Libertad de hacer

La palabra libertad tienen un papel importante en nuestra escala de valores personal. Es el ideal que enarbolan como bandera diferentes sistemas sociales, políticos y económicos. Para el padre del liberalismo, John Locke, la libertad consistía en “estar exento de coerción y violencia por parte de terceros” lo cual sólo era posible pactando unas leyes, y el alma de la Revolución Francesa ha quedado inmortalizada en el lema de “libertad, igualdad y fraternidad”.

Para un amplio sector de la sociedad occidental la libertad se define como la posibilidad de elegir, de poder expresarse sin represión, de poder hacer lo que uno quiere dentro de un marco de seguridad, incluso se asocia a tener muchos derechos y a ser posible pocas obligaciones… La libertad está estrechamente vinculada al individuo y se define en el marco de su relación de independencia con respecto al otro.

 

Libertad de exisitir

Sin embargo, ¿qué es lo que sientes si te pregunto qué es para ti ser libre?

En este caso es muy posible que conectes con sensaciones de amplitud, imágenes de ligereza, de amor, de plenitud, de felicidad…

En el fondo estamos hablando de un mismo término pero con dos vertientes distintas y aún así muy vinculadas. Por un lado la libertad social, por otro lado la libertad como SER humano. Uno de los planteamientos que nos permite ver más claramente esta distinción es el siguiente: ¿puede ser libre alguien que se encuentra encarcelado?

Hay quienes estando encarcelados en un campo de concentración contestaron afirmativamente a esta pregunta. Victor Frankl estaba convencido de que la libertad dependía más de la actitud que de las circunstancias. Se trataría de la libertad de existir (la forma en la que nos mostramos hacia fuera, la forma en al que vivimos). Está claro que una persona encarcelada pierde sus libertades sociales. Ahora bien, a nivel humano sigue ahí la posibilidad de sentirse en paz, sentir que la Vida que corre por sus venas le hace libre, sentirse pleno, conectado al Amor. De modo que la persona podría no ser libre en el aspecto social y sí a nivel existencial. En cambio lo contrario no ocurre. De hecho es la situación en la que nos encontramos muchas personas, que aún y viviendo en sociedades libres nos sentimos esclavizados.

¿Te atreves a ser libre?

Queremos ser libres, pero no nos atrevemos a serlo.  Por eso no podemos reconocer que ya lo somos y seguimos empeñados en luchar por conseguir algo que ya somos.

Existe una historia que refleja esta paradoja:

Un hombre había adquirido en un mercado un exótico loro y lo tenía en su jaula. El loro repetía un montón de palabras y sonido, pero tenía la costumbre de gritar «libertad» cada vez que iba a casa alguna persona de fuera. Un día el hombre invitó a un amigo a tomar un té, pero conmovido por los desgarradores gritos del loro que pedía libertad el invitado no pudo tan siquiera terminarse el brebaje. Se despidió profundamente consternado y comenzó a urdir un plan para poder liberar a aquel pequeño animal. Decidió esperar a que su amigo no estuviese en casa para entrar a escondidas y abrir la jaula para que el pájaro pudiese volar libre. En cuanto el loro vio que alguien entraba en casa comenzó de nuevo con sus desgarradores gritos «¡libertad, libertad!». El hombre se apresuró a abrir la jaula y cual sería su sorpresa cuando el loro corrió en dirección contraria a la salida y agarrándose fuerte con sus garras a las varillas de la jaula siguió gritando «¡libertad, libertad!».

Esto es lo que nos ocurre muchas veces, Nos llenamos la boca de la palabra e incluso el ideal de libertad, pero  fácilmente ponemos el concepto fuera de nosotros y responsabilizamos de ella a nuestro entorno:  ¿nos atrevemos a ser libres?, ¿qué significa realmente ser libre?, ¿podemos construir sociedades libres si sus individuos no se saben libres?, ¿podemos ser libres aunque podaos elegir?, ¿en realidad elegimos algo?

 

Libertad de ser

El hinduismo entiende que la finalidad última del ser humano es la liberación y la liberación se entiende como la libertad absoluta, la dicha infinita, soltar por completo las cargas de esta y otras vidas de modo que ya no nos queda nada pendiente, ningún efecto que tenga que seguir a una causa. Reconocerse como Pura Conciencia y deshacer definitivamente todos los nudos del corazón. Esta idea de libertad no depende en absoluto de ninguna circunstancia externa sino del simple hecho de SER y de nuestra comprensión del mundo y de nosotros mismos.

Recuerdo perfectamente un aforismo callejero que me encontró siendo adolescente y decía “no es libre quien hace lo que quiere sino quien quiere lo que hace”, una idea muy estoica . Esta frase transformó mi concepto de libertad hasta el momento. Vislumbré que la libertad pasaba por el Amor y dependía de un estado interior. La libertad no es sólo una palabra o un concepto, sino SER.

 

El hinduismo es una tradición que poco nos habla del Amor, pero sí que nos habla mucho de la paz y de la ecuanimidad. Ver nuestro cuerpo físico y lo que hacemos, decimos y pensamos, como si fuésemos espectadores que asistimos nada más y nada menos que a la película de nuestra vida nos libera. Nos permite darnos cuenta de que ya siempre somos libres y que sólo nuestra mente con sus identificaciones y apegos nos hace sentir atrapados.

 

La prisión del ego

A menudo vivimos con el peso de una carga muy pesada. Esa pesada carga se llama “yo” y cuando este “yo” se cree que es lo único que existe y se olvida de su Ser como totalidad, entonces se le llama ego.

Andamos por la vida diciendo, “yo soy especialista en, doctora en, profesora, abogada, funcionaria, trabajadora social, camarera, empresaria, ejecutiva, emprendedora, ama de casa, terapeuta, yo soy: inteligente, agradable, generosa, egoísta, tonta, guapa, fea, ingeniosa, importante, desastre, buena, mala, reservada, extrovertida, obsesiva, adicta, depresiva, etc.,” y el problema no es el uso del lenguaje que hacemos sino el hecho de confundirnos y creer que nuestro ser se reduce a unas características concretas o el desempeño de una actividad en el plano social.

En distintas etapas y contextos de nuestra vida los roles que desempeñamos pueden ser muy variopintos.

Pongamos un ejemplo: cuando voy a una reunión de trabajo no me visto ni me comporto igual que si voy a la boda de un amigo, ni en un entierro me comporto del mismo modo que en un bautizo. Tampoco me visto igual que cuando tenía seis años y en el mejor de los casos hasta es posible que mi forma de ver el mundo haya cambiado en los últimos diez años. ¿Cuál de todas esas formas de vestir, de comportarme, de pensar soy “yo”?

Cuando reducimos nuestro ser a todas esas limitaciones y olvidamos el factor común a todos ellos, el hecho de Ser y existir como expresión de la Vida, convertimos el “yo” en un peso pesado, en una atadura que parece que nos protege y mantiene estables, ya que no saber qué soy o quién soy parece angustioso. Nos acogemos a etiquetas y más etiquetas, a veces etiquetas de «luchador, revolucionario, libre…». Sin embargo, pagamos por estas etiquetas el precio de la libertad, la libertad de simplemente Ser, sin conceptos que nos limitan y que limitan nuestra visión del mundo.

 

El “yo” que se identifica con todas las etiquetas habidas y por haber, pensando cada vez que todo lo que es es sólo esa pequeña y limitada “cosilla”, se alimenta con el deseo, un monstruo insaciable que siempre tiene más hambre porque cree que le falta algo más para conseguir ser totalmente libre y feliz.

Ese monstruo insaciable puede resultar entrañable. No es necesario condenarlo o reprimirlo, al contrario, este monstruo muestra su vulnerabilidad cuando lo miramos a los ojos y lo acompañamos como algo que está en nosotros pero que para nada agota todo nuestro ser y que satisfacerlo o no añade ni quita nada a nuestra verdadera esencia.

Cuando uno alcanza a comprender desde el corazón que los deseos proceden de la sensación de estar incompleto poco a poco esos deseos se desvanecen. Al principio puede que incluso se acentúen , ya que el ego, que se alimenta de estos deseos teme morir si los soltamos, pero sólo con mantenernos atentos y no volver a creer que lo que somos se reduce a conseguir saciar esos pequeños podremos soltar la carga del “yo”.

Simplemente Ser

Ser libre consiste en entregarse por completo a la Vida, a simplemente Ser lo que soy en cada momento sin que la Vida se agote en ello.

Podemos ejemplificarlo con unos edificios. Piensa en un solar vacío donde se construye una pequeña choza. El espacio de dentro y de fuera de la choza sigue siendo uno y el mismo, pero ese espacio se ha visto limitado ahora por unos muros. Imagina que echamos abajo esos muros y construimos ahora un enorme chalé. El espacio de dentro y de fuera el chalé continua siendo uno y el mismo, lo que ahora hemos limitado ese espacio con unos muros que encierran dentro una mayor cantidad de espacio que la chabola. Pues bien, el Ser que cada uno de nosotros somos es el espacio y ese espacio no varía lo más mínimo le pongamos unos muros más pequeños o más grandes.

 

El “yo” al que nos referimos a diario a menudo se identifica con los muros que ponen límites a ese espacio y se olvida por completo de que el espacio siempre es uno y el mismo y ese espacio es la totalidad de nuestro ser. El “yo” se cree ser más o menos en función de si sus muros abarcan mayor o menor espacio, pero en realidad eso no importa lo más mínimo. La libertad es darse cuenta de que Soy el espacio en su totalidad, y que todo lo que me rodea es ese mismo espacio con distintos límites.

Todo esto no significa que no pongamos unos límites. En realidad nos sirven para la vida cotidiana tal como la entendemos en este momento. Los límites, es decir las etiquetas que nos ponemos son como la ropa que nos cambiamos cada día, nos sirven para vivir en un mundo donde nos relacionamos con el otro y donde cada uno desempeña unas labores y roles sociales concretos.

Nuestro sufrimiento y sensación de insatisfacción nacen del olvido del espacio único, del olvido de lo que hay debajo de las etiquetas, bajo la ropa. La libertad reside en darse cuenta de que el “yo” no agota todo lo que en verdad Soy, dicho de otro modo, que el “yo” son las limitaciones que pongo a l espacio, pero que Soy en verdad la Totalidad del Ser, la Conciencia Plena que sostiene esos límites. ¿A caso podría subir muros de no haber espacio? ¿Y a caso puede haber un “yo” con una conciencia limitada de no haber una Conciencia Ilimitada que lo permite?

 

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