La aceptación, base de la realización espiritual

Cada vez que vuelvo a escuchar a Mónica Cavallé aprendo. Da igual que ya haya escuchado esa misma conferencia varias veces. Aparecen nuevos matices o incluso se abren nuevas puertas a lo profundo.  Quizá esto tenga que ver con mi propia evolución o con los momentos que transito. No sé. Lo cierto es que siempre me enriquece. Siempre salgo de ese contacto con Mónica más rica de lo que llegué. Y, por eso, te invito a visitar esta disertación sobre la aceptación como camino espiritual. Si quieres escuchar la conferencia completa, tienes el vídeo al pie del artículo. Aquí me ha interesado traer sólo una pequeña parte de ella, la que habla de la aceptación como camino, no solo hacia la salud mental y emocional, sino también como camino hacia de realización espiritual.

Después de escucharla, meditarla, releerla, me pregunto si realmente cabe salud mental y emocional sin apurar la aceptación en toda su extensión… En otras palabras, si realmente es posible estar sano mental y emocionalmente, sin transcender. Y más allá, si se puede llegar a ser realmente feliz en la vida sin transcender… Yo ya tengo mi respuesta ¿y tú? Siéntete libre para dejar tus comentarios al post. Me gustará leerlos.

 

Aceptar es superar la dualidad entre lo que “es” y lo que “debería ser”.

A veces, detrás de esa expresión de “debería ser” camuflamos lo que en realidad no es más que lo me “gustaría” a mí que fuera. Sin embargo, en otras ocasiones, detrás de ese “debería ser” hay una legítima aspiración ética. A este respecto, hay que distinguir entre la aspiración ética a que las cosas se desarrollen de la mejor manera posible. Lo que es legítimo. Y la pretensión de que las cosas sean, aquí y ahora, de una determinada manera. Esto último es discutir con la realidad, sin aceptar que las cosas son lo que son. Son lo que pueden ser en cada momento, considerando los factores implicados.

No tiene nada que ver el “debería” como una aspiración con el “debería” como una exigencia de que las cosas sean de una determinada manera aquí y ahora. Detrás del sufrimiento está este error: hemos transformado nuestras preferencias legítimas en exigencias. Obviamente vamos a preferir unas situaciones a otras, pero sólo cuando creemos que unas deberían prevalecer es cuando sufrimos.

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Anhelo de perfección del “Yo ideal” vs. aspiración de excelencia del “Yo profundo”

Y otra matización en línea con lo anterior es que no hay que confundir el anhelo de perfección del “Yo ideal” con la aspiración de excelencia del “Yo profundo”. Y hay formas de ver qué es lo que está operando en cada caso. Al “Yo ideal” le incomoda profundamente la verdad que le cuestiona (la verdad que le dice que no es perfecto). Por el contrario, cuando estamos conectados con el impulso hacia la excelencia del “Yo profundo”, que es el impulso hacia el crecimiento que nos constituye, una señal de ello es que no nos perturban nuestras limitaciones. Al revés, cuando algo se descubre, cuando tomamos consciencia de una limitación que antes no veíamos, hay agradecimiento por esa toma de consciencia. Decimos gracias y acogemos a nuestro “Yo real”.

Mónica Cavallé cree que cuando se supera esta grieta, cuando se supera esta dualidad entre lo que “es” y lo que “debería ser”, ya sea con relación a la experiencia que ocurre en el exterior ya sea con relación a la experiencia que ocurre en nuestro interior, es cuando irrumpe lo profundo.

Esto puede tener lugar en la vida cotidiana y muchos habremos tenido esta experiencia en momentos sencillos, aparentemente anodinos, en los que, simplemente, estamos totalmente reconciliados con el ahora. En nuestra mente no existe esa dualidad. Son momentos que se convierten en grietas por las que puede irrumpir lo que realmente somos.

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La aceptación es la base de la salud psicológica y emocional

La aceptación así practicada es importantísima. Es la base de la salud psicológica y emocional. En primer lugar, la aceptación así entendida es lo que elimina la raíz del sufrimiento evitable porque abandonamos la obstinación. Ese apego a nuestras ideas sobre como deberían ser las cosas que nos hace estar constantemente en conflicto con la experiencia presente.

Pero también porque la falta de aceptación conduce a la desintegración, a la división psicológica. Estamos permanentemente escindidos y en lucha con nosotros mismos, desintegrados. Y la aceptación así practicada conduce a la integración y a la unificación.

Y también es importante para la salud psicológica y emocional porque las emociones tienen un ciclo natural de vida. Y cuando ese ciclo no se culmina y hay sentimientos que no han terminado de ser sentidos y experiencias que no se han apurado… Todo esto que no se ha terminado de vivir se convierte en energía anímica estanca, tóxica, que es una fuente de bloqueos, de sufrimientos, de reactividad porque estamos proyectando todo eso continuamente en el mundo exterior. Y esto es lo que hace que muchas personas a lo largo de la vida, en vez de que con los años cada vez se sientan más sueltos, más ligeros, se sientan más bloqueados.

Y en esto no hay atajos. El crecimiento y el desarrollo interior solamente vienen cuando no hay negación, cuando no hay evitación. Solo asumiendo nuestra debilidad, conocemos nuestra verdadera fortaleza. Solo aceptando nuestra tristeza, nos volvemos personas más felices.

Pero la aceptación no es sólo la base de la salud sino también la base de la realización espiritual. En primer lugar, porque la aceptación libera cualidades y fuerzas transpersonales que están siendo bloqueadas por el “Yo superficial”. Veámoslo.

La aceptación libera cualidades y fuerzas transpersonales

Todos queremos ser felices. Y pensamos que vamos a alcanzar esa plenitud de forma condicionada, poniendo condiciones. Seré feliz cuando logre esto, cuando supere esto otro… Cuando consiga esas cosas con las que neutralice la sensación que en el presente tengo de carencia, de limitación… Y también a través de la negación. Evitando todo aquello que me hace sufrir o luchando contra aquellas cosas que creo que se interponen en mi camino hacia la felicidad. Pero por esta vía de poner condiciones y a través de la negación, no podemos alcanzar los estados esenciales, esos estados del Ser, que son la resonancia del “YO profundo”. Porque esos estados se caracterizan, precisamente, por ser incondicionales y por no alcanzarse eliminando o eludiendo nuestras limitaciones, sino asumiéndolas, integrándolas, pasando por ellas.

Dicho de otro modo. Muchas personas que se empiezan a interesar por el trabajo interior de tipo espiritual, filosófico, psicológico, al principio lo que quieren es tener algo que no tienen o abandonar y superar algo que tienen y no les gusta. Y muchas personas se vuelven adictas a las modas de trabajo interior de cualquier tipo, precisamente porque con esta dinámica llegan a un punto de no avance. Y este punto de no avance es el punto en el que hace falta la rendición. Por eso van de una práctica a otra, de un camino a otro, hasta llegar siempre a ese callejón sin salida y no terminan nunca de alcanzar el punto de la transformación. Porque ese punto lo que exige, precisamente, es abandonar ese esquema de ambición y de lucha. La aceptación acalla la mente inquieta, la mente que compara, la mente que quiere algo que no tiene o que quiere librarse de alguna condición presente. La aceptación acalla el “Yo superficial” y, por eso, permite que aflore el Ser esencial.

La aceptación nos revela que no hay otra plenitud que aceptar plenamente el ahora, que no hay otro camino ni otra plenitud que sencillamente Ser. Y esto no resulta fácil de admitir. Cómo voy a descansar en mi aquí y en mi ahora si mi situación interna o externa es un desastre total… Como decía un amigo… “¿pero así, aquí, con estos pelos…?” Si, y la cuestión es experimentarlo. Esto es una invitación. Y si se piensa que no es así, adelante. Porque, como antes decía, el único camino que tiene sentido es la sinceridad.

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La aceptación me lleva a la conexión con mi Ser, con mi “Yo espiritual”

No puedo descansar en la paz y en la plenitud de mi propio Ser, si pretendo evitar lo que me resulta incómodo, disonante… El “Yo espiritual” está precisamente detrás de todo eso. Al otro lado de todo eso. Y se alcanza al asumir todas las dualidades de la existencia, de nuestra propia experiencia. Y por eso puedo llevar a cabo todo tipo de prácticas espirituales y puedo poner toda mi voluntad en ello, sin alcanzar mi centro. Y en cambio con la práctica de la aceptación, así entendida, como un fruto indirecto, no buscado, siempre se alcanza esta experiencia de lo profundo que, en ocasiones, requiere atreverse a pasar por esa noche oscura de los sentimientos no plenamente vividos.

