Nuestro cuerpo como testigo de lo vivido: una visión integradora de la salud mental

Este verano me planteé dejar un espacio importante para la lectura, algo que me encanta, pero a lo que dedico poco tiempo con calma. Y había un libro que captaba toda mi curiosidad: El cuerpo lleva la cuenta. Se publicó en español hace un par de años, y está escrito por un referente mundial en el ámbito del trauma psíquico: Bessel van der Kolk, psiquiatra de origen holandés que ha desarrollado toda su carrera en Estados Unidos. Con un estilo muy cercano, cuenta desde su propia experiencia, tanto profesional como personal, cómo ha evolucionado la visión del trauma psíquico, partiendo del estrés postraumático de los veteranos de guerra hasta el derivado de los abusos, maltrato y el abandono en la infancia, para plantear un enfoque integral en el que el cuerpo y la imaginación son componentes muy importantes.

 

El apego como marco de referencia para nuestra visión del mundo

 

En la segunda mitad del siglo XX, el psicoterapeuta británico John Bowlby desarrolló su teoría del apego, que fue reforzada por los trabajos de la psicóloga norteamericana Mary Ainsworth. Aunque pueda parecer mentira, fue el primer intento objetivo con base científica de explicar la necesidad de amor que tienen todos los niños. Mejor dicho, es una necesidad de nuestra especie y de todos los mamíferos. Ese amor se basa, más allá de la nutrición y de la protección material, en un contacto físico basado en la ternura, y en una comunicación intensa centrada en la conexión emocional profunda entre el niño y su cuidador principal, generalmente la madre. En función de la sintonía emocional que se crea (que depende en gran medida de la sensibilidad y disponibilidad emocional de la madre), y del modo en que se reorganizan las rupturas de dicha sintonía que se producen de forma natural, el niño desarrollará conductas que se pueden englobar en cuatro patrones de apego: seguro, inseguro resistente, inseguro ambivalente, y desorganizado.

 

 

Desde la década de los noventa del siglo pasado, se sabe que cada patrón de apego desarrollado en los primeros años de vida condiciona nuestra forma de relacionarnos con el resto de las personas y con nuestra forma de interpretar el mundo. Se asemejan a patrones de adaptación a la vida en función del afecto recibido. Además, condiciona la forma en la que criaremos a la siguiente generación si no hacemos un ejercicio importante de conciencia sobre lo vivido. Es decir, existe una transmisión transgeneracional de los patrones de apego.

¿Por qué es importante todo esto? Si nos paramos a analizar cómo es nuestra forma de relacionarnos con los demás, ya sea desde la amistad, en las relaciones de pareja o en lo profesional, podemos descubrir si tendemos a ser más fríos o calculadores, si realmente no nos asusta la intimidad o huimos de ella, si el contacto físico nos asusta, nos place o nos arrastra, etc. Y sobre todo, ¿qué visión tenemos de nosotros mismos? ¿Somos merecedores de amor, es decir, merecemos ser queridos de forma incondicional? (http://psiquentelequia.com/apego-conexion-emocional-intimidad/).

 

La conciencia corporal como pilar de nuestra identidad

 

También en los años noventa del siglo XX, un psicólogo norteamericano, Stephen Porges, presentó su teoría polivagal, en la que exponía cómo los mamíferos habían desarrollado un sistema nervioso autónomo algo diferente a lo que se había planteado hasta entonces en los textos de anatomía. Consideraba que la evolución había llevado al desarrollo de tres sistemas (en vez de los dos observados tradicionalmente, simpático y parasimpático), que no se encuentran en equilibrio, sino que se activan de forma secuencial ante situaciones de alerta:

  • el componente más evolucionado y que se activa en primer lugar corresponde al vago ventral, es decir, a una rama del nervio vago que ha evolucionado para regular la expresión facial y vocal, la mirada y la escucha a la vez que regula el funcionamiento cardiaco y visceral. Porges lo considera el elemento fundamental para nuestras respuestas relacionadas con la participación social, que se desarrolla gracias a patrones de apego saludables durante la infancia. Es decir, estamos programados desde que nacemos para reconocer emociones en las caras de nuestros padres, para imitarlas y aprender a sentirlas en nosotros mismos. Ante situaciones de alerta, habrá una tendencia en nosotros a buscar apoyo social o a negociar con nuestro agresor, si es el caso.

 

  • en el caso de que no tenga éxito el componente anterior, se activa el sistema simpático, que es el que nos permite luchar, o bien, huir. Si la negociación no es posible, la siguiente opción implica una defensa más activa, con movilización de nuestro cuerpo.

 

  • sobre todo en la infancia, en situaciones de peligro (como puede ser un abuso físico o sexual, e incluso emocional), es poco probable que el niño luche o huya, pues se ve en inferioridad de condiciones. Su respuesta automática de protección será la inmovilización, la congelación. Quedarse paralizado. Una respuesta frecuente en los reptiles, que simulan estar muertos. Se debe a la activación del vago dorsal. Esta conducta automática, cuyo fin es desconectarnos de la realidad tan abrumadora que estamos viviendo en ese momento, nos llevará con frecuencia a disociarnos, a hacer que nuestra mente, nuestras emociones, nuestro cuerpo, se desconecten entre sí, y eso facilitará que nuestro sentido de identidad no sea consistente, coherente, y sea más fácil que afloren situaciones de sufrimiento psíquico en la etapa adolescente y adulta.

 

La mayor parte de personas sentimos una sensación de “seguridad visceral” cuando estamos viviendo una situación verdadera de calma y serenidad. Es decir, si hacemos un barrido de sensaciones a nivel de nuestro vientre o tórax, seguramente sentimos que están “tranquilos”, no hay bloqueos en la boca del estómago, o retortijones, o aceleración de nuestro corazón. Se ha demostrado que esta capacidad de tomar conciencia de nuestros estados internos es un recurso muy importante para recuperar nuestra conciencia corporal y emocional, y permitirnos superar situaciones de desbordamiento emocional asociadas a múltiples trastornos, tanto del estado de ánimo como de la personalidad y psicosis.

Por otro lado, las personas que han sufrido abusos o abandono en la infancia suelen mostrar en estudios cerebrales cierta desconexión entre regiones en las que reside la conciencia corporal y el sentido del yo, de identidad. Es decir, “soy” en tanto que me reconozco de forma profunda dentro de un cuerpo al que siento. Potenciar estas conexiones ayuda a sentirnos mejor, a tener un sentido más profundo de la vida. Es por ello que el tacto afectivo (a través de masajes), el yoga y las diversas formas de terapia psicocorporal que han ido surgiendo en las últimas décadas son recursos muy valiosos como complemento a un acompañamiento psicoterapéutico.

 

 

¿Haber tenido experiencias adversas en la infancia se relaciona con la aparición de enfermedades en el adulto?

 

Cada vez, más investigaciones respaldan esta afirmación, especialmente en las enfermedades crónicas de tipo inflamatorio, como las autoinmunes, y en situaciones de dolor crónico no oncológico. Prueba de esta importancia es que el propio Centro para el Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) tiene una web que alberga información al respecto, derivada del estudio ACE que se puso en marcha hace más de veinte años (https://www.cdc.gov/violenceprevention/acestudy/).

 

Nuestra visión tradicional de considerar separados cuerpo y mente cada vez tiene menos sentido. Somos una unidad integrada, nuestro cuerpo es el sustento de nuestras emociones y estas modelan nuestra forma de pensar y de estar en el mundo. Tendemos a vivir en negación de lo que sentimos profundamente, pues es lo que hemos recibido, y más allá de buscar culpables, quizá nuestra responsabilidad sea observarnos interiormente y reconocer al niño que aún habita en nosotros para abrirnos a sentir y acoger todo aquello que no es pasado, sino presente mientras sigamos llevando esa venda inconsciente.

 

¿Qué parece funcionar para superar nuestros traumas?

 

Van der Kolk, en su libro, ofrece una panorámica de los recursos que él ha ido incorporando a lo largo de más de 40 años de experiencia:

  • Por un lado, un acompañamiento cercano, basado en el respeto y en facilitar la autoconciencia emocional y corporal de la persona, en un entorno seguro, de aceptación y sin juicio.

 

  • Facilitar la reconexión con las propias emociones y el cuerpo, a través de la respiración, el tacto y el movimiento. En este sentido, la meditación (y mindfulness), el masaje y aquellas técnicas corporales basadas en la conciencia corporal (yoga es la que está más estudiada a nivel científico) constituyen una ayuda inestimable. Van der Kolk también emplea el neurofeedback para ello.

 

 

  • Una vez que se ha logrado cierto grado de regulación emocional, y reducción del sufrimiento, es posible abordar los recuerdos traumáticos. Para ello, la técnica de EMDR (desensibilización y reprocesamiento mediante movimientos oculares) (www.emdr-es.org) constituye un recurso de referencia, aunque la EFT (técnica de liberación emocional) da muy buenos resultados también (http://psiquentelequia.com/eft-tapping/).

 

  • Facilitar un cambio de visión de nuestro sistema interno, aprendiendo a vernos no como unidad interior rígida, sino como una “familia interna” con distintos componentes que reflejan a veces nuestras contradicciones a nivel emocional o de comportamientos. Van der Kolk se basa en la teoría de los sistemas familiares internos de Richard Schwartz para facilitar una reconciliación entre esas partes que todos llevamos dentro y que de ese modo pueden permitir una existencia pacífica, coherente y serena.

