Inteligencia Artificial, Apple en busca de psicólogo

En la web de Apple podemos ver desde el pasado mes de abril una oferta de trabajo que dice así:

La gente mantiene conversaciones serias con Siri. Hablan con ella de todo tipo de cosas, inclusive cuando han tenido un día estresante o tienen algo serio en mente. Recurren a Siri cuando tienen una emergencia o cuando quieren ser guiados hacia una vida más sana. ¿No te parece interesante mejorar a Siri en estas áreas psicológicas?

Y dice después:

Estamos buscando a gente (…) para llevar a Siri al siguiente nivel.

Interesantísima frase la de «llevar a Siri al siguiente nivel«.

Inteligencia Artificial: el siguiente nivel

Lo que en los inicios de la ciencia ficción parecía un campo destinado en exclusividad a la ficción futurista, llena de neones y de asiáticos con ropas imposibles, está cada vez más cerca y tiene un aspecto diferente. Parece que la nueva Inteligencia Artificial que estamos creando tiene poco que ver con crear robots fríos y artificiales al servicio del hombre, y más con crear artefactos que palíen otro tipo de carencia: la de la proximidad del otro, ¿el alivio de la soledad tal vez?

Y no hablo desde el punto de los «androides». La idea del robot que siente emociones como las nuestras existe desde siempre, (casi siempre con fatal desenlace). Pero ¿qué pasa con nosotros? ¿Cuando dejamos de crear seres metálicos para que fueran nuestros esclavos, para crear «algo» con lo que conectar emocionalmente?

Esto es precisamente lo que hacía tan interesante al pobre Theodore de Her, que llegó al punto de enamorarse de su SIRI particular.

 

Her Theodore

 

Es una idea  que parece cada vez más factible. ¿Podría ser eso cierto? ¿Crearemos Inteligencias Artificiales para amar?

¿Es este el siguiente nivel del que habla Apple? No estoy diciendo que Apple quiera desarrollar una tecnología con este fin, sino que busca humanizar, «emocionalizar» nuestros dispositivos. Parece que ya no nos basta con que nuestro móvil nos diga el tiempo que va a hacer mañana en Alcobendas. Queremos que nos lo diga con cariño.

Como apuntaba Enrique Schiaffino al hablarnos del transhumanismo cada vez vivimos más pegados a nuestros dispositivos y más involucrados en entornos virtuales

… quizá solo sea cuestión de tiempo el nacimiento de esta nueva humanidad que fuerce los límites de la naturaleza y la evolución hacia una nueva era, que probablemente tenga un poco de los ideales mundos del futuro y también de las tenebrosas distopías imaginadas por el cine y la literatura de ciencia ficción.

 

Hacia la Inteligencia Artificial de Hollywood

A grandes rasgos podríamos decir que existen dos tipos de IA made in Hollywood.

Las primeras son aquellas que podemos llamar «robot».

Hablamos del adorable R2-D2 y el no tan adorable C-3PO  como máximos exponentes en el cine.

 

star wars androides

 

Después tenemos los androides que siendo creaciones humanas, no están conformes con su existencia.

Su máximo exponente podría ser el Roy Batty interpretado por Rutger Hauer, quien nos regaló una de las escenas más famosas del cine:

 

 

Estos son desde mi punto de vista más interesantes. Nos hablan de los peligros de jugar a ser dioses. ¿Podemos dotar de conciencia a una máquina? Desde que se comenzara a desarrollar la Teoría Computacional de la Mente allá por los años 30 a partir de los trabajos de Alan Turing ha sido un habitual en la psicología establecer una analogía mente – ordenador para tratar de explicar cómo funciona nuestra mente.

El problema sobreviene cuando en estos 80 años el funcionamiento de la mente humana sigue siendo un misterio, pero los ordenadores no han dejado de avanzar en su desarrollo.  Como advertía el robot David en Prometheus, ¿llegaremos demasiado lejos en nuestra tarea de crear conciencia?

Sin duda un tema interesante. Por ahora nos encontramos todavía en la fase SIRI, pero quién sabe si en poco tiempo tenemos en nuestro bolsillo una versión real del OS1 de la película HER.

 

 

Como apunte final, si te interesa el desarrollo de la Inteligencia Artificial desde la ciencia ficción, te recomendaría la película de Alex Garland  Ex Maquina, o la más reciente serie de HBO,  Westworld.

Auroville ¿La ciudad del futuro?

Debería haber en alguna parte sobre la tierra un lugar que ninguna nación pudiese decir: «Es mío»; donde todo ser humano de buena voluntad que tuviera una aspiración sincera pudiera vivir libre como ciudadano del mundo y obedeciendo a una sola autoridad, la de la suprema verdad; un lugar de paz, de concordia, de armonía donde todo instinto de lucha en el hombre fuera usado exclusivamente para vencer la causa de sus sufrimientos y sus miserias, para superar sus debilidades y su ignorancia, para triunfar sobre sus limitaciones y sus incapacidades; un lugar donde las necesidades del espíritu y el interés de progreso prevalecieran sobre la satisfacción de los deseos y las pasiones, de la búsqueda de placeres y de goce material.

¿Qué es Auroville?

Auroville

Así empieza el sueño se Auroville, como se describe en su página web . Pero ¿Qué es Auroville? ¿El sueño de un millonario filántropo ruso? ¿Una utopía descrita por algún autor de principios del siglo XX?

Nada de eso. Auroville es una ciudad de pequeño tamaño situada en la India, en el estado de Tamil Nadu. Este lugar no es una más de las miles de pequeñas ciudades que pueblan el subcontinente indio. Auroville fue fundada en 1968 por Mirra Alfassa, discípula de Sri Aurobindo con la idea de ser un lugar en el que imperase un modo de vida diferente. Una sociedad en la que todos pudiesen estar unidos en la diversidad bajo las enseñanzas de Aurobindo y Alfassa.

mirra alfassa

Aurobindo, uno de los líderes espirituales de oriente que más impacto ha tenido en el mundo occidental es considerado por los residentes de Auroville como un inspirador de su ciudad, que de hecho toma su nombre en un juego de palabras en el que Auroville sería al tiempo la ciudad de Aurobindo y la ciudad de la aurora (en francés). Mirra Alfassa, conocida como «la madre» por sus seguidores, fue una francesa que se convirtió en una de las más estrechas colaboradoras del gurú. Durante años estuvo al cargo del ashram de Aurobindo que la consideraba como a una igual. Ella fue la lider de Auroville desde su fundación hasta su fallecimiento en 1973.

Auroville fue diseñado en origen con la forma de una galaxia, aunque con posterioridad se desarrolló de forma orgánica sin respetarse la idea original, a excepción del centro de la ciudad: el Matrimandir, una esfera dorada cuyo interior fue concebido como un lugar de recogimiento y conexión con la divinidad. En la actualidad ha desarrollado una fórmula administrativa particular bajo la fundación Auroville y es dirigida por varios órganos de gobierno en los que participan los residentes de la ciudad. Su población oscila en torno a los 2500 habitantes de más de 30 nacionalidades diferentes.

La ciudad se rige por la carta de Auroville (una suerte de constitución para la ciudad) creada por Alfassa, los cuatro principios de la carta son los siguientes:

Auroville no pertenece a nadie en particular, Auroville pertenece a la humanidad en su conjunto, pero para vivir en Auroville hace falta ser servidor voluntario de la consciencia divina.

Auroville será el lugar de la educación permanente, del progreso constante, y de la juventud que nunca envejece.

Auroville quiere ser el puente entre el pasado y el futuro. Aprovechando todos los descubrimientos exteriores e interiores Auroville se lanzará audazmente en el futuro.

Auroville será el lugar de una investigación material y espiritual para dar una manifestación viva a una unidad humana concreta.

¿Qué hay que hacer para vivir en Auroville?

Auroville

Si quieres convertir Auroville en tu nueva ciudad tendrás que trasladarte allí por tres meses como un voluntario. Después de estos tres meses puedes quedarte durante un año y medio como periodo de prueba. A partir de ese momento puedes ser considerado un auroviliano y se te recomienda que busques una ocupación por la que serás remunerado, además de una casa en alquiler. También puedes construir tu propia vivienda, pero eso requiere un desembolso mayor. En Auroville por el hecho de ser residente cuentas con el acceso a multitud de servicios: médico, escuela, clases de yoga, etc… Al más puro estilo socialdemócrata, vamos.

Muchos residentes van a Europa o América la mitad del año para huir del calor de la estación seca y, al mismo tiempo, poder costearse su estancia en Auroville, o tal vez para vivir en la civilización de la que huyen durante un periodo cada año. De vuelta a sus países de origen dónde encontrarán todos los horrores y comodidades de la sociedad capitalista de consumo.

Lo que si parece recomendable antes de decidir trasladarse a un lugar como Auroville, o a cualquier comunidad de tipo «espiritual» es conocer el pensamiento de su fundador, así la lectura de los textos de Sri Aurobindo y Mirra Alfassa sería fundamental para saber si este es el sitio adecuado. En cualquier caso, siempre puedes hacer una visita a esta curiosa ciudad si pasas por Tamil Nadu y visitas la cercarna y hermosa ciudad de Pondicherry.

Mientras tanto la ciudad seguirá con su experimento innovador. El ideal de Auroville busca la autosuficiencia, el autoabastecimiento, el equilibrio. Por ahora parecen metas complicadas. La producción de alimentos se encuentra todavía muy debajo de lo necesario para sustentar a toda la población, sin embargo se siguen buscando nuevas fórmulas y tal vez en este asunto la tecnología, si la aceptan, les eche una mano.

Un sueño hippy, antisistema, revolucionario, loco… Al final de todo esto uno sigue haciéndose la misma pregunta ¿Qué es Auroville? ¿Una utopía imposible que nunca será autosuficiente? ¿Un grupo de locos jugando a la aldea global? ¿O la primera ciudad de un nuevo mundo?

Más información en www.auroville.org

¿Por qué las madres mueren en los cuentos infantiles?

Hace unos días Roxana Palacios publicó un post en este mismo portal llamado “Yo vivo por mis hijos” en el que hablaba de la relación que se crea entre el niño y sus padres desde incluso antes de su nacimiento.

