La cara oculta de la música y el sonido

Por experiencia propia sé que la música puede resultar beneficiosa para el organismo a no ser que escuches el Fary o King África. Con poco que escarbes en bases de datos científicas, Mozart se convierte en una herramienta eficaz para el tratamiento de trastornos de memoriaAlzheimer1 o para reducir la cantidad de sedante necesaria en pacientes paliativos. (Siendo repelentes, las teclas de un piano o la cuerda frotada de un violín modifica los niveles de somatotropina, disminuye la adrenalina y la interleukina-6 en el organismo2).

Nombres raros y detalles biológicos al margen… ¿cómo es posible que la música pueda tener un impacto medible sobre las adrenalinas y demás «inas»? Solemos explicar los efectos del sonido sobre el organismo señalando con el dedo al sistema nervioso central. El oído traduce los «dos» y los «res» musicales a un lenguaje electroquímico que las neuronas son capaces de entender y, solo cuando sonido y neuronas hablan el mismo idioma, se inicia una reacción biológica en cadena que altera la percepción humana. O al menos eso creía la neurociencia hasta el momento.

Durante mis últimos pinitos en la facultad leí un artículo respondón que le dio una patada en la entrepierna a la explicación convencional que acabamos de ver. Este estudio demostraba de forma simple y elegante, que un sonido es capaz de influir en el comportamiento de un puñado de células secuestradas en una placa de cristal dentro de una incubadora.

 

 

Poniendo al estudio zapatillas de andar por casa vemos que una célula no tiene cerebro ni orejas que sepamos. Por lo tanto, es poco probable que sus oídos transformen la señal acústica en carne de neuronas o que un sistema nervioso inexistente dé lugar a un cambio en la percepción de la célula. Los resultados eran contundentes: la música de Mozart mejora la supervivencia y la multiplicación celular3-4. Es una idea revolucionaria. ¿Por qué? Porque nos hace mirar al sonido como un agente físico, es decir, como una energía capaz de afectar directamente a la vida sin ayuda de ningún sistema nervioso o neurona. Flipé en colores.

 

El comodín de la llamada: Juan Ma Morillo

Al más puro estilo de «Quieres ser millonario», ese programa donde los concursantes debían responder una serie de preguntas y podían llamar a un amigo para que le ayudara a responder a una de ellas, he contactado con Juan Ma Morillo. Juan Ma lleva muchos años trabajando en el ámbito de la terapéutica, la música y el sonido, así que me venía com anillo al dedo. Os dejo aquí su visión del asunto.

Muchas gracias por contar conmigo, David. Efectivamente, casi toda la investigación relativa a efectos beneficiosos de la música implica alguna mediación del sistema nervioso, especialmente a través del sistema límbico estrechamente relacionado con las emociones, o con la corteza prefrontal y nuestra memoria autobiográfica. Todo ello constituye la base de la musicoterapia tal cual se entiende hoy en día como disciplina que busca la mejora de la calidad de vida y de la salud empleando la música o sus elementos (sonido, ritmo, melodía, armonía).

Sin embargo, desde hace ya muchos años se sabe de la importancia del sonido, más allá del fenómeno musical, sobre los sistemas fluidos. En este sentido, los experimentos de cimática son verdaderamente esclarecedores. En este vídeo, podéis conocer más sobre ello.

https://www.youtube.com/watch?v=L5wcfbB79Mo

Y teniendo esto que más del 70% de la composición de los tejidos vivos es agua, cualquier vibración sonora puede tener una gran repercusión en la disposición molecular y en la dinámica celular. Derivada de esta premisa, se ha ido desarrollando una rama de conocimiento que es la terapia vibroacústica, que aplica sonidos de la parte grave del espectro audible (sobre todo, entre 60 y 600 Hz) para conseguir efectos terapéuticos, como la reducción del dolor, la mejora de la osteoporosis o de la función respiratoria.

 

 

Por otro lado, algo aparentemente anecdótico pero que creo que encierra gran sabiduría es la función del ronroneo de los gatos. Experimentando con mi propia voz, con el gemido, con sonidos graves y mantenidos, con lamentos, sobre todo cuando me siento con algún dolor físico, o resfriado, he podido comprobar una mejoría física notable y una recuperación mayor. Esto me hizo pensar en qué sucedía en los gatos. Y, como la vida es sabia, vi publicado en el periódico hace un par de años un artículo sobre el posible efecto terapéutico del ronroneo. Indagué, intenté conseguir alguna fuente más de lo escaso que se sabe sobre ello, y realmente parece que la frecuencia del sonido que habitualmente emplean los gatos ayuda en la cicatrización ósea y la mejoría de síntomas respiratorios. Esto parece traducirse en menor número de complicaciones tras intervenciones veterinarias en los gatos con respecto a los perros, por ejemplo.

Apenas existe base científica sobre el uso de cuencos tibetanos o de cuarzo, o del empleo del canto de armónicos sobre parámetros fisiológicos en el ser humano, pero quienes los han experimentado o practicado, describen sensaciones muy intensas y profundas que conectan con el bienestar. Aunque sabemos muy poco a nivel científico, la experiencia nos indica el gran poder del sonido más allá del componente emocional de la música.

Aplicando la ciencia la día a día

Muchos conocéis mi «obsesión» (podría perfectamente dejar de usar comillas) por acercar la ciencia a la cotidianidad de las personas. Por ello, nos preguntaremos abiertamente: «David…¿y de qué carajo me sirve a mi que el sonido afecte a las células para pagar las facturas, salir de un resfriado o dejar de pelearme con mi suegra?». Vamos al lío.

Las personas somos capaces de generar sonidos por medio de las cuerdas vocales (algo así como una amalgama de pliegues musculares que vibran). Entonces, si las personas producimos sonidos y el sonido influyen en la supervivencia, multiplicación y diferenciación celular… ¡las personas tenemos el potencial de influir no solo sobre nuestras propias células sino también sobre las supervivencia, multiplicación y diferenciación de las células de la vecina del quinto! Aunque pueda parecer una auténtica locura, física y biológicamente es factible.

El pensamiento que se convirtió en sonido

Estamos a punto de descubrir que los sonidos emitidos por nuestras cuerdas vocales están estrechamente relacionados con las cosas que pensamos y sentimos. Desgranemos un par de ideas antes de llegar al fondo del asunto.

 

 

Todas las personas, las que nos caen bien y las que nos caen mal también, tenemos en el hemisferio izquierdo del cerebro un módulo que se conoce como «el intérprete». Este módulo neuronal es el encargado de proponer pensamientos en cada situación de vida, y es el responsable de que nuestro querido cerebro piense con la misma naturalidad que el corazón bombea sangre o los pulmones aire. Vamos al ejemplo.

El intérprete de una persona que esté leyendo este artículo puede llegar a proponer el pensamiento «David está como un cencerro» o «las investigaciones de David son revolucionarias». Al usar el pensamiento «las investigaciones de David son revolucionarias», es decir, al poner la atención sobre él, el cerebro traduce la propuesta en una emoción que el resto de las células del cuerpo son capaces de entender. Se ha producido un cambio, una transformación de energía electroquímica (pensamiento) a energía química (emoción). Las emociones nos empujan a actuar en el 80% de las veces y, cada acción, trae consigo unas consecuencias o resultados.

El resultado puede tomar diversas formas. Desde compartirlo en la red (mensaje  subliminal) hasta decirle a un amigo «esta mañana he leído un artículo increíble». En este segundo caso, la energía acústica que utiliza tu garganta para transmitir el mensaje «esta mañana he leído un artículo increíble» es la misma energía del pensamiento «las investigaciones de David son revolucionarias» manifestada de diferente forma. Acabamos de aplicar el principio de conservación (la energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma) al día a día. 

El efecto del miedo y la confianza sobre las células

En resumen: cada palabra que decimos, cada sonido que sale de nuestra boca, está relacionado con las cosas que pensamos y sentimos y, al mismo tiempo, el sonido tiene el potencial de influir sobre el comportamiento de las células.

Aunque todavía nos faltan muchas piezas del puzzle por colocar, ya estamos manos a la obra. En los últimos meses he diseñado una serie de experimentos con el objetivo de estudiar el efecto de sonidos generados a partir de pensamientos de confianza o miedo sobre células vegetales y humanas. Como dijo aquel en el Un, dos, tres: «hasta aquí puedo leer» por el momento.

Si te apetece aportar ideas, participar o acceder a los resultados de mis investigaciones puedes escribirme (daviddelrosario.com@gmail.com), podemos mantener el contacto por redes o coincidir en algunos de los eventos que realizo por España y América.

REFERENCIAS

[1] Cowles, A. y otros (2003). Musical skill in dementia: a violinist presumed to have Alzheimer’s disease learns to play a new song. Neurocase. 9(6):493-503. 
[2] Conrad, C. y otros (2007). Overture for growth hormone: requiem for interleukin-6? Crit Care Med.; 35(12):2709-13.
[3] de Deyne, P. G. y otros (1995). In vitro effects of therapeutic ultrasound on the nucleus of human fibroblasts. Phys Ther. 75(7):629-34. 
[4] Jones, H. y otros (2000). Acoustic energy affects human gingival fibroblast proliferation but leaves protein production unchanged. J Clin Periodontol. 27(11):832-8.

REFERENCIAS DE JUAN MA

Boyd-Brewer C, McCaffrey R (2004). Vibroacoustic sound therapy improves pain management and more. Holist Nurs Pract.,18(3):111-8.
Cook T.F. (1973). The relief of dyspnoea in cats by purring. New Zealand Veterinary Journal, 21, 53-4.
http://www.thepowerhour.org/news4/The_Feline_Purr.htm

¡Quiero mi zanahoria!

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¿Cuál es tu zanahoria?

 

Es un nuevo coche, un ascenso en el trabajo, tener una vida perfecta, conseguir pareja, o tal vez es, encontrar la felicidad, viajar a la Antártida o terminar una prueba ironman. ¿Qué sueños, proyectos y deseos tienes?

Muchos de nosotros, entre los cuales me incluyo, tenemos idealizaciones, motores en nuestra vida que nos impulsan para avanzar, saltar situaciones y superarnos. Incluso dentro de las técnica del Coaching trabajamos con un lenguaje orientado a objetivos, acompañamos para conseguir lo que quieras y alcanzar tus sueños, transformándolos en en visión mediante la acción.

Posiblemente si te paras a pensar, encuentres a tu alrededor, un campo lleno de zanahorias que te gustaría conseguir. Hoy quiero pararme a reflexionar sobre si esa zanahoria que tanto ansiamos, es ecológica o por el contrario lleva demasiados pesticidas dañinos para nuestro cuerpo y mente.

Me estoy refiriendo en concreto a que en muchas ocasiones, ese ideal que imaginamos, es un introyecto adquirido de nuestros padres, aquello que ellos no pudieron alcanzar y nosotros como hijos debemos esforzarnos para conseguir, está movilizado por la culpa, por los ideales de la sociedad, por la empresa en la que trabajo o por tantos otros factores.

Es un ideal bastante tirano, que nos mueve hacia la acción, hacia el hacer y nos separa del contacto con nuestro ser. Como apunta Reyes en su libro El origen de la infelicidad:

 

«La zanahoria es la trampa que desea el conejo, pero que en realidad es su perdición» . (Reyes, 2015).

 

Su perdición porque una vez conseguida, nuestra mente vuelve a concentrarse en otro ideal casi inmediatamente (Reyes, 2015). Por tanto, nos requiere un esfuerzo continuo.

En ciertos caracteres, (psicopáticos, eneatipos 6 y 3 del Eneagrama), esta tendencia al esfuerzo se acentúa aún más. Son muy esforzados, no encuentran su sitio en el trabajo, en la familia, en la vida y todo se convierte en un esfuerzo para conseguirlo. Les cuesta rendirse y reconocer sus propios límites. Hay una mirada hacia el futuro desde el miedo al fracaso y desde el qué van a pensar de mi. Si me rindo, habré fracasado, no puedo doblegarme ahora, no puedo doblar mis rodillas, van a ver mi debilidad.

En lo que he podido ir explorando en mi propio carácter y en el de personas a las que he acompañado en sesiones de coaching y terapia, detrás de este esfuerzo tan intenso hay un tirano, un policía al que le cuesta doblegarse, y sobre todo, una gran desconexión con su ser real. Dificultad para abrir el corazón y mucho apoyo en el exterior, en cuestiones que nada tienen que ver con él o ella. Una obligación por hacer todo bien de cara a la galería.

 

¿Qué puede ayudarnos para conectar con nuestro equilibrio?

 

Fundamentalmente, contactar con nosotros mismos desde la ternura, desde el amor y la aceptación de nuestros límites. Mirarnos al espejo y tener la valentía de ver nuestra vulnerabilidad. Trabajar la espontaneidad como una manera de decir lo que pensamos, sin medias tintas, y sin ocultarnos bajo nuestro caparazón de frialdad.

Recoger las proyecciones que lanzamos, culpabilizando a otros y bajar el tono de la culpa que sentimos dentro de nosotros mismos. Responsabilizarnos de lo que queremos y de lo que somos.

 

Una zanahoria ecológica

 

Por ello creo que es importante que  recordemos que cualquier objetivo que queramos marcarnos en nuestra vida sea real, alcanzable, medible y en mi opinión, por encima de todo, que sea ecológico. Es decir, que lo que queremos alcanzar está en sintonía y equilibrio con nuestro SER y con nuestro entorno. Que hagamos el planteamiento desde el cuidado y amor.

 

Y qué hay de nuestra felicidad

 

Reyes, plantea en su libro algunas ideas:

 

«Podemos aprender a vivir sin zanahoria, con la libertad de aquel que no la necesita o perseguir la zanahoria sin que nuestra felicidad dependa de ello». (Reyes, 2015).

 

Que nuestra felicidad no dependa de factores como tener una casa más grande, una profesión de mayor prestigio, una pareja más perfecta, ser más alto o más delgada, etc. Dejar de proyectar a un futuro incierto y volver a confiar, con una mirada en lo único que tenemos, el presente.

 

Bibliografía:

Adorna Castro, R. (2015). El origen de la infelicidad. Bilbao. Desclée De Brouwer.

Albert Gutiérrez J.J. (2014). Ternura y Agresividad. Barcelona. La Llave.

 

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El mapa de tus creencias no es el territorio 

Respuestas que no están en Google

Pregúntale a Google

Muchas personas nos hemos acostumbrado a buscar en Google cualquier duda que tenemos respecto al uso de un término, a cómo sucedió exactamente algo, dónde podemos encontrar un determinado producto, qué conocimientos nos puede ampliar acerca de un tema…

Si quieres saber algo, pregúntale a Google: cursos, restaurantes, obras de teatro, libros, enciclopedias, artículos divulgativos, artículos de regalo, artículos para el hogar…Buscamos respuestas en Google.

Qué fácil es hoy en día encontrar información, por lo menos en cantidad, la calidad ya es otro tema.

¿Qué pasa cuando Google no tiene respuesta?

Sin embargo, hay preguntas para las que Google no tiene respuesta. Cuando me pregunto qué hacer en este momento de la vida, qué sentido tiene la forma en la que estoy viviendo, cómo manejar una situación, si estaré actuando de forma acertada…Me siento tentada a preguntarle a Google. Quisiera teclear lo que siento, darle al enter y que apareciese una respuesta transformadora.

respuestas

Pero no hay respuestas y mucho menos respuestas transformadoras. Google no puede responder a estas preguntas, a lo sumo podemos echar una tirada de cartas del tarot online, pero tampoco esas respuestas serán la respuesta, a menos que ésta la sintamos nacer del corazón.

Y ese es el quid de la cuestión. Cuando Google no tiene respuesta, no nos queda otra que mirar hacia dentro.

Mirar hacia dentro no es cerrar los ojos

Mirar hacia dentro no significa perder de vista el mundo alrededor, ni dejar de apreciar y tener en cuenta cómo el otro nos puede hacer de espejo y darnos pistas importantes sobre nosotros mismos.

Mirar hacia dentro es la capacidad de ver al otro y verme a mí misma, con el otro, en el otro y en mí.

Ahora bien, ocurre a menudo, o al menos esa es mi experiencia, que me pierdo en el otro, me voy con el otro y con lo otro sin mantener un pie en mí misma.

Huir de una misma

Internet, entre otros grandes inventos del s.XXI, tira hacia lo externo, lo superficial. La gran cantidad de información y datos en los que podemos sumergirnos, nos sacan de nuestro centro dispersando fácilmente nuestra atención de una lugar para otro.

huir de una misma

Si parece que nunca fue fácil mirar hacia dentro, las nuevas tecnologías todavía lo dificultan más.

Por supuesto, hay que reconocer la aportación que suponen y el buen uso que se pueden hacer de ellas, pero eso no quita que su acción en nosotros tienda a llevarnos hacia fuera. Y es tan fácil huir de una misma. Incluso diría que a veces es tentador, ya que no siempre se siente una preparada para sostener aquello con lo que se puede encontrar.

Nos encanta la seguridad

Son muchos los mecanismos para huir de una mirada profunda y honesta hacia uno mismo. A lo largo de la historia las religiones, doctrinas e ideologías de distinta índole han servido a este respecto.

Tampoco entonces había respuestas y de ahí que encontrar un dogma o una ideología a la que aferrarse parece que ha sido siempre una vía fácil y aparentemente tranquilizadora. Nos encanta la sensación de seguridad, aunque esté construida sobre un precipicio y la Vida, en constante cambio y transformación, no sabe nada de seguridad.

En aras de la sensación de estabilidad, somos capaces de agarrarnos a un clavo ardiendo, buscando respuestas a las que aferrarnos y que nos den esa seguridad que tanto anhelamos.

Queremos fórmulas. Que nos aseguren que si hacemos esto y aquello obtendremos lo que deseamos y no siempre estamos dispuestos a cuestionar el sentido de lo que deseamos, ni la precariedad de las respuestas a las grandes preguntas de la vida.

De hecho, me atrevería a decir que esa es una de las causas inmediatas de la proliferación de terapias, cursos y charlas para atraer la abundancia, para ser positivos, para tomar las riendas de nuestra vida, etc. ¿No ando buscando que alguien desde fuera me de la llave? ¿Y si no hay llave? ¿Y si la llave está dentro? ¿Y si resulta que esa llave abre otras puertas que no son las que yo pensaba?

En el ojo del huracán

Pero no hay respuestas que desde fuera nos puedan proporcionar ninguna tranquilidad. Toda tranquilidad que proceda de algo que hemos asimilado desde la superficie va a ser sólo aparente.

La verdadera tranquilidad es aquella que procede de la capacidad de situarnos en el ojo del huracán. Aunque todo alrededor se transforme constantemente, hay en lo más profundo de nosotros una forma de estar que es testigo de todo lo que va y viene, el ojo del huracán inmóvil en el centro de toda la vorágine.

ojo del huracán

Lo más curioso es que desde ese lugar ya no se buscan respuestas sino que se viven esas respuestas, se es la respuesta y las preguntas siguen latiendo como horizonte de comprensión del Misterio de la Vida.

Soy

Situados en el ojo del huracán, en el centro del corazón nítido, se abraza el Misterio como tal, sin intentar responderlo, y sin embargo, y esta es la paradoja del Misterio, al abrazarlo, el Misterio se disuelve en un grito de dicha : “¡Soy!”.

Google puede satisfacer nuestra curiosidad o darnos información sobre el mundo, pero nunca nos desvelará el corazón de este mundo, su secreto, porque este secreto sólo puede des-cubrirse en el corazón.