A veces tengo ansiedad y no sé por qué… Ansiedad sin motivo

¿A veces tienes ansiedad sin motivo? Tranquilo, no te estás volviendo loco. Eso que te pasa tiene una explicación. ¿Quieres conocerla?

El mecanismo de la ansiedad

Es cierto que el hombre ha llegado a la luna y, sin embargo, nuestro cuerpo sigue estando diseñado de una manera primitiva. Estamos diseñados para sobrevivir. 

Cuando el hombre primitivo salía cazar y se encontraba con un animal, se le disparaba un mecanismo en el cerebro (la amígdala) que le permitía tomar decisiones rápidas, sin racionalizar (puenteando los mecanismos racionales). Se activaba su sistema de supervivencia: lucha o huye. Este mecanismo de supervivencia desencadena toda una serie de reacciones fisiológicas en el cuerpo. El corazón bombea más rápido (palpitaciones), la respiración se vuelva alta (hiperventilación), sudoración… Todos esos cambios en nuestro cuerpo lo que hacen es que nos preparar para luchar o huir más eficazmente. Cuando corres, tu corazón bombea más rápido, tu respiración es alta, sudas, etc, y ello te facilita realizar esa actividad. 

El hombre moderno no puede optar por luchar o huir, la sociedad no lo vería con buenos ojos, los tiempos han cambiado. Así, cuando te encuentras con una situación que no sabes cómo gestionar y se activa tu mecanismo de supervivencia, lucha o huye, optas por el control. Te quedas parado pero tu sistema biológico es primitivo y sigue funcionando como siempre. O sea que te prepara para luchar o huir más eficazmente (palpitaciones, hiperventilación, sudoración…). ¡Enhorabuena, tu sistema biológico funciona! ¡Tu cuerpo tiene el motor de un Ferrari! 

Sin embargo, como te has quedado parado, te encuentras con que has puesto el motor de tu Ferrari a tope, pero luego no has dado salida a toda esa carga de energía. Has puesto tu motor a 6.000 revoluciones para nada. Así que luego necesitas un rato para desacelerar ese motor, para desactivarlo, para frenar.

ansiedad sin motivo

 

Ansiedad sin motivo: ¿como se genera?

Los perros de Pávlov. El reflejo condicionado. Seguro que has oído hablar de ese experimento. Tú sabes que la comida, incluso tan solo con olerla, produce salivación (Ummm, se me hace la boca agua…). Pávlov tocaba una campana e inmediatamente después daba de comer a los perros. Los perros se acostumbraron a esto y pasado un tiempo, salivaban solo con oír la campana, aunque después no les dieran de comer. La campana se convirtió para ellos en un «ancla», un elemento que disparaba su mecanismo de salivación. Les hacía salivar SIN que hubiera un motivo real para hacerlo. A los seres humanos también nos ocurre esto.

La primera vez que tienes una subida de ansiedad, la anclas con 2 ó 3 elementos. Mientras que estás en esa situación ves, por ejemplo, una persona que pasa, un foco que te da de frente en los ojos o una lámpara que hay allí.

Luego tienes otra situación en la que se disparan algunas de esas «anclas». Ves otra vez a la persona o una luz vuelve a darte de frente… Y tu cuerpo recuerda y te dice: ¡ojo! que esto me recuerda a cuando lo pasaste tan mal en tal o cual situación. Y nuevamente el cuerpo avisa como sabe hacerlo. Tu sistema biológico se pone en marcha como un reloj (palpitaciones, etc). Y en esa segunda ocasión lo que tienes delante es una botella y una bolsa y otra cosa, lo que sea, y las incorporas como anclas adicionales. Las sumas a las anclas anteriores. Así se van repitiendo las ocasiones y se van sumando anclas y llega un momento en que has incorporado un montón de anclas en tu mochila personal. Estas anclas son las que pueden provocar que, a veces, puedas sentir ansiedad sin motivo.

Nuestra mente está constantemente haciendo asociación libre de ideas. Esto ocurre de forma automática e inconsciente. Por eso a veces tenemos ansiedad y no sabemos porqué. Simplemente hay una de esas anclas que se ha disparado. Tengo que agradecer a Luis Bueno, colega y amigo, el haberme dado esta clara explicación del mecanismo de la ansiedad.

ansiedad sin motivo

Remedio natural para la ansiedad sin motivo ¿Hacia dónde miras?

No puedes “controlar” la ansiedad sin motivo, pero si aprender a manejarla. Cuando la alarma de tu sistema bilógico se dispara, lo hace con una intención positiva. Avisarte de que hay un peligro. Este mecanismo es el que, probablemente, nos ha hecho permanecer como especie a lo largo de los siglos. Así que podemos estarle agradecidos. Y ahora que ya sabes esto, cuando la alarma se dispare, puedes mirar a tu alrededor, comprobar que no hay peligro en ese momento y apagarla. Puedes decir a tu cuerpo: gracias por avisarme, gracias por funcionar como un reloj, pero tranquilo. Ya sé que me estás avisando, pero no hemos sido atacados.

A veces, la alarma de un coche se dispara sola y puedes apagarla una vez que compruebas que nadie está robándolo. A veces, las alarmas sufren interferencias eléctricas y se disparan sin motivo.

No sé si a ti te ha ocurrido alguna vez, pero a mí sí. Estas en una terraza tomando algo una noche de verano y oyes como salta la alarma de un coche aparcado. La primera vez que salta la alarma, la gente se vuelve a mirar. Ves salir corriendo al dueño del coche, sobresaltado, porque piensa que le están robando su coche. Sin embargo, el dueño llega y ve que todas las ventanas del coche están bien (nadie rompió los cristales). Escucha y no oye ninguna amenaza. Toca las cerraduras y ve que están bien (nadie las forzó). En suma, pone su atención en lo que le rodea y percibe a través de sus sentidos que todo está en orden. Nadie le está intentando robar su coche en ese momento. Así es cómo queda tranquilo, apaga la alarma y vuelve a sentarse para seguir disfrutando con sus amigos.

No sé si a ti te ha ocurrido alguna vez, pero a mí sí. La alarma del mismo coche vuelve a saltar varias veces en la misma noche, mientras estás sentado en la terraza. Y observas que la gente ya no mira hacia el coche. El dueño ya no corre despavorido hacia el coche creyendo que se lo roban. Ahora va tranquilo. Ya sabe, ya todos saben, que a veces pasan estas cosas. Hay alguna interferencia eléctrica que está haciendo que la alarma se dispare sin motivo. Ahora el dueño se acerca hacia el coche con cierta cara de cansancio o aburrimiento porque la alarma se dispare sin ton ni son. A pesar de ese cansancio, quizá pueda apreciar que la alarma de su coche funciona, que le quiere ayudar a proteger su propiedad. Que el problema no está en ella sino en esas interferencias eléctricas que a veces hay en el ambiente. Así, quizá pueda acercarse al coche y decirle: tranquilo, no hace falta que actives la alarma. Gracias por querer avisarme, tu intención era positiva, pero no hace falta, he mirado todo alrededor y nadie nos está atacando.

Lo que no conviene hacer

Cuando sentimos ansiedad sin motivo, en vez de mirar alrededor, solemos mirar hacia dentro. Focalizamos nuestra atención en nuestro interior, en los síntomas (palpitaciones, hiperventilación, sudoración…). Esto empeora la situación, especialmente, si intentas controlar esos síntomas, lo que también es frecuente. Lo que empeora la situación es mirar hacia dentro, lo que la alivia es mirar hacia afuera, en la forma descrita en el apartado anterior. Esto nos ayudará a recuperar más rápidamente nuestro bienestar cuando sintamos ansiedad sin motivo.

Otros remedios naturales

La respiración también es un remedio natural. La respiración abdominal rompe la respuesta fisiológica de la ansiedad. Si crees que en esas situaciones no puedes respirar de forma profunda, hay un truco. Prueba a soplar por la boca todo el aire de tus pulmones. Luego, tu cuerpo inspirará de forma natural todo el aire que necesite.

También puedes hacer EFT Tapping cuando tengas ansiedad. Es una técnica de gestión emocional natural que puedes aprender a aplicarte a ti mismo.

