El Cerebro y la Gestalt

¿Podemos establecer relación entre el Cerebro y la Gestalt?

Las reacciones emocionales son procesos que empleamos a diario y sobre los que hay que prestar especial atención si queremos saber más en relación a lo que ocurre en las sesiones de terapia. Podemos decir que las emociones son la toma de conciencia de ciertos procesos vegetativos. Es decir, ser conscientes de la consecuencia del sistema límbico cuando es estimulado por el exterior o por representaciones internas. Así, una emoción sentida es darse cuenta de un neurotransmisor circulando por nuestro cerebro.

 

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La herencia arcaica del ser humano no solo se limita a las disposiciones cognitivas actuales que posee, sino también a los contenidos de las huellas mnémicas relativas a la vivencia de las generaciones anteriores. De este modo, nuestra constitución intelecto-emocional también se ve mediada por la información heredada transgeneracionalmente. Por ello, todos nosotros somos el resultado de lo que nos formamos en el presente y lo que poseemos de nuestros ancestros. Nuestro cerebro emocional (o cerebro difuso) se superpone al cerebro cableado que se encarga de las funciones sensoriomotoras, cognitivas y racionales, y su estudio nos permite no solo conocer el alfabeto que esconde, sino también su gramática y sintaxis.

Nuestro cerebro sigue siendo hoy en día un continente a explorar, cuyos recursos van siendo conocidos poco a poco en un terrero subterráneo apasionante. Sigue en vías de desarrollo este eterno infinito de la complejidad, puesto que podemos considerarlo una de las estructuras complejas (por no decir la que más) de cualquier universo. Imaginaos, si nuestra estructura de conocimiento estuviera extendida en un libro, la precisión del contenido seria tal que no se toleraría ni una sola falta de ortografía en una obra de 500 páginas. Por una sola errata todo el libro seria anulado sin piedad. Pero no se trata de un libro programado con anticipación, sino más bien un cuaderno en blanco que vamos escribiendo a cada momento del día.

Si bien es cierto, los arboles de nuestra inteligencia están plantados desde antes de nuestro nacimiento (vida intrauterina) pero sus ramificaciones crecen sin cesar posteriormente, ampliándose del orden de unas 20.000 conexiones sinápticas por neurona a través de nuestra actividad mental asociativa y emocional. Múltiples uniones interneuronales se siguen dando a lo largo de toda la vida, y especialmente durante las sesiones de Gestalt se estimulan las relaciones entre diferentes capas y zonas del cerebro, al centrarse en vivenciar las experiencias emocionales desde la movilización corporal.

 

Breve pincelada sobre el inconsciente

Nuestro verdadero inconsciente es una estructura viva que se ha ido forjando a lo largo de miles de millones de años de evolución humana. Si nos alejamos del concepto clásico freudiano, podemos adentrarnos en la complejidad biológica de las células que lo conciben, en la cuales se encuentra almacenada tanto la información de nuestras propias experiencias de vida como las huellas de los eventos del mundo desde su creación, así como nuestro patrimonio genético. Además comprende tanto las capas corticales del cerebro como estructuras subcorticales más profundas y su concepto se acerca más al de inconsciente colectivo de Jung como a los conceptos actualmente desarrollados por las corrientes transpersonales. Sea como fuere, de algo de lo que estamos seguros es de que cada uno tenemos una inmensa cantidad de información almacenada precozmente desde el estado fetal, distribuida en una red neuronal compleja que se encuentra en continuo reajuste.

 

¿Qué es eso de que tenemos varios cerebros?

Pues bien, no es que tengamos varios cerebros dentro de nuestro cráneo, sino más bien que cada región cerebral tiene sus funciones específicas, pero todas están a su vez conectadas entre sí. Trabajan en equipo a pesar de tener cada una su papel. Por ejemplo:

 

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El cerebro reptiliano es el centro de los instintos, regulando nuestras reacciones agresivas, alimentarias y sexuales que permiten la supervivencia del ser humano. En relación a la Gestalt, podemos establecer el símil de que esta área cerebral se centra en el equilibrio homeostático, el cual vigila el aquí y ahora de nuestro medio interno.  Además interviene como un activador energético de nuestras emociones.

El cerebro límbico sin embargo se ocupa de procesos memorísticos (hipocampo) y de la modulación de las emociones (amígdala). De este modo, permite que los aprendizajes se consoliden mejor al conferirles una coloración emocional concreta, siendo las experiencias positivas mas reforzadas en la memoria. De este modo la memoria y la emoción están especialmente asociadas, siendo la emoción la que favorece el registro de cualquier aprendizaje. Así, en el trabajo en Gestalt, cualquier manifestación de una emoción concreta tiende a favorecer el afloramiento de recuerdos asociados a esta, pero a la inversa también ocurre, yendo un recuerdo seguido de la emoción que le acompaña.

Las terapias psicocorporales y psicoemocionales actúan movilizando las capas profundas del centroencéfalo (límbico + reptiliano), mientras que las psicoterapias puramente verbales trabajan a nivel superficial de la corteza cerebral, pudiendo distinguir de este modo las «psicoterapias de corazón» y las de la «cabeza».

Por último la neocorteza (materia gris) se centra en la actividad reflexiva y creativa del ser humano, así como en la imaginación y la voluntad. Particularmente las áreas frontales son los órganos encargados de mantener la atención consciente, permitiéndonos a su vez poder planificar proyectos concretos o tomar decisiones. De este modo, las lesiones en estas áreas provocan una dependencia excesiva al mundo exterior, siendo abolida la frontera-contacto dando lugar a una clara confluencia biofisiológica. Además frenan las respuestas casi automáticas, favoreciendo la capacidad de decir «no» a las situaciones que no nos convienen. En psicoterapia Gestalt se trabaja con frecuencia el «si» y el «no», la responsabilidad de la elección libre.

 

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Si queremos mantener de forma duradera las huellas de un trabajo terapéutico, lo que debemos hacer es movilizar las capas profundas del centroencéfalo, favoreciendo el surgimiento de la emoción en paralelo a la explicación verbal y su registro. Esto siempre favorecerá la toma de conciencia del individuo, potenciando su creatividad y el surgimiento de nuevas ideas y proyectos. Mediante este tipo de intervención, el paciente vivencia un recuerdo cargado de emoción asociado a una experiencia nueva y positiva. Esto pondrá sobre el campo de trabajo la posibilidad de arreglar recuerdos del pasado desde el contacto directo con la emoción, reapropiándose por ejemplo de secuencias infantiles, o reconstruyendo figuras parentales reajustando las piezas que faltan en el mosaico vital, etc.

 

Hemisferio izquierdo VS Hemisferio derecho: ¿Compiten o se complementan?

Ya sabemos que el cerebro se caracteriza por una clara dismetría interhemisferica tanto a nivel anatómico como funcional. Esto es un síntoma evidente de la evolución y la diferenciación se da desde antes del nacimiento. El hemisferio izquierdo es sobre todo verbal, lógico, analítico y «científico», mientras que el derecho es «mudo», espacial, analógico y artístico, estando más relacionado con la orientación, el esquema corporal, las imágenes, la música, etc. De este modo podemos decir que «pensamos con el cerebro izquierdo y soñamos con el derecho».

 

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El hemisferio derecho es muy solicitado en Psicoterapia Gestalt (al estar más relacionado con la orientación en el espacio y la emocionalidad), mientras que el izquierdo lo es más para psicoterapias esencialmente verbales (rige la orientación en el tiempo, así la sucesión lineal de los acontecimientos y su encadenamiento, favorecen el compromiso). Podemos considerar que las psicoterapias que implican lo corporal y lo emocional son «psicoterapias del cerebro derecho» puesto que existe una estrecha relación entre la movilización corporal, la emoción y la producción de imágenes.

Sin embargo, no podemos negar que ambos hemisferios están interconectados de forma permanente, trabajando en conjunto con la información que llega del exterior. Es decir, la información llega al mismo tiempo a ambos hemisferios, pero cada uno escoge aquello que le corresponde y lo trata en función de su especialización, para más tarde intercomunicarse de nuevo entre sí con las conclusiones necesarias para emitir una respuesta única.

 

Las mujeres la lógica y los hombres la emoción

Nunca nos abandona el gran dilema tratado a lo largo de la historia de la psicobiología neurocientífica en relación a los rasgos de diferenciación intersexual. Somos lo mismo pero no iguales, y esto es una realidad constatable. Parece que los hombres desde siempre han tenido más éxito en labores de dominio espacial mientras que las mujeres se han sentido más competentes en pruebas verbales. Pero, ¿esto es del todo así? Pues bien, parece que algunos estudios han definido que las mujeres tienen más conexiones interhemisfericas, lo cual les permite tener un desarrollo bilateral mayor, mientras que los hombres presentan una dismetría más acentuada con un desarrollo importante del hemisferio derecho tras la pubertad.

 

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Pero rompiendo con prejuicios estereotipados, podemos afirmar que el cerebro femenino además de ser más verbal, es también más lógico, analítico y científico, mientras que los hombres son más sintéticos, más artísticos y están (a pesar de las creencias culturales) más directamente ligados a las emociones!! Además, siempre se ha asociado la creatividad al hemisferio derecho, pero investigaciones recientes dejan ver que al contrario, éste está relacionado con el reconocimiento de la información común y estereotipada de la vida cotidiana (familiar y personal) frente al hemisferio izquierdo que rescata y procesa los elementos novedosos y originales impulsando así la actividad creativa. Por tanto, la verdadera creatividad implica a ambos hemisferios necesariamente.

Por último, existen numerosas técnicas que permiten la activación aumentada de un hemisferio cerebral frente al otro. De este modo, si el hemisferio izquierdo está inactivo, la percepción de las imágenes y las emociones se refuerzan, mientras que si es el hemisferio derecho el que no está sobreactivado, la fluencia verbal aumenta. Así, la Escuela de Palo Alto desarrolló técnicas que permitían liberar mayormente la actividad del hemisferio derecho: mediante la relajación, la meditación, la visualización o técnicas de logolalia (hablar lenguas con palabras inventadas tratando de comunicar a través de la entonación; técnica empleada en el adiestramiento de perros por ejemplo) que provocan una confusión del cerebro izquierdo gracias a la ráfaga de palabras incoherentes, etc.

Esta activación del hemisferio derecho (típica de la corriente Gestáltica Californiana) permite una movilización mayor de las emociones y del soporte físico de la persona, dejando un poco a un lado la interpretación y expresión verbal de las vivencias de los pacientes (intelectualización). Pero esto no implica que la nieguen o la supediten, sino que se trabaja frecuentemente bajando de la cabeza al corazón, rompiendo con la línea imaginaria (ubicada metafóricamente a la altura del cuello) que disocia o separa la una del otro.

 

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Referencia bibliográfica:

  • Ginger S., Ginger A. 1993. La Gestalt: una terapia de contacto. 2a ed. México, Manual Moderno.