 

  • Potenciar la conexión con los demás, a través de actividades que impliquen sincronización entre los participantes y refuercen el sentido de pertenencia. Aquí es donde actividades como el teatro o hacer música juegan un papel fundamental, pues nos abre desde lo más visceral a los demás y nos permite sentir, más allá de la mente, la conexión con las otras personas.

 

 

  • Van der Kolk deja un apartado pequeño para la medicación (antidepresivos, antipsicóticos, etc). Si bien su práctica profesional comenzó en pleno auge de la psicofarmacología, los años han venido demostrando sus carencias para producir mejoras reales y duraderas en las personas, sin un apoyo psicoterapéutico integral. Un fármaco puede ser útil en ciertos momentos del proceso, pero siempre como ayuda, no como pilar del tratamiento.

 

A modo de conclusión

 

La lectura consciente de este libro, como resumen de la trayectoria de un profesional sensible con las personas a las que acompaña, me ha permitido hacer un balance de mi propia trayectoria vital y de cómo me aproximo a las personas que ahora acuden a mí. Cada día siento más profundamente que nuestro camino en la vida se basa en reconectarnos con el niño que fuimos, en permitir que la imaginación nos permita abrazarlo y darle aquello que necesitó y que quizá no recibió, y desde ahí tomar conciencia de cada mirada, de cada caricia, de cada palabra, de cada abrazo, de cada canto, de cada emoción, de cada segundo de vida para sentirnos realmente anclados a esta existencia mientras dure, de forma plena y consciente, sin mirar a otros lados, reconociendo nuestra capacidad para trascender creencias basadas en el miedo o en lo establecido, abriéndonos a explorar desde nuestro ser. Como suelo decir cada vez con más frecuencia, abrámonos a jugar, con nosotros mismos y con los demás.

 

Referencias bibliográficas

  • Porges, S. W. (2009). The polyvagal theory: new insights into adaptive reactions of the autonomic nervous system. Cleveland Clinic Journal of Medicine, 76 Supplement 2, S86-S90.
  • Van der Kolk, Bessel. (2015). El cuerpo lleva la cuenta. Cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma. Barcelona: Eleftheria.

 

Karma, libertad y poder de elección

En el yoga hablamos constantemente del karma, el concepto hindú que hace referencia al destino, la ley de causalidad que gobierna nuestras vidas. A pesar de no existir prueba de su existencia, en demasiadas ocasiones lo consideramos como un hecho sin ni siquiera cuestionarnos qué es en realidad.

Karma es un concepto tan común en el Oriente y una especie de axioma para la cultura del yoga. En el yoga buscamos samadhi, el estado de conciencia que subyace a la liberación de las cadenas del sufrimiento kármico. Todos esperamos liberarnos del sufrimiento, pero ¿en qué medida realmente entendemos el karma?

Se dice que el Karma es la ley universal de causa y efecto. El origen de la ignorancia y la esclavitud. El punto seminal de nuestra misma existencia. ¿Hasta dónde llega este determinismo?

Estoy en este lugar en particular debido a una elección. El estado de mi cuerpo, por ejemplo, depende de una decisión consciente, quiero sentirme bien así que decido hacer asanas y comer saludablemente. Pero no siempre actuamos de este modo…si no no tendríamos nunca resaca. Ayer bebiste más de la cuenta, hoy te toca afrontar las consecuencias.

La causalidad es un hecho, pero ¿hasta dónde podemos permitirnos el lujo de estirar esta idea mientras mantenemos intacta su lógica y su practicidad?

Los textos yóguicos describen el contenido de nuestra mente como la causa de nuestra esclavitud y angustia. El Yoga dice que samskaras (impresiones de eventos pasados) y vasanas (deseos insaciables) contaminan la mente y nos impiden experimentar la verdad de nuestra libertad.

La ciencia moderna ha demostrado recientemente que la actividad mental influye en la estructura de nuestro cerebro. La calidad de nuestros pensamientos se transmite a todas las partes del cuerpo a través de señales químicas y produce conexiones específicas entre nuestras células nerviosas. La meditación diaria hace más gruesa la materia gris, mientras que el miedo mata a las neuronas. Cada tipo de entrenamiento seriamente mantenido crea nuevas vías neuronales, mientras que la falta de repetición de cierta información debilita las conexiones sinápticas, llevando al olvido.

¿Qué tiene esto que ver con el karma? El karma se puede definir como el poder de elección. Nuestra condición futura depende de nuestras opciones actuales. Yo elijo salir de fiesta o quedarme en casa y meditar.

Además de las consecuencias obvias de estas decisiones, cada elección repetida refuerza en el cerebro una conexión específica y compleja entre las neuronas. Todas las demás posibles relaciones neuronales se debilitan y olvidan lentamente. Cada vez que nos enfrentamos a la misma situación en el futuro también traerá un rango más limitado de la libertad. Nuestros pensamientos predominantes forman nuestros cerebros.

El karma está en nuestro cerebro

Desde esta perspectiva, claramente, el karma no es un guardián que proteja las puertas del cielo cual gorila de discoteca. No es un Dios feroz en los cielos contando nuestros pecados. Está en nuestro cerebro. Lo que aprendimos, lo que repetimos, lo que elegimos en el pasado nos hace más propensos a tomar el mismo camino, a «ver la misma solución», a vagar en la misma gama de patrones mentales.

El almacenamiento emocional en el sistema límbico de nuestro cerebro determina las reacciones instintivas a los acontecimientos presentes; Los yoguis hablan de samskaras, las impresiones que dan forma a nuestras mentes y crean esclavitud. Estas impresiones, todos los deseos, el contenido de la mente o la estructura del cerebro crean un destino para nosotros.

¿Cuánto somos conscientes de todas las opciones disponibles para nosotros? ¿Cuántos nos atrevemos a tomar otro camino o incluso a investigar alternativas diferentes? ¿Cuánto de elástico es nuestro cerebro?.

La mayoría de la personas consideran los atascos de tráfico como situaciones muy estresantes. Mientras que el estrés está destinado a protegernos, un atasco de tráfico no es exactamente el equivalente a una agresión que amenaza la vida. La preocupación no va a cambiar el color del semáforo.

Es obvio que el estrés se origina principalmente en la mente y, sin embargo, ¿cuánto control tenemos para detenerlo? ¿Qué pasa si llego tarde, qué pasa si se va, qué pasa si la tienda está cerrando, y si mi jefe me necesita? Todos los «qué pasa si» son producciones de muchos recuerdos almacenados de sufrimiento o proyecciones de una mente intranquila.

¿Cuánta libertad tenemos para escoger entre una sonrisa o un ceño fruncido cuando los coches no se mueven y ya llegamos tarde? Siempre nos queda la opción de disfrutar de un breve descanso. Poner música, disfrutar de la comodidad de nuestro asiento, o incluso de la presencia de la persona que nos acompaña. Las alternativas están ahí. ¿Las tomaremos? ¿Llegaremos sonrientes o cabreados a nuestro destino?.

En yoga los vasanas y los samskaras son «quemados» por el poder de la práctica. Meditación, kriyas (técnicas de purificación), karma yoga y técnicas específicas de kundalini. A través de su práctica los grados de claridad mental y la libertad se elevan y uno puede finalmente hacer la elección de descansar en su verdadero Ser.

Tal vez no es científicamente preciso referirse al destino y la predeterminación. Sin embargo, el poder de nuestras opciones predominantes en el presente claramente moldea el futuro y esto es un hecho científico. También es la psicología en la ciencia la que demuestra la expresividad profunda de metáforas y símbolos. Las vías neuronales sinápticas son difíciles de entender, pero la palabra karma las describe también.

El yoga, las leyendas, el folclore, las creencias comunes y la neurociencia hablan en términos diferentes sobre el poder de nuestras opciones actuales. Lo que está más allá de este tiempo presente podría no ser tan fácil de probar o negar, pero el yogui práctico no necesita mirar en sus acciones más allá de ahora para cambiar el karma futuro.

 

¿Quieres ser feliz? Sé agradecido

“Vamos a levantarnos y dar las gracias, porque si no aprendimos mucho hoy por lo menos hemos aprendido un poco, y si no hemos aprendido un poco, por lo menos no estamos enfermos; y si estamos enfermos, por lo menos no estamos muertos. Así que vamos todos a dar gracias”. (Buda)

Muchos nos han recordado la importancia de vivir con gratitud. Buda, Lao Tsé… La gratitud es riqueza. La queja es pobreza. La primera semilla para la abundancia es el agradecimiento. “El agradecimiento es la memoria del corazón”, dijo Lao Tsé

Aunque muchos son conscientes ahora de la importancia de vivir con gratitud, muchos son también los que se instalan en la queja, en el lamento, alejándose del agradecimiento.

ser feliz ser agradecido

La historia de ella

Ella estaba instalada en la queja. No podía agradecer todo aquello que ya estaba aquí… Y se preguntó que se lo impedía.

¿Y si mañana ya no está aquí? Motivo para agradecerlo hoy, aún más.

¿Y lo que no ha llegado todavía? ¿Lo que no está aquí hoy? Motivo para agradecer lo que sí llegó ya, lo que ya está aquí hoy, aún más.

Y así llegó a darse cuenta… paradójicamente, aquello que le costaba agradecer era lo que ya estaba aquí… hoy… En algún lugar de su interior, agradecer todo aquello, era reconocerlo como un regalo, algo que no le correspondía por derecho sino por la gracia de Dios… o del Universo… como prefieras. Y eso le hacía sentirse muy insegura… Shhhh no te vayan a oír arriba, a ver si se te va a acabar el regalo… Algo así como …. si se dan cuenta de que no has hecho nada por ganártelo, te lo quitan, así que chitón. Y hala, a seguir quejándote y lamentándote de todo lo que te falta… a seguir disimulando…

¿Qué hace la diferencia? ¿Y qué nos iguala?

¿Qué hace la diferencia? ¿Que hace que un bebé nazca en una chabola insalubre y otro en un hospital de la Seguridad Social? ¿Qué hace que uno nazca aquí y otro allá? ¿Qué tenga la oportunidad de ir a la escuela o no? La fortuna en el nacimiento puede determinar el resto de una existencia… Y después… ¿qué determina que tengas una enfermedad o que vivas plenamente sano? ¿Qué decide que veas morir a un hijo o que le veas crecer sano y darte nietos? Etc, etc, etc… Nada de esto está bajo nuestro control y a veces se nos olvida…

Se te olvida que la vida no te pertenece… se te olvida que la vida es un regalo, que se te ha donado, sin que tu hagas ningún esfuerzo… Cada día la hoja nace del árbol de manera natural, espontánea y sin que tu hayas realizado ningún esfuerzo. El sol luce cada día de manera natural y sin esfuerzo. La lluvia nutre la tierra de manera espontánea y sin esfuerzo… Y gracias a todo ello existe la vida. Ese regalo del que tú puedes disfrutar. Siempre hay algo que puedes agradecer, hayas nacido en chabola o en hospital…

Y de la misma manera hay sonrisas que nacen de forma espontánea y sin esfuerzo… Y gracias a ellas la vida resulta un lugar más bello en el que vivir… Por eso, si quieres, si puedes… sonríe, con la sonrisa del agradecimiento…

ser feliz ser agradecido

Si quieres ser feliz, sé agradecido

“La gratitud es una vacuna, antitoxina y un antiséptico”. -John Henry Jowett

La gratitud da sentido a nuestro pasado, trae paz al presente y crea una visión para el mañana

Seamos agradecidos con la vida. “Seamos agradecidos con las personas que nos hacen felices, ellos son los encantadores jardineros que hacen florecer nuestra alma” (Marcel Proust)

Ser agradecidos nos hace felices y sobre ello nos habla David Steindl – Rast en esta TED Talk con la que me despido de ti. ¡Feliz verano!

Un abrazo de corazón,

Ana F Luna

PCC Coach y Máster en Psicoterapia

ana@unaoportunidadparacrecer.es

David Steindl – Rast.  Ted Talks ¿Quieres ser feliz? Sé agradecido

 

Nuevas masculinidades

Se ha puesto de moda hablar sobre nuevas masculinidades y sobre la necesidad de una revolución masculina que nos saque a los hombres de los rígidos patrones con los que hemos sido educados y con los que hemos ido aprendiendo (o no)  a expresarnos sentimentalmente. La manera en que nos hemos convertido en hombres, estilo “macho”, supone un lastre considerable para el autoconocimiento y el manejo de las emociones. También queda tocada nuestra capacidad responder a según qué  demandas, problemas o desafíos.

La buena noticia es que somos cada vez más los hombres que tomamos conciencia de nuestras heridas, de nuestras limitaciones. La mala noticia es que estamos bastante aislados y desorientados.

Por momentos, yo mismo me he sentido acorralado por los diferentes matices de mi personalidad. Me gusta reunirme con amigos para ver el fútbol, beber y blasfemar, tanto como estar con mi hija, cocinar o charlar con mi mujer. En el primer caso, estaría supuestamente dando rienda suelta a una parte “macho” de mi yo –banalidad, exceso, transgresión-, mientras que en el segundo caso me estaría dejando llevar por una parte más femenina o “afeminada” –cuidado, atención, diálogo-. Recuerdo a una chica que como elogio me dijo una vez: “tenés tu parte femenina muy desarrollada, nunca me había sentado tan escuchada por un hombre”.

No sé de dónde salen estos malos entendidos, ni como se ha llegado a montar una clasificación fiable para distinguir entre conductas o actividades propias de los hombres y de las mujeres. ¿Es la cultura o la naturaleza la que determina  los rasgos que identifican lo masculino y lo femenino?

Se puede citar aquel experimento con treinta ejemplares de monos Rhesus, machos y hembras, que tenían que escoger entre coches y muñecas y el resultado fue que los primeros eligieron los vehículos, mientras que las segundas se quedaron con las muñecas.

Así a bote pronto, tengo la sensación de que en general las mujeres se conocen más a sí mismas, fluyen mejor con sus emociones y se abren a compartir con otras mujeres cuestiones vitales para ellas tales como la sexualidad, el trabajo, las presiones sociales, los roles familiares, lo común, la cooperación. Los feminismos y el colectivo LGTBI han hecho mucho en este terreno y hace rato que tienen claras las razones por las que luchan, las reivindicaciones pendientes y los obstáculos a sortear.  Cuentan además con espacios de encuentro y canales de comunicación por los que lucharon, que están vivos, que siguen desarrollándose.

Vieja masculinidad

El ideal de hombre con el que yo fui criado responde de manera patente a lo que se denomina una matriz patriarcal y machista.

En casa, papá trabajaba y mamá era ama de casa. Papá era el que suministraba el dinero y Mamá se encargaba de las cosas de la casa. Papá gritaba y mamá guardaba silencio. Papá se enojaba y todos temblábamos.

Mi papá era conservador en lo que respecta a los deberes familiares y su lugar como jefe resultaba inexpugnable. Asumió la responsabilidad de ser sostén económico de la familia a rajatabla y jamás lavó un plato, recogió la mesa o se hizo un huevo frito. Estaba acostumbrado a que lo atiendan y se salió con la suya.

Había venido de Salta, en el norte de la Argentina, a la gran ciudad cargado de una tradición machista decimonónica que sólo abandonó parcialmente y hacia el final de sus días. Tuvo a mi madre como cable a tierra, como refugio ante sus propias tempestades emocionales.

No hablaba de sentimientos con mi padre, si él me preguntaba qué tal estaba y yo le respondía que bien. Y hasta ahí llegábamos.

Absorbí, de una manera u otra, ese modelo machista caballeresco con sus cualidades prescritas: la fuerza, el valor, el honor, el coraje, la templanza y lo que se rechazaba: la debilidad, la cobardía, el deshonor.

Cuando iba al cine con mi viejo, veíamos exclusivamente a petición mía las películas de Sylvester Stallone, Bruce Willis y Schwarzenegger. Dos de ellos siempre con el torso desnudo musculado disparando con un arma de guerra a todo lo que se menea, el otro imperturbable ante el máximo peligro y ajeno a cualquier sentimiento que no sea la soberbia.

No se trata de ajustar cuentas con mi padre; él hizo lo que pudo, era del 36, de provincias, con un padre nacido en el siglo XIX. Formó parte de una época, con sus contradicciones, como todas.

El imaginario caballeresco funcionó durante siglos, el hombre encarnando al guerrero que enfrenta al dragón, o a otro hombre, para conquistar el corazón de una doncella. Si su hombría prevalece, el caballero estará a la altura del dictado de su naturaleza o de un férreo código de conducta que ha adoptado. Si actúa como un  valiente, recibirá por recompensa el amor femenino.

Sobre otras cosas que pueden estar en juego, el guerrero se sentirá particularmente gratificado si obtiene la aprobación, no importa si fantaseada o implícita  de su mamá. “¡Mamá esté orgullosa de su niño, ya convertido en hombre!”.

Sí, mamá, la primera mujer en la vida de cada hombre y a la que busca agradar, seducir, reproduciendo un modelo. La misma madre que repite en un bucle trans histórico al niño-caballero: “no pegues a la niña, protégela”, “no llores como una niña”, “deja pasar primero a la niña y ábrele la puerta”, “ayuda a la niña a cargar ese peso”, “salva a la niña de las garras del monstruo”, “defiende a tu hermana”, “compórtate como un hombrecito”, “aquí tienes tu pantalón y tu camisa; el cinturón y la pistola de plástico”, “conviértete en un hombre en serio”, “ya vas a ver cuando llegue tu padre del trabajo”.

Está mamá, está la niña a proteger, faltaría la puta para completar un cuadro terrible.

La puta se coló en mi adolescencia como consecuencia del primer chute de porno. Un escenario cutre y sórdido, tráfico de pasiones inauténticas.

Ya debe existir algún informe académico, de Princeton o el MIT, que traduzca a números y estadísticas el daño ocasionado por el visionado de películas pornográficas en los jóvenes. En lo que a mí respecta, las secuelas han sido graves y persistentes. Quedar atrapado en la iconografía del cine XXX fue devastador para mi imaginación. Llené mi cerebro con imágenes obsesivas y distorsionadas de la realidad. Lo que podría haber sido una experiencia erótica a través de los cinco sentidos quedó reducida a algo que ocurre en una pantalla. Una sexualidad plana y cercenada por la forma en la que los cuerpos se convierten en cosas y los movimientos se mecanizan. Detrás, encima, debajo, de perfil, una lógica de sumisión violenta de la mujer a manos del hombre. Un hombre semental encargado de humillar, escupir, vejar, exprimir a su compañera sexual y convertir semejante crueldad en un espectáculo de consumo instantáneo.

Por si no estuviesen suficientemente torcidos los pilares que sostienen un modelo de masculinidad semejante, hay que agregar el tipo de rituales que se practican al interior de los grupos de varones: el abuso hacia los más débiles, la homofobia, la competencia a ver quien la tiene más larga o la agresión física gratuita.

Novísima masculinidad

Hace un par de meses comencé con mi amigo Antonio una de las iniciativas más estimulantes de mi vida: la apertura de un espacio de encuentro para hombres llamado Homens http://www.sedhombres.com

Con frecuencia quincenal, nos venimos reuniendo diez hombres para comentar nuestras cosas, para conectar emocionalmente, para resonar en la escucha compartida.

No pretendemos asumir un estereotipo de hombre “descafeinado”, ni uno que responda constantemente a la demanda social de mayor sensibilidad y ternura.

Si vamos a estar atendiendo a una demanda externa, lo más seguro es que perdamos el contacto con nosotros mismos o que neguemos nuestra verdadera esencia. Sea cual sea ésta.

En Homens no se trata de un impulso hacia delante, de conquistar de nuevos espacios como había ocurrido hasta ahora, sino más bien de un despiece y una vuelta hacia uno mismo.

Muchos hombres heterosexuales de hoy, entre los 30 y los 50 años aproximadamente, rechazan una imagen de masculinidad a la Humphrey Bogart (tipo recio, de pocas palabras, imperturbable, casi ausente o en fuga), pero aún no han dado con la clave para tumbar el estereotipo y generar un espacio propio alternativo y más genuino. 

Para escribir este post iba a pasar la tarde documentándome, empapándome de los debates, de las opiniones más acreditadas en este campo, investigando tendencias y terminologías modernas, encuestas y estudios sociológicos, sin embargo estoy en una etapa de mi vida en la que ya no quiero leer tanto ni pretendo ser brillante u original sino fiarme más de mi experiencia y mi intuición. Compartirlas sin mayores pretensiones ha sido mi objetivo y quizá sean también las que me ayuden a ver que ser hombre no es nada en particular y depende en gran medida de lo que estemos dispuestos a ser a pesar de los modelos y patrones sociales más extendidos.

La historia no contada de cómo el romanticismo mató al amor

 

Pero… ¿qué locura es ésta? ¡Menuda tontería!, lo uno lleva a lo otro, porque sin romanticismo no puede existir el amor en pareja, ¿o si?

Evolución del concepto del amor

amor romántico 

A lo largo de la historia el concepto del amor ha pasado por distintas fases. Hasta el siglo XVI se diferenciaba perfectamente entre la unión conyugal, concebida como un contrato que aportaba beneficios y seguridad, y la pasión. Se entendía que la pasión era un impulso sexual que se vivía fuera del matrimonio, ya fuera en la imaginación o en la vida real. A partir de finales del siglo XVII, gracias a Shakespeare y a sus archiconocidos Romeo y Julieta, la idea del amor romántico se implanta en la sociedad y en la cultura. Poco a poco va fortaleciéndose hasta llegar a nuestros días con la fuerza que desprende actualmente.

 

Si, ya sabemos, por lo que hemos oído, leído o nos han dicho que el amor romántico no es bueno. Que las grandes compañías cinematográficas nos han vendido una imagen del amor casi imposible de alcanzar. Pero entonces, ¿por qué siguen triunfando las películas en las que finalmente los enamorados terminan juntos a pesar de las dificultades?, ¿por qué los temas musicales cantan y cantan al amor?, ¿por qué he escrito “casi imposible” 3 líneas más arriba?… Quizás porque es una idea, la del amor romántico, que queremos descartar pero que nos llama una y otra vez como si de una droga embriagadora se tratase de la que es muy difícil desengancharse.

 

La idea romántica

amor romántico 

Y es en esta idea romántica, en la que buscamos incesantes a aquella persona que nos completa y gracias a la cual encontramos el sentido de la vida y la felicidad, donde matamos al amor. Porque para seguir el ideal romántico es necesario asumir una serie de creencias que pueden llegar a hacernos esclavos del amor. Algunas de las creencias más importantes son las siguientes:

En una relación basada en el ideal romántico no existe la diferencia entre los miembros de la pareja. Se presupone que las dos personas piensan y sienten igual y que les gustan las mismas cosas, surgiendo expresiones como “están hechos el uno para el otro” o “eres mi media naranja”.

Para el romanticismo lo más importante es la otra persona, de hecho, su importancia es tal que se sitúa por encima de la propia vida. Aquí vuelven a aparecer los amantes de Verona, haciendo gala de este principio. Sin embargo no tenemos que irnos tan atrás en el tiempo para encontrar numerosos ejemplos. O acaso ¿no has dicho o has oído a algún amigo o amiga decir frases como “no puedo vivir sin él/ella”, “como me deje me muero” o un largo etcétera?

El mito de la omnipotencia del amor, según el cual el verdadero amor puede superar cualquier tipo de problema o de dolor. Podemos ver este mito en frases como “el amor todo lo puede” o en conversaciones de la calle en las que a pesar de las quejas o problemas que una persona pueda estar manifestando acerca de su pareja su amiga/o le contesta “vale, pero ¿y tú le quieres?”. Como si la respuesta a esa pregunta invalidará todo lo demás.

 

Las consecuencias negativas del romanticismo

 amor dependiente

 

Esta idealización del amor tan alejada de la realidad, y la presión que supone tener que sentir de esa manera para “amar de verdad” trae consigo numerosos problemas. Entre otros, relaciones de dependencia, de maltrato, celos patológicos, renuncias personales o sufrimiento e incomprensión cuando los miembros de la pareja conciben el amor de manera diferente. Lo cierto es que poner en cuestión las creencias o los mitos románticos puede resultar peligroso. Aún así vamos a intentarlo.

 

Si partimos de la realidad de que cada miembro de la pareja proviene de familias distintas, con creencias y formas de actuar diferentes, en las que las relaciones se han vivido de manera diferente, el argumento de que los miembros de la pareja son iguales cae por su propio peso. Es natural en cualquier relación, y más en la de pareja, vivir un proceso que puede durar toda la vida, en el que ambas partes tengan que conocerse, negociar, estar abiertos a escuchar y llegar a acuerdos. Y esto, según el ideal romántico, ya no sería amor. De hecho muchas parejas viven estas situaciones con gran desilusión ya que se supone que “ella/él debería saber lo que me molesta, lo que me gusta o lo que me entristece, si se lo tengo que decir ya pierde la gracia”. En lugar de enfocar estas situaciones como oportunidades de descubrimiento del otro y de crecimiento juntos se viven, por la presión del ideal romántico, como fracasos o fallos de la relación.

 

Por otra parte, encontramos la idea de que el otro es más importante que yo. Si seguimos esta creencia renunciaremos a lo que queremos o necesitamos por el supuesto “bienestar del otro”. Esta idea es una contradicción en si misma. Al igual que si no tengo comida no la puedo compartir con otra persona, si no me encuentro bien y no satisfago mis necesidades personales, sociales o profesionales no podré compartir con mi pareja la alegría, la seguridad o el amor. Si yo no me doy, no te puedo dar a ti. Cuidar de uno mismo es una necesidad vital que cuando se niega provoca poco a poco y, muchas veces de forma inconsciente, la separación de la persona amada. Se va creando un poso de resentimiento que va contaminando la relación hasta envenenarla del todo.

 

Y, por último, el amor pleno es un resultado, producto del trabajo mutuo y de la comunicación de la pareja, y no un concepto que sirva como excusa para resignarse ante problemáticas graves como el maltrato, las adicciones o la infelicidad en la pareja.

 

Por todo ello considero que el amor romántico tal como se nos empaqueta y se nos vende no es sino una ilusión pasajera producto de los mitos y de la cultura. Una ilusión hermosa que puede hacernos sentir que volamos pero que también puede atraparnos en la búsqueda insatisfecha, por imposible, de una falsa idea de felicidad. No hay nada más bello que el amor cuando se ama y se es amado o amada en libertad. Todo lo que se distancie de este principio no es amor, simplemente es otra cosa.

 

amor en libertad

 

Que es primero, la madre o la mujer?

Este título abre una discusión que puede llegar a ser polémica. Situación por la que he atravesado varias veces en conversaciones con mi círculo más íntimo (familia, amigos). Pero también una reflexión que he hecho luego de muchos años como terapeuta.

Una pregunta que me hace revisar mi historia y mis legados familiares:

  • ¿Cómo se vive la maternidad en mi familia?
  • ¿Qué rol tiene la mujer en mi familia?
  • ¿Qué ha pasado cuando alguna de mis primas o tías han intentado romper lo esperado y han hecho cosas distintas?

 

Esto me invita a ver cómo ha vivido la experiencia de la maternidad mis primas, amigas, y personas cercana a mí, y sobre todo como me siento ante eso, que cosas suceden en mí. Pero también pienso, no sólo se trata de cómo mi familia ha construido el rol de la mujer y el ideal de una madre, sino también en que cultura y en que etapa social e histórica hemos crecido, lo que empuja a la familia en general a construir este tipo de “realidades”, a las que “no se cuestionan” sino que se “introyectan o asumen sin oponerse” considerándolas como correctas.

 

Qué difícil es para una mujer cumplir con los roles impuestos por una sociedad más bien patriarcal, donde se espera que sea una mujer trabajadora, independiente, pero además se obliga a ser una madre excepcional, sin errores y sobre todo abnegada al 1000% con relación a la crianza de sus hijos. Una vez escuche “olvídate de ser mujer como por 15 años, el día que quedaste embarazada primero están tus hijos y después tú”, (aclarando que no soy madre, la persona que me lo dijo se lo decía a sí misma) Pero, ¿será realmente así?.

 

MADRES A TIEMPO COMPLETO

 

Este tipo de ideas ha sido reforzado por generaciones. Ciertamente la maternidad es una experiencia maravillosa que cambia la vida, pero porqué debe convertirse en una experiencia aisladora donde solo debe cumplirse un rol 24/7?, en pocas palabras ¿porque anularse como mujer?. En esto, además de la familia, y de la cultura donde se desarrolla se suman los medios de comunicación,los cuales han hecho un trabajo sistemático que encapsular cada día más los roles de género, y perpetúa los estereotipos de lo que es la maternidad. Por ejemplo el siguiente:

Es un pequeño ejemplo de cómo la sociedad en la que vivimos evalúa la maternidad. Es una cosa o la otra, pero las dos juntas quizás no funcionen. ¿Por qué plantear la experiencia de maternidad como un polo opuesto a lo que es ser mujer e individuo?

 

Amor desmedido y desinteresado.

 

Ciertamente la madre es una figura única e irrepetible en la vida de un niño. Cuando el niño nace depende directamente de la madre quien provee lo más importante para sobrevivir, el alimento. Pero también el abrigo y el amor alimentan, razón por la cual el cuidado de una madre los primeros años de la vida de un niño son fundamentales para su crecimiento y la formación de su seguridad psicológica y salud física y emocional.

 

Tener este aspecto claro hace que una madre se comprometa con su responsabilidad en la crianza y entienda que su rol como protectora y formadora es fundamental para el desarrollo de sus hijos. Pero en algunos casos, pareciera que esto conlleva directamente a olvidarse a ellas como mujer.

 

Y en este aspecto la sociedad también tiene responsabilidad. Cuando un niño nace generalmente el regalo de las personas que van de visita van dirigidos al bebe, ¿y que pasa con la mamá?; cuando el niño va creciendo y hablamos con una mujer, lo primero que preguntamos es ¿Cómo están los niños? ¿Cómo va la escuela?. Cuando entablamos una conversación con alguien que sabemos que es madre las primeras preguntas para comenzar una conversación se centran en: los niños. Lo cual sin querer igualmente encaminamos a esa mujer a olvidarse ellas como individuos y nos relacionamos a través del rol que están desarrollando: ser madre.Entre líneas le estamos diciendo, «primero madre, después mujer».

 

Es raro ver que una persona le pregunte, ¿Cómo estás tú? ¿Qué tiempo has tomado para ti?, ¿sigues bailando, o en tu curso de pintura, yoga, deporte? Es decir, asumimos que si es madre, su foco de atención y en lo que está concentrada su vida es en eso mismo: ser mamá. Y la tarea es mucho más asumida cuando la familia es monoparental, es decir cuando la mama es mama y papa a la vez, cuando hay condiciones especiales en sus hijos tanto físicas como psicológicas, entre otras situaciones.

 

Pero qué pasa cuando empezamos a ver que hay madres, que no se desconectan de su esencia de mujer, es decir que no se de olvidan de ellas como individuos y se siguen desarrollando en otras área de interés, donde solo invierten tiempo en ellas (aunque sea solo por un rato) y pueden separarse del rol de madre?

 

 

¿Mujer primero, madre después?

 

Es así antes de ser madre fuiste mujer, pero, ¿cómo vivías la experiencia de ser mujer? Eso es importante ya que a partir de allí podemos partir para revisar como estas viviendo la experiencia de de ser madre, si decides ser lo algún día, o si ya lo eres actualmente.

 

He visto como aquellas madres que dedican tiempo a divertirse o a realizar actividades fuera del hogar son enjuiciadas y reprendidas por una sociedad, que responde a la vivencia patriarcal de lo que es la mujer. Expresiones como estas son comunes:

 

“se escapa cada vez que puede hacer yoga, es que no quiere encargarse de los niños”, “pero como va a empezar a trabajar tan pronto, si los niños están muy pequeños”, “Deja a los niños solos con el papa y ella se va a reunir con sus amigas, que irresponsable”, “no le ofrezcas que no vaya, sino va a aprovechar quedarse en casa y te va a dejar a los niños a ti”

 

Frases como estas las he escuchado en diversas ocasiones en donde realmente es enjuiciado cuando una madre dedica tiempo para ellas y no involucra a sus hijos en esas actividades.

 

Sin embargo, no se escapa de la realidad que algunas mujeres viven la experiencia de la maternidad con apegos más bien evitativos, distantes y poco conectados con sus hijos. Aquellas mujeres que  habiendo decidido ser madres (de manera planificada o no), les cuesta conectarse con los cuidados prioritarios y muestran conductas negligentes como abandonos, distanciamientos o delegación de responsabilidades en terceros.

 

son aquellas mujeres que también están polarizadas, pero en este caso al extremo contrario.

 

 

 

 

LA PALABRA CLAVE: EQUILIBRIO

MADRE Y MUJER A LA VEZ

 

La clave es el equilibrio, saber fusionar ambas sin que una anule a la otra. SI, hablo en plural, ya que todos tenemos diversas facetas dentro de nosotros mismos. de manera que la invitación es a integrar cada unas de nuestras partes para que una no controle ni domine, sino que una parte de nosotros se complemente con la otra.

 

  • Para lograr esto es importante SOLTAR LAS CULPAS!!!!. sentir culpa es una manera de sabotaje a los procesos de crecimientos y de reconocimiento personal, la culpa es la amiga que siempre se queja, la que es negativa y la que frena el avance. Si te dejas acompañar siempre de las culpas, seguirá una parte de tí anulando a la otra.

 

  • Evitar entrar un extremo. Nos se trata de solo ser mujer, ni de solo ser madre, se trata de saber equilibrar ambas en ti.

 

Recuerdo una madre a la que le dije una vez “has hecho un trabajo maravilloso con tus hijos, son adultos ya responsables de sus vidas, sanos, felices e independientes, pero ahora que se fueron de casa, que pasara contigo? a lo que siguió un espacio de silencio y unas lágrimas continuas, ya que era primera vez en su vida que no tenia a nadie a quien cuidar, y no sabia como empezar a atenderse a sí misma.

 

Muchas mujeres pasan 20, 25 y hasta más años de sus vidas siendo madres, y una vez que los hijos se emancipan y se van de casa, no saben qué hacer, ya que no han desarrollado otras facetas de su vidas más que ser madres. Y aquí es donde llegan las complicaciones, ya que suelen desarrollarse patologías como depresiones, ansiedades, o empiezan a generar síntomas físicos porque no saben encontrarse en otra forma que no sea realizando la labor de madre.

 

Razón por la cual es importante recordar, que antes de madre fuiste mujer, y que aunque tus hijos siempre serán tus hijos, en algún momento ellos volaran fuera de casa, por lo que la pregunta es: vas a esperar ese momento para verte a ti al espejo? para reconocerte y para descubrir tus necesidades, sueños y motivaciones?

 

Tus hijos también necesitan verte desarrollándote en diversas áreas de tu vida, lo cual será para ellos fuentes de aprendizajes, de ejemplo y sobre todo de admiración. Esto también fortalecerá el vínculo que se establece entre madre – hijo y ayudara a desarrollar en ellos seguridad por el mundo externo y capacidad de aventurarse a explorar el mundo con confianza.

 

Recuerda que la clave es la integración, el equilibrio entre la posibilidad de ser una buena madre y de reconocerte como mujer, con necesidades y motivaciones, con sueños y con ilusiones.

 

Invito a leer este cuento recopilado por la Autora Pinkola Estes, donde de manera magistral nos ayuda a conectarnos con nuestra esencia más profunda y nos invita a regresar a nuestras raíces y profundidades psicológicas. se llama Piel de Foca y pueden encontrarlo en su libro Mujeres que corren con lobos

 

Ser madre definitivamente es un plus, pero también fortalecerá tu ser realizar las actividades que te gustan y que complementan tu felicidad y equilibrio interno. Realizar un curso recreativo, estudiar, salir con las amigas, etc. Sean cuales fueren tus intereses, no los olvides, reconcíliate con ellos y magistralmente hazte un espacio para ellos, protégelos, porque al proteger esos espacio también estas protegiendo tu salud mental y emocional, lo que traerá consecuencias positivas tanto con la relación con tus hijos, como con el resto de tu vida.

 

 

Música y estados alterados de conciencia

La propuesta inicial de hoy puede que te resulte intensa. Quizá sea ese el objetivo. Tienes a continuación un enlace para escuchar una música concreta. Una vez que la hayas puesto en marcha, puedes cerrar los ojos, colocar una mano en tu corazón, sentir su latido, su intensidad y ritmo, y con el dedo índice de tu otra mano, imaginar que es un lápiz o pincel con el que empiezas a dibujar en el aire aquello que te nazca profundamente: puede ser un lugar que sientas seguro, puedes dejarte llevar por la intuición, etc. Una vez que la música acabe, permanece un instante en el silencio, observando las sensaciones de tu cuerpo, tus emociones, etc. Ahora puedes abrir los ojos. ¿Sientes que ha habido cierta desconexión de la realidad? ¿Ha cambiado algo respecto a la percepción de tu cuerpo? ¿Y en cuanto a la percepción del tiempo y el espacio? Quizá tu conciencia ha experimentado un cambio respecto a su estado habitual.

 

Los estados de la conciencia

Habitualmente describimos la conciencia como esa capacidad humana que nos permite darnos cuenta de lo que nos rodea, y de lo que nos sucede interiormente. En cierto modo, va ligada a aquello que percibimos (e implica a nuestros sistemas de percepción, interior y exterior) y la interpretación que hacemos de ello (nuestra capacidad reflexiva). En general, la asociamos a un estado de vigilia, de “estar despiertos”, frente al sueño, que se considera otro estado de conciencia con sus respectivos tipos.

Es difícil distinguir de forma objetiva los diferentes estados de conciencia posibles en la mente humana a partir de pruebas de neuroimagen o de electroencefalografía. Estas herramientas permiten estudiar el correlato anatómico o funcional a partir de lo que el propio sujeto describe, o de lo que es posible describir del mismo si no puede aportar esa descripción. Es por ello un campo difícil de estudio, especialmente en lo relativo a determinados estados alterados en los que se pierden dos parámetros subjetivos importantes: nuestra identificación con el cuerpo, o la identificación con nuestras percepciones. En cierto modo, puede producirse un desdibujamiento de nuestra individualidad para expandir nuestra conciencia.

 

 

Los estados alterados de conciencia pueden aparecer ante determinadas circunstancias excepcionales, como un trauma psicológico, trastornos del sueño, epilepsia, fiebre, etc, pero también pueden ser inducidos por determinadas sustancias, como son las drogas psicotrópicas, determinadas prácticas (meditación, deprivación sensorial) o ciertas experiencias grupales en las que la música suele jugar un papel importante.

 

Música y estados de conciencia

Para profundizar en el poder que tiene la música de facilitarnos determinados estados de conciencia distintos al habitual, que nos permite llevar nuestra vida diaria, me basaré en el libro publicado en 2006 por David Aldridge y Jörg Fachner, ”Music and altered states: consciousness, transcendence, therapy and addictions”, en el que hace referencia en varios momentos al trabajo de Rouget sobre música y trance.

En este libro, recogiendo aportaciones de otros autores, se habla de que los estados alterados de conciencia se caracterizan por presentar cambios en el pensamiento, en el sentido del tiempo, en la expresión emocional y la imagen corporal, distorsión en las percepciones, pérdida del control y reducción de la vigilancia, con cambios en los significados atribuidos, reestructuración visionaria de la realidad, y percepción oceánica de inmensidad, entre otros rasgos.

 

 

Tradicionalmente se ha hablado del trance y el éxtasis como formas alteradas de la conciencia. Si bien existen discrepancias respecto a su definición exacta, Rouget, citado por Aldrigde y Fachner, indica que el trance proviene de una sobreestimulación sensorial (ruido, música, olores, agitación), en la que el componente corporal facilita la entrada en otro estado de conciencia, mientras que el éxtasis proviene de una deprivación sensorial (silencio, ayuno, oscuridad) en el que estados de meditación o contemplación facilitan la inducción de estados alterados.

Si conectamos con la práctica inicial planteada al comienzo de este artículo, hemos partido de una deprivación del sentido de la vista, con una estimulación auditiva a través de la música, y también la estimulación táctil (mano en corazón) y cinestésica (movimiento del dedo).

 

Música y trance

Desde los orígenes de la Humanidad, la música ha jugado un papel importante en la inducción del trance, al proporcionar una atmósfera adecuada y evocar procesos de identificación cuando se aplica en grupos. Si bien no hay una música concreta que provoque un trance, sí parece que hay rasgos comunes que parecen facilitarlo:

  • Formas musicales simples, con variaciones mínimas y muchas repeticiones, que facilitan la percepción de constancia y monotonía.
  • No hay fórmulas rítmicas o melódicas concretas, pero sí progresiones graduales, con aceleración continua en velocidad y volumen.
  • Tiende a haber, a nivel vocal, glisandos (deslizamientos vocales) lentos y un rango tonal estrecho (no suele haber gran separación entre las notas más graves y más agudas).
  • Suele haber un timbre constante, grave, con modulaciones a tonos agudos puntualmente.

Si pensamos en los mantras, seguramente veremos que se adaptan bastante a esta descripción. Aquí mostramos un ejemplo.

 

 

Música, terapia y estados alterados de conciencia

A raíz de lo expuesto, podemos considerar que la música es un recurso que facilita el acceso a otros estados de conciencia que quizá podrían ser útiles en el ámbito terapéutico. Aldridge y Fachner hablan de tres formas de lograrlo:

  • Empleo de visualización guiada mientras se escucha cierto tipo de música: es la base de un modelo en musicoterapia denominado GIM, por sus siglas en inglés (Guided Imagery in Music). Con ojos cerrados, y dejándose llevar por la música, aparecerán imágenes mentales que serán fruto, en gran medida, del inconsciente del individuo, y que pueden ampliar la capacidad de interpretación de la realidad para facilitar la resolución de los conflictos por los que se acude a terapia.
  • Inducción del trance con empleo de la voz e instrumentos (especialmente, percusión): la actividad motora que tiende a ser repetitiva pasado un tiempo inicial de rodaje facilita ese estado de trance que permite desconectar de la realidad y entrar en un mundo imaginario o conectar más profundamente con uno mismo.
  • Combinación de técnicas de hipnosis y música, empleando la sugestión para lograr ciertos objetivos terapéuticos, y teniendo a la música como recurso aliado.

 

Música y alteraciones profundas de la conciencia

Se ha empleado la música a nivel hospitalario en personas en coma o con otras alteraciones profundas de la conciencia. En una próxima publicación se ahondará en los estudios que recogen las evidencias disponibles a este respecto.

 

A modo de conclusión

A partir de la bibliografía consultada, y de mi experiencia, tanto de acompañamiento de otras personas como la mía propia, voy dándome cuenta de que, quizá, los cambios más profundos en nuestra interpretación de la realidad, la cual se basa fuertemente en el anclaje e identificación con nuestro yo, se producen cuando somos capaces de acceder a otros estados de conciencia que nos permiten alejarnos del ego y observar de forma más distante y panorámica el escenario de la vida que nos rodea. Realmente, un proceso de autoconocimiento o de terapia no es más que una ampliación de nuestra perspectiva para flexibilizar nuestra adaptación al entorno y lograr mayor serenidad en nuestro recorrido vital.

 

Referencias bibliográficas

  • Aldridge, D; Fachner, J. (2006). Music and altered states: Consciousness, transcendence, therapy and addictions. Londres: Jessica Kingsley Publishers. Recursos sonoros disponibles en: http://www.jkp.com/uk/music-and-altered-states.html

 

Reconciliarse con la autocompasión

Una vida con mindfulness implica una disposición a experienciar y sentir intensamente aquello que sucede en el interior de uno y en su entorno con una mente abierta libre de prejuicios. Ésto parece sencillo y saludable pero, sin embargo, estar libre de prejuicios, no realizar reproches o culpabilizar suele ser una de las razones principales por la cual mucha gente no logra alcanzar un estado de calma. Los “no debería estar sin hacer nada”, “tendría que estar trabajando”, “si hubiera hecho los recados ayer”, etc. son un obstáculo en la práctica del minfdulness del que podemos liberarnos a través de practicar la autocompasión.

Las emociones que surgen en una situación en la que mantenemos nuestra mente abierta, nos ofrecen información incluso a las personas más racionales. Si buscamos de forma activa atenderlas y no sólo soportarlas, podemos ser conscientes de su expresión a través, por ejemplo, de sensaciones corporales, comportamientos o pensamientos que surgen durante el ejercicio de atención. Por increíble que parezca, atender y escuchar las emociones da mejores resultados que evitar pensar sobre ello o rumiar, ya que en vez de lograr aliviar el dolor, se mantiene un estado de preocupación en donde no se suele encontrar la salida.

Buscando la introspección: dificultades con las que nos encontramos

  1. Crear un espacio en el que te permitas experimentar el momento presente

Comienza ofreciéndote un momento para expandir la consciencia, sintiendo y percibiendo, mientras sabes que estás sintiendo y percibiendo. Puedes pautar un hueco libre de tu agenda o un momento más pausado del día, para facilitar su práctica y, una vez se convierta en un hábito, instaurarlo en otros momentos de tu rutina.

  1. Distanciar de uno mismo un pensamiento, sentimiento o problema

Darte cuenta de la experiencia implica ser consciente de las sensaciones que surgen y, gracias a los aprendizajes pasados, aparecen pensamientos con los que uno se identifica, por lo que en ocasiones, aceptar la experiencia tal y como es resulta demasiado complicado.

La aceptación no es decirse que todo va bien, es aceptar que algo existe, que ya está aquí. No tiene que gustar o agradar para ser aceptado.

Un ejemplo sencillo: ¿alguna vez una paloma te ha manchado la cazadora con sus excrementos? Si es así, sabrás que puedes limpiarlo inmediatamente con un pañuelo, pero lo que provocará es que la mancha se extienda. Sin embargo, si decides esperar a que seque un par de minutos, la mancha desaparecerá más rápida y fácilmente, con menos esfuerzo por tu parte. Así, dejar de luchar contra algo suele ser más eficaz que dejar que nos maneje la impaciencia y el sentimiento de urgencia.

Con respecto a este sentimiento de urgencia, el mindfulness ayuda a diferenciar lo importante de lo urgente. Dado que lo urgente (mandar un correo, responder al teléfono), suele ocupar mucho espacio en detrimento de lo importante, el mindfulness propone prestar atención a dichos impulsos sin acompañarlos de una respuesta a los mismos. Prestando atención a estos impulsos nos damos cuenta de que a veces no son importantes, ni interesantes ni necesarios. Simplemente se basa en la rutina de actuar o escapar ante la incomodidad, aliviando los impulsos con acciones. Percibir la aparición de estos impulsos más claramente, nos ayudará a entender respuestas más complejas como preocupaciones o rumiaciones.

Te propongo que dejes que suene el teléfono durante unos minutos y que percibas todas las respuestas que se producen en tu cuerpo. Desde el surgimiento de esa necesidad por responder, hasta los diversos pensamientos (“quién estará llamando”, “voy a ver quien es, simplemente por curiosidad”, “espero que no sea ninguna emergencia”, etc.) o acciones que surgen en tu cuerpo (mueves los pies y manos mostrando impaciencia o nerviosismo, resoplas, hablas en alto, etc.).

Una vez los sentimientos son percibidos por el cuerpo, surgen de inmediato los pensamientos que los acompañan. En muchas ocasiones no aprobamos nuestros sentimientos, por lo que también nos desaprobamos a nosotros mismos. Esto tiene que ver con la identificación que hacemos con nuestros pensamientos y sentimientos de forma que aquello que uno lleva consigo parece definir su esencia. Así, en vez de percibir “pienso que soy egoísta por lo que hice”, percibo “soy egoísta”.

Estos sentimientos no son difíciles de por sí, sin embargo, convivir con ellos implica cierto sufrimiento por los pensamientos y conductas que los acompañan, especialmente cuando estos sentimientos son fuertes e intensos. Como comentaba al principio, las emociones nos proporcionan información, nos indican cómo vivimos una cierta situación pero eso no implica que nos informen de la realidad.

En esta diferenciación de lo urgente y lo importante, el mindfulness permite el compromiso con acciones que realmente importan a uno y a desligarse del esclavismo que produce el dejar de responder inmediatamente a lo urgente.

Qué es la compasión y cómo puede ayudarme a amplificar mi experiencia

La compasión es el sentimiento que surge ante la necesidad de aliviar el dolor de una persona que se encuentra sufriendo, por lo que la autocompasión es la necesidad que surge de aliviar el dolor que uno sufre. Este sentimiento implica afecto, amabilidad, comprensión y una actitud amorosa hacia uno mismo, por lo que los mensajes de autocrítica no deberían tener lugar.

Sin embargo, cuando ponemos en práctica el mindfulness lo que aparece es una voz autocrítica que te señala: “estás perdiendo el tiempo, ¿por qué no haces algo de provecho?”, “deberías estar trabajando”, “no se puede ser tan blando”, etc. Por ello, cuando tenemos algún problema y las cosas nos salen mal, es importante comprobar qué nos decimos a nosotros mismos.

Ante las dificultades, la mayoría de las personas nos autocriticamos, nos insultamos, y en casos extremos, nos culpabilizamos y podemos ser muy autodestructivos con nuestros mensajes.

La voz que aparece en estas circunstancias es la que denominamos voz autocrítica y cuanto más frecuente e intensa sea, más complejo resulta trabajar con el mindfulness. Por ello, si mostramos este tipo de dificultades, una primera ayuda para poder llegar a permitirnos crear un espacio en el que aumentar la consciencia sería el desarrollo de frases autocompasivas hacia uno mismo.

Estas frases no suelen salir el primer día, ya que no estamos acostumbrados a formularlas, sino que van a ir surgiendo en diferentes períodos de la meditación. Asimismo, es posible que nos cueste un tiempo decidir la estructura general de las frases, pero en general, si las sentimos profundamente tenderemos a mantenerlas durante años. Algunos ejemplos de frases compasivas podrían ser: “ojalá todo te vaya bien”, “ojalá puedas tener salud”, “espero que te sientas seguro”, etc.

Es importante no confundir la autocompasión con un sentimiento de pena, indulgencia, egoísmo o debilidad ya que en la autocompasión, entendemos que el sufrimiento forma parte de la vida, y que por lo tanto, ante ciertas situaciones es normal sufrir. Asimismo, no se busca sentirse víctima de las circunstancias o ser una persona pasiva ante los problemas, sino que entendemos que sólo escuchando a lo que sucede en nuestro cuerpo podemos encontrar la manera de solucionar o dar fin al sufrimiento.

En nuestra cultura hemos interiorizado que si queremos cambiar tenemos que ser muy críticos con nosotros mismos, de manera que esto nos sirva de estímulo, de motivación. Sin embargo, el cambio depende de que se tengan claros los beneficios de la nueva conducta y los costes de no cambiar.

Sí, la compasión puede facilitar que nos permitamos no hacer

La no acción no es impuesta, sino que es permitida por la propia persona. Ante el ruido que provocan los pensamientos de reproche ante el no dedicarse a lo “urgente”, una vez se logra ofrecer ese espacio para uno mismo, llega la calma. De alguna forma, la no acción es el silencio después del ruido. Es observar los pensamientos e impulsos que surgen en un momento dado. El darte este tiempo de entender produce liberación y cambio en la relación con el mundo. Examinar la experiencia del momento con paciencia y cariño y desde una actitud comprensiva hacia uno mismo, compasiva, permitirá que llegue la calma, aunque como todo, requiere de entrenamiento.

¿Condenados a la psicopatía?

¿Qué ocurre cuando nacemos en un ambiente decididamente marcado por la psicopatía?

Recientemente nos hemos encontrado con dos impactantes noticias que podrían ser los dos lados de un mismo espejo. Las dos han tenido lugar en Italia con la Mafia como telón de fondo.

En la primera historia, María, una joven perteneciente a uno de los importantes clanes de la Mafia calabresa, se suicidaba como consecuencia del rechazo social provocado por su apellido. María se graduaba con buenas calificaciones en la Universidad de Reggio Calabria, sin embargo al comunicar a su novio y amigos quién era, estos decidieron no asistir a su graduación. Tan fuerte fue el peso del rechazo social que María se quitaba la vida seis meses más tarde. La historia es particularmente desoladora porque María había decidido vivir una vida diferente a aquella que tenían sus familiares, marcada por estancias en la cárcel, muertes, crimen y violencia.

La segunda historia la hemos conocido esta semana y muestra la cara opuesta. En ella, el joven Alex de 15 años asesina a punta de pistola a su amigo Francesco de 19, a causa de un like en una foto de facebook de la novia del primero. Da la casualidad de que Alex es hijo de un capo de la ‘Ndraguetta, la misma organización criminal con la que estaba relacionada la familia de María.

Estas dos historias nos llevan a la pregunta que se planteaba al principio. ¿Qué sucede cuando una persona nace en u ambiente en el que la psicopatía es la norma? ¿Es posible escapar y tener una vida normal o estas personas están condenadas a repetir los errores de sus familiares?

Por desgracia, en la mayoría de los casos resulta muy difícil escapar de un ambiente criminal sin tener perturbada de alguna manera la percepción del bien y del mal o sin asumir un gran conflicto interior.

psicopatía

Los orígenes de la psicopatía no están claros. Parece que existen determinadas estructuras neuronales que están estructuradas de forma diferente en aquellas personas que será psicópatas, sin embargo estos datos vienen en su gran mayoría de estudios realizados después de la muerte o después del crimen y no existen medidas realizadas en la infancia que permitan contrastar si se han producido cambios en la estructura cerebral o si esas características que determinan la psicopatía estaban ya presentes desde el nacimiento. Sabemos que el cerebro es plástico y no se mantiene inalterado por lo que nuevos estudios de tipo longitudinal serán precisos para esclarecer este asunto de forma definitiva.

Si aceptamos la hipótesis cultural, por la que yo me inclino, encontramos en los casos descritos varios elementos que generan una gran confusión en el niño. Estamos hablando de familias en las que el crimen y la violencia están justificados, pero en las que, al tiempo, existen relaciones afectivas entre sus miembros y conductas que podrían calificarse como «morales» o de apoyo mutuo. En definitiva, la eterna contradicción que a tantos ha fascinado en las películas dedicadas a este tema, como «el Padrino».

Se genera, de esta forma, en el núcleo familiar un código moral diferente a aquel que rige en el resto de la sociedad. Los niños nacidos en estas familias crecerán con gran confusión cuando sean capaces de comprender la contradicción. Algunos aceptarán este código como válido, como es el caso de Alex, mantendrán la importancia del honor y el derecho a asesinar a aquel que ose interponerse en el camino de su deseo. Otros, como María, buscarán la alternativa contraria, intentarán huir del ambiente familiar y buscarán una vía de desarrollo personal diferente a aquella que dicta el código de la familia en la que han nacido. Esto supone un esfuerzo extraordinario y un conflicto interno muy importante porque implica, no solo una confrontación directa con todo el orden normativo familiar sino también el rechazo de un código moral que se nos ha inculcado desde niños y la «traición» de este código en pro de una vida que se rija por la moral existente fuera de la familia.

mafia

Por este motivo el caso de María es especialmente triste. Ella realizó una proeza, se enfrentó al código moral de su familia, buscó ser una persona distinta de aquella que estaba predestinada a ser. Sin embargo la sociedad no perdona, no olvida tan fácilmente a sus muertos y es natural. El miedo es muy poderoso. María lo sabía y por eso no reveló su identidad hasta que estuvo segura de que sería aceptada, de que encontraría el apoyo que necesitaba. Se equivocó. Ella daba la espalda a su familia y el mundo le dió la espalda a ella. Entre dos tierras María se quitó la vida.

Seguramente habría bastado una persona que le diese esperanza y María se habría liberado de su condena. La mayoría de las personas que nacen en condiciones como estas repetirán las conductas de sus padres, pero una pequeña porción buscará la luz.

A ellos debemos tenderles la mano.

 

 

Curiosidad ¿El mejor de tus instintos?

La curiosidad es una de esas cosas que tiene mala fama. Algo así como la piña en la pizza, pero sin merecerlo. Lo hemos escuchado todos desde pequeñitos: “la curiosidad mató al gato” (1). Lo que no nos desvelaron, como apuntó Saramago,  es si lo que descubrió el gato mereció la pena…

La represión de la curiosidad en nuestra cultura

Si te paras a pensar, verás que es una cuestión que aparece una y otra vez en nuestras historias, mitos, religiones, etc. Por ejemplo, según la religión judeocristiana el pecado original  se desató por la curiosidad de Eva, lo que la llevó a desobedecer a Dios para adquirir sabiduría. Gracias  a su curiosidad ellos son expulsados del paraíso y nosotros castigados, por los siglos de los siglos.

Cuando la mujer vio que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y que el árbol era deseable para alcanzarsabiduría ,tomó de su fruto y comió; y dio también a su marido que estaba con ella, y él comió.

andora Thomas Benjamin KenningtonSi para las religiones judeocristianas Eva fue la primera mujer de la existencia, en la mitología griega la primera mujer en llegar al mundo fue Pandora,  creada por Zeus para castigar a los mortales. Zeus quería castigar a Prometeo, quien había robado el fuego de los dioses para entregárselo a los hombres. Para ello ordena crear a Pandora y el resto de dioses le otorgan diversos dones. Entre ellos nos interesa especialmente el que recibe de Hera, (la mismísima esposa de Zeus): la curiosidad. Este regalo marcaría el destino de la humanidad para siempre, ya que presa del deseo no puede evitar abrir la vasija entregada por los dioses desatando todos los males del mundo.

Tenemos por lo tanto un elemento en común: los hombres vivían felices y comían perdices hasta que por culpa de nuestra amiga la curiosidad se desata la tragedia. No es la avaricia, ni el ansia de poder lo que mueve a los protagonistas de los mitos, es la necesidad de saber, aun arriesgando la propia vida.

También en la literatura como tantas otras veces, ya sea mediante el folklore popular y los cuentos trasmitidos generación tras generación o mediante las publicaciones formales, la curiosidad no ha salido muy bien parada. Tenemos por ejemplo el mito de Fausto. La primera versión conocida data de 1587 cuando el editor Francfort, Johann Spies publicó un libro llamado “Historia del doctor Johann Fausto” inspirado en la vida real de un nigromante de la época. La historia cuenta cómo Fausto vende su alma al diablo a cambio de 24 años de sabiduría. La obra muestra os peligros de la ciencia, de la curiosidad por llegar más lejos y adquirir conocimientos.

Especialmente escalofriante es el relato de Barba Azul. La historia cuenta cómo Barba Azul se casa con una joven a la que prohíbe entrar en una de las habitaciones de la casa en la que vive. Finalmente la mujer decide entrar a ver qué esconde encontrando los cadáveres de las anteriores mujeres asesinadas por su esposo, desatando su furia. A continuación podrás leer la moraleja que añadió Perrault:

De lo dicho se deduce,
si el cuento sabes leer,
que al curioso los disgustos
suelen venirle a granel.
La curiosidad empieza,
nos domina, y una vez
satisfecha, ya no queda
de ella siquiera el placer,
pero quedan sus peligros
que has de evitar por tu bien.

 

¿Moraleja? No quieras saber más de la cuenta o te meterás en líos.

En fin, podemos afirmar que la curiosidad ha sido tratada de una manera bastante peyorativa a través de las producciones culturales de nuestra historia. (Ya su encarnación como característica casi en exclusividad femenina es otro tema…)

 

Curiosidad de Alicia

 

Pero, realmente ¿es tan mala como nos la han pintado?

Curiosidad y psicología

Para empezar si te hiciera la pregunta ¿eres curioso? aunque podamos establecer ciertos grados, lo cierto es que en el momento de nacer todos y cada uno de nosotros somos curiosos. Todos hemos nacido con un fuerte sentido de la curiosidad y de hecho la psicología ha intentado darle una explicación desde sus diversas teorías a través del tiempo.

Willian James, uno de los padres fundadores de la psicología estadounidense, creía que la curiosidad es una emoción que unida otra emoción primaria, el miedo, nos impulsa. La curiosidad nos hace acercarnos a nuevos estímulos, y el miedo hace que lo hagamos de manera prudente para no lastimarnos. El problema de estas primeras teorías era averiguar si la curiosidad es un instinto primario o si está motivado por otro impulso de orden superior.

Para dar respuesta a esta pregunta Freud plantea la curiosidad como impulso sexual. La curiosidad nece como consecuencia de la necesidad frustrada de los niños de conocer más a fondo su propia sexualidad a la edad de 3 a 5 años. La presión social les obliga a abandonar esta exploración sexual  provocando (entre otras cosas), que esta curiosidad sexual se manifieste como una curiosidad por el mundo en general.

 

 

Si bien es cierto que la psicología no se ha puesto de acuerdo en explicar por qué somos curiosos, lo cierto es que se han hecho interesantes descubrimientos sobre ella que pueden ser aplicados a diversos campos como la educación.

Por ejemplo en un estudio publicado en 2014 observaron que cuando algún tema despierta nuestra curiosidad somos mejores en el aprendizaje de esa información. Lo realmente interesante es que comprobaron que una vez despertamos nuestra curiosidad procesamos mejor la información que no está relacionada con ese tema específico. Este fenómeno tiene mucho que ver con los nuevos estilos de educación, cada vez más aceptados, en los que las áreas del currículum no se estudian de manera aislada, sino que se trabaja por proyectos. En el mismo proyecto se trabajarán conceptos de muchas áreas distintas, matemáticas, lenguaje, música, y la curiosidad que alguno de ellos despierta se “contagiará” a las demás. Este fenómeno ocurre porque cuando sentimos curiosidad se activa el hipocampo. El hipocampo es importante para la adquisición de nuevos recuerdos y también se relaciona con el circuito de recompensas cerebral. Cuando el hipocampo se activa parece que pone al cerebro en estado de alerta en el que las probabilidades de aprender y retener información son mayores.

¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

Si has convivido con niños pequeños habrás vivido situaciones como esta en más de una ocasión. Bucles infinitos de preguntas que parecen no tener fin. Y ocurre porque como decía antes la curiosodad es inherente al ser humano.

Qué pasa si tu hijo, tu hermano pequeño o tu alumno te sale con un: ¿Por qué el cielo es azul? ¿Cuántas estrellas hay en el universo? Lo primero es decir sin rubor alguno que no lo sabes.  De verdad, no pasa nada por no saber cuál era era el dinosaurio más grande o por qué brilla el sol. Debemos aprovechar esos momentos de curiosidad para fomentar en los más peques una sana e importantísima capacidad: el pensamiento crítico. Vivimos en la era de la desinformación. Tenemos un mundo de conocimientos a nuestro alcance, y sin embargo cada vez somos más ingenuos. Nos “la cuelan” constantemente.  Así que lo ideal sería admitir que aunque no sabemos, podemos buscar  la respuesta  juntos.

A modo de chascarrillo, os contaré que esto es precisamente lo que hizo el padre del pequeño Lucas cuando su hijo llegó a casa con los deberes del cole. ¿Cuántas estrellas hay en el universo? ¿Se han enviado animales a la luna? Son algunas de las preguntas que tenía que responder. Ni corto ni perezoso escribió a la NASA y el resultado fue:

Conclusión: haz de la curiosidad una fiel aliada

¿Por qué deberíamos intentar despertar un poco más nuestra curiosidad? Para empezar, porque como dice el magnífico Ken Robinson:

La curiosidad es el motor del logro.

Por que antes de cualquier creación es necesario que la mente creativa que le da forma se interese por descubrir algo más sobre el tema. Como hemos visto antes, la curiosidad hace que nuestro hipocampo se active, y como está íntimamente relacionado con los centros del cerebro que segregan dopamina y te hacen sentir bien, es un poderosísimo reforzador positivo. De hecho, la psicología ha comprobado que la motivación íntrínseca de rezaliar una tarea (la motivación que viene dada por el hecho de disfrutar haciéndolo) es mucho más poderosa que la motivación extrínseca (la que viene dada por premios externos).

Porque la curiosidad es una excelente aliada del pensamiento crítico. Aprender desde jóvenes a acercarse al mundo que nos rodea con curiosidad va de la mano a hacer preguntas. Aunque nos hayan intentado hacer creer que «ser preguntón» es molesto, lo cierto es que deberíamos cuestionarnos todo. No dar nada por sentado. Y lo mejor es que resulta relativamente sencillo desarrollar estas capacidades en el alumnado. Se ha visto que el simple hecho de hacer preguntas bajo la forma «¿por qué?» en lugar de «¿qué?» mejora las habilidades metacognitivas de los niños.

Para terminrar, en el libro “Mujeres que Corren con los Lobos”, Clarissa Pinkola analiza el relato de Barba Azul y dice sobre la curiosidad:

«Formular la pregunta apropiada constituye la acción central de la transformación, no solo en los cuentos de hadas sino también en el análisis y en la individuación. La pregunta clave da lugar a la germinación de la conciencia. La pregunta debidamente formulada siempre emana de una curiosidad esencial acerca de lo que hay detrás. Las preguntas son las llaves que permiten abrir las puertas secretas de la psique

(1) Por cierto la expresión “La curiosidad mató al gato” proviene del inglés, de la frase: “Care killed the Cat”, entendiendo “care” como excesiva preocupación. Los registros apuntan a que aparece de la mano de William Shakespeare (como actor, no como autor) allá por el año 1598. Con el paso del tiempo la expresión fue modificándose hasta su forma actual.

Referencias: