¿Podemos aprender a acompañar?

 

Te propongo hacer una parada en el camino, en este caso en la lectura que estás realizando. Pero antes, cierra los ojos, intenta recordar una situación en la que sientas que te has ofrecido a ayudar o acompañar, ya sea a nivel personal o profesional, y permítete sentir las reacciones que se producen en tu cuerpo, qué emociones afloran, sin hacer juicios, solo observando.

 

Mi camino “ayudando

 

Llevo más de 20 años “acompañando” de forma profesional, de una u otra forma, ya sea desde lo sanitario, desde lo educativo, desde lo terapéutico. Si realmente miro aún más hacia atrás, tomo conciencia de que llevo “acompañando” desde que tengo uso de razón, ha sido una respuesta que ha surgido de forma aparentemente natural en mí, que creo que he ido perfeccionando, pero que no me ha supuesto un esfuerzo. Ahora bien, en los últimos años, fruto de un profundo proceso de autoconocimiento y balance vital, han ido aflorando en mi interior muchas dudas acerca de qué es lo que realmente hago y, sobre todo, por qué lo hago, cuando ofrezco la posibilidad de acompañar a otras personas. En este proceso, me he replanteado qué significa la palabra “ayuda”, en un sentido profundo, y ciertamente personal.

Creo que los seres humanos tenemos una capacidad instintiva e intuitiva para captar una situación de desventaja en el otro, y mostramos una tendencia a responder, ofreciéndonos para mejorar la situación ajena. Quizá jueguen un papel aquí las neuronas espejo en este mecanismo de empatía, y faciliten la comprensión del dolor ajeno. Considero que, ante circunstancias imprevistas que surgen en la vida y que favorecen situaciones de desventaja, aflora esa respuesta instintiva que, en cierta forma, nos ha permitido subsistir como especie. Las dudas me invaden cuando me planteo qué nos mueve realmente a los seres humanos a dedicarnos “profesionalmente” a “ayudar, o que esa ayuda a los otros, también en un plano personal, sea una característica relevante de nuestro modo de situarnos en la vida.

 

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En mi propio camino de reflexión, he ido tomando conciencia de que mi predisposición a “estar ahí” y ofrecerme, más allá de un acto altruista, podía estar reflejando una visión de carencia, de ver la necesidad en los demás, ante la cual ofrezco mis conocimientos y mi “saber estar y acompañar”. Tendemos a proyectar fuera, en los otros, aquello que no vemos en nosotros. Forma parte de nuestra sombra. Y darme cuenta de que quizá proyectaba en los otros mi propia carencia o necesidad, y desde ahí me situaba en cierto modo en la soberbia del que “sabe acompañar”, supuso una enorme crisis que realmente me permitió seguir descubriendo el motor de mis acciones. Tomar conciencia de mi “inconsciencia”, de mi “ceguera”, me permitió ver que, más allá del altruismo, buscaba en mi vida escenarios donde pudiera seguir desempeñando ese papel cada vez más profesionalizado de “ayudador”, descubriendo finalmente que era la forma que había aprendido durante mi infancia para ser visto, reconocido. Sí, aquí nos encontramos con “el sanador herido”.

Y así me di cuenta de que un acompañamiento no puede ser sano, genuino, cuando el que lo hace se mueve desde su propia necesidad o carencia, sea consciente o no, y no desde el “sencillamente estar y ser”, y desde ahí, compartir, viendo al otro de igual a igual, y reconociendo su propio potencial. Y también reconociendo en uno mismo la propia vulnerabilidad, que es un rasgo genuinamente humano. Si acompaño, lo hago sabiendo que yo también me estoy transformando y que solo establezco intercambio con el otro, no doy sin recibir, y ambos crecemos en esa interacción que nos refleja mutuamente.

 

https://www.youtube.com/watch?v=AiZt7Gc0oMo

 

¿Cómo podemos aprender a acompañar?

 

Creo que esta pregunta ha estado latente en mí durante años, al reconocer mi habilidad para conectar con los demás y mi incapacidad para transmitir “cómo se hace”. En este momento, creo que he llegado a un punto de claridad, aunque sea mínima. Y es que solo podemos acompañar conscientemente cuando hemos hecho y continuamos haciendo de por vida un continuo proceso de autoconocimiento y conciencia que nos mantenga siempre replantéandonos por qué nos manifestamos del modo en que lo hacemos, y qué experiencias vitales han condicionado, de una u otra forma, nuestro modo de estar en el mundo para así acogerlas sin juicio, de forma abierta. En cierto modo, es el reto de desnudarnos a cada paso, de mostrarnos vulnerables y, a la vez, abiertos a compartir entre seres humanos, cada uno con sus cualidades y capacidades.

