¿Por qué somos tan cotillas? Teoría del chismorreo de Robin Dunbar

La semana pasada saltó la noticia: Angelina Jolie y Brad Pitt se divorcian. Al instante cientos de medios comienzan a compartir información absurda. Que si ha sido por las drogas; que si tiene un amante… Si buscas en google «angelina jolie and brad pitt divorce» se pasa de 2.960.000 respuestas a 24.000.000 ¡en sólo 4 días!. Y así seguirá hasta que otro nuevo cotilleo llegue a nuestras vidas.

«Bueno… pero es que ellos son famosos, y los famosos nos interesan mucho» podrán decir algunos…

Observa a las personas con las que estás conectada en Facebook, ¿acaso no tienes «amigos» (del colegio por ejemplo) a los que hace años que no ves? Personas que realmente no te aportan nada pero que mantienes en tu red para (admítelo) ¿poder cotillear su perfil?

En los grupos sociales, ya sea de amigos, de compañeros de trabajo, etc, siempre suele haber, por lo menos una persona experta en el arte del espionaje en internet, que disfruta de lo lindo soltando bombazos ajenos.

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Cotilleo

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Y es que resulta que todos somos un poco cotillas, y de hecho este ha sido uno de los temas de indagación de estudiosos y antropólogos que se han dedicado a analizar los procesos de evolución humanos. ¿Nos ayudó el cotilleo a construír nuestras civilizaciones?

El evolucionismo social de Robin Dunbar

El evolucionismo social intenta estudiar los cambios que se van dando en una sociedad a medida que ésta se hace más compleja. Las civilizacione se situarían así en un contínuo. En uno de sus extremos estarían los primeros individuos que formaban sociedades muy sencillas, hasta llegar al otro polo donde encontramos las sociedades más complejas. Pero, ¿qué permite a una tribu de pocos individuos avanzar hasta las grandes comunidades de las que formamos parte en la actualidad?

 

Aquí es donde entra en juego Robin Dunbar. Dunbar es un antropólogo y biólogo británico especializado en el estudio de primates. Actualmente trabaja en la Universidad de Oxford donde imparte clases de psicología evolutiva.

 

Robin DunbarLa teoría evolucionista que plantea podría resumirse de la siguiente manera: hace millones de años nuestros antepasados convivían en grupos muy pequeños. Las relaciones que se establecían entre los miembros de la tribu eran muy directas y recíprocas, y serían parecidas a las conductas de limpieza que podemos observar en los primates. Yo te acicalo y tú me acicalas. Este tipo de relaciones fomentan la cohesión del grupo: lo hace más fuerte. En los grupos de primates más avanzados que tienen hasta 55 individuos, los chimancés dedican un 20% del día, casi 5 horas, a cultivar este tipo de relaciones sociales, sobre todo táctiles y por parejas. ¿Qué ocurre con el hombre que vive en grupos mayores?

 

Pues bien, según Robin Dunbar, cuando nuestros ancestros empezaron a abandonar la vida nómada, y formaron grupos sociales  mayores, tuvieron que buscar alternativas para mantener la cohesión del grupo. Porque claro está, manosear y despiojar a 60 personas al día consume demasiado tiempo…

Y es aquí donde entra en juego el cotilleo.

El cotilleo como base social

Una vez que los grupos comienzan a ser más numerosos, las antiguas conductas que se utilizaban para establecer alianzas (yo te acicalo y tú me acicalas) dejaron de ser eficientes por cuestión de tiempo y recursos. Tuvieron entonces que buscar alternativas  y el chismorreo emergió como una manera megaeficiente de hacerlo (yo te cuento y tú me cuentas).

El lenguaje es una solución alternativa para el ejercicio de la inteligencia social.

Dunbar introduce el concepto de inteligencia social que se relaciona directamente con el tamaño del cerebro, más concretamente del neocórtex. Cuantos más individuos conforman un grupo, es necesario tener un cerebro más grande para poder mantener una comunicación eficaz con los demás miembros del grupo.  De hecho, el neocórtex  es responsable del lenguaje y evolutivamente es la última zona que se desarrolló.

No se está diciendo que el lenguaje se creara con el fin de cotillear. Lo que está diciendo es que un aspecto del lenguaje, el chismorreo, apareció como herramienta fundamental para crear vínculos sociales. Por supuesto que el lenguaje tenía un gran uso técnico, pero cuando estas personas terminaban sus faenas y se reunían en torno al fuego, o donde fuera que se encontraran, hacían uso del chismorreo para establecer vínculos con los demás. Se abandonan las herramientas basadas en el contacto directo por técnicas simbólicas con babasadas en el lenguaje. 

 

primates

 

¿Qué ocurre en la actualidad? En una investigación que realizó el antropólogo, observó que de media, pasamos el 65% del tiempo de una conversación chismorreando (que no criticando). Una cantidad de tiempo nada desdeñable. Y la cosa se complica si tenemos en cuenta que el número de personas con las que interactuamos desde la llegada de la redes sociales se ha disparado. Tenemos la titánica misión de mantener relación con ¿200? ¿300? contactos virtuales, a los que debemos sumarles los contactos reales.

Y es que, ¿cuántas relaciones sociales podemos mantener?

El número Dunbar

Hace algunos años, en 1992 para ser exactos, estaba Robin Dunbar estudiando poblaciones de primates cuando se le ocurrió comprobar si había una relación entre el tamaño de la corteza cerebral, y el número de individuos que componen los grupos en los que vivían los primates. Efectivamente encontró una fuerte correlación entre el tamaño de la población y el tamaño del cerebro así que aplicando la formula a los humanos estableció que el número óptimo de personas con los que podemos mantener relaciones estrechas es de 150 (147,8).

Para contrastar si esto era cierto aplicó la fórmula en grupos de humanos de diversos momentos históricos, analizando los «censos» de los que tenemos conocimiento. Estableció tres categorías:

  • Grupos de 30 – 50 individuos.
  • Grupos de 100 – 200 individuos.
  • Grupos de 500 – 2.500 individuos.

Observó que los grupos que rondaban los 150 individuos funcionaban mucho mejor que los que eran más numerosos en parte porque sus miembros podían socializar los unos con los otros con menos esfuerzo. De hecho predice que a partir de esta cifra los conflictos surgidos dentro del grupo crecerán exponencialmente.

¿Qué ocurre ne la actualidad con las redes sociales como Facebook por ejemplo? En una entrevista concedida a Eduard Punset para el promgrama REDES en 2011 el autor explicó que cuando hablaba de «150 personas» hablaba de amigos directos, familiares; gente muy cercana. Los amigos de Facebbok no los considera como tal ya que:

No estamos hablando de amigos de Facebook, donde podemos tener varios miles de amigos si queremos. Sin embargo, si tenemos una gran cantidad de amigos en Facebook, a muchos, en realidad, apenas los conocemos. Si les pidiéramos un favor, probablemente no nos lo harían.

