Karma, libertad y poder de elección

En el yoga hablamos constantemente del karma, el concepto hindú que hace referencia al destino, la ley de causalidad que gobierna nuestras vidas. A pesar de no existir prueba de su existencia, en demasiadas ocasiones lo consideramos como un hecho sin ni siquiera cuestionarnos qué es en realidad.

Karma es un concepto tan común en el Oriente y una especie de axioma para la cultura del yoga. En el yoga buscamos samadhi, el estado de conciencia que subyace a la liberación de las cadenas del sufrimiento kármico. Todos esperamos liberarnos del sufrimiento, pero ¿en qué medida realmente entendemos el karma?

Se dice que el Karma es la ley universal de causa y efecto. El origen de la ignorancia y la esclavitud. El punto seminal de nuestra misma existencia. ¿Hasta dónde llega este determinismo?

Estoy en este lugar en particular debido a una elección. El estado de mi cuerpo, por ejemplo, depende de una decisión consciente, quiero sentirme bien así que decido hacer asanas y comer saludablemente. Pero no siempre actuamos de este modo…si no no tendríamos nunca resaca. Ayer bebiste más de la cuenta, hoy te toca afrontar las consecuencias.

La causalidad es un hecho, pero ¿hasta dónde podemos permitirnos el lujo de estirar esta idea mientras mantenemos intacta su lógica y su practicidad?

Los textos yóguicos describen el contenido de nuestra mente como la causa de nuestra esclavitud y angustia. El Yoga dice que samskaras (impresiones de eventos pasados) y vasanas (deseos insaciables) contaminan la mente y nos impiden experimentar la verdad de nuestra libertad.

La ciencia moderna ha demostrado recientemente que la actividad mental influye en la estructura de nuestro cerebro. La calidad de nuestros pensamientos se transmite a todas las partes del cuerpo a través de señales químicas y produce conexiones específicas entre nuestras células nerviosas. La meditación diaria hace más gruesa la materia gris, mientras que el miedo mata a las neuronas. Cada tipo de entrenamiento seriamente mantenido crea nuevas vías neuronales, mientras que la falta de repetición de cierta información debilita las conexiones sinápticas, llevando al olvido.

¿Qué tiene esto que ver con el karma? El karma se puede definir como el poder de elección. Nuestra condición futura depende de nuestras opciones actuales. Yo elijo salir de fiesta o quedarme en casa y meditar.

Además de las consecuencias obvias de estas decisiones, cada elección repetida refuerza en el cerebro una conexión específica y compleja entre las neuronas. Todas las demás posibles relaciones neuronales se debilitan y olvidan lentamente. Cada vez que nos enfrentamos a la misma situación en el futuro también traerá un rango más limitado de la libertad. Nuestros pensamientos predominantes forman nuestros cerebros.

El karma está en nuestro cerebro

Desde esta perspectiva, claramente, el karma no es un guardián que proteja las puertas del cielo cual gorila de discoteca. No es un Dios feroz en los cielos contando nuestros pecados. Está en nuestro cerebro. Lo que aprendimos, lo que repetimos, lo que elegimos en el pasado nos hace más propensos a tomar el mismo camino, a «ver la misma solución», a vagar en la misma gama de patrones mentales.

El almacenamiento emocional en el sistema límbico de nuestro cerebro determina las reacciones instintivas a los acontecimientos presentes; Los yoguis hablan de samskaras, las impresiones que dan forma a nuestras mentes y crean esclavitud. Estas impresiones, todos los deseos, el contenido de la mente o la estructura del cerebro crean un destino para nosotros.

¿Cuánto somos conscientes de todas las opciones disponibles para nosotros? ¿Cuántos nos atrevemos a tomar otro camino o incluso a investigar alternativas diferentes? ¿Cuánto de elástico es nuestro cerebro?.

La mayoría de la personas consideran los atascos de tráfico como situaciones muy estresantes. Mientras que el estrés está destinado a protegernos, un atasco de tráfico no es exactamente el equivalente a una agresión que amenaza la vida. La preocupación no va a cambiar el color del semáforo.

