Oniria: el mundo de los sueños I

Sueños, miedos, pesadillas y represión de la angustia

Los sueños tienen en ocasiones tal intensidad que son capaces de invadir nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestra conciencia con impresiones turbadoras. Esto pasa cuando los sueños presentan escenas tan vívidas que nos dejan secuelas emocionales muy potentes durante todo el día e incluso no los olvidamos a lo largo de toda nuestra vida. Podemos despertarnos deprimidos, contentos, enfadados, sorprendidos, y esto es un fiel reflejo de nuestros pensamientos más profundos que muestran nuestra personalidad y el modo en que experimentamos el mundo.

El miedo es un fuerte inhibidor de conductas, pero en otras ocasiones es un potente aliciente que empuja a la acción. A veces las reacciones se producen de forma instintiva, transformándose en impulsivas e irreflexivas, pareciendo entonces su expresión más una descarga que una acción premeditada. Cuando el miedo es irracional y no es atendido de forma consciente, puede ser dañino tanto para uno mismo como para los demás. Es una manera de salir rápidamente de una situación que nos mantiene incómodos y paralizados, pero se puede convertir en actos dolorosos. Sin embargo, si se observa con consciencia, permite obtener una salida positiva y esta nueva posición aporta una visión diferente, más amplia.

Las pesadillas, muy relacionadas con el miedo, son exteriorizaciones de sentimientos angustiosos y de desazón, y son vividos con tanta intensidad y las imágenes son tan amenazadoras que el sujeto suele despertarse en mitad del sueño. A los pocos minutos de despertar, estos sentimientos desaparecen, pero en otras ocasiones inundan nuestra mente a lo largo del día. Muchas de nuestras pesadillas representan rasgos o aspectos de nuestra personalidad que no nos gustan, además de situaciones, experiencias, sentimientos o pensamientos más profundos. Sus mensajes suelen tener significados muy valiosos, ya que traen a la conciencia información desagradable que se muestra en forma de aviso o alerta para que el sujeto atienda a dicha llamada de atención.

pesadilla

Normalmente suelen aparecen en momentos de encrucijadas existenciales donde el sujeto está inmerso en numerosos cambios profundos y de algún modo se resiste a ellos; en situaciones en las que se tienen problemas importantes con los parientes o las parejas; cuando perdemos a un ser querido; en situaciones en que negamos miedos en nuestras relaciones personales; o cuando tenemos que abandonar a personas cuya ausencia nos parece insoportable; etc. Las pesadillas muestran esta información de manera encubierta, exteriorizando contenidos más o menos inconscientes.

Nuestro inconsciente tiene numerosos conocimientos que es capaz de reprimir o de expresar de diversas maneras. La represión es un mecanismo automático que tiene como función suprimir la angustia del sujeto, pues cuando éste no es capaz de afrontar una situación angustiosa, recurre a este mecanismo que le permite tranquilizarse momentáneamente, ahorrando así energía que de otro modo alimentaría la fuerza de su miedo.

De ahí que en muchas ocasiones los sueños expresen estos contenidos reprimidos aunque lo hagan de forma críptica y encubierta. Los sueños son medios de información importante sobre lo que pasa dentro de nosotros, y esta «censura´´ es posible descifrarla desde uno mismo. Pero aunque no podamos recordar los sueños o no sepamos descifrar qué es lo que nos quieren decir, el mero hecho de soñar ya es útil, pues a través de ellos podemos expresar emociones, experiencias, melancolías, anhelos, etc, que están presentes en nuestra existencia, en el aquí y ahora.

Yo sueño, ¿y tú?

Los sueños, en los cuales no siempre interviene la atención consciente, son uno de los principales elementos que aportan gran cantidad de información a los seres humanos sobre sí mismos. Toda información que se presenta en ellos, es traída al presente, reflejando lo que la memoria procesa in situ.

En los sueños se proyectan nuestros conflictos, miedos, alegrías y asuntos pendientes, en fin, nuestra personalidad en su totalidad y por ello es interesante conocer cuáles son los mecanismos oníricos que nos permiten vernos en otra dimensión y que nos facilitan información sobre nuestras realidades existenciales. Si observamos los mensajes de los sueños, nos observamos a nosotros mismos.

sueños

Las últimas investigaciones nos muestran que la función principal de los sueños es fijar en la memoria la información que hemos ido recibiendo a lo largo del día. Según las experiencias que tengamos en los momentos de vigilia, así fijará dicha información nuestro cerebro durante la noche, y en ocasiones nos brindará la maravillosa experiencia de enviar esta información a nuestra conciencia más dormida en forma de historia o acontecimiento onírico. Si nuestra experiencia durante el día no ha sido especialmente buena, no es de extrañar que durante la noche podamos tener una pesadilla. Y esto sucede así periódicamente, por lo que nuestra pesadilla puede reflejar experiencias o miedos del pasado que quedaron fijados en la memoria mucho tiempo atrás, trayéndolo al presente y entumeciéndonos del mismo modo.

En la fase MOR, nuestras neuronas se encargan de fijar la información que hemos procesado durante nuestra experiencia en el día, de ahí que podamos reconocer que los sueños son funcionalmente importantes para la adquisición de conocimiento. Dicha función aparece durante el primer año de vida y un dato curioso es que el niño desde que nace tiende a soñar un 70-80% del tiempo en que duerme, el cual va reduciéndose al finalizar el primer año hasta llegar a un 10- 15% en la edad adulta. Pues bien, durante este primer año de vida del hijo, la madre sueña hasta un 60-70% del tiempo que duerme, y algunos científicos (Descamps et al.) afirman que esto ocurre porque la madre acompaña a su hijo en esta función de aprendizaje, construcción y terminación del sistema nervioso. Es decir, cuando el niño necesita menos tiempo de maduración del sistema nervioso y por tanto menos tiempo de producir sueño, la madre también lo disminuye, dándose lugar de forma inconsciente y biológica una intensa intercomunicación entre ambos.

Es un acompañamiento maravilloso, en donde trabajan juntos cerebro con cerebro, pero la pregunta que surge es ¿esto trasciende más allá de la adolescencia y la adultez? Aun está por descubrir.