Claro está, la teoría de Dunbar ha recibido muchas críiticas. Para empezar los estudios realizados para establecer el factor exponencial (tamaño de cerebros – nº de individuos de un grupo) que le llevó al famoso 150, queda empañado por la veracidad de los censos que consultó para su estudio. También critican el escaso poder que otorga al entorno y a las herramientas de comunicación que manejamos en la actualidad. Sin embargo, la teoría del cerebro social de Dunbar se mostró como algo novedoso, como una nueva manera de explicar una conducta que nos es terriblemante familiar y condenada a partes iguales: el cotilleo.

Referencias bibliográficas: 

Gusanos musicales: canciones que se pegan

A no ser que seas un extraterrestre recién aterrizado en nuestro planeta, lo más seguro es que hayas visto uno de los últimos anuncios de Vodafone, en el que el protagonista no puede dejar de entonar una cancioncilla que fue éxito del verano hace algunos años, con el consiguiente sufrimiento de quienes le rodean. Nuestro pobre hombre está siendo atacado por gusanos musicales:

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https://www.youtube.com/watch?v=W1DPL2LpiQs

Que levante la mano a quien no le haya pasado lo mismo en alguna ocasión. Pero ¿por qué ocurre? ¿qué base neurológica hay detrás de este incómodo fenómeno? ¿hay canciones más convertibles en «gusanos musicales»?

Gusanos musicales: ¿qué son?

Al primero que llamase a este hecho «gusano musical» deberían haberle dado un premio. La definición me parece efectivamente precisa. Porque cuando se te mete una canción en la cabeza, parece como si efectivamente, un pequeño gusano sin forma se moviera a sus anchas en tu cerebro sin que puedas hacer nada por echarlo de allí. El término adecuado es el de imaginería musical involuntaria.

En su libro «Musicofilia» Oliver Sacks dedica un capítulo entero llamado «Gusanos cerebrales, música empalagosa, y melodías pegadizas» a este tipo de fenómenos.

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Gusano musical

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Ante la pregunta de ¿por qué ocurren? la hipótesis que plantea es que de algún modo nuestro cerebro evolucionó con una gran capacidad para repetir sonidos. Hace miles de años nuestros ancestros tenían que aprender a diferenciar los sonidos que escuchaba a su alrededor, distinguiendo cuáles eran peligrosos y cuáles no. Y para poder realizar esta tarea satisfactoriamente se requiere la capacidad de almacenar y repetir estos sonidos.

El problema que plantean es que en la actualidad estamos sobre expuestos a los sonidos. Todos tenemos un teléfono que nos acompaña cargadito de música. Nos la llevamos al gimnasio; la escuchamos en la radio; el las películas, en los anuncios de televisión, etc. Si hace cientos de años el acceso a la música estaba mucho más restringido a ciertos tipos de celebraciones sociales y a la propia producción en los casos más privilegiados, hoy en día podríamos decir que nos la música nos satura.

¿Algunas canciones son más propensas?

Hace unos años la doctora experta en los procesos de memoria Vicky Williamson se propuso estudiar el fenómeno realizando un pequeño experimento.  En colaboración con la BBC, pidió a los oyentes de un programa de radio que compartieran este tipo de episodios con ellos, creando así una pequeña base da datos en la que observó algo sorprendente a primera vista:

«Cuando tuve 1.000 canciones de gusanos musicales en mi base de datos, sólo media docena se habían mencionado más de una vez; así de heterogénea fue la respuesta. Es un fenómeno muy individual». 

Por lo tanto, parece que el tipo de melodías que se alojan incansablemente en nuestro cerebro dependen de cada persona. También se ha observado que poco influye que la canción tenga letra o no, ambos casos pueden convertirse en gusanos auditivos. Eso sí, es más fácil que ocurra si se trata de canciones con una estructura musical sencilla y repetitiva, como por ejemplo las nanas o las canciones infantiles o religiosas.

gusano musical

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Otro aspecto importante es que  es un fenómeno que parece estar íntimamente relacionado con un tipo de memoria más ligada a los recuerdos emotivos. Han visto que las canciones de la infancia, cargadas de recuerdos y emociones son muy propensas a convertirse en gusanos musicales por lo que todo parece indicar que la memoria autobiográfica tiene un papel bastante relevante en el proceso. Ya hace muchos años, el psicoanalista Theodor Reik, (colaborador de Freud) se acercó al fenómeno con curiosidad ya que creía que:

 «Ofrece al analista un indicio para llegar a la parte más secreta de la vida emocional en cada persona».

Independientemente de si las cancioncillas nos traen algún recuerdo emotivo, está bastante demostrado que una vez se te ha alojado un gusano en la cabeza, éste tiene más probabilidades de volver una y otra vez. Esto quedó reflejado en la maravillosa película «Del Revés» en la que un gusanillo musical se pasea por sus anchas en varios momentos de la película atormentando a sus protagonistas:

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https://www.youtube.com/watch?v=euwgRSt5Nrs

 

Cuando los gusanos auditivos se convierten en psicosis

Lo más común es que la experiencia tenga una esperanza de vida corta, unas horas es lo más habitual, y después tal y como han llegado se vayan. Pero ocurre a veces que las canciones se vuelven tan intrusivas que interfieren en la calidad de vida de la persona que las sufre. Podemos hablar entonces de una psicosis musical.

Es el caso de Jack Pudwell quién relata su experiencia en The Guardian, en un artículo llamado:  «Broken Record Syndrome: my life with chronic earworm«. Jack escucha canciones que se repiten en su cabeza todos los segundos de su vida, desde que se despierta hasta que se vuelve a dormir.

Es realmente claustrofóbico leer la experiencia de Pudwell quien relata cómo el hecho de estar contínuamente escuchando el fragmento de una melodía tras otra le llena de ansiedad. Ya no puede ir al cine, componer música le supone un serio problema, y los medicamentos con los que trata de frenar la enfermedad parecen no dar resultado. Tal y como termina el artículo, parece que su única esperanza es aprender a vivir con ello.

Pero  ¿por qué dar con una cura es tan difícil?

¿Qué parte de nuestro cerebro alimenta y aloja a los gusanos?

El problema de tratar de encontrar la parte específica de nuestro cerebro que se encarga de dar cobijo, crear y alimentar a estos pequeños gusanos es la propia naturaleza del mismo.

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gusanos musicales

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Tal y como indica el doctor Sacks en su libro, y como han demostrado tantas y tantas investigaciones: nuestro cerebro es altamente musical. Por ello cuando realizamos una actividad musical el cerebro se activa de una manera sorprendente  y  por ello también es muy difícil separar el módulo o región que provoca estos fenómenos.

Lo que sí que parece es que tiene una base fisiológica. Por ejemplo se ha observado que la ingesta de ciertos medicamentos (como la lamotrigina por ejemplo) que afectan a nuestros neurotransmisores, está relacionado con un aumento de estas canciones pegadizas.

Lamentablemente no hay un remedio «patentado» que solucione las pequeñas intrusiones musicales que todos sentimos de vez en cuando. Algunos investigadores recomiendan realizar alguna actividad que requiera un esfuerzo mental, como un sudoku por ejemplo. Otros recomiendan ponerse a escuchar otras canciones hasta que el gusano desaparezca. Quién sabe, igual Vodafone tenía razón y Spotify sea la solución…

 

Referencias

  • Sacks, Oliver. Del L. (2015)  Musicofilia, relatos de la música y el cerebro. Anagrama.