Me gustaría resaltar una frase:

“Hay un momento en el que el bebé es realmente todo para la madre, y es necesario que sea así para su supervivencia. Sin embargo, debe haber un corte o límite entre ambos.”

Esta separación efectivamente es vital, y es algo que los cuentos de hadas llevan enseñándonos desde hace miles de años. Quizá nos vendría bien repasar estas viejas historias para rescatar su sabiduría.

El papel de los cuentos

Uno de los primeros artículos que escribí en Psiquentelequia, trataba sobre la función moralizante de los cuentos infantiles.  Desde hace 1.300 años (y con casi total seguridad más), los cuentos de hadas han servido para enseñar a niñas y niños (sobre todo a las primeras) lo que deben hacer y lo que no. Lo que es deseable, y lo que hay que evitar.

Una primera visión por encima, podría hacernos creer que las moralejas de los cuentos iban dirigidas esencialmente a la infancia, pero si nos adentramos un poquito más descubrimos que también los adultos podemos aprender muchas cosas de estas viejas historias.

Disney: el asesino de las madres

La separación de la que habla Roxana tiene su máxima expresión cuando vemos que en una gran cantidad de historias creadas para el consumo infantil, la figura de la madre, del padre (o de ambos) no existe.

Vamos a hacer un breve repaso de la filmografía de Disney para ponernos en situación. He seleccionado las películas más representativas de la casa, cuyos protagonistas son humanos,  y a no ser que se me haya despistado alguna, están presentes todas las archiconocidas princesas Disney:

  • Blancanieves: madre muerta.
  • La Cenicienta: madre muerta.
  • Alicia en el País de las Maravillas: padres ausentes en el cuento (esperemos que estén vivos).
  • Peter Pan: no solo no tiene padres, sino que lidera una pandilla de niños “perdidos”, es decir, huérfanos.
  • La Bella Durmiente: separada de sus padres desde que nada. Suponemos que ella creería que habían muerto.
  • La Sirenita: madre muerta.
  • La Bella y la Bestia: madre muerta.
  • Aladín: de él sabemos poco. La madre de Yasmin por el contrario sí que sabemos que ha fallecido.
  • Pocahontas: madre muerta.
  • Tarzán: ambos padres muertos.
  • Lilo y Stich: ambos padres muertos.
  • Tiana y el Sapo: madre muerta.
  • Enredados: separada de sus padres al nacer.
  • Brave: ¡Increíble! ¡Ambos padres vivos y con buena salud!
  • Frozen: padres muertos.
  • Big Hero: padres muertos.
  • Vaiana: madre y padre con vida.

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De los personajes de la imagen tan solo Mérida y Mulan han crecido sabiendo que su madre está viva, las demás o eran huérfanas o creían serlo. Faltaría añadir casos como la madre de Bambi o la muerte de Mufasa que tantísimo nos hicieron llorar.

¿Es acaso la factoría Disney una vil y perversa empresa que odia a las madres del mundo entero?

Si viajamos atrás en el tiempo podemos hacer otro repaso a la literatura infantil y observar por ejemplo los cuentos recopilados de los Hermanos Grimm:

  • Hansel y Gretel
  • Caperucita Roja
  • La Cenicienta
  • Rapunzel
  • La Bella Durmiente
  • Blancanieves
  • La niña de los Fósforos

Otra vez más la orfandad está presente en la mayoría de las historias.

¿Cuál ha sido el éxito de la literatura infantil más importantes de los últimos tiempos? El mago más famoso de todos, Harry Potter también era huérfano. Huérfanos son también Lucy, Edmun, Susan y Peter, protagonistas de la adaptación de los libros de Lewis Las Crónicas de Narnia. Huérfano era Frodo, héroe del Señor de los Anillos, y así podríamos seguir. ¿Azar? Ni mucho menos. Estas muertes son un símbolo de la transición sana de la infancia a la adolescencia.

La muerte de la inocencia

Cuando somos pequeños, dependemos para sobrevivir de nuestros padres.  Las personas, como mamíferos que somos hemos dependido de nuestras madres para sobrevivir nuestros primeros meses de vida cuando éramos amamantados. Nuestra cultura además ha delegado en las mujeres el cuidado de los bebés y de niños y niñas pequeños. En el reino animal y en el caso de los mamíferos, suele ser la hembra la encargada de enseñar a las crías lo que deben hacer. Por eso en los cuentos la figura de la madre es la peor parada, porque han sido ellas las responsables de cuidar y educar.

En ese periodo de nuestra vida nuestros padres no son solo unos seres que nos proporcionan cuidados externos. Son las persona que se encargan de mostrarnos lo que debemos hacer y lo que no. Interiorizamos las voces de nuestros padres y con ella configuramos nuestra voz interior, nuestro pepito grillo.

Y ojo, que esta voz es necesaria para sobrevivir. Cuando refleja la existencia de peligros reales no distorsionados, es la responsable de que el cachorro de león no se aleje de la leona con la consiguiente probabilidad de ser devorado. Es la responsable de que un niño pequeño busque a su madre cuando está con desconocidos: nos brinda protección.

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Pero llega un momento en nuestro desarrollo vital en el que debemos desprendernos de esa voz. Y es aquí donde aparece la necesidad de dejar huérfanos a los niños en los cuentos infantiles.

En estas historias la muerte de la figura materna, en algunos casos la paterna también, representa la muerte de nuestra madre interior, nuestra guía infantil. Cuando nos adentramos en la adolescencia los esquemas con los que vemos el mundo cambian drásticamente. Ya no es sano quedarse paralizado al amparo de esta voz que te dice “no hagas eso”, “no es seguro”. Es necesario matarla. Así, tal cual.  Si no lo hace, el cachorro del león no aprenderá a cazar y se convertirá en un adulto independiente. Si no lo hacemos y no nos alejamos de esa seguridad infantil nos convertimos en adultos miedosos y fácilmente manipulables.

El nacimiento del héroe

¿Qué ocurre cuando muere la madre, la inocencia, la guía interna o como prefieras llamarlo? Básicamente se da la oportunidad para que nazca el héroe.

Las lobas, tal y como cuenta Clarissa Pinkola en su archifamoso libro  “Mujeres que corren con los lobos”,  son unas buenísimas maestras.

La loba protege a sus cachorros con garras y dientes, pero cuando llega el momento, es ella quién les obliga a enfrentarse al peligro de cara, amenazándoles incluso con gruñidos si no quieren hacerlo. La loba se aleja para que el cachorro lobo crezca, porque sabe que con ella al lado seguirá siendo un cachorro.

 

En muchas historias infantiles la muerte de los padres marca el fin de la infancia y el inicio de las responsabilidades de la vida adulta. Cuando muere  la madre de Bambi, él debe abandonar los juegos de la infancia. Una vez perdida la inocencia y la seguridad de esa voz que le protegía se da de bruces con su padre, quien encarna la transición a la vida real. “No va a volver” le dice, y al protagonista no le queda más remedio que afrontarlo, abandonar la primavera y meterse de lleno en el invierno inhóspito como metáfora de la adolescencia.

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Si los padres de Harry siguieran vivos difícilmente este habría tenido la necesidad de ser valiente, y sin la necesidad de ser valiente difícilmente hubiera hecho todas las cosas maravillosas que hizo. Esta historia en particular se acerca al niño y le dice: “puedes solo”.

Brave, aunque es cierto que tiene padres, debe enfrentarse a su madre para lograr la independencia, es decir, para lograr ser una adulta fuerte e independiente. Y es que la madre de Brave representa el modelo de padres sobreprotectores que no dejan morir esa guía que han interiorizado sus hijos para que creen ellos una propia.

Por lo tanto, esta guía interior que recoge los cuidados y protección de nuestros padres tiene que apagarse para que el adolescente  pueda explorar los peligros que le acechan. Por su puesto que lo hará con miedo, y muy probablemente se lleve algún mordisco, pero es la única manera que tenemos de crecer y convertirnos en protagonistas de nuestras historias.

¿Qué ocurre si no dejamos morir la inocencia?

Si la loba no obliga a la cría a salir al bosque ella sola por mucho miedo que tenga, no aprenderá a cazar, será débil y torpe, y probablemente no sobreviva demasiado.

Si no obligamos a los pequeños a enfrentarse al mundo de cara, tendremos una generación de personas miedosas, con ninguna tolerancia la frustración, dependientes, manipulables… ¿os suena?

Porque ya lo estamos viviendo: por primera vez en EEUU los adultos jóvenes prefieren vivir con sus padres antes que independizarse.; las tasas de depresión aumentan en la población adolescente (que ya es igual a la de la población adulta), estamos regresando a unos niveles de puritanismo que no dejan de sorprenderme,  etc.

Las señales están ahí. De nosotros depende dejar de sobreproteger a la infancia.  Permitir que se equivoquen, que se caigan y se levanten ellos solos, porque pueden hacerlo. Reconocer en las viejas historias de hadas la imperiosa necesidad de dejar espacio.

 

 

Generación X

Ya no recuerdo con exactitud la primera vez que oí hablar de ello, pero hubo un día en que supe que pertenecía a la Generación X. Esa legión de los nacidos entre 1961-1981 y a la que todavía se le achaca su falta de compromiso político y su individualismo hedonista.

Resumida en eslóganes la Generación X sería: caída del muro de Berlín, final de la guerra fría, Internet en pañales, SIDA, MTV y posmodernidad relativista.

En lo que a mí respecta, nada que objetar a estas pinceladas. Sin embargo, si cada generación tiene el derecho de escribir su propia historia, cada uno de nosotros tiene el derecho a su propia perspectiva dentro de esa historia.

La verosimilitud de un relato depende en buena medida de lo encarnado que esté y así desvelando mi experiencia quizá pueda convertirla en espejo de otras.

