¿Cuántas ex parejas soy capaz de soportar?

¿Quién no sabe de alguien con una o varias ex parejas? Vivimos en un momento en el que es habitual haber tenido varias relaciones a lo largo de nuestra historia vital. Con todo lo que eso conlleva.

A diferencia de otras épocas, hemos «aparentemente» transmutado los valores del Amor Romántico relacionados con el mito de la exclusividad, la media naranja y el compromiso por y para siempre.

Pero esto sólo ha sido en parte ilusorio, ya que por un lado hemos integrado la libertad que nos otorga el poder de determinar el inicio y el cierre de una relación, sin tener en cuenta que cuando rompemos con alguien físicamente, nos llevamos con nosotros una mochila cargada de toda la carga energética vivida en la anterior relación.

Y ahí, de frente a mi nueva pareja, desayunando cada mañana con sus ex y con los míos, el mito vuelve a hacer su aparición cuan fantasma en un cajón de la coqueta de noche.

¿Cómo me las apaño para lidiar con tantos vínculos anteriores llenos de emociones y de recuerdos?

El duelo con las ex parejas

La separación implica un fuerte impacto emocional.  Si bien los sentimientos y posiciones ante ella son diferentes dependiendo de cómo y quién ha tomado la decisión, es ineludible afirmar que cuando se comparte la vida en todas sus dimensiones con otra persona, se establece un Nosotros asumido que de repente, deja de serlo.

La cotidianeidad es testigo del vertido de necesidades, expectativas, miedos e ilusiones en forma de energía que se pusieron en esa relación y en el constructo mental que decidimos hacer de ella. La ruptura de ese equipo, formado por un tiempo determinado, conlleva inevitablemente un sentimiento de pérdida, que reactiva de manera inconsciente aspectos relacionados con todas las anteriores pérdidas vividas.

Existen dos pérdidas a diferenciar: la primera es la perdida tangible y concreta que es la persona físicamente hablando y que es, como en cualquier adicción, casi la más fácil de sobrellevar.

La segunda es la perdida intangible: que consiste en los sueños, las ilusiones, las expectativas, las promesas repetidas de compañía y de amor incondicional, la lucha, la culpa, las reconciliaciones, la seguridad e invulnerabilidad de la relación, la autoestima, la confianza, la noción reconfortante del futuro compartido y la sensación de fracaso por haber apostado por un presente con significado pleno.

 

pasado

pasado

En definitiva, la sensación de pseudo completud que repara y abastece las propias carencias infantiles.

No es sólo la pérdida de la persona, sino todo el significado latente que el otro ha puesto en esa relación. Si además con ese/esa ex hemos sido padres, entonces el vínculo residual es aún más complejo y ambiguo

Visto esto se hace imprescindible acompañar la nueva etapa de un duelo real o simbólico. Entendiendo este tránsito como la redistribución y reabsorción de la energía psíquica y emocional que hasta entonces estaba concentrada en una única representación ajena al yo (el otro-la otra).

Freud refiere la importancia de llevar a cabo correctamente este proceso para integrar el objeto amoroso dentro de un contexto pasado-pasado y no estancarse en un pasado-presente.

«El duelo normal vence la pérdida del objeto» (Freud)

Tres son multitud

¿Qué ocurre si no interiorizamos y recolocamos bien a nuestras ex parejas interiormente cuando empezamos una nueva relación? Que puede tener diferentes efectos. Veámoslos.

  • La repetición en la elección de una pareja similar a la anterior con la que dar continuidad a lo que quedó abierto y sin cerrar.

Singmund Freud lo llamó compulsión de repetición y lo definió como

«Proceso inconsciente en el cual el sujeto se sitúa activamente en situaciones penosas, repitiendo así experiencias antiguas, sin recordar el prototipo de ellas, sino al contrario, con la impresión muy viva de que se trata de algo plenamente motivado en lo actual.»

(Jean Laplanche & Jean-Bertrand Pontalis. Diccionario de Psicoanálisis)

Con ello se establece una comparación inevitable entre la anterior relación y la actual, en un intento de acoplamiento de la nueva pareja al molde de la anterior para que responda las expectativas frustradas.

  • La búsqueda de una persona completamente diferente a la imagen mental que tengo de mi ex pareja

Del mismo modo que la anterior, sería una lealtad negativa hacia la energía depositada en la otra relación, sólo que en esta ocasión, de carácter contrario. Pero que trae igualmente el recuerdo vívido en la idealización de la nueva relación en contraposición con las ex parejas.

En ambos casos se produce una falta de atención y de presencia esencial en la nueva relación por seguir estando con un pie en el pasado y otro en el presente.

 

Veamos esto. Si mi conciencia, -con mis pensamientos y energía-, está enfocada por el motivo que sea, en algún aspecto sin integrar de la relación anterior, no puedo por mucho que lo desee, estar viendo claramente a mi nueva pareja, pues sólo puedo ser consciente de lo que mi atención ilumina en el presente, no en el pasado.

«La atención es el primer elemento del buen amar. Si no se nos hace caso, somos seres anónimos, sin nombre» (Sam Keen)

 

  • El Síndrome de Rebeca.

Por muchos y muchas es conocido el argumento del libro (y posterior film de Alfred Hichcok) que dio lugar al denominado síndrome de Rebeca.

Al poco tiempo de perder a su esposa Rebeca, el aristócrata inglés Maxim de Winter (Laurence Oliver) conoce a una joven humilde de la que se enamora. Tras la boda se van a vivir a la mansión inglesa de Manderley, donde el viudo y la fallecida vivieron. Pronto la nueva señora Winter se dará cuenta de que no puede borrar en su marido el recuerdo de su difunta esposa, cuya sombra sigue presente en la casa, en su ama de llaves, y también en los pensamientos de su marido.

Entre los sentimientos que engloba este síndrome es el de los celos retroactivos: los celos que radican en el pasado de la pareja, especialmente en sus relaciones amorosas anteriores, y que pueden llegar incluso a la obsesión compulsiva por saber detalles íntimos de las relaciones anteriores de la pareja.

Esto nos lleva al dilema planteado en muchas parejas que vienen a consulta: ¿Es conveniente hablar de los ex con mi nueva pareja? ¿Existe una diferencia real entre sinceridad y sincericidio?

Muchos terapeutas de pareja coinciden en que no es necesario hablarle en profundidad acerca de nuestro pasado sentimental a nuestra pareja actual, al menos no durante el primer año de relación, que es cuando el estadío de enamoramiento está germinando. Pero coinciden también que tampoco se puede hacer como si el pasado nunca hubiese existido, negándose a hablar de ello con evasivas y cortinas de humo. Esto es especialmente complicado cuando tenemos hijos en común y tenemos que relacionarnos (normalmente) obligatoria y convenientemente con el otro progenitor.

Como advierte la doctora Frische:

» La madre de los hijos siempre tendrá un lugar especial en la vida del hombre y el padre de los hijos siempre estará en la mente de la mujer, hay que ser consciente de eso”

Esa relación que vincula padres/hijos de ser sana, ha de seguir exisitiendo. Lo que no significa que sea necesario mantener las fotos familiares de las ex parejas presentes en la casa ni compartir vacaciones todos juntos.

 ¿Quien se fue a Sevilla perdió su silla?

Por último quería destacar el enfoque que hace Bert Hellinger a este respecto desde la teoría de los Órdenes del Amor dentro del método terapéutico de las Constelaciones Familiares.

Estos Órdenes del Amor son un conjunto de premisas que se deben respetar para que la familias funcionen y sus miembros sean felices y estén satisfechos con la relación. Estas premisas nos obligan a prestar atención a varios puntos importantes: orden, pertenencia y equilibrio entre dar y tomar.

Enfocándonos en el primero de los puntos, Bert Hellinger se dio cuenta de que existen unas leyes universales que rigen todos los sistemas vinculares (familiares, organizacionales,etc) sea cual sea su país o su cultura. Dentro de un sistema habría pues, un orden que hay que respetar para que pueda prevalecer la armonía y cada uno pueda ocupar el lugar que le corresponde.

orden

ex parejas en orden

A la vez, todas las personas son importantes, tanto las que están presentes hoy en día como las que estuvieron presentes en el pasado. Y eso incluye a las ex parejas (tanto propias como del otro) Todas estas personas deben tener un espacio integrado dentro de nosotros aunque no formen parte de vuestro día a día actual. Si no le damos este espacio a través del duelo y la transmutación, es muy probable, a la luz de la teoría de Hellinger que el fantasma del recuerdo esté presente en forma de boicotedor, o con la aparición de un tercer miembro con el paso del tiempo.

En resumidas cuentas,

“Con amor, sólo con amor, no basta. Tiene que estar en orden”                           (Bert Hellinger)

 

¿Qué significa integrar mi pasado y el de mi pareja?

Principalmente mirar a mi historia personal  y la de mi pareja con respeto, sin enganche positivo o negativo con mi ex pareja. Aprender a aceptar que las personas aparecen y se van justo cuando deben hacerlo (ni antes ni después) y agradecer que sois quienes sois ahora en este camino porque ello os llevó hasta encontraros.

Sólo de esta manera, lograrás estar totalmente presente en una nueva relación.

 

Referencias bibliográficas:

Hellinguer, Bert. Órdenes del Amor. Cursos seleccionados de Bert Hellinguer, Ed. Herder, 2011.

Jean Laplanche & Jean-Bertrand Pontalis. Diccionario de Psicoanálisis, Ed. Paidós, 1996.

Fuente:

Aragón Daza; R. Alberto y Mendez Sandoval, Miguel Alexander Duelo, ruptura de pareja http://psicopsi.com/duelo-ruptura-de-pareja

Arte y creatividad en la terapia

¿Cómo podemos concebir el arte y la creatividad en la terapia? 

Hace ya un tiempo atrás que se viene discutiendo cuáles son las formas en que podemos entender la figura del terapeuta. Por un lado podemos escuchar aquellos que alaban su capacidad técnica, su sólido conocimiento teórico y lo científico de su metodología de trabajo. Pero por otro lado, los hay que dan especial importancia a su creatividad, sus recursos expresivos y su intuición.

Sin embargo y a pesar de todo, lo ideal es que podamos superar la tan perseverante dicotomía entre terapeuta técnico y terapeuta intuitivo. Ambos extremos forman parte de la misma polaridad y encasillarse en uno de ellos implica mantener un pensamiento lineal y limitador. La oposición entre ambos caracteres es más aparente que real y alienarse supone una caricatura de un terapeuta mecanizado y técnico, o bien de un pseudochamán.

 

Arte y ciencia se unen

 

Podemos extrapolar esta discusión a una dicotomía mucho más antigua: la ciencia y el arte como realidades irreconciliables. Aquellos que tienen una mente discursiva sostienen que el arte carece de cualquier lógica y rigor, como si no fuera también una herramienta que integra el azar, lo irracional y lo espontáneo en su aplicación. Mientras que los que tienen una mentalidad más artística, pasan gran parte de su vida conectados a este tipo de experiencias de exploración.

Si bien es cierto, no podemos negar que la instrucción técnica es necesaria en la formación del terapeuta, pero hay que aprenderla para después olvidarla. Por ejemplo, en las academias de arte el aprendiz conoce las herramientas básicas que le aportarán mayor libertad de expresión, ya que sin ellas estaría más limitado, pero es necesario que más adelante sea capaz de abandonarlas porque si no se limitará en su creación. Podemos encontrar numerosos artistas académicos que no se atrevieron a atravesar sus propios límites y permanecen en terrenos conocidos y seguros.

