Mi hijo tiene un Amigo Imaginario: ¿es algo patológico?

Los amigos imaginarios son un fenómeno mucho más frecuente de lo que popularmente se cree. Principalmente se da en niños de entre 3 y 7 años, aunque pueden perdurar en la adolescencia y edad adulta, o incluso desaparecer y reaparecer en algún momento posterior de nuestra vida. En absoluto es algo patológico pero a menudo genera mucho estrés en los padres y por eso acuden a consulta.

 

¿Qué es un Amigo Imaginario?

 

La definición como casi todo en psicología ha generado algo de controversia y ha evolucionado con el tiempo hasta lograr una base suficiente de consenso. Básicamente se considera que un amigo imaginario puede ser:

  • Un personaje invisible con el que el niño interactúa, nombra en conversaciones y juega.
  • Un objeto en el que el niño personifica a su amigo imaginario, como un juguete o un peluche.
  • Una personalidad que el niño interpreta.

Generalmente surgen muchas dudas ya en este punto, ya que puede resultar complicado distinguir cuando un peluche es un compañero de juegos puntual o cuando un niña que juega a ser Elsa de Frozen está interactuando con un amigo imaginario. La clave para distinguirlo es que el niño interactúe de forma frecuente y estable a lo largo de un período de tiempo, excediendo su imaginación los límites de la realidad observable. Esto quiere decir que un peluche al que el niño ignora o solo juega con él puntualmente o una personalidad que el niño interpreta en un juego de rol una tarde no son amigos imaginarios.

Si un niño insiste en que le llames Han Solo y le trates como tal, con una personalidad propia diferente, consistentemente durante varios meses, probablemente nos hallamos ante un caso de un amigo imaginario. Si un niño tiene un osito de peluche pequeñito y apolillado pero habla de él como si fuera enorme y fiero e interactúa con él durante años como si fuera un amigo al que cuenta confidencias, acertaremos en pensar que se trata de un amigo imaginario. Estos casos serían ejemplos evidentes del fenómeno, aunque la mayoría se sitúan en un claroscuro porque la propia definición “de forma frecuente y estable durante un período de tiempo” es ambigua y deja en fronteras difusas un concepto que por otro lado, resulta difícil acotar.

 

¿Es algo patológico?

 

Al principio se consideró que era un signo de psicopatología en los niños, sobre todo en los casos de entes invisibles, como una forma de psicosis infantil. En el cine el retrato que se hace de estos niños es principalmente en el marco de películas de Terror en las que los niños con un aspecto muy perturbador hablan con fantasmas o seres demoníacos y levitan con un cuchillo en la mano.

Amigos Imaginarios, ¿algo patológico?Investigación posterior, ha analizado los motivos por los que aparecen estos amigos imaginarios dando una imagen alternativa muy alejada de estas patologías palomiteras. Estos amigos imaginarios aparecen entre los 3 y los 7 años, lo que no es de extrañar puesto que es la etapa infantil de mayor desarrollo de la imaginación en ausencia de un pensamiento lógico y concreto. Siguiendo las etapas descritas por Piaget, los niños a partir de los 2 años desarrollan la función simbólica, esto es, la capacidad de usar signos y símbolos, de imitar en diferido, de desarrollo lingüístico, juego y dibujo simbólico… Mientras que entre los 7-8 años el niño entra en una etapa de mayor socialización y pensamiento lógico y racional, pasando del egocentrismo típico de los niños más pequeños a incorporar a los Otros. Es fácil entender por qué la mayoría de amigos imaginarios desaparecen pues en torno a los 8 años.

¿Qué distinguiría entonces la presencia de un fenómeno como este de una psicosis infantil o de un trastorno de identidad disociativo incipiente? Respecto a la posibilidad de estar desarrollando un trastorno de personalidad múltiple, es importante distinguir si el amigo imaginario en el caso de que sea una personalidad que se interpreta, se adueña del niño y opera fuera de su consciencia con períodos de amnesia lacunar entre una personalidad y otra. En caso de que así fuera, es importante que un especialista evalúe al niño para descartar el trastorno. Respecto a la psicosis infantil, se ha demostrado que el parámetro que marca que un niño tenga confusión sobre la realidad y la ficción es el control que ejerza el niño sobre la fantasía; de este modo, sería más probable que el niño estuviera rompiendo con la realidad y confundido ante mito culturales ampliamente aceptados como Papá Noel, ante personajes de cuentos como Caperucita Roja, ante personajes de ficción como Peppa Pig o ante espectáculos de magia, en los que en todos ellos el niños ejerce nulo control sobre la ficción. Un indicador de riesgo de psicosis infantil podría ser si el niño siente que pierde el control sobre su amigo imaginario o si el niño refiere que su amigo imaginario le hace sentir mal.

Por encima de los 8 años, algunos amigos imaginarios persisten residualmente, otros desaparecen, otros se elaboran de forma más compleja dando lugar a Paracosmos… Este hecho suele preocupar mucho a las familias, pero antes de preocuparse y acudir a un especialista conviene desgranar cuál es la función concreta que cumple el amigo imaginario en la vida del niño y también por qué desaparece o persiste según el caso. Por ejemplo, si el niño es hijo único, vive en una zona con pocos niños de su edad y en su casa tiene muy poca estimulación, salvo que algunos de estos parámetros cambie es posible que el amigo imaginario continúe siendo un vehículo de diversión y juego simbólico en la adolescencia.

En el próximo post desmenuzaré los motivos más frecuentes por los que aparecen estos amigos tan particulares así como las características más comunes de los niños que los crean. Es importante desmitificar la imagen popular del niño aislado y trastornado que trasciende del celuloide.

¿Por qué culpamos a las víctimas?

Casos de abusos sexuales

En las últimas semanas han salido a la luz múltiples casos de abusos sexuales en Hollywood, copando artículos y tertulias en prácticamente todos los medios de comunicación: desde periódicos internacionales (The guardian, The New York Times, BBC news… ), periódicos nacionales (El mundo, El país o La vanguardia por ejemplo), hasta blogs y webs específicas de cine (Fotogramas, Spin-off entre muchos otros), pasando por los telediarios y por distintos platós de televisión. El escándalo comenzó con una acusación de abuso a Harvey Weinstein, a raíz de la cual surgieron muchas otras denuncias salpicando tanto al propio Harvey Weinstein como a otras personas famosas del cine.

Maniquis

¿Qué efecto está teniendo esta súbita cadena de acusaciones en el público en general? Me he dedicado con gran curiosidad a leer las opiniones que los lectores vierten de estas noticias en la sección de comentarios de cada nueva noticia que se publica sobre el tema en Facebook, de cada nueva denuncia de abuso que se hace pública. Para mi sorpresa, he encontrado reacciones fuertemente encontradas; por un lado personas que empatizan con la presunta víctima (la chica o chico que denuncia el abuso), que lamentan que hayan tenido que sufrir esa situación, que se alegran de que por fin se atrevan a denunciar y que condenan cualquier tipo de agresión de este tipo imaginando la cantidad de casos que permanecen en el silencio de ese lugar tan oscuro en el que a menudo acaba atrapada la víctima de un abuso.

Por otro lado, muchas respuestas cuestionan de una forma u otra la versión de la persona que denuncia, tachándola de oportunista o incluso de merecida, cambiando los roles de víctima-agresor de forma que la persona denunciada sería la verdadera víctima de una difamación o de una acusación con intenciones ocultas.

¿Qué nos puede llevar a percibir como culpables a las víctimas de un suceso?

Una de las explicaciones más comunes reside en el hecho de que tras años de silencio, de repente muchas personas se decidan a denunciar. Teniendo en cuenta que se estima que menos de un 10% de los abusos sexuales son denunciados, esto no debería extrañar. El abuso generalmente se da en una relación de asimetría en la que alguien con más poder (por edad, por posición social, por superioridad física…) abusa de otra persona en situación de debilidad. Esta asimetría hace que muchas veces la persona se vea intimidada a la hora de denunciar, que crea que no va a servir para nada o incluso que reciba amenazas explícitas para que no denuncie. Pero no son los únicos motivos que llevan a alguien a no denunciar un abuso: no estar emocionalmente preparado ya que la víctima muchas veces tarda en procesar y aceptar lo ocurrido, minimizándolo, negándoselo o disociándolo, miedo a que se enteren otras personas como familiares, miedo a la retraumatización de tener que revivir el hecho al contarlo o miedo a que no le crean por falta de pruebas y ser juzgado o culpado por lo ocurrido. Este último motivo vendría a verse confirmado con los comentarios que se pueden leer en estas noticias del tipo: “anda ahora resulta que todas las actrices han sido abusdas!” o “vaya otra trepa que se suma a la moda de los abusos”.

