Música al comienzo de la vida (I): el canto materno como espacio de emociones compartidas

Hoy te propongo un ejercicio de observación externa. Seguro que a lo largo de tu día encontrarás a alguna madre con su bebé, ya sea caminando por la calle o en algún lugar que visites. Si puedes, observa cómo se relacionan, sin juicio. Puede ser uno de los espectáculos más bellos que existen, lleno de amor. Observa lo que cada uno, madre y bebé, propone, y cómo recoge lo que el otro plantea. Sus miradas, sus voces, sus movimientos. ¿A que parece una danza?

 

La “danza de la vida”

Ya desde su llegada a este mundo, el bebé puede reconocer la cara, la voz y el olor de su madre. Se muestra deseoso de reflejar y provocar expresiones faciales en ella y su padre. Estas manifestaciones tempranas de apertura social de los bebés tienen un significado interpersonal profundo.

La diada madre-bebé convive de forma continua, con alternancia de momentos de conexión o ajuste con otros de discrepancia o desajuste. Se ha definido a esta interacción como una “danza”. No puede evitarse que se produzcan esas rupturas en la armonía, pero lo más importante es el modo en que la madre o el cuidador principal facilita la transición desde un desajuste hacia un nuevo momento de conexión, pues el bebé aprende que es posible superar las situaciones desagradables, y se cultiva la esperanza y el optimismo, y aumenta el sentimiento de autoeficacia. Hay una transformación de afectos negativos en positivos. De este modo, en su camino compartido, la madre y el bebé aprenden a perfeccionar esos pasos de baile hasta conseguir un patrón sincronizado en ritmo y tiempo. Esta alegría compartida constituye un elemento fundamental para la creación de conexiones neuronales en los bebés que permiten el desarrollo de la intersubjetividad humana.

 

 

El canto de la madre al bebé como expresión de amor compartido

En todas las partes del mundo, los adultos, y especialmente las madres, cantan a los bebés con el fin de regular sus emociones. Este canto aumenta la sensación de placer en el bebé, además de reducir su incomodidad y facilitar el sueño. Pero también ayuda a que el niño aprenda a autorregularse en etapas más avanzadas de su desarrollo, y facilita la competencia social. En los países en desarrollo, el bebé suele estar en contacto más continuado con su madre mientras esta realiza sus tareas domésticas, e incluso duerme con ella, de modo que en el momento de cantar, existe también contacto físico y movimiento, es decir, se produce una estimulación a diversos niveles que puede denominarse multimodal. En los países industrializados, el contacto del bebé con la madre es menor, aunque puede ser frecuente la realización de actividades lúdicas en las que se produzca dicha interacción.

Las principales características del canto materno son las siguientes:

  • Las madres emplean con frecuencia el canto para expresar emociones positivas, por lo que el tono de voz que emplean es más amoroso, con mayor riqueza de sonidos armónicos más agudos. Además, las madres tienden a cantar a sus bebés de forma más lenta y emplean vocales largas y glisandos o deslizamientos de voz.

 

  • El rango del canto suele ser bastante agudo, lo que puede deberse a que los bebés prefieren escuchar un canto agudo en una voz femenina, ya sea por su familiaridad con la voz materna o por una mayor precisión en la captación de los tonos agudos. Además, coincide con el rango de voz del bebé.

 

 

Las madres logran mayor expresividad manipulando la letra y la melodía, pero también la dinámica y el tempo en el transcurso de la canción. De este modo, las nanas suenan más relajantes, y las canciones de juego, más alegres. La nana es un tipo de canción infantil destinada a relajar y facilitar que el bebé se duerma. Presenta una estructura simple y repetitiva, así como un contorno melódico suave y descendente, con sucesión de pequeños intervalos en un rango tonal limitado. La canción de juego es una forma musical diseñada para provocar interacciones más alegres o aumentar la emoción y la estimulación durante los cuidados rutinarios.

En función del objetivo de la madre (relajación o estimulación del bebé), alterará ciertos elementos musicales mientras canta. De este modo, las nanas expresarán afecto o ternura, mientras que las canciones de juego llevan sentimientos de alegría. Las madres tienden a refinar su interpretación musical con el fin de adaptarse al estado de ánimo y destrezas del bebé. Estos pueden detectar cambios sutiles en los estímulos musicales y así descifrar las expresiones de la madre.