El duelo en nuestra cultura

En la España de mi generación  nos hemos acostumbrado a afrontar a la muerte y en ocasiones,  el duelo, de la misma manera que se trata a un vecino que nos da pereza: ignorándola. La muerte se vive apartada, lo más lejos posible, y si podemos no pensar en ella ¡mejor que mejor!

Durante siglos en nuestro país el duelo ha estado regido por leyes desde que en el 1502 los Reyes Católicos dictaron la famosa «Pragmática de Luto y Cera», en la que se establecía lo que debía hacerse si moría un ser querido. Con el paso de los siglos (menos mal) las leyes se relajaron (en 1729 Felipe V dictó una nueva pragmática más flexible) , pero había un elemento en común: la muerte seguía siendo visible.

Solo tenemos  que preguntar a nuestros abuelos  o nuestros padres, para que nos relaten lo que ocurría en el barrio cuando moría un familiar, o incluso un vecino. Al igual que ocurría con los nacimientos, el fallecido era despedido en su propia casa, rodeado de los suyos que eran los que se ocupaban de preparar el cuerpo para la despedida. Los vecinos acudían a presentar sus respetos; la puerta de la casa permanecía abierta. Tanto el paso a la vida como el paso a la muerte tenían lugar en el propio hogar. 

Con la modernización paulatina de la sociedad, nos hemos ido apartando de los ritos asociados al duelo, tal y como expresa Marcos Gómez Sancho:

“Todo tiene un coste, lo que hacemos y lo que no hacemos. Hemos creído que estamos por encima de los ritos y que estos son un patrimonio de la religión, cuando no es cierto. En los ritos hay mucho de religioso, pero también de cultural. Si todo nos dice que vivamos el duelo por dentro, al final nos aislamos y es mucho más difícil hacerlo”. 

La triste verdad es que no hemos sabido revelarnos contra el luto asfixiante, el luto «lorquiano» que atisbamos en la Casa de Bernarda Alba, y hemos caído en el extremo opuesto. Hemos despojado a la muerte de todos los ritos que la revestían.

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duelo en españa

 

Para reflexionar: el duelo en el pueblo mapuche

El pueblo mapuche tiene una palabra preciosa, «layelewün«, una palabra que vendía a significar «vacío por pérdida» o «vacío por muerte». Hace alusión a un estado especial de desolación y de vacío en el que quedan inmersas las personas de la comunidad que han perdido a un ser querido. 

Para el pueblo mapuche, cuando la persona muere queda dividida en tres unidades:

  • La carne, que queda en la tierra.
  • El espíritu, que viajará a lo desconocido para toda la eternidad.
  • El tercer legado de la persona que ha muerto es el «Am», la imagen del difunto que queda en la tierra durante unos meses, y que permanece después en el recuerdo de los seres queridos. Es el «Am» el que realmente facilita la despedida. Al fin y al cabo el cuerpo queda enterrado e inaccesible; el espíritu no sabemos dónde ha ido, pero al dotar de una naturaleza casi tangible al «Am», se hace más sencillo despedirse poco a poco de la persona que ya no está.

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funeral3

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De un modo similar a lo que ocurría en la España de hace no mucho, el fallecido debía pasar varios días en su casa antes de proceder al entierro. Las mujeres velaban el cadáver durante el día y los hombres por la noche. Toda la comunidad participaba en el entierro y de hecho, quienes no lo hacían transgredían gravemente las normas de la comunidad.

En nuestra cultura actual, tan avanzada en otros aspectos, creo que nos sentimos bastante ciegos en lo que respecta a la muerte. Cuando vamos a un funeral, a un velatorio podemos encontrarnos con la duda de no saber qué decir, qué hacer. Utilizamos eufemismos como «se ha ido», «nos ha dejado» en lugar del certero «ha muerto».  Intentamos consolar a la persona que está sumida en el dolor con frases hechas («el tiempo todo lo cura»). El pueblo mapuche tenía otra manera de enferntarse al dolor. Como decía antes, existe una palabra, «layelewün» que intenta hablarnos del estado de vacío en el que quedamos sumidos cuando perdemos a alguien. Durante las semanas siguientes a la muerte de la persona, los mapuches creían que cuando te sobresaltan recuerdos dolorosos, lo adecuado es cesar  inmediatamente la actividad que se esté  llevando a cabo, para para dejarse inundar por completo por  el sentimiento. La persona se sumerge en el dolor y se deja llevar por él.

Fases del duelo y duelo patológico desde la teoría del apego

En los años 80 Bowlby estudió losprocesos de duelo:

«La pérdida es una de las experiencias más dolorosas que un ser humano puede sufrir. Y no sólo es dolorosa de experimentar pero también es doloroso ser testigo de ésta, especialmente porque nos sentimos impotentes para ayudar».

El autor explicó cómo estos procesos rompen el equilibrio en la vida de la persona que lo está experimentando, que tienen que reorganizarse para poder superar el dolor. Bowlby encontró muchas similitudes entre las fases que atraviesa un niño cuando es separado de su madre por un breve periodo de tiempo (experimento de Mary Ainsworth), con las fases del duelo que experimentan niños y adultos ante la muerte de una figura de apego.

1 Fase de aturdimiento o de shock

Se siente incredulidad, una fuerte impresión, un gran rechazo a aceptar la noticia que causa un estado de shock. Son frecuentes las expresiones del tipo «no lo puedo creer», «es imposible»… Esta fase puede durar días, semanas, o incluso más.

2 Fase de búsqueda de la persona querida

Una vez superada la primera fase, nos vemos inundados por una intensa añoranza, una necesidadad de reencuentro con la persona que ha muerto que nos llena de desesperanza ante la iposibilidad de la misma. La persona está vigilante, esperando la vuelta de dicha persona. Una puerta que se abre, un móvil que suena; cualquier cosa le hace estar alerte y expectante. Como esto no es posibe, se dan sentimientos de ira y enojo. Los objetos del difunto son guardados a la vez como un tesoro, a la vez como algo de lo que debemos desprendenos. Se vuelve una y otra vez  a las fotos, vídeos, a las cartas… que nos trae su recuerdo.

recuerdos

En esta fase del duelo, ya que la persona está buscando reencontrarse con el difunto, no  suele reaccionar bien a los consejos de los demás que intentan ayudarle a aceptar su muerte. En este momento lo adecuado es dejar que comparta sus recuerdos, las vivencias, que hable del difunto para poco a poco ir siendo más consciente de la necesidad de soltar.

3 Fase de desorganización

Entramos en esta fase cuando aceptamos plenamente que la persona no va a volver. Quedamos entonces sumidos en un estado de apatía, y nos vemos sumergidos en un fuerte sentimiento de soledad.

4 Fase de reorganización

En esta última fase tratamos, no de romper el vínculo con la persona que ya no está, si no de modificarlo, dándolo un nuevo y valioso papel dentro de las representaciones mentales que vivn a través del recuerdo.

Si esta fase se produce con éxito, poco a poco la persona recupera la capacidad de sentir placer, de hacer planes, de no sentirse culpable por seguir viviendo.

