La clínica psicoanalítica hoy

clínica psicoanalítica
En nuestra cultura occidental, el fin de cada año trae consigo una serie de reflexiones sobre lo que quedó atrás, y resoluciones para los próximos doce meses. Uno de los principales logros que he cosechado este 2016, ha sido iniciar con mi práctica clínica psicoanalítica privada. ¡Por fin! Para mí un sueño hecho realidad, el principio de un largo camino que me espera en esta rama tan hermosa e interesante de la psicología: la clínica.

Me gustaría culminar el año con algunas reflexiones sobre la clínica psicoanalítica en la actualidad. El enfoque que se mantiene a lo largo del escrito es lo que el psicoanalista Jorge Alemán denomina como una anti-nostalgia. Tomando en consideración la sociedad actual, no hay por parte del Psicoanálisis una añoranza a las figuras del padre y el amo del orden simbólico; ni tampoco un intento por restablecerlos. Lo que tenemos es lo que hay, y la práctica analítica busca indagar de qué se vale para continuar, para promover el surgimiento del sujeto del deseo y el establecimiento del lazo social.

 

Táctica, estrategia y política

clínica psicoanalítica

En nuestros días, ¿qué aporta la clínica psicoanalítica? ¿Hacia dónde apuntan su política, estrategia y táctica? Estos son conceptos que el psicoanalista francés Jacques Lacan anuda y que comprenden el quehacer de la práctica clínica en Psicoanálisis. La táctica, en término generales, es un método empleado con el fin de obtener un objetivo. Lacan coloca la interpretación a nivel de la táctica del Psicoanálisis. Ya que la misma depende de la asociación libre del paciente, y del carácter imprevisto de su decir. Para interpretar, hay que estar atento al equívoco en el decir del paciente, de manera que el analista pueda decir algo que tenga efectos en lo real. Del mismo modo que la emergencia del inconsciente en el discurso del paciente tiene un efecto de sorpresa, la interpretación sorprende tanto al analizante como al analista. No existe una interpretación pre-fabricada.

Por su parte, la estrategia es un conjunto de acciones planificadas sistemáticamente en el tiempo que se llevan a cabo para lograr un fin determinado. La posición del analista en la transferencia es su estrategia. El analista colocado en posición de sujeto supuesto saber del sufrimiento inconsciente del analizante, que luego debe caer. Dependerá siempre del lugar que le dé el analizante, pero siempre está presente la exigencia de un encuentro. También se da el supuesto de que el analista sabe sobre el sufrimiento del sujeto.

Finalmente, la política es la autoridad que interviene para regular el modo de dirigir un asunto o conducirse en él. Lacan aquí ubica el deseo del analista, un deseo que afirma debe ser una “x”. Los pacientes acuden a consulta por un malestar que lo hace sufrir, pero en su mayoría no está del todo decidido a mover las aguas, o remover aquello que le produce dolor. Prefiere mantener su status quo, lo cual se manifiesta en las distintas formas de resistencia al tratamiento. Como explica el psicoanalista Bruce Fink en su libro Introducción a la Clínica del Psicoanálisis Lacaniano:

Si hay un deseo que sirve como fuerza impulsora de la terapia, es el deseo del analista, no del paciente… El analista debe mantener su posición de deseo de que el paciente hable, sueñe, fantasee, asocie e interprete… Es un deseo enigmático que no le dice al paciente lo que el analista desea que diga o haga.

 

El impacto del discurso capitalista

clínica psicoanalítica

Los efectos del discurso capitalista en la clínica se evidencian en el afán por la clasificación y las curas tipo. Ante un ser humano, el profesional se remite a clasificar los síntomas en un cuadro diagnóstico, para luego prescribir un tratamiento específico para todas las personas que padecen de “lo mismo”. Dichos sujetos, ahora son llamados clientes por algunas corrientes psicológicas, como si la relación psicólogo-paciente fuera una transacción comercial. El individuo toca la puerta del análisis como quien va a un establecimiento comercial con el fin de adquirir un producto, por el que va a pagar.

De modo que exige al analista y su dispositivo lo que el devenir capitalista le ha enseñado: hay un saber científico -en este caso psicológico- cuyo trabajo devengará un producto para gozar. Entonces exige que el analista esté a la altura del mercado: unas pautas sobre cómo mejorar, algo eficaz y rápido… si puede ser online mejor. De manera que llega con una exigencia de saber del especialista, que reemplaza la demanda de amor.

 

El discurso del analista

La respuesta del discurso del analista es colocarse en el lugar de semblante del objeto de goce. Sin embargo el saber no es el que exige el sujeto, sino un saber supuesto que es inconsciente. El analista exige al analizante un trabajo con el fin de hacer caer esas identificaciones de los significantes amo que no representan al sujeto. Según explica B. Fink:

El fin del análisis consiste en separarse del Otro, y permitirle al sujeto andar su camino sin todas las inhibiciones e influencias que provienen de los otros concretos que rodean al sujeto o los valores y juicios del Otro internalizado.

El sujeto no se encuentra divido en el llamado sintomático. Es decir, el problema está en otras personas, en el trabajo, o incluso en sí mismo pero en aspectos superficiales. En fin, no encuentra su lugar, pero definitivamente la raíz no está en su queja manifiesta, sino en lo que se repite fuera de su control. Al estilo del padre del Psicoanálisis, Sigmund Freud en su intervención en el caso de Dora, el analista cuestiona:

¿Qué tiene que ver usted en todo esto?

 

La rectificación subjetiva

clínica psicoanalítica

En las entrevistas preliminares, procurar lo que Lacan llama la rectificación subjetiva, que involucra una inversión dialéctica que posibilita la emergencia del sujeto como vacío, como pregunta. El sujeto que consulta debe interrogarse sobre lo que le ocurre, y tener un entendimiento de que está de algún modo implicado en su queja o demanda. Esta rectificación subjetiva es a la vez un efecto de la interpretación, puesto que admite redirección cuando la asociación libre se torna pura palabrería. El síntoma de paciente comunica algo de su problemática, tiene algo que decir pues es un sujeto supuesto saber. Sobre éste actúa la interpretación, como un decir que tiene efectos.

El psicoanalista argentino Jorge Alemán cita a Lacan en la «Tercera en Roma» (1973), donde éste presenta un enigma:

Si el Psicoanálisis tiene éxito y cura a la humanidad de los síntomas, el Psicoanálisis fracasa… Éste va a existir en la medida en que esté del lado del síntoma… Veremos si la ciencia y la técnica curan a la humanidad del Psicoanálisis.

 

El factor sorpresa en la terapia

Dentro del dispositivo psicoanalítico no existe un universal, ni para la verdad ni para la interpretación. Cada sujeto que llega a consulta es respetado en su particularidad, a pesar de la creciente tendencia a la estandarización. La eficacia de la interpretación va de la mano de la sorpresa, que está del lado del analizante y también del analista. Por efectos de la interpretación se produce una falla en la repetición infinita que se ha perpetuado en el analizante. Allí mismo, surge el inconsciente que produce extrañas formaciones como los sueños, los lapsus y demás actos fallidos. Los síntomas también pueden sorprender sobre todo cuando irrumpen en la vida del sujeto. Sin embargo, estos síntomas también tienen un carácter de fijeza en el tiempo. Para el psicoanalista Graciela Brodsky comenta:

La sorpresa proviene de la interpretación: responder como conviene en el momento justo y saber concluir a tiempo.

Por su parte, Freud prefería la sorpresa del analista como lo menciona en “Análisis Profano” (1973):

Obtenemos los mejores resultados terapéuticos en aquellos casos en los que actuamos como si no persiguiésemos fin ninguno determinado, dejándonos sorprender por cada nueva orientación y actuando libremente sin prejuicio alguno.

Actualmente por la falta de tiempo, por la incapacidad de la espera, nadie tiene interés en sorprenderse. Vivimos en una civilización contraria a todo aquello que sea incalculable e imprevisible. El entramado del discurso capitalista no admite rupturas. Actualmente la urgencia se lleva por delante la transferencia. Sin embargo, el sujeto en análisis debe apostar por una relación en la cual no tendrá ninguna garantía. Esto va en contra de la exigencia actual del mercado, según la cual el producto no puede perderse. Siguiendo al psicoanalista Gustavo Dessal:

La transferencia queda saturada de ruido y sentido, carece del silencio para escuchar la ‘otra’ voz.

 

El sujeto supuesto saber

clínica psicoanalítica

El psicoanalista francés Jacques-Alain Miller esboza tres formas del sujeto supuesto saber. El primero, es aquel que viene a la consulta, lo que llama el analizante en esperanza. El análisis es un ejercicio de olvido de lo que sabe, y el analizante procura hacer como si no supiera. Esta ignorancia es la condición, que de acuerdo con Miller, se requiere para que el sujeto supuesto saber pueda instalarse en la sesión analítica. El analizante habla de lo primero que se le ocurre aunque parezca tonto o loco. Ésta es la base de la asociación libre que permite el desarrollo de la transferencia.

El segundo supuesto saber entonces es el analista mismo. Por esto, el analizante le confía su sufrimiento, ya que es supuesto saber interpretar. De este modo, como ya se mencionó antes, el analizante accede al régimen del «yo no sé lo que digo”. Esto implica la posición del inconsciente como un descifrable. El sujeto sufre de algo de lo que no tiene idea, por lo que acude a consulta con un profesional que sabe de este sufrimiento. Con respecto al tercer sujeto supuesto saber Miller expresa:

En el interior de lo que digo claramente, otra cosa quiere decirse en la oscuridad, cifrada.

Esto que el inconsciente interpreta, que está cifrado, es la transferencia. Debe realizarse en el análisis un arduo trabajo por parte del analizante para ir descubriendo eso oscuro que le hace sufrir.

Visto lo anterior, Miller ubica el primero como el sujeto supuesta saber en lo imaginario, el segundo en lo simbólico y el tercero en lo real. Juntos forman la estructura de la sesión analítica. Entonces Miller puntualiza lo siguiente:

El sujeto supuesto saber, es el nombre del inconsciente en tanto que transferencial. No hay primero el inconsciente y luego la transferencia. La posición misma del inconsciente, su posición operatoria, se sostienen en la transferencia como transferencia de saber.

 

Comentario final

Hoy esto se ve amenazado por el semblante de saber absoluto de la ciencia, que es numérico y donde se desdibuja el sujeto para inscribir una cifra. Lacan se pregunta si es el amor aquello que puede fundar el lazo social. Pero no el amor narcisista que busca la media naranja que le otorgue una suerte de completud imaginaria. Es el amor que deja patente la imposibilidad implícita en la no-relación entre los sexos. Consiste en amar desde el lugar donde se experimenta esta imposibilidad, y el modo de vivirla, siendo la transferencia uno de sus modos.

Hoy por hoy, mantenerse en el norte del Psicoanálisis es un reto, para mí lo ha sido. He tenido muchas veces la tentación de desviarme, de etiquetar, de buscar la solución más fácil o el camino más corto. He dudado a veces de la eficacia del tratamiento analítico y pensado si es mejor ofrecer una cura light. Es gracias al propio análisis y la supervisión que vuelvo a concentrarme en la teoría y la práctica que elegí. Pues es la que me llama como persona, con la que me identifico, y la herramienta por medio de la cual puedo hacer mi trabajo con los pacientes. En estos tiempos, es aquella que para mí respeta al sujeto en toda su individualidad y complejidad.

Referencias bibliográficas:

  • Alemán, Jorge (2011). El Goce y el Objeto. Trabajo presentado en el Máster de Psicoterapia Psicoanalítica de la Universidad Complutense de Madrid, España.
  • Fink, Bruce (2007). Introducción Clínica al Psicoanálisis Lacaniano. Editorial Gedisa. Barcelona, España.