 

 

¿Cómo ayuda el canto materno a regular emocionalmente al bebé?

El canto materno contiene estructuras secuenciales que facilitan la percepción de emociones. Las nanas y las canciones de juego han evolucionado para convertirse en rituales expresivos de emociones profundas, con beneficios para la madre y el bebé. Las nanas y las canciones de juego modifican el estado anímico del bebé y regulan su excitación, pasos previos para la regulación de los afectos.

 

 

El canto ayuda a coordinar los estados emocionales entre la madre y el bebé, y a establecer un vínculo social. Ambos muestran interacciones comunicativas rítmicas, con un patrón temporal, que se mantienen de forma conjunta. Los elementos musicales proporcionan a madres y bebés las herramientas necesarias para coordinar y expresar sus emociones. Las madres tienden a sonreír más cuando cantan que cuando hablan, lo que origina mayor atención visual de los bebés, y favorece la sensibilidad materna.

Las canciones de juego suelen ser más adecuadas para controlar momentos de malestar del bebé. Su carácter rítmico capta la atención de forma intensa y puede favorecer la distracción. Estas canciones suelen ser estimulantes, y se acompañan de movimientos con la cabeza y los brazos, y balanceo rítmico del bebé. Si este ya conoce la canción, se facilita un entorno de recuperación más seguro que el creado por el habla.

 

Canto materno y estados anímicos de la madre

Con frecuencia, el proceso de adaptación a una nueva maternidad puede conllevar cambios en los estados anímicos de la mujer. Estos estados pueden derivar en una depresión postparto, o en un estado mantenido de ansiedad, que además del propio sufrimiento que conllevan, dificultan el establecimiento de una relación saludable con su bebé. En general, nuestra sociedad tiende a negar esta realidad, e infravalorar todo lo que supone la maternidad en la vida de la mujer.

Desde hace algunos años, se sabe que las madres con depresión postparto interactúan menos con sus bebés, son más inexpresivas, y les cantan menos. Su canto es menos expresivo, menos luminoso, menos vital. Y por tanto, con menos rasgos que ayuden a regular a su bebé. De este modo, se genera un círculo vicioso que tiende a perpetuar la desconexión.

En Bélgica, se llevó a cabo una experiencia en un hospital materno-infantil con madres con depresión, en las que participaban durante varias sesiones grupales junto a sus bebés con dinámicas musicales en las que había un contenido teatral o expresivo importante, siguiendo las pautas de aprendizaje musical del pedagogo musical norteamericano Edwin Gordon. A lo largo del estudio, se comprobó la mejoría en la interacción entre madre y bebé.

 

 

Otros estudios en Estados Unidos y Australia se han enfocado en plantear programas educativos a través de las nanas para madres en general, como medio de promoción de la salud en esta etapa temprana, o como recurso de apoyo para madres con trastornos psiquiátricos. En todos ellos, se demuestra el profundo impacto de las experiencias musicales compartidas con los bebés para la mejora de su interacción y el desarrollo de una mayor conciencia de sus emociones.

 

 

Referencias bibliográficas

 

  • Edwards, J. (ed). (2011). Music Therapy and Parent-Infant Bonding. Oxford: Oxford University Press.
  • Gordon, E. (2013). Music learning theory for newborn and young children. Chicago: GIA Publications.
  • Nicholson, J. M., Berthelsen, D., Abad, V., Williams, K., & Wallace, J. (2008). Impact of music therapy to promote positive parenting and child development. Journal of Health Psychology, 13(2), 226-238.
  • Trehub, S. E. (2001). Musical predispositions in infancy. Annuals of the New York Academy of Sciences, 930, 1–16.
  • Van Puyvelde, M., Rodrigues, H., Loots, G., De Coster, L., Du Ville, K., Matthijs, L., Simcock, D., & Pattyn, N. (2014). Shall we dance? Music as a port of entrance to maternal-infant intersubjectivity in a context of postnatal depression. Infant Mental Health Journal, 35(3), 220-232.

 

Trátame con mucho tacto: el profundo significado de una caricia

 

Te propongo un momento de serenidad para comenzar. Solo tienes que cerrar los ojos, inspirar profundamente, y colocar tu mano derecha bien abierta sobre tu corazón, siente su tacto, a la vez que liberas el aire de forma lenta a través de tus labios. Puedes colocar también tu otra mano sobre tu vientre. Respira lentamente varias veces manteniendo esta posición. Puedes prestar atención al calor que desprenden tus manos en tu pecho y en tu abdomen, al roce del aire en tus labios al espirar. ¿Qué sensación interior estás teniendo? ¿Qué se mueve o se detiene dentro de ti? Puede que hayas vivido una experiencia de reencuentro contigo mismo. Y, seguramente, el elemento que ha tenido más peso en ello ha sido tomar conciencia de tu propio tacto.

 

El tacto como puerta de la afectividad

El tacto es uno de los sentidos que se desarrolla a etapa más temprana en el embrión humano. La piel comienza a llenarse de terminaciones nerviosas que conectan con el sistema nervioso en desarrollo, y esto permite al embrión y posteriormente al feto recoger sensaciones táctiles cuando aún se encuentra nadando en el líquido amniótico. Su propio movimiento y el de su madre suponen un estímulo continuo antes de nacer, con contracciones, vibraciones, roces dentro del vientre materno, que contribuyen a la maduración de este sentido.

Tal es la importancia del tacto, que nada más nacer, lo más importante es proporcionar al recién nacido el contacto piel con piel con su madre. Las prácticas habituales hasta no hace muchos años se basaban en separar inmediatamente al bebé de su madre, lavarlo, monitorizar el estado de salud y ya al cabo de un rato, devolvérselo a ella. Pero se demostró que, tan importante como respirar, es ese contacto inicial entre los dos implicados para generar un vínculo basado en el tacto, el olor, el sabor, los sonidos, que permitirá al bebé normalizar sus constantes vitales, regular su desbordamiento emocional ante la llegada a este mundo desconocido, y reducir el estrés tras la traumática vivencia del parto. En las unidades de neonatología se practica ya desde hace años el método canguro, especialmente importante en niños prematuros que requieren del contacto directo con la piel de su madre para reducir su frecuencia cardiaca, regular su respiración y el aporte de oxígeno, y controlar su temperatura corporal.

 

Tacto piel con piel

Tacto piel con piel entre recién nacido y su madre

 

¿Qué sentido tiene que sea tan necesario ese contacto continuo con la madre?

Se ha especulado mucho sobre ello, y desde un punto de vista evolutivo, una hipótesis considera que, para que fuera posible que el ser humano evolucionara hacia la bipedestación, es decir, mantenernos sobre dos piernas, se hacía necesaria una anchura de cadera limitada. Una de las consecuencias de ello es que el periodo de gestación de las crías humanas no podía alargarse hasta que hubiera un desarrollo avanzado, sino que una parte importante de la maduración debía realizarse ya fuera del útero. Es por ello que los bebés humanos son las crías de mamífero menos maduras y más indefensas, y por tanto, la naturaleza ha propiciado que sea necesario un contacto continuo con su progenitor para lograr la sensación de seguridad que permita proseguir el desarrollo, además de proporcionarle alimentación y cuidados. Cuando este contacto no se da o es menor que el necesario, surge el llanto desgarrador, que es la señal de alarma más importante que tiene un bebé para llamar la atención.

Aunque en los últimos años ha habido un cambio importante a favor del contacto físico con los bebés, aún pesan las creencias de que “demasiados brazos malcrían al niño”, o que “es mejor que se acostumbre a estar solo”. Realmente, estamos barriendo, desde un punto de vista “adultocéntrico”, las necesidades evolutivas, y nos permitimos juzgar sin comprender lo que hay detrás de una manifestación de alerta de un bebé.

Además de conferir seguridad y facilitar el apego, el contacto físico con el bebé le permite desarrollar su conciencia corporal, la estimulación de su piel permite generar conexiones a nivel cerebral que le permiten ir desarrollando un esquema de su propio cuerpo, de sus movimientos y contribuir a generar su “yo somático”.

 

 

La oxitocina como llave para vincularnos y relacionarnos en positivo

¿Qué base biológica hay detrás de la necesidad del contacto físico para generar vínculos? En las últimas décadas se ha hecho un esfuerzo importante para comprender qué nos mueve afectivamente hacia las otras personas, y parece que existe una hormona, la oxitocina, que está detrás de todo ello. Esta hormona interviene en el momento del parto y también durante la lactancia, pero lo que parece ser aún más relevante es que cualquier estimulación táctil y, en general, sensorial, que nos resulte agradable, eleva sus niveles y nos hace más proclives a “conectar” con los otros. Parece que hay una tendencia a menor niveles de esta hormona en personas que muestran un apego inseguro, y cuando existen ciertos problemas de salud, como depresión, esquizofrenia, fibromialgia o ciertos síndromes asociados a dolor crónico.

En general, se ha demostrado que unos niveles adecuados de oxitocina se asocian con un mejor estado de salud, que se plasma con un menor riesgo cardiovascular, menor tensión arterial, menor ritmo de envejecimiento, menor riesgo de infecciones ciertos tipos de cáncer, etc. La oxitocina se genera ante situaciones que nos “mueven” emocionalmente, como una mirada intensa y profunda, una caricia u otra manifestación de tacto afectivo, también ante un masaje, una relación sexual o con la ingesta de alimentos. Incluso, esta hormona está detrás de la conexión existente entre humanos y perros, ya que en ambas especies, un contacto visual afectivo eleva los niveles de oxitocina y contribuye al vínculo.

 

El poder de un buen abrazo

Aunque escasos, son interesantes los estudios científicos relativos a los abrazos sobre la salud. Se ha demostrado que las mujeres en etapa postmenopáusica que compartían más abrazos con sus parejas tenían niveles más elevados de oxitocina, así como una tensión arterial y una frecuencia cardiaca más bajas. Otro estudio experimental con adultos sanos a los que se inoculaba un virus que producía cuadros respiratorios leves ha puesto de manifiesto que cuando la persona percibe un mayor apoyo social y recibe más abrazos, tiene menor tendencia a enfermar, y si lo hace, mostrará signos menos graves de enfermedad.

 

 

Una forma de cambiar el mundo: el masaje infantil

Ante las evidencias de la importancia del tacto en nuestra vida, y nuestra dificultad para sentirlo de forma natural, ha habido diferentes aproximaciones para ir generando una visión desprovista de juicios pero sí provista de apertura en cuanto al tacto. Una de ellas ha venido siendo impulsada desde la década de 1970 por Vimala McClure, que se propuso difundir el masaje infantil como una herramienta que, heredada de algunas tradiciones culturales, pudiera ser transmitida a todos los padres y de este modo generar y reforzar el vínculo con sus hijos. La International Association for Infant Massage (IAIM) es la asociación internacional que potencia esta herramienta y en España, a través de la Asociación Española de Masaje Infantil (AEMI), se ofrecen cursos para educadores que sigan difundiendo esta práctica. Generar espacios donde madres y padres puedan conectar con sus bebés de forma natural, piel con piel, sintiéndose desde el corazón, puede ser una de las formas de lograr un mundo más humanizado.

 

 

Y para terminar …

Para finalizar este viaje a través del tacto, te propongo una nueva experiencia. Puedes escuchar el sonido de lluvia que te facilito en el próximo enlace, cerrar los ojos, y e imaginar que las yemas de tus dedos son esas gotas que van a ir empapando tu cuerpo. Puedes realizar pequeños golpecitos por todo el cuerpo, comenzando por tu frente, tu cara, tu cuello, detente en el pecho, sigue por brazos, luego abdomen, cadera, piernas … Siente el golpeteo rítmico ajustado a esa lluvia y permítete acoger las intensas sensaciones que seguramente se generen. Imagina que es tu forma de reconocerte y darte amor.

 

 

Referencias

  • Cohen, S., Janicki-Deverts, D., Turner, R. B., y Doyle, W. J. (2015). Does hugging provide stress-buffering social support? A study of susceptibility to upper respiratory infection and illness. Psychological Science 26, 135–147.
  • Light, K. C., Grewen, K. M., y Amico, J. A. (2005). More frequent partner hugs and higher oxytocin levels are linked to lower blood pressure and heart rate in premenopausal women. Biological Psychology 69, 5–21.
  • McClure, V. (2014). Masaje infantil. Guía práctica para el padre y la madre. Barcelona, Ediciones Medici.
  • Uvnäs-Moberg, K., Handlin, L., y Peterson, M. (2015). Self-soothing behaviors with particular reference to oxytocin release induced by non-noxious sensory stimulation. Frontiers in Psychology, 5, 1529.