Homens. Círculo de Hombres

A mediados de mayo del 17 arrancamos, junto con Antonio Capa, un proyecto por largo tiempo amasado: Homens.

¿Cómo definirlo?

Todavía estamos dándole vueltas a eso que venimos haciendo dos martes al mes y que no termina de corresponder con las etiquetas: ¿un grupo de hombres?, ¿hombres reunidos conectando con sus emociones?, ¿hombres en la búsqueda de nuevos modelos de masculinidad?

En el comienzo de este proyecto, Antonio y yo, nos topamos con la sensación de que como hombres nos sentimos muchas veces perdidos, desorientados, cabreados ante lo que pretendemos/suponemos/creemos/ que un hombre debe ser.

¿Cómo debe ser un hombre?

Un hombre es y en principio no hay razón para que sea algo diferente a lo que es, sin embargo sabemos que desde la niñez primero la familia y luego la sociedad generan modelos o ideales de hombría y masculinidad. Así es como en nuestro desarrollo vamos fijando una serie de comportamientos, apetencias, atributos o preferencias que nos alejan de nuestro verdadero ser pero que nos permiten encajar en los moldes establecidos.

Al menos para la generación a la que pertenezco, los nacidos allá por los años 70, la entrada al club de la hombría, de la masculinidad, estaba vinculada con un conjunto de reglas no escritas pero sí de estricto cumplimiento:

  • Los niños no lloran.
  • No visten de rosa ni juegan con muñecas, bebés o cocinitas.
  • No usan el pelo largo, ni faldas o vestidos.
  • No levantan la mesa ni lavan los platos.
  • Le gustan las nenas pero sólo juegan con otros nenes a juegos de nenes.

Ya más creciditos en edad, se iban sumando nuevas pautas:

  • Ser caballeros: dejar pasar a las damas primero, abrirles la puerta, pagarles la cena o la entrada al cine. Son las reglas de la galantería.
  • Ser fuertes: física y mentalmente para destacar en los deportes o en cualquier otro tipo de actividad semejante.
  • Ser machos: cortejar a la hembra y sin complejos lanzarse a su conquista.
  • Sacar pecho ante las adversidades o ante el enemigo, tal como lo harían los gladiadores, los soldados, los príncipes valientes que en los cuentos se enfrentan a dragones.
  • Ser mentales: no dejarse guiar por las emociones.
  • Ser sostén económico: el padre de familia que abastece las necesidades de su prole y de su esposa.

El modelo del hombre del patriarcado

Sobrevolando estos ideales de masculinidad, aparece la bandera de la autosuficiencia: el hombre no necesita la ayuda de nadie ni comparte con nadie lo que le pasa. Tampoco crea demasiados vínculos de afecto porque está abocado a la competencia y a ser un triunfador. Se desconecta, pasa de todo, aguanta lo que le echen encima. Es pragmático y resolutivo.

Gracias a las luchas de los feminismos y a otros factores en los que no vamos a entrar aquí, esta matriz educativa y social patriarcal, esta fábrica de machos en serie, ha entrado en declive. Aunque aún quede mucha tarea de desmantelamiento, de denuncia y de recuento de los daños. Éste resulta particularmente difícil por la cantidad y variedad de destrozos que el patriarcado ha generado. Entre los más evidentes está, sin lugar a dudas, el hecho de que las mujeres son, por una parte, víctimas directas de la violencia machista en sus variadas formas (físicas, materiales y simbólicas) y, por otra parte, tienen un acceso mucho más dificultoso a los niveles altos de la escala salarial, a los puestos jerárquicos del poder político o del tejido económico. Múltiples son también las formas de explotación y atropello de la dignidad a las que están sometidas miles de mujeres, como así también son muchas las que padecen expresiones más sutiles, pero igualmente injustas, de un trato desigualitario e inequitativo.

La trama del patriarcado nos envuelve a todos y es consustancial al desarrollo exponencial del capitalismo en el mundo. Una mentalidad que se caracteriza por su violencia, desmesura, voracidad, afán de riqueza y destrucción. El ego, acaparador, insensible se expande como la pólvora, impregna a la cultura, educa. El individualismo radical del “salvase quien pueda” como principio que guía toda acción.

El modelo de hombre que genera el patriarcado, egoísta y destructor, está siendo revisado desde muchas perspectivas críticas y sensibilidades. Una voz como la de Claudio Naranjo se ha referido al ego patrístico como un complejo de violencia, conciencia insular y pérdida de contacto con una identidad más profunda.

Así las cosas, no todo está perdido y más vale encender una vela que maldecir la oscuridad.

A la búsqueda de nosotros mismos

Los hombres que rechacen o estén incómodos con el disfraz del modelo patriarcal, tienen la oportunidad de quitárselo. Lo primero es ser conscientes del daño que nos produce y que produce, ya que los hombres también somos víctimas del patriarcado y podemos ser agentes de cambio.

Se trata de ir encontrando fórmulas, estrategias de transformación de lo más próximo y personal: la manera de relacionarnos con nosotros mismos, con la familia, con la pareja, con los hijos, con los padres, con los amigos o la forma de gestionar lo doméstico. Con empeño y trabajo de hormiga, se pueden ir incluyendo otros ámbitos de actuación: lo vecinal, lo comunitario, lo político.

Nadie dice que sea fácil, el camino del auto conocimiento y la transformación suele estar lleno de malas noticias. En su recorrido, quizás nos vayamos percatando de que no somos tan maravillosos como creíamos ser, ni tan fuertes o poderosos, pero a cambio podemos volvernos más reales.

Las mujeres nos llevan la delantera en esto. Desde hace tiempo, muchas de ellas -varias generaciones- se organizan, se reúnen, se encuentran, crean redes para el conocimiento mutuo, el trabajo con las emociones, los círculos de apoyo. Crean, así, espacios de confianza y seguridad. Desde allí crean cultura, ética del cuidado, modos de aunar la razón con lo sentimental y lo instintivo.

