Pedalear, amar, vivir

Pedalear, amar y vivir es lo que hizo antes de morir. Infinidad de cosas más también, pero cuando la enfermedad fue avanzando y no pudo seguir en el trabajo del hostal, se dedicó con toda la energía disponible a dar largos paseos en bicicleta, a amar a los que le rodeaban, sobre todo a su hijo Tomás, y a vivir en los instantes, ocupando plenamente los minutos y las horas. Como si en cada una de estas medidas del tiempo, por fin hubiese encontrado el más valioso tesoro. Ese que no solemos ver, ocupados con nuestras prisas, ansiedades o frustraciones cotidianas.

Pedalear

En cuestión de pocos meses, nos hicimos íntimos. Nos unió la bicicleta y su hermano Matías, ex compañero mío del cole y buen amigo desde la adolescencia. Él nos puso en contacto. Un día le llamé. Quedamos para andar en bici.

A partir de ahí, los martes se pasaba por casa a buscarme bien temprano, en pleno invierno, y hacíamos casi siempre la misma ruta. Salida desde Embajadores hacia el Pasillo Verde, luego un par de km por Madrid Río hasta a la Casa de Campo para perdernos allí adentro. Una hora, una hora y media.

La primera vez que salimos a dar una vuelta, me impresionó su  estado atlético. Piernas duras como cedros, flexibles como juncos, culo de ciclista. Ni un gramo de grasa acumulada. La espalda recta. Le pregunté si competía. Lanzó una carcajada.

Una mañana, subimos al cerro Garabitas, 677 metros de cota. A mitad de trayecto, yo iba con la lengua afuera, sudado como un pollo, y él iba relajado, sin despeinarse, disfrutando del aire helado.

Rodolfo era un ciclista apasionado, fanático. Había hecho cientos de kilómetros por distintas partes de España, de Europa. Estudiaba los itinerarios hasta el más mínimo  detalle. Al controlar temas de informática y comunicación, se volcaba en el diseño de sus viajes como si fueran piezas de ingeniería. Anduvo con la bici por la montaña, la sierra, la costa, Cataluña, el País Vasco. Un viaje muy especial con su hijo, llevando mochila y acampando. Recorrió toda la Comunidad de Madrid, cientos de rutas inverosímiles. Como aquellas que hacía para llegar hasta un Ikea, rodeado de autopistas y polígonos gigantes o en las que se topaba con ruinas de los romanos y de la Guerra Civil en una misma colina.

Rodolfo ríe y sigue pedaleando. Pausadamente, constantemente. Guardando un plus de energía para las cuestas. El sol apenas empieza a asomar. Cuenta chistes. Le gusta charlar.

Sabía un huevo de cosas, pero no alardeaba. Era de perfil bajo. Podía ser bastante irónico, se reía de sí mismo. Hablábamos mucho de la conciencia, del volverse uno mismo, del sostener el vacío, del sentido del tiempo, de la crisis de los 40.

Hablábamos mucho de nuestros hijos y también de chorradas, anécdotas de la Buenos Aires de hace 20 años o cosas curiosas de nuestro Lavapiés.

Recuerdo su entusiasmo vital en contraste con mi tono más apagado, melancólico. Ahora me doy cuenta que quise contagiarme de su alegría. Yo fui testigo de cómo convirtió sus días en disfrute pleno y ocupó plenamente el presente. Arriba de la bicicleta, Rodolfo fue inmensamente feliz.

Amar

Rodo fue perdiendo la salud gradualmente, los dolores en la columna fueron siendo más intensos a medida que el cáncer se esparcía. A su hijo le habló de una mancha en el cuerpo, como la del petróleo en el mar, difícil de sacar.

Llegó una tarde, muy triste para él, en el que la oncóloga le impidió seguir montando en bici.  Como era de esas personas que procuran tranquilizar a sus allegados en lugar de preocuparles, nos dijo: “queda suspendida un tiempito, hasta que el dolor de la espalda remita un poco”. Yo no me imaginaba a Rodolfo sin su bici –su amado medio de transporte, su vehículo del placer- pero él le quitaba hierro al asunto. Por lo menos, decía, puedo seguir yendo a pie para buscar a Tomi.

Si había desesperación en su corazón, yo no lo sé. Era reservado en ese aspecto. Desde luego, no era de los que les gusta regodearse en el dolor, ni tomar el centro de la conversación generando pena o lástima. Los médicos, me comentaba él, no son del todo claros a la hora de explicar la eficacia del tratamiento. Ante estas opacidades, Rodolfo decidió aferrarse a la idea de que había esperanza. Mientras hubiese vida, él seguiría viviendo.

Su vida se volvió esencial, no accesoria. Empezó a vibrar en alta frecuencia, emprendió un camino profundo de introspección, se abrió al amor. A la aceptación de su historia, de sus decisiones, de lo que el presente tenía para él. Se dedicó a su familia, a la cura de la enfermedad, a amar lo que le rodeaba. Desde la posibilidad de un desayuno, sin velocidad, al don de permitirse una conversación lenta.

Cuando lo ayudé con la mudanza de piso, supe de primera mano lo que es el minimalismo. Aquello parecía la sala de meditación de un budista zen. Lo único que ocupaba espacio eran dos bicicletas. El resto eran tres pares de zapatillas, uno de zapatos, un edredón, algo de ropa, unos pocos complementos de ciclista, dos libros, un cuaderno, un ordenador, un boli, un edredón, unos cables. En la cocina, había distintas variedades de semillas y otros producto típicos del herbolario. Me ofreció una colección de The Wire en DVD que estaba sobre la mesa del salón. Pensaba yo en mi biblioteca, en mi colección de cds que no escucho, en los kilos de recortes de diario que guardo en carpetas y en la cantidad de cosas inútiles que almaceno. Acepté encantado su regalo.

Vivir

El desapego de lo superfluo, la concentración de la energía en lo que hay, el habitar enteramente en el hoy. Rodolfo fue recogiendo en un blog breves reflexiones, poemas, algunas fotos. El último post publicado fue justo antes de la navidad:

Nunca imaginé lo que me depararía el viaje a Argentina… Entrega, compañía, ternura, abrazos, rezos y mucho amor. Toda la familia reunida, físicamente o no, alrededor de una cama, sosteniéndome la mano. Y un sentimiento de amor y agradecimiento más fuerte que el dolor de mi espalda. Y el dolor compartido, se sobrelleva mejor.

Arriba del texto, aparecía la imagen de una cama en la casa de su madre.

Rodolfo viajó a Buenos Aires y allí tuvo que guardar reposo, porque al poco tiempo de llegar comenzó a dolerle la espalda de manera muy intensa. Resultaba complicado dar con el analgésico adecuado. La vuelta a España fue un suplicio. Acompañado de su mujer y su hijo, logró llegar al Aeropuerto de Barajas para luego ir directo al hospital en ambulancia. Pudo reunir al cabo de unos días a los suyos y allí estuvieron todos alrededor de la cama: su madre, su padre, su hermano, sus hermanas, su familia, su mujer y su hijo. La habitación era amplia, iluminada, el alféizar de la ventana estaba lleno de juguetes de Tomi.

A pesar de todos sus esfuerzos, de su valentía, de su empuje por vivir, Rodo se estaba apagando. El cáncer se había disparado.

La última vez que charlé con él, seguía haciendo planes, deseando que le den el alta para recuperarse y volver a salir en bici. Retomar su cotidianeidad, su hijo, su trabajo, los amigos. Le acompañé al baño y sentí que su cuerpo temblaba como una hoja. Al salir del hospital lloré durante todo el trayecto hacia mi casa.

El viernes 12 de enero de 2018, pasadas las 8 de la mañana, Rodo murió. Me gusta imaginar que se fue pedaleando hasta el cielo. Matías, su hermano, luego me contaría que estuvieron agarrados de la mano durante toda la última noche.

No estuvo solo en ningún momento. Rodeado de amor y dando amor. Cuando lo recuerdo, me invade una sensación dulce, me siento un privilegiado por la amistad que compartimos. Me enseñó, y no con palabras, el fulgor de estar vivo.

A Rodolfo Franco (12/12/1975-12/01/2018), in memoriam.

Ser feliz: la aventura de amar

Ser feliz es un camino que empieza por la reconciliación interior, por mirarnos bien a nosotros mismos, por abrazar con amor y respeto a todas las partes que nos habitan. Ya sé que a veces vemos comportamientos de alguna parte de nosotros que no nos gustan… y, claro, nos cuesta abrazarlos… De cómo reconciliarnos con ellos es de lo que hablo en este nuevo artículo.

Una de las claves para ser feliz es comprender compasivamente este tipo de comportamientos que a veces tenemos, que a veces son, precisamente, «eso» que no te deja ser feliz… — ¿Feliz? Ay, ¿cómo voy yo a ser feliz con “eso” que tengo…?

 

Ser feliz

 

Observar sin juzgar

Lo primero que podemos hacer es acercarnos a esa parte de nosotros mismos que hace algo que no nos gusta en actitud de respeto y escucha. Observar, simplemente, observar sin juzgar, sin necesidad de cambiar nada… Preguntar a esa parte de nosotros mismos ¿que quieres conseguir? y abrirnos a la sorpresa…

Un cliente me decía que cuando entraba en contacto con la mujer que le gustaba se ponía muy nervioso. Reaccionaba con ansiedad por decir algo interesante o gracioso, algo que hiciera que ella tuviera ganas de quedar con él más veces, de llegar a tener una relación con él… Era tal su ansia que ella en vez de acercarse, se apartaba. Y así cada vez… Estaba muy enfadado con esa parte de él…

Le pedí que dijera a esa parte de él que imaginara que ya había conseguido lo que quería, que la chica tuviera una relación con él… Y que me dijera como se sentía… Peor, más nervioso aún… Imaginaba todo el tiempo que “tendría” que pasar con ella… Ella acabaría por conocerle y no le iba a gustar…

Lo que esa parte de él que se ponía nerviosa quería conseguir era gustar a la chica… Así que le pedí que sugiriera a esa parte de él que imaginara que a la chica le gustaba como era él y como era su vida, que su relación se consolidaba y duraba años… toda la vida… Luego le dije,

 — Y ahora que todo esto ya está ocurriendo, me gustaría que preguntases a esa parte de ti que quiere conseguir a través de esto que sea aún más importante

—  Que sienta que yo valgo, que me sienta aceptado y valioso tal y como soy — respondió él con sorpresa tras un largo silencio— Y yo seguí preguntando…

—  Y a través de eso, ¿que quiere conseguir esa parte que sea aún más importante?

— Que yo me acepte a mí mismo, que me valore a mi mismo…

— Y a través de eso, ¿que quiere conseguir, aún más importante?

— Que yo esté en paz, que me sienta en paz

Cuando nos abrimos a escuchar a esas partes de nosotros que no nos gustan, nos podemos sorprender de los mensajes que surgen de sus profundidades. Ese hombre que estaba buscando la aceptación de la chica, en realidad quería encontrarse con la aceptación de sí mismo… Ese hombre que en el proceso de buscar la aceptación se ponía nervioso, en realidad, lo que quería encontrar era la paz…

Ser feliz

 

Escuchar la intención positiva

El trabajo ericksoniano y la PNL asumen que todo comportamiento humano tiene una intención positiva. Quiere hacer algo bueno por ti. Ya sé que parece paradójico que esa parte de ti que quiere conseguir la paz, se ponga ansiosa para ello… que esa parte de ti que quiere que te aceptes a ti mismo, busque esa aceptación en el otro… Ya sé que es paradójico pero cuando exploramos lo que quieren obtener nuestras partes internas observamos muchas veces estas paradojas… Y podemos ir preguntando a la parte con  esos sucesivos “¿que quieres conseguir?” para ir descubriéndolas.

Y luego preguntarnos también, como hice con mi cliente,

— ¿Qué has aprendido de esto?

— Que no necesito mirar a otra persona para empezar a mirarme bien a mi mismo

— ¿Y que vas a hacer con esto?

— Dejar de echar afuera la culpa de mi ansiedad y arreglar las cosas conmigo mismo para aceptarme y estar en paz

El síntoma nunca es el problema. Cuando profundizamos en el síntoma, vemos que hay debajo y encontramos el problema. Cuando descubrimos la intención profunda de nuestras partes internas, encontramos su intención positiva, aquello de bueno que quieren hacer por nosotros.  Y es entonces cuando podemos elegir mantener esa intención positiva, honrarla y respetarla, y obtenerla de otra manera que sea más saludable y eficaz para nosotros.

Habrá quien me diga que no sabe que quiere conseguir esa parte de él o ella que hace algo que no le gusta. Y eso está bien. Lao Tzu decía:

“Las personas son difíciles de guiar
cuando creen que saben las respuestas.
Cuando saben que no saben,
encuentran su propio camino”.

Si sabes que no sabes puedes encontrar más fácilmente tu camino porque estás abierto a escuchar… a escucharte a un nivel más profundo. Y eso es precisamente lo que necesitamos aquí, quedarnos en silencio y esperar a que la respuesta llegue. Puedes darte permiso para “apagar” momentáneamente tu mente racional y esperar en silencio. Sin ir a buscar la respuesta. Que sea la respuesta la que te encuentre a tí.

Quizá al principio no sea fácil, simplemente, porque no estamos acostumbrados a darnos este espacio íntimo para escucharnos a un nivel más profundo. A pesar de ello, puedes concederte tiempo para explorar. Tómate tu tiempo. Puedes concederte todo el tiempo que necesites. La mente tiene horror al vacío. Confía. La respuesta acabará apareciendo. Y con el entrenamiento el proceso se irá haciendo más fácil.

 

Ser feliz: la aventura de amar

 

¿Cómo te relacionas con esa parte de ti?

Quizá también puede ocurrir que estés enfadado con esa parte de ti que hace cosas que te disgustan y… haya que mejorar la relación con la parte antes de hablar con ella… Las partes de nosotros son como las personas. Si las ignoras o las rechazas, no querrán hablar contigo… Si tú sintieras que otra persona te rechaza, te ignora… ¿estarías dispuesto a abrirte a ella en confianza, a hablarle de forma íntima?

Cómo decía al principio, lo primero que necesitamos es acercarnos a esa parte de nosotros mismos que hace algo que no nos gusta en actitud de respeto y escucha. Ya sé que mi mente racional no lo comprende pero seguro que quiere hacer algo bueno por mí.

También necesitamos no quedarnos en la superficie del asunto sino profundizar. Quizá la primera vez que le preguntes a la parte ¿qué quieres conseguir?, te responda “venganza”, y no te sientas muy confortable con esa respuesta. Tranquilo, tranquila. Sigue preguntado y a ver a dónde te lleva eso. Puedes decir a la parte que imagine que ya ha conseguido su venganza y pedirle que vaya más allá, preguntándole:

— Ahora que ya has conseguido tu venganza, que quieres conseguir a través de ella que sea aún más importante

Quizá su siguiente respuesta sea “que te sientas protegida/o” y ya te sientas más confortable con esta segunda respuesta. Puedes profundizar todo lo que quieras. Sólo tienes que apuntar cada respuesta, cada resultado que la parte desea, y utilizarlo para preguntar de nuevo que quiere conseguir a través de ello que sea aún más importante.

Con las partes internas nos pasa como con las personas. Cuando hallamos un terreno común, unos intereses comunes, nos acercamos. Cuando nos damos cuenta de que quieren hacer algo bueno por nosotros, nos reconciliamos con ellas. Aunque hayan podido estar equivocadas, sentimos compasión y agradecimiento por su intención positiva. Como una madre que quería lo mejor para su hijo pero no acertó en la forma de dárselo.

Cuando somos capaces de aceptar todas las partes que nos habitan, somos capaces de reconciliarlas y de hacer que trabajen en equipo, a favor nuestro.

 

Ser feliz

 

La aceptación

Otra forma de hablar de esto es hablar de  “Quiero X pero hago Y”. Muchos de los temas que llegan a la consulta se pueden plantear en estos términos de dualidad “Quiero X pero hago Y”. “Quiero adelgazar pero como helado cada noche”. Así que hay una parte de mí que quiere “X” y otra parte de mí que hace “Y”. Normalmente tiendo a rechazar a esa parte de mí que come helado y cuanto más la rechazo, suele ocurrir que… más helado como y más a menudo… Y cuando el Plan A falla (rechazar esa parte de mi que tiene el problema), es bueno saber que existe un Plan B (aceptarla).

Quizá simplemente necesito escuchar y aceptar a esas partes de mí, confiar en que quieren hacer algo bueno por mí, para empezar a resolver. La parte que quiere que adelgace, quizá simplemente quiere que esté sano físicamente. La parte que come helado quizá simplemente quiere calmar mi ansiedad, que esté sano emocionalmente. Y la intención de relajarse es una intención positiva que merece ser honrada, protegida, merece ser mantenida. Y a partir de ahí, hay tantas maneras de obtener esa intención positiva, hay tantas maneras de relajarse distintas de comer helado cada noche… Así que puedo mantener mi intención positiva y obtenerla de otra manera.

La aceptación de esas partes de nosotros mismos que no nos gustan supone el inicio del cambio que conduce a la resolución del problema.

 

Ser feliz

 

“La aceptación es el principio del cambio” (Stephen Gilligan PhD)

“Todo cambio empieza por una reconciliación interior” (Luis Bueno)

“Lo que rechazas, te somete. Lo que aceptas, te transforma” (Carl Jung)

 

Estas ideas pueden entenderse a través de la historia del siguiente video.

 

 

Ser feliz: la aventura de amar

Está bien saber que la aceptación, la reconciliación interior, nos conduce a la resolución del problema. Es útil y práctico. Sin embargo, para mí no se trata de utilizar la aceptación sólo con un carácter instrumental, como un medio para conseguir un fin. Para mí lo más importante es que aceptarte tal y como eres es un fin en sí mismo y la fuente de la que puedes beber para sentirte feliz. La vida es la aventura de aprender a amar y la primera lección es la de amarte a ti mismo. Para mí de esto es de lo que  trata “ser feliz”. Ser feliz trata de la aventura de aprender a amar.

Una cliente me dijo que quería ser feliz y disfrutar de la vida. Empezamos a trabajar con eso hasta que empezaron a salir cuestiones más concretas. La primera en surgir fue “estoy peleada con todo”, en realidad, “estoy peleada conmigo misma”…

Ella es una mujer con una vida agradable, bien organizada, fácil, trabaja en lo que le gusta, se lleva bien con su familia, tiene amigos, sale… Y sin embargo siente que le falta disfrutar de la vida, que le falta sentirse feliz…

Habrá personas que no entiendan la insatisfacción de esta mujer. Yo si la comprendo. ¿Cómo alguien puede ser feliz y disfrutar de la vida mientras está peleado consigo mismo? No es fácil que lo consiga. Son tiempos de conflicto, de guerra interior… Y si no estoy bien conmigo misma tampoco voy a poder estar bien con el otro, con las personas que me rodean y con mi entorno…

Buen trato, aceptación, amor

Muchas veces detecto que el lenguaje que los clientes usan consigo mismos… no es el propio de darse buen trato. Se juzgan y se condenan duramente. Alguna vez les pregunto ¿consentirías que tu jefe te hablara de ese modo? o ¿permitirías que tu pareja te dijera esas cosas? La respuesta siempre es no… Se dan un mal trato a ellos mismos que no consentirían recibir de nadie más… Y entonces les pregunto ¿qué vas a hacer con esto?, ¿buscar una casa de acogida?

A todos nos puede pasar esto a veces. Todos hemos podido hacerlo en algún momento de nuestras vidas. Yo también. Y esa ausencia de buen trato la tenemos con aquellas partes de nosotros que nos disgustan. Quizá haya llegado el momento de empezar a darlas buen trato porque… ¿cómo no voy a ser amable con esas partes de mí que, precisamente, más lo necesitan…? ¿Cómo voy a dejar de darme amor en el momento que más lo necesito…? Es que acaso… ¿puedo dejar de amar para amar?

Ser feliz es un camino que empieza por aceptarnos a nosotros mismos tal y como somos, con nuestras luces y nuestras sombras… Y curiosamente cuando la sombra se ilumina, también se hace luz… Como hemos visto, la sombra también tiene su intención positiva… también tiene su luz…

Ser feliz es un camino que empieza por amarte a ti mismo. Incluso hay quien dice que empieza y acaba… porque cuando te amas a ti mismo tal y como eres, también puedes empezar a amar a la vida tal y como es… y empezar a sentir que la vida también te ama a tí…

Un abrazo de corazón,

Ana F. Luna

PCC Coach y Máster en Psicoterapia

Bibliografía (libros y artículos en internet):

  • Integración de partes con PNL: Libro “La Transformación Esencial”  Connirae y Tamara Andreas. Ed. Gaia
  • Integración de partes con EFT: Artículos publicados en el Boletín de la Asociación Hispana de EFT:

“Un viaje hacia la reconciliación interior (Parte 1)”

“Un viaje hacia la reconciliación interior (Parte 2)”

  • Ser Feliz: Artículos publicados en Psiquentelequia:

“Cómo Ser Feliz”

“Ser feliz: un viaje hacia la reconciliación interior,”