Distinguir lo que depende y lo que no depende de nosotros (Lección de filosofía 3)

En esta serie de 4 posts sobre las lecciones de la filosofía estoica que siguen vigentes en la actualidad, hoy nos toca hablar de uno de los elementos que más sufrimiento nos causa. La incapacidad de distinguir entre lo que depende y lo que no depende de nosotros. Gracias a Monica Cavallé, y a su libro «El arte de ser«, podemos profundizar mucho más en estas ideas.

Si quieres leer antes las otras lecciones, aquí las tienes:

 

Lección 3: Lo que depende y lo que no depende de nosotros

En el anterior posts hablábamos de libertad… Y libre, es únicamente aquel a quien todo sucede según su albedrío. Ahora bien,¿no es esto inalcanzable para los seres humanos? ¿Es acaso posible que todo lo que suceda se conforme a nuestro querer?

Los estoicos nos enseñan que sí, que este objetivo aparentemente quimérico forma parte de nuestro patrimonio esencial; pero que únicamente sucede así cuando queremos «lo que es» y lo que depende de nosotros. No es libre, en cambio, pues la realidad entrará en conflicto con su querer, el que no quiere «lo que es» y pone su bien en lo que no depende de él.

«Libre es el que vive como quiere, al que no se puede forzar ni poner impedimentos ni violentar; sin obstáculos en sus impulsos ni fallos en sus deseos ni tropiezos en sus rechazos. Entonces, ¿quién quiere vivir en el error? Nadie. ¿Quién quiere vivir engañado, dejándose arrastrar, siendo injusto, incontinente, quejumbroso, vil? Nadie. Por tanto, ningún malvado vive como quiere. Ni tampoco, por consiguiente, es libre.»

Epicteto

Nuestra voluntad no necesita ser domada ni purificada pues está estructuralmente orientada hacia lo que percibimos como un bien. Lo que tiene que ser modificado es nuestro discernimiento, en concreto, nuestras concepciones operativas sobre el bien y el mal, pues no siempre lo que percibimos subjetivamente como portador de algún beneficio se corresponde con nuestro bien objetivo. La sabiduría, la ciencia más elevada, no es otra cosa que el conocimiento cierto y operativo de lo que constituye nuestro auténtico bien.

 

depende

 

Según Epicteto, el conocimiento cierto de estas nociones se logra mediante el correcto discernimiento, entre lo que depende de nosotros y lo que no depende de nosotros. Es decir, entre lo que está o no en nuestro poder, y mediante la compresión de que solo merece ser calificado como bueno o malo lo que depende de nosotros, de nuestro Principio Rector. Es este discernimiento el que, en expresión de Marco Aurelio, «preserva la pureza de nuestra divinidad interior»; el que disuelve los juicios limitados que obstaculizan la rememoración de lo que realmente somos, los que tiñen, ocultándola, la potencia y libertad de nuestra verdadera identidad.

«En esto consiste la tarea principal de la vida: distingue entre las cosas, sepáralas y di: «Lo exterior no depende de mí, el albedrío depende de mí. ¿Dónde buscaré el bien y el mal? En lo interior, en lo mío. No califiques nunca las cosas ajenas de «bien» ni de «mal», ni de «provecho» ni de «perjuicio», ni nada semejante.»

Epicteto

 

«Acuérdate solo de la distinción aquella de acuerdo con la cual se separa lo tuyo de lo que no es tuyo. No te afanes por cosa alguna que pertenece al ámbito de lo ajeno (…) Y entonces seremos discípulos de Sócrates, cuando seamos capaces de escribir peanes (himnos dedicados a Apolo) en la cárcel.»

Epicteto

 

Lo que depende de nosotros

Epicteto incluye dentro del ámbito de «lo que depende de nosotros» solo aquello que siempre y en todo caso va a depender de nosotros, lo que pertenece al único ámbito inviolable, en el que somos totalmente libres: cómo nos representamos la realidad y, derivadamente, la actitud que adoptamos a los hechos y situaciones.

Todo lo demás queda incluido en el ámbito de «lo que no depende de nosotros»: nuestra salud, la fama y el honor, nuestras pertenencias, nuestros vínculos, lo que hacen o dejan de hacer los demás, la aprobación ajena, nuestra suerte y la de nuestros seres queridos, el desenvolvimiento de los acontecimientos, etc. Y es que, si bien sobre algunas de estas cosas tenemos un control relativo, dicho control siempre será restringido. La realidad terminará poniendo límites a nuestro querer, y ante este límite a nuestra potencia humana, lo único que puede restablecer nuestro poder esencial es la aceptación.

«De lo existente, unas cosas dependen de nosotros; otras no dependen de nosotros. De nosotros dependen el juicio, el impulso, el deseo, el rechazo y, en una palabra, cuanto es asunto nuestro. Y no depende de nosotros el cuerpo, la hacienda, la reputación, los cargos y, en una palabra, cuanto no es asunto nuestro. Y lo que depende de nosotros es por naturaleza libre, no sometido a estorbos ni impedimentos; mientras que lo que no depende de nosotros es débil, sometido a impedimentos, ajeno.

Recuerda, por tanto, que si lo que por naturaleza es esclavo lo consideras libre, y lo ajeno, propio, sufrirás impedimentos, padecerás, te verás perturbado, harás reproches a los dioses y a los seres humanos, mientras que si consideras que solo lo tuyo es tuyo, y lo ajeno, como es en realidad, ajeno, nunca nadie te obligará, nadie te estorbará, no harás reproches a nadie, no irás con reclamaciones a nadie, no harás ni una sola cosa contra tu voluntad, no tendrás enemigos, nadie te perjudicará ni nada perjudicial te sucederá.»

Epicteto

Lo que concierne al albedrío, a la parte más noble del ser humano, es lo que nunca nos puede ser arrebatado y siempre depende de nosotros, es lo único que merece, para los estoicos, el calificativo de verdadero bien o de verdadero mal.

 

depende

 

«La divinidad hizo a toros los seres humanos para ser felices, para vivir con equilibrio. Para eso nos dio recursos, entregando a cada uno unos como propios y otros como ajenos. Los que pueden ser impedidos y arrebatados y los coercibles no son propios, y son propios los libres de impedimentos. Pero la esencia del bien y del mal, como convenía que lo hiciera quien se preocupa de nosotros y nos guarda paternalmente, reside en los propios.»

Epicteto

Nuestro bien y nuestro mal, en efecto, solo pueden ser relativos a lo que nos es propio, a lo que nos especifica como seres humanos.

«Cuanto se halla dentro de los límites de tu carne y hálito vital, recuerda que eso ni es tuyo ni depende de ti».

Marco Aurelio

 

«Por eso, lo que no hace al ser humano peor de lo que es no le perjudica intrínsecamente. En cambio, el que comete una injusticia, aunque crea cometerla contra otro, siempre contra sí mismo la comete.»

Marco Aurelio

 

Lo que es «bueno» y «malo»

Según Epicteto, aquello que no depende de nosotros es «indiferente», es decir, no es intrínsecamente «bueno» ni «malo». Que lo perteneciente a este ámbito sea indiferente, no significa que no incluya bienes y males relativos, realidades o situaciones preferibles o indeseables, capaces de procurarnos alegrías o dolor. Es evidente que no nos puede resultar indiferente…

Hablamos de «indiferencia» desde un punto de vista ético. Desde esta perspectiva solo lo que tiene la capacidad de hacernos mejores o peores seres humanos es un bien o un mal en propiedad.

«Muerte y vida, gloria e infamia, dolor y placer, riqueza y penuria, todo eso acontece indistintamente al individuo bueno y al malo (…) Porque, efectivamente, no son bienes ni males.»

Marco Aurelio

Es posible asumir lo que acontece con contentamiento, ausencia de turbación en el alma y libertad, es decir, sin sufrimiento mental (aunque sintamos una punzada de dolor), cuando se tiene una actitud «del ser humano de bien que se contenta con la parte del conjunto que le ha sido asignada y que tiene suficiente con su propia actividad justa y con su benévola disposición» (Marco Aurelio).

«Para ti, el mal no proviene de la mente de otro ni de alguna alteración en tu cuerpo. ¿De dónde viene, entonces? Es tu mente la que hace juicios sobre el bien y el mal. Detén estos juicios y todo estará bien.»

Marco Aurelio

 

«(…) Que tu mente no diga que algo es bueno o malo si puede ocurrirle igualmente a un ser humano bueno y a uno malo. Pues nada que puede sucederle tanto a un ser humano que vive contra la naturaleza como a uno que lo hace en armonía con ella puede ser útil ni contrario a la naturaleza.»

Marco Aurelio

 

Pasiones y juicios limitados

Esta visión nos aporta una pauta sencilla para saber si estamos teniendo una actitud adecuada ante las cosas, es decir, si los juicios latentes en dichas actitudes están siendo, o no, ajustados a la realidad. Se trata de una clave que nos permite poner a prueba nuestras representaciones: no aceptarlas sin haberlas examinado.

«Pon al punto tu esfuerzo en responder siempre a toda representación áspera: «Eres una representación y no, en absoluto, lo representado». Y luego examínala y ponla a prueba mediante las normas esas que tienes y, sobre todo, con la primera, la de si versa sobre lo que depende de nosotros o sobre lo que no depende de nosotros. Y si versa sobre lo que no depende de nosotros, ten a mano lo de que: «No tiene que ver conmigo.»

Epicteto

Las turbaciones del alma se originan en nuestros juicios limitados. Los juicios limitados básicos latentes en nuestras emociones y conductas problemáticas se resumen en:

– Creer que depende de nosotros lo que no depende de nosotros.
– Creer que no depende de  nosotros lo que depende de nosotros.
– Creer que lo que no depende de nosotros es intrínsecamente bueno o malo.
– Creer que nuestra identidad central radica en algo que no es nuestro Principio Rector.

Así, todo los juicios que traen consigo sufrimiento evitable vendrían a ser variantes o derivaciones de estos cuatro juicios limitados fundamentales. Estos juicios permiten distinguir dos grupos básicos de perturbaciones emocionales.

 

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1- Grupo de emociones disfuncionales que se sostiene en la creencia limitada según la cual depende de nosotros lo que no depende de nosotros:

De esta creencia se deriva la dificultad para aceptar los límites que la vida pone a nuestra capacidad de acción y de intervención, es decir, para asumir serenamente lo inevitable: el pasado, los aspectos condicionados de nosotros mismos y de la existencia, el carácter cambiante e imprevisible de la vida, la enfermedad, la muerte, los golpes del destino, la forma de ser y de actuar de los demás, etc.

A este grupo de emociones pertenecen la ansiedad, el miedo crónico, la angustia, la preocupación y la inquietud desordenadas, la hipocondría, el pánico, etc.

Detrás de la necesidad excesiva de control se oculta la aspiración legítima a no sentirnos impotentes, pero esta concepción errada de la potencia, por la que buscamos que la realidad se ajuste a nuestras ideas, deseos y objetivos con el fin de evitar experimentar la debilidad, la pérdida y la frustración, es precisamente la que nos torna débiles, impotentes y dependientes de lo que no depende de nosotros. Al centrarnos obsesivamente en la manipulación de lo que no nos es propio, nos enajenamos de nuestro poder central.

La superación de este tipo de emociones problemáticas requiere cuestionar los juicios limitados que obstaculizan la aceptación, los que nos imponen «soltar» nuestro afán desordenado de control. Pues solo en la aceptación de nuestros límites afirmamos nuestra verdadera potencia.

La aceptación así entendida no equivale a resignarse: cabe aceptar cada faceta del mundo tal como es, mientras consideramos la mejor manera de transformarla en el futuro si ello es posible y si está en nuestra mano.

Estas actitudes que nos capacitan para reconciliarnos con «lo que es» se cimientan en una disposición fundamental: la confianza básica en la Realidad.

 

2- Grupo de emociones disfuncionales que se sostiene en los juicios errados que nos hacen sentir que no depende de nosotros lo que sí depende de nosotros:

Este olvido de la inalienable potencia intrínseca a nuestro Regente (guía interno «divino»), se traduce en emociones como la impotencia, la desesperación, el desamparo, la apatía, la desmotivación, la autocompasión… en general, en la sensación de ser víctimas pasivas de factores que están más allá de nuestra esfera de influencia.

 

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Estas emociones revelan que hemos pasado por alto que hay algo que siempre está en nuestro poder: los juicios sobre lo que nos pasa. Son estos juicios los que determinan que las mismas situaciones puedan tener para distintas personas significados muy diferentes.

El error cognitivo descrito es propio de quienes acusan sistemáticamente a los demás y a las circunstancias de sus alternaciones emocionales; de quienes creen que sus juicios, estamos y emociones son el resultado de lo que les ha pasado o les pasa, y que, mientras las cosas sean como son, no tienen más opción que sentirse alterados o deprimidos. Nadie es una mera víctima pasiva de las circunstancias en la media en que puede adoptar una actitud u otra ante lo que le pasa.

La transformación de estas emociones pasa por desvelar las creencias limitadas que están en su base. Pasa por advertir que hemos incurrido en una resignación ilusoria ante lo que sí puede ser cambiado; que hemos olvidado nuestro poder creador, la instancia en nosotros que nos otorga siempre señorío sobre las situaciones.

