Confesiones de un adolescente imaginario

El adolescente  necesita manual de instrucciones para ser entendido, o eso dicen…

Hace unas semanas terminé de ver la serie de «13 reasons why» (Por trece razones, en español) que cuenta la historia de Hannah Baker, una adolescente que se suicida. Antes de hacerlo, graba unas cintas de cassete en las que explica sus 13 razones -asociadas a 13 personas- para morir y se encarga de que éstos mismos las escuchen y respondan a la propia conciencia de sus actos.

No puedo negar mi conmoción y el revuelto estomacal-emocional tras finalizar cada capítulo y súbitamente me vi reflejada en la protagonista, en su amiga, en su enemiga, en el orientador… y sentí un gran sentimiento de tristeza y nostalgia por mi adolescente pasada. Aquella a la que no escuché y que tampoco fue escuchada.

Entonces me puse a pensar en cuántos cursos, psicoterapias y libros se han escrito sobre el niño interior y qué pocos sobre el adolescente. O al menos qué pocos para el adolescente. A éste se le estigmatiza más que se le escucha, se le protege más que se le comprende. Y se le pregunta ¿qué ha sucedido? más que ¿cómo te sientes?

Por esto pensé en un artículo diferente, dedicado a todos ellos. A través de las voces recopiladas -de algunos adolescentes de blogs anónimos, otros imaginarios, así como la mía propia escrita en diarios- deseo reflejar el mundo interno, el inconsciente submarino, de un adolescente confuso.

Ya no sirve la frase «son cosas de adolescentes» sin asumir que: si no fuimos comprendidos en nuestro periodo de vacío existencial, poco podremos hacer para comprenderles ni para darles voz.

Yo al menos se lo debo a la adolescente que fui.

Aquí van algunas de sus voces:

MIEDO AL RECHAZO Y BULLYING

En la adolescencia lo que yo creo que soy, lo que experimento y entiendo como «mí-mismo» es un constante intercambio entre yo y mi mundo. Una dialéctica constante entre el haciadentro y el haciafuera para formar la identidad. El adolescente confuso, buscando la respuesta más importante de su vida: ¿Quién soy? se encuentra muchas veces con el espejo deforme y corrupto de un entorno social que fomenta y tolera el bullying y el ciberacoso y que le devuelve una mirada del sí mismo carente de sentido y nada positiva.

«No me aceptan en la escuela. Hay un límite en el número de insultos que una persona puede soportar. Me odian por lo que soy. Pero la verdad es que a quien realmente odio es a mí misma. No entiendo cómo he dejado que me afecte tanto lo que me hacen. Me doy asco» (B.R)

Hannah Baker, protagonista de 13 reasons why dice:

“Facebook, Twitter e Instagram nos han convertido en una sociedad de acosadores.»

Algo tan del siglo XXI como las redes sociales y algo tan atemporal como la angustia y el miedo ante la mirada del otro. Hannah se pierde en el laberinto de lo que dicen de ella, lo que cree que dicen de ella, lo que saben los demás y lo que imagina que saben. Se desdibuja, se pierde. No se encuentra ante el espejo. Y sin identidad ¿quién somos?

La mayoría de los adolescentes, independientemente de su estrato social, carece de un concepto definido de sí mismo. Ante un conflicto como el bullying es frecuente ver cómo muchos ignoran las verdaderas necesidades, normalizan la situación, niegan sus obligaciones, o las evaden por miedo; ya que su energía está más orientada a obedecer al más fuerte que al ayudar a la víctima. Como dice Horario Krell, director de ILVEM (Brain Training Method)

«Se puede esperar poco de una sociedad donde prima la conveniencia egoica sobre la autorrealización, el -¡sálvese quien pueda!- sobre los valores morales.»

adolescente bullying

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LA NECESIDAD DE ENCAJAR

Al llegar a la adolescencia vamos construyendo nuestra identidad conforme vamos sintiendo la necesidad de descubrirnos. El ansia de tener respuestas ante cuestionamientos existenciales tales como: ¿quién soy?, ¿cómo debería ser? nos produce una angustia y necesidad de encajar que dificulta la autenticidad ante los demás.

Algunos adolescentes en lugar de ir construyéndose por medio de las características que poseen y que deciden interiorizar y asumir como propias, eligen o toman algo que ya está construido sin partir de algo propio. Cayendo en esa trampa, su identidad resulta inestable y frágil (debido a que no es realmente genuina) pudiendo quedarse atrapado en una personalidad débil y una identidad que nunca se forjó adecuadamente.

La confusión al elegir el rol más apropiado puede provocar una falta de identidad estable. En el período de identidad vs confusión de roles, es palpable una gran presión por ser un individuo único e irrepetible, no una copia de los demás.

«Estoy planeando cambiar, ¿en qué sentido? en todos, pero no sé qué modelo seguir, sé que quiero ser el que mejor notas saca de la clase, como en un pasado lo fui, quiero ser el más guapo (aprovechando que me voy a poner lentillas) quiero ser más gracioso y más social, en resumidas cuentas, quiero ser perfecto. No es la primera vez que lo intento puesto que ya lo intenté una vez y vi que no conseguía nada. Otra cosa que no sé es si cambiar en el sentido de creerme superior a todos, ser más chulito y eso, o ser perfecto sin ir presumiendo por así decirlo. ¿Qué debo cambiar? ¿Debo cambiar? ¿Creerme superior? ¿Cómo ser admirado?» (D.A)

«Tengo un carácter cerrado, no me gusta llorar en público, ni que me pregunten sobre mis cosas. Mucho menos contar qué me pasa, pues paso de que me juzguen o se rían de mí. Aparento ser fuerte, eso dicen de mí. ¿Pero sabes un secreto? No lo soy para nada y a veces me canso de fingir. «(A.M)

Los amores adolescentes son un intento por definir su propia identidad, proyectando sobre otra persona la imagen que tienen de su propio yo, para así verla reflejada y con más claridad. De no forjar una aceptada identidad y autoconocimiento, la búsqueda de amarse y comprenderse a uno mismo derivará siempre en la necesidad del reflejo del otro para llevarlo a cabo.

«Me pregunto si algún día encontraré a mi alma gemela, alguien que me comprenda y me acepte como soy. El problema es que soy demasiado complicada, porque lo mismo pienso una cosa y pienso la contraria al mismo tiempo. Así que si ni yo misma me entiendo, no sé cómo lo va a hacer alguien. Además no soy de las que suele gustar a los chicos, y dudo que llegue a importar tanto a alguien alguna vez como para querer e interesarse en saber cómo soy realmente» (S.G)

ADOLESCENTE Y PADRES

La adolescencia es la época en la que las y los jóvenes definen su posición ante la familia, sus compañeros y compañeras y la sociedad donde viven.

El espacio con los iguales es un espacio de libertad, donde encontrar el sentido de pertenencia. En sus descargas hormonales de acción, de palabras, de gestos, de secretos, hay una afirmación implícita: «espacio despejado- aquí no hay adultos»-. Esto no implica que no haya jerarquías, reglas o sanciones, ya que en el  grupo de los pares también lo hay, pero no son las mismas que las de los adultos, de quienes debe aprender a separarse y diferenciarse.

Los y las adolescentes comienzan a tomar riesgos y a experimentar; se comportan con tabúes y secretos ante la familia. Temen ser descubiertos y al mismo tiempo les gusta crear cierta sensación de misterio. Necesitan proteger su intimidad sin ser invadidos, pasando de un mundo centrado en la familia a un mundo centrado en los iguales.

«De repente entra mi madre, acto seguido apago el monitor (como de costumbre) y me dice: ¿qué estás escribiendo? ¿es una especie de diario o algo así? ¿me lo enseñas? Ha estado un buen rato intentándo sonsacarme y obligándome a encender la pantalla, pero por fin al final se ha ido. Menos mal… si me pilla.. me muero. Parece ser que tendré que extremar la seguridad en este ordenador, menos mal que mis padres no saben casi nada de tecnología.» (D.A.)

Quieren ser vistos y a la vez ser invisibles. Esa es la verdadera paradoja.