Aprovechemos la experiencia de nuestras maestras, las mujeres, atrevámonos como hombres a madurar nuestra parte amorosa, tierna, a reconocer nuestra vulnerabilidad, a conectar con nuestras emociones y a responsabilizarnos de nuestras propias vidas.

Abrámonos a la posibilidad de ser nosotros mismos sin tantos miedos, conscientes de las heridas internas pero en la búsqueda del poder amoroso que nos constituye.

Pero, si soy yo quien tiene la razón!

Seguramente has ido a alguna fiesta que termina acabándose por una discusión sin fin, disgustos gratuitos, tiempo perdido. ¿Que mala racha no? “Allí va juanito siempre con su tema”, o “maría con sus ideas”, ¿es que no se dan cuenta que queremos relajarnos?, o ¿alguna vez has sido tu quien termina en el medio de un duelo de argumentos, sin jueces, sino solo con rivales?. Todos seguramente en algún momento de nuestras vidas hemos pasado por alguna discusión, donde lo que importa es quedarse con la palabra final, tener la razón.

Para nadie es secreto que ahora la televisión se ha convertido más en una fuente de estrés que de entretención. Aunque no queramos las malas noticias invaden las pantallas, y lamentablemente el mundo está lleno de malas noticias: guerras, invasiones, crisis, violencia. El pan nuestro de cada día. Y si no invaden las malas noticias, invade la publicidad que no hace más que hacernos sentir insatisfechos porque, según los publicistas, no tenemos todo lo que necesitamos. Nos ayudan a generar necesidades “falsas” para completar el día, “que si el coche, que si el cuerpo perfecto, que si la pareja perfecta, que si los muebles nuevos para la casa, cambiar de ropa se vuelve casi tan vital como el alimento”, es realmente estresante.

Para muchos la solución es fácil, NO MAS Tele. Pero, ¿es así de sencillo? En muchos casos sí, no tener tele en casa sería una gran solución, pero que pasa cuando en nuestros trabajos o con las personas que compartimos empiezan a aparecer todos los temas que invaden nuestra vida diaria, ¿también hay que dejar de hablar con la gente? Evidentemente hay culturas que invitan al retiro, pero nuestra realidad es otra, no vamos a dejar de ver tele, no vamos a dejar de trabajar, no vamos a cambiar a nuestros amigos, pero si podemos controlar que cosas nos afectan o no.

¿Soy radical?

Ciertamente hay situaciones sociales que invitan a la radicalidad, en esto la política y la religión suelen ser las protagonistas, pero no son las únicas causas. Para aquellos que hemos vivido en regímenes radicales o absolutistas (en mi caso el venezolano), es muy difícil no posicionarse en un extremo, pasar a ser parte de un bando es inevitable cuando el sistema político y social de un país te empuja a decantarte por una posición u otra. La política, la religión, o cualquier otro dogma fundamentalista, invade cada rincón de la vida cotidiana del ciudadano y esto quiera o no, le atrapa. Uff, que difícil es no dejarte controlar por una ideología, es un tema tentador, porque cuando una ideología te invade, quieras o no hacen que en tu interior se despierten los más primitivos instintos de supervivencia, querer ser más fuerte para poder sobrevivir, un tema que a nuestros antepasados ya preocupaba.

Pero darnos cuenta que esta situación (la radicalidad) empieza a controlar nuestras vidas, habría que ver cuánta parte de nuestra energía se centra en ello (pensamientos, emociones acciones). Por ejemplo: nos damos cuenta que hablamos más de lo que quisiéramos del tema, empezamos a relacionarnos solo con personas que piensan igual a nosotros, cambiamos nuestros hábitos para identificarnos cada vez más a estas ideologías, no logramos conciliar con aquellos que piensan distinto. Etcétera.

Hay veces que necesitamos meses, quizás años para darnos cuenta que sin querer o queriendo hemos sido radicales en algunas ideologías, pero a veces tardamos mucho más para valorar lo dañino que esto ha sido para nosotros. Sí, hablo de daño porque evidentemente cuando nos radicalizamos estamos tomando una decisión, y como cualquier otra toda decisión tiene sus consecuencias, y generalmente la radicalidad trae más consecuencias negativas que positivas.

Evidentemente hay situaciones en la vida donde simplemente debemos ser firmes y poner una posición clara, donde no se puede matizar, por ejemplo en hechos de violencia, vulneraciones de Derechos Humanos, abusos, etcétera, frente a situaciones como estas la lógica moral y social nos obliga a actuar con firmeza, nos obliga a decir NO, nos obliga a actuar para proteger, para restituir y garantizar derechos, sin embargo la diferencia está en que actuar para garantizar la vida y para garantizar el respeto por los derechos no se hace a través de más violencia y más vulneración o abusos, al contrario.

¿Qué pasa cuando mi mente se radicaliza?

  • Cuando una ideología nos atrapa, o nos domina, prevalece un pensamiento en nuestra mente de tipo dicotómico, que quiere decir esto, que perdemos la capacidad de pensar en matices, convertimos a nuestra mente en un campo de batalla: todo o nada, blanco o negro, sí o no, amigo o enemigo, conmigo o en mi contra.

Esto quiere decir que perdemos o disminuimos nuestra posibilidad de negociar, de dialogar y de aprender del otro. Perdiendo la posibilidad de aprender de otras experiencias, a ver las cosas desde otras perspectivas, y a darnos cuentas que no existen las verdades absolutas. Vamos desprendiéndonos de algo que nos hace ser humanos, distintos al resto del mundo animal: la razón. Nuestra mente regresa a uno de los estadios más infantiles y primitivos, donde resguardamos lo que creemos nuestro, por sensación de amenaza a perderlo, ¿y que perdemos?, principalmente “el poder sobre el otro, la superioridad, la sensación de control”.

