La cara oculta de la música y el sonido

Por experiencia propia sé que la música puede resultar beneficiosa para el organismo a no ser que escuches el Fary o King África. Con poco que escarbes en bases de datos científicas, Mozart se convierte en una herramienta eficaz para el tratamiento de trastornos de memoriaAlzheimer1 o para reducir la cantidad de sedante necesaria en pacientes paliativos. (Siendo repelentes, las teclas de un piano o la cuerda frotada de un violín modifica los niveles de somatotropina, disminuye la adrenalina y la interleukina-6 en el organismo2).

Nombres raros y detalles biológicos al margen… ¿cómo es posible que la música pueda tener un impacto medible sobre las adrenalinas y demás «inas»? Solemos explicar los efectos del sonido sobre el organismo señalando con el dedo al sistema nervioso central. El oído traduce los «dos» y los «res» musicales a un lenguaje electroquímico que las neuronas son capaces de entender y, solo cuando sonido y neuronas hablan el mismo idioma, se inicia una reacción biológica en cadena que altera la percepción humana. O al menos eso creía la neurociencia hasta el momento.

Durante mis últimos pinitos en la facultad leí un artículo respondón que le dio una patada en la entrepierna a la explicación convencional que acabamos de ver. Este estudio demostraba de forma simple y elegante, que un sonido es capaz de influir en el comportamiento de un puñado de células secuestradas en una placa de cristal dentro de una incubadora.

 

 

Poniendo al estudio zapatillas de andar por casa vemos que una célula no tiene cerebro ni orejas que sepamos. Por lo tanto, es poco probable que sus oídos transformen la señal acústica en carne de neuronas o que un sistema nervioso inexistente dé lugar a un cambio en la percepción de la célula. Los resultados eran contundentes: la música de Mozart mejora la supervivencia y la multiplicación celular3-4. Es una idea revolucionaria. ¿Por qué? Porque nos hace mirar al sonido como un agente físico, es decir, como una energía capaz de afectar directamente a la vida sin ayuda de ningún sistema nervioso o neurona. Flipé en colores.

 

El comodín de la llamada: Juan Ma Morillo

Al más puro estilo de «Quieres ser millonario», ese programa donde los concursantes debían responder una serie de preguntas y podían llamar a un amigo para que le ayudara a responder a una de ellas, he contactado con Juan Ma Morillo. Juan Ma lleva muchos años trabajando en el ámbito de la terapéutica, la música y el sonido, así que me venía com anillo al dedo. Os dejo aquí su visión del asunto.

Muchas gracias por contar conmigo, David. Efectivamente, casi toda la investigación relativa a efectos beneficiosos de la música implica alguna mediación del sistema nervioso, especialmente a través del sistema límbico estrechamente relacionado con las emociones, o con la corteza prefrontal y nuestra memoria autobiográfica. Todo ello constituye la base de la musicoterapia tal cual se entiende hoy en día como disciplina que busca la mejora de la calidad de vida y de la salud empleando la música o sus elementos (sonido, ritmo, melodía, armonía).

Sin embargo, desde hace ya muchos años se sabe de la importancia del sonido, más allá del fenómeno musical, sobre los sistemas fluidos. En este sentido, los experimentos de cimática son verdaderamente esclarecedores. En este vídeo, podéis conocer más sobre ello.

https://www.youtube.com/watch?v=L5wcfbB79Mo

Y teniendo esto que más del 70% de la composición de los tejidos vivos es agua, cualquier vibración sonora puede tener una gran repercusión en la disposición molecular y en la dinámica celular. Derivada de esta premisa, se ha ido desarrollando una rama de conocimiento que es la terapia vibroacústica, que aplica sonidos de la parte grave del espectro audible (sobre todo, entre 60 y 600 Hz) para conseguir efectos terapéuticos, como la reducción del dolor, la mejora de la osteoporosis o de la función respiratoria.

 

 

Por otro lado, algo aparentemente anecdótico pero que creo que encierra gran sabiduría es la función del ronroneo de los gatos. Experimentando con mi propia voz, con el gemido, con sonidos graves y mantenidos, con lamentos, sobre todo cuando me siento con algún dolor físico, o resfriado, he podido comprobar una mejoría física notable y una recuperación mayor. Esto me hizo pensar en qué sucedía en los gatos. Y, como la vida es sabia, vi publicado en el periódico hace un par de años un artículo sobre el posible efecto terapéutico del ronroneo. Indagué, intenté conseguir alguna fuente más de lo escaso que se sabe sobre ello, y realmente parece que la frecuencia del sonido que habitualmente emplean los gatos ayuda en la cicatrización ósea y la mejoría de síntomas respiratorios. Esto parece traducirse en menor número de complicaciones tras intervenciones veterinarias en los gatos con respecto a los perros, por ejemplo.

Apenas existe base científica sobre el uso de cuencos tibetanos o de cuarzo, o del empleo del canto de armónicos sobre parámetros fisiológicos en el ser humano, pero quienes los han experimentado o practicado, describen sensaciones muy intensas y profundas que conectan con el bienestar. Aunque sabemos muy poco a nivel científico, la experiencia nos indica el gran poder del sonido más allá del componente emocional de la música.

Aplicando la ciencia la día a día

Muchos conocéis mi «obsesión» (podría perfectamente dejar de usar comillas) por acercar la ciencia a la cotidianidad de las personas. Por ello, nos preguntaremos abiertamente: «David…¿y de qué carajo me sirve a mi que el sonido afecte a las células para pagar las facturas, salir de un resfriado o dejar de pelearme con mi suegra?». Vamos al lío.

Las personas somos capaces de generar sonidos por medio de las cuerdas vocales (algo así como una amalgama de pliegues musculares que vibran). Entonces, si las personas producimos sonidos y el sonido influyen en la supervivencia, multiplicación y diferenciación celular… ¡las personas tenemos el potencial de influir no solo sobre nuestras propias células sino también sobre las supervivencia, multiplicación y diferenciación de las células de la vecina del quinto! Aunque pueda parecer una auténtica locura, física y biológicamente es factible.

El pensamiento que se convirtió en sonido

Estamos a punto de descubrir que los sonidos emitidos por nuestras cuerdas vocales están estrechamente relacionados con las cosas que pensamos y sentimos. Desgranemos un par de ideas antes de llegar al fondo del asunto.

 

 

Todas las personas, las que nos caen bien y las que nos caen mal también, tenemos en el hemisferio izquierdo del cerebro un módulo que se conoce como «el intérprete». Este módulo neuronal es el encargado de proponer pensamientos en cada situación de vida, y es el responsable de que nuestro querido cerebro piense con la misma naturalidad que el corazón bombea sangre o los pulmones aire. Vamos al ejemplo.

El intérprete de una persona que esté leyendo este artículo puede llegar a proponer el pensamiento «David está como un cencerro» o «las investigaciones de David son revolucionarias». Al usar el pensamiento «las investigaciones de David son revolucionarias», es decir, al poner la atención sobre él, el cerebro traduce la propuesta en una emoción que el resto de las células del cuerpo son capaces de entender. Se ha producido un cambio, una transformación de energía electroquímica (pensamiento) a energía química (emoción). Las emociones nos empujan a actuar en el 80% de las veces y, cada acción, trae consigo unas consecuencias o resultados.

El resultado puede tomar diversas formas. Desde compartirlo en la red (mensaje  subliminal) hasta decirle a un amigo «esta mañana he leído un artículo increíble». En este segundo caso, la energía acústica que utiliza tu garganta para transmitir el mensaje «esta mañana he leído un artículo increíble» es la misma energía del pensamiento «las investigaciones de David son revolucionarias» manifestada de diferente forma. Acabamos de aplicar el principio de conservación (la energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma) al día a día. 

El efecto del miedo y la confianza sobre las células

En resumen: cada palabra que decimos, cada sonido que sale de nuestra boca, está relacionado con las cosas que pensamos y sentimos y, al mismo tiempo, el sonido tiene el potencial de influir sobre el comportamiento de las células.

Aunque todavía nos faltan muchas piezas del puzzle por colocar, ya estamos manos a la obra. En los últimos meses he diseñado una serie de experimentos con el objetivo de estudiar el efecto de sonidos generados a partir de pensamientos de confianza o miedo sobre células vegetales y humanas. Como dijo aquel en el Un, dos, tres: «hasta aquí puedo leer» por el momento.

Si te apetece aportar ideas, participar o acceder a los resultados de mis investigaciones puedes escribirme (daviddelrosario.com@gmail.com), podemos mantener el contacto por redes o coincidir en algunos de los eventos que realizo por España y América.

REFERENCIAS

[1] Cowles, A. y otros (2003). Musical skill in dementia: a violinist presumed to have Alzheimer’s disease learns to play a new song. Neurocase. 9(6):493-503. 
[2] Conrad, C. y otros (2007). Overture for growth hormone: requiem for interleukin-6? Crit Care Med.; 35(12):2709-13.
[3] de Deyne, P. G. y otros (1995). In vitro effects of therapeutic ultrasound on the nucleus of human fibroblasts. Phys Ther. 75(7):629-34. 
[4] Jones, H. y otros (2000). Acoustic energy affects human gingival fibroblast proliferation but leaves protein production unchanged. J Clin Periodontol. 27(11):832-8.

REFERENCIAS DE JUAN MA

Boyd-Brewer C, McCaffrey R (2004). Vibroacoustic sound therapy improves pain management and more. Holist Nurs Pract.,18(3):111-8.
Cook T.F. (1973). The relief of dyspnoea in cats by purring. New Zealand Veterinary Journal, 21, 53-4.
http://www.thepowerhour.org/news4/The_Feline_Purr.htm

El planeta de los pulpos

Como sabrán los menos especistas de nuestros lectores el ser humano no es la única criatura inteligente que habita la Tierra. Por otro lado, si puede nuestra especie presumir de ser la más exitosa en cuanto a dominio (y destrucción) del medio se refiere.

Nuestras ciudades, infraestructuras, sistemas de comunicación y conocimientos no tienen parangón en el mundo animal, pese a lo cual aún no hemos conquistado la frontera final, es decir la muerte. Seguimos sometidos a su imperio y somos, como los dinosaurios, susceptibles de desaparecer.

Por eso de vez en cuando conviene observar a nuestro alrededor y echar un vistazo a aquellos animales que algún día podrían sustituirnos como especie dominante si algún desafortunado incidente llegase a terminar con nuestra hegemonía (suponiendo, naturalmente, que tal evento no terminase con toda la vida en la tierra).

Cinco diferentes candidatos se alzan con el mayor número de papeletas.

Los grandes simios

Esta es la primera respuesta obvia sobre todo para aquel que esté familiarizado con las diferentes sagas de “El Planeta de los Simios”.

mono

Gorilas, orangutanes, bonobos y especialmente los chimpancés serían sustitutos muy plausibles. Es de esperar que los chimpancés se alzasen con el triunfo puesto que sus sociedades muestran rasgos muy similares a aquellos que probablemente hicieron triunfar a los antiguos sapiens. Son colaboradores, viven en comunidades, hacen la guerra, ejercen la violencia por placer, son capaces de desarrollar estrategias y de comunicarse y construyen “culturas” diferenciadas propias de cada grupo.

Un mundo muy diferente sería el planeta de los simios bajo el gobierno de los pacíficos y lujuriosos bonobos, gobernados por matriarcas.

¿Podría en este mundo hipotético y por una vez el amor vencer a la guerra?

Los delfines

Otra de las respuestas más evidentes. Un mundo gobernado desde el mar sería un cambio de perspectiva muy interesante y tal vez necesario.

delfin

Sabemos que la inteligencia de los delfines es muy grande aunque es difícil medirla en toda su complejidad por la falta de manos con pulgares oponibles de estos cetáceos.

Su manipulación de objetos es muy limitada y siempre se ha pensado que esta es una de las características que hizo desarrollarse al cerebro humano. Por otra parte los delfines muestran conductas muy complejas, un sistema elaborado de comunicación, estrategias de alto nivel para la pesca y conductas prosociales de variada naturaleza.

Los loros y los córvidos

Las aves no pueden quedar fuera de esta ecuación. Vivimos en un mundo mamífero, por supuesto, sobre todo si consideramos la tierra firme. Las aves controlan, sin embargo los ecosistemas aéreos. Ellas son las herederas de los dinosaurios o tal vez directamente son los dinosaurios que sobrevivieron a la extinción masiva.

loro

En cualquier historia de ciencia ficción esto las situaría como candidatas fantásticas para reclamar el mundo que perdieron. Podemos imaginar ejércitos de aves resentidas revelándose contra el imperialismo mamífero al estilo de “los pájaros” de Alfred Hitchcok.

¿Quiénes serían los generales de este implacable ejército emplumado? No les quepa duda: Cuervos y loros, con sus potentes cerebros y sus estridentes voces gritarían sonoras órdenes a sus batallones y arengarían en busca del poder. Sería un mundo ruidoso, en eso no cambiaría mucho del actual.

Los pulpos

Por todos en España es conocido el pulpo Paul y su pericia futbolística. Sin embargo, los pulpos saben hacer muchas más cosas que quinielas.

pulpo

Son el invertebrado más inteligente a notable distancia del resto, de hecho son capaces de manipular objetos y resolver problemas complejos. Piensa en esto la próxima vez que tomes un pulpo a la gallega.

Recientemente se han descubierto en el Océano Pacífico asentamientos de pulpos que viven en comunidad. Algo insólito puesto que se pesaba que estos eran animales solitarios. Estas ciudades de pulpos han sido denominadas por sus descubridores como Octopolis y Octlantis (en inglés pulpo es “octopus”), o sea, pulpópolis y Pulplantis en español. Por ahora estas urbes son pequeños conjuntos de rocas y conchas ¿Quién sabe qué pueden llegar a ser bajo la hegemonía de los pulpos?

Los perros

Los perros podrían sustituirnos por un motivo muy sencillo: son el mejor amigo del hombre. Llevan siglos observándonos y viviendo con nosotros, son muy numerosos y conocen nuestros puntos débiles y nuestras fortalezas. Han aprendido a manipularnos y a querernos.

perro

Lo que es seguro es que si los perros nos sustituyesen querrían a su vez tener perros. Por lo que un futuro gobernado por perros sería algo así como un mundo Disney en el que Goofy saca a Pluto a pasear.

El nacimiento de youHealth

Si escarbamos en los informes de la Organización Mundial de la Salud con el fin de dar con el origen de las enfermedades que más muertes causan en occidente, nos damos cuenta de que desconocemos la gran mayoría. No sabemos los motivos reales que hacen que el corazón deje de funcionar correctamente, por qué unas personas sufren ICTUS y otras no, lo mismo ocurre con enfermedades de las vías respiratorias como el EPOC, la diabetes, el cáncer o la hipertensión. Este fue el punto de partida de la investigación.

 

Virus

En primer lugar, se me ocurrió analizar el impacto de los virus en este top ten. Encontré casos de infecciones respiratorias y diarreas donde miles de personas habían estado expuestas a la misma cepa de un virus. Los informes señalaban que personas de edad avanzada, al contar con un sistema de defensas más precario, estaban más expuestos a los virus, pero nadie encontraba una explicación lógica y convincente de por qué personas de mediana edad sin antecedentes médicos relevantes expulsaban a estos peculiares visitantes y otras no. Nadie atendía a este grupo de personas a pesar de que las infecciones representan el 33% de las muertes en occidente.

Genes

Impulsado por la falta de respuestas, analicé otros aspectos tradicionalmente importantes como son los hábitos y descubrí que había personas que hacían ejercicio todas las semanas, presentaban un consumo moderado de alcohol, llevaban una dieta equilibrada, y aún así iban a la consulta del médico y morían de cardiopatías. Empecé a descubrir por mi mismo que los hábitos influyen en la salud, pero no la determinan.

El siguiente paso lógico era ponerse delante de los genes, lo que resultó apasionante y rompió todos mis esquemas. Según Science (una de las revistas científicas más influyentes) sólo podemos asegurar que el 5% de las enfermedades cardiovasculares y el 10-30% de los principales tipos de cáncer tienen causa genética. Con cada artículo que leía y en cada aspecto que profundizaba, me daba cuenta de que los genes no eran algo rígido como me habían enseñado en la universidad sino algo moldeable. Además, esto tenía mucho sentido. Al fin y al cabo, si los genes fueran algo rígido no existiría la evolución. Gracias a ellos nos adaptamos al mundo.

El principal mecanismo que hace plástica a la genética es la epigenética. Si los genes son las letras del libro del genoma humano, los signos de puntuación representan la epigenética y cambian la forma en la que se expresa un gen. Esto es muy importante porque un acento o una interrogación puede cambiar por completo el contexto. Todos sabemos que una mama no es lo mismo que una mamá.

Desde un punto de vista práctico, la epigenética representa al conjunto de decisiones que tomamos en las situaciones de vida, es decir, la forma en la vivimos las cosas que ocurren en ella y no tanto la situación en sí misma. Los últimos estudios científicos ponen de manifiesto que el 50% de la felicidad depende de la genética y el otro 50% de cómo nosotros vivamos las situaciones de vida. La agresividad es en un 66% epigenética y la capacidad de aprendizaje depende en un 90% de las decisiones que tomamos a lo largo de la vida.

Aunque hay situaciones en las que la genética gana completamente la partida al ambiente como es el caso de la fibrosis quística o el síndrome de Down, con cada nuevo estudio, el modo en el que vivimos las cosas que ocurren en nuestra vida gana terreno a la genética. Esto no estaba en el guion de ningún genetista, ni del propio Bill Clinton cuando anunció el proyecto Genoma Humano en el 2002 y señaló “una revolución en el diagnóstico, prevención y tratamiento de la mayoría, si no es que de todas, las enfermedades humanas”. Tenía mucha razón. Lo que nadie podía imaginar es que el elemento revolucionario sería la epigenética.

Emociones o mindfulness

Continué la investigación tomándome el tiempo necesario. No quería dejar ningún aspecto en el tintero. Revisé nuevas tendencias y estudios que hablaban de mindfulness o del impacto de las emociones en la salud, y me quedé fascinado con la cantidad de experimentos bien planteados que había al respecto. Aún pesar de todo, de nuevo, encontré personas felices o que practicaban diferentes tipos de meditación que habían fallecido de cáncer o ICTUS, lo que me llevaba de nuevo a la misma conclusión: influye pero no determina.

Después de todo el camino, el cual me mantuvo entretenido a tiempo completo durante dos años, llegué a la conclusión de que con todos los experimentos que había realizado y revisado, solo podía decir que los genes, los hábitos, la meditación o las emociones influyen pero no determinan nuestra salud. Aquí surgió al gran pregunta: ¿por qué enfermamos? Cada uno de los aspectos que había revisado intervienen en mayor o menor medida en la enfermedad, pero ninguno resulto ser un elemento decisivo. Por aquel entonces, todavía ignoraba por completo que estaba a punto de dar un giro a este panorama desalentador.

 

El caso Roseto

Todos los hallazgos que fui encontrando a lo largo de mi investigación se resumen muy bien en el caso Roseto. Roseto continúa siendo una pequeña colonia de emigrantes italianos que se asentó en el estado de Pensilvania en Estados Unidos a finales del siglo pasado, y quedó perfectamente documentado por la ciencia. A pesar de que un equipo completo de médicos y estudiantes de la Facultad de Medicina de la Oklahoma University dirigido por el doctor Steward Wolf estudiaron el caso a fondo (desde 1955 a 1964), no pudieron encontrar argumentos en hábitos, genes, prácticas orientales o emociones, que justificaran porqué la tasa de infartos de corazón de Roseto era un 675% menor que en otras poblaciones que tan solo se encontraban a 3 minutos en coche y presentaban la misma media de mortalidad del país. Comían las mismas grasas, hacían el mismo ejercicio, se peleaban con la misma frecuencia, sentían rabia, fumaban, bebían, respiraban el mismo aire y tenían los mismos trabajos que el resto de la sociedad americana.

 

En 1965 la pequeña sociedad de Roseto se americanizó y la salud de sus habitantes dio un giro inesperado: la tasa de infartos de miocardio se duplicó y fue aumentando en años posteriores hasta alcanzar la media del país. La dieta no cambió sustancialmente, tampoco dejaron de hacer hacer ejercicio ni el consumo de alcohol no se disparó.  Los habitantes de aquellas personas parecían haber cambiado de la noche a la mañana, volviendo a sus organismos más vulnerables.

Roseto no ha sido un caso aislado. Este tipo de experiencias que han podido ser estudiadas por la ciencia moderna han generado desconcierto en muchos profesionales del mundo de la salud, y ofrece una nueva visión para la medicina.

 

El médico interno

Llegó un punto de la investigación en el que resultaba demasiado evidente. Todas las personas tenemos dentro un médico interno con 3.600 millones de años de experiencia que ha resultado victorioso en épicas batallas frente a titánicas epidemias, un médico que ha curado heridas profundas y ayudado al organismo en situaciones extremas. El médico interno mantiene por su propia iniciativa la temperatura corporal a 37º, controla la reproducción celular (para que no haya un crecimiento descontrolado y evitar que nos diagnostiquen un cáncer) y conserva las cantidades de hierro, calcio, glucosa o minerales adecuadas para la vida. ¿Por qué este médico con tanta experiencia un día se le olvida regular nuestra tensión y cuando vamos al médico nos dice que tenemos la tensión por las nubes (hipertensión)?

 

 

Fue entonces cuando me di cuenta de que la enfermedad era mucho más probable cuando este médico interno con millones de años de experiencia se desconecta por algún motivo, y comencé a investigar cuales eran los motivos que hacen que nuestro médico interno se tome unas vacaciones.

 

Desconexión del médico interno: la biología de la supervivencia

Nuestro organismo tiene dos modos de funcionamiento. El primero se da cuando damos un plácido paseo por la orilla del mar, con la cálida brisa del aire en el rostro. En ese contexto, nuestro médico interno se encarga de regenerar nuestra piel, del crecimiento, de nuestro sistema de defensa, y del resto de procesos necesarios para mantenernos sanos, mientras el el corazón trabaja con calma. El organismo se rige por una biología del bienestar.

Sin embargo, cuando vivimos una situación de peligro, nuestra biología cambia por completo y el organismo activa una biología de supervivencia que tiene como principal objetivo alcanzar el éxito en esa situación estrenaste que estamos viviendo. Entre otras cosas, estos mecanismos de supervivencia dejan en un segundo plano a nuestro experimentado médico interno y hace que la probabilidad de enfermar aumente exponencialmente. De algún modo, los organismos de los habitantes de Roseto habían pasado de una biología del bienestar a una biología de la supervivencia, lo que disparó el número de defunciones.

 

De teoría a experiencia

 

El origen de la enfermedad era muy probable que estuviera íntimamente relacionado con la desconexión del médico interno, así que emprendí una aventura que me llevó a sumergirme en gran cantidad de artículos científicos con el fin de recopilar todas las características y herramientas de las que un organismo dispone de manera natural para mejorar la conexión con su médico interno. Empecé a descubrir que poner en práctica estas estrategias pasaba, en mi caso personal, por transformar mi vida. No era suficiente con cambiar aspectos como el ejercicio o la respiración. Cambiar es algo que tiene que ver con los hábitos, con la mente y con la fuerza de voluntad y yo había descubierto que los hábitos influyen pero no son determinantes. Con todo, me di cuenta que era necesario una revolución, una transformación más profunda que tenía lugar lejos de la mente, en el corazón.

Una vez fui aislando las claves del organismo y las principales herramientas, el siguiente paso era compartirlo con el mundo. Leído en un libro, esta investigación tenía el aspecto de una teoría más, capaz de organizar cursos y llenar el intelecto de sus participantes con explicaciones detalladas acerca del organismo o el cerebro. Mirando esto de cerca, me di cuenta de que yo no quería eso. Lo que quería era que las personas pudieran practicarla y vivirla, por lo que me propuse convertir esta investigación en una experiencia y comencé a traducir al lenguaje de las personas de a pie, convirtiendo conceptos complejos en simples pensamientos y emociones.

 

El nacimiento de youHealth

Todo este camino he ido acompañado de personas muy importantes. Una de ellas es Luis Callegari, un profesional de la salud que ha pasado más de 30 años en un consultorio de Madrid, y otra es Michele Lettersten, quien con sus preguntas curiosas ha terminado inspirando esta investigación.

Hace unos años, hablando tranquilamente con Luis a la orilla de un lago en la preselva amazónica peruana, caí en la cuenta de que todas las personas llevamos en el bolsillo un procesador tremendamente potente y programable: el teléfono móvil. Nuestras conversaciones siempre han sido atrevidas, incluso están acostumbradas a rozar la locura, así que me pareció lo más natural del mundo preguntarle: ¿Y si convertimos el teléfono móvil en un entrenador personal que utilice como escenario el día a día de las personas para mejorar su salud? Así nació youHealth.

Diseñé un   para que el organismo pudiera integrar estas herramientas en su ambiente cotidiano que es donde deben de funcionar y dar el cayo. El proceso se basa en aprender primero cómo funcionan estas herramientas, para ponerlas en práctica manteniendo un ambiente que incita a la confianza, la honestidad y la creatividad (CHC).

Una idea rondaba una y otra vez en mi cabeza. La vida de cada persona es diferente, su organismo es único, y estaba convencido de que mis experiencias personales transformadas en consejos generalistas no hacían justicia a la realidad. Entonces diseñé un algoritmo matemático que tuviera en cuenta tanto información subjetiva, las cosas que sentimos y pensamos en el día a día, como objetivas, mediciones por medio de un reloj inteligente de aspectos fisiológicos (ritmo cardiaco, respiratorio, emocional…). El objetivo era poder ofrecer a cada persona una estrategia personalizada que le permitirá convertirse en un elemento activo de su salud. Al hacerlo, la persona llega a la consulta y se remanga junto con el médico para ponerse manos a la obra con su salud, en lugar de pedirle al doctor que le cure.

 

 

A principios de mayo del 2017 youHealth fue presentado al mundo. En esta primera versión hemos desarrollado un entrenamiento que permite a las personas aprender e integrar herramientas y características naturales del organismo para mejorar la conexión con su médico interno, y hemos integrado en la aplicación una serie de mediciones subjetivas que nos permiten hacer propuestas personalizadas a cada individuo.

 

Vivir con la premisa CHC

El proyecto de youHealth ha ilusionado a mucha gente, lo que ha hecho posible concluir la primera parte del proyecto, pero aún queda mucho por hacer. Hemos desarrollado la aplicación solo para dispositivos Apple y hemos obviado las significativas medidas subjetivas, y no por gusto, sino por una cuestión meramente económica.

Paralelamente, toda la estructura institucional de youHealth se ha llevado a cabo con los mismos valores que promueven la aplicación: confianza, honestidad y creatividad (CHC). Es por eso, que la estrategia de difusión y comercialización sigue unas reglas poco usuales. Por ejemplo, youHealth es de descarga gratuita. Entras en AppStore, buscas la aplicación, la instalas en tu teléfono móvil o tablet y realizas el proceso sin coste, sin publicidad y sin interrupciones de ningún tipo. Al llegar al día 30, una vez que has terminado, tienes la posibilidad de colaborar con nuestra investigación. Para aquellos que se animan a hacerlo, hemos reservado el algoritmo personalizado que hemos llamado Autorreceta y preparado alguna sorpresa más.

 

 

Obviamente, esta forma de ver el mundo da un poco de vértigo porque estás dando, dando y dando todo, y solo si a la gente le toca el corazón, entonces recibes. Si no, no recibes nada. La premisa de CHC ha cautivado a todas las personas que forman parte del proyecto incluyendo a inversores (el tiempo dirá si también a las personas). Desde un punto de vista empresarial, muchas personas pueden pensar que la estrategia de youHealth está destinada al fracaso, porque invertimos todo lo que tenemos en investigar y desarrollar, y otros aspectos como el marketing quedan en un segundo plano. Bajo mi humilde punto de vista, hacer una campaña de marketing de miles y miles de euros cuando quedan tantas cosas por hacer e investigar en el mundo es opuesto a la confianza y, a veces, a la honestidad.

Aunque suene repetitivo, me gustaría hacer hincapié en que no prometemos nada, no cobramos por darte nada, simplemente ofrecemos una experiencia gratuita y, si resuenas, entonces colaboras para que podamos continuar investigando acerca de esta nueva visión de ver la salud. Ahora bien, si no puedes colaborar económicamente, no te preocupes. Por el simple hecho de utilizar youHealth ya estás colaborando. Los datos que recoge la aplicación son usados de forma anónima para realizar experimentos científicos que nos permiten conocer mejor al ser humano. Conseguir trasladar el laboratorio a la vida diaria de las personas ha sido todo un reto, además de un sueño personal cumplido.

Sea cual sea el futuro de youHealth nunca será un fracaso, sino una muestra de que la confianza, la honestidad y la creatividad pueden llegar a todos los rincones del planeta.

 

Neuroamor

Estaba pasando unos días en casa de mis padres y la televisión estaba, como de costumbre, encendida. Dentro de la caja tonta un grupo de personas se gritaban (algo insólito e inexplicable en televisión) así que miré a mi alrededor y, como no había nadie, tomé el mando a distancia decidido a poner fin a aquel disparate. Entonces ocurrió algo que hizo que mis pelos no sólo se pusieran de punta sino que salieran disparados de mis capilares, fueran a dar una vuelta por el cuerpo para iniciar un escalofrío, y luego regresaran tan panchos a formar filas. Un experimento espeluznante que trataba de congelar el momento exacto en el que dos personas se enamoran estaba siendo emitido en directo por televisión bajo un nombre en clave: Mujeres y hombres y viceversa. Aquello olía a gesta.

Así fue como decidí que este artículo hablaría de ciencia y amor romántico, al mismo tiempo que trataría de responder las cuatro preguntas que haría mi sobrino. A veces no hay más remedio que entrar en terreno pantanoso, cruzar el campo de batalla, estar al límite del fuera de juego o tener sexo en casa de los suegros, y para ello necesitas toneladas valor (no del chocolate mentes navideñas).

 

La química de “Mujeres y hombres y viceversa”

 

 

Aunque juraría que mi profesora de literatura del instituto escribiría “Mujeres, hombres y viceversa” (tema que dejaremos de la lado), este programa telecinquino ofrecía un tinglado del mismo calibre que el que encontraos en los experimentos científicos. Los participantes en el “estudio” (2 hombres y 2 mujeres de entre 19 y 30 años de edad) reciben pretendientes que acuden en busca del amor. El plató se convierte así en un laboratorio donde los encuentros se producen de lunes a viernes durante 75 minutos y el resto del tiempo continúan con sus vidas sin poder tener contacto alguno fuera del laboratorio. Cualquiera que no siga a rajatabla estas condiciones sería expulsado del experimento (y del programa). Continuando con la analogía, aquellas personas que ven pasar de largo las flechas de Cupido y no encuentran el amor romántico se convertirían en los sujetos de control.

Buscando precedentes en a literatura científica me encontré con dos investigadores de la universidad de Pisa en Roma que llevaron a cabo su “Mujeres, hombres y viceversa” particular, estudiando durante 6 meses a 48 parejas que han encontrado el amor. Un organismo enamorado cambia su bioquímica con la ayuda de cuatro hormonas (palomas mensajeras) que inducen cambios a nivel fisiológico: serotonina, dopamina, cortisol y testosterona.

 

 

La serotonina, hormona de la felicidad, esta relacionada con la calma y el bienestar lo que hace que el amor se equipare a veces con una “droga”. Al mismo tiempo la dopamina controla el centro del placer y regula nuestro comportamiento, la motivación y, por tanto, el deseo de repetir una conducta (es prima hermana de la serotonina). Por otro lado el cortisol se encarga de regular el estrés, mientras que la testosterona administra la energía física y mental, la generosidad, o promueve la protección de los futuros hijos y la sexualidad. Sumando los efectos de cada hormona se construiría la sensación de enamoramiento.

   

El cerebro enamorado

 

 

Puede que os hayáis dado cuenta de las estupideces que hacemos los seres humanos o de lo complicado que resulta hacer “entrar en razón” a alguien cuando está enamorado. Pues bien, este comportamiento tiene una base neurología. El titular sería: “Un cerebro enamorado desconecta la corteza prefrontal”. Éste área (que cubrirías con la palma de la mano si la pusieras sobre la frente) se asocia normalmente al razonamiento y permite que nos anticipemos a las cosas. Una corteza prefrontal enamorada se vuelve un ni-ni, un adolescente perdido que no teme a las consecuencias y presenta un Trastorno Obsesivo Compulsivo hacia su amado. Así que madres, padres, amigos o amigas de todo el mundo, no traten de hacer entrar en razón a ninguna corteza prefrontal enamorada porque están perdiendo el tiempo; su cerebro ha desconectado el razonamiento. Es mucho más fácil morderse el codo que razonar con un cerebro enamorado.

 

4 preguntas difíciles acerca del amor romántico

Después de que probablemente hayan intentado morderse el codo, me gustaría subrayar que hasta ahora nos hemos encargado de las cuestiones “fáciles” (aquellas que la ciencia formula y podemos medir en un experimento con un reactivo o haciendo uso de un dispositivo de neuroimagen). Ahora es el turno de las preguntas difíciles: las que haría mi sobrino de once años acerca del amor romántico. 

Para estar realmente preparados para responder a las preguntas difíciles, tan sólo nos falta saber que el amor romántico presenta 3 etapas diferenciadas donde en cada una de ellas tanto las hormonas implicadas como la actividad cerebral son diferentes. La fórmula del amor romántico sería algo así: 

AMOR  = ENAMORAMIENTO + AMOR PASIONAL + CONSOLIDACIÓN/DISOLUCIÓN

 

 

4. ¿Cuánto dura el enamoramiento?

La función principal del enamoramiento es procrear y aprender. Esta primera etapa del amor romántico sería la que experimentaríamos en nuestro paso por Mujeres, hombres y viceversa (ni imaginármelo quiero) donde una serie de cambios bioquímicos capitaneados por la serotonina, dopamina, el cortisol y la testosterona, y neurológicos (desconexión de la corteza prefrontal) nos llevan a la pasión, al desenfreno, a la búsqueda de intimidad y al compromiso. Estudios longitudinales (que durante años dan seguimiento de los participantes) avisan que los cambios bioquímicos del enamoramiento desaparecen sin dejar rastro transcurridos entre uno y dos años.

 

3. ¿Qué ocurre cuando se acaba el enamoramiento?

Una vez superada la etapa de enamoramiento la configuración neuroquímica de organismo cambia significativamente. Las estrellas de la película pasan a ser la oxitocina y la vasopresina quienes reducen el estrés y aportan la confianza necesaria para consolidar la relación. Nos encontramos en la etapa de amor pasional donde el objetivo es la estabilidad, el equilibrio y la seguridad. Desde un punto de vista neurológico vamos recuperando paulatinamente la conexión con nuestra querida corteza prefrontal y, con ella, el razonamiento.

Que quede claro que “desenamorarse“ no implica pérdida alguna de pasión sexual o romántica. La relación se asienta y el aprendizaje se dispara; se cruzan los límites de la intimidad y se afianza el compromiso (esto se ve genial en el modelo de Sternberg, que pena que las imágenes tengan copyright). Aquí es cuando decimos “tengo una relación”. El periodo medio de amor pasional puede extenderse hasta los cuatro años.

 

2. ¿Tiene el amor pasional fecha de caducidad?

Recapitulemos. Nos enamoramos (durante uno o dos años), consolidamos una relación basada en la pasión y el compromiso (hasta cuatro años), y luego la mayor parte de las personas tenemos la sensación de que la relación se “enfría”. ¿Y esto por qué? Principalmente porque tras cuatro años de relación desaparece cualquier rastro químico o neuronal de amor romántico.

Estudiando las tasas de divorcios varios investigadores han reparado que el 50% de las parejas se rompen poco después de celebrar su cuarto aniversario. Con estos números bajo el brazo el amor romántico parece tener fecha de caducidad.  Los científicos encontrado una excusa biológica, y es que son cuatro años los que necesitamos para que nuestros bebés sean autosuficientes.

La ausencia de algún tipo de química del amor se traduce en una disminución de la pasión e intimidad y la relación pende del hilo del compromiso. La pareja entra en un periodo crítico. En esta tercera etapa la relación puede convertirse en amistad (lo que conoce como «amor vacío») o que ambos sigan “enamorados” como el primer día (algo que bioquímica y neuronalmente no es posible. Entendámoslo como una forma de hablar). Según el investigador norteamericano Art Aron el 70% de las relaciones de se convierten en amistad mientras que el 12,5% de las parejas siguen enamoradas como el primer día.

 

1. ¿Cómo seguir enamorado como el primer día de tu pareja tras haber celebrado las bodas de plata?

 

 

Responder a esta pregunta supondría tener en nuestras manos el Santo Grial de las relaciones o el amor verdadero de las películas de Disney. Cuando los científicos hemos estudiado a las parejas que tras celebrar sus bodas de plata, oro o platino estan tan enamorados como el primer día, nos hemos encontrado a personas que destacan por su generosidad, hombres y mujeres muy sociables que tienden a ver la cara buena de las cosas y disfrutan compartiendo con los demás.

 

Neuroamor

Los seres humanos somos uno de los pocos seres vivos que ponemos patas arriba la casa buscando unas gafas que llevamos puestas, pagamos 6 meses de gimnasio de golpe o nos felicitamos el año hasta el mes de febrero. En este camino del neuroamor me he hecho muchas preguntas y encontrado respuestas. ¿Es posible tener una relación a distancia? ¿Afecta de igual manera una relación a 10.000 km al cerebro y a las hormonas? ¿Es el amor algo realmente universal? ¿Por qué los hombres se enamoran con más facilidad que las mujeres? o ¿Cómo es es que ver películas de amor con tu pareja reduce la tasa de divorcio?

 

 

Compartiré en breve estas y otras tonterías que se me pasan por la cabeza. Aprovechando las fechas me gustaría desearles a todos aquellos que aumentan sus dioptrias leyendo mis artículos (sólo a ellos): ¡Feliz año nuevo!

 

Bibliografía

Zak, P.J., et al., Testosterone Administration Decreases Generosity in the Ultimatum Game. PLOS ONE, 2009. 4(12): p. e8330.

de Boer, A., E.M. van Buel, and G.J. ter Horst, Love is more tha hust a kiss: a neurobiological perspective on love and affection. Neuroscience, 2012. 201: p. 114–124.

Yela, C., Temporal course of the basic components of love throughout relarionships. Psychology in Spain, 1998. 2(1 ): p. 76-86.

Kalmijn, M., Explaining cross-national differences in marriage, cohabitation, and divorce in Europe, 1990–2000. Population Studies, 2007. 61(3): p. 243-263.

Fisher, H., Lust, attraction, and attachment in mammalian reproduction. Hum Nat 1998. 9: p. 23–52.

Rial, A., Repensar el cerebro. Sin fronteras. Cátedra de divulgación científica. 2016, Velencia: Universidad de Valencia.

Caos: de la confusión a la creatividad

Caos es una palabra que solemos asociar a un estado confuso, agotador, desagradable. Muy comúnmente suscitando reacciones de miedo, inseguridad, bloqueo y hasta pánico.

Si nos remitimos a la RAE, Caos sería definido como:

  1. m. Estado amorfo e indefinido que se supone anterior a la ordenación del cosmos.
  2. m. Confusión, desorden.
  3. m. Fís. y Mat. Comportamiento aparentemente errático e impredecible de algunos sistemas dinámicos deterministas con gran sensibilidad a las condiciones iniciales.

Lo sorprendente del término, es como ha evolucionado en el inconsciente colectivo su significado, ya que de de las tres definiciones se han enfatizado (¿a propósito?) la segunda y tercera definición, obviando la importancia de la primera.

Ahora bien, prestemos atención a su etimología. Caos procede del latín “chaos” y a su vez del griego “χαος” (chaos) que significa abertura.

Más concretamente: espacio que se abre’, o ‘hendidura’, y procede del verbo χάω, que en formas derivadas significa ‘bostezar’, ‘abrirse una herida’ o ‘abrirse de una caverna’.  Incluso indagando en la mitología podemos apreciar como una importante tradición filológica considera que Caos es la hendidura o resquicio situado entre el cielo y la tierra, algo que se abre entre dos opuestos.

A pesar de la antigüedad del término Caos  y su exponente en la literatura mitológica más antigua, su ‘aparente opuesto’ Cosmos, ha sido siempre el hijo predilecto para la Ciencia, -algo así como en la parábola de Caín y Abel-, siendo sólo relativamente recientes las investigaciones realizadas en el campo de la Teoría del Caos, que le han otorgado el lugar que le correspondía al hermano mayor de Cosmos.

caín y abel

caín y abel

Un poco de historia

El interésde la Ciencia por el Caos comenzó con investigaciones realizadas en el campo de la física, la química, la meteorología, la matemática y la biología, pero cada vez más, demuestra su utilidad en el campo de la sociología, la economía, la educación y la psicología.

Los estudios del Caos, la complejidad y los nuevos acercamientos a la totalidad pueden asociarse a nombres como Popper (1996), Lorenz (2000), Capra (1996), Allen (1996), Marmgren (1998), Briggs y Peat (1994), Poincaré (1963), Bohm (1980), Gleick (1988), Mandelbrot (1982), Ruelle (1991) y, por supuesto,  Prigogine (1994, 1997, etc). En el campo de la psicología y la psicoterapia tenemos Meara (1999) y a Manuel Almendro ( 2002),  entre otras personalidades.

Su inquietud comenzó a cuestionar la imperante visión determinista y reduccionista de la realidad, que percibe a ésta como una serie de sistemas aislados unos de otros (cerrados), en los cuales las influencias se llevan a cabo de forma lineal,siendo todo efecto de una causa que puede ser predecida con exactitud y por lo tanto controlada y manipulada.

Como podemos observar, la ciencia  ha reconocido el Caos desde siempre, pero con la esperanza de que el caos fuese la excepción a la regla del orden y que con el tiempo, ampliando nuestros conocimientos y nuestros métodos algún día todo sería predecible y causalmente conocido.

Ahora sabemos, gracias a los estudios sobre la complejidad y la totalidad, que el Caos es más la regla que la excepción. 

Teoría del Caos: algunas pinceladas

La Teoría del Caos trataría de explicar  las variaciones y fluctuaciones que se producen en un sistema vivo, abierto y dinámico, muy sensibles a las variaciones en las condiciones iniciales.

Pequeñas variaciones en dichas condiciones iniciales pueden implicar grandes diferencias en el comportamiento futuro, imposibilitando la predicción a largo plazo.

Tal y como lo explica el doctor en psicología y autor del libro Psicología del Caos, Manuel Almendro:

«Que todo apunte en una dirección no implica necesariamente que deba ser así. Multitud de variables que no pueden ser controladas tienen un claro efecto particular y único en cada circunstancia que ocurre en nuestra vida. El Caos es pues indeterminación, ni lo sabemos ni lo podemos llegar a saber.»

El siguiente vídeo tratará de explicároslo de manera más sencilla y divertida en 7 minutos.

Así pues, a partir de unos antecedentes X  que nos ocurre en nuestras vidas, podemos tratar de explicar lo sucedido (la cadena de eventos hacia atrás) pero no predecirlo con total seguridad, ya que existe una dependencia total de las condiciones iniciales y a pesar de eso, nos es imposible predecir qué sucederá, pues lo mental, lo psicológico, está sujeto a la incertidumbre, es decir a la impredictibilidad.

Es importante aclarar que caos no significa azar en absoluto. El azar es un concepto abstracto matemático, y no existe como tal en la naturaleza. Sin embargo el caos como fluctuaciones cíclicas que van del orden al desorden se encuentra en la naturaleza misma, y a diferencia del azar – que es ciego y carente de intencionalidad- dentro del propio caos existe un verdadero orden intencional, aunque este no es lineal y por lo tanto, no predecible a priori.

¿Significa esto que estamos irremediablemente sujetos a la incoherencia desordenada de nuestras vidas?

No. Significa más bien saber que muchas de las situaciones que percibimos como ordenadas y lineales es debido a nuestra propia percepción como observadores (no existe observación  independiente del observador) que le «impregna» dicho orden para darle un sentido y satisfacer la necesidad intrínsica que tiene la mente humana de querer completar lo incompleto, explicar lo que inexplicable, ordenar lo desordenado y llenar lo vacío.

Sistemas altamente sensibles

La vida, ya no parece ser una excepción a las leyes de la naturaleza. El ser humando forma parte de la naturaleza misma, y como tal, tiene en cuenta sus Leyes. Más que ser «un estado» y «lineal» (un ser ya hecho y con pasado-presente-futuro programado) el ser humano es un «ser en proceso» y por lo tanto, emergente.

Esta capacidad de ser fuente continua de transformación donde brotan nuevas direcciones (bifurcaciones o salidas emergentes) que conllevan a un nuevo progreso o evolución, a una nueva diferenciación de las estructuras iniciales, es lo que hace maravilloso el indeterminismo del caos.

El caso de Khalil Rafati que salió hace poco a la luz en los medios de comunicación, es un claro ejemplo de cómo funciona esta autoorganización en nuestras vidas de un modo no predecible.

 

el indigente drogadicto-que-se-hizo-rico

el indigente drogadicto-que-se-hizo-rico

En su exposición del Efecto Mariposa, como concepto propio de la Teoría del Caos, Lorenz nos dice:

“Una consecuencia inmediata de la dependencia sensible en cualquier sistema es la imposibilidad de realizar predicciones perfectas, o ni siquiera mediocres, suficientemente alejadas en el futuro”

Nos  es imposible saber hasta qué punto las condiciones actuales fueron fuertemente influenciadas por algo que nos pareció insignificante, o que incluso no fue captado de manera consciente, dado que lo que rodea al ser vivo va desde lo más perceptible hasta lo más sutil, y es justamente esto último lo que suele ser pasado por algo y lo que provoca el verdadero efecto mariposa.

multibifurcación-caos

 

Es lo que ocurre por ejemplo con el tiempo atmosférico y lo que llamamos ironía de la vida cuando habíamos visto en el telediario que haría un sol estupendo y nos ha caído una lluvia de campeonato.

«El aleteo de una mariposa en Brasil puede producir un tornado en Texas» (Edward Norton Lorenz)

La Teoría del Caos en nuestras vidas

Ahora bien, ¿en qué me puede servir a mí entender cómo funciona el caos es mi día a día?

Esta sería una muy buena pregunta y cuya respuesta asumo acorde a la que da Manuel Almendro

«Entender como funciona el caos presupone adoptar una posición de humildad frente a la naturaleza de las cosas, ya que dejamos de jugar a ser dioses intentando controlarlo todo y nos permitimos ser «vividos» por la vida.»

No desde de una posición derrotista o inactiva, sino siendo conscientes  y aceptando que la necesidad compulsiva de control de lo que nos sucede -a nosotros y al entorno- es un mecanismo que nos aleja del equilibrio psicológico más que cercanos a él.

Otra ventaja de aceptar esta postura es dar una explicación de la no-explicación, lo que produce un descenso de la ansiedad a nivel general. Es abrirnos a aceptar la incertidumbre, a reconocer nuestra necesidad compulsiva a salir de ella y admitir nuestra incapacidad para hacerlo completamente, con la esperanza de no tener que enfrentarnos al temido vacío.

Es más, volviendo a la definición de la RAE, si caos es el estado anterior al orden, entonces éste de convierte en el prerrequisito para la autoorganización y vuelta al equilibro. Es como si fuera necesario desorganizar para organizar, en una secuencia de movimiento de desorden-orden-desorden.  El caos pues, no es el «enemigo», algo contra lo que tenemos que resistirnos y luchar hasta desgastarnos, sino más bien, la antesala a la autoorganización.

 

caos-portada

caos-orden las dos caras de la moneda

 

Esta autoorganización es considerada por Prigogine como la transición del orden al caos. Es como la esperanza del proceso que impide el establecimiento de certezas y no predetermina ni programa el futuro -aunque pueda imprimir una dirección movible a medida que los procesos avanzan-.

En los momentos de crisis personales se produce una ruptura interna, una inadecuación entre la persona y su forma de vida, entre ella y su entorno y una incapacidad de relacionarse a través de los modelos aprendidos, de su guión de vida y hábitos de comportamiento, etc. En ese momento se produce un corto circuito, una ruptura del fluir, y incoherencia entre lo que la persona piensa-siente-hace (los tres sistemas nucleares). Cuando esa «inadecuación» llega al máximo rompiendo con el orden considerado como «normal», se presenta lo que llamamos crisis emergente, el caos. Es en este momento de máxima inestabilidad donde la autoorganización puede permitir al individuo una transformación de los propios procesos, un nuevo encaje resolutivo del individuo consigo mismo y con el contexto.

 

crisis-caos

ruptura interior-crisis-caos

Así es como lo describe Manuel Almendro

«Los sujetos enfermamos por ese desorden natural pero también nos es posible curarnos precisamente a través de ese mismo desorden.»

Recordemos por último esa analogía mitológica que suponía la Caos como la hendidura entre el Cielo y la Tierra. ¿Y si en el afán egóico de empeñarnos en huir, romper, controlar y salir de ese estado de Caos estás obviando el hecho de que ese mismo estado es el que te llevará a la transformación y el re-equilibrio en tu vida?

Para terminar comparto esta preciosa y esperanzadora reflexión de Prigogine

La T. del Caos «permite a la naturaleza (incluido el ser humano) a abandonarse a un juego creativo, producir algo nuevo, no contenido implícitamente en sus estados precedentes. Su destino está abierto. Su futuro ya no está determinado por su presente ni por su pasado. La melodía no está compuesta de una vez para siempre. Se elabora sin cesar… A partir de ahora, el mundo puede estallar de creatividad.”  (Prigogine)

Fuentes:

-Almendro, Manuel. Psicología del caos. Editorial: La Llave, 2002.

-Asociación de Academias de la lengua española. Caos. Recuperado en http://dle.rae.es/?id=7HD3hMJ

-Spire, Arnaud: El pensamiento de Prigogine: La belleza del Caos. Editorial: Andrés Bello, 2001

Referencias bibliográficas:

-Martínez Robles, Yaqui Andrés. Teoría del Caos y Psicoterapia Gestalt: Nuevas aproximaciones a la configuración de la totalidad. Un voto a favor del indeterminismo. Revista Figura-Fondo Nº10

 

 

Ayurveda: La ciencia de la vida

Ayurveda significa en sánscrito “conocimiento o ciencia de la vida”. Es el sistema de sanación más antiguo que conocemos, naciendo en India hace aproximadamente 5000 años.

Más allá de nuestra idea convencional de medicina, ayurveda nos muestra una manera de percibir el universo y la forma en que vivimos e interactuamos con nuestro ambiente. Es más una forma de vida que un intento por controlarla.

Concibe al individuo como un universo inteligente que busca expandirse a través del movimiento. Para que haya salud, este movimiento debe ser armónico y estar en equilibrio con el entorno. Los pilares del Ayurveda son la nutrición, el ejercicio físico y el sueño. La clave está en llevar una vida equilibrada.

Según el Ayurveda, el universo (incluyéndonos a nosotros mismos) está compuesto de cuatro estados primarios de la materia mas un quinto que contiene a los anteriores. Estado sólido, liquido, de transformación y movimiento, contenidos en el espacio. Estos estados se manifiestan en forma de elementos: Tierra, agua, fuego, aire y éter o “espacio”.

La combinación de los diferentes elementos da lugar al sistema de clasificación constitucional conocido como Tri-Dosha. Cada individuo nace con una proporción diferente de estos elementos. Esta es nuestra constitución natural o Prakriti. La proporción de los elementos en el momento actual y con relación a nuestra Prakriti es la indicadora de nuestro estado de salud.

Conocer nuestra constitución nos ayuda a comprender mejor las tendencias de la mente. Las tres energías o “humores” no son más que indicadores de hacia dónde vamos a tener mayor facilidad para perder el equilibrio. De esta forma si sabes que tienes predominancia de un elemento concreto puedes contrarrestarlo reduciendo el mismo o aumentando los demás. Por ejemplo si tienes predominancia de Pitta, ya sabes que en verano ese fuego interno que te caracteriza puede hacerte perder la paciencia con facilidad, o al contrario si tienes alto Kapha y es invierno puede que quieras hibernar.

Para saber cuál es nuestra constitución con precisión debemos acudir a un Vaidya o doctor ayurveda.  Si no disponemos de uno cerca, podemos comenzar por realizar un test online o bien buscar ciertos rasgos indicadores con los que nos sintamos reconocidos. Las “Doshas” y sus características son las siguientes:

doshas

Vata

Compuesta por elementos aire y éter, gobierna el movimiento actuando principalmente  a través del sistema nervioso. Es la fuerza que dirige y orienta a los demás humores. Energiza las funciones mentales y nos permite elaborar una respuesta ante los estímulos internos y externos. Se encarga de los sentidos de la audición y el tacto.

Las personas Vata suelen ser más altas o bajas que el promedio, con complexión delgada, de piel seca, áspera  o agrietada. Su pelo también suele ser seco y tiende a tener caspa. Tienen sueño ligero y sufren de insomnio. Con frecuencia padecen de estreñimiento. Son propensos a lesiones, fracturas y a contracturas musculares. Son personas físicamente enérgicas y activas pero se quedan pronto sin reservas energéticas cansándose fácilmente.

Tienen mentes rápidas y ágiles, aunque están a menudo en las nubes y se distraen con facilidad. Cambian frecuentemente de intereses e inclinaciones, suelen ser indecisos y por lo general les falta confianza en sí mismos.

Es el perfil más adaptable y mejor capacitado para el cambio, sin embargo tiene tendencia a la soledad siendo comúnmente rebeldes.

El exceso de Vata causa inestabilidad y agitación en la mente, lo que resulta en pensamientos excesivos y preocupación. La mente se vuelve demasiado reactiva y nos hace actuar de forma impulsiva.

También sucede que perdemos la conexión con la tierra volviéndonos distraídos y poco realistas. Nuestra fuerza vital se dispersa por el exceso de actividad mental. 

Pitta

El fuego se manifiesta en combinación con el agua bajo la forma de líquidos calientes como la sangre y los fluidos digestivos.

Determina los procesos de transformación del cuerpo y la mente, como el metabolismo y la percepción sensorial. Está encargado de la razón, la inteligencia y la comprensión.

Las personas de tipo Pitta son de complexión media, con músculos bien desarrollados. Su pelo es fino y comúnmente tienen calvicies.

Tienen una mente aguda y son inteligentes, exigentes y perceptivos. Por otro lado son propensos a la ira y la argumentación y pueden llegar a ser testarudos o moralistas. Les encanta ganar y odian perder. Tienen una voluntad fuerte y les gusta hacer uso de la energía físicamente.

Normalmente tienen un autocontrol fuerte pero pueden ser egoístas y asociales. Las personas Pitta son críticas, ven enemigos en todas partes y están siempre en guardia. Los trastornos típicos derivan en agresión y hostilidad. Pueden llegar a ser dominantes, autoritarios o fanáticos. Cuando están perturbados pueden llegar a tener delirios de grandeza.

Kapha

Determina la forma, es responsable de la cohesión y la estabilidad. Compuesto por los elementos tierra y agua constituye la sustancia esencial del cuerpo. Predomina en los tejidos corporales y está vinculado con los sentidos del gusto y el olfato. Gobierna los sentimientos, las emociones y la resistencia tanto física como mental

Las personas tipo Kapha tienen una estatura más baja de lo común, aunque en ocasiones pueden ser muy altos. Su complexión es robusta y su piel gruesa, húmeda, aceitosa y clara. De ojos grandes y dientes blancos y atractivos tienen un metabolismo lento que hace que tiendan al sobrepeso. Les encanta lo dulce.

Les gusta la vida sedentaria a pesar de contar con mucha resistencia. Son sensibles al frio y la humedad. Su carácter es amoroso, son amables, bondadosos, románticos… Les gusta pertenecer a grupos (sobre todo entorno familiar) y no les gusta el cambio, al que se adaptan con dificultad. Son proclives al apego.

Cuando Kapha está alto provoca torpeza mental, congestión y mala percepción. Falla la motivación y esto deriva en pasividad y dependencia. Dejamos de confiar en nosotros mismos y nos hacemos dependientes de los demás para que nos cuiden.

Mi cerebro se va de botellón

Fui de la generación del botellón para que negarlo. Si al mirar atrás ves un ir y venir de amigos, bancos, parkings, escaleras, parques, playas, de botellas de marca la pava, bolsas de hielo y vasos de plástico; e ahí la prueba.

Al pasar los 30 eso del botellón no está bien visto (ahora lo más apropiado es tomar Gin Tonic), aunque si te criaste en la época del botellón es normal que te den ganas de volver a beber en la calle cuando pides un Gin Tonic (al que quién sabe por qué le ponen kiwi flameado y especias) y te clavan 12 €. Esta situación, basada en hechos reales, me hizo reflexionar y me propuse escribir un artículo al respecto. Este es el resultado.

Con este artículo he quiero responder a algunas de las preguntas acerca del alcohol y el organismo que se han ido acumulando a lo largo de los años como por ejemplo: ¿Cómo afecta el alcohol a mi cerebro? ¿Por qué tenemos resaca? ¿Qué hace que con la edad las resacas sean monstruosas? ¿Cuál es el mejor kit de supervivencia para la resaca? ¿Por qué después de una borrachera épica a base de Martinis no puedo ni olerlo?

 

Resaca: una historia de amor

couple-love-bedroom-kissing

Rebuscando entre artículos científicos acerca de los efectos del alcohol en el organismo, lo que menos te esperas es encontrar una apasionante historia de amor. Pero así fue. El alcohol (Romeo) y los receptores de glutamato (Julieta) sienten al encontrarse una atracción tan fuerte que cuando se ven por primera se produce un flechazo, y ambos se funden para siempre en un eterno abrazo. Como consecuencia de ello mis receptores de glutamato quedan inutilizados.

Aquí comienza el culebrón. Cuando el glutamato, quien está comprometido con el receptor de glutamato, se entera de la infidelidad se deprime y mucho. Resulta que el glutamato es importante porque se encarga de excitar las conexiones entre neuronas (las archiconocidas sinapsis), y como el glutamato no hace más que llorar y gastar Clinex, el funcionamiento de mi cerebro se resiente. Como cualquier pareja joven y apasionada, los receptores de glutamato y el alcohol tienen sus lugares favoritos. Les gusta proclamar su amor por el hipocampo (memoria), la amígdala (emociones) y el cuerpo estriado (movimiento y otros menesteres). ¡Esto me pasa por beber! ¿No? En parte sí, pero resulta que ocurre lo mismo cuando me como un buen chuletón (debido a la grasa animal) o media docena Cup Cakes (gracias a la bomba de azúcar).

Mientras tanto, el alcohol se va apoderando de mi cuerpo y lo altera. Uno de los más perjudicados es mi hígado dado que cambia su forma de funcionar (su metabolismo vaya), lo que se traduce en una escasez de azúcar en sangre.  Otro aspecto interesante (para sentirme como si me hubiera pasado un camión por encima) es que el alcohol es diurético y hace que me pase la noche yendo al baño como si no hubiera un mañana. El resultado: deshidratación.

head-254863

 

Al final la historia de amor acaba con un final trágico. En mi cerebro el alcohol entra repartiendo manporros a las neuronas al más puro estilo Bud Spencer. El alcohol es nuerotóxico y hace que un buen puñado de mis neuronas mueran. En una persona sana, las neuronas sólo mueren por un golpe fuerte en la cabeza o debido a tóxicos. Y aquí ni el kiwi, ni las especias, ni San Pancracio pueden hacer nada. De todos modos (mamá no te preocupes) en mi hipocampo nacen unas 700 neuronas cada día (y también en otras partes del cerebro).

¿Qué hace mi organismo con el alcohol? Su estrategia es convertir algo tóxico en algo inofensivo. ¿Cómo? En el hígado hay dos enzimas encargadas de convertir el alcohol (tóxico como el sólo) en un inofensivo acetato. Lo que ocurre es que cuando la concentración de alcohol es muy elevada (como ocurre con el whisky o la ginebra), nuestro hígado tiene más trabajo que el polígrafo de «Salvame» y no da a basto. En este contexto, nace el hijo del alcohol y los receptores de glutamato: la resaca.

 

Dormir la mona

industrial-1636380_1280

 

La mejor forma de eliminar toxinas es durmiendo porque es cuando viene la mujer de la limpieza. Mientras en mi organismo el sistema linfático se encarga de recoger la basura celular, en mi cerebro el tamaño de las células se reduce un 60% y se lanza un chorro de líquido cefalorraquideo para limpiar toxinas (sistema glinfático) que arrastra la porquería hasta el hígado donde finalmente pasan a mejor vida.

Esto es muy lógico. Imagina que los barrenderos salen a limpiar las calles con la manguera a las 9 de la mañana. La ciudad despierta, el tráfico es denso, tardan una hora mas en llegar al lugar. Luego empiezan a mojar a jóvenes que van a la escuela o ejecutivos, reciben quejas, y tardan dos horas más en hacer si trabajo. Esto no es eficiente. Y al organismo le obsesiona la eficiencia. En resumidas cuentas, la noche que decido irme de botellón es para mi cuerpo como para un pueblo sus fiestas patronales, y el hígado es el pringado que le toca hacer turno triple.

 

La resaca y la edad

A los 18 años comienza a confabular nuestra piel para tejer las primeras arrugas (la regeneración no da a basto). A partir de los 30 la tendencia de es a perder músculo y ganar grasa. Celebramos nuestro 40 cumpleaños produciendo menos saliva (nuestra pasta de dientes antibacterias natural) y los dientes se quedan en cueros, o a los 65 la voz cambia el tono debido a que se “aflojan” las tuercas de los tejidos blandos de la laringe. Vamos que con el tiempo en nuestro organismos van cambiando cosas.

 

pexels-photo-132737

 

Aunque nos preparemos brebajes más caros o sofisticados, los estudios científicos muestran que con la edad tenemos más grasa (y menos líquido) por lo que estamos peor hidratados y nuestro hígado se hace más vago (en concreto la culpa es de las enzimas que se encargan de metabolizar el etanol). Vamos que el alcohol resulta más tóxico porque lo eliminamos peor y nuestros órganos se vuelven más sensibles a la toxicidad, lo que hace que al pasar los 30 el tiempo necesario para recuperarse de una resaca se alarga sin compasión (dos días no te los quita nadie).

 

Kit de supervivencia para la resaca

Dos cosas que te resultarán muy útiles para tus futuras salidas nocturnas. La primera es tener presente las bebidas alcohólicas que más resaca dan. De mayor a menor: coñac, vino tinto o calimocho, ron, whisky, vino blanco, gin tonic, vodka y cerveza. (Sí, estoy de acuerdo que antes de los nombres que le hemos puesto a los volcanes, deberían habernos enseñado esto en el colegio).

Con esto en mente, y una vez elegido el tóxico de la noche, propongo sin más dilación un kit de supervivencia para la resaca:

KIT DE SUPERVIVENCIA PARA LA RESACA


  • Antes y después dela juerga, un buen chute de carbohidratos.
  • Bebe toda el agua que puedas (si es entre copas mejor).
  • Duerme lo máximo posible.
  • Prohibido el café (es diurético y, aunque despierta, terminaría por deshidratar igual que el alcohol… malo).
  • Come fruta (peras, manzana un poco oxidada o naranja).
  • Si como yo has pasado los 30, plantéate tomar un sabroso Ibuprofeno antes o al levantarte.
  • Para la sensación de sentirse minúsculo o de que el mundo es una m**r*a… lo mejor son mimos.

 

También puedes no beber alcohol si no te apetece (en serio, te lo pasarás bien igualmente). 

 

¿Por qué no puedo oler el Martini?

Hace más de quince años me pillé una buena borrachera a base de Martini. Desde entonces, es oler el Martini y…. ¡Buuaahhhhhhgkas! ¿Cómo es posible que el olfato evoque ese recuerdo tan intensamente?

 

cocktail-1548905_1280

 

Al servirme un Martini millones de moléculas se desprenden y algunas de ellas llegan a mi epitelio olfativo (en cristiano tejido olfativo). Allí le esperan alrededor de 15-20 millones de neuronas bañadas en moco que están conectadas al bulbo olfativo (como el escaparate de una perfumería). Lo interesante es que milésimas de segundo después, en su camino por el cerebro, la información del olfato relativa al Martini atraviesa las zonas que se encargan de mis emocionessentimientos (corteza insular y amígdala), lo que hace que aquello que huelo se vuelva emotivo y sentimental.

Los olores no son algo físico del alimento sino una experiencia mental. Lo mismo ocurre con todos los sentidos y también con la memoria. Este punto es clave para entender cómo un olor puede generar un estigma en mi memoria, y nada más encontrarse mi epitelio olfativo con moléculas de Martini, mi cerebro hace que sienta un asco que pa qué.

Gracias a Dios estamos genéticamente programados para tener comportamientos como este, así la estupidez que me llevó a tomar 6 vasos de Martini hace más de quince años, y pasar aquella resaca épica, no se volverá a repetir (al menos con Martini). ¡Salud!

 

Referencias

  • Bueno, D., Cerebroflexia: El arte de construir el cerebro. 2016, Barcelona, España: Plataforma editorial.
  • Meier, P. and H.K. Seitz, Age, alcohol metabolism and liver disease. Curr Opin Clin Nutr Metab Care, 2008. 11(1): p. 21-26.
  • Estupinyà, P., El ladrón de cerebros: Compartiendo el conocimiento científico de las mentes más brillantes. 2010, Barcelona, España: Debate.

¿Qué hace Internet con el cerebro de nuestros hijos?

El fenómeno de Internet ha cambiado por completo no sólo nuestras vidas, sino también la anatomía de nuestro cerebro. Vamos al cine por internet, estudiamos por Internet, llevamos los conciertos a casa gracias a internet o, incluso, ligamos y satisfacemos nuestras necesidades sexuales de forma virtual.

Un estudio realizado por We Are Social señala que un 77% de los ciudadanos españoles tenemos conexión a la red de redes. Aquí viene lo bueno: ¿cuánto tiempo le dedicamos? Pasamos diariamente 3 horas y 47 minutos al día de media conectados a la red con el ordenador a las que tenemos que sumar un par de horas más desde nuestro móvil. Esto hace un total de unas 5 horas al día conectados al ciberespacio, lo que se acerca peligrosamente a las 6 horas de sueño mínimas recomendadas. Si se cumple esta tendencia, en los próximos años dedicaremos más tiempo a Internet que a dormir.

 

fashion-legs-notebook-working

 

Según la revista Nature el límite de la longevidad de un ser humano es de 125 años. Si a alguien le parece poco, que no se deprima o se ponga dramático. Hace 100 años también pensábamos que una persona media con suerte soplaría las velas de su 65 cumpleaños y mira ahora. Volviendo a lo nuestro, si tomamos una vida media de 91 años, los seres humanos pasaremos unos 17 años conectados a Internet a lo largo de nuestra vida. Si, he repasado el cálculo y es correcto. ¿Cómo influye pasar 17 años conectados a Internet en nuestro cerebro?

 

El cibercerebro

El cerebro de cualquier ser vivo es una huella dactilar única que cambia todo el tiempo, y su principal objetivo es ofrecernos un presente apetecible. Cada cosa que modifiquemos en nuestra forma de vivir o de pensar lleva consigo una modificación neuronal. De hecho, este cambio neuronal es lo que llamamos adaptación.

Por ejemplo, un taxista de Londres debe memorizar más de 25.000 calles distintas y 20.000 puntos de referencia en un periodo de 3 años para poder obtener la licencia. Según Katherine Woollett, neurocientífica de la University College London, este aprendizaje aumentó unos centímetros la materia gris en el hipocampo de los taxistas debido al enorme esfuerzo que tuvieron que hacer sus memoria. Si una vez ha conseguido la licencia el taxista se pone un GPS, en pocos meses su hipocampo perderá volumen, adaptándose a la nueva situación (muy similar a la relación ente nuestros músculos y el gimnasio).

¿Y por qué el cerebro no conserva un hipocampo musculoso? Muy sencillo. Mantener a un hipocampo culturista requiere energía, y si vamos a estar con el GPS el cerebro nunca va a malgastar su tiempo y dinero para que el hipocampo luzca músculos con el fin de seducir al lóbulo frontal. Ya que ha salido el tema, en el lóbulo frontal se registra cualquier cambio social, ya sea en nuestro grupo de amigos o en la forma de relacionarnos. Esto nos servirá para más adelante.

 

smartphone-friends-internet-connection

 

En el siglo XXI tenemos clarísimo que el cerebro es algo plástico. Si papá Noel nos trae un iPhone 7 (espero que me escuche desde aquí), y de repente comenzamos a pasar horas y horas con el teléfono móvil moviendo nuestros dedos a toda velocidad para escribir en el minúsculo teclado, la corteza cerebral nos echará humo. Un estudio desarrollado por investigadores suizos consiguió, analizando la corteza cerebral de las 37 personas que participaron en el experimento, saber el tiempo que dedicaban a su Smartphone. El impacto quedaba patente en sus cerebros.

 

El efecto Google

Una de las cosas que más a cambiado en mi día a día el uso de Internet es el señor Google. El señor Google te ayuda a terminar las frases, dejando al borde de la extinción a los “lo tengo en la punta de la lengua”. Internet se ha convertido en un descomunal cerebro externo. Desde que lo conocí, y mira que he sido de esos que han dicho «yo no quiero eso», vivo en la nube.

Esto es el efecto Google. En la Universidad de Columnia, Betsy Sparrow (ya lo he investigado yo por vosotros y no es pariente del capitán Jack) ha realizado 4 experimentos con el fin de determinar el impacto del gigante Google sobre nuestro cerebro. Los conejillos de indias fueron sus pobres estudiantes, y les acompaño en el sentimiento porque a mi también me ha llegado a «invitar» a participar en un experimento la persona que unos meses después corregiría tu examen (y créeme que quieres tenerla lo más contenta posible y que le suene tu cara por si las moscas).

 

pexels-photo-106341

 

Que me voy por las ramas. La conclusión del experimento fue: para que voy a esforzarme en responder preguntas complicadas si está el señor Google. Sparrow había dividido a los alumnos en dos grupos. Al primero le pidió que respondieran una serie de preguntas más y menos complicadas, avisándoles que diez minutos después podrían usar Internet para responderlas. Evidentemente no les dejó y le retiró los formularios con lo que habían contestado. ¿Que qué paso? Su memoria se vio resentida. El segundo grupo, al cual no les dejó ni oler un ordenador, se esforzó más y respondió significativamente mejor a las preguntas.

Este y otros estudios advierten que el uso de Internet está cambiando las conexiones cerebrales relacionadas con la memoria a lago plazo (así a lo bestia hipocampo y la corteza cerebral). Muchas personas interpretan este hecho como que los jóvenes nos estamos atrofiando, señalando con el dedo a Internet com el verdugo de la memoria, pero lo cierto es que únicamente se está adaptando. La memoria nunca ha dejado de trabajar. Lo que ocurre es que en lugar de esforzarnos por introducir en la mollera información compleja, estamos optando por retener cómo hemos de llegar a la información compleja que necesitamos, llenando nuestro cerebro de direcciones web, nombres de foros o blogs interesantes (como el de Psiquentelequia).

 

El efecto Facebook

Robin Dunbar de Oxford llegó a la conclusión de que los cerebros que tienen más de 150 amigos en Facebook presentan a la vista de los escáners cerebrales un mayor volumen en zonas relacionadas con las emociones y las habilidades de comunicación (lo que hablamos antes del lóbulo frontal) {Dunbar, 2016 #199}. Lo curioso del tema, es que el cerebro parece tener un límite porque los que tenía 300 amigos no tenían el doble de volumen cerebral, sino el mismo. Al parecer la cosa influye hasta un límite.  De todos modos, como hemos mencionado al principio de este viaje neurocibernético, hace un siglo también los científicos pensábamos que el límite máximo en la esperanza de vida eran 65 y hoy ya vamos por 125 años. Con ello quiero decir de que nuestra capacidad de manejar más relaciones sociales muy probablemente aumentará. Así que tiempo al tiempo.

 

social-network-76532_640

 

Dejando a un lado los amigos, a nuestro cerebro le pirran los me gusta”. Un cerebro que se conecta a Facebook y ve que su última publicación está rebosante de likes es un cerebro feliz. La investigadora Laura Sherman reunió en el departamento de Psicología de UCLA en los Ángeles a 32 usuarios de Facebook adolescentes y los introdujo con permiso en un dispositivo de resonancia magnética funcional. Al mirar dentro de sus cerebros vio como los núcleo accumbens de los jóvenes se iluminaban como árboles de navidad, cuando entre las 150 imágenes que les mostró aparecían sus publicaciones colmadas de “me gustas”.

Lo que nos interesa del núcleo accumbens (vaya nombrecito teniendo en cuenta de que lo podían haber llamado Paco) es que se encarga de activar el centro de recompensa del cerebro y hace que nuestro organismo se atiborre dopamina, generando una reacción neuroquímica similar a cuando nos comemos un Ferrero Roche o nos toca la lotería. ¿Un poco exagerado no? Para lo bueno y para lo malo, así es nuestro querido cerebro.

 

Internet está cambiando nuestra forma de olvidar

Escribir en la pantalla de un teléfono, utilizar el buscador de Google o hacer clic en algo que nos gusta, acabamos de descubrir que tiene un impacto sobre nuestro organismo. Esto nos puede sorprender más o menos, pero en realidad cualquier cosa que hagamos o pensemos con frecuencia, se representa de algún modo en nuestra estructura neuronal.

Todo los recuerdos que tenemos de cuándo éramos niños, nuestros primeros coqueteos en los campamentos de verano o el primer trabajo en el que nos explotaron, queda almacenado en algún lugar de nuestro cerebro (lo que hoy nos hace más tilín, es pensar que la información de la memoria se almacena en la conexión química que tiene lugar en la hendidura sinóptica al producirse sinapsis entre las neuronas). Ahora bien, la mayor parte de las cosas que pasan por nuestro cerebro las olvidamos. Y es que para nada queremos recordar que esta mañana nos hemos hurgado la nariz mientras estábamos parados en un semáforo.

 

memoria

 

Ahora bien, si sacamos un video de nosotros hurgándonos la nariz y la subimos a Facebook, la cosa cambia y mucho. Éste es un evento innecesario que vamos a recordad tanto nosotros como los miles de personas que lo vean debido a lo impactante de las imágenes (apuesto que tendrá millones de likes más que este artículo). La memoria de un ser humano medio es un abuelo senil controlado por el Alzheimer comparado con la memoria de la señorita Facebook, quien se está convirtiendo en una descomunal memoria autobiográfica externa para millones de personas.

El olvido es uno de los principales mecanismos del cerebro para construir un presente apetecible. Necesitamos hacer borrón y cuenta nueva cuando las cosas no salen como esperábamos, para poder comenzar de nuevo. El kit de la cuestión, es que pasamos de media entre 2 horas y 3 horas husmeando en los recuerdos de los demás o a generando nuevos recuerdos con la señorita Facebook; ahora una foto haciendo morritos y después mi opinión acerca de la situación política en España. Señoras y señores, Internet no olvida. Y los seres humanos necesitamos tener la posibilidad de olvidar.

 

Por que no debo tirar el ordenador de mi hijo por la ventana

Una socorrista, tras verter el producto químico equivocado en una piscina y provocar quemaduras leves en la piel de los bañistas, narró los hechos a los medios de comunicación con una mítica frase: ”la he liao parda». Pues lo mismo está haciendo Internet con nuestro cerebro: la está liando parda.

Seguramente si eres padre o madre estarás pensando: “¡Dios mío! ¡Voy a dejar de leer este artículo y a salvar la vida de mi hijo!” y tengas ganas de entrar en la habitación y tirar los tres o cuatro ordenadores de media tenemos en casa por la ventana (no olvides los teléfonos). No lo hagas.

Claro que hay que explicarles lo que supone Internet a los jóvenes (aunque muchos de ellos se han dado cuenta de esto hace años), pero quédense tranquilos: Internet no está haciendo nada malo con el cerebro de nuestros hijos. Nuestro cerebro se ha adaptado a miles de cambios drásticos como Internet, por ejemplo al lenguaje o la escritura, y ninguno de ellos nos convirtió en idiotas. Al revés, nos han ayudado a desarrollar capacidades increíbles.

Internet no hará idiota al cerebro de sus hijos. Aunque es pronto para saber a dónde nos llevará el ciberespacio (que capacidades derivarán de estos cambios en la memoria, de la forma de olvidar o en los sistemas de recompensa), lo que si sabemos es que, en dosis adecuadas y siendo conscientes de lo que supone, el uso de Internet es altamente recomendable.

 

Referencias

Woollett, K.e.a., Acquiring ‘‘the knowledge’’ of London’s layout drives structural brain changes. Current Biology, 2011. 21(24): p. 2109 – 2114.

Ghosh, A., et al., Use-Dependent Cortical Processing from Fingertips in Touchscreen Phone Users. Current Biology, 2014.

Sparrow, B., J. Liu, and D.M. Wegner, Google Effects on Memory: Cognitive Consequences of Having Information at Our Fingertips. Science 2011. 333(6043): p. 776-778.

Dunbar, R.I.M., Do online social media cut through the constraints that limit the size of o ine social networks? R. Soc. open sci. , 2016. 3(150292).

Sherman, L.E., et al., The Power of the Like in Adolescence: Effects of Peer Influence on Neural and Behavioral Responses to Social Media. Psychological Science OnlineFirst, 2016.

Neurobiología de la honestidad II

Algunas preguntas para entrar en calor: ¿Te imaginas una persona que pasa sus días siendo deshonesta con ella misma, alguien que diariamente acudiera a un puesto de trabajo que no le llena, que compartiese espacio con una pareja a la que no ama o simplemente una persona que trata de esconder a los demás aquello que es, piensa o siente? ¿Te imaginas cómo sería un planeta repleto de personas deshonestas? Seguramente sus habitantes sufrirían accidentes de tráfico paranormales, tendrían profesores insensibles con perfil psicópata y las personas se jugarían el pellejo sin ton ni son. Menos mas que esto es ciencia ficción (aquí puedes encontrar la primera parte del artículo).

Accidentes de tráfico paranormales 

El científico Anthony Greenwald cita textualmente en un artículo publicado en los años 80 una serie de experiencias “paranormales” vividas por personas que habían sufrido un accidente de tráfico. La policía recogió en sus declaraciones la aparición misteriosa y repentina de una señal de stop o un poste de teléfono volador que se aproximaba a toda velocidad a la conductora sin que esta pudiera evitar la colisión. Ninguno de ellos había bebido o consumido sustancia alucinógena alguna, y además la segunda declaración corresponde a una profesora de literatura de renombre. Evidentemente, el equipo de atestados no requirió la ayuda de Iker Jimenez para aclarar los hechos. ¿Por qué personas sanas reaccionamos de esta forma?

stop-1207069_640

Aunque pueda sorprendernos la respuesta, este comportamiento está íntimamente relacionado con las características de nuestra memoria. Bajo circunstancias en las que todo transcurre muy rápido o son de una intensidad considerable, como en un accidente de tráfico, nuestra memoria patina e inventa una historia que abofetea la realidad. Para sorpresa de muchos, la corteza cingulada anterior (nuestro detector de honestidad que funciona como un rociador de hormonas anti-incendio) no interpreta acto deshonesto alguno, por lo que nuestro corazón se queda tranquilito y no hay ni rastro de cortisol o testosterona en el torrente sanguíneo. ¿Y esto porqué?

Esto ocurre porque nuestro organismo tiene una idea de honestidad muy diferente a nosotros. La honestidad no tiene mucho que ver con los demás, o con la verdad, sino con uno mismo. Podemos estar contándole a un policía con todo lujo de detalles que el poste de teléfono vino volando hacia nosotros (me encantaría haber visto el rostro del agente) mientras nuestro detector de honestidad duerme la siesta. En otras palabras, cuando nuestra memoria es coherente con la versión que lanzamos al mundo el organismo no detecta deshonestidad alguna a pesar de que lo que contemos sea «mentira». Por lo tanto, la honestidad para nuestro organismo no parece tener mucho que ver con la verdad.

 

Profesores insensibles con perfil de psicópata

Para conocer un poco más qué es la honestidad para el organismo, viajemos a nuestra época de estudiantes con nuestra máquina del tiempo cerebral. Estamos en la cantina de la universidad, con el sol de julio aún algo tímido, celebrando el final de exámenes tras recibir la última calificación que nos faltaba por saber. Suele ser habitual que parte del grupo de compañeros que han suspendido se muestren como víctimas de una injusticia, damnificados por un examen que salió despedido de la mente de un psicópata, mientras los que han aprobado mantienen la boca cerrada. Esta experiencia, que se repetía año tras año durante mi etapa de estudiante, coincide curiosamente con los resultados obtenidos por Robert Arkin y su equipo de investigadores de la Universidad de Ohio los cuales señalan que, ante un suspenso, tendemos a ver al profesor como un insensible lejos de asumir nuestro error. ¿Esto es honesto o no?

 

university-105709_1280

 

Para nosotros todo puede ser cuestionable. Con mucho menos montamos programas televisivos o iniciamos interminables debates, pero menos mal que la honestidad no es una batalla mental o intelectual. Independientemente de nuestra opinión, es nuestro detector de honestidad el que toma las decisiones, y él tiene muy claro lo que es un acto deshonesto y lo que no (imagino a una corteza cingulada anterior reflexionando horas y horas acerca de si algo es honesto mientras el organismo se encuentra en serios apuros). El alumno que pone “verde” al profesor comienza a percibir en su organismo síntomas fisiológicos deshonestos. Empieza la fiesta del cortisol y la testosterona aumentando en la presión arterial, el ritmo cardiaco, la frecuencia respiratoria, la temperatura y experimenta una pérdida de empatía con el mundo.

Estas y otras investigaciones dejan entrever un mecanismo muy humano que tiene mucha guasa: achacamos nuestros éxitos a nuestro buen hacer y vemos los fracasos como fruto de la injusticia o de la “mala suerte”. Pero la cosa tiene más delito (ahora viene un punto que me encanta). Cuando se trata de los demás, entonces tendemos a pensar que sus logros se deben a la “buena suerte” y que el fracaso ajeno está relacionado con la falta de esfuerzo o directamente se debe a su incompetencia. Este comportamiento activa, la mayoría de veces de forma inconsciente, nuestro detector de honestidad como un martillo pilón.

 

Jugarnos el pellejo

lazybag-1512301_640

 

Nunca lo habría imaginado: la deshonestidad puede poner en peligro nuestra integridad física. Los seres humanos somos capaces de jugarnos el pellejo para mejorar la opinión que los demás tienen de nosotros, aunque sepamos que esa «mejoría» no será más que una quimera temporal. Si nuestro objetivo es conquistar a una chica o a un chico, somos capaces de conducir a gran velocidad, sufrir trastornos alimenticios, pelearnos sin motivo aparente, comenzar a fumar, beber en exceso o ingerir drogas. El investigador Mark Leavy nos aporta evidencia científica de ello. ¿Qué tanto nos aporta la deshonestidad que parecemos adictos a ella?

 

Los límites de la deshonestidad

Hagamos la mochila, añadamos un saco y tienda de campaña por si acaso, para hacer una nueva expedición. Caminando por los límites de la deshonestidad encontramos el trabajo de Dan Ariely. Junto a un buen número de colaboradores diseñaron desde el MIT un experimento que consistía en entregar a cada participante una hoja de papel con 20 ejercicios matemáticos que todos ellos sabrían resolver con un tiempo limitado de cinco minutos. Dan y su equipo sabían que, en promedio, cada persona tendría tiempo para resolver únicamente cuatro problemas. Las condiciones del estudio se completaban informando al personal que se pagaría un dólar por cada problema resuelto y que no era necesario entregarle las resoluciones como justificante. Es decir, podías no resolver ningún problema y dedicar el tiempo hurgarte la nariz, acercarte al majo de Dan y decirle que habías concluido todos los problemas y recibir veinte dólares. En palabras textuales del investigador “vimos a mucha gente haciendo un poco de trampa”. Los participantes dijeron que resolvieron siete problemas de media.

Los experimentos de Dan se corresponden con mis estudios observaciones en el Lizarrán (un restaurante español en el que cada pincho contiene un palillo y te cobran en base a los palillos que presentes). Por termino medio, cada uno de mis amigos consumió cinco o seis pinchos. Sin embargo, el 90% de ellos llevó únicamente cuatro palillos a caja. Nadie llevó uno o dos: todos hicimos un poco de trampa pero no mucha.

Estos estudios, entre otros, indican que existe un límite en nuestro detector de honestidad. Este umbral es una línea roja que no cruzamos a la ligera. Esto quiere decir que nos llevamos prestados el jabón de los hoteles o alguna toallita, evadimos impuestos cuando llevamos el coche al taller, pero la mayor parte de las personas no cogemos dinero de la caja del hotel (aunque sea poco) o robamos un coche. ¿Qué aspectos son capaces de desplazar la línea roja que marca los límites de la honestidad?

El mismo grupo de investigación diseñó un nuevo estudio que aporta unas cuantas pistas al respecto. Cuando pidieron a los participantes que antes de resolver los problemas recordaran los diez mandamientos, de repente resultaron ser todos unos santos y resolvieron menos problemas de media. Engrasando los entresijos del experimento, algo me llamó la atención: no hubo diferencia entre creyentes y ateos o entre personas que recordaron los diez mandamientos o ninguno (el autor confiesa que nadie fue capaz de recordad los diez). Sin embargo, la línea roja que marca los límites de la honestidad se vio condicionada igualmente. Evidentemente, esto no resulta exclusivo de la religión, sino que con un hipotético juramento cualquiera a la constitución, por ejemplo, puede estrechar el límite que nos separa del acto deshonesto. La moraleja podría resumirse en que el umbral de honestidad depende de nuestros pensamientos y es fácilmente manipulable por terceras personas. 

 

taxes-tax-evasion-police-handcuffs-medium

 

Se que de esto ya hemos hablado pero es que me pirra. ¿Qué opinamos cuando los que hacen «un poco de trampas» son los demás? La cosa cambia y mucho. De modo inconsciente, justificamos evadir impuestos en el taller mecánico (es tanto de esperar como encontrar un póster de una mujer en cueros), o aceptamos incluir algo cuestionable en el currículum, pero si un político o un cargo público evade impuestos o falsifica algún documento es un corrupto y merece ir a la cárcel. El rasero de la honestidad es diferente si lo aplicamos a nosotros o a los demás.

 

Neurofisiología de la honestidad

computer-tomography-62942

 

Hemos hablado y mucho del acto deshonesto, de aspectos neuronales y fisiológicos… ¿Pero qué ocurre cuando somos honestos? Estudios conjuntos entre las universidades de Hardvard y California durante cuatro años, son rotundos y esclarecedores: la honestidad reduce el estrés, ralentiza el envejecimiento celular, mejora la salud y nos hace más longevos. Estos efectos se deben a una hormona que habita los organismos honestos, la oxitocina, encargada de promover la salud, disminuir los niveles de cortisol y restablecer la tensión arterial a su curso natural.

 

Miedo a la honestidad

Muchas personas compartimos la extraña creencia de que si nos mostramos a los demás tal cual somos, haciendo uso de la honestidad, algo saldrá mal. Esta idea es el padre del cortisol y la testosterona, y para nada se corresponde con la realidad.

En los hospitales estadounidenses encontramos un buen ejemplo de ello. Alrededor de dos millones de personas se encuentran con problemas de salud graves, y cerca de cien mil pierden la vida a causa de errores médicos según los datos de un informe del Instituto de Medicina de USA (1999). Normalmente esto ocurre entre interminables jornadas laborales, donde los profesionales prescriben erróneamente un medicamento (sin caer en la cuenta de alergias o contraindicaciones entre fármacos) y realizan diagnósticos equivocados. Según el doctor Luis Rojas Marcos, quien de 1995 a 2002 dirigió el sistema sanitario neoyorkino, cuando los profesionales de la salud bajan del pedestal y exponen lo ocurrido a los pacientes con honestidad, las personas perjudicadas no sólo agradecen y aceptan sus disculpas sino que se interponen menos medidas legales por sus negligencias. En definitiva: no tenemos argumentos sólidos para temer a la honestidad, sólo alguna que otra creencia sin fundamento al respecto, y si muchos motivos para ser honestos.

 

La humanidad tiende a la honestidad

 

youth-active-jump-happy-40815

 

Para ser honestos no tenemos que esforzarnos. Cuando la cosa aprieta, o al menos eso concluyen un buen puñado de estudios científicos, los seres humanos tendemos a ser honestos incluso en situaciones en las que tenemos algo que perder. A pesar de estar en juego la propia economía de los participantes o su reputación social, muchas personas optan por la honestidad como forma de afrontar situaciones de vida complicadas. Nuestra programación genética se impone. El titular podría ser: la humanidad tiende a ser deshonesta en las cosas “poco importantes” y a ser honesta en las “importantes”.

 

El poder de la honestidad

 

man-845847_640

 

Ante la honestidad no hay creencia, hábito o red neuronal que valga. No hay excusas. Ser honestos nos convierte en organismos saludables y no por arte de magia sino por arte de ciencia. Con cada experimento, con cada línea, caemos en la cuenta de que nuestro organismo tiene una idea de honestidad muy diferente a la nuestra y llegar a este punto no tiene precio.

Este texto no pretende que nadie se haga una nueva idea acerca de la honestidad, sino que entendamos cómo ve la honestidad nuestro organismo, que aprendamos sus manías y cómo funciona, para que podamos vivir una vida en sintonía con él. Para nuestro organismo la honestidad no tiene tanto que ver con decir la verdad a los demás, más bien es un gesto de empatía con nosotros mismos.

 

Referencias

Greenwald, A.G., The totalitarian ego. American Psychology, 1980. 35: p. 603-618.

Rojas, L., Eres tu memoria: conócete a ti mismo. 2012, Barcelona: Espasa.

Arkin, R.M. and G.M. Maruyama, Attribution, affect, and college exam performance. Journal of Educational Psychology, 1979. 71: p. 85-93.

Rojas, L., La autoestima. Nuestra fuerza secreta. . 2007, Madrid: Espasa.

Leary, M.R., et al., Self-presentation in everyday interactions: Effects of target familiarity and gender composition. Journal of Personality and Social Psychology, 1994. 67(4): p. 664-673.

Ariely, D., Our buggy moral code. 2009, TED2009.

ten Brinke, L., J.J. Lee, and D.R. Carney, The physiology of (dis)honesty: does it impact health? Current Opinion in Psychology, 2015. 6: p. 177-182.

Light, K.C., K.M. Grewen, and J.A. Amico, More frequent partner hugs and higher oxytocin levels are linked to lower blood pressure and heart rate in premenopausal women. Biol Psychol, 2005. 69: p. 5–21.

Zhu, L., et al., Damage to dorsolateral prefrontal cortex affects tradeoffs between honesty and self-interest. Nature Neuroscience 2014. 17: p. 1319–1321.

Gusanos musicales: canciones que se pegan

A no ser que seas un extraterrestre recién aterrizado en nuestro planeta, lo más seguro es que hayas visto uno de los últimos anuncios de Vodafone, en el que el protagonista no puede dejar de entonar una cancioncilla que fue éxito del verano hace algunos años, con el consiguiente sufrimiento de quienes le rodean. Nuestro pobre hombre está siendo atacado por gusanos musicales:

.

https://www.youtube.com/watch?v=W1DPL2LpiQs

Que levante la mano a quien no le haya pasado lo mismo en alguna ocasión. Pero ¿por qué ocurre? ¿qué base neurológica hay detrás de este incómodo fenómeno? ¿hay canciones más convertibles en «gusanos musicales»?

Gusanos musicales: ¿qué son?

Al primero que llamase a este hecho «gusano musical» deberían haberle dado un premio. La definición me parece efectivamente precisa. Porque cuando se te mete una canción en la cabeza, parece como si efectivamente, un pequeño gusano sin forma se moviera a sus anchas en tu cerebro sin que puedas hacer nada por echarlo de allí. El término adecuado es el de imaginería musical involuntaria.

En su libro «Musicofilia» Oliver Sacks dedica un capítulo entero llamado «Gusanos cerebrales, música empalagosa, y melodías pegadizas» a este tipo de fenómenos.

.

Gusano musical

.

Ante la pregunta de ¿por qué ocurren? la hipótesis que plantea es que de algún modo nuestro cerebro evolucionó con una gran capacidad para repetir sonidos. Hace miles de años nuestros ancestros tenían que aprender a diferenciar los sonidos que escuchaba a su alrededor, distinguiendo cuáles eran peligrosos y cuáles no. Y para poder realizar esta tarea satisfactoriamente se requiere la capacidad de almacenar y repetir estos sonidos.

El problema que plantean es que en la actualidad estamos sobre expuestos a los sonidos. Todos tenemos un teléfono que nos acompaña cargadito de música. Nos la llevamos al gimnasio; la escuchamos en la radio; el las películas, en los anuncios de televisión, etc. Si hace cientos de años el acceso a la música estaba mucho más restringido a ciertos tipos de celebraciones sociales y a la propia producción en los casos más privilegiados, hoy en día podríamos decir que nos la música nos satura.

¿Algunas canciones son más propensas?

Hace unos años la doctora experta en los procesos de memoria Vicky Williamson se propuso estudiar el fenómeno realizando un pequeño experimento.  En colaboración con la BBC, pidió a los oyentes de un programa de radio que compartieran este tipo de episodios con ellos, creando así una pequeña base da datos en la que observó algo sorprendente a primera vista:

«Cuando tuve 1.000 canciones de gusanos musicales en mi base de datos, sólo media docena se habían mencionado más de una vez; así de heterogénea fue la respuesta. Es un fenómeno muy individual». 

Por lo tanto, parece que el tipo de melodías que se alojan incansablemente en nuestro cerebro dependen de cada persona. También se ha observado que poco influye que la canción tenga letra o no, ambos casos pueden convertirse en gusanos auditivos. Eso sí, es más fácil que ocurra si se trata de canciones con una estructura musical sencilla y repetitiva, como por ejemplo las nanas o las canciones infantiles o religiosas.

gusano musical

.

Otro aspecto importante es que  es un fenómeno que parece estar íntimamente relacionado con un tipo de memoria más ligada a los recuerdos emotivos. Han visto que las canciones de la infancia, cargadas de recuerdos y emociones son muy propensas a convertirse en gusanos musicales por lo que todo parece indicar que la memoria autobiográfica tiene un papel bastante relevante en el proceso. Ya hace muchos años, el psicoanalista Theodor Reik, (colaborador de Freud) se acercó al fenómeno con curiosidad ya que creía que:

 «Ofrece al analista un indicio para llegar a la parte más secreta de la vida emocional en cada persona».

Independientemente de si las cancioncillas nos traen algún recuerdo emotivo, está bastante demostrado que una vez se te ha alojado un gusano en la cabeza, éste tiene más probabilidades de volver una y otra vez. Esto quedó reflejado en la maravillosa película «Del Revés» en la que un gusanillo musical se pasea por sus anchas en varios momentos de la película atormentando a sus protagonistas:

.

https://www.youtube.com/watch?v=euwgRSt5Nrs

 

Cuando los gusanos auditivos se convierten en psicosis

Lo más común es que la experiencia tenga una esperanza de vida corta, unas horas es lo más habitual, y después tal y como han llegado se vayan. Pero ocurre a veces que las canciones se vuelven tan intrusivas que interfieren en la calidad de vida de la persona que las sufre. Podemos hablar entonces de una psicosis musical.

Es el caso de Jack Pudwell quién relata su experiencia en The Guardian, en un artículo llamado:  «Broken Record Syndrome: my life with chronic earworm«. Jack escucha canciones que se repiten en su cabeza todos los segundos de su vida, desde que se despierta hasta que se vuelve a dormir.

Es realmente claustrofóbico leer la experiencia de Pudwell quien relata cómo el hecho de estar contínuamente escuchando el fragmento de una melodía tras otra le llena de ansiedad. Ya no puede ir al cine, componer música le supone un serio problema, y los medicamentos con los que trata de frenar la enfermedad parecen no dar resultado. Tal y como termina el artículo, parece que su única esperanza es aprender a vivir con ello.

Pero  ¿por qué dar con una cura es tan difícil?

¿Qué parte de nuestro cerebro alimenta y aloja a los gusanos?

El problema de tratar de encontrar la parte específica de nuestro cerebro que se encarga de dar cobijo, crear y alimentar a estos pequeños gusanos es la propia naturaleza del mismo.

.

gusanos musicales

.

Tal y como indica el doctor Sacks en su libro, y como han demostrado tantas y tantas investigaciones: nuestro cerebro es altamente musical. Por ello cuando realizamos una actividad musical el cerebro se activa de una manera sorprendente  y  por ello también es muy difícil separar el módulo o región que provoca estos fenómenos.

Lo que sí que parece es que tiene una base fisiológica. Por ejemplo se ha observado que la ingesta de ciertos medicamentos (como la lamotrigina por ejemplo) que afectan a nuestros neurotransmisores, está relacionado con un aumento de estas canciones pegadizas.

Lamentablemente no hay un remedio «patentado» que solucione las pequeñas intrusiones musicales que todos sentimos de vez en cuando. Algunos investigadores recomiendan realizar alguna actividad que requiera un esfuerzo mental, como un sudoku por ejemplo. Otros recomiendan ponerse a escuchar otras canciones hasta que el gusano desaparezca. Quién sabe, igual Vodafone tenía razón y Spotify sea la solución…

 

Referencias

  • Sacks, Oliver. Del L. (2015)  Musicofilia, relatos de la música y el cerebro. Anagrama.