Como decía antes, la ansiedad no se puede “controlar” pero si se puede aprender a manejar. Y EFT es una herramienta muy efectiva para manejar la ansiedad. Funciona como un ansiolítico natural. Y te ayuda a empoderarte porque te facilita desarrollar la capacidad de manejar tu ansiedad por ti mismo. Puedes aprender a hacer tapping  cuando se disparen las anclas y desactivarlas.

Un abrazo de corazón,

 

La filosofía, un viaje hacia el corazón

Conócete a ti mismo

“Conócete a ti mismo y conocerás el universo entero”, así rezaba el oráculo inscrito en el templo de Apolo en Delfos y sus palabras constituyeron el pilar fundamental del pensamiento de Sócrates.

Desde entonces hasta nuestros días muchos son los giros que ha dado la filosofía hasta que pareciera convertirse en un mero ejercicio intelectual. Sin embargo la filosofía, que etimológicamente significa amor a la sabiduría, es en realidad una práctica. La sabiduría que persigue no es mera acumulación de información, ni tampoco un pasatiempos mental en el que se juega con los conceptos sin más. La filosofía es un ejercicio práctico y transformador, aquello que pensamos y creemos condiciona nuestra forma de percibir el mundo y a nosotros mismos en él. Nuestra percepción del mundo a su vez condiciona nuestra forma de actuar y dependiendo de la forma en que nos relacionamos con el mundo viviremos una vida más plena y consciente lo cual constituye un pasaje a la felicidad.

 

La filosofía como camino

La filosofía nos conduce a través de un proceso de autoindagación a descubrir por nosotros mismos qué formas de vida y actitudes nos hacen sentir realizados como personas. Aunque todos los seres aspiramos a ser felices y sentirnos realizados, el camino no suele resultar fácil. Es posible que la respuesta a como ser feliz sea algo tan sencillo que ni siquiera seamos capaces de verlo, o que incluso cuando racionalmente sabemos lo que “tendríamos que hacer” sintamos que no sabemos cómo hacerlo. Simplemente se trata de soltar nuestras resistencias a la vida y atrevernos a sentir lo que sentimos en cada momento, sin que eso implique necesariamente dejarnos arrastrar por esas sensaciones. Solamente abrirme a sentir lo que siento, incluso cuando es una sensación incómoda o desagradable.

A través de la filosofía se nos proporcionan herramientas “darnos cuenta”, para colocarnos en el lugar del observador y poder acoger así lo que sentimos y poder realizar así nuestras acciones sin reducir todo lo que somos a lo que hacemos en un momento dado, a algo que nos ocurre o nos ocurrió. La filosofía cuestiona, no por llevar la contraria o por tener razón, ni siquiera con la pretensión de proporcionar una verdad absoluta, sino para mantener un estado de plena atención que abre la puerta al conocimiento de uno mismo. ¿Y para qué conocerse a uno mismo? Porque el conocimiento de uno mismo conlleva la posibilidad de descubrir el universo en ti.http://psiquentelequia.com/tag/comun/

De fuera hacia dentro

Las filosofía orientales como el budismo, el hinduismo, el taoísmo o el zen, tan en boga desde finales de los setenta, nos proporcionan un montón de ingredientes muy útiles y transformadores para ese conocimiento de uno mismo y para vivir una vida feliz.

Ahora bien, las tradiciones espirituales y filosóficas no suelen dar recetas concretas e incluso cuando pretenden hacerlo no siempre es una receta adecuada a nuestro contexto vital o nuestra situación personal. Podemos decir que las tradiciones espirituales y religiones nos dan ingredientes y cada uno de nosotros tenemos que elaborar nuestra propia receta.

La filosofía como camino de cuestionamiento y honestidad nos servirá para que la receta que elaboremos salga bien buena. Me explico, si tomamos de cada tradición aquello que nos resulta más cómodo o nos cae más simpático sin una mirada honesta hacia lo que nos hace bien, entonces será como tomar el medicamento que más me apetece y no el que realmente me puede curar. Dicho de otro modo, en realidad las respuestas están sólo en nosotros mismos y buscarlas fuera mezclando de aquí y de allá en muchos casos sólo nos hará sentir más perdidos todavía.

Lo que una tradición nos dice puede servirnos como fuente de inspiración, puede hacernos de mapa en un momento dado, pero el camino debemos recorrerlo nosotros mismos. La filosofía en este sentido nos anima a caminar poniendo plena confianza en lo que somos.

La filosofía como forma de vida

A modo de ejemplo de como la filosofía es una forma de vida y como puede resultar terapéutica cuando así la vivimos, voy a citar brevemente una de las cuestiones que se plantea en un texto de la tradición hindú:

Se trata del caso del mejor arquero de un reino cuya labor social es mantener la justicia y el orden de lugar. El reino se encuentra dividido por disputas familiares y la apropiación indebida del reino por una parte de la familia. Aunque desde el bando del maravilloso arquero se ha intentado por todos los medios llegar a un acuerdo, no ha habido éxito en la empresa y la guerra entre ambas partes parece inevitable. A punto de comenzar la lucha, el arquero entra en un estado de profundo desconsuelo por tener que luchar contra familiares, amigos y maestros. En un momento dado está decidido a abandonar su vida de arquero y retirarse de la sociedad, mendigando por su comida.

La cuestión está servida ¿qué es más importante, los sentimientos hacia su familia o su deber de luchar para restablecer la justicia? Y más importante todavía que esto: ¿es más importante lo que decida hacer o la actitud con la que lo haga? ¿El qué o el cómo?

Cada día nos encontramos con situaciones en las que no sabemos qué hacer, qué decisión tomar. Priorizar el qué o el cómo lo puede cambiar todo, puede que incluso descubramos que sí sabíamos lo qué teníamos que hacer.

Yo vivo por mis hijos

Vivo por mis hijos

La publicación de hoy es más bien una reflexión sobre la dinámica entre padres e hijos, y cómo se juega el deseo entre ellos. Hay una página en Instagram que sigo y me encanta pues es una fuente muy rica de reflexiones. La misma simula el final de una sesión de análisis, donde el analizante habla y el analista le interpreta para luego decir: “Terminamos por hoy.”

Hace unos días leí una publicación acerca del deseo de los padre hacia sus hijos. El analizante dijo: “Yo vivo por mis hijos.” A lo que el analista respondió: “¿La vida de ellos? … Terminamos por hoy.” Tú que tienes hijos, ¿te removió algo esta frase? Y si no los tienes, eres hijo si duda. ¿Te resuena en algo a la relación con tus propios padres?

 

Universo simbólico del bebé

Mundo simbolico

Desde antes de nacer, el bebé se encuentra inmerso en un universo simbólico. El mismo está constituido por el lenguaje como estructura, y los deseos de sus padres con respecto a él. Ya desde antes de nacer, sus padres lo soñaron e imaginaron un futuro que en el mejor de los casos será un propio. Escogen su nombre con mucho cuidado o al azar, pero siempre con componente inconsciente importante. El otro día en consulta le pregunté a sus padre por qué escogieron el nombre. Me contaron que la primera sílaba es la primera del nombre del padre, y la última sílaba es la última del nombre de la madre. “Así tiene algo de los dos, se parece en una cosas a mí y en otras a ella.”, comentan los padres.

En otros casos, será la continuación del futuro truncado de alguno de sus padres. El bebé llegará como un Mesías a cumplir los sueños rotos, los planes inconclusos de sus progenitores. Puede ser a través de alguna actividad que lo defina, y en la cual el padre no pudo realizarse. Pero no se limita a este tipo de situaciones. ¿Qué pasa cuando vive la vida de ellos?

Es fundamental, ante los hijos pensar en qué contexto este niño o esta niña fue concebido. Sus padres quieren para él o para ella un futuro propio como sujetos de su deseo. O más bien, lo toman como un objeto de satisfacción de sus propios deseos.

 

Necesidad y demanda

El deseo es un concepto fundamental del Psicoanálisis para comprender los procesos del sujeto. Puede vincularse en parte con la noción común de deseo, como algo que motiva al sujeto. Lo cierto es que surge en la infancia, y luego se manifiesta en los sueños, las fantasías, la psicopatología de la vida cotidiana, entre otras producciones psíquicas. En Psicoanálisis se distingue el deseo de la necesidad y la demanda.