  • Pero la radicalización hace otra cosa en el cuerpo, lo estresa. Quieras o no, una persona que esta radicalizada está tensa, alerta y presionada a responder ante cualquier amenaza, o lo que “considera” como una amenaza, y básicamente este es un proceso subjetivo.

Un cuerpo expuesto a un estado de estrés crónico se enferma. Y no es un proceso solo psicológico, sino médico y científico. Hay innumerables investigaciones que demuestran que el estrés crónico produce en nuestro cuerpo el mayor riesgo de producir enfermedades como gastritis, fallas cardíacas, dificultades respiratorias, migrañas, alteraciones del sueño, dificultades digestivas, entre muchas otras. para profundizar en este punto recomiendo la lectura de los siguientes artículos:

Respuestas del ser humano para adaptarse al estrés crónico

¿Estresado? pregúntale a tu cuerpo.

  • La exposición a radicalizaciones más crónicas o complejas también puede influir en la aparición de estados alterados de la conciencia, a la aparición de cuadros psicológicos complicados como ansiedades, depresiones, obsesiones. Y esto gracias a la exposición constante de pensamientos cargados de contenido negativo, dicotómico y poco conciliador, y gracias también a la exposición al estrés crónico.

También se relaciona con la capacidad de sugestión que tienen las personas que tienden a radicalizar sus posiciones, donde la capacidad de autocrítica esta disminuida, lo cual es fundamental para poder desarrollar espacios de aprendizajes y de crecimientos personales. Pensar que está todo hecho, y que aquellos que piensan como yo siempre tendrán la razón, evitando así contrastar la información opuesta, perdiendo un espectro de información que pueden complementar, o por el contrario cuestionar nuestros argumentos.

  • A nivel emocional también repercuten nuestros pensamientos radicalizados. Existe evidencia que muestra un aumento de respuestas impulsivas, en algunos casos también va relacionado con la agresividad y hostilidad hacia otros. Nuestras respuestas se vuelven más viscerales, por lo tanto se pueden ver más episodios de violencia en grupos o en personas radicalizadas en algunos dogmas o ideologías. Y no solo la impulsividad tiende a ser una consecuencia, se puede observar igualmente volatilidad o inconsistencia emocional.

 

 

 

  • Y una de las consecuencias más dolorosas son las sociales, ver como una idea o convicción te aleja de las personas que quieres, o haces que ellos se alejen de ti.

 

Ciertamente es importante que en la vida tengamos ideales y algún patrón que guie nuestro esquema moral, en este sentido, este patrón de “visión de vida”, define quien eres, y como te relacionas con el mundo. Lo difícil es cuando esa visión de vida se rigidiza y agrede a otros.

 

 

Lamentablemente he tenido la experiencia de ver familias divididas por temas políticos. En mi caso la situación política de Venezuela dividió a mi familia en dos, aquellos afectos al gobierno y aquellos en contra. También pude ver como amigos se peleaban por temas religiosos, pero no solo eso representa las radicalidades. También he visto parejas separarse por diferencias en gustos, costumbres y culturas, por lucha de poderes, que cultura se impone ante la otra, que costumbre gana a la otra.

No dejar de ser tú.

La invitación no es a que no te identifiques con un dogma u otro, con un ismo u otro, con una persona u otra. Estos también han ayudado a formarte a ti como persona y como individuo, como ciudadano, como humano. Solo NO DEJES QUE TE CONTROLE.

Tus ideas forman parte de tu personalidad, de tu manera de ver la vida, de tu posición dentro de este mundo, sin embargo, la invitación es a integrar, a complementar, y sobre todo a equilibrar. A darte cuenta que hay situaciones en las que no se tiene control. Pero en las que sí puedes controlar, aquellas que puedes manejar tú, siempre deben estar dirigidas a sembrar en ti bienestar y equilibrio, que te generen una sensación de utilidad para ti sobre todo, pero también para otros. El controlador de la marioneta debes ser tú, y no que las ideas o las creencias te controlen a ti.

Las situaciones adversas hacen parecer que son difíciles de superar, sin embargo una vez superadas la sensación de empoderamiento y de fortalecimiento son reconfortantes. Ayudan a favorecer el crecimiento, el aprendizaje y hasta la sabiduría.

También depende de ti.

Mi familia fue víctima de la violencia que impera en Venezuela, afortunadamente no costó la vida de mis seres queridos, sin embargo fue un momento duro y amargo en la historia de mi familia. Habían dos cosas que podrían pasar, quedarnos en la rabia, la impotencia y el dolor, o realizar acciones para poder seguir avanzando y fortalecernos como sobrevivientes y ¿por qué no? triunfadores.

Esta situación de violencia en mi familia pudo haber sido una buena excusa para radicalizar nuestros pensamientos. Sin embargo esta situación nos fortaleció como familia e hizo que emergieran capacidades resilientes que nos ayudaron a enfrentar el dolor de la experiencia. ¿A qué voy con todo esto? Aunque la sociedad te invite a sentir odio hacia otros, a pensar que todo está acabado, y que nunca saldremos del hoyo en que creemos estar, piensa: ¿es así realmente?

¿Cuánto vale mi salud mental?

¿Ésta idea, creencia, dogma favorece mi salud mental y física?

¿Qué realmente está en mi control, y que no puedo controlar?

¿A quienes les estas dando el control sobre tus emociones?

¿Vale la pena alejar PERSONAS queridas con tal de tener la razón?

Aprender a dejar ir, a perdonar y ser perdonado, a ser asertivo y respetuoso contigo y también con los otros, a poner limites con respeto, a entender que la vida es solo una, el presente es un regalo que a veces se nos olvida agradecer. Y aunque no lo creas puedes aprender a manejar una conversación difícil con alguna persona que piense diferente a ti:

 

http://https://www.youtube.com/watch?v=cLEt9nIQCGg&feature=youtu.be

 

La tolerancia y el respeto por el otro, por la diferencia, es la clave para no caer en la trampa de la radicalidad.