Es obvio que el estrés se origina principalmente en la mente y, sin embargo, ¿cuánto control tenemos para detenerlo? ¿Qué pasa si llego tarde, qué pasa si se va, qué pasa si la tienda está cerrando, y si mi jefe me necesita? Todos los «qué pasa si» son producciones de muchos recuerdos almacenados de sufrimiento o proyecciones de una mente intranquila.

¿Cuánta libertad tenemos para escoger entre una sonrisa o un ceño fruncido cuando los coches no se mueven y ya llegamos tarde? Siempre nos queda la opción de disfrutar de un breve descanso. Poner música, disfrutar de la comodidad de nuestro asiento, o incluso de la presencia de la persona que nos acompaña. Las alternativas están ahí. ¿Las tomaremos? ¿Llegaremos sonrientes o cabreados a nuestro destino?.

En yoga los vasanas y los samskaras son «quemados» por el poder de la práctica. Meditación, kriyas (técnicas de purificación), karma yoga y técnicas específicas de kundalini. A través de su práctica los grados de claridad mental y la libertad se elevan y uno puede finalmente hacer la elección de descansar en su verdadero Ser.

Tal vez no es científicamente preciso referirse al destino y la predeterminación. Sin embargo, el poder de nuestras opciones predominantes en el presente claramente moldea el futuro y esto es un hecho científico. También es la psicología en la ciencia la que demuestra la expresividad profunda de metáforas y símbolos. Las vías neuronales sinápticas son difíciles de entender, pero la palabra karma las describe también.

El yoga, las leyendas, el folclore, las creencias comunes y la neurociencia hablan en términos diferentes sobre el poder de nuestras opciones actuales. Lo que está más allá de este tiempo presente podría no ser tan fácil de probar o negar, pero el yogui práctico no necesita mirar en sus acciones más allá de ahora para cambiar el karma futuro.

 

¿Quieres ser feliz? Sé agradecido

“Vamos a levantarnos y dar las gracias, porque si no aprendimos mucho hoy por lo menos hemos aprendido un poco, y si no hemos aprendido un poco, por lo menos no estamos enfermos; y si estamos enfermos, por lo menos no estamos muertos. Así que vamos todos a dar gracias”. (Buda)

Muchos nos han recordado la importancia de vivir con gratitud. Buda, Lao Tsé… La gratitud es riqueza. La queja es pobreza. La primera semilla para la abundancia es el agradecimiento. “El agradecimiento es la memoria del corazón”, dijo Lao Tsé

Aunque muchos son conscientes ahora de la importancia de vivir con gratitud, muchos son también los que se instalan en la queja, en el lamento, alejándose del agradecimiento.

ser feliz ser agradecido

La historia de ella

Ella estaba instalada en la queja. No podía agradecer todo aquello que ya estaba aquí… Y se preguntó que se lo impedía.

¿Y si mañana ya no está aquí? Motivo para agradecerlo hoy, aún más.

¿Y lo que no ha llegado todavía? ¿Lo que no está aquí hoy? Motivo para agradecer lo que sí llegó ya, lo que ya está aquí hoy, aún más.

Y así llegó a darse cuenta… paradójicamente, aquello que le costaba agradecer era lo que ya estaba aquí… hoy… En algún lugar de su interior, agradecer todo aquello, era reconocerlo como un regalo, algo que no le correspondía por derecho sino por la gracia de Dios… o del Universo… como prefieras. Y eso le hacía sentirse muy insegura… Shhhh no te vayan a oír arriba, a ver si se te va a acabar el regalo… Algo así como …. si se dan cuenta de que no has hecho nada por ganártelo, te lo quitan, así que chitón. Y hala, a seguir quejándote y lamentándote de todo lo que te falta… a seguir disimulando…

¿Qué hace la diferencia? ¿Y qué nos iguala?