 

Terapia y arte

Desde la corriente humanista, siempre se ha contemplado la creatividad como una expresión natural del ser humano, donde se da paso a la salud en lugar de sublimar la patología. Entre otras cosas ha venido defendiendo desde sus orígenes, una visión holística del sujeto donde se integra cuerpo-mente, cuerpo-espíritu y mente-espíritu.

En palabras de Rollo May:

«El proceso creativo es un encuentro entre el creador y su entorno: el pintor encuentra el paisaje. La intensidad del encentro, la absorción del creador en el acto creativo y su transformación del entorno y de sí, determina la calidad del proceso creativo, que siempre involucra a la persona entera, en un proceso no irracional, sino mas bien suprarracional, una experiencia mística de unión entre lo individual y el cosmos…»

 

Implicacion del artista

 

La terapia y el arte también comparten el juego. En el caso del arte y el juego, ambos potencian la libertad y la despreocupación, del mismo modo que la terapia grupal de enfoque gestáltico, donde se invita a los sujetos a mostrarse tal cual son, libres y sin tratar de controlarlo todo. Además pone especial énfasis en la espontaneidad, la ampliación de conciencia y la expresividad.

De este modo podemos concebir a la terapia como un espacio de creación en el cual se puede jugar con conciencia plena. Esto sirve como antídoto a los juegos sociales que tenemos en la vida real (juegos convencionales y automáticos que a veces incluso son falsos). Así el juego y el arte en la terapia son expresiones directas de la pulsión de vida.

A pesar de que a la terapia se le considere un lugar artificioso, en ella se puede dar un nivel de verdad (tratando de buscar y vivir la autenticidad en un lugar seguro).

Son muchos los pacientes que no se permiten jugar, siendo incapaces de experimentar el estado de reposo que posibilita la elaboración de cualquier cosa creativa. El mismo hecho de jugar es una terapia en sí misma. Tanto el juego como el arte son estancias intermedias entre el interior de uno mismo y aquello que se encuentra fuera. Es un «como si…´´ que puede revelarse más auténtico que todo aquello que consideramos realidad.

 

Juego y salud

 

Cuando decimos «como si…´´ hacemos alusión al teatro, y la terapia gestalt tiene como una de sus funciones principales permitir que el sujeto pueda recrear su vida y ponerla en escena en un espacio donde se le permita comunicarse sin ser juzgado.

La corriente gestáltica ha sido una de las pioneras en proponer la terapia como un arte haciendo referencia no solo a las técnicas que se emplean, sino también a la actitud del que las aplica. Esta actitud se caracteriza por la libertad interior y la confianza en el impulso.

Claudio Naranjo afirmaba lo siguiente:

«…La psicoterapia con sus reglas, técnicas y rituales, está en contra de la psicoterapia como arte… La enseñanza de la gestalt es que no hay reglas: solo toma de conciencia. Atención y espontaneidad, o mejor aún: percatarse y naturalidad. La naturalidad no es impulsividad, sino… una espontaneidad controlada: hay mucho de eso en el arte Zen…»

Se ha dicho en numerosas ocasiones que el terapeuta gestáltico es un artista y dicha afirmación se ha hecho de forma trivial cuando realmente es algo serio y profundo.

 

Todos somos creadores

Es necesario que seamos capaces de desmitificar el arte y considerar la creatividad como una parte esencial del ser humano. El escritor José Saramago dice:

»Eso de ser un creador no es algo que esté limitado a unas cuantas actividades profesionales muy especiales. Si uno está plantando un árbol, o está haciendo algo con sus manos, usando unas herramientas, todo eso es creación en un sentido amplio. Escribir libros es como hacer sillas. Las sillas tienen que ser solidas y, si quieres, estéticas y hasta hermosas. Pero estás haciendo sillas. No le des más vueltas… Todos tenemos manos muy parecidas, iguales y las usamos. Las manos sirven para escribir La divina comedia o para matar.»

 

Esta es la cuestion…

 

Esta concepción artesanal de la creatividad es muy adecuada también para el oficio de la terapia, puesto que es más cercana a la tradición gremial (el aprendiz que observa hacer al maestro) que a la transmisión académica de información. Realmente la terapia tiene mucho de vocación (lo que te llama a… lo que te atrae…) y una vocación como tal compromete al que la lleva a cabo, tanto en responsabilidad como en la habilidad de responder a lo que le llama.

El pintor Ramón Gaya afirma lo siguiente:

«El arte ha sido visto como la meritoria inclinación de unos cuantos –de esa clase de personas que llamamos artistas- … pero la realidad es otra: la creación artística no es un asunto personal del artista, ni un asunto privado entre el artista creador y el consumidor de su obra, tampoco se trata de algo social, general… sino algo extensamente humano, del hombre común… Sólo él sabe recibir la realidad entera y escuchar esa voz original, antigua, perenne, esencial y obedecer a ella… esa voz suena para todos, y lo que pide (porque viene a pedir, a exigir-nos) lo pide a todos.»

 

El terapeuta como artista

La terapia es como un lienzo en blanco, una obra de arte por realizar, en donde el encuentro se caracteriza por un conjunto de temores, riesgos y posibilidades. Es necesario que tanto el paciente como el terapeuta se desprendan de sus preconceptos para poder alcanzar otros estados de conciencia. Tanto el terapeuta como el pintor o el poeta, crean a partir de un punto cero en donde el vacío proporciona libertad interior. Esto requiere liberarse del:

  1. Autoconcepto: la actitud creativa implica la disolución del autoconcepto, del yo-carácter.

J.A. Valente:

«Reivindico el misticismo o la aniquilación del yo como premisas para la actividad creadora. El poeta debe hacer tranparente el universo y para ello precisa vaciarse de su ego. El escritor debe abrir al lector los horizontes sin interferencias personales.»

Pablo Palazuelo:

«Mi pintura tiene que ver con la vida de los humanos, con la aspiración de ser más de lo que somos, de progresar… pero eso solo ocurre saliéndote de ti, dejando atrás lo que tú eres. No como residuo sino como semilla… es la ambición de ir más allá de todas las formas.»

  1. Conocimiento intelectual: para que el terapeuta pueda partir de un punto cero (o vacío fértil) es necesario que se desprenda de su seguridad intelectual y teórica. Sólo basta quedarse cinco centímetros por encima o por debajo de la obra para que ésta fracase. A lo largo de este camino de renuncia por lo que uno sabe, paradójicamente el conocimiento se torna un «no saber´´, en un «hacer´´. Los terapeutas noveles se pierden en la incomodidad de la conversación interna y constante sobre cómo proceder técnicamente en la terapia, lo cual les impide entrar en contacto real con el paciente. Sus mentes discurren a lo largo de teorías psicodiagnósticas, rompiéndose el contacto con el paciente y creando un vacío estéril y falso que es rellenado por el intelecto. Por tanto, la máxima del Zen es «saber abandonar la mente en pos de los sentidos´´, tratando de rescatar lo emocional.

 

Entrega y receptividad

Tanto la búsqueda del artista como la del terapeuta implican serenidad. Muchos creadores hablan de calma, relajación, receptividad, etc, como condiciones necesarias para que la obra de arte emerja:

Juan Uslé:

«La pintura es un medio lento y especialmente apropiado para indagar en los problemas eternos del hombre, en la soledad, en el amor… la calma que se precisa tanto para hacerla como para disfrutarla es lo que nos da lugar y tiempo para pensar y conocernos.»

Francis Bacon:

«Esas imágenes surgen como caídas del cielo, por pura casualidad, soy más un médium que un pintor… no me considero dotado; sólo soy receptivo…»

Anthony Hopkins:

«Le debo mucho al método Stanislavski, que dice que lo único que nos permite poder representar un personaje es la relajación. Así que, aunque es asombroso, en los momentos más tensos un artista puede permanecer tranquilo…»

En definitiva, el terapeuta como buen artista, debe tratar de buscar su propio estilo siendo uno mismo. Su desarrollo artístico no solo se basa en un compendio de teorías o técnicas brillantes y originales, sino también en su desnudamiento interior, en aras de autorregularse desde un vacío que le permita construir creativamente. Esto lo consigue transitando desde el apoyo externo al autoapoyo, confiando en su propia autenticidad, en la rectitud de la naturaleza y en que el cambio se da verdaderamente cuando uno es lo que es y no cuando trata de ser otra cosa.

 

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Referencia bibliográfica

  • Peñarrubia, Terapia Gestalt: La vía del vacío fértil. Alianza Editorial, Madrid, 2012.

Horkheimer y la naturaleza como objeto de dominio

Continuamos en este entrada con la Crítica de la razón instrumental de Horkheimer. Si en la anterior exponíamos la crítica que Horkheimer realiza a cierta visión positivista de la ciencia, según la cuál la ciencia sería la panacea universal que resuelve todos los problemas de la humanidad, en esta entrada exponemos su crítica a la objetivación de la naturaleza; ésta se concibe como mero medio de supervivencia al servicio de una razón que se entiende como pura capacidad de adaptación.

Afirma Horkheimer que, en su proceso de emancipación, el hombre moderno debe dominar la naturaleza exterior pero también la interior. Lo que tradicionalmente eran fines: felicidad, salud, riqueza, pasan a ser indicadores funcionales de condiciones favorables para la producción material y espiritual. La civilización siempre ha consistido en la sustitución de la selección natural por la acción racional. En la modernidad esto se ha agudizado: más que nunca, los impulsos privados tienen que adecuarse a las exigencias de racionalización y planificación. La auto-supervivencia del individuo presupone la adecuación para la supervivencia del sistema.

Los métodos actuales de producción facilitan y exigen una mayor flexibilidad para los trabajadores. El aumento de independencia ha llevado a mayor pasividad. El hombre no “pierde el tiempo” ya adaptándose a fines objetivos, sino que se adapta casi automáticamente a los procesos determinados económica y socialmente. La modernidad nos deja un yo cuyo contenido es convertirlo todo en medio para la autoconservación, y una naturaleza que es tan solo material para que el yo ejerza su dominio. La razón es identificada con capacidad de adaptación. Si bien la capacidad de adaptación existía también en el pasado, la diferencia ahora es la diligencia con la que se somete uno, el grado en que esta actitud ha empapado el ser total del hombre y ha transformado la naturaleza de la libertad conseguida.

El hombre de hoy no se engaña con proclamas espiritualistas como en el siglo XIX; sigue habiendo contradicción entre realidad y frases altisonantes, pero está institucionalizada, sostiene Horkheimer. La hipocresía no espera ya ser creída, es cínica. La misma voz que predica sobre las cosas más elevadas de la vida: amistad, arte, religión, es la misma que nos recomienda elegir tal marca de jabón. Hay manuales para alcanzar la salvación como manuales para un electrodoméstico. La división del trabajo es la expresión de la técnica al servicio de la industria.

El único fin en la sociedad moderna de hoy es la autoconservación. Cualquier frase que no tenga un contenido pragmático se ve como sospechosa. Si uno admira una cosa por sí misma o respeta un sentimiento o quiere a alguien por sí mismo, la respuesta del otro a menudo es tomarlo a uno por loco o pensar que le está intentando engañar. La transformación del mundo en un mundo de medios es consecuencia del desarrollo de las fuerzas productivas. A medida que éstas y la organización social se vuelven más complicadas y cosificadas, resulta cada vez más difícil reconocer los medios como tales, ya que cobran la apariencia de entidades autónomas.

