¿Qué es el arte?: la tentación escéptica

Anteriormente habíamos visto cómo la obra de Warhol había supuesto, para Arthur Danto, el fin de las definiciones tradicionales del arte así como de la historia del arte; el arte contemporáneo se identifica más que nunca con la filosofía.

 

Brillo Box (1964), Andy Warhol [Rocor. Flickr Commons (CC)]

 

La tentación para muchos filósofos, ante la dificultad de definir el arte y ante su acercamiento a la filosofía, ha sido, siguiendo a Wittgenstein, caer en el escepticismo: no se puede dar una definición satisfactoria del arte ni de la filosofía. Para Wittgenstein, sobre lo verdaderamente importante no se puede teorizar, y hacerlo sólo lleva a sinsentidos. La filosofía no es más que lenguaje mal empleado o infrautilizado. La definición del arte no puede ni necesita ser formulada.

Para empezar, un wittgensteniano no puede aceptar una definición de arte que haga alusión a la intención del artista, porque eso sería incluir cualidades mentales, lo que implica caer en mentalismo y, por tanto, dualismo. La definición debe basarse, pues, en rasgos externos; pero hoy el arte puede englobar cosas externamente tan diversas (desde un urinario hasta un cuadro, pasando por una caja de detergente) que no podemos dar una definición del arte acorde con las tradicionales exigencias filosóficas de necesidad y suficiencia.

La filosofía ha supuesto a priori que el conjunto de las obras de arte constituye una clase de especie, una serie lógicamente homogénea de objetos cuyo principio de homogeneidad puede ser hallado. El fracaso en obtener una definición puede residir en que el conjunto de las obras de arte no es una clase de este tipo, sino que cuenta con una estructura inadvertida por los filósofos. ¿Por qué no una serie de cosas lógicamente abierta, sin rasgos comunes con los otros miembros del conjunto, como la noción wittgensteinana de juego?

Así pues, la salida natural wittgensteniana, ante el rechazo del esencialismo y la teorización, es dar una definición no esencialista, como la de los juegos del lenguaje. Identificamos algo como juego (u obra de arte) sin que haga falta una definición, sólo por intuición. Al ser depositarios de la palabra, lo que hacemos simplemente es reconocer cuáles son juegos y cuáles no, y no lo hacemos aplicando una definición. Es una intuición que reside en el uso lingüístico, en saber usar la palabra “arte” correctamente. Entonces la filosofía del arte se convierte en una sociología del lenguaje en el cual “arte” u “obra de arte” funcionan. El problema es que esta teoría no puede dar cuenta de las posibles novedades artísticas ni tampoco del problema de los indiscernibles: alguien que supiera usar la palabra “arte” estaría confuso al tener que determinar cuáles son obras de arte y cuáles no ante cosas cuyos rasgos observables fueran exactamente iguales (la caja de detergente de Warhol y una que podamos encontrar en el supermercado). No cabe esperar una piedra de toque para identificar obras de arte; no podemos identificaras por inducción, o emulando a alguien que saber en qué consisten las obras de arte, o por algún tupo de enumeración simple. Arthur Danto sostiene que sólo en periodos de estabilidad artística se puede llegar a identificar las obras de arte de modo inductivo, y eso lleva a pensar que se tiene una definición cuando todo lo que se tiene es una generalización accidental. Así pues, cuando se produce una revolución y entran cosas nuevas en el mundo del arte, se desbarata la generalización y se concluye que no puede haber definición.

Estas dificultades hacen que los wittgenstenianos hayan acabado entregándose a teorías convencionalistas, institucionalistas, del arte: las obras de arte serían los artefactos que gozan de un estatus especial dentro del marco institucional denominado «el mundo del arte». El propio Danto fue considerado como aquél que sentó las bases de la teoría institucionalista del arte en su ensayo El mundo del arte (1964), influyendo especialmente en la teoría institucionalista de George Dickie. En La transfiguración del lugar común (1981), Danto se quiere desmarcar de esa etiqueta. Por tanto se opone al escepticismo de los wittgenstenianos y sus seguidores sobre la definición del arte.

El gran error de los filósofos, para Danto, ha sido formular teorías del arte basándose en el estado contingente del arte de su tiempo. La revolución del arte contemporáneo nos pone ante el problema en toda su crudeza, nos fuerza a salir de nuestra contingencia y contemplar el fenómeno artístico ampliamente. Quedarse en el escepticismo relativista, convencionalista, es no querer afrontar la dificultad.

Danto sostiene que la raíz de esta aparente imposibilidad de definición sucede sólo si limitamos los elementos de la definición a aquellas cualidades que capta el ojo. Si ampliamos nuestro espectro a propiedades de otro tipo, podemos toparnos con que la asombrosa homogeneidad en la clase de objetos hasta ahora contemplados bajo la perspectiva wittgensteniana no es tal, sino que se muestran como una mera familia de objetos heterogéneos.

En próximas entradas desarrollaremos la definición de arte de Arthur C. Danto.

 

Referencias:

Desenmascarando el autoengaño

¿Has observado cómo algunas personas crean justificaciones o modifican una actitud previa, sin permitirse reconocer un error incuestionable o una discrepancia?¿recuerdas a alguien comportándose de forma opuesta a las creencias o valores que defiende, y a pesar de la evidencia, seguir aferrándose a ellas usando algún autoengaño? Seguro que sí, nos pasa continuamente.

autoengaño

¿Por qué existe el autoengaño?

Cada año, muchos se comprometen con ir al gimnasio, a un curso de idiomas, seguir una dieta, dejar un hábito perjudicial. Pero tras un tiempo, se ven incapaces de mantener una disciplina, de alcanzar objetivos, de resistir tentaciones. Aparecen entonces argumentos que permiten justificar esa desviación de la meta.

Erróneamente, el primer juicio puede ser que nos mienten deliberadamente o que la testarudez les impide reconocerloEn muchas ocasiones, realmente es resultado de un proceso mental que busca evitar un malestar psicológico. 

Es más complejo «cazarse» a uno mismo en un autoengaño, ya que creemos en la justificación que creamos. Con el tiempo y la reflexión somos capaces de reconocer el sutil autoengaño o justificación que relativiza la incongruencia.

La falta de sintonía entre lo que nos proponemos y lo que hacemos realmente, provoca una desagradable sensación interna. Cuando tenemos dos pensamientos, creencias, opiniones o actitudes contradictorias crea una intensa falta de armonía interna.

¿Es patológico autoengañarse?

Son estrategias defensivas, son adaptativas, son necesarias para limitar el procesamiento de información que es angustiante e impidir vivir en un desbordamiento emocional continuo. Pero cuando funcionan de una forma masiva e inflexible pueden derivar en patológicas. Muchas personas con dificultades psicológicas, tienen un funcionamiento cognitivo muy poco flexible . Mantienen con rigidez ciertas actitudes dañinas o creencias acerca de ellos mismos y los demás, que les lastran en su vida cotidiana.

Cuando muchos fumadores se plantean dejar de fumar dicen frases como “de algo hay que morir”, “estoy en una época muy estresante, no es un buen momento“, “Fulanito ha fumado toda la vida y no ha muerto de cáncer”, “sólo un paquete más y ya dejo de fumar”. Son argumentos válidos, pero irracionales desde el punto de vista de la salud, dado que conocemos el riesgo elevado de contraer cáncer o de desarrollar problemas cardiovasculares o pulmonares. Se justifican, transformando opiniones o la actitud, al no querer o no poder dejar de fumar: engañándose a sí mismos.

Abordar el autoengaño desde la ciencia

Los seres humanos nos distinguimos como especie por poseer una mente con una impresionante capacidad de adaptación y razonamiento. Pero esta maquinaria evolutiva también procesa erróneamente la información. Creamos argumentos sesgados a favor de las creencias, de  reducir discrepancias y no reconocer errores. El malestar emocional resultante de mantener una incongruencia psicológica es conocido en psicología como disonancia cognitiva.

El psicólogo norteamericano Leo Festinger propuso la teoría de la disonancia cognitiva en la década de 1950. En sus investigaciones, observó que tendemos a autoevaluar conductas, pensamientos y actitudes. Las comparamos con nuestros sistemas de creencias internos y del entorno social donde crecemos. Si aparecía una falta de congruencia, corregían la discrepancia con estrategias mentales. La disonancia cognitiva es un estado interno de tensión y malestar psicológico al sostener actitudes o pensamientos incompatibles con las creencias. El conflicto impulsa a reducir el malestar de diferentes formas:

  • cambiando el comportamiento.
  • justificando la conducta o actitud que crea la disonancia, alterando por lo tanto los pensamientos o creencias previas.
  • creando nuevas ideas y argumentos en torno al pensamiento o creencia en tela de juicio .

autoengaño, disonancia cognitiva

Autoestima, identidad y conciencia moral

Desde un punto de vista relacional, el autoengaño está a la orden del día en nuestras relaciones. Nos esforzamos porque los demás tengan una determinada imagen y buscamos influir en sus percepciones, desde la infancia nos acompaña una necesidad de aprobación, de reconocimiento y de evitación del rechazo en nuestros vínculos.

La mente se esfuerza automáticamente por preservar un sentido estable y coherente de la identidad, manifestando confusión, estrés, enfado, frustración, vergüenza,culpa, si algo la amenaza. Por ejemplo, si uno se percibe incapaz de alcanzar sus objetivos o comportándose en contra de sus valores. La disonancia cognitiva sirve como sustrato psicológico de la conciencia moral. Nos motiva a permanecer en consonancia con nuestras creencias y los valores sociales.

Alguien que defiende “estoy absolutamente en contra de la infidelidad”, criticará lo que considera miserable por diferentes motivos. Sus valores morales provenientes de la cultura o familia, por el peso de la culpa si transgrediera él la relación, por necesitar tener una imagen propia como alguien honesto, la angustia al imaginar si sufriera él la traición, etc. Pero si se produce una situación donde termina siendo infiel, podría no reconocer fácilmente su responsabilidad, autoengañarse para evitar la discrepancia (culpabilizando al alcohol que bebió,  o a su pareja por no darle lo que necesita).

Errar es humano

A pesar de las mejores intenciones y esfuerzos, es inevitable equivocarnos. Errar es humano, pero no es plato de fácil digestión. Atribuir la responsabilidad en otros, buscar pruebas que confirmen aquello que creemos, desdecir y enmendar afirmaciones pasadas. Múltiples estrategias de autoengaño para evitar daño en la autoestima, proteger la identidad, o ser rechazado por un ser querido.

Evitar admitir los fallos impide una crítica constructiva. La verdad puede ser dolorosa, pero reconocerla es la vía única para comprendernos mejor, rectificar hábitos inadecuados y adquirir nuevas habilidades.

Un aprendizaje para obtener una versión mejor y más libre de nosotros mismos.

 

 

La muerte, un proceso de transformación

¿Qué tiene de malo la muerte?