Y lo interesante de este camino es que es un camino experiencial, un camino que no requiere asumir ningún tipo de dogmas, ni de creencias, ni apuntarse a ninguna enseñanza ni a ninguna filosofía. Lo que uno vea y comprenda, lo va a ver y lo va a comprender de primera mano. Y quizá comience a entender, a intuir, cosas que ha leído y que ha visto en ciertas enseñanzas tradicionales pero lo interesante es que no será una mera “opinión verdadera” sino una comprensión sentida, fruto de haber alcanzado esa comprensión de primera mano.

La aceptación nos sitúa en la posición del testigo.

Y también la aceptación es un camino hacia la salud, hacia la realización espiritual, porque nos sitúa en nuestro centro, en el testigo. Porque la aceptación sólo es posible en ese lugar de nosotros mismos dónde estamos con los contenidos de nuestra experiencia, pero no estamos identificados y confundidos con nuestros sentimientos, impulsos, juicios mentales… Advertimos que estos van y vienen, no nos dejamos confundir con ellos y descansamos en ese testigo interior que se limita a presenciar todo esto. Porque la naturaleza del testigo, la naturaleza de la conciencia testimonial es la aceptación. Es un abrazo dado a todo, desde un espacio de perfecta ecuanimidad, que todo sostiene, que todo acoge.

Y esto es interesante porque si esto es así, la aceptación no es, en realidad, un acto volitivo. No es el “pequeño Yo” decidiendo si acepta, si no acepta… Nuestra naturaleza profunda es ya aceptación. Y por eso, desde ahí, no queremos que nada sea distinto de lo que es. Pero no como si esta fuera una opción entre otras, sino porque ahí somos lo que «es». La afirmación de lo que “es”, es la muerte del “Yo superficial”. Por el contrario, afirmar lo que “es”, es desde este nivel, desde el “Yo profundo”, la más radical auto-afirmación.

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La aceptación culmina en la entrega.

Y, en último lugar, la aceptación es también un camino para la realización espiritual porque culmina en la entrega. Veámoslo.

Podemos decir que el grado más elemental de aceptación es acepto lo que “es” porque “es”, porque es inevitable, porque no tiene ningún sentido luchar contra la realidad.

Esta aceptación madura un poco más cuando entendemos ya no sólo que es inútil luchar contra lo inevitable, sino que no tiene sentido juzgar con nuestra mente limitada la totalidad de la que formamos parte, el misterio en el que estamos envueltos, cuando, incluso, nuestra propia inteligencia es algo que no nos hemos dado a nosotros mismos y que es una manifestación de esa inteligencia única que nos sostiene.

Y esta aceptación se profundiza y madura, aún más, cuando se traduce en la confianza plena de que podemos lanzarnos al vacío y atravesar la confusión, la incertidumbre, sabiendo que la inteligencia de la vida se ocupará de nosotros. Y hemos descubierto, tras saltar al abismo, que no es un abismo en el que caemos, sino un abismo en el que flotamos. Y sabemos (y ya no es una creencia consoladora sino una comprensión saboreada) que la realidad, en último término y en su fondo, es inteligente, es benéfica, que nuestro propio fondo es benéfico y digno de confianza. Y en esta certeza ya no tememos dejarnos ser lo que somos. Y cuando es así, cuando la aceptación impregna nuestro ser total, cuando se convierte en nuestra actitud básica ante la vida, pasa a ser entrega, pasa a ser rendición.

Hay dos formas básicas de estar en la vida

Digamos que hay dos formas básicas de estar en la vida. Una forma que podemos describir como auto-centramiento, auto-referencialidad. Tengo la pretensión de que la vida, la existencia, las situaciones y los demás se ajusten a mis ideas sobre cómo deberían ser las cosas.

Y otra forma de estar en la vida que es el auto-descentramiento. Entiendo que yo no estoy aquí para ajustar la vida a mis ideas. Que yo no soy el maestro o la maestra de la vida… (Es ridículo, ¿no? Millones y millones de personas en el mundo y todas ellas intentando adaptar la vida a sus conceptos, a sus deseos). Sino que la vida es la maestra y yo estoy aquí para ajustarme a la realidad.

Y en estas dos alternativas no hay término medio. Se tiene que dar una completa conversión. O lo uno o lo otro. Las tradiciones sapienciales insisten en que el objetivo de la filosofía, el objetivo de la espiritualidad es vivir en armonía con la realidad, con el orden de las cosas.

Una frase muy típica de Nisargadatta dice: “En mi mundo todo marcha bien”. Porque seguiré teniendo problemas y dificultades. Pero ninguna de esas cosas amenaza mis objetivos o choca con mis objetivos. Porque, aunque tengo planes, preferencias, por encima de todo, he decidido que mi único objetivo es aceptar lo que “es”.

Auto-centramiento vs. auto-descentramiento

En el primer caso, en el auto-centramiento, voy a incurrir en el intento de manipular la realidad y habrá miedo, frustración, resentimiento, impotencia, sin sentido. Aunque las cosas me vayan bien, habrá miedo, porque sé que ese ir bien es frágil, es temporal.

Y en el segundo caso, la fuerza de la vida irá a mi favor y yo voy a ir a favor del curso de la vida. La inteligencia y la fuerza de la vida serán las mías. Y este auto-descentramiento es lo que en el lenguaje religioso se llama la entrega a Dios, la entrega a una voluntad superior. Mi centro se desplaza. Mi centro ya no es mi voluntad personal aislada. Sino que esta voluntad se alinea con una voluntad más amplia, con una realidad más amplia que reconozco como mi verdadera identidad.

¿Estoy renunciando a algo?

Ha habido dos formas de entender esta entrega sin condiciones al poder superior. Una forma de entender la entrega, cuando el esquema religioso ha sido dualista es: “anulo mi voluntad a favor de un poder superior”.

Para las tradiciones sapienciales y las tradiciones místicas no dualistas no es así. No niego mi voluntad a favor de la voluntad divina, sino que sencillamente comprendo que esta dualidad es una ilusión. Que yo como individuo no soy el centro ni la fuente de mi propia vida, no soy un agente causal último, sino un canal de una inteligencia y de una fuerza transpersonal que supera y transciende mi yo personal. Con lo cual, en esta entrega, no se renuncia a nada. Se renuncia, sencillamente, a una ilusión.

Las claves de la aceptación

Puedes leer más sobre las claves de la aceptación en mi artículo “Transformarte: de la aceptación a la transformación”

Un abrazo de corazón,

Ana F Luna

PCC Coach y Máster en Psicoterapia

Consulta y Formación

Bibliografía:

Conferencia Mónica Cavallé sobre la Aceptación

Dejar de fumar y el peso ideal

Dejar de fumar predispone a engordar y se conocen las razones que lo explican. Los cambios se producen, especialmente, en los tres primeros meses. Según los estudios, se sube entre 3 y 5 kilos de media. Sin embargo, todo tiene remedio y esto también. Los kilos de más pueden ser una cuestión simplemente transitoria. De hecho, hasta el 20 % de las personas que dejan de fumar vuelven al peso que tenían antes o incluso adelgazan respecto a él, pasado un año. Puedes volver a tu peso ideal.

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La nicotina acelera el metabolismo

La nicotina incrementa el metabolismo basal por lo que se quema más grasa y se eliminan calorías. Al cesar la ingesta de nicotina, esas calorías que antes se eliminaban, pasan a acumularse.

La solución viene de la mano de encontrar otra fórmula que nos ayude a quemar esas calorías extra que ahora acumulamos. Y podemos quemarlas de una forma más saludable, por ejemplo, haciendo deporte. Puedes salir a andar rápido, simplemente. Mi opción favorita es la marcha nórdica. Es un excelente ejercicio.

La nicotina eleva los niveles de azúcar en sangre

La nicotina produce que el nivel de glucosa en sangre se eleve. Así, cuando cesa la ingesta de nicotina, nuestro cuerpo demanda esos niveles de glucosa a los que le hemos tenido acostumbrado durante años. Para ello nos va a pedir comer más.

Incluso puede que nos sorprendamos comiendo sin tener hambre… Y darnos cuenta de que, en realidad, lo que el cuerpo nos está pidiendo es un “chute” de glucosa extra, para volver rápidamente a los antiguos niveles de glucosa en sangre.

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Cuidado con caer en el consumo de alimentos adictivos

El mecanismo es sencillo. Me tomo un helado. La descarga de azúcar extra sube rápidamente mis niveles de glucosa en sangre. Sin embargo, el efecto es temporal porque, pasado un rato, mis niveles de glucosa van a caer en picado (incluso más abajo de lo que estaban antes del helado), haciendo que mi cuerpo demande una nueva ingesta, un nuevo “chute”. Esto favorece que un comportamiento puntual (comer un helado), pueda convertirse en un comportamiento recurrente (consumir habitualmente dulces).