¿Qué hace la diferencia? ¿Que hace que un bebé nazca en una chabola insalubre y otro en un hospital de la Seguridad Social? ¿Qué hace que uno nazca aquí y otro allá? ¿Qué tenga la oportunidad de ir a la escuela o no? La fortuna en el nacimiento puede determinar el resto de una existencia… Y después… ¿qué determina que tengas una enfermedad o que vivas plenamente sano? ¿Qué decide que veas morir a un hijo o que le veas crecer sano y darte nietos? Etc, etc, etc… Nada de esto está bajo nuestro control y a veces se nos olvida…

Se te olvida que la vida no te pertenece… se te olvida que la vida es un regalo, que se te ha donado, sin que tu hagas ningún esfuerzo… Cada día la hoja nace del árbol de manera natural, espontánea y sin que tu hayas realizado ningún esfuerzo. El sol luce cada día de manera natural y sin esfuerzo. La lluvia nutre la tierra de manera espontánea y sin esfuerzo… Y gracias a todo ello existe la vida. Ese regalo del que tú puedes disfrutar. Siempre hay algo que puedes agradecer, hayas nacido en chabola o en hospital…

Y de la misma manera hay sonrisas que nacen de forma espontánea y sin esfuerzo… Y gracias a ellas la vida resulta un lugar más bello en el que vivir… Por eso, si quieres, si puedes… sonríe, con la sonrisa del agradecimiento…

ser feliz ser agradecido

Si quieres ser feliz, sé agradecido

“La gratitud es una vacuna, antitoxina y un antiséptico”. -John Henry Jowett

La gratitud da sentido a nuestro pasado, trae paz al presente y crea una visión para el mañana

Seamos agradecidos con la vida. “Seamos agradecidos con las personas que nos hacen felices, ellos son los encantadores jardineros que hacen florecer nuestra alma” (Marcel Proust)

Ser agradecidos nos hace felices y sobre ello nos habla David Steindl – Rast en esta TED Talk con la que me despido de ti. ¡Feliz verano!

Un abrazo de corazón,

Ana F Luna

PCC Coach y Máster en Psicoterapia

ana@unaoportunidadparacrecer.es

David Steindl – Rast.  Ted Talks ¿Quieres ser feliz? Sé agradecido

 

Nuevas masculinidades

Se ha puesto de moda hablar sobre nuevas masculinidades y sobre la necesidad de una revolución masculina que nos saque a los hombres de los rígidos patrones con los que hemos sido educados y con los que hemos ido aprendiendo (o no)  a expresarnos sentimentalmente. La manera en que nos hemos convertido en hombres, estilo “macho”, supone un lastre considerable para el autoconocimiento y el manejo de las emociones. También queda tocada nuestra capacidad responder a según qué  demandas, problemas o desafíos.

La buena noticia es que somos cada vez más los hombres que tomamos conciencia de nuestras heridas, de nuestras limitaciones. La mala noticia es que estamos bastante aislados y desorientados.

Por momentos, yo mismo me he sentido acorralado por los diferentes matices de mi personalidad. Me gusta reunirme con amigos para ver el fútbol, beber y blasfemar, tanto como estar con mi hija, cocinar o charlar con mi mujer. En el primer caso, estaría supuestamente dando rienda suelta a una parte “macho” de mi yo –banalidad, exceso, transgresión-, mientras que en el segundo caso me estaría dejando llevar por una parte más femenina o “afeminada” –cuidado, atención, diálogo-. Recuerdo a una chica que como elogio me dijo una vez: “tenés tu parte femenina muy desarrollada, nunca me había sentado tan escuchada por un hombre”.

No sé de dónde salen estos malos entendidos, ni como se ha llegado a montar una clasificación fiable para distinguir entre conductas o actividades propias de los hombres y de las mujeres. ¿Es la cultura o la naturaleza la que determina  los rasgos que identifican lo masculino y lo femenino?

Se puede citar aquel experimento con treinta ejemplares de monos Rhesus, machos y hembras, que tenían que escoger entre coches y muñecas y el resultado fue que los primeros eligieron los vehículos, mientras que las segundas se quedaron con las muñecas.

