El cuerpo como recipiente del dolor y valiosa fuente de curación

El post de hoy trata sobre el cuerpo. El cuerpo es ese gran olvidado, del que sólo nos acordamos cuando llega el buen tiempo y queremos lucir lo más atractivos posible o cuando algo no funciona como debiera (gripe, alergia, esguince o enfermedades más graves). Normalmente damos por hecho su buen funcionamiento y no valoramos que gracias a él vivimos, nos relacionamos, experimentamos y sentimos. De hecho, tendemos a prestarle atención cuando queremos criticarlo o menospreciarlo por no ser “lo perfecto que debiera” según los cánones establecidos que nos inundan a diario a través de los medios de comunicación, las redes sociales, etc. La realidad es que nos suele costar amar y respetar nuestro cuerpo.

 

LA SABIDURÍA DEL CUERPO

 

Y, sin embargo, el cuerpo guarda una gran sabiduría. Podemos observar en él, a través del movimiento o la postura, indicios que nos hablan de la historia de la persona. Al igual que con el paso de los años se nos marcan más las arrugas de los músculos de la cara que más utilizamos, en el cuerpo también se reflejan los aprendizajes que hemos ido adquiriendo y que nos han ayudado a garantizar la supervivencia y a mejorar el bienestar.

Ya desde pequeños, podemos ver cómo el cuerpo reacciona al entorno. Un ejemplo de ello se observa en el experimento de la cara inexpresiva realizado por Tronick.

 

En dicho experimento se exponen a bebés jugando con sus madres y en un determinado momento se les pide a las madres que dejen de reaccionar, poniendo una cara que no exprese ningún tipo de sentimiento ni de reacción. Al principio, el bebé intenta hacer reaccionar a la figura de apego, para lo cual intenta provocar su sonrisa, llamar su atención, se enfada y/o llora. En definitiva, hace todo lo que está en su mano para generar algún tipo de reacción en ella. Cuando pasan unos minutos sin que la madre responda el bebé realiza comportamientos autoorganizativos que le ayudan a regularse, tales como chuparse el dedo o apartar la mirada, entre otras acciones. Si estás acciones se repiten en la vida del niño o niña sin las conductas reparadoras apropiadas por parte de la figura de apego, el cuerpo del bebé reaccionará de forma que sus posturas se convertirán en tendencias procedimentales que continuarán a lo largo de su vida adulta. Estas experiencias se irán registrando como una serie de expectativas inconscientes sobre el entorno y sobre nosotros mismos altamente potentes que irán influyendo en el desarrollo de nuestro cerebro y nuestro cuerpo. Si, por ejemplo, en la infancia un bebé ha vivido repetidas experiencias de miedo, con el paso del tiempo es probable que encontremos a un adulto que camina con los hombros encorvados hacia delante. Esta postura corporal es el reflejo de experiencias pasadas grabadas en la memoria corporal que se mantienen en la actualidad aunque ya no sean adaptativas puesto que las situaciones generadoras de miedo ya no existen.

 

DESCONEXIÓN DEL CUERPO COMO PROTECCIÓN

 

Aprendemos a desconectar del cuerpo en el ambiente familiar desde la infancia, ya sea por represión o por querer cumplir las expectativas de nuestras figuras de apego. Las figuras de apego son aquellas personas con las que tenemos un vínculo especial y que por lo general se han encargado de nuestra crianza (normalmente son los padres, abuelos o tíos). Si nos dicen “no llores, eso no sirve de nada” aprendemos a reprimir esas emociones por no ser aceptadas por las personas importantes para nosotros. Con el tiempo y a fuerza de reprimir dichas emociones desconectamos del cuerpo y, en consecuencia, de la valiosa información que éste nos proporciona. La represión y la desconexión de las sensaciones sentidas en el cuerpo tienen un sentido adaptativo. En un ambiente en el que no se tolera la tristeza o la debilidad demostrarlas podría resultar peligroso, tanto a nivel físico como emocional. Por tanto, tapar y negar dichas emociones ayuda a la protección y a la supervivencia. El problema radica en que dichos patrones se generalizan y se mantienen en el tiempo cuando ya no son necesarios y la persona los sigue utilizando para evitar un posible sufrimiento futuro.

 

desconexión del cuerpo

 

RECONEXIÓN DEL CUERPO COMO CURACIÓN

 

Reconectar con el cuerpo puede dar vértigo e incluso miedo. Es lógico pensar que conectar con aquello que se reprimió pueda asustar. Sin embargo, si centramos nuestra atención en conocer y aceptar esas partes de nosotros mismos que van más allá de lo verbal encontraremos un camino más libre y lleno de posibilidades para mejorar nuestro bienestar.

Pongamos de ejemplo una persona a la que desde la infancia han infravalorado o ignorado sus logros. Es probable que esta persona desarrolle un pecho hundido, brazos flácidos y respiración superficial asociados a una creencia de “yo no puedo, no sé, no soy lo suficientemente inteligente o capaz”. Además de trabajar con esas creencias limitantes, el trabajo con el cuerpo resulta fundamental. Intervenir para modificar esa postura corporal que actúa como un recordatorio somático de la inseguridad y del sentimiento de incapacidad es clave. Si la persona modifica la postura corporal, alineando la columna vertebral y sacando así al pecho de su hundimiento en una postura relajada, fortaleciendo a la vez los músculos del abdomen y realiza una respiración más profunda es más que probable que conecte con sus recursos y su sentimiento de capacidad. Mantener la linealidad del cuerpo nos conecta con un locus de control interno que nos hace sentirnos seguros y capaces sin necesidad de estar a la defensiva.

 

postura sana

 

Tal como dice una gran terapeuta el cuerpo siempre es tu aliado. No lo castigues por no ser perfecto. Si aprendes a amarlo y a aceptarlo por cómo es estarás más en contacto con él, podrás conocerte mejor y te aportará información muy valiosa para mejorar tu bienestar físico, mental y emocional.

 

Referencias bibliográficas

  • Ogden, Pat y Fisher, JaninaPsicoterapia sensoriomotriz: intervenciones para el trauma y el apego, Desclée De Brouwer. Edición 2015.

 

Felicidad (no la de Facebook)

Así como hay una felicidad de Facebook, aquella que se plasma en imágenes con sonrisas veraniegas, daiquiri al borde de la piscina o posado espontáneo en la naturaleza, hay otras felicidades pero ¿de qué están hechas?

La materia que compone a la felicidad es inefable e inasible. Tiene tantos sinónimos como personas hay y tan pronto como recibimos su visita, la estamos despidiendo hasta la próxima entrega. Más que un estado emocional permanente, resulta ser tan fugaz como el tiempo mismo o como el resto de las emociones que se nos escurren entre los dedos. Sin embargo, el mandato de ser felices pesa sobre nosotros porque estamos inmersos en una cultura que coloca a la felicidad en lo más alto y a la infelicidad en el saco de lo negativo y lo negado. Aquello ante lo cual hay que poner un remedio y mejor que sea cuanto antes porque la vida es corta pero puede hacerse larga mientras dura la infelicidad.

Con “felicidad” queremos ponerle nombre a muchas cosas que nos producen placer, alegría, satisfacción, orgullo y está claro decir de alguien que es un infeliz es insultarle.

Queremos alcanzar la felicidad, queremos que nuestros niños sean felices y deseamos  feliz cumpleaños, feliz año nuevo y muchas felicidades.

El político quiere ver a su pueblo feliz. El futbolista espera que la afición esté feliz por el triunfo del equipo. El publicista nos asegura que montados en ese bólido sabremos lo que es la felicidad. La felicidad de las pequeñas cosas, la felicidad de las grandes proezas, la cajita feliz del Mc Donald´s. Por doquier, a diestra y siniestra: la F-E-L-I-C-I-D-A-D.

La felicidad representada

Cuando Shakespeare dijo “el mundo es un escenario, y simples comediantes los hombres y mujeres”, quizá no sospechaba hasta qué punto se volvería esencial para todos nosotros representarnos como seres felices, dichosos, bienaventurados. ¿Y qué mejor plataforma para nuestra comedia que las redes sociales?

Me impresionó mucho constatar como mi amiga a la que se podía ver exultante, pletórica, en una foto de Instagram compartida a primera hora del día en su muro de Facebook, estaba en realidad sumida en una fuerte depresión cuando hablamos en la tarde por teléfono. ¿Qué desgracia había tenido lugar aquel mediodía? Ninguna. Simplemente se trataba de una operación de simulacro capaz de difundir una imagen positiva: la de su felicidad #sinfiltro#plena.

Los Padres Fundadores de la patria de la felicidad edificaron U.S.A. en torno a la idea de que la búsqueda de la felicidad era un derecho inalienable, al igual que la portación de armas. Hoy sabemos que la búsqueda de la felicidad de unos se impuso a la de otros por las armas y así fueron exterminados los habitantes autóctonos, esclavizados los negros y derrotados los mexicanos.

Ya en el siglo XX se rebajaron las expectativas y no se reconocía el derecho a la felicidad como tal pero sí se justificaba la intervención de un Estado que garantizaría el Bienestar. Entre medias, cada individuo tiene en uso de su libertad la posibilidad de ser feliz, de cumplir su particular sueño americano. Un tipo de sueño abonado por la industria del cine hollywoodense y reforzado en la actualidad por el capitalismo cool de Google, Amazon o Apple.

Del Norte nos ha llegado este capitalismo estético que focaliza en nuestras emociones y que nos promete una vida mejor rodeados de cosas supuestamente bellas que no necesitamos realmente. Integrados en el engranaje económico, nuestros estados de ánimo parecen ser motivo de mera representación.

Es la felicidad según Facebook, un decorado de cartón piedra en el que podemos mostrarnos sin ansiedad ni tristeza.

Produciendo constantemente imágenes que reflejan realidades fabricadas llegará el momento en que no sabremos qué es lo que sentimos más allá de lo que pretendemos hacerle creer a otros.

La felicidad añorada

Un hermano del poeta Antonio Machado, al morir éste en el sur de Francia, encontró en el bolsillo de su abrigo un papelito con el último verso que había escrito: “Estos días azules y este sol de la infancia”.

Hay un tiempo para la felicidad añorada y en mi caso es la infancia. Los recuerdos felices que yo tengo de esa época están atravesados por los rayos de sol a media tarde y una pelota tras las que corro con mi primo Manuel. ¿Estábamos en Zárate, en la quinta del tío en San Isidro, en la plaza de Walter? Sé que los recuerdos mienten un poco y que siempre hacemos trampas con el pasado, pero a éstas me aferro cuando la barca psíquica zozobra en el presente.

En las historias que me cuento de ese pasado “feliz” coexisten lo verdadero y lo fantástico. Lo verdadero es que yo era un niño bastante malhumorado, impaciente y despótico; lo fantástico que aun siendo así era también alegre, tranquilo y cariñoso: ¿cuál de los dos habrá sido más real?

Cuando cierro los ojos, vienen a mí paisajes de una niñez divertida, aburrida. El coche de mi padre resbalando sobre el barro. La sonrisa de mi abuela en 1986. Un campamento en la laguna de Navarro. Aquel almuerzo en el Club de Pescadores.

Mi vida no es feliz ni yo soy un tipo feliz, sobre todo si me comparo con la felicidad de algunos amigos del Facebook, pero sí creo haber experimentado algo que se parece mucho a la intensidad de estar vivo. Algunos instantes, algunas calles, algunas historias o libros que están dentro de mí y que algún día olvidaré.

Hay un tiempo para la felicidad añorada y es el futuro, pero sobre lo que no conocemos es mejor guardar silencio.

Para terminar, y como ya tengo cuarenta años, voy a dar algunos consejos sobre el arte de ser feliz: 1) no crea en nadie que le diga que hay un arte para ser feliz; 2) nunca pretenda alcanzar la felicidad plena o permanente, tal cosa está vedada a los mortales; 3) si se ve con energía desbordante o experimentando una alegría inconmensurable, disfrútelo y no pierda el tiempo compartiéndolo en las redes sociales; 4) tenga en cuenta además que ya nadie se cree al pie de la letra lo que ve en las redes sociales; 5) piense en el punto 1 y no caiga en las redes de la literatura de autoayuda, ni es literatura ni le va a ayudar a encontrar la felicidad añorada.

¿Qué función tienen las emociones?

En nuestra cultura se ha dado mucha importancia a la razón y al comportamiento en detrimento de la emoción, pero las emociones nos aportan mucho. Nos ayudan a vivir. Realmente, no podríamos vivir sin ellas. Y es gracias a ellas que podemos disfrutar de una vida plena.

Las emociones nos envían mensajes

Las emociones nos envían mensajes, nos informan de que está pasando en nuestras vidas. El miedo te dice que estás en peligro. La tristeza que has perdido algo importante. La alegría que has alcanzado una meta o has cubierto una necesidad importante para ti. El enfado puede indicarte que tus límites están siendo invadidos. La confianza que estás con alguien con quien te sientes seguro. Son señales para ti.

A veces nos gusta recibir la señal, otras no. Alguna vez he pensado que confundimos el mensajero con el mensaje. Que, a veces, hacemos nuestro ese dicho de “matar al mensajero”, como si el mensajero fuera el responsable de las malas noticias. El mensajero solo las transmite… Y a veces no queremos escucharle porque la noticia que nos trae no es buena.

 

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No mates al mensajero

Plutarco cuenta como Tigranes cortó la cabeza del mensajero que le llevó una mala  noticia. Sófocles decía “nadie ama al mensajero que trae malas noticias”. Quizá esto tenga que ver con el motivo de que, a veces, intentemos reprimir la emoción o “controlarla”. En realidad, no es a la emoción a quien queremos callar sino al mensaje que nos trae. Queremos “matar al mensajero” para no tener que oírle… o hacemos al mensajero único responsable de nuestro malestar… “y muerto el perro, se acabó la rabia”.

Shakespeare aconsejaba “no mates al mensajero”. Y quizá nosotros podamos darnos permiso para escucharle, para recibir su información porque es útil saber que está ocurriendo en nuestra vida. O… ¿prefieres no saberlo…? Saber dónde está el problema, nos da la oportunidad de tomar acción para corregirlo o de expresar nuestra herida para liberarla y dejarla marchar.

Las emociones son clave en las relaciones sociales

Las emociones también son señales para los demás. Si el otro ve en ti una cara de enfado, puede cambiar su actitud y parar de hacer lo que estuviese haciendo. De alguna manera el enfado en tu cara es una señal de que tienes intención de proteger tus límites. Las emociones comunican tus estados internos y tus deseos a las demás personas. La comunicación emocional, no verbal, transmite mucha más información que las palabras contenidas en el mensaje. Las emociones son información básica para poder relacionarnos con los demás. Alguien sin empatía, tendrá dificultades para relacionarse.

La regla de Mehrabian

El psicólogo alemán Albert Mehrabian realizó investigaciones que muestran que solamente el 7 % de lo que comunicamos es transmitido a través de las palabras y el 93 % restante es transmitido a través del lenguaje no verbal (la comunicación emocional). Ese 93% no verbal, se desglosa en lo que transmitimos a través de nuestro lenguaje corporal (el 55%) y las características de nuestra voz (el 38%). El lenguaje corporal engloba nuestra postura, nuestros movimientos corporales, la respiración, el movimiento de los ojos, los gestos faciales… Las características de nuestra voz incluyen su calidad, timbre, velocidad, volumen, entonación…

La regla 7-38-55 fue extraída de investigaciones hechas en el contexto de comunicaciones personales o íntimas. En ese contexto entran en juego los sentimientos. Aunque en otros contextos, por ejemplo, de trabajo, el pensamiento racional puede tener más peso, lo cierto es que al final todos somos humanos… Y en el trabajo también realizamos comunicaciones de índole personal. Así, nuestra comunicación no verbal también será relevante para que nos entiendan y no nos mal interpreten en el entorno laboral.

 

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Emociones y aprendizaje

Las emociones incrementan el aprendizaje. Nos es más fácil recordar aquello que nos ha emocionado que aquello que nos ha sido indiferente. Se dice que hay dos formas de asegurarse de que recordemos algo: la repetición y la emoción.

Todavía hoy recuerdo el enfado de nuestra profesora de historia en el colegio cuando, tras corregir un examen, nos dijo que todas las alumnas habíamos puesto que Mahoma era caravanero de la Meca y ascendió a los cielos a caballo. Como si no hubiera cosas más importantes que decir… en vez de perderse en la anécdota… No sé qué les pasaría al resto de mis compañeras de clase. Yo recuerdo mi emoción de sorpresa al descubrir la profesión del profeta y su modo de ascensión a los cielos. Dejó en mí una huella emocional. Lo más probable es que no hubiera subrayado esas frases en el libro. Que las hubiera leído tan sólo una vez, sin repasarlas. Pero cuando llegó el día del examen, lo recordé. Y todavía hoy lo recuerdo, reforzado con la risa que nos causó la reprimenda de nuestra profesora de historia, Teresa. Aunque enfadada, se lo tomó con sentido del humor. Era muy maja. Y la recuerdo con cariño. Quizá por eso aún la recuerdo… porque la recuerdo con cariño. Ella también dejó una huella emocional en mí.

 

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Las emociones nos ayudan a tomar decisiones

Los sentimientos instintivos guían tus decisiones reduciendo rápidamente las alternativas a considerar. Por ejemplo, te vas de vacaciones y tus emociones dicen que prefieres ir al campo en vez de visitar una ciudad. Limitan las opciones que consideras y evitan que te sientas abrumado ante la situación de elegir entre la multitud de opciones disponibles. Te dicen lo que quieres, te conviene o necesitas. Lo que el cuerpo te pide en ese momento. Mi cuerpo me pide descansar del estrés yendo al campo ahora.

Se dice que es bueno tener un mapa mental rico en opciones. Si sólo tienes una opción, te obsesionas. Si tienes dos, tienes un dilema. Si tienes tres o más, puedes elegir. Parece que la mente se relaja a partir de tres opciones. Sin embargo, también es cierto que, el extremo contrario, tener infinidad de opciones entre las que elegir, puede resultar abrumador. Son demasiadas las alternativas a considerar y nuestra mente racional no tiene capacidad para gestionar toda esa información y tomar una decisión razonablemente rápida. Y, además, ¿en función de que criterios tomaríamos la decisión…? Si quitas la variable de las emociones… ¿cómo sabes que es lo que te gusta o lo que te apetece…?

 

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La emoción nos ayuda a vivir

Las emociones comprenden mucho más rápido de lo que tú puedes analizar conscientemente. Nos ayudan a ser más eficaces, a adaptarnos más rápidamente, a resolver problemas en un entorno cambiante, a tomar decisiones sobre la marcha. Nos ayudan a conducir nuestra vida. Son una guía interna. No podríamos tener vidas satisfactorias sin ellas.

Constantemente, actúas sin pensar. Te levantas, te mueves, abrazas, sonríes, te rascas… sin mucho esfuerzo consciente.

Las emociones dan color, significado y valor a la vida. Si no eres capaz de conectar con tus emociones, te faltará orientación y perderás la sensación de lo que es realmente importante para ti en la vida.

Y, por último, las emociones también nos preparan para la acción de supervivencia. Te hablan del peligro antes de que hayas tenido tiempo para pensar y te preparan para la acción adaptativa: lucha, huida o congelación. Cuando la señal de alarma se dispara en el cerebro (la amígdala), se desencadenan toda una serie de respuestas fisiológicas en el cuerpo que nos preparan para afrontar la situación de peligro: salir corriendo, luchar o quedarnos congelados (el quedarte parado en un momento dado puede ayudar a que no te vean y facilitar así tu supervivencia). Probablemente, esto ha sido lo que ha permitido al ser humano sobrevivir como especie a lo largo de los siglos.

El cerebro emocional a veces falla

Aunque las emociones cumplen las importantes y saludables funciones que hemos visto en la vida del ser humano, también es verdad que nuestro cerebro emocional a veces falla. Las evaluaciones a través de la emoción son tan rápidas que a veces son imprecisas o están equivocadas. Al final del camino, a nuestra emoción le pasa igual que a nuestra razón, a veces, se equivoca. Del mismo modo que no todo pensamiento es necesariamente lógico, no todas las emociones son necesariamente sabias. Por ello, debemos aprender a gestionar nuestras emociones.