La necesidad está ligada al instinto de supervivencia de una especie. Mediante la misma, un ser vivo busca un objeto que la pueda satisfacer por completo. Estas circunstancias ocurren primordialmente en el mundo animal, donde hay un objeto que puede colmar esa necesidad. Mientras que en el ser humanos, el instinto pasa por lo psíquico. Lo que nos mueve es la pulsión, un límite entre lo físico y psíquico. La misma no tiene un objeto específico que lo satisfaga.

 

Surgimiento del deseo

Volvamos al tema de los padres en relación con sus hijos. Cuando un bebé llora, la madre interpreta esto como una demanda. Digamos que lo hace por hambre, pero no puede interpretar aún esas sensaciones corporales e identificarlas como la necesidad de comer. En el mejor de los casos, la madre lo satisface pero también lo introduce en el campo del lenguaje. Ella construye una interpretación y le dice a su bebé: “Es hambre, quiere comer.”

Además de alimentarse y satisfacer la necesidad de hambre, el bebé empieza a chupetear. Esto le causa un placer que va más allá de la alimentación misma. Cuando la madre hace lugar a la falta en la satisfacción de esa demanda, el niño entra en la dimensión del deseo. Este es insatisfecho y de allí en adelante el bebé busca revivir esa primera experiencia de satisfacción en la realidad o en la fantasía.

El concepto psicoanalítico de fantasma se refiere a la respuesta que da el sujeto ante la pregunta sobre el deseo del Otro. En las palabras de la madre siempre hay algo incomprensible, y el niño se pregunta: ¿qué quieres? La madre demanda algo que le falta, y el niño se ubicará como ese objeto que la completa. Pero en el fantasma se incorpora la presencia del sujeto en la escena.

 

Niños y niñas «Amo»

niños amo

Hoy en día ocurre un fenómeno particular en relación con la crianza de ciertos hijos. Los padres procuran vivir sus vidas a través de sus hijos. A veces reconocen en ellos un atributo particular que los hace extremadamente especiales. En otros casos, hay un cierto grado de culpa por errores cometidos con respecto a este hijo o a otra figura significativa. En cualquier caso, la madre o el padre hacen de este hijo un objeto y le dan todo. No le permiten tener su propio deseo pues colman cualquier vestigio de falta, incluso antes de que se perciba.

Estos son los niños o niñas amo, y actualmente ya adultos con este funcionamiento. Son personas a quienes no les ha faltado nada, pues sus padres constantemente se desviven por satisfacer cada una de sus necesidades, deseos y hasta caprichos. Los padres hacen lo mejor que pueden con lo que tienen. No son conscientes del daño que causan a sus hijos una vez éstos sean adultos. Principalmente, se sienten merecedores de todos los privilegios sin realizar ningún esfuerzo, y lo que es peor, sin desearlo. Es un rasgo un poco perverso a veces, en el sentido psicoanalítico. Pues es su ley la que vale, por encima del resto.

Vemos infinidad de casos de lo que se conoce comúnmente como “adolescentes tardíos”. En muchas ocasiones, no son más que niños amo, incapaces de esforzarse por nada, porque no tienen un deseo propio por nada. Todavía dependen de sus padres, no sólo económicamente, sino emocionalmente. Estos padres por su afán de que sus hijos cumplan su propio éxito frustrado, han fracasado nuevamente.

adulto inmaduro

 

¿Qué necesita un niño?

Como hemos visto, el deseo del sujeto se configura en relación con el deseo del Otro, quien cumple la función materna. El niño necesita que la madre desee para él un porvenir propio. Si el niño se convierte en su objeto de satisfacción esto es imposible. Por otro lado, si colma al niño con todo lo que cree que el necesita se colma la falta. Entonces, éste será incapaz de desear por sí mismo.

En la consulta privada y en mi trabajo como consejera en un colegio soy testigo de esto a diario. En esta época donde la tecnología es tan importante, nos encontramos con niños que tienen todos los gadgets que se puedan imaginar. Sin embargo, no tienen el tiempo compartido con sus padres, no tienen quien los escuche.

Hay un momento en el que el bebé es realmente todo para la madre, y es necesario que sea así para su supervivencia. Sin embargo, debe haber un corte o límite entre ambos. Generalmente, lo cumple el padre –o quien cumpla esa función. De allí en adelante, se reproducirá esa experiencia toda vez que el sujeto sea se enfrente con un límite a su satisfacción inmediata y/o completa. Esto le permite vincularse con otras personas en el futuro, de un modo no egocéntrico.

amor y limites

De no darse estas condiciones, encontraremos vagos emocionales, personas carentes de un deseo propio. También se ven niños o adultos amos, convencidos de que se merecen el mundo sin mover dedo para conseguirlo. En fin, un niño necesita el amor de sus padres, el deseo de estos de un futuro propio como sujeto, y límites a sus satisfacciones de modo que pueda vivir en sociedad. No vivir para ellos, ni la vida de ellos… sino vivir la vida con ellos.

 

Fuentes:

Música al final de la vida

Puede que hoy comience con una pregunta algo incómoda. ¿Has acompañado alguna vez a un ser querido en su último tramo de vida, o te has parado a imaginar cómo te gustaría vivir esos últimos momentos? Vivimos en una sociedad que evita la muerte, que mira hacia otro lado, cuando realmente es la única certeza que tenemos cuando llegamos a este mundo. Al igual que nos acompaña durante toda nuestra existencia, la música puede ser también una compañera que nos ayude a integrar lo vivido y a despedirnos desde una actitud de aceptación y serenidad.

 

La serenidad que da integrar lo vivido

 

Musicoterapia y cuidados paliativos

 

Si bien a nivel histórico, en muchas culturas ha sido habitual el uso de la música para acompañar el momento de la muerte, en nuestra sociedad esta práctica ha adquirido nuevo significado a partir del desarrollo de los cuidados paliativos en los países anglosajones desde la década de 1960 y 1970. Los primeros musicoterapeutas comenzaron a aplicar distintas formas de acompañar que comenzaron a ser sistematizadas a partir de la década de 1990. Los principios que han guiado esta aplicación de la música en el acompañamiento durante los últimos días han sido:

  • Potenciar las relaciones interpersonales de la persona moribunda.
  • Aumentar su autoestima a través de la autorrealización derivada de la expresión libre.
  • Emplear el ritmo para estimular la participación y facilitar el orden en un momento de posible caos.

 

 

¿Qué abordajes se puede emplear con personas al final de la vida?

 

Para facilitar el modo en que podemos aproximarnos a una persona en esta etapa, se suele hablar de cuatro tipos de técnicas de musicoterapia:

  • Receptivas: dado el deterioro de la persona, puede que sea difícil su participación activa, y por ello se recurre a la escucha de música con un significado o intención especial.
  • Creativas: hacen referencia a la composición de nuevas canciones o piezas musicales, con o sin letra, o a la improvisación libre, con voz o instrumentos.
  • Recreativas: engloba la interpretación de música ya conocida para la persona, ya sea con instrumentos o con la voz.
  • Combinadas: implican la fusión de la música con otras modalidades artísticas, como el movimiento, el arte o el teatro.

 

La música como expresión de lo vivido

 

¿Qué influencia puede tener escuchar música en esta etapa final?

 

Cuando se pide a una persona que elija una canción, entra en juego su memoria autobiográfica, con los significados y emociones que aflorarán durante su escucha. Posteriormente, el procesamiento verbal puede ayudarle a descubrir nuevos significados o asociaciones, a poner de manifiesto ciertos bloqueos emocionales, o a lograr una comprensión profunda de hechos pasados. También puede hacerse un análisis de la letra, si realmente tiene sentido para la persona, de modo que pueda tener una nueva oportunidad de adentrarse en su mundo de significados para lograr una integración de lo vivido.

Llevar a cabo una revisión de la música importante para la persona puede ayudar a identificar varios periodos de su vida con el fin de estimular el debate sobre su historia vital. El ensamblaje de esta música representativa de sucesos o momentos vitales importantes se denomina biografía musical.

