuera severo con ellos, sino debido a que nada ni nadie jamás parecía perturbarlo o afectarlo, por lo que veían en él algo inquietante. Por eso le temían. Así que queriendo poner fin a esa situación, decidieron un día ponerlo a prueba.

Una oscura mañana de invierno cuando el anciano, según la tarea que se le había encomendado, tenía que llevar una taza de té a una de las salas del monasterio, el grupo de novicios se ocultó en uno de los sombríos recodos del sinuoso y largo corredor que conducía a la sala.

Al pasar el anciano, los novicios salieron de su escondite profiriendo alaridos terroríficos, como una horda demoníaca. Pero el anciano, como si con él no fuera la cosa, continuó parsimoniosamente portando con suma atención su taza de té. Y al doblar la siguiente vuelta al corredor, como bien sabido era por el anciano, había una mesita. Se dirigió a ella en plena oscuridad, deposító la taza, y después de protegerla bien para que no entrara el polvo en ella, se apoyó en la pared, y prorrumpió: “Oh, oh, oh, en una clara exclamación de susto.

Un maestro Zen al relatar esta historia, comentaba: Se ve, pues, que nada tienen de malo las emociones, solamente que no deben apartarnos de nuestra atención.

 

El  miedo en la mente

El miedo, la reina de las emociones, nos incapacita para vivir y amar. Nos embota la mente, nos hace insensibles. Y una sociedad tan superficial como la nuestra, por medio de sus organizaciones neoliberales, ha aprendido a administrar el miedo como herramienta de manipulación sacando así partido de él.

Pero, además, la voz del miedo no puede ser interpretada ni descubierta mediante el análisis del pasado sino mediante el ejercicio de la vivencia del instante, que insta, esta atento, como el monje de nuestra historia.

Yo añadiría que quien tiene abiertos los ojos al instante, estando atento al filo de cada instante, salvaguarda su espíritu del miedo, porque el miedo y la ansiedad están en la memoria del pasado y en la del futuro. Es decir sólo en la mente, y quien trasciende la mente se libera del miedo, de todos los miedos y emociones negativas.

El ejercicio del Za-Zen nos hace capaces de atrapar al vigoroso corcel de la mente.

Fuente:

El Evangelio según Zorba

El cine es para muchos una de las expresiones artísticas más refinadas por aunar en un mismo formato la imagen, la palabra y la música. Pero además  es capaz de trasmitir poderosas lecciones de vida de manera sencilla y es capaz de llegar a todos los públicos. Una de esas historias es la de Zorba el Griego de Michael Cacoyannis.

Cuando el escritor americano en crisis Basil (Alan Bates) vuelve a la tierra paterna, Grecia, para explotar una vieja mina abandonada encuentra a Zorba (Anthony Quinn) en el barco hacia las islas y le contrata como capataz para su explotación. Zorba es la antítesis de Basil, jovial, alegre, compasivo, bregado en mil batallas y trabajos y curado de todos los espantos del mundo. Basil es  tristón, parado, taciturno, poco hablador y poco sensible. Al legar al pueblo todo sale mal. Nuestros héroes se enfrentan a la catástrofe total.

 Madame Hortense, una dama francesa maltratada por el amor con el corazón roto en innumerables ocasiones les recibe en su humilde hotel. Lleva años esperando la venida del amor verdadero que la lleve lejos de esas islas, espera y espera la llegada de su príncipe a modo de evadirse de una cruel realidad. Zorba se muestra cariñoso y empático con ella. Basil hace creer a Madame que Zorba se casara con ella. Acepta  simbólicamente pero Hortense enseguida muere de neumonía, mientras los aldeanos saquean sus posesiones en ausencia de herederos

El escritor, a su vez, encuentra el amor en la viuda del pueblo, una mujer con la palabra tragedia escrita en la frente, magníficamente interpretada por Irene Papas, que le da un carácter solemne, sobrio y duro pero bello que es el reflejo de la sociedad y el paisaje locales. Había además un chico del pueblo enamorado de ella, pero no correspondido y al ver que su amor solo era para Basil se suicida.  El destino es cruel con la viuda y la dirige al ostracismo social y a la más cruel de las muertes. Apunto de ser dilapidada es salvada por Zorba, pero a continuación y  sin que nada pudiese hacer es degollada por el padre del chico

Por último la empresa de la mina también fracasa estrepitosamente

Irene Papas y Alan Bates

Irene Papas y Alan Bates

En esta película los héroes se enfrentan a la adversidad en todo lo que hacen: es la catástrofe total. Paradójicamente en vez de venirse abajo, deprimirse o perder toda esperanza, la escena final es un baile: los dos protagonistas bailan sirtaki, una danza tradicional griega y se echan a reír. Nos están enseñando una forma de aproximación al fracaso, al sufrimiento y a la aparente falta de toda esperanza y sentido a la vida. La vida no es finalista, no hay finalidades sino que nosotros las ponemos y entonces surgen dualidades como el fracaso y el éxito. Pero la realidad es la que es y ésta no conoce de categorías sino solo da causas, nunca de finalidades. Recordemos un fragmento de dialogo de la película: pregunta Basil: ¿Zorba, has estado casado alguna vez? Responde Zorba: ¿no soy un hombre? Pues claro que he estado casado. Mujer, casa, hijo. Todo, la catástrofe total.

Con esto Zorba no se está lamentando sino que está admitiendo la vida tal y como es, con todos sus vicisitudes y problemas y también sus riquezas y alegrías. Lo que hace Zorba y se evidencia a través del baile es danzar sobre la catástrofe sin que nunca le destruya, sin que nunca sucumba. Se ríe de todo, de todos, y de sí mismo. Celebra la vida tal y como es y no queda enganchado en un círculo vicioso de culpas y reproches que son los que realmente hunden a las personas. Es decir la filosofía de Zorba es la aceptación y  también en cierta manera la vuelta a los orígenes, a la niñez.

Aceptar se contrapone a enjuiciar. La mayoría de las veces nuestro pensamiento al relacionarse con los sucesos  está enjuiciándolos: esto es bueno o malo, guapo o feo, de manera que atribuimos un valor a una realidad que esta desprovista de ellos. Así cuando el león se come a la cebra no piensa si es justo o no, no lo valora. Esto solo lo hacen las personas, mentalmente, y no existe en la realidad, ésta solo es. Esta apreciación no es fácil de hacer pero es sumamente útil para evitar ser engullidos por nuestra desesperanza en situaciones de crisis. En éstas nos será muy útil mantener la calma y en vez de sufrir tratar de aprender y aproximarse a lo que somos, a lo más humano de nosotros.

Para discernir entre juicios  o pensamientos, sensaciones y emociones existen herramientas como la meditación. Así basta para ello con prestar la atención a la respiración y contemplar y dejar pasar pensamientos, sensaciones y emociones para darse cuenta de que una cosa son nuestros pensamientos y otra la realidad y como nuestra mente no para de enjuiciar. Pero no se trata de relativizar las desgracias y el dolor y hacer como si nada pasara sino de aceptar, darle la importancia adecuada y desde esa aceptación poder dar una respuesta constructiva que nos permita crecer espiritualmente

Zorba y Basil, amigos

Zorba y Basil, amigos

No obstante, ese baile no solo significa aceptación sino también una vuelta a los orígenes, a la inocencia de la niñez, a un equilibrio y armonía propios de esta etapa de la vida. Bailar es un ritual, una manera de conectar o fusionarse con el entorno, como lo hace el niño a través de su mente de principiante: todo rebosa interés y su curiosidad es total por todo lo que existe. Se interesa por la naturaleza, por los otros, por el mismo, solo quiere  jugar y bailar también es un juego. Zorba al bailar quiere volver a ser niño. Hablaba Nietzsche de esto en sus 3 trasformaciones: primero se es el camello obediente, luego se es el león libre que destroza la moral y los prejuicios, luego se es niño. Los camellos abundan y los leones son raros pero la dificultad esta en dar un paso más (¿adelante o tras?) hacia la niñez. El león lo destruye todo y también a sí mismo, ¿cómo puede éste transformarse en niño? Quizás una respuesta sea bailando. Piénsese que muchos bailes tienen connotaciones religiosas, son un medio para conectar con Dios (piénsese en los derviches turcos)

Pero todo esto va más allá: el baile conecta con Nietzsche en la forma del bailarín cósmico, el equilibrista que vuela de perspectiva en perspectiva, que se mueve de verdad en verdad para alcanzar una mejor perspectiva de todo lo que es, es el que está experimentando con la vida misma.

El baile final de Sirtaki

El baile final de Sirtaki

 

Referencias bibliográficas:

  • F. Nieztsche: Así habló Zaratustra
  • Jon Kabat-Zinn: Vivir con plenitud las crisis
  • J. Campbell: The Hero  with a thousand Faces