ZEN: El ritmo del Ser

 

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Donde no hay ninguna cosa allí está el todo.

 

ZEN

 

El ser propio, que llamamos YO, está vacío; como también está penetrado de vacío el mundo exterior, que llamamos mundo objetivo. La liberación del Zen alcanza su cenit cuando el ser humano llega a caer en la cuenta de la vacuidad que traspasa el universo, exterior e interior. Eso es la iluminación. Esa realización es la que nos libera del sufrimiento, de la angustia, problema básico de la existencia. La raíz de la paz verdadera se fundamenta en esa experiencia, en esa conciencia de que todo es Vacío. Es la única manera de trascender la vida y la muerte hacia una expansión ilimitada. En su CANTO DE ILUMINACIÓN, el patriarca chino Yoka Daishi, lo expresa en el siguiente poema:

 

Cuando despertamos completamente al cuerpo Dharma,
Allí no hay nada,
En nuestro sueño vemos claramente los seis niveles de la ilusión;
Una vez despiertos, no hay ni una sola cosa.
Cuando caemos en la cuenta de la verdadera realidad,

 

Allí no hay sujeto ni objeto,
Y el sendero que nos hace caer en el infierno del mayor sufrimiento,
Desaparece instantáneamente.
Cuando vemos verdaderamente, allí no hay nada.
No hay ninguna persona; no hay ningún Buda.

 

Es preciso saber escuchar la profundidad sonora del Vacío, para, pasado un tiempo, llegar a constatar de que en ese abismo no existe la nada sino la totalidad, la totalidad sin centro, sin norte o sur; la totalidad ilimitada y sin puntos cardinales; la totalidad que nada tiene que ver con lo conocido ni con lo poseído . La plenitud del Vacío.

En el Za-Zen, se nos brinda la oportunidad de vivenciar la nada, que es el Absoluto. Y lo único necesario es afinar la escucha, afinar los sentidos, afinar todo nuestro ser a fin de percatarnos de la plenitud liberadora que surge al despuntar del Ser. Así lo veo yo en esta estrofa:

 

 

El despuntar del Ser

 

Rescatar la inocencia del asombro
en el desnudo eco del silencio.
Y escuchar la elocuencia de un poema
ajeno a labios, rimas y fonemas.

 

Intacta sinfonía de la Nada,
fondo mudo del lecho del Vacío
pugnando por abrirse a cada forma
acontecida por todo el Universo.

 

Y entre dos tiempos y dos pensamientos
se abre paso la vacua geometría
del asombro, en el cosmos sin costuras.

 

Relámpago de luces invisibles
que horada los espejos desfondados
por donde asoma el rostro del Origen

 

La alegría que sigue a la liberación, no tiene igual; yo creo que la misma palabra alegría resulta corta. Mejor cambiarla por la palabra paz. ¡Qué difícil es expresar por la palabra, por muy poética que sea, esa inefable experiencia! Por eso acudimos de nuevo a la herramienta del poema:

 

Atento, estar atento…

 

Atento, a la alegría, a la tristeza,
y entrar allí despierto, muy alerta,
sintiendo en la honda entraña esa gran puerta
que se abre hacia algo nuevo, a la proeza 

que transforma el dolor en fortaleza.
Y abrazado al abismo de la incierta
noche, en su honda soledad desierta,
descubrir la gran luz de esta certeza:

 

La llama que consume la costumbre
de ver en cada sombra sólo sombra;
la antorcha que hoy alumbra con su lumbre

 

la noche con su incierta incertidumbre.
Relámpago del dios que nos asombra
cuando alumbra ese abismo y lo hace cumbre.

La inmensa, la honda, paz que se desprende de la vivencia de que el Vacío traspasa cada objeto está más allá de cualquier descripción racional, y cuando uno es consciente de ese hecho cualquier problema pierde relevancia. Esa es la liberación del Zen. Esa es la comprensión de la Unidad: “Las diez mil cosas se vuelven una…”

En el Za-Zen, podemos observar cómo todas las cosas emergen del Vacío. También la respiración.

Efectivamente, al sosegado ritmo de la respiración, el Vacío se apodera de nosotros, y acaba, lentamente, respirándonos; allá, donde nuestra propia intimidad ha dejado de ser propia.

Za-Zen es des-aparecer, paso a paso, en la quietud eterna del corazón del Ser; paso a paso, sin apenas dejar huella. Za-Zen es latir en los propios latidos de esa secreta dádiva que, suave y quedamente, nos envuelve. Y caminar haciéndose uno con el paso. Paso a paso, paso a paso, paso a paso… hasta des-aparecer sin darnos cuenta.

Todo lo que las palabras no alcanzan a decir, lo dice, vibrando, el viento; lo dice el murmullo del arroyo, lo dice la quietud de las piedras del camino. Todo lo que las palabras no alcanzan a decir, lo expresa, sin quererlo, el suave temblor de la amapola, lo expresa el aire peinando las avenas y lo expresa el eterno volar de los vencejos. Todo lo que las palabras no alcanzan a decir, lo afirma el corazón en sus latidos, lo afirma el vaivén de tu respiración. Todo lo que las palabras no alcanzan a decir, lo dice, sonando, del gong, cuando se expande, imparable, por el zendo.

Y el cuerpo, atravesado de silencio, diluido en las alas de su aliento, él mismo se ha hecho ausencia. Y se ha hecho soplo. Y se ha hecho viento; como un tilo en otoño al que sus propias hojas ya le pesan, y al que su propia desnudez ya le es ajena. Tan sólo permanece el frágil rumor del palpitar. El resto, el meditador incluido, ha perdido su volumen. Sólo queda eso: la meditación, sólo queda eso: la respiración.

 

 

Fuente:

Fragmento del libro: LA RADICALIDAD DEL ZEN (En 24 teishôs)
Fotografía: Sweet Ice Cream Photography

La revolución del mindfulness – 1ª parte: más allá de la meditación.

El mindfulness está de moda. Desde que en los años 60 empezaran a ser populares en Occidente distintas formas de meditación, primero la meditación transcendental, hoy una marca registrada y en su origen una técnica de meditación desarrollada por un maestro indio a quien los Beatles o los Beach Boys, entre otras celebridades, consideraban su gurú, Maharishi Mahesh Yogi; pero posteriormente también distintas formas de meditación budistas, como la meditación Zen, Vipassana o tibetana, ahora, más allá de la meditación llega el mindfulness.

Choegyal Rinpoche (b. 1946) març 2005

Aunque para nosotros el mindfulness sea una moda, debemos ser conscientes que en Asia lleva 2.500 años de moda. Como explicó en su reciente visita a España el biólogo norteamericano Jon Kabat-Zinn, creador en 1979 del programa de Reducción del estrés basado en mindfulness (MBSR en sus siglas en inglés) que ha popularizado el mindfulness en Occidente: «el mindfulness es una forma de llevar aquellos aspectos más universales del budismo a Occidente.« Podríamos decir entonces que el mindfulness es una moda, sí, pero una moda milenaria.

 

La llegada del budismo a Occidente

En efecto, el popular psicólogo norteamericano Daniel Goleman relata en su «Prólogo» a Nuestra salud innata que en 1975 en un restaurante de Cambridge (Massachussets), el lama tibetano Chögyam Trungpa Rinpoché (autor del mencionado libro), quien venía de instalarse en los EE.UU. después de haber fundado el primer monasterio budista tibetano en Europa, donde por ejemplo acudirían figuras como David Bowie, se inclinó sobre la mesa con un gesto de complicidad y mientras le miraba fijamente a los ojos le dijo con rotundidad: «El budismo vendrá a Occidente como una psicología.»

Cuarenta años después, esta suerte de «profecía» no deja de ser sorprendente puesto que aunque quizás Trungpa Rinpoché no sabía qué nombre adoptaría esta forma de psicología budista, ¡el hecho es que ya está aquí! Es, como titulaba el 23 de enero de 2014 la revista Time: «The Mindful Revolution». Es la última revolución, la «revolución del mindfulness».

Time Magazine Mindful Revolution

A menudo pensamos en las revoluciones como algo por venir, en el futuro, o como hechos que sucedieron, en el pasado. Además solemos pensar en una revolución como un suceso de enormes proporciones, grandioso. Sin embargo la revolución del mindfulness no es así.

Te has preguntado alguna vez, ¿quién eres? O, ¿qué haces en el mundo? Incluso, ¿qué posees en realidad? O ¿dónde está la conciencia? Por favor, te invito a que te pongas estas preguntas por un instante. ¿Quién soy? ¿Qué hago en el mundo? ¿Qué tengo en realidad? ¿Dónde está la conciencia? Observa, ahora mismo no tienes ni idea de cuál es la respuesta. Todavía no lo sabes pero aquí radica la cuestión.

Lo que sí sabes es quién fuiste en el pasado, tienes una vívida imagen de tus recuerdos. También sabes quién te gustaría ser o, quizás, quién no te gustaría ser. Del mismo modo puedes recordar qué hiciste en el pasado o lo que te gustaría hacer en el futuro, qué tuviste o qué te gustaría tener. Y ahora ya sabes donde está la conciencia, recordando el pasado e imaginando el futuro. Es natural, los neurocientíficos lo llaman la Red Neuronal por Defecto (DMN en sus siglas en inglés), es el modo de funcionamiento automático de tu cerebro que te lleva a estar constantemente rumiando en el pasado y el futuro.

 

El momento presente

Pero todo cuanto forma parte del pasado ya no está y todo lo relativo al futuro aún está por venir, por lo que lo único que hay está en el momento presente, todo cuanto tienes está en el momento presente, incluso cuando tu mente recuerda o imagina sigue estando en el momento presente. El momento presente es todo lo que hay, por lo que si no estamos atentos a cada pequeño momento perdemos todo cuanto hay, ¡lo perdemos todo! El momento presente es todo cuanto eres, todo cuanto tienes, todo cuanto haces, donde siempre están tu cuerpo y tu mente.

Sin embargo al atender el momento presente, al desactivar el piloto automático, quizás te decepciones. Quizás lo que encuentres no encaje con tus expectativas, es decir con lo que habías pensado. Quizás esperabas encontrar algo especial, algo distinto, sublime o grandioso, aunque eso solo fue algo que imaginaste en el pasado. Sin embargo, estar atento al momento presente, a cada pequeño momento, ¡lo es todo! ¡Es todo cuánto eres! ¡Todo cuánto tienes! ¡Todo cuanto haces en el mundo! ¡Allí donde siempre estás! Qué podría haber más maravilloso. Ésta es la revolución de la conciencia, traerla de vuelta al momento presente. Esto es el mindfulness, estar atento al momento presente. Estar atento momento a momento. Estar atento a quién eres en este momento, qué estás experimentando, qué estás haciendo, dónde estás. Como dice el maestro Zen vietnamita Thich Nhat Hanh en El milagro del mindfulness«es el milagro que puede traer de vuelta en un instante la mente dispersa y devolverla a la plenitud para que podamos vivir cada minuto de vida.»

Pero no te agotes intentando estar atento en todo momento, para estar atento no hay que hacer nada, la atención no puede fabricarse, simplemente ya está presente sin esfuerzo, puesto que es una cualidad innata de la mente. Sólo tienes que recordar que ya está aquí, en todo momento.

mingyur rinpoche (b. 1975) 2002

 

 

Mindfulness

Mindfulness en este sentido no significa ‘atención plena’, no hay nada que llenar. Si no estás plenamente atento simplemente es que no estás atento. Quizás alguien en algún momento pensó que la palabra inglesa mindfulness se compone de mind (mente) i fullnesss (plenitud), pero en realidad se forma a partir de mindful y nessTo be mindful en inglés significa ‘tener presente’, ‘tener en cuenta’, ‘ser consciente’ o ‘estar atento’. El sufijo -ness sólo substantiviza la expresión: mindfulness es ‘la presencia’, ‘la consciencia’ o ‘la atención’.