Otra técnica receptiva es el arrastre, que consiste en que la ejecución de cierta música por parte del musicoterapeuta con el fin de modificar parámetros fisiológicos de la persona. Suele emplearse para calmar una respiración o pulso agitados. Se comienza siguiendo la frecuencia cardiaca, y de forma gradual el ritmo musical se va enlenteciendo, de modo que el pulso y la respiración se ajustan.

Una tercera opción de música receptiva es el empleo de la visualización a partir de la música proporcionada por el terapeuta, ya sea en vivo o grabada. Esta técnica es muy potente para transitar por el contenido inconsciente y emocional de la persona.

 

¿Cómo ayuda la creación musical a integrar lo vivido?

 

La composición de canciones es una técnica muy importante y efectiva en cuidados paliativos. ¿Qué puede conseguir?

  • Ofrece a la persona la oportunidad de expresarse de forma creativa a través de las palabras y la música.
  • Puede percibirse como una forma menos amenazante de desarrollar una narrativa sobre aspectos de la propia vida.
  • Puede estimular la expresión de pensamientos y sentimientos.
  • Facilita el bienestar físico y social.
  • Valida de forma verbal y musical la expresión emocional.
  • Puede potenciar la autoestima.

 

La improvisación musical puede ser realizada por el musicoterapeuta y la persona en situación de últimos días de forma individual o conjunta. El terapeuta presta apoyo, ofrece un reflejo y estímulo de la expresión de la persona por medio de la música, con menor peso del procesamiento verbal.

 

 

Cada vez se integran más estos enfoques también en los cuidados paliativos pediátricos, aún con necesidad de gran desarrollo en nuestro país.

 

 

La dedicatoria de canciones consiste en la elección o composición de una canción por parte de la persona con el fin de expresar un pensamiento, sensación, o sentimiento hacia otra persona, lo que puede ayudar a integrar aspectos vividos con la misma. La creación de legados musicales puede facilitar el proceso de duelo en las personas cercanas una vez que su recorrido vital haya finalizado.

 

¿Qué evidencias respaldan el uso de musicoterapia en cuidados paliativos?

 

Cada día, la labor del musicoterapeuta está más contemplada dentro de los equipos de profesionales de cuidados paliativos. Entre los efectos derivados del uso de la música en este ámbito, se encuentran:

  • Reducción del sufrimiento emocional (ansiedad, ira, depresión y miedo).
  • Disminución de los sentimientos de soledad y de aislamiento social.
  • Mejoría en la percepción del bienestar físico, dolor y relajación.
  • Atención al componente espiritual y trascendental de la persona.
  • Mejora en ciertos parámetros físicos (frecuencia cardiaca y respiratoria, tensión arterial).

 

 

A modo de conclusión, me nace comparar la vida con una canción, a veces con un comienzo delicado, otras intenso, un desarrollo que hace llegar al estribillo, ese sentido que nos impulsa a seguir viviendo y dando significado a lo vivido, para llegar a un desenlace, a esos acordes relativos a cadencias que permiten vislumbrar un final cercano, al cual nos podemos resistir y seguir creyendo que nuestra canción es eterna, o bien permitirnos el deslizamiento entre esa sucesión sutil de notas que nos facilitan soltar creencias, apegos, resentimientos, para quedarnos con la inmensidad y eternidad que supone liberarse de todo para vivir ese momento, único e irrepetible, del adiós.

 

Referencias bibliográficas

  • Clements-Cortés, Amy. (2016). Development and efficacy of music therapy techniques within palliative care. Complementary Therapies in Clinical Practice, 23, 125-129.
  • Planas Domingo, José; Escudé Matamoros, Núria; Farriols Danés, Cristina; Villar Abelló, Helena; Mercadé Carranza, Jordi; Ruiz Ripoll, Ada I.; Mojal García, Sergi; Rossetti, Andrew. (2015). Effectiveness of music therapy in advanced cancer patients admitted to a palliative care unit: a non-randomized controlled, clinical trial. Music & Medicine, 7, 1, 23-31.

 

¿El Poder nos transforma?

Independientemente de que hablemos de poder político, económico o empresarial, lo que sucede normalmente con las personas que consiguen un alto cargo y lo desempeñan durante un periodo de tiempo prolongado es que sufren un cambio tanto en su forma de pensar como de actuar.

 

Abuso de poder

 

«El poder corrompe; el poder absoluto corrompe absolutamente todo´´ Dalberg-Acton (1834-1902)

 

Todos estamos al tanto de la cantidad de noticias sobre corrupción política en nuestro país. Parece que ni uno solo se puede librar de dichos escándalos. Y nos resulta cada vez más evidente que todos están relacionados con el abuso de poder.

No solo encontramos desfalcos en la política, pues si miramos a otras entidades como la FIFA, la banca o el Tribunal Constitucional, están cargados de nepotismo y ausencia de control por parte de las autoridades. Y esto solo refleja una cosa: las personas cuando poseen un cargo poderoso, amplían su rango de actuación debido a su cambio de estatus y a sus sentimientos de omnipotencia.

 

Habitamos mundos distintos

La diferencia entre tener  poder o no, hace la diferencia en el estilo de vida. Aquellas personas que poseen poder, viven en un mundo completamente diferente al resto de la sociedad.

Normalmente las personas poderosas se muestran con más libertad de actuación, más influyentes y esperando conseguir recompensas constantemente. Mientras que las personas menos ricas o «sin poder´´ tienden a centrarse en las necesidades de los demás, a comportarse más cohibidos y a ser más sensibles al castigo.

De este modo, las personas poderosas se ajustan menos a las normas sociales, lo cual nos hace cuestionarnos si en su caso realmente poseen mayor margen de maniobra en beneficio propio.

 

 «… el hecho de que los gobernantes actúen de manera pérfida y sin escrúpulos, forma parte de un ejercicio del poder exitoso. Es más seguro ser temido que ser amado.´´ Nicolás Maquiavelo (1469-1527, El Príncipe)

 

Cuando hablamos de maquiavelismo en psicología, hacemos referencia a un rasgo de la personalidad que se caracteriza por el interés exacerbado en la apariencia propia y en la influencia en los demás, buscando el beneficio propio a través de los otros. Además, las personas que se caracterizan por este rasgo marcado, suelen presentar altos grados de narcisismo y psicopatía, lo cual da lugar a la denominada «triada oscura de la personalidad´´.

 

Donald Trump

 

Estos conceptos toman forma en la sociedad en la que vivimos cuando observamos a los altos dirigentes tratando de conseguir sus propios objetivos a pesar de los límites éticos y legales.  Siendo su principal interés el codiciar los bienes materiales y tratar de ejercer dominación sobre la sociedad.

 

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Rasgos prosociales

A pesar de todo esto, la realidad refleja que se suele mostrar cierta actitud de rechazo y desconfianza hacia aquellas personas que demuestran querer conseguir ascender a costa de cualquier precio. Es más, las personas de élite que presentan una actitud maquiavélica, suelen recibir un mayor numero de criticas negativas por parte del resto, siendo consideradas menos capaces de ocupar cargos de responsabilidad.

 

Escalamiento

 

Sin embargo, en contraposición a esto, las personas que se muestran comprometidas con el grupo, con las normas sociales, con alta extraversión y bajo neuroticismo, tienden a ganar influencia en los demás y a ascender en la jerarquía. Se tratan de rasgos prosociales que facilitan la comunicación y la mediación en el conflicto.

Desde diferentes datos aportados por numerosos estudios psicosociales, se derivan conclusiones como que las personas que alcanzan determinado poder en la sociedad, suelen sobrestimar sus propias capacidades y actuar más libremente. Su manera de pensar se torna estereotipada, no tienen tan presente el punto de vista de los demás y le pierden miedo a los riesgos al sentirse más respaldados.

Aquí encontramos el complejo supuesto de la «paradoja del poder´´ bajo el cual subyace la hipótesis de que las capacidades que hacen que una persona logre cierto prestigio, se pierden cuando transcurre un tiempo prolongado en dicho puesto.

Esto implica que la ganancia de autoridad influya en nuestro pensamiento y conducta. Por ejemplo, las personas poderosas pasan de atender a los pequeños detalles a tener una visión más abstracta del mundo. De esta manera, políticos, directores de bancos o de grandes empresas se preocupan por deshacerse de un paquete de acciones, cerrar una filial o arreglar un parque, y no de cómo se encuentra el inversor financiero de su empresa o qué necesidades tienen los albañiles que levantan el suelo de las calles.

 

Distancia psicológica

 

Todo ello responde al modo en el que conceptualizan la realidad, es decir, la distancia psicológica que establecen entre ellos y los objetos, las personas y los acontecimientos. Esto esta determinado no solo por los vínculos personales que se tengan con una entidad concreta, sino también por la distancia espacio-temporal, siendo lo cercano percibido de forma más detallada, mientras que lo lejano se entiende de manera más abstracta.

Ninguna de las dos maneras es mejor o peor, puesto que depende de la situación y de los rasgos de personalidad. Lo que se trata de dar a entender es la sustitución de un tipo de pensamiento por otro de forma constante. Es decir, el pensamiento de personas de altos estatus suele ser bastante más abstracto a la media. Así, el gran escándalo de las preferentes pudo ser, ya que los afectados eran personas completamente ajenas a los responsables.

Por tanto, el  pensamiento de altos directivos presenta menor implicación personal con el detalle. El poderoso es poco altruista y se preocupa más por su propio bienestar que por el de los demás. Contempla a sus subordinados como un grupo abstracto, prestando poco interés por sus necesidades y opiniones.

 

Doble moral

Otro de los rasgos que encontramos en este tipo de personas es la doble moral. Por lo general el poder también transforma los juicios y esto claramente lo percibimos en las normas que se aplican a sí mismos los directores y altos cargos de la sociedad y las que le aplican a sus subordinados.

Nada que ver tiene la libertad que uno se toma cuando sabe que tiene poder frente a aquellos que saben que están bajo el cargo de un superior.

 

Subordinados

 

Un claro ejemplo de esto es el famoso experimento que todos conocemos de la Prisión de Stanford que llevó a cabo el psicólogo Philip Zimbardo en el año 1971. En él se puso a prueba el ejercicio del poder en prisión con un grupo de voluntarios a los que dividió por azar en presos y carceleros. El resultado fue cuanto menos escandaloso aunque muy esperado. El juego de roles desembocó en un maltrato reiterado y evidente, lo cual obligó a detener el experimento.

 

 

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La sensación de poder y control hacen que la persona se muestre más activa y emprenda acciones en las que jamás se podría haber imaginado. Es una sensación que va acompañada de un sentimiento de fuerza que antes no se creía poseer. De este modo, incluso surgen aptitudes del sujeto que permanecían ocultas.

Sin embargo, aquellas personas que son más proclives a atender a las necesidades de sus subordinados y a establecer reparticiones equitativas en el ejercicio social, suelen implicarse personalmente mucho más en situaciones de poder. Por lo que las personas que se muestran altruistas con los demás, pueden llegar a comportarse del mismo modo a pesar de alcanzar puestos de poder importantes.

Pero una cosa hay que tener clara y es que este comportamiento prosocial depende de varios factores: primeramente los rasgos de personalidad y la opinión que se tenga sobre uno mismo, además de la cultura tanto individual como política y de empresa. Por lo que podemos decir que el poder corrompe, pero también puede darse el caso de no tener por qué, sobre todo si los rasgos de la personalidad son claros y sólidos, los objetivos están bien definidos y son alcanzables y la influencia externa no es demasiado perniciosa.

 

 

Horkheimer: la tarea de la filosofía en la modernidad industrial

Terminamos con esta entrada el repaso a la Crítica de la razón instrumental (1947) del filósofo alemán Max Horkheimer, perteneciente a la Escuela de Frankfurt. Si en la anterior exponíamos su crítica a la opresión que sufre el individuo por las estructuras de poder sociales, económicas y culturales en la época del industrialismo, en esta entrada exponemos su concepción de la filosofía como autocrítica de la razón, así como cuál ha de ser la tarea de la filosofía en las sociedades capitalistas industriales, que pasa por propiciar la reconciliación entre la razón objetiva y la razón subjetiva.

Horkheimer sostiene que el industrialismo presiona a los filósofos para que hagan su disciplina como una ciencia positiva, con términos totalmente inequívocos y acontextuales, siguiendo el principio formalista de definición. Una filosofía ahistórica, fisicalista, a imagen del empirismo lógico. Pero en filosofía todo término tiene una carga histórica que no puede ser desdeñada. Es la herencia espiritual de otros hombres que han pensado antes que nosotros. Es el depósito en que están contenidas las cambiantes perspectivas del príncipe, el campesino, el poeta… El filósofo no puede hablar sobre el hombre, el mundo, la sociedad, el pensamiento, como el científico natural habla sobre una sustancia química. Todo concepto debe ser considerado como fragmento de una verdad que todo lo abarca y que en su seno alcanza su significado. Construir la verdad con tales fragmentos es la tarea más importante de la filosofía.

Cuando son abstraídos del proceso en el que fueron obtenidos, los conceptos filosóficos se vuelven inadecuados, vacíos y falsos, afirma Horkheimer. Es lo que ocurre frecuentemente con los conceptos de “naturaleza” y “espíritu”, lo cual lleva o bien a hipostasiar la dualidad o a reducir el uno al otro (todo monismo sirve para cimentar el dominio del hombre sobre la naturaleza). Algo similar ocurre con los conceptos de “razón objetiva” y “razón subjetiva”. Si se opta por la primera, por revivir sin más ontologías del pasado, caemos en ideologías reaccionarias, incapaces de adaptarse a la evolución industrial y científica. La crítica de los neoconservadores es romántica y antiintelectualista. Aquellas ontologías se convierten en doctrinas represivas cuando son usadas como panaceas. Si se opta por la razón subjetiva, supone la adaptación sin reservas a la alienación entre sujeto y objeto, al proceso social de cosificación, a un materialismo vulgar que no puede evitar caer en un nihilismo cínico.

La tarea de la filosofía no debe ser, pues, oponer tozudamente ambas, sino alentar una crítica recíproca que propicie una reconciliación en la medida de lo posible. Para Horkheimer la filosofía debe ser lo que ya afirmó Kant: autocrítica de la razón. Si se se enfatiza la critica a la razón subjetiva es porque es la dominante hoy en día. La oposición entre razón objetiva y subjetiva es aparente, aunque una apariencia necesaria fundada en la propia condición humana. Por una parte, la necesidad social de controlar la naturaleza ha conformado el pensamiento de cara a la razón subjetiva; por otro, la sociedad no ha podido reprimir del todo la sensación de que hay algo mas allá del sí-mismo. Es pues una separación que responde a necesidades históricas. Mediante la autocrítica la razón tiene que reconocer lo limitado de cada uno de estos dos conceptos. Ambos están interrelacionados, y hay que comprender cómo y por qué su separación.

La idea de autoconservación que lleva a la razón subjetiva a la locura, afirma Horkheimer, es a la vez la llamada a preservar a la razón objetiva de ese mismo destino, la advertencia de que sólo el fin social del respeto a la vida individual merece ser llamado objetivo. Los sistemas metafísicos objetivos son el reconocimiento en clave parcialmente mitológica de que la razón subjetiva no puede garantizar la autoconservación sino en comunidad, en un orden suprainvidiudual, mediante la solidaridad social.

Según Horkheimer, en la observación calculadora por parte del hombre, con la objetivación de la naturaleza, se frustra el proyecto de encontrar verdad en ella. La enfermedad de la razón tiene su origen en la misma esencia de la razón, en el afán del hombre por dominar la naturaleza, y su curación depende del conocimiento de esta esencia. La autocrítica de la razón consiste en la investigación de las capas históricas de la razón. El hombre debe comprender el proceso que ha llevado a la razón a este antagonismo que amenaza con destruirle a él. Una autocrítica que le haga consciente de las contradicciones entre las ideologías y la realidad.

Para ello, para Horkheimer, es inseparable la reflexión sobre las ideas y sobre el lenguaje, lugar donde se reflejan los anhelos de los oprimidos y la violencia sobre la naturaleza. La filosofía ayuda al hombre a que el lenguaje pueda cumplir su función mimética, su destino de reflejar las tendencias naturales. La filosofía es el esfuerzo teórico consciente (no acabado ni definitivo como los conceptos científicos) por fundir todo nuestro conocimiento e intelección en una estructura lingüística en la que las cosas sean llamadas por su nombre. Como en la terapia psicoanalítica, se trata de llamar a las cosas por su nombre para poder curarnos. Es la coincidencia entre lenguaje y realidad el gran legado que nos han dejado los sistemas objetivistas. Su error fue concebir que esta coincidencia era posible en sistemas eternos, ignorando que vivir en la injusticia social cierra las puertas a formular una verdadera ontología. Y es que aquellos sistemas daban preeminencia ontológica a lo lógicamente más general.

Frente a las grandes ideas de la civilización moderna -igualdad, fraternidad, libertad- la filosofía, según Horkheimer, tiene una doble tarea: negar su pretensión de verdad absoluta, mostrando su relatividad histórica, y reconocer su contenido de verdad midiéndolas en relación con el trasfondo social del que proceden. La filosofía combate el hiato entre la realidad y las ideas; confronta lo existente en su nexo histórico con la pretensión de sus principios conceptuales, negando así las pretensiones de la ideología dominante y también las de la realidad. Superando así las limitaciones del empirismo y el racionalismo: por un lado, el escepticismo positivista, no reconoce sentido a los conceptos generales que pudiera ser salvado; por otro lado, el idealismo objetivo racionalista se aferra al significado eterno de los conceptos generales y de las normas sin atender a sus orígenes históricos.

Para Horkheimer la filosofía crítica no debe hacerse propaganda, ni siquiera de cara a los más nobles fines, como sí hacen otras “filosofías”. Y es que la verdad que intentan transmitir los nuevos catecismos se ve comprometida por su objetivo pragmático. Si hablan de esperanza en términos de profundas necesidades de personalidad, de sentimientos generales emocionalmente ricos o de valores humanos científicamente probados, es porque la religión ha perdido ya todo significado para los hombres. Ni siquiera la receta hobbesiana de tomar las doctrinar religiosas como píldoras será ya de ayuda. El lenguaje de la recomendación rechaza lo que cree recomendar.

Se trata, dice Horkheimer, de reivindicar la filosofía como memoria y conciencia de la humanidad contribuyendo a hacer posible que la marcha de ésta no se vuelva hacia ideologías carentes de sentido. El progreso hacia la utopía se ve frenado por las avasalladora maquinaria del poder social y las masas atomizadas, surgiendo así la hipocresía social, la creencia en teorías falsas, el desánimo por la especulación, la debilitación de la voluntad y desviación a actividad sin fin bajo la presión de la ansiedad. La filosofía debe ayudar a los hombres a reconocer estos factores, denunciando todo lo que mutila a la humanidad e impide su libre desarrollo. Ahora que hemos dominado la naturaleza, nos domina la sociedad con sus modelos, sistemas y autoridades. Hay que seguir el espíritu de la Ilustración liberando al hombre de creencias supersticiosas en poderes malignos. Denunciar lo que se entiende hoy por razón es el mayor servicio que puede rendir la razón.

 

Referencias:

• Horkheimer, M., Crítica de la razón instrumental, Trotta, Madrid, 2002

Los efectos de la música sobre nuestro cerebro

La música calma las bestias del alma. Es la llamada hacia la movilización. Es el arte del contagio. La música nos penetra, conquista nuestro mundo emocional y logra que nos expresemos. Podemos llegar a sentir su influencia en cada poro de nuestra piel y la neurociencia ha logrado estudiar la influencia que tiene sobre nosotros a nivel cerebral.

La música logra liberar adrenalina, impregnando a nuestro cuerpo de excitación, generando tensión muscular, dilatando las pupilas, aumentando la frecuencia cardiaca, el ritmo respiratorio y la presión arterial. Sin embargo, la música, en general no produce estos efectos siempre. La música activa diferencialmente el cerebro dependiendo de si produce placer o displacer, si la escuchamos o la tocamos, si es una pieza aprendida o si en cambio, estamos improvisando.

El lenguaje de la música

La música no es un lenguaje pero es una poderosa arma de comunicación, traspasa culturas y épocas, nos evoca recuerdos. Una pieza nos puede hacer conectar con un amplio abanico de emociones e incluso puede llegar a contrariarnos, asociamos ideas y nos moviliza a tantos niveles que parece complicado encontrar otra mejor herramienta para provocar revoluciones o crear un sentimiento de unión.

Es cierto, todos (incluidos los políticos más rancios) la hemos empleado, para sentirnos mejor, para generar un cierto clima, para animar una fiesta o incluso para hacer saber a la gente de que es hora de que se marchen a su casa. La música es efectivamente poderosa y junto con las emociones que provoca, satisface la necesidad de actuar y de movilizarnos.

El lenguaje verbal surge de la necesidad de comunicarse de forma precisa. Sin embargo, la música, con o sin letra, con un uso mayor o menor del lenguaje simbólico, nos atraviesa como una bala, comunicando y provocando emociones que el lenguaje verbal no alcanza. La música organiza y combina sonidos pero resulta mucho más potente que el lenguaje verbal porque solamente a través de la melodía la música logra transmitir lamentos, dolor, alegría, plenitud, o todo ello en una misma pieza musical.

Es un idioma común que en sus orígenes fue expresión emocional espontánea y que ha evolucionado, presentando reglas y simbología propias gracias a un ejercicio de abstracción cognitiva (capacidad cognitiva de los humanos por excelencia) que busca la armonía y la facilitación de la comunicación de ideas y sensaciones con el potencial oyente.

En este ejercicio de análisis y construcción de conceptos también ha tenido lugar la medida del ritmo, la creación de la métrica. Esto es un ejemplo de lo contrariados que puede hacernos sentir la música, porque si bien hasta ahora hemos hablado de que la música es emocional, catárquica, pasional e irracional, parece ser que también puede ser racional o cerebral. De hecho, aquellas piezas que se matematizan y pierden su componente emocional desechando la melodía se conocen como “atonales” o “cerebrales”.

El fenómeno de la improvisación

La improvisación implica inspiración creativa y ejecución en paralelo. Implica dejar surgir ideas novedosas mientras se actúan. Esto irremediablemente nos recuerda a Freud, el cual abandonó la hipnosis para desarrollar su técnica de asociación libre como método de estudio del inconsciente. Con la asociación libre, Freud logró trabajar con los pacientes en estado de vigilia, permitiendo que fluyesen las ideas de forma improvisada, sin discursos ya formados y se generasen por asociación, otras ideas novedosas con el fin de que produjeran un cambio en el paciente.

La improvisación supone la ausencia de aprendizaje previo y efectivamente, la neurociencia vuelve a darnos información de lo que sucede a nivel cerebral cuando una persona se encuentra improvisando. Así, a través de resonancia funcional se percibe una inhibición de las áreas que tienen que ver con el aprendizaje, áreas que se encargan de la planificación, de manera que esta inhibición permite que las ideas broten sin control ni bloqueos. De hecho, lo único que se mantiene activo de igual forma que cuando se toca una pieza ya conocida y aprendida, es la corteza motora y sensitiva que se encargan de las praxias, es decir, de la ejecución de la misma.

Asimismo, la neurociencia ha mostrado que las personas creativas presentan un desequilibrio en la neurotransmisión cerebral. Así, muestran mayores fluctuaciones en el sistema dopaminérgico- adrenérgico (sistema de recompensa y excitación) de manera que el proceso creativo (1. ensoñación/incubación de la idea; 2.revelación súbita o ajá, darse cuenta y 3. ejecución/ verificación, materializar la idea) se ve afectado por la facilidad con la que la persona supera cada fase de dicho proceso. La mayor inestabilidad que presentan las personas creativas se materializa en un estado de alerta más acentuado, desconexión más acentuada durante la ensoñación y una activación más intensa durante la ejecución.

Estas fluctuaciones en el sistema dopaminérgico- adrenérgico también se observa en ciertos trastornos neuropsiquiátricos, tales como el Trastorno Bipolar, Trastorno Obsesivo- Compulsivo, Tourette o en lesiones cerebrales, por lo que no es coincidencia que los grandes genios de la historia fuesen personas tildadas de raras o excéntricas.

