Mi primer cartel psicoanalítico

Hace muchos años cuando asistí a uno de los congresos de la Asociación Mundial Psicoanálisis, un grupo de jóvenes me ofrecieron participar en un cartel psicoanalítico. Honestamente, no conocía la metodología ni me interesé mucho en averiguarlo. Había pasado los tres años anteriores en España estudiando Psicoanálisis… ¡en la universidad!

Cuando llegué a Madrid, poco sabía de Lacan y de psicoanálisis en general. En la licenciatura lo habíamos tratado de forma general. Pero algo del inconsciente me llamaba y por recomendación de unos profesores me matriculé en el Máster de Psicoterapia Psicoanalítica. En el máster, leíamos a Freud y también a psicoanalistas que “traducían” a Lacan. Los profesores tenían un método poco tradicional sin duda, pero me explicaron algunos conceptos lacanianos y quedé fascinada.

Luego que regresé a Panamá, me encontré un poco sola en mi interés de seguir estudiando Psicoanálisis, así que lo abandoné. Me dediqué a conocer otra área que era nueva para mí, en mi rol de psicóloga en un colegio. Simultáneamente, empecé a escribir en Psiquentelequia, sobre temas diversos relacionado con psicología, Psicoanálisis, infancia y educación. Fue por este medio que una psicoanalista cartelizante me contactó…

 

Mi primer cartel: el Seminario 1 de Lacan

El cartel se define como un dispositivo de trabajo original, propuesto por Lacan tanto a aquellos que practican el psicoanálisis como a cualquiera que desee estudiarlo. Esta invención de Lacan es una forma de hacer lazo social entre los cartelizantes, fuera de los dogmas de las instituciones.

«Para la ejecución del trabajo [de la Escuela] adoptaremos el principio de una elaboración sostenida en un pequeño grupo. Cada uno de ellos –tenemos un nombre para designar a esos grupos– se compondrá de tres personas al menos, de cinco como mucho, cuatro es la medida justa. Más una, encargada de la selección, de la discusión y del destino que hay que reservar al trabajo de cada cual. Después de un cierto tiempo de funcionamiento, a los elementos de un grupo se les propone que permuten en otro.» – Jacques Lacan

En la creación del cartel cada uno elije un tema o «rasgo» del trabajo. Ya sea la lectura de un seminario, elaboración de un concepto, relación del psicoanálisis con otro campo de estudio, entre otros. Al «rasgo» de cada uno se agrega un tema común que se nombra al cartel. En mi primer cartel el enfoque estaría puesto en el Seminario 1 de Lacan: Los Escritos Técnicos de Freud.

El trabajo efectuado no da lugar a un producto colectivo, sino a uno individual. Se trata para cada uno, en función del momento de su relación al psicoanálisis, de constatar lo que pudo haber sido modificado de su relación con el saber analítico… se construye un saber del sujeto.

 

Mi primer producto

La primera clase del seminario inicia con un comentario que me viene como anillo al dedo:

“El seminario exige colaboración y participación a través de la comunicación efectiva. Se espera que no se use como excusa otras ocupaciones importantes.»

Esto lo leí como un mensaje directo a mí misma, ya que estuve en constante resistencia, por no poder tolerar el “no saber” o no comprender. Pues me hacía falta la presencia de otro colocado en ese lugar, que me ayudara a digerir tantos conceptos.

Lacan expone una pregunta que me he hecho muchas veces: ¿Qué hacemos cuando hacemos Psicoanálisis? Qué mejor lugar para empezar este recorrido que en los escritos técnicos de Freud, que de acuerdo con Lacan, constituyen una etapa del pensamiento de Freud anterior a la elaboración de su teoría estructural en 1920. Aún cuando Freud trabajó en la técnica a lo largo de toda su obra.

 

El momento de la resistencia

Algunos elementos importantes que he podido rescatar son los siguientes:

  1. Para Freud el análisis se trata de la aprehensión de un caso particular. Se trata de la subjetividad del sujeto (valga la redundancia), sus deseos, su relación con su medio, con los otros y con la vida misma. En su planteamiento, se reconoce la relación problemática del sujeto consigo mismo, pues hay un conflicto en relación con el síntoma. Aunque hay una invitación al sujeto a preguntarse por la postura que ha podido asumir el sujeto frente a su síntoma.
  2. La situación analítica es una estructura, y sólo gracias a ella son aislables y separables ciertos fenómenos. Entre ellos el de la transferencia y la resistencia.
  3. En la estructura del análisis hay tres elementos, y no dos como se sugiere en la Psicología del Yo. Toda la experiencia analítica debe organizarse en base a ellos: el analista, el analizante y la palabra.
  4. Lo que cuenta en el análisis es la reconstrucción de los acontecimientos formadores para el sujeto, y no lo que recuerda de ellos, o la llamada reviviscencia afectiva. Tal como lo plantea Lacan: “La reintegración por parte del sujeto de su historia. Esta historia no es el pasado, sino el pasado historizado en el presente”.

 

La resistencia y la transferencia

Una pregunta recurrente en las sesiones del cartel y que aún no me queda clara es: ¿cuál es la relación de la resistencia con la transferencia? De acuerdo con mi lectura del seminario, la resistencia es todo lo que se opone a la continuación del análisis, o que busca interrumpirlo. La misma surge cuando algo del discurso del sujeto se acerca al nódulo reprimido.

La fuerza de la resistencia es inversamente proporcional a la distancia que nos separa de este nódulo. Es decir, que la resistencia es mayor cuando el sujeto se aproxima en su discurso a algo reprimido, que sería lo último, pero que rechaza de plano. Entonces, el sujeto se da cuenta de la presencia del analista. Como comenta Lacan: “Cuando el sujeto se interrumpe es cuando está más cerca de su verdad”.

Según plantea Lacan, es aquí donde surge la transferencia:

“Cuando algo en los elementos del complejo (en su contenido) es susceptible de vincularse con la persona del analista, la transferencia se produce, proporciona la idea siguiente y se manifiesta en forma de resistencia, de una detención de la asociación libre por ejemplo.”

 

Referencias bibliográficas:

  • Lacan, Jaques. El Seminario de Jacques Lacan, Libros 1, Los Escritos Técnicos de Freud. Editorial Paidós, Barcelona, 1981.

 

Fuentes:

 

 

Lenguaje centrado en la persona

Después de 10 años continuos en la universidad, entre licenciatura y maestrías, decidí hacer una pausa en mi educación formal. Toda mi formación académica estaba orientada a la psicología clínica, pero mi experiencia laboral también incluía el área educativa. Por mucho tiempo busqué un programa académico que me permitiera adquirir conocimientos a los que tuve acceso de manera empírica por seis años. Hace unos meses, finalmente encontré lo que estaba buscando: el Programa de Liderazgo en Inclusión en Escuelas Internacionales. Antes de iniciar, nos enviaron una serie de lecturas recomendadas, entre ellas un artículo titulado “El Lenguaje Centrado en la Persona” de Kathie Snow, que me pareció importante para compartir en este espacio. 

 

Las bases de la inclusión

La UNESCO define la educación inclusiva en su documento conceptual así:

La inclusión se ve como el proceso de identificar y responder a la diversidad de las necesidades de todos los estudiantes a través de la mayor participación en el aprendizaje, las culturas y las comunidades, y reduciendo la exclusión en la educación. Involucra cambios y modificaciones en contenidos, aproximaciones, estructuras y estrategias, con una visión común que incluye a todos los niños y niñas.

Pero cómo podemos cumplir con este modelo si hablamos de minusválido, discapacitado, retrasado, etc. Muchas veces hemos escuchado a alguien referirse así de otra persona, incluso puede que hayamos caído en esto nosotros mismos. Cuando lo hacemos, estamos nombrando a una sujeto en su totalidad, sólo por medio de un diagnóstico que le ha sido asignado. Ésta es la base para la inclusión, eliminar los estereotipos y ver primero a quien en realidad importa: a la persona.

 

¿Qué es una discapacidad?

No existe hasta ahora un consenso en una definición única de discapacidad. De acuerdo con Snow, es un simple descriptor de un diagnóstico médico. Además, se convierte en un pasaporte sociopolítico para recibir servicios o un estatus legal. Donde sí hay unanimidad es en el hecho de que constituye el grupo más inclusivo y diverso. Puesto que circunscribe a personas de todas las edades, géneros, religiones, niveles socioeconómicos, etc.

Existen muchas concepciones erradas sobre las personas con alguna discapacidad. Por ejemplo, que sufren de alguna condición, que se les dificulta ser normales o que son víctima del destino. La realidad es que todos sufrimos de algo y la normalidad es una idea muy relativa. Unas de las pocas características que podrían tener en común son los prejuicios y la ignorancia que se tienen con respecto a ellos. Y sobre todo, un punto que Snow resalta y que es harto impactante: cualquier persona puede unirse a este «grupo» en cualquier momento. Ya sea en el nacimiento o adquirido posteriormente.

En lo que todos debemos estar de acuerdo es que las personas con discapacidad son personas primero. No se definen, ni se deben nombrar con una etiqueta que no los representa. Snow propone un nuevo paradigma según el cual la discapacidad es algo natural. Redefine el concepto como “una parte del cuerpo que funciona diferente.” Las necesidades de una persona no son especiales para él/ella.

El poder de las palabras

Las palabras que se utilizan sobre una persona tienen un gran impacto en ella. No es lo mismo afirmar que un niño es malcriado, a decir que tuvo una conducta particular que molestó a otra persona. Del mismo modo, nombrar a una persona como un “discapacitado”, implica que es menos capaz que los demás para tener éxito o lograr metas. Desafortunadamente, en la actualidad ciertos diagnósticos tienen una connotación negativa que baja las expectativas. Cuando lo que realmente importa son las fortalezas y necesidades de esa persona.

Algunos detractores argumentan que hay condiciones como el autismo que son parte importante de su identidad. Agregan que utilizar este modelo busca negar dicha condición como algo negativo. Sin embargo, es todo lo contrario puesto que se trata de reconocer que hay una necesidad particular. Aceptar que si bien esta necesidad ha contribuido de una forma importante en quién soy, no me define en mi totalidad. 

No se trata de utilizar eufemismos o palabras políticamente correctas. Con mucha frecuencia, lo que los demás dicen y/o esperan de nosotros tiene un impacto importante. Tal como el concepto de la profecía que se auto-cumple propuesta por Robert Merton:

Una vez que una persona se convence a sí misma de que una situación tiene un cierto significado, y al margen de que realmente lo tenga o no, adecuará su conducta a esa percepción, con consecuencias en el mundo real.

El siguiente video ilustra muy bien esta idea que hemos desarrollado en el presente artículo:

 

El lenguaje centrado en la persona

El lenguaje centrado en la persona pone al individuo antes que a la discapacidad. También describe algo que la persona tiene, mas no quien esta persona es. Según este enfoque, una persona no es su discapacidad, y su potencial no puede ser predicho por su diagnóstico. Por lo cual propone que se deben escoger respetuosamente las palabras que se utilizan para referirse a alguien. Así como ser conscientes de las actitudes y acciones que esas palabras generan en los demás.

Las categorías médicas y/o psicológicas deben limitarse a los entornos profesionales para facilitar la comprensión de un caso en particular. Así mismo como en el ámbito legal en algunos países. Sin embargo, se debe considerar el caso por caso y respetar la singularidad de cada sujeto. A pesar de las coincidencias sintomáticas que comparten con otros. Está de más decir que estas categorías son irrisorias en los ámbitos sociales y familiares, pues no tienen utilidad alguna.

Snow propone que en ciertas circunstancias, y cuando sea apropiado, podemos compartir información sobre las necesidades particulares que pueda tener una persona. Siempre de una forma muy respetuosa que no atente contra su dignidad. Por ejemplo, una persona con miopía no lleva la etiqueta de «el miope», ni es su carta de presentación. Este sujeto necesita lentes que lo ayuden a ver mejor. Otro individuo necesitará una silla de ruedas para movilizarse, y así sucesivamente.

