¿Desde dónde te comunicas?

Muchas veces cuando los y las profesionales de la psicología hablamos de comunicación nos centramos en técnicas útiles que nos sirvan para transmitir el mensaje deseado de la manera más eficaz posible. Para ello nos centramos en fórmulas y estrategias que nos faciliten la recepción del mensaje emitido y nos permitan, con ello, mejorar la comunicación. Sin embargo a menudo nos encontramos con dificultades a la hora de poner en práctica dichas estrategias ya que se activan emociones de elevada intensidad, tanto en el emisor como en el receptor, que dificultan el proceso de la comunicación.

 

¿ Y por qué me pasa eso si yo sé racionalmente lo que quiero transmitir?

 

Para poder dar respuesta a esta pregunta primero tenemos que hablar de los diferentes estados del yo. Desde el Análisis Transaccional se plantea un modelo para comprender la personalidad humana, las relaciones y la comunicación. Este modelo de los estados del yo o modelo PAN fue desarrollado por Eric Berne y propone la existencia de 3 estados del yo dentro de cada uno de nosotros:

 

COMUNICACIÓN

 

Cuando nos comportamos, pensamos y/o sentimos de maneras que copian a uno de nuestros padres u a otros que fueron figuras parentales se dice que estamos en el estado padre del yo.

 

Cuando nos comportamos, pensamos y/o sentimos en respuesta a lo que sucede alrededor aquí y ahora se dice que estamos en el estado del yo adulto.

 

Cuando utilizamos formas de comportamiento, pensamientos o sentimientos que utilizamos cuando éramos niños se dice que estamos en el estado del yo niño.

 

Estos estados del yo están presentes a cada momento de nuestra vida diaria y podemos pasar de uno a otro en una fracción de segundo. Dependiendo desde que estado del yo nos vivamos a nosotros mismos la comunicación irá dirigida en un sentido o en otro. Pongamos un ejemplo: María va en el coche camino a una reunión de trabajo. Durante el trayecto está atenta a las señales de tráfico y a los conductores que pasan a su lado, en ese momento María está en su estado del yo adulto. De pronto un conductor pasa por su lado y se incorpora delante de ella a gran velocidad obligando a María a reducir la marcha y a comprobar si venía alguien por detrás, María sigue en su estado del yo adulto. Una vez que ha hecho la maniobra pone gesto de desaprobación y comenta para sí misma “hay personas a las que no se les debería dar el carnet de conducir, son un peligro”, en este momento María ha pasado a su estado del yo padre ya que está reproduciendo la reacción que veía en su padre cuando ella era pequeña. Continúa la marcha hasta llegar a la oficina y darse cuenta de que llega 15 minutos tarde y tenía una reunión importante. En este momento María empieza a sentir como el corazón se le acelera y empieza a experimentar angustia, María ha pasado a su estado del yo niño ya que siente la misma angustia que sentía cuando llegaba tarde a clase y sus profesores le reprendían por ello. Finalmente María se da cuenta de que su jefa es una mujer razonable y entenderá que ha llegado tarde a causa del tráfico ya que no es una conducta habitual en ella. Así María se tranquiliza y vuelve a su estado del yo adulto.

 

Es decir, en función del estado del yo pensaremos y experimentaremos distintas cosas y en función de eso nos comunicaremos con nosotros mismos y con los demás de diferente manera. Cuando en una conversación con otra persona nuestra reacción emocional es desproporcionada con la situación experimentada probablemente se deba a que estamos en un estado del yo niño o padre. Cuando esto ocurre la comunicación se dificulta y pocas veces termina en algo satisfactorio para ambas partes.

 

¿ También me puede pasar esto con mi pareja?

 

En el mundo de la pareja esto ocurre a menudo, haciendo que los miembros de la pareja puedan discutir acerca de lo mismo en repetidas ocasiones sin llegar a ninguna conclusión. Cuando esto ocurre genera mucha frustración e impotencia en la pareja, junto con la sensación de que la otra persona no nos comprende y de que esa situación nunca cambiará. En estos casos estaríamos delante de lo que se conocen como transacciones complementarias entre estados del yo niño o padre que son diálogos infinitos que llevan al mismo punto y a repetir una y otra vez la misma discusión con contenidos diferentes.

 

Entonces, ¿qué puedo hacer?

 

La solución a estas situaciones parte de llamar a nuestro adulto para que se ponga a los mandos. Para eso ayuda enormemente describir la situación como si de un observador externo se tratase sin hacer ningún juicio de valor (estado del yo padre). Esto nos ayuda a entrar en contacto con la situación actual impidiendo que generalicemos a otras situaciones pasadas ya que cuando hacemos eso, la conversación se hace tan grande en cuanto a contenidos y tan cargada emocionalmente que resulta imposible poder darle solución. Y es en estas discusiones cuando empezamos a hablar con nuestra pareja de quién hace la compra esta semana y terminamos, no sabemos muy bien cómo, discutiendo acerca de aquello que ocurrió hace 2 años cuando…

Tomar conciencia de lo que sentimos y de lo que pensamos es el paso previo para poder afrontar cualquier situación de comunicación con otra persona. Al hacerlo nos responsabilizamos de nuestra actuación para con nosotros mismos y para con el otro y esto nos permite expresar lo que realmente está pasando, haciendo que podamos llegar a una conclusión adecuada en el aquí y ahora.

 

comunicación

 

Referencia bibliográfica:

Stewart y Joines,  AT HOY Una nueva introducción al Análisis Transaccional, Editorial CCS. edición 2007.

El rito del matrimonio ¿qué implica realmente?

Es cierto que estamos en noviembre y no es la época de bodas por excelencia pero este año el matrimonio ha estado muy presente en mi vida y me gustaría compartir algunas reflexiones acerca de este tema, tan común y a la vez tan poco conocido en su totalidad.

Cuando pensamos en la ceremonia del matrimonio, ya sea civil o religiosa, lo primero que nos suele venir a la mente es la imagen de una pareja rebosante de felicidad y de amor en su gran día. Y, normalmente, esa fotografía no nos permite ver el mundo de emociones y factores que existen detrás de esa imagen.

 

El cambio implica despedida

 

matrimonio despedida

 

Quizás pueda parecer que hablar del matrimonio es un tema baladí, sin embargo no lo es. El hecho de casarse va más allá de esa fotografía idealizada y supone mucho más que firmar un papel. Casarse implica adquirir unos nuevos compromisos con la pareja y con su familia de origen, puede implicar, aunque hoy en día cada vez con menos frecuencia, el convivir con la pareja por primera vez, el compartir una compra importante, el cambiar de estado civil, entre otros muchos cambios. Cada uno de estos cambios, dirigidos al crecimiento y al inicio de una nueva etapa conllevan una despedida de lo anterior. Y como en cualquier cambio que hacemos en nuestras vidas esta despedida de lo conocido puede provocar vértigo, miedo o inseguridad.

 

Por tanto, es normal tener dudas y plantearte todo un abanico de cuestiones cuando estás en el proceso de casarte. Si nos parece normal sentir inseguridad al cambiar de trabajo o al mudarnos a una ciudad nueva, ¿cómo no lo vamos a sentir al dar este paso? ¿qué ocurre que exigimos a los futuros contrayentes que no tengan dudas acerca de esa decisión? O peor, que si se atreven a expresarlas suelan recibir como repuesta “bueno ya se te pasará”, quitándole así importancia a sus sentimientos legítimos y transmitiendo un mensaje de que “de esto no se puede hablar”. Con cada una de estas respuestas el miedo y la inseguridad de la persona no disminuye, simplemente se va acallando y escondiendo hasta silenciarlo. Y es en el silencio que provoca la soledad donde la persona se angustia tanto que puede llegar a plantearse ¿será que no quiero a mi pareja lo suficiente?