Juicio

Este argumentario resulta imposible de sostener en los casos en que las personas denunciadas admiten los hechos, como es el caso de Kevin Spacey, Alec Baldwin o Ben Affleck. En estos casos los comentarios inculpatorios hacia la persona que denuncia se amparan en el supuesto oportunismo de denunciar ahora y no en su momento. Algunos no condenan el abuso y solo cuestionan el por qué de hacerlo público ahora, del tipo “no entiendo porque no lo denunciaron en su momento” o “hay que ver lo que hacen algunas para volver a ser portada, ¿qué pasa que antes esto no vendía?”, pero otros directamente defienden al acusado en la línea de “claro ahora que eres famosa bien que lo dices pero entonces sabías lo que hacías y decidiste dejarte, no hay delito si fuiste consciente y por lo tanto fue una relación consentida por ambas partes”. Ya he expuesto los motivos (¡y habrá más!) que llevan a que la inmensa mayoría de los abusos no se denuncien. Habría que hacerse la pregunta: ¿son más lícitas las denuncias de gente que no ha obtenido beneficios secundarios de un abuso, como por ejemplo, que ahora mismo no es famoso o famosa? O dicho de otra forma, ¿si como consecuencia de un abuso alguien obtiene algún beneficio secundario, su denuncia quedaría desacreditada? Es importante tener en cuenta que un abuso sexual es un abuso sexual al margen de que con posterioridad la persona, además de múltiples secuelas físicas y psicológicas, obtenga un beneficio secundario. Una cosa es ser consciente de que estás siendo abusado y otra muy distinta que eso signifique que has consentido el abuso.

En esta línea también estaría operando el llamado error fundamental de atribución, por el que se enfatizan los factores personales o internos de la víctima, como intereses ocultos, y se minimizan los factores situacionales o externos como el agresor o la asimetría de poder.

Otra explicación que opera en este tipo de reacciones es el sesgo cognitivo conocido como ilusión de un mundo justo. A veces preferimos culpar a la víctima (“se lo merecía” o “ella se lo buscó”) como una forma de defendernos frente a la idea de que nos pudiera pasar a nosotros o a alguien de nuestro entorno. De esta forma, el mundo estaría siendo justo lo cual nos inmuniza frente a la dramática situación de la víctima y además encontramos una explicación que nos hace sentir invulnerables ya que “nosotros no hemos hecho nada para merecerlo”. Este tipo de insinuaciones se pueden leer en los comentarios de las noticias que narran la denuncia que ha puesto Nacho Vidal, por ejemplo.

Siguiendo con motivos defensivos, es posible que lo que lleva al lector a cuestionar a la víctima es un intento de defender un estereotipo de persona con el que se identifica y que se ve amenazado por la noticia. Comentarios del tipo “una feminazi echando espuma por la boca en 3, 2, 1…” u “otra viogen que quiere mandar a un tío al calabozo”, en alusión a la ley actual de violencia de género en España. En estos casos, el estereotipo que represente el acusado hace que la persona que se identifique con él sienta la acusación dirigida hacia alguien de su comunidad o incluso hacia sí mismo y se sienta amenazado. Dicho estereotipo puede ser más genérico o más específico en función de la noticia o de la interpretación del lector: por ejemplo Harvey Weinstein podría representar el estereotipo de hombre blanco heterosexual y occidental que en la noticia parecería asociado a abuso sexual, mientras que Kevin Spacey el de hombre homosexual que quedaría asociado a pederasta, sin especificar raza ni procedencia. De esta forma los comentarios se dirigen a desmentir o negar la asociación que se presupone al estereotipo, pudiéndose leer muchos comentarios que aclaran que la homosexualidad y la pederastia no tienen relación o sugiriendo que el feminismo más radical ha emprendido una caza de brujas contra el hombre.

Algunas estrategias para hacer frente a este efecto son: la descategorización por la que consideras al acusado como ajeno a tu grupo, la recategorización por la que buscas un elemento diferenciador que hace que ya no pertenezcas a su grupo, la creación de un subtipos (por ejemplo crear un subtipo al estereotipo de hombre poderoso como el de hombre actor/productor poderoso, de forma que ya no nos incluye en su categoría) o la búsqueda de contraejemplos que es el modelo de conversión (como el caso de actores y actrices famosos que sí denunciaron que se estaban produciendo abusos).

Faltaría por incluir en esta lista de posibles motivos para culpar a una víctima los relativos a características personales de quien comenta, como su educación, sus valores, su historia de aprendizaje (como haber sido víctima de una denuncia falsa de abuso o conocer a una persona que haya sufrido abusos sexuales), su opinión o su relación con la persona que denuncia o el denunciado, su capacidad de empatía y un largo etcétera.

Influencia de los Medios de Comunicación

Medios de Comunicación

Una crítica que se puede leer en los comentarios está relacionada con la Teoría de la agenda-setting por la que un tema se convierte en relevante en tanto en cuanto los medios de comunicación le dan cobertura, de forma que son los medios los que terminan por decidir qué es importante. Es difícil distinguir cuando se cubre una noticia por la relevancia social que tiene o cuando tiene relevancia social una noticia porque los medios la cubren. Esto se observa en algunas noticias que parecen “de moda” durante un época y que luego caen en el olvido, sobre todo en política. En este caso podría explicar que denuncias que se habían hecho en el pasado no tuvieron cobertura mediática y pasaron desapercibidas.

Un efecto de esta teoría sería la Teoría del cultivo que defiende que la exposición progresiva a los mensajes que se repiten en los medios se instauran en nuestra forma de comprender el mundo, de forma que los medios de comunicación nos estarían moldeando. Hoy en día esta influencia se vería reducida gracias a las redes sociales y al intercambio casi instantáneo de opiniones, como por ejemplo las posturas encontradas frente a las noticias de los abusos o los millones de tuits que dan voz a personas individuales e incluso anónimas.

Por último destacar el conocido Efecto tercera persona por el que la persona percibe que los medios de comunicación están influyendo en los demás y no en nosotros mismos, de forma que desacreditamos opiniones contrarias ya que estarían sesgadas y reafirmamos nuestra postura ya que la consideramos genuina y libre de influencia externa. Con esta línea de descalificación se terminan algunos intercambios de comentarios que defienden opiniones dispares.

IT: análisis psicológico de la película

 

IT es la gran apuesta de terror que gobierna nuestros cines estos días, basada en la novela homónima de Stephen King publicada en 1986, en la que un monstruo con forma predominante de payaso (“Eso”, traducción de “It”) se dedica a matar niños. Por tanto, los claros protagonistas de esta película son los niños del pueblo (Derry) y en concreto la historia se centra en el grupo de 7 chicos que se hacen llamar con bastante dignidad “Los Perdedores”. Sin embargo, para los que no conozcáis ni la novela ni ninguna de sus adaptaciones al cine o televisión, quizás os sorprenda cuando la veáis que en el pueblo en ocasiones dan mucho más miedo los propios padres de los niños que el payaso asesino.

La acción transcurre en un pequeño pueblo ficticio llamado Derry que sirve también de escenario para otras seis novelas terroríficas del autor, por lo que sinceramente no es de extrañar que las familias que aún están dispuestas a vivir allí tengan sus problemillas psicológicos… Yo desde luego no lo elegiría ni como destino para unas pequeñas vacaciones. A continuación iré desgranando aquellos aspectos psicológicos y comportamientos psicopatológicos que he observado a lo largo de la película, por lo que adelanto que incurriré en algunos spoilers.

 

Acoso Escolar: Los Perdedores y la banda de Henry

 

Los Perdedores

Los Perdedores

La banda de Henry es un grupo de cinco chicos liderado por Henry que se corresponde con la clásica banda de matones del pueblo. No cabe duda de que en sus ratos libres harán muchas otras cosas, pero en la película solo se les representa acosando y persiguiendo al grupo de los Perdedores con especial predilección por dos de sus miembros: el chico con sobrepeso y el chico negro.

El Acoso Escolar o Bullying se define como maltrato físico y psicológico deliberado y continuado que recibe un niño por parte de otro niño. Este maltrato puede darse en forma de agresiones físicas, amenazas, insultos, burlas, humillaciones, exclusión social y aislamiento, destrucción de objetos, etc… Todos ellos se observan en la película, el acoso es una parte esencial de la trama, aunque se representan con bastante superficialidad algunas de sus implicaciones:

  • El acoso se mantiene generalmente por ignorancia o pasividad del entorno: en la película se da entender que los propios niños acosados intentan no delatar a los agresores, principalmente por miedo a las represalias. Cuesta creer que no tenga repercusión en padres y profesores que un chico vuelva a casa lleno de magulladuras, moratones, la ropa embarrada y agujereada y una “H” grabada en la tripa a golpe de navaja, o que una niña salga del colegio con el traje empapado y oliendo a aguas fecales… Si nadie ha notado nada, como mínimo recomendaría un cambio de orientador escolar en el instituto.
  • Por parte de las víctimas llama la atención que apenas haya secuelas teniendo en cuenta la crueldad del acoso que reciben: ni problemas de ansiedad, ni problemas de estado de ánimo, trastornos de sueño como pesadillas, ni regresiones a etapas infantiles como enuresis…

En cuanto a los agresores son un grupo heterogéneo en el que destaca el cabecilla Henry Bowers, del que hablaré a continuación, y varios chicos que transitan entre la actitud activa del uso de la violencia y la fuerza y la actitud pasiva de animar y seguir o quedarse al margen ante las agresiones. Esto último se observa en la escena en la que Henry y los demás chicos de su banda están disparando a unas botellas y éste les dice que cojan a un gato y lo sujeten en lugar de la botella: se observa la sorpresa y el descontento de los amigos pero en un acto de obediencia jerárquica algunos le hacen caso y otros miran al suelo.

 

Psicopatía o Trastorno de la Personalidad Antisocial: Henry Bowers

 

Henry Bowers

Henry Bowers

A juzgar por sus conductas, se podría pensar que Henry tiene un desapego emocional (escasa profundidad en los afectos, falta de empatía o insensibilidad, ausencia de sentimientos de culpa y remordimientos) y un estilo de vida inestable y antisocial (controles conductuales débiles, impulsividad, irresponsabilidad, delincuencia juvenil, problemas de conductas tempranos)… Cumple todos los criterios para ser considerado un perfecto psicópata, según las dimensiones definidas por el psicólogo Robert Hare. Según el DSM5 (Manual Diagnóstico de Trastornos Mentales) se correspondería con el diagnóstico de Trastorno de la Personalidad Antisocial si tiene más de 18 años (conduce, así que es posible).

El personaje de Henry afortunadamente es ampliamente desarrollado en la película, gracias a lo cual podemos llegar a comprenderle y empatizar con él. Varios estudiosos han investigado la posible etiología de la psicopatía, siendo dos de las teorías más reputadas las de William y Joan McCord que sitúan el origen de la psicopatía en el rechazo parental y la inconsistencia en el castigo, y John Hodge que la sitúa en abusos físicos y sexuales en la infancia junto con estrés postraumátrico. Pues bien, ambas teorías parecen aportar su granito de arena al personaje, puesto que en la película vemos al padre de Henry como un policía alcohólico que no duda en disparar a los pies de su hijo solo para verle llorar y temblar y ridiculizarle delante de sus amigos y en la novela se describe al padre como un veterano de guerra con estrés postraumático que abusa de su hijo. Además del maltrato infantil al que es sometido Henry, otro factor claro que podría explicar su comportamiento es el modelado ya que su padre no rezuma sensibilidad precisamente, imitando su comportamiento con personas más débiles. Es lo que se conoce como transmisión intergeneracional.

 

Duelo: Bill Denbrough

 

Bill Denbrough

Bill Denbrough

La película arranca con la muerte del hermano pequeño de Bill, que a diferencia de lo narrado en la novela, desaparece sin dejar rastro. Esto se usa en la película para que la motivación principal de Bill para enfrentarse a “Eso”, sea encontrar a su hermano. Su negación de la muerte de su hermano se corresponde con una de las fases de Duelo que definió la psiquiatra Elisabeth Klüber-Ross: negación, ira, negociación, depresión y aceptación, aunque no tienen por qué darse todas ni en ese orden. La película podría resumirse desde el punto de vista de este personaje como una travesía hacia la aceptación de la pérdida de su hermano.

La negación es algo muy habitual en los casos de desapariciones ya que se suele albergar durante mucho tiempo la esperanza de que aparezca su ser querido. El padre de Bill, visiblemente afectado, no parece conocer bien estas fases o al menos no comprende cómo Bill sigue sin reconocer un año más tarde que su hermano está muerto y por eso le reprende con dureza. Esto también es bastante habitual ya que para aquellas personas que intentan aceptar la pérdida y pasar página les puede resultar muy doloroso y frustrante todo aquello que les impida concluir su duelo, además de posibles sentimientos de culpa por pensar “mientras otros continúan buscando, yo he tirado la toalla”.

El duelo en sí mismo no se considera un trastorno del estado de ánimo, todo lo contrario, es una reacción normal ante una pérdida (no solo una muerte, puede ser cualquier tipo de pérdida) aunque en el DSM5 se reserva al juicio clínico la posibilidad de diagnosticar un duelo patológico cuando por la intensidad o por la duración del sufrimiento y la interferencia en la vida de la persona son muy elevados, junto con algunas características asociadas a duelos patológicos como la incapacidad de experimentar placer, un estado de ánimo bajo persistentemente y no “por oleadas” o “punzadas”, elevada autocrítica y rumiación pesimista, autodesprecio, sentimientos de inutilidad…

 

Tartamudez: Bill Denbrough

 

Otro aspecto relevante desde el punto de vista psicológico es el tartamudeo de Bill, llamado Trastorno de la fluencia de inicio en la infancia según el DSM5, que consiste en una marcada alteración de la fluidez normal del habla y de su ritmo. En el caso de Bill se trataría de un tartamudeo tónico, que se caracteriza por producirse normalmente al inicio del discurso por contracciones musculares y sacudidas intermitentes de los órganos de fonación.

El tartamudeo suele remitir de forma espontánea al poco de iniciarse en el niño, pero si se mantiene más de un año es muy probable que mantenga de forma estable. Esto no significa que se dé en todas las circunstancias, ya que parece que suele desaparecer en algunos contextos como a veces al leer en voz alta, cantar, conversar con objetos inanimados o animales domésticos, por ejemplo. En la película, esto queda reflejado cuando Bill tiene una fluidez normal (bastante oportuna por cierto) en el momento de dar un discurso motivacional a sus compañeros antes de entrar en la vieja casa del pozo para enfrentarse con “Eso”.

 

Trastorno de Identidad Disociativo: padre de Beverly Marsh

 

Beverly Marsh

Beverly Marsh

Beverly, única chica del grupo, es una auténtica superviviente. Lleva con mucha normalidad el acoso que recibe por parte de compañeros y adultos por su fama de promiscua (ausente en la novela), máxime cuando su padre se dedica de forma escalofriante a asegurarse de que se mantiene virgen. En el libro se sugiere erróneamente que el padre de Beverly sufre un trastorno Bipolar, por una confusión muy extendida de que la bipolaridad se da en personas con dos personalidades o que actúan de forma distinta según el momento.

El trastorno bipolar se caracteriza por la presencia de al menos un episodio maníaco (ánimo expansivo: grandiosidad, verborrea, disminución de la necesidad de dormir, pensamiento acelerado, agitación psicomotora, implicación excesiva en actividades placenteras con alto riesgo potencial y/o distraibilidad). Es un trastorno que afecta al estado de ánimo y que en la mayoría de los casos alterna episodios maníacos o de ánimo elevado, con episodios depresivos o de ánimo bajo.

El padre de Beverly no parece sufrir este trastorno, puesto que él alterna estados en que trata con cariño a su hija y estados en que la trata de forma controladora, agresiva y sexual, que se correspondería más con un posible trastorno disociativo de la identidad o personalidad múltiple. En su caso además, tanto por la agresividad como por los tocamientos que le realiza a su hija, una de estas personalidades sería abusadora de la menor tanto física como emocionalmente. En la película se insinúa de forma más explícita que ha abusado sexualmente en alguna ocasión de Beverly pero al final descubrimos que en realidad su obsesión es que ésta permanezca virgen, haciendo comprobaciones periódicas físicas (“siempre serás mi niña”).

Las secuelas que algo así podrían dejar en una niña aparecen muy tímidamente representadas en la película, ya que Beverly parece no tener ningún problema ni conducta disruptiva a la hora de relacionarse con el sexo opuesto, expresar sus sentimientos, aislamiento, síntomas físicos… Además de tolerar con gran dignidad las falsas acusaciones de promiscuidad. Lo más interesante al respecto en la película es el momento en que se corta a sí misma el pelo entre lágrimas justo después de que su padre se lo acaricie de forma muy erótica en el pasillo, sin contar la escena en la que se enfrenta a él cuando va violarla finalmente. En el libro se relata una controvertida secuencia final en la que Beverly y el resto del grupo practican una orgía ahondando más en las sombras de su personaje, pero que se decidió no incluir en la película.

 

Trastorno Facticio o Síndrome de Münchhausen: la madre de Eddie Kaspbrak

 

Eddie Kaspbrak

Otro personaje que también da tanto miedo como el payaso o el resto de padres mencionados es la madre de Eddie. En su caso podríamos decir que padece lo que se conoce como Trastorno Facticio aplicado a otros según el DSM5 o Síndrome de Münchhausen por poderes en honor a un barón alemán bastante dado a la mentira. En la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE10) directamente está considerado dentro del apartado de malos tratos en la infancia.

En este trastorno la persona falsifica signos o síntomas físicos o psicológicos o induce una lesión o enfermedad en otros, presentándolos como enfermos, incapacitados o lesionados frente a los demás, sin una recompensa externa obvia. La madre de Eddie se dedica a hacerle creer a su hijo que está profundamente enfermo con la finalidad, según dice en un momento de la película, de protegerle. Eddie padece asma lo cual es compatible con el diagnóstico ya que aunque existe una afección médica previa, la finalidad de la madre es hacerle creer que está más enfermo y es más incapaz, requiriendo Eddie de medicación continua y excesiva además de situarse la madre como su supuesta figura de cuidado y protección. Stephen King explora más este concepto en otra de sus novelas, Misery.

La consecuencia más sobresaliente que se observa en Eddie es un Trastorno de Ansiedad por Enfermar ya que está constantemente preocupado por padecer o contraer una enfermedad grave sin tener síntomas somáticos, con una ansiedad elevada por su salud alarmándose fácilmente y con comportamientos excesivos relacionados con su salud. Evidentemente un trastorno como esté puede afectar al menor severamente: haciéndole creer que no puede enfrentarse por sí mismo al mundo, bajando su autoestima, creando dependencia de otras personas y de medicamentos, con graves hospitalizaciones e intervenciones quirúrgicas… Afortunadamente, en la película la madre de Eddie solo se dedica a hacerle creer que tiene múltiples enfermedades sobreprotegiéndole, pero sin darle una medicación real ni provocándole ninguna enfermedad física. Esto lo consigue compinchándose con el farmacéutico del pueblo para que le dé a Eddie pastillas de placebo (inocuas) cada vez que acude a por medicación. Como viene siendo habitual, todo muy normal en ese pueblo…

 

Fobias: “ESO”

 

IT

Finalmente, no podía acabar esta lista de psicopatologías y reacciones psicológicas sin mencionar el eje central de la película: las fobias. “Eso” se alimenta del terror de sus víctimas, por lo que las expone a sus más profundos temores aprovechando que puede transformarse en cualquier cosa. Así, durante la película podemos verle transformado en un escalofriante payaso, en leproso, en cadáveres en descomposición, en alguno de los mencionados padres, en un cuadro de Modigliani, en una momia y seguro que alguno más (en el libro hay muchos más como forma de Doberman). Además, también ambienta sus apariciones de forma muy efectista, como cuando aparece con la forma del difunto hermano pequeño de Bill o como ataúd representando la muerte de uno de los chicos del grupo.

Algunos de estos miedos están más que fundamentados, por todo lo expuesto es bastante normal que en ese pueblo muchos niños tengan bastante a sus propios padres, por lo que “Eso” se aprovecha tomando sus formas. Pero otros miedos son lo que podemos considerar fobias específicas: un temor intenso y persistente ante un objeto o situación específica, que la persona evita o se resiste activamente con gran ansiedad y desproporcionado respecto al peligro real que plantea el objeto o situación. Parece el caso del citado cuadro de Modigliani, el de la coulrofobia o fobia a los payasos, el de la cinofobia o fobia a los perros o la fobia a las enfermedades (con cierto solape con el Trastorno de Ansiedad por Enfermar).

Como bien se observa en la película, la mejor forma de superar una fobia es exponerse a ella, ya que cada vez que evitamos enfrentarnos y huimos de nuestro miedo, éste crece y se hace más fuerte; está demostrado que cuando la respuesta de miedo es muy fuerte y la exposición a dicho miedo breve, no somos capaces de aprender que la amenaza no es tal y el miedo se mantiene o incluso aumenta. De ahí que en la película cuando los Perdedores deciden enfrentarse a “Eso” y consiguen mantenerse firmes, el miedo desaparece y son capaces de vencer al monstruo. Como tal, es una bonita metáfora que también podría resumir la película: una aventura de superación personal en la que los niños del pueblo tratan de superar sus miedos y fobias, con el pequeño detalle de que si no lo consiguen, mueren.

Termina aquí el análisis de los aspectos psicológicos y psicopatológicos más relevantes que he observado en la película. No obstante, siendo la Banda de Henry casi una organización criminal, lo raro es que los Perdedores que sufren el acoso de padres, compañeros y hasta el payaso no sean los protagonistas de Los Chicos del Maíz. Por otro lado, dado que la mitad de los adultos del pueblo requiere de un tratamiento psicológico urgente y la otra mitad deberían estar en la cárcel por maltrato de menores (y recibir tratamiento psicológico urgente), quitando un par de padres corrientes que no se enteran de nada, es posible que me haya dejado algún trastorno sin comentar. ¿Alguien se anima a ampliar esta lista?

 

Referencias Bibliográficas

American Psychiatric Association (APA). (2013). Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5. Barcelona: Masso

Fundación Universia España. ¿Qué es bullying o acoso escolar? España. Universiawww.universia.es

Paradojas Pragmáticas: la comunicación imposible

Se entiende por paradoja como una contradicción que resulta de una deducción correcta a partir de premisas igualmente correctas. Es uno de los conceptos más interesantes para cualquier ciencia puesto que suponen un reto a la lógica al afirmar al mismo tiempo algo y su contrario; una paradoja muy famosa es la del hombre que asegura: “estoy mintiendo”. Si fuera verdad, se incumpliría el supuesto de que está mintiendo, mientras que si estuviera mintiendo significaría que está diciendo la verdad y por lo tanto, que no está mintiendo.


Una paradoja de este tipo se conoce como Paradoja Pragmática, en la que el contenido en sí mismo es irrelevante (pues a menudo resulta absurdo) y lo que realmente importa es que en el marco de la interacción entre dos personas, este tipo de enunciados sitúan al que recibe el mensaje en una posición insostenible. Esto se observa en multitud de situaciones cotidianas, como unos padres que le piden a su hijo que no sea tan obediente (cuando la forma de conseguirlo pasa por obedecer a esta petición), el miembro de una pareja al otro le pide que le quiera (cuando querer ha de ser una conducta espontánea y verse forzado a hacerlo no se consideraría “verdadero querer”) o cuando has de elegir entre dos opciones y automáticamente alguien te dice: “¿la otra no te gustó?”.