Todos queremos que el mundo se convierta en un lugar mejor para vivir, pero eso comienza por ti, ¿que estas haciendo para mejorar la convivencia con tu familia, pareja, amigos, vecinos?.

La cultura de paz es el mejor antídoto para una convivencia sana y respetuosa.

 

 

Música al comienzo de la vida (I): el canto materno como espacio de emociones compartidas

Hoy te propongo un ejercicio de observación externa. Seguro que a lo largo de tu día encontrarás a alguna madre con su bebé, ya sea caminando por la calle o en algún lugar que visites. Si puedes, observa cómo se relacionan, sin juicio. Puede ser uno de los espectáculos más bellos que existen, lleno de amor. Observa lo que cada uno, madre y bebé, propone, y cómo recoge lo que el otro plantea. Sus miradas, sus voces, sus movimientos. ¿A que parece una danza?

 

La “danza de la vida”

Ya desde su llegada a este mundo, el bebé puede reconocer la cara, la voz y el olor de su madre. Se muestra deseoso de reflejar y provocar expresiones faciales en ella y su padre. Estas manifestaciones tempranas de apertura social de los bebés tienen un significado interpersonal profundo.

La diada madre-bebé convive de forma continua, con alternancia de momentos de conexión o ajuste con otros de discrepancia o desajuste. Se ha definido a esta interacción como una “danza”. No puede evitarse que se produzcan esas rupturas en la armonía, pero lo más importante es el modo en que la madre o el cuidador principal facilita la transición desde un desajuste hacia un nuevo momento de conexión, pues el bebé aprende que es posible superar las situaciones desagradables, y se cultiva la esperanza y el optimismo, y aumenta el sentimiento de autoeficacia. Hay una transformación de afectos negativos en positivos. De este modo, en su camino compartido, la madre y el bebé aprenden a perfeccionar esos pasos de baile hasta conseguir un patrón sincronizado en ritmo y tiempo. Esta alegría compartida constituye un elemento fundamental para la creación de conexiones neuronales en los bebés que permiten el desarrollo de la intersubjetividad humana.

 

 

El canto de la madre al bebé como expresión de amor compartido

En todas las partes del mundo, los adultos, y especialmente las madres, cantan a los bebés con el fin de regular sus emociones. Este canto aumenta la sensación de placer en el bebé, además de reducir su incomodidad y facilitar el sueño. Pero también ayuda a que el niño aprenda a autorregularse en etapas más avanzadas de su desarrollo, y facilita la competencia social. En los países en desarrollo, el bebé suele estar en contacto más continuado con su madre mientras esta realiza sus tareas domésticas, e incluso duerme con ella, de modo que en el momento de cantar, existe también contacto físico y movimiento, es decir, se produce una estimulación a diversos niveles que puede denominarse multimodal. En los países industrializados, el contacto del bebé con la madre es menor, aunque puede ser frecuente la realización de actividades lúdicas en las que se produzca dicha interacción.

Las principales características del canto materno son las siguientes:

  • Las madres emplean con frecuencia el canto para expresar emociones positivas, por lo que el tono de voz que emplean es más amoroso, con mayor riqueza de sonidos armónicos más agudos. Además, las madres tienden a cantar a sus bebés de forma más lenta y emplean vocales largas y glisandos o deslizamientos de voz.

 

  • El rango del canto suele ser bastante agudo, lo que puede deberse a que los bebés prefieren escuchar un canto agudo en una voz femenina, ya sea por su familiaridad con la voz materna o por una mayor precisión en la captación de los tonos agudos. Además, coincide con el rango de voz del bebé.

 

 

Las madres logran mayor expresividad manipulando la letra y la melodía, pero también la dinámica y el tempo en el transcurso de la canción. De este modo, las nanas suenan más relajantes, y las canciones de juego, más alegres. La nana es un tipo de canción infantil destinada a relajar y facilitar que el bebé se duerma. Presenta una estructura simple y repetitiva, así como un contorno melódico suave y descendente, con sucesión de pequeños intervalos en un rango tonal limitado. La canción de juego es una forma musical diseñada para provocar interacciones más alegres o aumentar la emoción y la estimulación durante los cuidados rutinarios.

En función del objetivo de la madre (relajación o estimulación del bebé), alterará ciertos elementos musicales mientras canta. De este modo, las nanas expresarán afecto o ternura, mientras que las canciones de juego llevan sentimientos de alegría. Las madres tienden a refinar su interpretación musical con el fin de adaptarse al estado de ánimo y destrezas del bebé. Estos pueden detectar cambios sutiles en los estímulos musicales y así descifrar las expresiones de la madre.

 

 

¿Cómo ayuda el canto materno a regular emocionalmente al bebé?

El canto materno contiene estructuras secuenciales que facilitan la percepción de emociones. Las nanas y las canciones de juego han evolucionado para convertirse en rituales expresivos de emociones profundas, con beneficios para la madre y el bebé. Las nanas y las canciones de juego modifican el estado anímico del bebé y regulan su excitación, pasos previos para la regulación de los afectos.

 

 

El canto ayuda a coordinar los estados emocionales entre la madre y el bebé, y a establecer un vínculo social. Ambos muestran interacciones comunicativas rítmicas, con un patrón temporal, que se mantienen de forma conjunta. Los elementos musicales proporcionan a madres y bebés las herramientas necesarias para coordinar y expresar sus emociones. Las madres tienden a sonreír más cuando cantan que cuando hablan, lo que origina mayor atención visual de los bebés, y favorece la sensibilidad materna.

Las canciones de juego suelen ser más adecuadas para controlar momentos de malestar del bebé. Su carácter rítmico capta la atención de forma intensa y puede favorecer la distracción. Estas canciones suelen ser estimulantes, y se acompañan de movimientos con la cabeza y los brazos, y balanceo rítmico del bebé. Si este ya conoce la canción, se facilita un entorno de recuperación más seguro que el creado por el habla.