 

Un abrazo de corazón,

Ana F Luna

PCC Coach y Máster en Psicoterapia

Bibliografía: «Emociones: una guía interna». Leslie Greenberg

 

El nacimiento de youHealth

Si escarbamos en los informes de la Organización Mundial de la Salud con el fin de dar con el origen de las enfermedades que más muertes causan en occidente, nos damos cuenta de que desconocemos la gran mayoría. No sabemos los motivos reales que hacen que el corazón deje de funcionar correctamente, por qué unas personas sufren ICTUS y otras no, lo mismo ocurre con enfermedades de las vías respiratorias como el EPOC, la diabetes, el cáncer o la hipertensión. Este fue el punto de partida de la investigación.

 

Virus

En primer lugar, se me ocurrió analizar el impacto de los virus en este top ten. Encontré casos de infecciones respiratorias y diarreas donde miles de personas habían estado expuestas a la misma cepa de un virus. Los informes señalaban que personas de edad avanzada, al contar con un sistema de defensas más precario, estaban más expuestos a los virus, pero nadie encontraba una explicación lógica y convincente de por qué personas de mediana edad sin antecedentes médicos relevantes expulsaban a estos peculiares visitantes y otras no. Nadie atendía a este grupo de personas a pesar de que las infecciones representan el 33% de las muertes en occidente.

Genes

Impulsado por la falta de respuestas, analicé otros aspectos tradicionalmente importantes como son los hábitos y descubrí que había personas que hacían ejercicio todas las semanas, presentaban un consumo moderado de alcohol, llevaban una dieta equilibrada, y aún así iban a la consulta del médico y morían de cardiopatías. Empecé a descubrir por mi mismo que los hábitos influyen en la salud, pero no la determinan.

El siguiente paso lógico era ponerse delante de los genes, lo que resultó apasionante y rompió todos mis esquemas. Según Science (una de las revistas científicas más influyentes) sólo podemos asegurar que el 5% de las enfermedades cardiovasculares y el 10-30% de los principales tipos de cáncer tienen causa genética. Con cada artículo que leía y en cada aspecto que profundizaba, me daba cuenta de que los genes no eran algo rígido como me habían enseñado en la universidad sino algo moldeable. Además, esto tenía mucho sentido. Al fin y al cabo, si los genes fueran algo rígido no existiría la evolución. Gracias a ellos nos adaptamos al mundo.

El principal mecanismo que hace plástica a la genética es la epigenética. Si los genes son las letras del libro del genoma humano, los signos de puntuación representan la epigenética y cambian la forma en la que se expresa un gen. Esto es muy importante porque un acento o una interrogación puede cambiar por completo el contexto. Todos sabemos que una mama no es lo mismo que una mamá.

Desde un punto de vista práctico, la epigenética representa al conjunto de decisiones que tomamos en las situaciones de vida, es decir, la forma en la vivimos las cosas que ocurren en ella y no tanto la situación en sí misma. Los últimos estudios científicos ponen de manifiesto que el 50% de la felicidad depende de la genética y el otro 50% de cómo nosotros vivamos las situaciones de vida. La agresividad es en un 66% epigenética y la capacidad de aprendizaje depende en un 90% de las decisiones que tomamos a lo largo de la vida.

Aunque hay situaciones en las que la genética gana completamente la partida al ambiente como es el caso de la fibrosis quística o el síndrome de Down, con cada nuevo estudio, el modo en el que vivimos las cosas que ocurren en nuestra vida gana terreno a la genética. Esto no estaba en el guion de ningún genetista, ni del propio Bill Clinton cuando anunció el proyecto Genoma Humano en el 2002 y señaló “una revolución en el diagnóstico, prevención y tratamiento de la mayoría, si no es que de todas, las enfermedades humanas”. Tenía mucha razón. Lo que nadie podía imaginar es que el elemento revolucionario sería la epigenética.

Emociones o mindfulness

Continué la investigación tomándome el tiempo necesario. No quería dejar ningún aspecto en el tintero. Revisé nuevas tendencias y estudios que hablaban de mindfulness o del impacto de las emociones en la salud, y me quedé fascinado con la cantidad de experimentos bien planteados que había al respecto. Aún pesar de todo, de nuevo, encontré personas felices o que practicaban diferentes tipos de meditación que habían fallecido de cáncer o ICTUS, lo que me llevaba de nuevo a la misma conclusión: influye pero no determina.

Después de todo el camino, el cual me mantuvo entretenido a tiempo completo durante dos años, llegué a la conclusión de que con todos los experimentos que había realizado y revisado, solo podía decir que los genes, los hábitos, la meditación o las emociones influyen pero no determinan nuestra salud. Aquí surgió al gran pregunta: ¿por qué enfermamos? Cada uno de los aspectos que había revisado intervienen en mayor o menor medida en la enfermedad, pero ninguno resulto ser un elemento decisivo. Por aquel entonces, todavía ignoraba por completo que estaba a punto de dar un giro a este panorama desalentador.

 

El caso Roseto

Todos los hallazgos que fui encontrando a lo largo de mi investigación se resumen muy bien en el caso Roseto. Roseto continúa siendo una pequeña colonia de emigrantes italianos que se asentó en el estado de Pensilvania en Estados Unidos a finales del siglo pasado, y quedó perfectamente documentado por la ciencia. A pesar de que un equipo completo de médicos y estudiantes de la Facultad de Medicina de la Oklahoma University dirigido por el doctor Steward Wolf estudiaron el caso a fondo (desde 1955 a 1964), no pudieron encontrar argumentos en hábitos, genes, prácticas orientales o emociones, que justificaran porqué la tasa de infartos de corazón de Roseto era un 675% menor que en otras poblaciones que tan solo se encontraban a 3 minutos en coche y presentaban la misma media de mortalidad del país. Comían las mismas grasas, hacían el mismo ejercicio, se peleaban con la misma frecuencia, sentían rabia, fumaban, bebían, respiraban el mismo aire y tenían los mismos trabajos que el resto de la sociedad americana.

 

En 1965 la pequeña sociedad de Roseto se americanizó y la salud de sus habitantes dio un giro inesperado: la tasa de infartos de miocardio se duplicó y fue aumentando en años posteriores hasta alcanzar la media del país. La dieta no cambió sustancialmente, tampoco dejaron de hacer hacer ejercicio ni el consumo de alcohol no se disparó.  Los habitantes de aquellas personas parecían haber cambiado de la noche a la mañana, volviendo a sus organismos más vulnerables.

Roseto no ha sido un caso aislado. Este tipo de experiencias que han podido ser estudiadas por la ciencia moderna han generado desconcierto en muchos profesionales del mundo de la salud, y ofrece una nueva visión para la medicina.

 

El médico interno

Llegó un punto de la investigación en el que resultaba demasiado evidente. Todas las personas tenemos dentro un médico interno con 3.600 millones de años de experiencia que ha resultado victorioso en épicas batallas frente a titánicas epidemias, un médico que ha curado heridas profundas y ayudado al organismo en situaciones extremas. El médico interno mantiene por su propia iniciativa la temperatura corporal a 37º, controla la reproducción celular (para que no haya un crecimiento descontrolado y evitar que nos diagnostiquen un cáncer) y conserva las cantidades de hierro, calcio, glucosa o minerales adecuadas para la vida. ¿Por qué este médico con tanta experiencia un día se le olvida regular nuestra tensión y cuando vamos al médico nos dice que tenemos la tensión por las nubes (hipertensión)?

 

 

Fue entonces cuando me di cuenta de que la enfermedad era mucho más probable cuando este médico interno con millones de años de experiencia se desconecta por algún motivo, y comencé a investigar cuales eran los motivos que hacen que nuestro médico interno se tome unas vacaciones.

 

Desconexión del médico interno: la biología de la supervivencia

Nuestro organismo tiene dos modos de funcionamiento. El primero se da cuando damos un plácido paseo por la orilla del mar, con la cálida brisa del aire en el rostro. En ese contexto, nuestro médico interno se encarga de regenerar nuestra piel, del crecimiento, de nuestro sistema de defensa, y del resto de procesos necesarios para mantenernos sanos, mientras el el corazón trabaja con calma. El organismo se rige por una biología del bienestar.

Sin embargo, cuando vivimos una situación de peligro, nuestra biología cambia por completo y el organismo activa una biología de supervivencia que tiene como principal objetivo alcanzar el éxito en esa situación estrenaste que estamos viviendo. Entre otras cosas, estos mecanismos de supervivencia dejan en un segundo plano a nuestro experimentado médico interno y hace que la probabilidad de enfermar aumente exponencialmente. De algún modo, los organismos de los habitantes de Roseto habían pasado de una biología del bienestar a una biología de la supervivencia, lo que disparó el número de defunciones.

 

De teoría a experiencia

 

El origen de la enfermedad era muy probable que estuviera íntimamente relacionado con la desconexión del médico interno, así que emprendí una aventura que me llevó a sumergirme en gran cantidad de artículos científicos con el fin de recopilar todas las características y herramientas de las que un organismo dispone de manera natural para mejorar la conexión con su médico interno. Empecé a descubrir que poner en práctica estas estrategias pasaba, en mi caso personal, por transformar mi vida. No era suficiente con cambiar aspectos como el ejercicio o la respiración. Cambiar es algo que tiene que ver con los hábitos, con la mente y con la fuerza de voluntad y yo había descubierto que los hábitos influyen pero no son determinantes. Con todo, me di cuenta que era necesario una revolución, una transformación más profunda que tenía lugar lejos de la mente, en el corazón.

Una vez fui aislando las claves del organismo y las principales herramientas, el siguiente paso era compartirlo con el mundo. Leído en un libro, esta investigación tenía el aspecto de una teoría más, capaz de organizar cursos y llenar el intelecto de sus participantes con explicaciones detalladas acerca del organismo o el cerebro. Mirando esto de cerca, me di cuenta de que yo no quería eso. Lo que quería era que las personas pudieran practicarla y vivirla, por lo que me propuse convertir esta investigación en una experiencia y comencé a traducir al lenguaje de las personas de a pie, convirtiendo conceptos complejos en simples pensamientos y emociones.