Así a bote pronto, tengo la sensación de que en general las mujeres se conocen más a sí mismas, fluyen mejor con sus emociones y se abren a compartir con otras mujeres cuestiones vitales para ellas tales como la sexualidad, el trabajo, las presiones sociales, los roles familiares, lo común, la cooperación. Los feminismos y el colectivo LGTBI han hecho mucho en este terreno y hace rato que tienen claras las razones por las que luchan, las reivindicaciones pendientes y los obstáculos a sortear.  Cuentan además con espacios de encuentro y canales de comunicación por los que lucharon, que están vivos, que siguen desarrollándose.

Vieja masculinidad

El ideal de hombre con el que yo fui criado responde de manera patente a lo que se denomina una matriz patriarcal y machista.

En casa, papá trabajaba y mamá era ama de casa. Papá era el que suministraba el dinero y Mamá se encargaba de las cosas de la casa. Papá gritaba y mamá guardaba silencio. Papá se enojaba y todos temblábamos.

Mi papá era conservador en lo que respecta a los deberes familiares y su lugar como jefe resultaba inexpugnable. Asumió la responsabilidad de ser sostén económico de la familia a rajatabla y jamás lavó un plato, recogió la mesa o se hizo un huevo frito. Estaba acostumbrado a que lo atiendan y se salió con la suya.

Había venido de Salta, en el norte de la Argentina, a la gran ciudad cargado de una tradición machista decimonónica que sólo abandonó parcialmente y hacia el final de sus días. Tuvo a mi madre como cable a tierra, como refugio ante sus propias tempestades emocionales.

No hablaba de sentimientos con mi padre, si él me preguntaba qué tal estaba y yo le respondía que bien. Y hasta ahí llegábamos.

Absorbí, de una manera u otra, ese modelo machista caballeresco con sus cualidades prescritas: la fuerza, el valor, el honor, el coraje, la templanza y lo que se rechazaba: la debilidad, la cobardía, el deshonor.

Cuando iba al cine con mi viejo, veíamos exclusivamente a petición mía las películas de Sylvester Stallone, Bruce Willis y Schwarzenegger. Dos de ellos siempre con el torso desnudo musculado disparando con un arma de guerra a todo lo que se menea, el otro imperturbable ante el máximo peligro y ajeno a cualquier sentimiento que no sea la soberbia.

No se trata de ajustar cuentas con mi padre; él hizo lo que pudo, era del 36, de provincias, con un padre nacido en el siglo XIX. Formó parte de una época, con sus contradicciones, como todas.

El imaginario caballeresco funcionó durante siglos, el hombre encarnando al guerrero que enfrenta al dragón, o a otro hombre, para conquistar el corazón de una doncella. Si su hombría prevalece, el caballero estará a la altura del dictado de su naturaleza o de un férreo código de conducta que ha adoptado. Si actúa como un  valiente, recibirá por recompensa el amor femenino.

Sobre otras cosas que pueden estar en juego, el guerrero se sentirá particularmente gratificado si obtiene la aprobación, no importa si fantaseada o implícita  de su mamá. “¡Mamá esté orgullosa de su niño, ya convertido en hombre!”.

Sí, mamá, la primera mujer en la vida de cada hombre y a la que busca agradar, seducir, reproduciendo un modelo. La misma madre que repite en un bucle trans histórico al niño-caballero: “no pegues a la niña, protégela”, “no llores como una niña”, “deja pasar primero a la niña y ábrele la puerta”, “ayuda a la niña a cargar ese peso”, “salva a la niña de las garras del monstruo”, “defiende a tu hermana”, “compórtate como un hombrecito”, “aquí tienes tu pantalón y tu camisa; el cinturón y la pistola de plástico”, “conviértete en un hombre en serio”, “ya vas a ver cuando llegue tu padre del trabajo”.

Está mamá, está la niña a proteger, faltaría la puta para completar un cuadro terrible.

La puta se coló en mi adolescencia como consecuencia del primer chute de porno. Un escenario cutre y sórdido, tráfico de pasiones inauténticas.