Fuentes:

El duelo como experiencia de transformación

Hace unas pocas semanas, uno de mis compañeros de blog compartió su experiencia personal de duelo tras la muerte de su padre hace algunos meses. Su narración me impactó. Cosas de la vida, leí su entrada en un momento en el que mi madre estaba sufriendo un deterioro importante de su salud que finalmente llevó a su fallecimiento hace unos días. En este momento, en que aún estoy sumido en un proceso de asimilación de todo lo sucedido, me nace compartir cómo he ido tomando conciencia del duelo como motor de transformación y trascendencia de mi experiencia de vida.

 

¿Qué es el duelo?

Si bien existen diferentes definiciones, de una forma sencilla podemos decir que el duelo es el proceso normal que se sigue tras la pérdida de un ser querido. Este proceso implica una asimilación a muy distintos niveles de la pérdida, el replanteamiento de nuestros vínculos, de nuestra forma de relacionarnos, del significado de la relación con la persona desaparecida, en cierto modo, de nuestra propia identidad. Es necesario tiempo, un proceso activo de toma de conciencia que cada persona lleva a cabo a su forma y ritmo para llegar a situarse ante el mundo de un nuevo modo, seguramente más auténtico y conectado con la verdadera esencia y sentido de su ser.

 

black-and-white-landscape-1819676_1920

 

Pero no siempre es así. Se calcula que alrededor del 10% de las personas en situación de duelo pueden llegar a experimentar lo que se denomina un duelo complicado. Se producen bloqueos en ese camino de cierre de la herida abierta a nivel interno, y la persona no puede continuar de forma normal con su vida, e incluso pueden aparecer problemas importantes a nivel físico, emocional y mental.

 

Cuando perdí a mi sobrina: una experiencia de duelo bloqueado

Hace 23 años viví la pérdida de una de mis sobrinas, en aquel momento, de 19 meses, acompañando a sus padres en el momento de la partida. Padecía una enfermedad neurológica de base genética, una atrofia muscular espinal. Fue diagnosticada con 8 meses tras comprobar que su desarrollo motor no era el más adecuado, y durante el año siguiente, acudió a fisioterapia de forma continuada, con el fin de fortalecer su musculatura, especialmente, la respiratoria, pues la causa más frecuente de muerte en aquel momento ante esta enfermedad eran las infecciones respiratorias, como la neumonía.

Precisamente en diciembre de aquel año, 1993, la niña comenzó con síntomas leves que aconsejaron su ingreso en hospital de forma preventiva. La sorpresa fue que, de un día para otro, los profesionales nos hablaron de que la situación era muy grave, e incluso comentaron que nos hiciéramos a la idea de que podía suceder lo peor. El shock fue importante para todos. La falta de tacto por parte de los profesionales médicos fue constante en ese proceso de pocos días en que se produjo tal deterioro de la pequeña que finalmente falleció.

Con la perspectiva del tiempo, creo que ha sido la experiencia vital más traumática que he vivido. Mi incapacidad de asimilar lo sucedido me llevó a acumular una rabia de forma mantenida durante más de 15 años. Sentía ira hacia la propia situación, hacia los profesionales, … En cierto modo, hacia mí mismo, pues yo pertenecía ya a ese ámbito profesional, ya que estaba finalizando mi formación en odontología. Reconozco que esa ira me ofreció la oportunidad de sentir una mayor fuerza para luchar por lo que consideraba que era más justo, y fue un motor importante en mi vida. Al año siguiente de la muerte de mi sobrina, comencé a formarme en genética clínica, como una forma de aportar algo, ya fuera desde la investigación, ya fuera desde la atención a familias que estuvieran en una situación similar con su hijo. Tiempo después, siendo ya dentista, reorienté mi labor hacia la atención de personas en riesgo de exclusión social, como eran aquellas que padecían la infección por VIH/SIDA o tenían alguna adicción. En cierto modo, buscaba “víctimas” a las que defender. Ahora puedo ver que seguía “luchando”, que me mantenía en esa ira de forma crónica, sin permitir que la herida pudiera cerrarse, pues eso implicaría, en cierto modo, olvidar a mi niña.

Fue alrededor de 2007 cuando supe de un libro, “Lágrimas de vida”, escrito por una periodista, Susana Herrera, en el que relata su experiencia de pérdida de su primer hijo, con pocos meses de vida, en un accidente de tráfico, y su afrontamiento de una forma realmente abierta al amor. Donó los órganos de su pequeño, escribió este libro como forma de compartir su dolor, y realmente reconozco que su lectura hizo un “clic” dentro de mí para replantearme el sentido de la muerte. Comparto aquí una entrevista a Susana que realmente considero muy profunda.

 

 

Un camino de apertura y reconciliación: la despedida de mi padre

En 1996, mi padre sufrió un ictus que le dejó paralizado su lado izquierdo. Ante esta situación, tuvo una motivación continua por salir adelante, recuperar movilidad, ser lo más autónomo posible, y lo consiguió. Pero en el verano de 2009, su cuerpo empezaba a estar agotado. Su lado derecho, ya sobrecargado por el sobreesfuerzo de todos esos años, comenzó a fallarle en ocasiones, y en cierto modo, él intuía que se acercaba el fin de una etapa. Recuerdo que tuvimos un choque ante su negativa a comenzar rehabilitación de nuevo, y que al día siguiente, nos reconciliamos, y él, llorando, me reconoció que no quería volver a pasar por lo mismo que hacía años, que solo le pedía a Dios que si le volvía a repetir otro ictus, se lo llevara. Nos fundimos en un abrazo. Y justo al día siguiente, después de comer, comenzó a sentirse indispuesto, y se dio aquello que, de una u otra forma, podíamos estar intuyendo: un segundo ictus, que le mantuvo en coma durante dos semanas hasta que falleció.

Ese tiempo nos permitió a cada uno en la familia hacer nuestra despedida según pudimos. Intuía que era yo con quien iba a irse, y así fue. Tras una noche tranquila, en la que me llevé el libro de Susana Herrera y le leí algunos párrafos, al amanecer, dejó de respirar de forma tranquila. Fue una sensación de inmensa tristeza, a la vez que de inmensa fortuna por haberle podido acompañar en ese momento. Lo que vino después, sin embargo, fue un largo camino en el que se fue viniendo abajo la imagen que había tenido de él y también de mi madre. Replantear los vínculos más primarios lleva a cuestionarse la propia identidad, el propio sentido.

 

 

Durante los años siguientes, un proceso de duelo largo pero sereno fue dando paso a una toma de conciencia sobre mi propia experiencia de vida, sobre todo, en mi infancia y adolescencia, a resituar a mi padre en esa experiencia, y a replantear el significado más profundo de mi madre. Me di cuenta de que mi imagen más idílica de ella se me derrumbaba, y que de nuevo afloraba en mí la ira, que ahora veo que era necesaria para poder expresar, soltar y llegar a un punto de comprensión que me permitiera sentir el amor por ella más allá de la historia compartida. Y perdonarla a ella suponía realmente perdonar al mundo, y sobre todo, a mí mismo.

En ese proceso, la música ha sido una compañera inseparable que me ha permitido canalizar emociones, alcanzar una compresión profunda, reconciliarme con mi propio ser. Necesité de guías en ese viaje que emplearon sus herramientas: musicoterapia, EFT (técnicas de liberación emocional), biografía humana de Laura Gutman, o la escuela del perdón de Jorge Lomar, además de formaciones y talleres vivenciales que me permitieron dar luz a mi camino, y sobre todo, reparar la relación con mi madre para asumir su partida.

 

El adiós a mi madre: un duelo anticipado

La verdad es que mi madre perdió sus ganas de vivir desde que mi padre se fue. Han sido siete años duros, en el sentido de acompañar su propio duelo mezclado con el de uno mismo, confrontando situaciones vividas que han creado muchos momentos de incomprensión mutua, para llegar, hace algo más de un año, a una etapa de apertura, de aceptación, de verdadero amor incondicional. Este último año ha sido especialmente intenso emocionalmente, de mucha conciencia, compartiendo desde el corazón diversos aspectos de su vida que me han ayudado a seguir abriendo mi corazón, y hablando sin tapujos, palabra muy usada en mi familia, de su muerte. A comienzos de noviembre de este año, de la noche a la mañana, ella comenzó a sentirse mal. Un mes de deterioros y mejorías que, realmente, nos sumían en la incertidumbre y la esperanza, aunque de fondo, sabíamos que podía ser su última aventura en estos mundos. Y así fue. De forma tranquila, también al amanecer, partió sin avisarnos. Esta vez no pude acompañarla. Creo que no me correspondía, aunque en principio, sentí culpa por ello.

Aún es reciente, muy reciente su partida. Y las fechas no acompañan. Me estoy permitiendo sentir, sin más. Expresar, como puede ser este artículo. Vivir. Voy descubriendo otras experiencias, otras formas de sentir el duelo. También tomo conciencia de cómo nos cuesta aceptar el dolor ajeno como sociedad, aunque sea necesario para llegar a un punto de serenidad. Seguramente nos cuesta mirar de frente a la muerte, cuando es la única certeza que tenemos al llegar a este mundo.

 

 

Referencias bibliográficas

  • Herrera, Susana (2006). Lágrimas de vida. Editorial Sígueme.
  • Kübler-Ross, Elizabeth (1997). La rueda de la vida. Ediciones B.
  • Payás, Alba (2010). Las tareas del duelo: Psicoterapia del duelo desde un modelo integrativo relacional. Paidós Ibérica.

 

Sueños: cosas curiosas que te gustaría saber

Vamos a adentrarnos de nuevo al interesante mundo de los sueños:

 

capacidad onírica

capacidad onírica

 

¿QUIEN SUEÑA Y CUANTO?

Realmente todos soñamos. Desde los ciegos de nacimiento, hasta los gatos y los pájaros (los cuales tienen la fama de no tener alma). Incluso el feto a partir de los siete meses de gestación ¡¡aun sin haber podido almacenar las percepciones visuales ni reprimido los deseos prohibidos del Superyo!!

 

sueño intrauterino

sueño intrauterino

 

Soñamos más o menos unos 100 minutos cada día, siendo el soñar mucho más importante para la supervivencia que el simple hecho de dormir profundamente. Sin embargo, no todos soñamos la misma cantidad. Por ejemplo, en el caso de los esquizofrénicos en periodos de crisis, presentan un sueño muy pobre a lo largo de la noche. Esto es debido a que deliran mucho durante el día (se sumergen en un mundo inconexo del medio que les rodea, lo cual agota su fantasía). Pero esto no significa que sus sueños sean de peor calidad que el de las demás personas.

Por otro lado cuando se abusa del alcohol se puede llegar a dar un déficit importante en la tasa de sueño. Pudiendo llegar incluso a suprimirse. Por ello los alcohólicos agudos tienden a compensar esta falta de capacidad de soñar «ofreciéndose» a una crisis de delirium tremens. Por otro lado, los somníferos (barbitúricos) que se toman para «poder dormir», disminuyen claramente nuestra dosis normal de sueño, lo cual los hace nocivos bajo un uso prolongado.

 

TODOS NOS PREGUNTAMOS PARA QUÉ SOÑAMOS

Es durante la noche que se fijan nuestros recuerdos en la memoria. Pero hay una clara diferencia a tener en cuenta. A través de numerosas investigaciones se ha podido constatar que durante la fase de sueño con sueños (sueño paradójico) se registra todo el material mnésico diurno que está cargado de emociones. Mientras que se registraría durante la fase de sueño sin sueños todos los recuerdos no cargados de emoción.

Una de las funciones estrella de los sueños, es que sirven como vía de reprogramación genética. Es decir, cada noche realizamos una «lectura molecular» que nos permite revisar las lecciones del «Gran libro de la vida» a través de historietas (sueños). Esta capacidad onírica la hemos desarrollado a lo largo de la historia de la humanidad y es una herencia que mantenemos generación tras generación.

 

 

DE ESTE MODO PODRÍAMOS DECIR QUE EL SUEÑO ES EL CORDÓN UMBILICAL DE LA ESPECIE

 

Ponemos al día nuestro inconsciente colectivo con la información que hemos experimentado durante el día. Así aseguramos la integración de nuestra memoria individual en nuestra memoria colectiva. Esta noción del sueño nos permite despsicologizarlo para poder devolverle de nuevo su carácter universal como puerta de entrada a la diversidad de las culturas. Es a través del sueño que podríamos acceder al conocimiento de nuestras vidas anteriores (creencia que se ha mantenido por siglos en oriente).

Por otro lado, podríamos decir que el sueño nos permite armonizar mejor el comportamiento social adquirido y el comportamiento instintivo básico. Pongamos un ejemplo que lo aclare: los gatos cuando sueñan, normalmente lo hacen sobre caza y ataque, mientras que los ratoncitos sueñan con huir constantemente para no ser cazados. Esto representa comportamientos instintivos programados para la supervivencia de la especie. Para que os hagáis una idea, hasta los esquimales sueñan con serpientes, a pesar de que nos resulte especialmente difícil encontrarlas en su clima (lo cual corrobora el concepto junguiano de los arquetipos).

 

SUEÑO Y EXCITACIÓN SEXUAL

Todas las parejas sabemos que cuando soñamos nos puede acompañar una excitación genital. Se traduce en la congestión del clítoris en la mujer o la erección del pene en el hombre. Esto suele ocurrir en más de un 60% de las veces. Además la excitación precede a la aparición del sueño en unos dos minutos y luego se mantiene como máximo durante unos 20 minutos más. Y se da tanto en el recién nacido como en el anciano.

 

excitación sexual durante el sueño

excitación sexual durante el sueño

 

Cabe añadir que dicha excitación se hace especialmente clara en el ultimo periodo de sueño de la mañana (que es el más largo, comprendiendo 36 minutos antes de despertarse frente a los 10 minutos al principio de la noche). Además es independiente del contenido del sueño, es decir, no es necesario estar soñando con una escena sexual para tener excitación.

Después de unos cinco días de privación del sueño, pueden aparecer comportamientos hipersexuales, así como bulimia, irritabilidad, delirio paranoide y delirio sexual en el peor de los casos. Como bien hemos comentado anteriormente, el sueño es un regulador esencial de estas conductas instintivas.

 

DURACIÓN DEL SUEÑO

Es a partir de los pájaros que podemos encontrar la capacidad de soñar, ya que esta se limita a las especies superiores o de sangre caliente. ¡Los insectos y crustáceos no conocen qué es eso de soñar!

El tiempo de sueño estimado en los pájaros y herbívoros en libertad es más o menos de un 5% del tiempo total de sueño; las vacas llegan a triplicarlo, lo cual las hace estar más expuestas a ser cazadas, ya que los estímulos necesarios para poder despertarse tienen que ser tres veces más elevados durante el sueño paradójico que cuando no estamos tan ocupados en fases de sueño sin sueños. Sin embargo es cierto que el umbral del despertar depende de las características del estímulo: por ejemplo un ligero maullido despierta al gato, del mismo modo que el llanto de un bebé procedente de otra habitación despierta a una madre o el susurro al oído del nombre de un individuo dormido acaba desvelándole.

 

 

EL SUEÑO PARADÓJICO (CON PRODUCCIÓN DE SUEÑOS), ES EN REALIDAD MAS PROFUNDO QUE EL SUEÑO DENOMINADO «PROFUNDO», AL CONTRARIO DE LO QUE NOS HEMOS IMAGINADO SIEMPRE 

 

Entre los mamíferos podemos diferenciar los cazadores de los cazados. En el caso de los segundos (que suelen ser los herbívoros y granívoros) consumen gran parte de su tiempo nutriéndose, duermen poco y sueñan todavía menos (5% del tiempo total de sueño). Mientras que los cazadores se nutren muy deprisa, duermen más tiempo y sueñan más (20-30% del tiempo de sueño). Nosotros caemos en el grupo de los cazadores, gozando de un 20% de nuestro tiempo soñando y fundamentalmente soñamos con agresión y sexualidad. Esto nos permite revisar nuestros comportamientos de seducción (reproducción) y ataque (combate), que permiten el mantenimiento de la especie.

Algunos datos curiosos que deberíais saber: las mujeres que están encinta tienden a duplicar su capacidad de soñar para acompañar al feto, alargándose este aumento durante el periodo de lactancia. Cuando dos personas comparten la misma cama, también sueñan con frecuencia al mismo tiempo (¡nos sincronizamos hasta para soñar!). Las pesadillas solo afectan a un 4% de la población adulta y rara vez aparecen durante el sueño REM (periodo de aparición de los sueños), lo cual sucede del mismo modo con el sonambulismo.

 

QUIZÁ TE PUEDA INTERESAR: Oniria: el mundo de los sueños I

 

ENFOQUE GESTÁLTICO: IR Y VENIR ENTRE LA MATERIA Y EL ALMA

La Psicoterapia Gestalt no solo se centra en la realidad encarnada del cuerpo, sino también presta especial interés por las fantasías espontáneas. Siempre se balancea en un «ir y venir´´ constante entre la realidad de la situación presente que rodea al sujeto y la fantasía evocada tras un recuerdo del pasado. Se pasa del cuerpo a la mente, de la materia al alma, en busca de un darse cuenta genuino cuando se trabajan situaciones inacabadas o mecanismos que se endurecen con el paso del tiempo.

En el caso del psicoanálisis encontramos que se trabaja con la fantasía elaborada por parte del paciente, pero en pocas ocasiones es confrontada con la realidad. Y el conductismo se centra especialmente en la confrontación constante de los síntomas que provoca la realidad cotidiana. Sin embargo la Gestalt trabaja con este ir y venir de uno a otro, permitiendo una escapada hacia lo imaginario y un regreso a la tierra firme de la realidad social del paciente tratando de encontrar puntos de unión entre ambos ambientes.

Esta «lanzadera o shuttle´´ (termino que empleaba Fritz) entre la fantasía y la realidad, suele ser muy útil en pacientes psicóticos o límites que se encuentran en situaciones de recaídas. Es posible permitirles «volar´´ a lo largo de su imaginario mental, pero siempre manteniendo aterrizajes periódicos y controlados en la realidad del momento presente. El terapeuta va acompañando al paciente a lo largo de su viaje y se mantiene especialmente atento a los momentos de conexión con el mundo exterior cada vez que sea necesario salir de la fantasía del mundo interno del paciente. Estos ajustes en el itinerario del viaje, permiten la toma de contacto con el aquí y ahora.

 

 

RECUERDO, ANGUSTIA Y FUNCIÓN TERAPÉUTICA DEL SUEÑO

El sueño es en sí mismo terapéutico, incluso antes de que sea interpretado por cualquier persona. Pero este hecho no implica que el sueño tenga que ser recordado conscientemente. No todos recordamos lo que soñamos, y mucha gente vive esto como una desventaja. Pero que no cunda el pánico, pues lo que hay que tener claro es que este hecho no es imprescindible para poder gozar de un buen sueño nocturno. Y no hay que empeñarse en adoptar un modelo de «soñador que recuerda sus sueños» para ser plenamente uno mismo. Independientemente de que recordemos o no, el sueño siempre será una vía regia de expresión, lo cual ya es de por sí terapéutico.

Normalmente olvidamos los sueños muy rápido y solo un 5% de «privilegiados» se acuerdan de haber soñado tras despertarse. Tan solo ocho minutos después de levantarnos, el recuerdo del sueño se esfuma y este olvido responde a un proceso natural, de lo contrario estaríamos coleccionando recuerdos todas las noches durante toda la vida.

Entonces, ¿es útil forzar la puerta hacia el recuerdo de los sueños? ¿O tenemos que culpabilizar a los «no soñadores»? Está claro que no. Si el sueño resurge a la superficie es porque tiene la necesidad de respirar a fuera y de ser atendido por su soñante. En este caso sí es interesante prestarle la atención que merece.

 

sueño y angustia

sueño y angustia

 

Freud reconocía que los sueños tienen «poder de curación y alivio» y Jung los consideraba agentes terapéuticos que «corrigen una falsa conciencia». A través de los sueños podemos darle forma a las tensiones que hemos vivido durante el día, teniendo un efecto de desomatización de la angustia. Es decir, el sueño tiene la función de autorregular las tensiones psicoafectivas internas y al confrontar las situaciones estresantes, facilita la digestión de los traumas.

De este modo, los sueños repetitivos son reactivaciones constantes de situaciones traumáticas que tienen como finalidad el elaborar mejor la angustia. Así se va atenuando la carga emocional que envuelve el recuerdo. Pero si no se resuelve el conflicto interno, el sueño no dejara de repetirse.

También es interesante apuntar que los sueños que tenemos en una misma noche se entrelazan entre , es decir, es como si soñáramos lo mismo a lo largo de la noche. Podríamos comprobar tras despertar a un sujeto varias veces en distintos momentos, que vuelve a hacer el mismo sueño constantemente, solo que las circunstancias aparentes van variando dentro de una «unidad dramática» que versa sobre el mismo tema.

 

LO IMAGINARIO, LO SIMBÓLICO Y LO REAL

Cuando realizamos un sueño dirigido que surge de forma espontánea, el terapeuta acompaña al paciente para que vaya encarnando el relato verbal y las imágenes de lo soñado. Esto da lugar a una amplificación de la imaginación interior del sujeto, al poner en acción corporal su producción mental onírica. El sujeto se identifica más fácilmente con ello y este paso de lo mental a lo corporal en la escena terapéutica permite desarrollar de forma progresiva una relación entre lo imaginario, lo simbólico y lo real.

 

imaginario-simbolico-real

imaginario-simbolico-real

 

De este modo podemos considerar al sueño como un camino real cargado de elementos concretos que representan fragmentos de la personalidad del paciente. Para poder sanar la inquietud interior, hace falta juntar estos fragmentos del sueño y permitir que el sujeto los integre en su totalidad. No se trata de interpretar lo que acontece en la trama onírica, sino de traer a la vida presente lo soñado, reviviendo las situaciones como si se estuvieran produciendo en la actualidad. Es ponerlo en acción en lugar de contarlo como si se tratara de una historia pasada. Así el paciente se implica mucho más.

Por otro lado, uno no tiene por qué depender de un terapeuta para poder realizar este trabajo. Si alguien quiere elaborar un sueño de forma individual, no tiene más que escribirlo, hacer una lista de los elementos que aparecen, de los detalles y sensaciones y después trabajar con cada uno de ellos. Cuando digo trabajar, me refiero a convertirse verdaderamente en cada uno de esos elementos empleando la propia imaginación.

Algo curioso es el hecho de que los sueños que preceden o siguen a una sesión de terapia no son solamente una proyección (mecanismo defensivo que consiste en sacar a fuera algo que es propio de uno mismo) donde el cliente proyecta en un sueño realidades que le son propias; sino que también se puede considerar retroflexiones en toda regla (mecanismo defensivo en donde el paciente dirige hacia sí mismo aquello que necesita hacerle al otro) es decir, el durmiente se dice cosas a si mismo que no quiere decírselas claramente al terapeuta. En ambos casos esto representa una perturbación en la frontera de contacto entre el cliente y el terapeuta.

 

trabajo terapéutico

trabajo terapéutico

 

En definitiva podemos observar que el maravilloso mundo de los sueños es la escena interior donde se manifiestan nuestros sentimientos, emociones, recuerdos, fantasías temidas o deseadas, tomas de conciencia, etc. Por ello iluminar este espacio conlleva la amplificación de los procesos internos inconscientes. Es otra manera de explorarnos profundamente, siempre y cuando nuestro inconsciente nos brinde, a la luz de la conciencia, una de estas historietas que elaboramos durante la noche.

 

¡Feliz sueño!

 

Referencia bibliográfica:

  • Ginger S., Ginger A. 1993. La Gestalt: una terapia de contacto. 2a ed. México, Manual Moderno.

Horkheimer y la ciencia como falsa panacea

Continuamos en este entrada con la Crítica de la razón instrumental de Horkheimer. Si en la anterior exponíamos su visión del paso de la razón objetiva a la razón subjetiva, en ésta exponemos la crítica que Horkheimer realiza a cierta visión positivista de la ciencia: según la cuál la ciencia sería la panacea universal que resuelve todos los problemas de la humanidad.

El consenso positivista

Horkheimer considera que en la actualidad hay un consenso casi general que sostiene que la ciencia ha triunfado allí donde la filosofía fracasó; los problemas se resuelven experimentalmente o son pseudo-problemas. Así pues, lo único que necesitamos es confiar en la ciencia. Se reconoce que puede tener efectos perniciosos, pero se explica aludiendo a un uso desvirtuado de ella, no imputable a la ciencia misma. Éste es el dogma central del positivismo. Para Horkheimer esto no es más que tecnocracia filosófica. Los positivistas no son conscientes de que la ciencia es un modo de producción adicional entre otros, así que resulta imposible a priori decir el papel de progreso o retroceso que juega la ciencia en el proceso social.

El error de revitalizar metafísicas del pasado

Ahora bien, continúa Horkheimer, no se trata de revitalizar metafísicas del pasado, como muchos detractores del positivismo hacen. El paso de la razón objetiva a subjetiva no sucedió por casualidad y no podemos revertir el proceso así arbitrariamente sin más. La razón subjetiva disolvió aquellas bases porque ya eran débiles; retomarlas sería artificial e inútil. Lo que hacen los intentos de revitalizar dichas ideas metafísicas es transformarlas en medios para unos fines: mantener posturas de determinados grupos ideológicos.

Tomás de Aquino construyó un sistema que tomaba los conceptos de la ciencia más avanzada de la época, la aristotélica. Lo que los neotomistas hacen volviendo a la filosofía tomista no es esto, sostiene Horkheimer, pues sus conceptos ya no están en el acervo científico moderno; se tornan así en artificios intelectuales de dudosa validez. Los conceptos de las ontologías medievales se convierten en instrumentos de la política moderna, precisamente aquello contra lo que se revelan. Disuelven el espíritu de aquello que intentaban revitalizar. Los neoconservadores están más interesados en justificar la necesidad de la fe, de la religión, para la vida moderna, que en mostrar su contenido de verdad. No consideran ya que la metafísica cristiana describa la verdad del mundo sino que es útil, es un medio necesario para dar sentido a la vida, calmar nuestra alma, nuestro sufrimiento, dar emoción. Es un medio frente a las dificultades psicológicas y sociológicas de la vida moderna. Pasa a ser un medio de la razón subjetiva, para fines profanos: en lo político para sancionar toda clase de empresas y en la vida cotidiana como medicina.

La ciencia como actividad social

Los positivistas acusan a los neotomistas de llevar a la parálisis del pensamiento, ¿pero no hacen ellos también eso?, se pregunta Horkheimer. Como toda fe establecida, la ciencia puede ser utilizada al servicio de las fuerzas sociales más diabólicas, y el cientificismo no es menos estrecho de miras que la religión militante. Cuando afirman que los males dependen de la actitud anticientífica lo que muestran es la intolerancia de su doctrina.

La ciencia es una actividad humana organizada según el modelo industrial, sostiene Horkheimer. Y vigilada y dirigida según necesidades de este modelo. Lo cual es bueno para obtener objetivos limitados como, por ejemplo, la producción de mejor alimento para lactantes, de explosivos o métodos de propaganda, pero no para promover el verdadero pensamiento. Dado que la ciencia es un elemento del proceso social, su conversión en árbitro de la verdad traería como consecuencia el sometimiento de la verdad misma a patrones sociales cambiantes. Ver a la ciencia como salvadora de la humanidad supone malinterpretar la interacción de fuerzas económicas, técnicas, políticas e ideológicas.

Los positivistas, afirma Horkeimer, reducen la ciencia a la física y sus métodos sin advertir que la división entre ciencias de la naturaleza y ciencias del espíritu es cultural, no real. Las primeras (las que ellos consideran verdadera ciencia) han sido provistas de objetividad y desprovistas de contenido humano mientras que las segundas carecen de objetividad manteniendo vivo el contenido humano pero en forma de ideología, a costa de la verdad.

Los positivistas alegan que el resto de disciplinas usan medios irracionales, no experimentales. Ellos se consideran científicos y sostienen que su conocimiento de la ciencia reposa en la observación verificable de la misma. ¿Pero cómo resulta posible determinar lo que es ciencia si esta determinación presupone los métodos mediante los que se obtiene verdad científica?, se pregunta Horkheimer. Si alguien pregunta qué es la observación adecuada de la verdad, los positivistas apelan a la observación. Dicen que no les corresponde justificar el principio de verificación, que no hay enunciado significativo que no sea verificable, incurriendo así en petición de principio. Aunque los positivistas se jactan de la pureza lógica de sus enunciados, lo que la actitud positivista evidencia realmente es su veneración por la ciencia institucionalizada. La ciencia, para ser la autoridad absoluta, tiene que ser justificada como principio espiritual o no deducida a partir de métodos empíricos, y después verse absolutizada sobre criterios dogmáticos orientados al éxito científico. El empirismo aniquila los principios mediante los cuales la ciencia y el propio empirismo podrían ser justificados. La observación es un modo de comportamiento, no un principio en sí, que puede llevar a cada momento a su abolición.

Los positivistas no se meten filosóficamente en temas vitales como el espíritu, la conciencia, el sí-mismo. No tienen axiología, y justifican que no pueden hacer nada frente a la crisis espiritual del tiempo porque no han tenido tiempo suficiente para aplicar su método a los valores. Los sustituyen por un autoritarismo dogmático, por un burdo materialismo, supuestamente en nombre de la ciencia. Ni el positivismo ni el neotomismo, afirma Horkheimer, son conscientes de sus propias contradicciones; ambos tienen un papel despótico.

El positivismo ve un mundo de hechos y cosas, obviando vincular la transformación del mundo en hechos y cosas con los procesos sociales. Precisamente, dice Horkheimer, el concepto de “hecho” es un producto de la alienación social; resultado de que todo objeto es visto como el objeto abstracto del intercambio. La tarea de la reflexión crítica no es sólo comprender los hechos en su evolución histórica sino el propio concepto de “hecho” en su evolución, y por tanto su relatividad. Los “hechos” de los positivistas, los cuantificables, contribuyen más a oscurecer la realidad que comprenderla.

Al identificar conocimiento y ciencia, afirma Horkheimer, los positivistas limitan la inteligencia a las funciones necesarias para la organización de un material ya tallado de acuerdo con el molde de la cultura comercial, aquello que la inteligencia debería criticar. No son conscientes de que ni los contenidos ni los métodos ni las categorías de la ciencia están por encima de los conflictos sociales. En su juicio sobre la praxis social, los positivistas son extremadamente idealistas. El positivismo es en definitiva la falta de autorreflexión; su incapacidad para comprender sus implicaciones filosóficas en ética y teoría del conocimiento lo convierte en una panacea más

En conclusión, Horkheimer sostiene que tanto neotomismo como positivismo son conformistas: ambos aceptan un modelo de comportamiento en el que el éxito o fracaso, aquí o en la otra vida, juegan un papel esencial. El positivismo, con su insistencia en atenerse a los “hechos”, al sentido común y olvidarse de utopías, no es diferente del neotomismo, con su exhortación a obedecer la realidad (que equipara con verdad y bondad) tal y como la interpreta la religión. El positivismo en su critica al dogmatismo declara pernicioso el principio de verdad en cuyo nombre tiene, solamente, sentido la crítica. Por otro lado, el neotomismo se aferra tanto a la verdad que ésta muta fácticamente en su contrario. En definitiva, para Horkheimer, ambos sustituyen a la razón autónoma: uno por un automatismo de una metodología ultramoderna y otro por la autoridad de un dogma.

Referencias:

  • Horkheimer, M., Crítica de la razón instrumental, Trotta, Madrid, 2002

Secuestrados por la rabia: «no puedo olvidar»

Diciembre. Días de encuentro para medio mundo; para la otra mitad, los fantasmas nos encuentran en la soledad. Una sacudida como un relámpago en el cuerpo. Recuerdo tu imagen con mi mirada perdida y desenfocada entre los adornos y guirnaldas de luces. Detesto el jolgorio y la alegría a mi alrededor, lo encuentro absurdo con esta realidad interior, como si al mirarme se mofaran de los sentimientos detestables que me habitan… que me secuestran. Un sobresalto como una pedrada en el agua de un estanque. Mi corazón acelerado bombea petroleo. Quiero ser libre del rastro denso que dejaste y ser esclavo de mi resarcimiento. Cuánto más peleo por alejar la mente más me devora por dentro: un puño de hierro se aferra a mis tripas y las comprime.  

Es tu presencia invisible, presencia sin presente, que me envenena. Una pesadilla de sueños quebrados de la que no consigo escapar.

rabia narcisista soledad

¿Por qué algunas personas desarrollan una fijación hacia una persona, sin poder evitar que su mundo mental y emocional giren en torno al rencor hacia ella, ni que su vida continúe libre de ese peso?

Secuestro emocional

Probablemente no existe nada que provoque una fijación psicológica y emocional tan intensa hacia una persona como la rabia y el odio; tal vez ni siquiera el amor que lo antecedía, o su pérdida.

Un daño, un perjuicio hacia nuestra integridad personal, psicológica, emocional o física, a veces irremediable. Unas acciones injustas, abusivas y nocivas hacia nosotros, reales o vividas como tal. Promesas rotas e incumplidas, un pacto en el pasado con el lado más frágil de nuestro ser. Un abuso a nuestra vulnerabilidad o buenas intenciones. El aprisionamiento y limitación de nuestros deseos, o el atropello de nuestras posibilidades presentes y futuras. El residuo que deja es el sentimiento de que el Otro ha sido dañino, injusto, perverso, malo, y que debe de compensar de alguna forma lo que hizo.

El resentimiento y el rencor es el halo que queda de una rabia sin ajusticiar. Se alimenta de la agresividad y de la acuciante necesidad de reparación de algo quebrado por dentro. El enfado deriva en resentimiento que corroe y amarga en silencio. Nos hace incapaces de perdonar y liberarnos. Somos el déspota que nos subyuga con emociones que nos secuestran, saboteadores de una versión más libre y equilibrada de nosotros mismos.  No hay paz si necesitamos la guerra, y la principal víctima somos nosotros.

«El resentimiento es la emoción del esclavo; no porque el esclavo sea resentido, sino porque quien vive en el resentimiento, vive en la esclavitud” (atribuido a F. W. Nietszche).

Función y origen de la rabia

La rabia y el enfado son emociones primarias que heredamos en nuestra biología. Movilizan la mente y el comportamiento hacia la modificación de una situación dañina o la reparación de un agravio. Toda emoción tiene también un fin interpersonal: la rabia expresa el estado interno de malestar y comunica los cambios que deseamos. Son emociones que se consideran negativas porque se viven en el cuerpo como desagradables, pero son emociones naturales y necesarias. Permiten los cambios que regulan nuestras emociones, así como modificar o adaptarnos a una situación indeseable.

Para la Teoría del Apego, el apego es un sistema motivacional y comportamental cuya función evolutiva es impulsar al establecimiento y mantenimiento de vínculos con figuras significativas. La ira y el enfado, son respuestas innatas presentes desde la primera infancia ante la separación, inaccesibilidad o ausencia de la figura de apego. Permiten expresar su malestar para evitar tal situación, desplegando conductas que restablecen el acceso a la figura de apego, a la cual señalan sus necesidades.

Las reacciones y las estrategias que despliegan los niños son resultado de la activación del sistema de apego – la angustia de separación– y mantienen un paralelismo con las reacciones que mostrarán en las etapas adultas. en las experiencias dentro de las relaciones. Los estilos de regulación emocional, reflejan una dinámica adquirida, y condicionan las emociones y las estrategias empleadas ante la pérdida y la separación en etapas adultas.

El duelo se trata de un proceso físico y psicológico como respuesta a la pérdida definitiva de una figura significativa, permite la reorganización y su adaptación a la vida sin la presencia de la figura perdida. Existen duelos crónicos o patológicos caracterizados por una intensa y persistente protesta y rabia, influidos por los esquemas interiorizados en las experiencias infantiles. Estos esquemas influyen de forma inconsciente en la dinámica y el papel de la rabia.

puño rabia agresividad

El papel de la agresividad

La agresividad es un componente innato de nuestra biología que, aunque su expresión depende del moldeamiento por las experiencias y el entorno, suele activarse ante circunstancias que implican una amenaza o que crean frustración. Crea una tensión psicofisiológica que nos impulsa a la descarga emocional, pero ¿por qué se mantiene envenenando nuestros pensamientos y emociones con el paso del tiempo, cuando no aporta ninguna utilidad mayor que aplacar una necesidad?  No es evidente: responde a otros determinantes psicológicos, otros deseos y motivaciones. Veamos algunos ejemplos.

La agresividad tiene un carácter interpersonal, no sólo como expresión de algo interno, es un medio o instrumento como forma de acción sobre el Otro. Por un lado, puede ser necesaria para recuperar una autonomía, y permitir un espacio físico y psicológico independiente que no existía antes. Por otro, la rabia puede ser un intento de condicionar o influir en el comportamiento del Otro. Deviene en más impotencia si no se logra de obtener lo deseado –restitución del daño, disculpas, ser reconocido, modificación de conductas indeseadas, etc.–

Las fantasías o comportamientos agresivos permiten transformar una situación angustiante y de indefensión en una de control. Además modifican la propia representación mental o identidad, como de alguien que tiene poder, que no es víctima pasiva de las circunstancias o abusos del Otro. Si además existe un goce en la agresividad directa o indirecta –o pasiva, por ejemplo castigando con la ausencia o la falta de contacto–, puede que se perpetúe la rabia debido a que el sadismo marcó de alguna forma el desarrollo: el despliegue de agresividad, dominación y castigo es codificado como algo placentero. Escuda la autoestima, no por ello justo ni adecuado.

Los sentimientos de culpabilidad nos producen sufrimiento. Es doloroso sentir que uno ha tenido algo de responsabilidad en lo sucedido, en una ruptura o pérdida, que también obró mal o que cometió errores podrían ser considerados imperdonables si uno se juzga con severidad. Se buscan y escanean entonces razones y argumentos que permiten culpabilizar al Otro, proyectar en el Otro lo que en uno mismo es intolerable, alterando la identidad de cada uno: uno mismo como bueno que ha sido dañado, y el otro como malo que merece el desprecio.

Las cicatrices de la autoestima

Ser aceptado, validado, reconocido, admirado –amado– por el Otro, es una necesidad primordial en el ser humano, presente desde la infancia. Los padres u otras figuras significativas a lo largo de la vida, estructuran la autoimagen de uno mismo, transfieren la imagen que ellos tienen a modo de espejo, a través de sus interacciones verbales y no verbales –de dar cariño, de apoyar, de halagar, de mostrar su alegría y orgullo, etc. –. En una situación ideal, crean una autoestima estable cargada de vitalidad. Las situaciones de negligencia, abuso o falta de sintonía, provocan sentimientos de vergüenza, de inferioridad, de inadecuación, de debilidad, o de algunas formas de culpabilidad. Una imagen frágil , consciente o inconsciente, que debe de ser protegida a toda costa.1

Hay situaciones que pueden ser vividas como una ofensa narcisista y amenazar al equilibrio de nuestra autoestima: sentirse rechazado, abandonado, traicionado, humillado, ignorado, menospreciado, atacado por parte de alguien importante para nosotros. Desde este punto de vista, el núcleo de las reacciones de rabia secuestradora es una herida psicológica que existía y que vuelve abrirse. Es lo que se llama la herida o trauma narcisista. Nada fija tanto al objeto amado como la autoestima herida.

La rabia narcisista

Perder a alguien con la que nos sentimos seguros, cuidados. Perder la fuente de intimidad, de satisfacción sexual y sensual. Perder una fuente que nos llena de vitalidad y nos saca de la tristeza o ansiedad, que nos calman. Perder un sostén de nuestra autoestima ofreciendo aceptación, atención, valoración. Estas pérdidas son doblemente dolorosas: por el impacto de que se pierde algo vital, y porque evidencia un estado de fragilidad y flaqueza emocional. La rabia narcisista ruge entonces y consume el interior intentando eliminar y destruir internamente al Otro como un objeto interno atractivo y bueno.

La rabia, la agresividad, el odio, se activan defensivamente para sacar del dolor de la herida narcisista, la cicatriz en la autoestima. Busca múltiples justificaciones al odio en la conducta y defectos de la ex pareja, –o del familiar o amigo–. Se intenta demostrar a sí mismo y al Otro de que es inadecuado y no merecedor de su amor. Se activan también mecanismos defensivos de proyección para sacar de dentro los estados emocionales angustiantes e indeseables, y situarlos en el otro lado. La existencia del Otro valorado, es vivida como un observador de la fragilidad propia, y por lo tanto de una supuesta inferioridad. Ese poder que se le otorgó debe de ser eliminado.

Consecuencias de la rabia narcisista

La incapacidad de sostener una imagen de la totalidad de Otro, de alguien que es amado y tiene aspectos buenos, pero en otras circunstancias se comporta de formas dañinas e indeseables, provoca que se polarice la perspectiva y que los elemento positivos se excluyan defensivamente, pasando a atacar internamente y en la realidad al afrentador. Esto impide que se pueda integrar las distintas realidades y que una parte tenga que estar excluida de la conciencia. Esto impide el final de la espiral de odio y la reconciliación.

Las emociones se activan con el objetivo de erradicar al amado perdido de su vida mental. Paradójicamente se convierte en una forma de perpetuarlo en la mente –a modo de obsesión –.  Cuanto mayor es el esfuerzo por borrar cualquier tipo recuerdo o pensamiento, más presente se hace en el horizonte mental. La obsesión paranoide junto con el narcisismo impide desprenderse, o vincularse con otras opciones del mundo externo. A veces impulsa a saber los más mínimos detalles de la vida personal y sentimental del Otro perdido. La impotencia de no librarse del objeto perdido y doloroso, llevan a la depresión.

A veces las agresiones y estallidos de furia se llevan a la realidad. Esto agrava aún más la situación previa en la relación, con posibles consecuencias psicológicas, en el entorno o incluso legales. Además puede atrapar en un ciclo vicioso de ataques, posterior culpabilidad, desagravio, y humillación, alimentando más la impotencia y la rabia. La corrosión interna de la imagen del Otro, como persona querida que sostuvo una parte importante de su vida, que aportó bienestar y felicidad en algún punto, precipita también a la pena y tristeza profunda. Todos estos aspectos complican el duelo, el perdón y la aceptación liberadora.

«La paz viene de dentro, no la busques afuera» (Buda Gautama).

Reflexión final

El objetivo del post es una invitación a reflexionar sobre qué condiciones pueden estar manteniendo esa rabia. Liberar el resentimiento implica primero reflexionar sobre su origen  y reconocer el dolor que genera en nosotros.  La rabia, el rencor, el resentimiento, la furia,… es necesario que sean expresadas, pero son emociones que si son mantenidas en el tiempo e intensidad, nos envenenan y nos perturban. Somos víctimas de nuestras propias emociones, mas allá del agravio ocurrido. En este momento del año en el que se publica el post, puede ser un buen momento para reflexionar. El perdón no significa olvidar, pero sí pensar en ello sin que duela, dejar que se marche. Aunque no podamos cambiar los hechos del pasado, ni tal vez llegar al perdón o reconciliación real con determinada persona, sí se puede llegar a aceptar y reconciliarse emocionalmente con ese fragmento herido de uno. Esa parte incapaz de hallar calma ni perdón. Nadie merece la esclavitud del odio.

Notas

Heinz Kohut fue uno de los primeros psicoanalistas en situar el narcisismo como un sistema motivacional de primera magnitud, cuyo deseo central y en esencia es construir una imagen de Sí mismo –el Self, el nucleo central de nuestro Yo o personalidad– válida, digna de ser amada y reconocida, y la necesidad de mantener una estabilidad y cohesión. Identificó una desconcertante angustia –angustia de fragmentación– asociada a la ruptura de la frágil imagen e identidad que luchamos por sostener. El narcisismo no es considerado como patológico ni nocivo, si no como algo necesario y parte del desarrollo normal. Sólo en ciertas personalidades, los intentos y formas de recuperación del equilibrio de un frágil y herido narcisismo son patológicos o destructivos.

Referencias bibliográficas 

  • Bleichmar, H. (1997). Avances en Psicoterapia Psicoanalítica. Hacia una técnica de intervenciones específicas. Barcelona: Paidós Ibérica.
  • Kohut,H. (1977) El análisis del Self: el tratamiento psicoanalítico de los trastornos narcisistas de personalidad. Buenos Aires: Amorrortu

 

 

Los peligros de la pornografía

El porno es una de las industrias que mueven más dinero en todo el planeta. Hace tres años Business Pundit publicaba en su portal un listado con los negocios más lucrativos a nivel mundial entre los que estaba presente la industria de la pornografía. Es muy difícil saber cuánto dinero genera, sin embargo las cifras estimadas son de 97 billones de dólares. En España se calcula que los ingresos generados por la industria del porno se mueven en torno a los 400 millones de euros.

Para darse cuenta de la magnitud de su difusión he aquí algunas cifras:

  • El 43% del total de usuarios de internet ve material pornográfico.
  • Cada segundo hay 3.000 personas viendo porno.
  • El 10% de los consumidores se declaran adictos. 

El mundo de lo erótico y lo pornográfico ha estado presente siempre en nuestra cultura, pero es desde hace varias décadas con la llegada de los medios de comunicación de masas en un primer momento, y de internet después, cuando la industria del pono se masifica y se convierte en un producto de autoservicio fácil, barato (cuando no gratuito) y cómodo. Por todos estos datos me parece absolutamente necesario parar un segundo a reflexionar sobre algunas cuestiones como:  ¿Qué efectos tiene en nuestra manera de relacionarnos con la sexualidad? ¿Tiene consecuencias en nuestras relaciones de pareja? ¿Existe la adicción al porno? ¿Qué relación tiene el porno con la cultura de la violación? 

La pornografía en la adolescencia

Desde la llegada de internet al grueso de los hogares, la pornografía se ha convertido en uno de los primeros acercamientos que tienen los adolescentes con la sexualidad.  Del mismo modo que ha quedado más que demostrado cómo exponer a los más jovenes a la cultura del «cuerpo perfecto» promocionado por los medios y la publicidad puede tener consecuencias muy negativas en el desarrollo de su autoestima, la exposición a cierto tipo de pornografía también tiene sus inconvenientes.

Con el acceso a internet en todos los hogares, el acercamiento de jóvenes a este tipo de materiales se produce desde unas edades muy tempranas. Cuando un adolescente que jamás ha mantenido relaciones sexuales se expone a la pornografía, está formando de manera inconsciente expectativas de lo que debe ser el sexo en realidad, con las consiguientes frustraciones que acarrea después, tanto para ellos como para ellas. Expectativas generadas por patrones irreales en la mayoría de los casos que muestran conductas sexuales que poco tienen que ver con la realidad.

La pornografía en las relaciones de pareja

Hace tan sólo unos meses se publicaban los resultados del estudio longitudinal llevado a cabo por Samuel L. Perry llamado «Does Viewing Pornography Reduce Marital Quality Over Time? Evidence from Longitudinal Data» en el que ha estudiado durante 8 años la relación entre el consumo de pornografía y las relaciones maritales. Desde 2006 hasta 2014 analizaron datos tomados de la Encuesta Social General que se lleva a cabo en USA, en la cual se recogen las opiniones de los americanos sobre un amplio abanico de temas.

Los resultados muestran que las personas que empezaron a ver porno eran más propensas a divorciarse durante el tiempo de seguimiento del estudio, casi el doble en el caso de los hombres, crecen del 6 al 11%, y casi el triple en el de las mujeres, del 6 al 16%. Los datos también sugieren que cuando las mujeres dejan de ver pornografía sus tasas de divorcio caen del 18% al 6%, algo que no ocurre con los hombres.

El sociólogo Patrick F. Fagan ha estudiado el tema y en 2009 publicó un artículo llamado «The Effects of Pornography on Individuals, Marriage, Family and Community» en los que desarrolla la idea de que cuando un hombre consume habitualmente pornografía puede comenzar a buscar lo mismo en su vida real, con la consiguiente insatisfacción al no encontrarlo. El buscar ese ideal del «sexo ficticio-perfecto» haría que de algún modo el sexo real no sea tan espectacular como se piensa que debería ser.

¿Hasta qué punto somos capaces de abandonar nuestra vida real, en la búsqueda de un ideal sexual perfecto?

Los fans de Big Bang Theory recordarán esta escena, cuando Howard tiene que elegir, entre pasar el rato con una fantasía, o con una mujer real bastante más alejada de su patrón ideal.

Fantasía sexual
Katee Sackhoff: Me gustaría saber por qué estas aquí fantaseando conmigo cuando podrías estar con una mujer real esta noche.     
Howard Wolowitz: Te refieres a Bernadette?
Katee Sackhoff: No, a la princesa Leia. Por supuesto que me refiero a Bernadette.  Es una chica maravillosa y realmente le gustas. 
Howard Wolowitz: Ya lo sé, pero ella no es tú.   
Katee Sackhoff: Yo no soy yo. La verdadera yo está  Beverly Hills saliendo con un hombre alto, rico y guapo… el caso es que tienes una mujer maravillosa en tu vida y la estás ignorando para pasar tus noches en una bañera con una imagen mental y una manopla.  

La adicción a la pornografía

La adicción a la pornografía es un tema del que no se suele hablar, pero que existe. Gary Willson expone sus ideas en esta charla Ted en la que se manejan ideas muy interesantes.

 

 

El porno pone a nuestro alcance una cantidad ingente de «amantes» desechables a golpe de un click, y es debido a esa enorme cantidad de estímulos que cada vez necesitamos más y con mayor intensidad. Cuando la gente pasa mucho tiempo consumiendo pornografía su cerebro cambia. La dopamina es la principal responsable.

dopamina

El deseo sexual dispara la producción de dopamina, pero si esta situación es muy frecuente también hace que nuestro sistema nervioso se desensibilize. Esto se traduce en que necesitamos mucha más dopamina para alcanzar los mismos efectos, lo mismo que ocurre con la mayoría de drogas de abuso. Y este proceso lleva aparejados bastantes problemas más allá de la adicción en sí misma: problemas de eyaculación precoz, impotencia, incapacidad para establecer relaciones reales, etc, han sido encontradas como efectos secundarios de la adicción en multitud de estudios.

La buena noticia es que estos efectos sobre nuestro cerebro son 100% reversibles una vez abandonada la adicción.

La pornografía como reflejo del patriarcado

A principios de año Susan Sarandon dio unas declaraciones en el festival de Cannes que no dejaron indiferente a nadie. La actriz arremetió  contra la indutria pornografica cuando dijo que:

«La mayoría de la pornografía es brutal y no parece placentero desde un punto de vista femenino».

Y es que lamentablemente la pornografía «barata» que consumimos (quitando excepciones) no es más que el reflejo de un sistema en el que el goce femenino ha estado subordinado al placer del hombre, cuando no olvidado completamente. Mujeres que alcanzan el éxtasis más absoluto con prácticas que en la vida real nos dejan más bien indiferentes. Donde los preliminares (¡Ay,  los preliminares!) brillan por su ausencia, y donde la mujer es con mucha frecuencia humillada.

Para luchar contra todo esto y abrir nuevos caminos aparecen figuras como Erika Lust, directora de un porno más relista, pensado para el disfrute de hombres y mujeres, en el que se reflejan unos estereotipos mucho más ajustsdos a lo que sería una relación sexual verdadera, sin renunciar por ello al componente erótico y fantástico de este tipo de películas. Tal y como dice la propia Erika:

“Más de la mitad de mi público es masculino. A ellos también les gusta la atracción, el buen gusto, el respeto. Sin olvidar el hecho de que una película más cuidada no significa, en absoluto, que sea menos sexy o explícita. A excepción de lo ilegal y violento, todo está permitido”.

Conclusiones

Si has llegado hasta aquí puedes estar pensando que este post es toda una declaración en contra de la industria de la pornografía. En parte sí, y en parte no. Creo firmemente en la afirmación de la sexualidad, de lo erótico y de la función que tiene la pornografía en nuestra cultura. Si a día de hoy tuviera en mis manos prohibir este sector tal y como existe en la actualidad mi respuesta sería un tajante NO.

Sin embargo creo en las posibilidades de crear material con un contenido sexual de calidad. En el que la mujer tenga un papel equiparable al del hombre, que no promueva estereotipos machistas ni haga apología de la violación. Un material en el que todos podamos vernos reflejados.

Creo también en una educación sexual de calidad, que vaya más allá de la prevención de embarazos y enfermedades de transmisión sexual, en las que se hable abiertamente del mundo del porno, mostrando sus limitaciones y bondades.

 

La perfección: Un negocio muy rentable

“Es solo un retoquito en la nariz. Un pequeño aumento de pecho. Un tratamiento con ácido hialurónico. Unos hilos de oro. Un poco de grasa del culo que me van a poner en la cara. Una cámara para respirar oxígeno puro. Es la nueva dieta de moda, solo como ciruelas. Me van a poner un balón en el estómago. Voy a quitarme costillas…” Suma y sigue. Bienvenidos al negocio de la perfección.

Corpore sano in corpore sano

Barbie perfección

La afición a la cirugía plástica en nuestras sociedades crece hasta niveles insospechados, pareja a la obsesión por la comida “sana” y el ejercicio constante.

Una nueva industria con miles de millones de euros facturados cada año. En algunos países es una auténtica epidemia. Está claro que podemos alterar nuestro aspecto físico gracias a los avances de la ciencia, pero ¿Alguien se ha parado a pensar si debemos hacerlo? ¿Cual es el coste psicológico de todo esto? ¿En qué momento deja de ser algo normal para convertirse en una patología?

Los dioses griegos se alimentaban de néctar y ambrosía para ser inmortales y siempre jóvenes. Este arquetipo ha calado en la sociedad. Ahora en vez de néctar se toman batidos de proteínas y en el lugar de la ambrosía un buen zumo détox. “Somos lo que comemos” proclaman los gurús de la alimentación y la vida sana. ¿Somos proteínas? ¿O détox? ¿Tal vez somos un plato de lentejas?

“Ser o no ser” se planteaba Hamlet. Hemos resuelto la cuestión: Somos lo que comemos. La historia de la filosofía se tambalea.

Estos reduccionismos, planteados aquí en tono de guasa, son para mucha gente verdades como puños; dogmas que supuestamente muestran la vía hacia ese concepto tan puñeteramente esquivo: La felicidad, que está ligado, por supuesto, a la idea de perfección.

Por supuesto es necesaria una dieta sana, pero ¿Somos lo que comemos?

Vampiros en Instagram: Perfección en las redes.

Vampiro instagram perfección

Los vampiros, inmortales y eternamente jóvenes, solo se alimentaban de sangre –su zumo détox particular-. Con la llegada de Crepúsculo, True blood, las muñecas Monster High, etc… Los vampiros se han convertido en uno de los arquetipos más importantes del comienzo de este siglo. Moral dudosa, eterna juventud y belleza, inmortalidad y la dosis justa de drama romántico. ¿Qué más podemos pedir? El vampirismo, considerado anteriormente como una maldición, de pronto es algo maravilloso con lo que sueñan los adolescentes, la nueva perfección.

En Instagram vemos muchos vampiros y unos cuantos dioses griegos. Publican su día a día vendiendo sin reparo su intimidad. Los fans desean saber. ¿Qué puedo hacer para ser como él/ella? Legiones de seguidores que ambicionan poseer cuerpos, rostros y vidas como las de sus ídolos. ¿Cuántos K’s me dará el zumo détox?

Un nuevo de mundo regido por dioses de barro. Becerros de oro ante los que rezamos. Y mientras tanto el espejo; el peor enemigo. Inmisericorde, devuelve la imagen de la que deseas huir. ¿Para cuándo un espejo con filtros? Sería un bombazo. Tal vez ya existe.

El futuro: Perfección genética y tecnológica.

ayesha ella perfección

Dismorfia corporal, anorexia, vigorexia, bulimia… No son cosa del futuro. Son problemas muy reales, producto de múltiples factores psicológicos y sociales, pero que florecen en este marco centrado en la imagen.

En las novelas de Ryder Haggard que contaban la historia de “Ella”, Ayesha, la sacerdotisa de Isis, había logrado la inmortalidad a través de una llama sagrada. En el futuro próximo no hará falta el elemento sobrenatural. Ni la maldición de los vampiros, ni la llama de “Ella”, ni el néctar y la ambrosía. Ni siquiera el zumo detox.

Como hablé en mi artículo La humanidad: Entre el mono y el cíborg, el camino que estamos tomando es precisamente el de convertirnos en criaturas conformadas por elementos biológicos genéticamente modificados y alterados por el poder de la tecnología. Este es uno de los objetivos del transhumanismo. ¿Lo veremos? Tal vez. ¿Es un paso deseable para la humanidad? El debate está ahí.

Mientras tanto debemos vivir y, por ahora, La grasa, las arrugas y la muerte forman parte de la vida.

La búsqueda de la piedra filosofal.

Cada día surge una  nueva dieta, un nuevo sistema de ejercicios, un nuevo gurú que promete ayudarte a encontrar la perfección. Algunas personas, insatisfechas, cansadas de los marcos tradicionales de búsqueda del sentido, se lanzan en los brazos de estas corrientes, sufriendo decepción tras decepción. El negocio requiere nuevos adeptos. La ley del dinero es incontestable.

Todos vivimos en la búsqueda y somos susceptibles de caer tentados por los cantos de sirena de una industria tan poderosa como ésta. Sin embargo, si queremos crecer y buscar sin caer en soluciones mágicas, tenemos que aceptar nuestra limitación – lo que Freud llamaba “la castración”-. No hay, al menos en este plano, una perfección, una completa felicidad que alcanzar. Abandonar la omnipotencia infantil es un trabajo muy complicado, máxime en una sociedad que te bombardea con la idea de que “Tú puedes ser lo que quieras ser” y que promociona productos peligrosos y culpabilizantes como  el bestseller “el deseo”.

A veces no podemos ser lo que queremos. A veces – muchas veces- lo que deseas, aunque lo desees de verdad, no te llega. Esta es la dura realidad. Libre de metafísica y New Age. Lo cual no quiere decir que haya que abandonar la lucha o la búsqueda. Como decía Cavafi en su poema “Ítaca”, el viaje es el camino. Ítaca es solo la excusa.

 

Enrique Schiaffino

 

El poema de Constantino Cavafi: «Ítaca», lo podéis leer aquí .

La imagen de Barbie es propiedad de Valerie Everett.

Límites y necesidades relacionales fundamentales para el bienestar emocional

¿Qué es un límite?

 

Según la RAE el límite es definido como línea real o imaginaria que separa dos terrenos, dos países, dos territorios.”

¡Qué fácil resulta observar los límites físicos que nos rodean!. Desde los límites naturales como ríos, cadenas montañosas u océanos, hasta los construidos por el hombre. El aprendizaje del concepto del límite es un proceso complejo que se inicia desde la infancia. Aprendemos rápidamente que existen límites cuando, por ejemplo, queremos salir de la cuna y no podemos hacerlo solos, cuando descubrimos que hay ciertas zonas de la casa en las que no se nos permite entrar por ser “zona de mayores” o cuando al llegar a un cruce nos paramos en seco y observamos a ambos lados antes de atravesar el umbral entre la segura acera y la peligrosa carretera. Y así, poco a poco, vamos elaborando un conocimiento del mundo que nos rodea. Primero desde lo físico, que es más fácilmente observable, para pasar poco a poco a lo relacional. Y aquí es donde la cosa empieza a complicarse…

limites-1

Mientras que es sencillo saber cuando se puede cruzar la acera o entrar en una tienda, en el primer caso una señal luminosa nos lo indica y en el segundo un cartel en el que se lee claramente “abierto”, no resulta nada fácil discernir dónde está el límite entre lo que yo quiero/necesito y lo que el otro quiere/necesita. Estos límites intangibles resultan más complicados de detectar y manejar a no ser que se cuente con las gafas adecuadas.

 

Tipos de límites familiares

 limites

 

Cada persona aprende a relacionarse con los demás en función de lo que haya observado en su ambiente cercano y cotidiano, normalmente el ambiente familiar. Cada familia se relaciona de forma diferente en función de los patrones que hayan “mamado” a su vez de sus respectivas familias de origen. Dichos patrones se heredan de forma inconsciente, y se van transmitiendo de una generación a la siguiente.

 

Existen 3 tipos de límites dentro de las relaciones interpersonales. En este artículo vamos a centrar la atención en los tipos de límites existentes dentro de las relaciones familiares.

  • El límite claro es el limite saludable. En las familias con este tipo de límites existe un equilibrio entre las necesidades de sus miembros a nivel individual y colectivo. Esto supone que se respetan las jerarquías entre los subsistemas familiares, estableciéndose el nivel parental sobre el filial sin descuidar por ello la comunicación y el contacto entre los distintos miembros de la familia. En estas familias hay espacio tanto para lo personal como para lo grupal, manteniéndose los roles bien diferenciados. limite sano

 

  • El límite difuso o permeable es aquel en el que no existen diferencias entre las necesidades de los miembros de la familia y en el que las jerarquías entre los subsistemas no se respetan. Este tipo de límites genera familias aglutinadas en las que no hay autonomía, por tanto las necesidades individuales se reprimen o descuentan por el supuesto bien del grupo. Esto genera estrés emocional por perder la propia individualidad, pudiendo llevar a la separación interna del individuo de su familia como estrategia para encontrar el tan ansiado espacio propio.

limite poroso

 

  • El límite rígido o no permeable es aquel que no permite el contacto íntimo entre los miembros del sistema familiar, generando así familias desligadas. En este tipo de familias existe mucha autonomía pero falta intimidad entre sus miembros y preocupación los unos por los otros. Experimentar este tipo de relación puede provocar sentimientos de abandono o de indefensión. Personas que procedan de este tipo de familias pueden caer en relaciones fusionadas en las que se sientan importantes como forma de compensar el déficit vivido en la infancia o huir de la intimidad en las relaciones.

limite rigido

 

Por tanto, podemos decir que tanto en los límites difusos como en los rígidos no existe una verdadera intimidad ni un verdadero y profundo conocimiento de la persona que tenemos enfrente. Al faltar este reconocimiento de la idiosincrasia personal falta también una de las necesidades relacionales básicas más importantes, la necesidad de validación.

 

Necesidades relacionales básicas

 necesidades

 

Según el Doctor en Psicología y padre de la Psicoterapia Integrativa Richard Erskine, todas las personas tenemos al menos 8 necesidades relacionales que necesitamos se satisfagan en nuestras relaciones significativas. Este proceso no puede subscribirse únicamente al período infantil, ya que atraviesa todo el desarrollo evolutivo de la persona hasta llegar a la vejez. Desde esta perspectiva terapéutica, la relación es el eje sobre el que se sustenta todo lo demás. Nacemos en relación y vivimos y nos desarrollamos en relación y es, a través de la mirada que el otro nos devuelve sobre nosotros mismos (padres, abuelos, hermanos, amigos, parejas…) cómo vamos construyendo el propio autoconcepto.

 

Las 8 necesidades relacionales son las siguientes:

  • La necesidad de seguridad supone sentir que las vulnerabilidades física y emocionales están protegidas, saber que no seremos humillados por ser cómo somos.
  • La necesidad de validación implica sentir que nuestras emociones y necesidades son importantes y legitimas. Esta necesidad se cubre cuando sentimos que somos reconocidos e importantes para el otro en la relación.
  • La necesidad de depender de una persona estable, fiable y protectora que nos ofrezca orientación.
  • La necesidad de hacer impacto en el otro. Esta necesidad consiste en sentir que lo que hacemos, decimos y/o sentimos tiene impacto e importa a otra persona. Sentir que atraemos la atención del otro y que podemos influir en él.
  • La necesidad de autodefinición supone conocer y comunicar nuestra propia singularidad recibiendo por ello el reconocimiento del otro.
  • La necesidad de confirmar la experiencia personal. Para ello es necesario recibir por pate del otro la confirmación de que ha experimentado una vivencia similar ya que así reafirmamos y valoramos la propia experiencia.
  • La necesidad de que el otro tome la iniciativa. De esta forma sentimos que somos importantes para la otra persona y que estamos inmersos en una relación significativa para ambas partes.
  • La necesidad de expresar amor como parte de las relaciones significativas y saludables.

 

Siendo todas estas necesidades importantes para adquirir un desarrollo psicológico y emocional óptimo, me gustaría retomar la necesidad de validación por su importancia para el bienestar emocional.

Sentir en la infancia que somos vistos por el otro, más allá de las expectativas que éste tenga sobre nosotros o de lo que se supone que debemos ser o cómo debemos actuar, es una experiencia altamente protectora. Sabernos reconocidos por ser quienes somos y validados en nuestra forma de pensar y sentir en el seno familiar nos da el permiso para aceptarnos a nosotros mismos. Al aceptarnos disminuye la crítica interna negativa y mejoran los niveles de autoestima y de seguridad personal.

Esta vivencia positiva de uno mismo en relación se queda fijada más allá de los huesos y acompaña a la persona a lo largo de todo su recorrido vital, influyendo positivamente en las futuras relaciones que establezca. Al sentirse validada la persona se siente querida, apreciada y respetada. Esta vivencia le ayuda a desarrollar unos límites saludables con los demás. Unos limites que sean lo suficientemente porosos como para poder sentir intimidad con otra persona y desarrollar un sentido de pertenencia satisfactorio, al tiempo que tengan la consistencia necesaria para mantener su individualidad y sus necesidades intactas.

 

 

 

Fuentes:

Referencias bibliográficas:

  • Erskine, Richard G., Presencia Terapéutica y Patrones Relacionales: Conceptos y Práctica de la Psicoterapia Integrativa, Ediciones Karnac. 2016.

Autoestima

Por amor a uno mismo

No se ama al marido por amor al marido, sino que es por amor a uno mismo (ātman) que se ama al marido. No se ama a la esposa por amor a la esposa, sino que es por amor a uno mismo (ātman) que se ama a la esposa. No se ama a los hijos por amor a los hijos, sino que es por amor a uno mismo (ātman) que se ama a los hijos. No se ama la riqueza por amor a la riqueza, sino que es por amor a uno mismo (ātman) que se ama la riqueza (…). No se ama a los seres por amor a los seres, sino que es por amor a uno mismo (ātman) que se ama a los seres (…). Hay que escuchar, reflexionar y meditar sobre uno mismo (el ātman) En verdad, cuando se ha visto, escuchado, pensado y conocido uno mismo (el ātman), todo este mundo es conocido.

Este texto pertenece a la Bṛhadāraṇyaka Upaniṣad (5.5-6) uno de los textos filosóficos más antiguos de la tradición védica.

La palabra ātman es un pronombre sánscrito que significa uno mismo y que en la filosofía pasó a referirse a la energía que habita en nosotros como una y la misma energía que da lugar al universo entero. Algo muy parecido esa energía a la que se refirió Einstein cuando decía que la energía nunca desaparece, sólo se transforma.

 

imgres images

 

Este texto puede sonar muy egoísta, pero lejos de ser una propuesta egoísta lo que propone es darnos cuenta de lo que tenemos en común y no lo que nos distingue. Nos enamoramos de otra persona y en realidad nos enamoramos de la imagen que nos hacemos de esa persona, de nuestros pensamientos acerca de esa otra persona, sin prestar atención a la energía vital que subyace en cada uno de nosotros que es una y la misma y es lo que realmente nos mueve.

Lo que nosotros somos en realidad, más allá de las aventuras que atraviesa nuestro personaje, es un estado de paz.

La energía de Vida que vivifica nuestro personaje, no se ve alterada por lo que le ocurre a dicho personaje, igual que una pantalla de cine no se ve en realidad afectada por las imágenes que se proyectan sobre ella.

inner_peace_by_mistytang-d3l85ih

 

Mi mini «yo»

A menudo nos identificamos sólo con el pequeño “yo”, con el personaje, su forma, las cosas que le “ocurren”, su opinión, lo que le han dicho, lo que dirá, lo que tiene, lo que ha conseguido, etc.

Esto nos hace perder de vista por completo nuestro verdadero Ser, Aquello en nosotros que es testigo de todo lo que va y viene, Aquello que ya está siempre en paz, de modo que comenzamos a buscar esa paz y felicidad en las formas, en los objetos externos, en los otros seres, a los que les pedimos que nos proporcionen esa felicidad, esa paz que hemos olvidado.

mr-forgetful

Así pues, creo que me enamoro del otro por sus cualidades, por su forma de ser, sus circunstancias, su pequeño “yo”… cuando en realidad lo que me lleva a amar es el Amor mismo, es la Conciencia que ya soy y lo que amo y busco en el otro es ese Amor que ya está en mí, pero como no lo veo en mí misma lo busco fuera y confundida lo vuelvo a proyectar en formas limitadas y cambiantes, que no me permiten ver lo que el otro es en verdad, lo mismo que yo, el Ser, la Energía de Vida que siempre está en Paz.

¿Qué es la autoestima?

Aquí llega el punto crucial, a veces confundimos la autoestima con generar un pequeño “yo”, un personaje, seguro de sí mismo, de sus pensamientos y habilidades, de sus opiniones, de sus formas, y olvidamos de nuevo el amor a uno mismo, no en tanto que personaje sino por el re-conocimiento de lo que uno es más allá del personaje, o mejor dicho, en el fondo del personaje.

Si nos vamos al Wikipedia y buscamos la definición de autoestima nos encontramos con esto:

La autoestima es un conjunto de percepciones, pensamientos, evaluaciones, sentimientos y tendencias de comportamiento dirigidas hacia nosotros mismos, hacia nuestra manera de ser y de comportarnos, y hacia los rasgos de nuestro cuerpo y nuestro carácter. En resumen, es la percepción evaluativa de nosotros mismos.1

La cuestión estriba en definir qué entendemos por “nosotros mismos”.

Definición 1

Si por uno mismo entendemos el personaje que a veces se siente de una forma a veces de otra, que actúa de distintas maneras, que tiene opiniones cambiantes, cuyo cuerpo se transforma con el paso del tiempo, entonces la autoestima se convierte en un esfuerzo por hacer una valoración y proyección positiva de ese personaje.

Definición 2

En cambio si definimos uno mismo como la Conciencia última que siempre es testigo de las transformaciones que ocurren en el personaje el asunto cambia por completo.

Amarse a uno mismo es ver al personaje y amarlo tal cual es y tal cual se modifica. Amarse a uno mismo es concentrar la atención, no en aquello que nos hace diferentes sino en Aquello que es igual en todos los seres, en todo el universo. Amarse a uno mismo es concentrar la atención no en lo que cambia constantemente sino en el espacio del Corazón que es testigo de todos los cambios, el lugar del cual emerge la energía de Vida a través de la cual se viven todos esos cambios. Sería como ir al punto donde brota por primera vez el agua que luego da lugar a un enorme río, que en unos tramos baja con furia y en otros parece estanco.

images-3

El personaje vive condicionado por aspectos de la naturaleza que hacen que unas veces esté ofuscado y deprimido, otras veces exaltado y emocionado y en otras ocasiones sereno y armonioso.

Es cierto que si nuestro personaje se encuentra en un estado de oscuridad y apatía fomentar ciertas habilidades que nos permitan descubrir un personaje más enérgico, vital y seguro de sí mismo puede resultar positivo de cara a que la persona pueda abrirse a nuevas formas de pensarse, percibirse y percibir el mundo. Ahora bien, si nos quedamos sólo ahí seguiremos siempre en la lucha por mantener un personaje “sano”.

La verdadera autoestima no puede consistir solamente en un personaje que se viste de seguridad y habilidades que sean socialmente reconocidas, la verdadera autoestima sólo puede proceder de la tranquilidad de Ser, simplemente Ser, sin que sea tan importante si ese Ser se expresa a través de unas formas y habilidades u otras.

Cuando puedo reconocerme a mí misma desde ese lugar, puedo reconocer el mundo entero. Amarse a uno mismo es Amar, no com una acción sino como reconocimiento de ser ese Amor. La Vida es Amor expresado a través de múltiples formas. Lo que amo en el otro es el Amor, es lo que yo Soy, lo que él Es, el hecho de Ser.

 

Amar-se es AMAR

Con este post no pretendo decir que los trabajos de autoestima que buscan hacer que la persona sea más asertiva, tenga una imagen mucho más segura sobre su personaje, valore sus habilidades , sea más independiente,etc. no resulten útiles en muchos casos e incluso puede que sea necesario comenzar por ahí y dando soporte desde trabajos de conciencia corporal y estímulo de las capacidades manuales.

Lo que quiero decir es que es importante no quedarse sólo con eso. Sería algo parecido a quitar los síntomas de un resfriado repetitivo sin ir a la causa ¿cuánto tardaremos en resfriarnos de nuevo? Creo que la verdadera autoestima tiene su origen en última instancia en el claro reconocimiento y experiencia de Ser, de ese lugar de Paz en nuestro corazón. La verdadera autoestima ve en uno mismo a todos los seres y se reconoce a sí mismo en todos los seres, de modo que en realidad es sólo Estima, Amor.

1José-Vicente Bonet. Sé amigo de ti mismo: manual de autoestima. 1997. Ed. Sal Terrae. Maliaño (Cantabria, España). ISBN 978-84-293-1133-4.

Fuentes consultadas:

Wikipedia, autoestima. https://es.wikipedia.org/wiki/Autoestima

P. Olivelle, Upaniṣads, Oxford Universiy Press, 1996

El duelo. una experiencia personal

Nuestra idea del duelo, nuestro conocimiento de éste muchas veces difiere de la experiencia que tenemos cuando la persona que muere es muy cercana en el afecto.

El último 19 de junio se festejó el día del padre en Argentina, pero este año me enteré al día siguiente al abrir el Facebook. En España, no sé por qué, se festeja otro día. Mi hermana había subido a su muro de la red social una foto de ella sentada en las rodillas de mi padre. Ambos aparecen sonriendo para la cámara. Me imagino que ella andaría por los 3 o 4 años. En el mensaje encima de la imagen, decía mi hermana que el domingo temprano pensó que habría alguien ansioso por ser saludado al otro lado del charco -ella hace años que vive en París- pero que después cayó en la cuenta de que ya no había un papá esperando ese llamado. Se me ocurre pensar que la muerte del padre es algo así, que no haya nadie del otro ladoUn domingo de soledad y tristeza, pero sin una semana nueva que prometa sacarnos de allí.

El impacto

El 11 de febrero de 2016 se murió mi padre. Una llamada de mi mamá y de un momento a otro, de repente, todo cambió, todo se tambaleó. ¿Llegué realmente a hablar con ella?, ¿O recibí un escueto whatsapp que ponía “ya está. Se terminó”?

Sólo puedo reconstruir parcialmente, de manera inexacta, las horas que siguieron a esa noticia. En algún momento de la tarde-noche de ese jueves, me senté a buscar a billetes de avión hacia Buenos Aires. Acto seguido, escribí un correo electrónico a mis compañeros de la universidad para contarles lo que había ocurrido y que estaría fuera de España por unos días. Me preocupé porque a mis alumnos les llegara la respectiva notificación de la suspensión de la clase correspondiente al lunes y al miércoles de la semana entrante.

Todavía estoy alucinando de cómo pude haber hecho todo eso bajo el impacto de semejante acontecimiento. Sospecho que el choque es tan grande que genera una suerte de despersonalización, de extrañamiento con uno mismo. Como si lo ocurrido no tuviese suficiente realidad, como si uno hubiese entrado en una película y fuera a la vez protagonista y espectado

En cualquier caso, el viaje a Buenos Aires fue real.duelo

Dos días después de haber recibido aquella llamada, estaba en un cementerio inmenso para asistir a  la cremación del cadáver de mi padre. No pude verle muerto. Sólo experimentar la sucesión de imágenes ante la madera muda del ataúd. Todo ocurrió demasiado rápido y en un plano mental. Saludé a mucha gente, en particular a familiares que no veía desde hacía tiempo, con el gesto cortés, automático y la emoción ausente. Las lágrimas no aparecían y más que dolor parecía preocupado en que el ritual de despedida se desarrollase bien.

Somos animales simbólicos. Desde antiguo realizamos ritos para las cuestiones trascendentales de la vida: ante los ciclos de la naturaleza, ante los dioses y sus exigencias, para despedirnos de alguien o para darle la bienvenida a los que llegan. En muchos casos no conocemos el origen de un determinado rito pero algo en nuestro interior nos lleva a cumplir con éste.

Entre los ritos más significativos de las diferentes culturas humanas, están, desde luego, los ritos funerarios. De hecho, éstos han sido calificados por la antropología como determinantes de nuestra especie en la medida en que a través de este tipo de ritos entramos en contacto con una cualidad determinante de nuestra condición como es la finitud.

Cuando el cuerpo de mi padre empezó a pertenecer a lo muerto yo no pude verlo, tampoco pude estar presente en el instante en que su corazón dejó de latir. Más allá de meras explicaciones racionales, no me resulta fácil saber por qué se dio así.

En aquellos días no podía darme cuenta de que la muerte de mi papá significaba tantas cosas a la vez y que necesitaría tiempo para que a la conciencia pudieran incorporarse de una en una. Las fichas irían cayendo a un ritmo lento e incesante. Al ejercicio colectivo-social de la muerte, le seguiría uno mucho más personal e íntimo.

La tristeza y el ejercicio de la memoria

En estos meses he estado oscilando entre la necesidad de atención, de cariño y las ganas de no conectar con nadie, de estar en retirada.

Nunca antes había vivido nada semejante a la pérdida de mi padre y el desconcierto es de tal magnitud que me pregunto hasta qué punto soy aquel que creía ser.

En estos meses estuve recordando, volviendo a pasar por el corazón. No sólo ha perdido a su papá el adulto que soy, sino también el bebé, el niño, el púber y el joven que fui.

Cuando desarmé su escritorio de trabajo, me encontré con que él había guardado los dibujos que yo mismo le hice con tres o cinco años. También recordé lo mucho en que insistía en que lo único que iba a dejarme era una formación, una educación y como me insistió para que fuera a estudiar a Europa.

Su amor se traducía, muchas veces, en el contacto físico (llorar recostado en su pecho, por ejemplo), otras veces, en el apoyo económico para que saliera adelante.

Recordé una conversación, él en Buenos Aires y yo en Madrid, en la que me preguntaba sí comía todos los días y en la que insistía en que yo siempre iba a tener un lugar al que volver si las cosas me iban mal en España.

También vinieron recuerdos más cotidianos como cuando me preguntaba como quería el nudo de la corbata.  O el de su imagen en el espejo del baño cuando se pasaba un algodón empapado en agua de colonia por el cuello, después de la ducha matinal. Su manía por la pulcritud.

La manera en que me entregaba la paga mensual para mis gastos de muchachito y el beso que yo le daba luego de recibir el dinero.

No todos los recuerdos fueron dulces o reconfortantes. Yo mismo, en un momento dado, tuve que poner distancia entre nosotros para evitar que su imagen me aplaste ya que tenía un temperamento fuerte y su influencia resultaba para mí intimidante.

Cuando estaba bien, era un encanto de tipo: cercano, gracioso, seductor. Cuando estaba preso de sus furias, era tremendo: como un juguete rabioso y sin consciencia de los efectos que producían sus actos.   Entre los recuerdos tristes, algunos momentos de mi última estadía en Buenos Aires antes de su muerte, o su negativa a hablar por teléfono conmigo.

muerte del padre

La vida continúa: elaboración del duelo

Con sus cosas buenas y no tan buenas, la vida continúa. El recuerdo del que se ha ido no nos abandona, pero paulatinamente se va desdibujando para permitirnos tomar aire. Nuestra mente busca hacer espacio a lo nuevo que acontece. Hay algo inevitablemente triste en este proceso pero a la vez es necesario.

No hay recetas ni fórmulas mágicas para asumir la pérdida de un ser querido. Cuando además de ser querido, es alguien que forma parte de nuestro núcleo afectivo más constitutivo la huella de su partida es aún más honda. No hay escalas ni mediciones del dolor que valgan.

Tampoco hay respuestas ante preguntas del estilo: ¿cómo se vive este duelo?, ¿qué debería hacer?, ¿debería hacer algo distinto a lo que hago?, ¿hay algún momento más adecuado que otro para llorar o para volver a reír?

Frente a lo irreparable de la muerte y el dolor que provoca, reaccionamos de maneras muy distintas dependiendo de nuestro temperamento, de la estructura de nuestra personalidad, de nuestro vínculo y experiencias, del momento de la vida que estemos atravesando.  

Es usual que se susciten en nosotros emociones negativas y no está de más tener en cuenta que debajo de cada emoción negativa, está el dolor.

El miedo a vivenciar el dolor, nos lleva, en muchos casos, a poner en marcha un arsenal de mecanismos de defensa mediante los cuales cerramos el paso a vivenciar el dolor. Cuando éste llega, quizá resulte conveniente no bloquearlo sino dejar que fluya.

Hace pocos meses en una reunión con amigos, empecé a preguntarme dónde habrían quedado las gafas de mi padre luego de su muerte y terminé conectando con una tristeza enorme.

muerte-del-padre

También recuerdo como una tarde de domingo estaba preparando la cena y sin que ninguna imagen dolorosa se dibujara en mi mente las lágrimas empezaron a caer en catarata dentro de un cuenco en el que había harina mezclada con agua. Al principio no fue más que un sollozo pero luego se abrió la garganta con fuerza y dio paso a un grito ahogado que me hizo estremecer. Todo mi cuerpo tembló y en el pecho sentí una puntada muy aguda.

Al cabo de unos minutos, había recuperado la respiración y el pulso normal.

Mi propio organismo que parecía haberse colapsado a causa del dolor, pudo restablecerse en equilibrio.

Aquella tarde de domingo fui atravesado por el dolor como por una daga. El cuerpo fue lo primero que tuvo registro y después sólo pude cerrar los ojos, intentar respirar, soltar la presión que sentía dentro y darle voz a la pena. Aquella voz sólo fue aire que entraba y que salía de mi cuerpo. Respirar, seguir respirando.