«La verdad es que es muy arriesgado escribir un blog anónimo contando tu vida, para mí sería el fin del mundo si algún conocido descubriese este blog, tengo mucho miedo. Quiero que este blog se haga más popular, pero con límites.» (D.A.)

ADOLESCENTE Y BÚSQUEDA DEL SENTIDO DE LA VIDA

En el joven son normales los períodos de profundas preocupaciones por determinar qué es lo verdadero, qué es lo falso, qué es lo bueno, qué es lo malo, qué es lo correcto y qué es lo incorrecto. Las mentiras y las traiciones se viven como altavoces emocionales.

«Y fueron sus palabras agujas clavándose en mi pecho. Y fueron sus caricias, cristales inyectándose en los dedos. Locura, pasión deseo. Desengaño, incertidumbre, tormento» (L.F.)

En la adolescencia se ensalzan los sentimientos, se dinamizan los encuentros sociales, el sexo se amplía a sexualidad con-un otro-. Aparecen los ingredientes asociados al propio sentido de la vida.

«Hoy no os puedo escribir mucho más porque me tengo que ir ya mismo. Suerte con vuestras vidas por que la mía tiene una felicidad mediocre» (D.A.)

Cuando el sentimiento de falta de sentido y vacío existencial aparece en el adolescente, los adultos no saben cómo actuar. Vivimos en una sociedad de consumo que se «adolescentaliza ella misma»  y que sólo prentende la satisfacción de las necesidades inmediatas, ignorando, descuidando y frustrando la más humana de todas las necesidades, y pieza fundamental en el puzzle de los adolescentes: la de búsqueda de sentido.

«El espejo de mi alma hecho pedazos. Una lucha inconsciente me domina. Debate entre la vida y la muerte. Y aunque busco nunca encuentro la salida» (L.F)

Victor Frankl, autor de El hombre en busca de sentido denomina neurosis existencial al fracaso para encontrar un significado en la vida, el sentimiento de que no tiene ninguna razón para vivir, luchar, de que uno es incapaz de encontrar una meta, una directriz en la vida, el sentimiento que aunque te esfuerces, nada tiene sentido.

El adolescente vuelve al sí mismo, explorando la paradoja del mundo interno, viviendo en la dualidad como eje de oposición, de afirmación y resistencia al mundo. Es el momento egotista, contradictorio y oscilante, que tanto agrede como se agrede, que tanto sueña y ansía, como rechaza y se retira.

«O te acercas o te alejas. O me buscas o te escondes. Pero no juegues más y ¡decide! sombra de tentaciones. Pues de mí te estás llevando mis más tiernas ilusiones» (L.F.)

REFLEXIONES

Sí, visto esto no puede negarse que la adolescencia es una etapa de duelos (duelo de los padres, duelo del cuerpo, duelo del rol infantil, duelo del primer amor) y aunque no todos los adolescentes lo manifiestan con igual intensidad o conciencia, no siempre se puede hacer caso omiso con un simple: «ya se le pasará»

Sin embargo, no es sólo una etapa difícil, es también un pozo de creatividad y sensibilidad. Una oportunidad de crecimiento, de posibilidades, de dirección y propósito. Un quehacer continuo y dinámico. Hay que observar y aprender de la valentía de los adolescentes que poseen ideales y valores relativos al destino, a la sexualidad y al amor, que renuevan el camino sentido del verdadero encuentro entre personas: viviendo más que teniendo.

Tenemos que impulsar  la posibilidad de descubrirse, de pulir sus recursos personales para que desarrollen una identidad genuina que les permita afrontar la vida con más fortaleza, responsabilidad, libertad y resiliencia.

A fin de cuentas, si me preguntasen ¿y cuál crees que es el sentido de la vida? Diría sin titubear: LA VIDA SENTIDA.

Y de eso precisamente…los adolescentes saben mucho.

 

Referencias bibliográficas:

Frankl, Victor E. El hombre en busca de sentido. Erder, 2013

Fuentes:

-Greenberg. L, Rice.L, Elliott.J. Facilitando el cambio emocional,Paidós, 1993

-www.logoforo.com/crisis-de-adolescencia.

