Trátame con mucho tacto: el profundo significado de una caricia

 

Te propongo un momento de serenidad para comenzar. Solo tienes que cerrar los ojos, inspirar profundamente, y colocar tu mano derecha bien abierta sobre tu corazón, siente su tacto, a la vez que liberas el aire de forma lenta a través de tus labios. Puedes colocar también tu otra mano sobre tu vientre. Respira lentamente varias veces manteniendo esta posición. Puedes prestar atención al calor que desprenden tus manos en tu pecho y en tu abdomen, al roce del aire en tus labios al espirar. ¿Qué sensación interior estás teniendo? ¿Qué se mueve o se detiene dentro de ti? Puede que hayas vivido una experiencia de reencuentro contigo mismo. Y, seguramente, el elemento que ha tenido más peso en ello ha sido tomar conciencia de tu propio tacto.

 

El tacto como puerta de la afectividad

El tacto es uno de los sentidos que se desarrolla a etapa más temprana en el embrión humano. La piel comienza a llenarse de terminaciones nerviosas que conectan con el sistema nervioso en desarrollo, y esto permite al embrión y posteriormente al feto recoger sensaciones táctiles cuando aún se encuentra nadando en el líquido amniótico. Su propio movimiento y el de su madre suponen un estímulo continuo antes de nacer, con contracciones, vibraciones, roces dentro del vientre materno, que contribuyen a la maduración de este sentido.

Tal es la importancia del tacto, que nada más nacer, lo más importante es proporcionar al recién nacido el contacto piel con piel con su madre. Las prácticas habituales hasta no hace muchos años se basaban en separar inmediatamente al bebé de su madre, lavarlo, monitorizar el estado de salud y ya al cabo de un rato, devolvérselo a ella. Pero se demostró que, tan importante como respirar, es ese contacto inicial entre los dos implicados para generar un vínculo basado en el tacto, el olor, el sabor, los sonidos, que permitirá al bebé normalizar sus constantes vitales, regular su desbordamiento emocional ante la llegada a este mundo desconocido, y reducir el estrés tras la traumática vivencia del parto. En las unidades de neonatología se practica ya desde hace años el método canguro, especialmente importante en niños prematuros que requieren del contacto directo con la piel de su madre para reducir su frecuencia cardiaca, regular su respiración y el aporte de oxígeno, y controlar su temperatura corporal.

 

Tacto piel con piel

Tacto piel con piel entre recién nacido y su madre

 

¿Qué sentido tiene que sea tan necesario ese contacto continuo con la madre?

Se ha especulado mucho sobre ello, y desde un punto de vista evolutivo, una hipótesis considera que, para que fuera posible que el ser humano evolucionara hacia la bipedestación, es decir, mantenernos sobre dos piernas, se hacía necesaria una anchura de cadera limitada. Una de las consecuencias de ello es que el periodo de gestación de las crías humanas no podía alargarse hasta que hubiera un desarrollo avanzado, sino que una parte importante de la maduración debía realizarse ya fuera del útero. Es por ello que los bebés humanos son las crías de mamífero menos maduras y más indefensas, y por tanto, la naturaleza ha propiciado que sea necesario un contacto continuo con su progenitor para lograr la sensación de seguridad que permita proseguir el desarrollo, además de proporcionarle alimentación y cuidados. Cuando este contacto no se da o es menor que el necesario, surge el llanto desgarrador, que es la señal de alarma más importante que tiene un bebé para llamar la atención.

Aunque en los últimos años ha habido un cambio importante a favor del contacto físico con los bebés, aún pesan las creencias de que “demasiados brazos malcrían al niño”, o que “es mejor que se acostumbre a estar solo”. Realmente, estamos barriendo, desde un punto de vista “adultocéntrico”, las necesidades evolutivas, y nos permitimos juzgar sin comprender lo que hay detrás de una manifestación de alerta de un bebé.

Además de conferir seguridad y facilitar el apego, el contacto físico con el bebé le permite desarrollar su conciencia corporal, la estimulación de su piel permite generar conexiones a nivel cerebral que le permiten ir desarrollando un esquema de su propio cuerpo, de sus movimientos y contribuir a generar su “yo somático”.

 

 

La oxitocina como llave para vincularnos y relacionarnos en positivo

¿Qué base biológica hay detrás de la necesidad del contacto físico para generar vínculos? En las últimas décadas se ha hecho un esfuerzo importante para comprender qué nos mueve afectivamente hacia las otras personas, y parece que existe una hormona, la oxitocina, que está detrás de todo ello. Esta hormona interviene en el momento del parto y también durante la lactancia, pero lo que parece ser aún más relevante es que cualquier estimulación táctil y, en general, sensorial, que nos resulte agradable, eleva sus niveles y nos hace más proclives a “conectar” con los otros. Parece que hay una tendencia a menor niveles de esta hormona en personas que muestran un apego inseguro, y cuando existen ciertos problemas de salud, como depresión, esquizofrenia, fibromialgia o ciertos síndromes asociados a dolor crónico.

En general, se ha demostrado que unos niveles adecuados de oxitocina se asocian con un mejor estado de salud, que se plasma con un menor riesgo cardiovascular, menor tensión arterial, menor ritmo de envejecimiento, menor riesgo de infecciones ciertos tipos de cáncer, etc. La oxitocina se genera ante situaciones que nos “mueven” emocionalmente, como una mirada intensa y profunda, una caricia u otra manifestación de tacto afectivo, también ante un masaje, una relación sexual o con la ingesta de alimentos. Incluso, esta hormona está detrás de la conexión existente entre humanos y perros, ya que en ambas especies, un contacto visual afectivo eleva los niveles de oxitocina y contribuye al vínculo.

 

El poder de un buen abrazo

Aunque escasos, son interesantes los estudios científicos relativos a los abrazos sobre la salud. Se ha demostrado que las mujeres en etapa postmenopáusica que compartían más abrazos con sus parejas tenían niveles más elevados de oxitocina, así como una tensión arterial y una frecuencia cardiaca más bajas. Otro estudio experimental con adultos sanos a los que se inoculaba un virus que producía cuadros respiratorios leves ha puesto de manifiesto que cuando la persona percibe un mayor apoyo social y recibe más abrazos, tiene menor tendencia a enfermar, y si lo hace, mostrará signos menos graves de enfermedad.

 

 

Una forma de cambiar el mundo: el masaje infantil

Ante las evidencias de la importancia del tacto en nuestra vida, y nuestra dificultad para sentirlo de forma natural, ha habido diferentes aproximaciones para ir generando una visión desprovista de juicios pero sí provista de apertura en cuanto al tacto. Una de ellas ha venido siendo impulsada desde la década de 1970 por Vimala McClure, que se propuso difundir el masaje infantil como una herramienta que, heredada de algunas tradiciones culturales, pudiera ser transmitida a todos los padres y de este modo generar y reforzar el vínculo con sus hijos. La International Association for Infant Massage (IAIM) es la asociación internacional que potencia esta herramienta y en España, a través de la Asociación Española de Masaje Infantil (AEMI), se ofrecen cursos para educadores que sigan difundiendo esta práctica. Generar espacios donde madres y padres puedan conectar con sus bebés de forma natural, piel con piel, sintiéndose desde el corazón, puede ser una de las formas de lograr un mundo más humanizado.

 

 

Y para terminar …

Para finalizar este viaje a través del tacto, te propongo una nueva experiencia. Puedes escuchar el sonido de lluvia que te facilito en el próximo enlace, cerrar los ojos, y e imaginar que las yemas de tus dedos son esas gotas que van a ir empapando tu cuerpo. Puedes realizar pequeños golpecitos por todo el cuerpo, comenzando por tu frente, tu cara, tu cuello, detente en el pecho, sigue por brazos, luego abdomen, cadera, piernas … Siente el golpeteo rítmico ajustado a esa lluvia y permítete acoger las intensas sensaciones que seguramente se generen. Imagina que es tu forma de reconocerte y darte amor.

 

 

Referencias

  • Cohen, S., Janicki-Deverts, D., Turner, R. B., y Doyle, W. J. (2015). Does hugging provide stress-buffering social support? A study of susceptibility to upper respiratory infection and illness. Psychological Science 26, 135–147.
  • Light, K. C., Grewen, K. M., y Amico, J. A. (2005). More frequent partner hugs and higher oxytocin levels are linked to lower blood pressure and heart rate in premenopausal women. Biological Psychology 69, 5–21.
  • McClure, V. (2014). Masaje infantil. Guía práctica para el padre y la madre. Barcelona, Ediciones Medici.
  • Uvnäs-Moberg, K., Handlin, L., y Peterson, M. (2015). Self-soothing behaviors with particular reference to oxytocin release induced by non-noxious sensory stimulation. Frontiers in Psychology, 5, 1529.