 

El mito del amor romántico en el matrimonio

 

matrimonio romantico

 

Y aquí es dónde entra con fuerza el mito del romanticismo. La idea equivocada, pero que sigue grabada a fuego en el inconsciente colectivo, de que el amor puede con todo incluso con los miedos y las dudas. Este mito es tan fuerte que tiene el poder de hacernos dudar de nuestros sentimientos que, a pesar de ser mucho más reales, nos parecen equivocados. Y, por tanto, los escondemos por considerarlos prohibidos, provocando así el distanciamiento de la pareja y nuestro propio aislamiento. Creándose la siguiente paradoja: por amar realmente a mi pareja y plantearme cuestiones naturales siento que no le amo lo suficiente.

En el artículo «La historia no contada de cómo el romanticismo mató al amor» profundizamos sobre este tema.

 

La gestión de conflictos: la comunicación es fundamental

 

matrimonio negociando

 

El proceso de organizar una boda puede resultar altamente estresante, constituyendo fuente de agobio y conflicto entre los miembros de la pareja y, a veces incluso con las familias de origen. Decisiones económicas, familiares y de organización pueden convertirse en un problema para el que raramente se está preparado, porque una vez más el romanticismo impera haciéndonos creer que será un proceso fácil en el que no existirá el estrés. De esta forma, un proceso que suele iniciarse con muchísima ilusión puede resultar a veces muy difícil de gestionar. Y es en este punto dónde es fundamental tener en cuenta que:

Es normal que existan conflictos y discusiones, eso no significa que la pareja no se quiera lo suficiente.

La clave es la comunicación. Hablar y escuchar son las herramientas clave para lidiar con las cuestiones que puedan surgir ya sean emocionales o de gestión. Muchas veces, por el cansancio o el estrés, las parejas no hablan suficiente o se desmarcan diciendo cosas como “me da igual” o “decídelo tú”. Este tipo de respuestas pueden provocar en la otra persona una sensación de soledad y falta de apoyo. Es un proceso de dos y es importante que ambos miembros de la pareja se sientan escuchados y apoyados en sus necesidades y para ello, es fundamental poder comunicarlo. Aunque pueda dar cierto miedo el expresar cómo nos sentimos, quizás por pensar que puede desencadenar una discusión, es mucho mejor para uno mismo y para el bienestar de la pareja poder hablar de ello.

No dejar que el matrimonio eclipse a la pareja. El proceso de organizar una boda requiere mucha energía y dedicación. Hablar y pensar constantemente sobre cuestiones de la boda puede llegar a hacer que se deje a un lado a la propia pareja. Es importante tener presente y ser conscientes de que lo que da sentido a todos los detalles y las cuestiones organizativas es la relación que existe entre vosotros dos. Así que es fundamental dedicar momentos de encuentro en los que podáis alimentar a la pareja, encontrando puntos de amarre que os ayuden a no perderos en el proceso.

Respetando los tiempos propios de la pareja, las necesidades de cada uno y fomentando la comunicación, el proceso de organizar y celebrar un matrimonio puede convertirse en una oportunidad maravillosa de conocer a tu pareja y a ti mismo/a aún más y fortalecer la relación.

 

matrimonio avanzando

 

Las fuerzas del cambio, ¿cómo avanzar sin perdernos a nosotros mismos?

El cambio nos acompaña a lo largo de nuestra vida lo queramos o no, es algo inherente al hecho de existir. Si nos fijamos en la naturaleza observamos que nada en ella permanece estático, todo cambia, a distinto ritmo e intensidad eso es cierto, pero siempre cambia. Los cambios pueden ser visibles, como el cambio físico que experimenta el cuerpo de una persona desde el nacimiento hasta la vejez, o pueden pasar más desapercibidos, como los cambios de actitud, de conocimientos, de interés y de sentimientos. El cambio está siempre presente.

cambio

Las fuerzas del cambio: la lucha entre la homeostasis y la physis.

 

Cambiar, a pesar de ser un proceso natural, que si se bloquea o impide puede llevarnos a la no salud, es un proceso duro. Debido a su dificultad y al reto que supone, a veces repetimos acciones y/o pensamientos que no nos gustan o que deseamos evitar. Aunque lo que vayamos a obtener después del cambio sea satisfactorio para nosotros y nos haga sentirnos más orgullosos o fuertes, el hecho es que cambiar en si mismo puede resultar apabullante. Si te tomas un segundo para pensar en los cambios que has ido realizando a lo largo de tu vida es probable que recuerdes la sensación de vértigo que los precedió. Los nervios antes de iniciar un nuevo trabajo, al irte a vivir con tu pareja, al hacer una compra importante o incluso tal vez al decidir cambiarte el corte de pelo.

 

miedo al cambio

 

La lucha interna que precede al cambio se debe a la tendencia en el ser humano de mantener la homeostasis. Según la RAE se entiende por homeostasis al conjunto de fenómenos de autorregulación, que conducen al mantenimiento de la constancia en la composición y propiedades del medio interno de un organismo. En el terreno psicológico Richard Erskine explica la homeostasis como una forma que tiene la persona de dar continuidad y predictibilidad a su vida. Según explica el fundador de la Psicoterapia Integrativa en su artículo “Los desafíos del Cambio y del Crecimiento”, mediante el mantenimiento de los antiguos patrones de comportamiento, de los hábitos, incluso de las antiguas relaciones, la persona adquiere una estructura psicológica que le permite dar significado a su vida.

 

Las personas necesitan tener una sensación de seguridad y de control que les permita hacerse una idea del futuro y predecir lo que vendrá. Mediante la homeostasis se consigue esta sensación de continuidad, de vivir algo conocido que sabemos cómo afrontar. Gracias a esta teoría podemos entender mejor por qué nos cuesta tanto dar ese paso final que nos llevará a cambiar algo en nuestras vidas, a pesar de que lo que nos espera tras esa decisión sea algo positivo.

 

Sin embargo, como hemos dicho al principio del artículo el cambio es algo intrínseco a cualquier organismo vivo, por tanto es algo inevitable. Si la homeostasis es la fuerza que nos ayuda a mantenernos estables, la physis es la fuerza que nos lleva a cambiar. La physis es la fuerza que nos impulsa a crecer, a desarrollarnos, a ser más creativos, a establecer nuevos objetivos y a descubrir nuevas facetas de nosotros mismos. Es la fuerza interna que nos lleva a buscar nuevos caminos cuando los conocidos se nos quedan pequeños, es la vitalidad y el descubrimiento de lo que está por venir.

 cambio

 

A pesar de ser contrarias ambas fuerzas son igualmente importantes para mantener el bienestar y la salud mental y emocional de la persona. Como casi todo en la vida la clave está en el término medio, en que ambas fuerzas se equilibren. Gracias a la homeostasis sentimos estabilidad y cierta sensación de control y de capacidad de respuesta que nos permite continuar con nuestras vidas y gracias a la physis somos capaces de avanzar, de cambiar, de no quedarnos estancados. Podríamos decir que el crecimiento saludable es aquel en el que la persona va cambiando a un ritmo ajustado a su capacidad de adaptación, de forma que a la vez que cambia mantiene su estabilidad interna.

 

Paradoja del cambio, ¿por qué cuánto más deseo cambiar menos lo consigo?

