Elección de pareja: la repetición de patrones tóxicos

De nuevo en el borde de la cama, mis ojos vidriosos repasan cada recuerdo como si leyeran un libro abierto. De nuevo en el mismo punto, con el mismo lastre que sobrecarga el interior de mi cuerpo. ¿Cómo es posible? Personas distintas, relaciones análogas. Idénticas emociones en forma de tormenta que rasgan por dentro. Una mala fotocopia de una imagen distorsionada copiada en otro momento.

Y ahora no queda más que el vacío de la ausencia.

elección de pareja

¿Cómo seleccionamos a otro ser humano para establecer una relación amorosa?

A priori, buscamos establecer una relación satisfactoria y duradera, que permita alcanzar determinadas metas y valores, y que satisfaga necesidades psicológicas y biológicas que aseguran el cuidado, preservación, e integridad física y mental. Y esta idea puede cumplirse en personas que debido a su historia biográfica y características psicológicas, les permite disponer de vínculos que, a pesar de los conflictos, contribuyen a su estabilidad, al sentimiento de seguridad y a dicho equilibrio psicobiológico. Sin embargo, no siempre es así…

Muchos tienden a elegir parejas con las que construyen y repiten vínculos inestables, perturbadores, destructivos o patológicos. ¿Por qué no impiden la experiencia dolorosa y el aprendizaje que vuelvan a emerger  las mismas configuraciones de relación?¿por qué de nuevo atraídos por mismos rasgos de personalidad?¿por qué con personas diferentes se repiten los mismos círculos viciosos?

Una elección no elegida

El quid de la cuestión es que no elegimos sentirnos atraídos por alguien voluntariamente; ni elegimos las emociones que surgen en nuestro cuerpo; ni decidimos inclinarnos por unas personas más que por otras. No es como ir al centro comercial, comparar características de un producto y decidir comprar o no. No somos teléfonos móviles ni televisores.

Gran parte de la dinámica de las motivaciones y deseos que nos impulsan a preferir a alguien, son procesos inconscientes y que no dependen de decisiones racionales. Los enlaces que llevan a una persona a preferir magnéticamente a otra parten de la propia estructura psicológica y de sus experiencias biográficas. De hecho,los potenciales conflictos que destruyen las relaciones, tienen su origen ya en la elección mutua.

Algunas cualidades de la otra persona que resultan atractivas son conscientes. Son accesibles con el pensamiento para nosotros y forman parte de las creencias de por qué se le elige –sentimientos captados por el lenguaje en frases como ”me atrae mucho físicamente”, ”es muy inteligente ”, “me ofrece mucha atención y cariño”, “tenemos un sexo fantástico”, etc.–. Pero es esencial comprender que no todas las motivaciones son evidentes: si alguien mantiene una relación disfuncional con una persona –aparentemente– inadecuada, seguramente significa que en otra parte de su psiquismo le está ofreciendo satisfacción, compensando fallas y necesidades internas. Detrás de toda motivación y deseo, existen necesidades psicológicas y biológicas, susceptibles de ser mutuamente solicitadas y atendidas en una relación de pareja: un refugio para sentirnos seguros y amparados, para el cuidado físico y psicológico mutuo; un espacio de encuentro entre necesidades de intimidad, de goce sensual y sexual; para la aceptación, la comprensión,  la atención, la admiración, la valoración…

Existe también la necesidad de huir o estabilizar los estados displacenteros internos y que puede ser regulado en una relación. Por ejemplo estados depresivos, de ansiedad, de angustia ante la amenaza de la propia integridad física o mental, ante la soledad, la separación o la pérdida de figuras significativas, o aspectos de la autoimagen que provocan sentimientos de inferioridad, vergüenza o culpa, etc. También la necesidad de asumir determinadas identidades: protector o protegido, cuidador o cuidado, culpable o indefenso, admirado o admirador, devaluador o devaluado, abandonado o abandonante, seducido o seductor, perseguido perseguidor, etc. La lista es tan larga como experiencias vividas, son ejemplos de cómo buscamos inconscientemente asumir determinadas identidades o roles –y que el Otro asuma también–, ya que impactan y transforman directamente nuestra autoimagen. 

La elección ocurre dentro de un espacio común de transacciones entre dos subjetividades, dos sujetos en relación que crean un impacto en sus sistemas de motivaciones, y en esa matriz de interacciones se satisfacen, frustran, y transforman mutuamente, adoptando y formando configuraciones de roles y posicionamientos recíprocos.

La repetición de patrones tóxicos: visitas de fantasmas

Existe en ciertas personas un patrón repetitivo de elección “no elegida” de relaciones disfuncionales en las que se reexperimenta lo vivido en el pasado, muchas veces el mismo lazo doloroso. Freud señalaba la existencia de este sesgo demoníaco o el eterno retorno de lo igual, en pacientes que revivían con pesar las mismas situaciones disfuncionales o patológicas provenientes del pasado –la compulsión a la repetición –.

La preferencia de pareja puede quedar sesgada inconscientemente hacia personas con las que se van estableciendo configuraciones de relaciones análogas a las experimentadas, aunque actualizadas en un contexto y realidad presente; además, el Otro actúa desde sus propios esquemas como “cómplice” de círculos viciosos que acaban derivando en tóxicos.

Nuestras experiencias dentro de las relaciones van creando un conocimiento implícito acerca de éstas, y permiten un reconocimiento de elementos muy sutiles de comunicación emocional no verbal en las interacciones, así como elicitar respuestas emocionales y pensamientos automáticos ante ellas. Esta memoria implícita relacional, nos permite procesar e identificar lo ya vivido con otra persona; y esa misma memoria es la responsable de perpetuar los patrones que nos posicionan en determinados roles y de disparar estallidos emocionales que a veces nos «secuestran» hasta el punto de no reconocernos. Se borran los límites entre la realidad actual y el pasado porque el sujeto en el presente activa al mismo tiempo los fantasmas a los cuales ha ido enfrentado desde niño.  El cuerpo se dispara ante el “gatillo” apropiado.

Se trata de un trasvase desde el ser que en el pasado –en la infancia, adolescencia o primeras relaciones amorosas– necesitó a unas figuras buscando amor, cariño, atención, calma, ternura, reconocimiento y valoración, pero encontró negligencia en su cuidado físico, psicológico o afectivo, y en su extremo el trauma grave por el abuso y el maltrato. Tal vez éste sea el tipo de comportamientos que viene a la mente al lector, pero la falla puede ser mucho más sutil y silente. Puede ser un regreso emocional a un vínculo con poco cariño,con frialdad emocional o cierta indiferencia a necesidades afectivas; a un vínculo excluyente y abandonante; a vínculos devaluadores, críticos, invalidantes, persecutores, severos; a vínculos de amor condicionado a deseos o necesidades ajenas a él; a vínculos que impiden la autonomía, que ahogan la iniciativa y la independencia; vínculos llenos de agresividad, desprecio…

Las perturbaciones en el vínculo con las figuras significativas, parentales o no, empujan muchas veces al encuentro compulsivo con ese trauma relacional vivido. Reaparecen desde la sombra de la memoria múltiples experiencias de angustia y sufrimiento, que nos alertan en el cuerpo sobre la amenaza del dolor psíquico, activando estrategias defensivas que en algún momento permitieron sobrevivir y equilibrar el psiquismo, pero que en muchos casos son disfuncionales en la relación presente. En cierta forma, nuestras relaciones actuales pueden ser perseguidas por fantasmas de las pasadas.

repetición de patrones

Explicación de la repetición

La búsqueda compulsiva de recobrar lo vivido, puede producirse con el objetivo de reparar las fallas emocionales, de alguna forma una oportunidad de lograr un resultado diferente, una nueva oportunidad de enfrentarse a roles y situaciones ya vividas, buscar enmiendas, curar heridas profundamente ancladas en lo más profundo del ser. En resumen, obtener un amor de la figura de apego de la forma que fue vital tener y no se tuvo. 

Desde una perspectiva teórica actual, distintas escuelas y orientaciones de psicoterapia coinciden, aunque con distinto lenguaje técnico y perspectiva, en que la mente se estructura en el seno de las relaciones, y que determinados aspectos sobre los modos de relacionarse, así como la autoimagen y las expectativas de los demás quedan grabados en forma de esquemas, que actúan de manera estable en forma de automatismos en el pensamiento y las emociones. Esto se debe a la tendencia de nuestra mente a conservar una continuidad y cohesión con la experiencia asimilada. Se mantiene cierta necesidad de estar en contacto con formas de relación que son familiares a su experiencia y que les mantiene conectados con el mundo interpersonal conocido.

“los sentimientos dolorosos, las relaciones autodestructivas y las situaciones de autosabotaje se recrean a los largo de la la vida como medios de perpetuar los primeros lazos con las demás personas significativas” (Mitchell, 1993, p.40)

Algunas veces toman los roles traumáticos como una forma de obtener en el presente el control de situaciones que fueron desbordantes en el pasado. En esos aspectos emocionales que se transfieren al presente, no sólo se repiten las mismas configuraciones o posicionamientos ante el Otro, sino que también se pueden invertir los roles: la víctima siempre aprende los dos papeles de la situación traumática, víctima y verdugo, dos caras de la misma moneda. Éste es el caso de las personas que, habiendo sido sufrido alguna negligencia , se identifican con el perpetuador y repiten la escena en su  conducta como una forma de obtener una identidad poderosa, no débil, pasiva ni padeciente. En el reverso de la moneda, otra forma de control en la transferencia es adoptar comportamientos de sumisión, pasividad y sometimiento ante los deseos y abusos del Otro, con el objetivo de aplacar al persecutor o incluso provocarle intencionadamente, re-actuando la situación pero esta vez de una forma controlada y no sorpresiva, ya que es uno quien cree ser protagonista y responsable de lo que le ocurre. Con estas conductas masoquistas se reduce el impacto traumático, mediante la autoinculpación y «salvando» a la  figura de apego, que, a pesar de todo, sigue necesitando.

¿Condenados a enamorarse mal?

Resumidamente, a veces ocurre que el objeto de amor elegido no va en consonancia con atributos y cualidades, psicológicas y físicas, que le atraen o convienen a un sujeto: puede estar cubriendo inconscientemente a otro nivel motivacional algún vacío o compensando un conflicto, de un aspecto que es esencial para él/ella. Por esto, no tiene sentido decir que se elige mal y culpabilizarse: en primer lugar porque no es voluntario, y en segundo porque las emociones se dirigen a elegir lo mejor de lo que está disponible, para resolver parcialmente ciertos deseos y necesidades que pujan desde dentro de una persona en un momento específico; aunque no sea lo más adecuado para la totalidad de dicha persona.

¿Pero es eterna esa condena? La respuesta es NO.

Me gustaría invitar a la reflexión de qué aspectos puedan estar enganchando a relaciones tóxicas. Qué motivaciones pueden haber detrás de dichos patrones. No es mi intención hurgar gratuitamente en cicatrices ni memorias dolorosas, pero sí convidar a un aprendizaje personal que permita una mejor elección de pareja, así como para mejorar aspectos dentro de una relación ya establecida. Está en nuestras manos la decisión de con quién compartimos nuestra vida y cómo lo hacemos. De ahí la importancia de dar un primer paso y reconocer la implicación psicológica propia.

Tras una apropiada exploración, que permita una reflexión sobre las experiencias vividas y una comprensión que ofrezca una coherencia, es especialmente importante tener una oportunidad de vincularse, actuar o pensar de una forma distinta dentro de una relación significativa–como una relación de apego seguro o una relación terapéutica, que permiten una experiencia reparatoria y de regulación emocional–, ya que es la única forma de imprimir experiencias emocionales correctoras en la memoria implícita.

El azar sigue actuando en la vida y existen nuevas oportunidades de establecer distintos vínculos, pero desde luego la atracción es mucho mayor hacia esos vínculos inadecuados, y no es una solución saltar de relación en relación manteniendo el mismo lastre. En cada relación se abre una ventana hacia el pasado, a lo experimentado en las relaciones a lo largo de la vida. Se reviven y despiertan deseos y angustias, pero se brinda la posibilidad de sanar, de realizar lo nunca vivido en un vínculo, de construir mutuamente lo íntimamente anhelado. 

Referencias bibliográficas

  • Bleichmar, H. (1997). Avances en Psicoterapia Psicoanalítica. Hacia una técnica de intervenciones específicas. Barcelona: Paidós Ibérica.
  • Filippe dos Reis, H. (2016). La elección de objeto de amor desde el enfoque Modular-Transformacional: el encuentro con el Otro. (Pendiente de publicación)
  • Freud, S. (1914). Recordar, repetir, elaborar. En Freud, S. (2007) Obras Completas, Vol. XII. Buenos Aires: Editorial Amorrortu.
  • Mitchell, S. (1993) Conceptos relacionales en el psicoanálisis: una integración. Madrid : Siglo XXI

Unamuno: oposición entre razón y vida

Una oposición radical

Una de las tesis principales de Unamuno que recorre Del sentimiento trágico de la vida (1913), y a la que el filósofo bilbaíno dedica especialmente la sección intermedia de dicha obra, es que la razón y el consuelo existencial (la inmortalidad del alma) son incompatibles. Unamuno ataca tanto a los defensores de la inmortalidad del alma, que pretenden hacer pasar su doctrina como racional (pasan injustificadamente del consuelo a la razón), como a los defensores del consuelo racional, que pretenden convencernos de que la razón consuela (pasan injustificadamente de la razón al consuelo).

El consuelo vital no es racional

Los abogados del alma inmortal basan su doctrina en dos pilares conceptuales: dualismo ontológico y concepto de substancia. Sin éstos la inmortalidad del alma es insostenible. Unamuno muestra cómo, haciendo uso de la razón moderna madura, la razón de Hume, esos pilares se destruyen, y con ellos la doctrina de la inmortalidad del alma. Desde la pura razón es imposible defender la inmortalidad del alma.

La razón es monista materialista. El racionalismo es materialista (o idealista; lo mismo da decir que todo es materia o todo idea) y forzosamente monista: para explicar el universo no es necesaria la hipótesis del alma. Sólo los dualismos salvan el problema al diferenciar esencialmente la conciencia individual del resto de fenómenos. Pero que la conciencia individual depende siempre del cuerpo y que cambia con él, y por tanto, se desintegrará con él, es evidente. El alma no es más que la conciencia individual en su integridad y persistencia, que cesa con la muerte del cuerpo.

La razón es fenomenista. A partir de la conciencia de que nuestra identidad persiste (dentro de ciertos limites) a través de los cambios de nuestro cuerpo llegamos a la conclusión de que el alma es sustancia. Pero de esa sustancia, de ese yo puro, no tenemos experiencia, sólo de estados de conciencia concretos. El alma es en realidad una sucesión de estados de conciencia que unificamos. La unidad de la conciencia no es sustancial, sino fenoménica.

La razón es relacional. Lo racional es siempre relacional, formal; necesita una materia irracional. La doctrina escolástica de la sustancialidad del alma es una muestra de ello: en ésta la razón, la lógica, está puesta al servicio de algo irracional, el anhelo de inmortalidad. La escolástica es abogacía y sofistería.

La razón es universalizante; es antivital. La razón es enemiga de la vida. La inteligencia tiende a la muerte. La vida es inestabilidad, individualidad. Y la razón es fijeza, universalidad. En definitiva, según Unamuno, los rasgos de la razón moderna son incompatibles la vida. ¿Y qué es vivir, si no querer vivir, querer seguir viviendo? Para Unamuno -tomando el concepto de Spinoza de conato- ser es querer seguir siendo, vivir es querer seguir viviendo, y por tanto, vivir es anhelo de inmortalidad.

La razón no consuela vitalmente

Por otro lado están los calificados por Unamuno como “racionalistas hipócritas”. Los llamados a sí mismos racionalistas humanistas, que pretenden que desde la pura razón hay motivos para vivir y consuelo para haber nacido, son hipócritas según Unamuno. La cultura humana es inútil si no hay una conciencia que la contemple, y racionalmente es evidente que dejará de haberla tarde o temprano. Unamuno señala diversas actitudes en este grupo.

Para empezar Unamuno destaca a los del odio antiteológico, los del rabioso cientificismo: los materialistas del XIX (Haeckel y compañía), que en el fondo esconden una gran desesperación. Luego están los epicúreos -el placer por el placer- y estoicos -el deber por el deber-; ambos tienen una base común: no pensar en el más allá.

También está los panteístas como Spinoza, que creen en la inmortalidad no individual. Sostener que venimos de Dios y en Dios nos disolvemos es como decir que mi conciencia individual viene de la nada y a la nada volverá. La inmortalidad no individual no consuela. Además el enfoque espinosista es un enfoque intelectualista: ¿de qué sirve definir la felicidad si no eres feliz?. En cuanto a Nietzsche, su doctrina del eterno retorno además de ridícula no consuela porque el individuo no recuerda, y sin memoria no hay continuidad de la individualidad, de la personalidad. Tanto Spinoza como Nietzsche tenían un hambre loca de inmortalidad a juicio de Unamuno.

Por otro lado están los que dicen no necesitar dicha fe: algo impensable para Unamuno; el que ha probado la fe en la inmortalidad no la pierde del todo nunca. Y todos la hemos tenido, pues cuando nacemos no tenemos noción de que nuestra vida tenga un fin; la conciencia de la muerte individual es aprendida. Y por último están los que prefieren no hablar del tema: con ello no se aquieta el pensamiento.

En definitiva, según Unamuno, la razón es desconsoladora. La ciencia (razón) como sustituta de la religión (fe) siempre ha fracasado y fracasará: satisface las necesidades intelectuales, pero contradice las afectivas/volitivas. Además, la razón es escéptica y relativista (disolvente). El triunfo de la razón es disolverse a sí misma. Verdad y necesidad son relativas. La verdad es coherencia. La necesidad absoluta no existe, siempre es condicionada. En conclusión, ni el sentimiento logra hacer del consuelo verdad, ni la razón logra hacer de la verdad consuelo.

Razón y fe: opuestas pero inseparables

Así pues, razón y fe (vida) son dos enemigos irreconciliables, según Unamuno (la vida pide inmortalidad y la razón niega los dos pilares básicos sobre los que se asiente). La inteligencia te hace desaparecer, disolverte en el mundo; la voluntad te lleva a apropiarte del mundo, a hacerlo tuyo. Sin embargo están condenadas a entenderse, pues no puede sostenerse la una sin la otra; mantienen una relación dialéctica. La fe pide ser racionalizada, hacerse comprensible (para ser transmisible para mí y para los otros, tengo que traducir lingüísticamente, racionalmente, mis anhelos), y la razón sólo puede actuar sobre lo irracional, necesita una base sobre lo que partir, sobre la que construir, pues es relacional. La razón es formal; necesita materia, contenido, que es irracional.

De ahí la imposibilidad de optar sólo por una de ellas, y la tensión permanente en toda la historia de la filosofía, que puede verse como una lucha entre ambas. Y en ese equilibrio precario se mantiene y se define el cristianismo: es imposible tanto uno tradición puramente racionalista como puramente fideísta. La postura de Unamuno es aceptar el conflicto como tal, vivir en éste. Esa desesperación puede ser la base de una ética decidida, vigorosa, y de una filosofía. Unamuno no apela ni al lector racionalista ni al sentimentalista puro, quiere que lo lea el hombre con razón y vida. Si no, no podrá seguirle.

Referencias:

El perdón a través de los ojos de tus padres

John Bradshaw afirma:

«No podemos encontrar la luz en nuestras vidas hasta que nos enfrentemos a la oscuridad y transformemos el dolor original que vivimos en la infancia.»

Si recordáis en el artículo anterior La huella del amor negativo en la infancia decíamos que hasta que no llega el perdón hacia nuestros padres internos, vivimos dominados por nuestro niño herido  y emocionalmente inmaduro que llevamos dentro y que busca el amor incondicional que cualquiera necesita, pero que no recibió de manera acertada en su familia.

Es por todos sabido que no hay una verdadera empatía ni perdón si ésta no pasa por ponerse en la piel del otro. Y no puedes ponerte en la piel del otro si hay una capa gruesa de rabia, miedo y tristeza que taponan la herida para que no puedas penetrar en ella. Incluso aunque ésta funcione con amnesia en algunos casos.

Es por ello que lo primero que hay que hacer es liberar la voz acallada del niño para encaminarla de modo adecuado.  El entender que nuestros progenitores no supieron hacerlo de otro modo no elimina de por sí la huella del Amor Negativo. Hay que sacar el dolor y la rabia encasquillados en forma de Egocentrismo que nuestro niño ha usado a modo de caparazón.

La liberación del dolor contenido

Este es el punto más difícil del proceso. Desde pequeños se nos ha reprimido tanto la expresión sana de la rabia que la hemos desplazado de las maneras más absurdas. La hemos enmascarado con miedo o con tristeza, o la hemos utilizado para crear alguno de los personajes de nuestra ‘identidad’ (el/la rebelde, respondón/a, inconformista) sobrevalorando su presencia a veces para otorgarnos más poder frente a los demás.

Sin embargo, cuando en un estado meditativo guiado te enfrentas a todo el dolor, el miedo, la angustia y la decepción que tienes acumulados en las entrañas hacia tu padre y madre internos (recordemos que esta ira manifestada en ese momento es hacia la imagen introyectada, no hacia los padres físicos) sientes que el dolor puede llevarte hasta el límite, no hay tabúes, no hay represiones no hay castigos ni culpa por expresar tu malestar. Simplemente sueltas, te sueltas, lo  sueltas…hasta quedarte vacío/a.

 

vacio

 

Muchas personas tratan de saltarse el paso de sacar y liberar la rabia y pasar directamente al perdón a través de meditaciones, justificaciones racionales, cartas simbólicas, etc.

Sin embargo, hoy sabemos por experiencia que sin el paso previo de vaciar el vaso lleno de barro, sólo conseguirás llenarlo de agua limpia pero que se mezclará con la suciedad anterior. Puede que eso diluya en parte el barro, pero seguirá estando el poso abajo sin que el agua llegue a estar nunca limpia del todo.

Cara a cara con la infancia de nuestros padres

Sólo cuando aprendamos a desactivar los patrones negativos heredados , tal y como explica los explica el médico y psicoterapeuta Luis F. Cámara en el siguiente vídeo, el proceso nos conducirá al contacto de nuestro propio niño con el niño de nuestros padres.

 

Una vez nos sentimos vacíos y ligeros de peso tras la descarga del dolor, nos encontramos con la decisión simbólica de ayudar o no a nuestros padres y darles aquello que ellos no nos dieron a nosotros.

A título personal he de decir, que a pesar de que algunas de las historias que encontré eran realmente duras, no hubo ninguno de nosotros durante el proceso que se negara a ayudar a sus padres y darles de manera figurada (a través de un acto similar al usado en psicomagia por Jodorowsky) todo el amor positivo que ellos no recibieron.

De un modo u otro, dentro de cada quien, existía la sabiduría que a través de esta decisión consciente se rompía el cordón umbilical del Amor Negativo y de la dependencia emocional. Desde nosotros y hacia los otros nacía el amor incondicional, la compasión y el perdón por sanar aquello que ellos no pudieron, no quisieron o no supieron cambiar.

Después del encuentro  frente a frente con el niño que fue tu padre y con la madre que fue tu madre, nunca más la relación con ellos vuelve a ser la misma. Ni siquiera aunque uno de los dos o los dos hayan muerto.

perdón

 

Más que sentir cómo ellos te cuentan su historia de vida, el proceso te acompaña a revivirla, como si realmente pudieras ponerte «en su piel» con el dolor infantil del rechazo, la soledad o la incomprensión que ellos mismos hubieran experimentado y que de manera inconsciente te transmitieron a ti en forma de automatismos, creencias y carencias.

Dicho esto ¿significa entonces que ya nunca más va a ofenderte un chantaje emocional o una sobre exigencia de uno de los dos? ¿Significa que vas a ser inmune a su intento de dirigir tu vida o la negligencia de sobreprotegerte? ¿Entonces tendrás que tragar y sonreír cuando salte algún automatismo suyo porque ya les he perdonado? En absoluto se trata de eso.

Sencillamente aprendes poco a poco y de forma natural a no reaccionar contra ellos, a ver las cosas tal y como son, a relacionarte con ellos -y con todos aquellos de tu entorno en los que proyectes a tus progenitores- no desde el niño que se siente herido (aún sin haber sido consciente de ello), sino desde quien eres en el momento presente. Dejas de relacionarte con la imagen que tienes grabada de tu madre y tu padre interno (ya sea que los rechaces o los idealices) y lo haces con ellos tal cual son.

Podría afirmar que de alguna manera se activa un botón cuando sus patrones negativos aparecen y de forma automática pudieras «ver» a su niño herido detrás de sus ojos de adulto. Y todo se hace más fácil.

 

padres

 

Muchos y muchas podréis pensar que no hay forma exacta de probar si lo que experimentas allí, reviviendo su infancia, es literalmente cierto o si creamos con la imaginación aquello que queremos ver. Y tenéis razón, no podemos saberlo. Pero realmente no importa.

Incluso aunque ya hay numerosos estudios que demuestran que las zonas del cerebro que utilizamos para percibir objetos y aquéllas que usamos para imaginar objetos se superponen,  «el recuerdo imaginado» puede dejar en nuestro cerebro la misma marca que un hecho realmente ocurrido.

Y en este caso, la marca que te deja el perdón y la reconciliación con tus padres internos es de una magnitud extraordinaria. Te cambia por completo.

Hoffman nos recuerda que para llegar a este punto de liberación tendremos que:

-Llegar a una comprensión sin condena de nuestros padres biológicos y nuestros padres sustitutos

-Tener compasión por la infancia que ellos vivieron.

-Perdón por lo que ellos nos hicieron y por lo que les hicieron a ellos.

-Aceptarlos totalmente como son y como fueron

-Poder amarlos incondicionalmente por lo que ellos son sin expectativas frustradas ni idealizaciones irreales.

El perdón en la herida del dolor original 

LLegamos finalmente el encuentro con tu niño interior ya que esa herida infantil  auto-congelada en el tiempo, salta cada vez que nos volvemos a sentir heridos y no nos prestamos atención. 

Este encuentro con nuestro niño olvidado, puede que sea doloroso y difícil ya que es probable que este niño esté asustado o puede que esté muy enfadado contigo. Hasta puede que seas tú la que estés muy enfadado con él «por lo mal que se portaba y lo que hacía sufrir a tus padres».

Sea del modo que sea, este proceso te ayuda a que el niño emocionalmente herido vuelva a confiar en ti poco a poco,  a que no se sienta juzgado ni abandonado y a que le animes a madurar para convertirse en un adulto consciente y afectuoso.

¿Y cómo sucede este encuentro? Hoffman sustenta que cada uno de nosotros estamos formados por cuatro partes: el niño emocionalmente herido, el intelecto adulto, el yo espiritual y el yo físico corporal.

Cuando logramos reeducar el Intelecto Adulto Sabelotodo (la razón) para que acalle su voz crítica y beligerante en forma de pensamientos obsesivos,  y se ‘reconcilie’ con el Niño Interior Quejica (la emoción) -que está «a la que salta»-, se produce una sinergia, algo así como un pacto entre ambos que se manifiesta a un nivel corporal y espiritual en un acto de auto validación y equilibrio.

Experimentar de forma real ese acto de validación y aceptación plena de ti, es liberarse, -en el sentido literal y hasta corporal-, de un gran peso. Es como si un plomo que se ha quedado instalado en el pecho, saliese despedido hacia fuera y pudieras respirar profundamente y sin presión.

De algún modo se trata de volver a estar apegado a la familia de origen al mismo tiempo que has cortado el cordón umbilical negativo, pues de todos es sabido que no puedes separar algo que no haya estado unido antes.

Llegar a tu propio perdón a través de la mirada de los ojos de tus padres es sin lugar a dudas un acto único para ser más tú y permitir que ellos sean más ellos.  Y si te equivocas o se equivocan contigo: más compasión y menos juicio.

Puede que no todos ni todas quieran, puedan o necesiten pasar por este proceso. Aunque así fuera, no dejéis escapar la oportunidad un día de volver a mirar a los ojos a vuestro niño o niña interior y que os sonría. Os aseguro que es una cura para el alma.

 

*Nota: se ha usado el término niño interior y el modelo familiar de padre y madre por congruencia expresiva, pero así mismo este texto se aplica por extensión, a todos los modelos posibles de familia y a la niña interior.

 

Referencias bibliográficas:

-Hoffman, Bob El proceso Hoffman de la Cuadrinidad, Ed. Urano, 1992.

 

Pokémon, Tinder y los peligros de Internet.

Internet es, en mi humilde opinión y con todas los legítimos motivos que tenemos para criticarlo, la mayor revolución cultural de la historia moderna. Entre otras cosas porque ha ocasionado que vivamos a dos niveles, el nivel real y el virtual; construimos nuevas identidades en la red, nos relacionamos, nos enamoramos y rompemos amistades utilizando las redes sociales.

Tinder y Pokémon: Algunas claves.

Después del boom de las redes sociales clásicas, articuladas todas en torno al modelo Facebook, ha habido dos aplicaciones que han tenido un impacto brutal sobre los usuarios de dispositivos móviles con acceso a Internet.

La primera ha sido Tinder y sus múltiples hermanas, todas aplicaciones basadas en la misma premisa, la búsqueda del amor (o del sexo) a través de Internet, un método directo,  sin intermediarios, de tener acceso al mercado del «amor» en el que ¿todo es posible? La ilusión de tener a nuestra disposición millones de posibles parejas es algo que supone una realidad psicológica completamente nueva. Aún no sabemos cuales pueden ser la consecuencias a largo plazo en las relaciones de pareja que se puedan construir o las que puedan romperse por este motivo. Si sabemos algo sobre la paradoja de la elección y cómo el tener muchas opciones perjudica a nuestra capacidad para elegir adecuadamente y finalmente nos lleva a la insatisfacción.

La segunda de estas aplicaciones estrella ha sido, por supuesto, aquella de la que todo el mundo está hablando: Pokémon Go. Como la mayoría de la gente sabe, Pokemon es un juego de la era Gameboy rescatado por Nintendo para los nuevos dispositivos Smartphone. La premisa siempre ha sido tan sencilla como adictiva. «Hazte con todos».

En la versión original el jugador recorría un mundo virtual cazando a estas criaturas y entrenándolas para luchar en diferentes batallas contra otros entrenadores de pokémon. En su reinvención para móviles el juego ha tomado una nueva dimensión. Los pokémon ya no están en un mundo virtual. Están repartidos (virtualmente) por el mundo real, de esta forma la aplicación ha conseguido llevar la realidad virtual por primera vez a un nivel tan masivo. Puedes (debes) jugar en todos los lugares y en todo momento, nunca sabes dónde puede estar esperándote ese pokémon que ansías, aquel que te dará la ilusión de poseer algo especial, cuando en realidad no posees nada real, los mecanismos consumistas  se activan. ¿Qué mejor negocio que hacer a la gente consumir algo intangible, algo que en el mundo de la realidad física no existe? 45 millones de usuarios activos diarios ha llegado a tener el juego, un fenómeno global sin precedentes ¿Un peligro para la humanidad? Probablemente no, pero tal vez si es una señal importante de los tiempos que están por llegar.
pokemon

La pregunta ahora es ¿Qué podemos esperar después? Las gafas de realidad virtual, a la vuelta de la esquina, prometen traer muchas sorpresas y tal vez también algún peligro.

Patologías de Internet

Un cambio de esa magnitud naturalmente tiene que tener su reflejo sobre la salud mental de los seres humanos que entran en un nuevo paradigma de comunicación y de ser en el mundo.

Las patologías que este nuevo ambiente puede generar son aún muy desconocidas, aunque algunas empiezan a asomar como las nuevas adicciones a Internet, a la pornografía o al juego online, también encontramos trastornos ocasionados por la exposición excesiva a la red en personas con una vulnerabilidad previa específica (fobia social, trastornos de la alimentación que beben de los foros de Internet, psicopatías y parafilias variadas, etc…). En cualquier caso siendo un tema muy nuevo aún no podemos determinar el impacto real de Internet en nuestras vidas.

Por poner un ejemplo, es seguro que ya existen patologías relacionadas directamente o que se expresan a través de Pokémon Go, sin embargo los cambios sociales son tan rápidos que es probable que para cuando pueda hacerse un estudio del impacto de la aplicación en la salud mental Pokémon Go haya dejado de existir y otra aplicación distinta haya tomado el relevo con lo que nuevos estudios deberán hacerse. Los cambios sociales en este momento, tan marcados por las nuevas tecnologías hacen que sea prácticamente imposible para la ciencia seguir el ritmo.

adicción móvil

Sin embargo, en nuestra vida cotidiana si podemos detectar algunas claves. De entrada podría decirse que el uso de Internet se convierte en patológico en el momento en el que empieza a reducirse de forma sustancial el número de satisfacciones que la persona encuentra en su vida en pro de un mayor uso de la red. Es fácil encontrar gente que huye de las interacciones directas para esconderse tras diversas máscaras virtuales que les permiten, en el mejor de los casos, ocultar las cosas que no aprecian de si mismos, y en el peor desarrollar una identidad totalmente nueva, olvidando la real.

Conviene recordar que ninguna de estas aplicaciones, ni las redes sociales, ni los smartphones, ni el propio Internet son malos por si mismos, tienen potencial para ser algo bueno o malo, depende de nosotros y del uso que les demos.

Depende, en definitiva, de que seamos capaces de distinguir lo real de lo virtual. Al fin y al cabo, este es el gran problema de Internet ¿Dónde está la realidad? ¿Lo que sucede en la red podemos integrarlo en nuestro mundo o constituye una ilusión que nos atrapa y nos impide ver lo que sucede a nuestro alrededor?

Es aquí, en la zona gris del poder omnipotente que promete Internet donde la patología encuentra el terreno abonado y listo para plantar sus semillas.

¿Eres auténtico? Ideas claves de la gestalt de F. Perls

Hay muchas «ideas clave» en la terapia Gestalt. Hoy he querido recoger algunas de sus frases que aunque no estés familiarizado con su obra, creo que te pueden hacer reflexionar. Su teoría básicamente está encaminada a hacernos responsables de nuestra vida, de nuestras creencias, y lograr trascenderlas.

Pararnos, y sentir lo que somos en cada instante.

Ser auténticos.

 gestalt

 

Preceptos de la Gestalt

Estos son algunos preceptos preceptos clave de la terapia Gestalt. A mí siempre me han resonado mucho. No hace falta que seas psicólogo o que seas un profesional de la salud, para que estas ideas formen parte de tu vida. Si las haces tuyas, tendrás una vida más «consciente» y una apertura de mente mayor.

 

 1- Vive ahora, es decir, preocúpate del presente más que del pasado o el futuro.

2- Vive aquí, es decir, relaciónate más con lo presente que con lo ausente. Deja de imaginar: experimenta lo real.

3- Abandona los pensamientos innecesarios; más bien siente y observa.

4- Prefiere expresar antes que manipular, explicar, justificar o juzgar.

5- Entrégate al desagrado y al dolor tal como al placer; no restrinjas tu percatarte.

6- No aceptes ningún otro debería o tendría más que el tuyo propio.

7- Responsabilízate plenamente de tus acciones, sentimientos y pensamientos.

8- Acepta ser como eres.

 

Ser auténtico

Es fácil decirle a alguien «abandona los pensamientos innecesarios»… ¿Pero sabemos cuáles son los pensamientos innecesarios? ¿Sabemos qué es lo que los impide ser auténticos? ¿Ser nosotros mismos?

La dificultad estiba en poder «ver» esas creencias, que aunque no seamos conscientes de ellas, están actuando en nuestra vida. Y para eso muchas veces necesitamos a un terapeuta o un buen amigo que nos escuche atentamente, con plena presencia, para ir soltándolas una a una. Alguien que te escuche, y ante una incongruencia en nuestro discurso, nos pregunte… ¿te has dado cuenta de lo que has dicho? Normalmente de esa forma podemos ir tomando consciencia de que  muchas veces «hablamos» ideas que no son nuestras. Y que ni siquiera creemos en lo que estamos diciendo. Ante una pregunta así, podemos parar, y probablemente diremos… «¡Dios mío… pero si eso es lo que me decía mi madre cada vez que yo hacía X o Y…!».

Muchos teorías espirituales dicen que estas «creencias» que actúan desde el inconsciente en nuestra vida son «programas» que instalaron en nuestra mente durante la infancia, y que siguen activas en nosotros. Estos «programas» son cualquier cosa que escuchamos de niños, a las personas de «autoridad» y que «hicimos nuestras». Y sin darnos cuenta, actuamos según esas ideas que se quedaron grabadas en nuestra mente.

Es probable que ahora mismo estés pensando que tú ya eres auténtico, que ya «cortaste el cordón» con tus padres y familiares, que ya haces lo que quieres, cuando quieres y cómo quieres… Pero siento darte esta mala noticia. Probablemente, aunque creas que lo has hecho, no lo has hecho en absoluto. De hecho, me temo que puede llevarnos toda una vida deshacernos de todas las ideas que  no son nuestras pero a las que seguimos rindiendo pleitesía.

 

Hacernos responsables y adultos

Actualmente pensamos que hacernos responsables es independizarnos, pagar nuestras facturas, formar nuestra familia y una largo etcétera de cosas que hacen los «adultos». Pero según la terapia Gestalt eso está bastante lejos de hacerte adulto. Puedes tener cincuenta años, ser directivo de una gran empresa y tener cinco hijos, y seguir actuando de forma «irresponsable». Seguir siendo un Ser «no auténtico».

Ser adulto es ser plenamente responsable de nuestros actos, pensamientos, creencias, limitaciones, neurosis… y actuar en consecuencia.  Ser «consciente» de todo ello. Podemos actuar como niños en un momento dado, pero tenemos que ser consciente de lo que estamos haciendo. Y ser consciente de que eso que estamos haciendo no es lo más adecuando ni para nosotros ni para las personas que nos rodean.

Ser adulto y auténtico generalmente entraña la necesidad de mostrarse vulnerable. Algo que a los adultos neuróticos de hoy en día nos resulta aterrador. Pero difícilmente conseguiremos ser auténticos sin habernos dado el permiso para hacernos antes vulnerables. Para mostrarnos tal cual somos, desnudos, sin importarnos lo que nadie pueda decir de nosotros. Una vez que nosotros mismos dejamos de juzgar a los demás, no nos afectarán sus juicios.

 

El insight

Hace unos días estaba hablando con un amigo y fui consciente de varias creencias que había heredado de mi madre sobre el amor y la amistad. Yo las creía totalmente superadas, pero me di cuenta de que no era así. Es más, como si estuviera  en una de esas experiencias cercanas a la muerte, vi ante mi una película de todas las veces que había actuando según esas creencias. Y no puede evitar un «¡Mierda! ¡Pero cómo es posible que esto siga actuando en mi vida!»…

Así que reflexioné mucho sobre dichas ideas. Y me permití a mí misma el ser totalmente vulnerable y hablar con algunas personas a las que probablemente había hecho daño actuando como lo había hecho.

Y ahí es cuando te das cuenta de que cuando sí que eres auténtico, cuando sí que actúas sólo bajo tus propias ideas y creencias, el Universo te devuelve paz. Y tu encuentras la paz en ti mismo.

¿El problema? Que ser auténtico implica estar en alerta todo el tiempo. Estar presente, en tu centro, escaneando tus pensamientos, tus reacciones, tus juicios. Saber cuándo actúas bajo tus ideas, o estás «comprando» el amor, la aprobación o la aceptación de los demás.

¡Suerte!

 

Ideas clave de Perls que nos harán reflexionar

El desarrollo y crecimiento personal

“No encontrarán ningún animal -excepto el animal doméstico, ya infectado por la humanidad- ninguna planta que se impida el propio crecimiento.”

“Cada vez que rechazas el contestar una pregunta, ayudas a la otra persona a usar sus propios recursos.»

“La mayoría de los hombres modernos vive en un «trance verbal». No ven ni escuchan, y el despertar toma bastante tiempo.”

“Miedo a la muerte significa miedo de la vida.”

“Crecer significa «ser solo» (al-one).”

“Hay dos grandes mentiras: «yo quiero» y «yo trato».”

La responsabilidad

“Hay dos grandes mentiras: «yo quiero» y «yo trato».”

«Intentar es mentir. Lo intentaré quiere decir que no tienes intención seria de hacerlo. Si de veras piensas hacerlo, di: «lo haré»; y si no, di: » no lo haré». Hay que hablar claro para pensar claro y obrar claro»

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Nuestro Ser y nuestras percepciones

“El organismo lo sabe todo. Nosotros sabemos muy poco. La intuición es la inteligencia del organismo.”

“Sé como tú eres, de manera que puedas ver quién eres y cómo eres. Deja por unos momentos lo que debes hacer y descubre lo que realmente haces.  Arriesga un poco si puedes. Siente tus propios sentimientos. Di tus propias palabras. Piensa tus propios pensamientos. Sé tu propio ser. Descubre. Deja que el plan para ti surja dentro de ti.»

“Al no vivenciar necesidades e impulsos, la auto-regulación organísmica se deteriora, necesitando confiar en regulaciones moralistas.”

«Abandona tu mente y dedícate a tus sentidos»

«La percepción per se -en sí y por sí- puede ser curativa»

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Los «deberías»

“Amigo, no seas perfeccionista. El perfeccionismo es una maldición y un esfuerzo. Es perfecto si te dejas estar y ser”

“Acercadeismo y deberías: 100.000 órdenes, mas ninguna consideración sobre el aguante que esta persona efectivamente tiene para acatarlas. Y más aún, la mayoría de la gente cree que este «tú debes hacer esto, tú debes cambiar, tú debes, etc,…», es una fórmula mágica que va a dar algún resultado.”

Los otros

“La conciencia es subjetiva. Nos percatamos de nosotros por medio de nuestro cuerpo y de nuestras emociones. Nos percatamos del mundo por los sentidos. No puedo percibir tu conciencia. Conozco sólo tu conducta observable y lo que estés dispuesto a compartir.”

“Si tienes dificultad en comunicarte con alguna persona, busca en los RESENTIMIENTOS. Encontrar aquello con lo que estás resentido y EXPRESARLO y hacer que tus exigencias sean explícitas.”

«Si uno se siente incómodo con alguien puede estar seguro que no hay una comunicación verdadera. Tan pronto como uno expresa genuinamente desaparece toda la incomodidad.» 

«El contacto es la apreciación de las diferencias». Puedo estar contigo únicamente si estoy seguro de que tú eres «no-yo». Lo contrario es la confluencia (fluir con).”

El «aquí» y «ahora»

«La angustia es la brecha entre el «ahora» y el «después».»

«Estar presente ahora consiste en unir nuestra atención y nuestra conciencia».

La terapia Gestalt

“El terapeuta busca constantemente las formas de estar en contacto con el «cómo» de los sucesos que ocurren en el presente. Atiende el flujo de la conciencia del paciente.”

“La meta de la terapia es asegurarnos que el paciente llegue a conocer cuando se experimenta a sí mismo, cuando percibe su mundo y cuando hace uso de su intelecto.»

«En la terapia, estamos involucrados críticamente con el proceso intelectual (ZIM o zona intermedia) como la forma de existencia que imposibilita que nos experimentemos nosotros mismos y evita que veamos y oigamos el mundo».

«El paciente descubre cómo usa la cabeza para bloquear la experiencia y la percepción».

“El método básico es por medio de la conciencia continua. Se pide al paciente que exprese, alternadamente, en voz alta, la conciencia que tenga de sí mismo y el mundo. Interrúmpasele cuando incluya sus pensamientos…”

“Al trabajar con el medio continuo de la percepción, el cliente comienza a experimentar lo que significa «dejar que las cosas ocurran».

“Cuando el paciente haya aprendido a compartir su percepción de su propio cuerpo y de sus emociones, tal como fluyen, hágase que deliberadamente añada su fantasía. Ejemplo: «Veo tu cuerpo…ME IMAGINO QUE ESTÁS… Yo me siento…»

“Al principio, antes que el paciente haya tenido una conciencia clara de sí mismo, dice que «ve» tristeza, que «siente» fracaso, que «sabe» que alguien lo va a culpar. Presenta como un hecho establecido las diversas variedades de lo que imagina.”

«Al comenzar la terapia «Más del 90% de lo que ocurre es proyección».»Confía siempre en la Gestalt que surge», «con el tiempo algo surgirá».»No empujes el río; fluye por sí mismo». «El flujo interno de los acontecimientos es el estado humano natural». Cada uno de nosotros, en cualquier momento, estamos «interminados o no resueltos emocionalmente», y la naturaleza del flujo emocional es permitir que se transforme en conciencia lo no terminado.»

“Cuando el paciente no indica percepción de lo que a nosotros nos parece un fenómeno evidente y claro, podemos hacer algo mejor que esperar: podemos compartir nuestra percepción. Lo que interesa es percibir al paciente con suficiente claridad para saber si permite el proceso de su propio flujo o si se detiene a sí mismo.”

“Vigílese el retraimiento del paciente, para descubrir qué es lo que evita. Si se siente incapaz de enfrentarse a lo que ocurre en torno suyo en el momento presente, puede pedirle que cierre los ojos y se aleje a fantasear, como quiera. Cuando regresa, se compara el lugar al que ha ido en su fantasía, con la situación aquí y ahora.”

 

 

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Ser feliz: la aventura de amar

Ser feliz es un camino que empieza por la reconciliación interior, por mirarnos bien a nosotros mismos, por abrazar con amor y respeto a todas las partes que nos habitan. Ya sé que a veces vemos comportamientos de alguna parte de nosotros que no nos gustan… y, claro, nos cuesta abrazarlos… De cómo reconciliarnos con ellos es de lo que hablo en este nuevo artículo.

Una de las claves para ser feliz es comprender compasivamente este tipo de comportamientos que a veces tenemos, que a veces son, precisamente, «eso» que no te deja ser feliz… — ¿Feliz? Ay, ¿cómo voy yo a ser feliz con “eso” que tengo…?

 

Ser feliz

 

Observar sin juzgar

Lo primero que podemos hacer es acercarnos a esa parte de nosotros mismos que hace algo que no nos gusta en actitud de respeto y escucha. Observar, simplemente, observar sin juzgar, sin necesidad de cambiar nada… Preguntar a esa parte de nosotros mismos ¿que quieres conseguir? y abrirnos a la sorpresa…

Un cliente me decía que cuando entraba en contacto con la mujer que le gustaba se ponía muy nervioso. Reaccionaba con ansiedad por decir algo interesante o gracioso, algo que hiciera que ella tuviera ganas de quedar con él más veces, de llegar a tener una relación con él… Era tal su ansia que ella en vez de acercarse, se apartaba. Y así cada vez… Estaba muy enfadado con esa parte de él…

Le pedí que dijera a esa parte de él que imaginara que ya había conseguido lo que quería, que la chica tuviera una relación con él… Y que me dijera como se sentía… Peor, más nervioso aún… Imaginaba todo el tiempo que “tendría” que pasar con ella… Ella acabaría por conocerle y no le iba a gustar…

Lo que esa parte de él que se ponía nerviosa quería conseguir era gustar a la chica… Así que le pedí que sugiriera a esa parte de él que imaginara que a la chica le gustaba como era él y como era su vida, que su relación se consolidaba y duraba años… toda la vida… Luego le dije,

 — Y ahora que todo esto ya está ocurriendo, me gustaría que preguntases a esa parte de ti que quiere conseguir a través de esto que sea aún más importante

—  Que sienta que yo valgo, que me sienta aceptado y valioso tal y como soy — respondió él con sorpresa tras un largo silencio— Y yo seguí preguntando…

—  Y a través de eso, ¿que quiere conseguir esa parte que sea aún más importante?

— Que yo me acepte a mí mismo, que me valore a mi mismo…

— Y a través de eso, ¿que quiere conseguir, aún más importante?

— Que yo esté en paz, que me sienta en paz

Cuando nos abrimos a escuchar a esas partes de nosotros que no nos gustan, nos podemos sorprender de los mensajes que surgen de sus profundidades. Ese hombre que estaba buscando la aceptación de la chica, en realidad quería encontrarse con la aceptación de sí mismo… Ese hombre que en el proceso de buscar la aceptación se ponía nervioso, en realidad, lo que quería encontrar era la paz…

Ser feliz

 

Escuchar la intención positiva

El trabajo ericksoniano y la PNL asumen que todo comportamiento humano tiene una intención positiva. Quiere hacer algo bueno por ti. Ya sé que parece paradójico que esa parte de ti que quiere conseguir la paz, se ponga ansiosa para ello… que esa parte de ti que quiere que te aceptes a ti mismo, busque esa aceptación en el otro… Ya sé que es paradójico pero cuando exploramos lo que quieren obtener nuestras partes internas observamos muchas veces estas paradojas… Y podemos ir preguntando a la parte con  esos sucesivos “¿que quieres conseguir?” para ir descubriéndolas.

Y luego preguntarnos también, como hice con mi cliente,

— ¿Qué has aprendido de esto?

— Que no necesito mirar a otra persona para empezar a mirarme bien a mi mismo

— ¿Y que vas a hacer con esto?

— Dejar de echar afuera la culpa de mi ansiedad y arreglar las cosas conmigo mismo para aceptarme y estar en paz

El síntoma nunca es el problema. Cuando profundizamos en el síntoma, vemos que hay debajo y encontramos el problema. Cuando descubrimos la intención profunda de nuestras partes internas, encontramos su intención positiva, aquello de bueno que quieren hacer por nosotros.  Y es entonces cuando podemos elegir mantener esa intención positiva, honrarla y respetarla, y obtenerla de otra manera que sea más saludable y eficaz para nosotros.

Habrá quien me diga que no sabe que quiere conseguir esa parte de él o ella que hace algo que no le gusta. Y eso está bien. Lao Tzu decía:

“Las personas son difíciles de guiar
cuando creen que saben las respuestas.
Cuando saben que no saben,
encuentran su propio camino”.

Si sabes que no sabes puedes encontrar más fácilmente tu camino porque estás abierto a escuchar… a escucharte a un nivel más profundo. Y eso es precisamente lo que necesitamos aquí, quedarnos en silencio y esperar a que la respuesta llegue. Puedes darte permiso para “apagar” momentáneamente tu mente racional y esperar en silencio. Sin ir a buscar la respuesta. Que sea la respuesta la que te encuentre a tí.

Quizá al principio no sea fácil, simplemente, porque no estamos acostumbrados a darnos este espacio íntimo para escucharnos a un nivel más profundo. A pesar de ello, puedes concederte tiempo para explorar. Tómate tu tiempo. Puedes concederte todo el tiempo que necesites. La mente tiene horror al vacío. Confía. La respuesta acabará apareciendo. Y con el entrenamiento el proceso se irá haciendo más fácil.

 

Ser feliz: la aventura de amar

 

¿Cómo te relacionas con esa parte de ti?

Quizá también puede ocurrir que estés enfadado con esa parte de ti que hace cosas que te disgustan y… haya que mejorar la relación con la parte antes de hablar con ella… Las partes de nosotros son como las personas. Si las ignoras o las rechazas, no querrán hablar contigo… Si tú sintieras que otra persona te rechaza, te ignora… ¿estarías dispuesto a abrirte a ella en confianza, a hablarle de forma íntima?

Cómo decía al principio, lo primero que necesitamos es acercarnos a esa parte de nosotros mismos que hace algo que no nos gusta en actitud de respeto y escucha. Ya sé que mi mente racional no lo comprende pero seguro que quiere hacer algo bueno por mí.

También necesitamos no quedarnos en la superficie del asunto sino profundizar. Quizá la primera vez que le preguntes a la parte ¿qué quieres conseguir?, te responda “venganza”, y no te sientas muy confortable con esa respuesta. Tranquilo, tranquila. Sigue preguntado y a ver a dónde te lleva eso. Puedes decir a la parte que imagine que ya ha conseguido su venganza y pedirle que vaya más allá, preguntándole:

— Ahora que ya has conseguido tu venganza, que quieres conseguir a través de ella que sea aún más importante

Quizá su siguiente respuesta sea “que te sientas protegida/o” y ya te sientas más confortable con esta segunda respuesta. Puedes profundizar todo lo que quieras. Sólo tienes que apuntar cada respuesta, cada resultado que la parte desea, y utilizarlo para preguntar de nuevo que quiere conseguir a través de ello que sea aún más importante.

Con las partes internas nos pasa como con las personas. Cuando hallamos un terreno común, unos intereses comunes, nos acercamos. Cuando nos damos cuenta de que quieren hacer algo bueno por nosotros, nos reconciliamos con ellas. Aunque hayan podido estar equivocadas, sentimos compasión y agradecimiento por su intención positiva. Como una madre que quería lo mejor para su hijo pero no acertó en la forma de dárselo.

Cuando somos capaces de aceptar todas las partes que nos habitan, somos capaces de reconciliarlas y de hacer que trabajen en equipo, a favor nuestro.

 

Ser feliz

 

La aceptación

Otra forma de hablar de esto es hablar de  “Quiero X pero hago Y”. Muchos de los temas que llegan a la consulta se pueden plantear en estos términos de dualidad “Quiero X pero hago Y”. “Quiero adelgazar pero como helado cada noche”. Así que hay una parte de mí que quiere “X” y otra parte de mí que hace “Y”. Normalmente tiendo a rechazar a esa parte de mí que come helado y cuanto más la rechazo, suele ocurrir que… más helado como y más a menudo… Y cuando el Plan A falla (rechazar esa parte de mi que tiene el problema), es bueno saber que existe un Plan B (aceptarla).

Quizá simplemente necesito escuchar y aceptar a esas partes de mí, confiar en que quieren hacer algo bueno por mí, para empezar a resolver. La parte que quiere que adelgace, quizá simplemente quiere que esté sano físicamente. La parte que come helado quizá simplemente quiere calmar mi ansiedad, que esté sano emocionalmente. Y la intención de relajarse es una intención positiva que merece ser honrada, protegida, merece ser mantenida. Y a partir de ahí, hay tantas maneras de obtener esa intención positiva, hay tantas maneras de relajarse distintas de comer helado cada noche… Así que puedo mantener mi intención positiva y obtenerla de otra manera.

La aceptación de esas partes de nosotros mismos que no nos gustan supone el inicio del cambio que conduce a la resolución del problema.

 

Ser feliz

 

“La aceptación es el principio del cambio” (Stephen Gilligan PhD)

“Todo cambio empieza por una reconciliación interior” (Luis Bueno)

“Lo que rechazas, te somete. Lo que aceptas, te transforma” (Carl Jung)

 

Estas ideas pueden entenderse a través de la historia del siguiente video.

 

 

Ser feliz: la aventura de amar

Está bien saber que la aceptación, la reconciliación interior, nos conduce a la resolución del problema. Es útil y práctico. Sin embargo, para mí no se trata de utilizar la aceptación sólo con un carácter instrumental, como un medio para conseguir un fin. Para mí lo más importante es que aceptarte tal y como eres es un fin en sí mismo y la fuente de la que puedes beber para sentirte feliz. La vida es la aventura de aprender a amar y la primera lección es la de amarte a ti mismo. Para mí de esto es de lo que  trata “ser feliz”. Ser feliz trata de la aventura de aprender a amar.

Una cliente me dijo que quería ser feliz y disfrutar de la vida. Empezamos a trabajar con eso hasta que empezaron a salir cuestiones más concretas. La primera en surgir fue “estoy peleada con todo”, en realidad, “estoy peleada conmigo misma”…

Ella es una mujer con una vida agradable, bien organizada, fácil, trabaja en lo que le gusta, se lleva bien con su familia, tiene amigos, sale… Y sin embargo siente que le falta disfrutar de la vida, que le falta sentirse feliz…

Habrá personas que no entiendan la insatisfacción de esta mujer. Yo si la comprendo. ¿Cómo alguien puede ser feliz y disfrutar de la vida mientras está peleado consigo mismo? No es fácil que lo consiga. Son tiempos de conflicto, de guerra interior… Y si no estoy bien conmigo misma tampoco voy a poder estar bien con el otro, con las personas que me rodean y con mi entorno…

Buen trato, aceptación, amor

Muchas veces detecto que el lenguaje que los clientes usan consigo mismos… no es el propio de darse buen trato. Se juzgan y se condenan duramente. Alguna vez les pregunto ¿consentirías que tu jefe te hablara de ese modo? o ¿permitirías que tu pareja te dijera esas cosas? La respuesta siempre es no… Se dan un mal trato a ellos mismos que no consentirían recibir de nadie más… Y entonces les pregunto ¿qué vas a hacer con esto?, ¿buscar una casa de acogida?

A todos nos puede pasar esto a veces. Todos hemos podido hacerlo en algún momento de nuestras vidas. Yo también. Y esa ausencia de buen trato la tenemos con aquellas partes de nosotros que nos disgustan. Quizá haya llegado el momento de empezar a darlas buen trato porque… ¿cómo no voy a ser amable con esas partes de mí que, precisamente, más lo necesitan…? ¿Cómo voy a dejar de darme amor en el momento que más lo necesito…? Es que acaso… ¿puedo dejar de amar para amar?

Ser feliz es un camino que empieza por aceptarnos a nosotros mismos tal y como somos, con nuestras luces y nuestras sombras… Y curiosamente cuando la sombra se ilumina, también se hace luz… Como hemos visto, la sombra también tiene su intención positiva… también tiene su luz…

Ser feliz es un camino que empieza por amarte a ti mismo. Incluso hay quien dice que empieza y acaba… porque cuando te amas a ti mismo tal y como eres, también puedes empezar a amar a la vida tal y como es… y empezar a sentir que la vida también te ama a tí…

Un abrazo de corazón,

Ana F. Luna

PCC Coach y Máster en Psicoterapia

Bibliografía (libros y artículos en internet):

  • Integración de partes con PNL: Libro “La Transformación Esencial”  Connirae y Tamara Andreas. Ed. Gaia
  • Integración de partes con EFT: Artículos publicados en el Boletín de la Asociación Hispana de EFT:

“Un viaje hacia la reconciliación interior (Parte 1)”

“Un viaje hacia la reconciliación interior (Parte 2)”

  • Ser Feliz: Artículos publicados en Psiquentelequia:

“Cómo Ser Feliz”

“Ser feliz: un viaje hacia la reconciliación interior,”

La entrega, un camino de no-resistencia

¿Entrega o sacrificio?

Hace poco escuché hablar en algún lugar, de cuyo nombre no es que no quiera acordarme pero no recuerdo, de la diferencia entre el sacrificio y la entrega. En realidad, ni siquiera estoy segura de que estos fueran los términos utilizados, pero si escribo hoy acerca de la entrega como un camino de no-resistencia es porque me di cuenta de cuanto cambia la acción dependiendo de la forma en que la hagamos.

Cuando realizamos una acción por la acción misma, sin ninguna expectativa, disfrutando del proceso de aquello que estamos haciendo, permitiéndonos sentir lo que sentimos, esa acción se convierte en un acto de entrega. Por el contrario, cuando ponemos nuestro empeño en conseguir algo, como el reconocimiento, el agradecimiento, que nos valoren, éxito, dinero, etc. convertimos es misma acción en un sacrificio, algo que nos cuesta un esfuerzo y que vamos a que se vea compensado.

 

¿Quién pagará el sacrificio?

Vivimos en una sociedad donde el esfuerzo es un valor importante y, sin quitar mérito a todo lo que puede enseñarnos en un momento dado, ¿por qué algo que ha costado un esfuerzo tiene más valor que algo que se ha hecho sin esfuerzo?

Os invito a acompañarme en este proceso de valorar hasta qué punto el esfuerzo nos aporta algo y hasta qué punto se convierte en un sacrificio que alguien tendrá que pagar.

Creo que el esfuerzo nos ayuda a veces a valorar las cosas o a valorarnos a nosotros mismos, ya que nos genera la sensación de superación.

Por ejemplo, caminar hasta la cima de un pico elevado, esforzarse para pasar unos exámenes, correr una maratón, hacer a alguien un regalo en el que nos implicamos personalmente, conseguir un puesto de trabajo demostrando nuestras capacidades… Son ejemplos de cosas a las que dedicamos un esfuerzo y que en un momento dado nos pueden hacer sentir bien. Sin embargo, en todos los casos mencionados hay una expectativa, una intención final que nos genera dolor si no se produce el efecto buscado: podría no llegar a la cima y sentirme frustrada, podría suspender los exámenes y sentir que no valgo para lo que estoy estudiando, no terminar la maratón y sentir que he entrenado en vano todo este tiempo, etc. Entonces el esfuerzo parece volverse en nuestra contra y puede que lo cubramos con un esfuerzo aún mayor o bien desistiendo.

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¿Existe la posibilidad de entregarse a la acción sin esfuerzo?

La respuesta es que sí, podemos actuar sin esfuerzo siempre que no pongamos la atención en el fin sino en el proceso. Dicho de otro modo, siempre que nos entreguemos al proceso sin pre-ocuparnos del resultado. El sacrificio o el esfuerzo es fruto de la resistencia, de una mente que se resiste a sentir lo que está sintiendo. Para no sentir lo que estoy sintiendo en el proceso fijo la atención en el resultado, en lo que voy a conseguir a través de todo lo que estoy haciendo. Cuando soltamos las resistencias entonces nos abrimos a vivir lo que estamos haciendo sin esfuerzo. ¿Y cómo podemos soltar las resistencias? Abriéndonos a sentirlas y acompañándonos en lo que estamos sintiendo.

Cocinar sin esfuerzo

Veamos un ejemplo, mi pareja me pide que le haga la comida y de pronto a mi no me apetece ponerme a cocinar, pero también me sabe mal decirle que no y opto por hacer el esfuerzo y ponerme a cocinar. No me voy a parar a analizar si debiera o no acceder a cocinar, baste con notar que posiblemente haya accedido por contentar al otro y con el fin de ser vista por él. El caso es que me pongo a cocinar y ahora tengo dos opciones, hacerlo desde el esfuerzo o hacerlo desde la entrega. Si me resisto a hacer lo que estoy haciendo, entonces conectaré con el sacrificio, cocinaré a regañadientes o bien “con todo mi cariño” pero buscando sólo conseguir que el otro me esté agradecido y me de a cambio un poco de su amor.

Sin embargo, puedo optar por cocinar desde el amor (y no para conseguir amor) y soltar toda resistencia a hacer lo que estoy haciendo. Entonces haré la comida con todo mi cariño, no para el otro sino por el goce mismo de cocinar. Si una vez me he puesto a cocinar sigo sintiendo que no me apetece y esa sensación de resistencia sigue ahí no me quedará más remedio que sentirla, sentirla plenamente, sentir que estoy actuando de forma esforzada y sacrificada. Y puedo parar de cocinar y decir “no, no me apetece hacer la comida” o seguir cocinando mientras siento lo que siento, tal vez rabia por estar haciendo algo que no quería, tal vez frustración por no saber decir “no”… En realidad no importa lo que haga sino si puedo entregarme totalmente a ello.

Acción sin apegos, acción libre

Cuando nos entregamos a lo que estamos haciendo la resistencia y la rabia se disipan, entonces puedo cocinar simplemente disfrutando del proceso de cocinar, sin saber si el plato saldrá rico o no, sin importar si la otra persona lo valorará o no porque ya no hace falta que lo valore, yo misma estoy valorándolo, entregándome a vivir el proceso, sentirlo y realizarlo de la mejor manera que sé, sin esfuerzo, sin sacrificio, simplemente viviendo con presencia lo que estoy haciendo.

 

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Una de las enseñanza más preciadas de la Bhagavad Gītā, texto fundamental del hinduismo, es el yoga de la acción: realizar la acción por la acción misma sin apegarnos al resultado

“Tu interés debe centrarse sólo en la acción, nunca en los resultados. Los frutos de la acción nunca deberían ser el motivo de tu acción y tampoco deberías apegarte a la inacción” (Bh.G. II,47)

Cuando olvido el amor

Incluso cuando se trata de algo que nos gusta pueden aparecer resistencias si ponemos la atención en los resultados. Incluso aquello que tanto nos gustaba se convierte en un sacrificio, porque nuestra energía se centra entonces en algo que no es lo que estamos haciendo en ese momento.

Por ejemplo, inicio un proyecto que me ilusiona y con toda la ilusión comienzo a trabajar en él entregándome por completo. Al poco tiempo comienzan a aparecer resistencias que normalmente tienen que ver con los resultados: ¿saldrá bien?, ¿les gustará a los demás?, ¿qué pensarán de mí?, ¿ganaré suficiente dinero para pagar las facturas?, ¿cómo puedo plantearlo para que el proyecto tenga éxito?, ¿valgo realmente para esto?,etc. Poco a poco la energía ilusionada con la que comencé a trabajar comienza dispersarse y cada vez me cuesta más esfuerzo dedicarme a él. Olvidé el amor que me llevó a entregarme espontáneamente a dicha actividad y claudiqué frente al miedo y la resistencia, dando las riendas a una serie de pensamientos con los que huyo de mi centro. ¿Será que no me atrevo a darlo todo, a entregar todo mi ser en el proyecto? (Donde digo proyecto valga cualquier actividad).

Cuando las resistencias aparecen, a punto de convertir la entrega en sacrificio, no podemos negarlas sin más, ya que por un lado u otro acabarán manifestándose. ¿Qué ocurre si me abro a sentir esas resistencias, sin que eso signifique que me identifique con ellas y me crea todo lo que la mente dice? Al abrirme a sentir las resistencias puedo descubrir el miedo que se esconde tras ellas y observar lo que sucede entonces en mí. Desde ahí puedo entregarme y abandonar la resistencia, hacer simplemente lo que estoy haciendo en este momento, con todo mi ser, con todas mis resistencias entregadas; darme cuenta de que el sacrificio nace del miedo mientras que la entrega nace del amor y para que el miedo deje paso al amor hay que acogerlo amorosamente.

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La sexualidad infantil

A finales del siglo XIX, Sigmund Freud desarrolla al Psicoanálisis como un método para explorar los procesos mentales inconscientes. También como una técnica para tratar las enfermedades mentales. Uno de sus constructos fundamentales es la relevancia de la sexualidad en la constitución del sujeto. En la época victoriana hablar de la sexualidad infantil era casi un pecado. En su obra Tres Ensayos de Teoría Sexual (1905), Freud expone cómo en ese momento la opinión popular asumía la creencia de que lo sexual falta en la infancia. Incluso en la actualidad hay sectores que consideran que la sexualidad sólo se activa en la pubertad, como por arte de magia.

A partir de los trabajos de Freud, se acepta que la sexualidad está presente desde la infancia y se desarrolla hasta la edad adulta. Definitivamente, los (as) niños (as) no experimentan las pulsiones sexuales del modo en que lo hacen los adultos. Es importante conocer las bases de este desarrollo para la comprensión del ser humano y su psiquismo. Aún cuando hoy este tema sigue siendo tabú, muchos de los conceptos freudianos se han insertado en el discurso social. También, han contribuido al surgimiento de otras teorías que han sido fundamentales para comprender este proceso.

sexualidad infantil

En los últimos días en mi país se ha desatado una lucha campal entre dos bandos que apoyan o rechazan un proyecto de ley. El mismo propone la educación sexual en los colegios, entre otras iniciativas vinculadas a la llamada salud sexual y reproductiva. Uno de los aspectos que crea más polémica es “hablar de sexo” con niños en edad escolar primaria. Se han expuesto argumentos válidos a favor y en contra. Igualmente se han divulgado muchos mitos sobre lo que es la sexualidad y cómo se manifiesta en la niñez. Ensayaremos esclarecer algunos conceptos básicos.

 

¿Qué es la sexualidad?

Es muy importante resaltar que en la teoría psicoanalítica, la sexualidad se distingue de la genitalidad. Tomemos como referencia la definición propuesta por Laplanche y Pontalis en su Diccionario de Psicoanálisis:

En la experiencia y en la teoría psicoanalíticas, la palabra sexualidad no designa solamente las actividades y el placer dependientes del funcionamiento del aparato genital, sino toda una serie de excitaciones y de actividades, existentes desde la infancia, que producen un placer que no puede reducirse a la satisfacción de una necesidad fisiológica fundamental (respiración, hambre, función excretora, etc.) y que se encuentran también a titulo de componentes en la forma llamada normal del amor sexual.

La sexualidad se constituye desde la infancia como la búsqueda de un placer que se apuntala en las necesidades fisiológicas pero que las sobrepasa. Freud lo ejemplifica con el chupeteo, y expone los trabajos del pediatra húngaro S. Linder. Cuando un bebé nace, su reflejo de succión existe para que pueda satisfacer la necesidad biológica de alimentarse. Además, se establece un vínculo estrecho con la madre mediante el amamantamiento, el acto de ser alimento. Es un momento idílico entre ambos, en el cuál ella lo mira y acaricia: la primera experiencia de satisfacción.

En un mundo ideal, madre y bebé permanecerían en esta situación siempre. Sin embargo, hay componentes de la realidad que los separan por momentos. Posteriormente, el niño chupetea aún cuando no tiene hambre, buscando una experiencia similar a esa vivencia anterior. Aquellos que hayan tenido bebés o los hayan observado, habrán notado que en muchas ocasiones chupetean mientras duermen. Más adelante, algunos cuidadores primarios captan este fenómeno y le ofrecen al niño un chupete, si es que no ha encontrado su dedo pulgar primero. Esto es una manifestación de la sexualidad en el infante: la búsqueda del placer en su boca aún cuando no tenga hambre.

sexualidad infantil

 

Las zonas erógenas

Durante distintas etapas de la infancia, existen zonas del cuerpo privilegiadas en la búsqueda de ese placer que queda luego de satisfacer las necesidades fisiológicas. Freud las denominó zonas erógenas, pues son fuentes de una tensión que debe calmarse, y a la vez son el objeto o el lugar en el cual se satisface. Como mencionamos el ejemplo de la boca de donde surge el empuje a succionar, y que se colma en sí misma en el chupeteo. En este sentido, la sexualidad en el infante es auto-erótica, pues se satisface en su propio cuerpo.

Como ya mencionamos, el niño no concibe la sexualidad como lo hace un adulto. Tiene sensaciones placenteras en su cuerpo, sobre todo en áreas que por su anatomía están de cierto modo predestinadas. Es en la adolescencia donde despiertan los deseos sexuales propiamente, que van dirigidos hacia un otro. Más adelante, en la vida adulta la sexualidad estará al servicio de la reproducción, y la satisfacción de las pulsiones parciales  formarán parte del acto sexual. Esto se da porque persisten en el sujeto esas formas de satisfacción de su infancia.

 

El desarrollo de la sexualidad

En su obra, Freud propuso una serie de fases (hipotéticas) del desarrollo de la organización sexual. Denominó pregenitales a las organizaciones de la vida sexual en que las zonas genitales todavía no han alcanzado su papel predominante. En su obra explica que:

Normalmente, estas fases de la organización sexual se recorren sin tropiezos, delatadas apenas por algunos indicios. Sólo en casos singulares calificables como patológicos son particularmente activadas y se vuelven notables incluso a una observación grosera.

  • Fase oral: En el primer año de vida la alimentación es la función principal en el desarrollo del infante. Durante el mismo, el placer del bebé está ligado a la cavidad bucal y los labios, que hacen contacto con el pecho de la madre. Como presentamos anteriormente, el chupeteo ejemplifica lo que ocurre en este momento del desarrollo. Consiste en el resto de placer que queda más allá de la nutrición. Se puede observar cómo los bebés se vinculan con su entorno a través de la boca, buscando introducir en ella cualquier objeto que encuentren. El destete constituye un momento crucial en el cual se le despoja al bebé de esta experiencia.

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  • Fase anal: Segunda fase del desarrollo sexual que puede ubicarse aproximadamente entre los dos y los tres años. Se caracteriza por la prioridad de la zona erógena anal. Los niños están descubriendo que pueden tener cierto control sobre sus esfínteres. La madre o los cuidadores primarios esperan que el niño tenga conciencia de esta nueva habilidad, al avisar cuando quieren ir al baño. Posteriormente, se espera de ellos que puedan controlar la salida de las heces cada vez más. Es decir, postergar el momento de evacuar hasta que lleguen al baño. Este nuevo poder adquirido de controlar sus heces produce placer. Las heces en sí mismas, son un regalo (simbólico) a los cuidadores primarios quienes promueven su independencia en este aspecto.

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  • Fase fálica: Fase que se caracteriza por la primacía del interés en los órganos genitales. Los niños en edad pre-escolar sienten curiosidad por descubrir su propio cuerpo. En ocasiones los niños pueden tocar o exhibir sus genitales, sin tener la connotación de un adulto. Además, se preguntan sobre cuestiones propias de la sexualidad como la diferencia entre los niños y las niñas, el origen de la vida, la relación de pareja entre sus padres, etc. Durante esta etapa culmina el Complejo de Edipo (que expondremos en una publicación posterior) y surgen las identificaciones de los niños por las características de los géneros masculino y femenino. Esto se puede observar en juegos de roles y el interés por diversas actividades que socialmente corresponden a un género u otro. Al finalizar esta fase, tienen más conciencia sobre el concepto de privacidad.

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  • Período de latencia: Período comprendido durante la edad escolar, antes del comienzo de la pubertad, y que representa una etapa de pausa en la evolución de la sexualidad. Según la teoría psicoanalítica, el período de latencia tiene su origen en la declinación del complejo de Edipo. Surgen las identificaciones con los padres y el desarrollo de las sublimaciones. Es por esto que en este periodo los niños se enfocan en llevar a cabo actividades relacionadas con el aprendizaje, ya sea académico o de otras áreas como el deporte y las artes. Generalmente no demuestran mucho interés en las actividades del sexo opuesto, salvo ciertas excepciones.

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  • Fase genital: Inicia en la pubertad y está determinada por la organización de las pulsiones parciales bajo la primacía de las zonas genitales. Se pasa del autoerotismo del que hablamos en la infancia, hacia el interés sexual por un objeto u otro.

 

Las teorías sexuales infantiles

Los niños son curiosos por naturaleza, desde su nacimiento exploran su entorno y a sí mismos. Estos cuestionamientos varían cualitativamente en los diferentes momentos de su desarrollo. Como ya vimos, los niños pequeños se preguntan sobre aspectos relacionados con la sexualidad. Transmiten dichas cuestiones a sus padres o cuidadores primarios y también crean teorías que los ayudan a interpretarla. Freud propone las siguientes:

  • El enigma de la esfinge: Con respecto a la diferencia de los sexos, surge la primera teoría sexual infantil. Es el supuesto de que todos los seres humanos tienen el mismo órgano genital: el masculino. Posteriormente, ante la presencia de la realidad, se dan cuenta de que no es así. Esto ocurre cuando los niños pequeños comparan sus propios genitales con los de sus padres o algún (a) hermanito (a). De acuerdo con Freud, esta teoría sexual infantil se basa en la creencia de que todas las personas tienen pene, y que a las niñas no les ha crecido todavía.
  • Teorías del nacimiento: Surgen ante la llegada de un (a) hermanito (a), o cualquier embarazo de alguien cercano. La pregunta predominante es: ¿de dónde vienen los niños? Ya que durante el embarazo el vientre de la madre crece, los niños pequeños generalmente tienen la teoría de que el bebé llegó allí por algún proceso asociado con la alimentación. Los padres y cuidadores en distintas culturas buscan responder con fábulas como la cigüeña o similares.
  • Concepción sádica del acto sexual: Sólo en los casos en los que el niño presencia el acto sexual en una edad temprano, lo interpreta como una especie de maltrato o sometimiento. Esto puede ocurrir en situaciones en las que los padres sostienen que el infante no se entera de lo que sucede por no comprender aún lo sexual. Precisamente por no tener esa comprensión y su inmadurez en el desarrollo de la sexualidad, el niño se lo vive como un acto agresivo.

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Freud apunta que estas teorías sexuales infantiles son un reflejo de la propia constitución sexual del niño. Dan cuenta de una gran comprensión, acorde con su edad, sobre los procesos sexuales. Sin embargo, luego de la primera infancia el niño renuncia a este interés de saber sobre lo sexual, y dirige sus esfuerzos a otros menesteres.

 

El rol de los padres: amor y límites

Esta temática es bastante compleja para los padres. En la actualidad se considera que es apropiado hablar con los hijos acerca de la sexualidad. La cuestión incómoda es determinar las palabras adecuadas y el momento indicado. Sobre todo, porque en nuestro mundo globalizado y tecnológico, la información está al alcance de un click. ¡Padres y madres, tranquilos! La «educación» en el aspecto sexual va más allá de las charlas sobre sexo, aunque no las excluye. A través de los cuidados y la crianza ya están contribuyendo en el desarrollo de las sexualidad de los pequeños. Vamos a abordar dos manifestaciones de este transcurso, para lo cual retomaremos el planteamiento de Freud sobre la meta de la pulsión sexual en los niños:

La meta sexual de la pulsión infantil consiste en suscitar y producir la satisfacción mediante la estimulación apropiada de la zona erógena que, de un modo u otro, se ha escogido.

Sin embargo, vivir en sociedad nos exige a todos renunciar a la satisfacción de ciertas pulsiones. O por lo menos postergar esta satisfacción a un momento más adecuado. Los padres, como representantes de esta sociedad en el hogar, transmiten estas normas a sus hijos. Los niños desde muy temprano se encuentran con estos límites que son impuestos con todo el amor que sus padres pueden ofrecerles. Consisten en la renuncia que deben hacer los infantes a esta satisfacción de la que se han servido por un tiempo.

Ejemplo de estas renuncias son: el destete, el control de los esfínteres, la prohibición de tocar o mostrar sus genitales en público. Las madres, sin saber que esto se relaciona con el desarrollo de la sexualidad, se preguntan: ¿cuándo es el momento propicio? No hay un manual que defina esto con precisión. En la conexión con sus hijos encontrarán la respuesta. Hay un saber en la madre y en la propia fisiología del niño, sobre los momentos más o menos favorables para que se den estos hitos del desarrollo. Su logro promueve la independencia de los niños en el cuidado de su propio cuerpo. Además, apoya un desarrollo sexual y psicológico adecuado, aunque en el momento estos aspectos no parecen estar vinculados.

 

Hablar de sexualidad con los hijos

Otro aspecto que crea incertidumbre en los padres es la curiosidad de los niños sobre estos temas. Y ahora, ¿cómo responder ante las preguntas de mi hijo (a)? Los padres y madres no quieren “meter la pata”. Les aterroriza plantar ideas sobre sexualidad en sus hijos que luego pueden crear más problemas. Sumado a esto, es incómodo hablar de sexo hasta con personas adultas. Pues otra vez, ¡calma! No existe una única respuesta para el bombardeo de preguntas que reciben los padres. Primero hay que mantener la tranquilidad e indagar de dónde surgen esas preguntas. Los padres pueden continuar esta conversación preguntándole a su hijo (a) qué piensan sobre eso. La respuesta que los padres den a sus hijos deben ser honestas y sencillas. No es necesario explicar más de lo que ellos han preguntado.

Padres - Hijos

Desde una edad temprana, los padres pueden inculcar en sus hijos el carácter del cuerpo como algo que se debe cuidar. Además de aspectos de salud en general, esto se refiere también a la comprensión paulatina de que los genitales son órganos privados, que no deben ser exhibidos por los niños. También, en los posible velar porque los pequeños no presencien actos sexuales que como ya hemos visto son interpretados como agresivos.

Más adelante en la pubertad y en la adolescencia, los padres pueden ser más explícitos con respecto a los procesos propios de la sexualidad. Cada familia encontrará la manera de abordar este tema de una forma satisfactoria para todos. La sexualidad es un aspecto fundamental en la constitución de la psique del sujeto. No podemos suponer que en todos los casos este transcurso de dará de forma regular o de acuerdo con lo esperado. Lo fundamental es el amor y los límites que serán el marco para el crecimiento de todo (a) niño (a).

 

Referencias bibliográficas:

  • Freud, Sigmund (1905). Obras Completas (Tomo VII), Tres Ensayos de Teoría Sexual. Amorrortu Editores.
  • Gómez Sánchez, Carlos. Freud y su Obra: Génesis y Constitución de la Teoría Psicoanalítica. Editorial Biblioteca Nueva. Edición 2002.
  • Laplanche, Jean y Jean-Bertrand Pontalis. Diccionario de Psicoanálisis. Paidos. Edición 2007.

Aprendiendo a ser padres: El control de Esfínteres

Este es el primero de una serie de artículos para orientar a padres, hermanos, educadores y cualquiera interesado en el conocimiento acerca de los distintos ámbitos que ocupan la vida de los jóvenes y adolescentes. Pero si tuviera que definir un “Target” (Un objetivo) diría que se trata de una serie de artículos para orientar a los padres en el complejo mundo que es su hijo.

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¿Qué es importante saber sobre el control de esfínteres?

Es importante establecer unos «Standars»: La edad en la que los niños controlan habitualmente sus esfínteres oscila entre los 18 y 30 meses, siendo la maduración nerviosa una condición indispensable para alcanzar dicho control. La secuencia del control de esfínteres es: Primero de los 18 meses a los 2 años los niños suelen lograr el control anal tanto nocturno como diurno; Poco tiempo después el niño anticipa la sensación de hacer pis y/o decir que está mojado; A partir de los 2 años, se produce un incremento en la capacidad de la vejiga y se inicia el control: primero, de días y algo más tarde, de noche. Entre los 3 y los 4 años debe haberse logrado tanto el control diurno como el nocturno.

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¿Cómo enseñar a vuestro hijo a controlar sus esfínteres?:

Es necesario que enséñeis a vuestro hijo a controlar la orina cuando haya adquirido la capacidad para caminar de forma firme y rápida y empiece a decir que quiere hacer pis, aunque ya se lo haya hecho encima. Es importante que le quitéis los pañales para que aprenda a diferenciar entre estar seco o mojado. El verano es una buena época para enseñarle, porque no resulta tan incómodo si se producen fallos y se moja. Al principio, es conveniente estar pendiente de las horas en las que orina y del tiempo que pasa entre una y otra micción. Una vez que calculéis las horas en las que vuestro hijo puede necesitar ir al baño, proponedle que utilice el orinal o el inodoro, pero nunca le deis demasiado tiempo, porque podría provocarle rechazo.

Es conveniente permitir que vuestro hijo pase al baño y vea cómo usáis los demás el inodoro, para que intente imitaros. Actualmente, existen suplementos que se pueden acoplar al inodoro y que a vuestro hijo le gustarán más que el orinal, porque le permiten imitar mejor el comportamiento de los adultos. Para conseguir que vuestro hijo retenga durante más tiempo su orina, es conveniente enseñarle, como si fuera un juego, a cortar y soltar el pis cuando vaya al paño. Es importante que felicitéis a vuestro hijo cada vez que lo consiga y nunca le castiguéis o critiquéis si no lo logra. Es fundamental que ayudéis a vuestro hijo a bajarse y volver a subirse la ropa interior, pero no hagáis las cosas por él.

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Problemas de la eliminación:

  • La enuresis: Es la falta de control en la emisión de orina, sin causa orgánica que lo justifique, a partir de los 4 o 5 años. La enuresis puede aparecer durante el día (Diurna), solo durante la noche (Nocturna), o en ambas situaciones (Mixta). En algunos casos se produce todos los días y en otros de forma esporádica. Aunque la mayoría de las enuresis son primarias (Cuando el niño nunca ha controlado la orina), también se pueden dar las secundarias (Cuando, después de haber pasado un periodo de tiempo controlando la orina, el niño vuelve a hacerse pis). Estas últimas suelen coincidir con algún acontecimiento negativo o estresante. La enuresis es uno de los problemas más comunes a los que se enfrentan los padres en los primeros años de vida de su hijo. Si aparece, es necesario que un profesional determine cuáles son sus posibles causas: Antecedentes familiares de enuresis, sueño muy profundo, fallos en el entrenamiento de los hábitos de limpieza, acontecimientos estresantes.

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    ¿Qué hacer ante el niño enurético? Ante todo, es fundamental que no hagáis un drama, demostrando a vuestro hijo que confiáis en que sea un problema pasajero. Tened en cuenta que cada niño es diferente, por lo que debéis evitar comparar a vuestro hijo con otros niños (Hermanos, amigos, vecinos…). Por norma general, prestad atención a vuestro hijo, alabadle cuando consiga no mojarse. Nunca le castiguéis ni le recriminéis si tiene fallos. Podéis recompensar los logros de vuestro hijo, dándole un premio especial cuando consiga no mojar la cama un determinado número de noches. También podéis recurrir a los diferentes aparatos que existen en el mercado para solucionar el problema de la enúresis. Su funcionamiento consiste en la activación de una alarma ante las primeras gotas de orina, produciendo dos efectos: Se detiene la emisión de orna y el niño se despierta.

    Es importante que impliquéis a vuestro hijo para resolver el problema, sin recriminarle: Eseñándole que no debe ingerir líquidos antes de acostarse. Enseñádle a ir siempre al baño antes de dormir. Apuntando con él, en un gráfico, qué noches se hace pis y cuales no. Ayudándolo a responsabilizarse de retirar la ropa mojada (Pijama y sábanas). Evitando ponerle pañales, porque dificulta que el niño aprenda a recibir las señales que le avisan de que desea hacer pis, aunque si podéis colocar en su cama un plástico para proteger el colchón.

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    Es conveniente que entrenéis a vuestro hijo a aguantar la orina, para aumentar la capacidad de su vejiga. Cuando os indique que desea ir al baño, pedidle que aguante cinco minutos. Una vez pasado ese tiempo, el niño irá al baño y se le debe felicitar por su esfuerzo. Paulatinamente se irán subiendo los minutos, para que pueda aguantar más fácilmente. También podéis despertar a vuestro hijo por la noche para que vaya al baño, pero es importante que se despierte del todo y que sea plenamente consciente de lo que está haciendo. A partir de los 5 años, es conveniente que acudáis al pediatra y al psicólogo, para descartar causas orgánicas y determinar la mejor forma de actuación. También existe medicación específica que se utiliza en los casos de enuresis, pero siempre debe administrarse bajo recomendación y supervisión médica.

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  • La encopresis: Es la falta de control en la evacuación de heces, sin causa orgánica que lo justifique, a partir de los 4 años. Aunque es un problema menos frecuente que la enuresis, si aparece es necesario que un profesional determine cuáles pueden ser sus posibles causas: Estreñimiento, problemas durante el entrenamiento de ir al baño, situaciones de estrés, dificultades familiares.¿Qué hace ante el niño encoprético? Al igual que los casos de enuresis, es importante que impliquéis a vuestro ijo para resolver el problema, sin recriminarle: Enseñadle a adquirir la costumbre de sentarse en el inodoro durante unos minutos, dos veces al día, al levantarse y después de la comida. Elaborando con él los horarios de defecación. Apuntando con él, en un gráfico gráfico, los éxitos y los fracasos, premiando cada éxito. Ayudándole a responsabilizarse de la limpieza en los episodios de encopresis. Alabando sus esfuerzos e interés por resolver el problema. Es fundamental que evitéis bromear, criticar y, por supuesto, castigar a vuestro hijo cuando se ensucie, porque afectará negativamente en su autoestima. Es conveniente que acudáis al pediatra y al psicólogo, para determinar si existe o no causa orgánica y determinar la mejor forma de actuación.

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Conclusión:

No existe una edad fija para que vuestro hijo empiece a controlar sus esfínteres. Llegará a hacerlo cuando esté preparado. Si sois demasiado estrictos o, por el contrario no le enseñáis, puede que tenga dificultades. Es conveniente no desatender este tipo de problemas, ya que suelen producir sentimientos de culpa tanto en vosotros como en él y un aumento de la tensión en el ambiente familiar. Para evitarlo, consultad con el pediatra, que determinará si existe una alteración orgánica. Una vez descartada es importante acudir al psicólogo para que analice y valore la mejor forma de actuación.

Llenando el nido que quedó vacío: La emancipación de los hijos

Los modelos de familia han sufrido transformaciones a lo largo de la historia, evolucionando y adaptándose al estilo de vida social de cada época. Así como en nuestra historia reciente vemos por ejemplo que en el siglo XIX y comienzos del siglo XX la configuración más común era la familia multigeneracional, que explica la presencia de varias generaciones conviviendo en el mismo lugar y  generalmente compartiendo la misma actividad económica, ya que usualmente las personas vivían en campos, su primera actividad económica era la agrícola familiar. Estos  modelos familiares se definirían hoy en día con dinámicas “aglutinadas”, en lo que se profundizará más adelante.

Esta modalidad de familia se fue transformando, individualizando y en la actualidad predomina la familia nuclear, conformada básicamente por la díada padres – hijos; por lo que se puede concluir que el modelo social de familia ha buscado más bien la individualización y parcelación, fenómeno que se puede ver más frecuentemente en occidente.

 

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En la actualidad la parentalidad está enfocada en el desarrollo de vínculos afectivos más fuertes, ya que se privilegia  la participación de ambos padres y otros actores  familiares que apunten al desarrollo de un apego seguro en el niño, que facilite el desarrollo y expresión emocional, por lo que afortunadamente (por lo menos en la mayoría de los países occidentales) los roles de género tradicionales de unos 50 años atrás, ha cambiado, gracias a la lucha y a la conquista de espacios de personas y grupos que ayudaron a facilitar la visualización de una parentalidad más nutritiva e igualitaria, mostrando la importancia y el impacto de ambas figuras parentales en la crianza, lo que generara experiencias más liberadoras tanto para padres como  para hijos.

 

 

Los ciclos vitales de la familia

Dentro de la familia se esperan que surjan ciertas crisis que son esperadas para poder evolucionar y pasar al “siguiente nivel”, estas crisis  van a moldean el carácter de la misma y va a permitir el crecimiento de los miembros de un grupo familiar, o por el contrario el estancamiento en una etapa, lo que patologizaría el desarrollo familiar.

Tenemos las crisis normativas o esperadas  y las crisis circunstanciales o inesperadas,  esto igualmente se le llama Ciclo Vital.

Crisis normativas: son aquellas crisis esperables en el ciclo de la vida. Algunos  por ejemplo son determinados por las diversas etapas biológicas, otros por condicionamientos de la sociedad. Por ejemplo: luego del nacimiento de un hijo, podemos observar una crisis (y entiéndase como cambio)   cuando ya éste debe incorporarse a un sistema de estudio formal. Igualmente por ejemplo los padres que pasan de su edad productiva a la jubilación.

Crisis no normativas: se puede define como  eventos inesperados o accidentales en la vida de un individuo o familia, por ejemplo la separación de la pareja, la muerte de algún familiar, mudanzas, entre otros. Se observa como una amenaza a la supervivencia familiar y requiere de la activación de mayores recursos para su superación.

Salvador Minuchin (1986) indica que la familia se desarrolla en el transcurso de cuatro etapas principalmente a lo largo de las cuales el sistema familiar sufre variaciones; los períodos de desarrollo pueden provocar transformaciones al sistema, un salto a una etapa nueva y más compleja:

  • Formación de la pareja.
  • La pareja con hijos pequeños.
  • La familia con hijos en edad escolar y/o adolescentes.
  • La familia con hijos adultos.

Minuchin también señaló que cada etapa requiere de nuevas reglas de interacción familiar, tanto al interior como al exterior del sistema. Sin embargo, hay familias que pueden permanecer en una etapa, a pesar de que el sistema familiar requiere de una transformación ante nuevas situaciones. Igualmente explicaba sea cual sean las características de la familia (ya sea de padres divorciados, de familia monoparentales, de familia con niños en diferentes etapas de ciclo vital, ejemplo hijo lactante e adolescente al mismo tiempo) si llegase a existir el estancamiento en alguna etapa del ciclo vital puede llevar a la disfuncionalidad familiar y manifestaciones sintomáticas.

 

 El arte de saber volar

Como ya hemos visto, dentro de la familia se espera la aparición de diversas etapas, que van a facilitar el crecimiento de la misma. Una de las etapas más difíciles dentro de una familia es cuando los hijos se marchan de casa. Dependiendo de la cultura esta etapa llega antes o después. Por ejemplo es bien sabido que en la cultura de Estados Unidos la emancipación se espera ya cumplido los 18 años. Se puede observar igualmente que en las culturas como Latinoamérica o España, esta salida de casa es un poco más tardía.

Pero entonces, ¿que hace que un proceso de emancipación sea realmente exitoso sin que ponga en riesgo la estabilidad familiar?

Primeramente hay que entender el proceso de emancipación como eso, un proceso, lo que quiere decir que son un conjunto de eventos sucesivos que generan un hecho en específico. Es decir, que una persona no se levanta un día con ganas de independizarse y emancipar, sino que hay una serie de eventos anteriores que prepararon el terreno  para que pudiese tomarse la decisión.

Este proceso idealmente debe estar preparado por los padres, quienes son el primer modelo que un hijo toma como referencia para afrontar la vida. Igualmente hay ciertos factores que  participan en la salida definitiva de un hijo de casa, como lo es la posibilidad del sostenimiento económico por sus propios medios.  En la actualidad vemos adultos aun conviviendo con sus padres, no por un tema de dificultad para separase, sino por la imposibilidad de costearse una vida de manera independiente.

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A este proceso participan características propias de las familias que favorecen o no la salida saludable de un integrante al mundo exterior de manera independiente:

Los padres, o las personas encargadas de la crianza del niño, tienen que promover el desarrollo de la independencia y la seguridad en sí mismo con actividades adaptadas para la edad que vayan moldeando el apego y generen la individualización de este niño. Estas primeras “practicas” van a generar una autonomía plena y sana que favorecerán la futura participación como adulto son en la sociedad. Para esto recomiendo leer el artículo Aprendiendo a ser padres: La Autonomía y la Responsabilidad. 

Algunas condiciones de las familias van a determinar la salida temprana o tardía de los hijos. En este sentido la Psicología Sistémica plantea varias características que se explican a continuación:

Minuchin establece un término que facilita la visualización de las características de interacción.  Introduce el término de Límites, lo cual define como el sistema de reglas que van a regir la dinámica de una familia. Junto con las fronteras familiares, los cuales permiten o no la permeabilidad de participantes o sistemas externos al sistema familiar a través de la  exposición e interacción.

  • Los límites claros, los se representan como un conjunto de reglas que permiten la adaptación ideal de un sistema familiar. Los miembros de la familia respetan espacios y conocen las funciones, roles de cada uno. De tal manera que vemos padres ejerciendo de padres y respetando el espacio de sus hijos y viceversa. Las fronteras de estas familias igualmente están abiertos lo que permite la interacción con otros sistemas familiares nutriéndose de ellos.

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  • Los límites difusos, son aquellos que pertenecen a un sistema de reglas difíciles de establecer,  se pueden observar en las familias aglutinadas, aquellas donde los miembros confunden los roles, traspasan espacios correspondientes a otros miembros, existe un exagerado sentido de pertenencia; ausencia o pérdida de autonomía personal; poca diferenciación entre subsistemas; el sufrimiento de un miembro se convierte en el sufrimiento de toda la familia.  Generalmente estas familias suelen tener fronteras cerradas o semi cerradas, lo cual establece que la influencia externa es observada como una amenaza. En este tipo de familias en algunas ocasiones la diferenciación o proceso de independencia es evaluado como una traición al grupo familiar y suele dificultar la salida (física y mentalmente) de los miembros de la misma.

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  • Los límites rígidos generalmente son representados por familias desligadas se caracterizan por miembros con pocas cosas en común. Se observa un exagerado sentido de independencia; ausencia de sentimientos de fidelidad y pertenencia; no piden ayuda cuando la necesitan; generalmente el sufrimiento de un miembro no es registrado por el resto.
  • Existe otra característica que puede dificultar la emancipación defini
    tiva de un hijo de su familia de origen y es la triangulación. Minuchin igualmente lo define como la inclusión de un tercero con la finalidad de desfocalizar generalmente el conflicto real. En otras ocasiones es llamado igualmente Chivo expiatorio. Tenemos por ejemplo, y en el caso de la independencia y diferenciación, la fusión de una madre con un hijo, con la finalidad de que no salga de casa para no confrontar los diversos conflictos de pareja presentes en el sistema conyugal, o para n contactar con su propia individualidad desde la soledad. La parentalización de un hijo también se observa como una triangulación , como se explica en el articulo Parentalización: cuando un Niño se convierte en Padre.

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En cualquiera de los  casos, tanto en familias aglutinadas como en familias desligadas, o en aquellas donde exista alguna triangulación, el proceso de diferenciación o independencia con la familia de origen se presenta con mayor dificultad, lo que hace que la experiencia de la independencia este matizada con emociones negativas como la culpa, el enojo o la tristeza, o en otras manifestaciones esta experiencia se viven con somatizaciones importantes que requieren de atención por parte de la persona que intenta emancipar, o por algún miembro de la familia.

 

El nido vacío

 

http://https://www.youtube.com/watch?v=Bq4iRAbV9hk

 

Aunque el hijo emancipe, la conexión entre ambos es un espacio que no se va a alterar por la distancia, sino que va a ser un espacio de reconstrucción de la relación. Es como volver a ser padres e hijos, pero parados desde el amor y el respeto por el espacio y la vida del otro.

La emancipación de los hijos es una emancipación igualmente de los padres. Es así que preparar la emancipación ayudara a soportar el dolor de la separación. Preparar el camino de la independencia aunque se viva bajo el mismo techo va a favorecer el éxito de la salida definitiva de este hijo. Un hijo que observa a padres autónomos confía en su propia autonomía.

Participar de la emancipación de los hijos es mostrarle igualmente la consecuencia de las decisiones que se tomen. Es participar como un orientador del camino, mas no como un permanente salvador de éste.  Generar la verdadera autonomía promueve una verdadera libertad entre ambos lo que garantizará una nueva relación basada en el respeto por la individualidad del otro, pero también apostando por el amor genuino entre un padre y un hijo.

Aunque es una experiencia difícil de afrontar, cuando los hijos marchan de casa, generalmente hay un vacío y un silencio inusual, que puede generar angustia y tristeza en los padres o en las personas que cuidaron a estos hijos. Sin embargo es una oportunidad única para volver a contactar con el espacio de individualización postergado durante la crianza. Recordando que se fue primero mujer o hombre antes de ser padre o madre, la emancipación de los hijos es una invitación a reconectarse con todas aquellas actividades o esferas de la vida que quedaron postergada por la llegad de los hijos. Vivir el duelo de la partida como un proceso natural de la vida, facilitará la vinculación en esta nueva relación y permitirá una reconstrucción sólida y permanente de la relación.

El título de este artículo va dirigido a una invitación: Fluir. Como el cauce de un río, que sigue su curso a pesar de conseguir rocas y troncos en el camino, la fuerza el agua siempre hará que el río continúe, así es la vida. Aunque nos resistamos con todas las fuerzas, la vida sigue su ciclo. Es una decisión personal el seguir luchando en contra de las fuerzas naturales, o más bien fluir con la fuerza y aprovecharla a vuestro favor.

Llenar el nido que queda vacío es una oportunidad para volver a empezar. Es un espacio único de reconstruir una relación también contigo mismo, de llenar esos espacios que hoy quedan libres con aquellos “pendientes”. Aquellas actividades, gustos, entretenciones. Si estas en pareja, a volver a verle desde el reencuentro, a volver a contactar a aquellas amistades olvidadas, a realizar aquellos  viajes apuntados en la ilusión, aquellos libros que no se habían podido leer, aquellas películas que no se habían podido ver, aquellos paseos que no se habían podido dar, aquellas artes que no se habían podido aprender, aquellos platillos que no habían podido comer. Volver a empezar aunque cause dolor, pero con la certeza de saber que tu trabajo como madre o padre fue hecho desde el corazón y ahora es un regalo para ti la oportunidad de conectarte plenamente  contigo mismo y con tu libertad.

 

http://https://www.youtube.com/watch?v=Jufn0qZK2C0