De acuerdo con un relato ampliamente extendido, entre sociólogos y opinólogos variopintos, los “X” seríamos parte de una generación que tuvo problemas para encontrar su lugar en el mundo, que estuvo desorientada ideológicamente y que asistió, ¿impasible? ¿desesperada?, a la clausura de los grandes relatos. Hasta aquí nada que no se haya dicho respecto de muchas otras generaciones pasadas. A la “X” le tocó de lleno unos de los ciclos de mayor aceleración de la globalización, una expansión inusitada del uso de la tecnología en la vida cotidiana y una fase bastante dañina del capitalismo. Casi nada.

Dada la ausencia de dirección en la historia, la dispersión de las concepciones del bien y la fragmentación del discurso, el espacio de lo social se volvió -en la última parte del siglo XX- inhóspito, incómodo y se produjo un repliegue – este sí cómodo- del individuo hacia el ámbito privado, es decir, la república independiente de su casa.  Tal como le gustaba afirmar a la adorable Maggie Thatcher, “there’s no such thing as society. There are individual men and women…”.

Así las cosas, en los 80 empezó a consolidarse  la visión de la sociedad como una multitud de átomos solitarios y al éxito en la vida como un proyecto guay que incluye estar bien, sentirse bien y confiar en uno mismo. El arcoíris al final del camino sólo garantizado para los más atrevidos, flexibles e innovadores miembros de nuestra generación. Basta con ponernos a competir los unos con los otros, para que la justicia divina de los mercados reparta eficientemente lo que a cada uno corresponde.

En el 87, los Guns N’ Roses cantaban: Welcome to the jungle y no es raro que con el sálvese quien pueda se haya activado el plan perfecto del diablo que habita en cada uno de nosotros.

En el 94, Kurt Cobain se suicida y con él mueren las esperanzas de que el rock sea una barricada ante la mercantilización de toda creación artística.

En el 96, tuvimos nuestro oscuro manifiesto generacional.  La película Trainspotting y no tanto por el rollo de la autodestrucción como por la encrucijada ante la que nos situaba el personaje de Mark Renton:

«Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos. Elige la salud, colesterol bajo y seguros dentales. Elige pagar hipotecas a interés fijo. Elige un piso piloto. Elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos un traje de marca en una amplia gama de putos tejidos. Elige bricolaje y preguntarte quién coño eres los domingos por la mañana. Elige sentarte en el sofá a ver tele-concursos que embotan la mente y aplastan el espíritu mientras llenas tu boca de puta comida basura. Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo miserable, siendo una carga para los niñatos egoístas y hechos polvo que has engendrado para reemplazarte. Elige tu futuro. Elige la vida… ¿pero por qué iba yo a querer hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida: yo elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?»

Como siempre que hay poder, hay también resistencia

Mi preocupación central a los 17 años, por comienzos de los años 90, eran los discos compactos, las lecturas de mis héroes literarios y conseguir una novia dispuesta a tener relaciones sexuales. Aspiraciones muy nobles todas ellas pero desde luego insuficientes para cambiar el mundo o fundar un partido político.

No estuve preparado, a diferencia de la generación anterior, para la revolución que se necesitaba, que se necesita en tiempos de calamidades. Fui precoz a la hora de perder la fe, primero en el catolicismo y luego en las religiones seculares que son los credos políticos. Una pena esto del descreimiento ya que la realidad queda como desencantada y la voluntad pues un poco perezosa.

Fui a manifestaciones, lloré con los gases lacrimógenos de la policía, corrí por la Diagonal Norte para que no me alcanzaran las balas de goma, voté a los progresistas -que resultaron ser conservadores-, estuve en asambleas populares, pero principalmente me he quedado sentado, intentando entenderlo todo, leyendo ensayos, deglutiendo filosofía, alimentando un nebuloso escepticismo.

No he creído fervientemente en ningún proyecto político, aunque siempre he querido que las cosas cambien. Preguntar, al menos, ¿adónde conduce todo?, ¿en qué tipo de sociedad nos convertiremos?, ¿qué carajo puede hacer uno?

El tiempo va dando las respuestas o no. Genera también nuevas preguntas.

Generación X

Yo siempre he tenido dificultades para sentirme parte de un “nosotros” y he llevado mal aquello de embarcarme en “un sueño colectivo”. Sin embargo, cuando escucho las batallitas de los que fueron jóvenes en los 60, siento envidia. Por el ardor con el que relatan sus aventuras en el Partido Comunista y por lo compungidos que se quedan rememorando el sentimiento intenso con el que querían cambiar el curso de los acontecimientos. ¡Ay, quién pudiera tener un corazón tan repleto de ideales!

Mejor haber soñado, digo para mis adentros, aunque luego toque despertarse. La potencia de los sueños no está en que se cumplan, sino en el acto mismo de soñar.

La historia épica de la Generación X algún día será contada y me imagino a uno de sus protagonistas -un danés de pelo largo pongamos- de viaje en la selva de Chiapas para luchar junto al Subcomandante Marcos. Es broma. De héroes generacionales andamos escasos pero a mí siempre me han atraído más las gestas de los perdedores natos. Aquellos antihéroes que con sus derrotas pusieron en tela de juicio al pensamiento único. Jóvenes y no tan jóvenes airados, desesperadamente realistas, que nunca se les ocurrió entregarle el estado de ánimo al sistema y que continúan empecinados en sentirse vivos.

Fábrica de sueños

Entre las muchas posibilidades que tenemos de definir a los seres humanos, está la opción de reconocernos como una fábrica andante de sueños. Ese espejo maravilloso y deformante de la realidad y de nosotros mismos, que en ocasiones resulta más revelador que la poderosa conciencia. Y es que en los sueños, siendo nosotros mismos podemos a la vez ser otros, integrar nuestra sombra. Dormidos, con la guardia baja, el otro yo se apodera sigilosamente de los controles y desactiva las alarmas. Convertidos en marioneta, los sueños nos llevan a su vida secreta. A ese reino que es de todos y en el que se nos permite volar, mutar en criaturas fantásticas, desatar por completo los instintos, trascender el tiempo y el espacio.

Lo soñado

El sueño no nos niega nada. En los brazos de Morfeo, volví a besar a Micaela durante el sexto grado de primaria, recorrí Anatolia montado en un canguro (no era Anatolia ni tampoco exactamente un canguro), escapé por poco de un linchamiento, participé en una orgía, me convertí en rinoceronte, fui director de una orquesta sin instrumentos, visité un universo distante, me convertí en número, se me cayó la cabeza al suelo y cuando me agaché a recogerla no había suelo sino una lengua gigante de vaca. Una anciana, peinada de amapola, gritó mi nombre: ¡Diógenes, la cena está servida!. Hablé con objetos inanimados. Deslicé el dedo por las arrugas de una cara invisible. Vi cigarrillos y un vaso con agua turbia. Un reptil dentro de una caja de zapatos. En el cadalso, con las últimas luces de la tarde, y habiendo perdido toda esperanza, llegó la dispensa especial de aquel rey extranjero. Y todas estas peripecias sin salir de la cama.

Marco privilegiado de la imaginación, en los sueños redimimos lo perdido, le pillamos el truco a la vida, respondemos preguntas imposibles, abolimos la lógica. Luego nos despertamos con un fragmento clarificador entre las manos o bien con el desasosiego de no haber podido retener nada. Los caprichos de la memoria cuando juega al escondite.

Los sueños se tejen con el hilo del eterno retorno. Volvemos a esa escena recurrente: se nos caen los dientes, estamos desnudos ante un auditorio, contemplamos un desierto infinito, se nos muere un ser querido.

Los sueños nos colocan ante los arquetipos. Revelan estados interiores de nuestra psique. Nos reparan por dentro y nos preparan para ese otro sueño, el eterno.

En la selva malaya está el pueblo de los Senoi cuya primera actividad por la mañana es reunirse para relatar los sueños, que a continuación son interpretados y comentados por los ancianos. Éstos son los encargados de evaluar si se ha actuado de manera correcta en el sueño y, en su caso, aconsejan lo que se debería hacer. Así es como los Senoi obtienen de los sueños un conjunto de guías que se va transmitiendo de generación en generación.

El lugar que ocupan los sueños en la cultura occidental contemporánea es considerablemente más reducido y estrecho. A diferencia de varios pueblos antiguos, como los griegos o los romanos, que les asignaban cualidades adivinatorias -bastaría con mencionar aquí las profecías que contenían los sueños de Julio César- o incluso pedagógicas, en nuestra época no hay pruebas tangibles de que les hayamos otorgado esos roles. No obstante, sería injusto ignorar la relevancia que tiene el empleo de la palabra sueño para designar aquello que anhelamos, despreciar el valor de los descubrimientos que el psicoanálisis alcanzó o ningunear la infinidad de veces que el séptimo arte se encargó de ellos.

Sueño + psicoanálisis + cine

Uno de los ejes sobre los que gira el psicoanálisis es su método de investigación para evidenciar el significado inconsciente de los sueños. De hecho, Freud sostenía que éstos eran la vía regia hacia el inconsciente.

El contenido manifiesto del sueño se presenta como un mensaje en código o un puzzle cuyas piezas están desordenadas, por lo que es usual que su sentido se asocie con lo absurdo en la medida en que desafía el sentido común y parece escapar de una mera comprensión intelectual.

A través del simbolismo que se extrae de los sueños, observamos como el deseo dispara imágenes que deberán ser descifradas pero que vienen esencialmente cargadas de material sexual. El psicoanalista busca ayudar al paciente a que tome conciencia y reviva de un modo no traumático cierto tipo de experiencias pasadas: lo reprimido. Fomentando la libre narración -sin resistencias- de los sueños van saliendo a flote cuestiones sumergidas dentro del paciente. De esta manera, no es la lógica de la razón la que explica la actividad del sujeto sino aspectos irracionales de su psiquis. Capítulo aparte merecerían las aportaciones de Carl Jung al tema de  los sueños. Éstos no sólo compensan y equilibran la actividad de la vigilia, sino que dialogan y sirven de puente con los procesos arquetípicos del inconsciente.

Otro canal privilegiado por el que circuló la savia de los sueños fue el cine, al que dedicaremos la última parte de estas líneas.

Un cohete lanzado desde la tierra, aterriza en el ojo derecho de la luna y allí descienden seis astronautas muy particulares. El parisino Georges Méliès convirtió, a finales del siglo XIX, una caja de madera en un proyector de sueños y nos ofreció las primeras imágenes en movimiento de un Viaje a la luna. Para este pionero del cine y del género fantástico las películas tenían el poder de capturar los sueños. A partir de él, muchos creadores han parido obras en las que el sueño juega un papel primordial.

En 1920, Salvador Dalí y Luis Buñuel, subvencionados por los príncipes de Polignac se lanzaron a unir al cine con el  surrealismo. La premisa fijada para las películas Un perro andaluz y La edad de oro, fue la de trabajar exclusivamente con material proveniente de los sueños. Ya en Hollywood, diez años más tarde, Dalí volvió al terreno onírico con Alfred Hitchcock en Recuerda: columnas que se licuaban, árboles que se tensan, espirales hipnóticos, relojes desinflados. El artista de los bigotes de gato siempre creyó en la imaginación que encendían sus sueños. Los tenía por fuente de los misterios, algunos de los que todavía esconden sus pinturas.

Varios de los directores clásicos del siglo XX incluyeron a los sueños en en algunas de sus mejores películas.

En un minúsculo cine-club de Buenos Aires, recuerdo haber visto en la adolescencia Cuando huye el día (traducida como Fresas Salvajes en España) de Ingmar Bergman. En una escena que me ha quedado clavada en la retina, el protagonista –un tal doctor Isak Borg- sueña con su muerte que aparece representada por un reloj sin agujas.

Todo el cine del ruso Andrei Tarkovski no es otra cosa que la búsqueda de lo que se aleja de la lógica objetiva y que nos habla del significado de la vida a través del sueño.

Sueños de Akira Kurosawa se divide en ocho segmentos, a cual más poético, que se corresponden con ocho sueños reales del propio director japonés.

La última película de Stanley Kubrick, de marcado corte psicológico, bucea en lo onírico ya desde el propio título, Ojos bien cerrados, y bajo ningún concepto facilita al espectador los criterios que le permitirían discernir entre la realidad y lo que sólo tiene lugar en la mente de la pareja protagonista.

Woody Allen, por su parte, no ha cesado de representar los estados mentales que se suscitan en la visualización de los sueños. Toda la filmografía del neoyorquino está preñada de escenas en que las que algún personaje le relata a su psicoanalista un sueño recurrente.

Ciñéndome a los últimos años y a la temática de los sueños que nos ocupa termino con los siguientes cuatro títulos: Mulholland Drive (2001) de David Lynch; La ciencia del sueño (2006) de Michel Gondry; La cueva de los sueños olvidados (2010) de Werner Herzog. Un documental en el que el director alemán penetra en la Cueva de Chauvet, situada en el sur de Francia y donde se hallan pinturas rupestres de hace más de 32.000 años, para intentar aproximarse a los sueños que inspiraron al primer artista de la historia. Por último y como si se tratase de algo sólo posible en sueños, el protagonista de Holy Motors (de Leos Carax, 2012) es un hombre con múltiples personalidades: la de asesino, mendigo, ejecutivo, monstruo y padre de familia.

Redes sociales en tiempos líquidos

¿Podrían las redes sociales ser perjudiciales? Vivimos en una época vertiginosamente acelerada. Grandes alteraciones socioeconómicas y políticas, bruscos cambios de actitudes, costumbres, creencias. La consciencia y comprensión de lo que ocurre a nuestro alrededor y dentro de nosotros, se paraliza. Todo lo que ofrecía solidez en la vida como seres humanos, se ha vuelto fugaz y vaporoso como el humo. Los pilares que nos sostenían se evaporan continuamente.

redes sociales modernidad líquida

 

En cada época surgen mentes brillantes, lúcidos observadores y agudos críticos de la realidad histórica en la que viven. El sociólogo polaco Zygmunt Bauman, fallecido la semana pasada, deja un valioso legado ayudando a dar sentido al malestar que producen las sociedades contemporáneas. Poner en palabras los espectros de las angustias que nos perturban y corroen.

Los vínculos entre seres humanos se han debilitado progresivamente desde el comienzo de la era postmoderna hasta hoy. En el año 1999, Bauman da a luz el concepto de “modernidad líquida1 , expresión que define un modelo de sociedad que implica el ocaso de la colectividad. Se impone un individualismo que corroe y desintegra conceptos como la ciudadanía o la comunidad. Es el fin de la era del “compromiso mutuo”.

Globalización, masificación, precariedad, catástrofes, excesiva información, creciente desconfianza hacia las instituciones… Nos provoca inseguridad e incertidumbre y nos empuja a un giro egocéntrico que nos enfrenta los unos contra los otros. Vivimos en una sociedad cada vez menos “social”, sin elementos a los que pertenecer, sin filiación ni ideologías, que nos fragmenta y aisla como átomos. Los “enlaces covalentes” pierden fuerza para mantenernos unidos. La soledad y el vacío son ahora el mayor veneno de nuestra especie.

La trampa de las redes sociales

La revolución tecnológica de finales del siglo pasado ha irrumpido en nuestras vidas. La virtualidad es la realidad de las nuevas generaciones. En esta época, la cohesión de nuestras relaciones, nuestros vínculos, son más débiles y son enmascarados por redes sociales. Redes amplias, pero superficiales, líquidas.

Bauman justifica el éxito de redes sociales como Facebook, Instagram o Twitter afirmando que los depredadores económicos huelen el miedo y crean falsos salvavidas a los que aferrarmos. Consumibles virtuales que son un señuelo al que nos acercamos para compensar la necesidad de comunidad e identidad, alimentando superficial e ilusoriamente nuestro anhelo de colectividad. Flotar y no hundirnos en el vacío. Como afirma en su última entrevista para el diario El País:

«Dan servicios muy placenteros, pero son una trampa.»

La identidad que otorga pertenecer a un grupo se diluye, por lo que creamos sustitutos dentro de las redes sociales. Añadimos y cancelamos amigos, controlamos las interacciones, sin riesgos para nuestra imagen, sin involucrarnos, sin necesidad de habilidades sociales.  Vínculos postizos. Eso sí, nos sentimos un poco mejor porque la soledad es un fantasma que nos hiela en nuestras habitaciones.

Los deseos «licuados»: una perspectiva psicoanalítica contemporánea

Deseos y necesidades centrales para la estabilidad psicológica, están amenazadas por la liquidez relacional y el aislamiento. El malestar difuso y la sensación de vacío de muchas personas, (algunas de las cuales acuden a terapias sin saber qué les ocurre, sin razones «objetivas» para estar mal) tiene relación con el impacto de la insatisfacción de motivaciones psicológicas básicas.

Nuestras decisiones se ven influidas por  procesos inconscientes. Procesos motivacionales que nos impulsan a atender demandas internas asociadas, por ejemplo, a nuestra propia conservación y cuidado, la búsqueda de placer y bienestar, o a reducir el displacer. Uno de estos motivos básicos e instintivos de la experiencia humana, es la búsqueda y conservación de fuertes vínculos emocionales con otras personas (el apego; tal vez lo llames «amor»). Otra motivación básica es el deseo de reconocimiento y de valoración dentro de dichos vínculos significativos, obteniendo una imagen de sí mismo como alguien digno de recibir atención, de ser querido.  Un sentido de la identidad y valía transmitido por los demás. Nuestra autoafirmación sólo es posible a través del Otro.

Estamos programados para buscar la aceptación del Otro, y evitar su rechazo. Estos sistemas motivacionales permitieron la supervivencia de nuestra especie, asegurando la cohesión grupal y su cuidado. Esto explica la búsqueda de afiliación y el sentido de pertenencia, la vivencia de «estar con», de formar parte de lo mismo.

Autores psicoanalíticos como Winnicott o Kohut, consideraron una motivación central la necesidad de crear y conservar un sentido del Self (sentido de nuestro Yo, de nuestra esencia, nuestra identidad) estable y cohesionado. El flujo de experiencias estables y emociones repetidas dentro de las relaciones del ser humano desde que nace, conservan la continuidad y la familiaridad de su mundo interno e interpersonal. Las relaciones nos permiten sentirnos seguros, y nos sostienen psicológica y emocionalmente.

Mis Selfies por tus Likes

Las redes sociales son un mal sucedáneo de lo que aportan las relaciones reales. Un mal sustituto que engancha, como una potente droga. Y no es una metáfora. El placer y bienestar que generan las interacciones positivas están directamente relacionadas con motivaciones y necesidades interpersonales, y por lo tanto, con circuitos y centros cerebrales de recompensa y evitación2. Los mismos que se activan satisfaciendo necesidades fisiológicas como la ingesta o el sexo, o consumiendo sustancias estimulantes. En esta línea, un interesante estudio realizado por la Universidad de California-L.A., evidencia a través de neuroimagen cómo los centros del placer y la recompensa de cerebros de adolescentes, se activan al ver sus propias fotografías con muchos likes e interacciones positivas3.

Existe una parte de nosotros que desde la infancia busca, en esencia, construir una imagen de sí mismo digna de ser amada, aceptada, validada, reconocida, admirada, y la vida social virtual se convierte en una extensión del campo social real. Por eso la necesidad de aparentar, de manipular la percepción de los demás a través de proyectar una imagen ideal de uno mismo y su vida. Crear una identidad, un falso Self, frágil y adulterado, pero al menos uno que saque del desamparo y la carencia. De ahí el exacerbado narcisismo y la dependencia hacia las redes sociales.

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El impacto psicológico negativo

Fotografías milimétricamente calculadas, aparentando espontaneidad, con un bonito filtro Instagram, acompañadas de una cautivadora frase. Una ilusión distorsionadamente ideal, intentando rellenar el vacío. Y no se puede dejar de alimentar fácilmente los perfiles virtuales, uno dejaría de existir en cierto modo, aunque todo consiste en aparentar y no en «ser»: por eso la angustia del vacío no desaparece, porque la liquidez nunca se rellena de algo «sólido».

Los demás son utilizados como objetos, espectadores del despliegue narcisista que ofrecen atención o admiración, pero no son reconocidos ni valorados como quienes realmente son. Consumo líquido de relaciones. Por otra parte, la estabilidad emocional se ve amenazada por las respuestas de los demás usuarios. Si no hay la interacción virtual que uno espera (número de veces compartido, de comentarios, de «me gusta», etc…), pasa a equivaler psicológicamente a un rechazo real. El número y el tipo de interacciones se convierten en una estimación proporcional de la valía y la autoestima. De forma irreal y simbólica, sí, pero cuyo impacto emocional es real.

Pasar tiempo pasando imágenes y perfiles en Facebook o Instagram, desencadena una sensación de exclusión y soledad, y también envidia 4 . Son un espejo artificial de lo que supuestamente carecemos, de lo inadecuados que somos, y esto nos hace sentir avergonzados, tristes. Espejos que muestran las actividades que no hacemos, las metas profesionales que no alcanzamos, los momentos fantásticos en los que no estamos  presentes,  los lugares que no estamos visitando,  las parejas ideales que no tenemos, las familias perfectas que carecemos; de los defectos que nos sobran y virtudes que nos faltanLa vida que no tenemos, la imagen que no somos. Un real sentimiento de frustración, de inferioridad y malestar provocado por muros virtuales de plástico.

A Social Life de Kerith Lemon

Referencias bibliográficas

1 Bauman, Z. (2000). Modernidad líquida. México, D.F.: FCE – Fondo de Cultura Económica.

2 Fareri, D. & Delgado, M. (2014). Social Rewards and Social Networks in the Human Brain. The Neuroscientist, 20(4), 387-402. http://dx.doi.org/10.1177/1073858414521869

3 Sherman, L., Payton, A., Hernandez, L., Greenfield, P., & Dapretto, M. (2016). The Power of the Like in Adolescence. Psychological Science, 27(7), 1027-1035. http://dx.doi.org/10.1177/0956797616645673

4 Appel, H., Crusius, J., & Gerlach, A. (2015). Social Comparison, Envy, and Depression on Facebook: A Study Looking at the Effects of High Comparison Standards on Depressed Individuals. Journal Of Social And Clinical Psychology, 34(4), 277-289. http://dx.doi.org/10.1521/jscp.2015.34.4.277

Masculinidad hegemónica. La regla de oro: no ser mujer

 

En esta entrada me gustaría seguir tratando algunas de las cuestiones relativas al género, en este caso sobre las nuevas masculinidades emergentes.

Como es bien sabido, el género es una construcción social y cultural y por lo tanto está permitido la creación y transformación de identidades así como de roles de género. Dado que lo femenino y lo masculino se adquiere a través de un proceso de aprendizaje, en donde los significados sociales de género se transmiten a través de la relación, éstos pueden ser modificados.

En la actualidad, podemos afirmar que la transformación de los roles de género ha sido más tangible en el caso de las mujeres con la incorporación al mundo laboral y su consiguiente masculinización para llegar a obtener la valoración de la sociedad. Cuando tratamos este tema rápidamente se nos enciende la alarma de “los problemas de la incorporación de la mujer al mundo laboral” asociado en muchas ocasiones con la bajada de la natalidad, el aumento del paro, problemas de la infancia, la educación de los hijos e incluso el “abandono” del hogar. Sin embargo, también puede venir a nuestra mente la imagen de la mujer que llega cansada del trabajo remunerado y comienza su jornada de trabajo (no valorado) de cuidado del hogar y de la familia.

Por suerte, justicia social o aumento de consciencia, a día de hoy pese a seguir tratándose el debate incansable de “los problemas de la incorporación de la mujer al mundo laboral”, pueden aparecer en nuestras mentes viñetas de parejas que conviven en la corresponsabilidad de las tareas del hogar y de la familia. Por desgracia, junto con esta imagen aparecen en muchas ocasiones comentarios que cuestionan la masculinidad de los hombres que actúan comprometidos con nuevos modelos de convivencia.

 

La masculinidad hegemónica.

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La diferenciación rígida de roles de género implica un costo no sólo para las mujeres, sino también para los hombres. La masculinidad hegemónica ha traído consigo una menor esperanza de vida en los hombres que está directamente relacionada con su baja calidad de autocuidado y a una mayor predisposición para llevar a cabo conductas de riesgo. Asimismo, las construcciones rígidas o extrapoladas sobre el género implican limitaciones en las posibilidades de desarrollo de capacidades. En el mundo masculino, por ejemplo, la educación emocional se basa en el ocultamiento, negación y relativización de los sentimientos ya que la vulnerabilidad se confunde con debilidad (propio del mundo femenino). El mundo de los afectos es demasiado pobre como para obtener un buen desarrollo de las habilidades emocionales, trayendo consigo problemas de gestión emocional como una baja tolerancia a la frustración.

El desarrollo de unas u otras habilidades está mediado por la socialización del individuo ya que la mayor parte de nuestros aprendizajes se producen en la relación con los otros. Con respecto a la socialización de los hombres, autores como De Keijzer hablan de la inexistencia de conceptos como el autocuidado o el sentido de la salud. Así, el cuidado y el autocuidado parece pertenecer por tradición, al mundo femenino a no ser que uno se encuentre en una posición de poder como pueden ser profesiones del ámbito sanitario como la medicina. Congruente con esta teoría, De Keijzer habla de un modelo de masculinidad basado en una mayor independencia, agresividad, competencia e incorporación de conductas violentas y temerarias, que llegaría a explicar la menor esperanza de vida entre los hombres.

Desde la antropología, David Gilmore explica que al hombre se le exigen cualidades agresivas dado su rol masculino de protector. Además, afirma que dado su rol puntual en la reproducción, su vida carece de gran valor para la supervivencia de la especie por lo que pese a su papel de preñador, éste también debe ser proveedor y por ello, en ocasiones se somete a situaciones de riesgo (como por ejemplo en el ámbito laboral ejerciendo trabajos que suponen una amenaza en su salud tanto física como mental) con el fin de evitar el cuestionamiento de su valía como hombre. Así declara que la tendencia a resaltar la virilidad y los comportamientos arriesgados se explica en términos de evolución adaptativa.

Gilmore también afirma que en sociedades con fuerte diferenciación entre sexos, el repudio de lo femenino y su dominación tienden a colocarse como valores fundamentales de la identidad sexual masculina. En la fuerte diferenciación, lo masculino y femenino se perciben como opuestos por lo que las personas mantienen sus fronteras actuando de forma radical, siendo el repudio de lo femenino su seguridad de mantenimiento de su identidad masculina. En estas sociedades, se concibe que la persona pierde su masculinidad o se da la feminización cuando ocurre alguno de los siguientes sucesos:

  1. prolongación del vínculo madre- hijo
  2. varón incapaz de imponer autoridad con pareja
  3. permite el engaño de un rival
  4. ocupar posición pasiva en sexualidad
  5. la falta de control de la sexualidad de las mujeres de la familia

Así, al hombre se le exige desde este modelo de masculinidad el dominio del espacio de lo público, ingresos para mantener su rol de proveedor, la creación de su propia familia y un rol activo en sexualidad. Todo ello se resume al mensaje simplista de no actuar como una mujer.

Asimismo, desde la antropología también se han estudiado sociedades en donde predomina una cultura andrógina como los tahitianos de Polinesia. En estas culturas se observa poca diferencia en el estatus, comportamientos y funciones sociales entre géneros así como una baja agresividad y competitividad en sus miembros, siendo la economía cooperativa.

Desde el psicoanálisis y retomando la teoría de Freud que ya expuse en la anterior entrada, el repudio de lo femenino estaría en la base de la constitución psíquica de hombres y mujeres, al menos en nuestra cultura. En el caso del hombre, el rechazo de lo femenino se debe a los temores a la castración, que conlleva a la necesidad de adoptar una posición activa tanto en el dominio personal como en el público. En la mujer, el repudio de lo femenino se manifiesta en la negación de la carencia fálica (ante la negación de la castración, la niña se comporta como un hombre). Así, el hombre teme la castración ya que en última instancia simboliza la feminización.

Lacan, ahondando más sobre el repudio de lo femenino, explica que en el extremo masculino, el ser hombre depende de: 1. El órgano; 2. La identificación con el ideal del yo paterno y 3. Insignias fálicas como el poder. En el extremo femenino, la mujer busca sustitutos fálicos (hombre, hijos…) y erotiza su cuerpo para despertar el deseo en el otro. Sin embargo, Lacan ya comienza a hablar de que existe un espectro en donde posiciones intermedias o invertidas dan como resultado variedades en identidades y orientaciones sexuales.

 

Nuevas masculinidades

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El patriarcado se beneficia de las actividades de cuidado realizado tradicionalmente por las mujeres a las que todavía hoy no se les otorga ninguna clase de valor. Pero lo cierto es que sin estas actividades, las sociedades no podrían avanzar. De hecho, una gran parte de la población con poder no podrían ejercer su profesión si no hubiera una figura que cumpliese con estas tareas de cuidado.

Desde el patriarcado, el hombre se dedica al dominio público y la mujer al ámbito del hogar y la familia. Con ello, las libertades de unos como de otros se ven restringidas. Así, se produce una insatisfacción por ambas partes, lo que ha llevado a un cuestionamiento del modelo por excelencia en nuestra cultura. En contraposición con la percepción que nos ofrecen las sociedades en donde existe una gran diferenciación entre géneros, en donde el hombre debe ser a-b-c, lo cierto es que la identidad, no pertenece al dominio de lo biológico sino que en un cuerpo dotado de ciertas características biológicas se construyen una serie de operaciones simbólicas. Así, en la identidad de cada uno, pese a su aparente unidad, se encuentran una multiplicidad de pulsiones, deseos y conflictos que hacen a cada individuo fragmentado.

Ahora la mujer ocupa más ámbitos de poder pero adoptando una postura masculinizada en donde se debe seguir un guión marcado de simbolismo, desde la vestimenta apropiada a un protocolo de comportamientos propios y un abandono de los espacios tradicionalmente femeninos. Así, caemos nuevamente en el mismo error propio del patriarcado, persistiendo guiones en donde las tareas tradicionalmente femeninas siguen sin ser valoradas, con la diferencia de que en este caso es ahora la mujer la que delega en un cuidador (la mayoría de las ocasiones otra mujer) para el cuidado de sus hijos.