La Teoría del Doble Vínculo

En Psicología muchos estudios como el desarrollado por Bateson, Jackson, Haley y Weakland en 1956 (“Toward a Theory of Schizophrenia”) relacionan este estilo de comunicación entre padres e hijos como un factor explicativo del origen de la Esquizofrenia. Básicamente los componentes de este estilo de comunicación son:


Dos personas que participan en una relación intensa y prolongada de gran valor para ellas (ejemplo padres-hijos, cuidados, cautiverio, amor, grupos ideológicos…)
Mensajes paradójicos del tipo: para obedecerme has de desobedecerme
No se permite que una de las personas abandone esta comunicación: ni abandonándola, ni obviando su contenido, ni expresando su carácter contradictorio.


Esta es la teoría que se conoce como Doble Vínculo, que postula que una persona que sea sometida a mensajes de este tipo será castigada puesto que sus opciones de respuesta pasan por desobedecer obedeciendo y “ser rebelde o estar loco” u obedecer desobedeciendo y “ser malo”. Cuando esta situación ocurre de forma sistemática hasta el punto de que la persona lo interioriza como algo habitual, se establece un círculo vicioso: un doble vínculo provoca una conducta disfuncional que a su vez crea un doble vínculo que vuelve a provocar otra conducta disfuncional, de tal forma que se perpetúa dicho doble vínculo y se establece como un patrón natural de interacción.


En esta situación, lo que a priori podría parecer como una persona que ha enloquecido (en la teoría del Doble Vínculo se relaciona con la Esquizofrenia pero en desarrollos posteriores se amplía a otros trastornos), no es más que una persona que ha encontrado como única vía posible de interacción con su entorno un estilo de pensamiento, emoción y conducta que le aporte un cierto sentido. Habría que añadir entonces dos características para que las paradojas pragmáticas de la comunicación resulten patológicas:


• Que este estilo de comunicación se mantenga en el tiempo de forma sistemática
• Que la conducta paradójica impuesta por el Doble Vínculo constituya a su vez un nuevo Doble Vínculo


¿Qué posibles reacciones puede tener la persona ante este tipo de comunicación?

Ante una comunicación paradójica en la que cualquier respuesta es por definición imposible que satisfaga al que comunica, tres reacciones son posibles: por un lado se podría considerar que no se es capaz de encontrar una solución porque no está considerando todas las opciones posibles, teniendo que recurrir a considerar fenómenos más improbables, dispares o fantasiosos. Por otro lado se podría apelar a la literalidad del enunciado eliminando cualquier intento de razonarlo, pareciendo que se actúa de forma absurda. Por último, se podría recurrir al aislamiento como forma de protegerse frente a una situación sin salida, intentando eliminar las interacciones con los demás. No es difícil pensar en los correlatos clínicos que nos encontramos en psicología de estas tres formas de reacción posible.

Comunicación Paradójica

Un caso concreto que podría ser un subtipo de esta última forma de reaccionar, serían todas aquellas personas que para intentar no comunicar, lanzarían mensajes indeterminables porque afirman en sí mismo que no afirman nada (del estilo de “estoy mintiendo”). Esto es una forma muy sutil de intentar no comunicar nada utilizando una paradoja, puesto que resulta imposible no comunicarse. Cuando una persona quiere “no comunicarse” con otra, indirectamente se está comunicando (le comunica que no quiere comunicarse): por ejemplo una persona en el tren si al ver que su compañero de asiento le va a hablar y decide ponerse los cascos con música, implícitamente le está comunicando que no quiere comunicarse, aunque sea de forma no verbal, con gestos, expresión de la cara… No comunicarse es imposible porque incluso la postura corporal, la colocación en el espacio o la actitud son formas de comunicación. Sin embargo, una paradoja en la que se afirma que no se afirma nada al final resulta en sí misma una peculiar manera de lograr comunicarse sin comunicar nada.

Conclusiones sobre las Paradojas Pragmáticas

Lo increíble de las paradojas pragmáticas que se dan en la comunicación es que permiten explicar el desarrollo de diversos estilos de interacción aparentemente alterados, que en nuestra sociedad catalogamos como trastornados, pero que en realidad responden a un intento lógico de sobrevivir a un enunciado imposible. Llegados a este punto, para hacer un aprendizaje experiencial sobre las implicaciones de las paradojas pragmáticas, solo me queda pedirle al lector que no lea este artículo. Buena suerte.

Referencias Bibliográficas:

Watzlawick P., Beavin Bavelas J., Jackson D., Teoría de la Comunicación Humana, Biblioteca de Psicología: textos universitarios, Editorial Herder. Edición 1995