La aceptación, base de la realización espiritual

Cada vez que vuelvo a escuchar a Mónica Cavallé aprendo. Da igual que ya haya escuchado esa misma conferencia varias veces. Aparecen nuevos matices o incluso se abren nuevas puertas a lo profundo.  Quizá esto tenga que ver con mi propia evolución o con los momentos que transito. No sé. Lo cierto es que siempre me enriquece. Siempre salgo de ese contacto con Mónica más rica de lo que llegué. Y, por eso, te invito a visitar esta disertación sobre la aceptación como camino espiritual. Si quieres escuchar la conferencia completa, tienes el vídeo al pie del artículo. Aquí me ha interesado traer sólo una pequeña parte de ella, la que habla de la aceptación como camino, no solo hacia la salud mental y emocional, sino también como camino hacia de realización espiritual.

Después de escucharla, meditarla, releerla, me pregunto si realmente cabe salud mental y emocional sin apurar la aceptación en toda su extensión… En otras palabras, si realmente es posible estar sano mental y emocionalmente, sin transcender. Y más allá, si se puede llegar a ser realmente feliz en la vida sin transcender… Yo ya tengo mi respuesta ¿y tú? Siéntete libre para dejar tus comentarios al post. Me gustará leerlos.

 

Aceptar es superar la dualidad entre lo que “es” y lo que “debería ser”.

A veces, detrás de esa expresión de “debería ser” camuflamos lo que en realidad no es más que lo me “gustaría” a mí que fuera. Sin embargo, en otras ocasiones, detrás de ese “debería ser” hay una legítima aspiración ética. A este respecto, hay que distinguir entre la aspiración ética a que las cosas se desarrollen de la mejor manera posible. Lo que es legítimo. Y la pretensión de que las cosas sean, aquí y ahora, de una determinada manera. Esto último es discutir con la realidad, sin aceptar que las cosas son lo que son. Son lo que pueden ser en cada momento, considerando los factores implicados.

No tiene nada que ver el “debería” como una aspiración con el “debería” como una exigencia de que las cosas sean de una determinada manera aquí y ahora. Detrás del sufrimiento está este error: hemos transformado nuestras preferencias legítimas en exigencias. Obviamente vamos a preferir unas situaciones a otras, pero sólo cuando creemos que unas deberían prevalecer es cuando sufrimos.

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Anhelo de perfección del “Yo ideal” vs. aspiración de excelencia del “Yo profundo”

Y otra matización en línea con lo anterior es que no hay que confundir el anhelo de perfección del “Yo ideal” con la aspiración de excelencia del “Yo profundo”. Y hay formas de ver qué es lo que está operando en cada caso. Al “Yo ideal” le incomoda profundamente la verdad que le cuestiona (la verdad que le dice que no es perfecto). Por el contrario, cuando estamos conectados con el impulso hacia la excelencia del “Yo profundo”, que es el impulso hacia el crecimiento que nos constituye, una señal de ello es que no nos perturban nuestras limitaciones. Al revés, cuando algo se descubre, cuando tomamos consciencia de una limitación que antes no veíamos, hay agradecimiento por esa toma de consciencia. Decimos gracias y acogemos a nuestro “Yo real”.

Mónica Cavallé cree que cuando se supera esta grieta, cuando se supera esta dualidad entre lo que “es” y lo que “debería ser”, ya sea con relación a la experiencia que ocurre en el exterior ya sea con relación a la experiencia que ocurre en nuestro interior, es cuando irrumpe lo profundo.

Esto puede tener lugar en la vida cotidiana y muchos habremos tenido esta experiencia en momentos sencillos, aparentemente anodinos, en los que, simplemente, estamos totalmente reconciliados con el ahora. En nuestra mente no existe esa dualidad. Son momentos que se convierten en grietas por las que puede irrumpir lo que realmente somos.

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La aceptación es la base de la salud psicológica y emocional

La aceptación así practicada es importantísima. Es la base de la salud psicológica y emocional. En primer lugar, la aceptación así entendida es lo que elimina la raíz del sufrimiento evitable porque abandonamos la obstinación. Ese apego a nuestras ideas sobre como deberían ser las cosas que nos hace estar constantemente en conflicto con la experiencia presente.

Pero también porque la falta de aceptación conduce a la desintegración, a la división psicológica. Estamos permanentemente escindidos y en lucha con nosotros mismos, desintegrados. Y la aceptación así practicada conduce a la integración y a la unificación.

Y también es importante para la salud psicológica y emocional porque las emociones tienen un ciclo natural de vida. Y cuando ese ciclo no se culmina y hay sentimientos que no han terminado de ser sentidos y experiencias que no se han apurado… Todo esto que no se ha terminado de vivir se convierte en energía anímica estanca, tóxica, que es una fuente de bloqueos, de sufrimientos, de reactividad porque estamos proyectando todo eso continuamente en el mundo exterior. Y esto es lo que hace que muchas personas a lo largo de la vida, en vez de que con los años cada vez se sientan más sueltos, más ligeros, se sientan más bloqueados.

Y en esto no hay atajos. El crecimiento y el desarrollo interior solamente vienen cuando no hay negación, cuando no hay evitación. Solo asumiendo nuestra debilidad, conocemos nuestra verdadera fortaleza. Solo aceptando nuestra tristeza, nos volvemos personas más felices.

Pero la aceptación no es sólo la base de la salud sino también la base de la realización espiritual. En primer lugar, porque la aceptación libera cualidades y fuerzas transpersonales que están siendo bloqueadas por el “Yo superficial”. Veámoslo.

La aceptación libera cualidades y fuerzas transpersonales

Todos queremos ser felices. Y pensamos que vamos a alcanzar esa plenitud de forma condicionada, poniendo condiciones. Seré feliz cuando logre esto, cuando supere esto otro… Cuando consiga esas cosas con las que neutralice la sensación que en el presente tengo de carencia, de limitación… Y también a través de la negación. Evitando todo aquello que me hace sufrir o luchando contra aquellas cosas que creo que se interponen en mi camino hacia la felicidad. Pero por esta vía de poner condiciones y a través de la negación, no podemos alcanzar los estados esenciales, esos estados del Ser, que son la resonancia del “YO profundo”. Porque esos estados se caracterizan, precisamente, por ser incondicionales y por no alcanzarse eliminando o eludiendo nuestras limitaciones, sino asumiéndolas, integrándolas, pasando por ellas.