Aunque con frecuencia no podamos modificar nuestras circunstancias, siempre podemos modificar nuestra actitud ante ellas. Esta última es la única causa de nuestro sufrimiento mental, por más que esas circunstancias objetivas hayan podido traer consigo un legítimo e intenso dolor puro.

«La divinidad no solo nos concedió esas capacidades con las que podemos soportar todo lo que sucede sin vernos envilecidos o arruinados por ello, sino que, además, como correspondería a un rey bueno y a un verdadero padre, nos las concedió incoercibles, libres de impedimentos, inesclavizables, las hizo absolutamente dependientens de nosotros, sin siquiera reservarse a sí mismo ninguna fuerza capaz de obstaculizarlas o ponerles impedimentos.»

Epicteto

 

«¿Te impide este suceso ser justo, magnánimo, sensato, prudente, reflexivo, sincero, discreto, libre, etc. conjunto de virtudes con las cuales la naturaleza humana contiene lo que le es particular? Acuérdate, a partir de ahora, en todo sucedo que te induzca a la aflicción, de utilizar este principio: no es un infortunio, sino una dicha soportarlo con dignidad.»

Marco Aurelio

 

Luchar contra lo que no puede ser cambiado y sentirnos pasivos ante lo que sí puede ser modificado constituyen las dos disposiciones que pueden coexistir y que están siempre detrás de todas las formas de sufrimiento evitable.

«En donde ponga el «yo» y «lo mío», a ello es fuerza que se incline el ser vivo. Si en la carne, allí estará lo dominante; si en el albedrío, allí estará; si en lo exterior, allí.»

Epicteto

Nada nos impide crecer, actualizar lo que somos. Nada justifica el estancamiento interior. Ante todo podemos dar una respuesta creativa a actualizadora. Todo puede convertirse en un bien interior.

«¿Se puede, entonces, sacar provecho de esto? De todo. ¿Y también del que insulta? Si. ¿Cuánto aprovecha el entrenador al atleta? Muchísimo. Pues el que me insulta se vuelve entrenador mío; entrena mi capacidad de aguante, mi docilidad, mi mansedumbre. (…) Si alguien me entrena en la docilidad, ¿no me aprovecha? (…) ¿Un mal vecino? Para mí mismo, pero para mí, bueno. Entrena mis buenos sentimientos, mi ecuanimidad. ¿Un mal padre? Para sí, pero para mí, bueno. Esto es la varita de Hermes: «Toca lo que quieres -dice- y se convertirá en oro». No, sino: «Venga lo que quieras y yo lo convertiré en un bien.»

Epicteto

A veces tengo ansiedad y no sé por qué… Ansiedad sin motivo

¿A veces tienes ansiedad sin motivo? Tranquilo, no te estás volviendo loco. Eso que te pasa tiene una explicación. ¿Quieres conocerla?

El mecanismo de la ansiedad

Es cierto que el hombre ha llegado a la luna y, sin embargo, nuestro cuerpo sigue estando diseñado de una manera primitiva. Estamos diseñados para sobrevivir. 

Cuando el hombre primitivo salía cazar y se encontraba con un animal, se le disparaba un mecanismo en el cerebro (la amígdala) que le permitía tomar decisiones rápidas, sin racionalizar (puenteando los mecanismos racionales). Se activaba su sistema de supervivencia: lucha o huye. Este mecanismo de supervivencia desencadena toda una serie de reacciones fisiológicas en el cuerpo. El corazón bombea más rápido (palpitaciones), la respiración se vuelva alta (hiperventilación), sudoración… Todos esos cambios en nuestro cuerpo lo que hacen es que nos preparar para luchar o huir más eficazmente. Cuando corres, tu corazón bombea más rápido, tu respiración es alta, sudas, etc, y ello te facilita realizar esa actividad. 

El hombre moderno no puede optar por luchar o huir, la sociedad no lo vería con buenos ojos, los tiempos han cambiado. Así, cuando te encuentras con una situación que no sabes cómo gestionar y se activa tu mecanismo de supervivencia, lucha o huye, optas por el control. Te quedas parado pero tu sistema biológico es primitivo y sigue funcionando como siempre. O sea que te prepara para luchar o huir más eficazmente (palpitaciones, hiperventilación, sudoración…). ¡Enhorabuena, tu sistema biológico funciona! ¡Tu cuerpo tiene el motor de un Ferrari! 

Sin embargo, como te has quedado parado, te encuentras con que has puesto el motor de tu Ferrari a tope, pero luego no has dado salida a toda esa carga de energía. Has puesto tu motor a 6.000 revoluciones para nada. Así que luego necesitas un rato para desacelerar ese motor, para desactivarlo, para frenar.

ansiedad sin motivo

 

Ansiedad sin motivo: ¿como se genera?

Los perros de Pávlov. El reflejo condicionado. Seguro que has oído hablar de ese experimento. Tú sabes que la comida, incluso tan solo con olerla, produce salivación (Ummm, se me hace la boca agua…). Pávlov tocaba una campana e inmediatamente después daba de comer a los perros. Los perros se acostumbraron a esto y pasado un tiempo, salivaban solo con oír la campana, aunque después no les dieran de comer. La campana se convirtió para ellos en un «ancla», un elemento que disparaba su mecanismo de salivación. Les hacía salivar SIN que hubiera un motivo real para hacerlo. A los seres humanos también nos ocurre esto.

La primera vez que tienes una subida de ansiedad, la anclas con 2 ó 3 elementos. Mientras que estás en esa situación ves, por ejemplo, una persona que pasa, un foco que te da de frente en los ojos o una lámpara que hay allí.

Luego tienes otra situación en la que se disparan algunas de esas «anclas». Ves otra vez a la persona o una luz vuelve a darte de frente… Y tu cuerpo recuerda y te dice: ¡ojo! que esto me recuerda a cuando lo pasaste tan mal en tal o cual situación. Y nuevamente el cuerpo avisa como sabe hacerlo. Tu sistema biológico se pone en marcha como un reloj (palpitaciones, etc). Y en esa segunda ocasión lo que tienes delante es una botella y una bolsa y otra cosa, lo que sea, y las incorporas como anclas adicionales. Las sumas a las anclas anteriores. Así se van repitiendo las ocasiones y se van sumando anclas y llega un momento en que has incorporado un montón de anclas en tu mochila personal. Estas anclas son las que pueden provocar que, a veces, puedas sentir ansiedad sin motivo.

Nuestra mente está constantemente haciendo asociación libre de ideas. Esto ocurre de forma automática e inconsciente. Por eso a veces tenemos ansiedad y no sabemos porqué. Simplemente hay una de esas anclas que se ha disparado. Tengo que agradecer a Luis Bueno, colega y amigo, el haberme dado esta clara explicación del mecanismo de la ansiedad.

ansiedad sin motivo

Remedio natural para la ansiedad sin motivo ¿Hacia dónde miras?

No puedes “controlar” la ansiedad sin motivo, pero si aprender a manejarla. Cuando la alarma de tu sistema bilógico se dispara, lo hace con una intención positiva. Avisarte de que hay un peligro. Este mecanismo es el que, probablemente, nos ha hecho permanecer como especie a lo largo de los siglos. Así que podemos estarle agradecidos. Y ahora que ya sabes esto, cuando la alarma se dispare, puedes mirar a tu alrededor, comprobar que no hay peligro en ese momento y apagarla. Puedes decir a tu cuerpo: gracias por avisarme, gracias por funcionar como un reloj, pero tranquilo. Ya sé que me estás avisando, pero no hemos sido atacados.

A veces, la alarma de un coche se dispara sola y puedes apagarla una vez que compruebas que nadie está robándolo. A veces, las alarmas sufren interferencias eléctricas y se disparan sin motivo.

No sé si a ti te ha ocurrido alguna vez, pero a mí sí. Estas en una terraza tomando algo una noche de verano y oyes como salta la alarma de un coche aparcado. La primera vez que salta la alarma, la gente se vuelve a mirar. Ves salir corriendo al dueño del coche, sobresaltado, porque piensa que le están robando su coche. Sin embargo, el dueño llega y ve que todas las ventanas del coche están bien (nadie rompió los cristales). Escucha y no oye ninguna amenaza. Toca las cerraduras y ve que están bien (nadie las forzó). En suma, pone su atención en lo que le rodea y percibe a través de sus sentidos que todo está en orden. Nadie le está intentando robar su coche en ese momento. Así es cómo queda tranquilo, apaga la alarma y vuelve a sentarse para seguir disfrutando con sus amigos.

No sé si a ti te ha ocurrido alguna vez, pero a mí sí. La alarma del mismo coche vuelve a saltar varias veces en la misma noche, mientras estás sentado en la terraza. Y observas que la gente ya no mira hacia el coche. El dueño ya no corre despavorido hacia el coche creyendo que se lo roban. Ahora va tranquilo. Ya sabe, ya todos saben, que a veces pasan estas cosas. Hay alguna interferencia eléctrica que está haciendo que la alarma se dispare sin motivo. Ahora el dueño se acerca hacia el coche con cierta cara de cansancio o aburrimiento porque la alarma se dispare sin ton ni son. A pesar de ese cansancio, quizá pueda apreciar que la alarma de su coche funciona, que le quiere ayudar a proteger su propiedad. Que el problema no está en ella sino en esas interferencias eléctricas que a veces hay en el ambiente. Así, quizá pueda acercarse al coche y decirle: tranquilo, no hace falta que actives la alarma. Gracias por querer avisarme, tu intención era positiva, pero no hace falta, he mirado todo alrededor y nadie nos está atacando.

Lo que no conviene hacer

Cuando sentimos ansiedad sin motivo, en vez de mirar alrededor, solemos mirar hacia dentro. Focalizamos nuestra atención en nuestro interior, en los síntomas (palpitaciones, hiperventilación, sudoración…). Esto empeora la situación, especialmente, si intentas controlar esos síntomas, lo que también es frecuente. Lo que empeora la situación es mirar hacia dentro, lo que la alivia es mirar hacia afuera, en la forma descrita en el apartado anterior. Esto nos ayudará a recuperar más rápidamente nuestro bienestar cuando sintamos ansiedad sin motivo.

Otros remedios naturales

La respiración también es un remedio natural. La respiración abdominal rompe la respuesta fisiológica de la ansiedad. Si crees que en esas situaciones no puedes respirar de forma profunda, hay un truco. Prueba a soplar por la boca todo el aire de tus pulmones. Luego, tu cuerpo inspirará de forma natural todo el aire que necesite.

También puedes hacer EFT Tapping cuando tengas ansiedad. Es una técnica de gestión emocional natural que puedes aprender a aplicarte a ti mismo.

Como decía antes, la ansiedad no se puede “controlar” pero si se puede aprender a manejar. Y EFT es una herramienta muy efectiva para manejar la ansiedad. Funciona como un ansiolítico natural. Y te ayuda a empoderarte porque te facilita desarrollar la capacidad de manejar tu ansiedad por ti mismo. Puedes aprender a hacer tapping  cuando se disparen las anclas y desactivarlas.

Un abrazo de corazón,

 

Asexualidad ¿Es la falta de sexo la última revolución sexual?

La asexualidad aparece con fuerza en los titulares de medio mundo en una época en la que el propio concepto de identidad está en crisis, un momento en el que para mucha gente los discursos nacionales, políticos o religiosos han dejado de tener sentido. De pronto, nos encontramos con el terreno bien abonado para el descubrimiento de nuevas identidades, nuevas categorías que  nos ayuden a saber quienes somos, que nos den una explicación y al mismo tiempo un marco de referencia para entender nuestra subjetividad.

Este es uno de los motivos que explican el masivo nacimiento de nuevas identidades a lo largo del siglo XX que continúa con fuerza acentuándose a partir del comienzo de la era digital. El declive del modelo normativo universal impulsado por occidente (hombre, blanco, heterosexual, cisgénero y cristiano) ha dado lugar a la reivindicación de todas aquellas identidades que permanecían en un segundo plano. Empezando naturalmente por la mujer y su lucha, todavía vigente, por ocupar el lugar que legítimamente corresponde a nada menos que el 50% de la humanidad, históricamente marginada.

La lucha por la libertad y el lugar de la asexualidad

asexualidad

Junto a la revolución feminista vino la racial, la de las minorías sexuales y muchas otras. La mayoría de estas reivindicaciones, como podemos ver todos los días en las noticias, están a la orden del día. Lo cual, por cierto, no quiere decir que no podamos estar orgullosos como civilización de todas las cosas que hemos conseguido.

En este entramado identitario una de las grandes luchas ha sido la de las minorías sexuales. Desde el principio este asunto fue de gran complejidad, se trataba de nombrar por primera vez en siglos, de forma no peyorativa aquello de lo que estaba prohibido hablar (o al menos hablar bien). Esa es una de las razones por las que el colectivo ahora conocido por las siglas LGBTI (Lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales) ha sufrido tantos cambios internos hasta la formulación que actualmente es más frecuente, no sin polémicas, como veremos, de hecho la «I» es una incorporación bastante reciente, no aceptada por todo el mundo.

Cada una de estas siglas lo que representa al fin y al cabo es una identidad que históricamente no ha podido ser expresada por su lejanía del modelo normativo del que antes hablaba. Pues bien, en este momento hay varios colectivos que desean añadir letras a LGBTI, uno de ellos, tal vez el que está haciendo más ruido en internet es el asexual, pero ¿Es razonable, con lo que sabemos, la inclusión de la «A» junto con las otras siglas?.

¿Qué es la asexualidad?

Los defensores de la asexualidad como una orientación sexual más (además de la heterosexual, homosexual y bisexual), pretenden establecer paralelismos entre esta y aquellas que habiendo estado perseguidas durante siglos ya han alcanzado ciertos grados de aceptación en la sociedad, este es uno de los motivos por los cuales desean su inclusión dentro del colectivo LGBTI, que ha servido históricamente para dar voz a aquellos que tenían una sexualidad, sexo o género no normativo.

Pero vayamos al tema que nos ocupa, ¿Cómo se definen los propios asexuales? En la versión española de la web de la asociación internacional más importante de asexuales, AVEN, definen al asexual como :

La persona que no experimenta atracción sexual hacia otras personas. No es lo mismo que ser célibe, ni lo mismo que ser asexuado o antisexual. No implica necesariamente no tener libido o no practicar sexo o no poder sentir excitación o no poder enamorarse o no tener pasiones o no sentir deseo. En la comunidad asexual la consideramos una orientación sexual, hacia ningún género o sexo, o la falta de orientación sexual, siendo ésta referida sólo a la atracción sexual ya que la orientación romántica de cada persona no tiene por qué coincidir con la sexual.

Encontramos mucha información en esta definición, veamos parte por parte.

De entrada queda claro que la asexualidad no tiene que ver con el celibato, es decir con la opción de no mantener relaciones sexuales aunque exista atracción o deseo. Esta distinción parece muy importante, es decir, la asexualidad tiene que ver con la atracción sexual, no con el hecho en si de no practicar sexo, ser virgen o hacer votos de celibato.

Tampoco es lo mismo que ser asexuado, cosa que equivaldría a no tener órganos genitales, ni que ser antisexual que supondría odiar el sexo.

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Lo que sigue es más complicado, esta definición plantea que los asexuales pueden mantener relaciones sexuales o tener conductas autoeróticas, lo harían en estos casos por contentar al otro, para liberar tensiones o por una descarga fisiológica. En este sentido efectivamente también podrían enamorarse y sentir pasión romántica sin necesidad de sentir atracción sexual, quedaría así desligado una vez más el sexo del amor, lo que para algunos teóricos sería un amor incompleto o platónico y sin embargo ha sido extremadamente popular desde la época de los juglares y el amor cortés.

Asexualidad, libido y deseo

La parte más compleja de esta definición sería, sin embargo, aquella que afirma que «ser asexual no implica necesariamente no tener libido (…) o no sentir deseo.» Esta frase es equívoca a mi parecer, ya que los conceptos de libido y deseo son amplios y cuentan con numerosas definiciones posibles.

Libido, por ejemplo, según la RAE sería:

Deseo sexual, considerado por algunos autores como impulso y raíz de las más varias manifestaciones de la actividad psíquica.

asexualidad

Bien, si la libido es el deseo sexual y el asexual es aquel que no experimenta atracción sexual hacia otras personas vemos que el elemento diferencial es lo relacional. Es decir, que según AVEN el asexual puede experimentar deseo sexual pero este es un deseo sin objeto deseado.

Es ciertamente posible para todos nosotros experimentar este tipo de deseo sin objeto, es esa comezón, esa sensación interna, es angustia difícil de nombrar que intentamos eludir, silenciar o encarrilar mediante estímulos externos. Esa sensación de deseo sin objeto deseado es normalmente desagradable para el sujeto, necesita ponerle nombre y colocarla en algún sitio (comida, pareja sexual, relaciones sociales, agresividad, deporte, etc…). Por eso, se plantearía en este caso que existen personas que experimentan no simplemente un deseo, sino un deseo de índole sexual pero no dirigido nunca hacia ningún objeto. ¿Quedaría entonces este deseo sexual perpetuamente insatisfecho por no contar con un objeto sobre el que proyectarse o sería simplemente satisfecho mediante la estimulación física y el orgasmo?

En este sentido creo que AVEN entiende por asexuales tanto a aquellas personas que no experimentan ningún tipo de deseo sexual como a aquellas que experimentan deseo sexual pero no dirigido hacia ningún objeto. En caso de considerar la asexualidad como una orientación sexual entiendo que solamente sería adecuado en el segundo de estos dos casos, puesto que en el primero no existe orientación ni falta de orientación sexual puesto que no existe un deseo sexual que orientar o no orientar.

Por otra parte, cuando la RAE se refiere a «algunos autores» habla claramente de los autores psicoanalíticos. Sigmund Freud consideraba efectivamente a la libido como la energía de la pulsión, aquella que llevaba al ser humano hacia la vida y que inicialmente tenía una expresión principalmente sexual, aunque podía sublimarse por diversos medios y manifestarse en multitud de formas.

Según comprensiones más modernas desde el psicoanálisis la libido se reconceptualiza como la capacidad deseante del sujeto. Existiendo por tanto deseo existiría libido. De este modo una «baja libido» sería entendida como un déficit en la capacidad deseante. En este caso es importante diferenciar entre una baja libido originaria o sobrevenida. Si es sobrevenida habrá que considerar qué es lo que la provocó, podemos encontrarnos en este caso, por ejemplo, con un Trastorno de deseo sexual hipoactivo o con otras eventualidades que pueden afectar al deseo sexual de tipo biológico como cambios hormonales, por ejemplo.

Conclusiones

Mi conclusión, según los testimonios que he ido leyendo y los casos que he podido ver en la consulta es que la asexualidad no es, como suele suceder en psicología, una cuestión de blancos o negros, sino de diferentes tonalidades de gris.

Dentro de este degradado de grises podremos encontrar desde la persona que no siente ningún tipo de deseo sexual hasta aquel que tiene un deseo sexual reducido con respecto a la media. Esta falta de deseo/atracción/orientación sexual probablemente sea múltifactorial, como suele suceder con todo lo que tiene que ver con la construcción del deseo, más aún cuando parece que bajo la categoría de asexualidad pueden estar englobadas cuestiones de diversa naturaleza y etiología.

En este sentido, creo que, en la clínica, para poder hablar de una auténtica asexualidad, se impone primero descartar cuestiones farmacológicas o biológicas que podrían estar afectando negativamente al deseo sexual, en esta linea sería necesario descartar también, las dificultades que pueden  experimentar personas que han tenido una educación muy represiva en materia sexual y por último las posibles experiencias traumáticas relacionadas con el sexo (Por ejemplo, agresiones sexuales, abusos, etc…).