El duelo patológico

Bowlby habló de dos tipos: el duelo crónico y la ausencia de duelo. En ambos existe cierta creencia de que la muerte es reversible, y por lo tanto no se avanza en sus fases, y no se puede llegar a a etapa de reorganización.

Los modelos internos según los cuales funciona la persona no se modifican, y por lo tanto se permanece en un estado de estancamiento vital.

¿Cómo acompañar en el proceso de duelo?

Debido a nuestro paulatino alejamiento de la muerte, es bastante usual no saer qué decir, qué hacer, cuando tenemos que acompañar a alguien querido que está afrontando el proceso de pérdida.

El Colegio Oficial de Psícologos de Madrid tiene esta pequeña guía, que nos ofrece consejo.

Entre otras recomendaciones hablan de la importancia de no caer en frases hechas («es la voluntad de Dios», «ahora ya no sufre»…); de no intentar distraer a la persona de su dolor, sino todo lo contrario, de actuar como un facilitador de conexión del indivíduo con los sentimientos que está viviendo en ese momento.

Dejarte llevar por tus propios sentimientos también es importante. No tengas miedo a llorar por temor a aumentar los sentiemientos de tristeza del otro. Mostrar tu estado de ánimo puede ser un valioso elemento empático que ayude al otro a no sentirse sólo, a sentirse comprendido.

Para terminar, me gustaría despedirme con esta preciosa frase de Dostoyevsky: 

Cuanto más oscura es la noche, más brillantes son las estrellas. Cuanto más profundo es el duelo, más cercano esta dios.

estrellas

Referencias: 

El mago no puede morir. (El mago eres tú)

Las personas simpre hemos tenido la necesidad de explicar todo lo que ocurre en nuestro entorno. Si bien es cierto que hoy en día recurrimos a métodos ciéntificos para hallar estas explicaciones, hace miles de años nuestros antepasados encontraron otra forma de explicar lo que veían.  Desde las sociedades más antiguas de las que tenemos registro, mujeres y hombres de todas las tribus y culturas alrededor del mundo han venerado la existencia de algo invisible que nos rodea y a lo que sólo unos pocos afortunados tienen acceso, lo que se ha llamado comúnmente como magia. La magia se define como:

«Conjunto de conocimientos y prácticas con los que se pretende conseguir cosas extraordinarias con ayuda de seres o fuerzas sobrenaturales.»

Como señalaba al principio, la magia ha existido desde que el hombre es hombre. Parece que siempre hemos tenido el impulso de ponerle nombre a las cosas, de dotar de cierto orden el mundo en el que vivimos, y de este modo surge la «magia natural«, aquella que intentaba explicar los fenómenos naturales  dotándoles de una explicación fantástica para sortear lo que entonces se tomaba como inexplicable.  Y en las tribus surge entonces una de las figuras más importantes para el grupo: el chamán.

El mago

El mago era aquella persona de la tribu que a través de rituales mágicos proveía a los miembros del grupo de una ilusión de poder controlar el medio, algo necesario cuando debían enfrentarse a situaciones de gran peligro. Bajo la promesa de cambiar el clima, la salud, o los conflictos con otras tribus, los demás miembros del grupo se dejaban guiar.

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Chamán, mago navajo

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Chamán significa «médico» (en turco «el que sabe») y es una figura que ha existido (y sigue haciéndolo)  en todas las culturas del mundo, en diversas formas:

  • En América del Sur el pueblo mapuche tenían a su machi, quien preparaba brebajes para combatir enfermedades, favorecía la cosecha, expulsaba demonios… Los Aymara por otro lado tenían a los yatiris en la amazonía peruana contaban con la ayuda de los  yachaqFamosa es la figura del nahualbrujo que podía transformarse en animal.
  • En América del Norte, los navajos llamaban hatali  a sus curanderos.
  • En África la figura del chamán tenía importantes cualidades jurídicas, siendo una figura de gran prestigio en la comunidad.
  • En las cordilleras del Hymalaya la figura del chamán ha perdurado hasta nuestros días, a medio camino entre la medicina y el mundo de los espíritus.
  • En la tradición celta tenemos a los druidas, de los que hemos heredado muchas tradiciones  que perduran hoy en día.
  • En China la tradición chamánica recibe el nombre de Wuismo, cuyas raíces se remontan al 1.600 a.c. Y así muchos más.

Con el asentamiento del monoteísmo, las figuras que defendían esta magia natural comienzan a ser marginadas en Europa y Oriente Medio. Alrededor del año 400, la Iglesia Católica consigue el poder en Grecia y Roma y se apropia de las festividades paganas. De ese modo, aunque no lo sepamos seguimos celebrando el solsticio de invierno, en el que acontece el triunfo del «Dios Sol», el 25 de diciembre. Es el motivo por el que el 1 de noviembre aún sin saberlo celebras el Samhein, una antigua fiesta pagana en la que  los druidas celebraban el fin del verano, y en el que el dios de los muertos permitía a los difuntos volver a la vida momentáneamente para comunicarse con sus familiares.  Una vez destruidos los templos y apropiadas las celebraciones, se dio una caza de brujas que fue el último paso al desprestigio de la magia en el mundo entero.

La figura del mago queda entonces desprestigiada (y amenazada) y comienza a apagarse.

Y sin embargo, ¿ha muerto la magia?

El mago en el inconsciente colectivo

Cuando Jung desarrolló su idea del inconsciente colectivo, nos habló de ese océano común y universal en el que estamos todos inmersos, y describió las estructuras que lo sustentan: los arquetipos.  De los muchos arquetipos de los que nos habló Jung, hay uno que se presta muy interesante: el mago.

En palabras de Jung:

«El mago es sinónimo del viejo sabio, que se remonta en línea directa a la figura del hechicero de la sociedad primitiva. Es, como el Ánima, un demonio inmortal, que ilumina con la luz del sentido las caóticas oscuridades de la vida pura y simple. Es el iluminador, el preceptor y maestro, un psicopompo (conductor de almas), a cuya personificación no pudo escapar ni siquiera el «destructor de las tablas», Nietzsche, puesto que declaró portador y proclamador de su propia iluminación y éxtasis «dionisíacos» a su encarnación en Zaratustra, ese espíritu superior de una era casi homérica.»

 

Una de las características más importantes que describen el arquetipo del mago es su poder para cambiar la realidad. Hace siglos los chamanes eran capaces de transformar las sequías en agua, la enfermedad en salud, y sobre todo, citando al propio  Jung: «el arquetipo compensa ese estado de carencia espiritual con contenidos que rellenan el espacio vacío.« Cuando estábamos perdidos y necesitamos la luz, el adivino, el mago o el chamán hacían uso de su sabiduría para rellenar ese hueco.

¿Y acaso no estamos hoy en día experimentando ese profundo vacio? ¿Acaso no experimentamos una falta de «sentido de vivir«? Si tenemos en cuenta de que la OMS asegura que en el 2020 la depresión será la segunda causa de incapacidad a nivel mundial, creo que la respuesta es más que afirmativa.