 

El nacimiento de youHealth

Todo este camino he ido acompañado de personas muy importantes. Una de ellas es Luis Callegari, un profesional de la salud que ha pasado más de 30 años en un consultorio de Madrid, y otra es Michele Lettersten, quien con sus preguntas curiosas ha terminado inspirando esta investigación.

Hace unos años, hablando tranquilamente con Luis a la orilla de un lago en la preselva amazónica peruana, caí en la cuenta de que todas las personas llevamos en el bolsillo un procesador tremendamente potente y programable: el teléfono móvil. Nuestras conversaciones siempre han sido atrevidas, incluso están acostumbradas a rozar la locura, así que me pareció lo más natural del mundo preguntarle: ¿Y si convertimos el teléfono móvil en un entrenador personal que utilice como escenario el día a día de las personas para mejorar su salud? Así nació youHealth.

Diseñé un   para que el organismo pudiera integrar estas herramientas en su ambiente cotidiano que es donde deben de funcionar y dar el cayo. El proceso se basa en aprender primero cómo funcionan estas herramientas, para ponerlas en práctica manteniendo un ambiente que incita a la confianza, la honestidad y la creatividad (CHC).

Una idea rondaba una y otra vez en mi cabeza. La vida de cada persona es diferente, su organismo es único, y estaba convencido de que mis experiencias personales transformadas en consejos generalistas no hacían justicia a la realidad. Entonces diseñé un algoritmo matemático que tuviera en cuenta tanto información subjetiva, las cosas que sentimos y pensamos en el día a día, como objetivas, mediciones por medio de un reloj inteligente de aspectos fisiológicos (ritmo cardiaco, respiratorio, emocional…). El objetivo era poder ofrecer a cada persona una estrategia personalizada que le permitirá convertirse en un elemento activo de su salud. Al hacerlo, la persona llega a la consulta y se remanga junto con el médico para ponerse manos a la obra con su salud, en lugar de pedirle al doctor que le cure.

 

 

A principios de mayo del 2017 youHealth fue presentado al mundo. En esta primera versión hemos desarrollado un entrenamiento que permite a las personas aprender e integrar herramientas y características naturales del organismo para mejorar la conexión con su médico interno, y hemos integrado en la aplicación una serie de mediciones subjetivas que nos permiten hacer propuestas personalizadas a cada individuo.

 

Vivir con la premisa CHC

El proyecto de youHealth ha ilusionado a mucha gente, lo que ha hecho posible concluir la primera parte del proyecto, pero aún queda mucho por hacer. Hemos desarrollado la aplicación solo para dispositivos Apple y hemos obviado las significativas medidas subjetivas, y no por gusto, sino por una cuestión meramente económica.

Paralelamente, toda la estructura institucional de youHealth se ha llevado a cabo con los mismos valores que promueven la aplicación: confianza, honestidad y creatividad (CHC). Es por eso, que la estrategia de difusión y comercialización sigue unas reglas poco usuales. Por ejemplo, youHealth es de descarga gratuita. Entras en AppStore, buscas la aplicación, la instalas en tu teléfono móvil o tablet y realizas el proceso sin coste, sin publicidad y sin interrupciones de ningún tipo. Al llegar al día 30, una vez que has terminado, tienes la posibilidad de colaborar con nuestra investigación. Para aquellos que se animan a hacerlo, hemos reservado el algoritmo personalizado que hemos llamado Autorreceta y preparado alguna sorpresa más.

 

 

Obviamente, esta forma de ver el mundo da un poco de vértigo porque estás dando, dando y dando todo, y solo si a la gente le toca el corazón, entonces recibes. Si no, no recibes nada. La premisa de CHC ha cautivado a todas las personas que forman parte del proyecto incluyendo a inversores (el tiempo dirá si también a las personas). Desde un punto de vista empresarial, muchas personas pueden pensar que la estrategia de youHealth está destinada al fracaso, porque invertimos todo lo que tenemos en investigar y desarrollar, y otros aspectos como el marketing quedan en un segundo plano. Bajo mi humilde punto de vista, hacer una campaña de marketing de miles y miles de euros cuando quedan tantas cosas por hacer e investigar en el mundo es opuesto a la confianza y, a veces, a la honestidad.

Aunque suene repetitivo, me gustaría hacer hincapié en que no prometemos nada, no cobramos por darte nada, simplemente ofrecemos una experiencia gratuita y, si resuenas, entonces colaboras para que podamos continuar investigando acerca de esta nueva visión de ver la salud. Ahora bien, si no puedes colaborar económicamente, no te preocupes. Por el simple hecho de utilizar youHealth ya estás colaborando. Los datos que recoge la aplicación son usados de forma anónima para realizar experimentos científicos que nos permiten conocer mejor al ser humano. Conseguir trasladar el laboratorio a la vida diaria de las personas ha sido todo un reto, además de un sueño personal cumplido.

Sea cual sea el futuro de youHealth nunca será un fracaso, sino una muestra de que la confianza, la honestidad y la creatividad pueden llegar a todos los rincones del planeta.

 

Los discursos y el capitalismo

El psicoanalista francés Jacques Lacan establece que sólo existen cuatro modos de hacer lazo social o discursos. Sin embargo, también estudia el funcionamiento del capitalismo de acuerdo con este planteamiento. Sobre todo sus repercusiones en la estructuración del sujeto y sus vínculos.

lazo social

El concepto de discurso es planteado por Lacan en su Seminario XVII “El Reverso del Psicoanálisis”. El discurso se define como:

El orden que instaura una civilización, un orden del goce que fija los límites y las satisfacciones permitidas o no, incluso las sugeridas a los individuos.

 

Posiciones de los discursos

En cuanto a la estructuración de los discursos, cada uno se organiza en torno a cuatro posiciones. Éstas se separan por una barra que distingue lo consciente de lo inconsciente:

posiciones

En el sector consciente se sitúa el agente deseante, motor del discurso que exige a otro un tipo de trabajo determinado. Mientras que en el plano inconsciente, se ubica la verdad del deseo que mueve al sujeto. Esta verdad queda oculta y aislada respecto a los demás elementos. También se localiza el producto del trabajo realizado por el otro, siendo un plus de goce.

 

Relaciones de los discursos

Entre dichas posiciones se establecen relaciones, que en el esquema son designados con flechas:

Relaciones

El agente deseante exige a otro un trabajo, obteniendo un producto inconsciente o plus de goce. La verdad (inconsciente) que moviliza el deseo del agente, también se dirige al otro que trabaja. Esta verdad no está determinada por ninguno de las demás posiciones y por lo tanto queda aislada.

Esto establece una ruptura entre el goce que cada uno torna posible y la verdad inconsciente. Este hiato imprescindible posibilita las relaciones entre seres humanos. Propicia un cuestionamiento, un “tiempo de comprender” lo que ocurre entre el agente deseante y el plus de goce que se produce. Siendo que esta verdad es desconocida, nunca podrá satisfacerse el deseo del cual es fuente. La barrera que divide lo consiente de lo inconsciente equivale a la castración (simbólica), y la imposibilidad de encontrarse con el goce perdido.

 

Elementos de los discursos

Las posiciones mencionadas son ocupadas por cuatro elementos que determinan las propiedades de cada discurso, y que circulan en las posiciones a medida que éstos varían:

  • El significante amo (S1) es un significante sin sentido, que insiste en la repetición puesto que conlleva un goce que no se puede representar.
  • El significante del saber (S2) viene del Otro y es aquel que da sentido al significante amo (S1).
  • El sujeto barrado ($) es el sujeto constituido que lleva su propia falta de satisfacción. Se basa en la imposibilidad de recuperar el objeto perdido y el goce inicial. Conlleva el estar condenado a encontrar satisfacciones parciales, el sujeto del deseo.
  • El objeto a (a) es el objeto de goce que se ha perdido y que causa el deseo. Es equiparable al objeto de la pulsión freudiano: el pecho caído, las heces que se desprenden. Así como la mirada y la voz, objetos agregados por Lacan como aquellos de la pulsión escópica e invocante respectivamente.

 

Discurso del Amo

Discurso del Amo

Se basa en la dialéctica del Amo y el Esclavo de Hegel. Según la cual, dos seres auto-conscientes libran una lucha a muerte antes de que uno esclavice al otro. El amo constituye el agente deseante que reclama a los esclavos un trabajo. Dicho trabajo se relaciona con un saber hacer del cual el amo carece. El producto de dicho trabajo es un plus de satisfacción, u objeto a. Finalmente, la verdad del amo es que está dividido y no es omnipotente como aparenta ser.

El filósofo psicoanalista Slavoj Zizek en “Los Cuatro Discursos de Jacques Lacan”, propone que este discurso representa la monarquía absoluta, ante cuya vacilación pueden desplegarse dos resultados: el discurso de la histérica y el discurso del Universitario.

 

Discurso de la Técnica

Discurso de la Técnica

Lacan propone el discurso de la técnica, como derivación del discurso del amo. Se le llama discurso aunque en realidad no establezca lazo social, pues sólo cuenta con tres elementos. Las posiciones de agente deseante, otro-trabajo y producto se ubican igual que en el discurso del amo. Sin embargo, falta la posición de verdad, lo que crea un circuito continuo.

El amo en este caso es la ciencia -cuyo discurso expondremos más adelante- que provee conocimientos técnicos. Pero también produce gadgets u objetos tecnológicos que repercuten en nuevamente en el amo.

 

Discurso de la Histérica

Discurso de la Histérica

Podría decirse que es el discurso que promueve el surgimiento del Psicoanálisis. Sigmund Freud, en su trabajo con pacientes histéricas, desarrolla el método de la asociación libre para el desciframiento del sentido inconsciente. En este discurso, el agente deseante es un sujeto barrado, que está en falta y vive insatisfecho en la satisfacción de su deseo.