Cuidado con acostumbrarse a consumir este tipo de productos que producen esas rápidas subidas de glucosa en el cuerpo: comidas azucaradas, con sal o grasas, productos con trigo ricos en hidratos de carbono. Son sustancias que pueden actuar en nuestro cerebro de manera parecida al alcohol o el tabaco. Y no queremos sustituir una adicción por otra…

La solución viene de la mano de darse cuenta de si estamos entrando en este juego o no y de encontrar otra fórmula que nos ayude a subir nuestros niveles de glucosa en sangre de una forma más saludable. Por ejemplo, podemos hacer una dieta muy rica en verduras y frutas durante las primeras semanas o meses tras dejar de fumar.

Dejar de fumar provoca que tardemos más en alcanzar la sensación de saciedad

Los elevados niveles de glucosa en sangre que teníamos cuando fumábamos, hacían que nos sintiéramos saciados por la comida más rápidamente. Al dejar de fumar, vamos a tardar más tiempo en sentirnos saciados, por lo que tenderemos a comer más de la cuenta…

La solución viene de la mano de tomar consciencia de ello. Podemos comer más lento, así daremos más tiempo para que la sensación de saciedad llegue al cerebro.  También podemos compensar el déficit, tomando un par de vasos de agua antes de empezar a comer o a cenar. Esto facilitará también que la sensación de saciedad aparezca más rápidamente. Con el paso del tiempo, nuestro cuerpo podrá ir reequilibrándose.

¿Realmente el tabaco calma la ansiedad…?

Aquellos que hemos tenido la experiencia de fumar, sabemos que en algún momento de nuestras vidas nos acostumbramos a fumar un pitillo y calmarnos. Sentíamos que el cigarrillo nos relajaba. Lo que quizá no sepamos es que lo que calmaba el pitillo era simplemente la ansiedad que nos causaba el síndrome de abstinencia de la propia nicotina. El mecanismo es sencillo. Después de varias horas sin fumar, mi cuerpo demanda una nueva ingesta de nicotina. Si no se la doy, se pone ansioso e insiste. Si se la doy, se calma y me deja en paz.

De esta forma mi cuerpo cae en la trampa de creer falsamente que fumar relaja y hace una asociación de ideas entre fumar y relajarse. La buena noticia es que el síndrome de abstinencia de la nicotina, propiamente dicho, se pasa rápido. Un par de días, una semana… Y que podemos aprender otras maneras de gestionar nuestro estrés que sean realmente eficaces y, además, saludables. Mi opción favorita es la técnica de gestión emocional EFT Tapping. Tiene una versión sencilla que cualquier persona puede aprender para auto-aplicación. Además, EFT puede convertirse en una gran compañera de viaje en tu proceso de dejar de fumar y mantenerte sin humo.

Realmente esos efectos de la nicotina en el cuerpo que acabo de describir estaban generando en nosotros unas ansiedades ficticias: las relacionadas con la ingesta de nicotina y su síndrome de abstinencia. Además, esas ansiedades “ficticias” podían estar causando confusión con las ansiedades “reales” de nuestra vida. Ahora, libres de humos, podemos recuperar el correcto funcionamiento de nuestro termómetro interior de ansiedades, quedándonos solo con las reales. Y de esta manera poder detectarlas y atenderlas más fácilmente.

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El pitillo del placer…

El pitillo de después del café, el de después de comer… el pitillo del placer, el de tomarte una pausa… también existió y le vas a echar de menos. Date permiso para notarlo, despedirte de él y hacer el duelo. EFT Tapping también te puede ayudar aquí, a soltar nostalgias del pasado.

Cuídate, te lo mereces

Cuídate especialmente en las primeras semanas y meses. Sustituir el café por infusiones y eliminar temporalmente la ingesta de alcohol va a ayudarte. Tomar chicles o beber agua también puede ser de ayuda. Tomar alguna sesión de acupuntura… Prueba a ver que te va bien en función de tus gustos. Y…

¡Enhorabuena! Dejar de fumar no es fácil y tú lo has hecho. Empieza por mimarte, te lo mereces. Confía en que tu cuerpo sabrá reequilibrarse con el paso de los meses de forma natural. Y, en el interin, tú puedes ayudarte a ti misma/o a sentirte mejor y gestionar el tránsito en tu cuerpo. Empezarás a notar que tu cuerpo te lo agradece.

Tómate tu tiempo, sin empujar… Ya volverás a tu peso ideal. Una cosa detrás de otra.

Un abrazo de corazón,

Ana F Luna

PCC Coach y Máster en Psicoterapia

Consulta y Formación

¿Quieres ser feliz? Sé agradecido

“Vamos a levantarnos y dar las gracias, porque si no aprendimos mucho hoy por lo menos hemos aprendido un poco, y si no hemos aprendido un poco, por lo menos no estamos enfermos; y si estamos enfermos, por lo menos no estamos muertos. Así que vamos todos a dar gracias”. (Buda)

Muchos nos han recordado la importancia de vivir con gratitud. Buda, Lao Tsé… La gratitud es riqueza. La queja es pobreza. La primera semilla para la abundancia es el agradecimiento. “El agradecimiento es la memoria del corazón”, dijo Lao Tsé

Aunque muchos son conscientes ahora de la importancia de vivir con gratitud, muchos son también los que se instalan en la queja, en el lamento, alejándose del agradecimiento.

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La historia de ella

Ella estaba instalada en la queja. No podía agradecer todo aquello que ya estaba aquí… Y se preguntó que se lo impedía.

¿Y si mañana ya no está aquí? Motivo para agradecerlo hoy, aún más.

¿Y lo que no ha llegado todavía? ¿Lo que no está aquí hoy? Motivo para agradecer lo que sí llegó ya, lo que ya está aquí hoy, aún más.

Y así llegó a darse cuenta… paradójicamente, aquello que le costaba agradecer era lo que ya estaba aquí… hoy… En algún lugar de su interior, agradecer todo aquello, era reconocerlo como un regalo, algo que no le correspondía por derecho sino por la gracia de Dios… o del Universo… como prefieras. Y eso le hacía sentirse muy insegura… Shhhh no te vayan a oír arriba, a ver si se te va a acabar el regalo… Algo así como …. si se dan cuenta de que no has hecho nada por ganártelo, te lo quitan, así que chitón. Y hala, a seguir quejándote y lamentándote de todo lo que te falta… a seguir disimulando…

¿Qué hace la diferencia? ¿Y qué nos iguala?

¿Qué hace la diferencia? ¿Que hace que un bebé nazca en una chabola insalubre y otro en un hospital de la Seguridad Social? ¿Qué hace que uno nazca aquí y otro allá? ¿Qué tenga la oportunidad de ir a la escuela o no? La fortuna en el nacimiento puede determinar el resto de una existencia… Y después… ¿qué determina que tengas una enfermedad o que vivas plenamente sano? ¿Qué decide que veas morir a un hijo o que le veas crecer sano y darte nietos? Etc, etc, etc… Nada de esto está bajo nuestro control y a veces se nos olvida…

Se te olvida que la vida no te pertenece… se te olvida que la vida es un regalo, que se te ha donado, sin que tu hagas ningún esfuerzo… Cada día la hoja nace del árbol de manera natural, espontánea y sin que tu hayas realizado ningún esfuerzo. El sol luce cada día de manera natural y sin esfuerzo. La lluvia nutre la tierra de manera espontánea y sin esfuerzo… Y gracias a todo ello existe la vida. Ese regalo del que tú puedes disfrutar. Siempre hay algo que puedes agradecer, hayas nacido en chabola o en hospital…

Y de la misma manera hay sonrisas que nacen de forma espontánea y sin esfuerzo… Y gracias a ellas la vida resulta un lugar más bello en el que vivir… Por eso, si quieres, si puedes… sonríe, con la sonrisa del agradecimiento…

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Si quieres ser feliz, sé agradecido

“La gratitud es una vacuna, antitoxina y un antiséptico”. -John Henry Jowett

La gratitud da sentido a nuestro pasado, trae paz al presente y crea una visión para el mañana

Seamos agradecidos con la vida. “Seamos agradecidos con las personas que nos hacen felices, ellos son los encantadores jardineros que hacen florecer nuestra alma” (Marcel Proust)

Ser agradecidos nos hace felices y sobre ello nos habla David Steindl – Rast en esta TED Talk con la que me despido de ti. ¡Feliz verano!

Un abrazo de corazón,

Ana F Luna

PCC Coach y Máster en Psicoterapia

ana@unaoportunidadparacrecer.es

David Steindl – Rast.  Ted Talks ¿Quieres ser feliz? Sé agradecido

 

¿Qué función tienen las emociones?