Ya debe existir algún informe académico, de Princeton o el MIT, que traduzca a números y estadísticas el daño ocasionado por el visionado de películas pornográficas en los jóvenes. En lo que a mí respecta, las secuelas han sido graves y persistentes. Quedar atrapado en la iconografía del cine XXX fue devastador para mi imaginación. Llené mi cerebro con imágenes obsesivas y distorsionadas de la realidad. Lo que podría haber sido una experiencia erótica a través de los cinco sentidos quedó reducida a algo que ocurre en una pantalla. Una sexualidad plana y cercenada por la forma en la que los cuerpos se convierten en cosas y los movimientos se mecanizan. Detrás, encima, debajo, de perfil, una lógica de sumisión violenta de la mujer a manos del hombre. Un hombre semental encargado de humillar, escupir, vejar, exprimir a su compañera sexual y convertir semejante crueldad en un espectáculo de consumo instantáneo.

Por si no estuviesen suficientemente torcidos los pilares que sostienen un modelo de masculinidad semejante, hay que agregar el tipo de rituales que se practican al interior de los grupos de varones: el abuso hacia los más débiles, la homofobia, la competencia a ver quien la tiene más larga o la agresión física gratuita.

Novísima masculinidad

Hace un par de meses comencé con mi amigo Antonio una de las iniciativas más estimulantes de mi vida: la apertura de un espacio de encuentro para hombres llamado Homens http://www.sedhombres.com

Con frecuencia quincenal, nos venimos reuniendo diez hombres para comentar nuestras cosas, para conectar emocionalmente, para resonar en la escucha compartida.

No pretendemos asumir un estereotipo de hombre “descafeinado”, ni uno que responda constantemente a la demanda social de mayor sensibilidad y ternura.

Si vamos a estar atendiendo a una demanda externa, lo más seguro es que perdamos el contacto con nosotros mismos o que neguemos nuestra verdadera esencia. Sea cual sea ésta.

En Homens no se trata de un impulso hacia delante, de conquistar de nuevos espacios como había ocurrido hasta ahora, sino más bien de un despiece y una vuelta hacia uno mismo.

Muchos hombres heterosexuales de hoy, entre los 30 y los 50 años aproximadamente, rechazan una imagen de masculinidad a la Humphrey Bogart (tipo recio, de pocas palabras, imperturbable, casi ausente o en fuga), pero aún no han dado con la clave para tumbar el estereotipo y generar un espacio propio alternativo y más genuino. 

Para escribir este post iba a pasar la tarde documentándome, empapándome de los debates, de las opiniones más acreditadas en este campo, investigando tendencias y terminologías modernas, encuestas y estudios sociológicos, sin embargo estoy en una etapa de mi vida en la que ya no quiero leer tanto ni pretendo ser brillante u original sino fiarme más de mi experiencia y mi intuición. Compartirlas sin mayores pretensiones ha sido mi objetivo y quizá sean también las que me ayuden a ver que ser hombre no es nada en particular y depende en gran medida de lo que estemos dispuestos a ser a pesar de los modelos y patrones sociales más extendidos.

La historia no contada de cómo el romanticismo mató al amor

 

Pero… ¿qué locura es ésta? ¡Menuda tontería!, lo uno lleva a lo otro, porque sin romanticismo no puede existir el amor en pareja, ¿o si?

Evolución del concepto del amor

amor romántico 

A lo largo de la historia el concepto del amor ha pasado por distintas fases. Hasta el siglo XVI se diferenciaba perfectamente entre la unión conyugal, concebida como un contrato que aportaba beneficios y seguridad, y la pasión. Se entendía que la pasión era un impulso sexual que se vivía fuera del matrimonio, ya fuera en la imaginación o en la vida real. A partir de finales del siglo XVII, gracias a Shakespeare y a sus archiconocidos Romeo y Julieta, la idea del amor romántico se implanta en la sociedad y en la cultura. Poco a poco va fortaleciéndose hasta llegar a nuestros días con la fuerza que desprende actualmente.

 

Si, ya sabemos, por lo que hemos oído, leído o nos han dicho que el amor romántico no es bueno. Que las grandes compañías cinematográficas nos han vendido una imagen del amor casi imposible de alcanzar. Pero entonces, ¿por qué siguen triunfando las películas en las que finalmente los enamorados terminan juntos a pesar de las dificultades?, ¿por qué los temas musicales cantan y cantan al amor?, ¿por qué he escrito “casi imposible” 3 líneas más arriba?… Quizás porque es una idea, la del amor romántico, que queremos descartar pero que nos llama una y otra vez como si de una droga embriagadora se tratase de la que es muy difícil desengancharse.

 

La idea romántica

amor romántico 

Y es en esta idea romántica, en la que buscamos incesantes a aquella persona que nos completa y gracias a la cual encontramos el sentido de la vida y la felicidad, donde matamos al amor. Porque para seguir el ideal romántico es necesario asumir una serie de creencias que pueden llegar a hacernos esclavos del amor. Algunas de las creencias más importantes son las siguientes:

En una relación basada en el ideal romántico no existe la diferencia entre los miembros de la pareja. Se presupone que las dos personas piensan y sienten igual y que les gustan las mismas cosas, surgiendo expresiones como “están hechos el uno para el otro” o “eres mi media naranja”.

Para el romanticismo lo más importante es la otra persona, de hecho, su importancia es tal que se sitúa por encima de la propia vida. Aquí vuelven a aparecer los amantes de Verona, haciendo gala de este principio. Sin embargo no tenemos que irnos tan atrás en el tiempo para encontrar numerosos ejemplos. O acaso ¿no has dicho o has oído a algún amigo o amiga decir frases como “no puedo vivir sin él/ella”, “como me deje me muero” o un largo etcétera?

El mito de la omnipotencia del amor, según el cual el verdadero amor puede superar cualquier tipo de problema o de dolor. Podemos ver este mito en frases como “el amor todo lo puede” o en conversaciones de la calle en las que a pesar de las quejas o problemas que una persona pueda estar manifestando acerca de su pareja su amiga/o le contesta “vale, pero ¿y tú le quieres?”. Como si la respuesta a esa pregunta invalidará todo lo demás.

 

Las consecuencias negativas del romanticismo

 amor dependiente

 

Esta idealización del amor tan alejada de la realidad, y la presión que supone tener que sentir de esa manera para “amar de verdad” trae consigo numerosos problemas. Entre otros, relaciones de dependencia, de maltrato, celos patológicos, renuncias personales o sufrimiento e incomprensión cuando los miembros de la pareja conciben el amor de manera diferente. Lo cierto es que poner en cuestión las creencias o los mitos románticos puede resultar peligroso. Aún así vamos a intentarlo.

 

Si partimos de la realidad de que cada miembro de la pareja proviene de familias distintas, con creencias y formas de actuar diferentes, en las que las relaciones se han vivido de manera diferente, el argumento de que los miembros de la pareja son iguales cae por su propio peso. Es natural en cualquier relación, y más en la de pareja, vivir un proceso que puede durar toda la vida, en el que ambas partes tengan que conocerse, negociar, estar abiertos a escuchar y llegar a acuerdos. Y esto, según el ideal romántico, ya no sería amor. De hecho muchas parejas viven estas situaciones con gran desilusión ya que se supone que “ella/él debería saber lo que me molesta, lo que me gusta o lo que me entristece, si se lo tengo que decir ya pierde la gracia”. En lugar de enfocar estas situaciones como oportunidades de descubrimiento del otro y de crecimiento juntos se viven, por la presión del ideal romántico, como fracasos o fallos de la relación.

 

Por otra parte, encontramos la idea de que el otro es más importante que yo. Si seguimos esta creencia renunciaremos a lo que queremos o necesitamos por el supuesto “bienestar del otro”. Esta idea es una contradicción en si misma. Al igual que si no tengo comida no la puedo compartir con otra persona, si no me encuentro bien y no satisfago mis necesidades personales, sociales o profesionales no podré compartir con mi pareja la alegría, la seguridad o el amor. Si yo no me doy, no te puedo dar a ti. Cuidar de uno mismo es una necesidad vital que cuando se niega provoca poco a poco y, muchas veces de forma inconsciente, la separación de la persona amada. Se va creando un poso de resentimiento que va contaminando la relación hasta envenenarla del todo.