En los últimos tiempos he ido conociendo formas de enseñar este proceso de acompañar, cada una con sus rasgos distintivos. Destaco, por su importancia en nuestro país, y por haber sido pioneros en el ámbito de la salud, al Centro de Humanización de la Salud, de los Religiosos Camilos, con José Carlos Bermejo como director, que ha establecido un sistema de formación de profesionales en el que se conjugan aspectos técnicos con la humanización y la consideración de la espiritualidad, más allá del hecho religioso. Su modelo basado en el counselling ha proporcionado herramientas y recursos prácticos para que los profesionales de la salud puedan introducirlos en sus entornos de trabajo.

 

 

Acompañar al final de la vida como paradigma para acompañar en la vida

 

En el ámbito de la salud, el desarrollo de los cuidados paliativos y la creciente consideración de acompañar a las personas en su etapa final, más allá de que no se pueda ofrecer una curación, ha sido una auténtica revolución. Es por ello que los profesionales que trabajan en este ámbito han impulsado en gran medida formas de acercamiento a la persona que sufre, en la que integran aspectos biomédicos, psicosociales y espirituales, y de ahí han surgido modelos de formación en diferentes países que buscan facilitar el desarrollo de habilidades que permitan contar con profesionales más humanizados. En este sentido, me gustaría compartir una charla que dio recientemente uno de los mayores especialistas de nuestro país en este ámbito, Enric Benito. Y recomiendo la monografía “Espiritualidad en clínica”, editada en 2014 por la Sociedad Española de Cuidados Paliativos, y que se puede descargar de forma gratuita (http://www.secpal.com//Documentos/Blog/Monografia%20secpal.pdf).

 

 

Daniel Siegel y su propuesta desde la neurociencia

 

Daniel Siegel es una de las figuras que más ha aportado científicamente a la psicoterapia en los últimos años, partiendo de enfoques que rompían con la visión tradicional, e introduciendo los descubrimientos neurocientíficos y los principios del mindfulness o atención plena, tanto en el ámbito de la psicoterapia como en el educativo. Recientemente publicó un libro en el que establece un modelo de desarrollo de habilidades para profesionales de la relación de ayuda, que implica un proceso estructurado de autoconocimiento necesario para poder acompañar desde la conciencia plena.

Siegel se basa en su teoría de la neurobiología interpersonal, y plantea el desarrollo de habilidades de la mente en el profesional que le permitirá adquirir una cualidad “mindful”. Es difícil encontrar una traducción en español de este término, pero me llama la atención una de las definiciones que aporta Siegel, en la que significa estar libre de prejuicios y evitar una pérdida prematura de posibilidades. Es decir, poder situarnos ante el otro con una mente lo suficientemente distante de nuestros propios juicios como para acoger y aceptar al otro en todo su ser. Para ello, es preciso cultivar, entre otras habilidades:

  • la presencia, como una forma de estar en el aquí y el ahora, más allá de nuestra propia historia, abiertos a conectar con lo que sucede, con lo que es.
  • la sintonía, la resonancia y la confianza con y en el otro.
  • la verdad, como forma de percepción de lo que acontece, más allá de nuestra propia narración. Para ello, es preciso ser muy consciente de que esa narración existe, y qué la ha condicionado, para poder acogerla y aceptarla sin juicio.
  • habilidades mentales para estabilizar la lente de nuestra mente con el fin de observar nuestro mundo interior.
  • la integración de lo vivido y del presente, como medio para lograr un equilibrio y alejarse del caos o la rigidez.

 

Siegel propone actividades concretas a lo largo de los quince capítulos donde aborda cada una de estas habilidades y otras que considera importantes para lograr acompañar de una forma abierta y sana.

 

Tras esta reflexión compartida, y desde la serenidad y la honestidad con uno mismo, ¿desde dónde surge tu impulso de ayudar?

 

Referencias bibliográficas

  • Bermejo, José Carlos (2014). Humanizar la asistencia sanitaria. Desclée de Brouwer.
  • Siegel, Daniel (2012). Mindfulness y psicoterapia. Paidós Ibérica.