Una vez descartadas estas variables creo que es ciertamente posible que dentro de la infinita variedad de la familia humana existan personas que sean genuinamente asexuales, tal vez nacidas así, tal vez como resultado de sutiles cambios hormonales o influencias ambientales recibidas en la más temprana infancia, en realidad, eso es materia para los investigadores, mientras tanto lo que nos toca a los clínicos y a la gente en general es contar con la experiencia subjetiva de las personas. Y si no existe un malestar interno al respecto ni un anhelo por estar perdiendo la experiencia de disfrutar de la sexualidad, creo que es posible que estas personas desarrollen una vida plena.

Quedan sin embargo muchas preguntas por resolver: ¿Cuales son las causas de la asexualidad (o las asexualidades)? ¿Cuales son los condicionantes biológicos y psicológicos que están en juego en estos casos? ¿Qué sucede con estas personas que experimentan un deseo sin objeto? ¿En verdad podemos considerarlas como asexuales de la misma forma que aquellas que no experimentan ningún deseo? ¿Qué realidades diferentes estamos contemplando cuando hablamos de asexualidad? y por último ¿Podemos considerar a la asexualidad (o a una parte de lo que se considera asexualidad) como una orientación sexual más, o hay que conceptualizarla de otra manera?

Mientras nuevos estudios responden a nuestras preguntas nos queda la cuestión inicial, es decir, si esta nueva identidad, bajo la cual un número creciente de personas se ampara tiene hueco dentro del colectivo LGBTI o debería constituirse en otro colectivo diferenciado, al final este es un tema de índole político-filosófico que está abierto al debate. Tal vez la solución sea, como proponen algunos activistas abandonar las siglas tradicionales y cambiarlas por unas más inclusivas: GSRDI (Géneros, Sexualidades y Romanticismos Diversos e Intersexo). 

Mientras tanto, respetando la diversidad y la complejidad humana, pensemos, investiguemos, debatamos y mantengamos una mente abierta.

 

 

Enrique Schiaffino

Psicólogo colegiado en Madrid

Fundador de Psiquentelequia

 

 

 

El cisne negro: un caso de psicosis

Ballet Lago de los Cisnes

 

Hace una semana tuve el privilegio de acudir en mi país a la puesta en escena de El Lago de los Cisnes. La trágica historia de amor, maravillosa música de Tchaikovsky y magistral interpretación deleitaron a todos los presentes. En la cultura popular, este ballet ha inspirado diversas cintas cinematográficas entre ellas El Cisne Negro. La relación del Psicoanálisis con el séptimo arte siempre ha sido muy estrecha. A través del cine el ser humano expone aspectos de su psiquismo que serían difíciles de presentar de otro modo.

Me gustaría compartir con ustedes algunas reflexiones que hice hace algún tiempo sobre esta película. Principalmente, cómo en ella se presenta el concepto de la psicosis y los fenómenos psíquicos que le caracterizan. No hay una definición propiamente psicoanalítica de la psicosis. Sin embargo, se considera la misma como una de las tres estructuras psíquicas, junto con la perversión y la neurosis. Su denominador común es una alteración en el sujeto de la relación que mantiene con la realidad compartida por todos. Sus particularidades serán explicadas tomando a Nina, protagonista del Cisne Negro, como sujeto del análisis.

 

El frágil vínculo social en la psicosis

Psicosis Suplencia

 

Nina es una mujer de 28 años, quien se dedica al ballet clásico. Acude con regularidad a una prestigiosa academia de danza en Nueva York. Es una de las bailarinas más dedicadas de la compañía, buscando siempre la perfección en la técnica. Reside con su madre Erika, bailarina retirada a los 28 años cuando quedó embarazada de Nina. Esto fue producto de una relación sentimental con un director de su academia. Desde entonces, Erika se ha dedicado a cuidar de su hija y promover en ella un gran interés por el baile.

Thomas es el director de la academia que dirigirá el ballet de El Lago de los Cisnes. Describe a Nina como la intérprete idónea del cisne blanco: “bella, frágil, perfecta en sus movimientos”. Nina se muestra como una persona dócil y sumisa frente a figuras que considera de autoridad. Además, se muestra inocente y “carente” de cualquier manifestación de sexualidad.

¿Cuál es el trasfondo que sostiene a la psicosis y cómo se despliega en ella el Complejo de Edipo? Si tuviéramos que nombrar el tipo de vínculo entre Nina y su madre, tendría que ser Erikanina. Es un relación completamente dual, sin cabida para un tercero. Nina tiene la certeza de ser todo para su madre, aquello que completa la falta de la madre. Además, es su objeto de goce, pues a través de Nina, la madre obtiene satisfacción pulsional. Esto se observa en el modo en el que Erika manipula el cuerpo de Nina a su antojo, vistiéndola y desvistiéndola aún a sus 28 años. Sumado a esto, la madre presenta una obsesión con el rostro de su hija, del cual hace pinturas de forma compulsiva.

 

La sexualidad sin deseo

La sexualidad de Nina se ve limitada a este intercambio con Erika. No ha entrado en el discurso materno el Nombre del Padre o una figura que haga la función paterna. Es decir, un Otro que ocupe el deseo de la madre, y que ponga límites a esa relación de satisfacción y de exclusividad entre ambas. La alusión que hace la madre de Nina sobre el padre es que fue un “error, por el cual tuvo que renunciar a su carrera”.

Como resultado de esta dinámica, Nina se mueve en el mundo de las “relaciones de a dos” y de los “blancos y negros”, donde no pueden ser posible los puntos intermedio. Hay además un agujero en lo simbólico, teniendo las palabras una literalidad vital. Destaco en este punto el significante “perfección”, que en la vida de Nina parecía tener mucha relevancia. Hasta ese momento había estado asociado con la exactitud en la técnica del ballet.

Hasta el desencadenamiento del brote psicótico, esa carencia en lo simbólico había sido colmada por una suplencia del Nombre del Padre. La suplencia es algo que mantiene la unidad con lo social y ayuda a mantener la compostura. En este caso, el ballet hace de suplencia pues es una actividad que le había permitido a Nina salir un poco de esa relación exclusiva con la madre. Sumado a esto, le permitía mantener un estado de psicosis estabilizada y le daba una identidad de bailarina. Siendo consistente en sus entrenamientos podía alcanzar, según su razonamiento, el nivel de perfección literal. Nada se mueve, nada se cuestiona, nada cambia.

 

El surgimiento del brote psicótico

Psicosis Brote

 

En la academia de danza a la que pertenece Nina, anuncian el nuevo ballet de El Lago de los Cisnes dirigido por Thomas. Éste lo presenta ante las aspirantes con una dicotomía de sus personajes. Por un lado, Odette (la reina de los cisnes y el cisne blanco) es la heroína de la historia. Es una hermosa princesa, que se ha transformado en un cisne blanco durante el día y toma su aspecto humano durante la noche. Por otro lado, Odile (el cisne negro), es la malvada hija del brujo Rothbart, y al igual que Odette se ha enamorado del príncipe Sigfrido. Dile se transforma en Odette con la ayuda de su padre para que el príncipe se enamore de ella. Thomas invita a las bailarinas a hacer una interpretación “visceral y real.”

Nina aspira al papel principal, quien debe interpretar tanto al cisne blanco como al negro. Es en ese momento, se empiezan a manifestar fenómenos característicos de la psicosis. ¿Qué de este hecho puede haber incidido? Nina es llamada a ocupar un lugar que no puede representarse. Por una parte, pasar de tener un rol secundario a uno protagónico. Mientras que también, debe interpretar dos personajes opuestos en una sola obra, manteniendo su parte cisne blanco “virginal”, y dejando surgir su cisne negro “seductor”. Esta exigencia adquiere cualidad de mandato. Se vuelve un imperativo que ella debe cumplir en lo real, y no únicamente como una representación.

 

El mandato del amo

Cisnes negro psicosis

 

Teniendo esto como base, sigamos el curso del desencadenamiento. Decíamos que hay dos exigencias, tomemos por primera la más gráfica: la no-metáfora del cisne negro. El director del ballet, le hace una invitación a Nina, a fin de poder interpretar adecuadamente al cisne negro. En diferentes momentos, Thomas la expone frente a su sexualidad, de la cual ella no se ha cuestionado nunca cual le dice:

Pierde el control y a ti misma, déjate llevar, sorprende y sorpréndete, sé seducida y seduce…

Ve a casa y tócate, vive un poco.

¿Te follarías a esta mujer? Nadie lo haría. (Refiriéndose a Nina) Siente mi tacto y responde a él.

¿Qué ocurre aquí? Thomas enfrenta a Nina con un deseo enigmático para ella, por lo que se coloca frente a él como objeto de goce pasivo, al igual que con Erika. Pero Thomas exige otra cosa, que cuestiona su sexualidad, su deseo y su identidad de “ser bailarina” que hasta ese momento la habían sostenido. Al no soportar la incertidumbre, y potenciado por el modo seductor de Thomas, Nina lo coloca en el lugar de amo con una demanda clara: déjate llevar, disfruta de la sexualidad, vive, y te convertirás en el cisne negro que estoy buscando.

La relación especial que Nina tiene con el lenguaje y el cuerpo, influyen para que este mandato retorne desde lo real en forma de alucinaciones. Ante la ausencia del soporte simbólico, Nina es incapaz de metaforizar, y se queda en la literalidad del mandato, sufriendo en su cuerpo una metamorfosis. En ella, progresivamente, y luego de sus intentos de masturbarse, Nina tiene la percepción de que su cuerpo se fragmenta, de que empiezan a salirle plumas y patas, y a cambiarle el color de los ojos. Esto la deja perpleja y le angustia, pues no hay una representación de un cuerpo unificado que le pertenece, más bien le es extraño. Nina no reconoce que esto está es su mente, y lo experimenta como si fuera completamente real.

 

El delirio paranoide en la psicosis

Paranoia Psicosis

 

Otra salida característica que Nina reproduce es la formación de un delirio paranoide. El principal objeto persecutorio para ella es Lilly, una bailarina nueva en la academia. Thomas describe a Lilly como “imperfecta, natural y que no finge”, para él ella sería el perfecto cisne negro. El delirio consiste en que Lilly está conspirando contra ella para desplazarla y representar el papel protagónico. Entonces nos preguntamos ¿por qué Lilly? Puede ser porque ella está significada por Thomas como la sensualidad y la soltura que a Nina le faltan.

Inicia para Nina la búsqueda de una “nueva perfección” asociada ahora con la sensualidad y no con la técnica. Entonces despliega diversas estrategias que culminan con fenómenos alucinatorios. Primero roba artículos personales de Beth, quien es la antigua estrella de la academia y consentida de Thomas. Beth deja su carrera por tener una edad que esa disciplina se considera avanzada. Por otro lado, se articula una fantasía homosexual con Lilly. A través de este vínculo, trata de descubrir algo de lo que para ella es un misterio: la femineidad y sensualidad. Ambos aspectos que se desbordan en Lilly y de los que ella no sabe nada.

Durante el brote psicótico el sufrimiento de Nina es avasallador. La angustia de aniquilamiento del ser es paralizante. La misma es promovida por una madre demasiado presente, y por ese agujero en lo simbólico ante el cual no puede responder. Esto se observa en una escena en la cual Nina se empieza a masturbar en su habitación y la madre irrumpe. Nina busca poner un límite a la madre en la realidad, tratando de poner una vara para evitar que se abra la puerta de su habitación. La madre literalmente sigue allí negando ese espacio de privacidad a su hija.

 

El pasaje al acto como desenlace

 

El gran día de Nina llega justo después de sufrir unas intensas alucinaciones. Ella se empeña en salir a escena, a pesar de que su madre ha llamado antes para comunicar que estaba incapacitada. Thomas complacido, por esta nueva Nina más “segura de sí misma”, le dice:

La única persona metida en tu camino eres tú, es hora de dejarlo ir y dejarte llevar.

Toda la presentación parece llena de un dolor innombrable, que se observa en la expresión de su rostro. Nina comienza a experimentar las alucinaciones y el delirio. La única salida posible es un pasaje al acto. Esto implica un salir de la escena del lugar al que había sido llamada. Nuevamente toma las palabras de Thomas como una orden y actúa para “quitarse de su propio camino”.

Entonces, por la identificación masiva que presentaba con respecto a Lilly, se hiere a sí misma con un vidrio. De forma alucinatoria Nina piensa que ha herido a Lilly. Sólo cae en cuenta que se ha herido a sí misma, cuando Lilly entra a su camerino para felicitarla, y lo real se le presenta de frente. Otra vez su cuerpo estaba desconectado del dolor físico, pues vuelve para culminar con la función. Es entonces cuando finaliza la escena y literalmente muere.

El suicidio de Nina es contundente, ya que no hay un llamada a un otro ni una intención de enviar un mensaje. Sus últimas palabras dirigidas a Thomas: “lo sentí, me sentí perfecta, fue perfecto”. Una vez más se confirma cómo esta mujer no podía tomar el sentido metafórico. La única forma de tener una interpretación magistral, y de acabar con sus alucinaciones y angustia paralizante, era muriendo al igual que Odette.

 

Psicosis Suicidio

 

Referencias bibliográficas:

  • Laplanche, Jean y Jean-Bertrand Pontalis, Diccionario de Psicoanálisis, Paidós. Edición 2007.
  • Julien, Philippe, Psicosis, Perversión y Neurosis, Amorrortu Editores. Edición 2000.

Fuentes:

Oniria: el mundo de los sueños I

Sueños, miedos, pesadillas y represión de la angustia

Los sueños tienen en ocasiones tal intensidad que son capaces de invadir nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestra conciencia con impresiones turbadoras. Esto pasa cuando los sueños presentan escenas tan vívidas que nos dejan secuelas emocionales muy potentes durante todo el día e incluso no los olvidamos a lo largo de toda nuestra vida. Podemos despertarnos deprimidos, contentos, enfadados, sorprendidos, y esto es un fiel reflejo de nuestros pensamientos más profundos que muestran nuestra personalidad y el modo en que experimentamos el mundo.

El miedo es un fuerte inhibidor de conductas, pero en otras ocasiones es un potente aliciente que empuja a la acción. A veces las reacciones se producen de forma instintiva, transformándose en impulsivas e irreflexivas, pareciendo entonces su expresión más una descarga que una acción premeditada. Cuando el miedo es irracional y no es atendido de forma consciente, puede ser dañino tanto para uno mismo como para los demás. Es una manera de salir rápidamente de una situación que nos mantiene incómodos y paralizados, pero se puede convertir en actos dolorosos. Sin embargo, si se observa con consciencia, permite obtener una salida positiva y esta nueva posición aporta una visión diferente, más amplia.

Las pesadillas, muy relacionadas con el miedo, son exteriorizaciones de sentimientos angustiosos y de desazón, y son vividos con tanta intensidad y las imágenes son tan amenazadoras que el sujeto suele despertarse en mitad del sueño. A los pocos minutos de despertar, estos sentimientos desaparecen, pero en otras ocasiones inundan nuestra mente a lo largo del día. Muchas de nuestras pesadillas representan rasgos o aspectos de nuestra personalidad que no nos gustan, además de situaciones, experiencias, sentimientos o pensamientos más profundos. Sus mensajes suelen tener significados muy valiosos, ya que traen a la conciencia información desagradable que se muestra en forma de aviso o alerta para que el sujeto atienda a dicha llamada de atención.

pesadilla

Normalmente suelen aparecen en momentos de encrucijadas existenciales donde el sujeto está inmerso en numerosos cambios profundos y de algún modo se resiste a ellos; en situaciones en las que se tienen problemas importantes con los parientes o las parejas; cuando perdemos a un ser querido; en situaciones en que negamos miedos en nuestras relaciones personales; o cuando tenemos que abandonar a personas cuya ausencia nos parece insoportable; etc. Las pesadillas muestran esta información de manera encubierta, exteriorizando contenidos más o menos inconscientes.

Nuestro inconsciente tiene numerosos conocimientos que es capaz de reprimir o de expresar de diversas maneras. La represión es un mecanismo automático que tiene como función suprimir la angustia del sujeto, pues cuando éste no es capaz de afrontar una situación angustiosa, recurre a este mecanismo que le permite tranquilizarse momentáneamente, ahorrando así energía que de otro modo alimentaría la fuerza de su miedo.

De ahí que en muchas ocasiones los sueños expresen estos contenidos reprimidos aunque lo hagan de forma críptica y encubierta. Los sueños son medios de información importante sobre lo que pasa dentro de nosotros, y esta «censura´´ es posible descifrarla desde uno mismo. Pero aunque no podamos recordar los sueños o no sepamos descifrar qué es lo que nos quieren decir, el mero hecho de soñar ya es útil, pues a través de ellos podemos expresar emociones, experiencias, melancolías, anhelos, etc, que están presentes en nuestra existencia, en el aquí y ahora.

Yo sueño, ¿y tú?

Los sueños, en los cuales no siempre interviene la atención consciente, son uno de los principales elementos que aportan gran cantidad de información a los seres humanos sobre sí mismos. Toda información que se presenta en ellos, es traída al presente, reflejando lo que la memoria procesa in situ.

En los sueños se proyectan nuestros conflictos, miedos, alegrías y asuntos pendientes, en fin, nuestra personalidad en su totalidad y por ello es interesante conocer cuáles son los mecanismos oníricos que nos permiten vernos en otra dimensión y que nos facilitan información sobre nuestras realidades existenciales. Si observamos los mensajes de los sueños, nos observamos a nosotros mismos.

sueños

Las últimas investigaciones nos muestran que la función principal de los sueños es fijar en la memoria la información que hemos ido recibiendo a lo largo del día. Según las experiencias que tengamos en los momentos de vigilia, así fijará dicha información nuestro cerebro durante la noche, y en ocasiones nos brindará la maravillosa experiencia de enviar esta información a nuestra conciencia más dormida en forma de historia o acontecimiento onírico. Si nuestra experiencia durante el día no ha sido especialmente buena, no es de extrañar que durante la noche podamos tener una pesadilla. Y esto sucede así periódicamente, por lo que nuestra pesadilla puede reflejar experiencias o miedos del pasado que quedaron fijados en la memoria mucho tiempo atrás, trayéndolo al presente y entumeciéndonos del mismo modo.

En la fase MOR, nuestras neuronas se encargan de fijar la información que hemos procesado durante nuestra experiencia en el día, de ahí que podamos reconocer que los sueños son funcionalmente importantes para la adquisición de conocimiento. Dicha función aparece durante el primer año de vida y un dato curioso es que el niño desde que nace tiende a soñar un 70-80% del tiempo en que duerme, el cual va reduciéndose al finalizar el primer año hasta llegar a un 10- 15% en la edad adulta. Pues bien, durante este primer año de vida del hijo, la madre sueña hasta un 60-70% del tiempo que duerme, y algunos científicos (Descamps et al.) afirman que esto ocurre porque la madre acompaña a su hijo en esta función de aprendizaje, construcción y terminación del sistema nervioso. Es decir, cuando el niño necesita menos tiempo de maduración del sistema nervioso y por tanto menos tiempo de producir sueño, la madre también lo disminuye, dándose lugar de forma inconsciente y biológica una intensa intercomunicación entre ambos.

Es un acompañamiento maravilloso, en donde trabajan juntos cerebro con cerebro, pero la pregunta que surge es ¿esto trasciende más allá de la adolescencia y la adultez? Aun está por descubrir.