 

Y, por último, el amor pleno es un resultado, producto del trabajo mutuo y de la comunicación de la pareja, y no un concepto que sirva como excusa para resignarse ante problemáticas graves como el maltrato, las adicciones o la infelicidad en la pareja.

 

Por todo ello considero que el amor romántico tal como se nos empaqueta y se nos vende no es sino una ilusión pasajera producto de los mitos y de la cultura. Una ilusión hermosa que puede hacernos sentir que volamos pero que también puede atraparnos en la búsqueda insatisfecha, por imposible, de una falsa idea de felicidad. No hay nada más bello que el amor cuando se ama y se es amado o amada en libertad. Todo lo que se distancie de este principio no es amor, simplemente es otra cosa.

 

amor en libertad

 

Sobre la muerte y la inmortalidad

¿Qué ocurre después de la muerte?

La pregunta acerca de qué ocurre después de la muerte, siempre me ha parecido en cierto modo informulable, ya que dentro de mí siento que nadie me puede dar una respuesta y aunque pudiese tenerla ¿qué más dará lo que ocurra tras la muerte si sólo puedo hacerme cargo de lo que ocurre ahora, en vida?

Por esta razón he tendido a sustituir esa pregunta por la de ¿cómo puedo vivir feliz? ¿cómo puedo prepararme para que la muerte no me pille creyéndome incompleta y mortal?

Sin embargo, me doy cuenta de que ambas preguntas son en realidad dos caras de la misma moneda y que ninguna de ellas podrá ser jamás respondida por nadie más que por mí misma. Puedo leer lo que otros han dicho, incluso me puede resultar inspirador, pero la Certeza sólo puedo encontrarla en mí y creo que en realidad es una pregunta falaz puesto que da por sentado que existen la vida y la muerte, ¿pero qué es lo que vive y lo que muere? ¿el cuerpo? ¿mi personalidad? ¿yo? ¿y quién es ese yo?

La historia de Naciketas

Justo la pregunta que encabeza este artículo fue formulada por el joven Naciketas (la c pronunciada ch) a la divinidad de la muerte, Yama. La Muerte confesó que su pregunta era difícil incluso para los dioses e intentó persuadirle de que mejor le pidiese otras cosas: reinados, riquezas, hijos que viviesen largo y tendido, todo tipo de placeres sensuales o lo que quisiera que no fuese saber acerca de la muerte. Pero el joven Naciketas se mantuvo firme en su pregunta y finalmente consiguió una respuesta de Yama.

Esta es una de las historias que se narran en las Upaniṣads, concretamente en la Katha Upaniṣad. La Muerte, complacida por la firmeza del chico, que rechaza todo lo que es perecedero y se mantiene en su pregunta por si la persona sigue viva después de la muerte o no, inicia un diálogo con él acerca de esta cuestión y establece que lo que ocurre después de la muerte tiene que ver con el conocimiento de uno mismo:

«Los medios para alcanzar el otro mundo no son revelados al ignorante que, confundido por la riqueza, se vuelve descuidado. Aquel que piensa “sólo existe este mundo y nada más” cae en mi dominio una y otra vez» (Ka. Up. 1. 2.6)

Conocimiento vs. ignorancia

El ignorante se refiere, en este contexto, a quien por una comprensión errónea de sí mismo y de la realidad se mantiene apegado a lo transitorio. No es una falta de conocimiento, porque el conocimiento siempre está ahí, sino un estado de confusión en el que buscamos que lo impermanente nos proporcione una felicidad permanente y que no nos permite darnos cuenta de que esa felicidad permanente siempre está ahí. Ahora, mientras lees esto, ya estás completo, ya eres perfecto, ya eres feliz.