 

El cambio está en la actitud

De acuerdo con Snow, el problema real no está en la persona con discapacidad sino en la actitud de los demás. Siguiendo esa línea, propone que un cambio en nuestras actitudes lleva a cambios significativos en nuestras acciones. Me gustaría concluir con un párrafo que refleja exactamente lo que este cambio de mentalidad implica:

Si los individuos con discapacidad y los miembros de sus familias se vieran a sí mismos como ciudadanos en todo derecho, quienes pueden y deber ser incluidos totalmente en todas las áreas de la sociedad, nos enfocaríamos en lo que realmente importa: vivir una vida real en un mundo real, disfrutando de relaciones y experiencias ordinarias, y teniendo grandes sueños (como cualquier persona lo haría), en lugar de vivir una vida especial y segregada en un mundo de discapacidad, donde los servicios, las bajas expectativas, la pobreza, la dependencia y la falta de esperanza son la norma.

Esto es para reflexionar …

 

Fuentes:

Mi hijo tiene rabietas

Hoy en la consulta estuve reunida con una madre quien acudía por las constantes e intensas rabietas de su hija de 5 años. “¿Cómo una niña de esa corta edad puede tener ese carácter?”, se cuestionaba con desesperación y desconcierto. Ana Lucía, como llamaremos de modo ficticio a mi paciente, ha tenido dificultades en el pre-escolar debido a intensas y frecuentes rabietas. La impotencia y frustración que podía sentir Ana Lucía era compartida por su madre. Ésta sentía carecer del saber-hacer necesario para calmarla.

¿Cuántos padres se pueden identificar con la madre de Ana Lucía? No es fácil verlos berrear y patalear en un restaurante porque quieren un dulce. También ocurren en el hogar, pues se niegan a dormir cuando sus padres le indican, o seguir rutinas. Para empezar, los rabietas son un fenómeno habitual en la infancia.

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¿Por qué surgen las rabietas?

Las rabietas son de las primeras expresiones de autonomía de los niños. Ellos necesitan probar su voluntad y reafirmar su individualidad. Es un proceso muy similar al que ocurre posteriormente en la adolescencia. Usualmente aparecen cuando los niños empiezan a caminar. En ese momento, la expresión de los afectos aún no pasa del todo a través del lenguaje. Las mismas son frecuentes hasta aproximadamente los tres años de edad. Aunque esto puede variar de un niño a otro.

Según Aletha Solter la mayoría de las situaciones que pueden desencadenar una rabieta se clasifican en tres tipos:

  • El infante tiene una necesidad básica (hambre, sed, sueño) que no se puede satisfacer en el momento.
  • El niño cuenta con información insuficiente o errónea sobre la situación en la que se encuentra.
  • El infante necesita descargar tensiones, miedos o frustraciones, que pueden estar relacionadas directamente o no con el evento actual.

En edades tempranas, los niños no presentan una rabieta con el objetivo de molestar o manipular a los padres. Es una de las varias formas que puede tomar la expresión de ciertas emociones en ese momento de su desarrollo. 

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Rabietas en niños mayores

Pero qué ocurre en el caso de niños como Ana Lucía, quienes se acercan a los cinco años y continúan con sus potentes berrinches. Generalmente, se debe tomar en cuenta se debe a otras causas y se debe considerar el caso por caso. Se debe estar atentos a las siguientes circunstancias:

  • Cambios significativos en la vida del niño, como mudanzas, nacimiento de hermanos, pérdidas, problemas familiar o económicos. En estas situaciones, el niño puede presentar una regresión a un estado anterior ya superado.
  • Poca experiencia de los padres para controlar los episodios y establecer límites claros.
  • Por medio de las rabietas los niños pueden obtener una gratificación inmediata, que no tendrían de otro modo. Pues se les dificulta tolerar las frustraciones diarias.
  • Dificultad para manejar el ímpetu de sus afectos, y/o para expresar en palabras lo que les ocurre.

Es importante observar la frecuencia con la que ocurren los incidentes, y el nivel de intensidad de los mismos. Es posible que un niño tenga pataletas esporádicas pero muy intensas. En algunos casos, los niños pueden hacerse daño. También puede presentar reacciones física que afecten el otras funciones como: la dificultad para respirar y/o el poco control de los esfínteres.

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¿Cómo podemos manejar una rabieta?

Es importante este subtítulo, pues en ocasiones no existe un método para manejar las rabietas en todos los niños. Hay que tratar una rabieta a la vez, aunque se pueden hacer algunas recomendaciones generales.

Lo primero es conservar la calma durante el episodio. Puede ser complicado en cada situación pues como adultos también contamos con situaciones estrenaste fuera del hogar. Sin embargo, esto es primordial en el manejo de las rabietas. Si el adulto también se exalta ante su propia frustración, podría decir o hacer cosas que afecten el vínculo con el niño. Además, es muy probable que el berrinche no se extinga.

La mejor estrategia, aunque no lo parezca, es prestarle la menor atención posible. Al reflejarle al niño más frustración e ira de la que ya siente, la situación irá escalando en intensidad. Se debe tener precaución y comprobar que no corra peligro, se le puede brindar el espacio de que pueda calmarse por sí mismo.

Pregúntese si el motivo de la rabieta puede ser comprensible. Considere el nivel de desarrollo del niño y el problema que enfrenta. Aclárele que aunque usted comprende que es difícil por lo que está pasando, hay otras maneras de expresar lo que siente. En algunos casos, funciona abrazarlas y decirles alguna palabra sencilla que los ayude a calmarse, o devolverles en palabras lo que cree que le puede estar pasando.

 

La importancia del lenguage

Es recomendable no ceder, salvo en casos particulares que lo ameritan. La gratificación que obtendrá al explotar de esa manera enviará el mensaje equivocado. Más adelante será quizás el único, o uno de los pocos, mecanismos que tenga el sujeto para hacer su voluntad. Algo muy común en la actualidad, es la utilización de aparatos tecnológicos como consoladores en casos de berrinches.

Sin embargo esto, al igual que ceder, constituye una gratificación inmediata que puede prolongar la aparición de estas conductas. No interviene la palabra y la expresión de los afectos a través del lenguaje, en ninguna de los dos casos. Y ese será el único, o uno de los pocos mecanismos con los que contará el individuo para lidiar con las frustraciones de la vida.

Luego de que el niño ha podido calmarse un poco, es posible tener esa conversación. Se le puede decir que le avise cuando se le pase. Entonces será posible una exploración de lo sucedido. Se debe evitar nombrar al niño con etiquetas con las que luego pueda identificarse. Reforzarle el amor de los padres a pesar de estar enojados con el niño es crucial.

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Auto-evaluación de los Padres

En el libro ¿Quién dijo que era fácil ser padres?, de Eva Milicic y Soledad López de Lérida se incluyen algunas preguntas para reflexionar sobre el tema:

  • ¿Le presto suficiente atención a mi hijo(a) cuando está simpático(a) o de buen humor?
  • ¿Conservo el control cuando el/la niño(a) presenta una rabieta?
  • ¿Soy un modelo suficientemente bueno de reacción frente a la frustración?
  • ¿Lo(a) expongo(a) a situaciones muy frustrante con frecuencia?
  • ¿Me pregunto cuál es el origen de la pataleta antes de actuar?
  • ¿Le digo cosas muy negativas sobre su carácter cuando tiene una pataleta?
  • ¿Se sentirá el/la niño(a) suficientemente satisfecho en sus necesidades de atención y afecto?

Pensar sobre estas preguntas en el día de día de los niños puede conducir a un mayor nivel de comprensión y a desenlaces muy distintos para el niño y los padres.

 

Referencias Bibliográficas:

  • Knobel Freud, Joseph. El Reto de Ser Padres. Ediciones B. Edición 2013.
  • Milicic, Neva y Soledad López de Lérida. ¿Quién dijo que Era Fácil Ser Padres?. Editorial Paidós. Edición 2013.

 

La pulsión en el Psicoanálisis

Para comprender la pulsión en el Psicoanálisis es imperativo aclarar que la sexualidad. En la teoría Psicoanalítica, ésta incluye pero no se limita a la genitalidad. Más bien se refiere a la serie de excitaciones y actividades que producen un placer irreductible a la satisfacción de las necesidades fisiológicas.

Es pertinente hacer la distinción entre necesidad y deseo. La necesidad es la exigencia de un órgano cuya satisfacción se cumple realmente con un objeto concreto y no en la fantasía. Por ejemplo, la sensación fisiológica del hambre que se sacia con el alimento. Luego el deseo, es una expresión de la pulsión sexual que nace de una zona erógena del cuerpo. El mismo se satisface sólo parcialmente con un fantasma cuyo objeto es el cuerpo de otro igualmente deseante. El deseo en Psicoanálisis siempre es sexual, y tiene como condición la prohibición del incesto, y la falta asumida con la castración.

 

La pulsión

A lo largo de su obra, Freud sostiene dos planteamientos con respecto a las pulsiones. Estas teorías pulsionales son complementarias y una no descarta la vigencia de la anterior. En su artículo “Pulsiones y Destinos Pulsionales” (1915), Freud define la pulsión como:

Un concepto fronterizo entre lo psíquico y lo somático, como un representante psíquico de los estímulos procedentes del interior del cuerpo, que arriban al alma, y como una magnitud de la exigencia de trabajo impuesta a lo anímico a consecuencia de su conexión con lo somático.

Esto implica que lo somático imprime una exigencia de trabajo en el aparato psíquico.

pulsión

 

Componentes de la pulsión

Ya anteriormente, en sus “Tres Ensayos sobre una Teoría Sexual” (1905) define los componentes de la pulsión como:

  • Fuente (quelle), es el órgano en el que se produce la excitación sexual y donde brota la pulsión. Se denomina zona erógena, siendo orificios del cuerpo básicos para la supervivencia y donde se apoya la sexualidad. En diferentes momentos del desarrollo psicosexual, cada una de estas zonas tendrá una prevalencia sobre las demás. La pulsión satisfecha será entonces parcial. Sólo con el paso del tiempo se agruparán en organizaciones libidinales.
  • Fuerza (drang), es el factor cuantitativo (económico) de la pulsión. Supone la insistencia y el empuje como una exigencia de trabajo.
  • Meta (ziel), que siempre es la satisfacción, es decir, la supresión del estado de estimulación de la zona erógena. Las pulsiones pueden ser inhibidas o desviadas en su fin. En el primer caso, se hace un alto en la satisfacción. Por ejemplo, el cariño hacia los amigos. En el segundo caso, se da el mecanismo de la sublimación. Mediante el cual la pulsión es canalizada para actividades socialmente valoradas.
  • Objeto (objekt), es aquello en lo cual o por medio de lo cual la pulsión puede alcanzar la satisfacción parcial. Freud plantea que el objeto “es lo más variable de la pulsión”. De modo que no está enlazado a ella originariamente. No obstante, no todas las cosas son susceptibles de ser un objeto para un determinado individuo. Sino sólo aquellas condicionadas por su propia historia.

 

Primera Teoría Pulsional

pulsión de vida

La primera teoría pulsional fue expuesta en 1910 en su artículo “La Perturbación Psicógena de la Visión”. La misma consiste en la oposición entre las pulsiones de auto-conservación y sexuales. Las pulsiones de auto-conservación, tienen como fin la conservación del individuo y el yo. Mientras que las pulsiones sexuales, están puestas al servicio de la sexualidad y la consecución del placer sexual. Podría decirse que existe en el psiquismo una oposición entre necesidad y deseo, o como Freud bien lo dijo, entre hambre y amor.

Las pulsiones en cuanto tal, son pulsiones sexuales, pues están orientadas a la consecución de un placer. Éste no siempre está ligado a la satisfacción de la necesidad orgánica, que concierne a las pulsiones de auto-conservación. De acuerdo con Freud en este período de su obra, la vida psíquica está regida por el Principio del Placer. Según el cual, el aparato psíquico tiende a buscar el placer y evitar el displacer. Entiéndase este último como un estado de tensión que puede manar del interior del propio cuerpo o surgir por estímulos externos.

Si bien las pulsiones sexuales se apuntalan en aquellas de auto-conservación. Se diferencian de ellas pues hay un plus de placer, un resto que queda una vez satisfecha la necesidad. El chupeteo ejemplifica este fenómeno, pues el lactante succiona incluso después de haber satisfecho su necesidad de comer. Dicho esto, no hay un objeto predeterminado biológicamente para la satisfacción de las pulsiones.

 

Las pulsiones parciales

desarrollo de pulsión

Las pulsiones (sexuales) se satisfacen localmente en una determinada zona erógena, por lo cual se consideran pulsiones parciales. Este placer de órgano, va ligado a representaciones fantasmáticas, que expresan no las necesidades vitales sino los deseos inconscientes. Como se ha expuesto, Freud consideraba que las pulsiones se apuntalan o apoyan en las funciones vitales, es decir, en las pulsiones yoicas (de auto-conservación). Luego secundariamente se tornan independientes.

Freud propone que el desarrollo de la libido sigue una serie de fases, cada una marcada por una nueva organización de la sexualidad. En cada una de estas etapa, se da la primacía de una zona erógena, y un modo particular de relación con el objeto. De forma muy general, as fases del desarrollo psicosexual según Freud son:

  • La fase oral comprende el primer año de vida, y tiene como zona erógena la boca. De modo que, apoyada en las necesidades de nutrición, el bebé encuentra un plus de satisfacción en la succión, lo que constituye la pulsión oral.
  • Seguida está la fase anal, ocurre entre los dos y cuatro años, coincidiendo con el proceso de control de esfínteres. La zona erógena predominante es anal, y se vincula con el placer del par de retención y evacuación de las heces.
  • Finalmente, la fase fálica entre el quinto y sexto año de vida, se caracteriza por la unificación de las pulsiones en la primacía de los órganos genitales.

En ese momento, ni el niño ni la niña han descubierto la diferencia anatómica de los sexos, por lo que para ambos los seres humanos poseen el falo o están castrados. Esta etapa concluye con el Complejo de Edipo, concepto que hemos explorado en un artículo El Complejo de Edipo y las Estructuras Psíquicas.

 

Introducción del Narcisismo

narcisismo y pulsión

El término narcisismo fue acuñado por Freud por primera vez para referirse a la elección homosexual de objeto. Poco después, en el caso Schreber lo considera como una fase de la evolución sexual entre el autoerotismo y la elección de objeto. No obstante, el concepto es desarrollado por Freud en su obra Introducción del Narcisismo en 1914.

Todo el desarrollo de esta metáfora del funcionamiento psíquico se basa en el mito de Narciso:

Éste era un joven de gran hermosura, quien suscitaba el amor de incontables doncellas y ninfas, Un día, Narciso se acerca a una fuente de agua clara para beber. Pero queda fascinado ante la belleza de su propio rostro reflejado. Trató de acercarse pero se hundió y muere.

Ya Paul Nacke en 1899 define al narcisismo como la descripción clínica de un individuo que da a su propio cuerpo un trato parecido al que daría al cuerpo de un objeto sexual. Freud agrega que rasgos aislados de dicha conducta aparecen en muchas personas aquejadas de otras perturbaciones. Lo que le lleva a proponer que una parte de la libido, definida como narcisista se sitúa en el desarrollo sexual regular del ser humano.

El aporte a las teorías de las pulsiones, consiste en el giro cualitativo en la oposición entre pulsión yoica y pulsión sexual. El yo también es susceptible de convertirse en un objeto de la pulsión, también se encuentra sexualizado. De esta manera, la libido yoica es aquella que inviste al yo, mientras la libido objetal inviste los objetos. Mientras más gasta una, más se empobrece la otra. Un ejemplo de la libido volcada al propio yo son las fantasías del fin del mundo del paranoico. Mientras que el paradigma de la libido invistiendo el objeto es el enamoramiento.

 

Segunda Teoría Pulsional

El estudio de la libido narcisista es el preámbulo para el desarrollo de la segunda teoría pulsional. La cual fue propuesta por Freud en 1920 en su obra Más Allá del Principio del Placer. El nuevo dualismo pulsional se basa en el par de la pulsión de vida por un lado, y la pulsión de muerte por el otro. Este nuevo planteamiento surge del estudio clínico de la compulsión a la repetición. Este es un fenómeno que forma parte de muchos cuadros neuróticos y que contradice el principio del placer.

En el desarrollo, se producen escisiones del yo, cuando ciertas pulsiones parciales se vuelven incompatibles en su meta. Las mismas quedan relegadas al inconsciente por acción del mecanismo de la represión. De esta manera no pueden encontrar la satisfacción. En este caso, donde la satisfacción es indirecta, no contradice el principio del placer. El displacer causado por el malestar neurótico es sólo para el yo.

 

Más allá del Principio del Placer

pulsión de muerte

Freud expone la pulsión de muerte en dos situaciones de la vida anímica. La primera de ellas es la neurosis traumática, en la cual una tensión irrumpe en el psiquismo con una intensidad tan fuerte que desborda su capacidad de defensa. Por ejemplo: accidentes, guerras o cualquier tipo de situación traumática. Después de la Primera Guerra Mundial eran muchas las personas afectadas. Se observaba que en la vigilia el tema se tocaba con naturalidad, o simplemente no se trataba. Mientras que muchos de estos sujetos tenían sueños recurrentes que reconducían a la circunstancia traumática. En estos casos, los sueños no cumplen la función de realización de deseos inconscientes, pues despiertan el terror de la situación temida.

Sumado a esto, Freud observa el juego infantil de uno de sus nietos de año y medio de edad. El Fort-Da consiste en lanzar un objeto pequeño a un rincón de la habitación, o debajo de la cama. Al mismo tiempo, el niño producía un sonido, cuyo significado era fort o fuera. En otras ocasiones, repetía el juego con un carretel de madera, que tenía una cuerda con la que lo lanzaba y lo hacía volver emitiendo la palabra da o aquí. Después de observarlo durante un tiempo, Freud concluyó que el pequeño repetía un escenario que no es agradable para él: la partida de la madre. Empero, ahora el niño tomaba papel activo, en una vivencia donde fue pasivo. Aunque sea revivir una experiencia dolorosa, va conectada a la ganancia de un placer de otra índole.

 

 

Pulsión de Vida vs Pulsión de Muerte

La pulsión de vida entonces incluye tanto las pulsiones sexuales como las yoicas de la primera teoría pulsional. Es cualquier tendencia libidinal hacia la ligadura del aspecto económico del quantum de afecto a una representación psíquica. Por medio de este mecanismo, se dirige a la conservación de la vida, y a generar una mayor ligadura de la energía libidinal con las representaciones.

En «Más Allá del Principio del Placer» (1920), Freud comenta sobre la pulsión de muerte:

La pulsión de muerte en cambio “trabaja muda dentro del ser vivo en la obra de su disolución”.

Si no está de algún modo ligada a la pulsión de vida se nos escapa. Su propensión es contraria a la pulsión de vida, pues es lo más pulsional, y menos ligado a representaciones del psiquismo humano. De hecho, busca romper la conexión entre la pulsión de vida y la representación, volviendo a la pura cantidad. De acuerdo con el planteamiento freudiano, estas pulsiones se encuentran en condición de mezcla o desmezcla. , y nunca pueden distinguirse independientes una de otra.

 

Referencias bibliográficas:

  • FREUD, Sigmund (1905). Obras Completas. Tres Ensayos sobre una Teoria Sexual. Amorrortu Editores. Buenos Aires, Argentina.
    • Introducción del Narcisismo (1914)
    • Pulsiones y Destinos Pulsionales (1915)
    • Más Allá del Principio del Placer (1920)

¿Cómo hablar a los niños sobre la muerte?

Hace unos años me enfrenté a una situación trágica, que afectó emocionalmente a toda mi comunidad laboral. La muerte llega sin avisar y el shock se difunde como una epidemia dejando a pocos libres para reaccionar. Una vez que lo haces, hay que hablar de eso y sobre todo con los niños.

Sin embargo, si existe un concepto del cual nadie o muy pocas personas quieren o pueden hablar es de la muerte. Una particularidad que no comparte con nada es que carece de una representación propia. Es decir, nadie ha experimentado la propia muerte. Más bien, hemos vivido la pérdida de la vida a través de otras personas.

Ahora imaginemos cuán difícil puede tornarse hablar de esto con un niño. Muchos de nosotros dudamos al hacerlo. Sin embargo, es un hecho inescapable de la vida, es parte del ciclo vital. Como tal debemos afrontarlo y de igual manera nuestros niños. Si queremos ayudar a manejar una experiencia de duelo por muerte, debemos dejarles saber que está bien hablar sobre eso.

Generalmente, la necesidad de afrontar esta temática con los niños surge por alguna noticia en los medios de comunicación o por alguna crisis familiar o del círculo social cercano. Dependiendo del caso, puede tomar un tono emotivo o no. Hablarlo no resolverá el problema o el duelo, pero minimizará las ideas erróneas y ayudará a procesarlo.

 

Los niños saben…

Muchos antes de lo que pensamos, los niños están familiarizados con el concepto de muerte. La muerte es parte de la vida, y en distintos niveles los niños están conscientes de ellos. Escuchan sobre esto en los cuentos de hadas; lo ven en la televisión y los video juegos; ven insectos y/o animales muertos; e incluso lo actúan en sus juegos.

El nivel de comprensión depende de algunos factores tales como: la etapa de desarrollos en la que se encuentran y la exposición a través de la propia experiencia. Cada niño (a) lo procesa de manera individual dependiendo de estos factores. Pero los seres humanos, y los niños saben de pérdidas y duelos desde el momento mismo del nacimiento.

 

La noción de muerte según la etapa evolutiva

Muchos estudios indican que los niños atraviesan una serie de etapas en cuanto a la comprensión de la muerte. Se relaciona con el desarrollo de las habilidades psíquicas y cognitivas. Generalmente se asocia con la edad cronológica, aunque sabemos que cada sujeto mantiene su propio ritmo.

Los niños en etapa pre-escolar usualmente perciben la muerte como algo reversible, temporal e impersonal. En la actualidad, esta idea se ve reforzada por algunos personajes de las caricaturas que se recuperan milagrosamente luego de sufrir aparatosos accidentes.

Más adelante, aproximadamente entre los cinco y nueve años, la mayoría de los niños comienzan a darse cuenta de que la muerte es definitiva. Sin embargo, aún lo perciben como algo impersonal y de lo que pueden escapar. Durante esta etapa, algunos niños empiezan a personificar la muerte con imágenes tales como los esqueletos y fantasmas. Algunos incluso pueden tener pesadillas con respecto a estos personajes.

A partir de los diez años en adelante, los niños empiezan a comprender que la muerte es irreversible, que todos los seres vivos mueren, y que eventualmente lo harán. En la adolescencia se inicia el desarrollo de puntos de vista filosóficos sobre la vida y la muerte.

 

La experiencia individual frente a la muerte

Si bien, las etapas del desarrollo psíquico juegan un papel importante, cada niño se desarrolla a su propio ritmo. Cada niño se desarrolla en un entorno particular, dentro de un grupo cultural y religioso determinado. Y más importante aún, cada sujeto experimenta e interpreta sus vivencias de manera única, y tiene sus propios modos de expresar y manejar sus emociones.

Por ejemplo, hay niños que empiezan a hacer preguntas sobre el tema desde muy temprano. Otros, experimentan la muerte de algún familiar como los abuelos y parecen poco afectados. Mientras que pueden tener reacciones muy emotivas por la muerte de una mascota. No importa cómo reaccionen ante estos eventos, ellos necesitan una respuesta empática y sin prejuicios.

Hace unas semanas una niña de 6 años a quien atiendo en consulta privada desde hace varios meses me cuenta algo curioso. Me dice que su abuelo materno murió y que ella debía llorar pero no podía. Se sentía triste pero no podía tener la reacción que creía era esperada por todos.

 

Barreras de comunicación

Muchos de nosotros tenemos la tendencia de no hablar sobre temas que nos enojan o desconciertan. Tratamos de esconder nuestros sentimientos y esperamos que sea lo mejor. Pero no hablar sobre un tema no significa que no estemos comunicando, al contrario.

Los niños son excelentes observadores, y leen los mensajes en nuestros lenguaje corporal. Al evadir un tema le causamos a los niños más dudas y preocupaciones. Y a la vez, ellos pueden fantasear y crear en su mente un escenario peor o lejano a la realidad. Es mejor encontrar un balance entre la evasión y la confrontación. Así como utilizar información que ellos puedan manejar a su edad.

Los adultos también podemos sentirnos incómodos por no tener todas las respuestas. Por esta razón muchas veces decimos “mentiras blancas”. Pero por más bienintencionadas que sean, pueden producir inquietud y desconfianza en los niños. Tarde o temprano ellos se darán cuenta de que no sabemos todas las respuestas, de que nadie las sabe. Para ellos será más fácil si les decimos de forma calmada que no hay respuestas para todas las preguntas.

 

Ideas erróneas de los niños sobre la muerte

Como mencionamos antes, de acuerdo con la etapa del desarrollo, los niños pueden interpretar la muerte de manera más concreta. Algunos niños la confunden con dormir. Particularmente si escuchan a los adultos referirse a ella con eufemismos como: “descanso eterno”. Como resultado de esta asociación, ciertos niños podrían tener miedo de dormir o tomar siestas. Similarmente, si a algunos niños se les dice constantemente que alguien que ha muerto “se fue”, podrían tener miedo de separaciones breves.

Decirle a los niños que la muerte se debe a enfermedades o vejez, también puede ser fuente de confusiones. En el caso de las enfermedades, es importante aclararles que sólo algunas enfermedades muy severas pueden producir la muerte. A pesar de que todos nos enfermamos a veces, usualmente mejoramos. De esta manera, los niños no se preocuparán demasiado ante enfermedades menores.

Otra generalización inapropiada es que la gente muere vieja, en frases como “murió porque es vieja”. Esto puede llevar a decepciones cuando se den cuenta que gente joven también muere. Está bien decirles que la mayoría de las personas viven muchos años, pero algunas no.

Y por último, introducir ideas religiosas cuando la religión no ha tenido un rol importante en la vida de la familia antes de la muerte. Por ejemplo, explicaciones como “se lo llevó Dios”, pueden asustarles al pensar que también puede llevarlos a ellos.

 

Hablemos con los niños…

Quizás la parte más difícil es que al hablar con otros sobre la muerte debemos examinar nuestras propias emociones y creencias. De ese modo podremos hablar con los niños naturalmente cuando las oportunidades se presenten. Esto involucra lo siguiente:

  • Tratar de ser sensitivo con los deseos de los niños de comunicarse cuando ellos estén listos.
  • Mantener una actitud receptiva que fomente los intentos de comunicarse en los niños, al escucharlos atentamente y respetar sus puntos de vista.
  • Escuchar y aceptar los sentimientos de los niños. A veces es necesario responder una pregunta con otra para comprender su preocupación real.
  • Ofrecer a los niños explicaciones honestas cuando estamos visiblemente afectados.
  • Responder las preguntas de los niños en un lenguaje apropiado para su edad.
  • Brindas respuestas simples y breves, para que los niños no se sientan abrumados con demasiadas palabras.
  • Verificar qué han comprendido los niños, sobre todo los pequeños quienes pueden ser más propensos a confusiones.
  • Aprovechar oportunidades de la vida diaria para hablarles sobre la muerte en situaciones en las que estén menos involucrados emocionalmente. Por ejemplo, la muerte de plantas o animales.
  • Discutir con los niños mayores sobre la muerte de personas prominentes que tengan mucha cobertura de los medios. Y reafirmarles su propia seguridad cuando los eventos se den por actos de violencia.
  • Darles tiempo para procesar la información a su propio ritmo, no hablar del tema en demasía, sino cuando sea natural hacerlo.

La muerte es una pérdida, es un tiempo de tristeza y duelo. Es importante ayudar a los niños a aceptar esta pérdida y el dolor que la acompaña. Los intentos por protegerlos podrían negarles la oportunidad a los niños de compartir sus sentimientos y recibir el apoyo que necesitan. Compartir las emociones ayuda.

 

Referencias Bibliográficas:

  • Kubler-Ross, Elizabeth. On Children and Death, MacMillan. New York, 1983.

Fuentes:

Los discursos y el capitalismo

El psicoanalista francés Jacques Lacan establece que sólo existen cuatro modos de hacer lazo social o discursos. Sin embargo, también estudia el funcionamiento del capitalismo de acuerdo con este planteamiento. Sobre todo sus repercusiones en la estructuración del sujeto y sus vínculos.

lazo social

El concepto de discurso es planteado por Lacan en su Seminario XVII “El Reverso del Psicoanálisis”. El discurso se define como:

El orden que instaura una civilización, un orden del goce que fija los límites y las satisfacciones permitidas o no, incluso las sugeridas a los individuos.

 

Posiciones de los discursos

En cuanto a la estructuración de los discursos, cada uno se organiza en torno a cuatro posiciones. Éstas se separan por una barra que distingue lo consciente de lo inconsciente:

posiciones

En el sector consciente se sitúa el agente deseante, motor del discurso que exige a otro un tipo de trabajo determinado. Mientras que en el plano inconsciente, se ubica la verdad del deseo que mueve al sujeto. Esta verdad queda oculta y aislada respecto a los demás elementos. También se localiza el producto del trabajo realizado por el otro, siendo un plus de goce.

 

Relaciones de los discursos

Entre dichas posiciones se establecen relaciones, que en el esquema son designados con flechas:

Relaciones

El agente deseante exige a otro un trabajo, obteniendo un producto inconsciente o plus de goce. La verdad (inconsciente) que moviliza el deseo del agente, también se dirige al otro que trabaja. Esta verdad no está determinada por ninguno de las demás posiciones y por lo tanto queda aislada.

Esto establece una ruptura entre el goce que cada uno torna posible y la verdad inconsciente. Este hiato imprescindible posibilita las relaciones entre seres humanos. Propicia un cuestionamiento, un “tiempo de comprender” lo que ocurre entre el agente deseante y el plus de goce que se produce. Siendo que esta verdad es desconocida, nunca podrá satisfacerse el deseo del cual es fuente. La barrera que divide lo consiente de lo inconsciente equivale a la castración (simbólica), y la imposibilidad de encontrarse con el goce perdido.

 

Elementos de los discursos

Las posiciones mencionadas son ocupadas por cuatro elementos que determinan las propiedades de cada discurso, y que circulan en las posiciones a medida que éstos varían:

  • El significante amo (S1) es un significante sin sentido, que insiste en la repetición puesto que conlleva un goce que no se puede representar.
  • El significante del saber (S2) viene del Otro y es aquel que da sentido al significante amo (S1).
  • El sujeto barrado ($) es el sujeto constituido que lleva su propia falta de satisfacción. Se basa en la imposibilidad de recuperar el objeto perdido y el goce inicial. Conlleva el estar condenado a encontrar satisfacciones parciales, el sujeto del deseo.
  • El objeto a (a) es el objeto de goce que se ha perdido y que causa el deseo. Es equiparable al objeto de la pulsión freudiano: el pecho caído, las heces que se desprenden. Así como la mirada y la voz, objetos agregados por Lacan como aquellos de la pulsión escópica e invocante respectivamente.

 

Discurso del Amo

Discurso del Amo

Se basa en la dialéctica del Amo y el Esclavo de Hegel. Según la cual, dos seres auto-conscientes libran una lucha a muerte antes de que uno esclavice al otro. El amo constituye el agente deseante que reclama a los esclavos un trabajo. Dicho trabajo se relaciona con un saber hacer del cual el amo carece. El producto de dicho trabajo es un plus de satisfacción, u objeto a. Finalmente, la verdad del amo es que está dividido y no es omnipotente como aparenta ser.

El filósofo psicoanalista Slavoj Zizek en “Los Cuatro Discursos de Jacques Lacan”, propone que este discurso representa la monarquía absoluta, ante cuya vacilación pueden desplegarse dos resultados: el discurso de la histérica y el discurso del Universitario.

 

Discurso de la Técnica

Discurso de la Técnica

Lacan propone el discurso de la técnica, como derivación del discurso del amo. Se le llama discurso aunque en realidad no establezca lazo social, pues sólo cuenta con tres elementos. Las posiciones de agente deseante, otro-trabajo y producto se ubican igual que en el discurso del amo. Sin embargo, falta la posición de verdad, lo que crea un circuito continuo.

El amo en este caso es la ciencia -cuyo discurso expondremos más adelante- que provee conocimientos técnicos. Pero también produce gadgets u objetos tecnológicos que repercuten en nuevamente en el amo.

 

Discurso de la Histérica

Discurso de la Histérica

Podría decirse que es el discurso que promueve el surgimiento del Psicoanálisis. Sigmund Freud, en su trabajo con pacientes histéricas, desarrolla el método de la asociación libre para el desciframiento del sentido inconsciente. En este discurso, el agente deseante es un sujeto barrado, que está en falta y vive insatisfecho en la satisfacción de su deseo.

Por otra parte, el otro representado por el significante amo, detenta un supuesto saber sobre el sufrimiento del sujeto. Es precisamente el desciframiento de este saber del inconsciente el trabajo que este sujeto barrado le exige al amo. Sin embargo, siempre queda oculto el goce o la satisfacción en el síntoma de la histeria que se repite a pesar del sufrimiento que ocasiona.

 

Discurso de la Ciencia

Discurso de la Ciencia

El llamado discurso de la ciencia deriva del discurso de la histérica. Tampoco establece vínculo social y cuenta con sólo tres posiciones, faltando únicamente la posición de la verdad. El sujeto de la ciencia está en falta de conocimiento, por lo que exige al amo una producción de saber desenfrenada. El único límite son las leyes de la comunidad científica.

 

Discurso del Universitario

Discurso del Universitario

En este discurso, el nivel superior “S2 –> a” puede representar al conocimiento académico-universitario. En este discurso se pone en marcha un saber que busca normalizar el goce. Es así como surgen los lugares de enclaustramiento del saber: las universidades. El producto es un sujeto que acepta este sometimiento, que se refiere a la normalización de su goce. La estadística constituye un movimiento civilizador del goce propio y singular. La verdad es un amo que se esconde, difícil de localizar y por tanto un poderoso estratega.

Comúnmente, se limita este discurso al ámbito universitario y a la exigencia de trabajo del cuerpo académico hacia los estudiantes. Sin embargo, Zizek alega que no hay una ligazón imperativa. Principalmente, porque se refiere a cualquier movimiento social que busca domar el goce.

 

Discurso del Analista

Discurso del Analista

Este discurso representa el tipo de vínculo que se establece a través del Psicoanálisis. El agente deseante es el psicoanalista, quien se muestra ambiguo ante su paciente. Esto promueve la confrontación del sujeto en terapia con la verdad de su propio deseo inconsciente. El producto obtenido es la caída del significante amo, es decir del significante con el cual el sujeto se ha identificado, que le gobierna y que no lo representan.

El saber en el lugar de la verdad se refiere al analista colocado como sujeto supuesto saber del sufrimiento del otro. Simultáneamente, representa signos de saber obtenido por el analizante acerca de la verdad de su posición subjetiva. Esta verdad emergente en análisis, nunca es producto de la reflexión consciente. Es un saber supuesto y enigmático que se sitúa desde la ignorancia.

 

Reflexión sobre los discursos

Luego de recorrer los discursos, nos preguntamos qué caracteriza los vínculos que éstos permiten. Lacan establece que si bien puede parecer obvio, la relación entre los elementos superiores es “imposible”. Lo que ocurre entre el amo y el esclavo, el saber-universitario y el estudiante, y la histérica y el amo es un puro intercambio, mas no un lazo social.

Siguiendo esta línea, el punto de inserción de los discursos es el goce, es decir el modo de satisfacción. Por tanto, el lazo social se establece entre hablantes que comparten la misma modalidad de goce. El discurso del analista establece una variante, ya que los analistas no comparten su goce. Su labor deriva precisamente una pérdida de éste.

 

Discurso Capitalista

De acuerdo con las fórmulas propuestas por Lacan, el capitalismo no es un discurso en sí mismo pues no establece vínculos sociales. En un principio, los elementos del mismo se ubican en las mismas posiciones que el discurso del amo. Sin embargo, ocurren dos movimientos en los cuales varían los elementos y las relaciones entre los mismos.

Primer movimiento

Capitalismo 1

El primer movimiento se basa en un cambio en la relación de la posición de producto, que en este caso es el objeto de goce a. Para explicar ese proceso, Lacan retoma el concepto de plusvalía de Marx. Según el mismo, en el régimen de propiedad privada de los medios de producción del capitalismo existe una parte del trabajo no se paga.

Es decir, para Marx el trabajo humano genera valor, y una parte de éste no es remunerada. Su idea se basa en que este objeto a (de goce a) producido puede ser restituido al sujeto y se puede contabilizar. Así, el sujeto puede hacerse cargo de su goce, por lo tanto cada sujeto es su propio amo. El producto en lugar de regresar al amo, como en el caso del discurso del amo, se dirige al sujeto.

 

Segundo movimiento

Capitalismo 2

El segundo movimiento, consiste en la inversión del lugar amo (S1) y el sujeto barrado (S). Sin embargo, las relaciones permanecen igual que en el primer movimiento. La diferencia radica en que el amo se esconde como en el discurso del universitario. Al ser menos localizable se vuelve más poderoso, invisible e inatacable. A su vez, se esconde bajo el semblante del sujeto barrado insatisfecho y demandante. El saber estará marcado por la ciencia para producir un plus de gozar atado a las técnicas derivadas del consumo. Estos objetos de consumo a su vez mandan sobre el sujeto, quien se ve explotado por estos productos.

 

Propietario versus proletario
plus de goce

El capitalista es el propietario de los medios de producción, dígase los recursos y el capital. Éste busca maximizar el beneficio propio por acumulación y producción de estos recursos. Entretanto, el proletario sólo posee su cuerpo para vender su trabajo al propietario, obteniendo a cambio un salario. La porción de este trabajo que no es pagada es de la que se apropia este sistema para engrosar su capital.

De esta manera, la plusvalía se constituye como el objeto causa de deseo tanto del propietario como de proletario. Siendo la causa de la economía, no es algo de lo que se pueda apropiar para gozar. Por un lado, el proletario no goza de ella pues le es sustraída, a su vez que es explotado por los productos. Y por otro lado, el propietario tampoco goza de ella. Puesto que se revierte en capital que engrosa el ya existente, sustrayéndose del goce.

 

El objeto a como causa de deseo

Para profundizar en el ya mencionado objeto a es pertinente distinguirlo en sus dos vertientes. Como causa de deseo, es un objeto que originariamente se ha perdido. Se articula con la concepción de la falta, aquella que designa un vacío en el sujeto.

En este sentido, Zizek expone que el capitalismo aborda a los individuos como consumidores. Se constituyen en sujetos deseantes pero no de cualquier cosa, sino “deseantes de desear”. Entonces la producción incesante de este objeto faltante o gadget sustentan la exigencia insaciable. Éstos son mercantiles y basados en el dinero, lo cual anula cualquier otro valor. Inclusive el de aquello que antaño se pensaba producto de la sublimación, como la cultura, el arte, etc.

 

El objeto a como objeto de la pulsión

Por otro lado, lo consideramos como objeto de la pulsión, como Zizek lo explica:

El movimiento de la pulsión no está conducido por la búsqueda ‘imposible’ del objeto perdido, sino por el empuje a representar directamente la propia pérdida.

Dicho esto, mientras que el deseo está basado en la falta constitutiva, la pulsión circula alrededor de un agujero. La pulsión inherente al capitalismo es la “compulsión impersonal” del movimiento circular que le hace auto-reproducirse.

Por último Zizek propone que esta pulsión no pertenece a nadie en particular. Hecho patente en la circulación del dinero como capital que se convierte en un fin en sí mismo. Tal como lo plantea Zizek, en el constante movimiento de renovación:

La circulación del capital no tiene límites.

 

El ciclo capitalista

Ciclo capitalista

La peculiaridad del capitalismo que lo excluye como discurso, es su propiedad de circuito cerrado. No inscribe lazo alguno entre los partenaires humanos, pues establece la relación de cada sujeto con la plusvalía. El acceso a la verdad del goce (o satisfacción) ahora es construido y directo. Surge entonces un ciclo infinito: producir para consumir y consumir para sostener la producción.

Es la paradoja de nuestro tiempo, ya que en la mayoría de los casos, la intimidad en estos vínculos brilla por su ausencia. Parece evidente que hay un incremento de la soledad, los dramas sociales y el sufrimiento psicológico. Estamos solos en relación al otro semejante, y al mismo tiempo estamos constantemente expuesto al gran Otro.

El discurso capitalista se ha coronado como el (pseudo) discurso por excelencia. Lleva al sujeto a confundir sus objetos, con los gadgets (objetos de consumo), que actúan como termómetro de su estado de bienestar. Este modus operandi actual cuenta con contingencias en el funcionamiento del sujeto y las relaciones que este establece.

 

Bibliografía:

  • LACAN, Jacques (1992). El Seminario XVII: El Reverso del Psicoanálisis. Editorial Paidós. Buenos Aires Argentina.
  • MARUGÁN, Jorge (2011). Los Discursos de Lacan. Trabajo presentado en el Máster de Psicoterapia Psicoanalítica de la Universidad Complutense de Madrid, España.
  • SOLER, Colette (2011). Incidencias Políticas del Psicoanálisis. Ediciones S&P. Barcelona, España.

Enlaces:

  • MARUGÁN, Jorge (s.f.). Los Cuatro o Cinco Discursos y la Crisis del Lazo Social. Psicoanálisis en el Sur (Nº7). Extraído el 14 de Diciembre de 2011 desde http://www.psicoanalisisenelsur.org/num7_articulo4.htm
  • ZIZEK, Slavoj (2006). Jacques Lacan’s Four Discourses. Lacan dot com. Extraído el 30 de Septiembre de 2011 desde http://www.lacan.com/essays/?page_id=303

Yo vivo por mis hijos

Vivo por mis hijos

La publicación de hoy es más bien una reflexión sobre la dinámica entre padres e hijos, y cómo se juega el deseo entre ellos. Hay una página en Instagram que sigo y me encanta pues es una fuente muy rica de reflexiones. La misma simula el final de una sesión de análisis, donde el analizante habla y el analista le interpreta para luego decir: “Terminamos por hoy.”

Hace unos días leí una publicación acerca del deseo de los padre hacia sus hijos. El analizante dijo: “Yo vivo por mis hijos.” A lo que el analista respondió: “¿La vida de ellos? … Terminamos por hoy.” Tú que tienes hijos, ¿te removió algo esta frase? Y si no los tienes, eres hijo si duda. ¿Te resuena en algo a la relación con tus propios padres?

 

Universo simbólico del bebé

Mundo simbolico

Desde antes de nacer, el bebé se encuentra inmerso en un universo simbólico. El mismo está constituido por el lenguaje como estructura, y los deseos de sus padres con respecto a él. Ya desde antes de nacer, sus padres lo soñaron e imaginaron un futuro que en el mejor de los casos será un propio. Escogen su nombre con mucho cuidado o al azar, pero siempre con componente inconsciente importante. El otro día en consulta le pregunté a sus padre por qué escogieron el nombre. Me contaron que la primera sílaba es la primera del nombre del padre, y la última sílaba es la última del nombre de la madre. “Así tiene algo de los dos, se parece en una cosas a mí y en otras a ella.”, comentan los padres.

En otros casos, será la continuación del futuro truncado de alguno de sus padres. El bebé llegará como un Mesías a cumplir los sueños rotos, los planes inconclusos de sus progenitores. Puede ser a través de alguna actividad que lo defina, y en la cual el padre no pudo realizarse. Pero no se limita a este tipo de situaciones. ¿Qué pasa cuando vive la vida de ellos?

Es fundamental, ante los hijos pensar en qué contexto este niño o esta niña fue concebido. Sus padres quieren para él o para ella un futuro propio como sujetos de su deseo. O más bien, lo toman como un objeto de satisfacción de sus propios deseos.

 

Necesidad y demanda

El deseo es un concepto fundamental del Psicoanálisis para comprender los procesos del sujeto. Puede vincularse en parte con la noción común de deseo, como algo que motiva al sujeto. Lo cierto es que surge en la infancia, y luego se manifiesta en los sueños, las fantasías, la psicopatología de la vida cotidiana, entre otras producciones psíquicas. En Psicoanálisis se distingue el deseo de la necesidad y la demanda.

La necesidad está ligada al instinto de supervivencia de una especie. Mediante la misma, un ser vivo busca un objeto que la pueda satisfacer por completo. Estas circunstancias ocurren primordialmente en el mundo animal, donde hay un objeto que puede colmar esa necesidad. Mientras que en el ser humanos, el instinto pasa por lo psíquico. Lo que nos mueve es la pulsión, un límite entre lo físico y psíquico. La misma no tiene un objeto específico que lo satisfaga.

 

Surgimiento del deseo

Volvamos al tema de los padres en relación con sus hijos. Cuando un bebé llora, la madre interpreta esto como una demanda. Digamos que lo hace por hambre, pero no puede interpretar aún esas sensaciones corporales e identificarlas como la necesidad de comer. En el mejor de los casos, la madre lo satisface pero también lo introduce en el campo del lenguaje. Ella construye una interpretación y le dice a su bebé: “Es hambre, quiere comer.”

Además de alimentarse y satisfacer la necesidad de hambre, el bebé empieza a chupetear. Esto le causa un placer que va más allá de la alimentación misma. Cuando la madre hace lugar a la falta en la satisfacción de esa demanda, el niño entra en la dimensión del deseo. Este es insatisfecho y de allí en adelante el bebé busca revivir esa primera experiencia de satisfacción en la realidad o en la fantasía.

El concepto psicoanalítico de fantasma se refiere a la respuesta que da el sujeto ante la pregunta sobre el deseo del Otro. En las palabras de la madre siempre hay algo incomprensible, y el niño se pregunta: ¿qué quieres? La madre demanda algo que le falta, y el niño se ubicará como ese objeto que la completa. Pero en el fantasma se incorpora la presencia del sujeto en la escena.

 

Niños y niñas «Amo»

niños amo

Hoy en día ocurre un fenómeno particular en relación con la crianza de ciertos hijos. Los padres procuran vivir sus vidas a través de sus hijos. A veces reconocen en ellos un atributo particular que los hace extremadamente especiales. En otros casos, hay un cierto grado de culpa por errores cometidos con respecto a este hijo o a otra figura significativa. En cualquier caso, la madre o el padre hacen de este hijo un objeto y le dan todo. No le permiten tener su propio deseo pues colman cualquier vestigio de falta, incluso antes de que se perciba.

Estos son los niños o niñas amo, y actualmente ya adultos con este funcionamiento. Son personas a quienes no les ha faltado nada, pues sus padres constantemente se desviven por satisfacer cada una de sus necesidades, deseos y hasta caprichos. Los padres hacen lo mejor que pueden con lo que tienen. No son conscientes del daño que causan a sus hijos una vez éstos sean adultos. Principalmente, se sienten merecedores de todos los privilegios sin realizar ningún esfuerzo, y lo que es peor, sin desearlo. Es un rasgo un poco perverso a veces, en el sentido psicoanalítico. Pues es su ley la que vale, por encima del resto.

