La filosofía, un viaje hacia el corazón

Conócete a ti mismo

“Conócete a ti mismo y conocerás el universo entero”, así rezaba el oráculo inscrito en el templo de Apolo en Delfos y sus palabras constituyeron el pilar fundamental del pensamiento de Sócrates.

Desde entonces hasta nuestros días muchos son los giros que ha dado la filosofía hasta que pareciera convertirse en un mero ejercicio intelectual. Sin embargo la filosofía, que etimológicamente significa amor a la sabiduría, es en realidad una práctica. La sabiduría que persigue no es mera acumulación de información, ni tampoco un pasatiempos mental en el que se juega con los conceptos sin más. La filosofía es un ejercicio práctico y transformador, aquello que pensamos y creemos condiciona nuestra forma de percibir el mundo y a nosotros mismos en él. Nuestra percepción del mundo a su vez condiciona nuestra forma de actuar y dependiendo de la forma en que nos relacionamos con el mundo viviremos una vida más plena y consciente lo cual constituye un pasaje a la felicidad.

 

La filosofía como camino

La filosofía nos conduce a través de un proceso de autoindagación a descubrir por nosotros mismos qué formas de vida y actitudes nos hacen sentir realizados como personas. Aunque todos los seres aspiramos a ser felices y sentirnos realizados, el camino no suele resultar fácil. Es posible que la respuesta a como ser feliz sea algo tan sencillo que ni siquiera seamos capaces de verlo, o que incluso cuando racionalmente sabemos lo que “tendríamos que hacer” sintamos que no sabemos cómo hacerlo. Simplemente se trata de soltar nuestras resistencias a la vida y atrevernos a sentir lo que sentimos en cada momento, sin que eso implique necesariamente dejarnos arrastrar por esas sensaciones. Solamente abrirme a sentir lo que siento, incluso cuando es una sensación incómoda o desagradable.

A través de la filosofía se nos proporcionan herramientas “darnos cuenta”, para colocarnos en el lugar del observador y poder acoger así lo que sentimos y poder realizar así nuestras acciones sin reducir todo lo que somos a lo que hacemos en un momento dado, a algo que nos ocurre o nos ocurrió. La filosofía cuestiona, no por llevar la contraria o por tener razón, ni siquiera con la pretensión de proporcionar una verdad absoluta, sino para mantener un estado de plena atención que abre la puerta al conocimiento de uno mismo. ¿Y para qué conocerse a uno mismo? Porque el conocimiento de uno mismo conlleva la posibilidad de descubrir el universo en ti.http://psiquentelequia.com/tag/comun/

De fuera hacia dentro

Las filosofía orientales como el budismo, el hinduismo, el taoísmo o el zen, tan en boga desde finales de los setenta, nos proporcionan un montón de ingredientes muy útiles y transformadores para ese conocimiento de uno mismo y para vivir una vida feliz.

Ahora bien, las tradiciones espirituales y filosóficas no suelen dar recetas concretas e incluso cuando pretenden hacerlo no siempre es una receta adecuada a nuestro contexto vital o nuestra situación personal. Podemos decir que las tradiciones espirituales y religiones nos dan ingredientes y cada uno de nosotros tenemos que elaborar nuestra propia receta.

La filosofía como camino de cuestionamiento y honestidad nos servirá para que la receta que elaboremos salga bien buena. Me explico, si tomamos de cada tradición aquello que nos resulta más cómodo o nos cae más simpático sin una mirada honesta hacia lo que nos hace bien, entonces será como tomar el medicamento que más me apetece y no el que realmente me puede curar. Dicho de otro modo, en realidad las respuestas están sólo en nosotros mismos y buscarlas fuera mezclando de aquí y de allá en muchos casos sólo nos hará sentir más perdidos todavía.

Lo que una tradición nos dice puede servirnos como fuente de inspiración, puede hacernos de mapa en un momento dado, pero el camino debemos recorrerlo nosotros mismos. La filosofía en este sentido nos anima a caminar poniendo plena confianza en lo que somos.

La filosofía como forma de vida

A modo de ejemplo de como la filosofía es una forma de vida y como puede resultar terapéutica cuando así la vivimos, voy a citar brevemente una de las cuestiones que se plantea en un texto de la tradición hindú:

Se trata del caso del mejor arquero de un reino cuya labor social es mantener la justicia y el orden de lugar. El reino se encuentra dividido por disputas familiares y la apropiación indebida del reino por una parte de la familia. Aunque desde el bando del maravilloso arquero se ha intentado por todos los medios llegar a un acuerdo, no ha habido éxito en la empresa y la guerra entre ambas partes parece inevitable. A punto de comenzar la lucha, el arquero entra en un estado de profundo desconsuelo por tener que luchar contra familiares, amigos y maestros. En un momento dado está decidido a abandonar su vida de arquero y retirarse de la sociedad, mendigando por su comida.

La cuestión está servida ¿qué es más importante, los sentimientos hacia su familia o su deber de luchar para restablecer la justicia? Y más importante todavía que esto: ¿es más importante lo que decida hacer o la actitud con la que lo haga? ¿El qué o el cómo?

Cada día nos encontramos con situaciones en las que no sabemos qué hacer, qué decisión tomar. Priorizar el qué o el cómo lo puede cambiar todo, puede que incluso descubramos que sí sabíamos lo qué teníamos que hacer.