Pero para abrirse a esta comprensión hay que dejar a un lado el pequeño individuo con el que nos identificamos y sobre todo los pensamientos limitados con los que juzgamos lo que es bueno y lo que es malo. Necesitamos abrirnos a una conciencia mucho más amplia, como la que muestra el joven Naciketas al renunciar espontáneamente a todas las riquezas pasajeras que le ofrece Yama. Él sabe que eso no le va a conducir nunca a lo imperecedero.

Por otro lado, el que vive apegado a lo transitorio, sea material o mental, tiende a hacerlo bajo la posibilidad de que sólo exista este mundo. El pensamiento es sumamente importante porque crea lo que percibimos como realidad. Es a través de nuestro pensamiento limitado que proyectamos un mundo limitado y creemos que es todo lo que hay y que también nosotros somos transitorios. Y lo somos si miramos sólo a nuestro personaje. Aquel que se mantiene en la ignorancia renace una y otra vez, esclavo del sufrimiento y de la alegría, ambos pasajeros, porque la única forma de liberarse de la muerte es comprender que nunca existió, que lo que somos en esencia es eterno.

Lo que Somos no nace ni muere, simplemente es

Lo que Somos no nace ni muere, simplemente ES y el Ser no puede conocerse a través de los límites de la razón, sólo puede conocerse a través de alguien que está establecido en Él y aunque la tradición hace hincapié en la importancia de un maestro tal, creo que cometemos un error cuando nos empeñamos en buscar dicho maestro.

El maestro sólo puede aparecer cuando el alumno está preparado y el alumno está preparado cuando uno está abierto a aprender. ¿Cómo no iba a aparecer entonces un maestro? Si hay una apertura real a aprender, todo alrededor se convierte en maestro porque, en realidad todo y todos están establecidos en el Ser, incluso cuando lo ignoramos.

El sabio (conocedor del Ser) no nace ni muere. No vino de ningún lugar ni nada vino de Él.

Es no-nacido, eterno, imperecedero y antiguo y no muere cuando muere el cuerpo.” (Ka. Up. 1.2.18)

El Ser, siendo más sutil que lo más sutil y más vasto que lo más vasto, se sitúa en el corazón de cada criatura. El que está libre de deseo ve la gloria del Ser a través de la calma de la mente y los sentidos y se libera del dolor.” (Ka. Up. 1.2.20)

La muerte, una ilusión

Yama insiste una y otra vez en el conocimiento del Ser. Ese Conocimiento es el que marca la diferencia de lo que ocurre tras la muerte, porque la muerte, igual que el mundo, es una ilusión cuando uno reconoce ese Ser que reside en el corazón de TODOS los SERES. Lo cual implica a ese político que tanto detesto, al energúmeno que me dio un golpe caminando por la calle, al terrorista, al violador, al ladrón, a cualquiera de los personajes que en nuestra mente se alza como archienemigo.

La muerte es una ilusión cuando uno reconoce el Ser que reside en el corazón de TODOS los SERES, lo cual implica también aquellos que nos parecen adorables: aquel ser al que tanto amo, aquel maestro en mi corazón, aquella persona tan admirable… Cuando podemos reconocer ese Ser que no nace ni muere, ¿qué lugar hay para el sufrimiento? ¿cómo no se iban a convertir todos seres en un espejo de mi propia esencia?

Te invito a hacer una pequeña práctica que consiste en forjar una mirada  que vaya más allá de las formas:

Cada vez que te encuentres delante de alguien que te produzca algún tipo de emoción, trata de ver su personaje. Date cuenta de qué es lo que ese personaje  te provoca y trata de sostener esa sensación, sin querer modificarla y date cuenta de los mensajes que tu mente lanza y de cómo estos mensajes, que son tuyos, te hacen sentir lo que sientes.

Desde esa toma de responsabilidad de lo que sientes puede resultar más fácil darte cuenta del Ser que brilla detrás de su mente-personaje y detrás de tu mente-personaje, una misma Vida, una misma Luz, un mismo SER.