Sin embargo, comienzan a aparecer nuevos formatos de convivencia en donde, la mayor participación de los hombres en estos espacios ha supuesto la creación de nuevos modelos de convivencia en donde existe una corresponsabilidad y no una “ayuda”, de manera que se adoptan posiciones de cuidado con compromiso. Como consecuencia de esta apertura social, las mujeres ya no son las únicas que luchan por una valoración de estos espacios, sino que ahora también se suman muchos de los hombres que ahora se empapan de éstos, bien sea por justicia, por visibilización de las demandas de la mujer a través de su inclusión en la toma de decisiones dentro del poder, por el derecho a la paternidad de las parejas homosexuales, o por deseo propio al obtener una serie de beneficios inherentes a la realización de estas tareas de cuidado como puede ser compartir más tiempo con los hijos.

El mundo social presiona a las personas, condicionando su percepción, valoración y acciones sobre la realidad, pero también genera cambios en las políticas sociales, por lo que lograr que tanto hombres como mujeres se sientan libres para ejercer sus derechos de autocuidado como de cuidado a los otros, mejorar la calidad de sus relaciones y su autorrealización implica cuestionar el patriarcado así como los modelos tradicionales de feminidad y masculinidad. Si logramos romper nuestras ataduras con la diferenciación de género, si salimos de ese condicionamiento en nuestras actuaciones, podemos quizás evolucionar como sociedad.

 

Equidad doméstica en una terapia de pareja

Hablemos de equidad.

Ser mujer y terapeuta de pareja no tendría porqué resultar una dificultad a la hora desarrollar la labor profesional, pero a veces si resulta un hándicap. Sobre todo cuando en consulta hay que abordar uno de los temas principales en los que las parejas piden asesoramiento. Estoy refiriéndome al famoso y trillado tema: reparto de las tareas domésticas.

Por muy manido y revisado que resulte el asunto, en esta ocasión me gustaría comentaros la responsabilidad que los y las terapeutas de pareja tenemos en el abordaje de este área cuando nos piden ayuda, si queremos ofrecer un contexto de intervención adecuado.

Antes de empezar, es necesario acudir al término equidad, por diferenciado y complementario al de igualdad.

Equidad, según la RAE es:

  1. f. Igualdad de ánimo. 2. f. Bondadosa templanza habitual. Propensión a dejarse guiar, o a fallar, por el sentimiento del deber o de la conciencia, más bien que por las prescripciones rigurosas de la justicia o por el texto terminante de la ley.3. f. Justicia natural, por oposición a la letra de la ley positiva.4. f. Moderación en el precio de las cosas, o en las condiciones de los contratos.15. f. Disposición del ánimo que mueve a dar a cada uno lo que merece.»

Así pues, desde la perspectiva de equidad de género, se deben tomar en cuenta las condiciones diferentes y desiguales de las que parten mujeres y hombres frente al tema a tratar y plantear opciones para que ambos puedan desarrollarse de igual forma con las mismas oportunidades.

Sería pues poco profesional, -como confieso me ocurrió en los inicios-, que el o la terapeuta reencuadrase este tipo de demandas pasando por alto el examen a fondo de los programas de feminización y masculinización que han aprendido cada uno de los miembros de la pareja en el terreno del reparto de las tareas domésticas.

 

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Examinar los factores relacionados con el género en un proceso terapéutico significa, en  palabras de la famosa psicóloga de Peggy Pag:

«prestarle especial atención al sistema personal, familiar, y socio político de cada quien. Revisando los hábitos y creencias implícitas tomadas como «verdades normalizadas» afianzadas por la tradición y mantenidas por el condicionamiento de género».  

En este sentido, no basta con sugerirle a la pareja que elabore  un cuadro semanal donde pueda escribir el reparto de tareas asignadas a cada uno, ni mucho menos aún decirle a ella (o rol feminizado, en el caso de parejas no hetero), que si quiere que su pareja «le ayude, deje que lo haga a su modo«.

Este tipo de intervenciones descontextualizadas, sólo pueden efectuar pequeñas adaptaciones o cambios de conducta a corto plazo, pero no transforman la base de las actitudes y conceptos de identidad de género asociados y que mantienen de manera importante el sistema de desigualdad entre ambos.

Programas asumidos por el condicionamiento de género

Veamos un ejemplo de un proceso de feminización y masculinización con un caso práctico de una pareja heterosexual sin hijos/as:

Vanesa (nombre no real): – «¡Siempre tengo que estar rogándole! Me pone enferma. Parece que lo hace por mí. Yo también trabajo fuera y cumplo con mis obligaciones. Tengo que estar revisando siempre sus tareas, cargándome más o volviéndolas a hacer. Y si encima no se lo pido, puedo encontrarme con que no están hechas y me tengo que enfadar. Esto no es igualdad, somos una familia con dos trabajos.»

Eduardo (nombre no real): – «Cuando trato de ayudarle, siempre está detrás mía. Ya tengo un jefe en el trabajo, no puede estar ordenándome lo que es cosa suya. Nunca te gusta como hago las cosas y te pones como una fiera histérica cada vez que toca el día de limpieza.»

Como podemos observar, más allá de lo que a simple vista podría ser un posible reajuste a la hora de pedir las cosas o un ajuste de normas, se trata de algo más: la percepción de satisfacción de la pareja está asociada a la desigualdad de poder y a la inequidad.

Según el psicólogo y especialista en parejas Aaron T. Beck, el término «dos trabajos» no sería del todo correcto, ya que se trata de tres trabajos: dos de los trabajos son remunerados e individuales (no suponen conflicto) y otro de ellos es no  remunerado y  que debe ser común (supone conflicto).

Así vemos en este caso ejemplificado de Vanesa y Eduardo, cómo la erosión de la pareja en esta área se debe en parte, al choque de los dos mapas del mundo interno que han sido fruto de la programación de género.

Es posible que leyendo esto haya muchos miembros de parejas heterosexuales que no se sientan identificados, eso está bien. Cuantas más excepciones haya mucho mejor para conseguir la igualdad. Pero recordemos que las individualidades no amenazan las estadísticas y los programas de género hablan por sí solos cuando evidencian que el reparto igualitario de tareas sólo se alcanza cuando la mujer trabaja y el hombre está desempleado. Aunque si es el caso contrario, las mujeres suelen encargarse de más de un 97% del trabajo.

Parte de esta programación está el considerar  el cuidado de los hijos como trabajo reproductivo y no como trabajo productivo, por lo tanto no se incluye en el cómputo -como ocurre con las tareas domésticas- en el total de horas trabajadas.  Sin embargo, estas actitivades no sólo son un trabajo que conlleva muchas horas y cansancio sino que además resta horas de ocio individual, debiendo ser consideradas como parte del reparto equitativo y en su defecto, un trabajo «por cuenta propia» con una factura como la que ofrece la web todo no incluido.

 

educación genero

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Mapas del mundo interno

Veamos ahora la forma en la que los protagonistas de nuestro ejemplo intentaron solucionar el problema, yendo por partes -como dijo Jack El Destripador-

Por un lado Vanesa que ha sido condicionada como mujer para sentir que no tiene derecho a pedir lo que es justo y necesario de una manera firme pero asertiva.  Al tiempo  que sus creencias inconscientes asocian el pedirlo como un acto egoísta  dificultándole la capacidad de negociar desde una posición de fortaleza y autoconfianza. Ella también está con un pie entre la educación patriarcal y el cambio, con sentimientos de culpa por «tener que pedir ayuda».

En su defecto, desarrolla métodos encubiertos e indirectos de comunicar y expresar sus necesidades; tales como ironizar, ponerse a la defensiva, hipervigilar, criticar o reprochar. Todos ellos sin resultado.

Ante esa comunicación encubierta, el hombre (o rol masculinizado)  le etiqueta de manipuladora, obsesiva de la limpieza e inestable emocional.

Por su parte Eduardo, que ha sido condicionado como hombre para sentirse sensiblemente cuestionado con «dar la talla» ante cualquier acción que se asemeje a una posible dominación por parte de la mujer, ve afectada su autonomía y  autoimagen, al interpretar el acto igualitario del reparto de tareas como expresión de subordinación o como un acto de generosidad genuino.  Al mismo tiempo su programación como solucionador de problemas se ve amenzada ante la crítica y la desvalorización de lo que él entiende como ayuda generosa por su parte.

Ante ello, la mujer (o rol femenizado) lo etiqueta como egoísta, pasivo, insensible, machista.

 ¿Qué necesitamos cambiar?

Revisión de la identidad de género:

– En el caso de ellas-o rol femeninizado-, es importante ayudarles  a buscar formas más eficaces de situarse en una posición de igualdad desde la firmeza asertiva y negociadora sin caer en la reacción esporádica pero sin resultados duraderos.

Si nosotras mismas no creemos en el derecho propio de negociar la normalización de una corresponsabilidad, si creemos que la hipervigilancia, los gritos a destiempo y la exigencia son los mejores modos de conseguir la tan ansiada equidad, entonces, es que estamos repitiendo los mismos patrones de dominación que detestamos, pero a la inversa.

El objetivo primordial es no caer en dos de las principales posiciones especialmente nocivas para las relaciones de pareja: la sumisión o la dominación y así no contribuir con estos patrones al mantenimiento y perpetuación de las desigualdades en la lucha por el poder.

– En el caso de ellos – o rol masculinizado-, es clave que desde una posición de apertura y no de actitud defensiva o evasiva, puedan hacer ellos mismos autocrítica y cuestionarse el valor de la corresponsabilidad en el trabajo doméstico como un ámbito más en el que describir y expandir su identidad.  Integrar la corresponsabilidad en la pareja no se trata de un añadir un rol complementario, sino de asumir un rol que les correponde.