 

Canto materno y estados anímicos de la madre

Con frecuencia, el proceso de adaptación a una nueva maternidad puede conllevar cambios en los estados anímicos de la mujer. Estos estados pueden derivar en una depresión postparto, o en un estado mantenido de ansiedad, que además del propio sufrimiento que conllevan, dificultan el establecimiento de una relación saludable con su bebé. En general, nuestra sociedad tiende a negar esta realidad, e infravalorar todo lo que supone la maternidad en la vida de la mujer.

Desde hace algunos años, se sabe que las madres con depresión postparto interactúan menos con sus bebés, son más inexpresivas, y les cantan menos. Su canto es menos expresivo, menos luminoso, menos vital. Y por tanto, con menos rasgos que ayuden a regular a su bebé. De este modo, se genera un círculo vicioso que tiende a perpetuar la desconexión.

En Bélgica, se llevó a cabo una experiencia en un hospital materno-infantil con madres con depresión, en las que participaban durante varias sesiones grupales junto a sus bebés con dinámicas musicales en las que había un contenido teatral o expresivo importante, siguiendo las pautas de aprendizaje musical del pedagogo musical norteamericano Edwin Gordon. A lo largo del estudio, se comprobó la mejoría en la interacción entre madre y bebé.

 

 

Otros estudios en Estados Unidos y Australia se han enfocado en plantear programas educativos a través de las nanas para madres en general, como medio de promoción de la salud en esta etapa temprana, o como recurso de apoyo para madres con trastornos psiquiátricos. En todos ellos, se demuestra el profundo impacto de las experiencias musicales compartidas con los bebés para la mejora de su interacción y el desarrollo de una mayor conciencia de sus emociones.

 

 

Referencias bibliográficas

 

  • Edwards, J. (ed). (2011). Music Therapy and Parent-Infant Bonding. Oxford: Oxford University Press.
  • Gordon, E. (2013). Music learning theory for newborn and young children. Chicago: GIA Publications.
  • Nicholson, J. M., Berthelsen, D., Abad, V., Williams, K., & Wallace, J. (2008). Impact of music therapy to promote positive parenting and child development. Journal of Health Psychology, 13(2), 226-238.
  • Trehub, S. E. (2001). Musical predispositions in infancy. Annuals of the New York Academy of Sciences, 930, 1–16.
  • Van Puyvelde, M., Rodrigues, H., Loots, G., De Coster, L., Du Ville, K., Matthijs, L., Simcock, D., & Pattyn, N. (2014). Shall we dance? Music as a port of entrance to maternal-infant intersubjectivity in a context of postnatal depression. Infant Mental Health Journal, 35(3), 220-232.

 

Rupturas con elegancia: si te vas a ir cierra la puerta, por favor

Las rupturas son un acto de responsabilidad que pretenden ser el remedio o la salida a un estado de tensión, desequilibrio o estancamiento de lo que fluía y ya no fluye. Por desgracia, muchas veces olvidamos la parte que se refiere a «responsabilidad» y sólo nos quedamos en el acto, en el «quitárnoslo de encima».

Llegamos, tocamos y nos vamos. Como si del crimen perfecto se tratase: «no dejamos ni huella».

La ruptura de cualquier tipo de relación ( amistad, laboral, pareja, etc.) se expresa finalmente mediante una acción física, pero es un proceso tanto intrapsíquico como interrelacional que va desde:  un malestar e inquietud individual y/o de la relación, pasando por la necesidad de cambio, el desacople de la relación, la crisis manifiesta y no resuelta, la quiebra, el post síndrome de abstinencia y la transformación vínculo.

Sin embargo, será la madurez emocional de los miembros implicados, la capacidad de autocrítica, el apego desarrollado y lo integrado de anteriores duelos, lo que se reflejará en cómo nos posicionemos y vivamos la ruptura.

A otra cosa mariposa

Decidir de forma responsable y madura alejarte de una relación en la que antes estabas de manera más o menos presente, no es baladí, es una decisión cuanto menos incómoda y cuanto más dolorosa, que demuestra un compromiso y un respeto con uno mismo y con la persona con la que estábamos relacionándonos. Por ello dedicarle un tiempo a darle el valor que merece minimizará los efectos en ambos.

«No le dije nada. Simplemente desaparecí poco a poco. Yo creo que tuvo que darse cuenta, porque antes nos escribíamos prácticamente a diario y de repente dejé de contestar… pero sólo hemos estado 5 meses juntos  y no teníamos nada, yo lo dejé bien claro desde el inicio».

Una cosa es no tener una etiqueta que «certifique» que se es pareja y no forzar las cosas y otra esconder nuestra incapacidad de afrontar maduramente una decisión legítima como la de cortar lo que había, con una racionalización defensiva del tipo «no éramos nada»

El trabajo con las gestalts inconclusas son uno de los motivos por los que más se acercan a mi consulta en los últimos años. Es en el propio espacio de la terapia donde acompañamos al paciente a concluir e integrar esos vínculos que bien no cerraron o bien lo hicieron de una manera traumática por el hecho de no haber sido conscientes de la importancia que tenía a nivel intrapsíquico e interpersonal. Muchas veces estas rupturas conectan con los episodios de despedidas no resueltas en la propia infancia, reforzando aún más los bloqueos y aumentando los mecanismos de defensa.

Quizá para una de las partes pueda ser más doloroso que para la otra, pero ambos han estado danzando en esa unión durante ese tiempo. Recordemos que si uno no es capaz de asumir sus propias motivaciones y sentimientos reales con honestidad, y en su lugar tiene miedo de expresarse por salir herido o dejar herido al otro, no encontrará un espacio donde poder sanar las heridas relacionadas con el apego y el rechazo. Las dos heridas, según la filosofía zen, más relacionadas con el sufrimiento.

 

Algo similar pasa en esas díadas de amistad simbióticas y que de la noche a la manaña, una de las dos partes hace un «abracadabra» y desaparece como el humo, sin poder asumir la otra parte que esa etapa -por el motivo que sea- ya no continua igual, está caduca y que es mejor tomar distancia y evolucionar por separado.

Actualmente, tal y como acertadamente exponía el sociólogo Zygmunt Bauman  en «El amor en tiempos líquidos» las relaciones entre las personas se hacen y deshacen con una facilidad que a veces resulta abrumadora. Los lazos afectivos parecen haber adquirido un cierto carácter industrial. Las relaciones se valoran por su utilidad (¿me encajas? ¿me sirves? ¿me convienes? ¿me complementas?) y se desechan cuando no son rentables.

Recuerdo mientras escribo el bello paisaje de El Principito que enmarca un poco la reflexión que trato de trasladar a este escrito:

Principito: – ¿Qué significa «domesticar» ?

Zorro – Es algo demasiado olvidado – dijo el zorro. – Significa «crear lazos…»

Principito: – ¿Crear lazos?

Zorro: – Claro. Todavía no eres para mí más que un niño parecido a otros cien mil niños. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro parecido a otros cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo. Yo seré para ti único en el mundo…

Principito: – Comienzo a entender . Hay una flor… creo que me ha domesticado…

/…/

Zorro: – Es el tiempo que has perdido en tu rosa lo que hace a tu rosa tan importante. Los hombres han olvidado esta verdad. Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa…

Principito: – Soy responsable de mi rosa… – repitió el principito a fin de recordarlo.

 

ruptura

 

¿Significa esto entonces que tengo que estar «atado» al otro por el simple hecho de que compartimos un lazo en su momento? Aunque técnicamente así sería por la Ley del entrelazamiento cuántico, a nivel práctico y saludable: absolutamente no.

Sólo se trata de ser responsable con lo que ambos construyeron y ritualizar en la medida de lo posible el cierre del mismo. Ya haya sido una relación de pareja, de amantes, de amistad (o incluso laboral).

 

ruptura

 

Si el tipo de relación lo merece y ha habido respeto y madurez aún siendo poco el tiempo el transcurrido juntos, el darle al uno la oportunidad de escuchar las motivaciones, las reflexiones y los sentimientos que están debajo de la decisión y a su vez oír del otro lo que siente respecto a esa determinación, -con la que puede estar de acuerdo o no- es darle un sentido a lo (mucho o poco) que significó ese tiempo y espacio interno compartido.

Emancipación emocional y diferenciación del self en las rupturas:

En este marco también parece importante tener en cuenta el concepto acuñado por Bowen en su estudio sobre los sistemas familaires, cuando hace referencia a la diferenciación del self. Ya vimos en este otro artículo»  Pareja equilibrada: juntos pero no revueltos cómo estar sanamente diferenciado supone encontrar el equilibrio entre las dos fuerzas vitales básicas: la individualidad y la conexión con otros. Esto implica poder estar emocionalmente próximo a los demás sin que ello suponga fusiones o pérdidas de identidad.

Bowen señala en este sentido, que a nivel intrapsíquico diferenciarse consiste en :

«tener la capacidad de tomar conciencia y distinguir los pensamientos de las emociones, viviendo éstas con la intensidad que conlleven y pensando a su vez con claridad antes de actuar.»

Así, una persona con alta diferenciación del self asume la responsabilidad de sí misma y de sus acciones, al mismo tiempo que es capaz de escuchar y apreciar los puntos de vista del otro sin que ello conlleve reactividad o sumisión. Es capaz de sostener sus propias emociones y pensamientos sin echarlos fuera, reprimirlos o negarlos.

Por el contrario, un nivel bajo diferenciación del self implicaría perder la capacidad de pensar con claridad, actuando o bien de forma reactiva movido por la intensidad emocional y la ansiedad culpando al otro o así mismo; y o bien adoptando una actitud excesivamente racionalizadora, distante y fría. Evitando el contacto y la comprensión tanto de las emociones propias como ajenas.

Veamos un ejemplo de los efectos de una ruptura de los miembros con un nivel bajo de diferenciación del self en la letra de esta canción de Gotye (el vídeo contiene la letra completa en español).

«pero no tenías que cortar todos los lazos conmigo, hacer como que nunca ha pasado y que no fuimos nada. Y ni siquiera necesito tu amor, pero me tratas como a un extraño, y eso resulta tan duro. Supongo que ya no lo necesito, sólo eres alguien a quien yo solía conocer»

En este caso la ruptura se produce a través de una emancipación física pero sin diferenciación real, puesto que él en este caso, se queda enganchado y fusionado en la historia, desbordado por el recuerdo emocional de la relación romántica. Y ella por el contrario, desconecta de todo contacto personal significativo, optando por el cut-off emocional, que en palabras de Bowen se manifiesta en:

«una negación abrupta del apego, un pseudo-control de las emociones y un fingimiento de elevada autonomía. «

Por doloroso que pueda ser, tener una conversación para terminar una relación de manera madura puede enseñarnos mucho acerca de uno mismo y sentar las bases para las siguientes relaciones.

rupturas

Cerrando el círculo: aprendizaje de la impermanencia en las rupturas.

Si la ruptura es un acto de responsabilidad para con el otro, también lo es para con uno mismo.  La necesidad de cuestionar el vínculo y aceptar la reorganización de la imagen de uno mismo de un modo autocrítico y positivo es importante para evolucionar y cerrar sin fisuras.

Cuando la reconciliación no es posible y la decisión es inamovible, una ruptura asumida con responsabilidad puede ayudarnos a:

  • Aceptar los sentimientos de culpa, vergüenza, decepción, tristeza, abstinencia, liberación o miedo como parte de la honestidad que necesitamos para transitar  la siguiente etapa de nuestra vida.
  • Abrazar con humilidad y gratitud aquello que hemos aprendido a través del espejo del otro ya que las relaciones nos muestran más de nosotros mismos que del otro. Sobre todo, las repeticiones nos están señalando algún punto ciego, una asignatura de vida que no hemos aprobado (como en el colegio) y por ello la volvemos a repetir.En palabras de Carl Gustav Jung: “Lo que no es reconocido se convierte en destino”.
  • Soltar sin temor lo que no nos pertenece más para estar abiertos a recibir  lo que tenga que llegar que de seguro, volverá a enseñarnos a amar-nos más y mejor.

 

Referencias bibliográficas:

Bowen, M. De la familia al individuo. La diferenciación del sí mismo en el sistema familiar. Barcelona. Paidós

Zygmunt, B. Amor líquido: acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. S.L. Fondos de cultura económica de España.

Fuentes:

Antoine de Saint-Exuperi El Principito, Salamandara Publicaciones y ediciones Salamandra.

Moreno, A. Manual de terapia sistémica. Principios y herramientas de intervención. Bilbao. Desclee de Brouwer

 

 

 

¿Qué es el arte?: la tentación escéptica

Anteriormente habíamos visto cómo la obra de Warhol había supuesto, para Arthur Danto, el fin de las definiciones tradicionales del arte así como de la historia del arte; el arte contemporáneo se identifica más que nunca con la filosofía.

 

Brillo Box (1964), Andy Warhol [Rocor. Flickr Commons (CC)]

 

La tentación para muchos filósofos, ante la dificultad de definir el arte y ante su acercamiento a la filosofía, ha sido, siguiendo a Wittgenstein, caer en el escepticismo: no se puede dar una definición satisfactoria del arte ni de la filosofía. Para Wittgenstein, sobre lo verdaderamente importante no se puede teorizar, y hacerlo sólo lleva a sinsentidos. La filosofía no es más que lenguaje mal empleado o infrautilizado. La definición del arte no puede ni necesita ser formulada.

Para empezar, un wittgensteniano no puede aceptar una definición de arte que haga alusión a la intención del artista, porque eso sería incluir cualidades mentales, lo que implica caer en mentalismo y, por tanto, dualismo. La definición debe basarse, pues, en rasgos externos; pero hoy el arte puede englobar cosas externamente tan diversas (desde un urinario hasta un cuadro, pasando por una caja de detergente) que no podemos dar una definición del arte acorde con las tradicionales exigencias filosóficas de necesidad y suficiencia.

La filosofía ha supuesto a priori que el conjunto de las obras de arte constituye una clase de especie, una serie lógicamente homogénea de objetos cuyo principio de homogeneidad puede ser hallado. El fracaso en obtener una definición puede residir en que el conjunto de las obras de arte no es una clase de este tipo, sino que cuenta con una estructura inadvertida por los filósofos. ¿Por qué no una serie de cosas lógicamente abierta, sin rasgos comunes con los otros miembros del conjunto, como la noción wittgensteinana de juego?

Así pues, la salida natural wittgensteniana, ante el rechazo del esencialismo y la teorización, es dar una definición no esencialista, como la de los juegos del lenguaje. Identificamos algo como juego (u obra de arte) sin que haga falta una definición, sólo por intuición. Al ser depositarios de la palabra, lo que hacemos simplemente es reconocer cuáles son juegos y cuáles no, y no lo hacemos aplicando una definición. Es una intuición que reside en el uso lingüístico, en saber usar la palabra “arte” correctamente. Entonces la filosofía del arte se convierte en una sociología del lenguaje en el cual “arte” u “obra de arte” funcionan. El problema es que esta teoría no puede dar cuenta de las posibles novedades artísticas ni tampoco del problema de los indiscernibles: alguien que supiera usar la palabra “arte” estaría confuso al tener que determinar cuáles son obras de arte y cuáles no ante cosas cuyos rasgos observables fueran exactamente iguales (la caja de detergente de Warhol y una que podamos encontrar en el supermercado). No cabe esperar una piedra de toque para identificar obras de arte; no podemos identificaras por inducción, o emulando a alguien que saber en qué consisten las obras de arte, o por algún tupo de enumeración simple. Arthur Danto sostiene que sólo en periodos de estabilidad artística se puede llegar a identificar las obras de arte de modo inductivo, y eso lleva a pensar que se tiene una definición cuando todo lo que se tiene es una generalización accidental. Así pues, cuando se produce una revolución y entran cosas nuevas en el mundo del arte, se desbarata la generalización y se concluye que no puede haber definición.

Estas dificultades hacen que los wittgenstenianos hayan acabado entregándose a teorías convencionalistas, institucionalistas, del arte: las obras de arte serían los artefactos que gozan de un estatus especial dentro del marco institucional denominado «el mundo del arte». El propio Danto fue considerado como aquél que sentó las bases de la teoría institucionalista del arte en su ensayo El mundo del arte (1964), influyendo especialmente en la teoría institucionalista de George Dickie. En La transfiguración del lugar común (1981), Danto se quiere desmarcar de esa etiqueta. Por tanto se opone al escepticismo de los wittgenstenianos y sus seguidores sobre la definición del arte.

El gran error de los filósofos, para Danto, ha sido formular teorías del arte basándose en el estado contingente del arte de su tiempo. La revolución del arte contemporáneo nos pone ante el problema en toda su crudeza, nos fuerza a salir de nuestra contingencia y contemplar el fenómeno artístico ampliamente. Quedarse en el escepticismo relativista, convencionalista, es no querer afrontar la dificultad.

Danto sostiene que la raíz de esta aparente imposibilidad de definición sucede sólo si limitamos los elementos de la definición a aquellas cualidades que capta el ojo. Si ampliamos nuestro espectro a propiedades de otro tipo, podemos toparnos con que la asombrosa homogeneidad en la clase de objetos hasta ahora contemplados bajo la perspectiva wittgensteniana no es tal, sino que se muestran como una mera familia de objetos heterogéneos.

En próximas entradas desarrollaremos la definición de arte de Arthur C. Danto.

 

Referencias:

Desenmascarando el autoengaño

¿Has observado cómo algunas personas crean justificaciones o modifican una actitud previa, sin permitirse reconocer un error incuestionable o una discrepancia?¿recuerdas a alguien comportándose de forma opuesta a las creencias o valores que defiende, y a pesar de la evidencia, seguir aferrándose a ellas usando algún autoengaño? Seguro que sí, nos pasa continuamente.

autoengaño

¿Por qué existe el autoengaño?

Cada año, muchos se comprometen con ir al gimnasio, a un curso de idiomas, seguir una dieta, dejar un hábito perjudicial. Pero tras un tiempo, se ven incapaces de mantener una disciplina, de alcanzar objetivos, de resistir tentaciones. Aparecen entonces argumentos que permiten justificar esa desviación de la meta.

Erróneamente, el primer juicio puede ser que nos mienten deliberadamente o que la testarudez les impide reconocerloEn muchas ocasiones, realmente es resultado de un proceso mental que busca evitar un malestar psicológico. 

Es más complejo «cazarse» a uno mismo en un autoengaño, ya que creemos en la justificación que creamos. Con el tiempo y la reflexión somos capaces de reconocer el sutil autoengaño o justificación que relativiza la incongruencia.

La falta de sintonía entre lo que nos proponemos y lo que hacemos realmente, provoca una desagradable sensación interna. Cuando tenemos dos pensamientos, creencias, opiniones o actitudes contradictorias crea una intensa falta de armonía interna.

¿Es patológico autoengañarse?

Son estrategias defensivas, son adaptativas, son necesarias para limitar el procesamiento de información que es angustiante e impidir vivir en un desbordamiento emocional continuo. Pero cuando funcionan de una forma masiva e inflexible pueden derivar en patológicas. Muchas personas con dificultades psicológicas, tienen un funcionamiento cognitivo muy poco flexible . Mantienen con rigidez ciertas actitudes dañinas o creencias acerca de ellos mismos y los demás, que les lastran en su vida cotidiana.

Cuando muchos fumadores se plantean dejar de fumar dicen frases como “de algo hay que morir”, “estoy en una época muy estresante, no es un buen momento“, “Fulanito ha fumado toda la vida y no ha muerto de cáncer”, “sólo un paquete más y ya dejo de fumar”. Son argumentos válidos, pero irracionales desde el punto de vista de la salud, dado que conocemos el riesgo elevado de contraer cáncer o de desarrollar problemas cardiovasculares o pulmonares. Se justifican, transformando opiniones o la actitud, al no querer o no poder dejar de fumar: engañándose a sí mismos.

Abordar el autoengaño desde la ciencia

Los seres humanos nos distinguimos como especie por poseer una mente con una impresionante capacidad de adaptación y razonamiento. Pero esta maquinaria evolutiva también procesa erróneamente la información. Creamos argumentos sesgados a favor de las creencias, de  reducir discrepancias y no reconocer errores. El malestar emocional resultante de mantener una incongruencia psicológica es conocido en psicología como disonancia cognitiva.

El psicólogo norteamericano Leo Festinger propuso la teoría de la disonancia cognitiva en la década de 1950. En sus investigaciones, observó que tendemos a autoevaluar conductas, pensamientos y actitudes. Las comparamos con nuestros sistemas de creencias internos y del entorno social donde crecemos. Si aparecía una falta de congruencia, corregían la discrepancia con estrategias mentales. La disonancia cognitiva es un estado interno de tensión y malestar psicológico al sostener actitudes o pensamientos incompatibles con las creencias. El conflicto impulsa a reducir el malestar de diferentes formas:

  • cambiando el comportamiento.
  • justificando la conducta o actitud que crea la disonancia, alterando por lo tanto los pensamientos o creencias previas.
  • creando nuevas ideas y argumentos en torno al pensamiento o creencia en tela de juicio .

autoengaño, disonancia cognitiva

Autoestima, identidad y conciencia moral

Desde un punto de vista relacional, el autoengaño está a la orden del día en nuestras relaciones. Nos esforzamos porque los demás tengan una determinada imagen y buscamos influir en sus percepciones, desde la infancia nos acompaña una necesidad de aprobación, de reconocimiento y de evitación del rechazo en nuestros vínculos.

La mente se esfuerza automáticamente por preservar un sentido estable y coherente de la identidad, manifestando confusión, estrés, enfado, frustración, vergüenza,culpa, si algo la amenaza. Por ejemplo, si uno se percibe incapaz de alcanzar sus objetivos o comportándose en contra de sus valores. La disonancia cognitiva sirve como sustrato psicológico de la conciencia moral. Nos motiva a permanecer en consonancia con nuestras creencias y los valores sociales.

Alguien que defiende “estoy absolutamente en contra de la infidelidad”, criticará lo que considera miserable por diferentes motivos. Sus valores morales provenientes de la cultura o familia, por el peso de la culpa si transgrediera él la relación, por necesitar tener una imagen propia como alguien honesto, la angustia al imaginar si sufriera él la traición, etc. Pero si se produce una situación donde termina siendo infiel, podría no reconocer fácilmente su responsabilidad, autoengañarse para evitar la discrepancia (culpabilizando al alcohol que bebió,  o a su pareja por no darle lo que necesita).

Errar es humano

A pesar de las mejores intenciones y esfuerzos, es inevitable equivocarnos. Errar es humano, pero no es plato de fácil digestión. Atribuir la responsabilidad en otros, buscar pruebas que confirmen aquello que creemos, desdecir y enmendar afirmaciones pasadas. Múltiples estrategias de autoengaño para evitar daño en la autoestima, proteger la identidad, o ser rechazado por un ser querido.

Evitar admitir los fallos impide una crítica constructiva. La verdad puede ser dolorosa, pero reconocerla es la vía única para comprendernos mejor, rectificar hábitos inadecuados y adquirir nuevas habilidades.

Un aprendizaje para obtener una versión mejor y más libre de nosotros mismos.