En nuestra cultura se ha dado mucha importancia a la razón y al comportamiento en detrimento de la emoción, pero las emociones nos aportan mucho. Nos ayudan a vivir. Realmente, no podríamos vivir sin ellas. Y es gracias a ellas que podemos disfrutar de una vida plena.

Las emociones nos envían mensajes

Las emociones nos envían mensajes, nos informan de que está pasando en nuestras vidas. El miedo te dice que estás en peligro. La tristeza que has perdido algo importante. La alegría que has alcanzado una meta o has cubierto una necesidad importante para ti. El enfado puede indicarte que tus límites están siendo invadidos. La confianza que estás con alguien con quien te sientes seguro. Son señales para ti.

A veces nos gusta recibir la señal, otras no. Alguna vez he pensado que confundimos el mensajero con el mensaje. Que, a veces, hacemos nuestro ese dicho de “matar al mensajero”, como si el mensajero fuera el responsable de las malas noticias. El mensajero solo las transmite… Y a veces no queremos escucharle porque la noticia que nos trae no es buena.

 

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No mates al mensajero

Plutarco cuenta como Tigranes cortó la cabeza del mensajero que le llevó una mala  noticia. Sófocles decía “nadie ama al mensajero que trae malas noticias”. Quizá esto tenga que ver con el motivo de que, a veces, intentemos reprimir la emoción o “controlarla”. En realidad, no es a la emoción a quien queremos callar sino al mensaje que nos trae. Queremos “matar al mensajero” para no tener que oírle… o hacemos al mensajero único responsable de nuestro malestar… “y muerto el perro, se acabó la rabia”.

Shakespeare aconsejaba “no mates al mensajero”. Y quizá nosotros podamos darnos permiso para escucharle, para recibir su información porque es útil saber que está ocurriendo en nuestra vida. O… ¿prefieres no saberlo…? Saber dónde está el problema, nos da la oportunidad de tomar acción para corregirlo o de expresar nuestra herida para liberarla y dejarla marchar.

Las emociones son clave en las relaciones sociales

Las emociones también son señales para los demás. Si el otro ve en ti una cara de enfado, puede cambiar su actitud y parar de hacer lo que estuviese haciendo. De alguna manera el enfado en tu cara es una señal de que tienes intención de proteger tus límites. Las emociones comunican tus estados internos y tus deseos a las demás personas. La comunicación emocional, no verbal, transmite mucha más información que las palabras contenidas en el mensaje. Las emociones son información básica para poder relacionarnos con los demás. Alguien sin empatía, tendrá dificultades para relacionarse.

La regla de Mehrabian

El psicólogo alemán Albert Mehrabian realizó investigaciones que muestran que solamente el 7 % de lo que comunicamos es transmitido a través de las palabras y el 93 % restante es transmitido a través del lenguaje no verbal (la comunicación emocional). Ese 93% no verbal, se desglosa en lo que transmitimos a través de nuestro lenguaje corporal (el 55%) y las características de nuestra voz (el 38%). El lenguaje corporal engloba nuestra postura, nuestros movimientos corporales, la respiración, el movimiento de los ojos, los gestos faciales… Las características de nuestra voz incluyen su calidad, timbre, velocidad, volumen, entonación…

La regla 7-38-55 fue extraída de investigaciones hechas en el contexto de comunicaciones personales o íntimas. En ese contexto entran en juego los sentimientos. Aunque en otros contextos, por ejemplo, de trabajo, el pensamiento racional puede tener más peso, lo cierto es que al final todos somos humanos… Y en el trabajo también realizamos comunicaciones de índole personal. Así, nuestra comunicación no verbal también será relevante para que nos entiendan y no nos mal interpreten en el entorno laboral.

 

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Emociones y aprendizaje

Las emociones incrementan el aprendizaje. Nos es más fácil recordar aquello que nos ha emocionado que aquello que nos ha sido indiferente. Se dice que hay dos formas de asegurarse de que recordemos algo: la repetición y la emoción.

Todavía hoy recuerdo el enfado de nuestra profesora de historia en el colegio cuando, tras corregir un examen, nos dijo que todas las alumnas habíamos puesto que Mahoma era caravanero de la Meca y ascendió a los cielos a caballo. Como si no hubiera cosas más importantes que decir… en vez de perderse en la anécdota… No sé qué les pasaría al resto de mis compañeras de clase. Yo recuerdo mi emoción de sorpresa al descubrir la profesión del profeta y su modo de ascensión a los cielos. Dejó en mí una huella emocional. Lo más probable es que no hubiera subrayado esas frases en el libro. Que las hubiera leído tan sólo una vez, sin repasarlas. Pero cuando llegó el día del examen, lo recordé. Y todavía hoy lo recuerdo, reforzado con la risa que nos causó la reprimenda de nuestra profesora de historia, Teresa. Aunque enfadada, se lo tomó con sentido del humor. Era muy maja. Y la recuerdo con cariño. Quizá por eso aún la recuerdo… porque la recuerdo con cariño. Ella también dejó una huella emocional en mí.

 

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Las emociones nos ayudan a tomar decisiones

Los sentimientos instintivos guían tus decisiones reduciendo rápidamente las alternativas a considerar. Por ejemplo, te vas de vacaciones y tus emociones dicen que prefieres ir al campo en vez de visitar una ciudad. Limitan las opciones que consideras y evitan que te sientas abrumado ante la situación de elegir entre la multitud de opciones disponibles. Te dicen lo que quieres, te conviene o necesitas. Lo que el cuerpo te pide en ese momento. Mi cuerpo me pide descansar del estrés yendo al campo ahora.

Se dice que es bueno tener un mapa mental rico en opciones. Si sólo tienes una opción, te obsesionas. Si tienes dos, tienes un dilema. Si tienes tres o más, puedes elegir. Parece que la mente se relaja a partir de tres opciones. Sin embargo, también es cierto que, el extremo contrario, tener infinidad de opciones entre las que elegir, puede resultar abrumador. Son demasiadas las alternativas a considerar y nuestra mente racional no tiene capacidad para gestionar toda esa información y tomar una decisión razonablemente rápida. Y, además, ¿en función de que criterios tomaríamos la decisión…? Si quitas la variable de las emociones… ¿cómo sabes que es lo que te gusta o lo que te apetece…?

 

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La emoción nos ayuda a vivir

Las emociones comprenden mucho más rápido de lo que tú puedes analizar conscientemente. Nos ayudan a ser más eficaces, a adaptarnos más rápidamente, a resolver problemas en un entorno cambiante, a tomar decisiones sobre la marcha. Nos ayudan a conducir nuestra vida. Son una guía interna. No podríamos tener vidas satisfactorias sin ellas.

Constantemente, actúas sin pensar. Te levantas, te mueves, abrazas, sonríes, te rascas… sin mucho esfuerzo consciente.

Las emociones dan color, significado y valor a la vida. Si no eres capaz de conectar con tus emociones, te faltará orientación y perderás la sensación de lo que es realmente importante para ti en la vida.

Y, por último, las emociones también nos preparan para la acción de supervivencia. Te hablan del peligro antes de que hayas tenido tiempo para pensar y te preparan para la acción adaptativa: lucha, huida o congelación. Cuando la señal de alarma se dispara en el cerebro (la amígdala), se desencadenan toda una serie de respuestas fisiológicas en el cuerpo que nos preparan para afrontar la situación de peligro: salir corriendo, luchar o quedarnos congelados (el quedarte parado en un momento dado puede ayudar a que no te vean y facilitar así tu supervivencia). Probablemente, esto ha sido lo que ha permitido al ser humano sobrevivir como especie a lo largo de los siglos.

El cerebro emocional a veces falla

Aunque las emociones cumplen las importantes y saludables funciones que hemos visto en la vida del ser humano, también es verdad que nuestro cerebro emocional a veces falla. Las evaluaciones a través de la emoción son tan rápidas que a veces son imprecisas o están equivocadas. Al final del camino, a nuestra emoción le pasa igual que a nuestra razón, a veces, se equivoca. Del mismo modo que no todo pensamiento es necesariamente lógico, no todas las emociones son necesariamente sabias. Por ello, debemos aprender a gestionar nuestras emociones.

 

Un abrazo de corazón,

Ana F Luna

PCC Coach y Máster en Psicoterapia

Bibliografía: «Emociones: una guía interna». Leslie Greenberg

 

A veces tengo ansiedad y no sé por qué… Ansiedad sin motivo

¿A veces tienes ansiedad sin motivo? Tranquilo, no te estás volviendo loco. Eso que te pasa tiene una explicación. ¿Quieres conocerla?

El mecanismo de la ansiedad

Es cierto que el hombre ha llegado a la luna y, sin embargo, nuestro cuerpo sigue estando diseñado de una manera primitiva. Estamos diseñados para sobrevivir. 