Dicho de otro modo. Muchas personas que se empiezan a interesar por el trabajo interior de tipo espiritual, filosófico, psicológico, al principio lo que quieren es tener algo que no tienen o abandonar y superar algo que tienen y no les gusta. Y muchas personas se vuelven adictas a las modas de trabajo interior de cualquier tipo, precisamente porque con esta dinámica llegan a un punto de no avance. Y este punto de no avance es el punto en el que hace falta la rendición. Por eso van de una práctica a otra, de un camino a otro, hasta llegar siempre a ese callejón sin salida y no terminan nunca de alcanzar el punto de la transformación. Porque ese punto lo que exige, precisamente, es abandonar ese esquema de ambición y de lucha. La aceptación acalla la mente inquieta, la mente que compara, la mente que quiere algo que no tiene o que quiere librarse de alguna condición presente. La aceptación acalla el “Yo superficial” y, por eso, permite que aflore el Ser esencial.

La aceptación nos revela que no hay otra plenitud que aceptar plenamente el ahora, que no hay otro camino ni otra plenitud que sencillamente Ser. Y esto no resulta fácil de admitir. Cómo voy a descansar en mi aquí y en mi ahora si mi situación interna o externa es un desastre total… Como decía un amigo… “¿pero así, aquí, con estos pelos…?” Si, y la cuestión es experimentarlo. Esto es una invitación. Y si se piensa que no es así, adelante. Porque, como antes decía, el único camino que tiene sentido es la sinceridad.

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La aceptación me lleva a la conexión con mi Ser, con mi “Yo espiritual”

No puedo descansar en la paz y en la plenitud de mi propio Ser, si pretendo evitar lo que me resulta incómodo, disonante… El “Yo espiritual” está precisamente detrás de todo eso. Al otro lado de todo eso. Y se alcanza al asumir todas las dualidades de la existencia, de nuestra propia experiencia. Y por eso puedo llevar a cabo todo tipo de prácticas espirituales y puedo poner toda mi voluntad en ello, sin alcanzar mi centro. Y en cambio con la práctica de la aceptación, así entendida, como un fruto indirecto, no buscado, siempre se alcanza esta experiencia de lo profundo que, en ocasiones, requiere atreverse a pasar por esa noche oscura de los sentimientos no plenamente vividos.

Y lo interesante de este camino es que es un camino experiencial, un camino que no requiere asumir ningún tipo de dogmas, ni de creencias, ni apuntarse a ninguna enseñanza ni a ninguna filosofía. Lo que uno vea y comprenda, lo va a ver y lo va a comprender de primera mano. Y quizá comience a entender, a intuir, cosas que ha leído y que ha visto en ciertas enseñanzas tradicionales pero lo interesante es que no será una mera “opinión verdadera” sino una comprensión sentida, fruto de haber alcanzado esa comprensión de primera mano.

La aceptación nos sitúa en la posición del testigo.

Y también la aceptación es un camino hacia la salud, hacia la realización espiritual, porque nos sitúa en nuestro centro, en el testigo. Porque la aceptación sólo es posible en ese lugar de nosotros mismos dónde estamos con los contenidos de nuestra experiencia, pero no estamos identificados y confundidos con nuestros sentimientos, impulsos, juicios mentales… Advertimos que estos van y vienen, no nos dejamos confundir con ellos y descansamos en ese testigo interior que se limita a presenciar todo esto. Porque la naturaleza del testigo, la naturaleza de la conciencia testimonial es la aceptación. Es un abrazo dado a todo, desde un espacio de perfecta ecuanimidad, que todo sostiene, que todo acoge.

Y esto es interesante porque si esto es así, la aceptación no es, en realidad, un acto volitivo. No es el “pequeño Yo” decidiendo si acepta, si no acepta… Nuestra naturaleza profunda es ya aceptación. Y por eso, desde ahí, no queremos que nada sea distinto de lo que es. Pero no como si esta fuera una opción entre otras, sino porque ahí somos lo que «es». La afirmación de lo que “es”, es la muerte del “Yo superficial”. Por el contrario, afirmar lo que “es”, es desde este nivel, desde el “Yo profundo”, la más radical auto-afirmación.

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La aceptación culmina en la entrega.

Y, en último lugar, la aceptación es también un camino para la realización espiritual porque culmina en la entrega. Veámoslo.

Podemos decir que el grado más elemental de aceptación es acepto lo que “es” porque “es”, porque es inevitable, porque no tiene ningún sentido luchar contra la realidad.

Esta aceptación madura un poco más cuando entendemos ya no sólo que es inútil luchar contra lo inevitable, sino que no tiene sentido juzgar con nuestra mente limitada la totalidad de la que formamos parte, el misterio en el que estamos envueltos, cuando, incluso, nuestra propia inteligencia es algo que no nos hemos dado a nosotros mismos y que es una manifestación de esa inteligencia única que nos sostiene.

Y esta aceptación se profundiza y madura, aún más, cuando se traduce en la confianza plena de que podemos lanzarnos al vacío y atravesar la confusión, la incertidumbre, sabiendo que la inteligencia de la vida se ocupará de nosotros. Y hemos descubierto, tras saltar al abismo, que no es un abismo en el que caemos, sino un abismo en el que flotamos. Y sabemos (y ya no es una creencia consoladora sino una comprensión saboreada) que la realidad, en último término y en su fondo, es inteligente, es benéfica, que nuestro propio fondo es benéfico y digno de confianza. Y en esta certeza ya no tememos dejarnos ser lo que somos. Y cuando es así, cuando la aceptación impregna nuestro ser total, cuando se convierte en nuestra actitud básica ante la vida, pasa a ser entrega, pasa a ser rendición.