Por otra parte, el otro representado por el significante amo, detenta un supuesto saber sobre el sufrimiento del sujeto. Es precisamente el desciframiento de este saber del inconsciente el trabajo que este sujeto barrado le exige al amo. Sin embargo, siempre queda oculto el goce o la satisfacción en el síntoma de la histeria que se repite a pesar del sufrimiento que ocasiona.

 

Discurso de la Ciencia

Discurso de la Ciencia

El llamado discurso de la ciencia deriva del discurso de la histérica. Tampoco establece vínculo social y cuenta con sólo tres posiciones, faltando únicamente la posición de la verdad. El sujeto de la ciencia está en falta de conocimiento, por lo que exige al amo una producción de saber desenfrenada. El único límite son las leyes de la comunidad científica.

 

Discurso del Universitario

Discurso del Universitario

En este discurso, el nivel superior “S2 –> a” puede representar al conocimiento académico-universitario. En este discurso se pone en marcha un saber que busca normalizar el goce. Es así como surgen los lugares de enclaustramiento del saber: las universidades. El producto es un sujeto que acepta este sometimiento, que se refiere a la normalización de su goce. La estadística constituye un movimiento civilizador del goce propio y singular. La verdad es un amo que se esconde, difícil de localizar y por tanto un poderoso estratega.

Comúnmente, se limita este discurso al ámbito universitario y a la exigencia de trabajo del cuerpo académico hacia los estudiantes. Sin embargo, Zizek alega que no hay una ligazón imperativa. Principalmente, porque se refiere a cualquier movimiento social que busca domar el goce.

 

Discurso del Analista

Discurso del Analista

Este discurso representa el tipo de vínculo que se establece a través del Psicoanálisis. El agente deseante es el psicoanalista, quien se muestra ambiguo ante su paciente. Esto promueve la confrontación del sujeto en terapia con la verdad de su propio deseo inconsciente. El producto obtenido es la caída del significante amo, es decir del significante con el cual el sujeto se ha identificado, que le gobierna y que no lo representan.

El saber en el lugar de la verdad se refiere al analista colocado como sujeto supuesto saber del sufrimiento del otro. Simultáneamente, representa signos de saber obtenido por el analizante acerca de la verdad de su posición subjetiva. Esta verdad emergente en análisis, nunca es producto de la reflexión consciente. Es un saber supuesto y enigmático que se sitúa desde la ignorancia.

 

Reflexión sobre los discursos

Luego de recorrer los discursos, nos preguntamos qué caracteriza los vínculos que éstos permiten. Lacan establece que si bien puede parecer obvio, la relación entre los elementos superiores es “imposible”. Lo que ocurre entre el amo y el esclavo, el saber-universitario y el estudiante, y la histérica y el amo es un puro intercambio, mas no un lazo social.

Siguiendo esta línea, el punto de inserción de los discursos es el goce, es decir el modo de satisfacción. Por tanto, el lazo social se establece entre hablantes que comparten la misma modalidad de goce. El discurso del analista establece una variante, ya que los analistas no comparten su goce. Su labor deriva precisamente una pérdida de éste.

 

Discurso Capitalista

De acuerdo con las fórmulas propuestas por Lacan, el capitalismo no es un discurso en sí mismo pues no establece vínculos sociales. En un principio, los elementos del mismo se ubican en las mismas posiciones que el discurso del amo. Sin embargo, ocurren dos movimientos en los cuales varían los elementos y las relaciones entre los mismos.

Primer movimiento

Capitalismo 1

El primer movimiento se basa en un cambio en la relación de la posición de producto, que en este caso es el objeto de goce a. Para explicar ese proceso, Lacan retoma el concepto de plusvalía de Marx. Según el mismo, en el régimen de propiedad privada de los medios de producción del capitalismo existe una parte del trabajo no se paga.

Es decir, para Marx el trabajo humano genera valor, y una parte de éste no es remunerada. Su idea se basa en que este objeto a (de goce a) producido puede ser restituido al sujeto y se puede contabilizar. Así, el sujeto puede hacerse cargo de su goce, por lo tanto cada sujeto es su propio amo. El producto en lugar de regresar al amo, como en el caso del discurso del amo, se dirige al sujeto.

 

Segundo movimiento

Capitalismo 2

El segundo movimiento, consiste en la inversión del lugar amo (S1) y el sujeto barrado (S). Sin embargo, las relaciones permanecen igual que en el primer movimiento. La diferencia radica en que el amo se esconde como en el discurso del universitario. Al ser menos localizable se vuelve más poderoso, invisible e inatacable. A su vez, se esconde bajo el semblante del sujeto barrado insatisfecho y demandante. El saber estará marcado por la ciencia para producir un plus de gozar atado a las técnicas derivadas del consumo. Estos objetos de consumo a su vez mandan sobre el sujeto, quien se ve explotado por estos productos.

 

Propietario versus proletario
plus de goce

El capitalista es el propietario de los medios de producción, dígase los recursos y el capital. Éste busca maximizar el beneficio propio por acumulación y producción de estos recursos. Entretanto, el proletario sólo posee su cuerpo para vender su trabajo al propietario, obteniendo a cambio un salario. La porción de este trabajo que no es pagada es de la que se apropia este sistema para engrosar su capital.

De esta manera, la plusvalía se constituye como el objeto causa de deseo tanto del propietario como de proletario. Siendo la causa de la economía, no es algo de lo que se pueda apropiar para gozar. Por un lado, el proletario no goza de ella pues le es sustraída, a su vez que es explotado por los productos. Y por otro lado, el propietario tampoco goza de ella. Puesto que se revierte en capital que engrosa el ya existente, sustrayéndose del goce.

 

El objeto a como causa de deseo

Para profundizar en el ya mencionado objeto a es pertinente distinguirlo en sus dos vertientes. Como causa de deseo, es un objeto que originariamente se ha perdido. Se articula con la concepción de la falta, aquella que designa un vacío en el sujeto.

En este sentido, Zizek expone que el capitalismo aborda a los individuos como consumidores. Se constituyen en sujetos deseantes pero no de cualquier cosa, sino “deseantes de desear”. Entonces la producción incesante de este objeto faltante o gadget sustentan la exigencia insaciable. Éstos son mercantiles y basados en el dinero, lo cual anula cualquier otro valor. Inclusive el de aquello que antaño se pensaba producto de la sublimación, como la cultura, el arte, etc.

 

El objeto a como objeto de la pulsión

Por otro lado, lo consideramos como objeto de la pulsión, como Zizek lo explica:

El movimiento de la pulsión no está conducido por la búsqueda ‘imposible’ del objeto perdido, sino por el empuje a representar directamente la propia pérdida.

Dicho esto, mientras que el deseo está basado en la falta constitutiva, la pulsión circula alrededor de un agujero. La pulsión inherente al capitalismo es la “compulsión impersonal” del movimiento circular que le hace auto-reproducirse.

Por último Zizek propone que esta pulsión no pertenece a nadie en particular. Hecho patente en la circulación del dinero como capital que se convierte en un fin en sí mismo. Tal como lo plantea Zizek, en el constante movimiento de renovación:

La circulación del capital no tiene límites.

 

El ciclo capitalista

Ciclo capitalista

La peculiaridad del capitalismo que lo excluye como discurso, es su propiedad de circuito cerrado. No inscribe lazo alguno entre los partenaires humanos, pues establece la relación de cada sujeto con la plusvalía. El acceso a la verdad del goce (o satisfacción) ahora es construido y directo. Surge entonces un ciclo infinito: producir para consumir y consumir para sostener la producción.

Es la paradoja de nuestro tiempo, ya que en la mayoría de los casos, la intimidad en estos vínculos brilla por su ausencia. Parece evidente que hay un incremento de la soledad, los dramas sociales y el sufrimiento psicológico. Estamos solos en relación al otro semejante, y al mismo tiempo estamos constantemente expuesto al gran Otro.

El discurso capitalista se ha coronado como el (pseudo) discurso por excelencia. Lleva al sujeto a confundir sus objetos, con los gadgets (objetos de consumo), que actúan como termómetro de su estado de bienestar. Este modus operandi actual cuenta con contingencias en el funcionamiento del sujeto y las relaciones que este establece.

 

Bibliografía:

  • LACAN, Jacques (1992). El Seminario XVII: El Reverso del Psicoanálisis. Editorial Paidós. Buenos Aires Argentina.
  • MARUGÁN, Jorge (2011). Los Discursos de Lacan. Trabajo presentado en el Máster de Psicoterapia Psicoanalítica de la Universidad Complutense de Madrid, España.
  • SOLER, Colette (2011). Incidencias Políticas del Psicoanálisis. Ediciones S&P. Barcelona, España.

Enlaces:

  • MARUGÁN, Jorge (s.f.). Los Cuatro o Cinco Discursos y la Crisis del Lazo Social. Psicoanálisis en el Sur (Nº7). Extraído el 14 de Diciembre de 2011 desde http://www.psicoanalisisenelsur.org/num7_articulo4.htm
  • ZIZEK, Slavoj (2006). Jacques Lacan’s Four Discourses. Lacan dot com. Extraído el 30 de Septiembre de 2011 desde http://www.lacan.com/essays/?page_id=303

Monoparentalidad. Cuando 1 hace el trabajo de 2.

 

Hace pocos días atrás, sentada en el bus de regreso a casa escuche la conversación entre dos personas que iban justo delante de mí, (Si, sé que es un gesto de mala educación, pero hablaban muy fuerte), me parecía interesante lo que conversaban. Hablaban de como la experiencia de ser padres era una experiencia maravillosa, casi sublime. Entre risas y buenos recuerdos se desarrolló la conversación, sin embargo en un punto bajaron las risas y recordaron a una amiga, que en la actualidad era lo que se llama “madre soltera”. Hacían énfasis en lo triste y dolorosa que “debía” ser su experiencia. Es decir, ellos intentando ponerse en el zapato de la amiga asumían que la experiencia de criar sola era una de las experiencias más duras que podría atravesar alguien.

