Las raíces de la espiritualidad

Son muchos los motivos por los que uno puede adentrarse en el mundo de la espiritualidad. Y con espiritualidad me refiero a la experiencia espiritual. Algunos le dan el nombre de llamada, otros despertar. Sea cual sea la denominación, este “nuevo comienzo” suele originarse por un momento de vacío interior en el que percibimos algo más, algo que siempre había estado ahí pero que no nos habíamos parado a prestar atención.

Una vez hemos degustado ese “algo más”, sentimos la necesidad de repetir la experiencia, es una droga muy fuerte que nos cambia por completo, nos hace plantearnos qué estamos haciendo con nuestra vida y si será lo correcto.

Es un momento crítico en el que debemos de asentar una base sólida para comenzar nuestro camino, si no es muy probable que no solo no encontremos lo que estemos buscando, peor aún habremos perdido nuestra vida en ello.

En primer lugar debemos dejar a un lado el pasado, no es recomendable aferrarnos a ese momento. Con una mente abierta, deberíamos primero mente abierta einsteinconsiderar si ha sido una construcción mental o si ha venido de “otro lugar”. El análisis es clave para mantener la mente sana y no caer en las redes del subconsciente. Si tu mente está cerrada desde el principio será difícil trabajar con ella. Es altamente probable que al principio no lleguemos a ninguna conclusión, pero por lo menos habremos creado la condición para que, cuando estemos preparados venga a nosotros la respuesta.

El segundo paso es plantearnos ¿Y que hago ahora?, ¿Por donde empiezo?, ¿a dónde voy? Porque está claro que aquí no puedo seguir…

¿Me voy a la India? Allí parece que hay espiritualidad auténtica, seguro que encuentro un gurú que me guíe. O ¿Me meto a un monasterio?, ¿dejo todo y me voy al bosque a vivir libre como los pájaros? ¿Me hago budista?, los monjes parecen tener paz…

En la inmensa mayoría de los casos que he conocido, incluyendo el mío propio, todas estas preguntas vienen formuladas desde un estado de saturación mental que solo genera confusión. Si estábamos perdidos, ahora nos vendamos los ojos para hacerlo todo aún más complicado.

No queremos aceptarnos como somos, por eso tratamos de huir, de alejarnos de todo lo que hemos sido para empezar una nueva vida. No hay nada malo en tomar distancia, a veces necesitamos alejarnos para ver las cosas con perspectiva. Lo importante es ser conscientes de que no podemos huir de nosotros mismos.

En función de la claridad mental que tengamos en el momento en el que tomamos esta o cualquier otra decisión, nos será más fácil seguir hacia delante y no caer precipitadamente en el engaño. Solo el discernimiento nos conduce por el camino adecuado para cada uno. A este discernir en yoga lo llaman viveka y se dice que proviene de Buddhi, la mente despierta, la mente iluminada.

El lado oscuro y la renuncia

A veces la idea de iluminación causa problemas. Cuando empezamos nuestro camino, inmediatamente queremos estar iluminados, queremos ser como todos aquellos que ha llegado a ese estado. Creamos una imagen mental, un ideal y lo perseguimos ciegamente sin darnos cuenta de que, en muchas ocasiones, es nuestro ego el que quiere ser ensalzado, el que quiere convertirse en superior, el que busca la perfección.

Para avanzar en el camino, tenemos primero que enfrentarnos a todo lo que queremos dejar atrás. Debemos buscar la raíz de nuestros miedos, de nuestras adicciones, de nuestra infelicidad. Debemos saber de dónde venimos.

raicesLas raíces suelen encontrarse bajo la tierra, y es en ella donde empieza el cambio real, donde descubrimos nuestro lado más oscuro. No podemos negarlo, aceptar que existe es el primer paso para empezar a ver. La mejor forma de trabajar con la oscuridad es mediante la renuncia.

La renuncia es una práctica muy común en espiritualidad. Es una forma de desnudar el alma, de ponernos a prueba, una forma de educar la mente. Nos enseña a distanciarnos de todo lo que nos ancla a este mundo y al mismo tiempo nos hace comprender la existencia que se manifiesta cada día delante de nosotros.

Cuanto más renunciamos, mas fuerte se hace la oscuridad. Cuanto más avanzamos en el camino, más sentimos que estamos ciegos. Pasamos por la noche oscura del alma y solo con perseverancia y desapego, guiados por la diminuta luz que habita en nosotros podremos llegar a la madrugada.

Para que la renuncia no se vuelva en nuestra contra y nos llene de rencor, de envidia, de ira y dolor debemos practicarla desde la humildad del corazón, siempre con alegría y entusiasmo. De este modo sabremos que vamos por el buen camino. Y si no llegásemos al final, por lo menos habremos disfrutado intentándolo.

Quizás la renuncia final sea la más difícil y también la más importante de todas. Para vivir eternamente es necesario primero morir en vida, vaciarnos por completo, negarnos a nosotros mismos, renunciar a la ilusión de esa identidad limitada que es la causa del sufrimiento. Entonces descubriremos la verdadera naturaleza de las cosas, y el sol saldrá para no volver a ponerse.

Mi recomendación personal es permanecer en todo momento en la tierra, disfrutar de nuestra lucha y sonreír mucho.

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