Pero la palabra mindfulness a su vez es la traducción inglesa de sati, un término en lengua pali, la lengua literaria con la que se han transmitido las enseñanzas del Buddha, en un origen orales, en el Sudeste Asiático. En otras lenguas en las que se tradujeron las enseñanzas budistas, mindfulness en sánscrito es smṛti (pronunciado «smriti»), en chino nian («nien») y en tibetano dran («dren»). Sati, o cualquier otra variante, literalmente significa «recordar», «memoria» o «atención», y en el contexto del budismo hace referencia al cultivo de la atención correcta (sammā sati), el séptimo componente del Camino Óctuple de los nobles (ariyo aṭṭhaṅgiko maggo), el sendero budista.

En efecto, podemos ver la relación entre la atención y la memoria si observamos que cuando no recordamos algo es porque no estábamos atentos. Como explica el monje theravada Anālayo en SatipatthanaThe Direct Path to Realization«El mindfulness es recordar el momento que tan a menudo olvidamos, el momento presente.« Mindfulness significa recordar el momento presente, sentido que todavía preserva en inglés la palabra record que significa «grabar», «registrar». Por lo que la atención al momento presente, significa apretar el botón rojo de REC, desactivar el modo TV (la red neural por defecto, el reality siempre de cháchara) y activar el modo vídeo, darse cuenta de lo que estás sintiendo en este momento, abrir la atención y vivir tu vida en directo, no desde tus rumiaciones. Puedes hacerlo ahora mismo, no tienes que cambiar de postura ni dejar de hacer lo que estabas haciendo. No hace falta que alcances profundos estados de absorción meditativa, ni que te retires a una cueva en el Himalaya.

matthieu ricard (b. 1946) juny 2002

Pero este recordar el momento presente tampoco significa pensar en el momento presente, mindfulness es una atención preconceptual, prelingüística. En la jerga del mindfulness, ‘sin juzgar’. En efecto, incluso en su etimología latina, la palabra recordar (re + corcordis) significa «regresar al corazón», por lo que se trata de estar atento a lo que estás sintiendo, a lo que estás experimentando, que sólo sucede en el momento presente. Recuerda que para la mayoría de culturas asiáticas la mente se encuentra en el corazón y que en chino ambas palabras se llaman igual: shin. Recuerda también que hoy la neurociencia ha descubierto que alrededor del corazón existe una red de 40.000 neuronas conocida como cerebro cardíaco. En el lenguaje popular siempre lo supimos, es lo que llamamos escuchar la intuición: «tengo una corazonada…»

 

Integrar cuerpo y mente

Así pues, la práctica del mindfulness consiste en integrar mente y cuerpo, en llevar la atención a lo que estás experimentando momento a momento a través del cuerpo. Pero el cultivo de la atención en el mindfulness no es un mero ejercicio cognitivo o atencional, es una práctica psicosomática, objeto de estudio por parte de la medicina llamada mente-cuerpo y que ha dado lugar a la aparición de nuevos campos interdisciplinarios de investigación científica sobre la mente, la naturaleza de las experiencias y el cultivo de la salud, como la neurociencia contemplativa, cuyo principal exponente es el psicólogo Richard Davidson (alumno de Goleman, entre otros) o la neurobiología interpersonal (IPNB en sus siglas en inglés), formulada por el psiquiatra Daniel Siegel.

Ésta es la revolución del mindfulness. Sucede ahora, está presente en las pequeñas cosas, puede practicarse haciendo cualquier actividad, promueve la salud física y mental a un nivel interpersonal y ha generado una nueva disciplina científica. Es decir, el mindfulness es meditación y no lo es, es meditación y post-meditación, es meditación formal e informal. El mindfulness va más allá de la meditación y se ha convertido en una práctica coadyuvante, literalmente que «contribuye a ayudar», potencialmente en todas las esferas de la vida humana. Estar atento o no es la clave de la transformación.

Ésta, sin embargo, es solo la primera parte, el mindfulness no solo consiste en el cultivo de la atención. En efecto, como dice el Buddha: «Igual que el océano tiene un único sabor (ekarasa), el sabor de la sal, del mismo modo estas Enseñanzas tienen un único sabor, el sabor de la liberación.» Se refiere a la liberación del sufrimiento y ésta es la única finalidad de la práctica del mindfulness. Sin embargo veremos que el cultivo de la atención es solo un primer paso.

Próximamente: La revolución del mindfulness – 2ª parte: la sombra de la meditación.

Los Pilares del Yoga: Conciencia y Atención

La mayoría de las filosofías occidentales consideran que la Conciencia es una función de la mente, y que sin mente no habría Conciencia. Esto puede verse reflejado en la afirmación clásica “Pienso luego existo” de Descartes.

En el Yoga este pensamiento es, cuanto menos, desacertado. No hay una forma racional de demostrar que es una idea errónea, sin embargo los yoguis nos ofrecen un método para experimentarlo por nosotros mismos.

En un sentido general conciencia significa comprender, conocer o sentir lo que está sucediendo a nuestro alrededor y mas profundamente en nuestro interior. Los yoguis entienden que toda forma de vida es un vehículo para la Conciencia. Ya sea una célula, planta, animal o ser humano. La naturaleza fundamental de todos los seres vivos es la Conciencia.

Sin embargo, cada una de estas formas se expresa en diferentes niveles. Tradicionalmente se dice que “la Conciencia duerme en las piedras, sueña en las plantas, comienza a despertar en los animales y puede desarrollarse por completo en los humanos”. De entre todos los organismos vivientes el ser humano es el único que tiene la capacidad para conocer, manifestar y hacer florecer todo su potencial.

captando señales

La atmósfera está cargada de ondas electromagnéticas que portan todo tipo de información (programas, películas, series, etc.) destinada a llegar a los diferentes canales de televisión. Nosotros como humanos no somos capaces de captar directamente estas señales, nuestros cuerpos carecen del equipamiento necesario. Las ondas están ahí pero no podemos sintonizar con ellas. El potencial está ahí pero no podemos utilizarlo.

Un aparato de TDT por si mismo no puede ver ni escuchar, actúa como un mediador que capta ondas y las convierte en contenido audiovisual apto para ser visualizado. De igual modo, los órganos de los sentidos y el cerebro no son más que receptores, transformadores y emisores. Captan sensaciones que se transforman en señales para que el cerebro las procese y envíe a la conciencia, que es quien realmente observa.

Si entendemos el conjunto cerebro-mente como un ordenador, podríamos decir que el cerebro es la parte física (hardware) mientras que la mente sería el sistema operativo y los programas (software). Un ordenador es una máquina que existe con el fin de hacer la vida mas sencilla a las personas, por si solo no es más que una maquina.


Atención

En el Yoga se enfatiza la importancia de la atención como fin para aislar la conciencia del entorno que nos rodea para dirigirla hacia las esferas más íntimas de nuestra mente.

Si te observas, comprobarás cómo tu mente tiene una tendencia natural a moverse de un lugar a otro, a crear una percepción dispersa. Esta distracción causada por una corriente de pensamientos no interrelacionados se conoce como Vikshepa, y es una limitación de la mente.

Proyección vital

Nuestros procesos mentales son como una buena película: intrigante, excitante, emocional…muchas veces el contenido es tan atractivo que nos perdemos en el drama hasta que la película termina.

La mayoría de nosotros vivimos absorbidos en nuestros pensamientos y cuerpos físicos, tanto que nos identificamos con ellos. Es esta identificación la que nos atrapa en una realidad limitada. Llegamos a creer que formamos parte de la película.

Durante los periodos prolongados de atención comenzamos a entender los aspectos más profundos de nuestro ser, a salir de esta película mental.

En el Yoga tradicional se trabaja de forma indirecta con la atención a través de la presencia. Presencia entendida como “atención consciente”, tanto interna (pensamientos) como externa (cuerpo, respiración…).

Existe una relación entre la actividad perceptiva y el perceptor. Si una persona no sabe que está percibiendo algo no está presente. La idea principal es convertirnos en “espectadores” de nuestro cuerpo y nuestra mente.

Si tomamos conciencia y comenzamos a observar, a convertirnos en testigos de nuestras acciones y pensamientos podemos trascender a una nueva dimensión existencial y ser verdaderamente libres.