En la Grecia clásica algunos hombres alcanzaron tal libertad respecto de la presión natural que les permitió hacer filosofía. Platón, Aristóteles y compañía, deben su actividad y su ocio al sistema de dominio del que intentaban emanciparse espiritualmente. Estos momentos se han dado siempre a una élite social, que generalmente ha hipostasiado su privilegio en términos de virtud humana usándolo con fines ideológicos para degradar el trabajo manual. Hoy, sin embargo, los intelectuales no gozan de tal independencia, y no pueden permitirse pensar en la eternidad, sino dirigir su inteligencia a fines prácticos, próximos. El pensamiento especulativo queda liquidado.

La indiferencia del hombre moderno frente a la naturaleza es una variante de la actitud pragmática del hombre occidental, sostiene Horkheimer. La concepción del hombre como señor de la naturaleza está ya en el libro del Génesis. Los principales teólogos cristianos no hablaron del respeto a la naturaleza y animales, más que como educación moral de los hombres, no como obligaciones hacia aquéllos. Efectivamente, la razón pragmática no es nada nuevo. Pero nunca antes había sido expresado tan claramente ni aceptado tan generalmente.

La historia del yo es la historia de los intentos del hombre por sojuzgar la naturaleza o, lo que es lo mismo, el intento del hombre por sojuzgar al hombre. El yo ejerce funciones de dominio, mando y organización. Su base histórica reside en privilegios de casta en sociedades patriarcales con división del trabajo espiritual y manual. Del carácter violento externo del yo se pasa a interiorizarlo: sublimación de las órdenes recibidas por el superior. El yo pasa a organizar la experiencia interna. El yo lleva la mácula de su origen en el dominio social. Descartes lo representa como un pequeño dictador, cuya función es impedir que las pasiones nublen el juicio, cuyo correcto funcionamiento se manifiesta en la matemática, expresión de la razón formalizada. Pero Descartes es aún demasiado católico para renunciar al dualismo y reducir la naturaleza a contenido del yo. Ese paso se dio posteriormente, con el idealismo subjetivo de Fichte, en el que la naturaleza tiene la única función de servir de ámbito de dominio del yo para su realización. La doctrina actual está más cerca de Fichte de lo que parece, aunque despojada de su metafísica. La naturaleza es objeto de dominio total.

La generación del super-yo, estructura psíquica que reprime todos los impulsos naturales, es una venganza interna de la propia naturaleza, dice Horkheimer. El que renuncia a llevar una vida guiada por la razón subjetiva, y guiado por su fe de la infancia, previa al super-yo, se decida a reconciliar la verdad con la irracionalidad de la existencia, se verá abocado a la soledad, a una vida conflictiva. La otra opción es aceptar la sumisión, disolverse en la sociedad. Los individuos se obligan así a aceptar la ley del más fuerte, la lógica del dominio; no se reconcilian con la civilización. Su vida es un intento por combatir la naturaleza externa e interna, identificándose con sus sustitutos más poderosos: raza, patria, grupos, caudillo, tradición… Sus impulsos naturales son reprimidos, permanecen fieles al super-yo. Adaptarse, en pos del principio de autoconservación, supone convertirse en parte del mundo de los objetos. El cristianismo y el judaísmo intentaron dar un sentido a esta represión de instintos, dando motivos de comprensión y esperanza, pero las doctrinas políticas modernas no han conseguido ser tan exitosas como la religión.

El darwinismo domina el pensamiento actual sobre la relación entre el yo y la naturaleza. La filosofía subyacente de Darwin es positivista. La supervivencia del más apto puede concebirse como la traducción de la doctrina de la razón formalizada al lenguaje de la historia natural. Para el darwinismo popular, la razón no es más que un órgano, un instrumento de adaptación; la razón brota de lo irracional como mecanismo de supervivencia. Como parte de la naturaleza, la razón no está en oposición a ella sino en oposición a otras formas de vida, a otras razones subjetivas. El espíritu es pues un producto de la naturaleza. Parecería entonces que el darwinismo viene en auxilio de la naturaleza, eliminando toda filosofía que ve a la naturaleza como un objeto verdadero que la razón debe esforzarse en conocer; la razón es rebajada y la naturaleza bruta enaltecida.

Pero lo que ocurre realmente es que, en lugar de leerla filosóficamente, como un texto que revela una historia de sufrimiento infinito, la razón subjetiva oscila entre considerar a la naturaleza como objeto de exaltación, vitalismo, o despreciarla como fuerza brutal. Así pues, sostiene Horkheimer, lejos de servir para reconciliar razón y naturaleza, la maniobra darwinista lo que hace es subrayar la parte dominadora de la razón sobre la naturaleza, despreciando todo lo que no satisfaga el instinto de conservación, todo lo espiritual, todo lo que la metafísica antigua exaltaba. La razón es un instrumento de adaptación, de supervivencia. Se produce una degradación de todo lo espiritual, de todo lo que no vaya encaminado a la autoconservación. Lo bueno es lo que está adaptado. Bajo esa aparente humildad de la razón, la naturaleza queda como mero estímulo para la razón práctica, sin valor alguno en sí.

La solución no radica en volver a primitivismo, afirma Horkheimer. Somos herederos de la Ilustración, del progreso técnico, para bien o mal: no se trata de capitular de formas históricamente racionales de gobierno a formas bárbaras; se trata de liberar de sus cadenas a su aparente adversario, el pensamiento independiente.

 

Referencias:

Horkheimer, M., Crítica de la razón instrumental, Trotta, Madrid, 2002

Redes sociales en tiempos líquidos

¿Podrían las redes sociales ser perjudiciales? Vivimos en una época vertiginosamente acelerada. Grandes alteraciones socioeconómicas y políticas, bruscos cambios de actitudes, costumbres, creencias. La consciencia y comprensión de lo que ocurre a nuestro alrededor y dentro de nosotros, se paraliza. Todo lo que ofrecía solidez en la vida como seres humanos, se ha vuelto fugaz y vaporoso como el humo. Los pilares que nos sostenían se evaporan continuamente.

redes sociales modernidad líquida

 

En cada época surgen mentes brillantes, lúcidos observadores y agudos críticos de la realidad histórica en la que viven. El sociólogo polaco Zygmunt Bauman, fallecido la semana pasada, deja un valioso legado ayudando a dar sentido al malestar que producen las sociedades contemporáneas. Poner en palabras los espectros de las angustias que nos perturban y corroen.

Los vínculos entre seres humanos se han debilitado progresivamente desde el comienzo de la era postmoderna hasta hoy. En el año 1999, Bauman da a luz el concepto de “modernidad líquida1 , expresión que define un modelo de sociedad que implica el ocaso de la colectividad. Se impone un individualismo que corroe y desintegra conceptos como la ciudadanía o la comunidad. Es el fin de la era del “compromiso mutuo”.

Globalización, masificación, precariedad, catástrofes, excesiva información, creciente desconfianza hacia las instituciones… Nos provoca inseguridad e incertidumbre y nos empuja a un giro egocéntrico que nos enfrenta los unos contra los otros. Vivimos en una sociedad cada vez menos “social”, sin elementos a los que pertenecer, sin filiación ni ideologías, que nos fragmenta y aisla como átomos. Los “enlaces covalentes” pierden fuerza para mantenernos unidos. La soledad y el vacío son ahora el mayor veneno de nuestra especie.

La trampa de las redes sociales

La revolución tecnológica de finales del siglo pasado ha irrumpido en nuestras vidas. La virtualidad es la realidad de las nuevas generaciones. En esta época, la cohesión de nuestras relaciones, nuestros vínculos, son más débiles y son enmascarados por redes sociales. Redes amplias, pero superficiales, líquidas.

Bauman justifica el éxito de redes sociales como Facebook, Instagram o Twitter afirmando que los depredadores económicos huelen el miedo y crean falsos salvavidas a los que aferrarmos. Consumibles virtuales que son un señuelo al que nos acercamos para compensar la necesidad de comunidad e identidad, alimentando superficial e ilusoriamente nuestro anhelo de colectividad. Flotar y no hundirnos en el vacío. Como afirma en su última entrevista para el diario El País:

«Dan servicios muy placenteros, pero son una trampa.»

La identidad que otorga pertenecer a un grupo se diluye, por lo que creamos sustitutos dentro de las redes sociales. Añadimos y cancelamos amigos, controlamos las interacciones, sin riesgos para nuestra imagen, sin involucrarnos, sin necesidad de habilidades sociales.  Vínculos postizos. Eso sí, nos sentimos un poco mejor porque la soledad es un fantasma que nos hiela en nuestras habitaciones.

Los deseos «licuados»: una perspectiva psicoanalítica contemporánea

Deseos y necesidades centrales para la estabilidad psicológica, están amenazadas por la liquidez relacional y el aislamiento. El malestar difuso y la sensación de vacío de muchas personas, (algunas de las cuales acuden a terapias sin saber qué les ocurre, sin razones «objetivas» para estar mal) tiene relación con el impacto de la insatisfacción de motivaciones psicológicas básicas.

Nuestras decisiones se ven influidas por  procesos inconscientes. Procesos motivacionales que nos impulsan a atender demandas internas asociadas, por ejemplo, a nuestra propia conservación y cuidado, la búsqueda de placer y bienestar, o a reducir el displacer. Uno de estos motivos básicos e instintivos de la experiencia humana, es la búsqueda y conservación de fuertes vínculos emocionales con otras personas (el apego; tal vez lo llames «amor»). Otra motivación básica es el deseo de reconocimiento y de valoración dentro de dichos vínculos significativos, obteniendo una imagen de sí mismo como alguien digno de recibir atención, de ser querido.  Un sentido de la identidad y valía transmitido por los demás. Nuestra autoafirmación sólo es posible a través del Otro.

Estamos programados para buscar la aceptación del Otro, y evitar su rechazo. Estos sistemas motivacionales permitieron la supervivencia de nuestra especie, asegurando la cohesión grupal y su cuidado. Esto explica la búsqueda de afiliación y el sentido de pertenencia, la vivencia de «estar con», de formar parte de lo mismo.

Autores psicoanalíticos como Winnicott o Kohut, consideraron una motivación central la necesidad de crear y conservar un sentido del Self (sentido de nuestro Yo, de nuestra esencia, nuestra identidad) estable y cohesionado. El flujo de experiencias estables y emociones repetidas dentro de las relaciones del ser humano desde que nace, conservan la continuidad y la familiaridad de su mundo interno e interpersonal. Las relaciones nos permiten sentirnos seguros, y nos sostienen psicológica y emocionalmente.

Mis Selfies por tus Likes

Las redes sociales son un mal sucedáneo de lo que aportan las relaciones reales. Un mal sustituto que engancha, como una potente droga. Y no es una metáfora. El placer y bienestar que generan las interacciones positivas están directamente relacionadas con motivaciones y necesidades interpersonales, y por lo tanto, con circuitos y centros cerebrales de recompensa y evitación2. Los mismos que se activan satisfaciendo necesidades fisiológicas como la ingesta o el sexo, o consumiendo sustancias estimulantes. En esta línea, un interesante estudio realizado por la Universidad de California-L.A., evidencia a través de neuroimagen cómo los centros del placer y la recompensa de cerebros de adolescentes, se activan al ver sus propias fotografías con muchos likes e interacciones positivas3.