Vemos infinidad de casos de lo que se conoce comúnmente como “adolescentes tardíos”. En muchas ocasiones, no son más que niños amo, incapaces de esforzarse por nada, porque no tienen un deseo propio por nada. Todavía dependen de sus padres, no sólo económicamente, sino emocionalmente. Estos padres por su afán de que sus hijos cumplan su propio éxito frustrado, han fracasado nuevamente.

adulto inmaduro

 

¿Qué necesita un niño?

Como hemos visto, el deseo del sujeto se configura en relación con el deseo del Otro, quien cumple la función materna. El niño necesita que la madre desee para él un porvenir propio. Si el niño se convierte en su objeto de satisfacción esto es imposible. Por otro lado, si colma al niño con todo lo que cree que el necesita se colma la falta. Entonces, éste será incapaz de desear por sí mismo.

En la consulta privada y en mi trabajo como consejera en un colegio soy testigo de esto a diario. En esta época donde la tecnología es tan importante, nos encontramos con niños que tienen todos los gadgets que se puedan imaginar. Sin embargo, no tienen el tiempo compartido con sus padres, no tienen quien los escuche.

Hay un momento en el que el bebé es realmente todo para la madre, y es necesario que sea así para su supervivencia. Sin embargo, debe haber un corte o límite entre ambos. Generalmente, lo cumple el padre –o quien cumpla esa función. De allí en adelante, se reproducirá esa experiencia toda vez que el sujeto sea se enfrente con un límite a su satisfacción inmediata y/o completa. Esto le permite vincularse con otras personas en el futuro, de un modo no egocéntrico.

amor y limites

De no darse estas condiciones, encontraremos vagos emocionales, personas carentes de un deseo propio. También se ven niños o adultos amos, convencidos de que se merecen el mundo sin mover dedo para conseguirlo. En fin, un niño necesita el amor de sus padres, el deseo de estos de un futuro propio como sujeto, y límites a sus satisfacciones de modo que pueda vivir en sociedad. No vivir para ellos, ni la vida de ellos… sino vivir la vida con ellos.

 

Fuentes:

El Complejo de Edipo y las estructuras psíquicas

Complejo de Edipo

En Psicoanálisis, el concepto del Complejo de Edipo da cuenta de la constitución del aparato psíquico y sus estructuras. Esta concepción freudiana fue acuñada por primera vez en 1910 y se baja en el Mito de Edipo. Se refiere al deseo inconsciente de mantener una relación incestuosa con el progenitor del sexo opuesto. Deseo que va acompañado de hostilidad hacia el progenitor del mismo sexo.

Jacques Lacan en su retorno teórico a Sigmund Freud, lo describe como una estructura cuaternaria. Sus elementos -hijo, madre y padre- se organizan en función de la circulación del falo. Éste no debe confundirse con el órgano genital masculino, pues para el Psicoanálisis lo que prima es su representación. Además, plantea que se desarrolla en tres tiempos: complejo materno, complejo de castración y elección de objeto.

 

Primer Momento: Complejo Materno

complejo materno

En el primer tiempo del Complejo de Edipo, el vínculo entre la madre y el bebé promueve la idea de unidad fálica. Ambos se complementan, pues son cada uno el falo del otro, es decir, colman su deseo mutuamente. El bebé nace inmerso en el universo simbólico donde se inserta. El mismo está formado por el lenguaje y por lo que sus padres desean para él.

La madre atiende las necesidades de su hijo y calma sus angustias. En algunas ocasiones, también se ausenta lo cual es experimentado por el niño como una pérdida del amor antes entregado. Esta alternancia entre presencia y ausencia, enfrenta al niño con la arbitrariedad y lo enigmático del deseo materno. Para descifrarlo, debe obtener la respuesta a la pregunta: ¿che vous? También entra en la dialéctica del ser. Es decir, se identifica como el objeto que satisface el deseo de su madre colmando su falta.

Por otra parte, el bebé experimenta todo en sensaciones corporales. Estas sensaciones se apuntalan con la satisfacción de sus necesidades. Cuando la madre alimenta al bebé, queda un plus de satisfacción que el bebé satisface en su propio cuerpo. Un ejemplo del autoerotismo oral es el chupeteo. Ya no se satisface una necesidad de comer, sino el placer de succionar. Las zonas erógenas entonces constituyen órganos privilegiados. Ellos son los orificios del cuerpo: la boca, el ano, los genitales.

 

Segundo Momento: Complejo de Castración

complejo de castracion

En el Complejo de Edipo, el concepto psicoanalítico de castración no se considera la mutilación real de los órganos genitales. Este concepto psicoanalítico es inconsciente y siempre una amenaza, que tiene consecuencias distintas en el varón y la niña. Tampoco se limita a ser una experiencia evolutiva, pues se ve renovada a lo largo de la vida.

Hasta este momento, tanto el niño como la niña habían sostenido la premisa universal, según la cual todos tienen pene. Ésta va acompañada de la ilusión de omnipotencia, que más tarde deberá remitir ante la aceptación de los límites. Más adelante el desarrollo es distinto para el varón y la niña.

Complejo de castración en el varón

La primera condición para que surja el complejo de castración en el varón son las amenazas verbales. Las mismas que procuran: prohibir sus prácticas autoeróticas, y establecer un corte en el vínculo exclusivo con la madre. Generalmente, estas advertencias son proferidas por alguna mujer.

La segunda condición necesaria es la visión de la falta de pene en la zona genital femenina. Así, comienza a representarse la pérdida de su propio pene como posible, pues hay personas que no lo tienen. Sólo entonces, surge la angustia de castración que es completamente inconsciente. En el varón esta angustia dará salida a la resolución del Edipo.

Complejo de castración en la niña

En el caso de la niña, la visión del pene la obliga a admitir que ella no lo posee. Entonces interpreta de forma inmediata que “fue castrada” y lo vive como un infortunio individual. De este modo, la niña no experimenta la angustia del varón ante algo que podría ocurrir. Más bien, alberga el deseo de tener lo que vio y de lo que fue desposeída. Posteriormente, cuando descubre que las mujeres y la madre han tenido la misma suerte, resurge el resentimiento hacia ésta por no haberle otorgado el atributo fálico.

El padre como agente de la castración

Como se muestra, lo esencial de la experiencia de la castración es el reconocimiento de la diferencia anatómica de los sexos. Hasta ese momento, reinaba la fantasía de omnipotencia. En adelante podrá aceptar que el universo está conformado por hombres y mujeres, y que el cuerpo tiene límites. Para el niño, el sentimiento resultante es la angustia de castración, ante la posibilidad de una herida narcisista. Mientras que en la niña, la herida narcisista ya ha sido consumada, y el resultado es el dolor de la castración.

Este trayecto es posible por la entrada de un tercero, el padre quien funge como agente de la castración. Es introducido a través del discurso de la madre, quien abandona para el niño su apariencia de madre fálica y se torno en castrada o en falta. El hijo no satisface plenamente a la madre, cuyo falo ahora es representado por la función paterna. Resurge entonces la pregunta: ¿che vous?, cuya respuesta es nuevamente el falo. Pero ahora lo es en su dimensión simbólica.

 

Tercer Momento: Elección de Objeto

elección de objeto

La castración simbólica recién instaurada unifica la ley y el deseo. Es lo que designa al Complejo de Edipo como una metáfora. Ésta tiene una función estructurante, pues convierte al niño en un sujeto deseante. El superyó es la estructura psíquica que surge a posteriori del Complejo de Edipo. También emerge como consecuencia de las identificaciones secundarias con las figuras parentales, principalmente el padre, permitiendo la entrada en la cultura.

Elección de objeto en el varón

Con referencia a la resolución de Edipo, el varón acepta la ley de prohibición de incesto y elige resguardar su narcisismo. Entra directamente en el Complejo de Edipo porque desea a la madre, y sale cuando desea a otra mujer que no sea ésta. Esta crisis que atraviesa el niño es estructurante, pues a partir de ella asume su falta y sus límites, así como afirma su identidad sexual masculina.

Elección de objeto en la niña

Según Freud, la niña puede adoptar tres salidas distintas y decisivas para su feminidad.

  • La primera reacción es alarmarse tanto ante la falta, que se niega a entrar en la rivalidad con el varón y se aleja de toda sexualidad en general.
  • La segunda salida posible se exhibe como un complejo de masculinidad, sostenido por el fantasma de ser un hombre a pesar de la castración que deniega. No necesariamente pero en algunos casos, su elección de objeto podría ser homosexual.
  • La tercera reacción es el reconocimiento inmediato y definitivo de la castración, por lo que cambia el partenaire amado: la madre cede su lugar al padre.

Por esto, el complejo de castración es la entrada de la niña en el Complejo de Edipo y su relación con el padre, a quien desea darle un hijo. Para Freud la resolución del Complejo de Edipo femenino es ser madre, mientras que Lacan argumenta que el deseo de la mujer no se agota en tener un hijo.

 

Estructuras Psíquicas

Dependiendo de la resolución del Complejo de Edipo, surge una determinada estructura psíquica. Ante el complejo de castración, hay tres mecanismos posibles: la forclusión (del Nombre-del-Padre), la renegación y la represión.

Psicosis

Para que surja esta estructura, se da una falla en la capacidad de la función materna. Sobre todo en la capacidad de dar significantes al bebé sobre las tensiones que éste experimenta como angustia. Además, se presenta como una madre fálica, colmada en su deseo por su bebé. El bebé, permanece en la dialéctica del ser, identificado con el falo. Por otra parte, la madre no introduce en su discurso al padre, por lo que la función paterna está ausente. El bebé queda sometido al capricho de la ley materna, que no muestra límite en la satisfacción del goce.

La forclusión del Nombre-del-Padre es la respuesta característica. El significante se rechaza y expulsa fuera del universo simbólico del individuo. Éste significante no está integrado en el inconsciente y retorna en forma alucinatoria en lo real. Es decir, la alucinación, consiste en la percepción de la vivencia de satisfacción como si proviniera del mundo exterior. Esto es un mecanismo normal del bebé para satisfacerse en ausencia de la madre pero es abandonado posteriormente por otros mecanismos. No ocurre lo mismo en la psicosis.

psicosis

 

Perversión

En esta estructura el punto de anclaje se da durante el complejo de castración. Específicamente en referencia con la diferencia de los sexos. El padre no representa una ley que limite el goce entre la madre y el hijo, sino que aparece como un padre rival. Por el lado materno, se instaura el fantasma de la madre fálica que alienta al niño a colocarse en el lugar de su objeto de goce.

El mecanismo propio de la perversión es la renegación de la castración, rehusando toda posibilidad de simbolización de la falta en el Otro. Una verdad del deseo de la madre es encontrada y repudiada. Así, se produce un movimiento intra-sistémico con una escisión del yo en dos funcionamientos que no se influyen mutuamente. Uno que sabe de la falta en la madre, y el otro que reniega de ella.

Siendo esto así, el individuo perverso tiene su propia ley que se basa en la certeza del goce, tanto propio como del otro. El mismo ha sido objeto de goce para otros. De esta forma, ni él ni el otro son sujetos, sino objetos de pulsión y rebajados a la condición de la cosa.

perversion

 

Neurosis

Es la salida del Edipo expuesta en el tercer momento del mismo, que varía para la niña y el varón. La madre reconoce la palabra del padre como la única susceptible de movilizar su deseo. Surge el mecanismo de la represión como el proceso que instaura la Ley. El sujeto neurótico relega de su conciencia los deseos incestuosos. Entonces, queda dividido por el inconsciente. Éste se constituye como lugar autónomo que se constituye fuera de la conciencia.

El sujeto neurótico se maneja en la dialéctica del tener, y reconoce que existe un atributo fálico que se puede poseer o no. Obedeciendo a la cualidad subsecuente, el sujeto tendrá una estructura de neurosis obsesiva o histeria.