 

Luego de esto, me preguntaba, ¿realmente ésta persona lo estará pasando así de mal? ¿Su vida será tan dura y triste como lo piensan ellos?. Y luego quedo pensativa, empiezo a reflexionar en la familia, en cómo nos empeñamos en encuadrar y estereotipar lo que se supone es “bueno o malo”,  y por su puesto la familia no escapa de esta realidad.

 

Así como la sociedad ha cambiado, y todos sabemos que existen elementos que no estaban presentes hace 50 o 80 años atrás, como la tecnología y el impacto de ella sobre nuestras vidas, así mismo se ha visto una evolución y transformación en la familia como institución. Sin embargo, en la actualidad me encuentro en consulta, y no solo en consulta sino en el sistema judicial cuando debe intervenir un Juez o el sistema de protección, que predomina el ideal de la “Familia Tradicional”, aquella conformada por Papa, mamá, hijo.

 

Afortunadamente,  existe un proceso indetenible de amplitud de paradigmas, y se ha avanzado mucho en lo que respecta a entender a la familia como un organismo dinámico y cambiante, de manera tal que el concepto de familia se amplia y se comprende de una manera más integradora y respetuosa pro la experiencia del otro.

 

http://https://www.youtube.com/watch?v=AjnLyQbqcNY

 

Se conocen varios tipos  donde se  «clasifican» las familias, entre ellas podemos nombrar:

 

  • Familia Biparental: conocida como la familia tradicional, Mama, papa, hijo

 

  • Familia de Padres Separados: hijos de padres separados, que viven con uno de ellos, diferenciándose de la familia monoparental, ya que aquí aunque los padres no convivan comparten las responsabilidades y las tareas de la crianza de manera equitativa.

 

  • Familia Adoptiva: son aquellos padres con hijos que han sido adoptados o apadrinados de manera permanente, en esta situación también puede configurarse una familia monoparental.

 

  • Familia sin hijos: es aquella familia conformada solo por la pareja.

 

  • Familia Compuesta o ensamblada: son aquellas formadas por padres separados que se vuelven a establecer en pareja pero donde uno o ambos ya tienen hijos, y donde comienzan a compartir las responsabilidades de crianza.

 

  • Familia Homoparentales: son aquellas familias formadas por parejas con orientación homosexual  con hijos.

 

  • Familia Extensa: son aquellas familias donde participa activamente en la crianza de un niño por parte de distintos familiares, ya sea abuelos, tíos, padrinos, o quizás donde no hay niños pero donde generalmente se comparte la vivienda.

 

Y aquí parafraseo lo dicho al final del vídeo,

«existen muchos tipos de familia, no se trata de buscar un modelo único y perfecto, se trata de poder reconocer a la familia como el lugar del afecto, del cuidado, del respeto, y también de la solidaridad».

 

Y es que ciertamente es así,  el camino por recorrer para ampliar los paradigmas con respecto  a lo que familia se trata es largo, pero si se juntan las voluntades y se respeta la experiencia del otro, de seguro será un camino enriquecedor de transitar.

 

 

Familia Monoparental

Todos conocemos a alguna persona que suele catalogarse “madres o padres solteros”, en su mayoría mujeres, pero actualmente se ve un incremento de hombres que también han asumido la paternidad de manera absoluta, por lo cual aunque son menos en número, no menos en importancia. Finalmente es lo que en la actualidad, para todos los que trabajamos con servicios sociales o médicos catalogaríamos como “Familia Monoparental”.

 

“La familia monoparental se define como  aquellas en las que un progenitor convive con y es responsable en solitario de sus hijos e hijas menores o dependientes.”

 

Para que se pueda entrar en la categoría de monoparentalidad, la persona tiene a cargo los cuidados absolutos de los hijos, es decir es el responsable del cumplimiento de la protección para el desarrollo integral, donde entra la educación, la alimentación y abrigo, los cuidados médicos, la recreación, y todo lo que corresponde a la crianza.

 

 

Hay diversas razones por las cuales una familia puede ser monoparental, principalmente se da luego de separaciones o divorcios donde uno de los padres, se separa y hace abandono del hogar, delegando así todas las responsabilidades de crianza a la otra persona. Es decir, incumple en su rol como padre o madre, y delega en el otro toda la responsabilidad. Esta es una de las principales causas. Sin embargo puede darse también luego de la muerte de unos de los padres.

 

También puede darse el caso de solteros (as) con hijos, en donde la persona simplemente no formó pareja pero no renuncia a la experiencia de la maternidad o paternidad, en este caso se ha visto en incremento aquellas personas que optan por la adopción, por la reproducción asistida.

 

Es importante destacar que la estadística mundial muestra que mayoritariamente son las mujeres quienes lideran las familias monoparentales. Sin embargo, como lo dije anteriormente, los hombres son parte de esta estadística, aunque en menor escala.

 

Sea cual sea el origen, evidentemente la experiencia es individual. No es lo mismo una familia monoparental luego de una separación o procesos de separaciones conflictivas, a una persona que decidió ser madre o padre y asiste a un centro de adopción o de reproducción asistida para lograrlo, es decir, como parte de su proyecto de vida.

 

Papa y Mamá a la vez, uff que difícil…

http://https://www.youtube.com/watch?v=7NvBvP1p_9Y

 

La crianza es una de las tareas más difícil que puede atravesar un ser humano, pero también aquella en donde hay innumerables recompensas.

 

Ciertamente la tarea es complicada, y más cuando las condiciones juegan en contra. Una de las principales dificultades que se establece en una familia monoparental es el factor económico y el factor tiempo. Estamos hablando de hogares donde solo hay una persona encargada de sostener, con un ingreso que debe subsanar los gastos de todos los integrantes del hogar. Razón por la cual el tiempo suele reducirse, ya que estas madres o padres deben extender las estrategias para generar ingresos de manera que puedan cubrir las necesidades básicas del hogar. Esto hace que en muchas ocasiones exista un nivel de estrés muy alto, lo cual puede traer igualmente consecuencias emocionales, sociológicas y físicas.

 

En la consulta, generalmente puede verse madres sobrepasadas emocionalmente, ya que suelen sentirse solas y embotadas de tantas responsabilidades. Igualmente se observa en estos casos, el ingreso prematuro de los hijos en el campo laboral para poder aportar recursos suficientes para sostener el hogar, y en muchos casos para poder continuar con su formación académica.  En cierta forma están en desventaja con el resto de las familias, y esto también se refuerza porque los recursos estatales y gubernamentales generalmente no generan políticas públicas suficientes que garanticen la igualdad de oportunidades para todos los tipos de familia, o beneficios públicos para los padres o madres que requieran de ayudas especiales para sobrellevar la crianza de sus hijos.

 

Cuando se es cabeza de familia en una familia monoparental se debe ser mama y papa a la vez, es decir, se deben cumplir ambas funciones, lo que en psicología básica se llama función materna y función paterna. La función materna se  enfoca en los cuidados, en las acciones de alimentación, abrigo y afecto, y la función paterna se refiere a aquellas acciones de crianza, de establecimiento de límites y de acciones correctivas para desarrollar juicio moral. De manera que una persona que conforma u encabeza una familia monoparental debe cumplir con ambas funciones. De manera que será la figura proveedora pero también la figura de amor y de formación.

 

Papa y Mamá a la vez, una oportunidad inigualable…

Conversando con una madre sobre este tema me comentaba,

 

“Gaby, no hay mejor regalo que me ha dado la vida de dejarme criar sola a mi pequeña, no solo porque la tengo solo para mí, lo cual puede sonar egoísta, sino porque de la manera tradicional mi niña iba a tener más problemas, iba a ser seguramente más infeliz, el que su padre no esté implica no que no tendrá que vernos peleando, en conflicto o sufriendo su indiferencia, aunque ve a su papá un par de veces al mes, la relación entre ellos es mejor

 

Y es así, formar una familia monoparental es una oportunidad única, en síntesis es también formar familia. En experiencias cercanas la formación de familias monoparentales también han sido experiencias de éxito y de fortalecimiento familiar, donde la vinculación que se establece con ese padre o madre es tan fuerte, que permite un desarrollo de ese niño o niña totalmente sano y feliz. La clave: activa todas las redes.

 

Activa las redes

Pertenecer a una familia monoparental no significa estar solos.  

 

Establece estrategias para poder sumar otras personas que puedan apoyar en la crianza de los niños. En este sentido la familia extensa (abuelos, tíos, padrinos, amigos) es un apoyo muy importante, no solo para ese padre o madre, sino para ese niño o niña en crecimiento. Ver articulo ¿somos todos responsables de la crianza de un niño?. y esto no solo sucede con familias monoparentales, también sucede con todos los tipos de familia, y esta asociado generalmente a la demanda de tiempo laboral que deben ejercer los padres para poder cubrir sus necesidades. Sin embargo para una familia monoparental las redes son de real importancia.

 

Los abuelos, son una pieza fundamental. En muchos casos, son un apoyo incondicional y único, donde la madre o padre descansa algunas responsabilidades de crianza, aunque lo importante es no pasar el límite de la delegación absoluta en la formación del niño, para que éste no confunda los roles de cada uno y no se generen conflictos en la crianza del niño. Y sobre todo para que estos abuelos puedan disfrutar de la experiencia de ser abuelos, y no sientan que están repitiendo nuevamente sus paternidades. Para esto recomiendo leer el artículo Padres – hijos- abuelos, el trio la la la

 

Igualmente recurre a todas las opciones de beneficio para familia monoparentales, infórmate sobre todos los beneficios sociales y públicos que hay en favor a las familias monoparentales.  Recurre a las instituciones públicas quienes tienen la obligación de favorecer el desarrollo integral de sus ciudadanos, e infórmate de las que corresponde  a las familias monoparentales para temas de salud, educación, vivienda, entre otros.

 

La familia monoparental es un tipo de familia, como cualquier otro, ayudemos a cambiar el paradigma de “madre soltera” o “padre soltero”. De esta manera fomentaremos la convivencia respetuosa y la integración de todos en sociedad.

 

La resiliencia es fundamental y se desarrolla generalmente en este tipo de familias, ya que evidentemente la crianza es mucho más complicada. Estos madres o padres son ejemplo de lucha y trabajo,  lo cual genera niños igualmente resilientes y preparados para la vida.