Cuando una acción termina y un deseo, un pensamiento se evaporan, hay una especie de muerte sin la sombra de un mal. Ahora piensa en los períodos de la vida, en la infancia, en la adolescencia, en la juventud, en la vejez. El paso de uno a otro período es una verdadera muerte. ¿Hay algo en esto de malo? (…) Lo mismo será la muerte: cesación, interrupción o cambio de toda la existencia.” (Marco Aurelio, Pensamientos)

La muerte es un tema tabú en nuestra sociedad. Se esconde, se habla poco de ella, se mira hacia otro lado y cuando se presenta se intenta que todo aquello que conlleva la muerte: velatorio, ceremonias de cremación, entierros, despedidas, duelo, cierre… sea lo más breve posible. ¿Qué tiene de malo la muerte? ¿Por qué tememos incluso mencionarla como si con ello la estuviésemos invocando?

¿Cómo pensamos la muerte?

En realidad la muerte está presente por doquier. Como señalaba Marco Aurelio el paso de un período a otro implica una muerte, muere el niño para dar paso al joven, sin embargo nadie en nuestra sociedad dice: “ha muerto el niño y morirá después el joven”. Vemos las flores caer para dar lugar a los frutos y sin embargo no nos apenamos por la muerte de la flor. Tan siquiera lo vemos como una muerte sino que en este caso percibimos la transformación.

Ahora bien, cuando se trata de personas o seres queridos o bien cuando proyectamos nuestra propia muerte, entonces tendemos a conectar con sentimientos de angustia y profundo dolor. Por supuesto, existe el dolor por la pérdida, la nostalgia que nos trae el recuerdo de lo que fue. Pero ¿hasta qué punto la forma en la que percibimos la muerte es la que condiciona en verdad el modo en qué nos relacionamos con ella?

La muerte, sólo un concepto

¿Y si la muerte no existe? Cuando hablamos de muerte proyectamos una especie de fin, de ruptura, de desaparición absoluta y vacuidad angustiosa, el aniquilamiento de la vida. Incluso si imaginas un color es fácil que pienses en el negro o el gris. Y la imagen de la Muerte personificada con una capa negra y llevando una guadaña ha llegado a convertirse en una imagen arquetípica.

Pero ¿qué ocurre si en lugar de definir la muerte como “cesación o término de la vida” (RAE) la definimos como “parte del proceso de transformación de la vida”? No conocemos la muerte, de modo que sólo es aquello que nos imaginamos de ella. 

Párate un momento a pensar en lo expuesto. Te propongo pensar primero en algunos procesos de la naturaleza:

  1. El agua del mar que se evapora y se convierte en nube y la nube en lluvia, que vuelve a la tierra y alimenta las plantas, los ríos, los mares… ¿quién o qué muere aquí?, ¿muere el mar?, ¿muere la nube?, ¿muere la lluvia?

  2. La semilla que se rompe para brotar, que da lugar a una pequeña planta y la planta a un enorme árbol y el árbol da lugar a las flores y de las flores nacen después los frutos que nos comemos, o que vuelven a caer a la tierra y se descomponen en ella… ¿muere la semilla?, ¿muere la planta?, ¿mueren el árbol, la flor, el fruto?

  3. El huevo que se convierte en larva y después en insecto que en algún momento es engullido por una rana y la rana comida por una serpiente… ¿muere el huevo?, ¿muere la larva?, ¿muere el insecto?, ¿muere la rana?…

¿Dónde está el límite en el que la transformación pasa a llamarse muerte y la muerte pasa a ser entendida como fin de la vida? ¿El fin de qué vida?

La Vida prevalece sobre la muerte

Si nos detenemos a observar los ejemplos que hemos puesto o si pensamos incluso en las personas, lo que muere es lo concreto, lo individual, pero la Vida no muere, la Vida sigue su curso:

Hijo mío, si alguien le hiciera un corte a este árbol en su raíz, su savia sangraría, pero seguiría viviendo. Y lo mismo sucedería si lo hiciese en el medio o en la copa. Pero como está penetrado por la vida, sigue en pie, bebe y se deleita con la vida.

Si la vida abandona una de sus ramas esta se seca. Si abandona una segunda, también se seca y si abandona una tercera rama también se seca. Si abandona todo el árbol entonces todo el árbol se seca. Del mismo modo, cuando la vida abandona el cuerpo, el cuerpo muere pero la vida no muere.” (Chāndogua Upaniṣad, 6.11. 1-3)

Cuando podemos pensar la muerte en términos de transformación, irremediablemente nos remite a una Vida mucho más grande y vasta que lo concreto e individual. Y a su vez, esto nos invita a reflexionar en la vida que vivimos. ¿Identificamos nuestra vida con lo concreto y lo particular?, ¿nos identificamos sólo con el cuerpo y la mente?, ¿nos vivimos como individuos concretos separados de los demás?, ¿quién soy yo y quién es el que muere cuando muere el cuerpo?

¿Cómo querría morir?

Todo este tipo de cuestiones son una invitación a la Vida. Resulta que aquello que llamamos muerte tal vez sea sólo un proceso de transformación , ahora bien, la mente tiene un papel fundamental a la hora de determinar nuestra forma de vivir-morir.

Igual que el tipo de flor, de fruto, o la distribución de la lluvia, dependerán de los condicionantes previos, del mismo modo nuestra forma de morir también estará condicionada por nuestra forma de vivir.

Dicen que cuando dispararon a Mahatma Gandhi cayó al suelo diciendo “Sri Ram, Sri Ram”. Es decir, vivió su vida con la mente enfocada a lo divino en todos los seres y murió repitiendo el nombre de la divinidad.

Si la mente crea la realidad ¿es posible que en el momento de la muerte nos convirtamos en aquello que pensamos? Y cuando llegue el momento de esa muerte, ¿cómo querría que me encontrase?

La muerte forma parte de la vida y al elegir cómo nos gustaría morir, elegimos también como queremos vivir. La Vida se expresa a través de la transformación entre muerte y vida. Cierro citando a Jñāneśvara, un santo indio del s.XII:

Los anhelos que una persona tiene mientras vive,

que moran fijos en su corazón,

vienen a la mente en el momento de morir.”

Las fuerzas del cambio, ¿cómo avanzar sin perdernos a nosotros mismos?

El cambio nos acompaña a lo largo de nuestra vida lo queramos o no, es algo inherente al hecho de existir. Si nos fijamos en la naturaleza observamos que nada en ella permanece estático, todo cambia, a distinto ritmo e intensidad eso es cierto, pero siempre cambia. Los cambios pueden ser visibles, como el cambio físico que experimenta el cuerpo de una persona desde el nacimiento hasta la vejez, o pueden pasar más desapercibidos, como los cambios de actitud, de conocimientos, de interés y de sentimientos. El cambio está siempre presente.

cambio

Las fuerzas del cambio: la lucha entre la homeostasis y la physis.

 

Cambiar, a pesar de ser un proceso natural, que si se bloquea o impide puede llevarnos a la no salud, es un proceso duro. Debido a su dificultad y al reto que supone, a veces repetimos acciones y/o pensamientos que no nos gustan o que deseamos evitar. Aunque lo que vayamos a obtener después del cambio sea satisfactorio para nosotros y nos haga sentirnos más orgullosos o fuertes, el hecho es que cambiar en si mismo puede resultar apabullante. Si te tomas un segundo para pensar en los cambios que has ido realizando a lo largo de tu vida es probable que recuerdes la sensación de vértigo que los precedió. Los nervios antes de iniciar un nuevo trabajo, al irte a vivir con tu pareja, al hacer una compra importante o incluso tal vez al decidir cambiarte el corte de pelo.

 

miedo al cambio

 

La lucha interna que precede al cambio se debe a la tendencia en el ser humano de mantener la homeostasis. Según la RAE se entiende por homeostasis al conjunto de fenómenos de autorregulación, que conducen al mantenimiento de la constancia en la composición y propiedades del medio interno de un organismo. En el terreno psicológico Richard Erskine explica la homeostasis como una forma que tiene la persona de dar continuidad y predictibilidad a su vida. Según explica el fundador de la Psicoterapia Integrativa en su artículo “Los desafíos del Cambio y del Crecimiento”, mediante el mantenimiento de los antiguos patrones de comportamiento, de los hábitos, incluso de las antiguas relaciones, la persona adquiere una estructura psicológica que le permite dar significado a su vida.

 

Las personas necesitan tener una sensación de seguridad y de control que les permita hacerse una idea del futuro y predecir lo que vendrá. Mediante la homeostasis se consigue esta sensación de continuidad, de vivir algo conocido que sabemos cómo afrontar. Gracias a esta teoría podemos entender mejor por qué nos cuesta tanto dar ese paso final que nos llevará a cambiar algo en nuestras vidas, a pesar de que lo que nos espera tras esa decisión sea algo positivo.

 

Sin embargo, como hemos dicho al principio del artículo el cambio es algo intrínseco a cualquier organismo vivo, por tanto es algo inevitable. Si la homeostasis es la fuerza que nos ayuda a mantenernos estables, la physis es la fuerza que nos lleva a cambiar. La physis es la fuerza que nos impulsa a crecer, a desarrollarnos, a ser más creativos, a establecer nuevos objetivos y a descubrir nuevas facetas de nosotros mismos. Es la fuerza interna que nos lleva a buscar nuevos caminos cuando los conocidos se nos quedan pequeños, es la vitalidad y el descubrimiento de lo que está por venir.

 cambio

 

A pesar de ser contrarias ambas fuerzas son igualmente importantes para mantener el bienestar y la salud mental y emocional de la persona. Como casi todo en la vida la clave está en el término medio, en que ambas fuerzas se equilibren. Gracias a la homeostasis sentimos estabilidad y cierta sensación de control y de capacidad de respuesta que nos permite continuar con nuestras vidas y gracias a la physis somos capaces de avanzar, de cambiar, de no quedarnos estancados. Podríamos decir que el crecimiento saludable es aquel en el que la persona va cambiando a un ritmo ajustado a su capacidad de adaptación, de forma que a la vez que cambia mantiene su estabilidad interna.

 

Paradoja del cambio, ¿por qué cuánto más deseo cambiar menos lo consigo?

 

Según explica el Dr. Erskine la teoría paradójica del cambio de Arnold Beisser (1971) propone que «el crecimiento psicológico ocurre cuando nosotros y otras personas a nuestro alrededor apreciamos quiénes somos». Cuánto más forzamos el cambio menos se produce, el cuerpo y la mente se resisten a algo para lo que no están preparados y luchan para mantener la homeostasis de la que hablábamos antes. Sin embargo, si en un proceso terapéutico, el terapeuta se interesa genuinamente por la experiencia de la persona, por su manera de afrontarla, por sus acciones y por sus sentimientos, sin entrar a juzgarla, fomentará en ella el deseo propio de cambiar y de crecer.

Resulta paradójico que el camino hacia el cambio pase por la aceptación de uno mismo pero no por paradójico resulta menos verdadero. Espero que este artículo sirva para reflexionar acerca de uno mismo y para afrontar lo que se desee cambiar desde la auto aceptación y las ganas de crecer y no desde la lucha y la ira.

 

aceptación y cambio

 

Fuentes

http://dle.rae.es/srv/search?m=30&w=homeostasis

http://www.integrativetherapy.com/es/articles.php?id=89

 

 

Dejar de fumar y el peso ideal

Dejar de fumar predispone a engordar y se conocen las razones que lo explican. Los cambios se producen, especialmente, en los tres primeros meses. Según los estudios, se sube entre 3 y 5 kilos de media. Sin embargo, todo tiene remedio y esto también. Los kilos de más pueden ser una cuestión simplemente transitoria. De hecho, hasta el 20 % de las personas que dejan de fumar vuelven al peso que tenían antes o incluso adelgazan respecto a él, pasado un año. Puedes volver a tu peso ideal.

dejar de fumar, peso ideal

La nicotina acelera el metabolismo

La nicotina incrementa el metabolismo basal por lo que se quema más grasa y se eliminan calorías. Al cesar la ingesta de nicotina, esas calorías que antes se eliminaban, pasan a acumularse.

La solución viene de la mano de encontrar otra fórmula que nos ayude a quemar esas calorías extra que ahora acumulamos. Y podemos quemarlas de una forma más saludable, por ejemplo, haciendo deporte. Puedes salir a andar rápido, simplemente. Mi opción favorita es la marcha nórdica. Es un excelente ejercicio.

La nicotina eleva los niveles de azúcar en sangre

La nicotina produce que el nivel de glucosa en sangre se eleve. Así, cuando cesa la ingesta de nicotina, nuestro cuerpo demanda esos niveles de glucosa a los que le hemos tenido acostumbrado durante años. Para ello nos va a pedir comer más.

Incluso puede que nos sorprendamos comiendo sin tener hambre… Y darnos cuenta de que, en realidad, lo que el cuerpo nos está pidiendo es un “chute” de glucosa extra, para volver rápidamente a los antiguos niveles de glucosa en sangre.

dejar de fumar, peso ideal

Cuidado con caer en el consumo de alimentos adictivos

El mecanismo es sencillo. Me tomo un helado. La descarga de azúcar extra sube rápidamente mis niveles de glucosa en sangre. Sin embargo, el efecto es temporal porque, pasado un rato, mis niveles de glucosa van a caer en picado (incluso más abajo de lo que estaban antes del helado), haciendo que mi cuerpo demande una nueva ingesta, un nuevo “chute”. Esto favorece que un comportamiento puntual (comer un helado), pueda convertirse en un comportamiento recurrente (consumir habitualmente dulces).

Cuidado con acostumbrarse a consumir este tipo de productos que producen esas rápidas subidas de glucosa en el cuerpo: comidas azucaradas, con sal o grasas, productos con trigo ricos en hidratos de carbono. Son sustancias que pueden actuar en nuestro cerebro de manera parecida al alcohol o el tabaco. Y no queremos sustituir una adicción por otra…

La solución viene de la mano de darse cuenta de si estamos entrando en este juego o no y de encontrar otra fórmula que nos ayude a subir nuestros niveles de glucosa en sangre de una forma más saludable. Por ejemplo, podemos hacer una dieta muy rica en verduras y frutas durante las primeras semanas o meses tras dejar de fumar.

Dejar de fumar provoca que tardemos más en alcanzar la sensación de saciedad

Los elevados niveles de glucosa en sangre que teníamos cuando fumábamos, hacían que nos sintiéramos saciados por la comida más rápidamente. Al dejar de fumar, vamos a tardar más tiempo en sentirnos saciados, por lo que tenderemos a comer más de la cuenta…

La solución viene de la mano de tomar consciencia de ello. Podemos comer más lento, así daremos más tiempo para que la sensación de saciedad llegue al cerebro.  También podemos compensar el déficit, tomando un par de vasos de agua antes de empezar a comer o a cenar. Esto facilitará también que la sensación de saciedad aparezca más rápidamente. Con el paso del tiempo, nuestro cuerpo podrá ir reequilibrándose.

¿Realmente el tabaco calma la ansiedad…?

Aquellos que hemos tenido la experiencia de fumar, sabemos que en algún momento de nuestras vidas nos acostumbramos a fumar un pitillo y calmarnos. Sentíamos que el cigarrillo nos relajaba. Lo que quizá no sepamos es que lo que calmaba el pitillo era simplemente la ansiedad que nos causaba el síndrome de abstinencia de la propia nicotina. El mecanismo es sencillo. Después de varias horas sin fumar, mi cuerpo demanda una nueva ingesta de nicotina. Si no se la doy, se pone ansioso e insiste. Si se la doy, se calma y me deja en paz.

De esta forma mi cuerpo cae en la trampa de creer falsamente que fumar relaja y hace una asociación de ideas entre fumar y relajarse. La buena noticia es que el síndrome de abstinencia de la nicotina, propiamente dicho, se pasa rápido. Un par de días, una semana… Y que podemos aprender otras maneras de gestionar nuestro estrés que sean realmente eficaces y, además, saludables. Mi opción favorita es la técnica de gestión emocional EFT Tapping. Tiene una versión sencilla que cualquier persona puede aprender para auto-aplicación. Además, EFT puede convertirse en una gran compañera de viaje en tu proceso de dejar de fumar y mantenerte sin humo.

Realmente esos efectos de la nicotina en el cuerpo que acabo de describir estaban generando en nosotros unas ansiedades ficticias: las relacionadas con la ingesta de nicotina y su síndrome de abstinencia. Además, esas ansiedades “ficticias” podían estar causando confusión con las ansiedades “reales” de nuestra vida. Ahora, libres de humos, podemos recuperar el correcto funcionamiento de nuestro termómetro interior de ansiedades, quedándonos solo con las reales. Y de esta manera poder detectarlas y atenderlas más fácilmente.

dejar de fumar, peso ideal

El pitillo del placer…

El pitillo de después del café, el de después de comer… el pitillo del placer, el de tomarte una pausa… también existió y le vas a echar de menos. Date permiso para notarlo, despedirte de él y hacer el duelo. EFT Tapping también te puede ayudar aquí, a soltar nostalgias del pasado.

Cuídate, te lo mereces

Cuídate especialmente en las primeras semanas y meses. Sustituir el café por infusiones y eliminar temporalmente la ingesta de alcohol va a ayudarte. Tomar chicles o beber agua también puede ser de ayuda. Tomar alguna sesión de acupuntura… Prueba a ver que te va bien en función de tus gustos. Y…

¡Enhorabuena! Dejar de fumar no es fácil y tú lo has hecho. Empieza por mimarte, te lo mereces. Confía en que tu cuerpo sabrá reequilibrarse con el paso de los meses de forma natural. Y, en el interin, tú puedes ayudarte a ti misma/o a sentirte mejor y gestionar el tránsito en tu cuerpo. Empezarás a notar que tu cuerpo te lo agradece.

Tómate tu tiempo, sin empujar… Ya volverás a tu peso ideal. Una cosa detrás de otra.

Un abrazo de corazón,

Ana F Luna

PCC Coach y Máster en Psicoterapia

Consulta y Formación

IT: análisis psicológico de la película

 

IT es la gran apuesta de terror que gobierna nuestros cines estos días, basada en la novela homónima de Stephen King publicada en 1986, en la que un monstruo con forma predominante de payaso (“Eso”, traducción de “It”) se dedica a matar niños. Por tanto, los claros protagonistas de esta película son los niños del pueblo (Derry) y en concreto la historia se centra en el grupo de 7 chicos que se hacen llamar con bastante dignidad “Los Perdedores”. Sin embargo, para los que no conozcáis ni la novela ni ninguna de sus adaptaciones al cine o televisión, quizás os sorprenda cuando la veáis que en el pueblo en ocasiones dan mucho más miedo los propios padres de los niños que el payaso asesino.

La acción transcurre en un pequeño pueblo ficticio llamado Derry que sirve también de escenario para otras seis novelas terroríficas del autor, por lo que sinceramente no es de extrañar que las familias que aún están dispuestas a vivir allí tengan sus problemillas psicológicos… Yo desde luego no lo elegiría ni como destino para unas pequeñas vacaciones. A continuación iré desgranando aquellos aspectos psicológicos y comportamientos psicopatológicos que he observado a lo largo de la película, por lo que adelanto que incurriré en algunos spoilers.

 

Acoso Escolar: Los Perdedores y la banda de Henry

 

Los Perdedores

Los Perdedores

La banda de Henry es un grupo de cinco chicos liderado por Henry que se corresponde con la clásica banda de matones del pueblo. No cabe duda de que en sus ratos libres harán muchas otras cosas, pero en la película solo se les representa acosando y persiguiendo al grupo de los Perdedores con especial predilección por dos de sus miembros: el chico con sobrepeso y el chico negro.

El Acoso Escolar o Bullying se define como maltrato físico y psicológico deliberado y continuado que recibe un niño por parte de otro niño. Este maltrato puede darse en forma de agresiones físicas, amenazas, insultos, burlas, humillaciones, exclusión social y aislamiento, destrucción de objetos, etc… Todos ellos se observan en la película, el acoso es una parte esencial de la trama, aunque se representan con bastante superficialidad algunas de sus implicaciones:

  • El acoso se mantiene generalmente por ignorancia o pasividad del entorno: en la película se da entender que los propios niños acosados intentan no delatar a los agresores, principalmente por miedo a las represalias. Cuesta creer que no tenga repercusión en padres y profesores que un chico vuelva a casa lleno de magulladuras, moratones, la ropa embarrada y agujereada y una “H” grabada en la tripa a golpe de navaja, o que una niña salga del colegio con el traje empapado y oliendo a aguas fecales… Si nadie ha notado nada, como mínimo recomendaría un cambio de orientador escolar en el instituto.
  • Por parte de las víctimas llama la atención que apenas haya secuelas teniendo en cuenta la crueldad del acoso que reciben: ni problemas de ansiedad, ni problemas de estado de ánimo, trastornos de sueño como pesadillas, ni regresiones a etapas infantiles como enuresis…

En cuanto a los agresores son un grupo heterogéneo en el que destaca el cabecilla Henry Bowers, del que hablaré a continuación, y varios chicos que transitan entre la actitud activa del uso de la violencia y la fuerza y la actitud pasiva de animar y seguir o quedarse al margen ante las agresiones. Esto último se observa en la escena en la que Henry y los demás chicos de su banda están disparando a unas botellas y éste les dice que cojan a un gato y lo sujeten en lugar de la botella: se observa la sorpresa y el descontento de los amigos pero en un acto de obediencia jerárquica algunos le hacen caso y otros miran al suelo.

 

Psicopatía o Trastorno de la Personalidad Antisocial: Henry Bowers

 

Henry Bowers

Henry Bowers

A juzgar por sus conductas, se podría pensar que Henry tiene un desapego emocional (escasa profundidad en los afectos, falta de empatía o insensibilidad, ausencia de sentimientos de culpa y remordimientos) y un estilo de vida inestable y antisocial (controles conductuales débiles, impulsividad, irresponsabilidad, delincuencia juvenil, problemas de conductas tempranos)… Cumple todos los criterios para ser considerado un perfecto psicópata, según las dimensiones definidas por el psicólogo Robert Hare. Según el DSM5 (Manual Diagnóstico de Trastornos Mentales) se correspondería con el diagnóstico de Trastorno de la Personalidad Antisocial si tiene más de 18 años (conduce, así que es posible).

El personaje de Henry afortunadamente es ampliamente desarrollado en la película, gracias a lo cual podemos llegar a comprenderle y empatizar con él. Varios estudiosos han investigado la posible etiología de la psicopatía, siendo dos de las teorías más reputadas las de William y Joan McCord que sitúan el origen de la psicopatía en el rechazo parental y la inconsistencia en el castigo, y John Hodge que la sitúa en abusos físicos y sexuales en la infancia junto con estrés postraumátrico. Pues bien, ambas teorías parecen aportar su granito de arena al personaje, puesto que en la película vemos al padre de Henry como un policía alcohólico que no duda en disparar a los pies de su hijo solo para verle llorar y temblar y ridiculizarle delante de sus amigos y en la novela se describe al padre como un veterano de guerra con estrés postraumático que abusa de su hijo. Además del maltrato infantil al que es sometido Henry, otro factor claro que podría explicar su comportamiento es el modelado ya que su padre no rezuma sensibilidad precisamente, imitando su comportamiento con personas más débiles. Es lo que se conoce como transmisión intergeneracional.

 

Duelo: Bill Denbrough

 

Bill Denbrough

Bill Denbrough

La película arranca con la muerte del hermano pequeño de Bill, que a diferencia de lo narrado en la novela, desaparece sin dejar rastro. Esto se usa en la película para que la motivación principal de Bill para enfrentarse a “Eso”, sea encontrar a su hermano. Su negación de la muerte de su hermano se corresponde con una de las fases de Duelo que definió la psiquiatra Elisabeth Klüber-Ross: negación, ira, negociación, depresión y aceptación, aunque no tienen por qué darse todas ni en ese orden. La película podría resumirse desde el punto de vista de este personaje como una travesía hacia la aceptación de la pérdida de su hermano.

La negación es algo muy habitual en los casos de desapariciones ya que se suele albergar durante mucho tiempo la esperanza de que aparezca su ser querido. El padre de Bill, visiblemente afectado, no parece conocer bien estas fases o al menos no comprende cómo Bill sigue sin reconocer un año más tarde que su hermano está muerto y por eso le reprende con dureza. Esto también es bastante habitual ya que para aquellas personas que intentan aceptar la pérdida y pasar página les puede resultar muy doloroso y frustrante todo aquello que les impida concluir su duelo, además de posibles sentimientos de culpa por pensar “mientras otros continúan buscando, yo he tirado la toalla”.

El duelo en sí mismo no se considera un trastorno del estado de ánimo, todo lo contrario, es una reacción normal ante una pérdida (no solo una muerte, puede ser cualquier tipo de pérdida) aunque en el DSM5 se reserva al juicio clínico la posibilidad de diagnosticar un duelo patológico cuando por la intensidad o por la duración del sufrimiento y la interferencia en la vida de la persona son muy elevados, junto con algunas características asociadas a duelos patológicos como la incapacidad de experimentar placer, un estado de ánimo bajo persistentemente y no “por oleadas” o “punzadas”, elevada autocrítica y rumiación pesimista, autodesprecio, sentimientos de inutilidad…

 

Tartamudez: Bill Denbrough

 

Otro aspecto relevante desde el punto de vista psicológico es el tartamudeo de Bill, llamado Trastorno de la fluencia de inicio en la infancia según el DSM5, que consiste en una marcada alteración de la fluidez normal del habla y de su ritmo. En el caso de Bill se trataría de un tartamudeo tónico, que se caracteriza por producirse normalmente al inicio del discurso por contracciones musculares y sacudidas intermitentes de los órganos de fonación.

El tartamudeo suele remitir de forma espontánea al poco de iniciarse en el niño, pero si se mantiene más de un año es muy probable que mantenga de forma estable. Esto no significa que se dé en todas las circunstancias, ya que parece que suele desaparecer en algunos contextos como a veces al leer en voz alta, cantar, conversar con objetos inanimados o animales domésticos, por ejemplo. En la película, esto queda reflejado cuando Bill tiene una fluidez normal (bastante oportuna por cierto) en el momento de dar un discurso motivacional a sus compañeros antes de entrar en la vieja casa del pozo para enfrentarse con “Eso”.

 

Trastorno de Identidad Disociativo: padre de Beverly Marsh

 

Beverly Marsh

Beverly Marsh

Beverly, única chica del grupo, es una auténtica superviviente. Lleva con mucha normalidad el acoso que recibe por parte de compañeros y adultos por su fama de promiscua (ausente en la novela), máxime cuando su padre se dedica de forma escalofriante a asegurarse de que se mantiene virgen. En el libro se sugiere erróneamente que el padre de Beverly sufre un trastorno Bipolar, por una confusión muy extendida de que la bipolaridad se da en personas con dos personalidades o que actúan de forma distinta según el momento.

El trastorno bipolar se caracteriza por la presencia de al menos un episodio maníaco (ánimo expansivo: grandiosidad, verborrea, disminución de la necesidad de dormir, pensamiento acelerado, agitación psicomotora, implicación excesiva en actividades placenteras con alto riesgo potencial y/o distraibilidad). Es un trastorno que afecta al estado de ánimo y que en la mayoría de los casos alterna episodios maníacos o de ánimo elevado, con episodios depresivos o de ánimo bajo.

El padre de Beverly no parece sufrir este trastorno, puesto que él alterna estados en que trata con cariño a su hija y estados en que la trata de forma controladora, agresiva y sexual, que se correspondería más con un posible trastorno disociativo de la identidad o personalidad múltiple. En su caso además, tanto por la agresividad como por los tocamientos que le realiza a su hija, una de estas personalidades sería abusadora de la menor tanto física como emocionalmente. En la película se insinúa de forma más explícita que ha abusado sexualmente en alguna ocasión de Beverly pero al final descubrimos que en realidad su obsesión es que ésta permanezca virgen, haciendo comprobaciones periódicas físicas (“siempre serás mi niña”).

Las secuelas que algo así podrían dejar en una niña aparecen muy tímidamente representadas en la película, ya que Beverly parece no tener ningún problema ni conducta disruptiva a la hora de relacionarse con el sexo opuesto, expresar sus sentimientos, aislamiento, síntomas físicos… Además de tolerar con gran dignidad las falsas acusaciones de promiscuidad. Lo más interesante al respecto en la película es el momento en que se corta a sí misma el pelo entre lágrimas justo después de que su padre se lo acaricie de forma muy erótica en el pasillo, sin contar la escena en la que se enfrenta a él cuando va violarla finalmente. En el libro se relata una controvertida secuencia final en la que Beverly y el resto del grupo practican una orgía ahondando más en las sombras de su personaje, pero que se decidió no incluir en la película.

 

Trastorno Facticio o Síndrome de Münchhausen: la madre de Eddie Kaspbrak

 

Eddie Kaspbrak

Otro personaje que también da tanto miedo como el payaso o el resto de padres mencionados es la madre de Eddie. En su caso podríamos decir que padece lo que se conoce como Trastorno Facticio aplicado a otros según el DSM5 o Síndrome de Münchhausen por poderes en honor a un barón alemán bastante dado a la mentira. En la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE10) directamente está considerado dentro del apartado de malos tratos en la infancia.

En este trastorno la persona falsifica signos o síntomas físicos o psicológicos o induce una lesión o enfermedad en otros, presentándolos como enfermos, incapacitados o lesionados frente a los demás, sin una recompensa externa obvia. La madre de Eddie se dedica a hacerle creer a su hijo que está profundamente enfermo con la finalidad, según dice en un momento de la película, de protegerle. Eddie padece asma lo cual es compatible con el diagnóstico ya que aunque existe una afección médica previa, la finalidad de la madre es hacerle creer que está más enfermo y es más incapaz, requiriendo Eddie de medicación continua y excesiva además de situarse la madre como su supuesta figura de cuidado y protección. Stephen King explora más este concepto en otra de sus novelas, Misery.

La consecuencia más sobresaliente que se observa en Eddie es un Trastorno de Ansiedad por Enfermar ya que está constantemente preocupado por padecer o contraer una enfermedad grave sin tener síntomas somáticos, con una ansiedad elevada por su salud alarmándose fácilmente y con comportamientos excesivos relacionados con su salud. Evidentemente un trastorno como esté puede afectar al menor severamente: haciéndole creer que no puede enfrentarse por sí mismo al mundo, bajando su autoestima, creando dependencia de otras personas y de medicamentos, con graves hospitalizaciones e intervenciones quirúrgicas… Afortunadamente, en la película la madre de Eddie solo se dedica a hacerle creer que tiene múltiples enfermedades sobreprotegiéndole, pero sin darle una medicación real ni provocándole ninguna enfermedad física. Esto lo consigue compinchándose con el farmacéutico del pueblo para que le dé a Eddie pastillas de placebo (inocuas) cada vez que acude a por medicación. Como viene siendo habitual, todo muy normal en ese pueblo…

 

Fobias: “ESO”

 

IT

Finalmente, no podía acabar esta lista de psicopatologías y reacciones psicológicas sin mencionar el eje central de la película: las fobias. “Eso” se alimenta del terror de sus víctimas, por lo que las expone a sus más profundos temores aprovechando que puede transformarse en cualquier cosa. Así, durante la película podemos verle transformado en un escalofriante payaso, en leproso, en cadáveres en descomposición, en alguno de los mencionados padres, en un cuadro de Modigliani, en una momia y seguro que alguno más (en el libro hay muchos más como forma de Doberman). Además, también ambienta sus apariciones de forma muy efectista, como cuando aparece con la forma del difunto hermano pequeño de Bill o como ataúd representando la muerte de uno de los chicos del grupo.

Algunos de estos miedos están más que fundamentados, por todo lo expuesto es bastante normal que en ese pueblo muchos niños tengan bastante a sus propios padres, por lo que “Eso” se aprovecha tomando sus formas. Pero otros miedos son lo que podemos considerar fobias específicas: un temor intenso y persistente ante un objeto o situación específica, que la persona evita o se resiste activamente con gran ansiedad y desproporcionado respecto al peligro real que plantea el objeto o situación. Parece el caso del citado cuadro de Modigliani, el de la coulrofobia o fobia a los payasos, el de la cinofobia o fobia a los perros o la fobia a las enfermedades (con cierto solape con el Trastorno de Ansiedad por Enfermar).

Como bien se observa en la película, la mejor forma de superar una fobia es exponerse a ella, ya que cada vez que evitamos enfrentarnos y huimos de nuestro miedo, éste crece y se hace más fuerte; está demostrado que cuando la respuesta de miedo es muy fuerte y la exposición a dicho miedo breve, no somos capaces de aprender que la amenaza no es tal y el miedo se mantiene o incluso aumenta. De ahí que en la película cuando los Perdedores deciden enfrentarse a “Eso” y consiguen mantenerse firmes, el miedo desaparece y son capaces de vencer al monstruo. Como tal, es una bonita metáfora que también podría resumir la película: una aventura de superación personal en la que los niños del pueblo tratan de superar sus miedos y fobias, con el pequeño detalle de que si no lo consiguen, mueren.

Termina aquí el análisis de los aspectos psicológicos y psicopatológicos más relevantes que he observado en la película. No obstante, siendo la Banda de Henry casi una organización criminal, lo raro es que los Perdedores que sufren el acoso de padres, compañeros y hasta el payaso no sean los protagonistas de Los Chicos del Maíz. Por otro lado, dado que la mitad de los adultos del pueblo requiere de un tratamiento psicológico urgente y la otra mitad deberían estar en la cárcel por maltrato de menores (y recibir tratamiento psicológico urgente), quitando un par de padres corrientes que no se enteran de nada, es posible que me haya dejado algún trastorno sin comentar. ¿Alguien se anima a ampliar esta lista?

 

Referencias Bibliográficas

American Psychiatric Association (APA). (2013). Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5. Barcelona: Masso

Fundación Universia España. ¿Qué es bullying o acoso escolar? España. Universiawww.universia.es

Respuestas del ser humano para adaptarse al estrés crónico (Parte 2)

 

Hace unos meses escribí un artículo en el blog sobre el sufrimiento mental intenso, o lo que conocemos como las enfermedades mentales tanto depresivas, como ansiosas o psicóticas. Hoy quiero mostrar una guía para entender cómo se forman y cuáles son las respuestas más típicas del ser humano a este sufrimiento mental intenso o estrés crónico.

 

estrés crónico


1- La base: personalidad y carácter


Lo primero que debemos entender para comprender las «enfermadas de la mente» es el carácter. Nuestra estructura está formada por tres círculos, uno dentro del otro.

– El más interno es el temperamento, que viene definido por la biología (genes).

– El siguiente es el carácter, que es la estructura psíquica. La estructura con la que el individuo absorbe lo bueno (nutrición) y se defiende de lo malo (defensa).

– El exterior, que contiene los otros dos, es el entorno.

 

El niño se “prepara” desde el útero para enfrentarse al ambiente que le espera al nacer. Si el ambiente al que va a llegar es muy estresante, lo va a saber a través de las hormonas de estrés de la madre. Y probablemente ya en el útero desarrolle una estructura psíquica defensiva (cerrada).

 

CARÁCTER: Es el mediador entre el temperamento y el entorno. La estructura nutriente y la estructura defensiva:

Estructura psíquica defensiva (cerrada) –> Entorno negativo.

Estructura psíquica nutriente (abierta) –> Entorno positivo.

 

Si hay dificultad en la adaptación de la persona al entorno empieza a desarrollar síntomas. Los síntomas psicobiológicos son 4: psicosis, depresión, ansiedad y síntomas somáticos (mal funcionamiento del cerebro).

La personalidad es la integración del temperamento (¿Qué he heredado de mis padres?) y el carácter (¿Qué he aprendido de mis padres?)

2- Estrés bio-psico-social

El estrés bio-psico-social tiene tres niveles:

1- BIO (TEMPERAMENTO): Biología, alteraciones genéticas, etc. Es el estrés biológico.

2- PSICO (CARACTER): A los 3-4 años ya está establecido el carácter (la capacidad de defenderse y de nutrirse). Si es rígido (cerrado), hay estrés psicológico.La estructura de carácter va con nosotros aunque cambiemos de entorno. Si hay estrés psicológico porque nacimos en un entorno hostil, nuestro carácter ya se ha quedado “fijado”, solidificado, y permanecerá aunque cambiamos a un entorno nutriente. La persona seguirá comportándose muy rígidamente aunque ahora esté en un ambiente más nutricio.

 

El problema es que el carácter no cambia. Y si nacimos en un ambiente hostil, al cambiar el adulto a un ambiente más positivo, sigue respondiendo de forma hostil, aunque ya no sea necesario.

En terapia no podemos cambiar el carácter. Lo aceptamos y conocemos para ser más flexibles.

La persona está muy “cómoda” en el ambiente que conoce. Alguien que nació en un ambiente muy hostil “repite” eso en el futuro. Busca repetir el mismo ambiente porque paradójicamente es donde se siente más seguro. Piensa, “mejor malo conocido que bueno por conocer”. Una persona así, si entra en un ambiente amoroso, no sabe cómo desenvolverse. No sabe “sostener” el amor.

Así, el carácter no se modifica. Somos igual que cuando éramos niños. Hemos cambiado muy poco y lo que hemos cambiado ha sido con mucho trabajo.

En los trastornos de personalidad es muy difícil cambiar porque el carácter es muy rígido. Un neurótico tiene más capacidad de flexibilizarse. El neurótico tiene el carácter más “solidificado”, pero tiene más capacidad de autoconocerse y de flexibilizarse. Tiene más capacidad de “romper” con su zona de confort y tomar nuevos registros.

Alguien con un trastorno de personalidad (TP) no sabe de su zona de confort. Es demasiado rígido. Además desarrollan una adición a su propio estrés.

3- SOCIAL (ENTORNO): Cuando vivimos una guerra, secuestro, desastre natural, es estrés social.

3. Sintomatología

La sintomatología es una combinación de los tres tipos de estrés (bio/psico/social). A mayor vulnerabilidad biológica a la depresión, se necesitará menos estrés social para desarrollar sintomatología. Por ejemplo, una depresión.

En todos los síndromes interactúan los tres tipos de estrés.

4- Factores estresantes

A- Estrés físico agudo:

Los animales viven estrés físico agudo. Por ejemplo, cuando una gacela ve que se acerca un depredador.

– Agudo: Es temporal en el tiempo. Llega el estrés y desaparece. Ve al león, anticipa la lesión, y pone a funcionar los mecanismos de huida.

– Hay anticipación: Imagina la muerte y de defiende (psicológico).

 

En esta situación desarrolla una “respuesta”, que se llama “síndorme general de adaptación”.

SÍNDORME GENERAL DE ADAPTACIÓN:

Es la respuesta corporal al peligro. Es una reacción de estrés agudo. La reacción puede ser de huida o de lucha.

La estructura homeostática del ser humano es muy “fina”. En cuanto algo cambia se produce el estrés. Todo aquello que interrumpe la “normal homeostasis” genera una situación de estrés agudo.

En los animales, cuando se da un síndrome general de adaptación muy potente para acabar con el agente estresante (león), no puede durar mucho. Tiene un tiempo limitado. El cuerpo se moviliza para acabar con el agente estresante activándose corporalmente (respiración, músculos, hormonas, etc.), pero no puedo durar mucho tiempo.

Del reposo pasamos a una actividad energética muy fuerte al servicio de la huida o de la lucha. Se desactivan otros sistemas (inmunitario, reproductor, digestivo…) para que toda la energía esté puesta en la activación del cuerpo para la huida o la lucha.

A diferencia del animal, el ser humano no experimenta sólo estrés físico agudo. También experimenta estrés psíquico.

 

B- Estrés psíquico:

El humano representa en su “mapa mental” un peligro (imaginación). Lo “proyecta” en su pantalla mental (recuerdo). Y aunque sea una representación que NO es real (fantaseada o recordada), reacciona ante ellos con la única respuesta que tenemos al estrés, con un SÍNDROME GENERAL DE ADAPTACIÓN.

4. Estrés agudo vs estrés psíquico

ESTRÉS:

FÍSICO: AGUDO. Dura un tiempo. O vives o mueres.

PSÍQUICO: CRÓNICO. Está siempre activo

En el estrés psíquico (crónico) cada vez que lo “imagino” vuelvo a activar el cuerpo (taquicardia, tensión corporal…) y desactivo los sistemas no necesarios (reproductor, digestivo…). La activación se mantiene en el cuerpo.

El estrés crónico no es adaptativo. Es patológico. El cuerpo se lesiona cuando lleva mucho tiempo en estado de estrés crónico. Esto hace que desarrolle mecanismos de adaptación al estrés (conductas y comportamientos).

5. Lesiones y respuestas para adaptarse al estrés crónico


PSICOPATOLOGÍA
–> La reacción al estrés crónico. Hay tres tipos:

– RESPUESTA ANSIOSA: Síndromes defensivos

– RESPUESTA DEPRESIVA: Síndromes de desvitalización

– RESPUESTA PSICÓTICA: Síndromes de vulnerabilidad cognitiva

 

Respuestas al estrés crónico

 

Cuando sufrimos estrés, nos lo podemos imaginar como una banqueta con tres patas. Una pata es el estrés, otra la depresión y otra la psicosis. El peso del estrés crónico sobre la banqueta hace que una de las patas se rompa.

No sabemos por qué una pata es más vulnerable que otra. Ante el estrés crónico, una persona desarrolla un depresión y otra un síndrome de estrés.

6. Síndromes de desvitalización (puros)

DEPRESIONES MAYORES (DEPRESIÓN PURA)

  • Muy profundas, severas.
  • Energía vital muy disminuida.
  • Mucho gasto energético (Estrés crónico) que hace que caiga la energía vital.
  • Pensamiento relantecido.
  • Poca capacidad para asociar ideas.
  • Lenguaje muy lento.
  • Memoria, atención y cognición muy disminuidos.
  • Pensamiento muy negativo.
  • Pensamiento suicida (90% de los suicidios).
  • Pérdida de ganas de vivir.
  • Mucha inhibición física y emocional.
  • Impotencia y desesperanza.
  • “No voy a salir nunca de esto”.
  • Dificultad para moverse. Pocos gestos en la cara.
  • Los órganos no funcionan bien (fallos en todos los sistemas). El cuerpo no funciona bien por la falta de energía.
  • Mayor probabilidad e infartos, etc.
  • Puede no haber tristeza. La persona no siente nada.
  • Angustia de verse incapaz, No pueden levantarse de la cama.
  • Poca emoción, pensamiento y acción.
  • Fuera de juego. Paralizada.
  • No tiene nada que ver con la tristeza severa o el duelo. Hay falta de energía.
  • Abandono profundo. No comer, no beber, etc.
  • No tienen capacidad de “curarse” por sí mismos.
  • No es bueno hacerles “hacer” cosas. Deben parar y descansar (baja laboral, etc.).
  • No tienen energía para “hacer”.
  • Viven en el pasado.


7. Síndromes defensivos (puros)

TRASTORNO DE ANSIEDAD GENERALIZADO (ESTRÉS PURO)

  • Ansiedad no muy alta pero continua a lo largo de todo el día.
  • Psiquico à Sensación de estar siempre en peligro, activado. Está anticipando todo el rato.
  • Vive en el futuro à Anticipación. Control.
  • Defensa, cabreo, susceptibilidad, pela constante con su realidad.
  • Mucha somatización: contracturas, enfermedades, etc.
  • Mal funcionamiento del aparato digestivo, corazón, etc.
  • Genera amenazas.

TRASTORNO DE PÁNICO (ESTRÉS PURO)

  • Surge bruscamente. Muy intenso.
  • La persona se siente amenazada por su propio cuerpo (cree que puede morir).
  • El nivel de activación es tan elevado que siente pánico.
  • Sensación de despersonalización.
  • La cognición se desregula à Sensación extraña de la realidad y de uno mismo.
  • Sensación de volverse loco.
  • La mayor parte de las veces no se sabe el desencadenante. Parece una locura porque la persona no encuentra la causa. “Si no hay causa es que me estoy volviendo loco”.
  • El organismo activa algún tipo de asociación, ya que no sostiene el que no haya sentido a lo que le pasa.
  • Produce muchas conductas de evitación.
  • El pánico es tan grande que por nada del mundo quiere que se vuelva a repetir. Se empieza a evitar todo lo que produce un poco de ansiedad.
  • Puede llegar a ser muy incapacitante. Pueden llegar a no salir de casa por miedo a tener otra crisis. Esto es mucho peor que la propia crisis de pánico, que no tiene ningún efecto secundario para el cuerpo.
  • Fisiológicamente, una crisis es como correr un sprint de 100 metros.
  • Trastorno de pánico à Conductas de evitación à Incapacidad (fobias).
  • Hay tanto miedo a que se repita que la evitación puede ser muy grave.
  • Cuanto más crisis, más miedo a que se repitan, más inseguridad.

TRASTORNO DE ESTRÉS POSTRAUMÁTICO (ESTRÉS PURO)

  • Estrés físico agudo à En este caso sí hay un detonante (violación, guerra, etc.).
  • Estrés psíquico à Se queda el “hecho” muy gravado, y se repite en la cabeza de la persona constantemente.
  • Nivel elevado de activación nerviosa.
  • También genera mecanismos evitativos y fobias.


9. Síndromes de vulnerabilidad cognitiva (puros)

ESQUIZOFRENIA DELIRANTE CRÓNICA (PSICOSIS PURA)

  • Vulnerabilidad cognitiva grave que se mantiene en el tiempo.
  • No se sabe muy bien lo que es. No se sabe qué ocurre en el cerebro.
  • Los brotes producen mucha incapacidad.
  • No se sabe nada de la “pata” psicótica, ya que tiene que ver con cómo construimos la realidad, con cómo pensamos.
  • No se invierte nada en investigación. Son los pacientes peor tratados.
  • La cognición se altera. No hay relación entre lo que se “ve” y cómo se representa lo que se ve en la mente.
  • Cognición deformada de la realidad à
  • Pensamiento delirante.
  • Desregula el funcionamiento de la persona.
  • El delirio es intuitivo.

PSICOSIS DELIRANTE CRÓNICA (PSICOSIS PURA)

  • El cuadro delirante se da de forma permanente.
  • El delirio está incorporado a la personalidad de la persona.
  • Rigidez, orgullo, agresividad, creen en la conspiración por parte de otros.
  • Fallan los recuerdos, las percepciones y las representaciones.
  • El delirio es alucinatorio.

10. Síndromes entre desvitalización y defensivos (depresión-ansiedad)

DISTIMIA (MIXTA)

  • Aparece y se va.
  • Días en los que estoy deprimido y otros no.
  • Mucha ansiedad.
  • Se pasa de un estado a otro.

SOMATIZACIONES (MIXTA)

  • Síntomas somáticos producidos por el estrés o la depresión.
  • Síntomas psicosomáticos.
  • Enfermedades corporales (cáncer, enfermedades autoinmunes, etc.).
  • Toda enfermedad física es una somatización ante el estrés psicológico.

CONDUCTAS ADICTIVAS (MIXTA)

  • Las conductas adictivas es todo lo que hacemos para no “enterarnos” del estrés o la depresión.

TRASTORNOS DE COMPORTAMIENTO COMPENSATORIO (MIXTA)

  • Trastornos alimenticios.
  • Se manifiestan a través de la conducta alimenticia, pero engloban una compleja gama de síntomas entre los que prevalecen la distorsión de la imagen corporal.
  • Personas que sufren ansiedad, perfeccionismo, pensamientos y comportamientos obsesivos y compulsivos.
  • Tienden a tener expectativas no realistas de ellos mismos y de las demás personas.
  • Se sienten incapaces, ineptos, defectuosos, etc.
  • No tienen sentido de identidad. Por eso tratan de tomar control de su vida y muchas veces se enfocan en la apariencia física para obtener ese control.


11. Síndromes entre desvitalización y vulnerabilidad cognitiva (depresión-psicosis)

DEPRESIÓN PSICÓTICA (MIXTA)

  • Es un tipo de depresión donde además se viven ideas delirantes.
  • Puede ser episódica o crónica.


12. Síndromes entre defensivos y vulnerabilidad cognitiva (depresión-psicosis)

TOC

  • Hay tocs más ansiosos y tocs más psicóticos.
  • La persona tiene conciencia de la enfermedad, sabe que le ocurre algo malo. Saben que sus ideas son absurdas pero no pueden parar.
  • Son muy inseguros y crean estos rituales para “controlar” el ambiente.
  • Inseguridad à A que el cuerpo funcione mal, a su sexualidad, etc.
  • Sentimiento agresivo que como no se lo permite sentir, “sale” de forma obsesiva.
  • Son comportamientos de compensación ante la agresividad.
  • Miedo a perder el control, a volverse loco.
  • La mayoría de los pensamientos que tienen son agresivos o sexuales. No se permiten tener estos pensamientos y los compensan de forma obsesiva.
  • Ejemplo à Tengo el pensamiento de querer tirar a mi hijo por la ventana, y hago lo contrario. Peso a ser la “mejor” madre del mundo. Y reprimo al 100% la agresividad. Esa represión activa mucho más el primer pensamiento. Es un círculo vicioso.
  • Agresión reprimida à comportamiento obsesivo.
  • Todo lo obsesivo tiene que ver con la sexualidad y la agresividad. Ya que quieren “controlar” algo que no se puede controlar.

13. Síndrome entre los tres (depresión-ansiedad-psicosis)

BIPOLAR (PSICOSIS MANÍACO-DEPRESIVA)

  • Tienen cambios inusuales del estado de ánimo:
    • Unos días están muy felices y con mucha más energía de lo habitual.
    • Otros están tristes y deprimidos y con mucha menos energía de lo habitual.
  • Dificultad para dormir, concentrarse, trabajar… debido a estos cambios del estado de ánimo.
  • Cambios muy extremos que vienen junto a alteraciones del sueño, del nivel de energía y la capacidad de pensar.
  • Los síntomas son tan fuertes que pueden inhabilitar a la persona para una vida “normal”.
  • Pueden llegar a intentar suicidarse.
  • Pueden tener episodios maníacos, episodios depresivos o episodios mixtos.
  • Episodios maníacos à Felices, aceleradas, nerviosas, muy activas, con problemas para dormir, hablan muy rápido, agitadas, irritables, sensibles, hacen muchas cosas a la vez, toman muchos riesgos.
  • Episodios depresivos à Decaídas, tristes, duermen mucho o muy poco, no pueden disfrutar de nada, se sienten vacías, no se pueden concentrar, se olvidan de muchas cosas, cansadas, sin energía, comen mucho o muy poco, no pueden dormir, piensan en la muerte y en el suicidio.

PSICOSIS TRANSITORIA

  • No tienen estructura psicótica, pero ante un estrés crónico aparece un síntoma psicótico.
  • Alguien “normal” que tras un estrés crónico empieza a sentir que le persiguen, etc.
  • Al parar el estrés, cede la psicosis.
  • Psicosis afectivas à Surgen, pero cuando acaba el estrés y se trata la parte emocional, cede la crisis.

14. Trastorno límite de la personalidad

No es una psicopatología. Está más “abajo”, entre el temperamento y el carácter. No se sabe qué les ocurre a estas personas. Pueden tener todas las sintomatologías:

  • Depresión grave.
  • Estrés crónico.
  • TOC.
  • Adicciones.
  • Suicidio, etc.

Amistad

Para hablar de la amistad me gustaría sacarme el sombrero que no llevo, ponerme de pie, subir a un escenario para dar un discurso grave, definitivo. Tal es el peso que tiene para mí la amistad, pero ¿qué es lo que define a una amistad? ¿a qué tipo de vínculo se refiere?

 

Amistad como lo sagrado

Suena amistad en mi cabeza con reminiscencias de algo sagrado. Única en su especie, personalísima, arbitraria, inexplicable. La amistad no se parece más que a sí misma. Guarda siempre algo de misterio, de inefable. Yo no tengo ni idea qué me unió, qué me une, a Ale (alias el Canicio), al Negro, Javo, Fran, Huans, Larva, Fefo, Viruta, Rama, Marvo, Fekia, Lea, Sheiko, Tibi o Reimon. De ellos aprendí cosas que hoy forman parte de mi identidad. Uno me hizo abrazar a la música y la pintura, otro al teatro, otro al cine, al fútbol. Con alguno de ellos he viajado por la Patagonia, he llegado a los Campos Eliseos por primera vez, que estaban cubiertos de nieve, he compartido el inodoro. Esos amigos, los amigos. Casi sin darnos cuenta.

Hemos enterrado a nuestros muertos, hemos tumbado el mundo y lo hemos vuelto a levantar. Hemos discutido de política, hemos ido envejeciendo mientras el cenicero se llenaba de colillas y el país seguía en un eterno retorno. Nos hemos reído una y otra vez de los mismos chistes, de las mismas anécdotas. Nos hemos mandado a la mierda.

La primera borrachera, la adrenalina de los recitales, la pasión por las cosas raras, las caminatas interminables de madrugada.

Pienso en amistad y aparece la fe a prueba de balas en un puñado de personas. Creo más en ellos que en Dios y en esta religión de la amistad soy un practicante convencido.

Entre los amigos cada uno es hijo de su padre y de su madre, pero compartimos una cierta manera de estar en la vida. Intraducible a principios. Alguna vez nos inventamos aquello de “los códigos de la vieja guardia”, pero luego resultó que ninguno sabía a ciencia cierta en qué consistía aquello. De lo que se trataba era de no romper dichos códigos y aunque nunca hayan sido expresados de forma manifiesta lo cierto es que nunca se han vulnerado. Nadie se quedó con la novia de otro, nunca uno de los nuestros fue abandonado borracho y perdido en una discoteca.

Amistad como “el otro yo”

Habiendo cumplido con algunos amigos el vigésimo quinto aniversario, se confunde el que soy con ellos. Me veo abriendo el cartón de leche igual que uno de ellos, torciendo la boca de la misma manera, emocionándonos con las mismas películas, queriendo ir de viaje a los mismos lugares.

Mis amigos me gustan, me parecen los más graciosos, los más guapos de la reunión, los más valientes para cavar una trinchera y esperar juntos al enemigo. Supongo que la amistad guarda cierto parecido con la atracción erótica pero contiene otros ingredientes. Quiero que mis amigos me vean bien, gustarles pero no tengo que impostar o simular nada. Presumo de ellos y sus logros los hago míos. Me hace feliz cuando dos amigos míos de diferente procedencia se hacen amigos entre sí.

Los amigos de verdad, dicen, se cuentan con los dedos de una mano. ¿Y qué pasa con los que quedan fuera? ¿Son como amigos del Facebook? ¿Utilizamos la misma palabra de amistad para hablar de cosas diferentes?

Hay tanta variedad de amigos y clasificaciones posibles: los de toda la vida, los del cole, los de la uni, los del trabajo, los amigos para salir de juerga, los amigos para hacer deporte, los amigos que te escuchan, los que sólo te llaman cuando están mal. En todos ellos algo mío y viceversa. Como las piezas de un puzzle que generan mi propia imagen.

Dicen que los grandes amigos se hacen antes de los treinta. Yo he tenido la suerte tremenda de seguir cosechando amistades en la última década.

Amistad como antídoto contra la muerte

Siempre con la nostalgia pisándome los talones, se me ocurrió vivir lejos de los viejos amigos. Con eso, aunque sin pretenderlo, sometí a las amistades al examen de los reencuentros: ¿seguirá queriéndome X después de tantos meses sin hablar, sin vernos? ¿me habré vuelto un extraño ante los ojos de Y?

Las fantasías se disipan al vernos. No nos hace falta más. Se descartan maratónicas charlas para ponernos al día. La confianza permanece y se burla del tiempo transcurrido.

He saboreado momentos de amistad en las que no ha ocurrido nada pero en los que he llegado a sentir que ganaba la lucha contra el tiempo que no es otra que la lucha contra la muerte y lo irreparable. De lo ya vivido con los amigos, me quedo con el aburrimiento, con la presencia muda en esas tardes en que nos juntábamos cuando éramos chicos para no hacer nada o bien para hacer algo que tenía un carácter secundario. Esas jornadas de resistencia heroica ante el insistente soborno que nos quería imponer la idea de futuro. Lo ya vivido, con los amigos, no se lo puede llevar ni la muerte.

¿Cómo hablar a los niños sobre la muerte?

Hace unos años me enfrenté a una situación trágica, que afectó emocionalmente a toda mi comunidad laboral. La muerte llega sin avisar y el shock se difunde como una epidemia dejando a pocos libres para reaccionar. Una vez que lo haces, hay que hablar de eso y sobre todo con los niños.

Sin embargo, si existe un concepto del cual nadie o muy pocas personas quieren o pueden hablar es de la muerte. Una particularidad que no comparte con nada es que carece de una representación propia. Es decir, nadie ha experimentado la propia muerte. Más bien, hemos vivido la pérdida de la vida a través de otras personas.

Ahora imaginemos cuán difícil puede tornarse hablar de esto con un niño. Muchos de nosotros dudamos al hacerlo. Sin embargo, es un hecho inescapable de la vida, es parte del ciclo vital. Como tal debemos afrontarlo y de igual manera nuestros niños. Si queremos ayudar a manejar una experiencia de duelo por muerte, debemos dejarles saber que está bien hablar sobre eso.

Generalmente, la necesidad de afrontar esta temática con los niños surge por alguna noticia en los medios de comunicación o por alguna crisis familiar o del círculo social cercano. Dependiendo del caso, puede tomar un tono emotivo o no. Hablarlo no resolverá el problema o el duelo, pero minimizará las ideas erróneas y ayudará a procesarlo.

 

Los niños saben…

Muchos antes de lo que pensamos, los niños están familiarizados con el concepto de muerte. La muerte es parte de la vida, y en distintos niveles los niños están conscientes de ellos. Escuchan sobre esto en los cuentos de hadas; lo ven en la televisión y los video juegos; ven insectos y/o animales muertos; e incluso lo actúan en sus juegos.

El nivel de comprensión depende de algunos factores tales como: la etapa de desarrollos en la que se encuentran y la exposición a través de la propia experiencia. Cada niño (a) lo procesa de manera individual dependiendo de estos factores. Pero los seres humanos, y los niños saben de pérdidas y duelos desde el momento mismo del nacimiento.

 

La noción de muerte según la etapa evolutiva

Muchos estudios indican que los niños atraviesan una serie de etapas en cuanto a la comprensión de la muerte. Se relaciona con el desarrollo de las habilidades psíquicas y cognitivas. Generalmente se asocia con la edad cronológica, aunque sabemos que cada sujeto mantiene su propio ritmo.

Los niños en etapa pre-escolar usualmente perciben la muerte como algo reversible, temporal e impersonal. En la actualidad, esta idea se ve reforzada por algunos personajes de las caricaturas que se recuperan milagrosamente luego de sufrir aparatosos accidentes.

Más adelante, aproximadamente entre los cinco y nueve años, la mayoría de los niños comienzan a darse cuenta de que la muerte es definitiva. Sin embargo, aún lo perciben como algo impersonal y de lo que pueden escapar. Durante esta etapa, algunos niños empiezan a personificar la muerte con imágenes tales como los esqueletos y fantasmas. Algunos incluso pueden tener pesadillas con respecto a estos personajes.

A partir de los diez años en adelante, los niños empiezan a comprender que la muerte es irreversible, que todos los seres vivos mueren, y que eventualmente lo harán. En la adolescencia se inicia el desarrollo de puntos de vista filosóficos sobre la vida y la muerte.

 

La experiencia individual frente a la muerte

Si bien, las etapas del desarrollo psíquico juegan un papel importante, cada niño se desarrolla a su propio ritmo. Cada niño se desarrolla en un entorno particular, dentro de un grupo cultural y religioso determinado. Y más importante aún, cada sujeto experimenta e interpreta sus vivencias de manera única, y tiene sus propios modos de expresar y manejar sus emociones.

Por ejemplo, hay niños que empiezan a hacer preguntas sobre el tema desde muy temprano. Otros, experimentan la muerte de algún familiar como los abuelos y parecen poco afectados. Mientras que pueden tener reacciones muy emotivas por la muerte de una mascota. No importa cómo reaccionen ante estos eventos, ellos necesitan una respuesta empática y sin prejuicios.

Hace unas semanas una niña de 6 años a quien atiendo en consulta privada desde hace varios meses me cuenta algo curioso. Me dice que su abuelo materno murió y que ella debía llorar pero no podía. Se sentía triste pero no podía tener la reacción que creía era esperada por todos.

 

Barreras de comunicación

Muchos de nosotros tenemos la tendencia de no hablar sobre temas que nos enojan o desconciertan. Tratamos de esconder nuestros sentimientos y esperamos que sea lo mejor. Pero no hablar sobre un tema no significa que no estemos comunicando, al contrario.

Los niños son excelentes observadores, y leen los mensajes en nuestros lenguaje corporal. Al evadir un tema le causamos a los niños más dudas y preocupaciones. Y a la vez, ellos pueden fantasear y crear en su mente un escenario peor o lejano a la realidad. Es mejor encontrar un balance entre la evasión y la confrontación. Así como utilizar información que ellos puedan manejar a su edad.

Los adultos también podemos sentirnos incómodos por no tener todas las respuestas. Por esta razón muchas veces decimos “mentiras blancas”. Pero por más bienintencionadas que sean, pueden producir inquietud y desconfianza en los niños. Tarde o temprano ellos se darán cuenta de que no sabemos todas las respuestas, de que nadie las sabe. Para ellos será más fácil si les decimos de forma calmada que no hay respuestas para todas las preguntas.

 

Ideas erróneas de los niños sobre la muerte

Como mencionamos antes, de acuerdo con la etapa del desarrollo, los niños pueden interpretar la muerte de manera más concreta. Algunos niños la confunden con dormir. Particularmente si escuchan a los adultos referirse a ella con eufemismos como: “descanso eterno”. Como resultado de esta asociación, ciertos niños podrían tener miedo de dormir o tomar siestas. Similarmente, si a algunos niños se les dice constantemente que alguien que ha muerto “se fue”, podrían tener miedo de separaciones breves.

Decirle a los niños que la muerte se debe a enfermedades o vejez, también puede ser fuente de confusiones. En el caso de las enfermedades, es importante aclararles que sólo algunas enfermedades muy severas pueden producir la muerte. A pesar de que todos nos enfermamos a veces, usualmente mejoramos. De esta manera, los niños no se preocuparán demasiado ante enfermedades menores.

Otra generalización inapropiada es que la gente muere vieja, en frases como “murió porque es vieja”. Esto puede llevar a decepciones cuando se den cuenta que gente joven también muere. Está bien decirles que la mayoría de las personas viven muchos años, pero algunas no.

Y por último, introducir ideas religiosas cuando la religión no ha tenido un rol importante en la vida de la familia antes de la muerte. Por ejemplo, explicaciones como “se lo llevó Dios”, pueden asustarles al pensar que también puede llevarlos a ellos.

 

Hablemos con los niños…

Quizás la parte más difícil es que al hablar con otros sobre la muerte debemos examinar nuestras propias emociones y creencias. De ese modo podremos hablar con los niños naturalmente cuando las oportunidades se presenten. Esto involucra lo siguiente:

  • Tratar de ser sensitivo con los deseos de los niños de comunicarse cuando ellos estén listos.
  • Mantener una actitud receptiva que fomente los intentos de comunicarse en los niños, al escucharlos atentamente y respetar sus puntos de vista.
  • Escuchar y aceptar los sentimientos de los niños. A veces es necesario responder una pregunta con otra para comprender su preocupación real.
  • Ofrecer a los niños explicaciones honestas cuando estamos visiblemente afectados.
  • Responder las preguntas de los niños en un lenguaje apropiado para su edad.
  • Brindas respuestas simples y breves, para que los niños no se sientan abrumados con demasiadas palabras.
  • Verificar qué han comprendido los niños, sobre todo los pequeños quienes pueden ser más propensos a confusiones.
  • Aprovechar oportunidades de la vida diaria para hablarles sobre la muerte en situaciones en las que estén menos involucrados emocionalmente. Por ejemplo, la muerte de plantas o animales.
  • Discutir con los niños mayores sobre la muerte de personas prominentes que tengan mucha cobertura de los medios. Y reafirmarles su propia seguridad cuando los eventos se den por actos de violencia.
  • Darles tiempo para procesar la información a su propio ritmo, no hablar del tema en demasía, sino cuando sea natural hacerlo.

La muerte es una pérdida, es un tiempo de tristeza y duelo. Es importante ayudar a los niños a aceptar esta pérdida y el dolor que la acompaña. Los intentos por protegerlos podrían negarles la oportunidad a los niños de compartir sus sentimientos y recibir el apoyo que necesitan. Compartir las emociones ayuda.

 

Referencias Bibliográficas:

  • Kubler-Ross, Elizabeth. On Children and Death, MacMillan. New York, 1983.

Fuentes:

Sobreprotección y maltrato… ¿son lo mismo?

Para crecer y desarrollarse sanamente, un niño necesita que los adultos responsables encargados de su crianza estén comprometidos en cubrir sus necesidades tanto físicas, como mentales y emocionales, los cuidados deben estar ajustados a la etapa normativa en la que se encuentra el niño, de manera que los cuidados que se desarrollan en un bebé será distinto a los cuidados que necesita un niño de por ejemplo 5 años. ¿Que necesita ese niño?, y alli encontramos la primera diferencia entre lo que es la protección y la sobre protección.

 

La protección se caracteriza porque el padre, madre o responsable de la crianza del niño esta alli para brindarles los cuidados y proveerlo de los elementos necesarios para ayudarlo a desarrollarse, como por ejemplo, brindarle alimento, enseñarle a explorar el mundo, brindarle amor y cariño, es decir ofrecer el espacio necesario donde se sientan SEGUROS y contenidos.

 

Sin embargo la sobreprotección se caracteriza principalmente por sobresaturar al niño de ciudados y elementos que no son ¨necesarios¨ para su desarrollo o sobrevivencia.  Y se dice ¨necesarios¨ porque el padre, madre o cuidador cree realmente que (por dar algunos ejemplos)¨evitar que se caiga cuando aprende a caminar¨, ¨evitar que llore porque un niño lo rechace en la escuela o ir a pelear por él cuando tiene problemas con un compañero de curso¨, ¨darle todo lo que el niño pide, todo lo que yo no tuve cuando fui niño¨ ¨llenarle la habitación de juguetes¨, entre otras acciones sobreprotectoras van a fortalecer el vínculo entre ellos y va a proveer de una sensación de seguridad en el niño. Sin querer estamos enviando mensajes contradictorios, el niño lo que puede percibir es ¨el mundo es peligroso¨ ¨sin mí no estas seguro¨ ¨no eres suficientemente capáz¨.

 

 

 

¿Que és el maltrato infantil?

 

Generalmente cuando pensamos lo que es maltrato infantil nos viene a la cabeza imágenes mas bien de violencia física,  tambien pensamos en los insultos, en el desprecio, el abandono y otro tipo de acciones violentas contra un niño.

 

la OMS define el maltrato como:

 

Abusos y desatención de lo que son objeto niños, niñas y jóvenes menores de 18 años, caracterizado por maltratos físicos o psicológicos, negligencias o desatención, abandonos o abusos, que puedan causar daño a la salud, al desarrollo o dignidad del niño, o poner en peligro su supervivencia, en el contexto de una relación de responsabilidad, confianza o poder.

 

 

Sin embargo no en muchas ocaciones pensamos que sobre proteger a un niño puede convertirse en un tipo de maltrato, ¿Cómo? ¿le doy todo lo que quiere y necesita, evito que sufra, le demuestro todo mi amor incondicional, como puede ser esto un tipo de maltrato? Esta afirmación destapa toda una postura de controversias. Se afirma que la sobre protección es un tipo de maltrato por el tipo de secuelas emocionales y mentales que ocasionan en la vida de los niños. Se puede clasificar como un tipo de maltrato psicológico, ya que el niño termina desarrollando:

 

  • Baja Autoestima.
  • Poca confianza en sí mismo.
  • Autoconcepto negativo de sí mismo y de sus capacidades (no puedo, soy incapaz)
  • Puede llegar a desarrollar cuadros de angustia y otras dificultades emocionales.
  • Puede llegar a desarrollar relaciones de dependencias y apego inseguro.
  • Puede llegar a desarrollar somatizaciones corporales.
  • Dificultad en el desarrollo de habilidades sociales.

 

http://https://www.youtube.com/watch?v=JcJqOZcffEk&t=1s

 

Cuando respetamos el desarrollo natural de un niño, vamos asumiendo con ello que el niño debe ir adquiriendo habilidades y competencias que lo vana ayudar a afrontar las dificultades propias de la vida, tales como:

  • Tomar sus propias decisiones
  • Desarrollar habilidades para la resolución de problemas.
  • Autonomía e independencia.
  • Desarrollo de personalidad

 

Generalmente la sobreprotección esta estrechamente opuesta a estas premisas. El padre sobreprotector sin querer (o queriendo)  toma desiciones por su hijo, le resuelve sus problemas, siente que el niño aun depende de él o ella para cosas que ya normativamente podría hacer por sí, y esto altera el desarrollo de su personalidad. En algunas ocasiones los padres o ciudadores indican que hacen este tipo de acciones para evitar que el niño ¨sufra¨ o se ¨fruste¨ o corra ¨algún tipo de riesgo¨, olvidando que estas experiencias le van a permitir al niño afrontar las dificultades que la vida le pueda ir presentando y por consecuencia le pueden ayudar a desarrollar el carácter necesario para integrarse efectivamente a la sociedad de manera autónoma.

 

La clave está en entender las necesidades del niño según la etapa en la que se encuentre, vincularnos con ellos según la edad que tengan y no hacer un desface de la relación, es decir, no tratar a un niño de 3 como si fuera de 10 y viceversa.

 

Consecuencias de la sobreprotección y que hacer para remediarlo

 

 

 

Es importante acotar que aunque hasta el momento podemos estar realizando practicas sobreprotectoras hacia nuestros hijos, son situaciones que pueden ser revertidas.

 

Pero primero debemos asumir que el miedo y la inseguridad que podemos sentir por nuestros hijos, para que no les pase nada malo, es eso, una proyección, es decir son nuestros propios miedos e inseguridades los que estamos traspasando a nuestros hijos, que seguramente ellos  en algún momento nos han intentado decir: ¨mírame, estoy grande, puedo por mi mísmo¨

 

te invito a evaluar los siguientes escenarios

 

  •  HACER TODO POR TUS HIJOS: Cuando hacemos todo por nuestros hijos le estamos enviando el siguiente mensaje: ¨tu no puede solo, eres incapaz, si yo no estoy no lo lograrás¨. Es decir hacer todo por ellos, todo aquello que podrían hacer por sí mismo, y que correspondería por etapa de desarrollo, es hacerlo sentir incapaz, y por consecuencia es anular su autonomía.  Permítele ir desarrollando su autonomía según la edad en la que se encuentren: comer solos aunque se ensucien, vestirse solos aunque no combine la ropa, recoger sus juguetes, ordenar su habitación, ir solo a la sala de clases, son situaciones que van a favorecer el desarrollo de su autonomía, y aunque cuenten con tu supervisión, el niño va a ir fortaleciendo una visión segura de sí mismo.

Permítele escenarios donde puedan sentirse autonómos según su edad y bajo tu supervisión, cuando realicen acciones por si solas, refuérzales y dales aliento para que en una próxima oportunidad tomen ellos la iniciativa.

 

  • TOMAR DESICIONES POR ELLOS: ¨tu dices que quieres el verde, pero yo se que el que te gusta es el violeta¨ ¨ve a clases de piano no de karate, es lo que mejor se te da¨ ¨porque no estudias veterinaria, no ingenería, cuando eras niño siempre te gustó cuidar de los animales¨ ¨no vas a salir con esa amiga, vas a salir más bien con juliana que es mas decente y conozco a sus padres¨. Aunque creemos que ellos están decidiendo, y nosotros solo estamos alentando sus desiciones, bajo de esas lineas le estamos diciendo ¨tu no sabes tomar desiciones, yo decido por tí¨.  Este tipo de situaciones insegurizan a nuestros hijos, y una vez que entran en etapas más complicadas, donde realmente necesitan autonomía y seguridad para tomar desiciones claras, se vuelven indecisos, les cuesta concretar desiciones, y siempre se cuestionan si la decisión que tomaron será la mejor, por lo que terminan siempre recuerriendo a terceras personas para confirmar sus acciones.

 

Desde temprana edad permíteles tomar desiciones, no se trata de delegar responsabilidades en ellos, es ayudarle a asumir las responsabilidades que le corresponden según su edad. No enjuicies sus desiciones, ni les hagas sentir que lo hicieron mal, solo invítales a ver opciones más efectivas.

 

  • RESOLVERLE TODOS SUS PROBLEMAS:  este es uno de los puntos más frágiles para los padres, quienes por evitar el sufrimiento, la angustia y los riesgos, evitan que sus hijos se enfrenten a situaciones donde deben exponerse. En muchas ocasiones vemos a padres ir a hablar con los profesores de sus hijos, por tareas incumplidas, o padres que hablan con otros niños que lo hicieron llorar a su hijo,  cuando le compran lo que niño pide para evitar que llore, o cuando llegan hasta a hablar con las parejas, novios (as), jefes, compañeros de sus hijos ante una dificultad. Alli claramente el mensaje es anular las competencias de afrontamiento de sus hijos.

 

No es dejarlos solos ante una dificultad, es acompañarlos y orientarlos de manera que puedan ver con mayor claridad las soluciones, pero no hacer y solucionar por ellos, ya que esto directamente anula la seguridad en sí mismos. Ofréceles espacios donde le puedas plantear algunas dificultades cotidianas y ayúdales a resolverlas, de manera que aprendan a manejar el estrés y la angustia frente a las dificultades.

 

  • EVITAR QUE SUFRAN:  ufff, como padres, que difícil es ver llorar a sus hijos. Evitarles la pena, el dolor y el sufrimiento es una de las metas más grandes que los padres se trazan, pero cuan necesario es el dolor para poder desarrollar carácter y afrontamiento ante la vida. Comprarle todo lo que piden para que no lloren, hablar con los amiguitos para que jueguen con el (ella), no decir no por miedo a una pataleta, este tipo de situaciones generan una visión falsa de lo que es la vida, y hacen que desarrollen una burbuja, que una vez que empiecen a interactuar con el mundo exterior podrán darse cuenta que hay momentos en la vida en las que se sufre y que son dolorosas y no van a saber como enfrentarlas.

 

El objetivo no es evitar, es enseñarles a afrontar, ayudarles a ver que el dolor pasa, que no es eterno, sobre todo a diferenciar que situaciones potencialmente dañinas para su bienestar, y situaciones que por el contrario podría favorecer el desarrollo el carácter.

 

 

CONCLUSIONES

 

  • Desarrollar un estilo de crianza sobreprotector es anular la capacidad para explorar el mundo, haciéndole entender que el mundo es muy peligroso e inseguro, donde el niño finalmente se sentirá inseguro.
  • La sobreprotección anulara la capacidad de tu hijo de tomar sus propias desiciones, por lo que desarrollará dependencias en las relaciones y dificultará su autonomía.
  • La sobreprotección hará que el padre asuma responsabilidades que deben ser delegadas a sus hijos según su etapa normativa, y esto hará que los niños cuando vayan creciendo serán incapaces de asumir responsabilidades, por lo que pueden llegar a  presentar dificultades en la vida laboral, educacional o hasta en la formación de su propia familia.

 

Por lo que se recomienda:

  • Fomenta la exploración del mundo a tu hijo, haciéndole sentirse seguro de cada paso que da, contando con tu apoyo y tu compañía, pero sabiendo que aunque no estés, el mundo puede ser un lugar seguro para él.
  • Permítele espacios donde pueda ir tomando desiciones, como por ejemplo la ropa que quiere usar, o jugar con un niño o no, ayudándole ver las consecuencias de cada decisión pero alentándole a sentirse autónomo y capaz.
  • Decir NO, es tambien sano, la disciplina es necesaria para el desarrollo emocional de los niños, una disciplina basada en el respeto, pero tambien que empodere al padre a poner limites y normas claras, que le permitan ajustar al niño para un buen desarrollo de juicio moral y social.
  • Asígnale responsabilidades basadas en su edad y capacidades personales,  tanto en tareas cotidianas del hogar como relacionadas al ciudado del niño. Pedir que ordene sus juguetes, pedir que te ayude a montar la mesa para comer, que te ayude a hacer su cama, le va a air ayudando a asumir progresivamente responsabilidades que le van a fortalecer la autonomía y el desarrollo de su autoestima.
  • Contenlo cuando te necesite, presta atención a sus emociones y ayúdales a comprender porque las sienten y como hacer para gestionarlas.
  • CONFIA EN TUS HIJOS, ELLOS PUEDEN. SI TU LO CREES ELLOS TAMBIEN LO HARAN.