Existe una parte de nosotros que desde la infancia busca, en esencia, construir una imagen de sí mismo digna de ser amada, aceptada, validada, reconocida, admirada, y la vida social virtual se convierte en una extensión del campo social real. Por eso la necesidad de aparentar, de manipular la percepción de los demás a través de proyectar una imagen ideal de uno mismo y su vida. Crear una identidad, un falso Self, frágil y adulterado, pero al menos uno que saque del desamparo y la carencia. De ahí el exacerbado narcisismo y la dependencia hacia las redes sociales.

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El impacto psicológico negativo

Fotografías milimétricamente calculadas, aparentando espontaneidad, con un bonito filtro Instagram, acompañadas de una cautivadora frase. Una ilusión distorsionadamente ideal, intentando rellenar el vacío. Y no se puede dejar de alimentar fácilmente los perfiles virtuales, uno dejaría de existir en cierto modo, aunque todo consiste en aparentar y no en «ser»: por eso la angustia del vacío no desaparece, porque la liquidez nunca se rellena de algo «sólido».

Los demás son utilizados como objetos, espectadores del despliegue narcisista que ofrecen atención o admiración, pero no son reconocidos ni valorados como quienes realmente son. Consumo líquido de relaciones. Por otra parte, la estabilidad emocional se ve amenazada por las respuestas de los demás usuarios. Si no hay la interacción virtual que uno espera (número de veces compartido, de comentarios, de «me gusta», etc…), pasa a equivaler psicológicamente a un rechazo real. El número y el tipo de interacciones se convierten en una estimación proporcional de la valía y la autoestima. De forma irreal y simbólica, sí, pero cuyo impacto emocional es real.

Pasar tiempo pasando imágenes y perfiles en Facebook o Instagram, desencadena una sensación de exclusión y soledad, y también envidia 4 . Son un espejo artificial de lo que supuestamente carecemos, de lo inadecuados que somos, y esto nos hace sentir avergonzados, tristes. Espejos que muestran las actividades que no hacemos, las metas profesionales que no alcanzamos, los momentos fantásticos en los que no estamos  presentes,  los lugares que no estamos visitando,  las parejas ideales que no tenemos, las familias perfectas que carecemos; de los defectos que nos sobran y virtudes que nos faltanLa vida que no tenemos, la imagen que no somos. Un real sentimiento de frustración, de inferioridad y malestar provocado por muros virtuales de plástico.

A Social Life de Kerith Lemon

Referencias bibliográficas

1 Bauman, Z. (2000). Modernidad líquida. México, D.F.: FCE – Fondo de Cultura Económica.

2 Fareri, D. & Delgado, M. (2014). Social Rewards and Social Networks in the Human Brain. The Neuroscientist, 20(4), 387-402. http://dx.doi.org/10.1177/1073858414521869

3 Sherman, L., Payton, A., Hernandez, L., Greenfield, P., & Dapretto, M. (2016). The Power of the Like in Adolescence. Psychological Science, 27(7), 1027-1035. http://dx.doi.org/10.1177/0956797616645673

4 Appel, H., Crusius, J., & Gerlach, A. (2015). Social Comparison, Envy, and Depression on Facebook: A Study Looking at the Effects of High Comparison Standards on Depressed Individuals. Journal Of Social And Clinical Psychology, 34(4), 277-289. http://dx.doi.org/10.1521/jscp.2015.34.4.277

Cuando no sabemos por qué hacemos lo que hacemos (o aprendizaje cultural)

 

Hace unos días me contaron un experimento con monos que me dio mucho en que pensar… Después de investigar sobre dicho experimento sobre el «aprendizaje cultural«, he descubierto que no es real. Pero eso no le quita el atractivo… Nunca se hizo, pero de alguna forma se hizo «viral» y se publicó en cientos de blogs y webs de psicología y de negocios. Es razonable que se produjera este efecto, ya que la historia tiene gancho. Y sin ser real, se dice que los humanos «funcionaríamos» así.

 

mono

 

El experimento en cuestión

El experimento viene a decir que tenemos «comportamientos» aprendidos bajo una amenaza que no es real. No porque la amenaza no sea real, que lo es. Sino porque las personas que nos están enseñando dichos comportamientos nunca experimentaron dicha amenaza en sus propias «carnes»…

En una cadena infinita le contagiamos a nuestros predecesores un miedo inexistente. El miedo a hacer (o no hacer) algo porque alguna cosa horrible nos sucederá. Sin saber qué es ese algo, ni de dónde viene… Ni siquiera sabemos si alguna vez llegó a suceder.

¿Interesante, no?

 

 

Para contar el experimento de forma sencilla…

· Metieron a seis monos en una jaula que tenía una escalera en el centro. Dicha escalera permitía coger unos plátanos que colgaban del techo.

· En cuanto un mono intentaba alcanzar los plátanos, les rociaban (a todos) con agua helada. No hace falta imaginar que a los monos no les gusta que les rocíen con agua helada. Este proceso se repitió todas las veces que los monos intentaban alcanzar los plátanos.

· Finalmente, cuando algún mono intentaba coger los plátanos eran los compañeros los que impedían que se acercara a la escalera.

Hasta aquí bien. Esta es la primera parte del «ficticio» experimento. Lo interesante viene a continuación.

· En este punto sacan a uno de los monos de la jaula y meten un mono nuevo (*). Que no había participado en el experimento.

· Al poco tiempo intenta subirse a la escalera para coger los plátanos, pero los compañeros le agreden a golpes ante la expectativa de la ducha helada.

· El nuevo mono (*) no entiende nada, ya que nunca ha experimentado la ducha helada, pero tras varios intentos deja de intentar subirse a la escalera.

Y ahora viene lo mejor…

· Se saca a otro de los monos «originales» y se repite el proceso.

· El mono nuevo (**) intenta coger los plátanos pero otra vez se abalanzan sobre él y se lo impiden de forma violenta. Hasta que desiste en su intento.

· El mono (*) al que metieron en mitad del experimento, y que nunca experimentó la ducha helada, también participa en la agresión, aunque sin saber por qué lo está haciendo. Para él simplemente no está permitido subirse a la escalera.

Y al final…

· Y aquí ya llega el colofón del experimento…

· Según avanza el experimento se van sustituyendo a los seis monos que comenzaron con el experimento. Cuando ya se ha sustituido al último de los monos originales, y éste último mono (******) intenta subirse a la escalera, es vapuleado por sus compañeros, aunque en este caso ya nadie sabe porqué, ya que ninguno de estos monos ha sido rociado con agua helada…

· ¿Qué han aprendido los monos? : “Está prohibido subir por la escalera y quien lo intente se expone a una represión por parte del resto del grupo”.

mono

 

Interesante aunque nunca fue cierto

Según la revista JotDown, «Lo cierto es que ese experimento jamás se llevó a cabo. Es una invención. Casi con toda seguridad de Gary Hamel y C.K. Prahalad, que en 1996 escribieron la que parece ser la primera versión de la historia en su libro de autoayuda Competing for the future. Quizá la fábula naciera de la tergiversación por parte de Hamel y Pralahad de un experimento, este sí real, llevado a cabo por el zoólogo estadounidense Gordon R. Stephenson en la universidad de Wisconsin en 1967. El experimento real se describe en el artículo Cultural acquisition of a specific learned response among rhesus monkeys, que puede leerse por ejemplo aquí. Como Hamel se ha negado siempre a hablar del tema cuando ha sido preguntado al respecto (Pralahad murió hace años), la verdadera inspiración de su historia sigue siendo objeto de especulación.»

 

El bolso en el suelo

Aunque este experimento nunca fue corroborado, no deja de «estar» en nuestro imaginario colectivo. Si pensamos bien, hay muchos comportamientos que podemos atribuir a este tipo de condicionamientos. Como las supersticiones. No es exactamente igual, pero su funcionamiento es muy parecido.

Durante muchos años no he podido dejar mi bolso en el suelo. Y sinceramente… nunca por una razón «objetiva». Cuando mi madre veía un bolso en el suelo siempre se ponía nerviosa, y lo ponía de manifiesto con un «no dejes nunca el bolso en el suelo que se va el dinero». Imagino que ella lo aprendió de su madre, y a saber de dónde lo aprendió mi abuela. El caso es que ninguna de nosotras hemos visto jamás con nuestros ojos que el dinero se «fuera» por dejar el bolso en el suelo.

 

bolso

 

Yo ahora me descojono de esto, y dejo el bolso en el suelo sin ningún problema. Pero el «automatismo» está ahí. Y siempre que dejo el bolso en el suelo aparece esa frase en mi mente… «que se va el dinero». Incluso cuando estoy haciendo el movimiento de dejar el bolso en el suelo me siento desafiando todas las leyes de la naturaleza. Como una absoluta loca tentando a todas las maldiciones habidas y por haber…

Sin lugar a dudas, ¡vivo al margen de la ley!

Tampoco me cuesta imaginarme a mí misma diciéndole a mi hija dentro de veinte años… «no dejes el bolso en el suelo que se te va el dinero». ¿Y por qué? A saber…

 

Vaiana

Los que tengáis hijos seguro que habréis visto Vaiana… Y aquí también tenemos un buen ejemplo.

La historia básicamente es esta. Un pueblo que durante siglos fue nómada, ahora vive en una isla. Por razones que  no voy a desvelar (spoiler), en la actualidad los habitantes de la isla no saben por qué, ni desde cuándo, pero tienen pánico al mar y les está prohibido cruzar el arrecife para ir a pescar. Ni hablamos de trasladarse a otras islas en busca de alimento.

 

Vaiana

 

Como ya os imaginaréis, la película es la historia de Vaiana, que es la primera persona que se plantea el origen de ese «miedo». Y lucha por superarlo. No entiende por qué no pueden acercarse al mar, ni entiende los «peligros» que la aldea se ha creído a pies juntillas, sin ninguna prueba de su existencia real.

Y esa es la invitación… ¿Hay un peligro real detrás de nuestros miedos aprendidos?

 

Invitación a romper el «aprendizaje»

 

La invitación es fácil. Bueno, no es fácil… Más bien es simple.

En algún momento tenemos que hacer un «inventario» de todos nuestros miedos. De todo aquello que sentimos como «prohibido», insuperable, inalcanzable… Realmente se trata de un trabajo de observación. De «pillarnos» a nosotros mismos, de ser consciente de esos «automatismos» que se disparan en nuestra mente, y que nunca nos hemos cuestionado. Simplemente nos los hemos creído y llevamos muchos años viviendo bajo su yugo. Ser capaces de ver ese pensamiento de «que se va el dinero» al dejar un bolso en el suelo…

Y es evidente que este pensamiento es bastante inocuo. Pero hay otros que pueden ser devastadores.

 

miedo

 

Tampoco es cuestión de auto-flajelarnos, o de ser demasiado duros con nosotros mismos. El primer paso para una «auto-observación» sana es ser capaces de hacerlo desde la ternura y la compasión. Ser consciente de estos miedos, analizarlos, observarlos, saber de dónde viene, cuestionárnoslos… y ver hasta dónde estamos viviendo de forma limitada.

Pero sin morir en el intento. Un paso importante es dejar el juez en casa en el camino del autoconocimiento. Siguiendo el ejemplo del bolso… podemos ver ese «automatismo», pero no poder dejar de hacerlo. Y no pasa nada. No hay que juzgarse, ni criticarse, ni auto-exigirse… Está bien, siempre que lo observemos y seamos conscientes de que existe. Porque en algún momento nos haremos «fuertes» y podremos superarlo.