Cuando el hombre primitivo salía cazar y se encontraba con un animal, se le disparaba un mecanismo en el cerebro (la amígdala) que le permitía tomar decisiones rápidas, sin racionalizar (puenteando los mecanismos racionales). Se activaba su sistema de supervivencia: lucha o huye. Este mecanismo de supervivencia desencadena toda una serie de reacciones fisiológicas en el cuerpo. El corazón bombea más rápido (palpitaciones), la respiración se vuelva alta (hiperventilación), sudoración… Todos esos cambios en nuestro cuerpo lo que hacen es que nos preparar para luchar o huir más eficazmente. Cuando corres, tu corazón bombea más rápido, tu respiración es alta, sudas, etc, y ello te facilita realizar esa actividad. 

El hombre moderno no puede optar por luchar o huir, la sociedad no lo vería con buenos ojos, los tiempos han cambiado. Así, cuando te encuentras con una situación que no sabes cómo gestionar y se activa tu mecanismo de supervivencia, lucha o huye, optas por el control. Te quedas parado pero tu sistema biológico es primitivo y sigue funcionando como siempre. O sea que te prepara para luchar o huir más eficazmente (palpitaciones, hiperventilación, sudoración…). ¡Enhorabuena, tu sistema biológico funciona! ¡Tu cuerpo tiene el motor de un Ferrari! 

Sin embargo, como te has quedado parado, te encuentras con que has puesto el motor de tu Ferrari a tope, pero luego no has dado salida a toda esa carga de energía. Has puesto tu motor a 6.000 revoluciones para nada. Así que luego necesitas un rato para desacelerar ese motor, para desactivarlo, para frenar.

ansiedad sin motivo

 

Ansiedad sin motivo: ¿como se genera?

Los perros de Pávlov. El reflejo condicionado. Seguro que has oído hablar de ese experimento. Tú sabes que la comida, incluso tan solo con olerla, produce salivación (Ummm, se me hace la boca agua…). Pávlov tocaba una campana e inmediatamente después daba de comer a los perros. Los perros se acostumbraron a esto y pasado un tiempo, salivaban solo con oír la campana, aunque después no les dieran de comer. La campana se convirtió para ellos en un «ancla», un elemento que disparaba su mecanismo de salivación. Les hacía salivar SIN que hubiera un motivo real para hacerlo. A los seres humanos también nos ocurre esto.

La primera vez que tienes una subida de ansiedad, la anclas con 2 ó 3 elementos. Mientras que estás en esa situación ves, por ejemplo, una persona que pasa, un foco que te da de frente en los ojos o una lámpara que hay allí.

Luego tienes otra situación en la que se disparan algunas de esas «anclas». Ves otra vez a la persona o una luz vuelve a darte de frente… Y tu cuerpo recuerda y te dice: ¡ojo! que esto me recuerda a cuando lo pasaste tan mal en tal o cual situación. Y nuevamente el cuerpo avisa como sabe hacerlo. Tu sistema biológico se pone en marcha como un reloj (palpitaciones, etc). Y en esa segunda ocasión lo que tienes delante es una botella y una bolsa y otra cosa, lo que sea, y las incorporas como anclas adicionales. Las sumas a las anclas anteriores. Así se van repitiendo las ocasiones y se van sumando anclas y llega un momento en que has incorporado un montón de anclas en tu mochila personal. Estas anclas son las que pueden provocar que, a veces, puedas sentir ansiedad sin motivo.

Nuestra mente está constantemente haciendo asociación libre de ideas. Esto ocurre de forma automática e inconsciente. Por eso a veces tenemos ansiedad y no sabemos porqué. Simplemente hay una de esas anclas que se ha disparado. Tengo que agradecer a Luis Bueno, colega y amigo, el haberme dado esta clara explicación del mecanismo de la ansiedad.

ansiedad sin motivo

Remedio natural para la ansiedad sin motivo ¿Hacia dónde miras?

No puedes “controlar” la ansiedad sin motivo, pero si aprender a manejarla. Cuando la alarma de tu sistema bilógico se dispara, lo hace con una intención positiva. Avisarte de que hay un peligro. Este mecanismo es el que, probablemente, nos ha hecho permanecer como especie a lo largo de los siglos. Así que podemos estarle agradecidos. Y ahora que ya sabes esto, cuando la alarma se dispare, puedes mirar a tu alrededor, comprobar que no hay peligro en ese momento y apagarla. Puedes decir a tu cuerpo: gracias por avisarme, gracias por funcionar como un reloj, pero tranquilo. Ya sé que me estás avisando, pero no hemos sido atacados.

A veces, la alarma de un coche se dispara sola y puedes apagarla una vez que compruebas que nadie está robándolo. A veces, las alarmas sufren interferencias eléctricas y se disparan sin motivo.

No sé si a ti te ha ocurrido alguna vez, pero a mí sí. Estas en una terraza tomando algo una noche de verano y oyes como salta la alarma de un coche aparcado. La primera vez que salta la alarma, la gente se vuelve a mirar. Ves salir corriendo al dueño del coche, sobresaltado, porque piensa que le están robando su coche. Sin embargo, el dueño llega y ve que todas las ventanas del coche están bien (nadie rompió los cristales). Escucha y no oye ninguna amenaza. Toca las cerraduras y ve que están bien (nadie las forzó). En suma, pone su atención en lo que le rodea y percibe a través de sus sentidos que todo está en orden. Nadie le está intentando robar su coche en ese momento. Así es cómo queda tranquilo, apaga la alarma y vuelve a sentarse para seguir disfrutando con sus amigos.

No sé si a ti te ha ocurrido alguna vez, pero a mí sí. La alarma del mismo coche vuelve a saltar varias veces en la misma noche, mientras estás sentado en la terraza. Y observas que la gente ya no mira hacia el coche. El dueño ya no corre despavorido hacia el coche creyendo que se lo roban. Ahora va tranquilo. Ya sabe, ya todos saben, que a veces pasan estas cosas. Hay alguna interferencia eléctrica que está haciendo que la alarma se dispare sin motivo. Ahora el dueño se acerca hacia el coche con cierta cara de cansancio o aburrimiento porque la alarma se dispare sin ton ni son. A pesar de ese cansancio, quizá pueda apreciar que la alarma de su coche funciona, que le quiere ayudar a proteger su propiedad. Que el problema no está en ella sino en esas interferencias eléctricas que a veces hay en el ambiente. Así, quizá pueda acercarse al coche y decirle: tranquilo, no hace falta que actives la alarma. Gracias por querer avisarme, tu intención era positiva, pero no hace falta, he mirado todo alrededor y nadie nos está atacando.

Lo que no conviene hacer

Cuando sentimos ansiedad sin motivo, en vez de mirar alrededor, solemos mirar hacia dentro. Focalizamos nuestra atención en nuestro interior, en los síntomas (palpitaciones, hiperventilación, sudoración…). Esto empeora la situación, especialmente, si intentas controlar esos síntomas, lo que también es frecuente. Lo que empeora la situación es mirar hacia dentro, lo que la alivia es mirar hacia afuera, en la forma descrita en el apartado anterior. Esto nos ayudará a recuperar más rápidamente nuestro bienestar cuando sintamos ansiedad sin motivo.

Otros remedios naturales

La respiración también es un remedio natural. La respiración abdominal rompe la respuesta fisiológica de la ansiedad. Si crees que en esas situaciones no puedes respirar de forma profunda, hay un truco. Prueba a soplar por la boca todo el aire de tus pulmones. Luego, tu cuerpo inspirará de forma natural todo el aire que necesite.

También puedes hacer EFT Tapping cuando tengas ansiedad. Es una técnica de gestión emocional natural que puedes aprender a aplicarte a ti mismo.

Como decía antes, la ansiedad no se puede “controlar” pero si se puede aprender a manejar. Y EFT es una herramienta muy efectiva para manejar la ansiedad. Funciona como un ansiolítico natural. Y te ayuda a empoderarte porque te facilita desarrollar la capacidad de manejar tu ansiedad por ti mismo. Puedes aprender a hacer tapping  cuando se disparen las anclas y desactivarlas.

Un abrazo de corazón,

 

Creencias limitantes en coaching. Las historias que nos contamos…

¿Qué son las creencias limitantes?

Las creencias limitantes son pensamientos que tenemos, a veces de forma inconsciente, y que están condicionando nuestra vida en un sentido negativo, en una dirección que limita nuestras posibilidades de actuación en la vida.

Las creencias no son negativas o positivas por sí mismas. Cuando las detectamos podemos simplemente preguntarnos este pensamiento ¿me ayuda a crecer? ¿o está limitando mi crecimiento?