 

Según explica el Dr. Erskine la teoría paradójica del cambio de Arnold Beisser (1971) propone que «el crecimiento psicológico ocurre cuando nosotros y otras personas a nuestro alrededor apreciamos quiénes somos». Cuánto más forzamos el cambio menos se produce, el cuerpo y la mente se resisten a algo para lo que no están preparados y luchan para mantener la homeostasis de la que hablábamos antes. Sin embargo, si en un proceso terapéutico, el terapeuta se interesa genuinamente por la experiencia de la persona, por su manera de afrontarla, por sus acciones y por sus sentimientos, sin entrar a juzgarla, fomentará en ella el deseo propio de cambiar y de crecer.

Resulta paradójico que el camino hacia el cambio pase por la aceptación de uno mismo pero no por paradójico resulta menos verdadero. Espero que este artículo sirva para reflexionar acerca de uno mismo y para afrontar lo que se desee cambiar desde la auto aceptación y las ganas de crecer y no desde la lucha y la ira.

 

aceptación y cambio

 

Fuentes

http://dle.rae.es/srv/search?m=30&w=homeostasis

http://www.integrativetherapy.com/es/articles.php?id=89

 

 

La historia no contada de cómo el romanticismo mató al amor

 

Pero… ¿qué locura es ésta? ¡Menuda tontería!, lo uno lleva a lo otro, porque sin romanticismo no puede existir el amor en pareja, ¿o si?

Evolución del concepto del amor

amor romántico 

A lo largo de la historia el concepto del amor ha pasado por distintas fases. Hasta el siglo XVI se diferenciaba perfectamente entre la unión conyugal, concebida como un contrato que aportaba beneficios y seguridad, y la pasión. Se entendía que la pasión era un impulso sexual que se vivía fuera del matrimonio, ya fuera en la imaginación o en la vida real. A partir de finales del siglo XVII, gracias a Shakespeare y a sus archiconocidos Romeo y Julieta, la idea del amor romántico se implanta en la sociedad y en la cultura. Poco a poco va fortaleciéndose hasta llegar a nuestros días con la fuerza que desprende actualmente.

 

Si, ya sabemos, por lo que hemos oído, leído o nos han dicho que el amor romántico no es bueno. Que las grandes compañías cinematográficas nos han vendido una imagen del amor casi imposible de alcanzar. Pero entonces, ¿por qué siguen triunfando las películas en las que finalmente los enamorados terminan juntos a pesar de las dificultades?, ¿por qué los temas musicales cantan y cantan al amor?, ¿por qué he escrito “casi imposible” 3 líneas más arriba?… Quizás porque es una idea, la del amor romántico, que queremos descartar pero que nos llama una y otra vez como si de una droga embriagadora se tratase de la que es muy difícil desengancharse.

 

La idea romántica

amor romántico 

Y es en esta idea romántica, en la que buscamos incesantes a aquella persona que nos completa y gracias a la cual encontramos el sentido de la vida y la felicidad, donde matamos al amor. Porque para seguir el ideal romántico es necesario asumir una serie de creencias que pueden llegar a hacernos esclavos del amor. Algunas de las creencias más importantes son las siguientes:

En una relación basada en el ideal romántico no existe la diferencia entre los miembros de la pareja. Se presupone que las dos personas piensan y sienten igual y que les gustan las mismas cosas, surgiendo expresiones como “están hechos el uno para el otro” o “eres mi media naranja”.

Para el romanticismo lo más importante es la otra persona, de hecho, su importancia es tal que se sitúa por encima de la propia vida. Aquí vuelven a aparecer los amantes de Verona, haciendo gala de este principio. Sin embargo no tenemos que irnos tan atrás en el tiempo para encontrar numerosos ejemplos. O acaso ¿no has dicho o has oído a algún amigo o amiga decir frases como “no puedo vivir sin él/ella”, “como me deje me muero” o un largo etcétera?

El mito de la omnipotencia del amor, según el cual el verdadero amor puede superar cualquier tipo de problema o de dolor. Podemos ver este mito en frases como “el amor todo lo puede” o en conversaciones de la calle en las que a pesar de las quejas o problemas que una persona pueda estar manifestando acerca de su pareja su amiga/o le contesta “vale, pero ¿y tú le quieres?”. Como si la respuesta a esa pregunta invalidará todo lo demás.

 

Las consecuencias negativas del romanticismo

 amor dependiente

 

Esta idealización del amor tan alejada de la realidad, y la presión que supone tener que sentir de esa manera para “amar de verdad” trae consigo numerosos problemas. Entre otros, relaciones de dependencia, de maltrato, celos patológicos, renuncias personales o sufrimiento e incomprensión cuando los miembros de la pareja conciben el amor de manera diferente. Lo cierto es que poner en cuestión las creencias o los mitos románticos puede resultar peligroso. Aún así vamos a intentarlo.

 

Si partimos de la realidad de que cada miembro de la pareja proviene de familias distintas, con creencias y formas de actuar diferentes, en las que las relaciones se han vivido de manera diferente, el argumento de que los miembros de la pareja son iguales cae por su propio peso. Es natural en cualquier relación, y más en la de pareja, vivir un proceso que puede durar toda la vida, en el que ambas partes tengan que conocerse, negociar, estar abiertos a escuchar y llegar a acuerdos. Y esto, según el ideal romántico, ya no sería amor. De hecho muchas parejas viven estas situaciones con gran desilusión ya que se supone que “ella/él debería saber lo que me molesta, lo que me gusta o lo que me entristece, si se lo tengo que decir ya pierde la gracia”. En lugar de enfocar estas situaciones como oportunidades de descubrimiento del otro y de crecimiento juntos se viven, por la presión del ideal romántico, como fracasos o fallos de la relación.

 

Por otra parte, encontramos la idea de que el otro es más importante que yo. Si seguimos esta creencia renunciaremos a lo que queremos o necesitamos por el supuesto “bienestar del otro”. Esta idea es una contradicción en si misma. Al igual que si no tengo comida no la puedo compartir con otra persona, si no me encuentro bien y no satisfago mis necesidades personales, sociales o profesionales no podré compartir con mi pareja la alegría, la seguridad o el amor. Si yo no me doy, no te puedo dar a ti. Cuidar de uno mismo es una necesidad vital que cuando se niega provoca poco a poco y, muchas veces de forma inconsciente, la separación de la persona amada. Se va creando un poso de resentimiento que va contaminando la relación hasta envenenarla del todo.

 

Y, por último, el amor pleno es un resultado, producto del trabajo mutuo y de la comunicación de la pareja, y no un concepto que sirva como excusa para resignarse ante problemáticas graves como el maltrato, las adicciones o la infelicidad en la pareja.

 

Por todo ello considero que el amor romántico tal como se nos empaqueta y se nos vende no es sino una ilusión pasajera producto de los mitos y de la cultura. Una ilusión hermosa que puede hacernos sentir que volamos pero que también puede atraparnos en la búsqueda insatisfecha, por imposible, de una falsa idea de felicidad. No hay nada más bello que el amor cuando se ama y se es amado o amada en libertad. Todo lo que se distancie de este principio no es amor, simplemente es otra cosa.

 

amor en libertad

 

El cuerpo como recipiente del dolor y valiosa fuente de curación

El post de hoy trata sobre el cuerpo. El cuerpo es ese gran olvidado, del que sólo nos acordamos cuando llega el buen tiempo y queremos lucir lo más atractivos posible o cuando algo no funciona como debiera (gripe, alergia, esguince o enfermedades más graves). Normalmente damos por hecho su buen funcionamiento y no valoramos que gracias a él vivimos, nos relacionamos, experimentamos y sentimos. De hecho, tendemos a prestarle atención cuando queremos criticarlo o menospreciarlo por no ser “lo perfecto que debiera” según los cánones establecidos que nos inundan a diario a través de los medios de comunicación, las redes sociales, etc. La realidad es que nos suele costar amar y respetar nuestro cuerpo.

 

LA SABIDURÍA DEL CUERPO

 

Y, sin embargo, el cuerpo guarda una gran sabiduría. Podemos observar en él, a través del movimiento o la postura, indicios que nos hablan de la historia de la persona. Al igual que con el paso de los años se nos marcan más las arrugas de los músculos de la cara que más utilizamos, en el cuerpo también se reflejan los aprendizajes que hemos ido adquiriendo y que nos han ayudado a garantizar la supervivencia y a mejorar el bienestar.

Ya desde pequeños, podemos ver cómo el cuerpo reacciona al entorno. Un ejemplo de ello se observa en el experimento de la cara inexpresiva realizado por Tronick.

 

En dicho experimento se exponen a bebés jugando con sus madres y en un determinado momento se les pide a las madres que dejen de reaccionar, poniendo una cara que no exprese ningún tipo de sentimiento ni de reacción. Al principio, el bebé intenta hacer reaccionar a la figura de apego, para lo cual intenta provocar su sonrisa, llamar su atención, se enfada y/o llora. En definitiva, hace todo lo que está en su mano para generar algún tipo de reacción en ella. Cuando pasan unos minutos sin que la madre responda el bebé realiza comportamientos autoorganizativos que le ayudan a regularse, tales como chuparse el dedo o apartar la mirada, entre otras acciones. Si estás acciones se repiten en la vida del niño o niña sin las conductas reparadoras apropiadas por parte de la figura de apego, el cuerpo del bebé reaccionará de forma que sus posturas se convertirán en tendencias procedimentales que continuarán a lo largo de su vida adulta. Estas experiencias se irán registrando como una serie de expectativas inconscientes sobre el entorno y sobre nosotros mismos altamente potentes que irán influyendo en el desarrollo de nuestro cerebro y nuestro cuerpo. Si, por ejemplo, en la infancia un bebé ha vivido repetidas experiencias de miedo, con el paso del tiempo es probable que encontremos a un adulto que camina con los hombros encorvados hacia delante. Esta postura corporal es el reflejo de experiencias pasadas grabadas en la memoria corporal que se mantienen en la actualidad aunque ya no sean adaptativas puesto que las situaciones generadoras de miedo ya no existen.

 

DESCONEXIÓN DEL CUERPO COMO PROTECCIÓN

 

Aprendemos a desconectar del cuerpo en el ambiente familiar desde la infancia, ya sea por represión o por querer cumplir las expectativas de nuestras figuras de apego. Las figuras de apego son aquellas personas con las que tenemos un vínculo especial y que por lo general se han encargado de nuestra crianza (normalmente son los padres, abuelos o tíos). Si nos dicen “no llores, eso no sirve de nada” aprendemos a reprimir esas emociones por no ser aceptadas por las personas importantes para nosotros. Con el tiempo y a fuerza de reprimir dichas emociones desconectamos del cuerpo y, en consecuencia, de la valiosa información que éste nos proporciona. La represión y la desconexión de las sensaciones sentidas en el cuerpo tienen un sentido adaptativo. En un ambiente en el que no se tolera la tristeza o la debilidad demostrarlas podría resultar peligroso, tanto a nivel físico como emocional. Por tanto, tapar y negar dichas emociones ayuda a la protección y a la supervivencia. El problema radica en que dichos patrones se generalizan y se mantienen en el tiempo cuando ya no son necesarios y la persona los sigue utilizando para evitar un posible sufrimiento futuro.

 

desconexión del cuerpo

 

RECONEXIÓN DEL CUERPO COMO CURACIÓN

 

Reconectar con el cuerpo puede dar vértigo e incluso miedo. Es lógico pensar que conectar con aquello que se reprimió pueda asustar. Sin embargo, si centramos nuestra atención en conocer y aceptar esas partes de nosotros mismos que van más allá de lo verbal encontraremos un camino más libre y lleno de posibilidades para mejorar nuestro bienestar.

Pongamos de ejemplo una persona a la que desde la infancia han infravalorado o ignorado sus logros. Es probable que esta persona desarrolle un pecho hundido, brazos flácidos y respiración superficial asociados a una creencia de “yo no puedo, no sé, no soy lo suficientemente inteligente o capaz”. Además de trabajar con esas creencias limitantes, el trabajo con el cuerpo resulta fundamental. Intervenir para modificar esa postura corporal que actúa como un recordatorio somático de la inseguridad y del sentimiento de incapacidad es clave. Si la persona modifica la postura corporal, alineando la columna vertebral y sacando así al pecho de su hundimiento en una postura relajada, fortaleciendo a la vez los músculos del abdomen y realiza una respiración más profunda es más que probable que conecte con sus recursos y su sentimiento de capacidad. Mantener la linealidad del cuerpo nos conecta con un locus de control interno que nos hace sentirnos seguros y capaces sin necesidad de estar a la defensiva.

 

postura sana

 

Tal como dice una gran terapeuta el cuerpo siempre es tu aliado. No lo castigues por no ser perfecto. Si aprendes a amarlo y a aceptarlo por cómo es estarás más en contacto con él, podrás conocerte mejor y te aportará información muy valiosa para mejorar tu bienestar físico, mental y emocional.

 

Referencias bibliográficas

  • Ogden, Pat y Fisher, JaninaPsicoterapia sensoriomotriz: intervenciones para el trauma y el apego, Desclée De Brouwer. Edición 2015.

 

Claves de la comunicación interna y externa para mejorar el bienestar personal y social.


¿Cómo es la comunicación conmigo mismo?

 

¡Ah! Pero… ¿es que me hablo?, ¿eso no es cosa de locos? ¡No! Todos nos hablamos a diario, a veces de manera más consciente y deliberada y a veces nuestro diálogo interno es tan automático que no somos si quiera conscientes de ello. Y, aunque lo lógico sería pensar que sólo tenemos palabras positivas para nosotros mismos, a menudo no es así y la comunicación es más negativa que positiva.

 

Párate a pensar un segundo. ¿Qué te dices cuando, por ejemplo, te tropiezas por la calle?, ¿cuándo no consigues lo que te habías propuesto? o ¿cuándo algo te sale mal? Si ante estas preguntas contestas como “Soy un torpe”, “nunca obtengo lo que quiero” o “debería haberme esforzado más” estás poniendo en práctica sin saberlo lo que se conocen como distorsiones cognitivas o errores de pensamiento.

 

Se les llama distorsiones cognitivas porque distorsionan la realidad objetiva de tal forma que terminamos por creerlas como verdades absolutas. Dichas distorsiones aparecen no solamente cuando nos referimos a nosotros mismos, sino también, cuando pensamos acerca de otras personas. Para comprenderlo mejor pongamos un ejemplo.

 

 

Según el ejemplo anterior el factor clave que determina cómo te sientes es la interpretación que haces del hecho objetivo y no el hecho en si mismo.

Una vez que sabemos esto vamos a hacer un repaso de los tipos de distorsiones cognitivas que más se producen. ¡Fíjate a ver con cuántas te identificas! No te asustes ni te preocupes si te identificas con más de una o incluso con todas. Si están tan estudiadas es porque su presencia en el pensamiento es algo común.

 

  • Pensamiento todo o nada: consiste en ver la vida polarizada o de forma extrema, si algo no es perfecto entonces está mal. No existe la escala de grises o los puntos de vista diferentes, todo es blanco o negro.

 

  • Generalización excesiva: a partir de un hecho concreto sacamos una conclusión generalizada. Para detectarla presta atención a ver si utilizas términos como “siempre” o “nunca”. Por ejemplo, me salto un día la dieta y ya pienso “siempre lo hago mal, nunca conseguiré mi objetivo”.

 

  • Filtro mental: esta distorsión se produce cuando nos centramos en un único detalle sin tener en cuenta lo demás. Por ejemplo, he tenido en general un buen día en el trabajo pero ha habido una tarea que no me ha salido como quería y, a partir de ese momento, me centro de tal manera en ese punto concreto que aumenta de tamaño y de importancia hasta ocupar casi todo mi pensamiento.

 

  • Descalificación de lo positivo: no darle importancia a las cosas positivas que nos ocurren o que sentimos por considerarlas “normales”. Si utilizas expresiones como “bah, es lo normal” o “eso lo hace todo el mundo” estás poniendo en práctica este tipo de error del pensamiento.

 

  • Conclusiones precipitadas: adelantarnos al futuro, interpretando sucesos de forma negativa sin datos objetivos para ello. Podemos adelantar lo que otros pensarán sobre nosotros, imaginar sus intenciones o predecir que ciertas cosas no se producirán. Este tipo de distorsión hace que muchas veces nos coartemos y no intentemos ciertas cosas por el mero hecho de pensar que no las vamos a conseguir. Podéis encontrar más información acerca de los pensamientos que nos limitan en el artículo de nuestra compañera Ana F. Luna «creencias limitantes en coaching. Las historias que nos contamos…»

 

  • Los deberías: creencias muy rígidas que damos por ciertas y que dirigimos hacia nosotros mismos, hacia los demás y hacia la vida. Cuando no las cumplimos sentimos culpa, ira o frustración.

 

  • Etiquetaje: hacer una valoración negativa de una persona basada en un hecho concreto. Por ejemplo decir que una persona es maleducada porque un día no nos ha saludado o decir de mi misma que soy un desastre por haberme dejado las llaves dentro de casa. Al poner etiquetas transmitimos una idea de inmovilidad, de que algo es así y no se puede modificar, lo que a su vez provoca que ni siquiera intentemos modificarlo.

 

¿Se puede modificar esta comunicación interna?

 

comunicación no violenta

 

Una vez que sabemos que esto existe podemos empezar a identificar cuándo nos ocurre para ponerle freno. Además es una oportunidad de autodescubrimiento, ya que es probable que estas distorsiones no sean tuyas únicamente, sino que las hayas captado del ambiente en el que te has desarrollado. ¿Había muchas normas en tu casa?, ¿se te decía que eras de una determinada manera? Es importante prestar atención al tono con el que nos hablamos, porque puede que nos estemos repitiendo mensajes, lanzados por nuestras figuras de referencia, que hemos estado escuchando durante años. Plantéate lo siguiente: ¿le permitirías a otra persona que te hablara de esta manera?, ¿la querrías a tu lado o te separarías lo más posible de ella? Entonces, ¿qué hacer cuando uno no puede separarse de si mismo? Pues practicar a diario la observación de la comunicación interna e intentar modificarla, centrándonos para ello en datos objetivos y no en inferencias o juicios de valor. Esto resultará una ayuda importante en el bienestar personal, así como en las relaciones interpersonales, sobre todo aquellas que más nos importan.

 

Una vez que hemos aprendido a escucharnos y a modificar estas formas negativas de hablarnos a nosotros y a los demás será importante descubrir una fórmula positiva y no violenta que nos permita expresar lo que sentimos y necesitamos del otro.

 

¿Cómo comunicar lo que necesito?

 

Según Marshall B. Rosenberg autor del libro “Comunicación no violenta, un lenguaje de vida” hay 4 pasos que seguir a la hora de expresarnos sin dañarnos a nosotros mismos ni al otro.

 

1º paso: Observar qué está ocurriendo de forma objetiva sin hacer juicios de valor.

2º paso: Detectar cómo nos sentimos por ese hecho.

3º paso: Expresar nuestras necesidades surgidas de los sentimientos detectados.

4º paso: Elaborar una petición específica cuyo objetivo sea el beneficio de ambas personas.

 

Pongamos un ejemplo. Una persona le podría decir a su pareja , “cuando te hablo y no me miras a los ojos me siento enfadada porque necesito ver tu reacción cuando te cuento algo importante para mi, ¿estarías dispuesto a mirarme cuando te estoy contando algo importante? De esta manera nos acostumbramos a identificar lo que nos afecta y expresarlo de forma objetiva y positiva, en lugar de entrar en reproches y en juicios moralistas. Así, la otra persona no se sentirá atacada y estará más dispuesta a escuchar y comunicarse de una forma positiva.

 

comunicación no violenta

 

Practicar la comunicación no violenta tanto con uno mismo como con los demás es una herramienta poderosa que nos acerca al bienestar personal y social y a mejorar nuestra calidad de vida.

 

Referencia bibliográfica:

Marshall B. Rosenberg,Comunicación no violenta un lenguaje de vida, Gran Aldea Editores, 2013

Nuestro niño interior: una fuente inagotable de recursos y felicidad

En modo hacer ¿dónde está nuestro niño interior?

Las personas adultas tendemos a ignorar a nuestro niño interior. Nos movemos a diario en un ambiente, por lo general, rutinario que está plagado de normas sociales y de deberes personales, sociales y profesionales. Las necesidades (algunas reales y otras inventadas por otros o por nosotros mismos) nos conducen a un camino enfocado en el hacer y en el que podemos llegar a sentirnos encorsetados y con poca capacidad de acción.

 

niño interior

 

A lo largo de nuestras vidas se nos ha ido indicando el camino a seguir y guiando para recorrerlo sin pérdida. Siempre enfocados en el futuro, pasamos un tercio de la vida preparándonos para lo que vendrá. Primero la educación (colegio, instituto, universidad), después la consecución de un trabajo y más tarde la tan ansiada estabilidad económica que nos permita tener una casa y crear una familia. El plan es bueno y tiene sentido, no me malinterpretéis, es necesario hacer el esfuerzo, aprender y tener proyectos y metas a conseguir. Sin embargo, suele ocurrir que en el transcurso de este camino “perfecto” vamos perdiendo algo importante, nuestro niño interior se va escondiendo y la ilusión se va diluyendo.

 

Al dirigir toda nuestra energía en el hacer y en el conseguir nos vamos alejando cada vez más del disfrutar y del experimentar. Nuestra mente está constantemente enfocada en el futuro pasando por alto el momento actual. Nos pueden resultar los conceptos de disfrute y experimentación superficiales, algo inmaduros o incluso una pérdida de tiempo que molesta y ralentiza la consecución de los objetivos marcados. En este camino de la vida vamos dejando atrás, hasta casi desaparecer, a nuestro/a niño/niña interior.

 

Capacidades del niño interior

niño interior capacidad

 

¡GRAN ERROR! El niño no es ningún inútil, el niño tiene muchas capacidades. Al principio de su desarrollo no cabe en él el concepto “no puedo”, aún no ha desarrollado creencias férreas sobre lo que puede o no puede hacer, sobre lo que se le da bien, sobre lo que le gusta o no, sobre lo que le da vergüenza y un largo etcétera. Él o ella simplemente experimentan, se dejan guiar por la curiosidad y el instinto, lloran si algo les molesta y ríen a carcajadas cuando algo les hace gracia. Viven el momento porque para ellos y ellas es lo único que existe, hacen de la sencillez y la naturalidad su bandera, demostrando así una gran sabiduría.

 

Aún no han hecho mella en ellos la crítica externa ni interna ni “lo que se supone deben ser o cómo se supone que deben comportarse”. Esta libertad que se dan a si mismos es lo que les lleva a escalar esa pared, a saltar más alto y más lejos cada vez, a tirar y tirar con toda su fuerza, a comer con los ojos, con las manos y con la boca, a poner todo de si mismos en cada cosa que hacen. A levantarse cada vez que se caen cuando están aprendiendo a andar, a correr más rápido para ver si así llegan a volar. A no dejarse nada y a vivir la vida de verdad y no de puntillas. Y en esto no hay estupidez ni ignorancia, hay poder y crecimiento.

 

¿Qué pasaría si lo practicásemos un poco más?

Imagínate que vas por la calle y en lugar de seguir por la acera decides continuar caminando por un murete que hay justo al lado simplemente por el placer de hacerlo. ¿Te has planteado qué dirán los demás sobre ti?¿Te ha dado vergüenza sólo pensarlo? Incluso, ¿te has frenado y ni siquiera te lo has imaginado?. O ¿qué pasaría si te lanzarás y te apuntarás a aprender esgrima, baloncesto o chino? Si dejamos a un lado las creencias limitantes (“no puedo”, “eso no es para mi”, “ya no tengo edad”, “ya es tarde”) podremos llegar más lejos de lo imaginado en nuestra felicidad y crecimiento personal.

 

La mayoría de las veces que les he pedido a adolescentes o adultos en terapia que dibujen, lo primero que me han respondido es “no sé dibujar”. Una vez que superan esta creencia limitante y dejan salir al niño descubren cosas maravillosas. El tacto de las pinturas, el olor y el darse el permiso para no hacerlo perfecto les libera y lo disfrutan y, sobre todo, les permite entrar en contacto consigo mismos.

 

El día a día está protagonizado por nuestro yo adulto. El yo adulto nos ayuda a mantener la calma en momentos de tensión, a resolver conflictos, a razonar y a hacernos cargo de nuestras obligaciones. Es un aliado maravilloso, al igual que lo es nuestro yo niño. Darle su espacio a nuestro yo niño para que pueda respirar y sentir el mundo como sólo él sabe hacerlo es importantísimo. Si se le empuja hacia abajo y se le mantiene encerrado la ilusión y la felicidad terminará por desaparecer y el cinismo, la ira o la tristeza ocuparán su lugar.

 

Déjale crecer y experimentar ya sea dibujando, bailando, construyendo o cocinando. Permítele saltar si estás exultante de alegría y llorar si lo necesitas. Permítele que te guie y te ayude o es que ¿acaso no recuerdas la rabia que te daba cuando los adultos creían que lo sabían todo?.

 

niño interior

¿Qué es el guión de vida y cómo influye en mis decisiones?

 

¿Qué es el guión de vida?

 

¿Por qué tomo las decisiones que tomo? ¿por qué algunas personas sienten y entienden que pueden conseguir lo que se propongan y otras no? ¿Qué les diferencia? ¿Es una cuestión de autoestima, de temperamento o de aprendizaje? Y lo más importante, si no estoy feliz con la forma que tengo de relacionarme con la vida y de vivirla, ¿puedo modificarlo?

Muchas preguntas de un alto nivel de profundidad que no resultan sencillas de solucionar con una fórmula mágica, pero a las que si podemos intentar dar respuesta. Para ello, vamos a adentrarnos en el concepto de guión de vida.

Según define el psicólogo integrativo, el Doctor Richard Erskine el guión de vida puede definirse comoun plan de vida basado en decisiones adoptadas en cualquier etapa evolutiva que inhiben la espontaneidad y limitan la flexibilidad en la resolución de problemas y en la relación con las personas”.

 

¿Cómo se forma el guión de vida?

 

El guión de vida va tomando forma desde la infancia temprana, en función de la satisfacción o no de las necesidades relacionales de las que ya hablamos en un artículo previo.

Pongamos el ejemplo de un niño pequeño que tiene una fuerte necesidad de ser consolado. El estrés y malestar que siente el niño le lleva a emitir una serie de conductas y emociones dirigidas a llamar la atención de las figuras de apego (madre, padre, abuelos…), con el propósito de que acudan en su ayuda y satisfagan la necesidad que siente en ese momento. Si esta necesidad de ser consolado no se satisface, porque las figuras de apego no están disponibles física o emocionalmente, el proceso queda incompleto. En ese punto, el niño busca una explicación/solución que le permita cerrar el proceso y satisfacer la necesidad requerida, en este caso la de ser consolado. Para ello, el niño se da una explicación a si mismo denominada cierre cognitivo con la que da por concluido el proceso. En esta auto explicación el niño puede decirse cosas como “he hecho algo mal”, “estoy solo” y/o “que yo necesite algo es molesto para los demás” entre otras muchas posibles explicaciones.

 

guión de vida

 

Por supuesto, un niño pequeño, no se lo explica de una forma tan elaborada porque aún no tiene la capacidad intelectual para hacer ese tipo de inferencias. Pero si siente emocional y corporalmente y se explica, a su modo, el por qué no se ha satisfecho su necesidad. De esta forma, se va sembrando poco a poco el germen de una serie de creencias acerca de sí mismo, de los demás y del mundo que le rodea que le llevarán a elaborar su propio guión de vida. Esa explicación que se da a sí mismo denominada decisión del guión de vida, por dolorosa que pueda resultar, le ayuda a protegerse del malestar mayor de experimentar que algunas de sus necesidades más importantes no se satisfacen por aquellos a los que quiere o de los que depende.

 

¿Cómo nos influye el guión de vida?

 

Por medio de este proceso las personas elaboramos creencias restrictivas que nos impiden el crecimiento y que nos influyen a la hora de relacionarnos con los demás, de afrontar la vida y de vivirnos a nosotros mismos. Creencias que se han grabado en nuestra psique y nuestro cuerpo como verdades absolutas y que se transforman en tensión/dolor corporal o en diálogos internos, en su mayoría inconscientes. Algunos ejemplos de estos diálogos pueden ser: “no soy capaz de hacer lo que quiero porque no soy suficientemente inteligente”, “no soy una persona digna de ser amada”, “es peligroso comunicar lo que necesito”, “los demás no son de fiar”, “los demás son más importantes que yo” “la vida es dura y triste”.

Por tanto, y dando respuesta a una de las preguntas con las que se iniciaba este artículo, podemos decir que el guión de vida con sus creencias restrictivas influye de forma clara en las decisiones que tomamos y en cómo afrontamos la vida. Ya que si en mi guión de vida está la creencia de que nunca consigo lo que quiero, es muy improbable que emprenda acciones para alcanzar una meta. De la misma manera, si en mi guión está la creencia de que los demás no están disponibles emocionalmente para mi, será muy probable que me cierre en mi mismo y que no pida ayuda. La trampa y el verdadero poder de estas creencias reside en el hecho de que la persona no suele ponerlas en cuestión. La creencia absoluta de las mismas, vivida casi como algo innato de la persona, hace que se experimenten vivencias congruentes con dichas creencias una y otra vez, de forma que cobran cada vez más fuerza.

 

¿Se puede cambiar el guión de vida?

 

guión de vida

 

Entonces, ¿qué hacer? ¿cómo romper este círculo de infelicidad?. Simplemente decir que no. Negarse a aceptar esas emociones negativas que nos llevan a sentirnos incapaces o infelices. Negarse a aceptar que hay cosas que son así y que hay que aguantarse. Iniciar un proceso de conocimiento personal, con un/una buen/buena profesional que nos ayude a curar nuestro guión de vida entendiendo de dónde proceden esas creencias, esas emociones y esas tensiones corporales, dándoles espacio para poder expresarse y encontrando nuevas formas más saludables de satisfacerlas. Y, también, siendo conscientes de que la cura del guión es un proceso que requiere tiempo, que puede que se reactive en momentos de presión o estrés, pero que puede modificarse haciéndonos así más libres y felices. Tal como expresa en Dr. Erskine la cura del guión de vida supone la creencia, y los sentimientos asociados de bienestar, de que no importa lo que me suceda, no importa lo mal que esté la situación, voy a aprender y a crecer con la experiencia”.

 

guión de vida

 

Referencia bibliográfica:

  • Transactional Analysis Journal, Volume 10, Number 2, April 1980, pp. 102-106

Fuente:

Límites y necesidades relacionales fundamentales para el bienestar emocional

¿Qué es un límite?

 

Según la RAE el límite es definido como línea real o imaginaria que separa dos terrenos, dos países, dos territorios.”

¡Qué fácil resulta observar los límites físicos que nos rodean!. Desde los límites naturales como ríos, cadenas montañosas u océanos, hasta los construidos por el hombre. El aprendizaje del concepto del límite es un proceso complejo que se inicia desde la infancia. Aprendemos rápidamente que existen límites cuando, por ejemplo, queremos salir de la cuna y no podemos hacerlo solos, cuando descubrimos que hay ciertas zonas de la casa en las que no se nos permite entrar por ser “zona de mayores” o cuando al llegar a un cruce nos paramos en seco y observamos a ambos lados antes de atravesar el umbral entre la segura acera y la peligrosa carretera. Y así, poco a poco, vamos elaborando un conocimiento del mundo que nos rodea. Primero desde lo físico, que es más fácilmente observable, para pasar poco a poco a lo relacional. Y aquí es donde la cosa empieza a complicarse…

limites-1

Mientras que es sencillo saber cuando se puede cruzar la acera o entrar en una tienda, en el primer caso una señal luminosa nos lo indica y en el segundo un cartel en el que se lee claramente “abierto”, no resulta nada fácil discernir dónde está el límite entre lo que yo quiero/necesito y lo que el otro quiere/necesita. Estos límites intangibles resultan más complicados de detectar y manejar a no ser que se cuente con las gafas adecuadas.

 

Tipos de límites familiares

 limites

 

Cada persona aprende a relacionarse con los demás en función de lo que haya observado en su ambiente cercano y cotidiano, normalmente el ambiente familiar. Cada familia se relaciona de forma diferente en función de los patrones que hayan “mamado” a su vez de sus respectivas familias de origen. Dichos patrones se heredan de forma inconsciente, y se van transmitiendo de una generación a la siguiente.

 

Existen 3 tipos de límites dentro de las relaciones interpersonales. En este artículo vamos a centrar la atención en los tipos de límites existentes dentro de las relaciones familiares.

  • El límite claro es el limite saludable. En las familias con este tipo de límites existe un equilibrio entre las necesidades de sus miembros a nivel individual y colectivo. Esto supone que se respetan las jerarquías entre los subsistemas familiares, estableciéndose el nivel parental sobre el filial sin descuidar por ello la comunicación y el contacto entre los distintos miembros de la familia. En estas familias hay espacio tanto para lo personal como para lo grupal, manteniéndose los roles bien diferenciados. limite sano

 

  • El límite difuso o permeable es aquel en el que no existen diferencias entre las necesidades de los miembros de la familia y en el que las jerarquías entre los subsistemas no se respetan. Este tipo de límites genera familias aglutinadas en las que no hay autonomía, por tanto las necesidades individuales se reprimen o descuentan por el supuesto bien del grupo. Esto genera estrés emocional por perder la propia individualidad, pudiendo llevar a la separación interna del individuo de su familia como estrategia para encontrar el tan ansiado espacio propio.

limite poroso

 

  • El límite rígido o no permeable es aquel que no permite el contacto íntimo entre los miembros del sistema familiar, generando así familias desligadas. En este tipo de familias existe mucha autonomía pero falta intimidad entre sus miembros y preocupación los unos por los otros. Experimentar este tipo de relación puede provocar sentimientos de abandono o de indefensión. Personas que procedan de este tipo de familias pueden caer en relaciones fusionadas en las que se sientan importantes como forma de compensar el déficit vivido en la infancia o huir de la intimidad en las relaciones.

limite rigido

 

Por tanto, podemos decir que tanto en los límites difusos como en los rígidos no existe una verdadera intimidad ni un verdadero y profundo conocimiento de la persona que tenemos enfrente. Al faltar este reconocimiento de la idiosincrasia personal falta también una de las necesidades relacionales básicas más importantes, la necesidad de validación.

 

Necesidades relacionales básicas

 necesidades

 

Según el Doctor en Psicología y padre de la Psicoterapia Integrativa Richard Erskine, todas las personas tenemos al menos 8 necesidades relacionales que necesitamos se satisfagan en nuestras relaciones significativas. Este proceso no puede subscribirse únicamente al período infantil, ya que atraviesa todo el desarrollo evolutivo de la persona hasta llegar a la vejez. Desde esta perspectiva terapéutica, la relación es el eje sobre el que se sustenta todo lo demás. Nacemos en relación y vivimos y nos desarrollamos en relación y es, a través de la mirada que el otro nos devuelve sobre nosotros mismos (padres, abuelos, hermanos, amigos, parejas…) cómo vamos construyendo el propio autoconcepto.

 

Las 8 necesidades relacionales son las siguientes:

  • La necesidad de seguridad supone sentir que las vulnerabilidades física y emocionales están protegidas, saber que no seremos humillados por ser cómo somos.
  • La necesidad de validación implica sentir que nuestras emociones y necesidades son importantes y legitimas. Esta necesidad se cubre cuando sentimos que somos reconocidos e importantes para el otro en la relación.
  • La necesidad de depender de una persona estable, fiable y protectora que nos ofrezca orientación.
  • La necesidad de hacer impacto en el otro. Esta necesidad consiste en sentir que lo que hacemos, decimos y/o sentimos tiene impacto e importa a otra persona. Sentir que atraemos la atención del otro y que podemos influir en él.
  • La necesidad de autodefinición supone conocer y comunicar nuestra propia singularidad recibiendo por ello el reconocimiento del otro.
  • La necesidad de confirmar la experiencia personal. Para ello es necesario recibir por pate del otro la confirmación de que ha experimentado una vivencia similar ya que así reafirmamos y valoramos la propia experiencia.
  • La necesidad de que el otro tome la iniciativa. De esta forma sentimos que somos importantes para la otra persona y que estamos inmersos en una relación significativa para ambas partes.
  • La necesidad de expresar amor como parte de las relaciones significativas y saludables.

 

Siendo todas estas necesidades importantes para adquirir un desarrollo psicológico y emocional óptimo, me gustaría retomar la necesidad de validación por su importancia para el bienestar emocional.

Sentir en la infancia que somos vistos por el otro, más allá de las expectativas que éste tenga sobre nosotros o de lo que se supone que debemos ser o cómo debemos actuar, es una experiencia altamente protectora. Sabernos reconocidos por ser quienes somos y validados en nuestra forma de pensar y sentir en el seno familiar nos da el permiso para aceptarnos a nosotros mismos. Al aceptarnos disminuye la crítica interna negativa y mejoran los niveles de autoestima y de seguridad personal.

Esta vivencia positiva de uno mismo en relación se queda fijada más allá de los huesos y acompaña a la persona a lo largo de todo su recorrido vital, influyendo positivamente en las futuras relaciones que establezca. Al sentirse validada la persona se siente querida, apreciada y respetada. Esta vivencia le ayuda a desarrollar unos límites saludables con los demás. Unos limites que sean lo suficientemente porosos como para poder sentir intimidad con otra persona y desarrollar un sentido de pertenencia satisfactorio, al tiempo que tengan la consistencia necesaria para mantener su individualidad y sus necesidades intactas.

 

 

 

Fuentes:

Referencias bibliográficas:

  • Erskine, Richard G., Presencia Terapéutica y Patrones Relacionales: Conceptos y Práctica de la Psicoterapia Integrativa, Ediciones Karnac. 2016.

El poder de la incertidumbre, ¿nos aleja o nos acerca a la felicidad?

Si te tomas un par de segundos para reflexionar acerca de que deseas para ser feliz, es bastante probable que aparezcan ante ti una o varias opciones que nada tengan que ver con la incertidumbre. Casi con total seguridad el contenido de tu respuesta guarda relación con uno de los tres elementos que Gigliola Cinquetti destacaba en su famosa canción “salud, dinero y amor”. Si es así, es totalmente lógico ya que ¿quién no desea gozar de buena salud, tener suficiente sustento económico para vivir tranquilamente y/o amar y sentirse amado? En definitiva, ¿quién no desea ser feliz?

 

Desde hace un tiempo en el entorno social en el que vivimos ha surgido un movimiento muy claro hacia la obtención de la felicidad. Ya no nos conformamos con sobrevivir como hacían nuestros antepasados, ahora queremos vivir, y además vivir disfrutando en todo momento.

 

felicidad

 

Tan importante es esto para nosotros que la publicidad se hace eco de ello. Antes, para vender un producto las campañas publicitarias se centraban en destacar sus características de funcionamiento, sabor, precio, etc. Ahora, sin embargo, nos venden la idea de que con ese producto seremos un poco más felices y así alcanzaremos nuestro objetivo vital.

 

Este movimiento social hacia la obtención de la felicidad nos impulsa a no conformarnos y a querer mejorar en todos los ámbitos de nuestra vida, lo cual es maravilloso. Sin embargo, en la otra cara de la misma moneda encontramos conceptos menos apetecibles como el peso de la incertidumbre y el miedo al sufrimiento.

 

ATREVERSE A CAMBIAR, MIEDO A SUFRIR

A menudo el cambio necesario hasta obtener aquello que deseamos supone un reto. A su vez, ese reto conlleva afrontar la incertidumbre y una serie de situaciones novedosas que se salen de nuestra zona de confort. Éstas ponen en jaque nuestros recursos lo cual nos incomoda y nos asusta. Es lógico y natural que no queramos sufrir. Estamos biológicamente preparados, al igual que el resto de seres vivos del planeta, para sobrevivir y para evitar todo aquello que nos haga daño. Sin embargo, el problema surge cuando este mecanismo de protección se sobreactiva y se generaliza a distintas situaciones llegando a convertirse en un miedo angustioso que nos paraliza y nos incapacita.

 

miedo a la incertidumbre

 

Encontramos ejemplos del miedo a la incertidumbre a nuestro alrededor constantemente: la persona que se mantiene en una relación sentimental que no le es satisfactoria por miedo a “no encontrar algo mejor”; la persona que renuncia a una oportunidad laboral por miedo a “lo que se pueda enfrentar” o los padres que sobreprotegen a su hijo coartando sus intentos de exploración por miedo a que “le pase algo malo”. En todos estos casos se produce un choque frontal entre el deseo de realizar el cambio y el miedo a sufrir o a que ese cambio no entrañe los beneficios que se deseaban obtener. Llega el gran Y SI…

 

SALIR DE LA ZONA DE CONFORT, MIEDO A LA INCERTIDUMBRE

Salir de nuestra zona de confort no es sencillo, tal y como muestra el refranero español con ejemplos como estos “Mejor malo conocido que bueno por conocer” o “Virgencita, virgencita que me quede como estoy”. Existe una creencia arraigada de que el cambio es peligroso, de que todo aquello que salga de nuestra zona de confort deber ser evitado. Hay un mensaje oculto y generalizado de que la vida tiene que ser fácil, sencilla y que eso será lo que nos haga ser más felices. Sin embargo, esto que en principio puede parecer una gran verdad, no es sino una trampa en la que caemos sin darnos cuenta.

 

La vida no es sencilla, ni plana, ni previsible por mucho que intentemos que lo sea, anticipando y controlando nuestra conducta, la de los demás y/o el ambiente. La vida es ilusión y decepción, risa y llanto, ganancia y pérdida, placer y dolor, vida y muerte. La vida está compuesta de estos y muchos otros elementos que hacen que la vida sea lo que es y que no podemos negar ni escapar de ellos por mucho que lo deseemos. Es precisamente cuando intentamos huir de estas partes negativas de la vida cuando caemos en la trampa que nos lleva a la angustia anticipatoria del “y si..”, alejándonos cada vez más de la anhelada felicidad. Y es aquí donde somos conscientes de la gran paradoja, muchas veces sufrimos por querer evitar el sufrimiento.

 

Puede que esta idea resulte una obviedad para algunas personas y un absurdo para otras, sin embargo supone más de lo que parece a simple vista. Dentro de esta idea, encontramos dos ideas poderosas que la sustentan y alimentan. Por un lado, aparece el miedo a la incertidumbre del que hablábamos más arriba. Este miedo que se activa cuando nos enfrentamos a algo que nos es desconocido y no podemos anticipar con seguridad lo que puede ocurrir. Es natural, que ante situaciones novedosas sintamos una activación física y mental. Este mecanismo nos prepara y nos mantiene alerta para desplegar todas las herramientas necesarias y hacer frente a la situación novedosa.

 

CREENCIAS DAÑINAS E IRRACIONALES

La complicación aparece cuando a ese mecanismo natural se le azuza con otras dos poderosas creencias. Por un lado, la idea de que la situación novedosa será en si misma dañina y, por otro lado, la idea de que la persona no cuenta con los mecanismos necesarios para hacerle frente. La unión de ambas ideas generan un sentimiento de miedo intenso. Este miedo lleva a la persona a evitar dicha situación, lo cual alimenta el sentimiento de incapacidad, haciéndole sentir cada vez más vulnerable e indefensa.

 

grafico

 

Cuántas más veces se de este proceso, peor concepto tendrá la persona de si misma y de sus capacidades, ya que al evitar la situación temida no tendrá la oportunidad de experimentarse a si misma como una persona capaz. Además, el mantenimiento de estas ideas durante un tiempo prolongado puede provocar, entre otras consecuencias: baja autoestima, ansiedad, angustia, frustración, retraimiento, aburrimiento y depresión.

 

De esta forma vemos que evitar aquello que nos asusta o nos incomoda no nos acerca a la felicidad, sino que nos aleja de ella. Y quizás por ello, no nos llena más que temporalmente, el sucedáneo de felicidad que nos venden embotellada. Porque ser feliz implica sentirse libre y con miedo no hay libertad.

 

UNA OPORTUNIDAD PARA SER FELIZ

Si no nos atrevemos a salir de nuestra zona de confort no podremos ejercitar nuestros músculos emocionales y nos quedaremos atrofiados y con la sensación cada vez más profunda de que somos incapaces de hacerlo. La incertidumbre no es un castigo, es una oportunidad. Una oportunidad para sacar nuestros recursos sociales, físicos, cognitivos y emocionales. Es una oportunidad de crecimiento que nos ayuda a conocernos más y mejor y es, además, el camino real hacia la auto realización y la satisfacción personal.

 

felicidad

 

 

Fuentes: