El cuerpo como recipiente del dolor y valiosa fuente de curación

El post de hoy trata sobre el cuerpo. El cuerpo es ese gran olvidado, del que sólo nos acordamos cuando llega el buen tiempo y queremos lucir lo más atractivos posible o cuando algo no funciona como debiera (gripe, alergia, esguince o enfermedades más graves). Normalmente damos por hecho su buen funcionamiento y no valoramos que gracias a él vivimos, nos relacionamos, experimentamos y sentimos. De hecho, tendemos a prestarle atención cuando queremos criticarlo o menospreciarlo por no ser “lo perfecto que debiera” según los cánones establecidos que nos inundan a diario a través de los medios de comunicación, las redes sociales, etc. La realidad es que nos suele costar amar y respetar nuestro cuerpo.

 

LA SABIDURÍA DEL CUERPO

 

Y, sin embargo, el cuerpo guarda una gran sabiduría. Podemos observar en él, a través del movimiento o la postura, indicios que nos hablan de la historia de la persona. Al igual que con el paso de los años se nos marcan más las arrugas de los músculos de la cara que más utilizamos, en el cuerpo también se reflejan los aprendizajes que hemos ido adquiriendo y que nos han ayudado a garantizar la supervivencia y a mejorar el bienestar.

Ya desde pequeños, podemos ver cómo el cuerpo reacciona al entorno. Un ejemplo de ello se observa en el experimento de la cara inexpresiva realizado por Tronick.

 

En dicho experimento se exponen a bebés jugando con sus madres y en un determinado momento se les pide a las madres que dejen de reaccionar, poniendo una cara que no exprese ningún tipo de sentimiento ni de reacción. Al principio, el bebé intenta hacer reaccionar a la figura de apego, para lo cual intenta provocar su sonrisa, llamar su atención, se enfada y/o llora. En definitiva, hace todo lo que está en su mano para generar algún tipo de reacción en ella. Cuando pasan unos minutos sin que la madre responda el bebé realiza comportamientos autoorganizativos que le ayudan a regularse, tales como chuparse el dedo o apartar la mirada, entre otras acciones. Si estás acciones se repiten en la vida del niño o niña sin las conductas reparadoras apropiadas por parte de la figura de apego, el cuerpo del bebé reaccionará de forma que sus posturas se convertirán en tendencias procedimentales que continuarán a lo largo de su vida adulta. Estas experiencias se irán registrando como una serie de expectativas inconscientes sobre el entorno y sobre nosotros mismos altamente potentes que irán influyendo en el desarrollo de nuestro cerebro y nuestro cuerpo. Si, por ejemplo, en la infancia un bebé ha vivido repetidas experiencias de miedo, con el paso del tiempo es probable que encontremos a un adulto que camina con los hombros encorvados hacia delante. Esta postura corporal es el reflejo de experiencias pasadas grabadas en la memoria corporal que se mantienen en la actualidad aunque ya no sean adaptativas puesto que las situaciones generadoras de miedo ya no existen.

 

DESCONEXIÓN DEL CUERPO COMO PROTECCIÓN

 

Aprendemos a desconectar del cuerpo en el ambiente familiar desde la infancia, ya sea por represión o por querer cumplir las expectativas de nuestras figuras de apego. Las figuras de apego son aquellas personas con las que tenemos un vínculo especial y que por lo general se han encargado de nuestra crianza (normalmente son los padres, abuelos o tíos). Si nos dicen “no llores, eso no sirve de nada” aprendemos a reprimir esas emociones por no ser aceptadas por las personas importantes para nosotros. Con el tiempo y a fuerza de reprimir dichas emociones desconectamos del cuerpo y, en consecuencia, de la valiosa información que éste nos proporciona. La represión y la desconexión de las sensaciones sentidas en el cuerpo tienen un sentido adaptativo. En un ambiente en el que no se tolera la tristeza o la debilidad demostrarlas podría resultar peligroso, tanto a nivel físico como emocional. Por tanto, tapar y negar dichas emociones ayuda a la protección y a la supervivencia. El problema radica en que dichos patrones se generalizan y se mantienen en el tiempo cuando ya no son necesarios y la persona los sigue utilizando para evitar un posible sufrimiento futuro.

 

desconexión del cuerpo

 

RECONEXIÓN DEL CUERPO COMO CURACIÓN

 

Reconectar con el cuerpo puede dar vértigo e incluso miedo. Es lógico pensar que conectar con aquello que se reprimió pueda asustar. Sin embargo, si centramos nuestra atención en conocer y aceptar esas partes de nosotros mismos que van más allá de lo verbal encontraremos un camino más libre y lleno de posibilidades para mejorar nuestro bienestar.

Pongamos de ejemplo una persona a la que desde la infancia han infravalorado o ignorado sus logros. Es probable que esta persona desarrolle un pecho hundido, brazos flácidos y respiración superficial asociados a una creencia de “yo no puedo, no sé, no soy lo suficientemente inteligente o capaz”. Además de trabajar con esas creencias limitantes, el trabajo con el cuerpo resulta fundamental. Intervenir para modificar esa postura corporal que actúa como un recordatorio somático de la inseguridad y del sentimiento de incapacidad es clave. Si la persona modifica la postura corporal, alineando la columna vertebral y sacando así al pecho de su hundimiento en una postura relajada, fortaleciendo a la vez los músculos del abdomen y realiza una respiración más profunda es más que probable que conecte con sus recursos y su sentimiento de capacidad. Mantener la linealidad del cuerpo nos conecta con un locus de control interno que nos hace sentirnos seguros y capaces sin necesidad de estar a la defensiva.

 

postura sana

 

Tal como dice una gran terapeuta el cuerpo siempre es tu aliado. No lo castigues por no ser perfecto. Si aprendes a amarlo y a aceptarlo por cómo es estarás más en contacto con él, podrás conocerte mejor y te aportará información muy valiosa para mejorar tu bienestar físico, mental y emocional.

 

Referencias bibliográficas

  • Ogden, Pat y Fisher, JaninaPsicoterapia sensoriomotriz: intervenciones para el trauma y el apego, Desclée De Brouwer. Edición 2015.

 

Claves de la comunicación interna y externa para mejorar el bienestar personal y social.


¿Cómo es la comunicación conmigo mismo?

 

¡Ah! Pero… ¿es que me hablo?, ¿eso no es cosa de locos? ¡No! Todos nos hablamos a diario, a veces de manera más consciente y deliberada y a veces nuestro diálogo interno es tan automático que no somos si quiera conscientes de ello. Y, aunque lo lógico sería pensar que sólo tenemos palabras positivas para nosotros mismos, a menudo no es así y la comunicación es más negativa que positiva.

 

Párate a pensar un segundo. ¿Qué te dices cuando, por ejemplo, te tropiezas por la calle?, ¿cuándo no consigues lo que te habías propuesto? o ¿cuándo algo te sale mal? Si ante estas preguntas contestas como “Soy un torpe”, “nunca obtengo lo que quiero” o “debería haberme esforzado más” estás poniendo en práctica sin saberlo lo que se conocen como distorsiones cognitivas o errores de pensamiento.

 

Se les llama distorsiones cognitivas porque distorsionan la realidad objetiva de tal forma que terminamos por creerlas como verdades absolutas. Dichas distorsiones aparecen no solamente cuando nos referimos a nosotros mismos, sino también, cuando pensamos acerca de otras personas. Para comprenderlo mejor pongamos un ejemplo.

 

 

Según el ejemplo anterior el factor clave que determina cómo te sientes es la interpretación que haces del hecho objetivo y no el hecho en si mismo.

Una vez que sabemos esto vamos a hacer un repaso de los tipos de distorsiones cognitivas que más se producen. ¡Fíjate a ver con cuántas te identificas! No te asustes ni te preocupes si te identificas con más de una o incluso con todas. Si están tan estudiadas es porque su presencia en el pensamiento es algo común.

 

  • Pensamiento todo o nada: consiste en ver la vida polarizada o de forma extrema, si algo no es perfecto entonces está mal. No existe la escala de grises o los puntos de vista diferentes, todo es blanco o negro.

 

  • Generalización excesiva: a partir de un hecho concreto sacamos una conclusión generalizada. Para detectarla presta atención a ver si utilizas términos como “siempre” o “nunca”. Por ejemplo, me salto un día la dieta y ya pienso “siempre lo hago mal, nunca conseguiré mi objetivo”.

 

  • Filtro mental: esta distorsión se produce cuando nos centramos en un único detalle sin tener en cuenta lo demás. Por ejemplo, he tenido en general un buen día en el trabajo pero ha habido una tarea que no me ha salido como quería y, a partir de ese momento, me centro de tal manera en ese punto concreto que aumenta de tamaño y de importancia hasta ocupar casi todo mi pensamiento.

 

  • Descalificación de lo positivo: no darle importancia a las cosas positivas que nos ocurren o que sentimos por considerarlas “normales”. Si utilizas expresiones como “bah, es lo normal” o “eso lo hace todo el mundo” estás poniendo en práctica este tipo de error del pensamiento.

 

  • Conclusiones precipitadas: adelantarnos al futuro, interpretando sucesos de forma negativa sin datos objetivos para ello. Podemos adelantar lo que otros pensarán sobre nosotros, imaginar sus intenciones o predecir que ciertas cosas no se producirán. Este tipo de distorsión hace que muchas veces nos coartemos y no intentemos ciertas cosas por el mero hecho de pensar que no las vamos a conseguir. Podéis encontrar más información acerca de los pensamientos que nos limitan en el artículo de nuestra compañera Ana F. Luna «creencias limitantes en coaching. Las historias que nos contamos…»

 

  • Los deberías: creencias muy rígidas que damos por ciertas y que dirigimos hacia nosotros mismos, hacia los demás y hacia la vida. Cuando no las cumplimos sentimos culpa, ira o frustración.

 

  • Etiquetaje: hacer una valoración negativa de una persona basada en un hecho concreto. Por ejemplo decir que una persona es maleducada porque un día no nos ha saludado o decir de mi misma que soy un desastre por haberme dejado las llaves dentro de casa. Al poner etiquetas transmitimos una idea de inmovilidad, de que algo es así y no se puede modificar, lo que a su vez provoca que ni siquiera intentemos modificarlo.

 

¿Se puede modificar esta comunicación interna?

 

comunicación no violenta

 

Una vez que sabemos que esto existe podemos empezar a identificar cuándo nos ocurre para ponerle freno. Además es una oportunidad de autodescubrimiento, ya que es probable que estas distorsiones no sean tuyas únicamente, sino que las hayas captado del ambiente en el que te has desarrollado. ¿Había muchas normas en tu casa?, ¿se te decía que eras de una determinada manera? Es importante prestar atención al tono con el que nos hablamos, porque puede que nos estemos repitiendo mensajes, lanzados por nuestras figuras de referencia, que hemos estado escuchando durante años. Plantéate lo siguiente: ¿le permitirías a otra persona que te hablara de esta manera?, ¿la querrías a tu lado o te separarías lo más posible de ella? Entonces, ¿qué hacer cuando uno no puede separarse de si mismo? Pues practicar a diario la observación de la comunicación interna e intentar modificarla, centrándonos para ello en datos objetivos y no en inferencias o juicios de valor. Esto resultará una ayuda importante en el bienestar personal, así como en las relaciones interpersonales, sobre todo aquellas que más nos importan.

 

Una vez que hemos aprendido a escucharnos y a modificar estas formas negativas de hablarnos a nosotros y a los demás será importante descubrir una fórmula positiva y no violenta que nos permita expresar lo que sentimos y necesitamos del otro.

 

¿Cómo comunicar lo que necesito?

 

Según Marshall B. Rosenberg autor del libro “Comunicación no violenta, un lenguaje de vida” hay 4 pasos que seguir a la hora de expresarnos sin dañarnos a nosotros mismos ni al otro.

 

1º paso: Observar qué está ocurriendo de forma objetiva sin hacer juicios de valor.

2º paso: Detectar cómo nos sentimos por ese hecho.

3º paso: Expresar nuestras necesidades surgidas de los sentimientos detectados.

4º paso: Elaborar una petición específica cuyo objetivo sea el beneficio de ambas personas.

 

Pongamos un ejemplo. Una persona le podría decir a su pareja , “cuando te hablo y no me miras a los ojos me siento enfadada porque necesito ver tu reacción cuando te cuento algo importante para mi, ¿estarías dispuesto a mirarme cuando te estoy contando algo importante? De esta manera nos acostumbramos a identificar lo que nos afecta y expresarlo de forma objetiva y positiva, en lugar de entrar en reproches y en juicios moralistas. Así, la otra persona no se sentirá atacada y estará más dispuesta a escuchar y comunicarse de una forma positiva.

 

comunicación no violenta

 

Practicar la comunicación no violenta tanto con uno mismo como con los demás es una herramienta poderosa que nos acerca al bienestar personal y social y a mejorar nuestra calidad de vida.

 

Referencia bibliográfica:

Marshall B. Rosenberg,Comunicación no violenta un lenguaje de vida, Gran Aldea Editores, 2013

¿Qué es el guión de vida y cómo influye en mis decisiones?

 

¿Qué es el guión de vida?

 

¿Por qué tomo las decisiones que tomo? ¿por qué algunas personas sienten y entienden que pueden conseguir lo que se propongan y otras no? ¿Qué les diferencia? ¿Es una cuestión de autoestima, de temperamento o de aprendizaje? Y lo más importante, si no estoy feliz con la forma que tengo de relacionarme con la vida y de vivirla, ¿puedo modificarlo?

Muchas preguntas de un alto nivel de profundidad que no resultan sencillas de solucionar con una fórmula mágica, pero a las que si podemos intentar dar respuesta. Para ello, vamos a adentrarnos en el concepto de guión de vida.

Según define el psicólogo integrativo, el Doctor Richard Erskine el guión de vida puede definirse comoun plan de vida basado en decisiones adoptadas en cualquier etapa evolutiva que inhiben la espontaneidad y limitan la flexibilidad en la resolución de problemas y en la relación con las personas”.

 

¿Cómo se forma el guión de vida?

 

El guión de vida va tomando forma desde la infancia temprana, en función de la satisfacción o no de las necesidades relacionales de las que ya hablamos en un artículo previo.

Pongamos el ejemplo de un niño pequeño que tiene una fuerte necesidad de ser consolado. El estrés y malestar que siente el niño le lleva a emitir una serie de conductas y emociones dirigidas a llamar la atención de las figuras de apego (madre, padre, abuelos…), con el propósito de que acudan en su ayuda y satisfagan la necesidad que siente en ese momento. Si esta necesidad de ser consolado no se satisface, porque las figuras de apego no están disponibles física o emocionalmente, el proceso queda incompleto. En ese punto, el niño busca una explicación/solución que le permita cerrar el proceso y satisfacer la necesidad requerida, en este caso la de ser consolado. Para ello, el niño se da una explicación a si mismo denominada cierre cognitivo con la que da por concluido el proceso. En esta auto explicación el niño puede decirse cosas como “he hecho algo mal”, “estoy solo” y/o “que yo necesite algo es molesto para los demás” entre otras muchas posibles explicaciones.

 

guión de vida

 

Por supuesto, un niño pequeño, no se lo explica de una forma tan elaborada porque aún no tiene la capacidad intelectual para hacer ese tipo de inferencias. Pero si siente emocional y corporalmente y se explica, a su modo, el por qué no se ha satisfecho su necesidad. De esta forma, se va sembrando poco a poco el germen de una serie de creencias acerca de sí mismo, de los demás y del mundo que le rodea que le llevarán a elaborar su propio guión de vida. Esa explicación que se da a sí mismo denominada decisión del guión de vida, por dolorosa que pueda resultar, le ayuda a protegerse del malestar mayor de experimentar que algunas de sus necesidades más importantes no se satisfacen por aquellos a los que quiere o de los que depende.

 

¿Cómo nos influye el guión de vida?

 

Por medio de este proceso las personas elaboramos creencias restrictivas que nos impiden el crecimiento y que nos influyen a la hora de relacionarnos con los demás, de afrontar la vida y de vivirnos a nosotros mismos. Creencias que se han grabado en nuestra psique y nuestro cuerpo como verdades absolutas y que se transforman en tensión/dolor corporal o en diálogos internos, en su mayoría inconscientes. Algunos ejemplos de estos diálogos pueden ser: “no soy capaz de hacer lo que quiero porque no soy suficientemente inteligente”, “no soy una persona digna de ser amada”, “es peligroso comunicar lo que necesito”, “los demás no son de fiar”, “los demás son más importantes que yo” “la vida es dura y triste”.

Por tanto, y dando respuesta a una de las preguntas con las que se iniciaba este artículo, podemos decir que el guión de vida con sus creencias restrictivas influye de forma clara en las decisiones que tomamos y en cómo afrontamos la vida. Ya que si en mi guión de vida está la creencia de que nunca consigo lo que quiero, es muy improbable que emprenda acciones para alcanzar una meta. De la misma manera, si en mi guión está la creencia de que los demás no están disponibles emocionalmente para mi, será muy probable que me cierre en mi mismo y que no pida ayuda. La trampa y el verdadero poder de estas creencias reside en el hecho de que la persona no suele ponerlas en cuestión. La creencia absoluta de las mismas, vivida casi como algo innato de la persona, hace que se experimenten vivencias congruentes con dichas creencias una y otra vez, de forma que cobran cada vez más fuerza.

 

¿Se puede cambiar el guión de vida?

 

guión de vida

 

Entonces, ¿qué hacer? ¿cómo romper este círculo de infelicidad?. Simplemente decir que no. Negarse a aceptar esas emociones negativas que nos llevan a sentirnos incapaces o infelices. Negarse a aceptar que hay cosas que son así y que hay que aguantarse. Iniciar un proceso de conocimiento personal, con un/una buen/buena profesional que nos ayude a curar nuestro guión de vida entendiendo de dónde proceden esas creencias, esas emociones y esas tensiones corporales, dándoles espacio para poder expresarse y encontrando nuevas formas más saludables de satisfacerlas. Y, también, siendo conscientes de que la cura del guión es un proceso que requiere tiempo, que puede que se reactive en momentos de presión o estrés, pero que puede modificarse haciéndonos así más libres y felices. Tal como expresa en Dr. Erskine la cura del guión de vida supone la creencia, y los sentimientos asociados de bienestar, de que no importa lo que me suceda, no importa lo mal que esté la situación, voy a aprender y a crecer con la experiencia”.

 

guión de vida

 

Referencia bibliográfica:

  • Transactional Analysis Journal, Volume 10, Number 2, April 1980, pp. 102-106

Fuente:

Límites y necesidades relacionales fundamentales para el bienestar emocional

¿Qué es un límite?

 

Según la RAE el límite es definido como línea real o imaginaria que separa dos terrenos, dos países, dos territorios.”

¡Qué fácil resulta observar los límites físicos que nos rodean!. Desde los límites naturales como ríos, cadenas montañosas u océanos, hasta los construidos por el hombre. El aprendizaje del concepto del límite es un proceso complejo que se inicia desde la infancia. Aprendemos rápidamente que existen límites cuando, por ejemplo, queremos salir de la cuna y no podemos hacerlo solos, cuando descubrimos que hay ciertas zonas de la casa en las que no se nos permite entrar por ser “zona de mayores” o cuando al llegar a un cruce nos paramos en seco y observamos a ambos lados antes de atravesar el umbral entre la segura acera y la peligrosa carretera. Y así, poco a poco, vamos elaborando un conocimiento del mundo que nos rodea. Primero desde lo físico, que es más fácilmente observable, para pasar poco a poco a lo relacional. Y aquí es donde la cosa empieza a complicarse…

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Mientras que es sencillo saber cuando se puede cruzar la acera o entrar en una tienda, en el primer caso una señal luminosa nos lo indica y en el segundo un cartel en el que se lee claramente “abierto”, no resulta nada fácil discernir dónde está el límite entre lo que yo quiero/necesito y lo que el otro quiere/necesita. Estos límites intangibles resultan más complicados de detectar y manejar a no ser que se cuente con las gafas adecuadas.

 

Tipos de límites familiares

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Cada persona aprende a relacionarse con los demás en función de lo que haya observado en su ambiente cercano y cotidiano, normalmente el ambiente familiar. Cada familia se relaciona de forma diferente en función de los patrones que hayan “mamado” a su vez de sus respectivas familias de origen. Dichos patrones se heredan de forma inconsciente, y se van transmitiendo de una generación a la siguiente.

 

Existen 3 tipos de límites dentro de las relaciones interpersonales. En este artículo vamos a centrar la atención en los tipos de límites existentes dentro de las relaciones familiares.

  • El límite claro es el limite saludable. En las familias con este tipo de límites existe un equilibrio entre las necesidades de sus miembros a nivel individual y colectivo. Esto supone que se respetan las jerarquías entre los subsistemas familiares, estableciéndose el nivel parental sobre el filial sin descuidar por ello la comunicación y el contacto entre los distintos miembros de la familia. En estas familias hay espacio tanto para lo personal como para lo grupal, manteniéndose los roles bien diferenciados. limite sano

 

  • El límite difuso o permeable es aquel en el que no existen diferencias entre las necesidades de los miembros de la familia y en el que las jerarquías entre los subsistemas no se respetan. Este tipo de límites genera familias aglutinadas en las que no hay autonomía, por tanto las necesidades individuales se reprimen o descuentan por el supuesto bien del grupo. Esto genera estrés emocional por perder la propia individualidad, pudiendo llevar a la separación interna del individuo de su familia como estrategia para encontrar el tan ansiado espacio propio.

limite poroso

 

  • El límite rígido o no permeable es aquel que no permite el contacto íntimo entre los miembros del sistema familiar, generando así familias desligadas. En este tipo de familias existe mucha autonomía pero falta intimidad entre sus miembros y preocupación los unos por los otros. Experimentar este tipo de relación puede provocar sentimientos de abandono o de indefensión. Personas que procedan de este tipo de familias pueden caer en relaciones fusionadas en las que se sientan importantes como forma de compensar el déficit vivido en la infancia o huir de la intimidad en las relaciones.

limite rigido

 

Por tanto, podemos decir que tanto en los límites difusos como en los rígidos no existe una verdadera intimidad ni un verdadero y profundo conocimiento de la persona que tenemos enfrente. Al faltar este reconocimiento de la idiosincrasia personal falta también una de las necesidades relacionales básicas más importantes, la necesidad de validación.

 

Necesidades relacionales básicas

 necesidades

 

Según el Doctor en Psicología y padre de la Psicoterapia Integrativa Richard Erskine, todas las personas tenemos al menos 8 necesidades relacionales que necesitamos se satisfagan en nuestras relaciones significativas. Este proceso no puede subscribirse únicamente al período infantil, ya que atraviesa todo el desarrollo evolutivo de la persona hasta llegar a la vejez. Desde esta perspectiva terapéutica, la relación es el eje sobre el que se sustenta todo lo demás. Nacemos en relación y vivimos y nos desarrollamos en relación y es, a través de la mirada que el otro nos devuelve sobre nosotros mismos (padres, abuelos, hermanos, amigos, parejas…) cómo vamos construyendo el propio autoconcepto.

 

Las 8 necesidades relacionales son las siguientes:

  • La necesidad de seguridad supone sentir que las vulnerabilidades física y emocionales están protegidas, saber que no seremos humillados por ser cómo somos.
  • La necesidad de validación implica sentir que nuestras emociones y necesidades son importantes y legitimas. Esta necesidad se cubre cuando sentimos que somos reconocidos e importantes para el otro en la relación.
  • La necesidad de depender de una persona estable, fiable y protectora que nos ofrezca orientación.
  • La necesidad de hacer impacto en el otro. Esta necesidad consiste en sentir que lo que hacemos, decimos y/o sentimos tiene impacto e importa a otra persona. Sentir que atraemos la atención del otro y que podemos influir en él.
  • La necesidad de autodefinición supone conocer y comunicar nuestra propia singularidad recibiendo por ello el reconocimiento del otro.
  • La necesidad de confirmar la experiencia personal. Para ello es necesario recibir por pate del otro la confirmación de que ha experimentado una vivencia similar ya que así reafirmamos y valoramos la propia experiencia.
  • La necesidad de que el otro tome la iniciativa. De esta forma sentimos que somos importantes para la otra persona y que estamos inmersos en una relación significativa para ambas partes.
  • La necesidad de expresar amor como parte de las relaciones significativas y saludables.

 

Siendo todas estas necesidades importantes para adquirir un desarrollo psicológico y emocional óptimo, me gustaría retomar la necesidad de validación por su importancia para el bienestar emocional.

Sentir en la infancia que somos vistos por el otro, más allá de las expectativas que éste tenga sobre nosotros o de lo que se supone que debemos ser o cómo debemos actuar, es una experiencia altamente protectora. Sabernos reconocidos por ser quienes somos y validados en nuestra forma de pensar y sentir en el seno familiar nos da el permiso para aceptarnos a nosotros mismos. Al aceptarnos disminuye la crítica interna negativa y mejoran los niveles de autoestima y de seguridad personal.

Esta vivencia positiva de uno mismo en relación se queda fijada más allá de los huesos y acompaña a la persona a lo largo de todo su recorrido vital, influyendo positivamente en las futuras relaciones que establezca. Al sentirse validada la persona se siente querida, apreciada y respetada. Esta vivencia le ayuda a desarrollar unos límites saludables con los demás. Unos limites que sean lo suficientemente porosos como para poder sentir intimidad con otra persona y desarrollar un sentido de pertenencia satisfactorio, al tiempo que tengan la consistencia necesaria para mantener su individualidad y sus necesidades intactas.

 

 

 

Fuentes:

Referencias bibliográficas:

  • Erskine, Richard G., Presencia Terapéutica y Patrones Relacionales: Conceptos y Práctica de la Psicoterapia Integrativa, Ediciones Karnac. 2016.