 

 

 

¿Respetamos nuestros límites?

 

Te propongo un pequeño ejercicio de honestidad con uno mismo. Si lo deseas, cierra los ojos tras cada una de estas preguntas, respira profundo, y deja que surja alguna respuesta, sin forzar. ¿Alguna vez te has sentido invadido/a ante la acción de otra persona? ¿Crees que alguna vez has podido invadir el espacio vital de otro? ¿Sueles sentir que no sabes poner límites ante los demás? ¿Alguna vez has sentido que personas significativas en tu vida no hacen aquello que consideras que sería lo mejor?

 

La intersubjetividad como marco para comprender nuestra interacción con los demás

 

Es algo fascinante observar cómo se va formando en el ser humano el sentido del yo, la identidad propia, desde los primeros años de vida. Y si nos paramos a reflexionar, solo puede existir un “yo” porque también hay un “otro”. Desde los años setenta del siglo pasado, muchas investigaciones acerca del desarrollo infantil han confirmado que estamos programados desde el nacimiento para interactuar con los otros, partiendo del reconocimiento y la imitación, con el fin de facilitar un proceso de comunicación que nos sitúa ante el mundo. Así, un recién nacido puede imitar, aún de forma rudimentaria, las expresiones faciales que ve en un adulto. Son las primeras muestras de intersubjetividad.

El término intersubjetividad tiene gran significado en el ámbito del desarrollo psicológico infantil y en psicoterapia, especialmente de tipo psicoanalítico. Se refiere a la interacción entre dos subjetividades, es decir, la intersección entre dos mentes, dos formas de observar e interpretar el mundo. En esa interacción, ambas mentes también se transforman. Diversos autores, entre los que destacan Trevarthen o Stern, han investigado profundamente sobre ello y han aportado visiones realmente ricas, derivadas de la observación de las interacciones entre bebés y sus madres. Y coinciden en que es a través de los vínculos que se crean intersubjetivamente como se modela la experiencia subjetiva que vivimos en nuestro interior.

 

 

¿Respetamos los límites de nuestros niños?

 

Hace algo más de un año, tuve una experiencia reveladora. Me encontraba realizando la formación de Educador de Masaje Infantil, y una de mis compañeras acudió con su bebé de tres meses al curso, de modo que pudiera seguir manteniendo su presencia y continuar su lactancia materna cuando lo demandara. Casualidad o no, se sentaron a mi lado, y el bebé comenzó a observarme. Siempre he sentido una gran afinidad por los niños, y en cuanto me di cuenta, me giré hacia él, le miré, sonreí, le hablé y extendí mis manos. Su reacción fue de rechazo. Me sorprendí, pues habitualmente suelo conectar con los bebés de forma rápida, pero el episodio se produjo varias veces a lo largo del día, y me di cuenta del gran maestro que tenía delante.

Comencé a tomar conciencia de mi mirada, de mi postura corporal, de mi intención profunda. Me di cuenta que quería llevarlo a mi terreno, seguramente alimentar mi ego confirmando mi creencia de la buena conexión con los niños, pero a costa de mostrarme invasivo. Y recibí una gran cura de humildad. Probablemente, él sólo estaba explorando, y respetando distancias, miradas, gestos, hubiera preferido que fuera interactuando de modo muy progresivo. Ni siquiera le había pedido permiso. Di por hecho que quería interactuar. Y ahí tomé conciencia de que estamos programados desde que nacemos para sentir nuestro propio espacio y hacer ver a los demás que necesitamos que lo respeten. No somos objetos.

Durante dicha formación, una parte importante es mostrar a los padres que deben compartir con los bebés que les gustaría hacerles un masaje y pedir permiso a los mismos antes de iniciarlo. Es algo que chocaba a los padres, pues los adultos pensamos que los bebés no nos van a entender. Pero lo que solemos pasar por alto es que comunicamos más de forma no verbal que a través de nuestras palabras. Una  mirada que dice “te veo y te respeto”, una pregunta con esa entonación interrogativa que pueden comprender perfectamente, un acercamiento desde el respeto al cuerpo del otro y no desde la manipulación como si fuera un objeto, son parámetros que todo bebé capta perfectamente y siente si está siendo respetado o bien si la invasión es algo habitual en el trato que recibe. Teniendo todo esto en cuenta y extendiéndolo a los niños que han formado o forman parte de nuestra vida, ¿crees que has podido mostrarte invasivo en algún momento?

 

 

¿Cómo aprendemos a reconocer al otro como sujeto, y no como objeto?

 

Leyendo el libro “El apego en psicoterapia”, de David Wallin, el cual recomiendo, el autor menciona el trabajo de la psicoterapeuta Jessica Benjamin como clave para comprender cómo se desarrolla el reconocimiento mutuo de los sujetos. Para ella, dicho reconocimiento implica que el encuentro entre dos mentes permite darse cuenta de lo que uno siente, de lo que siente el otro aunque no coincida con lo propio, y de que es posible compartir esos sentimientos sin el temor a perderse uno mismo o sin la necesidad de imponerse al otro. Podemos vivir al otro como sujeto cuando reconocemos que existe fuera de nuestra mente. Pero cuando entendemos al otro únicamente dentro de nuestro mundo de representaciones y significados, realmente lo estamos viendo como objeto, lo estamos “cosificando”.

Llegados aquí, podemos hacernos la gran pregunta. Aquellas personas que siento como más importantes o significativas en mi vida, ¿lo son porque reconozco su individualidad y soy capaz de interactuar de forma abierta compartiendo desde lo más profundo de mi ser, o bien son importantes por el papel o rol que les he atribuido en el mundo de representaciones de los seres que me rodean?

Tomar conciencia de ello supuso darme cuenta en mi proceso personal de que tendía en gran medida a “cosificar” a los demás y, por ello, también me resultaba más fácil reconocer este hecho en la forma de actuar de los demás, es decir, fui consciente de que es muy habitual que nos movamos, consciente o inconscientemente, utilizando a los demás para cumplir un rol dentro de nuestro esquema de vida.

Todo lo expuesto conecta, directa o indirectamente, con conceptos como agresividad, dominación, sumisión o asertividad. Y es algo que el niño aprende de forma muy temprana gracias a la interacción. Benjamin, citada por Wallin, explica que el niño pasa por un proceso que transforma su visión del otro como objeto a reconocerlo como sujeto. Pasado el primer año de vida, cada vez son más frecuentes los episodios de expresión del enfado o de conductas invasivas en el niño que ponen a prueba al adulto que ejerce de cuidador principal. Si el adulto “sobrevive a la destrucción” permaneciendo junto al niño, sin retirarse ni reprimiendo lo que sucede, sino acompañándolo, se producirá en el mundo interior del niño esa transformación que permite ver al otro como sujeto. De este modo, comprende que las diferencias de criterio no son una barrera para compartir experiencias, y que el vínculo permite varias visiones de la realidad sin que sea necesaria la dominación o la sumisión.

 

Y en nuestro día a día, ¿reconocemos al otro?

 

He expuesto varios ejemplos relativos a cómo los niños interactúan y van desarrollando su propia identidad. Pero, como adultos, ¿tendemos a reconocer a los otros como sujetos?

Hace algunas semanas, descubrí por internet un artículo con un vídeo que hablaba sobre las violaciones en el entorno de la pareja. Lo primero que pensé, más allá de las cuestiones de género que siempre afloran en estas situaciones, es si esto no es una de las expresiones más extremas de invasión del otro, de su “cosificación”, que suele ser más frecuente en los hombres, dada la desconexión emocional con nosotros mismos y nuestra menor capacidad empática, seguramente derivada de la presión social, cultural y educativa.

 

https://www.youtube.com/watch?v=4IXk2u8bzCM

 

Si hacemos un barrido por nuestras formas de relacionarnos, ¿solemos pedir permiso a nuestros seres más queridos para iniciar una conversación, para compartir un abrazo, para hacer una caricia, incluso para compartir nuestra opinión sobre algo que le afecta? Si no sentimos de niños que se contara con nosotros y aprendimos que la invasión es lo normal, ¿cómo no vamos a repetir patrones si no hacemos una profunda toma de conciencia? Nuestros patrones de agresividad y sumisión están bien nutridos. ¿Sería posible permitirnos sentir lo que nos dice nuestro interior (esas sensaciones corporales, esos juicios, etc) ante las diferencias o diversidades que nos plantea el otro, sin creer que debemos renunciar o imponer?

 

Referencias bibliográficas

  • Stern, D. (1999). Diario de un bebé. Barcelona: Paidós.
  • Wallin, D. (2012). El apego en psicoterapia. Bilbao: Desclée de Brouwer.

 

Arthur Danto: El fin del arte y su identificación con la filosofía

By Grhabyt (Own work) [Public domain], via Wikimedia Commons

Definir el arte, determinar qué objeto es arte y cuál no, es una cuestión problemática. Tradicionalmente el arte se ha ligado a algo hecho, un arte-facto, por un artista, alguien que tiene un conocimiento práctico, y que presenta una serie de propiedades estéticas (tales como belleza o capacidad de expresión), que lo distinguen de otros artefactos (de un barco o de una cama). Tenemos así obras de arte y meros artefactos, artistas y artesanos.

Las teorías tradicionales del arte suelen presentar como propiedades artísticas, las siguientes: las propiedades representacionales, las propiedades expresivas y las propiedades formales, dando lugar a definiciones representacionales, expresivas y formales, respectivamente. Ninguna de ellas basta por sí sola para categorizar una obra de arte como tal: un esquema sobre las órbitas del sistema solar representa, una cara o gesto humano expresa un sentimiento y una pala tiene una utilidad. Lo que sucede realmente con el concepto de obra de arte es que tal concepto está imbricado en el entramado conceptual del sistema del filósofo en cuestión, por lo que realmente lo que define a la obra de arte en los sistemas de los filósofos no son solamente uno (o varios) de esos predicados, sino también otros otros conceptos no estéticos con los que están en relación dentro del sistema filosófico.