Reparto equitativo: compartir es más que ayudar

– Según las recomendaciones de muchos estudiosos en el tema de la terapia de pareja desde la perspectiva de género, tal reparto de trabajo tiene que tener en cuenta cuatro aspectos básicos:

  1. la dificultad, 2. el tiempo necesario, 3. el desgaste que suponga 4. periocidad

Esta clasificación está hecha con el fin de que el número de tareas no sea la única variable a tener en cuenta, sino también el desgaste físico-emocional y el tiempo empleado.

Hacer el reparto por responsabilidades y no por tareas.

Ejemplo: si vamos a coger una responsabilidad como es la comida que conlleva muchas tareas subyacentes (planificar la comida, ir a la compra, preparar la receta y vigilar la comida) y además es diaria tendremos que equiparla con otra tarea similiar y no por ejemplo con limpiar el baño que es algo semanal y con menos tareas desglosadas.

El hacerlo de este modo y no por tareas facilita también que tengamos que depender de la pareja para elaborarla (ej: si yo me encargo de la comida pero tú de hacer la compra estoy a expensas de ti).

– La remuneración económica de cada miembro no es tener en cuenta a la hora de hacer el cómputo del reparto. ¿Por qué? muy sencillo y sin entrar a hablar en la desigualdad de género que también se da en este área y que  nos darían para otro post, es por el simple hecho de que uno de los miembros gane más que el otro no hace que éste miembro esté más cansado ni que tenga menos horas de ocio. Si hay desigualdad económica, se tendrá que llegar a pactos a ese respecto en otras áreas si se quiere, pero nada tiene que ver con la distribución de tareas domésticas y los factores a tener en cuenta.


– Por último, se recomienda también que este reparto si se quiere pueda ajustarse con periocidades de tiempo en intervalos (semanal, trimestral y semestral) en lugar de hacerlo con un día concreto de limpieza (ej: los sábados). Esto ayuda en parte a que pueda adaptarse a los ritmos de épocas laborales más estresantes en uno de los miembros de la pareja.

Beneficios de la equidad doméstica

Si bien la lucha de la mujer por el acceso digno al panorama laboral ha dado algunos frutos, así como ha aumentado la conciencia de una parentalidad positiva, aún en una investigación publicada en 2009 por Alicia Moreno y Beatriz R. de la Vega, se afirmaba que:

«La distribución de roles, la desigualdad en el reparto de las tareas, y sobre todo el poco poder en la toma de decisiones, es uno de los aspecto más influyentes en el aumento sintomatología depresiva en la mujer dentro de una pareja».

La participación conjunta en la toma de decisiones y en el reparto de  responsabilidades implica mayores niveles de equilibrio en la pareja , menor número de escalada de conflicto, aumento de refuerzos positivos hacia el otro y mayor tiempo libre individual y compartido.

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Precisamente, explica el psicólogo Carl Rogers como la desaparición progresiva de  distribución rígida de roles, es uno de los elementos que contribuyen al éxito de una pareja:

 «Seguir ciegamente las expectativas de los propios padres, de una religión o cultura, equivale a condenar al desastre a una pareja en desarrollo. En las parejas que parecen más enriquecedoras y satisfactorias, los roles juegan un papel cada vez menor, hasta que acaban por desaparecer y volverse flexibles».

Por último otro de los efectos positivos destacados, según el estudio realizado por el «Laboratorio del Amor», del doctor John Gottman, (Univ. de Washington), es el aumento del deseo sexual.

Tal y como dice Gottman:

«interpretar esta equidad como un signo reciprocidad y atención hacia la pareja promueve  una mayor afectividad y atracción entre ellos, así como estimula el ambiente de tranquilidad para el encuentro íntimo entre ambos.»

Para reflexionar

Si como terapeutas queremos actuar desde un punto de vista ético y justo,  tenemos que revisar nuestras propias «mochilas», es decir, cuestionar nuestro propio mito de la «neutralidad».

Todo psicólogo y psicóloga tiene un contexto en el que se crió y un marco sociocultural-político en el que vive. De no trabajarse debidamente podremos caer en el autoengaño y esto se reflejará en los prejuicios, actitudes y valores con los que analizaremos e intervendremos sobre el caso.

No está de más, desde una coherencia moral y ética, hacer revisión de los mismos con el fin de no ser sujetos pasivos que fomentemos de manera, consciente o inconsciente, los valores de una cultura aún hoy día discriminatoria, que no les favorece a ellos ni a ellas.

Y mucho menos, a la pareja.

 

Fuentes:

  • Marianne Walters, Betty Carter; Peggy Pap & Olaga Silverstein La Red Invisible. Pautas vinculadas al género en relaciones familiares. Paidós. 1991
  • Moreno Fernández, A., Rodríguez Vega, B., Carrasco Galán, M.J. & Sánchez Hernández, J.J. (2009). Relación de pareja y sintomatología depresiva de la mujer: implicaciones clínicas desde una perspectiva de género. Apuntes de Psicología, 27.
  • http://www.observatoriogeneroyliderazgo.cl/index.php/las-noticias/2105-compartir-las-tareas-domicas-mejora-incluso-la-vida-sexual-de-la-pareja

 

¿Respetamos la integridad física de nuestros hijos?

El derecho al propio cuerpo

El derecho al propio cuerpo ha sido un tema que ha suscitado interminables polémicas, sobre todo en dos áreas; El aborto y la eutanasia. Y más recientemente con temas como la gestación subrogada o la prostitución.

No me ocuparé aquí de estos asuntos, bien trillados desde la política, sino del derecho al propio cuerpo de los niños y los derechos que tienen los padres/tutores/cuidadores sobre el cuerpo de sus hijos/pupilos.

Todo el mundo con una mínima capacidad de razonamiento considera que la ablación del clítoris es una práctica aberrante, estructuralmente perversa y fundada en la más profunda misoginia. Una costumbre derivada del terror al deseo femenino que busca castrarlo, no simbólicamente, como tantas veces se hace en nuestras sociedades “modernas”, sino literalmente.

Se considera por tanto que la ablación es una mutilación sin ninguna justificación de tipo médico, un atentado a los derechos de las mujeres y las niñas y como tal, está penada en las legislaciones de la gran mayoría de los países del mundo y condenada por la Organización mundial de la salud (OMS) y la Organización de las naciones unidas (ONU).derecho cuerpo

Pero ¿Qué sucede en nuestras sociedades? ¿Somos tan diferentes?

¿Respetamos al 100% la integridad física de los menores y su derecho sobre su propio cuerpo?

Es evidente que ninguna práctica tan terrible como la ablación se práctica en Europa o América en este momento y no quiero banalizar la misma, simplemente extender el argumento. Si la ablación es un acto reprobable porque en ella se fuerza a una persona que no tiene posibilidad de elegir a una mutilación irreversible en su cuerpo. ¿No podemos encontrar ejemplos de esto en cualquier país occidental?

En este momento se me ocurren dos.

La circuncisión

El primero sería la circuncisión, un tema que no parece generar polémica en España pero que en los países del norte de Europa ha suscitado agrios debates de final incierto.

Existen dos tipos de motivos por los cuales se considera la realización de este procedimiento: Motivos de tipo médico/higiénico y motivos religiosos.

Los motivos de tipo médico/higiénico pueden dividirse a su vez en aquellos reactivos y preventivos.

Los reactivos son aquellos que consideran la circuncisión en el caso de existir una condición médica que la aconseje, por ejemplo, la fimosis. Estos no generan mayor polémica aparte de la posible presencia de tratamientos menos invasivos que algunos profesionales de la medicina defienden en contra de la idea de que la circuncisión completa es la única opción.

Aquellos motivos que llamaríamos preventivos han sido abanderados sobre todo por la asociación americana de Pediatría, país en el cual la circuncisión es muy frecuente por cuestiones heredadas del puritanismo (se consideraba, por ejemplo que la circuncisión dificultaba la masturbación). En la actualidad estos pediatras manifiestan que la práctica previene problemas relacionados con la falta de higiene, determinadas infecciones, el cáncer de pene y la transmisión de enfermedades como el VIH o el VPH. Sin embargo es de señalar que en Europa, donde la mayoría de varones no están circuncidados la prevalencia de estas enfermedades es menor que en EEUU. Estos datos han ocasionado que ninguna de las asociaciones médicas europeas recomiende este procedimiento de forma general, considerando que sus presuntos beneficios no son suficientes como para justificar el daño realizado al menor. Incluso algunas de ellas, como la holandesa o la sueca han ido más lejos planteándose restricciones muy amplias a esta práctica dentro del campo de la medicina.

Polémicas médicas aparte, el otro gran motivo para la realización de la circuncisión viene de muy lejos y es de tipo cultural y sobre todo religioso. En la actualidad es realizada principalmente por esta razón dentro de las comunidades religiosas musulmanas y judías.

En las comunidades religiosas que practican el judaísmo existen, como en todas las religiones, secciones más moderadas y otras más ortodoxas, para las segundas la operación siempre la realiza un rabino. Esto convierte a la circuncisión en la única intervención quirúrgica en la que se plantea con normalidad su realización por parte de una persona no cualificada.

Es de destacar que en la actualidad existe un creciente número de personas dentro de las comunidades religiosas judías que están en contra de esta práctica y consideran que no es necesaria para poder considerarse observante de la ley y por tanto, judío.

En el caso de los musulmanes no existe una base coránica firme para la práctica ni, por tanto, un ritual establecido, por lo que la operación pueden realizarla los urólogos, si es que aceptan hacerlo por un motivo no médico. Además también podemos encontrar grupos que están en contra de esta práctica considerándola como preislámica y ajena al profeta.

Sin embargo la cuestión en los dos casos sigue siendo la misma: ¿Está justificado por un motivo exclusivamente de tipo religioso infringir una mutilación irreversible a un neonato?derecho cuerpo

Los agujeros en las orejas

El otro ejemplo debería ser más claro de ver, por no existir cuestión médica alguna ni profundos sentimientos religiosos implicados, y sin embargo, la mayoría de la gente que lea este artículo no estará de acuerdo con lo que aquí se va a decir. Pero me parece importante plantearlo, para no esquivar la cuestión, culpando a los musulmanes, a los judíos ortodoxos, a los habitantes de países del tercer mundo, a los pediatras americanos o a uno que pasaba por allí.

Miremos algo que sucede en nuestro país, sin polémicas, en todos los hogares y por supuesto sin mala fe.

Los pendientes en los bebes son un tema muy peliagudo porque lo tenemos tan interiorizado como una cosa natural que en la mayoría de los casos no nos paramos a pensar en lo que estamos haciendo. Por supuesto, el daño en este caso es mucho más leve que en los anteriores pero también es cierto que se realiza exclusivamente por motivos relacionados con la estética, la tradición y los roles de género.

Un bebe nace, si es niño se le pone en la cuna tranquilamente, si es niña se le agujerean las orejas. Los padres deciden infringir al bebe un daño totalmente innecesario debido a que… ¿Es una costumbre? ¿Queda bonito? ¿Es una niña y la gente tiene que poder identificarla desde que lleva pañales?

¿Dónde queda aquí el derecho de la niña, neonata a su propio cuerpo? El derecho, en definitiva, a no sufrir un daño completamente innecesario.

¿Alguien entiende que una adolescente de 16 años tenga que pedir consentimiento a sus padres para ponerse un piercing en la oreja cuando esos mismos padres al nacer han podido ponerle dos sin su consentimiento?

En ese sentido es fácil entender que en ciertos países se esté promoviendo la prohibición de esta práctica por considerarse abusiva con un menor de edad, con el añadido, por supuesto, del sesgo sexista que supone que solo las niñas sufran esta práctica que ya las diferencia de los varones desde la cuna.

Conclusiones

Sé que este es un tema polémico y no quiero culpabilizar a los que han realizado estos procedimientos sobre sus hijos, entiendo que en la inmensa mayoría de los casos se hace desde la inercia, la tradición, las presiones del entorno y la buena fe. Sin embargo, me parece importante que este artículo sirva para reflexionar acerca del porqué tomamos una determinada decisión que implica el cuerpo de nuestros hijos.

Al fin y al cabo, a los niños hay que enseñarles desde que nacen muchas cosas, algunas de las más importantes están relacionadas con el autocuidado, la protección y los derechos sobre el propio cuerpo.

El menor debe saber que su cuerpo debe cuidarse y que nadie tiene derecho a infringirle daño alguno. Disponer del cuerpo de nuestros hijos como si fuese el nuestro lanza un mensaje muy confuso en este sentido.

Si adulto ya, decide agujerearse todo el cuerpo, operarse la nariz, circuncidarse o tatuarse de la cabeza a los pies será una decisión libre, informada y con pleno consentimiento.

Y ya de mayores que cada uno haga lo que le de la gana. Mientras tanto, piénsalo dos veces.

¿Lo estás haciendo por él/ella o por ti?

¿Por qué somos tan cotillas? Teoría del chismorreo de Robin Dunbar

La semana pasada saltó la noticia: Angelina Jolie y Brad Pitt se divorcian. Al instante cientos de medios comienzan a compartir información absurda. Que si ha sido por las drogas; que si tiene un amante… Si buscas en google «angelina jolie and brad pitt divorce» se pasa de 2.960.000 respuestas a 24.000.000 ¡en sólo 4 días!. Y así seguirá hasta que otro nuevo cotilleo llegue a nuestras vidas.

«Bueno… pero es que ellos son famosos, y los famosos nos interesan mucho» podrán decir algunos…

Observa a las personas con las que estás conectada en Facebook, ¿acaso no tienes «amigos» (del colegio por ejemplo) a los que hace años que no ves? Personas que realmente no te aportan nada pero que mantienes en tu red para (admítelo) ¿poder cotillear su perfil?

En los grupos sociales, ya sea de amigos, de compañeros de trabajo, etc, siempre suele haber, por lo menos una persona experta en el arte del espionaje en internet, que disfruta de lo lindo soltando bombazos ajenos.

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Cotilleo

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Y es que resulta que todos somos un poco cotillas, y de hecho este ha sido uno de los temas de indagación de estudiosos y antropólogos que se han dedicado a analizar los procesos de evolución humanos. ¿Nos ayudó el cotilleo a construír nuestras civilizaciones?

El evolucionismo social de Robin Dunbar

El evolucionismo social intenta estudiar los cambios que se van dando en una sociedad a medida que ésta se hace más compleja. Las civilizacione se situarían así en un contínuo. En uno de sus extremos estarían los primeros individuos que formaban sociedades muy sencillas, hasta llegar al otro polo donde encontramos las sociedades más complejas. Pero, ¿qué permite a una tribu de pocos individuos avanzar hasta las grandes comunidades de las que formamos parte en la actualidad?

 

Aquí es donde entra en juego Robin Dunbar. Dunbar es un antropólogo y biólogo británico especializado en el estudio de primates. Actualmente trabaja en la Universidad de Oxford donde imparte clases de psicología evolutiva.

 

Robin DunbarLa teoría evolucionista que plantea podría resumirse de la siguiente manera: hace millones de años nuestros antepasados convivían en grupos muy pequeños. Las relaciones que se establecían entre los miembros de la tribu eran muy directas y recíprocas, y serían parecidas a las conductas de limpieza que podemos observar en los primates. Yo te acicalo y tú me acicalas. Este tipo de relaciones fomentan la cohesión del grupo: lo hace más fuerte. En los grupos de primates más avanzados que tienen hasta 55 individuos, los chimancés dedican un 20% del día, casi 5 horas, a cultivar este tipo de relaciones sociales, sobre todo táctiles y por parejas. ¿Qué ocurre con el hombre que vive en grupos mayores?

 

Pues bien, según Robin Dunbar, cuando nuestros ancestros empezaron a abandonar la vida nómada, y formaron grupos sociales  mayores, tuvieron que buscar alternativas para mantener la cohesión del grupo. Porque claro está, manosear y despiojar a 60 personas al día consume demasiado tiempo…

Y es aquí donde entra en juego el cotilleo.

El cotilleo como base social

Una vez que los grupos comienzan a ser más numerosos, las antiguas conductas que se utilizaban para establecer alianzas (yo te acicalo y tú me acicalas) dejaron de ser eficientes por cuestión de tiempo y recursos. Tuvieron entonces que buscar alternativas  y el chismorreo emergió como una manera megaeficiente de hacerlo (yo te cuento y tú me cuentas).

El lenguaje es una solución alternativa para el ejercicio de la inteligencia social.

Dunbar introduce el concepto de inteligencia social que se relaciona directamente con el tamaño del cerebro, más concretamente del neocórtex. Cuantos más individuos conforman un grupo, es necesario tener un cerebro más grande para poder mantener una comunicación eficaz con los demás miembros del grupo.  De hecho, el neocórtex  es responsable del lenguaje y evolutivamente es la última zona que se desarrolló.

No se está diciendo que el lenguaje se creara con el fin de cotillear. Lo que está diciendo es que un aspecto del lenguaje, el chismorreo, apareció como herramienta fundamental para crear vínculos sociales. Por supuesto que el lenguaje tenía un gran uso técnico, pero cuando estas personas terminaban sus faenas y se reunían en torno al fuego, o donde fuera que se encontraran, hacían uso del chismorreo para establecer vínculos con los demás. Se abandonan las herramientas basadas en el contacto directo por técnicas simbólicas con babasadas en el lenguaje. 

 

primates

 

¿Qué ocurre en la actualidad? En una investigación que realizó el antropólogo, observó que de media, pasamos el 65% del tiempo de una conversación chismorreando (que no criticando). Una cantidad de tiempo nada desdeñable. Y la cosa se complica si tenemos en cuenta que el número de personas con las que interactuamos desde la llegada de la redes sociales se ha disparado. Tenemos la titánica misión de mantener relación con ¿200? ¿300? contactos virtuales, a los que debemos sumarles los contactos reales.

Y es que, ¿cuántas relaciones sociales podemos mantener?

El número Dunbar

Hace algunos años, en 1992 para ser exactos, estaba Robin Dunbar estudiando poblaciones de primates cuando se le ocurrió comprobar si había una relación entre el tamaño de la corteza cerebral, y el número de individuos que componen los grupos en los que vivían los primates. Efectivamente encontró una fuerte correlación entre el tamaño de la población y el tamaño del cerebro así que aplicando la formula a los humanos estableció que el número óptimo de personas con los que podemos mantener relaciones estrechas es de 150 (147,8).

Para contrastar si esto era cierto aplicó la fórmula en grupos de humanos de diversos momentos históricos, analizando los «censos» de los que tenemos conocimiento. Estableció tres categorías:

  • Grupos de 30 – 50 individuos.
  • Grupos de 100 – 200 individuos.
  • Grupos de 500 – 2.500 individuos.

Observó que los grupos que rondaban los 150 individuos funcionaban mucho mejor que los que eran más numerosos en parte porque sus miembros podían socializar los unos con los otros con menos esfuerzo. De hecho predice que a partir de esta cifra los conflictos surgidos dentro del grupo crecerán exponencialmente.

¿Qué ocurre ne la actualidad con las redes sociales como Facebook por ejemplo? En una entrevista concedida a Eduard Punset para el promgrama REDES en 2011 el autor explicó que cuando hablaba de «150 personas» hablaba de amigos directos, familiares; gente muy cercana. Los amigos de Facebbok no los considera como tal ya que:

No estamos hablando de amigos de Facebook, donde podemos tener varios miles de amigos si queremos. Sin embargo, si tenemos una gran cantidad de amigos en Facebook, a muchos, en realidad, apenas los conocemos. Si les pidiéramos un favor, probablemente no nos lo harían.

Claro está, la teoría de Dunbar ha recibido muchas críiticas. Para empezar los estudios realizados para establecer el factor exponencial (tamaño de cerebros – nº de individuos de un grupo) que le llevó al famoso 150, queda empañado por la veracidad de los censos que consultó para su estudio. También critican el escaso poder que otorga al entorno y a las herramientas de comunicación que manejamos en la actualidad. Sin embargo, la teoría del cerebro social de Dunbar se mostró como algo novedoso, como una nueva manera de explicar una conducta que nos es terriblemante familiar y condenada a partes iguales: el cotilleo.

Referencias bibliográficas: