Montse Simón

Sobre Montse Simón

El enfoque con el que trabajo se centra en la autoindagación y el desarrollo personal. Organizo talleres de filosofía, doy clases de Yoga (individual y grupal) e investigo como aplicar las filosofías sapienciales al trabajo individual.

Un castigo infantil Cerca del lugar en el que vivo hay una prisión y cada vez que paso por delante no puedo evitar preguntarme: “¿para qué sirven las prisiones?, ¿son un bien para la sociedad o se trata de una institución obsoleta qué lejos de fomentar un bien social fomentan un mal?” Cada vez que…

Libertad de hacer La palabra libertad tienen un papel importante en nuestra escala de valores personal. Es el ideal que enarbolan como bandera diferentes sistemas sociales, políticos y económicos. Para el padre del liberalismo, John Locke, la libertad consistía en “estar exento de coerción y violencia por parte de terceros” lo cual sólo era posible pactando…

La invención del «yo» El lenguaje y la mente son, al parecer, algunos de los atributos que distinguen al ser humano de otros animales y seres vivos. Ambos, lenguaje y mente, mantienen un estrecho vínculo. Si alguien nos dice que es el lenguaje el que crea el mundo, puede sonarnos extraño y podríamos responderle que,…

Por amor a uno mismo No se ama al marido por amor al marido, sino que es por amor a uno mismo (ātman) que se ama al marido. No se ama a la esposa por amor a la esposa, sino que es por amor a uno mismo (ātman) que se ama a la esposa. No…

Ausentes El otro día investigando por internet algunos de los trabajos de David del Rosario, me encontré con un cortometraje dirigido por él que me llamó mucho la atención. Este es el corto, titulado Ausentes – El árbol del compromiso: Lo que más me llamó la atención acerca del corto es la capacidad de desdibujar…

Entre la realidad y el sueño Cada día de nuestras vidas, cada noche cuando dormimos, experimentamos un estado de conciencia en el que proyectamos a través de nuestra mente un universo nuevo. Se trata del universo onírico, el mundo de los sueños. A veces soñamos parajes y situaciones que nos hacen sentir muy a gusto…

¿Entrega o sacrificio? Hace poco escuché hablar en algún lugar, de cuyo nombre no es que no quiera acordarme pero no recuerdo, de la diferencia entre el sacrificio y la entrega. En realidad, ni siquiera estoy segura de que estos fueran los términos utilizados, pero si escribo hoy acerca de la entrega como un camino…

Las leyes del universo En el post, Quién soy yo?, citamos el mensaje de varios sabios que desde antiguo vieron la importancia de conocerse a uno mismo para conocer el universo entero: “ Uno debe de ver y escuchar, así como reflexionar y concentrarse en su propio ser, ya que cuando uno ha visto y…

Yo adolescente, yo hoy

Recuerdo que tendría alrededor de quince años cuando la directora de secundaria del colegio en el que estudiaba nos quiso animar para ir a una salida de fin de semana para descubrir «¿Quién soy yo?«, que organizaban las religiosas, pues iba a un colegio de religiosas. La verdad que no pareció conseguir mucho más de nosotros que unas cuantas risas que nos echamos a propósito de ella y de la graciosa forma en que hablaba una mezcla de castellano y catalán. Sin embargo, todavía hoy puedo recordar que fue la primera persona de la que escuché esa pregunta y aunque no entendí que quería decir con lo de “¿Quién soy yo?” y qué sentido tenía hacerse esa pregunta, por alguna razón la vibración de sus palabras quedó grabada en mí, pues como puede percatarse el lector o lectora, hasta día de hoy no he olvidado la cuestión.

Mientras escribo esto me pregunto qué ha cambiado entre esa adolescente y la persona adulta de hoy, que no sólo le encuentra sentido a la pregunta sino que piensa que indagando en ella con honestidad igual puede descubrir el secreto de una vida plena. ¿Soy la misma persona que esa chica adolescente? ¿Por qué a ella le parecía casi una broma preguntarse algo así? En fin, para no liarlo más, dejaré a un lado las reflexiones acerca de cómo se entendía a sí misma la chica adolescente e iré al grano sobre lo que me apetece compartir hoy, a saber, el sentido de conocer “¿quién soy yo?”.

quién soy yo

Conócete a ti mismo

Son muchas las tradiciones filosóficas que nos instan a “conocernos a nosotros mismos”. Tenemos en la filosofía occidental el célebre oráculo de Delfos que reza justo de este modo:
“Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el Universo y a los dioses”.
O el Maestro Eckhart que afirmaba:
“Quien se conoce a Sí, conoce todas las criaturas”.
Y en la filosofía oriental leemos, por ejemplo, en un pasaje del Tao Te Ching:
“Quien conoce a los demás es inteligente.

Quien se conoce a sí mismo, es sabio.”
La sabiduría de la India lo expresa también desde las Upaniṣad, donde nos hablan de la esencia última del ser humano como idéntica a la esencia de todo el universo:
“ Uno debe de ver y escuchar, así como reflexionar y concentrarse en su propio ser, ya que cuando uno ha visto y oído su propio ser, cuando uno ha reflexionado y se ha concentrado en su propio ser, conoce entonces el mundo entero”.
Algunos maestros trasladaban esta pregunta a sus discípulos y oyentes, invitándolos a descubrir qué es aquello a lo que llamamos “yo”. Esta pregunta sólo cobra sentido cuando uno se la formula honestamente, no reproduciéndola como una especie de mantra y respondiendo automáticamente lo que hemos escuchado que otros han respondido, sino respondiendo aquello que realmente se nos ocurre e indagando en todo lo que aparece. Por ejemplo ¿puedo decir que soy Tal, o eso es sólo un nombre? ¿puedo decir que hago esto o aquello o sólo estaría describiendo mi profesión? ¿y cómo me voy a describir sólo físicamente si mi físico cambia con los años? ¿puedo decir que soy lo que pienso, siendo que mis pensamientos cambian a cada instante?… Bien, se me ocurre que podría responder: “soy todas esas cosas juntas: tengo este nombre, me dedico a esto, soy físicamente así, suelo tener un carácter asá…”. Podría utilizar el tipo de fórmulas a las que recurrimos para describirnos, por ejemplo cuando tenemos que hacer una carta de presentación, esa que ni yo misma me creo o que me chirría cuando me presento a viva voz.

 

iam-who-i-am

Cuando decimos “yo” parece que estemos haciendo referencia a algo fijo, a una entidad que tienen fuerza propia, algo que siempre es igual, aunque en verdad todo lo que estamos diciendo acerca de ese “yo” es cambiante, pasajero y contingente. ¿Entonces lo que llamo “yo” es algo fijo o algo cambiante?

La propuesta del advaita vedanta: neti neti

Esta es una de las grandes cuestiones dentro de las tradiciones sapienciales de la India. Para el advaita vedanta, el vedanta no-dualista, la identificación con todos ese tipo de características cambiantes es precisamente lo que nos mantiene en la ignorancia. No la ignorancia de haber leído poco sino la ignorancia de lo que uno mismo es en esencia. El “yo” identificado con todas las características pasajeras o contingentes se piensa a sí mismo limitado, incompleto y mortal. Las características que nos podemos atribuir como seres humanos son limitadas y atribuimos a los objetos, a las personas a nuestro alrededor y a las situaciones que vivimos la capacidad de completarnos, de hacernos de algún modo felices y en el fondo aspiramos a una felicidad total que dure para siempre. Pero ¿cómo otras personas, objetos y situaciones que también son pasajeras nos van a proporcionar una felicidad duradera? Esa “felicidad” sólo durará lo que dure la experiencia o situación de placer.

Finalmente, a causa de que generamos nuestra identidad a costa de un cuerpo, unas emociones y unos pensamientos pasajeros, creemos que somos mortales, porque efectivamente el cuerpo, las emociones, los sentimientos,etc. mueren. Pues bien, el advaita vedanta lo que nos propone es ir quitando capas de cebolla. Tal vez no puedo responder o saber a voz de pronto “¿Quién o qué soy?”, pero sí que podemos descartar todo aquello que no somos, es decir, todo aquello que es pasajero. Esta forma de proceder se conocía ya desde la antigüedad como “neti, neti” (“no esto, no esto”). La persona toma su cuerpo como objeto de indagación, analiza en qué medida se identifica con este cuerpo y qué hay en el cuerpo que sea eterno y qué hay que sea pasajero, luego se puede analizar la sensación de sed y de hambre, los pensamientos, etc.

Este tipo de reflexión nos conduce hacia un espacio de silencio porque no puedo decir que nada de lo que analizo sea eterno, y Aquello que queda cuando todo lo que no es eterno ha sido descartado, Eso es lo que Soy. Desde esta tradición se nos anima a poner la atención en Eso, en el Ser, la Esencia última, la Conciencia Absoluta y eterna que observa todo lo cambiante. Decir de un lado, no soy todo aquello que cambia y de otro lado, lo que soy en verdad es el Ser, la Pura Conciencia y la Dicha infinita.

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La propuesta del budismo: no hay «yo»

El budismo se da cuenta también de que todo aquello que llamamos “yo” es cambiante y por tanto también nos insta a dejar de identificarnos con esos aspectos pasajeros: no soy la forma ni el nombre de mi cuerpo, tampoco soy mis sensaciones, ni mis percepciones, ni siquiera mis pensamientos o memoria, ni la conciencia que observa y conoce a través de los sentidos. Sin embargo, no establece una esencia, un “Eso” como hilo que sostiene todo lo pasajero sino que pone el foco en observar la realidad de lo cambiante.

Cuando todo lo que me constituye es cambiante lo que llamo “yo” pasa a ser sólo un nombre, vacío de un contenido fijo, no existe una esencia que sea fija y eterna, lo único que sería eterno es el cambio constante. Darnos cuenta de esto nos evita el sufrimiento de seguir pidiendo a lo que por su naturaleza es cambiante que no cambie, nos evita el sufrimiento que nos genera el deseo de que las cosas sean de forma distinta a como son. Darnos cuenta del sufrimiento que produce el deseo de que lo que es cambiante sea eterno o de que las cosas sean de forma distinta a como son, conduce a la disolución del “yo” como individuo y nos lleva a un estado de liberación.

Recorrer mi propio camino

Expuesta a muy grandes rasgos la visión de dos  tradiciones de gran impacto surgidas de India, he de decir que creo que sus explicaciones no nos sirven. Me explico, no nos sirven como respuesta. Tal vez puedan servirnos como guía, o tal vez nos despisten más porque comenzamos a ver el mundo bajo una serie de creencias que acaban resultando tan cómodas que uno no quiere soltarlas  y así nos pasamos siglos pensando que la tierra era plana y siglos pensando que es redonda. Puede que las explicaciones de otro me inspiren a indagar, pero el trabajo está en indagar con toda sinceridad, atreverme aser sorprendida, abrirme a la posibilidad de que la respuesta sea completamente distinta a mis esquemas de creencias y para eso tengo que atreverme a soltarlas.

Recorrer el camino de conocerme a mi mismo, sólo puedo hacerlo yo ¿y quien es ese “yo” que quiere conocerse a sí mismo?

 

Respecto a cómo conociéndose a uno mismo el universo entero puede ser conocido, lo dejo para la próxima entrada.

 

Fuentes:

  • CAVALLÉ, Mónica. La sabiduría recobrada, Kairós, 2002.
  • OLIVELLE, Patrick. Upanisads, Oxford World’s Classic, 2008.
saber

La ignorancia es la raíz del sufrimiento Parte el budismo de la premisa de que el mundo que percibimos es sufrimiento y esta premisa, fruto de la observación, es compartida por un buen número de tradiciones filosóficas de la India. Otro de los puntos en los que suele haber acuerdo es que la ignorancia es…