Aunque las creencias son a veces inconscientes, suelen comenzar a salir al consciente cuando nos enfocamos a un objetivo a futuro. Imagina  que quieres hacer algo nuevo que implica que necesitarás hablar en público. Y aparece una parte de ti que dice… “si, pero… es que yo no puedo hablar en público, se me da mal, me pongo nervioso…”  En coaching llamaríamos  a ese “yo no puedo” una creencia limitante. Las creencias limitantes frecuentemente aparecen en la conversación en forma de “si, pero…”

creencias limitantes en coaching

Las creencias limitantes pueden modificarse y sustituirse por creencias potenciadoras

Hablar en público es una habilidad que no solíamos desarrollar en la escuela ni en la universidad en nuestro país. Muchas personas han acudido a cursos de oratoria, a talleres de expresión o a sesiones de coaching, precisamente, con la idea de desarrollar esta habilidad y la han desarrollado.

¿Nunca has hecho algo que antes te parecía imposible? Simplemente puedes hacerte esta pregunta y quedarte en silencio, esperando a que la respuesta llegue… Dar tu primer beso a una chica o chico, aprender a montar en bici, aprobar una asignatura… Y después de hacerlo, tu pensamiento cambió de “no puedo” hacer esto a “puedo” hacer esto, de hecho, ¡ya he podido hacerlo!

Las creencias pueden actualizarse de forma espontánea con el paso del tiempo y también pueden actualizarse a voluntad. Cuando nos damos cuenta de que una de esas creencias está deteniendo nuestro crecimiento podemos poner nuestra intención en transformarla.

Creemos que nuestros pensamientos son verdad, aunque no lo sean…

Cuando nos ponemos manos a la obra, nos damos cuenta que de aunque nos creemos que nuestros pensamientos son verdad, a veces son algo mentirosillos.

Yo siempre me había creído incapaz de abrir una puerta con una radiografía hasta que la vida me cerró la puerta de casa de un portazo con las llaves dentro… Y no me quedó más que probar a abrir la puerta empujando el resbalón con una radiografía… A pesar de mi falta de confianza en mi habilidad, me dije no me queda otra. Si lo intentas quizá, si no… jamás. Y me puse manos a la obra. Y la puerta se abrió. Reíros si queréis pero… ¡creo que ha sido uno de los momentos más felices de mi vida!

Entonces, ese pensamiento que yo tenía de “yo no puedo abrir una puerta con una radiografía”, “yo no tengo esa habilidad”, “eso lo hacen otros… pero yo no”  Ese pensamiento ¿era cierto? No, obviamente, no lo era aunque yo creyera que si… Y ese pensamiento falso, ¿cómo me estaba haciendo sentir?: incapaz cuando era capaz. ¿Algún motivo para mantener ese pensamiento? ¿Algún motivo para soltarlo? Puedes contestarte tu mismo…

“Si no exploras tus límites, nunca sabrás que hay más allá”

creencias limitantes en coaching

El componente emocional de las creencias

Yo hablo de sentimientos/creencias limitantes para resaltar que esos pensamientos tienen un componente emocional. Una especie de “pegamento” emocional  que es lo que los mantiene en nuestras cabezas y lo que no nos permite ser objetivos.

Siguiendo el ejemplo de la puerta, si yo hubiera sido objetiva, simplemente hubiera pensado: “nunca he hecho esto, no tengo ni idea de si puedo o no hacerlo”. Hubiera sido neutra, no habría tenido el pensamiento “yo no puedo…”

Dice Robert Dilts que las tres principales áreas de creencias limitantes tienen que ver con sentimientos de desesperanza, impotencia o falta de merecimiento. En la desesperanza pienso esto es imposible. En la impotencia, pienso yo no puedo, otros si pueden pero yo no. En la falta de merecimiento, aparece en mi mente algo que he hecho o que he dejado de hacer, algo que creo que soy o algo que creo que no soy, por lo que, en suma, siento que yo no merezco una solución a mi problema.

En todos estos casos hay un problema de motivación en el proceso de coaching. Si el conflicto entre lo que quiero hacer y mi sistema de creencias es demasiado fuerte, lo más probable es que no consiga mi objetivo. Si creo que es imposible, es probable que tire la toalla a medio camino o que ni siquiera lo intente. Igual si creo que no puedo o no merezco.

creencias limitantes en coaching

Las historias que nos contamos…

Este es el motivo que de que en coaching se hable tanto de estas creencias limitantes. Yo, personalmente, más que hablar de creencias limitantes, hablaría de las historias que nos contamos… De esas historias que nos contamos sobre quién soy yo, quien es el otro, cómo es la vida… porque nos montamos la historia completa…

Todos somos novelistas… aún sin saberlo. Estamos creando nuestras historias, generando nuestros guiones, nuestras tramas sobre qué va a pasar y que no, cómo va a pasar, con quien, cómo estaré yo…

Aunque a veces lo hagamos de una forma inconsciente, esas historias que nos contamos tienen su efecto, conforman nuestra existencia, la hacen de una manera y no de otra…

Para mí el proceso de coaching, mi propio desarrollo personal, tiene que ver con esto. Con darme cuenta de qué historia me estoy contando y trabajar para elegir conscientemente escribir mi propia historia.

Un abrazo de corazón,

Ana F Luna

Bibliografía recomendada

Robert Dilts, coach y experto en PNL. «El poder de la palabra» La magia del cambio de creencias a través de la conversación. Editorial Urano

 

¿Otra vez el enfado? ¡Y ahora con la novia!

Esta vez toca hablar del enfado con la novia… Ya dije que el enfado es una de las emociones que más pereza me da en mi último artículo.  Y aquí estoy otra vez con el enfado… Y es que, si te paras a pensar, es un tema con mucho jugo… Y si la vida me lo devuelve, será por eso, para que lo exprima más, para que aprenda más de ello…

Vaya por delante que la historia que cuento del enfado con la novia podría habernos pasado, mutatis mutandis, a cualquiera de nosotros en algún momento de nuestra existencia, así que podemos mirarla con cariño y sentido del humor.

Un cliente vino a la consulta en plena ebullición de su enfado con la novia. Decía que ella no le quería, no le valoraba. Yo le miraba y me preguntaba, ¿qué hay detrás de todo ésto?, ¿cuál es la historia que él se está contando? Y llegado un momento, le dije: bueno, y si ella no te quiere, ni te valora, ¿qué hace contigo entonces…? Esto paró un poco su acelerado e indignado discurso …

Y ya con un poco de serenidad en el ambiente, le pregunté por sus “pruebas” de que ella no le quería ni le valoraba. Resultó que si su novia quería quedar un día con sus amigas en vez de con él, él interpretaba: ella prefiere estar con sus amigas, ella no quiere estar conmigo, ella no me valora, ella no me quiere. Si su novia estaba cansada un día a la salida del trabajo y prefería marchar sola a su casa, igual: ella prefiere estar sola a estar conmigo, ella no valora mi compañía, ella no me quiere.

Esa era la historia que él se estaba contando. Mi novia queda con sus amigas significa que mi novia no me quiere ni valora. Mi novia está cansada y quiere irse a su casa, igual.  Y, claro, me enfado. ¿Cómo no habría de enfadarme si creo que mi novia ni me quiere  ni me valora?

enfado con la novia

¿Nuestros pensamientos  son verdad?

Solemos creer en nuestros pensamientos como en verdades absolutas. Lo que yo pienso es cierto, es verdad. Pero, en realidad, ¿qué pensáis vosotros? Realmente, ¿es cierto qué si su novia queda un día con sus amigas significa que no le quiere? ¿Es verdad que si su novia sale un día cansada del trabajo y quiere marchar sola a casa  eso también significa que no le quiere? Obviamente, eso no es verdad. Son pensamientos “mentirosillos”…

¿Y cómo se siente él cuando piensa que eso es verdad? ¿Cómo reacciona? Con enfado. Habla conmigo y critica a la novia. Habla con la novia y discuten acaloradamente, con lo cual la relación se deteriora… Él se siente mal, hace sentirse mal a la novia y la relación se resiente… ¿Algún motivo para mantener esos pensamientos?  ¿Alguna razón para soltarlos? ¿Quién sería él sin esos pensamientos? … Puedes contestarte tu mismo.

enfado con la novia

 

El espejo

Hay quien dice que cómo nos relacionamos con el otro es un espejo de cómo nos relacionamos con nosotros mismos… Así que, llegado el momento oportuno,  le invité a que invirtiera la frase de su pensamiento inicial. A que dijera en voz alta “yo no me quiero ni me valoro”,  en vez de “mi novia no me quiere ni me valora”. ¿Te resuena? — Le pregunté —. Sí — me contestó él y su semblante cambió radicalmente, quedándose pensativo y  en silencio—.

A partir de ahí, pudimos trabajar sobre la aceptación de sí mismo para que se quisiera y se valorara más.

