Amar en tiempos de…

Lo queramos o no
Sólo tenemos tres alternativas:
El ayer, el presente y el mañana.

Y ni siquiera tres
Porque como dice el filósofo
El ayer es ayer
Nos pertenece sólo en el recuerdo:
A la rosa que ya se deshojó
No se le puede sacar otro pétalo.

Las cartas por jugar
Son solamente dos:
El presente y el día de mañana.

Y ni siquiera dos
Porque es un hecho bien establecido
Que el presente no existe
Sino en la medida en que se hace pasado
Y ya pasó…,
como la juventud.

En resumidas cuentas
Sólo nos va quedando el mañana:
Yo levanto mi copa
Por ese día que no llega nunca
Pero que es lo único
De lo que realmente disponemos.

Nicanor Parra.

 

Tiempos líquidos, un término acuñado por el sociólogo polaco Zygmunt Bauman, donde intenta reflejar el paradigma de la vida y de los vínculos en el mundo moderno acompañado de la globalización  y sobre todo del capitalismo, mercantilizando todo, hasta las relaciones humanas, esto basado en el concepto del producto – consumo, donde la sociedad occidental ha logrado encender el motor de la vida y de los vínculos.

 

En este sentido, las relaciones humanas se ven profundamente influidas. El individualismo toma y cobra mayor protagonismo, y la cultura del usar y desechar, como lo llama el autor marca una pauta en la manera como se presentan las vinculaciones emocionales en la posmodernidad. Este autor indica que la introducción de los medios de comunicación masivos e instantáneos han presentado una manera de relacionarnos que no implica la profundidad en los vínculos sino el placer inmediato, medios como el Tinder, el Whatsapp, el Facebook, entre muchas otras aplicaciones, ofrecen una amplia gama de relaciones donde no es necesario el contacto físico y la inversión emocional es mínima, de esta manera si no funciona, como dice el autor, la opción “delete” (borrar) siempre va a estar disponible y no va a involucrar más que un “click”, por lo que el coste emocional es menor.

 

En este contexto los vínculos afectivos estables pertenecientes a paradigmas anteriores se convierten en una hipoteca muy alta, en donde muchos prefieren no invertir. La idea de la pareja “para toda la vida”, pasa a ser una construcción ya caducada y entra en vigencia “el vivamos juntos y veamos qué pasa”, de esta manera la inversión es menor, y cuando ya alguno de la pareja no vea  “ganancias”, más que intentar re-invertir en la relación, por el riesgo que representa el inversor tiene la oportunidad de retirarse y de estar manera poder “invertir en nuevas relaciones” , por lo que el  eterno presente   está marcada por la sociedad de consumo. En palabras del autor:

 

Uno pide menos, se conforma con menos y, por lo tanto, hay una hipoteca menor para pagar, y el plazo del pago es menos desalentador”.

 

En este orden de ideas el hedonismo va en aumento en la posmodernidad.

 

 

El autor hace referencia a la fragilidad de los vínculos sentimentales, indica que en la actualidad la invitación es a no establecer raíces emocionales profundas con las personas con quienes decidimos compartir relaciones de intimidad , para que de esta manera se permita la exploración con nuevas “redes” y nuevas relaciones que mantengan  un entorno en constante cambios y dinamismo. Es como si el compromiso se representara como una amenaza para el desarrollo individual y la exploración de nuevos espacios. Ya que la constante en el mundo posmoderno es el cambio, y este se busca constantemente, la solidez paradójicamente producirá ansiedad y angustia, ya que desafía «el producto que se promociona en temas de relaciones», el amor que no tiene espacio en la dificultad ni el sufrimiento.  Por lo que el compromiso tiene fecha de caducidad. 

 

Sin embrago, el autor hace referencia que a comparación de la época de nuestros abuelos y padres, donde la solidez era la característica principal (se tenía un solo trabajo para toda la vida, el matrimonio duraba toda la vida pasara lo que pasara, se vivía en la misma ciudad o en el mismo país sin preguntarse qué había más allá) a lo que él llama «tiempos sólidos», la felicidad tampoco era una garantía. Ya que el dogmatismo de la época limitaba las libertades individuales principalmente el de las mujeres, lo que estaba indicado socialmente se hacía sin cuestionamientos. El mundo occidental ha adaptado también este término, y a través de culturas patriarcales se pueden observar dinámicas donde generalmente los hombres establecen amores líquidos y a las mujeres se les invita a establecer amores sólidos. Por lo que se observan desigualdades en términos vinculares. Aquí la industria cinematográfica y audiovisual ha tenido mucha responsabilidad.

 

Bauman se enfoca en lo que pasa detrás de tanta fluidez e incertidumbre. No juzga una vida con varias historias de amor, sino que dichas historias solo toman forma de “eternos ensayos” y de lo que él bautizó “vidas desperdiciadas” ya que en ningún caso las parejas de la posmodernidad están dispuestas a asumir un compromiso duradero. Aquí se centra el sentido del término  “amor líquido” de la posmodernidad, es más sencillo terminar las relaciones y salir airoso de ellas que intentar esforzarse para que funcione y continúe. Aunque las parejas siguen buscando seguridad, lo desean establecer a través de relaciones que no requieran demasiado esfuerzo.

 

 

Este autor indica que un paradigma no es mejor que el otro. Sino que son diferentes. Sin embargo  ¿cómo lograr la solidez en tiempos líquidos? Bauman invita a pensar en la seguridad y la libertad como valores para lograr el equilibrio, los cuales pueden coexistir y convivir de manera saludable y real, una lleva de la mano a la otra, y no son enemigas como los tiempos líquidos quieren hacer ver,  y como indica el autor, es una de las claves para que una pareja sea exitosa en tiempos líquidos.

 

El autor indica que el amor romántico deja de ser el único paradigma, pero también indica lo afortunado que son las parejas que lograr solidificar su amor en tiempos líquidos, ya que han logrado superar el bombardeo mediático de la fluidez y de la inmediatez, y han logrado el compromiso real para una construcción en común, y de esta manera puedan  brindarse seguridad con libertad y establecer vínculos duraderos aun cuando se bombardee para lo contrario.

 

 

Como siempre, la invitación es a leer el libro y de esta manera poder establecer una reflexión más profunda y personal en como este paradigma de relaciones se ha establecido en la manera en como cada uno va organizando su existencia.

 

Dejo el link  para aquellos curiosos que deseen explorar en el mundo maravilloso de las relaciones.

 

Amor líquido.

Zygmunt Bauman

La historia no contada de cómo el romanticismo mató al amor

 

Pero… ¿qué locura es ésta? ¡Menuda tontería!, lo uno lleva a lo otro, porque sin romanticismo no puede existir el amor en pareja, ¿o si?

Evolución del concepto del amor

amor romántico 

A lo largo de la historia el concepto del amor ha pasado por distintas fases. Hasta el siglo XVI se diferenciaba perfectamente entre la unión conyugal, concebida como un contrato que aportaba beneficios y seguridad, y la pasión. Se entendía que la pasión era un impulso sexual que se vivía fuera del matrimonio, ya fuera en la imaginación o en la vida real. A partir de finales del siglo XVII, gracias a Shakespeare y a sus archiconocidos Romeo y Julieta, la idea del amor romántico se implanta en la sociedad y en la cultura. Poco a poco va fortaleciéndose hasta llegar a nuestros días con la fuerza que desprende actualmente.

 

Si, ya sabemos, por lo que hemos oído, leído o nos han dicho que el amor romántico no es bueno. Que las grandes compañías cinematográficas nos han vendido una imagen del amor casi imposible de alcanzar. Pero entonces, ¿por qué siguen triunfando las películas en las que finalmente los enamorados terminan juntos a pesar de las dificultades?, ¿por qué los temas musicales cantan y cantan al amor?, ¿por qué he escrito “casi imposible” 3 líneas más arriba?… Quizás porque es una idea, la del amor romántico, que queremos descartar pero que nos llama una y otra vez como si de una droga embriagadora se tratase de la que es muy difícil desengancharse.

 

La idea romántica

amor romántico 

Y es en esta idea romántica, en la que buscamos incesantes a aquella persona que nos completa y gracias a la cual encontramos el sentido de la vida y la felicidad, donde matamos al amor. Porque para seguir el ideal romántico es necesario asumir una serie de creencias que pueden llegar a hacernos esclavos del amor. Algunas de las creencias más importantes son las siguientes:

En una relación basada en el ideal romántico no existe la diferencia entre los miembros de la pareja. Se presupone que las dos personas piensan y sienten igual y que les gustan las mismas cosas, surgiendo expresiones como “están hechos el uno para el otro” o “eres mi media naranja”.

Para el romanticismo lo más importante es la otra persona, de hecho, su importancia es tal que se sitúa por encima de la propia vida. Aquí vuelven a aparecer los amantes de Verona, haciendo gala de este principio. Sin embargo no tenemos que irnos tan atrás en el tiempo para encontrar numerosos ejemplos. O acaso ¿no has dicho o has oído a algún amigo o amiga decir frases como “no puedo vivir sin él/ella”, “como me deje me muero” o un largo etcétera?

El mito de la omnipotencia del amor, según el cual el verdadero amor puede superar cualquier tipo de problema o de dolor. Podemos ver este mito en frases como “el amor todo lo puede” o en conversaciones de la calle en las que a pesar de las quejas o problemas que una persona pueda estar manifestando acerca de su pareja su amiga/o le contesta “vale, pero ¿y tú le quieres?”. Como si la respuesta a esa pregunta invalidará todo lo demás.

 

Las consecuencias negativas del romanticismo

 amor dependiente

 

Esta idealización del amor tan alejada de la realidad, y la presión que supone tener que sentir de esa manera para “amar de verdad” trae consigo numerosos problemas. Entre otros, relaciones de dependencia, de maltrato, celos patológicos, renuncias personales o sufrimiento e incomprensión cuando los miembros de la pareja conciben el amor de manera diferente. Lo cierto es que poner en cuestión las creencias o los mitos románticos puede resultar peligroso. Aún así vamos a intentarlo.

 

Si partimos de la realidad de que cada miembro de la pareja proviene de familias distintas, con creencias y formas de actuar diferentes, en las que las relaciones se han vivido de manera diferente, el argumento de que los miembros de la pareja son iguales cae por su propio peso. Es natural en cualquier relación, y más en la de pareja, vivir un proceso que puede durar toda la vida, en el que ambas partes tengan que conocerse, negociar, estar abiertos a escuchar y llegar a acuerdos. Y esto, según el ideal romántico, ya no sería amor. De hecho muchas parejas viven estas situaciones con gran desilusión ya que se supone que “ella/él debería saber lo que me molesta, lo que me gusta o lo que me entristece, si se lo tengo que decir ya pierde la gracia”. En lugar de enfocar estas situaciones como oportunidades de descubrimiento del otro y de crecimiento juntos se viven, por la presión del ideal romántico, como fracasos o fallos de la relación.

 

Por otra parte, encontramos la idea de que el otro es más importante que yo. Si seguimos esta creencia renunciaremos a lo que queremos o necesitamos por el supuesto “bienestar del otro”. Esta idea es una contradicción en si misma. Al igual que si no tengo comida no la puedo compartir con otra persona, si no me encuentro bien y no satisfago mis necesidades personales, sociales o profesionales no podré compartir con mi pareja la alegría, la seguridad o el amor. Si yo no me doy, no te puedo dar a ti. Cuidar de uno mismo es una necesidad vital que cuando se niega provoca poco a poco y, muchas veces de forma inconsciente, la separación de la persona amada. Se va creando un poso de resentimiento que va contaminando la relación hasta envenenarla del todo.

 

Y, por último, el amor pleno es un resultado, producto del trabajo mutuo y de la comunicación de la pareja, y no un concepto que sirva como excusa para resignarse ante problemáticas graves como el maltrato, las adicciones o la infelicidad en la pareja.

 

Por todo ello considero que el amor romántico tal como se nos empaqueta y se nos vende no es sino una ilusión pasajera producto de los mitos y de la cultura. Una ilusión hermosa que puede hacernos sentir que volamos pero que también puede atraparnos en la búsqueda insatisfecha, por imposible, de una falsa idea de felicidad. No hay nada más bello que el amor cuando se ama y se es amado o amada en libertad. Todo lo que se distancie de este principio no es amor, simplemente es otra cosa.

 

amor en libertad

 

Yo vivo por mis hijos

Vivo por mis hijos

La publicación de hoy es más bien una reflexión sobre la dinámica entre padres e hijos, y cómo se juega el deseo entre ellos. Hay una página en Instagram que sigo y me encanta pues es una fuente muy rica de reflexiones. La misma simula el final de una sesión de análisis, donde el analizante habla y el analista le interpreta para luego decir: “Terminamos por hoy.”

Hace unos días leí una publicación acerca del deseo de los padre hacia sus hijos. El analizante dijo: “Yo vivo por mis hijos.” A lo que el analista respondió: “¿La vida de ellos? … Terminamos por hoy.” Tú que tienes hijos, ¿te removió algo esta frase? Y si no los tienes, eres hijo si duda. ¿Te resuena en algo a la relación con tus propios padres?

 

Universo simbólico del bebé

Mundo simbolico

Desde antes de nacer, el bebé se encuentra inmerso en un universo simbólico. El mismo está constituido por el lenguaje como estructura, y los deseos de sus padres con respecto a él. Ya desde antes de nacer, sus padres lo soñaron e imaginaron un futuro que en el mejor de los casos será un propio. Escogen su nombre con mucho cuidado o al azar, pero siempre con componente inconsciente importante. El otro día en consulta le pregunté a sus padre por qué escogieron el nombre. Me contaron que la primera sílaba es la primera del nombre del padre, y la última sílaba es la última del nombre de la madre. “Así tiene algo de los dos, se parece en una cosas a mí y en otras a ella.”, comentan los padres.

En otros casos, será la continuación del futuro truncado de alguno de sus padres. El bebé llegará como un Mesías a cumplir los sueños rotos, los planes inconclusos de sus progenitores. Puede ser a través de alguna actividad que lo defina, y en la cual el padre no pudo realizarse. Pero no se limita a este tipo de situaciones. ¿Qué pasa cuando vive la vida de ellos?

Es fundamental, ante los hijos pensar en qué contexto este niño o esta niña fue concebido. Sus padres quieren para él o para ella un futuro propio como sujetos de su deseo. O más bien, lo toman como un objeto de satisfacción de sus propios deseos.

 

Necesidad y demanda

El deseo es un concepto fundamental del Psicoanálisis para comprender los procesos del sujeto. Puede vincularse en parte con la noción común de deseo, como algo que motiva al sujeto. Lo cierto es que surge en la infancia, y luego se manifiesta en los sueños, las fantasías, la psicopatología de la vida cotidiana, entre otras producciones psíquicas. En Psicoanálisis se distingue el deseo de la necesidad y la demanda.

La necesidad está ligada al instinto de supervivencia de una especie. Mediante la misma, un ser vivo busca un objeto que la pueda satisfacer por completo. Estas circunstancias ocurren primordialmente en el mundo animal, donde hay un objeto que puede colmar esa necesidad. Mientras que en el ser humanos, el instinto pasa por lo psíquico. Lo que nos mueve es la pulsión, un límite entre lo físico y psíquico. La misma no tiene un objeto específico que lo satisfaga.

 

Surgimiento del deseo

Volvamos al tema de los padres en relación con sus hijos. Cuando un bebé llora, la madre interpreta esto como una demanda. Digamos que lo hace por hambre, pero no puede interpretar aún esas sensaciones corporales e identificarlas como la necesidad de comer. En el mejor de los casos, la madre lo satisface pero también lo introduce en el campo del lenguaje. Ella construye una interpretación y le dice a su bebé: “Es hambre, quiere comer.”

Además de alimentarse y satisfacer la necesidad de hambre, el bebé empieza a chupetear. Esto le causa un placer que va más allá de la alimentación misma. Cuando la madre hace lugar a la falta en la satisfacción de esa demanda, el niño entra en la dimensión del deseo. Este es insatisfecho y de allí en adelante el bebé busca revivir esa primera experiencia de satisfacción en la realidad o en la fantasía.

El concepto psicoanalítico de fantasma se refiere a la respuesta que da el sujeto ante la pregunta sobre el deseo del Otro. En las palabras de la madre siempre hay algo incomprensible, y el niño se pregunta: ¿qué quieres? La madre demanda algo que le falta, y el niño se ubicará como ese objeto que la completa. Pero en el fantasma se incorpora la presencia del sujeto en la escena.

 

Niños y niñas «Amo»

niños amo

Hoy en día ocurre un fenómeno particular en relación con la crianza de ciertos hijos. Los padres procuran vivir sus vidas a través de sus hijos. A veces reconocen en ellos un atributo particular que los hace extremadamente especiales. En otros casos, hay un cierto grado de culpa por errores cometidos con respecto a este hijo o a otra figura significativa. En cualquier caso, la madre o el padre hacen de este hijo un objeto y le dan todo. No le permiten tener su propio deseo pues colman cualquier vestigio de falta, incluso antes de que se perciba.

Estos son los niños o niñas amo, y actualmente ya adultos con este funcionamiento. Son personas a quienes no les ha faltado nada, pues sus padres constantemente se desviven por satisfacer cada una de sus necesidades, deseos y hasta caprichos. Los padres hacen lo mejor que pueden con lo que tienen. No son conscientes del daño que causan a sus hijos una vez éstos sean adultos. Principalmente, se sienten merecedores de todos los privilegios sin realizar ningún esfuerzo, y lo que es peor, sin desearlo. Es un rasgo un poco perverso a veces, en el sentido psicoanalítico. Pues es su ley la que vale, por encima del resto.

Vemos infinidad de casos de lo que se conoce comúnmente como “adolescentes tardíos”. En muchas ocasiones, no son más que niños amo, incapaces de esforzarse por nada, porque no tienen un deseo propio por nada. Todavía dependen de sus padres, no sólo económicamente, sino emocionalmente. Estos padres por su afán de que sus hijos cumplan su propio éxito frustrado, han fracasado nuevamente.

adulto inmaduro

 

¿Qué necesita un niño?

Como hemos visto, el deseo del sujeto se configura en relación con el deseo del Otro, quien cumple la función materna. El niño necesita que la madre desee para él un porvenir propio. Si el niño se convierte en su objeto de satisfacción esto es imposible. Por otro lado, si colma al niño con todo lo que cree que el necesita se colma la falta. Entonces, éste será incapaz de desear por sí mismo.

En la consulta privada y en mi trabajo como consejera en un colegio soy testigo de esto a diario. En esta época donde la tecnología es tan importante, nos encontramos con niños que tienen todos los gadgets que se puedan imaginar. Sin embargo, no tienen el tiempo compartido con sus padres, no tienen quien los escuche.

Hay un momento en el que el bebé es realmente todo para la madre, y es necesario que sea así para su supervivencia. Sin embargo, debe haber un corte o límite entre ambos. Generalmente, lo cumple el padre –o quien cumpla esa función. De allí en adelante, se reproducirá esa experiencia toda vez que el sujeto sea se enfrente con un límite a su satisfacción inmediata y/o completa. Esto le permite vincularse con otras personas en el futuro, de un modo no egocéntrico.

amor y limites

De no darse estas condiciones, encontraremos vagos emocionales, personas carentes de un deseo propio. También se ven niños o adultos amos, convencidos de que se merecen el mundo sin mover dedo para conseguirlo. En fin, un niño necesita el amor de sus padres, el deseo de estos de un futuro propio como sujeto, y límites a sus satisfacciones de modo que pueda vivir en sociedad. No vivir para ellos, ni la vida de ellos… sino vivir la vida con ellos.

 

Fuentes:

Neuroamor

Estaba pasando unos días en casa de mis padres y la televisión estaba, como de costumbre, encendida. Dentro de la caja tonta un grupo de personas se gritaban (algo insólito e inexplicable en televisión) así que miré a mi alrededor y, como no había nadie, tomé el mando a distancia decidido a poner fin a aquel disparate. Entonces ocurrió algo que hizo que mis pelos no sólo se pusieran de punta sino que salieran disparados de mis capilares, fueran a dar una vuelta por el cuerpo para iniciar un escalofrío, y luego regresaran tan panchos a formar filas. Un experimento espeluznante que trataba de congelar el momento exacto en el que dos personas se enamoran estaba siendo emitido en directo por televisión bajo un nombre en clave: Mujeres y hombres y viceversa. Aquello olía a gesta.

Así fue como decidí que este artículo hablaría de ciencia y amor romántico, al mismo tiempo que trataría de responder las cuatro preguntas que haría mi sobrino. A veces no hay más remedio que entrar en terreno pantanoso, cruzar el campo de batalla, estar al límite del fuera de juego o tener sexo en casa de los suegros, y para ello necesitas toneladas valor (no del chocolate mentes navideñas).

 

La química de “Mujeres y hombres y viceversa”

 

 

Aunque juraría que mi profesora de literatura del instituto escribiría “Mujeres, hombres y viceversa” (tema que dejaremos de la lado), este programa telecinquino ofrecía un tinglado del mismo calibre que el que encontraos en los experimentos científicos. Los participantes en el “estudio” (2 hombres y 2 mujeres de entre 19 y 30 años de edad) reciben pretendientes que acuden en busca del amor. El plató se convierte así en un laboratorio donde los encuentros se producen de lunes a viernes durante 75 minutos y el resto del tiempo continúan con sus vidas sin poder tener contacto alguno fuera del laboratorio. Cualquiera que no siga a rajatabla estas condiciones sería expulsado del experimento (y del programa). Continuando con la analogía, aquellas personas que ven pasar de largo las flechas de Cupido y no encuentran el amor romántico se convertirían en los sujetos de control.

Buscando precedentes en a literatura científica me encontré con dos investigadores de la universidad de Pisa en Roma que llevaron a cabo su “Mujeres, hombres y viceversa” particular, estudiando durante 6 meses a 48 parejas que han encontrado el amor. Un organismo enamorado cambia su bioquímica con la ayuda de cuatro hormonas (palomas mensajeras) que inducen cambios a nivel fisiológico: serotonina, dopamina, cortisol y testosterona.

 

 

La serotonina, hormona de la felicidad, esta relacionada con la calma y el bienestar lo que hace que el amor se equipare a veces con una “droga”. Al mismo tiempo la dopamina controla el centro del placer y regula nuestro comportamiento, la motivación y, por tanto, el deseo de repetir una conducta (es prima hermana de la serotonina). Por otro lado el cortisol se encarga de regular el estrés, mientras que la testosterona administra la energía física y mental, la generosidad, o promueve la protección de los futuros hijos y la sexualidad. Sumando los efectos de cada hormona se construiría la sensación de enamoramiento.

   

El cerebro enamorado

 

 

Puede que os hayáis dado cuenta de las estupideces que hacemos los seres humanos o de lo complicado que resulta hacer “entrar en razón” a alguien cuando está enamorado. Pues bien, este comportamiento tiene una base neurología. El titular sería: “Un cerebro enamorado desconecta la corteza prefrontal”. Éste área (que cubrirías con la palma de la mano si la pusieras sobre la frente) se asocia normalmente al razonamiento y permite que nos anticipemos a las cosas. Una corteza prefrontal enamorada se vuelve un ni-ni, un adolescente perdido que no teme a las consecuencias y presenta un Trastorno Obsesivo Compulsivo hacia su amado. Así que madres, padres, amigos o amigas de todo el mundo, no traten de hacer entrar en razón a ninguna corteza prefrontal enamorada porque están perdiendo el tiempo; su cerebro ha desconectado el razonamiento. Es mucho más fácil morderse el codo que razonar con un cerebro enamorado.

 

4 preguntas difíciles acerca del amor romántico

Después de que probablemente hayan intentado morderse el codo, me gustaría subrayar que hasta ahora nos hemos encargado de las cuestiones “fáciles” (aquellas que la ciencia formula y podemos medir en un experimento con un reactivo o haciendo uso de un dispositivo de neuroimagen). Ahora es el turno de las preguntas difíciles: las que haría mi sobrino de once años acerca del amor romántico. 

Para estar realmente preparados para responder a las preguntas difíciles, tan sólo nos falta saber que el amor romántico presenta 3 etapas diferenciadas donde en cada una de ellas tanto las hormonas implicadas como la actividad cerebral son diferentes. La fórmula del amor romántico sería algo así: 

AMOR  = ENAMORAMIENTO + AMOR PASIONAL + CONSOLIDACIÓN/DISOLUCIÓN

 

 

4. ¿Cuánto dura el enamoramiento?

La función principal del enamoramiento es procrear y aprender. Esta primera etapa del amor romántico sería la que experimentaríamos en nuestro paso por Mujeres, hombres y viceversa (ni imaginármelo quiero) donde una serie de cambios bioquímicos capitaneados por la serotonina, dopamina, el cortisol y la testosterona, y neurológicos (desconexión de la corteza prefrontal) nos llevan a la pasión, al desenfreno, a la búsqueda de intimidad y al compromiso. Estudios longitudinales (que durante años dan seguimiento de los participantes) avisan que los cambios bioquímicos del enamoramiento desaparecen sin dejar rastro transcurridos entre uno y dos años.

 

3. ¿Qué ocurre cuando se acaba el enamoramiento?

Una vez superada la etapa de enamoramiento la configuración neuroquímica de organismo cambia significativamente. Las estrellas de la película pasan a ser la oxitocina y la vasopresina quienes reducen el estrés y aportan la confianza necesaria para consolidar la relación. Nos encontramos en la etapa de amor pasional donde el objetivo es la estabilidad, el equilibrio y la seguridad. Desde un punto de vista neurológico vamos recuperando paulatinamente la conexión con nuestra querida corteza prefrontal y, con ella, el razonamiento.

Que quede claro que “desenamorarse“ no implica pérdida alguna de pasión sexual o romántica. La relación se asienta y el aprendizaje se dispara; se cruzan los límites de la intimidad y se afianza el compromiso (esto se ve genial en el modelo de Sternberg, que pena que las imágenes tengan copyright). Aquí es cuando decimos “tengo una relación”. El periodo medio de amor pasional puede extenderse hasta los cuatro años.

 

2. ¿Tiene el amor pasional fecha de caducidad?

Recapitulemos. Nos enamoramos (durante uno o dos años), consolidamos una relación basada en la pasión y el compromiso (hasta cuatro años), y luego la mayor parte de las personas tenemos la sensación de que la relación se “enfría”. ¿Y esto por qué? Principalmente porque tras cuatro años de relación desaparece cualquier rastro químico o neuronal de amor romántico.

Estudiando las tasas de divorcios varios investigadores han reparado que el 50% de las parejas se rompen poco después de celebrar su cuarto aniversario. Con estos números bajo el brazo el amor romántico parece tener fecha de caducidad.  Los científicos encontrado una excusa biológica, y es que son cuatro años los que necesitamos para que nuestros bebés sean autosuficientes.

La ausencia de algún tipo de química del amor se traduce en una disminución de la pasión e intimidad y la relación pende del hilo del compromiso. La pareja entra en un periodo crítico. En esta tercera etapa la relación puede convertirse en amistad (lo que conoce como «amor vacío») o que ambos sigan “enamorados” como el primer día (algo que bioquímica y neuronalmente no es posible. Entendámoslo como una forma de hablar). Según el investigador norteamericano Art Aron el 70% de las relaciones de se convierten en amistad mientras que el 12,5% de las parejas siguen enamoradas como el primer día.

 

1. ¿Cómo seguir enamorado como el primer día de tu pareja tras haber celebrado las bodas de plata?

 

 

Responder a esta pregunta supondría tener en nuestras manos el Santo Grial de las relaciones o el amor verdadero de las películas de Disney. Cuando los científicos hemos estudiado a las parejas que tras celebrar sus bodas de plata, oro o platino estan tan enamorados como el primer día, nos hemos encontrado a personas que destacan por su generosidad, hombres y mujeres muy sociables que tienden a ver la cara buena de las cosas y disfrutan compartiendo con los demás.

 

Neuroamor

Los seres humanos somos uno de los pocos seres vivos que ponemos patas arriba la casa buscando unas gafas que llevamos puestas, pagamos 6 meses de gimnasio de golpe o nos felicitamos el año hasta el mes de febrero. En este camino del neuroamor me he hecho muchas preguntas y encontrado respuestas. ¿Es posible tener una relación a distancia? ¿Afecta de igual manera una relación a 10.000 km al cerebro y a las hormonas? ¿Es el amor algo realmente universal? ¿Por qué los hombres se enamoran con más facilidad que las mujeres? o ¿Cómo es es que ver películas de amor con tu pareja reduce la tasa de divorcio?

 

 

Compartiré en breve estas y otras tonterías que se me pasan por la cabeza. Aprovechando las fechas me gustaría desearles a todos aquellos que aumentan sus dioptrias leyendo mis artículos (sólo a ellos): ¡Feliz año nuevo!

 

Bibliografía

Zak, P.J., et al., Testosterone Administration Decreases Generosity in the Ultimatum Game. PLOS ONE, 2009. 4(12): p. e8330.

de Boer, A., E.M. van Buel, and G.J. ter Horst, Love is more tha hust a kiss: a neurobiological perspective on love and affection. Neuroscience, 2012. 201: p. 114–124.

Yela, C., Temporal course of the basic components of love throughout relarionships. Psychology in Spain, 1998. 2(1 ): p. 76-86.

Kalmijn, M., Explaining cross-national differences in marriage, cohabitation, and divorce in Europe, 1990–2000. Population Studies, 2007. 61(3): p. 243-263.

Fisher, H., Lust, attraction, and attachment in mammalian reproduction. Hum Nat 1998. 9: p. 23–52.

Rial, A., Repensar el cerebro. Sin fronteras. Cátedra de divulgación científica. 2016, Velencia: Universidad de Valencia.

Encuentro con David Testal 1: El amor en la pareja

 –

 «No me digas que me amas. No nos vamos a entender.
Dime qué quieres hacer conmigo» 

 

Presentar a David Testal no es tarea fácil. Quizá visitando su web os podáis hacer una idea de quién es. O quizá no. Creo que esto último es lo más probable. Si habéis leído su libro «Si fueses pájaro lo entenderías» probablemente ya sabréis que David es un alma vieja, un alma antigua… De esas que te tocan, si te dejas tocar. No creo que haya mucho más que podamos saber de él.

Si le preguntáis a él quién es, no creo que corráis mejor suerte. Sabe bucear en las palabras.

 

david testal: amor

 

Encuentro 1: El amor en la pareja

 

 ¿Hablamos de amor?

 

Mejor no. Hemos pactado hablar de la pareja. Prefiero hablar de la pareja, que es una manera de hablar de cómo nos relacionamos. La pareja simboliza para mí el baile alquímico, la colaboración creativa.

Del amor me es imposible hablar, no sé lo que es el amor. Deberían prohibir esa palabra. Querría evitar hablar de amor. Nadie sabe de lo que habla otro cuando habla de amor.

Si alguien te dice que te ama, por ejemplo, no tienes ni puñetera idea de lo que te está diciendo. Si das por sentado que lo entiendes, creerás que esa persona está sintiendo por ti lo mismo que tú sentirías si fueses tú quien lo dijera. Pero en realidad no lo entiendes.

Soy partidario de hablar de cosas concretas. No me digas que me amas, porque no nos vamos a entender. Dime qué quieres hacer conmigo.

 

david testal: amor

 

¿Entonces el amor implica que quieran hacer algo contigo?

 

No… implica… Sí, por supuesto. Claro.

(Risas)

(Risas)

Bueno, no sé, porque en tu pregunta está otra vez la palabra amor, y no sé lo que es para ti. Pero sea lo que sea, es un sentimiento que despierta cosas concretas en ti, el deseo de hacer cosas con alguien, u otros sentimientos, sentimientos concretos.

Esos sentimientos concretos son los que me interesan. Puedo no querer hacer algo con alguien, pero ponerme contento sólo por saber que esa persona existe. A eso lo podríamos llamar amor si quieres. ¿Quieres vivir con esa persona? ¿Te gustaría tener una relación íntima con esa persona? No, simplemente te alegras de haberla conocido y de saber que existe. Eso sí es algo concreto. Ahora, si me dices sólo que la amas, ya no sé a qué coño te estás refiriendo.

 

Así que existe el mismo número de definiciones del amor que de personas.

 

Si se le preguntara a todo el mundo, habría gente que aparentemente coincidiría en la manera de definirlo. Pero ni siquiera sabríamos cuál es la relación que cada cual hace entre la forma de expresar un sentimiento y lo que realmente siente.

Tú puedes expresarlo de una forma exacta a mí, con las mismas palabras, y que tu sentimiento interno sea totalmente distinto al mío. Con lo cual, no podemos saber si habrá gente que coincida. Y si aceptamos que cada cual traduce el mundo a través de sí mismo, y cada uno es único e irrepetible, entonces cada “amor” es totalmente distinto. Pero esto es lo que sucede cuando se habla de amor, ¿ves?, que no estamos hablando de nada.

 

david testal amor

 

¿Cómo tendría que comunicarse una pareja entonces para poder entenderse mejor? ¿Es posible entenderse?

 

Tendrían que no hablar. (Risas) Es cierto, es al hablar cuando dejamos de entendernos… Pero ya que vamos a hablar, hablemos de cosas concretas. Y si hablamos de una abstracción, definamos la abstracción. Si habláramos de cosas concretas, nos ahorraríamos un montón de dolor innecesario. Porque cuando hablamos en abstracto, puede llegar el momento en que te enteres de que eso (lo que sea) no significaba lo mismo para la otra persona.

 

david testal amor

 

Un caso que me encuentro a veces, por ejemplo… Dos personas que se encuentran, se gustan, se enamoran, y deciden que son pareja. Una de ellas sigue practicando sexo a veces con otras personas, sin contarlo, porque entiende que es parte de su privacidad, y supone que la otra persona tendrá su privacidad también, la cual no le incumbe.

Y la otra no lo hace, porque entiende que esto es un engaño, y da por supuesto que la otra parte lo entiende de la misma manera. Entonces un día se entera de que su pareja se está viendo con otros. Y dice “me has traicionado”.

Y sin embargo esa persona daba por sentado que podía hacerlo, que ambos incluso podían hacerlo, puesto que nadie había hablado de que eso estuviese prohibido, nadie había hablado de lo que tenían derecho a guardar en privado o no.

La pareja funcionaba, estaban enamorados, pero cada cual entendía la sexualidad de una manera, y nunca se habló. Y ahora hay dolor. Sin embargo ambos se decían que se amaban todo el tiempo, y ninguno de los dos mentía.

Desde el principio podríamos preguntarnos ¿qué pareja queremos ser tú y yo? ¿Qué pareja decidimos crear? Porque podemos ser juntos lo que nos dé la gana ser. Una pareja es una obra de arte única e irrepetible. Y para crearla con libertad, tenemos que ser concretos, atrevernos a serlo.

 

Entonces estamos hablando de construir algo como de la nada, de crear algo totalmente distinto, fuera de todos los convencionalismos, de todo lo que cada uno pensaba sobre lo que es o no es una pareja…

 

Las convenciones no las tienes que rechazar porque sí. ¿Tú hubieses inventado esa convención? Entonces acéptala, porque tendrá que ver contigo. Si es lo que más te gusta… ¿qué culpa tienes de que sea una convención?

Y si no la hubieras inventado, si no encaja con la forma en la que tú lo sientes, entonces crea otra vida para ti. Dirán que “no es convencional”.  ¿Y qué? Esto no es motivo de orgullo, ni se trata de rebeldía o de distinguirse del resto, se trata simplemente de vivir a favor de uno mismo, no en contra de nada ni de nadie.

 

Entonces cuando tú estás con alguien, y le dices que le amas, ¿le tienes que explicar primero lo que significa para ti el amor? (risas)…

 

A veces dices te amo, aún sabiendo que no van a saber qué quieres decir. A veces te mueres por decir algo, incluso antes de saber lo que estás diciendo. De hecho “amarse” siempre consiste en descubrir juntos qué quiere decir para nosotros “amarse”. Así que, lo digas o no lo digas, lo importante es no dar por sentado que eso significa lo mismo para la otra persona, que te está entendiendo.

Y entonces me ciño a lo concreto, a lo que puedo hacer, y me encargo de que mi relación con ella sea la que exprese claramente lo que le digo cuando le digo que “la amo”. Es decir… tengo claro que es mi relación contigo la que expresa lo que siento por ti, y no lo que te diga que siento.

 

david testal amor

 

 

¿Y si en vez de hablar de amor, hablamos de enamoramiento? ¿El enamoramiento es algo que ocurre en el cuerpo, un proceso “biológico”, o es algo que podemos controlar?

 

¿Qué decido que es el enamoramiento para mí? Es algo que se produce en el cuerpo, sí, debido a una mezcla de fuentes que se nos escapan, pero se manifiesta en el cuerpo de forma concreta. Hay estudios sobre el cerebro que lo muestran. Se entra en un estado de locura transitorio.

¿Lo puedes controlar? Creo que siempre hay un instante en el que decides dejarte llevar, o te detienes. Aunque sea imperceptible para ti. No decides que te enamoras, decides que te lanzas al vacío, a esa entrega completa, porque intuyes de alguna manera que necesitas vivirlo.

Y una vez que has decidido dejarte llevar, pierdes el control, y para justificarlo crees que nunca lo decidiste.

 

Eso me ha pasado. Y he sido consciente de que me pasaba. De que podía hacer las dos cosas…

 

Y en esa decisión interviene un montón de información que estás valorando a nivel inconsciente. Utilizando la metáfora del desdoblamiento, del físico francés Garnier Malet, podríamos decir que una parte de ti, que sabe más que tú porque viaja por el tiempo, recoge datos y señales inalcanzables para la consciencia, y las valora visitando futuros posibles. Todo esto sucede en lo que para ti es un instante. Así también podemos saber, sin darnos cuenta, lo que la otra persona busca, aunque ella ni siquiera crea saberlo. Y sin que sepas cómo tienes la conclusión inmediata a modo de sensación: “me conviene” o “no me conviene”.

Con “no me conviene” no sólo me refiero a un aviso de que si me implico en ello me voy a hacer daño, sino a que de alguna forma estoy captando que la otra persona no busca lo mismo que yo. Entonces mi intuición me dice… “Nos paramos aquí. Nos ahorramos el drama”.

Y con “me conviene” no me refiero necesariamente a que vaya a ser agradable, sino a que te conviene para afianzar la idea que necesitas tener de ti mismo, por ejemplo, o para desarrollar lo que intuyes que necesitas desarrollar en este momento de tu vida, o para aprender de una puñetera vez lo que aún no has aprendido.

 

david testal amor

 

Todo eso son conveniencias que buscamos sin saberlo en el otro, obras de teatro que llevamos ya escritas y queremos escenificar. Y nuestro viajero en el tiempo valora enseguida si el otro estará dispuesto a interpretar el papel necesario para que nosotros podamos interpretar el nuestro.

 

¿Y si crees que esa intuición te está diciendo que sí, pero no das el paso?

 

Entonces es que te dijo que no. Tu intuición es la que te hace no dar el paso. Tu intuición tiene más datos de los que jamás podrás tener tú.

El intelecto, que para casi todo es muy tonto, es el que se pregunta antes si lo que está sintiendo tiene sentido o no, y es el que duda después si ha elegido bien o no.

Pero lo importante es que has tomado una decisión sin saber por qué, y eso es señal de que era lo que en verdad deseabas sin saberlo. “¿Por qué coño no di el paso?”, te preguntas. No lo sabes. Eso es la intuición.

 

david testal amor

 

¿Qué pasa cuando te enamoras de otra persona y ésta no te corresponde? Ninguno da el paso, pero sigues obsesionada, aún sabiendo que no quiere nada contigo…

 

Bueno, no lo sabes. No sabes si de verdad no es correspondido, o si la otra persona está sintiendo lo mismo que tú. Porque tampoco tú das el paso. Y si ninguno da el paso, nada será desvelado. Existirán motivos ocultos para que así sea, conveniencias ocultas. Lo que está claro en este caso es que ninguno de los dos quiere darlo. Al menos de momento. Quizás por eso se mantiene a veces esa tensión incómoda que llaman “obsesión”, porque algo no se ha decidido aún entre los dos…

 

¿Qué relación habría entonces entre la intuición que me dice que “no” y esa tensión que me dice que “si”?

 

Pueden ser varias cosas. Depende. Como por ejemplo la simultaneidad de dos intuiciones que sentimos contrarias: la intuición de que no es el momento idóneo para que nos encontremos, y a la vez la intuición de que esa persona es la idónea en un futuro posible.

Pero normalmente esa lucha interna siempre representa la lucha entre la intuición y el intelecto, entre lo que conscientemente crees que te gustaría y lo que inconscientemente sabes que no te corresponde. El intelecto es un guerrero tonto, que se empeña una y otra vez en atravesar el muro justo por la puerta cerrada, y sólo porque le mola la idea de sí mismo atravesando esa puerta, ya ves, algo casi estético. Esa puerta con la que nos obsesionamos corresponde a un ideal infantil previo, por eso nos enamoramos a primera vista, por ejemplo. Pero el ideal, cuando la intuición lo contradice, nos entrampa, porque renunciar al ideal suele resultar doloroso.

 

Anda que no hay veces que te enamoras de alguien que no te conviene…

 

Eso es distinto, y hay que entenderlo bien… Lo que te convenga o no te convenga no tiene por qué ajustarse a lo que tú creas que te conviene o no. Puedes dirigirte a una experiencia dolorosa o decepcionante, pero quizás es lo que te conviene.

En magia no se considera que pueda haber error. Si sucede, decidimos que convenía, y entonces inventamos un sentido para ello. Incluso aunque consideres que no hiciste caso a tu intuición, también a esto puedes darle un sentido, y convertirlo en un aprendizaje. Siempre estás a tiempo de transformar un error en un acierto. El drama de la culpa es siempre tonto e innecesario.

Y esto no es engañarse. O sí, porque todo lo es. Cualquier historia que nos contemos es engañarnos.

 

david testal amor

 

También cuando te quejas de haberte equivocado, de haber perdido tiempo con alguien, te engañas, y lo haces porque, para considerar que no lo has perdido, tendrías que aprender algo que te da mucho miedo aprender. De lo que hablo entonces es de engañarse de forma más inteligente, más consciente, más valiente, menos dolorosa.

 

La inercia que llevamos la mayoría es a repetir lo ya conocido cuando nos enamoramos. Pero me interesa mucho eso que has dicho antes de poder construir creativamente la pareja que ambos deseen…

 

Tal y como yo lo entiendo, el enamoramiento no tendría que ir asociado necesariamente a crear una relación de pareja. Porque el enamoramiento es un truco de nuestra biología para que procreemos. Nos sumerge en un periodo de fusión con el otro, de concentración.

Lo que ha sucedido es que has detectado a alguien que tu biología desea como padre o como madre de una futura cría. En el fondo el romanticismo y la pasión nos utilizan, somos instrumentos de una inteligencia que nos sobrepasa. Y esto es bello comprenderlo.

El problema es asociar ese impulso a una construcción cultural determinada, como la pareja. No. Alguien puede ser el progenitor perfecto para nuestros hijos, pero una pareja nefasta para nosotros.

 

Si el enamoramiento es “sólo” la detección de un futuro “padre” o “madre” para nuestras crías, ¿qué hay de las personas homosexuales que se enamoran? ¿Qué otros factores están involucrados en el acto de enamorarse?


Creo que el enamoramiento, entendido como te he explicado, siempre busca la procreación. Aun en el caso de que conscientemente entendamos que no es posible tener descendencia biológica directa entre ambos, al menos con nuestros conocimientos científicos actuales. Si soy hombre y me enamoro de otro hombre, mi biología está eligiendo igualmente a alguien que considera un buen progenitor para una hipotética progenie. Algo en nosotros, a nuestras espaldas, entiende que las características del otro, unidas a las nuestras, crearían un ser humano que nos gustaría aún más que nosotros mismos, y aún más que el otro. Y esto sucede tanto entre homosexuales como entre heterosexuales que se sepan estériles, por ejemplo. También sucede en el caso de que conscientemente tengamos claro que no queremos tener hijos biológicos nunca.

Y sucede así porque la procreación biológica sólo es metáfora de otra procreación más profunda. Toda unión de dos es concebida para crear un tercer elemento que trascienda esa unión. Este es un principio alquímico. Y para que la creación acontezca, deben unirse dos impulsos complementarios, que podemos llamar “femenino” o “maternal” y “masculino” o “paternal”, o como le de la gana a cada cual llamarlos. Y estos impulsos son independientes de la genitalidad y de eso que llaman “orientación sexual”.

Nos juntamos para procrear algo. Lo que sea. Vida biológica, una familia, un proyecto, una obra común, una empresa, una filosofía, una concepción del mundo, un habitat, un jardín, un camino, un baile, una historia… Y el enamoramiento es un mecanismo inconsciente de selección de socios idóneos. Incluso, como te decía antes, la pareja misma es una creación artística conjunta.

Todas estas cosas son “hijos” metafóricos, haya o no hijos biológicos. El verbo “crear” viene del latín “creare”, que significa engendrar, y pro-crear sería algo así como engendrar hacia delante, es decir: propagar. Los “hijos” propagan un legado. Nos juntamos con alguien para aportar algo nuevo al mundo que sólo es posible aportar a través de esa unión. Cuando no existe esa creación, sea en la forma que sea, la unión deja de tener sentido. Asociarse con alguien para nada es una estupidez.

 

Y entonces, si estáis enamorados, ¿cómo hacer para que eso funcione como pareja?

 

No tiene por qué funcionar. Ya veremos. A veces lo mejor es que algo no funcione. A veces la desgracia es empeñarse en que algo funcione. Además todo funciona hasta que deja de funcionar. O a veces te mueres antes de que deje de funcionar (risas).

Simplemente creo que es importante que seamos conscientes de qué es cada cosa en sí misma, para no ser prisioneros de un convencionalismo que no hemos elegido, para poder deshacernos de todos los apriorismos con los que nos han cargado, de todas las cosas que hemos dado por supuestas.

 

Saltar al vacío…

 

En realidad estás saltando al vacío siempre. Seas consciente o no, estás saltando al vacío. Si no eres consciente, te vas a dar cuenta más adelante, no te preocupes. Estás entrando en algo desconocido por muchas veces que hayas entrado, porque siempre es distinto.

Sin embargo, si estás preso de una convención, te crees que eso es algo determinado, algo ya convenido previamente, claro, definido. Y entonces crees que no estás saltando al vacío, porque estás intentando olvidar que ya lo has hecho.

Estás utilizando la convención para no asumir la incertidumbre, el vértigo. Y por eso vienen las desilusiones después. Creías que ibas agarrado, seguro, que sabías qué tenías entre manos. Pues no, lo siento mucho, no tenías ni puta idea. Nunca lo sabemos. Al menos conscientemente, nunca lo sabemos.

 

david testal amor

 

Entonces podrías formar una pareja saltándote la fase del enamoramiento. Si el enamoramiento es una fase de locura transitoria biológica, y la parte de más consciencia es lo que ocurre después…

 

De hecho hay parejas que no se enamoraron nunca, y que se mantienen unidas a través de todo tipo de tormentas. Son parejas basadas en un acuerdo concreto y explícito, en una alianza táctica, pragmática, para facilitar y mejorar sus vidas, sin pretender que determinados sentimientos tuvieran nada que ver en todo esto, sin pretender ser otra cosa, aunque pudieran convertirse luego en otra cosa, o no.

En estos casos primero es la pareja, y a veces luego algunas parejas se enamoran, además. Pero no es necesario, puesto que no tiene absolutamente nada que ver con el pacto. Incluso, a veces, el enamoramiento rompe la pareja. El enamoramiento de una de las partes.

 

¿Y qué es lo que uniría a esas dos personas “no enamoradas”?

 

Creo que la sensación de ser un equipo, de amistad y complicidad, de que ambos se ayudan a ser lo mejor que pueden ser, la sensación de que, de alguna manera, eso amplía y expande sus vidas, de que aumenta su sensación de felicidad y bienestar, de poder y serenidad. Esto podría ser una idea del amor, tan válida como otra cualquiera.

 

¿Tú me proporcionas algo que yo no tengo, y yo te proporciono algo que tú no tienes?

 

Nadie te puede proporcionar algo que tú no tengas. Sólo te pueden proporcionar lo que ya tienes.

 

david testal amor

 

Sin embargo hay gente, efectivamente, que entiende el amor de esta forma, como una forma de necesidad, como un negocio. Para mí esta idea del amor nunca podrá hacernos sentir bien, puesto que surge de una carencia que sientes tener, y tu relación se basará entonces en pedir y en esperar, en dar mirando de reojo a ver si recibes de vuelta lo acordado.

Cuando amas de esta manera, estás utilizando a la otra persona. No quieres lo mejor para ella, sino que te aporte lo que crees que te falta, que no se vaya nunca para que tú no te quedes sin ello. Y entonces aparece la posesividad. Y la continua insatisfacción y decepción. Porque tu carencia es un pozo sin fondo. Mientras se lo pidas a otro, no lo tendrás. Ya no eres un bebé. Y el otro jamás podrá dártelo.

Pero yo no hablaba de este tipo de relación. Para formar un equipo no tiene por qué existir necesidad. De hecho, cuanta menos necesidad, mejor funciona el equipo. Un equipo de mendigos es un desastre asegurado. Para mí un equipo tiene que basarse en la admiración mutua.

Sería así: A través de ti me doy a mí mismo algo que creía no tener, no porque no lo tenga, sino porque gracias a ti, lo veo al fin en mí. Y viceversa. Entonces el otro no es un instrumento para un fin, sino un compañero en un viaje infinito, un continuo encuentro conmigo mismo, con esa parte de mí que me enseña cómo ser mejor.

 

¿Crees que es más saludable vivir en pareja? Las encuestas dicen que las personas casadas viven más. Sufren menos infartos, etc…

 

Habría que ver bien en qué se basan esos datos. Pero creo que lo importante aquí es la sensación de soledad emocional, estés en pareja o no. Si te sientes solo emocionalmente, tu organismo sufre desamparo, y tu salud se resiente.

Esa sensación de soledad emocional puede sentirse también estando en pareja. De hecho es más probable, incluso más profunda, puesto que en pareja uno no puede justificarse esa soledad de ninguna manera. Incluso en relaciones sentimentales de tres o más personas, las cuales quiero hacer constar que hemos obviado, cuando cada vez se dan más a menudo. Pero en todo grupo, las relaciones siempre son individuales, tú con cada uno de los miembros del grupo. Se trata de varias parejas que experimentas a la vez. Es decir: siempre hablamos de parejas en el fondo.

Pero en cuanto a la soledad que se puede sentir, da igual el número de miembros en un núcleo sentimental. Porque es algo que tiene que ver contigo, y no con quien estés. Cuando la pareja nace del miedo a estar solos, estar en pareja os acaba haciendo sentir aún más solos. O dicho de otra forma: Cuando tienes miedo a estar solo, deseas estar solo sin saberlo, y entonces buscas parejas con quienes sentirte así.

 

david testal amor

 

Por eso cuando quieres a toda costa encontrar a alguien, es cuando más necesitas ser honesto y estar solo.

Y cuando quieres estar solo por lo bien que te sientes así, es cuando más preparado estás para encontrarte con alguien…

 

david testal amor

 

 

Si fueses pájaro lo entenderías

Como él mismo dice…

«Esta imagen es de hace 5 meses, cuando soñé que se posaban en mi sofá los primeros 500 ejemplares de este libro que escribí en el futuro. No sabía lo que sucedería después. Ahora me emociona saber que todos estos pajaritos ya están repartidos por el mundo, reflejando a tantos amigos que los sueñan. La primera edición se agotó en poco más de 3 meses. Desde entonces, con el verano de por medio, ha estado agotado. Muchos me habéis estado reservando ejemplares de la segunda edición, y solo quería anunciaros que ya vuelven a estar conmigo, que mañana comenzarán los envíos, poco a poco, que os agradezco mucho y me abruma la cantidad de solicitudes, la confianza y la paciencia que hebéis tenido. Os abrazo. Buen vuelo, y buenos sueños.»

Puedes reservar #SiFuesesPájaro aquí: www.davidtestal.com/sifuesespajaro

 

david testal: amor

 

Facebook: https://www.facebook.com/paginadavidtestal/
Twitter: https://twitter.com/davidtestaldice
Instagram: https://www.instagram.com/davidtestalmira/
Web: http://www.davidtestal.com/

 

 

¿Cambio o transformación?

Ausentes

El otro día investigando por internet algunos de los trabajos de David del Rosario, me encontré con un cortometraje dirigido por él que me llamó mucho la atención. Este es el corto, titulado Ausentes – El árbol del compromiso:

Lo que más me llamó la atención acerca del corto es la capacidad de desdibujar la línea mental con la que nos hemos separado del “otro”. Un texto de los Veda, que tiene por los menos unos 2.500 años (¡se dice rápido!) comienza explicando la siguiente historia:

“Al comienzo este mundo era como un solo cuerpo con forma de persona. Miró alrededor y sólo se vio a sí mismo. Lo primero que dijo fue: “¡Este soy yo!” Y de ahí el nombre de “yo” (…)

Este primer ser sintió miedo, ya que cuando uno está solo siente miedo. Entonces pensó: “¿De qué puedo tener miedo si no hay nadie más que yo?” Y así el miedo desapareció, porque ¿de qué iba a tener miedo? A fin de cuentas, uno tiene miedo de otro.” (Bṛhadāraṇyaka Upaniṣad, 1.4.1-2)

La creencia de que el otro es distinto a nosotros, o que nosotros somos distintos del otro, alimenta el miedo y el miedo nos hace creer que necesitamos protegernos. La forma de protegernos es endurecer nuestros corazones y para conseguirlo nos cubrimos de capas y máscaras que escondan nuestra “vulnerabilidad”, la última capa bajo la cual se esconde lo que en realidad SOMOS.

Existe un mecanismo recurrente, que sirve al propósito de enmascarar nuestra verdadera esencia y que consiste en proyectar en el otro lo que no podemos soportar en nosotros mismos. Por ejemplo, gracias a que juzgo al otro como delincuente yo puedo definirme como persona virtuosa y honrada. Cualquier atisbo de mezquindad o debilidad es así volcada sobre el otro. Sólo el otro es un estafador, un ladrón, un violador, un maltratador, un asesino, un terrorista. Yo nunca soy nada de todo eso.

Fortalecer nuestro ego a través del otro

Fortalecer nuestro ego a través del otro

¿Qué ocurre si miro hacia dentro?

Cuando miro hacia dentro me doy cuenta de que todas esas etiquetas: “estafador, ladrón, violador, etc.” las inventé yo. Necesité crear esas etiquetas para poder situar al otro en las antípodas de mí. Pero es que ni lo que yo creo que soy, ni lo que creo que el otro es, ninguna de las dos cosas constituye la realidad.

Cuando miro hacia dentro me doy cuenta que la realidad que veo fuera la proyecto yo a través de las etiquetas que le pongo. Un ejemplo clásico del advaita vedānta cuenta que:

Una persona va por un camino y de repente ve una serpiente. En milésimas de segundo su cerebro ha procesado el peligro que implica una serpiente y ha paralizado todo su cuerpo. Está quieta y el corazón se le ha disparado, le va a mil por hora. Observa atentamente aquella serpiente y no está siquiera segura de si se mueve o no, así que armándose de valor se acerca un poquito y se da cuenta de que la serpiente no se mueve. Esto le anima a avanzar un poco más más para acabar dándose cuenta de que se trataba de una cuerda y no de una serpiente. Todo fue una confusión.

fake-snake1

Algo parecido ocurre con el mundo que percibimos a nuestro alrededor, fruto de nuestros confusos juicios.

Hoy conozco a una persona y la necesidad de protegerme me lleva a ponerle un montón de etiquetas. Al cabo de un par de días cuando la vuelvo a encontrar ya no la veo de una forma nueva, sino que me relaciono con ella en función de las etiquetas que le he puesto y que si es necesario variaré ligeramente hasta que se acomoden a lo que quiero ver. El caso es que no nos relacionamos directamente con la realidad sino con lo que pensamos acerca de ella.

Cuando etiquetamos a alguien como criminal ¿dónde está el límite que nos separa de esa etiqueta? Tal como muestra el corto, todos podemos vivir circunstancias que nos conviertan en criminales.

Todos somos criminales en potencia, mientras sigamos creyendo que la etiqueta “criminal” tiene realidad alguna. Es decir, mientras nos sigamos negando a mirar la esencia última de esa persona, que es exactamente la misma que habita en mí.

star-children

La misma Vida expresada a través de distintos cuerpo, distintas personalidades, distintas circunstancias. Somos nosotros los que a esa expresión concreta de la Vida la llamamos “delincuente” o “criminal” y de esta forma seguimos protegiendo nuestro ego, bondadoso y virtuoso.

La Vida no sabe de delincuentes y virtuosos, no sabe nada de buenos y malos. La Vida sólo busca continuar expresándose bajo la forma que le demos. Es el dilema del héroe y el villano. Quien para muchos es un héroe, como por ejemplo Robin Hood, para otros es un ladrón. Algunos ven en el rey una garantía para la libertad mientras que otros ven en él un símbolo de represión.

Creo que el corto refleja de una forma muy bonita como la línea entre los que están fuera y dentro de la cárcel es muy fina. Y a mí me gusta pensar que la línea entre “yo” y “otro” también es una línea muy fina que se disipa cuando dejo de identificarme con el cuerpo, los pensamiento y las emociones (en constante cambio) y puedo ver la Vida que todo lo habita.

¿Por qué el título del post Cambio o Transformación?

Pues bien, además del aspecto mencionado anteriormente, lo que me ha llevado realmente a escribir este post es la distinción que se hace entre el cambio y la transformación.

El mensaje viene a decirnos que el cambio es algo que ocurre sólo a nivel mental y a través de una fuerza de voluntad determinante, que me recuerda, personalmente la idea de sacrificio. Mientras que la transformación es algo que ocurre instantáneamente, “un chispazo que te alcanza y que tiene que ver con el corazón”, dice el chico.
images-5

Y para mí está ahí el meollo de toda la cuestión. Nos pasamos la vida intentando cambiar el mundo y todo lo que nos rodea, cuando nos damos cuenta, si es que nos damos cuenta, de que no podemos cambiar al otro entonces intentamos cambiar nosotros. Bueno, tal vez desde pequeños ya nos esforzamos por cambiar en nosotros todo aquello que vemos que es rechazado o que no encaja “ahí fuera”. En cualquier caso, obviamos que el mundo, y “nosotros” con él, está constantemente cambiando, a pesar de nosotros y de la cantidad ingente de energía que invertimos en hacer algo para cambiar lo que sea.

El protagonista del corto dice “yo no cambié sino que me transformé”, indicando que algo algo tocó su corazón, que antes había estado recubierto de piedra y le dio una nueva forma a todo. Trans-formar es ir más allá (trans-) de la forma, es abandonar algo obsoleto para abrirse a la novedad.

¿Y cuál es esa novedad?

Esa novedad, y para mí esto es lo maravilloso, es descubrir que nunca fue nada de todo lo que se había dicho a sí mismo, le habían dicho y había creído que era.Ni tampoco los demás eran lo que él había querido creer que eran.

La transformación es distinta al cambio porque en realidad no es un cambio sino un des-cubrimiento (dejar de cubrir lo que eres). La transformación tienen que ver con re-concerse (volverse a conocer) y si tiene que ver con el corazón es porque se trata de un acto de Amor y el Amor no pretende nada, simplemente se Entrega.

Es un acto de Amor lo que toca el corazón del protagonista y es darse cuenta del Amor que habita en él lo que lo transforma.

¿Y cómo conseguir transformarme?

Simplemente, siendo lo que ya soy.

Asexualidad ¿Es la falta de sexo la última revolución sexual?

La asexualidad aparece con fuerza en los titulares de medio mundo en una época en la que el propio concepto de identidad está en crisis, un momento en el que para mucha gente los discursos nacionales, políticos o religiosos han dejado de tener sentido. De pronto, nos encontramos con el terreno bien abonado para el descubrimiento de nuevas identidades, nuevas categorías que  nos ayuden a saber quienes somos, que nos den una explicación y al mismo tiempo un marco de referencia para entender nuestra subjetividad.

Este es uno de los motivos que explican el masivo nacimiento de nuevas identidades a lo largo del siglo XX que continúa con fuerza acentuándose a partir del comienzo de la era digital. El declive del modelo normativo universal impulsado por occidente (hombre, blanco, heterosexual, cisgénero y cristiano) ha dado lugar a la reivindicación de todas aquellas identidades que permanecían en un segundo plano. Empezando naturalmente por la mujer y su lucha, todavía vigente, por ocupar el lugar que legítimamente corresponde a nada menos que el 50% de la humanidad, históricamente marginada.

La lucha por la libertad y el lugar de la asexualidad

asexualidad

Junto a la revolución feminista vino la racial, la de las minorías sexuales y muchas otras. La mayoría de estas reivindicaciones, como podemos ver todos los días en las noticias, están a la orden del día. Lo cual, por cierto, no quiere decir que no podamos estar orgullosos como civilización de todas las cosas que hemos conseguido.

En este entramado identitario una de las grandes luchas ha sido la de las minorías sexuales. Desde el principio este asunto fue de gran complejidad, se trataba de nombrar por primera vez en siglos, de forma no peyorativa aquello de lo que estaba prohibido hablar (o al menos hablar bien). Esa es una de las razones por las que el colectivo ahora conocido por las siglas LGBTI (Lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales) ha sufrido tantos cambios internos hasta la formulación que actualmente es más frecuente, no sin polémicas, como veremos, de hecho la «I» es una incorporación bastante reciente, no aceptada por todo el mundo.

Cada una de estas siglas lo que representa al fin y al cabo es una identidad que históricamente no ha podido ser expresada por su lejanía del modelo normativo del que antes hablaba. Pues bien, en este momento hay varios colectivos que desean añadir letras a LGBTI, uno de ellos, tal vez el que está haciendo más ruido en internet es el asexual, pero ¿Es razonable, con lo que sabemos, la inclusión de la «A» junto con las otras siglas?.

¿Qué es la asexualidad?

Los defensores de la asexualidad como una orientación sexual más (además de la heterosexual, homosexual y bisexual), pretenden establecer paralelismos entre esta y aquellas que habiendo estado perseguidas durante siglos ya han alcanzado ciertos grados de aceptación en la sociedad, este es uno de los motivos por los cuales desean su inclusión dentro del colectivo LGBTI, que ha servido históricamente para dar voz a aquellos que tenían una sexualidad, sexo o género no normativo.

Pero vayamos al tema que nos ocupa, ¿Cómo se definen los propios asexuales? En la versión española de la web de la asociación internacional más importante de asexuales, AVEN, definen al asexual como :

La persona que no experimenta atracción sexual hacia otras personas. No es lo mismo que ser célibe, ni lo mismo que ser asexuado o antisexual. No implica necesariamente no tener libido o no practicar sexo o no poder sentir excitación o no poder enamorarse o no tener pasiones o no sentir deseo. En la comunidad asexual la consideramos una orientación sexual, hacia ningún género o sexo, o la falta de orientación sexual, siendo ésta referida sólo a la atracción sexual ya que la orientación romántica de cada persona no tiene por qué coincidir con la sexual.

Encontramos mucha información en esta definición, veamos parte por parte.

De entrada queda claro que la asexualidad no tiene que ver con el celibato, es decir con la opción de no mantener relaciones sexuales aunque exista atracción o deseo. Esta distinción parece muy importante, es decir, la asexualidad tiene que ver con la atracción sexual, no con el hecho en si de no practicar sexo, ser virgen o hacer votos de celibato.

Tampoco es lo mismo que ser asexuado, cosa que equivaldría a no tener órganos genitales, ni que ser antisexual que supondría odiar el sexo.

asexualidad

Lo que sigue es más complicado, esta definición plantea que los asexuales pueden mantener relaciones sexuales o tener conductas autoeróticas, lo harían en estos casos por contentar al otro, para liberar tensiones o por una descarga fisiológica. En este sentido efectivamente también podrían enamorarse y sentir pasión romántica sin necesidad de sentir atracción sexual, quedaría así desligado una vez más el sexo del amor, lo que para algunos teóricos sería un amor incompleto o platónico y sin embargo ha sido extremadamente popular desde la época de los juglares y el amor cortés.

Asexualidad, libido y deseo

La parte más compleja de esta definición sería, sin embargo, aquella que afirma que «ser asexual no implica necesariamente no tener libido (…) o no sentir deseo.» Esta frase es equívoca a mi parecer, ya que los conceptos de libido y deseo son amplios y cuentan con numerosas definiciones posibles.

Libido, por ejemplo, según la RAE sería:

Deseo sexual, considerado por algunos autores como impulso y raíz de las más varias manifestaciones de la actividad psíquica.

asexualidad

Bien, si la libido es el deseo sexual y el asexual es aquel que no experimenta atracción sexual hacia otras personas vemos que el elemento diferencial es lo relacional. Es decir, que según AVEN el asexual puede experimentar deseo sexual pero este es un deseo sin objeto deseado.

Es ciertamente posible para todos nosotros experimentar este tipo de deseo sin objeto, es esa comezón, esa sensación interna, es angustia difícil de nombrar que intentamos eludir, silenciar o encarrilar mediante estímulos externos. Esa sensación de deseo sin objeto deseado es normalmente desagradable para el sujeto, necesita ponerle nombre y colocarla en algún sitio (comida, pareja sexual, relaciones sociales, agresividad, deporte, etc…). Por eso, se plantearía en este caso que existen personas que experimentan no simplemente un deseo, sino un deseo de índole sexual pero no dirigido nunca hacia ningún objeto. ¿Quedaría entonces este deseo sexual perpetuamente insatisfecho por no contar con un objeto sobre el que proyectarse o sería simplemente satisfecho mediante la estimulación física y el orgasmo?

En este sentido creo que AVEN entiende por asexuales tanto a aquellas personas que no experimentan ningún tipo de deseo sexual como a aquellas que experimentan deseo sexual pero no dirigido hacia ningún objeto. En caso de considerar la asexualidad como una orientación sexual entiendo que solamente sería adecuado en el segundo de estos dos casos, puesto que en el primero no existe orientación ni falta de orientación sexual puesto que no existe un deseo sexual que orientar o no orientar.

Por otra parte, cuando la RAE se refiere a «algunos autores» habla claramente de los autores psicoanalíticos. Sigmund Freud consideraba efectivamente a la libido como la energía de la pulsión, aquella que llevaba al ser humano hacia la vida y que inicialmente tenía una expresión principalmente sexual, aunque podía sublimarse por diversos medios y manifestarse en multitud de formas.

Según comprensiones más modernas desde el psicoanálisis la libido se reconceptualiza como la capacidad deseante del sujeto. Existiendo por tanto deseo existiría libido. De este modo una «baja libido» sería entendida como un déficit en la capacidad deseante. En este caso es importante diferenciar entre una baja libido originaria o sobrevenida. Si es sobrevenida habrá que considerar qué es lo que la provocó, podemos encontrarnos en este caso, por ejemplo, con un Trastorno de deseo sexual hipoactivo o con otras eventualidades que pueden afectar al deseo sexual de tipo biológico como cambios hormonales, por ejemplo.

Conclusiones

Mi conclusión, según los testimonios que he ido leyendo y los casos que he podido ver en la consulta es que la asexualidad no es, como suele suceder en psicología, una cuestión de blancos o negros, sino de diferentes tonalidades de gris.

Dentro de este degradado de grises podremos encontrar desde la persona que no siente ningún tipo de deseo sexual hasta aquel que tiene un deseo sexual reducido con respecto a la media. Esta falta de deseo/atracción/orientación sexual probablemente sea múltifactorial, como suele suceder con todo lo que tiene que ver con la construcción del deseo, más aún cuando parece que bajo la categoría de asexualidad pueden estar englobadas cuestiones de diversa naturaleza y etiología.

En este sentido, creo que, en la clínica, para poder hablar de una auténtica asexualidad, se impone primero descartar cuestiones farmacológicas o biológicas que podrían estar afectando negativamente al deseo sexual, en esta linea sería necesario descartar también, las dificultades que pueden  experimentar personas que han tenido una educación muy represiva en materia sexual y por último las posibles experiencias traumáticas relacionadas con el sexo (Por ejemplo, agresiones sexuales, abusos, etc…).

Una vez descartadas estas variables creo que es ciertamente posible que dentro de la infinita variedad de la familia humana existan personas que sean genuinamente asexuales, tal vez nacidas así, tal vez como resultado de sutiles cambios hormonales o influencias ambientales recibidas en la más temprana infancia, en realidad, eso es materia para los investigadores, mientras tanto lo que nos toca a los clínicos y a la gente en general es contar con la experiencia subjetiva de las personas. Y si no existe un malestar interno al respecto ni un anhelo por estar perdiendo la experiencia de disfrutar de la sexualidad, creo que es posible que estas personas desarrollen una vida plena.

Quedan sin embargo muchas preguntas por resolver: ¿Cuales son las causas de la asexualidad (o las asexualidades)? ¿Cuales son los condicionantes biológicos y psicológicos que están en juego en estos casos? ¿Qué sucede con estas personas que experimentan un deseo sin objeto? ¿En verdad podemos considerarlas como asexuales de la misma forma que aquellas que no experimentan ningún deseo? ¿Qué realidades diferentes estamos contemplando cuando hablamos de asexualidad? y por último ¿Podemos considerar a la asexualidad (o a una parte de lo que se considera asexualidad) como una orientación sexual más, o hay que conceptualizarla de otra manera?

Mientras nuevos estudios responden a nuestras preguntas nos queda la cuestión inicial, es decir, si esta nueva identidad, bajo la cual un número creciente de personas se ampara tiene hueco dentro del colectivo LGBTI o debería constituirse en otro colectivo diferenciado, al final este es un tema de índole político-filosófico que está abierto al debate. Tal vez la solución sea, como proponen algunos activistas abandonar las siglas tradicionales y cambiarlas por unas más inclusivas: GSRDI (Géneros, Sexualidades y Romanticismos Diversos e Intersexo). 

Mientras tanto, respetando la diversidad y la complejidad humana, pensemos, investiguemos, debatamos y mantengamos una mente abierta.

 

 

Enrique Schiaffino

Psicólogo colegiado en Madrid

Fundador de Psiquentelequia

 

 

 

La entrega, un camino de no-resistencia

¿Entrega o sacrificio?

Hace poco escuché hablar en algún lugar, de cuyo nombre no es que no quiera acordarme pero no recuerdo, de la diferencia entre el sacrificio y la entrega. En realidad, ni siquiera estoy segura de que estos fueran los términos utilizados, pero si escribo hoy acerca de la entrega como un camino de no-resistencia es porque me di cuenta de cuanto cambia la acción dependiendo de la forma en que la hagamos.

Cuando realizamos una acción por la acción misma, sin ninguna expectativa, disfrutando del proceso de aquello que estamos haciendo, permitiéndonos sentir lo que sentimos, esa acción se convierte en un acto de entrega. Por el contrario, cuando ponemos nuestro empeño en conseguir algo, como el reconocimiento, el agradecimiento, que nos valoren, éxito, dinero, etc. convertimos es misma acción en un sacrificio, algo que nos cuesta un esfuerzo y que vamos a que se vea compensado.

 

¿Quién pagará el sacrificio?

Vivimos en una sociedad donde el esfuerzo es un valor importante y, sin quitar mérito a todo lo que puede enseñarnos en un momento dado, ¿por qué algo que ha costado un esfuerzo tiene más valor que algo que se ha hecho sin esfuerzo?

Os invito a acompañarme en este proceso de valorar hasta qué punto el esfuerzo nos aporta algo y hasta qué punto se convierte en un sacrificio que alguien tendrá que pagar.

Creo que el esfuerzo nos ayuda a veces a valorar las cosas o a valorarnos a nosotros mismos, ya que nos genera la sensación de superación.

Por ejemplo, caminar hasta la cima de un pico elevado, esforzarse para pasar unos exámenes, correr una maratón, hacer a alguien un regalo en el que nos implicamos personalmente, conseguir un puesto de trabajo demostrando nuestras capacidades… Son ejemplos de cosas a las que dedicamos un esfuerzo y que en un momento dado nos pueden hacer sentir bien. Sin embargo, en todos los casos mencionados hay una expectativa, una intención final que nos genera dolor si no se produce el efecto buscado: podría no llegar a la cima y sentirme frustrada, podría suspender los exámenes y sentir que no valgo para lo que estoy estudiando, no terminar la maratón y sentir que he entrenado en vano todo este tiempo, etc. Entonces el esfuerzo parece volverse en nuestra contra y puede que lo cubramos con un esfuerzo aún mayor o bien desistiendo.

images-41

 

¿Existe la posibilidad de entregarse a la acción sin esfuerzo?

La respuesta es que sí, podemos actuar sin esfuerzo siempre que no pongamos la atención en el fin sino en el proceso. Dicho de otro modo, siempre que nos entreguemos al proceso sin pre-ocuparnos del resultado. El sacrificio o el esfuerzo es fruto de la resistencia, de una mente que se resiste a sentir lo que está sintiendo. Para no sentir lo que estoy sintiendo en el proceso fijo la atención en el resultado, en lo que voy a conseguir a través de todo lo que estoy haciendo. Cuando soltamos las resistencias entonces nos abrimos a vivir lo que estamos haciendo sin esfuerzo. ¿Y cómo podemos soltar las resistencias? Abriéndonos a sentirlas y acompañándonos en lo que estamos sintiendo.

Cocinar sin esfuerzo

Veamos un ejemplo, mi pareja me pide que le haga la comida y de pronto a mi no me apetece ponerme a cocinar, pero también me sabe mal decirle que no y opto por hacer el esfuerzo y ponerme a cocinar. No me voy a parar a analizar si debiera o no acceder a cocinar, baste con notar que posiblemente haya accedido por contentar al otro y con el fin de ser vista por él. El caso es que me pongo a cocinar y ahora tengo dos opciones, hacerlo desde el esfuerzo o hacerlo desde la entrega. Si me resisto a hacer lo que estoy haciendo, entonces conectaré con el sacrificio, cocinaré a regañadientes o bien “con todo mi cariño” pero buscando sólo conseguir que el otro me esté agradecido y me de a cambio un poco de su amor.

Sin embargo, puedo optar por cocinar desde el amor (y no para conseguir amor) y soltar toda resistencia a hacer lo que estoy haciendo. Entonces haré la comida con todo mi cariño, no para el otro sino por el goce mismo de cocinar. Si una vez me he puesto a cocinar sigo sintiendo que no me apetece y esa sensación de resistencia sigue ahí no me quedará más remedio que sentirla, sentirla plenamente, sentir que estoy actuando de forma esforzada y sacrificada. Y puedo parar de cocinar y decir “no, no me apetece hacer la comida” o seguir cocinando mientras siento lo que siento, tal vez rabia por estar haciendo algo que no quería, tal vez frustración por no saber decir “no”… En realidad no importa lo que haga sino si puedo entregarme totalmente a ello.

Acción sin apegos, acción libre

Cuando nos entregamos a lo que estamos haciendo la resistencia y la rabia se disipan, entonces puedo cocinar simplemente disfrutando del proceso de cocinar, sin saber si el plato saldrá rico o no, sin importar si la otra persona lo valorará o no porque ya no hace falta que lo valore, yo misma estoy valorándolo, entregándome a vivir el proceso, sentirlo y realizarlo de la mejor manera que sé, sin esfuerzo, sin sacrificio, simplemente viviendo con presencia lo que estoy haciendo.

 

9554917068400634

Una de las enseñanza más preciadas de la Bhagavad Gītā, texto fundamental del hinduismo, es el yoga de la acción: realizar la acción por la acción misma sin apegarnos al resultado

“Tu interés debe centrarse sólo en la acción, nunca en los resultados. Los frutos de la acción nunca deberían ser el motivo de tu acción y tampoco deberías apegarte a la inacción” (Bh.G. II,47)

Cuando olvido el amor

Incluso cuando se trata de algo que nos gusta pueden aparecer resistencias si ponemos la atención en los resultados. Incluso aquello que tanto nos gustaba se convierte en un sacrificio, porque nuestra energía se centra entonces en algo que no es lo que estamos haciendo en ese momento.

Por ejemplo, inicio un proyecto que me ilusiona y con toda la ilusión comienzo a trabajar en él entregándome por completo. Al poco tiempo comienzan a aparecer resistencias que normalmente tienen que ver con los resultados: ¿saldrá bien?, ¿les gustará a los demás?, ¿qué pensarán de mí?, ¿ganaré suficiente dinero para pagar las facturas?, ¿cómo puedo plantearlo para que el proyecto tenga éxito?, ¿valgo realmente para esto?,etc. Poco a poco la energía ilusionada con la que comencé a trabajar comienza dispersarse y cada vez me cuesta más esfuerzo dedicarme a él. Olvidé el amor que me llevó a entregarme espontáneamente a dicha actividad y claudiqué frente al miedo y la resistencia, dando las riendas a una serie de pensamientos con los que huyo de mi centro. ¿Será que no me atrevo a darlo todo, a entregar todo mi ser en el proyecto? (Donde digo proyecto valga cualquier actividad).

Cuando las resistencias aparecen, a punto de convertir la entrega en sacrificio, no podemos negarlas sin más, ya que por un lado u otro acabarán manifestándose. ¿Qué ocurre si me abro a sentir esas resistencias, sin que eso signifique que me identifique con ellas y me crea todo lo que la mente dice? Al abrirme a sentir las resistencias puedo descubrir el miedo que se esconde tras ellas y observar lo que sucede entonces en mí. Desde ahí puedo entregarme y abandonar la resistencia, hacer simplemente lo que estoy haciendo en este momento, con todo mi ser, con todas mis resistencias entregadas; darme cuenta de que el sacrificio nace del miedo mientras que la entrega nace del amor y para que el miedo deje paso al amor hay que acogerlo amorosamente.

url

La huella del amor negativo en la infancia

 Amor negativo… 3,2,1:¡acción!

«¿Has sentido alguna vez como una masa uniforme y vacía llamada abismo te va absorbiendo poco a poco hasta no saber si tu propio Yo te pertenece a ti o aquella fuerza succionadora? ¿Has llegado a creer que no eres tú quien dirige tu vida y que todo lo que has dicho o hecho no es más que una reiteración monótona, pesada -muy pesada- sin significado propio? Si es así, bienvenido y bienvenida al Punto de No Retorno.

No olvides compartir con nosotros tu soledad, tu angustia y tu caos el resto de los días que Nos pertenecen. Gracias por ser un cadáver más de entre los cien millones de almas desgarradas que habitan este lugar sin tiempo ni espacio. Que tengas una feliz noche en tu corazón muerto. Buenas noches…shussssss»

Algo está mal cuando un niño o una niña escribe estas palabras con apenas 12 años. Algo está mal cuando alberga dentro de sí estos sentimientos. Estas palabras las escribí yo sin tener idea por aquel entonces que lo que estaba sintiendo era claramente las huellas del Amor Negativo.

El término Amor Negativo fue presentado por  Bob Hoffman en 1976 como el más destructivo de los impulsos emocionales.

«Es la adopción y repetición de una programación básica negativa que incluye los comportamientos, actitudes, rasgos, creencias y emociones negativas de nuestros padres, incluyendo todos los modelos familiares existentes.»

Es cuando, según Hoffman, los niños y las niñas* (de ahora en adelante usaré niño/niños por consistencia gramatical), adoptamos desde muy temprana edad los patrones de nuestros padres por Amor Negativo.

¿Por qué haríamos algo así?

– Bien por imitación, ya que el bebé aprende por modelado de las figuras de apego copiando aquello que ve en su entorno cercano.

– Bien para comprar su amor y ser aceptados («ahora que soy igual que tú ¿me vas a querer mamá/papá?»)

– O bien a un nivel muy subconsciente para castigarlos con la culpa siendo el espejo de las consecuencias destructivas de sus propios patrones negativos transmitidos.

Toda nuestra programación básica negativa ocurre sin que seamos plenamente conscientes, antes de la pubertad (la edad de madurez biológica).  El adulto y adulta en el que nos transformamos después de la pubertad, actúa de manera automática según el  modelo de infancia que hayamos aprendido. Es por ello que  reaccionamos ante las dificultades en función de las necesidades que fueron cubiertas o descubiertas durante ese periodo. Da igual lo que hayas madurado después, da igual que sientas que eres completamente diferente a como eras de pequeño o pequeña. Ante situaciones similares en las que el niño se haya sentido herido y no se haya restablecido a nivel profundo el contacto sano con ese niño, el adulto actuará igual que si tuviera la edad en la que saltó por primera vez ese mecanismo negativo.

Para mí comprender y sobre todo experimentar esto en la base del proceso Hoffman durante mi estancia en el programa «Crisol», supuso un antes y un después.

Si bien mi incesante interés por la psicología vino en parte motivado por comprender a qué se debían estos mecanismos automáticos que a veces parecían no pertenecerme (rabietas, miedos, sonrisa compulsiva, perfeccionismo, invalidación, autosabotaje, etc.)  antes de este «darme cuenta» minimizaba gran parte de las repercusiones de mi infancia, pues había sido muy feliz, con unos padres que me querían, honrados y buenos. Sin traumas relevantes,  me sentía obligada a idealizar y proteger a mis padres a modo de lealtad y gratitud.

Ahora sé que esto era sólo una falsa cortina de humo para no enfrentar el dolor, para no desenterrar la memoria infantil y para seguir teniendo la justificación de que «es que yo soy así» cada vez que un automatismo negativo saltaba por los aires haciéndome daño a mí y a los de mi alrededor.

 

La internalización  del Amor Negativo

Esta internalización puede llevarse a cabo por medio de tres vías:

-Adopción total: cuando adoptamos totalmente un rasgo de nuestros padres. Si es un rasgo de ambos, será doblemente duro y es casi imposible rebelarnos contra él. (ejemplo: negativismo, miedo, falsedad, autoritarismo, dependencia)

-Rebelión + Amor Negativo: crea un conflicto de «Tira y Afloja». No nos gusta el rasgo negativo de nuestros padres ni sus consecuencias, así que lo suprimimos, tratamos de actuar de manera opuesta. Nos rebelamos. Así que, cuando actuamos con el opuesto positivo, la voz negativa no se calla dentro de nosotros y nos vemos empujados en 2 direcciones opuestas con el consiguiente sentimiento de desgarro. Es un conflicto de «Tira y Afloja»: en ocasiones actuamos positivamente, en otras negativamente.  Este balanceo ambivalente crea todavía más conflictos y ansiedad.  Hay que tomar conciencia de que al adoptar los rasgos de ambos padres, con el fin de ser leal a cada uno de ellos, ¡debemos jugar ambos papeles! Por ejemplo si la madre es tranquila y conciliadora y nunca expresa rabia.  Por otro lado, el padre es siempre hostil y agresivo.

Externamente, podemos comportarnos como la madre, pero la supresión de la hostilidad del padre es como un volcán latente, rugiendo dentro de nosotros, esperando un momento (apropiado o no) para entrar en erupción. Lo mismo ocurre por ejemplo con la dependencia e independencia,  la soberbia y la humilidad, la generosidad y la tacañería.

-Trascendencia: somos capaces de trascender los rasgos negativos de nuestros padres sin sentir un conflicto interior. Adoptamos aquellos rasgos positivos que nos son propios y que no generan conflictos de sentimientos como la deslealtad, la culpa o la soberbia.

Si lo piensas bien, ¿cuántas veces te dices: «me parezco a mi padre» o «en esto soy igual que mi madre».  Y en otras aún más te preguntas «pero ¿por qué estoy haciendo esto?  ¡Mi madre (o padre) hacían justamente esto! y yo odiaba que lo hiciera y ahora aquí estoy haciendo lo mismo…»

Es como el dice el propio Hoffman:

«Es fácil comprender por qué nosotros, cuando éramos niños, imitábamos los comportamientos y los rasgos positivos de nuestros padres.  Lo que es más difícil de comprender es por qué imitábamos también los comportamientos negativos. De una forma y otra, hemos internalizado a nuestros padres en nuestra infancia.»

Si en esencia, si no fuéramos en gran parte la herencia de esos patrones transmitidos, entonces, ¿por qué nos comportaríamos como ellos? o por la contra ¿por qué nos aferraríamos a rebelarnos por no ser como él/ella?

Si bien es cierto que ya en la pre adolescencia, los jóvenes buscamos  nuestra propia forma de ser en vez de adoptar los rasgos parentales  negativos, como no nos sentimos  queridos de manera incondicional cuando nos rebelamos, lo que nos hace únicos no llega a aflorar. Y terminamos rebelándonos también contra nosotros mismos a través de la autoinvalidación y el sentimiento de culpa.

La socióloga y psicóloga Sperber  muestra muy bien esto que señalo:

» Desgraciadamente, nosotros pasamos la vida rechazándonos y creando situaciones en las que nos rechazan los demás. Vivimos poniendo condiciones… parece que uno tuviera que hacer esfuerzos para ser querido, comprar ese amor a prueba de expectativas y pruebas.  Eso es el amor negativo.»

 ¿Cómo se hirió nuestro niño interior?

Todas las formas en las que un niño puede herirse y ser programado con el Amor Negativo responden en esencia a la invalidación  y a sentirse indigno de ser amado.

El patrón de invalidación y auto invalidación es quizá la forma más devastadora en la que se puede dañar la autoestima y la identidad de un niño.

El psicólogo y autor del libro «Volver a casa», John Bradshaw, lo asocia con el sentimiento de la vergüenza tóxica que es mucho peor que el sentimiento de culpa.

«Con la culpa has hecho algo mal pero puedes remediarlo, con la vergüenza, es que hay algo mal en ti y no hay nada que puedas hacer, nunca nada será suficiente hagas lo que hagas: eres inadecuado/a e imperfecto/a.» 

 A su vez el patrón de sentirse indigno de ser amado/a es en mi opinión la base de todo Amor Negativo. Los niños saben intuitivamente que la gente tiene tiempo para lo que ama y cuando eres bebé no sabes diferenciar a ciencia cierta si cuando tu papá o tu mamá se ausentan se trata de una elección o de una obligación. A ojos de un niño, esa ausencia ya sea física, emocional-o ambas-, aun entendida racionalmente y justificada en la adultez, generará inevitablemente en su interior la pregunta ¿qué he hecho mal para que tú no estés conmigo?

Los niños están predispuestos por naturaleza al amor y a la alegría (si crees que no, sólo hay que mirarles a lo ojos cuando son aún bebés). No obstante, deben primero ser  bien amados para poder aprender a amar bien.

naturaleza infantil

naturaleza infantil

El crecimiento sano de un niño depende de que otro le ame y le acepte incondicionalmente por lo que es, y no por lo que hace. Cuando esto se satisface, la energía del niño se libera de modo que es capaz de amar a otros del mismo modo.

Cuando un niño en cambio no es amado tal y como es, se rompe su sentido del Yo. Al ser depender de los adultos, su Egocentrismo se encajona y su verdadero yo nunca llega a salir realmente por miedo a ser herido o rechazado. Se fabrica así la coraza que le permitirá sobrevivir a base de personajes y máscaras con las que evitar el dolor. También reprimirá su voz a la hora de mostrar sus emociones  y le costará amar a los demás con plena aceptación.

Cualquier mecanismo automático infantil reaccionario es pues una sobre adaptación egocéntrica del niño herido y es nuestro deber como adultos que ese niño interior vuelva a confiar en nosotros para que crezca de manera madura y sana.

Ellos no tienen culpa

¿Qué ocurre si al leer estas palabras siento un gran resentimiento contra uno o los dos progenitores? ¿Qué ocurre si cuando estoy leyendo este artículo siento enfado contra su autora invalidando y cuestionando que mis padres hayan influido en cómo reacciono antes las cosas? Ambos sentimientos son completamente normales. De hecho a veces se tiene ambos.

Sin embargo, para que puedas llegar a una comprensión más profunda de la huella del Amor Negativo, es importante aclarar, sin ninguna sombra de duda, lo que dice Hoffman al respecto:

«Nuestros padres, que inconscientemente nos programaron, aunque sean la causa, no tienen culpa. Ellos también fueron programados por sus padres; y antes también lo fueron éstos por los suyos.» Somos todos culpables de nuestros comportamientos, y sin embargo ninguno de nosotros tiene la culpa.»

Y esto, de lo que nadie tiene la culpa, pero nos hace sentir culpables a todos, se hereda ciegamente de generación en generación y se llama Amor Negativo.

Una vez que entiendes esto y lo experimentas (no basta hacerlo mentalmente) todo comienza a colocarse.Comienza el proceso. Comienza el derrumbe de las lealtades.

 

programación negativa heredada

programación negativa heredada

Cómo no va a ser responsable (prefiero éste al  término culpa ) un padre que es alcohólico y maltrata a su hijo/a? ¿Cómo no va a importarle a un niño de 6 años que su padre o madre estén ausentes, sólo se dirijan a él/ella en términos de mandatos y nunca tengan tiempo de jugar con él? ¿Cómo no va a doler que seas el o la favorita de papá (mamá) y tus hermanos/as te tengan envidia por las comparaciones?

A continuación te invito que te tomes unos minutos para leer estas líneas y que seas sincero/a ¿Puedes reconocer de tu infancia alguno de estos patrones y frases (admoniciones) similares?:

– Poca/ninguna demostración de sentimientos

– Falta de compromiso con los demás. Promesas sin cumplir.

– Insensibilidad, indiferencia con los otros.

– Invasión

– Rechazo

– Dependencia

– Chantaje emocional

– Favoritismo entre los hijos

– No expresa aprobación

– Provoca rivalidad entre los hijos

– Disciplina de mano de hierro o lo contrario

– Avergonzar y culpar a los demás

– Egoísmo

**************

– Otra vez lo has hecho mal, esfuérzate

– Así no te van a querer

– Primero, la obligación.

– Así no aprenderás

– Porque aquí mando yo

– Eres un desastre

-No estés triste.¡Otra vez llorando!

– Tienes que ser fuerte.

– Eso son tonterías.

– Con lo que hago por ti.

– No tienes derecho a quejarte

– Pensar en ti  es ser egoísta

– No tienes derecho a opinar.

– No pareces hijo/a nuestra/o.

Antes de que podamos borrar nuestros comportamientos, sentimientos y actitudes negativamente programadas y llegar a un estado en que nos sintamos dignos de ser amados, debemos romper la dependencia y la necesidad psicológica hacia los padres de nuestra infancia y ello pasa por entender el cómo ellos, sin quererlo, nos transmitieron esa programación.

La verdad básica de esta transmisión es:«nosotros no podemos darte  amor de manera incondicional si no lo tuvimos».

Así lo que normalmente parece ser amor es solamente la pretensión de actuar amorosamente para recibir o conseguir el amor de los demás. El verdadero amor sólo puede manifestarse cuando nos aceptamos y nos amamos. ¿Cuántos de ustedes pueden decir que sus padres se aman y se aceptan incondicionalmente? ¿Cómo poder hacerlo entonces con sus hijos?

 Hay algunas personas que tenderán a sentir de manera exagerada que los padres son los culpables de que ahora sus vidas estén así aún no habiendo vivido grandes negligencias ni traumas específicos de abuso o abandono. Otras personas que por el contrario, aún habiendo vivido estas circunstancias habrán aprendido mecanismos de defensa tales como la amnesia o la idealización para tapar dicho dolor.

Sea cual sea tu caso, el niño y la niña interior va a necesitar perdonarlos,así como también necesitará de tu defensa y aceptación incondicional para que madure de una manera positiva y afectuosa hacia la libertad de sentirse amado y amada tal cual es. La forma en la que se conduce el proceso la veremos en el siguiente artículo. ¿Me acompañáis?

puerta de la liberación

 

«Perdonen la cara angustiada, perdonen la falta de abrazo, perdonen la falta de espacio, los días eran así…»

(-A nuestros hijos-, Martins-Lins)

 

 Referencias bibliográficas:

-Bradshaw, John, Volver a casa Recuperación y reveindicación del niño interior. Ed. Gaia, 2015

-Hoffman, Bob El proceso Hoffman de la Cuadrinidad, Ed. Urano, 1992.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Ha muerto el amor?

¿Hay alguien para ti? ¿Alguien en un lugar del mundo que te espere? ¿Será el destino? ¿La media naranja? ¿Manzana? ¿Pera? ¿Será la divina providencia? ¿San Antonio? ¿La mano de Fátima que te compraste en el Bazar de Estambul? ¿O la claridad de las señales que le estás enviando al cosmos?

moulin rouge amor

Nosotros, seres solitarios, añoramos la época en la que unidos a nuestra madre, nadando felices, ignorantes del mundo, sentíamos que eramos completos. Tras el trauma del nacimiento salimos al mundo y chocamos con nuestras limitaciones, el universo es un lugar hostil para una pequeña criatura como nosotros. Quedamos, entonces, deseando siempre hallar aquello que nos haga ser de nuevo completos, algunos creen que lo pueden encontrar en los caminos del espíritu, otros en las cloacas del dinero. Con todo, la mayoría de las personas nacidas en países occidentales y en este siglo busca colmar esa falta por la vía del amor. Es, en verdad, una buena vía esta del amor, pero está llena de indicaciones falsas, infructuosos atajos y caminos cortados.

Así muchos de nosotros consumidos por las fantasías manufacturadas de Disney esperamos cantando como Blancanieves “Algún día mi príncipe/princesa vendrá”

https://www.youtube.com/watch?v=jia9enHovls

Pero no viene, aparecen pastores, camareras, lecheros, pescaderas, hasta algún abogado pero príncipes y princesas ninguno. Así quedamos siempre con la puñetera duda que insistentemente cuestiona: “¿Y si no viene?” “¿Y si no me encuentra?”. Y latente, por debajo, la mayor incertidumbre, un terror que sugiere que Disney mentía y que el amor ha muerto, un terror que, abandonada la adolescencia (mental, que no biológica), se convierte en certeza.

Y entonces caemos en la desesperación, la muerte del romanticismo deja paso a un erial, un desierto en el que nada es bueno, nos volvemos hipercríticos, el carácter se agria y nos reímos con dolor y desprecio de todo aquello en lo que una vez creímos.

Y sin embargo, a pesar de la pésima educación emocional que hemos recibido, de las manipulaciones románticas y del peligro constante de caer en el cinismo, la vida nos lleva la contraria. Todos conocemos, antes o después, a personas en la vida real que encuentran el amor. No es un amor como el de Blancanieves pero nos vale, nos da esperanzas. “Si él/ella lo encontró, tal vez yo también pueda”. Y él/ella no es un dibujo animado, es una persona que también va al baño (la esperanza aumenta).

titanic amor

Pero, si hablamos del amor real, baños aparte, tenemos que introducir muchos elementos que Disney no consideró en la ecuación, empezando por el sufrimiento. Dice Freud:

“Nunca estaremos menos protegidos contra el sufrimiento que cuando amamos y nunca seremos más irremediablemente infelices que cuando hayamos perdido a la persona amada o su amor”

Enuncia el sabio una cosa que saben los que amaron y es que se sufre sin amor y se sufre con amor, la soledad es una compañera antipática cuando se queda en casa demasiado tiempo pero el amor siempre implica un riesgo, el riesgo de perder aquello que amamos, por eso cuanto más amamos más podemos sufrir, igual que cuanto más jugamos en el casino más fichas podemos perder.

El dolor de la pérdida puede ser terrible y las personas que han pasado por él pueden desarrollar una defensa instintiva ante la posibilidad de volver a ser víctimas de ese dolor que les impida implicarse emocionalmente con una nueva pareja. Los fantasmas de las parejas anteriores son incómodos compañeros de viaje, conviene exorcizarlos, ponernos en buenos términos con ellos y, mientras esto no sea posible, colocarlos en su alta torre y hacerles pocas visitas.

Brokeback mountain amor

Queda claro que amando se goza y se sufre y que a través del amor en ocasiones podemos sentir que somos más completos, pero queda todavía la pregunta del millón. ¿Por qué éste y no aquel? ¿Por qué aquella y no ésta? ¿En qué se basa nuestra elección? Una de las más importantes de nuestra vida y parece una completa arbitrariedad.

La buena noticia es que no es siempre así. Efectivamente, hay un elemento maravilloso, arbitrario y no medible pero también hay otros que derivan de la propia biografía de cada uno, los vínculos tempranos, los roles desarrollados, las proyecciones de los familiares, etc… Todos estos elementos inciden directamente en la elección de pareja.

Por eso es tan importante reflexionar cuando llevas cuatro parejas seguidas en las que se cumple el mismo patrón ¿Qué estás intentando arreglar a través de esa relación en la que cambian las caras pero el problema siempre es el mismo? ¿Por qué te transformas en esa otra persona que te desagrada cada vez que empiezas una relación? ¿Por qué hay una persona que vuelve a tu vida una y otra vez a pesar de que no deseas estar con ella?

Son demasiadas las cosas que se ponen en juego en el encuentro entre dos personas, si conocemos el mecanismo por el que se rige nuestra elección, tendremos la llave para una relación más sana, más limpia de interferencias inconscientes y de conflictos ajenos. Una relación que no será ideal, será real.

Y entonces nos daremos cuenta de que el amor no ha muerto, solo había que atreverse a sentirlo.