-diversos blogs anónimos.

Aprendiendo a ser Padres: Hermanos

Esta es una serie de artículos para orientar a padres, hermanos, educadores y cualquiera interesado en el conocimiento acerca de los distintos ámbitos que ocupan la vida de los jóvenes y adolescentes. Pero si tuviera que definir un “Target” (Un objetivo) diría que se trata de una serie de artículos para orientar a los padres en el complejo mundo que es su hijo.

La relación entre hermanos:

El vínculo entre hermanos es diferente a la relación con los padres y los amigos. Un hermano influye en el desarrollo social del niño ya que le da la oportunidad de desenvolverse ante posibles situaciones sociales futuras. Éste tipo de relación se puede definir como ambivalentes: Por un lado el niño tiene más oportunidades de pelearse con sus hermanos que de hacerlo con otros niños y por el otro, tiene más oportunidades de disfrutar de relaciones positivas con sus hermanos que con el resto.

Tener hermanos supone tener:

  • Compañeros de juego.
  • Modelos a imitar.
  • Relaciones conflictivas con ellos y aprender a solucionarlas,
  • Una fuente de apoyo y compañía.
  • Aprender a compartir.

Celos entre los hermanos.

Cualquiera puede tener celos. Suele presentarse en los primeros años y esto puede dar lugar a choques entre los hermanos, y pueden ocurrir de forma abierta o enmascarada durante toda la vida.

Los celos en el niño nacen al imaginar, sentir, pensar o darse cuenta de que sus padres quieren más a otro hermano que a él.

El origen de los celos cuando un hermano nuevo llega a casa.

Dependiendo de la edad que tenga, se tratará de una situación diferente. A partir de los dos años suele reflejar su malestar de forma más o menos encubierta, mostrándose más tierno y pidiendo más atención de su madre.

Desde los cuatro y cinco años puede reaccionar volviéndose más travieso y opositor. Cuando tiene más de cinco no se le nota tan afectado porque sus relaciones sociales ya son más amplias.

El niño puede sentir celos ante los cambios por distintos motivos:

  1. Le prestáis menos atención porque todo gira en torno al nuevo bebé.
  2. Se le cambia de habitación por la llegada de su nuevo hermano.
  3. Se le piden y exigen cosas diferentes por ser el hermano mayor.
  4. Se le riñe e impide hacer cosas habituales, utilizando siempre como argumento al nuevo hermano.

El niño siempre querrá teneros solo para él, en especial en sus primeros años, y con un hermano nuevo le será más complicado lidiar con eso. Puede sentir que la llegada del hermano es una fuente de inseguridad para él, viendo en riesgo su propio mundo.

¿Cómo saber si vuestro hijo tiene celos?

Puede que se comporte de forma agresiva en con la familia y en el colegio, e incluso puede autoagredisrse para intentar llamar la atención. Puede hacer comparaciones continuas con sus hermanos. Puede sufrir afecciones físicas como hacerse pis, tener nauseas, vómitos, diarrea, problemas de alimentación, alteración del sueño, ect.

Puede manifestar quejas y fingir afecciones como dolor de tripa, de cabeza o mareo. Puede estar susceptible en especial ante vuestros comentarios. Puede comportarse de forma más inmadura a su edad real.

Puede imaginar, o incluso tratar de hacer daño a sus hermanos, al tratarlo como su enemigo. Esto puede generarle culpabilidad que intentara subsanar con muestras de cariño desproporcionadas.

¿Qué hacer en caso de que sienta celos?

Antes de nada, no os asustéis y sed pacientes. Por desgracia, vuestro hijo va a pasar por los celos y van a darse cambios en la dinámica familiar, pero hay formas para reducir los efectos negativos de esta situación.

Es relevante involucrar al niño desde el primer día del embarazo, haciéndole partícipe de los preparativos que vais llevando a acbo para recibir al nuevo hermano.

Ayuda presentar al bebé al niño como una persona con sentimientos y deseos. Así al niño le podría generar curiosidad hacia el bebé y evitar que le vea como un incordio que le quita atención.

Pedidle que os ayude a cuidar del bebé. Esto le hará sentirse útil y valioso, y se empezará a sentir como un hermano mayor que tiene ciertas ventajas que su hermano menor no tiene. Es muy importante que el niño se sienta único e irremplazable, para que él también se sienta irrepetible y por tanto no tienda a compararse con su hermano.

Tratad de transmitir que vuestro cariño no se puede medir porque es ilimitado e inagotable, y por eso se puede compartir con el resto de hermanos. Haced saber al resto de la familia, amigos y vecinos que no presten toda su atención al recién nacido. Así se facilita la adaptación del niño al nuevo sistema familiar.

Una idea es generar situaciones donde solo él tenga atención, como juegos, tareas domésticas, etc. Igual que antes de la llegada del hermano.


El constante choque entre hermanos

Mientras que crecen, suele darse un reparto de roles entre ellos. Uno puede definirse por una cualidad (estudioso, inteligente,…) y suele desarrollarla y actuar como si fuera su papel asignado de antemano, distinguiéndole del resto. Esto genera envida en el resto de hermanos e incluso el rechazo total de esa característica, por lo que intentan buscar un papel propio dentro de la familia, como podría ser el rebelde, social, simpático, ect.

Resaltar los avances, aunque sean pequeños, de cada uno de ellos en sus diferentes áreas (Estudio, deportes, amigos), siempre comparándole con él mismo y nunca con los demás. Así aprenderá a valorarse y se evitará la envidia hacia el que sobresale en otras actividades concretas. Enseñadle que le queréis tal y como es, por lo que no tiene que ser ninguna otra persona, ni compararse para sentirse aceptado o querido.

Atended de forma paciente y prestando atención las quejas de vuestro hijo cuando se sienta que preferís a su hermano, para recordarle situaciones donde le hayáis demostrado vuestro cariño y apoyo.

Cuando los hermanos se pelean

En las relaciones entre hermanos es normal que pasen de estar jugando a pelearse donde se agredan físicamente. Por eso hay que evitar responsabilizar siempre al mayor cuando se dan peleas entre ellos, porque hará que se sienta tratado de forma injusta y fomentará los celos por el hermano menor. Cuando se estén pegando es importante que actuéis, de forma firme y contundente, para terminar la reyerta y evitar que se acostumbren a resolver sus problemas con peleas.

A la hora de criticar alguna conducta, lo mejor es que sean conductas concretas (“No está bien eso que has hecho”) que generalizar la crítica hacia el niño (“Eres muy malo”). Es importante que aclaréis las consecuencias de su comportamiento (“Si insultas a tu hermano se sentirá triste”). Es importante que le enseñéis alternativas posibles para resolver una pelea: “Cuando te estropee un dibujo, en lugar de pegar a tu hermano, dale una hoja para que él también pueda dibujar”.

Desde pequeño es necesario que le enseñéis a ponerse en el lugar del otro: “Cómo te sentirías si tu hermano te insultara?”. Podéis planificar actividades que generen cooperación entre hermanos para que aprendan a compartir sus cosas, tener que ayudarse mutuamente y respetar a los demás.

La educación que proporcionéis para favorecer la buena relación de los hermanos y evitar la envidia entre vuestros hijos, debe cumplir tres condiciones elementales:

  1. Proporcionar el cuidado y la atención específica a cada hijo teniendo en cuenta sus necesidades.
  2. Establecer una relación afectiva que le dé seguridad, evitando sobreprotegerle.
  3. Facilitar una vía de comunicación para que vuestro hijo pueda consultaros sobre cualquier cosa que le preocupe.

Conclusión

No es una tarea sencilla y es fácil no seguir éste ideal de paternidad, pero es que todos somos humanos y no es tan sencillo ser padre. Intentad todo lo posible, tened paciencia y recordad que nunca es tarde para mejorar las dinámicas en casa y si la tarea resulta demasiado difícil siempre podéis acudir a un profesional que pueda ayudaros.

Aprendiendo a ser padres: Los Amigos

Esta es una serie de artículos para orientar a padres, hermanos, educadores y cualquiera interesado en el conocimiento acerca de los distintos ámbitos que ocupan la vida de los jóvenes y adolescentes. Pero si tuviera que definir un “Target” (Un objetivo) diría que se trata de una serie de artículos para orientar a los padres en el complejo mundo que es su hijo.

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¿Qué es importante saber sobre la amistad?

Desde el momento en el que nacemos nos convertimos en seres sociales, ya que empezamos a compartir nuestra vida con las personas de nuestro entorno. La primera relación del niño se establece con sus padres, de modo que éstos pueden contribuir a desarrollar en sus hijos habilidades y formas de comunicación positivas que les permitan, más tarde, relacionarse de forma competente con sus iguales. Las relaciones con otros niños y amigos son muy importantes porque, desde la infancia a la adolescencia, proporcionan: Un espacio para juegos y diversión; Un espacio para aprender y ensayar diferentes papeles sociales; El ámbito adecuado para aprender a cooperar, a respetar al otro y a respetar las normas establecidas; Un importante apoyo afectivo.

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El primer año:

Es una etapa fundamental, ya que en ella se establece el vínculo afectivo entre el bebé y las personas más próximas: sus padres. Posteriormente, esto influirá de forma decisiva en su manera de relacionarse con los demás. Es imprescindible que, además de satisfacer sus necesidades físicas (Comida, sueño, higiene…) habéis, abracéis, beséis y estimuléis al bebé, para satisfacer sus necesidades emocionales. Actualmente, es cada vez más frecuente que el bebé vaya a la escuela infantil, por lo que comienza a relacionarse antes con otros niños.

Entre los 2 y los 3 años:

Se empieza a observar la preferencia por ciertos compañeros de juego y el inicio de actividades grupales, aunque los miembros del grupo cambian constantemente. Intentad dedicar parte de vuestro tiempo exclusivamente a jugar con vuestro hijo. Llevad a vuestro hijo a espacios infantiles que le permitan jugar con otros niños. Si es posible, salid con amigos que tengan hijos pequeños.

Entre los 4 y los 5 años:

Se empieza a depender cada vez más de los compañeros como fuente de satisfacción. El niño comienza a aprender cómo son las relaciones de amistad, al tiempo que desarrolla ciertas habilidades sociales. En esta etapa los padres podéis tener un papel fundamental a la hora de ayudar a vuestro hijo a establecer relaciones sociales.

Organizad actividades en casa o excursiones e invitad a otros niños. Permitidle que vaya a casa de sus vecinos o compañeros. Enseñadle a presentarse a otros niños o a pedir que le dejen jugar. Valorad la cooperación, para que vuestro hijo aprenda a compartir y a aceptar a los demás. Fomentad el diálogo con él y responded a todas sus preguntas. Iniciadle en juegos sencillos en los que se tengan que respetar ciertas normas.

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Entre los 6 y los 9 años:

En este período es muy importante la aceptación de los compañeros y permitirá saber si existen o no dificultades o puede haberlas en el futuro. Se empieza a distinguir claramente quién es un niño popular y quién es un niño rechazado por sus compañeros.

El niño popular: Es un niño que es aceptado por sus compañeros y tiene facilidad para conocer y  hacer amigos porque es activo y comunicativo. Tiene habilidad para solucionar los conflictos entre los compañeros. Se preocupa por sus amigos y les suele ayudar.

El niño rechazado: Cuando hablamos del niño rechazado, debemos distinguir dos causas y comportamientos diferentes de rechazo. Cuando el niño es rechazado activamente debido a su comportamiento agresivo y no respeta las normas de los juegos, queriendo ganar siempre; Cuando el niño es ignorado por los demás al tener poca seguridad en sí mismo y se muestra tímido, reservado, pasivo, temeroso y excesivamente sensible ante situaciones sociales.

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¿Cómo ayudar a vuestro hijo cuando presente dificultades para relacionarse?

Es necesario que ayudéis a vuestro hijo a adquirir seguridad, enseñándole a aceptarse, quererse y valorarse tal y como es. El primer paso para poder relacionarse con los demás consiste en encontrarse a gusto con uno mismo. Indicadle modelos positivos a los que imitar sin que deje de ser él mismo mediante demostraciones prácticas.

Es fundamental que vuestro hijo aprenda a: Interpretar la conducta de los demás, entender su punto de vista, admitir que el otro es diferente y aceptar al resto tal y como es; Hacer comentarios positivos o cumplidos hacia los demás y a saber recibirlos correctamente; Ofrecer su ayuda y a pedirla cuando sea necesario; Decir que no de una forma adecuada ante algo que no desea y a aceptar, a su vez, una negativa como respuesta; Iniciar conversaciones y a participar en ellas; Escuchar a los demás; Resolver conflictos por sí mismo; Compartir.

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Entre los 10 y los 11 años:

Se empiezan a formar las pandillas y es muy importante para el niño pertenecer a un grupo determinado, ya que éstos surgen por la necesidad de obtener cada vez más independencia de los adultos. Los miembros de un mismo grupo generalmente del mismo sexo, comparten valores e intereses y establecen ciertas normas que deben respetarse. Aparece una organización jerárquica (líderes y seguidores) y los intrusos son excluidos. La influencia de estos grupos suele ser positiva. Sin embargo, también puede ser negativa si las prácticas y los objetivos del grupo lo son (Agresiones, peleas, pequeños robos, consumo de drogas…).

Es importante que animéis a vuestro hijo a integrarse en grupos organizados y supervisados (deportivos, culturales…) Recordad que debéis lograr un equilibrio entre la supervisión de sus amigos y de las actividades que vuestro hijo realiza y el fomento de su independencia.

A partir de los 12 años:

El adolescente desea ser aceptado por un grupo determinado y comienza a prestar atención al sexo opuesto. Le preocupa lo que los demás piensen de él y es especialmente sensible a las críticas, ya que muchas veces la imagen que tiene de sí mismo depende de la opinión que de él tienen los demás.

En este periodo se produce un claro alejamiento de los padres y la fuente de satisfacción se busca en compañía de los amigos. Sin embargo, esto no significa que familia y amigos sean incompatibles, ya que el adolescente necesita de ambas para hacer una transición sana hacia la vida adulta. Los problemas aparecen cuando una de las partes, bien los padres, bien los amigos, tiene un papel predominante en prejuicio de la otra, o una de las dos no existe.

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¿Qué aportan los amigos a tu hijo?

Le permiten participar en actividades de ocio y recreativas; le brindan compañía y amistad; Con ellos aprende a desarrollar habilidades sociales; Le ayudan a reafirmar su identidad; Le proporcionan independencia de sus padres; Le ofrecen apoyo emocional en situaciones estresantes; Le sirven de confidentes; Le facilitan críticas y consejos que son aceptados y tenidos en cuenta; Le ayudan en sus primeras relaciones amorosas.

En general, no se pueden establecer normas fijas comunes para todas las familias. Cada una deberá valorar el grado de autonomía que puede dar a sus hijos siempre intentado conseguir un equilibrio entre la independencia que se debe fomentar en ellos y la supervisión. Es importante que conozcáis personalmente a los amigos de vuestro hijo e incluso también a sus familias, invitándolas a casa o en vacaciones.

Es preciso que evitéis continuos interrogatorios y un control tan riguroso que impida una comunicación fluida. Sin embargo, no evitéis ser firmes cuando resulte necesario. Es necesario evitar las críticas constantes hacia los amigos por su forma de vestir, peinar… ya que vuestro hijo siente que esas críticas están también dirigidas a él.

Es importante que tengáis en cuenta que toda prohibición tajante pueda conllevar tentación. Es fundamental estar abierto al dialogo para prevenir cualquier tipo de problema.

Conclusión:

Las relaciones sociales son fundamentales en la vida de cualquier persona. Vuestro hijo tendrá a imitar vuestra forma de relacionaros con los demás. Involucraros en la vida social de vuestro hijo, conociendo a sus amigos y mostrando interés hacia las actividades que realiza, a la vez que impulsáis su independencia y autonomía.

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