Arthur C. Danto afirma que el arte es un área fundamental en todo sistema filosófico; y sólo puede entenderse dentro de ese sistema. La filosofía, para él, es sistemática o no es filosofía. Una caracterización de la filosofía que no es muy propia de un filósofo analítico, como tampoco ese interés primordial por el arte ni por delimitar lo que es arte. A la filosofía analítica le ha interesado distinguir entre ciencia y no ciencia; el célebre criterio de demarcación. Arthur Danto nos quiere presentar un criterio de demarcación pero no para lo científico sino para lo artístico. Pues bien, si ya la definición de arte es problemática si atendemos sólo al arte tradicional, en el arte contemporáneo la complicación se acusa hasta el límite, al aparecer como obras de arte objetos que en el arte tradicional nunca habrían sido considerados como tales. La técnica actual permite fabricar objetos indiscernibles en masa con gran facilidad, con medios robotizados, sin que sea necesario un hacedor humano. Podemos tener pues objetos que ni siquiera han sido fabricados por el artista y que no tienen nada sensible que los distinga de cosas comunes. Y a pesar de eso, pueden ser considerados obras de arte. ¿Cómo explicar esto? Las teorías tradicionales, que se basan en la habilidad, en el arte, en la técnica, del artista y en las cualidades estéticas que éste crea en el objeto como consecuencia de su técnica, no pueden dar cuenta de estos fenómenos artísticos.

Precisamente lo que motivó, para Danto, esta difícil empresa de buscar un criterio de demarcación artístico, fue Andy Wharhol y su Pop Art: ¿por qué sus cajas Brillo, sus sopas Campbell, tienen la categoría de arte y otras exactamente iguales apiladas en los supermercados no? Ni siquiera las obras de Duchamp (un peine, una rueda de bicicleta, un urinario…) suscitaban tal ruptura con las teorías del arte tradicionales, pues las teorías de la belleza podrían englobarlos. Situando estos objetos cotidianos a una distancia estética es posible apreciarlos como objetos que pueden hacer ver la belleza en los lugares más insospechados. Sin embargo, las definiciones tradicionales del arte no sirven para el Pop Art (objetos tan sumergidos en la banalidad que su potencial para la contemplación estética permanecía bajo vigilancia incluso después de la metamorfosis) pues se basan en características que el caso de Wharhol hace irrelevantes.

Danto llega a decir que con las cajas Brillo las posibilidades de definiciones tradicionales (que definen el arte en base al estado histórico concreto del mismo, siendo inservibles en caso de revoluciones) están efectivamente cerradas y que la historia del arte ha llegado, en cierto modo, a su fin. No se ha parado, sino ultimado, en el sentido de que ha pasado a ser una especie de conciencia de sí misma y se ha convertido, a su manera, en su propia filosofía: circunstancias predichas en la historia de la filosofía de Hegel. Si bien tradicionalmente sólo parte del fenómeno artístico tenía interés para los filósofos, debido a lo cual la filosofía del arte era profundamente irrelevante para la vida del arte, y el no filósofo quedaba desanimado por lo escritos de los filósofos sobre el arte. Hoy, sostiene Danto, parece que casi la totalidad del arte se ha condensado en aquella parte de la obra de arte que siempre había sido de interés filosófico, hasta el punto de que poco o nada se ha dejado para el placer de los amantes del arte. El arte es hoy más que nunca filosófico; el arte ha recuperado su autoconciencia, la conciencia del arte de ser arte de un modo reflexivo que puede muy bien compararse con la filosofía.

En próximas entradas desarrollaremos la definición de arte de Arthur C. Danto.

Referencias:

  • Danto, Arthur C.; La transfiguración del lugar común, Paidós ibérica, 2002, Barcelona

Mindfulness: un primer acercamiento

Mindfulness: un primer acercamiento

Escucha, presencia, contemplación, habitar el cuerpo y la mente son algunos de los conceptos que se asocian con el mindfulness. El mindfulness es una técnica que trata de intensificar la experiencia, nuestra propia presencia en el ahora, mantenernos en el aquí y crear un pequeño espacio para contemplarnos haciendo algo. Todo ello para alcanzar una relación con el mundo en el que se presta atención pausada al momento presente.

Lo interesante es que su significado va más allá de su definición convencional, por eso muchas veces cuando nos sentamos con música, frente a una vela, uno no aguanta ni 10 minutos. Deja que lo adivine, ¿intentabas dejar tu mente en blanco?

En el mindfulness no necesitas bellezas ni extravagancias, no necesitas una sala insonorizada ni música de fondo. El mindfulness no es evasión sino un encuentro sereno con la realidad. Nada de esto es necesario para que un momento frene los pensamientos, acciones o planes si tienes en cuenta que nunca volverás a ver exactamente lo que ves ahora, y por ende nunca experimentarás exactamente lo que ahora experimentas.

El mindfulness trata de intensificar la presencia, por eso uno de los principios en los que se basa es que todo lo que nos rodea tiene naturaleza inestable, cambiante, subjetiva y compleja. De alguna forma está asociado a la impermanencia, es decir, nada dura eternamente, es cuestión de composición y descomposición, todo es transitorio y efímero. El mindfulness es un entrenamiento en tolerancia hacia el misterio o duda, hacia la aceptación de la inestabilidad e impermanencia para así poder abandonar la ilusión de control.

Nuestro ritmo de vida nos lleva a actuar de forma automática o a prestar atención a demasiados estímulos externos a la vez. Cuando uno piensa en meditar, cree que debe “poner la mente en blanco” y ¿qué sucede? Sin duda aparece una vorágine de sensaciones y pensamientos de los que quizá uno no era antes consciente. Esto suele generar sentimientos de confusión e incluso dolor por el sentimiento de incapacidad o desesperanza. En un estado de caos en el que uno es consciente de todas estas sensaciones y pensamientos, calmar la agitación se convierte en una necesidad. Para ello, tendemos a esforzarnos y luchar por la ansiada paz interior y cuando no lo logramos, la distracción suele ser un recurso del que abusamos. El mindfulness nos invita a detenernos y observar precisamente la agitación, cambiando el foco de atención de fuera a adentro, para así poder llegar a percibir como ésta se calma poco a poco.

Aclaraciones de algunos conceptos para una buena práctica del mindfulness

 El mindfulness implica un estado de alerta

Alerta no es agitación, es atención sin esperar que suceda nada en concreto. Es un acto deliberado de habitar el momento presente por lo que los prejuicios no tienen cabida como tampoco lo tienen pensamientos del pasado ni del futuro.

Sentir no implica analizar el presente, no es necesario codificar las sensaciones en palabras. Así que se trata de un estado mental parecido al que conectamos cuando estamos frente a una obra de arte abstracta en donde no hay palabras que inunden de significado lo que vemos. Simplemente somos observadores de un paisaje que nos evoca diferentes sensaciones.

Interdependencia, vacío e impermanencia

Nada tiene una existencia aislada. El orgullo y el dolor son consecuencia muchas veces de no aceptar que uno depende de otros y que lo que sucede no siempre se encuentra bajo su control.

Precisamente nuestro cuerpo nos enseña de dependencia y fragilidad, ofreciéndonos información de las propias limitaciones. El cuerpo nos guía por el mundo, por eso el mindfulness es un trabajo de cuerpo y mente, de manera que las dos realidades se encuentran conectadas.

Probemos en este caso a concentrarnos en la respiración, a sentir cómo el aire entra por las fosas nasales, acariciándolas levemente, atendamos a la sensaciones que se producen en el trayecto hasta llegar al abdomen y una vez ahí, hasta que el aire logra expulsarse por la boca. Concentrarse en estas sensaciones y no en intentar controlar la cantidad de aire o el tiempo que tardamos entre inspiración y expiración es precisamente entrenar mindfulness.

Escuchar, es una actitud de recibir, pasiva, en la que no se interviene

Durante el ejercicio de mindfulness, como no tenemos que pensar en una respuesta o palabra, podemos permitirnos aumentar nuestra atención recibiendo cada estímulo de forma calmosa y paciente.

Cuando a veces no es suficiente sentir y necesitamos entender, escuchar nos ofrece información cuando antes simplemente oíamos. Es una posición diferente a filtrar cierta información o evitarla.

El cerebro es una máquina de pensamientos que es difícil de frenar. Luchar contra los pensamientos para que desaparezcan muchas veces nos lleva a las rumiaciones, de forma que entramos en un bucle en el que no se encuentra solución a aquello que anhelamos. Observar y escuchar realmente a nuestros pensamientos ofrece en muchas ocasiones las respuestas necesarias para tomar una decisión.

Escuchar sin intervenir nos permite adquirir la lucidez de diferenciar entre: pensar en algo y ser conscientes de que estamos pensando en ese algo. Cuando nos damos cuenta de que no somos ni la cascada, ni el agua, sino quien lo observa, nos convierte en un observador libre capaz de decidir. Es decir, cuando sabemos que no somos el problema, ni los pensamientos, sino quien los observa o escucha, desde esa lejanía, podemos entender el problema y nos facilitará la toma de decisiones.

Acomodación vs. Asimilación

La asimilación es el ejercicio de modificar la realidad para que esté en consonancia con mis creencias. Es decir, si creo que un amigo es egoísta y un día me sorprende ofreciéndome su ayuda, atenderé con mirada sibilina su actitud y pensaré que algo quiere. Asimilar es sencillo, no supone un esfuerzo ni reto hacia nuestras creencias. Sin embargo, el mindfulness busca invitar a las personas a tener una relación con el mundo basada en la acomodación.

La acomodación implica la modificación de las creencias para integrar la realidad. Siguiendo con el ejemplo anterior, en este caso, percibiríamos la oferta de nuestro amigo como un acto de generosidad sin entrar en juicios de mucho o poco, suficiente o insuficiente.

La vida espiritual no implica una práctica religiosa. El cerebro se debe entrenar como el resto de músculos. El mindfulness ofrece beneficios a nivel intelectual ya que ayuda a la concentración y bloquea la tendencia al estrés e irritabilidad por lo que de forma indirecta facilita el proceso de toma de decisiones. El mindfulness no nos ayudará a ser mejores personas pero sí a conectar con uno mismo, sentir y percibir mientras sabemos que estamos sintiendo y percibiendo.