En la neurosis obsesiva, la madre toma al niño como complemento de satisfacción de su deseo, y él se siente demasiado amado por ella. El niño es necesariamente objeto de una seducción pasiva, y se siente parte activa de u goce privilegiado con la madre. Entonces, una vez instaurada la represión primaria, se identifica como el que tiene el falo. El psicoanalista Joel Dör los describe como “nostálgicos del ser”, ya que en la entrada del padre, él es cautivo de la satisfacción suplencia con la madre, experiencia que añora.

Por otro lado, el sujeto histérico se identifica como no teniendo el falo, y se siente injustamente privado de él. Las histéricas son también descritas por Dör como “militantes del tener”, puesto que interroga sin descanso la atribución fálica. Se identifica con quien responde a la pregunta de cómo desear cuando se está privado de aquello a lo que se tiene derecho.

 

Referencias bibliográficas:

Fuentes:

La histeria en la mujer versus la feminidad

Hace unos días, navegando en el Instagram, me encuentro con un post que me hizo reflexionar sobre la histeria en la mujer versus la feminidad. En el mismo se citaba a la excéntrica cantante Madonna. La joven bloggera exaltaba en su publicación la capacidad de hacer la diferencia: “LA REVOLUCION EMPIEZA AHORA”, afirma en mayúscula cerrada. Curiosamente, la imagen que acompaña este pensamiento motivador es ella misma mostrando su trasero: ¡la revolución de las nalgas será! “Qué tiempos más felices para los adolescentes varones”, pensé.

Cada vez es más fácil tener acceso a la pornografía, y no precisamente protagonizada por actrices porno. Son mujeres de carne y hueso quienes cada vez más se desnudan en sus cuentas de redes sociales. Lo más curioso de todo, es que dichas imágenes seductoras y explícitas se acompañan de: pasajes bíblicos, pensamientos motivadores, frases filosóficas, etc. El panorama para la mujer en el plano de la experiencia y expresión de la sexualidad ha dado un giro drástico en el último siglo. Existe una diferencia abismal entre la “revolución de las nalgas” que vemos hoy en día, y la doble moral que caracterizaba la época victoriana.

mujer histeria

 

Histeria versus feminidad

A finales del Siglo XIX y principios del Siglo XX, Sigmund Freud estudiaba y ofrecía tratamiento a las pacientes con histeria. Sujetos, en su mayoría mujeres que sufrían de síntomas físicos, como diversos tipos de parálisis, que no podían explicarse por medio de la biología. Esto abrió el camino para el surgimiento del Psicoanálisis como disciplina y el estudio de diversos fenómenos psíquicos/sociales. Pero con respecto a la mujer, Freud decía:

La gran cuestión… que no he sido capaz de responder, a pesar de mis 30 años de estudio del alma femenina es: ¿Qué quieren las mujeres?”

El deseo de la mujer se presenta como enigmático, múltiple y disperso. En la cultura popular, incluso se hacen bromas con respecto a esto: nadie sabe lo que quieren las mujeres, ni ellas mismas.

Unos años después en la década de los 70s, el psicoanalista francés Jacques Lacan se dedica al estudio psicoanalítico de las mujeres. En dichas formulaciones, Lacan distingue entre la histeria y la feminidad, hasta llega a oponerlas. Como decía uno de mis profesores de la maestría:

Toda mujer es histérica (en su estructura psíquica), pero no toda histérica es mujer.

En esta línea, Lacan plantea que en la histeria hay una pregunta perenne por qué es ser mujer. Lo cual es esencialmente diferente a volverse una mujer, o serlo.

 

La histeria como estructura psíquica

Tomaremos como referencia el trabajo del psicoanalista Joël Dor, en su obra “Estructuras Clínicas y Psicoanálisis” para definir una estructura y los rasgos primordiales:

La especificidad de la estructura (psíquica) de un sujeto se caracteriza por un perfil determinado de la economía de su deseo, regida por una trayectoria estereotipada, o rasgos estructurales… y que se distinguen de los síntomas.

Las estructuras se constituyen como una salida al Complejo de Edipo, y la relación del sujeto con la función paterna, como instauradora de la Ley y como aquello que colma el deseo de la madre. La estructura surge en el pasaje del ser el falo (lo que completa el deseo materno), a no serlo sino tener un atributo fálico que satisface parcialmente dicho deseo. Es decir, se interrumpe ese momento en el cual el hijo o la hija son todo lo que colma a la madre, para dar paso a otra realidad. No hay nada que colme por completo a nadie. Sin embargo, hay alguien que cumple la función paterna y que cuenta que un atributo fálico que satisface de cierta forma a la madre.

 

Rasgos estructurales en la histeria

Histeria Mujer

Toda la dinámica del deseo en la histeria, ya sea en el hombre como en la mujer, se juega en torno al hecho de haber sido despojado (a) injustamente del atributo fálico. Por esto, en la histeria un rasgo estructural es la alienación subjetiva del histérico en su relación con el deseo del Otro. Lo que busca contantemente es ser el objeto causa de deseo del Otro. De allí, surgen una serie de identificaciones con el objeto ideal del Otro. La constante en la histeria es convertirse en aquel objeto que despierte el deseo del Otro.

Sumado a esto, el sujeto histérico se vive constantemente como no habiendo sido suficientemente amado por el Otro. Se inviste a sí mismo como un objeto incompleto con respecto al objeto fálico. Con respecto a su propio deseo, procura de forma inconsciente que el mismo permanezca insatisfecho. Además, intenta incansablemente reivindicarse al emular este objeto ideal que no ha sido jamás.

El narcisismo en la histeria es particular, pues se relaciona con la dimensión del dado para ver. El sujeto de la histeria se ofrece a la mirada del Otro como encarnación del objeto ideas de su deseo. En ocasiones, se vale de otras personas para lograr ese “brillo”. Por medio de un desplazamiento, se muestra a través de otros que ha colocado en una posición privilegiada como modelos.

 

Mujeres histéricas y su relación con el sexo

mujer histeria perfecta

He tomado el mismo subtítulo utilizado por Dor, pues me parece justo para explicar fenómenos actuales como el expuesto en los primeros párrafos de este escrito. Una serie de aspectos sintomáticos se hacen más evidentes con el auge de las redes sociales. Se abre más la brecha entre la mujer histérica y su relación con la femineidad.

La mujer histérica mantiene un afán de perfección, que se experimenta como una exigencia constante que la atormenta. Para ella lo bello y lo femenino van de la mano. Sin embargo, la preocupación persecutoria por lo bello en ocasiones viene a suplantar a lo femenino hasta borrarlo. Este fenómeno se evidencia cada vez más, potenciado por los desarrollos tecnológicos en las ramas de la estética y la cirugía plástica.

En el fondo lo que hay es una convicción permanente de imperfección. La mujer histérica se vuelve su propio juez tiránico, pues nada será jamás lo suficientemente bello para neutralizar la huella de sus imperfecciones. En cuando a su cuerpo, lo expresa en sus frases favoritas: “mi cuerpo debería ser así”, “sólo debo arreglarme esto o lo otro”, “no soy lo bastante bonita”, etc. Todo lo que encuentre en su camino es bueno para servir de máscara, y atraer la mirada del otro.

Pero así como cuestiona insaciablemente su belleza física, lo hace con su inteligencia y espíritu. Pero se encuentran con una barrera, es difícil aparentar el intelecto. Por lo que toman un discurso prestado, y vuelve a hacer “como si” supiera más de lo que realmente sabe. En los casos más grotescos, vemos las redes sociales inundadas de mujeres histéricas que se muestran “como si” fueran perfectas. Cuerpos esculturales productos de las cirugías plásticas y retocador por el Photoshop, siempre acompañadas de una frase intelectual sacada de Google. Esto es sólo un pantallazo del modo como se conducen en la vida.

 

Identificación de la histérica con la mujer

mujer histeria identificación

Sobre las mujeres Lacan plantea que La Mujer no existe, ya que sólo existen las mujeres de una en una. Ante esta paradoja, el psicoanalista francés Eric Laurent es cuestionado en una entrevista. Le preguntan: ¿Y el hombre sí que existe? A lo que él responde:

El hombre tiene un falo, que es exterior; es patente y obvio y con él puede convertir con facilidad su placer en categoría. Por eso, lo que quiere el hombre se puede producir en masa y por eso hay una industria del sexo, pero sólo está pensada en masculino. Sólo para ellos.

Sin embargo, para la mujer histérica pareciera que sí existe una mujer. Y es aquella con la que busca identificarse pues responde a la pregunta: ¿qué es una mujer? Lacan plantea que en la histeria se responde a esta pregunta por medio de una identificación viril. Como ya vimos, identificándose como aquella que posee el atributo fálico. En esa transacción, cede la posición femenina a otra mujer que para ella encarna el enigma de la feminidad. Mientras que ella se vuelve una maestra de la seducción infinita.

Freud ya lo había señalado en el caso Dora, que estaba avasallada por los encantos de la Sra. K. En la histeria siempre veremos una suerte de homosexualidad. La misma se vincula más al proceso de identificación con una mujer que toma como modelo, que a la elección del objeto amoroso. La histérica procura ser como ella, pensar como ella, vivir como ella, incluso tener los mismos hombres que ella… ¿Han escuchado el término “frenemies”, o “amigas y rivales”?

 

La elección del objeto masculino en la histeria

mujer histeria hombre

Otros rasgo estructural en la histeria que marca la elección de objeto, y todas las elecciones en general, es la indecisión permanente. Puede relacionarse con cosas comunes o un compañero amoroso, la histérica nunca quedará satisfecha con su elección. El objeto elegido continúa sujeto a las dudas, porque siempre es mejor el objeto que no se eligió.

Ya Freud llamo la atención sobre este punto al exponer que el histérico deseaba sobre todo que su deseo permaneciera insatisfecho. La lógica psíquica funciona de esta manera: para mantener su deseo, la histérica se esfuerza por no darle jamás un objeto que la satisfaga. En el caso de la elección de una pareja amorosa, se afanará por no encontrar nunca un hombre a la altura de su máscara de perfección.

Las histéricas generalmente se deciden por un compañero inaccesible. Puede ser potenciado por un aspecto de realidad, como una pareja que viaja por largos periodos de tiempo. Otra salida que encuentra es escoger un compañero amoroso ya comprometido. Al final del día suele sentirse tan desolada pues de todos los posibles compañeros masculino, el único que le interesa es el imposible.

En la histeria se coloca a este otro en el lugar de Amo, pero un amo que jamás ocupará el lugar que ella le asigna en sus fantasías. Siendo un hombre inaccesible o extraño, rápidamente se vuelve decepcionante, o en un objeto más de su insatisfacción. Como bien decía Lacan:

El histérico necesita un amo sobre el cual pueda reinar.

 

Menos histérica más mujer

HISTERIA MUJER

La temática de las mujeres para el Psicoanálisis es bastante extensa y no será tocada en este escrito. Volviendo a la llamada “Revolución de las Nalgas” que se observa cada vez más en las redes sociales. Debemos hacer una distinción, puesto que no se trata de mujeres en el sentido de expresar un deseo de libertad. Más bien se observan manifestaciones de una estructura histérica marcada por un búsqueda exagerada de despertar el deseo en el Otro. Hoy el Internet y los seguidores se han convertido en un Otro bastante exigente y cruel. Mientras más le dan las histéricas más le piden, más les da, más enseña pero siempre tratando de enmarcarlo con algún pensamiento positivo.

El universo de las estructuras psíquicas y de la histeria es extenso, y no se agota en un simple post. Aunque no trataremos la orientación terapéutica de la histeria, en la clínica estos fenómenos son más dramáticos, y menos graciosos. Las pacientes llegan a consulta con un sufrimiento real que buscan suprimir. Como mencionábamos anteriormente, toda mujer es histérica en su estructura, pero no toda histérica es mujer en el sentido de reconocer su falta. Deben caer las identificaciones que buscan satisfacer el deseo en el Otro, y surgir otras que promuevan el propio deseo. Entonces la histérica será cada vez menos insatisfecha y podrá ser más mujer.

 

Referencias Bibliográficas:

  • Dor, Joël. Estructuras Clínicas y Psicoanálisis. Amorrortu Editores. Edición 2006.
  • Philippe, Julien. Psicosis, Perversión y Neurosis. Amorrortu Editores. Edición 2002.

Fuentes:

La clínica psicoanalítica hoy

clínica psicoanalítica
En nuestra cultura occidental, el fin de cada año trae consigo una serie de reflexiones sobre lo que quedó atrás, y resoluciones para los próximos doce meses. Uno de los principales logros que he cosechado este 2016, ha sido iniciar con mi práctica clínica psicoanalítica privada. ¡Por fin! Para mí un sueño hecho realidad, el principio de un largo camino que me espera en esta rama tan hermosa e interesante de la psicología: la clínica.

Me gustaría culminar el año con algunas reflexiones sobre la clínica psicoanalítica en la actualidad. El enfoque que se mantiene a lo largo del escrito es lo que el psicoanalista Jorge Alemán denomina como una anti-nostalgia. Tomando en consideración la sociedad actual, no hay por parte del Psicoanálisis una añoranza a las figuras del padre y el amo del orden simbólico; ni tampoco un intento por restablecerlos. Lo que tenemos es lo que hay, y la práctica analítica busca indagar de qué se vale para continuar, para promover el surgimiento del sujeto del deseo y el establecimiento del lazo social.

 

Táctica, estrategia y política

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En nuestros días, ¿qué aporta la clínica psicoanalítica? ¿Hacia dónde apuntan su política, estrategia y táctica? Estos son conceptos que el psicoanalista francés Jacques Lacan anuda y que comprenden el quehacer de la práctica clínica en Psicoanálisis. La táctica, en término generales, es un método empleado con el fin de obtener un objetivo. Lacan coloca la interpretación a nivel de la táctica del Psicoanálisis. Ya que la misma depende de la asociación libre del paciente, y del carácter imprevisto de su decir. Para interpretar, hay que estar atento al equívoco en el decir del paciente, de manera que el analista pueda decir algo que tenga efectos en lo real. Del mismo modo que la emergencia del inconsciente en el discurso del paciente tiene un efecto de sorpresa, la interpretación sorprende tanto al analizante como al analista. No existe una interpretación pre-fabricada.

Por su parte, la estrategia es un conjunto de acciones planificadas sistemáticamente en el tiempo que se llevan a cabo para lograr un fin determinado. La posición del analista en la transferencia es su estrategia. El analista colocado en posición de sujeto supuesto saber del sufrimiento inconsciente del analizante, que luego debe caer. Dependerá siempre del lugar que le dé el analizante, pero siempre está presente la exigencia de un encuentro. También se da el supuesto de que el analista sabe sobre el sufrimiento del sujeto.

Finalmente, la política es la autoridad que interviene para regular el modo de dirigir un asunto o conducirse en él. Lacan aquí ubica el deseo del analista, un deseo que afirma debe ser una “x”. Los pacientes acuden a consulta por un malestar que lo hace sufrir, pero en su mayoría no está del todo decidido a mover las aguas, o remover aquello que le produce dolor. Prefiere mantener su status quo, lo cual se manifiesta en las distintas formas de resistencia al tratamiento. Como explica el psicoanalista Bruce Fink en su libro Introducción a la Clínica del Psicoanálisis Lacaniano:

Si hay un deseo que sirve como fuerza impulsora de la terapia, es el deseo del analista, no del paciente… El analista debe mantener su posición de deseo de que el paciente hable, sueñe, fantasee, asocie e interprete… Es un deseo enigmático que no le dice al paciente lo que el analista desea que diga o haga.

 

El impacto del discurso capitalista

clínica psicoanalítica

Los efectos del discurso capitalista en la clínica se evidencian en el afán por la clasificación y las curas tipo. Ante un ser humano, el profesional se remite a clasificar los síntomas en un cuadro diagnóstico, para luego prescribir un tratamiento específico para todas las personas que padecen de “lo mismo”. Dichos sujetos, ahora son llamados clientes por algunas corrientes psicológicas, como si la relación psicólogo-paciente fuera una transacción comercial. El individuo toca la puerta del análisis como quien va a un establecimiento comercial con el fin de adquirir un producto, por el que va a pagar.

De modo que exige al analista y su dispositivo lo que el devenir capitalista le ha enseñado: hay un saber científico -en este caso psicológico- cuyo trabajo devengará un producto para gozar. Entonces exige que el analista esté a la altura del mercado: unas pautas sobre cómo mejorar, algo eficaz y rápido… si puede ser online mejor. De manera que llega con una exigencia de saber del especialista, que reemplaza la demanda de amor.

 

El discurso del analista

La respuesta del discurso del analista es colocarse en el lugar de semblante del objeto de goce. Sin embargo el saber no es el que exige el sujeto, sino un saber supuesto que es inconsciente. El analista exige al analizante un trabajo con el fin de hacer caer esas identificaciones de los significantes amo que no representan al sujeto. Según explica B. Fink:

El fin del análisis consiste en separarse del Otro, y permitirle al sujeto andar su camino sin todas las inhibiciones e influencias que provienen de los otros concretos que rodean al sujeto o los valores y juicios del Otro internalizado.

El sujeto no se encuentra divido en el llamado sintomático. Es decir, el problema está en otras personas, en el trabajo, o incluso en sí mismo pero en aspectos superficiales. En fin, no encuentra su lugar, pero definitivamente la raíz no está en su queja manifiesta, sino en lo que se repite fuera de su control. Al estilo del padre del Psicoanálisis, Sigmund Freud en su intervención en el caso de Dora, el analista cuestiona:

¿Qué tiene que ver usted en todo esto?

 

La rectificación subjetiva

clínica psicoanalítica

En las entrevistas preliminares, procurar lo que Lacan llama la rectificación subjetiva, que involucra una inversión dialéctica que posibilita la emergencia del sujeto como vacío, como pregunta. El sujeto que consulta debe interrogarse sobre lo que le ocurre, y tener un entendimiento de que está de algún modo implicado en su queja o demanda. Esta rectificación subjetiva es a la vez un efecto de la interpretación, puesto que admite redirección cuando la asociación libre se torna pura palabrería. El síntoma de paciente comunica algo de su problemática, tiene algo que decir pues es un sujeto supuesto saber. Sobre éste actúa la interpretación, como un decir que tiene efectos.

El psicoanalista argentino Jorge Alemán cita a Lacan en la «Tercera en Roma» (1973), donde éste presenta un enigma:

Si el Psicoanálisis tiene éxito y cura a la humanidad de los síntomas, el Psicoanálisis fracasa… Éste va a existir en la medida en que esté del lado del síntoma… Veremos si la ciencia y la técnica curan a la humanidad del Psicoanálisis.

 

El factor sorpresa en la terapia

Dentro del dispositivo psicoanalítico no existe un universal, ni para la verdad ni para la interpretación. Cada sujeto que llega a consulta es respetado en su particularidad, a pesar de la creciente tendencia a la estandarización. La eficacia de la interpretación va de la mano de la sorpresa, que está del lado del analizante y también del analista. Por efectos de la interpretación se produce una falla en la repetición infinita que se ha perpetuado en el analizante. Allí mismo, surge el inconsciente que produce extrañas formaciones como los sueños, los lapsus y demás actos fallidos. Los síntomas también pueden sorprender sobre todo cuando irrumpen en la vida del sujeto. Sin embargo, estos síntomas también tienen un carácter de fijeza en el tiempo. Para el psicoanalista Graciela Brodsky comenta:

La sorpresa proviene de la interpretación: responder como conviene en el momento justo y saber concluir a tiempo.

Por su parte, Freud prefería la sorpresa del analista como lo menciona en “Análisis Profano” (1973):

Obtenemos los mejores resultados terapéuticos en aquellos casos en los que actuamos como si no persiguiésemos fin ninguno determinado, dejándonos sorprender por cada nueva orientación y actuando libremente sin prejuicio alguno.

Actualmente por la falta de tiempo, por la incapacidad de la espera, nadie tiene interés en sorprenderse. Vivimos en una civilización contraria a todo aquello que sea incalculable e imprevisible. El entramado del discurso capitalista no admite rupturas. Actualmente la urgencia se lleva por delante la transferencia. Sin embargo, el sujeto en análisis debe apostar por una relación en la cual no tendrá ninguna garantía. Esto va en contra de la exigencia actual del mercado, según la cual el producto no puede perderse. Siguiendo al psicoanalista Gustavo Dessal:

La transferencia queda saturada de ruido y sentido, carece del silencio para escuchar la ‘otra’ voz.

 

El sujeto supuesto saber

clínica psicoanalítica

El psicoanalista francés Jacques-Alain Miller esboza tres formas del sujeto supuesto saber. El primero, es aquel que viene a la consulta, lo que llama el analizante en esperanza. El análisis es un ejercicio de olvido de lo que sabe, y el analizante procura hacer como si no supiera. Esta ignorancia es la condición, que de acuerdo con Miller, se requiere para que el sujeto supuesto saber pueda instalarse en la sesión analítica. El analizante habla de lo primero que se le ocurre aunque parezca tonto o loco. Ésta es la base de la asociación libre que permite el desarrollo de la transferencia.

El segundo supuesto saber entonces es el analista mismo. Por esto, el analizante le confía su sufrimiento, ya que es supuesto saber interpretar. De este modo, como ya se mencionó antes, el analizante accede al régimen del «yo no sé lo que digo”. Esto implica la posición del inconsciente como un descifrable. El sujeto sufre de algo de lo que no tiene idea, por lo que acude a consulta con un profesional que sabe de este sufrimiento. Con respecto al tercer sujeto supuesto saber Miller expresa:

En el interior de lo que digo claramente, otra cosa quiere decirse en la oscuridad, cifrada.

Esto que el inconsciente interpreta, que está cifrado, es la transferencia. Debe realizarse en el análisis un arduo trabajo por parte del analizante para ir descubriendo eso oscuro que le hace sufrir.

Visto lo anterior, Miller ubica el primero como el sujeto supuesta saber en lo imaginario, el segundo en lo simbólico y el tercero en lo real. Juntos forman la estructura de la sesión analítica. Entonces Miller puntualiza lo siguiente:

El sujeto supuesto saber, es el nombre del inconsciente en tanto que transferencial. No hay primero el inconsciente y luego la transferencia. La posición misma del inconsciente, su posición operatoria, se sostienen en la transferencia como transferencia de saber.

 

Comentario final

Hoy esto se ve amenazado por el semblante de saber absoluto de la ciencia, que es numérico y donde se desdibuja el sujeto para inscribir una cifra. Lacan se pregunta si es el amor aquello que puede fundar el lazo social. Pero no el amor narcisista que busca la media naranja que le otorgue una suerte de completud imaginaria. Es el amor que deja patente la imposibilidad implícita en la no-relación entre los sexos. Consiste en amar desde el lugar donde se experimenta esta imposibilidad, y el modo de vivirla, siendo la transferencia uno de sus modos.

Hoy por hoy, mantenerse en el norte del Psicoanálisis es un reto, para mí lo ha sido. He tenido muchas veces la tentación de desviarme, de etiquetar, de buscar la solución más fácil o el camino más corto. He dudado a veces de la eficacia del tratamiento analítico y pensado si es mejor ofrecer una cura light. Es gracias al propio análisis y la supervisión que vuelvo a concentrarme en la teoría y la práctica que elegí. Pues es la que me llama como persona, con la que me identifico, y la herramienta por medio de la cual puedo hacer mi trabajo con los pacientes. En estos tiempos, es aquella que para mí respeta al sujeto en toda su individualidad y complejidad.

Referencias bibliográficas:

  • Alemán, Jorge (2011). El Goce y el Objeto. Trabajo presentado en el Máster de Psicoterapia Psicoanalítica de la Universidad Complutense de Madrid, España.
  • Fink, Bruce (2007). Introducción Clínica al Psicoanálisis Lacaniano. Editorial Gedisa. Barcelona, España.

Fuentes: