enfado, rabia

El enfado es una de las emociones que más pereza me da… genera tan mala energía, tanta falta de claridad mental… Quizá por eso necesito reconciliarme con ella. Como decía Jung, “todo aquello que rechazas te somete y aquello que aceptas te transforma…”

Además, soy mujer y claro… enfadarse está mal visto en una mujer…Hay una especie de convención social al respecto. Es una cuestión cultural. Si una mujer da un “puñetazo encima de la mesa” en la oficina (hablo en sentido metafórico) es una insoportable. Si un hombre hace lo propio, es un líder, alguien que tiene decisión, que tiene lo que hay que tener… No les arriendo el beneficio… Además, si es que existe el mandato social “la mujer no debe enfadarse”, también existe el mandato social de  “el hombre no debe llorar”, es más, “los hombres no lloran”…

Así es como, quizá, la mujer ha desarrollado un mayor rechazo a la emoción del enfado, de la rabia. Por esa cuestión cultural. Aunque, por supuesto, hay hombres que también sienten un rechazo especial hacia sus emociones de enfado. Por ejemplo, un varón que de niño vivió en casa con un padre que gritaba para afirmar su autoridad, puede haber generado un rechazo hacia ese tipo de figura de autoridad que de adulto se transforme en un rechazo especial a mostrar rabia.

 

enfado, rabia

 

 

El rechazo a la emoción del enfado

¿Qué hacemos cuando tenemos una emoción que nos desagrada?, la rechazamos. Podemos negarla, negar su existencia. Niego mi enfado por lo que me dijo Luis y luego me duele la cabeza y no sé porqué…  (la emoción reprimida se somatiza). No me doy permiso para reconocer  mi enfado con el jefe y luego llego a casa y salto a la mínima, pagándolo con mi pareja…  (realmente ya venía enfadado de “antes”, sólo que antes no me dí permiso para reconocerlo y soltarlo, ¿cómo iba a soltarlo en la oficina?)

A veces me doy cuenta de que estoy enfadada. Llego a tomar consciencia de ello y rechazo sentirme así. Y, claro, el enfado no se me va… sino que parece crecer… Y es que contra lo que te resistes, persiste… Y lo que aceptas, se diluye.

Y también puede ocurrir que cuando me doy cuenta, me enfado por haberme enfadado o me siento culpable por haberme enfadado. Es el segundo sufrimiento. El primer sufrimiento es cómo me siento. El segundo sufrimiento es cómo me siento acerca de sentirme así. Nuevamente aparece el rechazo a la emoción. Mi rechazo al primer sufrimiento es lo que genera el segundo.  Y a veces es peor el segundo sufrimiento que el primero…

 

enfado, rabia

 

El segundo sufrimiento

Una vez vino una mujer a mi consulta que se sentía terriblemente culpable por haber tenido ganas de estampar a su bebé contra la pared… Aunque por supuesto no lo hizo, el sólo hecho de que esa idea se le hubiera podido pasar por la cabeza, le atormentaba. Era su primer hijo. Había sido muy deseado. Le costó muchísimo quedarse embarazada y estaba feliz de haber dado a luz una niña hacía 6 meses.  Desde entonces no había vuelto a dormir ni una sola noche… La niña lloraba cada noche, sistemáticamente, y durante largos periodos. La madre estaba físicamente agotada y emocionalmente desesperada.

Los seres humanos necesitamos dormir. Es una cuestión de supervivencia. Nadie puede vivir mucho tiempo sin dormir nada en absoluto. Y cuando no podemos hacerlo en la medida que necesitaríamos, nos alteramos física y emocionalmente. Visto desde fuera, ¿te extraña que la madre (por muy devota que fuera),  después de 6 meses sin dormir lo necesario,  tuviera ese “instante” de rabia? A mí no, puedo mirarlo con comprensión y compasión.

Pasamos bastante tiempo aliviando su sentimiento de culpa, su segundo sufrimiento, durante la sesión. Sin embargo, una vez aliviada la culpa, fue fácil y rápido aliviar el “instante” de rabia, su primer sufrimiento.

 

Podemos amar y sentir rabia por la misma persona, a la vez

A algunos nos educaron en que si es A, no es B. O es blanco o es negro. Pero la vida es blanco y es negro y es de muchos otros colores, a la vez.

Yo no sé si esto te ha pasado alguna vez pero a mí sí. Vas andando por la calle y ves a un niño pequeño de la mano de su mamá. La madre se despista un instante y el niño aprovecha para soltarse de su mano y salir corriendo en dirección a cruzar la calle, precisamente, cuando están pasando los coches… Cuando la madre lo vé, sale corriendo detrás de él,  le ”engancha” por el abrigo,  le detiene antes de que cruce y… cuando le dá la vuelta … le echa una reprimenda enorme. Ves la cara de la madre  llena de rabia, escuchas su tono de voz alto y enfadado, notas sus manos zarandeando al niño, sus palabras… ¿pero cómo se te ocurre?, ¡jamás vuelvas a hacer esto!

¿Ha dejado esa madre de querer a su hijo? Evidentemente, no. Es precisamente porque le quiere y porque se siente responsable de su cuidado, que reacciona de esa manera. Si, se puede sentir rabia y amar a la vez.

 

enfado, rabia

La intención positiva de la emoción

Todo comportamiento y, también toda emoción que le acompaña, tiene una intención positiva, quiere hacer algo bueno por ti. Si, ya sé que a veces nuestra mente racional no lo comprende. Pero cuando nos paramos a preguntarnos que quiere conseguir ese comportamiento o esa emoción podemos sorprendernos de lo que descubrimos.

El enfado es una reacción de agresividad, de lucha, que generalmente responde a que, previamente, uno se ha sentido en peligro o atacado. Percibimos una amenaza y queremos defendernos luchando. Es puro instinto de supervivencia.

Como ya no vivimos en la época de las cavernas, las amenazas actuales suelen ser más sutiles. Sentimos nuestro orgullo herido, atacada nuestra buena fama profesional o personal, nos sentimos rechazados… y reaccionamos con enfado. Así, la intención positiva del enfado puede ser la de defendernos, sentirnos protegidos, respetados, aceptados, queridos… Y una vez detectada esa intención positiva, podemos mantenerla y ver cómo conseguirla de otra manera…

No somos dueños de las emociones o de las ideas que aparecen espontáneamente en nuestras cabezas y corazones. De lo que si somos responsables es de lo que hacemos con ellas.

Aceptar nuestras emociones, también las que nos desagradan, nos ayuda a soltarlas, a dejarlas marchar y recuperar nuestro bienestar. Preguntarnos por su intención positiva, nos ayuda a reconciliarnos con ellas y a explorar nuevas formas más saludables de obtener esa intención positiva, de cubrir esa necesidad.

Un abrazo de corazón,