Todos tenemos un sinfín de aprendizajes culturales en nuestras espaldas, ya sea de nuestra familia, amigos, educación, sociedad… Deshacernos de ellos nos hará libres 😉

 

Fuentes:

Fotos:

  • Unsplash

 

 

Cuando la familia abraza, pero muy fuerte.

¿En algún momento has tenido la sensación que tu familia se preocupa más de la cuenta, o que en algunas oportunidades (quizás más de lo que te gustaría) te has convertido en padre de tus hermanos, o en madre de tus sobrinos, o que tus problemas son tema de  conversación de todos tus familiares, lo cuales están haciendo un esfuerzo inmenso por solucionarlos, casi sin escuchar tu voz? Si es así, puede que tu familia responda a una dinámica de tipo aglutinada o amalgamada.

 

 

Para poder profundizar en el término es necesario poder entender términos generales en lo que familia se refiere.  Tomando en consideración la Teoría Sistémica Familiar, hay diferentes autores que han logrado caracterizar a la familia.

 

CARACTERÍSTICAS GENERALES DE LA FAMILIA COMO SISTEMA

Salvador Minuchin, hace referencia que la familia es el principal espacio de contención y de interrelación del ser humano, es el principal responsable de la formación de una persona, la cual se va a nutrir de los recursos que en la familia se desarrolle y con las que va a interactuar posteriormente con agentes externos, como la cultura, la época, y la sociedad en la que viva. Minuchin igualmente explica que la familia es un sistema dinámico y abierto, siempre en transformación,  esto quiere decir que la importancia no radica en las individualidades, sino en la interrelación que cada uno de los integrantes va a tener entre sí, nutriendo así el sistema. Es decir, la familia es el resultados de las interacciones entre sus miembros, donde uno va a influir en todos y todos va a influir en uno.

La teoría Sistémica Familiar desarrolla un concepto fundamental, que marca una diferencia con las teorías existentes hasta la época. Observa los fenómenos y los problemas en la familia NO como una consecuencia lineal, donde hay una causa – efecto, sino más bien, marca su enfoque en la circularidad, es decir donde la causa puede pasar a ser una consecuencia, y viceversa, y donde esto puede variar a lo largo del proceso. De manera que se evalúan las dificultades como  deficiencias en las relaciones entre los miembros de la familia, y no en los individuos en sí. Esto se convierte en un hito a lo largo del desarrollo de la teoría y se profundiza en las relaciones familiares recíprocas y retroalimentadas unas con otras, las que van a marcar las dinámicas y las personalidades familiares.

Aparecen entonces términos importantes para la organización de los sistemas familiares como por ejemplo:

 

  • JERARQUÍAS O SUB – SISTEMAS

Son sub – grupos que van a formar la estructura de una familia. Minuchin hace relación de 3 sub – sistemas principales:

  1. Sub – sistema Conyugal: es el primer sub – sistema de una familia, está conformada por la pareja. Su relación se basa en una vinculación adulta. Debe ser una relación simétrica, es decir una relación entre iguales.
  2. Sub – sistema parental. se refiere a los adultos pero en su rol de padres. Es decir en la relación padres – hijos. La relación entre padres e hijos debería caracterizarse por la complementariedad, es decir una relación de desigualdad, donde los padres tienen mayor poder y están jerárquicamente por encima de los hijos.
  3. Sub – sistema fraternal: se refiere a la relación entre hermanos. Este sub sistema se caracteriza también por ser una relación entre iguales, por lo cual es una relación simétrica.

 

  • LÍMITES:

Término desarrollado con profundidad por nuestra compañera de blog  en su artículo Límites y necesidades relacionales fundamentales para el bienestar emocional. Los límites son reglas (implícitas o explicitas) de participación, es decir es la manera de regular las relaciones. Existen diversos tipos de límites.

  1. Límites claros: se refiere a un tipo de interrelación donde están bien definidos los roles en cada sub sistema. Se respetan los espacios y las funciones de  cada uno dentro de la cotidianidad familiar.
  2. Limites difusos: en una familia con límites difusos entre sí, se caracterizará por una confusión de roles entre los sub sistemas, donde se priorizará el sentido del grupo por encima de la individualidad. Es un tipo de relación que se caracteriza en muchos aspectos por dinámicas invasivas y donde el colectivo y los legados familiares empujan la lealtad y la convivencia en comunidad.
  3. Limites rígidos: se caracteriza por ser límites como dice la palabra, poco flexibles. La dinámica hace que los miembros entre sí interactúen con mucha distancia, tendiendo a priorizar la individualidad por encima del colectivo. Generalmente forma miembros desligados o aislados del grupo familiar.

  • FRONTERAS:

Se refiere principalmente a la dinámica que una sistema familiar tiene con agentes externos, como otros sistemas familiares, la comunidad, entre otros.

  1. Fronteras abiertas y flexibles: es aquel sistema familiar que permite la interacción con agentes externos, alimentándose del ambiente y de las relaciones fuera del grupo familiar. No observa la salida de un miembro como una amenaza a la lealtad familiar, por el contrario se nutre y se transforma añadiendo nuevos códigos y valores.  Por ejemplo cuando los hijos pueden traer amigos a casa, cuando los padres se relacionan con los padres de los amigos de sus hijos y participan de grupos en la escuela y la comunidad.
  2. Fronteras cerradas y rígidas: la dinámica en familias con fronteras cerradas es de tipo poco permeable  observa la participación de agentes externos a la dinámica familiar como amenazantes, tiene un cierto punto paranoico, la salida de un miembro a otro tipo de interacciones genera conflictos, y es observado como una deslealtad al grupo familiar. Ejemplo de ello, los celos de una madre o padre  hacia la pareja de su hijo (a) y hacia su grupo familiar.

 

  • FUERZAS

Stierling en el año 1974 genera una teoría para poder describir la cohesión familiar. Este autor refería que hay tipos de fuerzas que marcarán las relaciones:

  1. Fuerzas Centrípetas:  son familias que se caracterizan por fomentar una participación activa de los miembros dentro del grupo familiar, intentando siempre la permanencia de un individuo dentro del grupo, la fuerza es hacia adentro, evitando así la salida o la expulsión de uno de los integrantes.
  2. Fuerzas Centrífugas: Fuerzas que empujan a los integrantes fuera del sistema familiar, permiten la salida y promueven la participación de los miembros fuera del sistema familiar. Ejemplo de esto, cuando la familia apoya y promueve la salida de un hijo a otra cuidad o país por asuntos escolares.

Stierling se enfoca en la idea de que ninguna de las fuerzas es disfuncional en sí, sin embargo puede convertirse en destructivas si la intensidad de una fuerza controla a la otra. Es decir, que la clave, indicaba, está en integrar ambas fuerzas y dejarlas actuar equilibradamente en la cotidianidad, ya que ambas pueden proteger y a la vez estimular un grupo familiar.

 


Igualmente existen dos tipos de fuerzas más que están enfocadas en la posición frente al cambio

 

  1. La homéostasis: es la tendencia ala familia a mantenerse como están a fin de no generar cambios, aunque se encuentren en una situación de estrés y tensión. La homéostasis es la resistencia al cambio.
  2. La Morfogénesis: es la fuerza que facilita los cambios, muestra resiliencia ante las crisis y permite que los procesos de cambios construyan y ayuden al fortalecimiento de la familia. En terapia familiar, se ayuda a canalizar adecuadamente esta fuerza a fin de potenciar los cambios en los vínculos y en las relaciones, para generar dinámicas más sanas y constructivas.

 

Conociendo ya estas características conversemos un poco de un tipo de familia: la familia aglutinada.

 

LA FAMILIA AGLUTINADA

http://https://www.youtube.com/watch?v=HHcDQUoi-tY

Esta genial película se llama Little Miss Sunshine (Pequeña Miss Sunshine )  es una comedia dramática, se estrenó en el 2007, muestra la convivencia de una familia en un viaje, la dinámica que se observa es de tipo aglutinada, y para algunas personas, de tipo disfuncional.

Esta pequeña escena de la película, muestra la esencia de lo que se trata al término aglutinado. Primero, basados en las posición de los participantes, el director juega con una presentación donde todos están apiñados literalmente en una mesa, compartiendo un momento del día: el desayuno. Este momento es algo simple y rutinario para cualquier familia, pero en esta escena se pudo apreciar como una decisión tan simple como escoger comer helado o no, genera una serie de conflictos, tensiones  y diferencias entre los participantes, y como la persona que debe decidir debe primeramente escuchar el plenario para poder tomar una decisión, es decir todos participan.

La familia aglutinada es un tipo de dinámica que se basa primeramente por:

  • Jerarquías poco definidas.
  • Límites difusos.
  • Fronteras generalmente cerradas.
  • Fuerzas centrípetas dominan.
  • Tendencia a la homéostasis.

 

Cuando se habla de familia aglutinada, la característica principal que viene a la mente es todos para uno y uno para todos. A pesar que la familia siempre va a intentar fortalecer la cohesión, en muchas ocasiones este tipo de familias cuando atraviesan crisis ya sea vitales o no (las esperadas por la vida como la adolescencia o la salida de los hijos del hogar), suelen enfrentar mucha tensión y suelen aparecer conflictos que son difíciles de manejar por los miembros, ya que sienten que todo lo que genera malestar puede distanciar o amenazar la cohesión familiar.

 

Las familias aglutinadas igualmente se caracterizan por tener rituales y ceremonias familiares que son importantes, y donde se espera la participación de todos. Lo cual refuerza la idea de la identidad grupal, y fortalece el vínculo entre los miembros. Sin embargo la falta de participación en dichos rituales o ceremonias familiares suele percibirse como una deslealtad o falta de respeto al legado familiar, un ejemplo de eso: faltar al cumpleaños de un familiar. Igualmente se observa dificultad por mantenerse al margen de los conflictos o discusiones, si discuten 2 se mete 3,4,5, o 10, si están todos presentes todos opinarán y participaran en la discusión.

 

Igualmente se puede puntualizar en la participación de los miembros con agentes externos al grupo familiar. Aunque no se niegue la participación con otros sistemas, siempre se va a esperar que se priorice a la familia, y principalmente que se defienda los legados familiares, lo cual va a perpetuar el grupo como un todo.

 

Es difícil diferenciarse de la familia de origen. Se puede observar procesos muy dolorosos y a veces patológicos en la separación entre los miembros de la familia. El hijo sufre de una gran ansiedad por tener que salir de casa, se le hace muy difícil la independizaciónde sus padres o cuidadores, y suele postergar esta decisión. O en su defecto aparece un síntoma, ya sea una enfermedad o una situación inesperada. Esto puede generar crisis y problemas con sus parejas y amigos, y sobre todo cuando sus parejas no han presentado estas dificultades con sus propias familias de origen. Existe una vinculación familiar muy intensa y una dificultad para la autonomía personal.

 

La palabra clave en estas familias es: Lealtad, y sobre todo, dificultad para decir NO.

 

Sin embargo no todo es negativo en este tipo de dinámicas, las familias aglutinadas suelen reaccionar de manera rápida y eficiente ante la convalecencia de un miembro de la familia. En caso de enfermedades o accidentes, este tipo de familia suele agruparse, apoyar y contener  hasta lograr superar la situación. Van a defender a muerte a un familiar que fue herido emocional, psicológica o físicamente por otra persona. Es decir se cuida a la manada, porque se considera a cada uno de los miembros vitales para el legado familiar.

