Traficando con las emociones

¿Qué es una emoción?

Las emociones son energías que necesitas expresarse. Y eso es lo que debemos hacer con ellas. Sentirlas, y expresaras siempre que sea posible. Hay veces que podremos expresarlas de forma saludable, y otras veces, por ejemplo, si nos encontramos en un lugar donde no sea fácil, podemos «posponer» su expresión, y esperar a estar en un lugar más seguro.

Cuando se reprimen de forma crónica, se imprimen en el inconsciente y pueden hacernos mucho daño.

 

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Otro elemento importante a tener en cuenta es que además de ser «humanos», y por lo tanto, ser seres inteligentes, también somos animales. Somos mamíferos. Somos «bichos». Y esto es algo que olvidamos con mucha frecuencia. En tanto que animales, no podemos elegir las emociones que sentimos.

No podemos decidir qué nos conviene sentir y que es mejor no sentir. Simplemente sentimos, y no tenemos ningún control sobre ello. Una vez se presenta una sensación o una emoción en nuestro cuerpo, sólo nos queda expresarlo de la mejor manera posible.

Y aquí viene el problema. Cuando éramos niños, pudo ocurrir cualquiera de estas dos cosas. O nos permitieron expresar ciertas emociones, o nos lo prohibieron. Y a menos que hayamos hecho un profundo trabajo personal, repetiremos ese patrón. Si se nos permitió expresar la rabia, ahora podremos expresar esta emoción. Si se nos prohibió expresarla, ahora la reprimiremos.

 

Santa flexibilidad

Cuanto más «derecho» se nos dio de niños, como individuo o como familia, para acceder a las diferentes emociones, más habremos desarrollado la capacidad de adaptación, flexibilidad y evolución. Ya que habremos podido integrar la libertad de «sentir» y expresar, y no habremos tenido que reprimir nada.

Haciendo uso de esta libertad, habremos aprendido a sentir esa emoción. A reconocerla y a acogerla como una realidad y un recurso útil. Una vez reconocida y acogida, sólo queda encontrar el canal más aceptable para expresarla de forma constructiva para la persona y para el entorno.

 

Terrible represión

Cuanto más grande sea el número de emociones prohibidas, más privados nos encontraremos de la cantidad de información que se esconde tras la emoción. Y por ende, más probable será el bloqueo de dicha emoción.

Como hemos dicho, una emoción es energía constructiva para el individuo. Es un recurso muy útil. Del mismo modo, emoción reprimida, es energía constructiva bloqueada. Un rechazo firme y repetitivo de una emoción sólo consigue aumentar la intensidad del eventual bloqueo.

La emoción reprimida se puede comparar al agua de un río que se encuentra con una barrara. De alguna forma, el agua consigue seguir su curso, ella misma buscará la manera. Y eso mismo nos ocurre a nosotros, ese río de emociones que llevamos dentro de nosotros sigue su camino a nuestras espaldas (en nuestro inconsciente), y tomará formas insospechadas que podrán sorprendernos y cogernos desprevenidos.

Si aprendemos a observamos, así podríamos explicar muchos comportamientos impacientes o accesos de rabia inexplicables.

 

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«Te lo prohibo»

Estas «prohibiciones» pueden producirse en toda la familia, en un individuo o en varios. De esta forma, es frecuente que en una familia haya una única persona a la que se le permite la expresión de una emoción que queda prohibida para todos los demás. Esta persona se convertirá en la válvula de escape para todos los miembros del grupo. Y llevará sobre sus espaldas el peso del bloqueo emotivo de toda su familia.

De esta forma, toda prohibición de tipo emocional se convierte en una obstáculo que debe salvarse y cada cual, aún sin buscarlo, encontrará un canal de expresión diferente, que a menudo es paradójicamente el opuesto. Así buscamos espontáneamente las respuestas posibles que nos ofrece el código aceptado de nuestra familia, revisando aquellos que sí se nos está permitido expresar.

 

Tráfico de emociones

Eric Verne denomina este proceso «tráfico de emociones». Él estudio que era posible predecir el canal más probable que una expresión prohibida puede escoger para expresarse.

Algunas de estas expresiones, según Jean Monbourquette:

 

– La prohibición de la tristeza, de la pena o del sufrimiento se transforma generalmente en falso consuelo hacia los demás, en agresividad, en hiperactividad y en somatización.

– La prohibición de la ira se convierte en tristeza y sentimiento de culpabilidad que puede hacerse permanente.

– La prohibición de la culpabilidad suele convertirse en una tendencia a acusar compulsivamente a los demás.

– La prohibición de la alegría y la risa provoca culpabilidad y autocastigo repetitivo.

– La prohibición de la debilidad y la depresión crea aires de grandeza y complejo de superioridad.

– La prohibición de la fuerza engendra la tendencia a mostrarse débil y dependiente, a sentirse triste y a somatizar los problemas.

 

Este tipo de respuestas que aparecen en presencia de las necesidades emocionales, es menos satisfactorio para la persona que la expresión libre de la emoción reprimida. Además, esta forma de proceder conduce a la reproducción constante de la fórmula de reemplazo.

Por otra parte, la repetición constante de un tipo de emoción incomprensible en una persona, nos permite deducir la presencia de esa serie de emociones reprimidas.

A nivel familiar, la adopción de una característica excesivamente mostrada por toda una familia significará que ambos padres comparten esa emoción «prohibida». Es el ejemplo de una familia que siempre parece feliz, y a los que nunca hemos visto enojados o tristes. O que siempre están quejándose o malhumorados.

Si esto no ocurre, y los padres son divergentes en relación a la expresión de una misma emoción, los hijos bascularán de una forma de expresión a otra según el contexto, y generalmente de forma inconsciente.

 

Oponerse al tráfico de emociones

Para oponerse al tráfico de emociones, los adultos debemos permitirnos los medios para defender nuestros derechos y expresar cada una de nuestras emociones.

En lo que respecta a los niños, la transmisión del derecho a vivir sus emociones se transmite a través de los adultos que tienen responsabilidad sobre ellos. El niño, una vez adulto, tiene que inventariar de algún modo lo que ha vivido y aprendido de los responsables de su educación.

Es su responsabilidad efectuar los cambios necesarios para su evolución, que tendrá un efecto directo sobre sus propios hijos. Un adulto que ha aprendido a expresar libremente sus emociones será un padre que le transmita esa misma libertada a sus hijos.

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Fuentes:

  • Psicogenealogía. Daris y Lise Langlois. Ediciones Obelisco. 2 edición del 2014.

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El poder de la incertidumbre, ¿nos aleja o nos acerca a la felicidad?

Si te tomas un par de segundos para reflexionar acerca de que deseas para ser feliz, es bastante probable que aparezcan ante ti una o varias opciones que nada tengan que ver con la incertidumbre. Casi con total seguridad el contenido de tu respuesta guarda relación con uno de los tres elementos que Gigliola Cinquetti destacaba en su famosa canción “salud, dinero y amor”. Si es así, es totalmente lógico ya que ¿quién no desea gozar de buena salud, tener suficiente sustento económico para vivir tranquilamente y/o amar y sentirse amado? En definitiva, ¿quién no desea ser feliz?

 

Desde hace un tiempo en el entorno social en el que vivimos ha surgido un movimiento muy claro hacia la obtención de la felicidad. Ya no nos conformamos con sobrevivir como hacían nuestros antepasados, ahora queremos vivir, y además vivir disfrutando en todo momento.

 

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Tan importante es esto para nosotros que la publicidad se hace eco de ello. Antes, para vender un producto las campañas publicitarias se centraban en destacar sus características de funcionamiento, sabor, precio, etc. Ahora, sin embargo, nos venden la idea de que con ese producto seremos un poco más felices y así alcanzaremos nuestro objetivo vital.

 

Este movimiento social hacia la obtención de la felicidad nos impulsa a no conformarnos y a querer mejorar en todos los ámbitos de nuestra vida, lo cual es maravilloso. Sin embargo, en la otra cara de la misma moneda encontramos conceptos menos apetecibles como el peso de la incertidumbre y el miedo al sufrimiento.

 

ATREVERSE A CAMBIAR, MIEDO A SUFRIR

A menudo el cambio necesario hasta obtener aquello que deseamos supone un reto. A su vez, ese reto conlleva afrontar la incertidumbre y una serie de situaciones novedosas que se salen de nuestra zona de confort. Éstas ponen en jaque nuestros recursos lo cual nos incomoda y nos asusta. Es lógico y natural que no queramos sufrir. Estamos biológicamente preparados, al igual que el resto de seres vivos del planeta, para sobrevivir y para evitar todo aquello que nos haga daño. Sin embargo, el problema surge cuando este mecanismo de protección se sobreactiva y se generaliza a distintas situaciones llegando a convertirse en un miedo angustioso que nos paraliza y nos incapacita.

 

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Encontramos ejemplos del miedo a la incertidumbre a nuestro alrededor constantemente: la persona que se mantiene en una relación sentimental que no le es satisfactoria por miedo a “no encontrar algo mejor”; la persona que renuncia a una oportunidad laboral por miedo a “lo que se pueda enfrentar” o los padres que sobreprotegen a su hijo coartando sus intentos de exploración por miedo a que “le pase algo malo”. En todos estos casos se produce un choque frontal entre el deseo de realizar el cambio y el miedo a sufrir o a que ese cambio no entrañe los beneficios que se deseaban obtener. Llega el gran Y SI…

 

SALIR DE LA ZONA DE CONFORT, MIEDO A LA INCERTIDUMBRE

Salir de nuestra zona de confort no es sencillo, tal y como muestra el refranero español con ejemplos como estos “Mejor malo conocido que bueno por conocer” o “Virgencita, virgencita que me quede como estoy”. Existe una creencia arraigada de que el cambio es peligroso, de que todo aquello que salga de nuestra zona de confort deber ser evitado. Hay un mensaje oculto y generalizado de que la vida tiene que ser fácil, sencilla y que eso será lo que nos haga ser más felices. Sin embargo, esto que en principio puede parecer una gran verdad, no es sino una trampa en la que caemos sin darnos cuenta.

 

La vida no es sencilla, ni plana, ni previsible por mucho que intentemos que lo sea, anticipando y controlando nuestra conducta, la de los demás y/o el ambiente. La vida es ilusión y decepción, risa y llanto, ganancia y pérdida, placer y dolor, vida y muerte. La vida está compuesta de estos y muchos otros elementos que hacen que la vida sea lo que es y que no podemos negar ni escapar de ellos por mucho que lo deseemos. Es precisamente cuando intentamos huir de estas partes negativas de la vida cuando caemos en la trampa que nos lleva a la angustia anticipatoria del “y si..”, alejándonos cada vez más de la anhelada felicidad. Y es aquí donde somos conscientes de la gran paradoja, muchas veces sufrimos por querer evitar el sufrimiento.

 

Puede que esta idea resulte una obviedad para algunas personas y un absurdo para otras, sin embargo supone más de lo que parece a simple vista. Dentro de esta idea, encontramos dos ideas poderosas que la sustentan y alimentan. Por un lado, aparece el miedo a la incertidumbre del que hablábamos más arriba. Este miedo que se activa cuando nos enfrentamos a algo que nos es desconocido y no podemos anticipar con seguridad lo que puede ocurrir. Es natural, que ante situaciones novedosas sintamos una activación física y mental. Este mecanismo nos prepara y nos mantiene alerta para desplegar todas las herramientas necesarias y hacer frente a la situación novedosa.

 

CREENCIAS DAÑINAS E IRRACIONALES

La complicación aparece cuando a ese mecanismo natural se le azuza con otras dos poderosas creencias. Por un lado, la idea de que la situación novedosa será en si misma dañina y, por otro lado, la idea de que la persona no cuenta con los mecanismos necesarios para hacerle frente. La unión de ambas ideas generan un sentimiento de miedo intenso. Este miedo lleva a la persona a evitar dicha situación, lo cual alimenta el sentimiento de incapacidad, haciéndole sentir cada vez más vulnerable e indefensa.

 

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Cuántas más veces se de este proceso, peor concepto tendrá la persona de si misma y de sus capacidades, ya que al evitar la situación temida no tendrá la oportunidad de experimentarse a si misma como una persona capaz. Además, el mantenimiento de estas ideas durante un tiempo prolongado puede provocar, entre otras consecuencias: baja autoestima, ansiedad, angustia, frustración, retraimiento, aburrimiento y depresión.