Somos humanos y tendemos a proyectar en los demás. En este sentido, el otro es mi maestro. Sin embargo, mientras seguimos atrapados en el enfado con la novia o con quien sea, echando los balones fuera, somos incapaces de verlo. La ira ciega, dice el saber popular.

Cuando somos capaces de quitarnos la venda del enfado, podemos abrir los ojos. Y quien abre los ojos ve.

Una mujer me dijo esta mañana «he decidido no entrar en conflicto con nadie porque me he dado cuenta de que cuando entro en conflicto con alguien, en realidad, lo que hago es entrar en conflicto conmigo misma”.

Un abrazo de corazón,

Ana F Luna

Referencias bibliográficas. Si quieres cultivar la desidentificación del pensamiento te recomiendo que leas “Amar lo que es” de Byron Katie. Y si quieres más información del enfado desde otro punto de vista, mi anterior artículo “El enfado… que pereza me da”

El enfado… qué pereza me da

El enfado es una de las emociones que más pereza me da… genera tan mala energía, tanta falta de claridad mental… Quizá por eso necesito reconciliarme con ella. Como decía Jung, “todo aquello que rechazas te somete y aquello que aceptas te transforma…”

Además, soy mujer y claro… enfadarse está mal visto en una mujer…Hay una especie de convención social al respecto. Es una cuestión cultural. Si una mujer da un “puñetazo encima de la mesa” en la oficina (hablo en sentido metafórico) es una insoportable. Si un hombre hace lo propio, es un líder, alguien que tiene decisión, que tiene lo que hay que tener… No les arriendo el beneficio… Además, si es que existe el mandato social “la mujer no debe enfadarse”, también existe el mandato social de  “el hombre no debe llorar”, es más, “los hombres no lloran”…

Así es como, quizá, la mujer ha desarrollado un mayor rechazo a la emoción del enfado, de la rabia. Por esa cuestión cultural. Aunque, por supuesto, hay hombres que también sienten un rechazo especial hacia sus emociones de enfado. Por ejemplo, un varón que de niño vivió en casa con un padre que gritaba para afirmar su autoridad, puede haber generado un rechazo hacia ese tipo de figura de autoridad que de adulto se transforme en un rechazo especial a mostrar rabia.

 

enfado, rabia

 

 

El rechazo a la emoción del enfado

¿Qué hacemos cuando tenemos una emoción que nos desagrada?, la rechazamos. Podemos negarla, negar su existencia. Niego mi enfado por lo que me dijo Luis y luego me duele la cabeza y no sé porqué…  (la emoción reprimida se somatiza). No me doy permiso para reconocer  mi enfado con el jefe y luego llego a casa y salto a la mínima, pagándolo con mi pareja…  (realmente ya venía enfadado de “antes”, sólo que antes no me dí permiso para reconocerlo y soltarlo, ¿cómo iba a soltarlo en la oficina?)

A veces me doy cuenta de que estoy enfadada. Llego a tomar consciencia de ello y rechazo sentirme así. Y, claro, el enfado no se me va… sino que parece crecer… Y es que contra lo que te resistes, persiste… Y lo que aceptas, se diluye.

Y también puede ocurrir que cuando me doy cuenta, me enfado por haberme enfadado o me siento culpable por haberme enfadado. Es el segundo sufrimiento. El primer sufrimiento es cómo me siento. El segundo sufrimiento es cómo me siento acerca de sentirme así. Nuevamente aparece el rechazo a la emoción. Mi rechazo al primer sufrimiento es lo que genera el segundo.  Y a veces es peor el segundo sufrimiento que el primero…

 

enfado, rabia

 

El segundo sufrimiento

Una vez vino una mujer a mi consulta que se sentía terriblemente culpable por haber tenido ganas de estampar a su bebé contra la pared… Aunque por supuesto no lo hizo, el sólo hecho de que esa idea se le hubiera podido pasar por la cabeza, le atormentaba. Era su primer hijo. Había sido muy deseado. Le costó muchísimo quedarse embarazada y estaba feliz de haber dado a luz una niña hacía 6 meses.  Desde entonces no había vuelto a dormir ni una sola noche… La niña lloraba cada noche, sistemáticamente, y durante largos periodos. La madre estaba físicamente agotada y emocionalmente desesperada.

Los seres humanos necesitamos dormir. Es una cuestión de supervivencia. Nadie puede vivir mucho tiempo sin dormir nada en absoluto. Y cuando no podemos hacerlo en la medida que necesitaríamos, nos alteramos física y emocionalmente. Visto desde fuera, ¿te extraña que la madre (por muy devota que fuera),  después de 6 meses sin dormir lo necesario,  tuviera ese “instante” de rabia? A mí no, puedo mirarlo con comprensión y compasión.

Pasamos bastante tiempo aliviando su sentimiento de culpa, su segundo sufrimiento, durante la sesión. Sin embargo, una vez aliviada la culpa, fue fácil y rápido aliviar el “instante” de rabia, su primer sufrimiento.

 

Podemos amar y sentir rabia por la misma persona, a la vez

A algunos nos educaron en que si es A, no es B. O es blanco o es negro. Pero la vida es blanco y es negro y es de muchos otros colores, a la vez.

Yo no sé si esto te ha pasado alguna vez pero a mí sí. Vas andando por la calle y ves a un niño pequeño de la mano de su mamá. La madre se despista un instante y el niño aprovecha para soltarse de su mano y salir corriendo en dirección a cruzar la calle, precisamente, cuando están pasando los coches… Cuando la madre lo vé, sale corriendo detrás de él,  le ”engancha” por el abrigo,  le detiene antes de que cruce y… cuando le dá la vuelta … le echa una reprimenda enorme. Ves la cara de la madre  llena de rabia, escuchas su tono de voz alto y enfadado, notas sus manos zarandeando al niño, sus palabras… ¿pero cómo se te ocurre?, ¡jamás vuelvas a hacer esto!

¿Ha dejado esa madre de querer a su hijo? Evidentemente, no. Es precisamente porque le quiere y porque se siente responsable de su cuidado, que reacciona de esa manera. Si, se puede sentir rabia y amar a la vez.

 

enfado, rabia

La intención positiva de la emoción

Todo comportamiento y, también toda emoción que le acompaña, tiene una intención positiva, quiere hacer algo bueno por ti. Si, ya sé que a veces nuestra mente racional no lo comprende. Pero cuando nos paramos a preguntarnos que quiere conseguir ese comportamiento o esa emoción podemos sorprendernos de lo que descubrimos.

El enfado es una reacción de agresividad, de lucha, que generalmente responde a que, previamente, uno se ha sentido en peligro o atacado. Percibimos una amenaza y queremos defendernos luchando. Es puro instinto de supervivencia.

Como ya no vivimos en la época de las cavernas, las amenazas actuales suelen ser más sutiles. Sentimos nuestro orgullo herido, atacada nuestra buena fama profesional o personal, nos sentimos rechazados… y reaccionamos con enfado. Así, la intención positiva del enfado puede ser la de defendernos, sentirnos protegidos, respetados, aceptados, queridos… Y una vez detectada esa intención positiva, podemos mantenerla y ver cómo conseguirla de otra manera…

No somos dueños de las emociones o de las ideas que aparecen espontáneamente en nuestras cabezas y corazones. De lo que si somos responsables es de lo que hacemos con ellas.

Aceptar nuestras emociones, también las que nos desagradan, nos ayuda a soltarlas, a dejarlas marchar y recuperar nuestro bienestar. Preguntarnos por su intención positiva, nos ayuda a reconciliarnos con ellas y a explorar nuevas formas más saludables de obtener esa intención positiva, de cubrir esa necesidad.

Un abrazo de corazón,

 

¿Vivo en un universo hostil o amigable?

Albert Einstein, decía que la pregunta más importante que un ser humano podía hacerse en la vida era: ¿vivo en un universo hostil o amigable? De la respuesta que demos a esta pregunta, dependerá la forma en que se va a desplegar nuestra vida.

Si crees que vives en un universo hostil, vas a vivir con miedo, todo el día alerta. Verás amenazas incluso dónde no las hay. Mirarás al otro como a un oponente y el otro lo va a notar y a reaccionar ante ti con esa misma hostilidad que tú le muestras (aunque sea de una forma sutil, no consciente…).

Si crees que vives en un universo amigable, que la vida te está tendiendo la mano, deseosa de que tu se la estreches, vas a vivir más tranquilo… Puedes ver oportunidades dónde antes no las veías. Puedes mirar al otro como un ser humano que, como tú, está haciendo su camino. Alguien que te puede aportar y a quien tu puedes aportar. Alguien con quien puedes cooperar.

El Doctor Mario Alonso reflexiona sobre las consecuencias de vivir con miedo en este vídeo.

miedo

Vídeo de la entrevista con el Doctor Mario Alonso en la TV de Cataluña. El Dr. Alonso contesta en castellano.

Energía del miedo vs. energía del amor

Un buen amigo dice que los seres humanos actuamos, básicamente, desde dos energías: la del miedo y la del amor.

Cuando te mueves desde la energía del miedo se genera malestar. Encuentras ansiedad, rencor (todo lo que se teme se acaba odiando), incertidumbre, confusión, duda… La energía está baja, cuesta mucho hacer lo que necesitas…

Y cuando te mueves desde la energía del amor se genera bienestar. Serenidad, comprensión, compasión, aceptación, confianza, creatividad, alegría, ilusión… La energía está alta, te es más fácil hacer…

Quien sabe… quizá por puro sentido práctico, nos convenga vivir en el amor más que en el miedo…

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¿Vivimos en un universo hostil o amigable?

Amar

Habrá quien sienta que amar le hace vulnerable pero lo que nos hace vulnerables es simplemente vivir la vida. Y no por eso vamos a dejar de vivirla.

Amar a alguien… ¿y si luego sale mal? Querer hacer algo concreto en la vida… ¿y si luego no funciona? ¿Vas a dejar de hacerlo por si…?

Brene Brow nos dice:

 “amemos de todo corazón, aunque no haya garantía”.

De todas maneras, no va a haberla…

Te dejo con estas maravillosas reflexiones de Brene Brown sobre la vulnerabilidad del ser humano:

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Vídeo de Brene Brown en TED Talks. Subtitulado en castellano

 

Un abrazo de corazón,

Ana F Luna

PCC Coach y Máster en Psicoterapia

Vídeos recomendados:

TED Talks. Brene Brown: el poder de la vulnerabilidad.

TV3. Retrats. Entrevista con el Doctor Mario Alonso

 

 

Ansiedad… No quiero seguir viviendo así.

“Cada mañana me despierto en un sobresalto, con ansiedad… No me va a dar tiempo a hacer todo lo que “tengo” que hacer hoy. No voy a saber hacerlo. No me va a salir bien. Voy a quedar mal. ¿Qué pensarán de mí?…”

¿Mis pensamientos son verdad?

A veces creemos nuestros pensamientos como si fueran verdad cuando en realidad son algo mentirosillos…

Detrás de todo ese diálogo interno hay una auto-exigencia excesiva. El pensamiento que subyace es algo así como yo “debería” tener todas las tareas hechas a final del día, saber cómo hacerlas y hacerlas bien; yo “debería” quedar bien con todos, es lo que esperan de mí. ¿Y quién consigue eso? Esos “deberías”, esos pensamientos, no son ciertos, son de una auto-exigencia excesiva y me están generando ansiedad…

Anticipando el futuro…

¿Y que sé yo que pasará hoy en el momento en que despierto por la mañana? Hasta que no lo viva no lo sabré… Mientras estoy en el futuro, estoy anticipando acontecimientos que puede que ni siquiera lleguen a existir. De momento, están sólo en mi imaginación. Y esa “realidad virtual” que a veces nos construimos en nuestra cabeza, nos puede generar ansiedad.

 

ansiedad

Anticipar el futuro puede generar ansiedad

Foco en el resultado o foco en la actividad

Cuando pones el foco en el resultado futuro esperado, te separas de ti. Dejas de estar en el presente, en tu aquí y ahora. Y eso genera, en sí mismo, malestar y abre la puerta a los “miedos” a que salga mal, a que no de tiempo… Abre la puerta a la ansiedad.

¿Y si probamos a enfocarnos en la actividad en vez de en el resultado? Enfocarnos en el hacer de cada momento, nos trae al aquí y ahora, nos hace estar presentes, acompañarnos.

Los plazos

Todos los proyectos se retrasan. Cualquier persona que haya trabajado en un proyecto lo sabe. Siempre surgen imprevistos, modificaciones… Y al final del camino no pasa nada porque ya se asume que esas cosas suceden.

Y si hay un plazo ineludible que cumplir, se termina como se puede, como las circunstancias lo permiten. Aunque no sea de la mejor manera.

Lo mejor es enemigo de lo bueno

Un jefe que tuve decía, como Voltaire, que lo mejor era enemigo de lo bueno. Se trata de elegir una relación adecuada entre coste y eficacia. — Si, vale, esto podría estar mejor hecho pero ¿a qué coste?

Si el coste es elevadísimo, no compensa porque eso hace que la empresa no sea rentable. ¿Podemos hacer algo que cubra la necesidad de una manera práctica y digna? ¿Algo más simple y rápido de gestionar? Hagámoslo así entonces.

¿Y en tu vida personal? ¿Qué coste tiene para tu salud, equilibrio, bienestar… elegir lo mejor en vez de lo bueno? ¿No podrías tú también simplificar?

 

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«Lo mejor es enemigo de lo bueno» Voltaire. Filósofo francés, padre de la Ilustración.

La perfección se alcanza cuando ya no queda más que quitar

Un buen amigo abogado me decía: — Menos mal que hay plazos para entregar los escritos en el juzgado porque si no seguiría cambiando el texto una y otra vez, poniendo más cosas, y no acabaría nunca…

Y quizá ese “extra” de tiempo para supuestamente perfeccionar el texto tampoco beneficie. Reconozco que yo muchas veces me he confundido pensando que algo estaba “perfecto” cuando ya no quedaba nada más que añadir… pero en realidad eso puede hacer el texto farragoso, pesado… hasta ilegible.

Antoine de Saint-Exupéry decía que:

“la perfección no se alcanza cuando ya no queda nada más que añadir sino cuando ya no queda más que quitar”

Quizá se trate más de pararse a pensar unos instantes en que es lo esencial y centrarse en eso. Lo demás es prescindible.

El perfeccionismo

El perfeccionismo genera inseguridad y ansiedad… ¿Y cómo habría de ser de otra manera? Lo único seguro es que perfecto no va a quedar…

¿Es posible estar a gusto de todos?

¿Qué piensas? ¿Es posible estar a gusto de todos? Parece que no… Ya se sabe que sobre gustos no hay nada escrito y cada uno tiene el suyo…

A veces este es otro factor que nos genera ansiedad. Me da miedo quedar mal con otros, ¿qué pensarán de mi?, ¿qué dirán? Me auto-exijo “quedar bien con todos” hacer lo que creo que esperan de mí…

A veces ni siquiera los otros me han dicho que esperan de mí, soy yo quien lo imagino… vaya usted a saber si acierto o no… Otras veces puede que si me lo hayan dicho expresamente. En todo caso, lo que los demás esperen de mí,  ¿es asunto mío…? ¿o más bien es asunto de ellos?

Mientras que yo estoy pensando sobre lo que los demás esperan de mí o no, en como complacerles, etc, estoy de alguna manera viviendo su vida y no la mía. Esto también me separa de mí, me genera malestar y abre la puerta a los “miedos” a no gustar, al rechazo… De nuevo, se abre la puerta a la ansiedad.

Quizá no sea posible complacer a todo el mundo pero si es posible estar razonablemente satisfecho contigo mismo.

 

ansiedad

La vida es un camino de aprendizajes

La vida es un camino de aprendizajes

La historia de la humanidad es una historia de aprendizajes. Así es como el ser humano llegó desde las cavernas hasta la luna. Un científico premio Nobel, es una persona que se ha pasado años explorando, experimentando en el esquema “prueba, error, corrección”. Tanto es así que quizá deberíamos empezar a hablar de “prueba, resultado, avance”. Porque siempre que hay un resultado, hay una pista sobre por dónde dar el siguiente paso, por dónde seguir avanzando.

Y esa misma historia de la humanidad es reproducida en cada ser humano. Cada vida es un camino de aprendizajes.

Aprender a gestionar la ansiedad

Podemos aprender a gestionar la ansiedad, el estrés. Hoy en día existen herramientas a nuestra disposición. Entre ellas, EFT Tapping es la que me parece más fácil y eficaz en su aplicación. Ahora es la técnica de gestión emocional de moda en los Estados Unidos. Se ha extendido rápidamente gracias a su éxito para el tratamiento del estrés. Desde estrés común a estrés post-traumático.

Así, EFT se ha convertido, en su versión básica, en una herramienta de desarrollo personal para auto-aplicación. Y, en su versión avanzada, en una técnica utilizada por coaches y psicólogos que desean contar con una herramienta sencilla de aplicar y potente en sus resultados.

¿Y ahora, qué elijes?

Quien sabe, quizá algún día esa persona cuyo testimonio abría este artículo acabe por decirme “Cada mañana me despierto tranquila. Me doy permiso para aceptar que no sé como irá el día, explorar y a ver a dónde me lleva eso…”.

Un abrazo de corazón,

Ana F Luna

PCC Coach y Máster en Psicoterapia