 

 

 

RECONOCER, INTEGRAR Y SUPERAR

  • Reconocer que venimos de una familia, que nos formó y que gracias a ella somos quienes somos el día de hoy, con nuestros defectos y virtudes, nuestras familias fueron nuestros principales pilares para nuestra vida en sociedad. Es por eso que la idea de este artículo no es enjuiciar o defender la teoría de que toda familia aglutinada es disfuncional. Al contrario, la idea es reconocer las fortalezas y virtudes que tienen este tipo de familias, rescatarlas y potenciarlas, sin embargo igualmente es una oportunidad para darnos cuenta de que a veces lo que nos parecía normal, no necesariamente favorece el bienestar emocional y psicológico de una persona.

La cohesión familiar es necesaria para superar dificultades, pero también se necesita de la suficiente flexibilidad para actuar. La familia no puede estar aislada, por lo que se hace importante contar con una red de apoyo para poder acudir en caso de necesidad.

  • Rescata de tu familia las fortalezas, todos esos recursos que te permiten en la actualidad enfrentar las dificultades de la vida. sin embargo si algo de lo que a tu familia pertenece no te hace bien o te produce malestar, encárgate. La mejor manera de superar e integrar es encargarse. La idea no es evitar los conflictos, al contrario, la idea es utilizarlos a favor, aprender de ello y  que eso se convierta en un espacio de crecimiento para ti.

Y si crees que hacerlo por ti mismo es difícil, ya lo has intentado y no has logrado diferenciarte, independizarte y se ha hecho cuesta arriba el proceso: Busca apoyo, comienza un proceso personal con un terapeuta. No tengas miedo en poder conversar sobre esto con un especialista. Quien mejor que un Psicólogo para liberarte de esas culpas, de  ese dolor, y de  ese peso que conlleva generar cambios en la vida.

Los terapeutas familiares están capacitados para canalizar junto a todos los miembros de la familia las dificultades y las crisis que atraviesan. Será un participante externo a la convivencia familiar, lo que generara un punto de parcialidad a los conflictos. Será un punto de fuga para las tensiones y además potenciará lo que se dijo anteriormente, la morfogénesis, lo cual facilitara la posición frente al camio y potenciará la posibilidad de fortalecerse de las crisis y de las adversidades.

  • Igualmente un terapeuta te ayudará a prender a poner límites. Sí, sé que es muy difícil saber decir «no«. A veces genera culpas, otras veces genera conflictos, a veces te sientes como el malo de la película, o es considerado en casos más extremos como una traición. Esto descrito anteriormente parece una película cómico-dramática, pero la experiencia nos ha revelado, que cuando se empiezan a generar cambios en las relaciones, pueden levantarse resistencias que dificulten el proceso de cambio (homéostasis).  Pero este es un paso muy importante en el proceso terapéutico cuando estamos trabajando las relaciones con nuestras familias de origen y sobre todo cuando queremos y entendemos que marcar límites puede ayudarnos a oxigenar las relaciones y a posicionarnos de una manera más sana y respetuosa con nosotros mismos y con el otro.

Finalmente la palabra clave a la que invito es a amar  fluyendo, sin controlar, ni ser controlados. El amor genuino se basa en el respeto por si mismo y por el otro. Amar sin forzar, y amar aceptando. Aceptar a nuestras familias no es permitir. Es solo aceptar las diferencias, respetar las historias, y sobre todo es agradecer, pero continuando nuestros caminos.

Si, es ahora el momento!

«Tener un lugar a donde ir se llama hogar, tener personas a quien amar se llama familia, tener ambas se llama bendición»

Papa Francisco.

 

 

 

 

Masculinidad hegemónica. La regla de oro: no ser mujer

 

En esta entrada me gustaría seguir tratando algunas de las cuestiones relativas al género, en este caso sobre las nuevas masculinidades emergentes.

Como es bien sabido, el género es una construcción social y cultural y por lo tanto está permitido la creación y transformación de identidades así como de roles de género. Dado que lo femenino y lo masculino se adquiere a través de un proceso de aprendizaje, en donde los significados sociales de género se transmiten a través de la relación, éstos pueden ser modificados.

En la actualidad, podemos afirmar que la transformación de los roles de género ha sido más tangible en el caso de las mujeres con la incorporación al mundo laboral y su consiguiente masculinización para llegar a obtener la valoración de la sociedad. Cuando tratamos este tema rápidamente se nos enciende la alarma de “los problemas de la incorporación de la mujer al mundo laboral” asociado en muchas ocasiones con la bajada de la natalidad, el aumento del paro, problemas de la infancia, la educación de los hijos e incluso el “abandono” del hogar. Sin embargo, también puede venir a nuestra mente la imagen de la mujer que llega cansada del trabajo remunerado y comienza su jornada de trabajo (no valorado) de cuidado del hogar y de la familia.

Por suerte, justicia social o aumento de consciencia, a día de hoy pese a seguir tratándose el debate incansable de “los problemas de la incorporación de la mujer al mundo laboral”, pueden aparecer en nuestras mentes viñetas de parejas que conviven en la corresponsabilidad de las tareas del hogar y de la familia. Por desgracia, junto con esta imagen aparecen en muchas ocasiones comentarios que cuestionan la masculinidad de los hombres que actúan comprometidos con nuevos modelos de convivencia.

 

La masculinidad hegemónica.

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La diferenciación rígida de roles de género implica un costo no sólo para las mujeres, sino también para los hombres. La masculinidad hegemónica ha traído consigo una menor esperanza de vida en los hombres que está directamente relacionada con su baja calidad de autocuidado y a una mayor predisposición para llevar a cabo conductas de riesgo. Asimismo, las construcciones rígidas o extrapoladas sobre el género implican limitaciones en las posibilidades de desarrollo de capacidades. En el mundo masculino, por ejemplo, la educación emocional se basa en el ocultamiento, negación y relativización de los sentimientos ya que la vulnerabilidad se confunde con debilidad (propio del mundo femenino). El mundo de los afectos es demasiado pobre como para obtener un buen desarrollo de las habilidades emocionales, trayendo consigo problemas de gestión emocional como una baja tolerancia a la frustración.

El desarrollo de unas u otras habilidades está mediado por la socialización del individuo ya que la mayor parte de nuestros aprendizajes se producen en la relación con los otros. Con respecto a la socialización de los hombres, autores como De Keijzer hablan de la inexistencia de conceptos como el autocuidado o el sentido de la salud. Así, el cuidado y el autocuidado parece pertenecer por tradición, al mundo femenino a no ser que uno se encuentre en una posición de poder como pueden ser profesiones del ámbito sanitario como la medicina. Congruente con esta teoría, De Keijzer habla de un modelo de masculinidad basado en una mayor independencia, agresividad, competencia e incorporación de conductas violentas y temerarias, que llegaría a explicar la menor esperanza de vida entre los hombres.

Desde la antropología, David Gilmore explica que al hombre se le exigen cualidades agresivas dado su rol masculino de protector. Además, afirma que dado su rol puntual en la reproducción, su vida carece de gran valor para la supervivencia de la especie por lo que pese a su papel de preñador, éste también debe ser proveedor y por ello, en ocasiones se somete a situaciones de riesgo (como por ejemplo en el ámbito laboral ejerciendo trabajos que suponen una amenaza en su salud tanto física como mental) con el fin de evitar el cuestionamiento de su valía como hombre. Así declara que la tendencia a resaltar la virilidad y los comportamientos arriesgados se explica en términos de evolución adaptativa.

Gilmore también afirma que en sociedades con fuerte diferenciación entre sexos, el repudio de lo femenino y su dominación tienden a colocarse como valores fundamentales de la identidad sexual masculina. En la fuerte diferenciación, lo masculino y femenino se perciben como opuestos por lo que las personas mantienen sus fronteras actuando de forma radical, siendo el repudio de lo femenino su seguridad de mantenimiento de su identidad masculina. En estas sociedades, se concibe que la persona pierde su masculinidad o se da la feminización cuando ocurre alguno de los siguientes sucesos:

  1. prolongación del vínculo madre- hijo
  2. varón incapaz de imponer autoridad con pareja
  3. permite el engaño de un rival
  4. ocupar posición pasiva en sexualidad
  5. la falta de control de la sexualidad de las mujeres de la familia

Así, al hombre se le exige desde este modelo de masculinidad el dominio del espacio de lo público, ingresos para mantener su rol de proveedor, la creación de su propia familia y un rol activo en sexualidad. Todo ello se resume al mensaje simplista de no actuar como una mujer.

Asimismo, desde la antropología también se han estudiado sociedades en donde predomina una cultura andrógina como los tahitianos de Polinesia. En estas culturas se observa poca diferencia en el estatus, comportamientos y funciones sociales entre géneros así como una baja agresividad y competitividad en sus miembros, siendo la economía cooperativa.

Desde el psicoanálisis y retomando la teoría de Freud que ya expuse en la anterior entrada, el repudio de lo femenino estaría en la base de la constitución psíquica de hombres y mujeres, al menos en nuestra cultura. En el caso del hombre, el rechazo de lo femenino se debe a los temores a la castración, que conlleva a la necesidad de adoptar una posición activa tanto en el dominio personal como en el público. En la mujer, el repudio de lo femenino se manifiesta en la negación de la carencia fálica (ante la negación de la castración, la niña se comporta como un hombre). Así, el hombre teme la castración ya que en última instancia simboliza la feminización.

Lacan, ahondando más sobre el repudio de lo femenino, explica que en el extremo masculino, el ser hombre depende de: 1. El órgano; 2. La identificación con el ideal del yo paterno y 3. Insignias fálicas como el poder. En el extremo femenino, la mujer busca sustitutos fálicos (hombre, hijos…) y erotiza su cuerpo para despertar el deseo en el otro. Sin embargo, Lacan ya comienza a hablar de que existe un espectro en donde posiciones intermedias o invertidas dan como resultado variedades en identidades y orientaciones sexuales.

 

Nuevas masculinidades

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El patriarcado se beneficia de las actividades de cuidado realizado tradicionalmente por las mujeres a las que todavía hoy no se les otorga ninguna clase de valor. Pero lo cierto es que sin estas actividades, las sociedades no podrían avanzar. De hecho, una gran parte de la población con poder no podrían ejercer su profesión si no hubiera una figura que cumpliese con estas tareas de cuidado.

Desde el patriarcado, el hombre se dedica al dominio público y la mujer al ámbito del hogar y la familia. Con ello, las libertades de unos como de otros se ven restringidas. Así, se produce una insatisfacción por ambas partes, lo que ha llevado a un cuestionamiento del modelo por excelencia en nuestra cultura. En contraposición con la percepción que nos ofrecen las sociedades en donde existe una gran diferenciación entre géneros, en donde el hombre debe ser a-b-c, lo cierto es que la identidad, no pertenece al dominio de lo biológico sino que en un cuerpo dotado de ciertas características biológicas se construyen una serie de operaciones simbólicas. Así, en la identidad de cada uno, pese a su aparente unidad, se encuentran una multiplicidad de pulsiones, deseos y conflictos que hacen a cada individuo fragmentado.

Ahora la mujer ocupa más ámbitos de poder pero adoptando una postura masculinizada en donde se debe seguir un guión marcado de simbolismo, desde la vestimenta apropiada a un protocolo de comportamientos propios y un abandono de los espacios tradicionalmente femeninos. Así, caemos nuevamente en el mismo error propio del patriarcado, persistiendo guiones en donde las tareas tradicionalmente femeninas siguen sin ser valoradas, con la diferencia de que en este caso es ahora la mujer la que delega en un cuidador (la mayoría de las ocasiones otra mujer) para el cuidado de sus hijos.

Sin embargo, comienzan a aparecer nuevos formatos de convivencia en donde, la mayor participación de los hombres en estos espacios ha supuesto la creación de nuevos modelos de convivencia en donde existe una corresponsabilidad y no una “ayuda”, de manera que se adoptan posiciones de cuidado con compromiso. Como consecuencia de esta apertura social, las mujeres ya no son las únicas que luchan por una valoración de estos espacios, sino que ahora también se suman muchos de los hombres que ahora se empapan de éstos, bien sea por justicia, por visibilización de las demandas de la mujer a través de su inclusión en la toma de decisiones dentro del poder, por el derecho a la paternidad de las parejas homosexuales, o por deseo propio al obtener una serie de beneficios inherentes a la realización de estas tareas de cuidado como puede ser compartir más tiempo con los hijos.

El mundo social presiona a las personas, condicionando su percepción, valoración y acciones sobre la realidad, pero también genera cambios en las políticas sociales, por lo que lograr que tanto hombres como mujeres se sientan libres para ejercer sus derechos de autocuidado como de cuidado a los otros, mejorar la calidad de sus relaciones y su autorrealización implica cuestionar el patriarcado así como los modelos tradicionales de feminidad y masculinidad. Si logramos romper nuestras ataduras con la diferenciación de género, si salimos de ese condicionamiento en nuestras actuaciones, podemos quizás evolucionar como sociedad.

 

¿Qué es el guión de vida y cómo influye en mis decisiones?

 

¿Qué es el guión de vida?

 

¿Por qué tomo las decisiones que tomo? ¿por qué algunas personas sienten y entienden que pueden conseguir lo que se propongan y otras no? ¿Qué les diferencia? ¿Es una cuestión de autoestima, de temperamento o de aprendizaje? Y lo más importante, si no estoy feliz con la forma que tengo de relacionarme con la vida y de vivirla, ¿puedo modificarlo?

Muchas preguntas de un alto nivel de profundidad que no resultan sencillas de solucionar con una fórmula mágica, pero a las que si podemos intentar dar respuesta. Para ello, vamos a adentrarnos en el concepto de guión de vida.

Según define el psicólogo integrativo, el Doctor Richard Erskine el guión de vida puede definirse comoun plan de vida basado en decisiones adoptadas en cualquier etapa evolutiva que inhiben la espontaneidad y limitan la flexibilidad en la resolución de problemas y en la relación con las personas”.

 

¿Cómo se forma el guión de vida?

 

El guión de vida va tomando forma desde la infancia temprana, en función de la satisfacción o no de las necesidades relacionales de las que ya hablamos en un artículo previo.

Pongamos el ejemplo de un niño pequeño que tiene una fuerte necesidad de ser consolado. El estrés y malestar que siente el niño le lleva a emitir una serie de conductas y emociones dirigidas a llamar la atención de las figuras de apego (madre, padre, abuelos…), con el propósito de que acudan en su ayuda y satisfagan la necesidad que siente en ese momento. Si esta necesidad de ser consolado no se satisface, porque las figuras de apego no están disponibles física o emocionalmente, el proceso queda incompleto. En ese punto, el niño busca una explicación/solución que le permita cerrar el proceso y satisfacer la necesidad requerida, en este caso la de ser consolado. Para ello, el niño se da una explicación a si mismo denominada cierre cognitivo con la que da por concluido el proceso. En esta auto explicación el niño puede decirse cosas como “he hecho algo mal”, “estoy solo” y/o “que yo necesite algo es molesto para los demás” entre otras muchas posibles explicaciones.

 

guión de vida

 

Por supuesto, un niño pequeño, no se lo explica de una forma tan elaborada porque aún no tiene la capacidad intelectual para hacer ese tipo de inferencias. Pero si siente emocional y corporalmente y se explica, a su modo, el por qué no se ha satisfecho su necesidad. De esta forma, se va sembrando poco a poco el germen de una serie de creencias acerca de sí mismo, de los demás y del mundo que le rodea que le llevarán a elaborar su propio guión de vida. Esa explicación que se da a sí mismo denominada decisión del guión de vida, por dolorosa que pueda resultar, le ayuda a protegerse del malestar mayor de experimentar que algunas de sus necesidades más importantes no se satisfacen por aquellos a los que quiere o de los que depende.

 

¿Cómo nos influye el guión de vida?

 

Por medio de este proceso las personas elaboramos creencias restrictivas que nos impiden el crecimiento y que nos influyen a la hora de relacionarnos con los demás, de afrontar la vida y de vivirnos a nosotros mismos. Creencias que se han grabado en nuestra psique y nuestro cuerpo como verdades absolutas y que se transforman en tensión/dolor corporal o en diálogos internos, en su mayoría inconscientes. Algunos ejemplos de estos diálogos pueden ser: “no soy capaz de hacer lo que quiero porque no soy suficientemente inteligente”, “no soy una persona digna de ser amada”, “es peligroso comunicar lo que necesito”, “los demás no son de fiar”, “los demás son más importantes que yo” “la vida es dura y triste”.

Por tanto, y dando respuesta a una de las preguntas con las que se iniciaba este artículo, podemos decir que el guión de vida con sus creencias restrictivas influye de forma clara en las decisiones que tomamos y en cómo afrontamos la vida. Ya que si en mi guión de vida está la creencia de que nunca consigo lo que quiero, es muy improbable que emprenda acciones para alcanzar una meta. De la misma manera, si en mi guión está la creencia de que los demás no están disponibles emocionalmente para mi, será muy probable que me cierre en mi mismo y que no pida ayuda. La trampa y el verdadero poder de estas creencias reside en el hecho de que la persona no suele ponerlas en cuestión. La creencia absoluta de las mismas, vivida casi como algo innato de la persona, hace que se experimenten vivencias congruentes con dichas creencias una y otra vez, de forma que cobran cada vez más fuerza.

 

¿Se puede cambiar el guión de vida?

 

guión de vida

 

Entonces, ¿qué hacer? ¿cómo romper este círculo de infelicidad?. Simplemente decir que no. Negarse a aceptar esas emociones negativas que nos llevan a sentirnos incapaces o infelices. Negarse a aceptar que hay cosas que son así y que hay que aguantarse. Iniciar un proceso de conocimiento personal, con un/una buen/buena profesional que nos ayude a curar nuestro guión de vida entendiendo de dónde proceden esas creencias, esas emociones y esas tensiones corporales, dándoles espacio para poder expresarse y encontrando nuevas formas más saludables de satisfacerlas. Y, también, siendo conscientes de que la cura del guión es un proceso que requiere tiempo, que puede que se reactive en momentos de presión o estrés, pero que puede modificarse haciéndonos así más libres y felices. Tal como expresa en Dr. Erskine la cura del guión de vida supone la creencia, y los sentimientos asociados de bienestar, de que no importa lo que me suceda, no importa lo mal que esté la situación, voy a aprender y a crecer con la experiencia”.

 

guión de vida

 

Referencia bibliográfica:

  • Transactional Analysis Journal, Volume 10, Number 2, April 1980, pp. 102-106

Fuente:

El empleo del tiempo en un tiempo sin empleo

Sabemos que en el antiguo Egipto los gatos fueron tratados como divinidades y se les rindió culto hasta el punto de incorporar en su panteón a Bastet, la diosa gata. Ha corrido mucha agua bajo el puente hasta nuestros días, pero allí siguen estos felinos domésticos entre nosotros: olfateándolo todo y, si prestamos atención, enseñándonos cómo estar en paz con nosotros mismos y con el mundo. Una forma sana del empleo del tiempo.

Por razones que no vienen al caso, pero que afectan a algo más del 20% de la población española, en los últimos meses he pasado bastante tiempo en casa. Seguro que ya adivinaron la razón. Desde septiembre del 16, he tenido oportunidad de reflexionar sobre las condiciones del capitalismo de la modernidad tardía, he contado las mil maneras a través de las cuales llegamos a identificarnos con lo que hacemos profesionalmente y me he dado cuenta de lo relacionada que estaba mi autoestima con la gratificación económica de un salario.

También ha sido una época paradójicamente feliz, en la que empecé a salir de un laberinto de confusión vocacional, en la que no he sucumbido ante mis peores fantasmas y en la que he cultivado una virtud que hoy creo imprescindible: la paciencia.

En este asunto tan serio como es el de perder el empleo, no he dejado de trabajar ni un día. En ocasiones, con el ordenador delante pero sobre todo intentando ponerle conciencia al presente, al hecho, no menor, de estar vivo y respirando. Precisamente en un tema tan delicado como el del paro, he estado acompañado y reconfortado por la presencia no humana pero vivísima de Amapola.

 

 

La llegada de la gata tricolor a la casa la ha transformado por completo pero lo que no podía imaginarme es todo lo que iba a aprender a su lado sobre mi neurosis y sobre el empleo del tiempo en un tiempo sin empleo.

 

Limitación y finitud

En este mundo poco dado a la espera y al reconocimiento del límite, hemos prescindido de la naturaleza y la vamos sustituyendo por un universo material-virtual que creemos inagotable. Por poner un ejemplo, el frenesí disparado del consumo que se practica en los países desarrollados -a expensas de recursos finitos que son explotados de forma desmedida- se parece bastante a la imagen de un foxtrot bailado en la cubierta del Titanic.

Vamos hacia un precipicio, pero muy eficaz y velozmente.

Si ganar dinero, poder o reputación son las únicas metas de nuestra vida, nos llenamos de frustración cuando sentimos que hemos quedado fuera del juego mediante el cual se obtienen dichos bienes. Ponemos excesivamente el valor de una actividad en su valor de cambio dentro del mercado y se opaca nuestra autoestima cuando no sabemos cómo obtener un salario o cuando consideramos que éste no es suficiente como contrapartida a la entrega de nuestro tiempo y esfuerzo.

La gata Amapola, como parte de esa naturaleza que se nos ha vuelto extraña, “sabe” que hay ciclos vitales, que hay un momento del día para saltar y correr, otro para alimentarse, otro bien extenso para descansar acurrucada encima del cojín, otro para dormir, muchos para jugar.

Sin haber leído jamás el Eclesiastés, que nos enseña que la vida está abocada a la finitud, Amapola conquista la libertad de disfrutar de su vida y de sus dones maravillosos. Vive sin temor su propia condición de criatura y no se amarga la existencia por no ser otra cosa que la que es.

Claro, me dirán que ella lo tiene fácil porque no tiene conciencia de sí misma ni del tiempo, es decir, no sabe que es un gato ni tampoco sabe que se va a morir. Vale, ella vive presa de sus instintos e incapaz de renunciar a éstos. Nosotros, en cambio, miembros de una privilegiada especie que viene de fábrica con el sistema nervioso más sofisticado del planeta, nos comportamos en nuestro día a día de una forma mucho más inteligente. Acelerados, como pollos sin cabeza, haciendo dos o tres cosas a la vez y siempre con la lengua afuera, con la sensación de que los días en la semana no son suficientes como tampoco lo son los meses en el año.

Esta es, en efecto, una de las grandes diferencias que mantenemos con los animales y es que habitamos en el tiempo y en nuestra conciencia.

También se podría objetar que cómo diantres sé yo que la gata Amapola disfruta de los dones de la vida y vive sin temor a morir. Es verdad, estoy proyectando en ella cosas que nos pasan a los humanos pero también es cierto que la he tenido en brazos mientras ronroneaba y aquello era un motor de goce indescriptible. Ella me enseña algo sin palabras, siempre y cuando sea yo quien esté dispuesto a aprender.

El gato y el ciclo de necesidades

Amapola es gran maestra en el campo de las necesidades y su satisfacción. Cuando tiene hambre, come; si tiene sed, bebe; si está cansada, descansa; si quiere compañía la busca; si quiere estar sola, pues está sola. Si necesita desperezarse, hace un adho mukha o cualquier otra posición del yoga y sigue a su bola.

Cuando somos niños tenemos una conexión más directa (más animal) con las necesidades y con la energía que dirigimos para su satisfacción. Como somos dependientes de la ayuda de otros, la satisfacción no resulta sencilla. Incluso, se va tornando cada vez más compleja mientras crecemos y nos vamos amoldando a las estructuras de la realidad social. Este acomodamiento no se produce de manera indolora ni es inocuo ya que entre nuestras necesidades y su satisfacción se levantará el muro de los mecanismos neuróticos. En términos psicoanalíticos, el principio de placer se topa necesariamente con el principio de realidad.

Si tenemos la suerte de, en algún momento de nuestra existencia, emprender un camino de desarrollo personal a través del autoconocimiento es mucho lo que podemos aprender de los gatos o, mejor dicho, de lo que proyectamos en ellos. Por ejemplo, los gatos no se dan por vencidos ante las dificultades ni se detienen a guardar rencores ante los obstáculos con lo que se encuentran. Diez veces seguidas puedo bajar a Amapola de la mesa para que no rebusque entre las sobras de los platos y ella otras diez veces volverá a intentarlo. Si finalmente, soy yo quien gana la partida ella muy astutamente esperará una nueva oportunidad. No se quedará masticando la rabia ni auto flagelándose por no haberlo conseguido.

Entre las inclinaciones fundamentales de los gatos está, desde luego, la práctica persistente de la indiferencia. Al contrario del perro que, como mascota, nos obedece y nos acompaña fielmente, el gato parece tener el orgullo de un dios. No sirve ni acompaña a nadie que no le apetezca. Basta con ver la manera aristocrática y elegante de su andar por la casa para llegar a la inquietante conclusión de que él es el dueño y uno es una visita que está de paso.

La confianza y el cariño de un gato no es algo que se gane de una vez y para siempre, dependerá de lo que estemos dispuestos a dar pero también dependerá principalmente de él.

Si Amapola pudiese hablar, creo que me recordaría la base gestáltica de nuestro encuentro: Yo soy yo y tú eres tú; Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas.

Mirar a los ojos de los gatos

Quienes viven el mal trago de haber tenido que “pararse” a la fuerza, es frecuente que tengan una sensación de indignidad quizás por aquello que afirma el filósofo Byung-Chul Han de que “quien fracasa en la sociedad neoliberal del rendimiento se hace responsable a sí mismo y se avergüenza, en vez de poner en duda a la sociedad o al sistema. En esto consiste la inteligencia del régimen neoliberal. Dirigiendo la agresividad hacia sí mismo, el explotado no se convierte en revolucionario sino en depresivo”.

Vivir la falta de empleo como una desgracia es una posibilidad. Hacer frente a ella generando una baja intensidad anímica o, ya puestos, un cuadro depresivo está lamentablemente muy extendido entre las posibilidades que ofrece nuestra cultura. El imperio de las drogas legales e ilegales campa a sus anchas porque ofrece “remedio” instantáneo para gente quebrada y sin tiempo que perder.

El paro laboral es síntoma de muchas cosas que ocurren en nuestro mundo, pero es también una oportunidad personal para pararnos sobre nuestros pies, para bajarnos de la rueda en la que gira el hámster humano, para conectar con nuestras necesidades más esenciales y para reorientar nuestra energía sin abandonar las ilusiones.

Borges decía que mirar a los ojos de los gatos es contemplar otro lugar, intuir en la mirada de ellos la materia enigmática de la que está hecho el tiempo.

Cualquiera que tenga gatos sabrá de lo que hablaba el escritor, los gatos se quedan mirando por la ventana y, excepto que pase un pájaro volando, pareciera ser que meditan. No meditan, están simplemente ahí. Son puro presente. Dejan que lo que acontece venga a ellos sin interpretarlo ni atajarlo. No se lamentan por lo que ya pasó, ni esperan ansiosos lo que vendrá. Ese es su gran secreto. Y también puede ser su enseñanza.

El enfado… qué pereza me da

El enfado es una de las emociones que más pereza me da… genera tan mala energía, tanta falta de claridad mental… Quizá por eso necesito reconciliarme con ella. Como decía Jung, “todo aquello que rechazas te somete y aquello que aceptas te transforma…”

Además, soy mujer y claro… enfadarse está mal visto en una mujer…Hay una especie de convención social al respecto. Es una cuestión cultural. Si una mujer da un “puñetazo encima de la mesa” en la oficina (hablo en sentido metafórico) es una insoportable. Si un hombre hace lo propio, es un líder, alguien que tiene decisión, que tiene lo que hay que tener… No les arriendo el beneficio… Además, si es que existe el mandato social “la mujer no debe enfadarse”, también existe el mandato social de  “el hombre no debe llorar”, es más, “los hombres no lloran”…

Así es como, quizá, la mujer ha desarrollado un mayor rechazo a la emoción del enfado, de la rabia. Por esa cuestión cultural. Aunque, por supuesto, hay hombres que también sienten un rechazo especial hacia sus emociones de enfado. Por ejemplo, un varón que de niño vivió en casa con un padre que gritaba para afirmar su autoridad, puede haber generado un rechazo hacia ese tipo de figura de autoridad que de adulto se transforme en un rechazo especial a mostrar rabia.

 

enfado, rabia

 

 

El rechazo a la emoción del enfado

¿Qué hacemos cuando tenemos una emoción que nos desagrada?, la rechazamos. Podemos negarla, negar su existencia. Niego mi enfado por lo que me dijo Luis y luego me duele la cabeza y no sé porqué…  (la emoción reprimida se somatiza). No me doy permiso para reconocer  mi enfado con el jefe y luego llego a casa y salto a la mínima, pagándolo con mi pareja…  (realmente ya venía enfadado de “antes”, sólo que antes no me dí permiso para reconocerlo y soltarlo, ¿cómo iba a soltarlo en la oficina?)

A veces me doy cuenta de que estoy enfadada. Llego a tomar consciencia de ello y rechazo sentirme así. Y, claro, el enfado no se me va… sino que parece crecer… Y es que contra lo que te resistes, persiste… Y lo que aceptas, se diluye.

Y también puede ocurrir que cuando me doy cuenta, me enfado por haberme enfadado o me siento culpable por haberme enfadado. Es el segundo sufrimiento. El primer sufrimiento es cómo me siento. El segundo sufrimiento es cómo me siento acerca de sentirme así. Nuevamente aparece el rechazo a la emoción. Mi rechazo al primer sufrimiento es lo que genera el segundo.  Y a veces es peor el segundo sufrimiento que el primero…

 

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El segundo sufrimiento

Una vez vino una mujer a mi consulta que se sentía terriblemente culpable por haber tenido ganas de estampar a su bebé contra la pared… Aunque por supuesto no lo hizo, el sólo hecho de que esa idea se le hubiera podido pasar por la cabeza, le atormentaba. Era su primer hijo. Había sido muy deseado. Le costó muchísimo quedarse embarazada y estaba feliz de haber dado a luz una niña hacía 6 meses.  Desde entonces no había vuelto a dormir ni una sola noche… La niña lloraba cada noche, sistemáticamente, y durante largos periodos. La madre estaba físicamente agotada y emocionalmente desesperada.

Los seres humanos necesitamos dormir. Es una cuestión de supervivencia. Nadie puede vivir mucho tiempo sin dormir nada en absoluto. Y cuando no podemos hacerlo en la medida que necesitaríamos, nos alteramos física y emocionalmente. Visto desde fuera, ¿te extraña que la madre (por muy devota que fuera),  después de 6 meses sin dormir lo necesario,  tuviera ese “instante” de rabia? A mí no, puedo mirarlo con comprensión y compasión.

Pasamos bastante tiempo aliviando su sentimiento de culpa, su segundo sufrimiento, durante la sesión. Sin embargo, una vez aliviada la culpa, fue fácil y rápido aliviar el “instante” de rabia, su primer sufrimiento.

 

Podemos amar y sentir rabia por la misma persona, a la vez

A algunos nos educaron en que si es A, no es B. O es blanco o es negro. Pero la vida es blanco y es negro y es de muchos otros colores, a la vez.

Yo no sé si esto te ha pasado alguna vez pero a mí sí. Vas andando por la calle y ves a un niño pequeño de la mano de su mamá. La madre se despista un instante y el niño aprovecha para soltarse de su mano y salir corriendo en dirección a cruzar la calle, precisamente, cuando están pasando los coches… Cuando la madre lo vé, sale corriendo detrás de él,  le ”engancha” por el abrigo,  le detiene antes de que cruce y… cuando le dá la vuelta … le echa una reprimenda enorme. Ves la cara de la madre  llena de rabia, escuchas su tono de voz alto y enfadado, notas sus manos zarandeando al niño, sus palabras… ¿pero cómo se te ocurre?, ¡jamás vuelvas a hacer esto!

¿Ha dejado esa madre de querer a su hijo? Evidentemente, no. Es precisamente porque le quiere y porque se siente responsable de su cuidado, que reacciona de esa manera. Si, se puede sentir rabia y amar a la vez.

 

enfado, rabia

La intención positiva de la emoción

Todo comportamiento y, también toda emoción que le acompaña, tiene una intención positiva, quiere hacer algo bueno por ti. Si, ya sé que a veces nuestra mente racional no lo comprende. Pero cuando nos paramos a preguntarnos que quiere conseguir ese comportamiento o esa emoción podemos sorprendernos de lo que descubrimos.

El enfado es una reacción de agresividad, de lucha, que generalmente responde a que, previamente, uno se ha sentido en peligro o atacado. Percibimos una amenaza y queremos defendernos luchando. Es puro instinto de supervivencia.

Como ya no vivimos en la época de las cavernas, las amenazas actuales suelen ser más sutiles. Sentimos nuestro orgullo herido, atacada nuestra buena fama profesional o personal, nos sentimos rechazados… y reaccionamos con enfado. Así, la intención positiva del enfado puede ser la de defendernos, sentirnos protegidos, respetados, aceptados, queridos… Y una vez detectada esa intención positiva, podemos mantenerla y ver cómo conseguirla de otra manera…

No somos dueños de las emociones o de las ideas que aparecen espontáneamente en nuestras cabezas y corazones. De lo que si somos responsables es de lo que hacemos con ellas.

Aceptar nuestras emociones, también las que nos desagradan, nos ayuda a soltarlas, a dejarlas marchar y recuperar nuestro bienestar. Preguntarnos por su intención positiva, nos ayuda a reconciliarnos con ellas y a explorar nuevas formas más saludables de obtener esa intención positiva, de cubrir esa necesidad.

Un abrazo de corazón,