Mindfulness: un primer acercamiento

Mindfulness: un primer acercamiento

Escucha, presencia, contemplación, habitar el cuerpo y la mente son algunos de los conceptos que se asocian con el mindfulness. El mindfulness es una técnica que trata de intensificar la experiencia, nuestra propia presencia en el ahora, mantenernos en el aquí y crear un pequeño espacio para contemplarnos haciendo algo. Todo ello para alcanzar una relación con el mundo en el que se presta atención pausada al momento presente.

Lo interesante es que su significado va más allá de su definición convencional, por eso muchas veces cuando nos sentamos con música, frente a una vela, uno no aguanta ni 10 minutos. Deja que lo adivine, ¿intentabas dejar tu mente en blanco?

En el mindfulness no necesitas bellezas ni extravagancias, no necesitas una sala insonorizada ni música de fondo. El mindfulness no es evasión sino un encuentro sereno con la realidad. Nada de esto es necesario para que un momento frene los pensamientos, acciones o planes si tienes en cuenta que nunca volverás a ver exactamente lo que ves ahora, y por ende nunca experimentarás exactamente lo que ahora experimentas.

El mindfulness trata de intensificar la presencia, por eso uno de los principios en los que se basa es que todo lo que nos rodea tiene naturaleza inestable, cambiante, subjetiva y compleja. De alguna forma está asociado a la impermanencia, es decir, nada dura eternamente, es cuestión de composición y descomposición, todo es transitorio y efímero. El mindfulness es un entrenamiento en tolerancia hacia el misterio o duda, hacia la aceptación de la inestabilidad e impermanencia para así poder abandonar la ilusión de control.

Nuestro ritmo de vida nos lleva a actuar de forma automática o a prestar atención a demasiados estímulos externos a la vez. Cuando uno piensa en meditar, cree que debe “poner la mente en blanco” y ¿qué sucede? Sin duda aparece una vorágine de sensaciones y pensamientos de los que quizá uno no era antes consciente. Esto suele generar sentimientos de confusión e incluso dolor por el sentimiento de incapacidad o desesperanza. En un estado de caos en el que uno es consciente de todas estas sensaciones y pensamientos, calmar la agitación se convierte en una necesidad. Para ello, tendemos a esforzarnos y luchar por la ansiada paz interior y cuando no lo logramos, la distracción suele ser un recurso del que abusamos. El mindfulness nos invita a detenernos y observar precisamente la agitación, cambiando el foco de atención de fuera a adentro, para así poder llegar a percibir como ésta se calma poco a poco.

Aclaraciones de algunos conceptos para una buena práctica del mindfulness

 El mindfulness implica un estado de alerta

Alerta no es agitación, es atención sin esperar que suceda nada en concreto. Es un acto deliberado de habitar el momento presente por lo que los prejuicios no tienen cabida como tampoco lo tienen pensamientos del pasado ni del futuro.

Sentir no implica analizar el presente, no es necesario codificar las sensaciones en palabras. Así que se trata de un estado mental parecido al que conectamos cuando estamos frente a una obra de arte abstracta en donde no hay palabras que inunden de significado lo que vemos. Simplemente somos observadores de un paisaje que nos evoca diferentes sensaciones.

Interdependencia, vacío e impermanencia

Nada tiene una existencia aislada. El orgullo y el dolor son consecuencia muchas veces de no aceptar que uno depende de otros y que lo que sucede no siempre se encuentra bajo su control.

Precisamente nuestro cuerpo nos enseña de dependencia y fragilidad, ofreciéndonos información de las propias limitaciones. El cuerpo nos guía por el mundo, por eso el mindfulness es un trabajo de cuerpo y mente, de manera que las dos realidades se encuentran conectadas.

Probemos en este caso a concentrarnos en la respiración, a sentir cómo el aire entra por las fosas nasales, acariciándolas levemente, atendamos a la sensaciones que se producen en el trayecto hasta llegar al abdomen y una vez ahí, hasta que el aire logra expulsarse por la boca. Concentrarse en estas sensaciones y no en intentar controlar la cantidad de aire o el tiempo que tardamos entre inspiración y expiración es precisamente entrenar mindfulness.

Escuchar, es una actitud de recibir, pasiva, en la que no se interviene

Durante el ejercicio de mindfulness, como no tenemos que pensar en una respuesta o palabra, podemos permitirnos aumentar nuestra atención recibiendo cada estímulo de forma calmosa y paciente.

Cuando a veces no es suficiente sentir y necesitamos entender, escuchar nos ofrece información cuando antes simplemente oíamos. Es una posición diferente a filtrar cierta información o evitarla.

El cerebro es una máquina de pensamientos que es difícil de frenar. Luchar contra los pensamientos para que desaparezcan muchas veces nos lleva a las rumiaciones, de forma que entramos en un bucle en el que no se encuentra solución a aquello que anhelamos. Observar y escuchar realmente a nuestros pensamientos ofrece en muchas ocasiones las respuestas necesarias para tomar una decisión.

Escuchar sin intervenir nos permite adquirir la lucidez de diferenciar entre: pensar en algo y ser conscientes de que estamos pensando en ese algo. Cuando nos damos cuenta de que no somos ni la cascada, ni el agua, sino quien lo observa, nos convierte en un observador libre capaz de decidir. Es decir, cuando sabemos que no somos el problema, ni los pensamientos, sino quien los observa o escucha, desde esa lejanía, podemos entender el problema y nos facilitará la toma de decisiones.

Acomodación vs. Asimilación

La asimilación es el ejercicio de modificar la realidad para que esté en consonancia con mis creencias. Es decir, si creo que un amigo es egoísta y un día me sorprende ofreciéndome su ayuda, atenderé con mirada sibilina su actitud y pensaré que algo quiere. Asimilar es sencillo, no supone un esfuerzo ni reto hacia nuestras creencias. Sin embargo, el mindfulness busca invitar a las personas a tener una relación con el mundo basada en la acomodación.

La acomodación implica la modificación de las creencias para integrar la realidad. Siguiendo con el ejemplo anterior, en este caso, percibiríamos la oferta de nuestro amigo como un acto de generosidad sin entrar en juicios de mucho o poco, suficiente o insuficiente.

La vida espiritual no implica una práctica religiosa. El cerebro se debe entrenar como el resto de músculos. El mindfulness ofrece beneficios a nivel intelectual ya que ayuda a la concentración y bloquea la tendencia al estrés e irritabilidad por lo que de forma indirecta facilita el proceso de toma de decisiones. El mindfulness no nos ayudará a ser mejores personas pero sí a conectar con uno mismo, sentir y percibir mientras sabemos que estamos sintiendo y percibiendo.