Valiente como el Patito Feo, la experiencia de los exiliados.

Cada uno de nosotros tenemos libros que llegan a nuestras manos en momentos precisos, aquellos libros que parecieran que nos hablaran al oído, diciendo: “qué bueno encontrarte, te estaba esperando”. Hay un libro en especial que llevo conmigo desde hace años,  libro que además he regalado  a varias personas, que he recomendado innumerable veces, que he prestado y vuelto a recuperar.

 

Probablemente es un libro que muchos de ustedes ya hayan disfrutado, y que desde este espacio he invitado a leer en un par de ocasiones. Este libro es “Mujeres que corren con Lobos” de Pinkola Estés.

 

Hay un capítulo que quiero compartir con ustedes en estas líneas y es el “capítulo 6: El hallazgo de la manada: La dicha de la pertenencia”. Comienza con  la introducción de uno de los cuentos más conocidos por todos: el Patito Feo. Recordemos la versión clásica de disney que seguramente muchos de nosotros hemos podido ver, por lo menos los que ya pasamos el tercer y cuarto escalón (30-40 años).

 

 

El Patito Feo

 

Es un cuento clásico  escrito por Hans Christian Andersen,  publicado por primera vez  el 11 de noviembre de 1843, algunos historiadores indican que se trata de un cuento autobiográfico.

 

Resumiendo,  se trata de un cisne que cuando estaba siendo encubado, cae por accidente en un nido de patos, desde que nace se notan diferencias con el resto de los patitos hermanos, él era más grande, con un graznido estridente, torpe de movimientos, en fin, vemos que él como miembro de la familia tiene una clara diferencia con el resto, esta diferencia no es consciente o reconocida por éste hasta que no se empiezan a producir las primeras reacciones de rechazo o de exclusión de los que están alrededor, lo que hace que él se revise y se pregunte ¿Por qué me tratan así?, buscando explicar o justificar las razones de las reacciones de sus seres queridos.

 

La familia le hace ver que no es aceptado porque es diferente, y para marcar distancia se tornan violentos y maltratadores con él (con su naturaleza). A pesar de esto tenemos a nuestro patito feo (que es un cisne) intentando ser aceptado y haciendo esfuerzos en vano por ser querido y por pertenecer a esta familia, que constantemente le dice “tú no eres igual, no perteneces a nosotros”.

 

Él se aterra y rechaza su propia naturaleza, le entristece ver esto es motivo suficiente para alejarlo. Finalmente para sobrevivir,  con resignación acepta su destino y decide marcharse. Pero aun así no renuncia a su necesidad de pertenecer a un lugar, a una familia, y en el camino hace esfuerzos por encajar en otros sistemas,  pero es rechazado y expulsado en varias ocasiones. Esto hace que se sienta profundamente solo y sobre todo que sienta pena por su propia naturaleza, ya que gracias a ella ha sido rechazado.

 

Luego, gracias al destino (o a su fuerza interior), consigue a un grupo de cisnes, lo que no puede creer: “hay más como yo en el mundo!”. Finalmente es integrado y reconocido por este grupo familiar. Que feliz se va el cisne (reconociendo ya su verdadera naturaleza), al fin un lugar donde pertenecer, ya no hay dolor, ya no hay tristezas.

 

La experiencia de los exiliados

 

 

Este cuento describe magistralmente lo que Pinkola Estés llama “la experiencia de los exiliados”. El exilio puede entenderse como el hecho de encontrarse lejos del lugar natural debido a la expatriación o expulsión, voluntaria o forzada, sin poder regresar por múltiples amenazas, donde está en riesgo no solamente su integridad física, sino muchas veces su integridad moral y psicológica.

 

Seguramente en nuestras familias, hemos tenido algún miembro o nosotros mismos hemos sido llamados “ovejas negras”, “el patito feo”, ya sea por conductas distintas, ideales distintos, habilidades distintas, por diferencias físicas, por pertenecer a otro partido político, por ser o no ser religioso, por estudiar o no estudiar,  por enamorarse de alguien que no corresponde al “estatus, a la raza, al sexo ideal”, en fin por innumerables razones, y aquel que es tildado de “patito feo, de oveja negra” irrumpe, quiebra y desafía legados familiares y culturales que no encajan con su naturaleza (salvaje), y esto es motivo de expulsión.

 

En este sentido Pinkola Estés explica:

 

“En el cuento, las distintas criaturas de la aldea contemplan al patito «feo» y de una u otra forma lo considera inaceptable. En realidad, no es feo, pero no se asemeja a los demás. Es tan distinto que parece una alubia negra entre un kilo de guisantes. Al principio, la mamá pata intenta defender al patito que cree suyo. Pero, al final, se siente emocionalmente dividida y deja de preocuparse por aquel extraño retoño”.

 

Parafraseando a Pinkola Estés, ella hace una simbología sobre la madre pata, asociándola con «nuestro yo social», es decir «el yo» frente a la comunidad o el sistema familiar, quien a principio defiende a su hijo «diferente», que en este caso sería  nuestra naturaleza, nuestra pasión particular, nuestro ideal político, nuestro trabajo soñado, etc. Pero que finalmente por la presión de la sociedad y la amenaza de también ser expulsada decide gritar “ojalá te fueras lejos”, y el hijo se va.  Es decir, finalmente en algunas ocasiones antes de ser expulsados preferimos rechazar esa parte de nosotros que es castigada por la comunidad, desconectándonos y haciendo que huya a través de nuestra negación. Es una decisión dura que algunos toman, y otros no.

 

El proceso del exilio es sumamente doloroso, ya que primero invita a la persona a rechazar su propia naturaleza, a desconocerse, a desconectarse de su propia esencia con tal de pertenecer. Lo podemos ver en aquellos niños o niñas “sobre ajustados”,  que se separan de su curiosidad y de su vitalidad por cumplir los deseos impuesto por sus padres o familias. Aquellas mujeres u hombres viviendo vidas «socialmente aceptadas y esperadas», pero separadas de sus propias pasiones.

 

 

“Las niñas que poseen una acusada naturaleza instintiva suelen experimentar un considerable sufrimiento en las etapas iniciales de su vida. Desde su más tierna infancia se sienten cautivas y domesticadas y les dicen que son tercas y se portan mal. Su naturaleza salvaje se revela muy pronto. Son niñas muy curiosas y astutas y ponen de manifiesto unas excentricidades que, debidamente desarrolladas, constituyen la base de su creatividad durante todo el resto de sus vidas. Teniendo en cuenta que la vida creativa es el alimento y el agua del alma, este desarrollo básico es extremadamente importante”.

Pinkola Estés

 

Es por ello, que aquellos valientes que se niegan a divorciarse de su naturaleza, y son capaces de confrontar y de romper con aquello que es violento contra ellos, con esos legados que lo encadenan a historias de dolor y de resignación, son generalmente apartados de los sistemas familiares, por ser “diferentes”. No porque el sistema sea “malo en si”, esta familia aprendió a organizarse de una manera distinta, van en otra sintonía, por diversas razones,  y esa “oveja negra o patito feo” pone en riesgo esa estructura que es sostenida por otros miembros del sistema, y que le han dado una identidad grupal.

 

 “Pero ni el alma ni la psique de la niña se pueden adaptar a tales exigencias. La insistencia en que se porte de forma «apropiada», cualquiera que sea la definición que pueda dar de ello la autoridad, puede obligar a la niña a huir o a ocultarse bajo tierra o a vagar durante mucho tiempo en busca de un lugar en el que pueda encontrar alimento y paz.”.

Pinkola Estés

 

En este sentido, hay personas que logran luchar contra mandatos que suelen ser muy poderosos y salir rápido y airosos, sin embargo para muchos otros durante este proceso de “Liberación” se producen muchas heridas, que tardan en sanar, de acuerdo a la posibilidad que tenga de reconciliarse y de reconocer su propia naturaleza. Procesos que pueden durar años, pero que finalmente al lograrse se produce una transformación genuina que empodera a la persona para defender y proteger su naturaleza (salvaje, no intervenida ni manipulada), de manera de no  ser nunca más herido por el sistema que lo expulsó anteriormente.

 

“Cuando una madre se ve obligada a elegir entre su hijo y la cultura, nos encontramos en presencia de una cultura terriblemente cruel y desconsiderada. Una cultura que exige causar daño a una persona para defender sus propios preceptos es verdaderamente una cultura muy enferma. Esta «cultura» puede ser aquella en la que vive la mujer, pero lo más grave es que también puede ser la que ella lleva consigo en el interior de su mente.”

Pinkola Estés 

 

Es por eso que los exiliados pasan primero por un proceso de desintoxicación, que conlleva a aliviar dolores,  limpiar heridas y esperar a que cicatricen para luego poder exponerse de una forma más segura y empoderada a ese sistema que constantemente va a menospreciar su naturaleza más pura.

 

El hallazgo de la manada: La dicha de la pertenencia

 

 

Como indica la autora, el exilio en sí es una oportunidad, el proceso  que tuvo que pasar una persona para exiliarse pudo haber estado acompañado de mucho dolor, pero en el exilio una persona puede respirar, aprende a protegerse y a proteger su alma, sus pasiones y su naturaleza.

 

“El exilio consolida y fortalece en cierto modo al patito. Aunque se trata de una situación que no le desearíamos a nadie por ningún motivo, su efecto es similar al del carbón natural puro que, sometido a presión, produce diamantes y, al final, conduce a una profunda magnitud y claridad de la psique”.

 

El exilio permite a la persona reconciliarse, por lo que logrará finalmente conseguir  sistemas  (parejas, amigos, trabajos, hobbies, etc) que le reconozcan, respeten y valoren por su naturaleza, ya que primero se reconocieron, se respetaron y valoraron ellos mismos en su propia naturaleza.

 

Esto los convierte en sobrevivientes, potenciando su fuerza interior que utilizan finalmente para crecer, para recrearse, para volver a nacer. Y es a partir de allí que logran vivir plenamente, ya que han dejado que el dolor en vez de destruir, sea un motor de crecimiento y de renacimiento.

 

Quiero invitarles a profundizar en esta historia, de la mano directa de la autora antes mencionada, ya que esto es solo una pincelada de la profundidad de sus enseñanzas.  A continuación un link para poder disfrutar de este capitulo completo:  El hallazgo de la manada: La dicha de la pertenencia

 

A buscar tu propia manada!

 

Con sus propias palabras:

 

“Si alguna vez te han llamado insolente, incorregible, descarada, astuta, revolucionaria, indisciplinada, rebelde, vas por buen camino. La Mujer Salvaje está muy cerca. Si jamás te han llamado nada de todo eso, aún hay tiempo. Haz prácticas con tu Mujer Salvaje. ¡Ándele! Sigue intentándolo”.

 

El perdón nos sienta tan bien …

 

Estamos ya cerca del cambio de estación, a punto de comenzar el otoño. Una época del año con mayor inestabilidad en el clima, y con mayor propensión a que se desarrollen tormentas y cambios de tiempo repentinos. Y hablando de tormentas, me adentro en aquellas que suceden dentro de nosotros, y van dejando nubarrones que a veces dificultan conectar con la luz intensa del sol para seguir viendo el camino. Y así, lanzo una pregunta: ¿Crees que cargas dentro de ti con algún enfado crónico por algún motivo? ¿Sientes algún resentimiento por algo que te hicieron o por lo que sentiste molestia o dolor? Hoy nos adentraremos en el fascinante (y a la vez, desprestigiado) mundo del perdón.

 

¿Qué se entiende por perdón?

Hablaba en la introducción del desprestigio que tiene este concepto. Dado el peso que ha tenido la religión católica en nuestra cultura y educación, muchas personas tienden a asociar el perdón con una visión religiosa, que les genera rechazo. Además, también existe gran confusión respecto a lo que implica perdonar: se asocia con olvidar lo que nos hizo el ofensor, con la reconciliación con este, en cierto modo con limpiar su cuenta de deudas (hacer borrón y cuenta nueva) para así dar vía libre a que siga actuando, etc. Sin embargo, lo que los estudiosos del tema van comprobando es que no tiene nada que ver con olvidar ni con llegar a un acuerdo con quien ofende; al contrario, se trata de un proceso interior de cambio de mirada, y de liberación emocional.

 

 

La psicóloga María Prieto ha realizado en los últimos años un estudio en profundidad sobre lo que significa el perdón como proceso psicológico. A pesar de tratarse de un concepto que no ha tenido muy buena prensa entre los profesionales de este ámbito, la llegada de la Psicología Positiva supuso una mayor apertura a estudiarlo, y superar su enfoque tradicionalmente asociado a aspectos morales y religiosos. Prieto habla de que cuando entre dos personas, una resulta dañada por una agresión o acción de la otra, surge una experiencia subjetiva de “no perdón”. Esta autora cita a Williamson y Gonzalves para señalar tres niveles en los que se manifiesta este no-perdón:

  • A nivel emocional: aparecen sentimientos de rabia, dolor, tristeza, confusión y traición.
  • A nivel cognitivo: afloran pensamientos negativos hacia el ofensor, a veces de venganza, otras relativos al motivo tras la ofensa o a la posible culpa de la víctima.
  • A nivel conductual: en general, se refieren al alejamiento o distanciamiento de la víctima respecto al ofensor, y en ocasiones, a la exteriorización de la rabia o dolor sentidos.

 

Cuando se habla del perdón, se hace referencia al proceso que permite mitigar o superar esta experiencia negativa de haberse sentido ofendido.

 

¿Cómo suele ser el proceso de perdón?

Lawler-Row, citado por Prieto, habla del perdón desde distintas perspectivas:

  • En cuanto al tipo de respuesta o manifestación: se puede experimentar el perdón a través de un cambio de pensamiento (ya sea específico sobre el ofensor, o general, sobre la forma de actuar del ser humano), emocional (soltar las emociones desagradables) o de conducta (facilitar una reconciliación). Cada persona y en cada momento decide si abordar todas estas dimensiones o solo alguna de ellas.
  • En cuanto a la dirección del cambio: se habla de dimensión negativa del perdón cuando se decide reducir la respuesta desagradable asociada al no-perdón, o bien de dimensión positiva, cuando el sujeto opta por potenciar emociones, pensamientos o conductas claramente tendentes a mejorar su bienestar.
  • En cuanto a su orientación: este aspecto es sumamente importante, pues el perdón puede ser interpersonal (dirigido hacia otra persona, es la visión que habitualmente se tiene al abordar esta cuestión), o puede ser intrapersonal, es decir, el perdón hacia uno mismo.

 

Teniendo en cuenta todos estos aspectos, queda claro que el perdón es un concepto multidimensional, complejo, que además, ya desde un punto de vista experiencial, no es puntual, sino que es un proceso que evoluciona en el tiempo, y que supone un cambio profundo en la persona.

 

¿Qué efectos tiene el perdón sobre la salud?

Aunque pueda parecer sorprendente, se han realizado estudios de neuroimagen para conocer los cambios cerebrales que supone el proceso de perdonar. Se ha podido demostrar que el perdón activa determinadas zonas cerebrales (precuña, corteza prefrontal dorsolateral y región parietal inferior derecha) asociadas con el hecho de pensar acerca de los pensamientos de los otros (es decir, meternos en su piel, lo que se engloba bajo la teoría de la mente), con la empatía y con la regulación emocional a través de la toma de conciencia de nuestras sensaciones. Es decir, parece ser perdonar implica comprender la perspectiva del ofensor, abrirnos a empatizar con él y dejarnos sentir todas las emociones que afloran para acogerlas y darles sentido.

En los últimos años, han aparecido diversos estudios en revistas médicas que respaldan el papel de la rabia, el resentimiento, la ira, en el desarrollo de ciertas enfermedades crónicas, y cómo el nivel de perdón influye claramente en una mejor evolución. Esto es especialmente importante en cuadros de dolor crónico, como puede ser la fibromialgia.

 

¿Se puede trabajar el perdón?

Se han realizado diversas propuestas para trabajar el perdón de forma sistemática. Una de las más difundidas, y con mayor evidencia científica, es el programa REACH del psicólogo estadounidense Everett Worthington. Este se adentró en el estudio del perdón tras el asesinato de su madre, y el posterior suicidio de su hermano, y a partir de su propia vivencia personal, realizó una exploración del perdón a los otros, y de aquel dirigido a uno mismo.

Su programa REACH tiene un formato eminentemente para trabajo grupal, en seis sesiones. Se ha demostrado que mejora el abordaje de la experiencia negativa de no-perdón, y ayuda a mejorar la visión positiva de la vida, con refuerzo de la sensación de esperanza. El desarrollo de las sesiones va guiado por un facilitador que aplica dinámicas que permiten adentrarse en aspectos de pensamiento acerca de la ofensa y el ofensor, en las emociones sentidas, y en el desarrollo de habilidades de empatía.

Ya desde otros enfoques, me encantó esta demostración de proceso de razonamiento del perdón empleando EFT o técnica de liberación emocional. Creo que ejemplifica muy bien el hecho de permitirse sentir todo, y la transición desde el resentimiento más cerrado a la apertura a la posibilidad de perdonar:

 

https://www.youtube.com/watch?v=dcQy9-5FO4o

 

El significado del perdón en mi vida

El tema del perdón ha tenido un gran peso en mi vida durante los últimos años. Todo el profundo trabajo personal que he realizado y en el que sigo profundizando me ha permitido experimentar, de forma reveladora, el significado de perdonar. Quizá la persona hacia la que acumulaba mayor cantidad de resentimiento (pero que apenas me reconocía a mí mismo sentirlo) era mi madre. Mi fidelidad no me permitía expresar abiertamente un gran sentimiento de dolor y frustración por lo que pude vivir en los primeros años de mi vida debido a su inestabilidad emocional. Su proceso de envejecimiento no fue fácil para mí, ni para mis hermanos, y llegamos a un punto importante de desgaste hace unos cuatro años, justo dos antes de que ella falleciera.

Durante la mayor parte de mi vida, había trabajado los pensamientos negativos que surgían ante determinadas situaciones de interacción con ella, y en cierto modo justificaba que ella hacía lo que podía. Y era cierto. Pero al tomar esta perspectiva, realmente me estaba ignorando a mí mismo, me estaba invisibilizando y negando todas las emociones desagradables sentidas desde niño respecto a ella. ¿Cómo pude dar el salto para ampliar mi visión?

Al acabar mi formación en musicoterapia, me di cuenta de que apenas había trabajado el potencial de la percusión, y decidí inscribirme en clases de percusión africana. El hecho de sentir la vibración de todo mi cuerpo en estas clases grupales, ya fuera golpeando el djembé con mis manos, o el dum-dum con las baquetas, permitir los movimientos que me nacían espontáneamente, dejar que mis brazos se separaran del cuerpo para sentir mayor libertad, todo ello fue creando en mí una sensación de ocupar un espacio en el mundo, un sentimiento de conexión con la tierra, una forma de liberar una energía muchos años contenida, un empoderamiento que no surgía de la mente, sino del propio cuerpo. Cuando en este terreno de autoconocimiento, sucede un ingreso hospitalario de mi madre, y se desatan conductas por su parte que actúan de gatillo en mi interior en ebullición, comienza un proceso de rebeldía interna y externa, que se alarga durante casi un año, y que me permite comenzar a cortar el cordón umbilical con ella, poder sentir el enfado y la rabia acumulada y expresarla abiertamente, y como suelo decir, dejar salir el “vapor de la olla” para poder ver con más claridad qué se está cocinando “ahí adentro”.

En ese periodo de tiempo, somaticé el enfado a través de una ciática que duró varios meses, y fue cuando surgió en mí ese interés en acompañar a madres con bebés (estaba proyectando mis juicios sobre ella, y queriendo proteger a los peques, intentando salvarme a mí mismo). La vida es sabia, y no dejó que terminara de fluir esa iniciativa en aquel momento (pero sí posteriormente), pues no surgía totalmente desde el amor, sino desde el resentimiento. Pero en este proceso, cada vez fui sintiendo menos presión interior, comencé a sentir mayor comprensión y compasión, y me abrí a ser acompañado por un profesional que trabajaba desde el enfoque de la Escuela del Perdón, de Jorge Lomar. Se trataba de Pedro Alonso da Silva. Con Pedro, fui aprendiendo a cambiar el enfoque cognitivo, a entender que perdonar no implicaba más que “sentir” lo que afloraba en mí (sentir más allá de las palabras, permitirme enfocarme en las sensaciones corporales, en esa energía interior que se movía) y a la vez, “soltar” mi interpretación de lo sucedido, es decir, trascender la visión de mi ego, por decirlo de alguna forma, y abrirme a un “no saber”, a no querer dar una explicación racional, sino más bien a comprender que todo sucede en la vida por algo, aunque no lo sepa ni lo entienda.

 

 

Trabajar esos dos enfoques ha supuesto una auténtica revolución y liberación en mi vida. Tras cinco meses acompañado por Pedro, hicimos un cierre, y a los pocos días, mi madre empeoró de su salud repentinamente, y falleció un mes después. Fue un mes muy duro, pero a la vez muy hermoso. Porque ya no la miraba desde el resentimiento. Pude liberarme y sentir un amor profundo por ella, sin dejar de verme a mí. Ese fue mi mayor aprendizaje, poder situarme en la piel de todos y cada uno, y abrirme a sentir, sin más. Pronto hará dos años de su partida, y puedo decir que cada día la siento con más paz dentro de mí, con más compasión, más comprensión, más amor, sin negar lo vivido, sin justificaciones, sencillamente acogiendo lo sucedido y soltando las interpretaciones. Si estoy aquí, compartiendo esta experiencia que vivo desde la paz, es por todo lo que la vida me permitió aprender, aunque no lograra comprenderlo en su momento. Y ahí surge también un profundo sentimiento de gratitud.

 

A modo de conclusión

Hace unos meses, tuve el privilegio de acompañar a Carolina Guzmán, una enfermera alumna del Máster de Cuidados Paliativos en el que participé el curso pasado, en la tutorización de su trabajo fin de máster, que abordaba el perdón como necesidad espiritual al final de la vida. Tras una revisión rigurosa del tema y de cómo los profesionales podemos acompañar este proceso, en su emotiva exposición finalizó entregándonos a todos los asistentes una frase que pronunció Nelson Mandela al salir de prisión, y que creo que resume perfectamente lo que significa el perdón en nuestras vidas: “Al salir por la puerta hacia mi libertad supe que, si no dejaba atrás toda la ira, el odio y el resentimiento, seguiría siendo un prisionero”.

 

Referencias bibliográficas

  • Guzmán Trillo, C. (2018). El perdón como necesidad del paciente al final de la vida. Trabajo Fin de Máster en Cuidados Paliativos. Escuela Universitaria de Enfermería y Fisioterapia San Juan de Dios. Universidad Pontificia Comillas.
  • Lee, Y.R., Enright, R.D. (2014). A Forgiveness intervention for women with fibromyalgia who were abused in childhood: a pilot study. Spiritual Clinical Practice, 1, 3, 203-217.
  • Prieto-Ursúa, M. (2017). Perdón y salud. Introducción a la psicología del perdón. Universidad Pontificia Comillas.
  • Ricciardi, E., y colaboradores. (2013). How the brain heals emotional wounds: the functional neuroanatomy of forgiveness. Frontiers in Human Neuroscience, 7, 839.
  • Svalina, S.S., Webb, J.R. (2012). Forgiveness and health among people in outpatient physical therapy. Disability and Rehabilitation, 34, 5, 383-392.
  • Worthington, E. http://www.evworthington-forgiveness.com/

 

Fortuna y falsa felicidad, según Boecio

En la entrada pasada expusimos el primer libro de La consolación de la filosofía. En aquél, Boecio describía brevemente su trayectoria política y las razones por las que había caído en desgracia. Pero a pesar de su estado tan lamentable encontraba en la filosofía razones para considerarse feliz, y que ponía en boca de una personificación de ésta. En el segundo libro, que comentamos en la presente entrada, se contrapone la felicidad aparente, ligada a la fortuna, buscada por la mayoría de los hombres, a la felicidad verdadera, ligada a la filosofía, buscada por unos pocos pero sabios.

La fortuna y la filosofía. Maestro de Coëtivy (pintor e ilustrador francés del siglo XV)
La fortuna y la filosofía. Maestro de Coëtivy (pintor e ilustrador francés del siglo XV)

Fortuna: caprichosa y cambiante

La Filosofía personificada comienza este segundo libro diagnosticando el estado del personaje de Boecio: está dolido por apego a su felicidad pasada basada en la Fortuna. La Filosofía reprocha a Boecio que olvidara sus enseñanzas y por tanto olvidara cuál es la esencia de la Fortuna: el cambio. Si quiere vivir según la fortuna tendrá que aceptar sus naturaleza, y así como la aceptó cuando ésta le favoreció, ha de aceptarla ahora cuando le retira sus favores. La Fortuna es como caprichosa y cambiante, dadora de una felicidad efímera e inestable. La serenidad que la Filosofía ofrecía a Boecio la perdió cuando la Fortuna lo sedujo con triunfos, éxitos, riquezas, honores… Durante esa época no se quejó de la Fortuna ni quiso mantenerla a raya, pero ahora que le da la espalda la maldice. Ahora bien, si quiere, todavía puede volver a los brazos de la Filosofía y rechazar los bienes y felicidad efímeros de la Fortuna.

La Filosofía dice a Boecio que la Fortuna le ha dado múltiples bienes (familia, honores, riquezas, fama…) y pocos males a lo largo de su vida. Incluso en su estado actual, habiendo perdido muchos de esos bienes, le quedan aún bienes muy grandes (su suegro, su mujer, sus hijos…) que no está valorando y por los que mucha gente le envidiaría. Si se siente así porque esas alegrías le han abandonado no debería sentirse desgraciado, porque las penas que sufre ahora también le abandonarán tarde o temprano. En cosas humanas no se puede esperar estabilidad. Incluso al más afortunado en vida la Fortuna acaba abandonando a su muerte.

Se nos muestra en este segundo libro de La consolación de la filosofía cómo la fortuna otorga felicidad aparente. Un tipo de felicidad que buscan la mayoría de los hombres. Esta felicidad es algo que no depende de nosotros, que no está a nuestro alcance, pues es la fortuna la que nos proporciona los bienes o nos los quita. Por ello no hay que preocuparse por hacer algo para conquistarla, pero tampoco podemos hacer nada para intentar conservarla. Además es fugaz, inestable, pues la fortuna es caprichosa y no atiende a razones. Por ello todo se limita a aprovechar los pocos (o muchos para los más afortunados) momentos que tenemos de felicidad a lo largo de la vida. Es la felicidad del carpe diem.  Las características fundamentales de esta felicidad, humana, son su inestabilidad y su contingencia. La felicidad humana ni dura ni contenta del todo, afirma Boecio (autor). El error fundamental, según él, es considerar esta felicidad, la que depende de la fortuna, como verdadera, y los bienes mundanos como verdaderos bienes. Hacer eso implica desconocer lo que es el hombre, renunciar a su naturaleza y rebajarse al nivel de las bestias.

Verdadera felicidad: sumo bien

El error es buscar la felicidad en cosas externas a nosotros. Al igual que habían señalado los neoplatónicos y San Agustín, entre otros, el hombre cuando busca la felicidad en los bienes externos se está degradando porque piensa que esas cosas son más valiosas que él, y que al poseerlas adquirirá su valor. El que persigue o posee un bien es menor que el bien que persigue o posee. Por tanto creen que esas cosas son bienes equivale a creer que valen más que uno. Y es al contrario: para Boecio el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios, y eso le dota de una capacidad racional que le hace ocupar un lugar privilegiado en la creación. Las riquezas, los cargos y el poder que desean la mayoría de los hombres no son bienes y por tanto esos nombres son inapropiados para esas cosas. Las riquezas no hacen rico al que las posee porque no sacian su avaricia. Las dignidades no hacen digno a quien los posee sino que reciben su dignidad de los virtuosos que las ostentan. Y el poder no hace poderoso al que lo posee pues no le libra del poder que ejercen sus pasiones sobre su voluntad. En definitiva no son bienes porque no nos hacen buenos.

La felicidad es el sumo bien para una criatura racional, según el autor. Y el sumo bien no puede ser arrebatado pues sería superado por lo que no se puede arrebatar. Por tanto la fortuna no puede llevar a la felicidad, pues la inestabilidad la caracteriza. Es más, el hombre que posee este tipo de felicidad ¿sabe que es mudable? Si no lo sabe, está claro que no puede ser la verdadera felicidad aquella que se basa en la ignorancia. Si lo sabe ¿tiene miedo a perderla? Si lo tiene no es totalmente feliz, y si no lo tiene, estará demostrando el poco valor que tiene este tipo de felicidad que deja indiferente cuando se pierde.

Boecio, el autor, en línea con la tradición filosófica antigua, concibe la felicidad como el bien supremo, caracterizada por la estabilidad y la autosuficiencia. La felicidad pasajera no es verdadera felicidad. Para Aristóteles la felicidad es un modo de vida y no un estado. Y casi todos los filósofos antiguos han destacado la autosuficiencia como la esencia de la felicidad. El hombre feliz que no es autosuficiente no es verdaderamente feliz. Ya que si ha alcanzado el bien supremo, el fin supremo, no puede necesitar de algo, no puede carecer de algo. La felicidad (el sumo bien) no puede estar en relación de medio a fin con algo. No puede buscarse el sumo bien en vistas a otro bien.

Si la verdadera felicidad tiene que ser duradera y un fin absoluto, no puede consistir en nada de las cosas externas del mundo, porque lo externo a nosotros no nos pertenece, se nos puede escapar en cualquier momento, y de forma segura con nuestra muerte. La verdadera felicidad no puede consistir en las cosas externas del mundo porque ninguna cosa del mundo es absoluta, siempre está en relación de medio con otra cosa. No hay ninguna cosa que poseída nos haga dejar de desear otras. El hombre que persigue las riquezas, honores, fama… no consigue la verdadera felicidad, porque, como muestra el autor en este segundo libro, todos esos presuntos bienes son pasajeros, accidentales, no son realmente nuestros. Y además una vez que los poseemos seguimos dependiendo: seguimos queriendo más del mismo bien (ese bien no nos sacia nunca), y seguimos queriendo otros (ese bien no es suficiente).

En definitiva este segundo libro de La consolación de la filosofía es un libro consolatorio. Si a Boecio (personaje y autor) le seduce la felicidad efímera todavía tiene bienes suficientes para considerarse más feliz que la mayoría de los hombres: aún le queda lo más valioso, una familia que le quiere. Pero si acepta los argumentos de la Filosofía que concluyen que esta felicidad no es la verdadera, no cabe lamentarse por los bienes que ha perdido, pues no eran tales. En cualquier caso tiene motivos para no lamentarse.

Referencias:

Anicio Manlio Severino Boecio, La consolación de la Filosofía, Alianza, 2015.

En defensa del Psicoanálisis

Escribo este artículo como una respuesta (la primera) a las durísimas y despiadadas críticas que se vienen lanzando últimamente contra el psicoanálisis desde medios muy diversos.

En concreto, me animo a hacerlo a raíz de una pseudoentrevista -que en realidad es un refrito de un artículo anterior- realizada a un psicólogo conductista que aparentemente cree poder alcanzar fama y reconocimiento convirtiéndose en una especie de Ayatola fanático que lanza fatwas con un lenguaje inspirado en Sálvame *Deluxe*.

Este señor es la musa de mi defensa pero no lo citaré ni pondré vínculo a su artículo ni a la “entrevista”. No le voy a hacer el favor. Tampoco es necesario ya que en realidad las objeciones que plantea tampoco son suyas sino que las toma del libro de Frederick Crews  “Freud: The Making of an Illusion”. Son, por otra parte, las críticas habituales sazonadas, en este caso, con un estilo chabacano.

«Freud era cocainómano, misógino, homófobo o un impostor en general.»

Sigmund Freud (1856-1939) es una figura que sigue generando airadísimas controversias. Muchas de las críticas al psicoanálisis se centran en desacreditar personalmente a Freud. Se podría simplemente descartar todas estas críticas como una falacia ad hominem puesto que el hecho de que Freud fuera una mala persona no invalidaría su teoría de ninguna manera. Sin embargo, me interesa detenerme en alguna de las objeciones que se hacen en su contra porque me parecen bastante sospechosas.

Antes de nada, paremos a pensar en lo que le exigimos a Freud. Un médico judío nacido en el Imperio Austrohúngaro que vivió las dos Guerras Mundiales. ¿Queremos que sea postmoderno, feminista de tercera ola, proLGTBIQA+ o animalista? No olvidemos que, considerando la época en la que Freud vivió, algo como la Carta a la madre de un hijo homosexual era una heroicidad.

Continuemos. Para empezar se acusa a Freud de cocainómano, cosa que es cierta. Freud fue durante un periodo importante de su vida adicto a la cocaína, droga que comenzó a consumir como un experimento por su posible potencial terapéutico. Estamos hablando de un momento en el que el conocimiento de las drogas y sus efectos sobre el cerebro y la conducta está todavía en pañales, sin embargo, a Freud se le juzga como una especie de “vicioso” que se “inventa” el psicoanálisis para poder pagarse su adicción. Es de una simpleza que asusta y redunda en una imagen estigmatizada de las personas drogodependientes como incapaces de hacer nada bueno. ¡Sorpresa! Ha habido personas adictas que han creado obras fudamentales para el arte y el pensamiento a pesar de su adicción. Una persona es más que sus adicciones y Freud era mucho más que la cocaína, la cual por cierto terminó dejando con el tiempo.

Respecto a la homofobia ya he mencionado la carta a la madre de un homosexual. Este fue un tema complejo dentro de los primeros años de la Asociación Psicoanalítica y finalmente se optó, tras la muerte de Freud por una posición restrictiva y claramente homófoba sobre todo con el traslado de poder a EEUU y el contagio de su tradicional puritanismo. No está, sin embargo, el conductismo libre de pecado en lo que concierne a la homofobia. De hecho, la terapia de conversión que TODAVÍA se practica en sitios tan extraños como Madrid (y lo digo porque me consta) es de tipo cognitivo conductual principalmente (también hay una supuesta coach enajenada por ahí a la que tampoco voy a dar publicidad).

Por otra parte decir que Freud era misógino cuando admitió desde el principio a mujeres como psicoanalistas y defendió la existencia de una sexualidad femenina que debía poder expresarse es, de nuevo, no saber poner al personaje dentro de su contexto histórico. Evidentemente Freud no podía ser une feministe no binarie del siglo XXI, pero su legado fue liberador en la época en la que se formuló, también para las mujeres. Y si se le critica por el tratamiento que dio a la histeria – hablar- ¿Qué pensaremos de los tratamientos anteriores que incluían torturas y sadismo? Naturalmente si se piensa que Freud es el “inventor” de la histeria además de desconocer la historia de la psicología se ignorará el avance que supuso el psicoanálisis para estas pacientes (que sufrían por cierto -y entre otras cosas- de lo que ahora llamaríamos trastorno disociativo y/o trastorno de conversión. Lo digo por aquellos que dicen que la histeria no existía, Persia existió aunque ahora se llame Irán).

Por supuesto Freud es un personaje que tuvo conductas muy criticables. Algunos de sus casos clínicos fueron espectaculares fracasos, robó ideas a colegas sin citarlos debidamente (famoso el caso de Sabina Spilrein o el de Fliess) y sostuvo algunos posicionamientos que a la luz de la contemporaneidad merecen ser cuestionados, revisados o incluso completamente desechados.

Sin embargo, ninguno de esos argumentos invalida el conjunto de la teoría psicoanalítica. Entre otras cosas porque no existe UNA única teoría psicoanalítica. Esto es FUNDAMENTAL y ninguno de los críticos del psicoanálisis parece querer enterarse. Tal vez porque enterarse de esto supone ponerse a estudiar a cientos de autores y perspectivas. Es mucho trabajo. Mucho mejor desacreditemos a Freud y a la técnica psicoanalítica clásica.

El psicoanálisis no es una teoría cristalizada en la muerte de Freud. Las obras completas de su fundador no son una Biblia inmutable que no haya sido desarrollada y cuestionada mil veces desde dentro del psicoanálisis. El psicoanálisis (o la psicoterapia psicoanalítica) actualmente es un paraguas que engloba a multitud de escuelas y perspectivas diferentes.

Puedo entender que la idea de que la mente no sea una calculadora y de que haya diferentes enfoques para mismos problemas sea algo que perturbe a los “discípulos de Skinner”, pero ¡hey! hay vida más allá de las ratitas.

Continuará…

Aceptar el orden del mundo para alcanzar la felicidad (Lección de filosofía 4)

En esta serie de 4 posts sobre las lecciones de la filosofía estoica que siguen vigentes en la actualidad, hoy nos toca hablar de la única actitud capaz de llevarnos a una felicidad plena: aceptar totalmente y sin condiciones el orden del mundo. Gracias a Monica Cavallé, y a su libro «El arte de ser«, que recomiendo fervientemente, podrás profundizar mucho más en estas ideas.

Si quieres leer antes las otras lecciones, aquí las tienes:

Todo sufrimiento proviene de la no-aceptación

“Nuestro soberano interior, cuando es conforme a la naturaleza, tiene ante los acontecimientos una actitud tal que siempre se adapta fácilmente a lo dado.”

Marco Aurelio

Las tradiciones sapienciales son un canto y una invitación a la confianza en la providencia, es el Lógos que nos guía y nos sostiene. Confiar en esa presencia inteligente en nosotros equivale a…

1- … reconocer nuestro poder esencial, el que siempre depende de nosotros

El que nos permite convertir todo en un bien interior. Siempre podemos alcanzar nuestro fin porque nuestra virtud no depende de lo que nos pasa, sino de las respuesta que damos ante lo que nos pasa.

aceptar

2- … aceptar nuestros límites en el ámbito de lo que no depende de nosotros

El grado más elemental de esta aceptación es el que nos conduce a asumir “lo que es” porque sencillamente es, porque es inevitable, porque carece de sentido luchar contra la realidad.

“Solo al ser racional le ha sido dado seguir voluntariamente los acontecimientos, pues seguirlos sin más es obligatorio para todos.”

Marco Aurelio

Esta aceptación madura cuando comprendemos ya no solo la inutilidad de rebelarnos ante lo inevitable, sino el sinsentido de poner objeciones a la inteligencia única basándonos en nuestros conocimientos parciales y fragmentarios; el sinsentido de pretender juzgar, con nuestras luces ilimitadas, lo que excede nuestro presente entendimiento –la totalidad de la que formamos parte y el misterio que nos envuelve– cuando, de hecho, nuestra propia inteligencia particular no es obra nuestra, nos ha sido dada, y es una expresión del Lógos que nos sostiene.

“El pepino es amargo: tíralo. Hay zarzas en el camino: esquívalas. Basta con ello. No añadas: ¿por qué existen estas cosas en el mundo?.”

Marco Aurelio

3- … a confiar plenamente en que la realidad es inteligente y benéfica

Equivale a confiar en que el fondo del universo y nuestro propio fondo son benignos y dignos de confianza. Y en que, por lo tanto, podemos lanzarnos al vacío, atravesar la confusión y la incertidumbre, dejar aquello que nuestro corazón intuye que hemos de dejar atrás (sin necesitar un sustituto nuevo al que aferrarnos), porque sabemos que, si situamos nuestro bien y nuestro mal en lo que depende de nosotros, la inteligencia que nos sostiene se ocupará de nosotros. Descubrimos tras saltar en el abismo, que se trata de un abismo en el que no caemos, sino en el que flotamos. Solo esta confianza nos permite soltar, recobrar la inocencia, abandonar el hábito de intentar manipular la realidad, a los demás y a nosotros mismos.

“A la naturaleza, que da y que quita todo, el que está instruido y es discreto dice: “Dame todo lo que quieras; quíteme lo que quieras”. Esto lo dice sin animosidad hacia ella, sino solo obedeciéndola y teniéndole buena fe.”

Marco Aurelio

aceptar

“Todo se me acomoda lo que a ti se acomoda. ¡Oh, Cosmos! Nada me llega tarde, nada demasiado pronto, si llega a punto para ti.”

Marco Aurelio

El sufrimiento se origina en la falta de aceptación

La falta de aceptación de lo inevitable es fuente de sufrimiento y de desarmonía. Aceptar los límites de la vida y los reveses del destino (la inevitabilidad de lo que no depende de nosotros), sin instalarnos en la rebelión y en la amargura, no nos evita el dolor, pero lo torna más sereno, más aún, alquímico, pues antes o después, y por sendas interiores ocultas, el dolor aceptado terminará elevándonos y liberándonos.

“Pregunta: ¿Por qué hay tanto sufrimiento?
Nisargadatta: El dolor es físico; el sufrimiento es mental. Más allá de la mente no hay sufrimiento. El dolor es una mera señal de que el cuerpo está en peligro y requiere atención. De modo similar, el sufrimiento nos avisa de que la estructura de la memoria y de los hábitos que llamamos la persona está amenazada (…). El dolor es esencial para la supervivencia del cuerpo, pero nadie nos obliga a sufrir. El sufrimiento se debe enteramente al apego o a la resistencia; es un signo de nuestra renuncia a seguir adelante, a fluir con la vida. Del mismo modo que una vida sana está libre de dolor, una vida sabia está libre de sufrimiento.
P: Nadie ha sufrido tanto como los santos y los sabios.
N: ¿Se lo dijeron ellos o lo dice usted? La esencia de la sabiduría es la total aceptación del momento presente, la armonía con las cosas en el modo en que suceden. Un sabio no quiere que las cosas sean distintas a como son; él sabe que, considerando todos los factores, las cosas son inevitables. Es amigo de lo inevitable y, por tanto, no sufre. Puede que conozca el dolor, pero este no lo alterará. Si puede, hará lo necesario para restablecer el equilibrio perdido, o dejará que las cosas sigan su curso.”

Nisargadatta

La aceptación así entendida, prosigue Nisargadatta, en la medida en que quiebra las creencias, apegos y exigencias que conforman nuestro yo superficial, implica la disolución de este último y nos despierta a nuestro yo profundo. Paradójicamente, la aceptación del dolor libera la fuente perenne del gozo sereno.

N: Cualquiera que sea la situación, si resulta aceptable es placentera; si no es aceptable, es dolorosa. Lo que la hace aceptable no es importante; la causa puede ser física, psicológica o irrastreable; la aceptación es el factor decisivo. En el universo, el sufrimiento se debe a la no-aceptación.
P: El dolor no es aceptable.
N: ¿Por qué no? ¿Lo intentó alguna vez? Inténtelo y encontrará en el dolor un gozo que el placer no puede dar, por la simple razón de que la aceptación del dolor lo lleva más profundo y más lejos que el placer. El ego, por su propia naturaleza, está continuamente persiguiendo el placer y evitando el dolor. Acabar con esa pauta es acabar con el ego. Acabar con el ego, con sus deseos y temores, le permite a usted retornar a su naturaleza real, la fuente de toda felicidad y paz. (…) Cuando se acepta el dolor por lo que es, una lección y un aviso, y se mira con profundidad y se le escucha, la separación entre el dolor y el placer se rompe y ambos se convierten en experiencia: dolorosa cuando es resistida, gozosa cuando es aceptada.
P: ¿Aconseja usted evitar el placer y perseguir el dolor?
N: No, ni perseguir el placer y evitar el dolor. Acepte ambos como vengan, disfrute ambos mientras duren, déjelos ir cuando deban irse.
P: ¿cómo es posible gozar el dolor? El dolor físico pide acción.
N: Por supuesto. E igualmente el dolor mental. La bienaventuranza está en la total conciencia de ello, en no encogerse o rehuirlo en ningún modo. Toda felicidad proviene de la conciencia. Cuanto más conscientes somos, más profundo es el gozo. La aceptación del dolor, la no-resistencia, el valor y la paciencia, todo esto abre fuentes profundas y perennes de felicidad real, de verdadera bienaventuranza.
P: ¿Por qué el dolor debería ser más efectivo que el placer?
N: El placer se acepta inmediatamente, mientras que todos los poderes del yo rechazan el dolor. Puesto que la aceptación del dolor es la negación del ego, y el ego se interpone en el camino de la verdadera felicidad, la aceptación total del dolor libera el manantial de la felicidad.”

Nisargadatta

“En el universo, el sufrimiento se debe a la no aceptación”. Dicho de otro modo, el sufrimiento se sostiene en la creencia: “Lo que es aquí y ahora, no debería ser”.

Por supuesto, nuestro impulso hacia la excelencia y nuestro sentido de justicia nos incitan a cambiar o perfeccionar las situaciones que pueden ser corregidas u optimizadas; pero esta disposición es perfectamente compatible con asumir que, aquí y ahora, lo que es, es.

No hay que confundir los “debería” legítimos, los que encauzan nuestra aspiración hacia la excelencia, con los “debería” que entrañan la exigencia ontológica de que las cosas, aquí y ahora, sean de una determinada manera, la que se ajusta a nuestras ideas al respecto.

La vida, ciertamente, no está al servicio de nuestros deseos y preferencias personales. La realidad sigue su curso ajena a nuestras exigencias.

aceptar

No nos hace sufrir el dolor, sino el pensamiento “Esto no debería ser como es”. Detrás de todas las formas de sufrimiento mental cabe hallar la lucha con la realidad, con los hechos: hemos convertido nuestras preferencias legítimas en exigencias.

La aceptación de “lo que es” remueve la raíz misma del sufrimiento. No elimina el dolor, pues el dolor anímico o físico es un aspecto indisociable del hecho de estar vivo, pero sí el sufrimiento mental. El apego a nuestras ideas sobre cómo deberían ser las cosas, nos conduce a estar asiduamente en conflicto con nuestra experiencia presente.

“En esto consiste la educación (filosófica): en aprender a querer cada una de las cosas tal y como son.”

Epicteto


¿Tienes una actitud creativa para resolver tus problemas?

En este post, abordo la creatividad desde el punto de vista de la actitud y cómo ésta nos puede ayudar a resolver problemas.

Todos los días nos enfrentamos a distintos tipos de retos o pruebas a las que responder. Para cada uno de nosotros, los retos pueden ser distintos y algunos quizás podamos compartir, como por ejemplo hacer del mundo un lugar mejor, mejorar nuestra calidad de vida, enmendar una terrible injusticia, etc.  Si lo piensas detenidamente, seguro que hay alguno que merece tu atención en este preciso momento, ¿cierto?.

 

 

Factores a tener en cuenta

 

¿Qué pueden tener en común personas como Steve Jobs, Ludwig Van Beethoven, Picasso y Marie Curie? Todos tiene un rasgo común. Han sido personas muy creativas. Piensan de manera divergente y tienen ciertas características comunes:

  • Factores cognitivos, que dependen de los conocimientos. Aunque que una persona sea muy inteligente no implica que sea muy creativa.
  • Factores de personalidad psicológicos, que dependen de la personalidad del individuo, de su motivación y de sus emociones.
  • Factores de contexto en el que se mueve, la influencia de la familia, de los padres, del colegio, de los amigos, etc.

Las personas de los ejemplos anteriores son muy reconocidas, pero, ¿significa esto que el resto de personas no podemos ser creativas? En absoluto. La creatividad es un músculo que se trabaja constantemente tanto a nivel personal como profesional y que también implica un poco de esfuerzo por nuestra parte.

Hay algunos aspectos a tener en cuenta si queremos desarrollar este músculo tan potente:

  • La perseverancia: requerimos esfuerzo continuo para conseguir nuestro objetivo, sea cual sea. Por ello, es importante el nivel de compromiso que queremos adquirir con nosotros mismos para conseguirlo.
  • La persistencia: Edison, nos podría hablar hoy en día sobre ello y de sus más de 200 intentos hasta que inventó la bombilla. “Cada una de las 200 bombillas que no funcionaron me enseñó algo a tener en cuenta para el intento siguiente”. 
  • Innovar y crear toma riesgos: siempre que emprendemos un nuevo camino, hay ciertos riesgos que hay que tomar.
  • El incorformismo: desde el punto de vista de la transgresión, la predisposición a opinar de manera distinta a pesar del posible juicio de la sociedad o del otro.
  • El individualismo: parece un valor negativo, ¿verdad?, pero en este caso no lo es. Tiene que ver con no dejarnos embaucar por «la marea», es decir, por las tendencias dominantes. Estar dispuesto a tener ideas propias, atravesar los convencionalismos. Expresar emociones, curiosidad, preguntar sin miedo, etc.
  • La capacidad para jugar: el juego es exploración e innovación tanto a nivel personal como también profesional. En este sentido, empresas como Google y Pixar, han visto claramente que para innovar, es necesario proporcionar a los empleados lugares y espacios de juego y que inspiren a las mentes creativas.

 

El proceso creativo en el ámbito de la empresa

 

De igual forma, las empresas no pueden quedarse pensando en el momento ideal para innovar. Están en continuo cambio y transformación. Las últimas tendencias de gestión de la innovación se han basado en diversas filosofías, como Lean Start-up,Blue Ocean o Design Thinking. El uso de la creatividad para impulsar la innovación. Pero si no es algo que hayamos trabajado de manera personal como una habilidades propias, difícilmente podremos ponerlas en práctica en nuestro entorno laboral, aunque hay algunos procesos y técnicas que nos ayudan a hacerlo.

Encontrareis en Internet numerosas referencias relacionadas, por ejemplo, con la técnica Design Thinking. Por contextualizar brevemente: «es una disciplina que pretende aplicar el proceso de diseño como enfoque holístico para la resolución de problemas. Capacidad de mezclar el pensamiento convergente y divergente en ciclos de desarrollo iterativo de las ideas, ampliando o cerrando el flujo de información en relación a la necesidad del momento. Es decir, enfrentar los desafíos como si de un diseñador se tratase».

Steve Jobs lo traduce en estas palabras:“Design is not just what it looks like and feels like. Design is how it works“ (Diseño no es solo como parecen y se sienten las cosas. Diseño es cómo funcionan).

Es decir, utilizar no solo el pensamiento deductivo tradicional (soluciones válidas a escoger), sino también explorar el pensamiento adductivo o divergente (soluciones a explorar no descubiertas hasta ahora).

 

Cuando llevamos a cabo una técnica creativa (como Desing Thinking), es importante tener en cuenta:

  • Colaboración: es un trabajo colectivo y una actitud de apertura hacia cualquier que tenga algo que aportar. Muy importante el no juicio.
  • Integración: observar e integrar la perspectiva de todos de manera global. Todos tenemos que vernos reflejados en el planteamiento del problema, en el trabajo para resolverlo y en la solución.
  • Interprertar: definimos ideas válidas y posibles. No únicas. Nadie tiene la verdad absoluta. Muy importante ser humilde, saber escuchar y no imponer.
  • Exploración: fomentar la visualización de ideas espontaneas para descubrir otros caminos no planteados o vinculados.
  • Experimentar: realizar prototipos para testear todo lo que queramos llevar a la práctica.
  • Iteraciones: no es un proceso lineal, es un proceso iterativo que reformula y replantea para construir una solución final. Es un proceso vivo como la propia naturaleza. Es cambiante, por tanto, volvamos a ello cuantos veces necesitemos.
  • Cocreación: foco en las personas. Trabajar por las personas. Dejando a un lado la tecnología y el mercado.

La actitud creativa requiere:

  • habituarse a vivir en la incomodidad
  • Actitud de punto de salida
  • Filtro de conocimiento
  • Aplicadores de conocimiento
  • Colaboración

Si cumplimos con estas «reglas» estaremos en disposición de desarrollar ideas y soluciones coherentes y efectivas. De innovar en nosotros mismos como persona. De crear valor sobre nosotros mismos de una manera clara, sencilla. La innovación parte de cada uno de nosotros como individuo y debe ir hacia nosotros. En definitiva, es una técnica que surge para ayudarnos, no para complicarnos la vida.

 

El valor de innovar es natural al cambio

 

Ser creativo es parte de nuestra naturaleza. Ésta siempre busca soluciones creativas. Explicaba Robert Dilts que algunos estudios registraron hasta 1.000 movimientos de un bebe. Pero, ¿qué ocurre?. Ni la escuela, ni la vida, ni la sociedad están para que ese bebe sea algo diferente, sino para homogeneizar a las personas. Es más seguro y además cuesta menos dirigirlas.

 

Walt Disney contaba en sus oficinas con el rincón para soñar. Un lugar donde queda fuera la parte crítica y realista que nos habita. Sin juicios. La crítica despiadada es el mayor enemigo de la creatividad. Robert Dilts lo explica con más detalle en el siguiente vídeo.

 

 

El proceso de innovación es algo natural. Entender la necesidad de evolucionar, de transformarnos es entender la evolución de nuestra propia especie. Nosotros, como personas y también las empresas evolucionamos en el valor que aportamos.  Es éste valor que aportamos (a la sociedad, la empresa, en la pareja… ) lo que nos indica si estamos en crisis o no. Si estamos actualizados o si necesitamos un «reseteo». En la mayoría de las situaciones, la pérdida de valor viene de la propia persona o empresa. Nuestra forma de ser y de hacer nos impide dar más valor a nosotros mismos y a la sociedad.

 

«Innovar es poner en valor el conocimiento de forma acelerada. Es algo sistémico, como fruto de una metodología, actitud. Si se hace dentro del ámbito profesional es innovar, si es desde el ámbito persona, es emprender. (Actitud vital) algo con lo que la persona nace. La innovación es algo más profesional o empresarial». Antonio Flores. La actitud innovadora.

 

Comenta Antonio Flores en su libro La actitud innovadora, que la inteligencia es la capacidad de transformar conocimiento en valor, como respuesta adaptativa a las transformaciones del entorno. El pensamiento creativo es el que te permite ver tu entorno de forma diferente, encontrar posibilidades donde solo había rutina, consenso en lugar de incomprensión y acción en vez de muchas ideas en un cajón. El pensamiento innovador sirve para generar y gestionar ideas nuevas y recicladas, y construir valor eficazmente, convirtiéndolas en resultados.

 

Creando espacios de fluidez para posibilitar el cambio

 

La única constante que encontramos en la naturaleza, en la empresa, en la vida, es el cambio. El valor que aportas tú ha de adaptarse a ese cambio. Para ello debe haber pasión, motivación, estar emocionalmente involucrado. Solo así encontraremos la motivación que necesitamos.

 

«La pasión por resolver problemas es lo que crea el potencial para obtener
resultados extraordinarios». Gary Hamel

 

La importancia de una educación integradora

 

Esta actitud creativa debería de ser trabajada desde la infancia, en las escuelas. Pienso que es fundamental que los educadores puedan experimentar, conocerse y desarrollarse personalmente a través de la conciencia para convertir las aulas en espacios de fluidez, de transformación personal y grupal, dando cabida a la parte emocional, espiritual y corporal. Es decir, siendo y dejando ser para poder transcender los ideales de la sociedad patriarcal. Integrar cuerpo – emoción y mente en el proceso creativo de conocernos. Llegar a una educación, como dice Claudio Naranjo para la evolución personal y social.

«Respuestas correctas», especialización, estandarización, competencia estrecha, adquisición ávida, agresión, desapego. Sin ellas, nos ha parecido
que la máquina social no podría funcionar. No debemos culpar a las escuelas de crueldad cuando sólo han cumplido con lo que la sociedad les ha pedidoPero la razón por la que necesitamos una reforma radical de la educación es que las demandas de la sociedad están cambiando radicalmente. No cabe duda de que las características humanas que hoy en día se inculcan dejarán de ser funcionales. Ya se han tornado inapropiadas y destructivas. Si la educación continúa siendo como solía, la humanidad terminará destruyéndose tarde o temprano.”  Cita Del libro Cambiar la educación para cambiar el mundo. Claudio Naranjo.

 

Bibliografía:

  • La actitud innovadora. Antonio Flores. Pocket Innova.
  • Desing Thinking. Innovación en los Negocios. MJVPress. 2016.
  • MOOC Creatividad y Pensamiento Lateral. UOC – Miriadax. 2018.
  • Cambiar la educación para cambiar el mundo. Claudio Naranjo

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Adolescentes: El vínculo educativo y el vínculo terapéutico

El vínculo. Tendiendo puentes

En los más de quince años que llevo dedicándome a la intervención con adolescentes, tanto en situaciones de exclusión y riesgo como en situaciones y contextos más “normalizados”, he tenido la oportunidad de trabajar con equipos directivos y docentes de varios centros educativos de educación primaria y secundaria. Los/as profesores/as en estos últimos años, muestran motivación por conocer y poner en práctica las metodologías más innovadoras, más integrativas y multidisciplinares para avanzar y conseguir mejores resultados en su labor diaria. En este sentido, me invitaron a coordinar varias acciones formativas para estos equipos, de cara a poder mejorar su trabajo, y, por ende, los resultados de sus alumnos/as.

En estas sesiones, se planteaban diversas líneas de acción, para poder llegar a elaborar la figura del profesor/a ideal entre todos/as, partiendo siempre de sus propias experiencias como alumnos/as y de las características que se consideran necesarias para ejercer como profesor/a. A través del debate y partiendo de su “sí mismo/a”, se pusieron en juego multitud de dudas, de carencias y de potencialidades, que sentían que nunca habían llevado a cabo por miedo a que el resto del equipo no entendiera o juzgara. Al fin y al cabo, en el ámbito educativo y formal, suele ser más sencillo seguir la corriente del equipo, la idiosincrasia del centro, que discutir sobre estrategias o aportar cambios metodológicos a lo ya establecido.

En la primera sesión, siempre se elabora una lluvia de ideas donde el equipo debe plantear qué facilitadores encuentran en su intervención en el aula, de cara a compartir y a entender que no todos/as parten con las mismas ideas sobre qué herramientas se pueden o deben utilizar con los/as menores con el objetivo de facilitar los procesos de los/as mismos/as. Durante una hora, el equipo habla de “metodologías participativas”, de “normas y límites”, de “sanciones y castigos”, de la preocupación del aumento de situaciones de acoso o bullying en el centro. Pero expresan también no tener las herramientas adecuadas para abordar estos aspectos que escapan de su tarea diaria: impartir contenidos académicos.

Como profesional, me entristece ver cómo en ocasiones, todo se reduce a no disponer de los conocimientos adecuados para poder llegar a las situaciones más complicadas. Por ejemplo, una profesora de secundaria expresaba en una de estas sesiones que ella detectaba multitud de casos de comportamientos disruptivos, pero que no se sentía con la seguridad ni las competencias para poder intervenir en estas situaciones de manera segura. Es decir: si no siento que dispongo de los conocimientos teóricos necesarios, no intervengo en lo que se escape de lo meramente académico. Esto me dio que pensar. ¿En la intervención con menores, con personas, todo se reduce a lo académico? ¿A lo teórico? Somos capaces de poner en marcha las metodologías de trabajo más alternativas y modernas, pero no somos capaces de conversar con un chaval/a que te está pidiendo ayuda sin palabras? ¿Somos capaces de ver más allá de lo que a simple vista se nos muestra?

 

Ir más allá

En un momento de la sesión, quise compartir mi herramienta maestra. La que llevo utilizando desde el primer día que me vi sentada en una sala con un chaval de 12 años que acababa de pelearse con un compañero durante una actividad. Ese día, lo teórico no servía, o al menos, así lo sentí yo. No valía jugar a recordarle que las peleas no estaban permitidas en el centro, ni que lo que acababa de pasar era algo muy negativo, que tendría consecuencias. Supongo, que mirándole entendí que eso ya lo sabía. Que quizás era cuestión de ir más allá de lo que había pasado hacía un rato en la pista deportiva. El chico, estaba sentado frente a mí, con los brazos cruzados, con la mirada fija en la mesa. La mandíbula apretada, respiraba agitado. Recuerdo que empaticé con él, con lo que estaba sintiendo al menos exteriormente, porque no sabía que pasaba por su cabeza (Punto primero: somos humanos, somos profesionales, pero no leemos la mente del chaval. Todo lo que piense, estará basado en nuestros filtros, nuestros prejuicios y nuestra experiencia vital. Contando con que somos la figura adulta, la autoridad y la referencia, ¿a qué tenderemos? Simple: a dar lecciones de moral).

Así que, se me ocurrió preguntarle ¿cómo te sientes ahora?. Este momento es un quiebre. El chaval está esperando, como adultos que somos, que la primera pregunta sea para saber qué ha ocurrido (porque los/as adultos/as solemos centrarnos en el hecho en sí) o para echarle una reprimenda, ya que si está ahí él solo sentado, es porque hemos decidido que  ha sido el culpable de la pelea. Cuando le preguntamos a un adolescente que cómo se siente, le hacemos conectar con su parte menos racional, más instintiva. La adolescencia se caracteriza por la necesidad de demostrar lo que nos creemos que somos, aunque seamos exactamente lo contrario. Por eso, si echamos la vista atrás, somos capaces de recordar nuestros “mensajes tipo”; esos que repetíamos hasta llegar a creérnoslos. Si le preguntamos cómo se siente, abrimos la puerta para que, durante al menos esos minutos, deje al personaje de lado y hable su self real.

 

vínculo

 

Miedo a ser, miedo a estar, miedo a sostener

Cuando cuento esta experiencia en las sesiones formativas con los equipos docentes, la gran mayoría de asistentes me miran con expresión de no entender nada. ¿Acaso no resolviste el conflicto? ¿Qué hiciste para que el chaval pidiera perdón al otro?. Siguen en la teoría, en sentir que lo más importante es el resultado, como si los humanos tuviésemos una serie de teclas cuya combinación diera uno u otro resultado (esto es algo que los/as profesores/as comparten con los/as padres y madres. La necesidad de que exista un manual básico de actuación con el que conseguir manejar mágicamente a sus alumnos/as o hijos/as, sin tener que sufrir por ello como madre/padre/maestro. Entra en juego un factor muy importante en la relación adulto-menor, tanto en el contexto escolar como en el familiar y social: el miedo. Miedo a marcar normas y que nos dejen de querer (esto lo habré escuchado más de veinte veces en sesiones con madres y padres); miedo a darme cuenta de que somos los/as responsables del conflicto que acaba de explotar; miedo a darme cuenta de que no sé hacerlo, y de que tampoco pido ayuda para aprender a hacerlo de otra forma. Miedo al fracaso, en definidas cuentas. Que, casualmente, es el que sentimos absolutamente todos los seres humanos. Hasta el chico que está sentado en la silla frente a mí, tiene miedo a fracasar, a que no le quieran, a no saber hacerlo bien.

El vínculo. Esa es la “herramienta mágica”. Los/as docentes vuelven a abrir los ojos, como si hubiéramos descubierto la piedra filosofal. ¿El vínculo? ¿Cómo es eso?. Pensemos en nuestra adolescencia – les digo- Pensemos en alguna figura adulta que se convirtiera en nuestro referente. ¿Por qué consiguió ese lugar? ¿Qué hacía de especial para que fuera un/a referente para nosotros/as? “Tenía un profesor de biología, que, todas las mañanas, antes de comenzar la clase, nos preguntaba cómo estábamos. Si queríamos, nos invitaba a contar algo emocionante o positivo que nos hubiera ocurrido en los días en los que no nos habíamos visto”. Este tipo de recuerdo, se repitió en la mayoría de los/as profesores/as que participaban en la sesión. “Sentía que el profesor se preocupaba por mí”, “Nos hacía ver que le importábamos”, “Llamaba a mi madre para felicitarle por mi comportamiento”. En resumen: sentían que “eran” y que “estaban”. Para un/a adolescente, esa es una de las necesidades más acuciantes. De esta manera, se ponen los cimientos para poder forjar el vínculo necesario que nos permita abordar otros aspectos necesarios en su ámbito personal, social, escolar y familiar.

Encontramos una primera definición en el diccionario María Moliner. En su primera acepción, define el vínculo como “algo que une una persona o cosa a otra. En lenguaje corriente actual sólo se aplica a cosas inmateriales: vínculos espirituales, de sangre, de parentesco, históricos, raciales”. En su segunda acepción nos muestra que sería “lazo, ligadura”. Esta definición nos introduce en la naturaleza inmaterial e invisible de este concepto.

El modo en que nos relacionamos con otros está influido por factores como nuestra experiencia vital, los acontecimientos positivos y negativos, las formas de apego primarias, las creencias,  la mirada que depositamos en el otro, los intereses que nos mueven al relacionarnos, la calidad comunicacional, los mensajes que emitimos, el modo de recibir la información del exterior, el manejo del poder, las cargas socioafectivas que nos acompañan en nuestra trayectoria de vida y las cuales depositamos en los otros, el grado de diferenciación que logramos experimentar o no con los otros. Y todo ello envuelto en un mapa cultural, histórico y social que genera sus propias estructuras de pensamiento y acción en el contexto donde nos movemos los humanos.

El vínculo, por tanto, se podría definir como la “síntesis de la interacción entre dos personas quienes, a través de sus mecanismos de relación ponen en juego su propia historia de vida y sus experiencias”. Esa es la principal barrera con la que me encuentro en el trabajo con docentes. Un/a profesor/a, no está formado para mostrarse tal y como es ante su alumnado. Está formado para transmitir una serie de contenidos académicos, facilitar que el clima en el aula sea el adecuado para que el alumnado pueda aprender estos contenidos, centrando todos sus esfuerzos en la meta, y no en los procesos. El vínculo, se caracteriza precisamente por ser un proceso, vivo, flexible, lleno de altibajos, idas, venidas, y vueltas a la casilla de inicio. Pero, la experiencia me dice, que es la base de cualquier proceso con un/a adolescente, ya sea educativo o terapéutico. Es necesario invertir tiempo y consciencia en el proceso del vínculo, que al fin y al cabo, consiste en tender puentes para que ambos/as componentes de la relación, consigan verse, reconocerse y acompañarse desde el SER. Yo defino el vínculo como el proceso de ser y estar al servicio del otro/a, como algo bidireccional. Si centramos nuestra atención en el proceso, en la construcción del vínculo, la relación se vuelve más auténtica. Se instala en el “aquí y ahora” de una forma natural, comprendida y necesaria.

El vínculo no es solo la herramienta más facilitadora a nivel educativo, sino también en mi experiencia a nivel terapéutico. Desde el enfoque Gestalt, el vínculo  es el elemento principal en la creación de la relación terapéutica. Esto es algo que traspaso al equipo de docentes en las sesiones de formación. “Lo que cura es el vínculo” (Irvin Yalom), sería la esencia que explique el por qué es tan importante enfocarse en el vínculo como la llave que abre la posibilidad de iniciar cualquier proceso, educativo, personal y/o terapéutico. Por eso, es imposible hablar de técnicas y herramientas concretas para la intervención con menores en particular. Porque no sabemos qué es lo que puede funcionar o no hasta que no nos encontremos frente a frente con el/la otro/a, y podamos saber cómo viene, cómo se siente.

Por eso, lo único en lo que podemos centrar nuestra atención es en la construcción del vínculo, permitiéndonos a nosotros/as mismos/as y al otro/a simplemente ser. Si el/la adolescente decide pasarse la mitad de la sesión en silencio, ya está diciéndonos algo. ¿Por qué no dejarle ser en el silencio? ¿Por qué necesitamos sentir que controlamos algo tan incontrolable como la esencia humana?. En contra de lo que se piensa, los/as adolescentes necesitan sentir este vínculo con su profesor/a, educador/a o terapeuta. Esta opción es la que nos lleva a poder marcar normas y límites que sean entendibles y sin que se generen reacciones negativas. Podremos ser capaces de utilizar otra mirada que vaya más allá del conflicto o del pasado.  Es la que nos permitirá sostener al otro, sin irnos al discurso o a las normas morales que se espera de la autoridad. Si se les deja ser, se muestran tal y como son. Si se muestran tal y como son, nos obligan a mostrarnos así a nosotros/as. Y quizás, eso es lo que más miedo nos da.

El vínculo deberá estar formado por diversas variables, que van desde la entrega del profesional al proceso, su capacidad de estar en el presente en contacto con el otro/a, realmente interesado en él/ella, poniendo en marcha todos los recursos de los que dispone, ofreciendo apoyo, seguridad, curiosidad, deseo y motivación para avanzar. Y nuestro papel, será hacer que el/la joven se sienta con la confianza de poder ser y hacer, mientras nosotros/as iremos viendo qué es aquello que le puede estar haciendo daño o le impide poder relacionarse de manera positiva ya sea con sus amigos, en el centro educativo o con su familia. Cuanto más confianza y seguridad sienta el/la menor en los momentos de intervención, más confianza y seguridad sentirá en los otros ámbitos que rodean su vida. Aprenderá a percibir a la figura adulta de una forma más sana y equilibrada, como alguien que ya ha pasado por donde él/ella está ahora. Sólo a través de esta primera puerta, podremos acompañarles a seguir avanzando a la siguiente etapa de manera confiada, y siendo ellos/as los/as protagonistas.


Fotografía: Matheus Ferrero

¿Quieres sentirte mejor? Agradecer puede ayudarte.

Hagamos un resumen de un día cotidiano, ¿a dónde vamos?, ¿con quien hablamos?, ¿que vimos en la prensa, en la tele, o lo que escuchamos en radio?, ¿de qué se habló en la oficina? lo que se compartió en las redes sociales, en fin, todos aquellos contenidos que cargaron nuestro día, sinceramente  cuantas ¿noticias buenas recibimos?, y al contrario ¿cuantas noticias malas recibimos?, generalmente sin querer como sociedad entramos en un bucle de quejas y de malas noticias que contamina nuestra visión de la vida, pero realmente ¿todo está mal?

 

¿Cuánta energía nos roba la queja constante?, ¿cuánto poder emocional perdemos en mantener este hábito?.  La queja nos debilita psicológicamente y nos predispone a filtrar la vida bajo un lente de negatividad y de pesimismo. Sin embargo, si somos capaces de alimentar y entrenar el hábito de quejarnos, también podemos generar nuevos hábitos que puedan reemplazarlo.

 

El agradecer es un hábito que podemos entrenar y nos trae múltiples beneficios, además lo mejor de todo es que es GRATIS!

 

El poder del agradecimiento

 

Saltó a mi mente en una conversación realizada con un grupo de compañeros de trabajo, la importancia  de agradecer, esto luego de que una compañera de oficina que tenía el hábito de quejarse todo el día decide irse de la empresa; comentábamos el poder que tenia de robarnos energía, y de cómo nos enseñó paradójicamente a agradecer lo que teníamos hoy y por las cosas que habíamos pasado,  es decir gracias a la saturación  de quejas a la que estuvimos expuestos, nos dimos cuenta del poder que tenía sobre nosotros y sobre la importancia que tenía para nuestra salud mental despojarnos de las quejas y de empezar a agradecer.

 

Hace algún tiempo disfrute de la lectura de nuestra compañera de blog  Ana F. Luna, quien escribió un artículo sobre el tema ¿Quieres ser feliz?, Sé agradecido .  Una lectura  que nos demuestra el poder del agradecimiento.

 

A nivel personal, comencé a pensar en cuantas veces al día agradezco,  y también, ¿qué cosas debo agradecer? , damos por hecho muchas de las cosas que nos pasan o que tenemos y no nos damos cuenta de lo afortunados que somos: por estar aquí hoy, de tener a la gente maravillosa  a nuestro alrededor, de poder respirar y poder contemplar una puesta de sol, de comer 3 veces al día (o más), de tener agua corriente en nuestros hogares, y de simplemente poder prender la calefacción en días de frío. pero también me invitó a reflexionar sobre aquellas situaciones o personas que habían pasado por mi vida y que al principio no había visto las lecciones de venían a enseñarme.

 

Decidí entonces poner en práctica el cambio de filtro, y decidí prestar más atención a aquello que consideraba positivo en lo cotidiano,  realmente pude observar cambios en mi energía vital, y cambios en mi actitud frente a las situaciones cotidianas.

 

Por fortuna  han habido profesionales en el área de la salud mental que se han preocupado por estudiar si una ACTITUD Y HABITO DE AGRADECER  tiene efectos en nuestro cerebro. No lo digo yo, lo dicen las investigaciones.

 

 

fuente: www.intimind.es

 

“La gratitud siempre tiene cabida en nuestra vida. Estudios demuestran que la gente agradecida es más feliz porque en vez de preocuparse por las cosas que le faltan, agradece lo que tiene”.— Dan Buettner

 

Sí, hace bien agradecer.

 

Agradecer no es lo mismo que dar las gracias, el agradecer amerita todo un proceso cognitivo y una conexión real y consciente. Hay conclusiones generales que podemos rescatar de las diversas investigaciones realizadas desde la psicología, la medicina y las neurociencias.Algunas de las conclusiones más importantes de la gratitud que plantean Robert A. Emmons, investigador de la Universidad de California y como se pudo ver en el video endiversas investigaciones son las siguientes:

 

  • Nos ayuda a cambiar nuestra actitud frente a la vida, modificando el filtro que hacemos de las situaciones.

 

  • Mejora nuestro auto concepto, fortaleciendo nuestra autoestima, por consecuencia nos produce mayor sensación de seguridad en nosotros mismos.

 

  • Somos capaces de cometer errores, de asumirlos y de mejorar ante ellos, reduciendo así considerablemente le miedo al fracaso, al contrario, transformándolo como un motivador. Desarrollando así la humildad.

 

  • Ayuda a bajar el nivel de agresividad e impulsividad: una persona que practica la gratitud y la implementa como un hábito cotidiano en su vida es menos propensa a sentir emociones como la ira, la envidia, al contrario logra desarrollar un buen nivel de tolerancia a la frustración.

 

  • Mejora nuestro filtro para tomar decisiones: la gratitud nos permite ampliar nuestro panorama a la hora de evaluar una situación y de poder tomar decisiones para resolver un problema, ya que nos ayuda a pensar con más claridad y con menos impulsividad.

 

  • Reduce el estrés y la ansiedad, cuando se ejercita la gratitud como un hábito, el cerebro no activa el sistema de alarmas, al contrario, se conecta con aquellos puntos de placer y de gozo, generando así una respuesta de tranquilidad general.

 

  • Se está conectado socialmente de manera positiva. No solamente es beneficioso para ti, una actitud de gratitud permite una respuesta menos defensiva de las personas que relacionan contigo, por lo que las relaciones personales serán muchos más sanas y generarán un ciclo de refuerzos positivos.

 

  • Tu energía vital cambia, te sientes más activo y con más energía ya que es un antidepresivo natural, una actitud de agradecimiento genuino tiene la capacidad de activar zonas en tu cerebro responsables de producir dopaminas y serotoninas. Esto por el simple hecho de ayudar a tu cerebro a enfocarse en los aspectos positivos de las situaciones, y sobre todo fomenta la capacidad de sentir placer y de disfrutar de las cosas.

 

  • CONTRIBUYE A TU FELICIDAD

 

  • Reduce el riesgo de abuso de drogas y de otras sustancias.

 

  • Fortalece el sistema inmunológico, si! Estamos menos propensos a contagiarnos de enfermedades si practicamos la gratitud!

 

 

Es hora de poner la GRATITUD en marcha

 

Obviamente la invitación no es a tener una actitud ingenua o pasiva ante las circunstancias de la vida, tampoco se invita a compararse con el drama del otro, con el pensamiento “siempre hay alguien que en peores situaciones que yo”.  Sino a pensar que si los investigadores han demostrado que la gratitud afecta directamente en nuestra salud mental, en nuestra salud física y sobre todo en nuestra felicidad, entonces para que esperar más, es hora de entrenarla!.  ¿Como? Elsa Punset nos da una guía para comenzar a trabajar en ello.

 

“No puedo más” … una reflexión sobre la presencia del suicidio en mi vida

 

Fue hace un par de días cuando una amiga me comentó el caso de otra amiga suya cuyo hijo se había suicidado hace cinco años y ella, a pesar de la terapia que había seguido, no lograba asimilar la pérdida y seguir adelante con su vida. Precisamente ayer, leí un artículo en el periódico acerca del suicidio, como epidemia silenciosa que nos acecha. Lo difundí por redes sociales, y varias personas se abrieron a comentar, ya fuera su vivencia propia o su opinión al respecto. Y tras darle vueltas todo el día, sentí muy profundamente la necesidad de compartir mi propia experiencia con el suicido a lo largo de mi vida, sin más pretensión que sacarlo del silencio, de dar luz y voz, de integrarlo y dar pie, si a alguien le nace, a que más personas compartan su experiencia.

 

Cuando “quitarse la vida” forma parte de tu primer recuerdo

Siempre me he caracterizado por tener buena memoria. Desde los tres años y pico me llegan imágenes y vivencias muy concretas que han supuesto hitos en mi biografía. Y resulta que mis primeros recuerdos tienen que ver con episodios algo críticos en la vida familiar. Mi madre solía desbordarse emocionalmente con frecuencia, y llegaba al extremo de entrar en crisis, se ponía a gritar que no podía más, iba hacia el cajón de los cubiertos en la cocina, y sacaba un cuchillo con el que amenazaba con clavárselo. ¿Qué hacía yo? Entraba en pánico, me sentía culpable por si yo había tenido algo que ver con ello, y me escondía debajo de la mesa del comedor … ese era mi lugar seguro, mi cueva. Nunca llegó a herirse físicamente. A veces se desmayaba, otras, mis hermanos o mi padre lograban quitarle el cuchillo y se la llevaban a su dormitorio … Y finalmente, “no pasaba nada” … y lo peor de todo, no se hablaba nunca más del tema. El silencio. Ese gran aliado y enemigo. De lo que no se habla, no existe. ¿Verdad?

Mi madre comenzó a separar cada vez más estos episodios, y cierto es que aunque yo vivía en alerta, me acostumbré. Fui descubriendo que ella nunca daría el paso, que solo necesitaba ser vista, escuchada. Y fue hace unos pocos años, tras morir mi padre, cuando afloró en mí esa rabia del niño que no sabía qué hacer en aquellos momentos, cuando comencé a culpar a mi madre de no haber sabido gestionar sus problemas y que me hubieran dejado una marca mayor de lo que pensaba. Y así fui avanzando en mi proceso de comprensión y perdón. Un año antes de que ella muriera, y sin buscar esa conversación, pudimos hablar de todo ello. Ella negaba que aquello hubiera sucedido. Pero no eran imaginaciones mías. Lo había corroborado con mis hermanos, y tengo recuerdos muy vívidos. Ante esa convicción por mi parte, ella se derrumbó, y me compartió el grado de soledad que sentía, de falta de reconocimiento por mi padre, y su incapacidad de poder haberlo hecho de otra forma. Poner palabras por ambas partes nos unió, nos fundimos en un abrazo, y ella se disculpó … ¿Qué sentí? Que la comprendía, aunque finalmente siempre sean los niños los que paguen las consecuencias de las carencias de gestión emocional por parte de los adultos

 

 

Compartir esto me cuesta, porque puede llevar a juicios acerca de mi madre, de mí mismo … pero más allá de esos juicios que solo surgen desde los propios egos, quería compartirlo porque nunca sabemos hasta dónde podemos llegar cuando nos sentimos al límite de lo que pensamos que podemos soportar. Y quizá, lo que más necesitamos en esos momentos, es una escucha abierta, activa, sin juicios, una mirada de amor, de apoyo, respetando el lugar donde se sitúa cada uno.

 

Seguro que conocemos a alguien que lo ha hecho …

Durante mi juventud, el suicidio consumado hizo acto de presencia en mi vida en varias ocasiones. El servicio militar, a comienzos de los años noventa, fue el lugar donde se dieron algunas de estas circunstancias. No eran hechos aislados que algunos compañeros decidieran quitarse la vida, empleando los métodos más cruentos. Y al haber sido destinado allí a la enfermería, fui aprendiendo a lidiar con alguna situación delicada. Pero el suceso que más me afectó lo protagonizó uno de los compañeros que tenía allí, con los que mejor conecté. Durante los meses que compartimos amistad, fui advirtiendo su progresión desde una expresión amable y cercana, hacia una vivencia cada vez más profunda y arraigada de la frustración, la rabia. Detrás de ello había temas familiares que no llegó a compartir abiertamente. Unas semanas antes de finalizar “la mili”, estaba muy ilusionado porque había comenzado una relación con una chica con la que se sentía muy bien … comprendido, escuchado, apoyado … y me dejó el número de teléfono de la familia de ella, para mantener el contacto una vez que nos separáramos. Transcurrieron unos meses, retomé ese teléfono y llamé. Descolgó la madre de esta chica. Se quedó fría al preguntarle por él. Finalmente me dijo que se había suicidado, poco tiempo después de licenciarnos del servicio militar. No supe reaccionar.

Años después, otro amigo que era médico, que padecía un cuadro psicótico en tratamiento, también decidió quitarse la vida, arrojándose por el balcón de la casa de su madre, donde vivía. Y llegados aquí, ¿realmente no somos conscientes de que estos hechos suceden, y que nos afectan a todos?

 

 

Y cuando llegas a no ver el sentido …

En carne propia, también puedo decir que llegué a un punto en mi vida de no ver el sentido a nada, y de tener ideaciones suicidas. Fue muy contenido en el tiempo, pero fue. Y de una forma u otra, creo que me marcó en el sentido de que no me siento especialmente conectado a la vida, y me siento con un pie entre este y el otro lado. Puedo sentir la vitalidad más extrema, más pura, pero a la vez no aferrarme a la vida como si la muerte nunca fuera a llegar. No es fácil de explicar. Es un cierto desapego. Pero quizá esa perspectiva relativa me ayuda a meterme en la piel de aquellos que deciden no seguir.

Mi momento crítico tuvo un episodio desencadenante. Con casi treinta años, decidí realizar el acogimiento de un adolescente marroquí que estaba en un centro de menores, al que había conocido a través de una ONG del ámbito de las adiciones con la que colaboraba. Apenas recibí apoyo por parte de la Administración en aquel momento, este chico estaba siendo problemático, y vieron mi solicitud como una oportunidad para quitarse un problema. La convivencia fue realmente muy difícil, con episodios violentos frecuentes, aunque sin llegar a la agresión física. Finalmente, tras cuatro meses, me sentí al límite y decidí dar marcha atrás con el proceso, de modo que él regresó de nuevo al centro de menores. Viendo con perspectiva la historia, tras más de 18 años de aquello, es cierto que no pude ni supe hacerlo de otra forma, y que él tampoco podía ni sabía. Pero para mí se abrió un periodo en aquel momento de extrema culpabilidad, de sinsentido, en el que lloraba de forma continua, sentía que había jugado con el que había considerado “mi hijo”, y entré en una espiral de pensamientos ciertamente peligrosos. Vivía en aquel momento en la octava planta de un edificio, y varias veces me asomaba a las ventanas e imaginaba qué pasaría si me dejaba caer. O buscaba información respecto a pastillas que pudieran ayudarme a dar el paso. Porque era insostenible para mí. La culpa me desgarraba por dentro.

¿Lo compartí? Sí comenté cómo vivía ese momento con mis personas más cercanas … pero no percibí que me comprendieran … O le culpaban a él de que me había manipulado, o no entendían que sintiera un vínculo tan fuerte que se había roto. Ahora miro con ojos de compasión, y sé que intentaban apoyarme, pero realmente no me sentí acogido, escuchado, apoyado desde el no juicio. Alguien me recomendó que acudiera a algún profesional, y me negué. Quizá porque quería que me apoyaran quienes yo sentía que tenían un vínculo conmigo, esa necesidad de mostrarse y ser validado por los que tienen un significado para ti.

 

 

Ahora miro atrás, y precisamente al trabajar con familias con bebés, me doy cuenta de la dificultad que tenemos de mirarnos y escucharnos unos a otros desde el corazón, más allá de nuestras creencias, expectativas, deseos … Quizá el hecho de no ver realmente a los otros, y quizá de no vernos a nosotros mismos más allá del personaje que creemos ser sea uno de los elementos que más presión nos hacen sentir dentro para que aparezca esa sensación de agotamiento, de “no puedo más”, de “hasta aquí”.

 

Acompañando a otros en el proceso …

Con los años, la vida me fue llevando a desarrollar la labor de acompañamiento que realizo en este momento, principalmente a través de la musicoterapia. Y sin buscarlo, en estos años han llegado varias personas a mí que, o han tenido algún intento de suicidio, o son familiares de personas que dieron el paso. Me encuentro con ese sufrimiento extremo que suele proceder de experiencias adversas en la infancia, ya sea por maltrato o abuso, o por abandono afectivo. Hablo de abandono afectivo (que también se menciona como negligencia) haciendo alusión a situaciones donde no ha habido episodios críticos concretos contra los niños, sino una situación mantenida de falta de conexión emocional, de “no ver” al niño, de que este desarrolla esa imagen interna de que “no merezco un lugar en este mundo”. Una depresión materna o paterna, una relación fría con los bebés o posteriormente, etc, son situaciones que dejan mucha huella, especialmente en los bebés y niños varones, que tienen un proceso de maduración neurológica más lento que el de las niñas.

Y en las personas que se quedan, dos situaciones pesan especialmente: la culpa por no haber podido hacer más, y si han sido quienes han encontrado el cadáver, el estrés postraumático derivado de ese momento, la imagen congelada del hallazgo que permanece inmóvil si no hay un acompañamiento terapéutico apropiado. En este sentido, además de los abordajes tradicionales, suele ser necesario en ocasiones recurrir a nuevas terapias con base neurobiológica, como el EMDR; o que busquen la reconexión mente-cuerpo.

 

 

En los últimos años, este tema va aflorando cada vez con más frecuencia en los medios de comunicación. He ido salpicando este texto con vídeos que me parecían interesantes para adentrarse en ello. Y aquí recomiendo visitar la web de la Red AIPIS, Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio, que desarrolla una intensa y necesaria labor de sensibilización, formación y asistencia en este ámbito.

Y nos quedan muchos interrogantes. Adentrarse en este tema implica descubrir que la proporción de hombres que se suicidan es mayor que la de las mujeres en todo el mundo, y también en nuestro país, donde de forma global, la cifra de varones triplica la de las mujeres, y en algunas franjas de edad es aún superior. ¿Qué nos hace a los hombres optar por esta vía de salida con mayor frecuencia, o al menos, ser más efectivos en los intentos? ¿Tiene que ver con nuestra peor gestión emocional?

Como sociedad, tendemos a mirar a otro lado, huimos de la muerte. En el caso de quienes lo han intentado, solemos decir que son cobardes, o que si no se dan cuenta del daño que hacen a sus seres queridos. En el caso de los familiares, suele decirse que ya está bien, que pasen página. Como siempre suelo decir, ¡¡¡cuánto nos cuesta abandonar nuestras creencias, nuestras verdades, y sencillamente estar, acoger, escuchar!!!

Distinguir lo que depende y lo que no depende de nosotros (Lección de filosofía 3)

En esta serie de 4 posts sobre las lecciones de la filosofía estoica que siguen vigentes en la actualidad, hoy nos toca hablar de uno de los elementos que más sufrimiento nos causa. La incapacidad de distinguir entre lo que depende y lo que no depende de nosotros. Gracias a Monica Cavallé, y a su libro «El arte de ser«, podemos profundizar mucho más en estas ideas.

Si quieres leer antes las otras lecciones, aquí las tienes:

 

Lección 3: Lo que depende y lo que no depende de nosotros

En el anterior posts hablábamos de libertad… Y libre, es únicamente aquel a quien todo sucede según su albedrío. Ahora bien,¿no es esto inalcanzable para los seres humanos? ¿Es acaso posible que todo lo que suceda se conforme a nuestro querer?

Los estoicos nos enseñan que sí, que este objetivo aparentemente quimérico forma parte de nuestro patrimonio esencial; pero que únicamente sucede así cuando queremos «lo que es» y lo que depende de nosotros. No es libre, en cambio, pues la realidad entrará en conflicto con su querer, el que no quiere «lo que es» y pone su bien en lo que no depende de él.

«Libre es el que vive como quiere, al que no se puede forzar ni poner impedimentos ni violentar; sin obstáculos en sus impulsos ni fallos en sus deseos ni tropiezos en sus rechazos. Entonces, ¿quién quiere vivir en el error? Nadie. ¿Quién quiere vivir engañado, dejándose arrastrar, siendo injusto, incontinente, quejumbroso, vil? Nadie. Por tanto, ningún malvado vive como quiere. Ni tampoco, por consiguiente, es libre.»

Epicteto

Nuestra voluntad no necesita ser domada ni purificada pues está estructuralmente orientada hacia lo que percibimos como un bien. Lo que tiene que ser modificado es nuestro discernimiento, en concreto, nuestras concepciones operativas sobre el bien y el mal, pues no siempre lo que percibimos subjetivamente como portador de algún beneficio se corresponde con nuestro bien objetivo. La sabiduría, la ciencia más elevada, no es otra cosa que el conocimiento cierto y operativo de lo que constituye nuestro auténtico bien.

 

depende

 

Según Epicteto, el conocimiento cierto de estas nociones se logra mediante el correcto discernimiento, entre lo que depende de nosotros y lo que no depende de nosotros. Es decir, entre lo que está o no en nuestro poder, y mediante la compresión de que solo merece ser calificado como bueno o malo lo que depende de nosotros, de nuestro Principio Rector. Es este discernimiento el que, en expresión de Marco Aurelio, «preserva la pureza de nuestra divinidad interior»; el que disuelve los juicios limitados que obstaculizan la rememoración de lo que realmente somos, los que tiñen, ocultándola, la potencia y libertad de nuestra verdadera identidad.

«En esto consiste la tarea principal de la vida: distingue entre las cosas, sepáralas y di: «Lo exterior no depende de mí, el albedrío depende de mí. ¿Dónde buscaré el bien y el mal? En lo interior, en lo mío. No califiques nunca las cosas ajenas de «bien» ni de «mal», ni de «provecho» ni de «perjuicio», ni nada semejante.»

Epicteto

 

«Acuérdate solo de la distinción aquella de acuerdo con la cual se separa lo tuyo de lo que no es tuyo. No te afanes por cosa alguna que pertenece al ámbito de lo ajeno (…) Y entonces seremos discípulos de Sócrates, cuando seamos capaces de escribir peanes (himnos dedicados a Apolo) en la cárcel.»

Epicteto

 

Lo que depende de nosotros

Epicteto incluye dentro del ámbito de «lo que depende de nosotros» solo aquello que siempre y en todo caso va a depender de nosotros, lo que pertenece al único ámbito inviolable, en el que somos totalmente libres: cómo nos representamos la realidad y, derivadamente, la actitud que adoptamos a los hechos y situaciones.

Todo lo demás queda incluido en el ámbito de «lo que no depende de nosotros»: nuestra salud, la fama y el honor, nuestras pertenencias, nuestros vínculos, lo que hacen o dejan de hacer los demás, la aprobación ajena, nuestra suerte y la de nuestros seres queridos, el desenvolvimiento de los acontecimientos, etc. Y es que, si bien sobre algunas de estas cosas tenemos un control relativo, dicho control siempre será restringido. La realidad terminará poniendo límites a nuestro querer, y ante este límite a nuestra potencia humana, lo único que puede restablecer nuestro poder esencial es la aceptación.

«De lo existente, unas cosas dependen de nosotros; otras no dependen de nosotros. De nosotros dependen el juicio, el impulso, el deseo, el rechazo y, en una palabra, cuanto es asunto nuestro. Y no depende de nosotros el cuerpo, la hacienda, la reputación, los cargos y, en una palabra, cuanto no es asunto nuestro. Y lo que depende de nosotros es por naturaleza libre, no sometido a estorbos ni impedimentos; mientras que lo que no depende de nosotros es débil, sometido a impedimentos, ajeno.

Recuerda, por tanto, que si lo que por naturaleza es esclavo lo consideras libre, y lo ajeno, propio, sufrirás impedimentos, padecerás, te verás perturbado, harás reproches a los dioses y a los seres humanos, mientras que si consideras que solo lo tuyo es tuyo, y lo ajeno, como es en realidad, ajeno, nunca nadie te obligará, nadie te estorbará, no harás reproches a nadie, no irás con reclamaciones a nadie, no harás ni una sola cosa contra tu voluntad, no tendrás enemigos, nadie te perjudicará ni nada perjudicial te sucederá.»

Epicteto

Lo que concierne al albedrío, a la parte más noble del ser humano, es lo que nunca nos puede ser arrebatado y siempre depende de nosotros, es lo único que merece, para los estoicos, el calificativo de verdadero bien o de verdadero mal.

 

depende

 

«La divinidad hizo a toros los seres humanos para ser felices, para vivir con equilibrio. Para eso nos dio recursos, entregando a cada uno unos como propios y otros como ajenos. Los que pueden ser impedidos y arrebatados y los coercibles no son propios, y son propios los libres de impedimentos. Pero la esencia del bien y del mal, como convenía que lo hiciera quien se preocupa de nosotros y nos guarda paternalmente, reside en los propios.»

Epicteto

Nuestro bien y nuestro mal, en efecto, solo pueden ser relativos a lo que nos es propio, a lo que nos especifica como seres humanos.

«Cuanto se halla dentro de los límites de tu carne y hálito vital, recuerda que eso ni es tuyo ni depende de ti».

Marco Aurelio

 

«Por eso, lo que no hace al ser humano peor de lo que es no le perjudica intrínsecamente. En cambio, el que comete una injusticia, aunque crea cometerla contra otro, siempre contra sí mismo la comete.»

Marco Aurelio

 

Lo que es «bueno» y «malo»

Según Epicteto, aquello que no depende de nosotros es «indiferente», es decir, no es intrínsecamente «bueno» ni «malo». Que lo perteneciente a este ámbito sea indiferente, no significa que no incluya bienes y males relativos, realidades o situaciones preferibles o indeseables, capaces de procurarnos alegrías o dolor. Es evidente que no nos puede resultar indiferente…

Hablamos de «indiferencia» desde un punto de vista ético. Desde esta perspectiva solo lo que tiene la capacidad de hacernos mejores o peores seres humanos es un bien o un mal en propiedad.

«Muerte y vida, gloria e infamia, dolor y placer, riqueza y penuria, todo eso acontece indistintamente al individuo bueno y al malo (…) Porque, efectivamente, no son bienes ni males.»

Marco Aurelio

Es posible asumir lo que acontece con contentamiento, ausencia de turbación en el alma y libertad, es decir, sin sufrimiento mental (aunque sintamos una punzada de dolor), cuando se tiene una actitud «del ser humano de bien que se contenta con la parte del conjunto que le ha sido asignada y que tiene suficiente con su propia actividad justa y con su benévola disposición» (Marco Aurelio).

«Para ti, el mal no proviene de la mente de otro ni de alguna alteración en tu cuerpo. ¿De dónde viene, entonces? Es tu mente la que hace juicios sobre el bien y el mal. Detén estos juicios y todo estará bien.»

Marco Aurelio

 

«(…) Que tu mente no diga que algo es bueno o malo si puede ocurrirle igualmente a un ser humano bueno y a uno malo. Pues nada que puede sucederle tanto a un ser humano que vive contra la naturaleza como a uno que lo hace en armonía con ella puede ser útil ni contrario a la naturaleza.»

Marco Aurelio

 

Pasiones y juicios limitados

Esta visión nos aporta una pauta sencilla para saber si estamos teniendo una actitud adecuada ante las cosas, es decir, si los juicios latentes en dichas actitudes están siendo, o no, ajustados a la realidad. Se trata de una clave que nos permite poner a prueba nuestras representaciones: no aceptarlas sin haberlas examinado.

«Pon al punto tu esfuerzo en responder siempre a toda representación áspera: «Eres una representación y no, en absoluto, lo representado». Y luego examínala y ponla a prueba mediante las normas esas que tienes y, sobre todo, con la primera, la de si versa sobre lo que depende de nosotros o sobre lo que no depende de nosotros. Y si versa sobre lo que no depende de nosotros, ten a mano lo de que: «No tiene que ver conmigo.»

Epicteto

Las turbaciones del alma se originan en nuestros juicios limitados. Los juicios limitados básicos latentes en nuestras emociones y conductas problemáticas se resumen en:

– Creer que depende de nosotros lo que no depende de nosotros.
– Creer que no depende de  nosotros lo que depende de nosotros.
– Creer que lo que no depende de nosotros es intrínsecamente bueno o malo.
– Creer que nuestra identidad central radica en algo que no es nuestro Principio Rector.

Así, todo los juicios que traen consigo sufrimiento evitable vendrían a ser variantes o derivaciones de estos cuatro juicios limitados fundamentales. Estos juicios permiten distinguir dos grupos básicos de perturbaciones emocionales.

 

depende

 

1- Grupo de emociones disfuncionales que se sostiene en la creencia limitada según la cual depende de nosotros lo que no depende de nosotros:

De esta creencia se deriva la dificultad para aceptar los límites que la vida pone a nuestra capacidad de acción y de intervención, es decir, para asumir serenamente lo inevitable: el pasado, los aspectos condicionados de nosotros mismos y de la existencia, el carácter cambiante e imprevisible de la vida, la enfermedad, la muerte, los golpes del destino, la forma de ser y de actuar de los demás, etc.

A este grupo de emociones pertenecen la ansiedad, el miedo crónico, la angustia, la preocupación y la inquietud desordenadas, la hipocondría, el pánico, etc.

Detrás de la necesidad excesiva de control se oculta la aspiración legítima a no sentirnos impotentes, pero esta concepción errada de la potencia, por la que buscamos que la realidad se ajuste a nuestras ideas, deseos y objetivos con el fin de evitar experimentar la debilidad, la pérdida y la frustración, es precisamente la que nos torna débiles, impotentes y dependientes de lo que no depende de nosotros. Al centrarnos obsesivamente en la manipulación de lo que no nos es propio, nos enajenamos de nuestro poder central.

La superación de este tipo de emociones problemáticas requiere cuestionar los juicios limitados que obstaculizan la aceptación, los que nos imponen «soltar» nuestro afán desordenado de control. Pues solo en la aceptación de nuestros límites afirmamos nuestra verdadera potencia.

La aceptación así entendida no equivale a resignarse: cabe aceptar cada faceta del mundo tal como es, mientras consideramos la mejor manera de transformarla en el futuro si ello es posible y si está en nuestra mano.

Estas actitudes que nos capacitan para reconciliarnos con «lo que es» se cimientan en una disposición fundamental: la confianza básica en la Realidad.

 

2- Grupo de emociones disfuncionales que se sostiene en los juicios errados que nos hacen sentir que no depende de nosotros lo que sí depende de nosotros:

Este olvido de la inalienable potencia intrínseca a nuestro Regente (guía interno «divino»), se traduce en emociones como la impotencia, la desesperación, el desamparo, la apatía, la desmotivación, la autocompasión… en general, en la sensación de ser víctimas pasivas de factores que están más allá de nuestra esfera de influencia.

 

depende

 

Estas emociones revelan que hemos pasado por alto que hay algo que siempre está en nuestro poder: los juicios sobre lo que nos pasa. Son estos juicios los que determinan que las mismas situaciones puedan tener para distintas personas significados muy diferentes.

El error cognitivo descrito es propio de quienes acusan sistemáticamente a los demás y a las circunstancias de sus alternaciones emocionales; de quienes creen que sus juicios, estamos y emociones son el resultado de lo que les ha pasado o les pasa, y que, mientras las cosas sean como son, no tienen más opción que sentirse alterados o deprimidos. Nadie es una mera víctima pasiva de las circunstancias en la media en que puede adoptar una actitud u otra ante lo que le pasa.

La transformación de estas emociones pasa por desvelar las creencias limitadas que están en su base. Pasa por advertir que hemos incurrido en una resignación ilusoria ante lo que sí puede ser cambiado; que hemos olvidado nuestro poder creador, la instancia en nosotros que nos otorga siempre señorío sobre las situaciones.

Aunque con frecuencia no podamos modificar nuestras circunstancias, siempre podemos modificar nuestra actitud ante ellas. Esta última es la única causa de nuestro sufrimiento mental, por más que esas circunstancias objetivas hayan podido traer consigo un legítimo e intenso dolor puro.

«La divinidad no solo nos concedió esas capacidades con las que podemos soportar todo lo que sucede sin vernos envilecidos o arruinados por ello, sino que, además, como correspondería a un rey bueno y a un verdadero padre, nos las concedió incoercibles, libres de impedimentos, inesclavizables, las hizo absolutamente dependientens de nosotros, sin siquiera reservarse a sí mismo ninguna fuerza capaz de obstaculizarlas o ponerles impedimentos.»

Epicteto

 

«¿Te impide este suceso ser justo, magnánimo, sensato, prudente, reflexivo, sincero, discreto, libre, etc. conjunto de virtudes con las cuales la naturaleza humana contiene lo que le es particular? Acuérdate, a partir de ahora, en todo sucedo que te induzca a la aflicción, de utilizar este principio: no es un infortunio, sino una dicha soportarlo con dignidad.»

Marco Aurelio

 

Luchar contra lo que no puede ser cambiado y sentirnos pasivos ante lo que sí puede ser modificado constituyen las dos disposiciones que pueden coexistir y que están siempre detrás de todas las formas de sufrimiento evitable.

«En donde ponga el «yo» y «lo mío», a ello es fuerza que se incline el ser vivo. Si en la carne, allí estará lo dominante; si en el albedrío, allí estará; si en lo exterior, allí.»

Epicteto

Nada nos impide crecer, actualizar lo que somos. Nada justifica el estancamiento interior. Ante todo podemos dar una respuesta creativa a actualizadora. Todo puede convertirse en un bien interior.

«¿Se puede, entonces, sacar provecho de esto? De todo. ¿Y también del que insulta? Si. ¿Cuánto aprovecha el entrenador al atleta? Muchísimo. Pues el que me insulta se vuelve entrenador mío; entrena mi capacidad de aguante, mi docilidad, mi mansedumbre. (…) Si alguien me entrena en la docilidad, ¿no me aprovecha? (…) ¿Un mal vecino? Para mí mismo, pero para mí, bueno. Entrena mis buenos sentimientos, mi ecuanimidad. ¿Un mal padre? Para sí, pero para mí, bueno. Esto es la varita de Hermes: «Toca lo que quieres -dice- y se convertirá en oro». No, sino: «Venga lo que quieras y yo lo convertiré en un bien.»

Epicteto