Por ejemplo, el Trastorno Bipolar se caracteriza por una gran inestabilidad emocional que provoca estados alternos de depresión y euforia. Esta inestabilidad emocional se debe a una inestabilidad dopaminérgica que provoca también oscilaciones en la creatividad. Artistas con este trastorno como es el caso de Korsakov y Schumann hablan de su proceso creativo describiendo que en estado depresivo se produce un bloqueo donde aparece la improductividad, mientras que en el estado de euforia, estado en el que aparece el entusiasmo, la energía, intensa actividad mental y aceleración, se produce una gran productividad. Esto se debe a que la capacidad creativa depende del sistema dopaminérgico- adrenérgico. En el caso del Trastorno Bipolar, en el que se da una inestabilidad en este sistema, el desequilibrio puede deberse a una baja producción de dopamina o una exagerada sensibilidad de sus receptores sinápticos.

Esta inestabilidad dopaminérgica también se observa en el Síndrome de Gilles de la Tourette que sufrió Mozart e igualmente en el Trastorno Obsesivo Compulsivo donde se da un desequilibrio en los sistemas serotoninérgico y dopaminérgico.

En el daño cerebral, las lesiones izquierdas acentúan la capacidad musical. El hemisferio izquierdo se encarga del pensamiento racional, analítico. Si este hemisferio se encuentra dañado, lo que sucede es que se potencian y afloran las capacidades del hemisferio no dañado. En este caso, del hemisferio derecho, encargado de que las ideas interactúen de forma espontánea, produciéndose asociaciones y la creación de ideas novedosas.

Dado que el hemisferio derecho es dominante en el campo de la música, se acentúan las capacidades musicales. Dentro del daño cerebral, un caso muy conocido es Ravel que con sus 52 años comenzó a sufrir un deterioro en el hemisferio izquierdo que le afectó en la escritura y en la pérdida de habilidades musicales, en concreto, en la notación y ejecución aunque mantenía un reconocimiento de tonos y melodías. Bólero, fue compuesta en esta época. Esta pieza es un claro reflejo de lo que le sucedía: la reiteración en la rítmica y métrica muestra el daño en el hemisferio izquierdo, pero la tonalidad y la melodía se potenciaron y reforzaron hasta convertir a Bólero en una de sus obras más conocidas.

 

Padres, hijos y abuelos: El trío Lalala

Ya sabemos el dicho ese de «tres son multitud» y el de «donde hay patrón, no manda marinero». Y es que con la llegada del primer bebé, cuando los padres se convierten en abuelos… la ilusión y la tensión toman el timón a partes iguales.

Hay que tener en cuenta que con el nacimiento de un/a hij@, no sólo aparecen los roles parentales, si no que «nacen» también los roles de los abuelos y las abuelas. Y ante este nuevo estatus, lo que antes servía, ahora no. Hay que desmontar y volver a construir. Como los playmobil.

Con la llegada de la tercera descendencia, en realidad, toda la estirpe se vuelve un poco loca, siendo el bebé el centro de todos los miedos inconscientes y deseos escondidos en ambas generaciones. Así pues, la avidez de infancia puede, si no se toman medidas, crear tensiones y amplios desacuerdos.

Contextualizando el terreno

Teniendo en cuenta la diversidad, -porque excepciones siempre las hubo y las habrá-, por lo general en España gozamos de un tejido familiar muy rico y de unas relaciones intergeneracionales que son más cercanas y cálidas que en otros países europeos. Esto tiene muchas ventajas como, por ejemplo, la fuerte red de apoyo informal que existe entre los miembros de las familias, que supone,- todo hay que decirlo- una descarga de peso ante la deficiente conciliación laboral/familiar de este país. Por otro lado, también la rica tradición de costumbres, recuerdos e historias que se transmiten de abuelos a nietos, enriquece la identidad de las propias raíces.

 

tradiciones

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Sin embargo, esta situación tiene también su parte negativa, porque esta cercanía en la que los límites son a veces difusos cuando no hay un bebé por medio, tiende a querer mantenerse en status quo cuando los hijos pasan a ser padres y los padres, abuelos. La nueva familia creada con el bebé      ( lo que llamamos familia nuclear) necesita tener muy claro que es un nuevo sistema con un núcleo independiente, con sus fronteras propias y emancipado de las familias de origen, ambos miembros respectivamente.

De no ser así, el equilibrio homeostático anterior puede verse afectado. Así lo expresa el mediador familiar Ignacio Tornel:

«hay riesgos asociados a este fuerte tejido de familia extensa. La nueva familia creada debe partir con la premisa previa de que si no se mantiene el equilibrio de los lindes, el terreno está abonado para el conflicto».

Las cosas claras y cada uno en su lugar

Uno de los grandes desafíos a la hora de fortalecer el nuevo núcleo familiar es establecer una jerarquía adecuada, donde los roles y las expectativas de todos los miembros estén  «en su sitio«.

Minuchin (1986), reconocido terapeuta familiar de la corriente sistémica, señaló que los miembros de una familia se relacionan de acuerdo a ciertas reglas que constituyen la estructura familiar.

En cada estructua familiar se pueden observar lo que él denominó límites, definidos como:

» reglas que definen quiénes participan y de qué manera lo hacen en la familia y que tienen la función de proteger la diferenciación del sistema» (Minuchin, 1986)

Éstos se clasificarían, según el autor en a) claros, todos saben lo que se debe hacer y qué se puede esperar. Propio de las familias funcionales b) difusos, donde las reglas no son claras ni firmes, sino ambivalentes y permiten muchas intromisiones e invasiones, con confusión de roles. Propio de las familias aglutinadas o dependientes y c) rígidos, con unas reglas demasiado tajantes que no permiten la entrada ni salida de miembros en el núcleo familiar. Propio de las familias desligadas.

Los límites son muy importantes para un funcionamiento familiar adecuado, principalmente en los periodos de cambios vitales, como es el nacimiento de un bebé.

De este modo, los nuevos padres pueden desarrollar sus funciones sin intromisiones ni invasiones en su función pero a su vez, permiten también el enrequicimiento que nace del contacto frecuente con otros subsistemas, como es el caso de los abuelos.

 

defensa padres

defensa padres

Cada etapa requiere de nuevas reglas de interacción familiar, tanto al interior como al exterior del sistema familiar. Sin embargo, hay familias que pueden permanecer atoradas en una etapa, a pesar de que el sistema familiar requiere de una transformación ante nuevas situaciones y establecer los límites claros, flexibles y funcionales.

Por ejemplo, si los límites en una familia con un nuevo bebé, son claros y respetados, los padres como equipo tendrán una autonomía consensuada para decidir o elegir lo que ellos como responsables de la educación del bebé deseen, sin que los abuelos (tanto de una parte como de la otra) intenten entrometerse queriendo convertirse en pseudopadres, y al mismo tiempo, manteniendo buenas relaciones interpersonales con ellos, permitiendo el derecho propio de disfrutar de la alegría del abuelo/a.

Las tres abuelas

Los abuelos pueden representar verdaderos desafíos para los padres primerizos, pero lo cierto es que su relación con los nietos es de vital importancia, siendo con frecuencia, los momentos que se pasan con los abuelos, bonitos recuerdos de la niñez que merece la pena seguir conservando. Por no nombrar el hecho que tener a los abuelos cerca en familias en las que ambos padres trabajan, es un recurso muy útil.

Sin embargo, en otras ocasiones, la presencia de un abuelo o abuela intrusivo /a o controlador/a, puede dar lugar a verdaderos quebraderos de cabeza.

Helene Deutsch, importante psicoanalista, describió en su obra, tres tipos de abuela:

Por lado las que continúan su maternidad a través de sus nietos, que son sentidos como los más pequeños de sus hijos. Estos le ofrecen una extensión de su maternidad bajo nuevas circunstancias y con nuevas posibilidades, lo que puede provocar luchas internas con la madre biológica del bebé, al inducir de manera inconsciente una intromisión excesiva de la abuela en la tarea educativa de los padres.

El segundo tipo es el de la abuela que acepta su estado como un don que le llega, mediante la identificación con su hija o su nuera, lo que pude abrir paso a una rivalidad latente por la atención del hijo.

El tercer tipo es el llamado abuela por excelencia, aquella que se siente más libre que en cualquier otra fase de la vida, y quizá enfrenta la vida con la misma tranquilidad que un niño pequeño. Se ha liberado de sus propias miedos y deseos inconscientes. Representa tan sólo un peligro para los esfuerzos pedagógicos de la madre, ya que mima a los niños, pero sus mimos son un acto de sabiduría y bondad.

 

Esto es, los padres tienen que hacer malabares entre ser autoritarios y ser amigos pero los abuelos puede enfocarse sólo en ser «amigos» y empaparse de la alegría de sus nietos sin el estrés que supone sentir que se están equivocando en su educación.
Concentrarse en aclarar estos puntos clave y limitar los roles, muchas veces permite a los padres ayudar a reducir la intrusión de los abuelos sin heridas ni sentimientos de culpabilidad. Y reducir, al mismo tiempo, la sobrecarga de algunos abuelos ante las demandas excesivas de los padres en el cuidado de los nietos.

Mantener el equilibrio padres/abuelos

Hay que tener una cosa clara: los abuelos pueden aportar, pero los padres tienen la última palabra.

La participación excesiva de los suegros o abuelos en la crianza de los niños para algunas parejas puede resulta molesta. De igual forma, muchos abuelos se sienten rezagados de la vida familiar al no contar con el apoyo de la nuera o del yerno a la hora de aportar sus conocimientos en el bienestar de los nietos.

De acuerdo con la psicóloga Annie de Acevedo:

«los padres de la pareja se involucran en la crianza de los pequeños porque cuentan con más experiencia que sus hijos y, por consiguiente, creen que lo hacen por su bien, para prevenir de un peligro.»

En la mayoría de los casos es así, pero es importante, no obstante, ante los sentimientos de falta de autonomía o invasión en la toma de decisiones de la pareja, replantear las funciones y expectativas de todos los miembros de la familia para encontrar un nuevo equilibrio.

Hay que hacerles entender de una manera asertiva, firme pero amable, que los abuelos ya criaron y educaron de la mejor manera que supieron y pudieron hacerlo a sus hijos. Unos con más acierto y otros con menos. Del mismo que ahora los nuevos padres tienen que hacer con sus hijos: educarles lo mejor que saben y pueden (con sus aciertos y sus errores).

Según Marcela Ariza, directora del Instituto de la Familia, las funciones principales de los abuelos serían las siguientes:

  • Dar consejo, principalmente si se lo piden y asumiendo que un consejo no es una orden ni tiene porqué ser llevado a cabo.
  • Transmitir valores familiares, recuerdos y tradiciones.
  • Ser un compañero de juegos, hasta donde el estado de salud lo permita.
  • Ser un modelo de envejecimiento y ocupaciones.
  • Ayudar en momentos puntuales, como divorcio, enfermedad, cuidado puntual de los nietos para las salidas de los padres como pareja.

Reflexión

La meta es tratar de hacer posible para que el bebé pueda disfrutar del mayor tiempo de calidad con sus abuelos, sin que ésto suponga un conflicto para la educación del mismo. Así pues, los problemas entre los abuelos/padres necesitan ser apartados del camino y tratados por los adultos con diligencia para que no sea el nieto el que sufra las consecuencias por exceso o por defecto.

Los abuelos, -con sus más o sus menos-, están para jugar, consentir, mimar, volver a ser niños con sus nietos y dar una mano a los padres. Son los encargados de transmitir las tradiciones, costumbres, anécdotas, recuerdos e historias de generaciones propias de esa familia en particular.

En la medida de lo posible, no les privemos de este derecho a los nietos.

 

Fuentes:

Minuchin, S. Técnicas de terapia familiar. Paidós. 2007

Satir, Virginia. Nuevas relaciones humanas en el núcleo familiar. Ed. Pax Mexico. 2015

Referencias:

Pereira, E. en https://dreduardopereiraastudillo.wordpress.com/2011/06/14/relacion-suegra-nuera-y-el-rol-de-la-abuela/  Psicopatología femenina

Bello, D. en http://www.abcdelbebe.com/etapa/nino/12-a-24-meses/comportamiento/consejos-para-evitar-conflictos-con-los-abuelos-en-la-crianza  ABC del Bebé

Yoga, fuego y espiritualidad

El tener una granja no me convierte en granjero. Trabajar cada día las tierras, cuidar de los animales, hacer el sacrificio de estar ahí, presente, dedicado en cuerpo y alma es lo que me convierte en granjero. Lo mismo sucede con la espiritualidad. Soy una persona espiritual cuando hago un esfuerzo consciente por trabajar el espíritu.

En demasiadas ocasiones representamos en nuestras mentes  el espíritu de una forma fantasmagórica, le damos una imagen etérea y en la mayoría de los casos vacía. El espíritu es una fuerza, tan real como la de la gravedad. No se puede ver ni oír, pero se siente a través de la acción. Es la fuerza que nos mueve, que nos da vida y nos transforma.

Todo cambia, en todo momento. No hay nada que permanezca estático. Hasta la roca más sólida se va erosionando con el tiempo. No hace falta ser budista para comprender esto, cualquier persona que se siente a observar va a llegar a la misma conclusión.

El primer principio de la termodinámica nos dice que la energía ni se crea ni se destruye, se transforma. Crear consiste en transformar algo de una forma a otra. Pensamiento en acción, imaginación en proceso. Sueños que se hacen “realidad”.

Resulta paradójico que el mecanismo de la espiritualidad consista en materializar lo intangible pero así es. Sin embargo el “propósito” al que sirve es lo verdaderamente “espiritual”. Lo importante nunca  a ser el resultado de la transformación si no el proceso que lleva detrás, la fuerza que lo hace posible.

El yoga es una forma de espiritualidad, es un camino de transformación. El objetivo consiste en convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos. Somos diamantes en bruto que debemos pulir para brillar con fuerza. La acción de pulir es la manifestación del espíritu, el brillo la iluminación.

La fuerza de la gravedad siempre está ahí, podemos aprovecharla o dejar que haga su función naturalmente. Con el espíritu sucede lo mismo. Podemos controlar esa fuerza, podemos hacerla más fuerte, podemos utilizarla para nuestro beneficio o bien dejar que fluya sin más. La clave en el yoga consiste en tomar el control sobre esa fuerza.

Aquí es donde comienza todo. Una persona espiritual es una persona con una fuerza de voluntad excepcional, constancia, determinación, valor… Conceptos que se asocian tradicionalmente al elemento fuego.

Entregarnos al fuego del espíritu para ser transformados es sólo el principio y el camino hacia el final. Un camino lleno de obstáculos y peligros, un camino que cada uno de nosotros debemos de andar. Un camino que desgraciadamente lleva en muchas ocasiones al engaño pues es un camino de poder. En el momento en que te das cuenta de tu poder te haces invencible (o más bien te crees) y olvidas que de igual modo que sucede con la gravedad, todo lo que sube baja en algún momento.

Ese es el verdadero infierno, en el que las llamas te consumen y sufres tu ignorancia. Ignorancia por haber llegado a creer que ese espíritu que te hizo brillar es tuyo, que te pertenece, pues el sentimiento de pertenencia no es más que un espejismo. Tan real como el reflejo que ves cada mañana en el espejo.

Buda decía que el deseo es la causa del sufrimiento pero en realidad el sufrimiento está causado por el apego. Es bueno desear, es necesario tener aspiraciones, sueños…es la forma en la que el espíritu cobra forma. Pero al mismo tiempo es fundamental no aferrarnos al resultado de nuestras acciones. Esta es la forma tradicional de crear karma.

El yoga nos enseña que debemos amar, y el amor es aceptación. Debemos amarnos a nosotros mismos de forma incondicional. Aceptar los resultados, sean cuales sean, valorando por encima de todo nuestro esfuerzo, pasión y entrega. Darle valor al espíritu por encima de todo. Sonreírle a la adversidad, entregarte al máximo en cada momento y no esperar nada. Ese fuego puede iluminar galaxias enteras, no tiene límites, es eterno.