 

De esta forma vemos que evitar aquello que nos asusta o nos incomoda no nos acerca a la felicidad, sino que nos aleja de ella. Y quizás por ello, no nos llena más que temporalmente, el sucedáneo de felicidad que nos venden embotellada. Porque ser feliz implica sentirse libre y con miedo no hay libertad.

 

UNA OPORTUNIDAD PARA SER FELIZ

Si no nos atrevemos a salir de nuestra zona de confort no podremos ejercitar nuestros músculos emocionales y nos quedaremos atrofiados y con la sensación cada vez más profunda de que somos incapaces de hacerlo. La incertidumbre no es un castigo, es una oportunidad. Una oportunidad para sacar nuestros recursos sociales, físicos, cognitivos y emocionales. Es una oportunidad de crecimiento que nos ayuda a conocernos más y mejor y es, además, el camino real hacia la auto realización y la satisfacción personal.

 

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Fuentes:

Nietzsche, Dioniso y la vida como obra de arte

En la primavera de 1869 Friedrich Nietzsche se instala en Suiza para ocupar su plaza como catedrático de filología clásica en la antigua Universidad de Basilea. Tiene sólo veinticuatro años pero ya le avala su título de doctor por la Universidad de Leipzig y una cierta reputación como joven promesa del mundo académico. Sin embargo, a él no parece preocuparle el prestigio que otorgan los puestos docentes ni la fama que acompaña a los más veteranos. Algo sin nombre está creciendo dentro de él, mientras los días transcurren entre lecturas de Schopenhauer y visitas a su amigo el compositor Richard Wagner en Triesbschen, a orillas del Lago Lucerna.

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Durante el invierno de 1870,  y mientras prepara su libro sobre la tragedia griega, escribe una carta a su amigo Rhode en la que le confiesa que no tiene ninguna ambición literaria, que no necesita adherirse a ningún patrón dominante y agrega “ciencia, arte y filosofía crecen ahora tan juntos dentro de mí, que en todo caso pariré centauros”.

El primer centauro que saldrá de las entrañas de Nietzsche, vendrá precedido de contratiempos y tempestades. La salud del filósofo empeoró considerablemente y empezó a experimentar episodios de depresión aguda seguidos de momentos de exaltación maniática.

Alejado temporalmente de la vida universitaria, se irán borrando para él las fronteras que dividen al pensamiento de la poesía, a la filosofía de la filología y al arte de la existencia.

Se va acabando el año 1871, cuando aparece la publicación de su primera obra El nacimiento de la tragedia. Al silencio indiferente de sus colegas filólogos, le siguió la franca hostilidad de algunos de ellos e incluso la de su maestro Ritschl que consideró al escrito una ingeniosa borrachera y resultado de la megalomanía.

Lo que estaba llamado, en principio, a ser un tratado exclusivo para especialistas de la cultura helénica, se convirtió en la carta de presentación de un pensador potente, vital e intempestivo.

Nietzsche nos ofrece una nueva visión del mundo y lo hace a partir de una vivencia personal porque pondrá en juego su intuición y experiencia de la vida y de la muerte. Ambas son, en realidad, una y en este sentido afirmar la generación es recíprocamente afirmar la destrucción. Si nos vamos al terreno del arte, vemos que el combustible del que se alimenta la creación es lo dionisiaco. Todo el desarrollo del arte aparece ligado a la duplicidad de lo dionisiaco y lo apolineo, de igual manera que la reproducción depende de la dualidad de los sexos.

Con Dioniso y Apolo, el mundo griego nos legó una antítesis primordial, fundamental, ya que ambas divinidades marchan una al lado de la otra pero lo hacen en abierta discordia y excitándose mutuamente para parir frutos nuevos y cada vez más fuertes.

Mientras que lo apolineo puede identificarse con el sueño, aquel en el que por primera vez, según Lucrecio, se presentaron ante las almas de los hombres las figuras de los dioses; lo dionisiaco puede identificarse con la embriaguez.

 

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Apoderarnos de nuestra vida, proclamar la soberanía sobre esa fuente eterna que produce individuaciones sin cesar y que al producirlas se desgarra a sí misma
. Porque nadie dijo, y mucho menos Nietzsche, que se tratara de coser y cantar. La vida es dolor y sufrimiento porque para brotar debe quedar despedazado lo Uno que está en el origen o el Todo del que formamos parte, pero la vida también tiende a salir del dolor y reintegrarse en la unidad perdida.

Asumir el carácter trágico de la vida, supone celebrarla y embriagarnos de ella. No temer constantemente a la muerte porque, en última instancia, no es otra cosa que el reencuentro con el origen. Morir no es desaparecer sino reintegrarse en el ciclo perpetuo de la vida. La aniquilación de nuestra individualidad es la condición necesaria de nueva vida. Darse cuenta de esto, tomar conciencia de la vida y de la muerte es, en términos nietzscheanos, pensar trágicamente.

Abrazar lo dionisiaco es una forma de intuir la unidad de todas las cosas pero también su necesaria separación.

En El nacimiento de la tragedia, Nietzsche extiende el concepto de lo bello hasta confundirlo con la propia justificación de la existencia del mundo.

El mundo podría no existir, no es necesario que exista pero en esa gratuidad de su existencia se encuentra la verdad de lo que es la vida, de lo que acontece.

No importa aquí desvelar el mecanismo de la vida, sus funciones o razones, lo que vale es la vida misma: lo bello.

La embriaguez dionisiaca es apretura a lo bello, a lo vital. Lo que Nietzsche llama VOLUNTAD: esa fuerza motriz inefable, aquello que se incrementa en su ser, lo que sólo elevándose se sostiene.

Se trata de encontrarse yendo más allá de uno. Trascenderse como mismidad. Expandirse siendo. Será en esta trascendencia donde podamos recogernos en nuestra propia esencia.

En Nietzsche encontramos una antropodicea, una justificación de la vida como obra de arte cuyo artista es el ser humano. Por ello no puede darse una captación del ser que sea  racional o teórica, sino una captación artística.

El artista de la vida no busca hacer o producir algo, más bien transformar.

Hay que filosofar con el martillo, decía Nietzsche, no para romper sino para desechar lo que no es sólido pero sólido no es lo fijo, sino es lo que se transforma.

Abriéndonos a lo que no es, creamos y jugamos. Nos vuelve a estremecer la potencia artística de nuestra naturaleza y se resquebraja un mundo que se nos ha vuelto extraño.

Hay que abrir nuevos espacios, explorar otras posibilidades para que la vida se diga a sí misma.

La vida como obra de arte y nosotros sus artistas. La auto poiesis por la que yo mismo me creo dándole un rostro a lo que la vida quiere de mí.

Estamos todos invitados al festín de Dioniso, que no es otro que el de nuestra propia vida.

Cantemos, ríemos, bailemos, levantemos nuestros corazones. Ya casi estamos a punto de volar porque:

Bajo la magia de lo dionsíaco no sólo se renueva la alianza entre los seres humanos: también la naturaleza enajenada, hostil o subyugada celebra su fiesta de reconciliación con su hijo perdido, el hombre.

Tenemos en Nietzsche a un aliado, un amigo poeta y filósofo que celebra la vida.

La intuición para tomar una decisión, ¿un acto de inteligencia?

“Tuvo la corazonada de que sus destinos se cruzarían muchas veces, pero la descartó de inmediato. Evitaba caer en las trampas de la intuición”.

Eva Luna (1987), de Isabel Allende.

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Esta pequeña frase encierra el sentimiento que muchas veces nos alberga al momento de tomar una decisión, ya sea sencilla o compleja. La sociedad actual, más intelectual y sofisticada nos ha enseñado a confiar plenamente en la lógica y en la razón como consejera principal para decidir, creyendo ciegamente que la lógica maneja las razones más certeras que garanticen buenas decisiones. Sin embargo hemos olvidado a nuestra principal guía y compañera en la evolución: la intuición. Quien ha tenido un lugar privilegiado en nuestros antepasados para la toma de sus decisiones, garantizándole así su supervivencia.

Y es precisamente la intuición un elemento de nuestra psicología, mucho más poderosa que la lógica. Ya que está relacionada con procesamientos más primitivos pero a la vez más complejos. La intuición es de orden universal, es un proceso natural que va acompañado con nuestra necesidad primordial, que es la necesidad de mantenernos con vida.  Maneja la información precisa para tomar las decisiones correctas en diversas áreas de nuestra vida.

 

Una definición de intuición la podemos conseguir en Wikipedia:

“Se llama intuición al conocimiento que no sigue un camino racional para su construcción y formulación, y por lo tanto no puede explicarse o, incluso, verbalizarse. El individuo puede relacionar ese conocimiento o información con experiencias previas, pero por lo general es incapaz de explicar por qué llega a una determinada conclusión o decisión. Las intuiciones suelen presentarse más frecuentemente como reacciones emotivas repentinas a determinados sucesos, percepciones o sensaciones que como pensamientos abstractos elaborados y muy relacionados con las creencias e ideologías”.

La intuición ha sido silenciada a través los tiempos, ya que en la antigüedad, se percibía como un don relacionado a la magia y a las experiencias religiosas o supersticiosas. La hemos conocido con diferentes nombres: presentimiento, palpito, sexto sentido, un no sé qué que me dice, corazonada, voz interior. Fue más relacionada a las creencias populares y carecía de investigación científica.

 

Uno debe abandonarse a su intuición: sabemos más de lo que creemos.

David Lynch

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La intuición tal como se dijo anteriormente es innata y natural en nosotros, por lo cual puede ser una cualidad que se puede entrenar tal como otras.

“Sabía que no era conveniente salir con esta persona”,  “algo me decía que no debía haber ido hoy”, “Si hubiese escuchado lo que me decía la pancita en ese momento, no me hubiese ido por allí”, “llámalo como quieras, pero algo me dice que no debo decidir lo que me recomiendas”, «Sabía que llamarías, no preguntes porqué». 

Cuantas veces nos hemos arrepentido de decisiones que hemos tomado basados en nuestras lógicas, pero que nuestro “corazón, estómago, o, más profundo ser” nos decía que era otro el camino que teníamos que tomar. Esta voz interior, que muchas veces nos da indicaciones para tomar decisiones se llama intuición.

“Me gusta este empleo que me están ofreciendo, algo me dice que está pintado para mí. Pero mi empleo actual es estable,  mejor no arriesgarme”.

Y es que los años y las experiencias nos hacen tener mayor capacidad de intuir. Es decir, que la intuición se basa principalmente en la experiencia, y en las emociones relacionadas con las mismas.

 

¿Es la intuición una capacidad mágica?

La respuesta rotunda para esto es NO. En el proceso intuitivo no ocurren situaciones mágicas o paranormales, más bien ocurren procesos neurobiológicos que acompañan el despertar, por así decirlo de todos nuestros sentidos y del inconsciente, de aquello que vamos guardando y archivando en nuestra memoria emocional más profunda. Es la activación de ambos hemisferios cerebrales y de zonas específicas de nuestro cerebro emocional: el sistema límbico.

En el cerebro existen estructuras pequeñas pero muy importantes para nuestra supervivencia, que acompaña al hombre desde su existencia más antigua, la amígdala cerebral, forma parte de nuestro sistema límbico o, como muchos lo llaman “nuestro cerebro emocional”.

Ésta es la responsable de monitorear y activar el cuerpo en momentos de alerta y peligro, pero también de almacenar las experiencias que estuvieron ligadas a emociones profundas desde nuestra infancia. Esta estructura se combina con el hipocampo que pone su toque objetivo y puede dar evaluaciones más racionales.

 

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Cuando hay una situación que requiere la activación de nuestra intuición, se despierta aquí todos los sentidos, el oído, el olfato, la vista, etc., junto al sistema límbico cerebral, especialmente la amígdala cerebral, todo lo necesario para una evaluación rápida e inmediata. Lo que se combina con experiencias pasadas y logran el despertar automático del inconsciente humano que actúa como bibliotecario y que saca a la luz experiencias anteriores archivadas relacionados con la experiencia actual y que nos ayuda a realizar un valoración automática de la situación.

La intuición es el resultado de una serie de procesos que surgen del inconsciente y de nuestra neurobiología. Esto se combina y logran un resultado inmediato: Peligro! , Hazlo!, No lo Hagas!. Etc. Todo esto no surge aisladamente sino que responde a un proceso neurobiológico complejo.

La Neurociencia en la actualidad se está encargando de realizar investigaciones científicas que den explicación a todo esto. Han logrado identificar la activación de zonas cerebrales que participan durante el proceso de activación de distintas fases de la conciencia entre ellos la intuición.

 

http://https://www.youtube.com/watch?v=1c9OI1ka-ys

 

¿Cómo puedo reconocer un proceso intuitivo?

Pongamos un ejemplo sencillo:

“Vas caminando por la calle de regreso a casa, ya de noche, cansado de un día duro de trabajo que incluyeron un par de horas extras,  días anteriores viste en los noticieros que en la zona donde resides han aumentado los casos de asaltos, lo cual te preocupó por tus hijos. Pasas frente a un callejón solitario y oscuro, el cual puede tomar como atajo a casa, te detienes un par de segundos evaluando la posibilidad de cruzarlo para llegar antes, pero sin embargo decides seguir caminando por el camino habitual, aunque tardes más” .  

Este pequeño ejemplo, nos pone en evidencia un momento corto del día donde la intuición toma protagonismo para una decisión sencilla. Nos pone de manifiesto algunas variables que se pudieron activar:

– Primeramente la noche y la oscuridad representa en nuestra psicología colectiva a través de nuestra evolución una situación de peligro mayor, de no control, lo que hace que se active nuestra primera fase de alerta.

– La soledad igualmente representa en esta situación una desventaja, el no sentirnos acompañados implica un riesgo mayor para nuestra vida, ya que la sensación de vulnerabilidad crece.

– Seguramente se activaron sensaciones corporales asociados a la posición de alerta, el corazón pudo acelerarse, quizás nuestra respiración también, los músculos se tensaron por si era necesario correr.

– El noticiero visto en días anteriores pudo haber filtrado la sensación de inseguridad.

– Y nuestra “voz interior” nos dijo: “muy solo y oscuro, mejor caminar un poco más pero llegas a salvo, en casa te esperan”. Lo que se manifestó como un: mmmmm no, sigo caminando.

 

Éste ejemplo nos muestra cómo se coordina la mente y el cuerpo como equipo para activar nuestras decisiones.  Pero OJO! Que es muy importante diferenciar lo que es el miedo y lo que es la intuición.

El miedo es básicamente una emoción que facilita la huida, la protección ante un peligro real o en otros casos imaginarios,  sin embargo se basa en un  futuro peligroso, en muchos casos con desenlaces negativos. Los miedos generalmente estar cargados de muchos pensamientos con razonamiento negativo. Ejemplo: Ante el Ladrido de un perro nos sobresaltamos, y pensamos, nos puede morder, mejor  caminar lejos de él.

La intuición generalmente se basa en el presente, aunque hace que se  activen experiencias anteriores y en emociones relacionadas para evaluar el escenario presente, actúa como tranquilizadora y con una voz neutral que te ayuda a evaluar. La intuición carece de pensamientos y razonamiento lógico, aparece de forma más bien sensorial, lo que hace que digamos frases como: “una corazonada me dice, algo me dice que…”

 

Por lo que:

La intuición carece de razonamiento lógico.

La intuición no presiona, de hecho es percibida como una voz sutil, casi imperceptible. Si llegase a angustiar o a estresar quizás se trate de otras variables como el miedo.

– Generalmente la intuición va acompañada de una sensación o manifestación corporal, “una corazonada”, “un no sé qué en la pancita”, “un hormigueo en las manos”, es la manera en que la intuición hace que nos conectemos a ella, es la manera que se hace escuchar.

Es como la primera chispa que se enciende, mucho antes de los argumentos al momento de tomar una decisión. Ocurre milésimas de segundos antes de que se active todo el aparato lógico de nuestra mente cuando se necesita tomar una decisión, por lo cual es necesario entrenar la habilidad de escucharla ya que se desvanece con mucha rapidez.

Se puede ir presentando durante todo el día a través de los que llamamos “mensajes”. Es decir podemos conectar momentos del día que pueden dar luces a un guión que quiere manifestar la intuición. Personas específicas que vemos, momentos del día que nos llaman más la atención, cosas que escuchamos, se van a reunir en el momento en el que la intuición quiere que nos conectemos más a ella, al momento de tomar una decisión.  Todo esto ocurre de una manera inconsciente y muy rápida, y se traduce en ese chispazo comentado anteriormente.

Concept of businessman choosing the right door

 

Este aspecto se ha investigado a profundidad, lo cual podemos acceder a través del artículo  de nuestra compañera Lorenley Fraile con su artículo: El corazón: un cerebro con conciencia cuántica.

 

 LA INTUICIÓN ES UNA HABILIDAD NATURAL, INNATA EN NOSOTROS, ¿Cómo SE PUEDE ENTRENAR PARA PODER DARLE MÁS PODER O COMO PUEDO CONECTARME MÁS FRECUENTEMENTE?

 

En esta sociedad tan analítica y racionalizadora, darle espacio a la intuición es toda una proeza. Cambiar el paradigma de que la intuición representa la expresión máxima de la conexión con  nuestro despertar de la conciencia cuántica, no de la razón ni la lógica. Cuando intuimos estamos sintiendo no pensando. Y esto ha sido descalificado durante generaciones como un signo de debilidad o de poca evolución.

Generalmente las personas más intuitivas o conectadas con su capacidad intuitiva, son aquellas que han ejercitado más su lado creativo y menos lógico. Generalmente aquellas personas que han desarrollado oficios relacionados al arte o a la creación, tienen mayor facilidad al momento de escuchar la intuición.  En la actualidad se llama como INTELIGENCIA INTUITIVA.

Clarisa Pinkola Estés dedica un capítulo entero en su libro Mujeres que Corren con Lobos para ayudarte a despertar esta habilidad tan valiosa. A través del cuento de Barba Azul, nos demuestra lo peligroso que es apagar completamente la voz de la intuición y como volver a conectarnos con ella nos garantiza la libertad, nos seguriza nuevamente y nos ayuda a tomar mejores decisiones.  Les dejo acá el link por si desean profundizar más en este cuento, lo cual recomiendo como parte del proceso de conocimiento de la intuición. Cuento de Barba Azul. 

 

Simples pasos que podrán facilitar tu conexión a la intuición:

Estar presentes. En el aquí y en el ahora. En el momento actual. Sin importar lo que pase conectarse con la experiencia actual, la conversación que están teniendo con el compañero, la película que estás viendo, la comida que estas preparando, enciende todo tus sentidos al momento presente.

Toma un tiempo solo para estar contigo mismo y escuchando tu voz interior. Identifica la voz o las voces que vienen de adentro, déjalas expresarse.

– Empezar a meditar. La meditación es una técnica milenaria que ayuda a liberar y a ampliar la mente. Además que científicamente se ha comprobado los beneficios de esta práctica.

Escuchar al cuerpo, a través de sus manifestaciones en el momento en que debemos tomar una decisión, aunque sea la más sencilla del mundo, como que comer hoy o con que vestirnos. Este será un ejercicio habitual que podrá facilitarte la conexión con el cuerpo y con las manifestaciones corporales.

Realizar más actividades creativas. Ya sea a través de un arte específico, o a través de alguna actividad creativa. Las personas que desarrollan la creatividad paralelamente se están convirtiendo en personas más intuitivas.

Observa más y habla menos. No quiere decir que vayas disminuyendo tu habilidad para hablar, pero dedica gran parte del día a observar a tu alrededor, observar sin describir, no es un ejercicio cognitivo, es un ejercicio de conciencia.

 

 

“La mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional es un fiel sirviente. Hemos creado una sociedad que rinde honores al sirviente y ha olvidado al regalo”.

Albert Einstein

Bibliografía recomendada:

  • Clarissa Pinkola Estés. «Mujeres que Corren con Lobos». Ediciones B, S.A, 2005.
  • OSHO, “Intuición: el conocimiento que trasciende la lógica”, Editorial Grijalbo.
  • Vaughan. «PAUTAS PARA DESPERTAR LA INTUICIÓN», New York, 1979

 

Ansiedad… No quiero seguir viviendo así.

“Cada mañana me despierto en un sobresalto, con ansiedad… No me va a dar tiempo a hacer todo lo que “tengo” que hacer hoy. No voy a saber hacerlo. No me va a salir bien. Voy a quedar mal. ¿Qué pensarán de mí?…”

¿Mis pensamientos son verdad?

A veces creemos nuestros pensamientos como si fueran verdad cuando en realidad son algo mentirosillos…

Detrás de todo ese diálogo interno hay una auto-exigencia excesiva. El pensamiento que subyace es algo así como yo “debería” tener todas las tareas hechas a final del día, saber cómo hacerlas y hacerlas bien; yo “debería” quedar bien con todos, es lo que esperan de mí. ¿Y quién consigue eso? Esos “deberías”, esos pensamientos, no son ciertos, son de una auto-exigencia excesiva y me están generando ansiedad…

Anticipando el futuro…

¿Y que sé yo que pasará hoy en el momento en que despierto por la mañana? Hasta que no lo viva no lo sabré… Mientras estoy en el futuro, estoy anticipando acontecimientos que puede que ni siquiera lleguen a existir. De momento, están sólo en mi imaginación. Y esa “realidad virtual” que a veces nos construimos en nuestra cabeza, nos puede generar ansiedad.

 

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Anticipar el futuro puede generar ansiedad

Foco en el resultado o foco en la actividad

Cuando pones el foco en el resultado futuro esperado, te separas de ti. Dejas de estar en el presente, en tu aquí y ahora. Y eso genera, en sí mismo, malestar y abre la puerta a los “miedos” a que salga mal, a que no de tiempo… Abre la puerta a la ansiedad.

¿Y si probamos a enfocarnos en la actividad en vez de en el resultado? Enfocarnos en el hacer de cada momento, nos trae al aquí y ahora, nos hace estar presentes, acompañarnos.

Los plazos

Todos los proyectos se retrasan. Cualquier persona que haya trabajado en un proyecto lo sabe. Siempre surgen imprevistos, modificaciones… Y al final del camino no pasa nada porque ya se asume que esas cosas suceden.

Y si hay un plazo ineludible que cumplir, se termina como se puede, como las circunstancias lo permiten. Aunque no sea de la mejor manera.

Lo mejor es enemigo de lo bueno

Un jefe que tuve decía, como Voltaire, que lo mejor era enemigo de lo bueno. Se trata de elegir una relación adecuada entre coste y eficacia. — Si, vale, esto podría estar mejor hecho pero ¿a qué coste?

Si el coste es elevadísimo, no compensa porque eso hace que la empresa no sea rentable. ¿Podemos hacer algo que cubra la necesidad de una manera práctica y digna? ¿Algo más simple y rápido de gestionar? Hagámoslo así entonces.

¿Y en tu vida personal? ¿Qué coste tiene para tu salud, equilibrio, bienestar… elegir lo mejor en vez de lo bueno? ¿No podrías tú también simplificar?

 

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«Lo mejor es enemigo de lo bueno» Voltaire. Filósofo francés, padre de la Ilustración.

La perfección se alcanza cuando ya no queda más que quitar

Un buen amigo abogado me decía: — Menos mal que hay plazos para entregar los escritos en el juzgado porque si no seguiría cambiando el texto una y otra vez, poniendo más cosas, y no acabaría nunca…

Y quizá ese “extra” de tiempo para supuestamente perfeccionar el texto tampoco beneficie. Reconozco que yo muchas veces me he confundido pensando que algo estaba “perfecto” cuando ya no quedaba nada más que añadir… pero en realidad eso puede hacer el texto farragoso, pesado… hasta ilegible.

Antoine de Saint-Exupéry decía que:

“la perfección no se alcanza cuando ya no queda nada más que añadir sino cuando ya no queda más que quitar”

Quizá se trate más de pararse a pensar unos instantes en que es lo esencial y centrarse en eso. Lo demás es prescindible.

El perfeccionismo

El perfeccionismo genera inseguridad y ansiedad… ¿Y cómo habría de ser de otra manera? Lo único seguro es que perfecto no va a quedar…

¿Es posible estar a gusto de todos?

¿Qué piensas? ¿Es posible estar a gusto de todos? Parece que no… Ya se sabe que sobre gustos no hay nada escrito y cada uno tiene el suyo…

A veces este es otro factor que nos genera ansiedad. Me da miedo quedar mal con otros, ¿qué pensarán de mi?, ¿qué dirán? Me auto-exijo “quedar bien con todos” hacer lo que creo que esperan de mí…

A veces ni siquiera los otros me han dicho que esperan de mí, soy yo quien lo imagino… vaya usted a saber si acierto o no… Otras veces puede que si me lo hayan dicho expresamente. En todo caso, lo que los demás esperen de mí,  ¿es asunto mío…? ¿o más bien es asunto de ellos?

Mientras que yo estoy pensando sobre lo que los demás esperan de mí o no, en como complacerles, etc, estoy de alguna manera viviendo su vida y no la mía. Esto también me separa de mí, me genera malestar y abre la puerta a los “miedos” a no gustar, al rechazo… De nuevo, se abre la puerta a la ansiedad.

Quizá no sea posible complacer a todo el mundo pero si es posible estar razonablemente satisfecho contigo mismo.

 

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La vida es un camino de aprendizajes

La vida es un camino de aprendizajes

La historia de la humanidad es una historia de aprendizajes. Así es como el ser humano llegó desde las cavernas hasta la luna. Un científico premio Nobel, es una persona que se ha pasado años explorando, experimentando en el esquema “prueba, error, corrección”. Tanto es así que quizá deberíamos empezar a hablar de “prueba, resultado, avance”. Porque siempre que hay un resultado, hay una pista sobre por dónde dar el siguiente paso, por dónde seguir avanzando.

Y esa misma historia de la humanidad es reproducida en cada ser humano. Cada vida es un camino de aprendizajes.

Aprender a gestionar la ansiedad

Podemos aprender a gestionar la ansiedad, el estrés. Hoy en día existen herramientas a nuestra disposición. Entre ellas, EFT Tapping es la que me parece más fácil y eficaz en su aplicación. Ahora es la técnica de gestión emocional de moda en los Estados Unidos. Se ha extendido rápidamente gracias a su éxito para el tratamiento del estrés. Desde estrés común a estrés post-traumático.

Así, EFT se ha convertido, en su versión básica, en una herramienta de desarrollo personal para auto-aplicación. Y, en su versión avanzada, en una técnica utilizada por coaches y psicólogos que desean contar con una herramienta sencilla de aplicar y potente en sus resultados.

¿Y ahora, qué elijes?

Quien sabe, quizá algún día esa persona cuyo testimonio abría este artículo acabe por decirme “Cada mañana me despierto tranquila. Me doy permiso para aceptar que no sé como irá el día, explorar y a ver a dónde me lleva eso…”.

Un abrazo de corazón,

Ana F Luna

PCC Coach y Máster en Psicoterapia

 

 

El impacto de la tecnología en la imagen del cuerpo

Esta publicación está inscrita dentro de una serie en la cual se tratan fenómenos propios del siglo XXI: “Un nuevo malestar: la realidad virtual” y “El goce de mirar y hacerse-mirar”. Para introducir el contexto del vínculo del sujeto con su cuerpo, se tomará como referente la ponencia de la psicoanalista francesa Marie-Hélène Brousse sobre Cuerpos Lacanianos (2010). Según Brousse, el gran aporte de Lacan con respecto a la imagen fue la delimitación de la misma como teniendo un poder en lo real. Es decir, como algo que es eficaz y tiene consecuencias en lo real. Brousse retoma el ejemplo que utiliza Lacan basado en la etología sobre la reproducción sexual de las palomas. De acuerdo con estos estudios, para que los órganos sexuales de estas aves se reproduzcan, es necesaria la percepción de la imagen de otra paloma en un momento crítico de su desarrollo. Por su parte, en el desarrollo infantil, se observa como la concepción del cuerpo se construye a partir de la relación del niño con su imagen en el espejo.

 

El Estadio del Espejo

Imagen del Cuerpo

Durante las primeras etapas del desarrollo, predomina en el bebé lo que Lacan llama la fantasía del cuerpo fragmentado. Según la misma, el bebé no experimenta su cuerpo como un todo unificado, sino como partes aisladas. Lo podemos observar cuando el infante encuentra sus piecitos y los introduce en su boca, como un objeto de satisfacción de su pulsión oral. Igualmente se evidencia toda vez que el bebé se extrañe ante su imagen en el espejo, y traté de tocarla como si fuera otra persona.

El Estadio del Espejo es un concepto propuesto por Lacan que consiste en el paso de la experiencia del cuerpo fragmentado del bebé recién nacido, al reconocimiento e identificación de la imagen de su propio cuerpo en el espejo. La madre en su discurso le indica “éste eres tú”, creando paulatinamente en el niño la imagen de sí mismo.

Esta experiencia ocurre en tres tiempos:

  • Primero el bebé experimenta una confusión entre sí mismo y el otro. Como si percibiera la imagen de su cuerpo como la de un ser real al que intenta acercarse o atrapar. Esto domina la dialéctica del comportamiento con sus semejantes.
  • Luego, puede distinguir la imagen del otro de la realidad del otro. Descubre que el otro del espejo no es un ser real sino una imagen, por lo que ya no intenta atraparla.
  • Surge la convicción de que la imagen del espejo es la suya. Al reconocerse, el niño reúne el cuerpo fragmentado en una totalidad unificada, que constituye la representación del propio cuerpo. El reconocimiento de su imagen en el espejo, constata la conquista de su identidad.

Si el niño no atraviesa satisfactoriamente este estadio, se hace una barrera protectora, donde fallan la simbolización del cuerpo y las identificaciones primarias. Siendo que la unidad de la imagen corporal no está lograda, si algo de esta imagen o del entorno se altera, surge la angustia del ser, experimentada como angustia de muerte o angustia de fragmentación.

imagen del cuerpo

 

Del cuerpo fragmentado a la imagen del cuerpo

Volviendo a la ponencia de M.H. Brousse, en un principio el niño experimenta sensaciones orgánicas múltiples sin unidad, lo que Lacan denominó cuerpo fragmentado. La unidad posterior del cuerpo no viene de estas sensaciones, sino de la imagen encontrada en el espejo (o en el otro primordial). Con el logro de la imagen unificada del cuerpo, en la psique se establece una suerte de velo que cubre al cuerpo fragmentado. Brousse lo conceptualiza de la siguiente forma:

Imagen del cuerpo

La barra representa al velo, que deja al cuerpo fragmentado en el inconsciente. Cuando esta barra falla, se dan fenómenos característicos de la psicosis. En dicha estructura psíquica, se evidencia como el cuerpo está fragmentado. Por esto, la auto-mutilación es posible, ya que son sólo partes que pueden desprenderse sin más.imagen del cuerpo

En sujetos neuróticos, ocurren fenómenos que evidencian la angustia ante la caída de este velo. M.H. Brousse pondrá dos ejemplos que ilustran muy bien este aspecto. El primero, muy cotidiano, se trata del cabello. Éste es una parte de la imagen exaltada y con un alto valor fálico en todas las culturas, aunque sea de maneras distintas. ¿Qué ocurre cuando vemos hebras desprendidas del cuero cabelludo en el lavamanos o la bañera? Fuera de la imagen unificada produce una sensación repulsiva.

El segundo ejemplo, se basa en el film “Salvando al Soldado Ryan”. Se enfoca en la escena donde un soldado es lanzado al suelo producto de una explosión. Al ver a su lado su propio brazo desprendido de su cuerpo, entonces grita. Esto evidencia como algo de la imagen del cuerpo cortado produce terror. Lo mismo ocurre con las voces y la mirada, que nos son familiares siempre que parezcan provenir de una boca o unos ojos humanos.

 

Los efectos de la ciencia en la imagen del cuerpo

En la actualidad, el desarrollo de los discursos de la ciencia y la tecnología, han impactado el modo en el sujeto experimenta la imagen de su cuerpo. En ocasiones produciendo la experiencia del cuerpo fragmentado característica de etapas más tempranas del desarrollo. ¿Qué fenómenos actuales dan cuenta de estos procesos?

1) El cuerpo visto desde dentro:

Como se expuso en el post sobre la mirada: El goce de mirar y hacerse-mirar, la imagen del cuerpo ahora está separada de la percepción visual humana. Un ejemplo claro son las ecografías, que constituyen las primeras imágenes del bebé antes de nacer. Del mismo modo, con el uso de los ultrasonidos, los médicos pueden ver a través de la piel. En la actualidad, somos capaces de ver elementos que no existen en la experiencia perceptiva posible para el ojo humano. Aunque el sujeto esté detrás, son imágenes imposibles de ver sin las máquinas.

2) El cuerpo como objeto científico:

El discurso de la ciencia ha alterado la vivencia de cuerpo fragmentado, que ahora no está velado sino expuesto. La ciencia ha despojado al cuerpo de la imagen que lo recubría. Ahora, se ha constituido en su objeto de estudio, e incluso un objeto de comercio que se puede comprar o intercambiar. Es lo que ocurre con los trasplantes de órganos, su donación e incluso su tráfico.

3) La ideal y falsa imagen del cuerpo:

Del mismo modo, la imagen del cuerpo es un aspecto importante del yo ideal. Hay sujetos para los cuales la imagen de su cuerpo no corresponde con este ideal. En la actualidad, la cirugía plástica estética está disponible para tratar de cerrar esta brecha en la realidad. En algunos casos, se busca un ideal de belleza, en otro incluso un cambio de sexo. Lo cierto es que el abuso de esta práctica crea perplejidad en el observador.imagen del cuerpo

4) Los gadgets como extensión del cuerpo:

La realidad virtual y la tecnología de teléfonos celulares permiten por un lado una suerte de conexión entre la máquina y el cuerpo, al igual que el lente de las cámaras fotográficas con el ojo. La ciencia hace posible superar otra barrera, el objeto está presente en su ausencia. Del mismo modo que el ojo humano no tiene la capacidad de ver a través de la piel, físicamente es imposible estar simultáneamente en dos sitios. La ciencia y la técnica lo han hecho posible, siempre que se tenga la máquina. El consumo de las mismas se torna vital.

5) El cuerpo virtual:

El cuerpo en las redes sociales cumple algunos rasgos de los otros fenómenos mencionados. Primero, la ausencia del cuerpo real en el establecimiento de los vínculos interpersonales. Dos o más sujetos pueden relacionarse sin estar en el mismo lugar físico, por medio de los aparatos electrónicos y el internet.

Por otro lado, es posible hacer una “cirugía virtual” de uno mismo, al plasmar en las redes rasgos ideales para el sujeto, que pueden o no corresponder con la realidad. En el plano de la imagen, el uso de filtros, aplicaciones, y programas como Photoshop, permiten alterar esa imagen y mostrar a sus “amigos” o “seguidores” una cara más hermosa según con los estándares de belleza de cada quien.

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Comentario final

En muchos casos, el modo en que la tecnología impacta la imagen del cuerpo es beneficiosa para el sujeto, proporcionando oportunidades sobre todo el en ámbito de la salud. En otros casos, la tecnología se constituye en un medio a través del cual es sujeto manifiesta alguna dificultad con respecto a la imagen de su cuerpo, en relación consigo mismo y con su yo ideal. El grado en que estos cambios en la tecnología y la ciencia tengan un impacto o no en el sujeto depende de factores que se relacionan con la resolución de procesos psíquicos complejos en la infancia y el desarrollo posterior.

 

 

Referencias bibliográficas:

Fuentes:

Aprendiendo a ser padres: Las drogas

Este es el primero de una serie de artículos para orientar a padres, hermanos, educadores y cualquiera interesado en el conocimiento acerca de los distintos ámbitos que ocupan la vida de los jóvenes y adolescentes. Pero si tuviera que definir un “Target” (Un objetivo) diría que se trata de una serie de artículos para orientar a los padres en el complejo mundo que es su hijo.

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¿Qué es importante saber sobre las drogas?

El consumo de drogas es un fenómeno muy complejo y en el que intervienen muchos factores. Por eso es necesaria la prevención desde los diferentes ámbitos de nuestra sociedad. Los jóvenes consumen drogas por diversos motivos, tales como: La curiosidad, conseguir ser aceptados en un grupo, sentirse más independientes frente al mundo adulto y rebelarse contra la establecido, el deseo de correr riesgo y experimentar sensaciones nuevas, la diversión, olvidarse de los problemas a los que no saben enfrentarse y sentirse bien.

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¿Por qué se empieza a consumir drogas?

El consumo se inicia, generalmente, por curiosidad, porque se realiza con el grupo de amigos y como una forma más de diversión. En la mayoría de los casos este consumo no genera una drogodependencia, pero cuando las drogas se utilizan para evadirse e intentar resolver las dificultades a través de ellas se corre el riesgo de generar una adicción, entonces la droga se convierte en el eje central de la vida de una persona, con el consiguiente deterioro de sus relaciones familiares, sociales, escolares o laborales. El consumo y el modo de consumir las drogas por los jóvenes han cambiado en los últimos años. Cada vez está más extendido el consumo habitual durante los fines de semana, al estar socialmente aceptado en su grupo de edad.

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¿Cómo prevenir el consumo de drogas de vuestro hijo?

La relación que establezcáis desde el principio con vuestro hijo va a ser fundamental para prevenir un posible consumo de drogas en el futuro. Es necesario que busquéis el punto medio entre ser demasiado autoritarios o, por el contrario, excesivamente permisivos. La mejor forma de controlar el comportamiento de vuestro hijo es siendo firmes, pero también razonables. Es necesario, que, como padres y figuras de autoridad para vuestro hijo, establezcáis normas claras y coherentes, dejándolo espacio para que pueda actuar de forma autónoma en función de su edad y conducta.

Transmitirle siempre que le queréis, independientemente de lo que haga y aunque le castiguéis, ya que fomentará la confianza en sí mismo. Es fundamental crear un ambiente familiar que facilite una buena comunicación, estando siempre abiertos al diálogo. Esto favorecerá que vuestro hijo se acerque a vosotros cuando tenga que enfrentarse a situaciones difíciles. Es importante que, desde pequeño, fomentéis su independencia, permitiéndole que vaya asumiendo responsabilidades, pero, por supuesto bajo vuestra supervisión y reforzándoles cunado tome las decisiones adecuadas.

Ayudadle a aprender de sus propias experiencias, y no de las vuestras, salvo que os lo pida expresamente. Las normas contrarias al consumo deben quedar establecidas tanto para vosotros, como para vuestro hijo. Los padres sois el mejor ejemplo, ya que aprenderá tanto de lo que digáis, como de lo que hagáis. Orientad a vuestro hijo sobre el empleo de su tiempo libre:

  • Dándole a conocer las diferentes actividades que existen en su entorno más próximo;
  • Apoyando la relación de diferentes actividades para generar aficiones que puedan llenar su tiempo de ocio: Deportes, actividades en contacto con la naturaleza…;
  • Compartiendo actividades con él;
  • Implicándole en tareas sociales siendo miembro de alguna asociación.

Relacionaros con los amigos de vuestro hijo para conocer a sus gustos, intereses y actividades que realizan. Es importante que habléis con vuestro hijo sobre el consumo de drogas, dejando clara cuál es vuestra postura al respecto y resaltando los aspectos positivos de no consumir. Debéis tener en cuenta que una información aislada sobre las drogas y sus efectos no previene su consumo e incluso puede tener el efecto contrario y despertar su curiosidad. Después de la familia, la escuela es el mejor lugar para la prevención y donde también debe darse.

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¿Cómo detectar el posible consumo de drogas en vuestro hijo?

Existen ciertas señales de alarma que podrían indicar un posible consumo de drogas en vuestro hijo. Es necesario que estéis alerta ante cualquier cambio en su comportamiento, pero debéis tener mucho cuidado antes de achacarlo a un consumo de drogas, ya que puede ser consecuencia de los cambios frecuentes que se producen al llegar a la adolescencia o de otro tipo de problemas.

Tener un gasto excesivo dinero sin ninguna explicación; Pedir constantemente dinero, tanto a los padres como a personas cercanas, o estar involucrado en la desaparición de dinero en casa; Disminución del rendimiento escolar; Descenso de la asistencia a clase; Cansancio excesivo o, por el contrario, a veces, una agitación excesiva; Cambio en su comportamiento en casa: se vuelve más solitario, irritable y agresivo; Cambios en sus pautas de alimentación y sueño; Cambios de amigos e influencia excesiva de éstos; Pérdida de interés por actividades que antes realizaba; Desmotivación y pasividad, en general; Empleo repetido de la mentira para salir airoso de ciertas situaciones; Transformación en su forma de vestir, hablar y comportarse; Estar en posesión de objetos: Hierba, papelillos de liar…

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¿Qué podéis hacer si vuestro hijo consume drogas?

Será difícil confirmar el consumo de drogas de vuestro hijo, a no ser que le descubráis consumiendo, que alguien le haya visto, que llegue a casa en mal estado o que encontréis alguna sustancia entre sus pertenencias. Pero incluso, aunque ocurra ésto último, no podréis estar seguros ya que os puede decir que no es suyo porque se lo ha guardado a algún amigo.

No dramaticéis ni os desesperéis. Tened en cuenta que no todos los chicos que toman drogas llegan a convertirse en consumidores habituales. Antes de hablar con él, poneos de acuerdo en lo que le vais a decir y en lo que haréis al respecto. Es conveniente que le dejéis claro cual es vuestra postura: Que es perjudicial para él, que no vais a permitir su consumo y que puede contar con vuestra ayuda. Si sospecháis que vuestro hijo consume, es necesario que habléis con él de forma tranquila y sincera. Elegid un momento adecuado, donde haya cierta intimidad, con disponibilidad para escuchar y sin perder el control. Si vuestro hijo llega en mal estado, evitad cualquier enfrentamiento en ese momento y esperad a que esté en condiciones para hablar con él.

Debéis evitar centraros exclusivamente en el consumo de drogas y en los efectos que provoca a largo plazo, y sí en los cambios y desajustes que han podido motivar su consumo (“Estamos preocupados porque no sabemos lo que realmente te pasa…”). Evitad lanzar amenazas que no vayáis a cumplir. Es mejor esperar y saber hasta dónde estaríais dispuestos a llegar. Evitad señalar culpables, mostraos abiertos al dialogo y buscad con él las posibles soluciones analizando los motivos por los que consume. Estad muy pendientes de vuestro hijo, pero sin perseguirle ni acosarle, ya que esto produciría el efecto contrario y se alejaría de vosotros. Informaros sobre drogas y los recursos existentes en vuestro entorno y buscad ayuda profesional para evitar sentiros solos y desorientados.

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Conclusión

El mundo de las drogodependencias es muy complejo debido a que intervienen muchos factores. La familia tiene una importancia fundamental en su prevención desde la infancia más temprana, ya que en ella se sientan las bases de la educación, de los valores y de la forma de relacionarse. Si notáis que vuestro hijo ha empezado a consumir drogas no os culpéis y buscad asesoramiento profesional.

Musicoterapia y dolor crónico: un camino de conciencia

 

El dolor físico es un compañero de vida que habitualmente rechazamos, consideramos inútil y molesto, y sin embargo, tiene mucho que decirnos. La musicoterapia puede ayudar a que lo comprendamos, a darnos luz sobre aquello que nos quiere decir.

 

Nuestro cuerpo habla

 

Te propongo que dediques un momento para observar, interiormente, tu cuerpo. Lo ideal es que estés sentado de forma cómoda, cierres los ojos, y sientas cómo se relajan tus hombros, tus brazos, y va llegándote la sensación de soltar, de dejar el control. Puedes enfocarte en tu respiración, sobre todo, en la espiración, permitiendo prolongarla todo lo que puedas sin forzar, y sin prisa para inspirar de nuevo.

 

Relajación

Relajarnos para observar interiormente nuestro cuerpo

 

En este estado de calma, de serenidad, seguramente te comiencen a venir a la mente pensamientos, imágenes, recuerdos, … y si pones atención a tu cuerpo, es muy probable que adviertas cómo aparecen sensaciones corporales en zonas concretas asociadas con esa actividad mental que te llega y que apenas puedes controlar. Intenta prestar atención a vivir esas sensaciones, ponerles forma, color, textura … y suelta si puedes el pensamiento o recuerdo que la había provocado. Permítete sentir lo que tu cuerpo te expresa, sin ponerle palabras, ni juicios, sin rechazar eso que, quizá, puede parecer que nos va a desbordar.

 

Sensaciones corporales

Sensaciones corporales

 

Si has podido vivir esta experiencia con esta conciencia, habrás advertido que existe una necesidad permanente de expresar por parte de nuestro organismo, de indicarnos sensaciones que, aunque no sepamos qué, realmente nos quieren decir algo, seguramente de asociaciones aprendidas en el pasado. Una de esas sensaciones nos resulta tan desagradable e intensa, que le hemos dado un nombre propio: dolor.

 

¿Qué es el dolor?

 

La IASP (International Association for the Study of Pain) define el dolor como “una experiencia sensorial o emocional desagradable, asociada a daño tisular real o potencial”. Es decir, el dolor actuaría como señal de alarma ante una situación que nuestro organismo considera peligrosa para el mismo. Esto suele ser cierto en un caso de dolor agudo. La situación más complicada es cuando el dolor persiste, se vuelve crónico, y aparentemente no existen condicionantes biológicos o físicos que estén justificando dicha persistencia.

 

¿Una medicina con ojos para la superficie?

 

La medicina se ha caracterizado en el último siglo por una categorización cada vez más exhaustiva de aquellos síntomas y signos que acontecen al ser humano para agruparlos bajo etiquetas que denominamos enfermedades o síndromes. Si bien el origen de la mayor parte de cuadros clínicos es multifactorial, es decir, la combinación de diferentes factores condiciona su aparición, desde el paradigma biomédico se resta peso al componente psicoafectivo para enfocar casi toda su atención en la parte biológica, entendiendo al organismo como una máquina en la que alguno de sus sistemas ha comenzado a funcionar mal.

Cada vez tengo mayor sensación de que los humanos vivimos en un mundo de “efectos”, solo vemos los extremos de las ramas de los árboles de nuestra vida, sus flores, sus frutos, o la ausencia de los mismos, y no indagamos más allá de ello, en las raíces. Nos quedamos en la superficie de la vida, en lo externo, sin profundizar, sin buscar la esencia.

 

Árbol con raíces

Más allá de lo que vemos (síntomas, signos), podemos indagar en las causas profundas (forma de integración de las experiencias vividas)

 

¿Diferentes manifestaciones de dolor crónico, un mismo origen?

 

Cuando hablamos de fibromialgia, enfermedad inflamatoria intestinal (colitis ulcerosa, enfermedad de Crohn), artritis reumatoide, lupus eritematoso, cefaleas, etc, nos estamos refiriendo a diferentes “etiquetas”, distintas formas de enfermedad en las que un elemento en común suele ser el dolor crónico, localizado en diferentes zonas según cada enfermedad y persona, y en las que el componente psicológico y emocional tiene un gran peso, aunque desde la medicina no se sepa realmente cómo abordarlo.

 

Persona con dolor

Persona experimentando dolor

 

Durante los últimos años, se ha profundizado en el conocimiento acerca de cómo la forma de asimilar e integrar acontecimientos adversos en la infancia, la presencia de traumatización crónica, condiciona en gran medida una serie de memorias corporales que pueden facilitar la expresión en la etapa adulta de ciertas enfermedades, muchas de ellas de origen autoinmune, y en las que el dolor suele ser un compañero inseparable. En otro post anterior hablaba de algo similar en el caso de la enfermedad mental, y que recientemente se estaba indagando en acompañar a las personas afectadas en su proceso de asimilación de lo vivido.

Desde mi experiencia, aún queda mucho por hacer en aquellas enfermedades donde predomina el componente físico, como es el dolor, y en las que se pasa de puntillas sobre qué aspectos emocionales hay detrás. No creo que sea cuestión de poner más etiquetas (depresión, ansiedad, etc), sino más bien de crear espacios donde las personas afectadas puedan tomar conciencia de su propia vida con perspectiva, y afloren de forma natural emociones, sentimientos, recuerdos, que van a ayudar a dar sentido a lo que su cuerpo les está queriendo decir.

 

¿Qué puede aportar la musicoterapia en el abordaje del dolor?

 

Existen muchas investigaciones que demuestran cómo escuchar música ayuda a reducir el dolor en personas con distintas dolencias, incluso cuando se someten a pruebas diagnósticas y antes o después de una cirugía. Sin embargo, existen pocos trabajos publicados acerca del empleo de musicoterapia de forma activa, no solo planteando la escucha de música. El grupo de investigación de la Universidad de Heidelberg, en Alemania, ha planteado un protocolo de trabajo que ha demostrado su utilidad en adultos con dolor crónico, tanto de origen oncológico como no oncológico.

Para el abordaje del dolor, este grupo se basa en el paradigma biopsicosocial, donde se consideran los aspectos biológicos, psicológicos y sociales del dolor. Consideran que, a través de la música, pueden modularse diferentes aspectos que influyen en la experiencia del dolor:

  • Atención: cuando hay un dolor agudo, la atención se centra de forma natural en la zona afectada, pero cuando se transforma en crónico, el dolor pierde su función de alarma pero la atención se mantiene. La estimulación auditiva mediante la música capta y distrae la atención del foco del dolor.
  • Emoción: La cronificación del dolor suele acompañarse de trastornos emocionales (ansiedad, depresión) y de una reducción de la capacidad para regular las emociones. También es común la rigidez emocional o la inhibición de la expresividad. La música evoca y modula todo tipo de emociones con sus diferentes intensidades, y facilita su flexibilización y expresión.
  • Cognición: Cuando el dolor se vuelve crónico, aparecen distorsiones cognitivas (formas de pensar) y estrategias de afrontamiento de mala adaptación, así como estilos de atribución externa, es decir, una tendencia a creerse indefenso ante las circunstancias externas y no asumir la responsabilidad sobre la forma propia de percibir el mundo. La música puede aportar significados que trascienden el lenguaje, y por tanto el pensamiento, además de asociarse con la memoria autobiográfica, y así puede facilitar un cambio de conciencia.
  • Conducta: El dolor conlleva cambios en las conductas del sujeto (gesticulación, cojera, evitación). Cuanto más tiempo persiste el dolor crónico, más se limitan las conductas. El sistema motor es estimulado involuntariamente por la música (golpeteo, balanceo, baile). Hacer música implica un repertorio complejo de conductas que implican a amplias partes del cuerpo y el cerebro, y por tanto, contribuye a desbloquear la rigidez de movimientos asociadas con el dolor crónico.
  • Relaciones interpersonales: La cronificación del dolor puede facilitar el aislamiento de la persona, que tiende a evitar las relaciones sociales y reduce su comunicación con los demás. Hacer música de forma compartida, ya sea con el terapeuta o en grupo, va a constituir una forma de comunicación no verbal que abre un nuevo camino de expresión e interacción, y refuerza la sensación de pertenencia y la empatía.

 

 

¿Cómo puede organizarse ese trabajo con el dolor desde la musicoterapia?

 

Cada aspecto citado no se trabaja de forma separada, sino que se abordan de forma conjunta, a través de tres etapas:

 

  • Refuerzo de la percepción de bienestar: mediante música grabada o en directo que conecta con memorias de bienestar en la persona, y que contribuyen a fortalecer aspectos positivos de sus vivencias.
  • Alivio sintomático: la persona afectada puede participar en actividades de improvisación musical, lo que ya contribuye a flexibilizar sus emociones, facilitar la interacción social y la comunicación, y la conciencia corporal. Se pueden crear piezas musicales que expresen el dolor sentido, para así facilitar la liberación de tensiones internas.
  • Refuerzo en el manejo diario: se pueden plantear estrategias sonoras y musicales que la persona pueda emplear en su día a día para reducir los síntomas y mejorar el afrontamiento de situaciones en las que el bloqueo emocional era una respuesta frecuente.

 

 

En España, diversos centros hospitalarios públicos y privados están incorporando actividades basadas en la musicoterapia en su cartera de servicios, como es el caso de la Unidad del Dolor del Hospital Universitario La Paz, en Madrid. También cada vez más profesionales colaboran con colectivos de afectados, como es el caso del proyecto que lleva acogiendo la Asociación de Fibromialgia y Fatiga Crónica de Salamanca (AFIBROSAL), cuya experiencia ha sido recogida recientemente en una publicación.

Mi propia experiencia acompañando personas en momentos con dificultades emocionales ha estado caracterizada por el hecho de que, al conectar con sus propios bloqueos y permitir que fluyeran durante la experiencia musical, comenzaban a mejorar, e incluso desaparecer, dolencias físicas que presentaban. Incluso, han podido ir descubriendo qué recuerdos y vivencias, generalmente relacionadas con la infancia, se asociaban con esas sensaciones físicas y les ha permitido “soltar” y aceptar lo vivido en mayor o menor grado, con una correlación clara con la mejora de los síntomas.

Para concluir, me gustaría dejar una pequeña reflexión. Vivimos en un mundo de pensamientos en el que hemos aprendido a manejarnos porque nos da una presunta seguridad, pero a la vez, nos aleja del cuerpo, de las sensaciones, de las emociones. Mientras no seamos capaces de reconciliarnos con nuestro cuerpo, de aceptar todo lo que nos dice, viviremos en una confrontación interior en la que la enfermedad será su manifestación más visible.

 

Referencias bibliográficas

 

  • Edwards, R.R., Dworkin, R.H., Sullivan, M.D., Turk, D.C., and Wasan, A.D. (2016). The role of psychosocial processes in the development and maintenance of chronic pain. Journal of Pain, 17, 9 Supplement, T70-92.
  • Koenig, J., Warth, M., Oelkers-Ax, R., Wormit, A.,  Bardenheuer, H.J., Resch, F., Thayer, J.F., and Hillecke, T.K. (2013). I need to hear some sounds that recognize the pain in me: an integrative review of a decade of research in the development of active music therapy outpatient treatment in patients with recurrent or chronic pain. Music and Medicine, 5, 3, 150-161.
  • Wormit, A.F., Warth, M., Koenig, J., Hillecke, T.H., and Bardenheuer, H.J. (2012). Evaluating a treatment manual for music therapy in adult outpatient oncology care. Music and Medicine, 4, 2, 65-73.

 

Os cuento mi historia: Fritz Perls, el padre de la gestalt y un niño terrible

 

A estas alturas y después de tanto tiempo, las personas que mejor me conocen se han sentido orgullosas de mi en numerosas ocasiones, pero en otras muchas se han podido avergonzar por mi actitud. Sé que no soy perfecto, aunque lo he deseado siempre y a veces incluso lo he creído fervientemente. Dependiendo del periodo de mi vida que os relate, seguramente penséis que soy un genio inspirado o más bien la reencarnación del mismo diablo.

Como todo ser humano, tengo de todo y lo mejor que puedo hacer es responsabilizarme de quien soy. Reconozco en mí que me he llegado a mostrar egoísta, narcisista, orgulloso, avaro, incluso colérico y paranoico; además me considero un ser »perverso polimorfo» en el plano sexual; un seductor insaciable aunque no sea muy agraciado físicamente, pero me compenso con ser algo cómico, exhibicionista y voyeur. Me he entregado a drogas como el LSD y otras variantes psicodélicas, además de que fumo tres paquetes de Camel a diario. No he sido un hijo ejemplar, como marido tampoco llegué a «dar la talla» y como padre he dejado mucho que desear. Si bien, en el plano profesional la gente me admira, pero yo me siento un psicoanalista mediocre y no muy buen escritor. Es más, muchos de los textos que hoy en día leéis, han sido escritos por colegas y allegados que considero lo hacen mejor que yo (como mi querida Lore o A. Levitsky).

 

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Los que ven virtudes en mí, me han devuelto cosas tan intensas como que tengo buen sentido de observación, así como una buena intuición y una cultura amplia. Yo solo sé, que lo que sé ha sido por pura curiosidad y ganas de superación constantes. Soy bastante creativo y vital y no abandono el sentido de autocrítica, aunque a veces me cueste aceptar ciertos neuroticismos propios. Pero lo que si rescato como eje principal en mi trato con los pacientes es que siempre me he abrazado alrededor del problema existencial de cada uno de ellos. Me he considerado un artista haciendo esto, y como buen artista ya sabemos todos que no somos muy puritanos y quizá lleguemos a ser algo raros. Aunque esto de mí siempre me gustó.

Podría resumir mi vida como una experiencia siempre agitada, en lo que respecta a mis sentimientos y resentimientos así como mi comportamiento, relaciones sociales y desplazamientos geográficos. Me considero un judío errante y algo desorganizado con mis documentos y textos.

Bueno, después de esta introducción, voy a pasar a relataros mi itinerario de vida, el cual puedo calificar como bastante tormentoso y que me llevó a ser un personaje fuera de lo común:

 

ALEMANIA

• En 1893: Un 8 de julio vine al mundo después de un parto complicado en donde tuvieron que emplear fórceps para sacarme de dentro de mi madre. Nací en un ghetto judío a los alrededores de Berlín. Cuando yo llegué, ya habían dos hermanas mayores esperándome y unos padres un poco sombríos.

 

Mi padre Nathan, era negociante de vinos y después se hizo corredor de comercio lo cual le obligaba a desplazarse con frecuencia y era evidente que iba acumulando las infidelidades. Siempre fue encantador y seductor, irresistible para las mujeres, pero también era colérico, violento y orgulloso (rasgos que perfectamente puedo encontrar en mi mismo). Era militante de la francmasonería y soñaba con convertirse en un gran maestro de su logia.

 

Mi madre Amalia, era una judía practicante que provenía de buena cuna y que respetaba las tradiciones kasher y el shabbat. Le apasionaba el teatro y la opera (pasiones que yo heredaría para mantenerlas toda la vida).

 

Mis padres vivían en un clima de conflicto permanente, en donde frecuentaba el odio, las disputas e incluso los golpes.

 

Mi hermana mayor Else, era ciega, lo cual siempre ha hecho que mi madre la sobreprotegiera. Reconozco que siempre esto me ha provocado unos celos terribles y me hacia ponerme agresivo con ellas. Ni si quiera lloré cuando supe que ambas perecieron en el campo de concentración.

 

Y mi segunda hermana Grete, siempre fue muy marimacho. Vivió durante casi diez años conmigo y mi mujer en Nueva York sirviéndonos en nuestra casa.

 

Con el paso del tiempo fui desarrollando un odio profundo contra mi padre ya que siempre me trató como un «tarugo de mierda que estaba destinado a acabar mal».  Dudaba hasta de si era mi padre realmente y deje de tratarme con él hasta tal punto que ni acudí a su entierro. Ahora después de tanto conocimiento se que siempre me he mostrado hostil ante las figuras paternas, por eso nunca termine de llevarme bien con Freud (aquí ya tenéis el por qué).

 

• Hacia 1903: a la edad de 10 años comencé a revelare. En el colegio me volví bastante insoportable y me negaba a aprenderme las lecciones y a hacer los ejercicios. Tanto era así que comencé a falsificar mis notas y molestaba a las mujeres de mí alrededor (me escondía bajo sus faldas). Mi madre me pegaba con frecuencia con un látigo o con una paleta de madera, y acabé rompiendo ambas cosas, rebelándome contra ella. Llegué incluso a lanzarle objetos cada vez que trataba de pegarme.

 

• En 1906: con 13 años me expulsaron de la escuela por mala conducta y me fui con mi nuevo compañero, el cual me inició en el tema de la masturbación e incluso me facilitó el encuentro con una prostituta. Tras esto mi padre decidió meterme a trabajar en una boutique de dulces y de ahí decidí por mi cuenta inscribirme de nuevo en los estudios en un colegio liberal en donde se interesaban mas por los alumnos que por las materias. En este nuevo colegio pude desarrollar mi gusto por el teatro, lo cual me duró toda la vida y hoy en día podemos encontrar reflejado en la terapia gestáltica.

 

Durante mi adolescencia seguí formándome en teatro y realice más tarde mis estudios en medicina en Berlín. Durante toda mi vida, mi gran sueño era convertirme en director de teatro aunque siempre me consideré un mal actor. Y no fue hasta los 75 años, que pude encontrar mi propio estilo.

 

• En 1914: al comenzar la guerra, me eximieron del servicio militar porque tenía una malformación cardiaca. Esto condujo a que me mandaran al servicio auxiliar y a los 22 años entré en la Cruz Roja como voluntario.

• En 1916: me enviaron durante 9 meses a la guerra de las trincheras en el frente en Bélgica. Esto me hizo experimentar situaciones especialmente traumatizantes ya que veía a mis propios compañeros exterminando a golpes a los soldados enemigos. Por mi condición de judío, me persiguieron y me llevaron a los puestos más peligrosos, y me vi expuesto a gas venenoso además de que me hirieron con una granada, lo cual me hizo acabar hospitalizado. Esto me produjo numerosas secuelas y manifestaba signos claros de despersonalización e indiferencia total al entorno que me rodeaba.

• En 1920: a los 27 años y tras la guerra, pude obtener mí doctorado en medicina concretamente en neuropsiquiatría. Pero a pesar de mi carrera, seguí teniendo especial interés en el teatro y por ello frecuentaba los cafés izquierdistas de la contracultura. Fue en estos lugares donde conocí al gran Salomon Friedlaender (filosofo expresionista) que me inspiró significativamente. Es en esta época cuando desarrollo el concepto de «vacío fértil».

 

• De octubre de 1923 a abril de 1924: viajé a Nueva York con la intención de obtener el título equivalente en medicina pero me encontré con una competencia muy grande entre los profesionales, además de problemas con el idioma y regresé bastante frustrado y sin ningún resultado.

• En 1925: aun con 32 años seguía en la casa de mi madre viviendo. Cada vez me iba tornando más inseguro de mi mismo y me veía feo, débil, encorvado y despreciado por mi padre. De la guerra me quedó una secuela crónica físicamente y tenía grandes dudas sobre mi potencia sexual además de que estaba obsesionado con la masturbación.

En esta turbulenta época de mi vida conozco a Lucy, una mujer casada que me sedujo en muy poco tiempo. Con ella comencé a descubrir los placeres de las diferentes caras de la sexualidad (tríos, exhibicionismo, homosexualidad, etc). Esto me permitió transgredir todos los tabúes, lo cual me provocaba un placer especial.

 

• En 1926: siento la necesidad de entender todas las emociones que estas experiencias me brindaban (excitación frente a culpa) y decidí comenzar un psicoanálisis con Karen Horney, la cual me recomienda que me aleje de Lucy y que cambie de ciudad de residencia. Así me mudé a Francfort donde comienzo a trabajar como medico asistente de Goldstein. Allí conozco a Lore Posner con la que empecé un noviazgo de más de tres años.

 

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• En 1927: en Francfort continuo un segundo análisis con Clara Happel durante un año. Tras esto me mudé a Viena y comencé mi andadura como psicoanalista. Al siguiente año decidí regresar a Berlín para seguir trabajando de psicoanalista y también comienzo un tercer análisis con Eugen Harnick. En esta ocasión estuve unos 18 meses de análisis, cinco veces a la semana. Pero decidí interrumpir la terapia cuando Lore y yo nos comprometimos en matrimonio.

 

• En 1929: nos casamos a pesar de estar su familia en contra. Para aquel entonces yo tenía 36 años y ella 24. Al siguiente año comencé un cuarto y último análisis con el que yo consideraba el mejor de todos, Wilhelm Reich. Esta fue la terapia que mas me ayudó y la que me inspiró principalmente en la génesis de la terapia Gestalt.

 

• En 1931: nace mi primera hija Renate, lo cual me tranquilizó puesto que creía que era estéril. Esto me enorgulleció y me mantuvo unido a mi familia durante los primeros cuatro años. Pero cuando nació mi segundo hijo, Steve, comencé a descuidar a toda la familia hasta los últimos días de mi vida. Mientras tanto tenia numerosos pacientes en consulta, pero tras la toma de poder de los nazis, tuve que huir de Alemania.

 

• En 1933: debido a la persecución de los judíos, emigré a Holanda dejándolo todo atrás. Al ver que no conseguía el permiso de trabajo en Amsterdam, acepté una propuesta laboral en Sudáfrica que me llegó a través de Ernest Jones (amigo y biógrafo de Freud).

SUDÁFRICA

• En 1934: durante las tres semanas de viaje en barco, estuve practicando mi inglés para perfeccionarlo. Más adelante nos instalamos en Johannesburgo donde fundamos el Instituto Sudafricano de Psicoanálisis. Allí tuvimos numeroso clientes tanto Lore como yo y pudimos mantener una buena calidad de vida. Aun en esta época me regía por las normas ortodoxas del psicoanálisis, haciendo terapias cinco veces a la semana, durante 50 minutos y sin ningún contacto visual o físico con el paciente. Pero con el paso del tiempo me fui dando cuenta de que me estaba convirtiendo en un «cadáver calculador´´ como el resto de los analistas que conocía.

• En 1936: tiene lugar el Congreso Internacional de Psicoanálisis de Praga al que acudía con especial dedicación y en el cual me lleve tres grandes decepciones que me marcaron para toda la vida:

 

Estuve preparando mi trabajo sobre las «Resistencias orales´´ como investigación complementaria a los trabajos de Freud y la bienvenida que recibí de él fue muy traumatizante para mí. No prestó atención a mi obra y esto provocó mi ruptura definitiva con su escuela. A pesar de mi rechazo hacia esta persona, nunca saqué su fantasma de mi vida.

Por otro lado, me volví a encontrar con Reich (el cual fue mi psicoanalista durante más de dos años) y ni si quiera me reconoció ni se interesó por mi vida. Y por último, la fría acogida que me dieron el grupo de psicoanalistas de aquel entonces en relación a mi investigación sobre la influencia de la oralidad en los primeros años de vida, fue el choque final.

 

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• En 1940: Terminé mi primer libro «El yo, el hambre y la agresividad´´ que escribí en colaboración con mi esposa (ella redactó incluso algunos capítulos) y a la que le dediqué un agradecimiento en el prefacio en la primera edición. Prefacio que después decidí retirar en ediciones posteriores porque exigí la paternidad total de la obra. La consideraba más mía que suya. Tras sacar mi obra a la luz, me exigieron que renunciara a ser miembro de la Asociación Psicoanalítica Internacional, pero me negué, puesto que aunque no compartiera los principios ortodoxos, el psicoanálisis era mi primera escuela.

• En 1942: inicia la Segunda Guerra Mundial, y decidí alistarme en la armada en Sudáfrica como médico oficial de psiquiatría (durante 4 años). Pasaba poco por casa y mis aventuras sexuales aumentaban crecientemente. Empecé a perder el interés por mi familia y cada vez les pegaba más y me enfadaba por cualquier cosa (comencé a reproducir el comportamiento de mi padre).

NUEVA YORK

• En el verano de 1946: con 53 años decidí dejarlo todo de nuevo. Abandoné a mi familia, mi lujosa casa en Sudáfrica y mis pacientes, en busca de nuevas experiencias. Cuando llegué a Nueva York, recordé lo poco que me gustaba la competencia profesional que allí había, además de que no me recibieron con los brazos abiertos los psicoanalistas ortodoxos que me tachaban de desviado. Es cierto que siempre fui sucio y desordenado, y que coqueteaba abiertamente incluso hasta con mis clientes. Pero esto no impidió que encontrara apoyo en Karen Horney, Eric Fromm y Clara Thompson (ex alumna de Ferenczi) para reconstruir una nueva clientela rápidamente. Un año después mi familia se unió a mí en la nueva residencia.

 

En aquel entonces seguía empleando el diván en mis sesiones de terapia, pero poco a poco me fui interesando más por las terapias de grupo, y comencé a plantearme que la mayoría de terapeutas debían darse cuenta de que la terapia individual y de larga duración ya estaba obsoleta.

 

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• En 1950-51: constituimos el Grupo de los Siete y publico Gestalt Therapy el primer libro de Terapia Gestalt que dio inicio a esta nueva práctica.

• En 1952: creo junto a mi mujer el primer Instituto de Gestalt en Nueva York y en el 54 el de Cleveland. Poco a poco le fui cediendo la dirección de estos centros a Laura mientras peregrinaba por todos los EEUU proclamando mi nueva teoría. Trabajaba con grupos abiertos y talleres de demostración, codeándome con numerosos terapeutas y recogiendo buenas ideas y técnicas a lo largo del camino: la toma de conciencia de Charlotte Selver, el psicodrama de Moreno o la cientología de Ron Hubbard.

 

Aun no había ideado la famosa técnica de la «silla vacía´´ y me seguía manteniendo en una terapia más verbal en búsqueda de la toma de conciencia de lo experimentado en el pasado. Me centraba en el contacto directo y genuino con el paciente en el presente, trabajando identificaciones con los elementos de los sueños y eliminando proyecciones toxicas que interrumpían el proceso. Mis compañeros de NY y Cleveland comenzaron a criticar mi manera de proceder en terapia, lo cual hizo que les fuera cediendo progresivamente la dirección de ambos institutos.

FLORIDA

• En 1956: comencé a estar desalentado y cansado de mi relación con Laura y de viajar tanto. Tenía problemas de corazón y deseaba retirarme para irme a vivir a las playas de Miami. Al llegar allí me encontré solo y deprimido. Nadie me conocía y me mudé a un pequeño departamento en el que apenas entraba la luz. Hacía grupos de trabajo con pocas personas en el salón de mi casa y comía todos los días en un restaurante judío cercano. No tenía amigos y por primera vez en mi vida renuncié a cualquier actividad sexual por miedo a padecer de un infarto de miocardio.

• En diciembre de 1957: se me apareció como un milagro una clienta, Marty Fromm, con la que comencé un intenso romance. Ella tenía 32 años y estaba infelizmente casada. Entró en tratamiento conmigo porque afirmaba que nunca hacia el amor con su marido y que padecía de frigidez. Retomamos juntos el gusto por la vida y se convirtió en la mujer más importante de mi vida. La inicié en todos los placeres del sexo y llevábamos a cabo todas las fantasías más osadas.

 

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Más adelante empecé a experimentar con el LSD en busca de experiencias nuevas y cada tres días «viajaba´´ hacia otros mundos bajo los efectos de estas drogas psicodélicas. Pero un día estallé en una paranoia cónica latente. La droga me aportaba una «conciencia cósmica´´ lo cual me hizo pensar que definitivamente estaba loco. Marty no soportó más mis delirios y celos patológicos y me abandonó por un amante mucho más joven que yo.

VIAJES

• En 1959-60: comienzo un nuevo periodo errático. Vuelvo en varias ocasiones a California y Los Ángeles y ando vagabundeando por las calles como un drogadicto sin rumbo fijo. Pero Jim Simkin (uno de los primeros pacientes que tuve en Nueva York) me llegó a convencer de que dejara la droga.

• En 1962-63: con 70 años ya, decidí hacer un viaje alrededor del mundo durante 18 meses. Estuve un tiempo en Israel, en un pueblo «beatniks´´ de jóvenes artistas que lo único que hacían era no hacer nada y sentirse orgullosos de ello. Me inicié con la pintura y cuando me aburrí de estar allí me fui a Japón para quedarme un par de meses en un monasterio zen. El zen me atraía por tratarse de una religión sin dios, pero me decepcioné al ver que cada mañana se postraban ante un gran Buda para invocarlo. Sentí que mi búsqueda de la iluminación fue un completo fracaso. De este modo deduje que tanto el budismo zen como el psicoanálisis generaban psicoanalistas y monjes, lo cual me hizo enterrarlos en sus lápidas en lo más profundo de mi basurero.

 

ESALEN

• En diciembre de 1963: junto con Michael Murphy dimos forma a Esalen, una propiedad en Big Sur, California, en donde comenzamos a hacer conferencias con artistas y escritores de renombre como Aldous Huxley o Paul Tillich. Pero en este lugar no se hacía más que beber, fumar y llevar a cabo experiencias con drogas y homosexualidad, lo cual me hizo reaccionar y querer darle una nueva cara a este lugar.

• En abril de 1964: comencé con talleres de demostración y programas de formación en Gestalt, pero no tuvo mucho éxito desde el principio (solo 4-5 participantes en los primeros talleres).

• En 1965: con 72 años, ya estaba muy fatigado y con problemas de corazón. Tuve que acudir a una fisioterapeuta muy buena que consiguió corregirme los problemas de espalda, lo cual me hizo ganar algunos años de vida.

 

Dos años más tarde mis talleres seguían siendo poco exitosos (12 alumnos máximo) por lo que construimos una residencia circular de madera en lo alto de un acantilado para poder realizar los talleres allí. Tenía una gran sala cubierta por una alfombra gruesa no muy agradable, puesto que estaba inundada de colillas y quemada, en una atmosfera continua de humo.

 

 

• En 1968: se produce el gran movimiento de los estudiantes y los hippies californianos que reclamaban el vivir en libertad, la liberación de tabúes, el placer del cuerpo, el derecho a la desnudez, etc. Es entonces cuando la sociedad estaba preparada para acoger el mensaje de la psicología humanista y de la Gestalt.

 

Ya tenía 75 años y mi fotografía comenzó a aparecer en los grandes seminarios americanos. Incluso llegué a salir en la portada de Life proclamado como «el rey de los hippies´´.

Es a partir de este momento cuando en cada seminario que daba, se amontonaba la gente para recibir mis presentaciones. Enumeraba a varios voluntarios por orden y los hacía sentarse en la silla caliente con una silla vacía a su lado. Trabajaba los problemas existenciales de las personas a través de sus sueños y experiencias y los problemas parecías desaparecer por arte de magia. Me filmaron y grabaron y numerosos especialistas de todas partes venían a Esalen a ver mis demostraciones: Eric Berne, Alexander Lowen, Gregory Bateson, etc.

 

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Pero a pesar de todo esto, yo seguía sintiendo unos celos tremendos por los éxitos de mis colegas y quería ser el único Maestro en la psicología. De hecho, soñaba con montar un Kibboutz de Gestalt en donde se pudiera vivir la Gestalt en comunidad durante las 24 horas. El cometido era ya no solo superar la terapia individual, sino también la grupal, haciendo de la Gestalt un modo de vida.

COWICHAN (CANADÁ)

 

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• En junio de 1969: adquirí un viejo motel de pescadores a la orilla del lago Cowichan en la isla de Vancouver. Una treintena de discípulos se trasladaron conmigo a esta nueva residencia. Allí impuse mi ley: nada de niños ni perros, no quería nada ni nadie que nos pudiera perturbar. Fuimos para allá para vivir en comunidad realizando trabajos colectivos, terapias y formaciones. Es entonces cuando viví verdaderamente feliz, dándome cuenta de que estaba en paz y que ya no necesitaba pelearme con otros.

• En marzo de 1970: tras regresar de un viaje de ocio por Europa, decidí dirigir algunos talleres en Chicago y es ahí donde fallecí por causa de un infarto. Además, la autopsia reveló que padecía un cáncer de páncreas.

 

En el discurso fúnebre, Paul Goodman me criticó abiertamente aludiendo que siempre estuve traicionando a la Gestalt tradicional con mis aventuras a lo largo de Norte América. Esto provocó que más adelante, Abraham Levitsky organizara una segunda ceremonia con el fin de reparar mi imagen.

En fin, esta ha sido mi vida, y aunque algunos lo quieran o no, a pesar de no haber sido el único teórico de esta nueva corriente, si que he sido el mayor portavoz de ella y su principal creador. He sido muy criticado por Gestaltistas contemporáneos, pero no se puede negar que he dejado un fuerte legado con sello personal. Hoy en día, los EEUU considera la Gestalt como uno de los métodos de terapia y desarrollo personal más innovadores al otro lado del Atlántico.

 

REFERENCIA BILIOGRAFICA

  • Ginger S., Ginger A. 1993. La Gestalt: una terapia de contacto. 2a ed. México, Manual Moderno.

La finalidad de la historia según Kant

Immanuel Kant expone una parte esencial de su filosofía de la historia en la obra Idea para una historia universal en clave cosmopolita (1784).

Teleología histórica

Las acciones humanas están determinadas naturalmente en tanto fenómenos, como todo acontecimiento natural. Ahora bien, cabe la esperanza de que cuando el filósofo contempla la Historia, elevándose sobre los sucesos particulares, pueda atisbar, por muy profundas que estén las causas, el progreso de la libertad de la voluntad. Se trata de descubrir en la aparente azarosidad y contingencia de las acciones de los hombres a lo largo de la Historia un hilo conductor, una finalidad. Según Kant, cuando se estudian los acontecimientos históricos a gran escala se descubren leyes generales. Es tarea del filósofo descubrir en este aparente caos, entre tanta vanidad, destrucción y maldad presentes en la historia, un plan subyacente de la Naturaleza que conduce al hombre a su realización moral. De modo que los hombres no imaginan que al perseguir cada uno su propia intención siguen sin advertirlo la intención de la Naturaleza.

La experiencia y la razón nos indican que todo animal tiene una serie de disposiciones naturales destinadas a desarrollarse alguna vez completamente y con arreglo a un fin. Un órgano o habilidad inútil, sin finalidad, es una contradicción según la doctrina teleológica de la Naturaleza. Y si renunciáramos a esta doctrina, ya no tendríamos una Naturaleza que actúa según leyes, sino un azar que no conduce a nada ocupando el lugar del hilo conductor de la razón.

En el hombre, el pleno uso de sus facultades racionales naturales sólo se desarrollará completamente a nivel de la especie, no en el individuo. Pues para ello se requiere entrenamiento, pruebas, progreso paulatino; no es como lo instintivo. La misma Naturaleza que nos dota de corta vida individual nos dota de una capacidad de la que sólo puede sacarse partido a lo largo de generaciones.

El fin que tiene la naturaleza para el hombre es de orden moral, no natural, sostiene Kant. Por eso no poseemos instrumentos como cuernos o garras; el hombre recibe muy pocos medios naturales para procurarse su sustento, para sobrevivir y para ser feliz. Lo que la Naturaleza pretende es que sea el hombre mismo el que tenga el mérito de ganársela, que sea digno de ella (dentro de lo que es posible en el mundo empírico). Así, nos ha dotado de autonomía: de razón y de libertad de la voluntad. Algo que no nos facilita la consecución de la felicidad, sino del bien. Y puesto que la naturaleza no hace nada superfluo, podemos concluir que éste es el fin que la ella tiene reservada para el hombre.

La insociable sociabilidad humana

El medio que utiliza la Naturaleza para obtener este fin es la insociable sociabilidad humana, el antagonismo de las capacidades de los hombres en sociedad. Su inclinación a vivir en sociedad es inseparable de una hostilidad que amenaza con disolver esa sociedad. El hombre se sabe propenso a oponerse a los demás y por eso ve en los demás eso mismo, lo cual le hace vencer su inclinación a la pereza y a imponerse a los demás antes de que se impongan a él (es el estado de naturaleza hobbesiano). Y así va desarrollando sus talentos. La envidiosa vanidad y el deseo de acaparar y de dominar nos hacen rivalizar. Si el hombre viviera en una Arcadia feliz armónica no se vería en la necesidad de desarrollar sus capacidades naturales. Así el hombre va construyendo su mundo, la cultura, que bajo su brillo esconde una feroz lucha histórica.

Esas inclinaciones hacen que los hombres no puedan coexistir en estado perpetuo de lucha y que se den cuenta de que es necesario vivir en sociedad, civilizarse, fundar un estado con una constitución civil. La Naturaleza fuerza así a la especie humana a resolver su mayor problema, la instauración de una sociedad civil que administre universalmente el derecho. Una sociedad en la que la libertad bajo leyes externas se encuentre vinculada lo más posible con un poder irresistible, esto es, una constitución civil perfectamente justa, tiene que ser la tarea más alta de la Naturaleza para con la especie humana. Sólo en una sociedad tal pueden darse todas las capacidades de la humanidad.

El problema de establecer una constitución civil perfecta es el más difícil y el que más tarde será resuelto por la especie humana, sostiene Kant. Y es que el hombre, en tanto que racional, obedece el imperativo categórico, pero en tanto animal, obedece sus impulsos egoístas. Necesita pues de un señor que imponga su voluntad para que la voluntad libre de todos los hombres pueda cumplirse. Este señor no puede ser otro que un hombre, pero que al mismo tiempo sea justo. Pero siento el hombre propenso al mal por naturaleza, no se concibe cómo pueda haber un hombre tal. Pero debe poder alcanzarse tal estado pues la Naturaleza nos ha impuesto tal idea. Pero para realizar tal idea necesitamos conceptos precisos sobre tal constitución perfecta posible, mucha experiencia y buena voluntad para aceptarla. Por ello piensa Kant que será muy difícil y tardía su realización.

A su vez la constitución civil perfecta no puede lograrse sin resolver el problema del derecho internacional, de la reglamentación de las relaciones interestatales. Al igual que la guerra de todos contra todos entre individuos les lleva finalmente a darse cuenta de la necesidad de una sociedad bajo leyes externas, la guerra de todos contra todos entre Estados, tras muchas devastaciones y consumo de fuerzas, les lleva lo que la razón podría haberles indicado sin necesidad de tantas penurias, a abandonar el estado anómico, propio de salvajes, e ingresar en una confederación de pueblos, dentro de la cual la seguridad y derechos de cada Estado depende no de sí mismo, sino de un poder unificado y de la decisión conforme a leyes de la voluntad común. Así, cada Estado renuncia a ejercer su brutal albedrío y busca paz y seguridad en el marco legal de una constitución.

Optimismo ilustrado

Para Kant, pues, la historia de la humanidad puede verse como la ejecución de un plan oculto de la Naturaleza para llevar a cabo una perfecta constitución interior y, para ello, exteriormente perfecta, de tal modo que el hombre pueda desarrollar todas sus facultades plenamente. La experiencia nos muestra pocos indicios en este sentido, aunque gracias a nuestra disposición racional podemos anticipar ese momento. Kant considera que los Estados ya no pueden rebajar su cota cultural sin perder poder frente a otros Estados. Tampoco pueden atentar contra la libertad civil sin perjudicar las actividades profesional. Pues el gobernante es consciente de que la libertad de los ciudadanos favorece la dinámica de negocios. Así pues, la libertad va ganando terreno poco a poco. Y así va surgiendo poco a poco la Ilustración, aunque se obtenga a partir de la megalomanía de los gobernantes, pues éstos saben lo que les conviene. La ilustración irá ascendiendo a los gobernantes y no impedirán la ilustración del pueblo. La guerra se verá poco a poco como un mal negocio de dudoso desenlace para ambas partes y elevada inversión, dado la creciente intensidad de las relaciones comerciales entre Estados. Este interdependencia les lleva a hacer de árbitros en conflictos ajenos para impedir grandes conflictos, preparándose para la creación de un macro-Estado. Por eso, para Kant, podemos tener racionalmente la esperanza de que pueda instaurarse un Estado cosmopolita sobre la tierra donde las facultades de la humanidad alcancen su plenitud.

Admitido todo lo anterior, Kant considera que no es absurdo pensar en elaborar una Historia universal de la humanidad en base a los fines que la Naturaleza contempla. Una historia vista con la mirada del filósofo (sin desmerecer ni sustituir la mirada del historiador y su historia empírica), en la que se descubre un hilo conductor a priori, sistematizando lo que de otra manera sería una agregado de hechos sin conexión aparente. Este hilo conductor es la mejora de las sociedades humanas hacia una mayor libertad de la voluntad, hacia una mejora moral, hacia una constitución civil perfecta y cosmopolita. Kant sostiene que podemos ver una mejora en Occidente (que posteriormente es de esperar que se traslade al resto del mundo) a lo largo de la sucesión de civilizaciones, de Estados dominantes, hacia la mejora del cuerpo político. Los Estados hegemónicos van cayendo pero queda cada vez una semilla de ilustración mayor que permite que cuando el siguiente se construya sobre el anterior cada vez se de progresando hacia mayor ilustración. La historia en un futuro se escribirá en este estilo, dado la cantidad de datos que atesorarán las generaciones futuras, y además puede servir para encauzar tanto la ambición de de los gobernantes hacia el único medio que les puede llevar a ser recordados gloriosamente en la posteridad.

Referencias bibliográficas:

  • Kant, Immanuel, Ideas para una historia universal en clave cosmopolita y otros escritos sobre filosofía de la historia, Tecnos, 2006.