Hay dos formas básicas de estar en la vida

Digamos que hay dos formas básicas de estar en la vida. Una forma que podemos describir como auto-centramiento, auto-referencialidad. Tengo la pretensión de que la vida, la existencia, las situaciones y los demás se ajusten a mis ideas sobre cómo deberían ser las cosas.

Y otra forma de estar en la vida que es el auto-descentramiento. Entiendo que yo no estoy aquí para ajustar la vida a mis ideas. Que yo no soy el maestro o la maestra de la vida… (Es ridículo, ¿no? Millones y millones de personas en el mundo y todas ellas intentando adaptar la vida a sus conceptos, a sus deseos). Sino que la vida es la maestra y yo estoy aquí para ajustarme a la realidad.

Y en estas dos alternativas no hay término medio. Se tiene que dar una completa conversión. O lo uno o lo otro. Las tradiciones sapienciales insisten en que el objetivo de la filosofía, el objetivo de la espiritualidad es vivir en armonía con la realidad, con el orden de las cosas.

Una frase muy típica de Nisargadatta dice: “En mi mundo todo marcha bien”. Porque seguiré teniendo problemas y dificultades. Pero ninguna de esas cosas amenaza mis objetivos o choca con mis objetivos. Porque, aunque tengo planes, preferencias, por encima de todo, he decidido que mi único objetivo es aceptar lo que “es”.

Auto-centramiento vs. auto-descentramiento

En el primer caso, en el auto-centramiento, voy a incurrir en el intento de manipular la realidad y habrá miedo, frustración, resentimiento, impotencia, sin sentido. Aunque las cosas me vayan bien, habrá miedo, porque sé que ese ir bien es frágil, es temporal.

Y en el segundo caso, la fuerza de la vida irá a mi favor y yo voy a ir a favor del curso de la vida. La inteligencia y la fuerza de la vida serán las mías. Y este auto-descentramiento es lo que en el lenguaje religioso se llama la entrega a Dios, la entrega a una voluntad superior. Mi centro se desplaza. Mi centro ya no es mi voluntad personal aislada. Sino que esta voluntad se alinea con una voluntad más amplia, con una realidad más amplia que reconozco como mi verdadera identidad.

¿Estoy renunciando a algo?

Ha habido dos formas de entender esta entrega sin condiciones al poder superior. Una forma de entender la entrega, cuando el esquema religioso ha sido dualista es: “anulo mi voluntad a favor de un poder superior”.

Para las tradiciones sapienciales y las tradiciones místicas no dualistas no es así. No niego mi voluntad a favor de la voluntad divina, sino que sencillamente comprendo que esta dualidad es una ilusión. Que yo como individuo no soy el centro ni la fuente de mi propia vida, no soy un agente causal último, sino un canal de una inteligencia y de una fuerza transpersonal que supera y transciende mi yo personal. Con lo cual, en esta entrega, no se renuncia a nada. Se renuncia, sencillamente, a una ilusión.

Las claves de la aceptación

Puedes leer más sobre las claves de la aceptación en mi artículo “Transformarte: de la aceptación a la transformación”

Un abrazo de corazón,

Ana F Luna

PCC Coach y Máster en Psicoterapia

Consulta y Formación

Bibliografía:

Conferencia Mónica Cavallé sobre la Aceptación

Pensamiento divergente ¿qué tal se te da?

Comencemos con una pregunta un poco extraña:

¿Cuántos usos posibles se te ocurren para un clip?

Test pensamiento divergente

 

Sería fantástico que le dedicaras un ratito, ¿5 minutos? a encontrarlos. Si estás en la media se te ocurrirán entre 10 y 15 usos. Si eres un genio del pensamiento el número ascenderá hasta 200 ¡felicidades!

Esto es lo que encontraron los autores del libro «Breakpoint and Beyond: Mastering the Future Today«  Geoge Land y Beth Jarman. El test partía de una simple pregunta: ¿Cuántos usos se te ocurren para un clip o sujetapapeles? 

Pero lo maravilloso del experimento es que se realizó de manera longitudinal, a lo largo de 15 años.

De las 1.500 personas que participaron en el estudio, el 80% de los que alcanzaron el nivel genio eran… ¡niños de jardín de infancia!  Continuaron con el experimento y repitieron la misma pregunta cuando tenían 10 años. Entonces, solo el 50% alcanzó el nivel genio. Por último les volvieron a preguntar siendo adolescentes, a los 15 años, y como podrás imaginar el resultado es desalentador: solo el 35% alcanzó el máximo nivel.

¿Qué les pasó a estos niños para su capacidad de pensar divergentemente? La conclusión de los autores es que les pasó la escuela. Pasaron a ser «educados».

¿Qué es el pensamiento divergente?

A grandes rasgos podríamos diferenciar dos tipos de pensamiento: convergente y divergente.

El pensamiento convergente está basado en la lógica y trata de dar una respuesta correcta a un problema. Si has respondido a la pregunta del clip «sujetar juntos varios papeles» habrías puesto en marcha tu pensamiento convergente.

El pensamiento divergente actúa sin límites, y busca múltiples respuestas a un problema. Es un tipo de pensamiento que se alimenta de la creatividad.

Normalmente las personas ponemos en marcha uno u otro según la situación determinada, y nuestras experiencias previas. Mi madre por ejemplo, hace gala de un gran pensamiento divergente cuando se le rompe algo en casa. En serio. Tú dale una alcayata, un poco de cinta aislante y un trozo de cartón y te soluciona cualquier desperfecto. Ríete tú de Mac Gyver…

 

 

Sin embargo en las escuelas lo habitual es fomentar el pensamiento convergente. Si tienes niños pequeños en casa, verás que es muy habitual cuando comienzan a aprender a sumar y a restar, que el maestro o maestra, solo dé por válidas las respuestas que se obtengan siguiente un determinado esquema.

¿Por qué es importante el pensamiento divergente?

De un modo práctico, se podría decir que el pensamiento divergente es importante porque es necesario de cara a los futuros puestos de trabajo. El tipo de sistema de producción que impere en un país hará que se más importante fomentar uno u otro. Con el desarrollo de la educación gratuita universal se perseguía formar empleados para la incipiente industria, por lo que el tipo de pensamiento que se favoreció fue el convergente.

 

 

 

Pero ahora mismo, si asumimos que dentro de unos años el trabajo más rutinario y especializado va a estar cada vez más informatizado, los jóvenes de hoy tendrán que enfrentarse a otro tipo de retos en el futuro.

 

 

Con internet y las (ya no tan nuevas) TIC desarrollándose a un ritmo vertiginoso, lo que se premia cada vez más es eso: ser capar de dar soluciones rápidas a problemas repentinos y volátiles. Los nichos de mercado son cada vez más breves, así que a no ser que tengas la idea y tomes la iniciativa bien rápido, probablemente a otro se le ocurrirá.

Otra respuesta menos práctica, pero desde mi punto de vista más importante, es que este tipo de pensamiento fomenta la crítica y la reflexión. Cuando solo eres capar de vez un lado del cubo y te olvidas de los matices grises, los demás se tornarán extraños, pero cuando tienes una visión global del conjunto puedes tomar decisiones desde el acercamiento, alejándote de los peligrosos extremismos.

Por último me gustaría hacer hincapié en la relación que tiene este modelo de pensamiento con una de la que considero una de nuestras mejores herramientas: la creatividad.

La creatividad

La creatividad es la fuerza creedora por excelencia. Una herramienta que está a nuestro alcance desde que nacemos, y que como afirma Kevin Robinson: «la creatividad se aprende igual que se aprende a leer«. Y la creatividad va de la mano del pensamiento divergente. Las personas creativas no se contentarán con buscar una sola respuesta correcta. Serán capaces de encontrar nuevos caminos y alternativas.

Hace unos días el magnifico divulgador Christophe Galfard dio una charla en Madrid en la que hizo un resumen de su libro: «El Universo en tu mano«. Galfard habló del poder de la creatividad y la imaginación, y del poder que ellas han tenido en los mayores descubrimientos de los últimos tiempos. Al preguntarle en una entrevista por la ciencia afirmó:

«su herramienta es la imaginación, y eso es pura locura. A través de la imaginación descubrimos nuevos mundos, nueva materia, nuevas partículas, nuevos aspectos del espacio tiempo».

Las creatividad, el buscar soluciones novedosas a problemas conocidos, nos ha permitido llegar a lugares que ni siquiera podíamos imaginar.

Pero ¿Se puede entrenar el pensamiento divergente?

Robinson afirma que el pensamiento divergente y la creatividad se pueden enseñar igual que se enseña a leer o escribir. Requiere un trabajo, un ejercicio constante de entrenamiento.

Y lo mismo que a escribir aprendemos escribiendo, a ser creativos aprendemos creando. Pintando. Construyendo. Grabando. Las posibilidades son infinitas. La buena noticia es que a las personas, curiosas por naturaleza, nos encanta crear si estamos en el entorno adecuado. Las escuelas son un espacio perfecto para llevar a cabo este tipo de actividades, pero no es el único lugar. En casa, basta con dejar de lado un rato los instrumentos de ocio más extendidos en la actualidad, los electrónicos, para dar cobijo a lápices y herramientas.

Y para terminar, esta frase que encaja perfectamente con los tiempos locos que corren…

 

 

«La Llamada»: La película que contiene la solución a todos los problemas del mundo

El mundo del blanco y el negro

En el mundo de Trump la equidistancia no es posible. Lo hemos visto (lo estamos viendo) con mucha claridad en el conflicto que se desarrolla estos días en Cataluña. La sociedad ha sido dividida sin piedad entre aquellos que desean la independencia y los que optan por la permanencia en España.

Cada miembro del otro grupo es el enemigo. Este es, por supuesto, el primero de los efectos secundarios del nacionalismo. Pero no es un fenómeno exclusivo de este. De hecho, cada día lo vemos más y más relacionado con los conflictos y situaciones de lo más diverso. Las posiciones políticas, los marcos ideológicos, los sentimientos religiosos también se encuentran en un proceso inexorable hacia la rigidez, hacia la intolerancia de ese “otro” diferente que es mi enemigo.

¿Y tú de quién eres?

Es este mundo nuevo (y paradójicamente tan viejo) de blancos y negros, donde el gris está proscrito, es preciso escoger una alternativa y posicionarse. No hacerlo es visto como algo sospechoso. Los predicadores de la confrontación afirman que la tercera vía no existe y azuzan a los perros de la guerra. Pues es la guerra el resultado inevitable del camino que hemos tomado y hay muchos tipos de guerras.

Pero ¿Cómo hacíamos antes? ¿Cómo podía suceder lo que ahora parece imposible? Hace no mucho tiempo convivían en Medio Oriente miembros de las tres religiones del libro. Hace muy pocos años los ingleses se adherían entusiastas a la Unión Europea. Hace aún menos años Obama ganaba las elecciones en EEUU y Cataluña disfrutaba de un clima político y social normalizado.

¿Qué ha sucedido para acabar con el gris?

La radicalización

De entrada ha sucedido la crisis económica. El aumento terrible de la desigualdad, la pérdida imparable de servicios sociales, trabajo y bienestar de los ciudadanos les han llevado a la búsqueda de un enemigo al que culpar. Un chivo expiatorio con cuya muerte debe mágicamente terminar el padecer de las gentes de bien. Este chivo puede tomar, según el caso, muchos rostros: las minorías raciales, los inmigrantes, las mujeres, los homosexuales, la Unión Europea, España. Cuanto más genérico mejor.

Este enemigo servirá para concentrar la responsabilidad de todos los problemas y cargar con el peso de la culpa. Quién esté con el chivo es también automáticamente convertido en el enemigo y si el daño que se atribuye al chivo es grande los argumentos para acabar con él serán también grandes y se extenderán en forma de marginación y violencia a aquellos que sostengan una postura cercana al enemigo.

Pero este enemigo nos aleja de la solución pues es frecuentemente creado por aquellos que son los verdaderos culpables. La percepción del otro como un enemigo nos hace imposible el perdón, la reconciliación o el diálogo.

La Llamada

En medio de este panorama voy a ver una película española: La llamada. Llevo bastantes expectativas puesto que he visto ya la serie “Paquita Salas” de los mismos autores y me ha parecido genial. Sin embargo lo que me encuentro es mucho mejor que genial. Más aún por la falta evidente de pretensiones que presenta la película.

***Atención a partir de aquí puede haber Spoilers***

“La llamada” relata la historia de una chica a la que en un campamento de monjas se le aparece el mismísimo Dios.

De entrada el argumento parece que solo puede desarrollarse en dos direcciones:

Por un lado podemos encontramos ante un panfleto religioso en el que María – la protagonista- es una niña santa de bondadoso corazón que a través de sus interminables oraciones alcanza la gracia en medio de amables monjas y asombrados familiares. La otra opción es el panfleto antireligioso: Una película en la que María es una niña martirizada por monjas y familiares que termina por volverse loca y teniendo una alucinación. El blanco y el negro.

Lo maravilloso de la película es que no es ni una cosa ni la otra. Va más allá y se sumerge en el gris. Mucho más peligroso en los tiempos que corren. Mucho más difícil. No hay monjas santas ni terroríficas, por ejemplo. Hay monjas humanas. Las chicas son reales también. Escuchan reggaetón, tienen un grupo y les gusta ir de fiesta y Dios… Dios no condena, canta, se ríe y acepta.

Y así nace un nuevo mantra que es una especie de mezcla entre “sigue a tu corazón” y “Hakuna Matata”.

Lo hacemos y ya vemos.

La película es una oda a seguir el camino de nuestro deseo sin dañar al otro. Se nota que está realizada con cariño, con ilusión y con una cierta ingenuidad que en este caso es maravillosa.

Esta película contiene el misterio de la cura para los males de este mundo. Pasa un día sin Redes sociales y sin televisión y vete al cine a ver “la llamada”. Date cuenta de cómo es posible encontrar un punto de encuentro entre dos cuestiones que parecían irreconciliables –la liberación sexual y la vocación religiosa-, libérate de tus dogmas, sean cuales sean y persigue tu deseo sin dañar a nadie (a ti o al otro).

Huye del blanco y del negro, la verdad suele vivir en el gris y la felicidad también.

La «coraza muscular»… O cómo los bloqueos emocionales crean una armadura corporal

 

Todas las personas tenemos un «carácter» diferente, que se ha fijado en nuestra infancia. El hecho de que tengamos un carácter u otro depende de en qué fase de la infancia tuvimos más dificultades, y por tanto, nos quedamos «más fijados», con más energía bloqueada.

Los diversos caracteres crean unas corazas musculares específicas. Cada carácter tiene unos bloqueos emocionales más interiorizados y esto se traduce en unos bloqueos musculares diferentes. Podemos decir que cada carácter tiene unas contracturas, «dolores», dificultades respiratorias… diferentes. Pero esto es tema de otro artículo. En este me centraré de los diferentes bloqueos corporales.

 

coraza muscular

 

1- Coraza muscular  «ocular»

Comprende todos los músculos que intervienen en los movimientos oculares. A través de la mirada expresamos las emociones básicas: rabia, alegría, tristeza, miedo... Cuando la persona se encuentra bloqueada y seu estado queda fijado en una de estas emociones la mirada se quedará congelada en la expresión de la emoción correspondiente.

Los bloqueos de la mirada están conectados con los músculos profundos de la nuca. De tal modo que las tensiones pueden ir migrando de los ojos a la nuca, o viceversa, sin que consigamos que le estado emocional contenido fluya libremente.

 

2- Coraza muscular «oral»

A través de este segmento se expresan o contienen esencialmente las emociones relacionadas con la dependencia, la rabia y la pena.

Cuando hay una contención crónica de la rabia o de la pena, dichos estados emocionales quedan bloqueados en los músculos masticadores (maseteros), que se encontrarán tensos, duros y dolorosos a la presión. Sin embargo, cuando dichas emociones estén muy inhibidas  y su percepción muy distorsionada y fuera de la conciencia, este segmento habrá perdido su capacidad para sensarlas y expresarlas; en esta situación encontraremos los maestros muy blandos, lo que indica, probablemente, que hay un profundo conflicto de dependencia.

En este último caso, es frecuente que encontremos la barbilla elevada, con los músculos elevadores contraídos y las comisuras de los labios caídas hacia abajo, nos indicará la inhibición emocional de una profunda pena, con la que en ese momento no hay contacto consciente o existe alguna dificultad para su expresión.

No es raro que la expresión de esta profunda pena vaya seguida de una expresión de rabia, pues con frecuencia la pena suele estar bloqueando el contacto con la rabia.

 

3- Coraza muscular «cervical»

Su bloqueo tenso está relacionado con la necesidad de mantener un exceso de control sobre las propias emociones y sobre le mundo en general, e inhibe la expresión del rechazo y el afecto.

Este bloqueo tenso nos indica que la persona vive en un estado de alerta crónico por desconfianza en sí mismo y en benevolencia del medio. Suele corresponderse con la necesidad de mantener una actitud de defensa ante los supuestos imprevistos que puedan surgir del mundo interno o externo, para su respuesta inmediata, bien sea a través de la acción reactiva o de la inhibición completa del contacto con el estado emocional propio, sobre todo con las emociones hostiles con la rabia en primer lugar.

 

4- Coraza muscular «torácica»

El cuarto segmento es el torácico, que abarca todos los músculos intercostales implicados en la respiración, así como los músculas escapulares, subescapulares y los músculos deltoides… junto con los antebrazos y las manos. En el tórax sensamos las emociones que nos ponen en contacto con nuestros propios estados emocionales en relación con el mundo exterior.

La función del tórax es expresar dichas emociones desde el contacto más profundo. Cuando esta función está distorsionada o inhibida, se corresponde con un bloqueo torácico, con una disfunción de la respiración que se mantendrá en una actitud crónica de inspiración o espiración crónica, limitando el movimiento del tórax y, con ello, dificultando la respiración libre y espontánea; esta se torna superficial y con escasa capacidad para movilizar aire. Las costillas pierden su elasticidad y se endurecen, los movimientos de inspiración y espiración son poco aparentes  resulta difícil aplanar el tórax con la presión de las manos para ayudar a profundizar la respiración.

Al limitar la oxigenación, se disminuye la intensidad de las emociones, su percepción y la necesidad de expresarlas, inhibiéndose sobre todo el contacto con el dolor emocional, la rabia, el llanto y el anhelo.

 

5- Coraza muscular «diafragmática»

La tensión crónica del diafragma dificulta notablemente la conexión energética entre el tórax y el abdomen; es decir, entre el sentimiento y la percepción de las necesidades. Tan importante es su participación en los mecanismos de defensa, que cada uno de ellos se acompaña de un bloqueo específico de la función diafragmática.

La inmovilización del diafragma limita notablemente la capacidad respiratoria, la oxigenación, energetización e intensidad de la sensaciones y sentimientos. Además, hace del tórax y del abdomen dos compartimentos estancos. Todas las conexiones energéticas entre la parte superior e inferior del cuepro tienenque atravesar el diafragma.

La tensión crónica del diafragma, al dificultar el flujo energético ocasionará que percibamos nuestras necesidades distanciadas de su componente emocional, dificultado, por tanto, tomar conciencia discriminativa acerca de la necesidad organísmica de satisfacción. En la medida en que el diafragma esté bloqueado, cualquier movimiento energético que fluya desde la pelvis, al encontrarse el obstáculo de la tensión diafragmática, ocasionará espasmos crónicos en todo el organismo; clonismos que se pueden percibir acompañados de notable sensación de angustia y aumentar la tensión del diafragma como reacción de defensa.

 

coraza muscular

 

6- Coraza muscular «abdominal»

En el segmento abdominal experimentamos y sensamos nuestras necesidades biológicas básica, así como los contactos emocionales que provienen de los demás, nuestra nutrición básica emocional. Su bloqueo nos dificulta no solo la percepción de nuestras necesidades, sino también los afectos y las necesidades de los demás.

 

7- Coraza muscular «pélvica»

Fundamentalmente la pelvis es un reservorio energético relacionado con la capacidad de entrega y placer y, por tanto, con la capacidad de contacto tierno y agresivo. En la pelvis ocurre que el placer inhibido se convierte en rabia, y la rabia inhibida en espasmos musculares, y también en angustia.

El bloqueo de la pelvis la dispone en retroversión o anteversión forzada, lo que nos indica respectivamente, que la persona tiene dificultad para la entrega espontánea y libre a los demás, o para el contacto y la entrega a sí mismo. Una pelvis bloqueada rígidamente nos indica siempre una profunda desconexión de la persona con sus procesos emocionales y un refugio en la racionalización como defensa.

Su bloqueo implica un corte desde el más importante reservorio energético hacia el resto del organismo, dificultando la toma de conciencia de todas las sensaciones y estados emocionales. Por ello, interfiere en el arraigamiento de la persona en sí misma; dificulta sobre todo la percepción de los estados placenteros de relajación y la sensación de estar energetizado. Afecta de manera fundamental al sentimiento de seguridad en uno mismo.

Se interrumpe, además, el flujo energético hacia las piernas y los pies, dificultando la estabilidad y el arraigamiento sobre el mundo exterior. Por lo tanto, su bloqueo afecta tanto a la capacidad para estar arraigados en la realidad de uno mismo como en la realidad del mundo. Afecta a la capacidad de hacernos cargo de nuestros procesos conservando nuestra libertad y autonomía.

 


Fuente: Ternura y agresividad, de Juan José Albert
Fotografía: Jake DaviesHenry Hustava

El rito del matrimonio ¿qué implica realmente?

Es cierto que estamos en noviembre y no es la época de bodas por excelencia pero este año el matrimonio ha estado muy presente en mi vida y me gustaría compartir algunas reflexiones acerca de este tema, tan común y a la vez tan poco conocido en su totalidad.

Cuando pensamos en la ceremonia del matrimonio, ya sea civil o religiosa, lo primero que nos suele venir a la mente es la imagen de una pareja rebosante de felicidad y de amor en su gran día. Y, normalmente, esa fotografía no nos permite ver el mundo de emociones y factores que existen detrás de esa imagen.

 

El cambio implica despedida

 

matrimonio despedida

 

Quizás pueda parecer que hablar del matrimonio es un tema baladí, sin embargo no lo es. El hecho de casarse va más allá de esa fotografía idealizada y supone mucho más que firmar un papel. Casarse implica adquirir unos nuevos compromisos con la pareja y con su familia de origen, puede implicar, aunque hoy en día cada vez con menos frecuencia, el convivir con la pareja por primera vez, el compartir una compra importante, el cambiar de estado civil, entre otros muchos cambios. Cada uno de estos cambios, dirigidos al crecimiento y al inicio de una nueva etapa conllevan una despedida de lo anterior. Y como en cualquier cambio que hacemos en nuestras vidas esta despedida de lo conocido puede provocar vértigo, miedo o inseguridad.

 

Por tanto, es normal tener dudas y plantearte todo un abanico de cuestiones cuando estás en el proceso de casarte. Si nos parece normal sentir inseguridad al cambiar de trabajo o al mudarnos a una ciudad nueva, ¿cómo no lo vamos a sentir al dar este paso? ¿qué ocurre que exigimos a los futuros contrayentes que no tengan dudas acerca de esa decisión? O peor, que si se atreven a expresarlas suelan recibir como repuesta “bueno ya se te pasará”, quitándole así importancia a sus sentimientos legítimos y transmitiendo un mensaje de que “de esto no se puede hablar”. Con cada una de estas respuestas el miedo y la inseguridad de la persona no disminuye, simplemente se va acallando y escondiendo hasta silenciarlo. Y es en el silencio que provoca la soledad donde la persona se angustia tanto que puede llegar a plantearse ¿será que no quiero a mi pareja lo suficiente?

 

El mito del amor romántico en el matrimonio

 

matrimonio romantico

 

Y aquí es dónde entra con fuerza el mito del romanticismo. La idea equivocada, pero que sigue grabada a fuego en el inconsciente colectivo, de que el amor puede con todo incluso con los miedos y las dudas. Este mito es tan fuerte que tiene el poder de hacernos dudar de nuestros sentimientos que, a pesar de ser mucho más reales, nos parecen equivocados. Y, por tanto, los escondemos por considerarlos prohibidos, provocando así el distanciamiento de la pareja y nuestro propio aislamiento. Creándose la siguiente paradoja: por amar realmente a mi pareja y plantearme cuestiones naturales siento que no le amo lo suficiente.

En el artículo «La historia no contada de cómo el romanticismo mató al amor» profundizamos sobre este tema.

 

La gestión de conflictos: la comunicación es fundamental

 

matrimonio negociando

 

El proceso de organizar una boda puede resultar altamente estresante, constituyendo fuente de agobio y conflicto entre los miembros de la pareja y, a veces incluso con las familias de origen. Decisiones económicas, familiares y de organización pueden convertirse en un problema para el que raramente se está preparado, porque una vez más el romanticismo impera haciéndonos creer que será un proceso fácil en el que no existirá el estrés. De esta forma, un proceso que suele iniciarse con muchísima ilusión puede resultar a veces muy difícil de gestionar. Y es en este punto dónde es fundamental tener en cuenta que:

Es normal que existan conflictos y discusiones, eso no significa que la pareja no se quiera lo suficiente.

La clave es la comunicación. Hablar y escuchar son las herramientas clave para lidiar con las cuestiones que puedan surgir ya sean emocionales o de gestión. Muchas veces, por el cansancio o el estrés, las parejas no hablan suficiente o se desmarcan diciendo cosas como “me da igual” o “decídelo tú”. Este tipo de respuestas pueden provocar en la otra persona una sensación de soledad y falta de apoyo. Es un proceso de dos y es importante que ambos miembros de la pareja se sientan escuchados y apoyados en sus necesidades y para ello, es fundamental poder comunicarlo. Aunque pueda dar cierto miedo el expresar cómo nos sentimos, quizás por pensar que puede desencadenar una discusión, es mucho mejor para uno mismo y para el bienestar de la pareja poder hablar de ello.

No dejar que el matrimonio eclipse a la pareja. El proceso de organizar una boda requiere mucha energía y dedicación. Hablar y pensar constantemente sobre cuestiones de la boda puede llegar a hacer que se deje a un lado a la propia pareja. Es importante tener presente y ser conscientes de que lo que da sentido a todos los detalles y las cuestiones organizativas es la relación que existe entre vosotros dos. Así que es fundamental dedicar momentos de encuentro en los que podáis alimentar a la pareja, encontrando puntos de amarre que os ayuden a no perderos en el proceso.

Respetando los tiempos propios de la pareja, las necesidades de cada uno y fomentando la comunicación, el proceso de organizar y celebrar un matrimonio puede convertirse en una oportunidad maravillosa de conocer a tu pareja y a ti mismo/a aún más y fortalecer la relación.

 

matrimonio avanzando

 

¿Por qué culpamos a las víctimas?

Casos de abusos sexuales

En las últimas semanas han salido a la luz múltiples casos de abusos sexuales en Hollywood, copando artículos y tertulias en prácticamente todos los medios de comunicación: desde periódicos internacionales (The guardian, The New York Times, BBC news… ), periódicos nacionales (El mundo, El país o La vanguardia por ejemplo), hasta blogs y webs específicas de cine (Fotogramas, Spin-off entre muchos otros), pasando por los telediarios y por distintos platós de televisión. El escándalo comenzó con una acusación de abuso a Harvey Weinstein, a raíz de la cual surgieron muchas otras denuncias salpicando tanto al propio Harvey Weinstein como a otras personas famosas del cine.

Maniquis

¿Qué efecto está teniendo esta súbita cadena de acusaciones en el público en general? Me he dedicado con gran curiosidad a leer las opiniones que los lectores vierten de estas noticias en la sección de comentarios de cada nueva noticia que se publica sobre el tema en Facebook, de cada nueva denuncia de abuso que se hace pública. Para mi sorpresa, he encontrado reacciones fuertemente encontradas; por un lado personas que empatizan con la presunta víctima (la chica o chico que denuncia el abuso), que lamentan que hayan tenido que sufrir esa situación, que se alegran de que por fin se atrevan a denunciar y que condenan cualquier tipo de agresión de este tipo imaginando la cantidad de casos que permanecen en el silencio de ese lugar tan oscuro en el que a menudo acaba atrapada la víctima de un abuso.

Por otro lado, muchas respuestas cuestionan de una forma u otra la versión de la persona que denuncia, tachándola de oportunista o incluso de merecida, cambiando los roles de víctima-agresor de forma que la persona denunciada sería la verdadera víctima de una difamación o de una acusación con intenciones ocultas.

¿Qué nos puede llevar a percibir como culpables a las víctimas de un suceso?

Una de las explicaciones más comunes reside en el hecho de que tras años de silencio, de repente muchas personas se decidan a denunciar. Teniendo en cuenta que se estima que menos de un 10% de los abusos sexuales son denunciados, esto no debería extrañar. El abuso generalmente se da en una relación de asimetría en la que alguien con más poder (por edad, por posición social, por superioridad física…) abusa de otra persona en situación de debilidad. Esta asimetría hace que muchas veces la persona se vea intimidada a la hora de denunciar, que crea que no va a servir para nada o incluso que reciba amenazas explícitas para que no denuncie. Pero no son los únicos motivos que llevan a alguien a no denunciar un abuso: no estar emocionalmente preparado ya que la víctima muchas veces tarda en procesar y aceptar lo ocurrido, minimizándolo, negándoselo o disociándolo, miedo a que se enteren otras personas como familiares, miedo a la retraumatización de tener que revivir el hecho al contarlo o miedo a que no le crean por falta de pruebas y ser juzgado o culpado por lo ocurrido. Este último motivo vendría a verse confirmado con los comentarios que se pueden leer en estas noticias del tipo: “anda ahora resulta que todas las actrices han sido abusdas!” o “vaya otra trepa que se suma a la moda de los abusos”.

Juicio

Este argumentario resulta imposible de sostener en los casos en que las personas denunciadas admiten los hechos, como es el caso de Kevin Spacey, Alec Baldwin o Ben Affleck. En estos casos los comentarios inculpatorios hacia la persona que denuncia se amparan en el supuesto oportunismo de denunciar ahora y no en su momento. Algunos no condenan el abuso y solo cuestionan el por qué de hacerlo público ahora, del tipo “no entiendo porque no lo denunciaron en su momento” o “hay que ver lo que hacen algunas para volver a ser portada, ¿qué pasa que antes esto no vendía?”, pero otros directamente defienden al acusado en la línea de “claro ahora que eres famosa bien que lo dices pero entonces sabías lo que hacías y decidiste dejarte, no hay delito si fuiste consciente y por lo tanto fue una relación consentida por ambas partes”. Ya he expuesto los motivos (¡y habrá más!) que llevan a que la inmensa mayoría de los abusos no se denuncien. Habría que hacerse la pregunta: ¿son más lícitas las denuncias de gente que no ha obtenido beneficios secundarios de un abuso, como por ejemplo, que ahora mismo no es famoso o famosa? O dicho de otra forma, ¿si como consecuencia de un abuso alguien obtiene algún beneficio secundario, su denuncia quedaría desacreditada? Es importante tener en cuenta que un abuso sexual es un abuso sexual al margen de que con posterioridad la persona, además de múltiples secuelas físicas y psicológicas, obtenga un beneficio secundario. Una cosa es ser consciente de que estás siendo abusado y otra muy distinta que eso signifique que has consentido el abuso.

En esta línea también estaría operando el llamado error fundamental de atribución, por el que se enfatizan los factores personales o internos de la víctima, como intereses ocultos, y se minimizan los factores situacionales o externos como el agresor o la asimetría de poder.

Otra explicación que opera en este tipo de reacciones es el sesgo cognitivo conocido como ilusión de un mundo justo. A veces preferimos culpar a la víctima (“se lo merecía” o “ella se lo buscó”) como una forma de defendernos frente a la idea de que nos pudiera pasar a nosotros o a alguien de nuestro entorno. De esta forma, el mundo estaría siendo justo lo cual nos inmuniza frente a la dramática situación de la víctima y además encontramos una explicación que nos hace sentir invulnerables ya que “nosotros no hemos hecho nada para merecerlo”. Este tipo de insinuaciones se pueden leer en los comentarios de las noticias que narran la denuncia que ha puesto Nacho Vidal, por ejemplo.

Siguiendo con motivos defensivos, es posible que lo que lleva al lector a cuestionar a la víctima es un intento de defender un estereotipo de persona con el que se identifica y que se ve amenazado por la noticia. Comentarios del tipo “una feminazi echando espuma por la boca en 3, 2, 1…” u “otra viogen que quiere mandar a un tío al calabozo”, en alusión a la ley actual de violencia de género en España. En estos casos, el estereotipo que represente el acusado hace que la persona que se identifique con él sienta la acusación dirigida hacia alguien de su comunidad o incluso hacia sí mismo y se sienta amenazado. Dicho estereotipo puede ser más genérico o más específico en función de la noticia o de la interpretación del lector: por ejemplo Harvey Weinstein podría representar el estereotipo de hombre blanco heterosexual y occidental que en la noticia parecería asociado a abuso sexual, mientras que Kevin Spacey el de hombre homosexual que quedaría asociado a pederasta, sin especificar raza ni procedencia. De esta forma los comentarios se dirigen a desmentir o negar la asociación que se presupone al estereotipo, pudiéndose leer muchos comentarios que aclaran que la homosexualidad y la pederastia no tienen relación o sugiriendo que el feminismo más radical ha emprendido una caza de brujas contra el hombre.

Algunas estrategias para hacer frente a este efecto son: la descategorización por la que consideras al acusado como ajeno a tu grupo, la recategorización por la que buscas un elemento diferenciador que hace que ya no pertenezcas a su grupo, la creación de un subtipos (por ejemplo crear un subtipo al estereotipo de hombre poderoso como el de hombre actor/productor poderoso, de forma que ya no nos incluye en su categoría) o la búsqueda de contraejemplos que es el modelo de conversión (como el caso de actores y actrices famosos que sí denunciaron que se estaban produciendo abusos).

Faltaría por incluir en esta lista de posibles motivos para culpar a una víctima los relativos a características personales de quien comenta, como su educación, sus valores, su historia de aprendizaje (como haber sido víctima de una denuncia falsa de abuso o conocer a una persona que haya sufrido abusos sexuales), su opinión o su relación con la persona que denuncia o el denunciado, su capacidad de empatía y un largo etcétera.

Influencia de los Medios de Comunicación

Medios de Comunicación

Una crítica que se puede leer en los comentarios está relacionada con la Teoría de la agenda-setting por la que un tema se convierte en relevante en tanto en cuanto los medios de comunicación le dan cobertura, de forma que son los medios los que terminan por decidir qué es importante. Es difícil distinguir cuando se cubre una noticia por la relevancia social que tiene o cuando tiene relevancia social una noticia porque los medios la cubren. Esto se observa en algunas noticias que parecen “de moda” durante un época y que luego caen en el olvido, sobre todo en política. En este caso podría explicar que denuncias que se habían hecho en el pasado no tuvieron cobertura mediática y pasaron desapercibidas.

Un efecto de esta teoría sería la Teoría del cultivo que defiende que la exposición progresiva a los mensajes que se repiten en los medios se instauran en nuestra forma de comprender el mundo, de forma que los medios de comunicación nos estarían moldeando. Hoy en día esta influencia se vería reducida gracias a las redes sociales y al intercambio casi instantáneo de opiniones, como por ejemplo las posturas encontradas frente a las noticias de los abusos o los millones de tuits que dan voz a personas individuales e incluso anónimas.

Por último destacar el conocido Efecto tercera persona por el que la persona percibe que los medios de comunicación están influyendo en los demás y no en nosotros mismos, de forma que desacreditamos opiniones contrarias ya que estarían sesgadas y reafirmamos nuestra postura ya que la consideramos genuina y libre de influencia externa. Con esta línea de descalificación se terminan algunos intercambios de comentarios que defienden opiniones dispares.