 

El mago en la actualidad

mago tarot

Si en la antigüedad eran los chamanes quienes exorcizaban al hombre liberándolo de sus demonios, ¿quién asume esa función hoy en día? Si aceptamos la idea de que gran parte de nuestro malestar proviene de las represiones que ejercitamos contra nosotros mismos, la curación de estos problemas proviene de la aceptación de aquellos aspectos a los cuales nos duele hacer frente. Pero este proceso puede llegar a ser altamente doloroso, y en muchas ocasiones nos vemos incapaces de curarnos a nosotros mismos.

Esta incapacidad nos empuja a buscar la ayuda de un curador externo, que  hoy en día puede adoptar la forma de psicólogos, terapeutas, guias religiosos o maestros, que nos ayuden a despertar a nuestro curandero interno.

Porque el arquetipo del mago puede despertarse y expresarse en cualquiera de nosotros. Hace unas semanas, una persona muy cercana participó en un taller y literalmente definió a la persona que impartió el curso como «es un chamán» «lo que ha hecho es magia«. Si te paras a pensar un poco estoy seguro que puedes traer a tu mente el recuerdo de alguna persona que con su sola presencia es capaz de transformar el ambiente de una habitación emanando paz y tranquilidad. Personas que sin hacer aparentemente nada, simplemente siendo ellas mismas cambian la realidad que les envuelve y nos hacen sentir bien sólo con estar en su presencia.

 

Cuando somos capaces de poner orden en nuestro mundo interno somos más capaces de poner orden en nuestro mundo exterior. En este sentido, si bien es cierto que en un primer momento puede hacerse necesario contar con la ayuda de un mago que nos guie, después todos podemos ser nuestros propios chamanes.

¿Cómo despierta el mago?

La magia nace siempre de un acto doloroso. Como indica José María Poveda, los antiguos chamanes nacían a partir de:

  • Enfermedades: «El contacto con el dolor y la muerte constituye un modo poderoso de exposición al conocimiento o a la necesidad de saber acerca de situaciones críticas. El chamán ha sido definido también como «el curador herido», en el sentido de que las cicatrices son señales de su transformación en el camino del conocimiento para sanar. El psicoanalista que pasa su propio psicoanálisis antes de empezar a trabajar representa otra manifestación de esta manera de aprender.«
  • Los modelos cercanos: «La transmisión familiar será otra de las formas elementales de adquisición de conocimientos. El lugar donde habitualmente trabajan los chamanes es de ordinario el lugar donde viven y donde está su familia o su grupo. Es un sistema tradicional para transmitir experiencia, sobre todo en tareas que incluyen especialización artesanal«. 
  • Llamadas místicas

 

Si nos paramos a analizar la vida de personas que han adoptado el rol arquetípico de mago, nos encontramos con muchos ejemplos de individuos que han encontrado su luz, su camino, después de haber atravesado un camino lleno de dificultades y dolor.

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dolor

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Tenemos por ejemplo a  Milton Erickson. Uno de los psicoterapeutas más eficaces de la época y  famoso por ser pionero en cambiar las técnicas de hipnotismo aplicadas a la psicoterapia.  Tuvo un expediente  médico muy problemático, que comenzó a los 17 años cuando sufrió su primer ataque de polio, que se repetiría otra vez a la edad de 50 años. Era disléxico, daltónico y padecía una sordera que le impedía discriminar variaciones entre tonos. Todo el sufrimiento que experimentó a partir de la enfermedad le sirvió para desarrollar estrategias para afrontar el dolor que después utilizó para ayudar a la gente, convirtiéndose en su guía.

O tenemos el propio ejemplo de Jung, quien no es hasta después de superar una crisis en la mitad de su vida, cuando hizo sus principales publicaciones.

Tenemos a Aaron  Beck, padre de la psicología cognitiva, quien tuvo una infancia difícil, teñida por la depresión de su madre debido al fallecimiento de su hermana, y a una enfermedad que le obligó a afrontar sus miedos y problemas desarrollando las técnicas a partir de las cuales  desarrollaría después su teoría.

En la saga de literatura fantástica, Nacidos de la Bruma, Brandon Sanderson nos habla de los alománticos, personas que desarrollan grandes poderes después de haber atravesado un episodio de intenso dolor físico o mental. En el Señor de los Anillos Gandalf no desarrolla todo tu poder hasta que atraviesa los infiernos peleando con el Balrog. Nos topamos de bruces con el mito del Ave Fénix, sólo tras la muerte puede haber vida.

Como dijo José Luis Sampedro:

«Porque es tocando fondo, aunque sea en la amargura y la degradación, donde uno llega a saber quién es, y donde empieza a pisar firme».

Así podemos entender el sufrimiento desde una nueva dimensión. Más allá del dolor y las limitaciones,  una oportunidad para que se produzca el despertar del mago, ya que sólo a través de la curación del Self, el mago puede ayudara los demás.

 

Referencias:

  • Carl Gustav Jung. Arquetipos  inconsciente colectivo. Paidós, 2009.
  • Poveda, José María: Chamanismo: el arte natural de curar, Planeta, España, 2002.

Tres experimentos (que no creerás) heredados de la II Guerra Mundial

Después de la Segunda Guerra Mundial, a lo largo de la década de los 50 y los 60, la comunidad científica internacional se vio sumida en un hervidero de nuevos estudio, teorías, investigaciones, experimentos… que intentaban dar respuesta a grandes interrogantes surgidos después del conflicto. Una vez terminada  la guerra, Europa estaba demasiado ocupada intentado recomponerse del desastre, así que fue en los EEUU, cuyo territorio seguía «intacto» donde se pusieron en marcha algunos de los experimentos psicológicos más curiosos que se han hecho en la historia de la medicina y la psicología del pasado siglo. 

1- Proyecto Paloma: misiles guiados por palomas

El nombre del proyecto parece sacado de una película de los Monty Python, pero es real como la vida misma. De todos los experimentos llevados a cabo a lo largo de la historia, mi favorito es sin duda el  Project Pigeon.

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paloma asesina

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Después de la Segunda Guerra Mundial el desarrollo armamentístico experimentó un grandísimo boom en la búsqueda de nuevas maneras de matar más y mejor. Entre otras cosas, se querían desarrollar estrategias de guiado de misiles que fueran lo más fiables posibles.  Y es aquí donde (¿en serio?) entra en juego nada más y nada menos que:  Frederic Skinner, uno de los mayores referentes  de la psicología conductista, por aquel entonces profesor en la Universidad de Harvard.

Al padre del condicionamiento operante no se le ocurrió mejor idea que adiestrar a varias palomas para picotear, mediante estímulos, figuras con el objetivo que tendría el misil. El resto del mecanismo no importa. En el museo Smithsonian tienen una réplica del diseño original.

Demasiado excéntrico para el Ministerio de Defensa, el proyecto fue cancelado en octubre del 44 (después de haber invertido eso sí  25.000 dólares).

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2- La psicología del hambre: el experimento de Minnesota

 

En noviembre de 1944, 36 jóvenes participaron en un curioso experimento llevado a cabo en los pasillos  y habitaciones del estadio de fútbol de la Universidad de Minnesota. Los jóvenes, que por supuesto no eran futbolistas, fueron reclutados por Ancel Keys (el mismo que popularizó el concepto de Índice de Masa Corporal), desde el recién inaugurado  laboratorio de Higiene Psicológica de la universidad, en colaboración con Josef Brozek como psicólogo responsable. ¿De qué trataba el proyecto?

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experimentos II Guera Mundial

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En Estados Unidos veían como el hambre era un problema constante en la Europa asediada por la guerra, donde los bloqueos comerciales hacían muchas veces imposible el abastecimiento de ciudades enteras. Desde la universidad se propusieron hacer un estudio sistemático sobre los efectos físicos y psicológicos de hambre a largo plazo, tratando de encontrar cuál es la mejor manera de rehabilitar a las personas que lo han padecido durante periodos prolongados de tiempo.  Los  36 participantes del estudio eran objetores de conciencia , que como alternativa a la guerra se habían apuntado a labores de servicio público (a menudo los objetores de conciencia se alistaban en experimentos médicos donde eran utilizados como conejillos de indias). 36 jóvenes que se ofrecieron voluntariamente para que «los mataran de hambre«.

De los 200 inscritos, 36 llegaron a Minessota en noviembre de 1944, donde pasarían los 12 meses siguientes. El experimento se desarrolló de la siguiente manera:

Los tres primeros meses se les alimentó de manera normal, para establecer una línea base (un punto de partida controlado y equitativo) entre los jóvenes.

Los siguientes 6 meses fueron sometidos a una dieta muy pobre, dividida en dos comidas al día. Los alimentos que les daban eran los mismos que se podían encontrar en la Europa de aquellos años: patatas, pan, pasta, poca proteína… Debían trabajar 15 horas a la semana en el laboratorio, caminar 22 millas a la semana, y  participar en actividades educativas otras 25 horas semanales.

Los últimos 3 meses fueron sometidos a una «rehabilitación» en la que volvieron a comer de manera habitual.

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experimentos minnesota

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¿Qué averiguaron? Los resultados a nivel físico que observaron fueron los siguientes: bajada de peso; bajada de la temperatura corporal;  disminución de la energía sexual y de la activación en general. En el plano psicológico encontraron un deseo obsesivo por la comida; fatiga; irritabilidad; depresión; apatía…

Pero aquí no termina la historia. Si ya de por sí podemos pensar que el experimento en cuestión era bastante ridículo, el destino no quiso que llegara a buen puerto. En mayo de 1945 finalizó la guerra, antes de haber terminado la segunda fase del experimento, cuando los 36 participantes se encontraban en pleno calvario pasando hambre. El equipo  de Minnesota, que veía como el resultado de su estudio no iba a poder ayudar a la población real, decidió no tirar la toalla y elaboró una guía de 70 páginas Men and Hunger: A Psychological Manual for Relief Workers, basado en lo que habían aprendido hasta la fecha.  Como dato curioso advertir que de todos los tratamientos que se utilizaron en la última fase (rehabilitación) el más eficaz fue  la ingesta de comida altamente calórica.

Si quieres saber más, te recomiendo este artículo en el que se recogen algunos pensamientos de los participantes en el estudio.

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3- Experimentos crueles: investigación de Milgram

 

Desde la Universidad de Minnesota, pasando por Harvard, llegamos a Yale. En esta universidad se encontraba Stanley Milgram cuando  desarrolló unos de los experimentos más famosos de la historia. Corría el año 1961, y los actos de barbarie cometidos durante la Segunda Guerra Mundial despertaban mucha atención. Pocos meses antes miembros del partido nazi habían sido condenados por crímenes contra la humanidad, y Milgram quería averiguar si las demás personas que habían seguido sus órdenes también deberían ser consideradas como cómplices. ¿hasta qué punto un humano obedece a una figura de autoridad aunque  sus órdenes entren en conflicto con su moral? 

El anuncio que publicaron en una parada de autobús en Florida para buscar a sus conejillos de indias rezaba así: «estudio de la memoria y el aprendizaje». Por cuatro dólares más dietas, los voluntarios creían que estaban participando en un estudio que se alejaba mucho de la realidad.

Se necesitaban tres personas para desarrollar la actividad. El investigador, intentaba persuadir al voluntario para que administrara descargas eléctricas a una tercera persona (cómplice del investigador). La intensidad de las descargas iba ganando en potencia, y el cómplice fingía, mediante gritos y suplicas, que sufría verdaderos dolores.  La variable dependiente objeto de estudio fue:

«¿Cuánto tiempo puede alguien seguir dando descargas a otra persona si se le dice que lo haga, incluso si creyera que se le pueden causar heridas graves?»

 

 

Las hipótesis que barajaban en el inicio era que muy pocas personas llegarían al final del experimento, tan sólo los más sádicos, por lo que su sorpresa debió ser considerable cuando vieron que 25 de los 40 participantes llegaron al último nivel de voltaje.

Después de terminar las sesiones Milgram les hacía una serie de preguntas a los participantes antes de contarles lo que realmente había pasado. Algunas de las transcripciones originales son:

 

Sujeto: Yo me detuve, pero él (el experimentador) insistía ¡continúe! ¡continúe!

Milgram: ¿Pero por qué usted simplemente no desatendió la orden?

Sujeto: ¡Él decía que el experimento debía continuar!

Milgram: Está bien, me gustaría decirle algo sobre el experimento ¿se siente usted un poco molesto?

o

Milgram: ¿Por qué no se detuvo?

Sujeto: ¡Él no me dejaba! ¡Yo quería parar! Le insistía con parar pero él decía no. Le pedí que revisara al tipo que estaba ahí dentro pero no lo hizo. 

Si quieres saber más, Milgram publicó tiempo después Obediencia a la Autoridad, donde se recogen los detalles de la investigación.

 

Fuentes: 

Cuentos de hadas ¿es necesario matar al lobo?

Desde que existe la palabra, el ser humano ha utilizado las historias, primero trasmitidas oralmente, después a través de la letra impresa, para transmitir su cultura generación tras generación. A través de fábulas, cuentos de hadas y demás formatos, se han enseñado a niños y adultos cuáles son los valores sobre los que se levanta cada sociedad en un momento determinado.

Hasta hace poco se creía que los primeros cuentos de hadas se remontaban al antiguo Egipto, hace ya 1.300 años, aunque recientemente Sara Graça da Silva, y Jamshid Tehrani publicaron un estudio lingüístico cuyos resultados parecen indicar que los cuentos de hadas se remontan a la Edad del Bronce, hace más de 4.000 años.  El formato de estas narraciones se ha visto repetido en culturas de todo el globo: Grecia, Egipto, tribus de Norteamérica, China, etc. Incluso se ha comprobado que hay historias comunes que se repiten en culturas separadas por kilómetros de distancia. Es el caso por ejemplo de la historia recogida por la tradición europea como “The Smith and the Devil”, (la historia relata cómo el protagonista, en este caso Smith, vende su alma a un ser maligno,  el diablo). Los orígenes de esta historia parecen confluir hace milenios.

 

Cuentos: Smith and the Devil

 

Un aspecto de los cuentos de hadas realmente interesante es como han ido recogiendo, o más bien, cómo han ido eliminando aquellos aspectos de la personalidad y de la experiencia personal que han sido demonizados en cada momento histórico. Podemos analizar por ejemplo cómo estas historias reflejaban algunos de los instintos más “primarios” de ser humano, y cómo a través de estas historias se trataba de enseñar el camino a seguir, mostrando las terribles consecuencias de satisfacer nuestros impulsos.

Los cuentos de hadas y el peligro del sexo

Cuentos de hadas: Caperucita RojaPor ejemplo tenemos a la archifamosa Caperucita Roja. Perrault fue el primeo en recopilar la historia y transcribirla,  para pasar después a manos de los hermanos Grimm, encargados de elaborar la historia que “más o menos” ha llegado hasta nuestros días. 115 años separan ambas versiones, y las diferencias se hacen notar. Si observamos la versión de Perrault resulta una historia mucho más sexualizada que la de versiones posteriores, y es que en el sigo XVII las fábulas y los cuentos de hadas no se restringían a la infancia, eran un instrumento que socializaba a niños y adultos.

 

Viéndola entrar, el lobo le dijo, mientras se escondía en la cama bajo la frazada:

-Deja la torta y el tarrito de mantequilla en la repisa y ven a acostarte conmigo.

Caperucita Roja se desviste y se mete a la cama y quedó muy asombrada al ver la forma de su abuela en camisa de dormir.

 

La fábula del cuento de Perrault dice así:

 

Aquí vemos que la adolescencia,
en especial las señoritas,
bien hechas, amables y bonitas
no deben a cualquiera oír con complacencia,
y no resulta causa de extrañeza
ver que muchas del lobo son la presa.
Y digo el lobo, pues bajo su envoltura
no todos son de igual calaña:
Los hay con no poca maña,
silenciosos, sin odio ni amargura,
que en secreto, pacientes, con dulzura 
van a la siga de las damiselas 
hasta las casas y en las callejuelas;
 
más, bien sabemos que los zalameros 

entre todos los lobos ¡ay! son los más fieros

La moraleja del cuento ha cambiado radicalmente. Donde al principio se trataba de advertir de los peligros que corrían las señoritas si se dejaban llevar por sus instintos más bajos, intentando despertar un Cuentos de hadas: Caperucita Rojasentimiento de aprensión o incluso miedo por el despertar de su sexualidad (la caperuza es roja como símbolo de la menstruación, y el despertar sexual), hemos pasado a una advertencia para niños y niñas, que no deben irse con extraños por el riesgo que entraña para su integridad física.

Otra historia llevada al cine hace pocos años es la de la chica de la melena más famosa del mundo entero: Rapunzel. En la versión que conocemos, la chica es secuestrada por la bruja Gothel en la torre, donde aguarda hasta que su príncipe va a salvarla.  Dicha versión del cuento se la debemos a los hermanos Grimm, que tomaron una historia popular del folclore alemán y la transformaron.

Al principio, la historia es más o menos igual: Rapunzel aguarda en la torre secuestrada por la malvada Gothel hasta que llega el príncipe. En el cuento nos explican cómo el príncipe escala la torre de manera frecuente (jamás se le ocurre liberar a la muchacha del cautiverio), y no para charlar precisamente, ya que queda embarazada. Cuando la bruja se entera la destierra de la torre y la manda a vivir al mundo salvaje, donde da a luz a unos gemelos de los que debe hacerse cargo.

Otra vez nos topamos de bruces con una moraleja en la que se advierte a las jóvenes del peligro que corren si se dejan seducir por jóvenes y apuestos príncipes.

Los cuentos de hadas y la negación de la violencia

Si el trasfondo sexual ha desaparecido de estas historias, ahora vemos como le toca el turno a aquellos elementos que nos hablan de la ira y la violencia, aspectos de la naturaleza humana que son vistos con desagrado, y se intentan apartar de nuestra experiencia.

Recuerdo una vez hace 5 años cuando era profesora en una escuela infantil, en la que celebramos una fiesta temática de Caperucita Roja. La mayoría de los niños y niñas se disfrazaron de Caperucita Roja o de Leñador, algún que otro niño de lobo peludo. Uno de los niños apareció sin disfrazar.  La madre aclaró, con cierto desagrado, que no se sentía a gusto con la idea de que su hijo se disfrazara de una figura tan violenta como el cazador,  que llevaba pistola y mataba al lobo.

Pero, ¿qué ocurre si los cuentos de hadas tienen otra función, más allá que la de entretener o moralizar? Como dice Bruno Bettleheim:

“La creencia común de los padres es que el niño debe ser apartado de lo que más le preocupa: sus ansiedades desconocidas y sin forma, y sus caóticas, airadas e incluso violentas fantasías. Muchos padres están convencidos de que los niños deberían presenciar tan sólo la realidad consciente o las imágenes agradables y que colman sus deseos, es decir, deberían conocer únicamente el lado bueno de las cosas. Pero este mundo de una sola cara nutre a la mente de modo unilateral, pues la vida real no siempre es agradable”

El Patito Feo representa el estereotipo del niño marginado por ser diferente, ¿acaso los sucesos de acoso escolar no están a la orden del día? Hemos visto morir a la madre de Bambi, a Mufasa, al padre de Blancanieves, acercando el concepto de la muerte y del duelo a la infancia…  Y así un montón de ejemplos de cuentos “crueles” que podrían servir como ejemplo de catarsis para los más pequeños.

Lobo vegetarianoY sin embargo existe una tendencia a edulcorar los cuentos que hemos heredado del folclore. Por ejemplo, en el cuento de Caperucita Roja tanto la abuela como Caperucita  mueren por haberse dejado engañar. Se pasó después a salvar a ambas, hasta que llegamos a las últimas versiones donde por no morir, no muere ni el lobo.
El colmo de lo absurdo lo viví, cuando tuve entre mis manos una versión de Los Tres Cerditos en la que el lobo se deja convencer por los tres hermanos y se pasa a una dieta vegetariana. ¿Por qué tantos esfuerzos por negar la naturaleza agresiva del lobo?

 

¿Por qué tanto esfuerzo por negar nuestra propia naturaleza agresiva?

 

Los personajes de cuento como ejemplo 

No estoy diciendo que sea necesario ni bueno, relatar historias en las que se haga apología de la violencia sin sentido. Lo que defiendo es un uso de las historias que reflejen la compleja y verdadera naturaleza humana; naturaleza en la que conviven instintos de amor, de ira, de compasión, de tristeza, de muerte y de vida.

Lo vemos por ejemplo en el que a mi parecer es uno de los mejores personajes que ha creado Disney en los últimos tiempos: Mérida.

Mérida es de las pocas princesas Disney que abraza una personalidad completa, en la que vemos reflejados valores dulces, como el amor o la ternura, pero que al mismo tiempo abraza sin tapujos su parte más violenta, a través del arco y la búsqueda de independencia. Mérida se enfada cuando se tiene que enfadar, ¿y es que acaso nosotros mismos no nos enfadamos nunca?

 

Princesa disney: Mérida

 

No reniega de su personalidad, como tampoco debería hacerlo el lobo.

El lobo come cerditos porque es un lobo.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado… 

Fuentes:

Emociones y música, un viaje a través de la tristeza

Tiene John Dewey una frase que dice así:

“La emoción es la fuerza móvil y cimentadora; selecciona lo congruente y tiñe con su color lo seleccionado.”

Las emociones nos acompañan y nos mueven en nuestras acciones, siendo el motor de nuestros procesos conscientes.  El estado emocional en el que nos veamos sumidos en un determinado momento, dará un color, una atmósfera peculiar a nuestras elecciones, creaciones, pensamientos.

En algunas ocasiones podemos observar a través del arte esta conexión especial a través de las obras que observamos, leemos o escuchamos, en las que el artista deja reflejada en ella sus emociones más profundas.

Pollock

Cuando nuestro estado emocional es muy extremo, es más fácil que esto queda palpado en el lienzo o la partitura, como se puede ver en las obras de grandes genios que hoy me gustaría compartir. Grandísimas obras que fueron creadas en momentos de especial dureza, donde la tristeza era una constante en la vida de sus autores. Tristeza que dejó como legado en más de una ocasión, la pieza culmen en la vida de dichos artistas.

(Instrucciones del post: escuchar antes de leer)

La tristeza hecha sinfonía: Tchaikovsky y la “Patética”

La Sinfonía número 6 de Peter Ilytch Tchaikovsky fue compuesta en al año 1893, año de la muerte del magnífico compositor. Había nacido en su mente varios años antes pero no fue hasta 1892 cuando tomó forma en su mente. Aquí puedes escucharla:

https://www.youtube.com/watch?v=S-qUvQCMNDw

Después de haberla escuchado no es  sorprendente leer que cuando la compuso se hallaba  en Londres, lejos de su hogar, deprimido por la soledad y la nostalgia. Tenía una personalidad dada a la melancolía, y cuando se encontraba lejos de su patria experimentaba a menudo fuertes sentimientos de tristeza. Desde Londres escribió a su sobrino una carta en la que le decía:

Sufro tormentos que no pueden expresarse con palabras (hay un trozo en mi nueva sinfonía, la sexta, donde creo haberlos expresado adecuadamente”.

En otra carta le confesó:

 “No me sorprendería en lo más mínimo que esta obra fuera acogida desfavorablemente por la crítica. No sería la primera vez que esto me sucediera. Por lo que a mí respecta, la considero la mejor de cuantas he compuesto y, especialmente, la más sincera de toda mi obra. La quiero como jamás he querido a cualquiera de mis anteriores creaciones”.

Fue su hermano menor quien le sugirió el nombre, “patetícheskaya” que en ruso significa “emotiva”. La obra se estrenó sin gran acogida del público y la crítica, que perplejos no supieron reaccionar ante la pieza. Es significativo decir que Tchaikovsky murió una semana después de su estreno. Podría decirse que la obra fue un réquiem prematuro escrito para él mismo.

La tristeza hecha música: La Patetica

20 días después de su estreno volvió a interpretarse, esta vez con una mejor acogida.

 Claro de Luna: la tristeza del desamor

Claro de Luna, es una de las obras más representativas de Beethoven.

 

Cuando publicó la Sonata, ésta venía acompañada del siguiente epígrafe:

«Sonata casi una fantasía para clavecín o piano, compuesta y dedicada a la señorita condesa Giulietta Guicciardi, de Ludwig van Beethoven. Op. 27, n.º 2. Publicado en Viena en casa de Giovanni Cappi, Michaelerplatz N º 5.»

¿Quién era la tal Giulietta Guicciardi? Antes de responder a esta pregunta conviene hacer un repaso de la vida del compositor. El padre de Beethoven, alcohólico reconocido, dispuesto a hacer de él un niño prodigio de la talla de Mozart, dedicó muchos esfuerzos a hacer de su hijo un compositor de éxito. Es mucho lo que se ha escrito sobre las duras condiciones a las que fue sometido el Beethoven niño, lo que se tradujo en una personalidad extrema, de carácter a veces difícil, agravada por sus problemas de salud, y más adelante, su famosa sordera. Se le atribuyen varios romances, aunque no llegó a casarse, y es que en más de una ocasión la familia de la mujer en cuestión se opuso al matrimonio.

Claro de Luna Giulietta Guicciardi

Y ahí es donde aparece Giulietta Guicciardi. La hija del conde Guicciardi fue alumna del compositor, y parece que sus sentimientos hacia ella fueron más allá. En una carta que el músico escribió a Franz Gerhard Wegeler, amigo de la infancia, le confesaba:

«Al cabo de dos años he vuelto a disfrutar de nuevo algunos instantes de felicidad y por primera vez creo que el matrimonio podría hacerme feliz, pero desgraciadamente no es ella de mi posición y no puedo pensar en casarme.»

En efecto la familia de ella se opuso y  terminó casándose con un conde, más acorde a su posición social. El músico cayó en una profunda melancolía por la imposibilidad de casarse con la joven, gracias a la cual compuso una de las composiciones musicales románticas más bonitas de la música.

Franz Schubert «No existe la música alegre»

La vida de Schubert fue trágica desde el comienzo. De los 13 hermanos que fueron, 10 murieron al nacer, y su madre murió al dar a luz al último de ellos. Su mala relación con su padre le hace abandonar su casa natal, encontrándose solo en el mundo. No logró alcanzar la independencia económica con sus composiciones, no se casó nunca, y de hecho, no mantuvo relaciones amorosas duraderas. En los últimos años de su vida contrajo sífilis, y su ya de por sí temperamento triste se agravó. En 1824 escribió a su amigo Leopold Kupelwieser:

«En una palabra, me siento el hombre más infeliz, más miserable del mundo. Imagínate un hombre cuya salud ya no mejorará nunca y que en su desesperación sólo empeora todo en lugar de mejorarlo, imagínate un hombre cuyas más brillantes esperanzas han quedado reducidas a nada, al que la felicidad del amor y la amistad no ofrecen otra cosa que sumo dolor, al que el entusiasmo (al menos estimulante) por la belleza amenaza con desaparecer, y pregúntate si no es éste un hombre miserablemente infeliz. Mi tranquilidad ha desaparecido, mi corazón está oprimido, no lo encuentro nunca; así ahora puedo cantar todos los días, pues todas las noches, cuando me voy a dormir, confío en no despertar ya nunca, y cada mañana me anuncia sólo la misma pena del día anterior». 

En una ocasión le preguntaron:«Señor Schubert, ¿ es verdad que Ud compone únicamente música triste?», a lo cual respondió: «¿ Existe acaso otra?»

Y para muestra un botón: las tres últimas sonatas del compositor, compuestas durante su último mes de vida, las cuales fueron rechazadas en la época, y hoy en día son consideradas como unas de las piezas más maduras del compositor. Aquí la sonata D 959:

https://www.youtube.com/watch?v=98MZpEBbJrU

 

 

 

En resumen, esos momentos de tristeza y melancolía que atravesaron grandes genios de la historia de la música nos han dejado como legado maravillosas obras con las que disfrutar. Sólo podemos decir: gracias.