La revolución del mindfulness – 1ª parte: más allá de la meditación.

El mindfulness está de moda. Desde que en los años 60 empezaran a ser populares en Occidente distintas formas de meditación, primero la meditación transcendental, hoy una marca registrada y en su origen una técnica de meditación desarrollada por un maestro indio a quien los Beatles o los Beach Boys, entre otras celebridades, consideraban su gurú, Maharishi Mahesh Yogi; pero posteriormente también distintas formas de meditación budistas, como la meditación Zen, Vipassana o tibetana, ahora, más allá de la meditación llega el mindfulness.

Choegyal Rinpoche (b. 1946) març 2005

Aunque para nosotros el mindfulness sea una moda, debemos ser conscientes que en Asia lleva 2.500 años de moda. Como explicó en su reciente visita a España el biólogo norteamericano Jon Kabat-Zinn, creador en 1979 del programa de Reducción del estrés basado en mindfulness (MBSR en sus siglas en inglés) que ha popularizado el mindfulness en Occidente: «el mindfulness es una forma de llevar aquellos aspectos más universales del budismo a Occidente.« Podríamos decir entonces que el mindfulness es una moda, sí, pero una moda milenaria.

 

La llegada del budismo a Occidente

En efecto, el popular psicólogo norteamericano Daniel Goleman relata en su «Prólogo» a Nuestra salud innata que en 1975 en un restaurante de Cambridge (Massachussets), el lama tibetano Chögyam Trungpa Rinpoché (autor del mencionado libro), quien venía de instalarse en los EE.UU. después de haber fundado el primer monasterio budista tibetano en Europa, donde por ejemplo acudirían figuras como David Bowie, se inclinó sobre la mesa con un gesto de complicidad y mientras le miraba fijamente a los ojos le dijo con rotundidad: «El budismo vendrá a Occidente como una psicología.»

Cuarenta años después, esta suerte de «profecía» no deja de ser sorprendente puesto que aunque quizás Trungpa Rinpoché no sabía qué nombre adoptaría esta forma de psicología budista, ¡el hecho es que ya está aquí! Es, como titulaba el 23 de enero de 2014 la revista Time: «The Mindful Revolution». Es la última revolución, la «revolución del mindfulness».

Time Magazine Mindful Revolution

A menudo pensamos en las revoluciones como algo por venir, en el futuro, o como hechos que sucedieron, en el pasado. Además solemos pensar en una revolución como un suceso de enormes proporciones, grandioso. Sin embargo la revolución del mindfulness no es así.

Te has preguntado alguna vez, ¿quién eres? O, ¿qué haces en el mundo? Incluso, ¿qué posees en realidad? O ¿dónde está la conciencia? Por favor, te invito a que te pongas estas preguntas por un instante. ¿Quién soy? ¿Qué hago en el mundo? ¿Qué tengo en realidad? ¿Dónde está la conciencia? Observa, ahora mismo no tienes ni idea de cuál es la respuesta. Todavía no lo sabes pero aquí radica la cuestión.

Lo que sí sabes es quién fuiste en el pasado, tienes una vívida imagen de tus recuerdos. También sabes quién te gustaría ser o, quizás, quién no te gustaría ser. Del mismo modo puedes recordar qué hiciste en el pasado o lo que te gustaría hacer en el futuro, qué tuviste o qué te gustaría tener. Y ahora ya sabes donde está la conciencia, recordando el pasado e imaginando el futuro. Es natural, los neurocientíficos lo llaman la Red Neuronal por Defecto (DMN en sus siglas en inglés), es el modo de funcionamiento automático de tu cerebro que te lleva a estar constantemente rumiando en el pasado y el futuro.

 

El momento presente

Pero todo cuanto forma parte del pasado ya no está y todo lo relativo al futuro aún está por venir, por lo que lo único que hay está en el momento presente, todo cuanto tienes está en el momento presente, incluso cuando tu mente recuerda o imagina sigue estando en el momento presente. El momento presente es todo lo que hay, por lo que si no estamos atentos a cada pequeño momento perdemos todo cuanto hay, ¡lo perdemos todo! El momento presente es todo cuanto eres, todo cuanto tienes, todo cuanto haces, donde siempre están tu cuerpo y tu mente.

Sin embargo al atender el momento presente, al desactivar el piloto automático, quizás te decepciones. Quizás lo que encuentres no encaje con tus expectativas, es decir con lo que habías pensado. Quizás esperabas encontrar algo especial, algo distinto, sublime o grandioso, aunque eso solo fue algo que imaginaste en el pasado. Sin embargo, estar atento al momento presente, a cada pequeño momento, ¡lo es todo! ¡Es todo cuánto eres! ¡Todo cuánto tienes! ¡Todo cuanto haces en el mundo! ¡Allí donde siempre estás! Qué podría haber más maravilloso. Ésta es la revolución de la conciencia, traerla de vuelta al momento presente. Esto es el mindfulness, estar atento al momento presente. Estar atento momento a momento. Estar atento a quién eres en este momento, qué estás experimentando, qué estás haciendo, dónde estás. Como dice el maestro Zen vietnamita Thich Nhat Hanh en El milagro del mindfulness«es el milagro que puede traer de vuelta en un instante la mente dispersa y devolverla a la plenitud para que podamos vivir cada minuto de vida.»

Pero no te agotes intentando estar atento en todo momento, para estar atento no hay que hacer nada, la atención no puede fabricarse, simplemente ya está presente sin esfuerzo, puesto que es una cualidad innata de la mente. Sólo tienes que recordar que ya está aquí, en todo momento.

mingyur rinpoche (b. 1975) 2002

 

 

Mindfulness

Mindfulness en este sentido no significa ‘atención plena’, no hay nada que llenar. Si no estás plenamente atento simplemente es que no estás atento. Quizás alguien en algún momento pensó que la palabra inglesa mindfulness se compone de mind (mente) i fullnesss (plenitud), pero en realidad se forma a partir de mindful y nessTo be mindful en inglés significa ‘tener presente’, ‘tener en cuenta’, ‘ser consciente’ o ‘estar atento’. El sufijo -ness sólo substantiviza la expresión: mindfulness es ‘la presencia’, ‘la consciencia’ o ‘la atención’.

Pero la palabra mindfulness a su vez es la traducción inglesa de sati, un término en lengua pali, la lengua literaria con la que se han transmitido las enseñanzas del Buddha, en un origen orales, en el Sudeste Asiático. En otras lenguas en las que se tradujeron las enseñanzas budistas, mindfulness en sánscrito es smṛti (pronunciado «smriti»), en chino nian («nien») y en tibetano dran («dren»). Sati, o cualquier otra variante, literalmente significa «recordar», «memoria» o «atención», y en el contexto del budismo hace referencia al cultivo de la atención correcta (sammā sati), el séptimo componente del Camino Óctuple de los nobles (ariyo aṭṭhaṅgiko maggo), el sendero budista.

En efecto, podemos ver la relación entre la atención y la memoria si observamos que cuando no recordamos algo es porque no estábamos atentos. Como explica el monje theravada Anālayo en SatipatthanaThe Direct Path to Realization«El mindfulness es recordar el momento que tan a menudo olvidamos, el momento presente.« Mindfulness significa recordar el momento presente, sentido que todavía preserva en inglés la palabra record que significa «grabar», «registrar». Por lo que la atención al momento presente, significa apretar el botón rojo de REC, desactivar el modo TV (la red neural por defecto, el reality siempre de cháchara) y activar el modo vídeo, darse cuenta de lo que estás sintiendo en este momento, abrir la atención y vivir tu vida en directo, no desde tus rumiaciones. Puedes hacerlo ahora mismo, no tienes que cambiar de postura ni dejar de hacer lo que estabas haciendo. No hace falta que alcances profundos estados de absorción meditativa, ni que te retires a una cueva en el Himalaya.

matthieu ricard (b. 1946) juny 2002

Pero este recordar el momento presente tampoco significa pensar en el momento presente, mindfulness es una atención preconceptual, prelingüística. En la jerga del mindfulness, ‘sin juzgar’. En efecto, incluso en su etimología latina, la palabra recordar (re + corcordis) significa «regresar al corazón», por lo que se trata de estar atento a lo que estás sintiendo, a lo que estás experimentando, que sólo sucede en el momento presente. Recuerda que para la mayoría de culturas asiáticas la mente se encuentra en el corazón y que en chino ambas palabras se llaman igual: shin. Recuerda también que hoy la neurociencia ha descubierto que alrededor del corazón existe una red de 40.000 neuronas conocida como cerebro cardíaco. En el lenguaje popular siempre lo supimos, es lo que llamamos escuchar la intuición: «tengo una corazonada…»

 

Integrar cuerpo y mente

Así pues, la práctica del mindfulness consiste en integrar mente y cuerpo, en llevar la atención a lo que estás experimentando momento a momento a través del cuerpo. Pero el cultivo de la atención en el mindfulness no es un mero ejercicio cognitivo o atencional, es una práctica psicosomática, objeto de estudio por parte de la medicina llamada mente-cuerpo y que ha dado lugar a la aparición de nuevos campos interdisciplinarios de investigación científica sobre la mente, la naturaleza de las experiencias y el cultivo de la salud, como la neurociencia contemplativa, cuyo principal exponente es el psicólogo Richard Davidson (alumno de Goleman, entre otros) o la neurobiología interpersonal (IPNB en sus siglas en inglés), formulada por el psiquiatra Daniel Siegel.

Ésta es la revolución del mindfulness. Sucede ahora, está presente en las pequeñas cosas, puede practicarse haciendo cualquier actividad, promueve la salud física y mental a un nivel interpersonal y ha generado una nueva disciplina científica. Es decir, el mindfulness es meditación y no lo es, es meditación y post-meditación, es meditación formal e informal. El mindfulness va más allá de la meditación y se ha convertido en una práctica coadyuvante, literalmente que «contribuye a ayudar», potencialmente en todas las esferas de la vida humana. Estar atento o no es la clave de la transformación.

Ésta, sin embargo, es solo la primera parte, el mindfulness no solo consiste en el cultivo de la atención. En efecto, como dice el Buddha: «Igual que el océano tiene un único sabor (ekarasa), el sabor de la sal, del mismo modo estas Enseñanzas tienen un único sabor, el sabor de la liberación.» Se refiere a la liberación del sufrimiento y ésta es la única finalidad de la práctica del mindfulness. Sin embargo veremos que el cultivo de la atención es solo un primer paso.

Próximamente: La revolución del mindfulness – 2ª parte: la sombra de la meditación.

Buscando la conciencia (el “yo”) dentro de nuestra mente

Últimamente hay una idea que ronda en mi cabeza. Aunque bueno, más que una, son varias… Y todas van a dar al mismo lugar. Los que andamos en este camino del descubrimiento de uno mismo, antes o después llegamos a preguntarnos ¿quién soy yo? Pregunta a la que difícilmente hallaremos respuesta. Otra pregunta que llegará antes o después es: ¿Dónde está ese yo? ¿Está en la mente, en el cerebro, en el corazón?, ¿Quién gobierna este barco? O como diría William Ernest Henley… ¿quién es el capitán de mi alma?

 

Fuera de la noche que me cubre,
Negra como el abismo de polo a polo,
Agradezco a cualquier dios que pudiera existir
Por mi alma inconquistable.

En las feroces garras de la circunstancia
Ni he gemido ni he gritado.
Bajo los golpes del azar
Mi cabeza sangra, pero no se inclina.

Más allá de este lugar de ira y lágrimas
Es inminente el Horror de la sombra,
Y sin embargo la amenaza de los años
Me encuentra y me encontrará sin miedo.

No importa cuán estrecha sea la puerta,
Cuán cargada de castigos la sentencia.
Soy el amo de mi destino:
Soy el capitán de mi alma.

 

 

Lo que nos dice la ciencia de nuestro yo

Los últimos avances científicos apuntan a que no hay ningún Jefe de Estado en el cerebro. No hay un yo como nosotros creemos. Sino que más bien hay una gran cantidad de módulos que se turnan para ejercer una influencia dominante en nuestro pensamiento y nuestro comportamiento. Curioso que esta idea encaja bastante con muchas doctrinas orientales que afirman que no hay un “yo” que domina nuestra conducta, que no hay un “yo”, estático, siempre el mismo, que capitanea nuestra alma.

Con esto ya empezamos mal. Porque a nadie le gusta tener que asumir que quien creía ser no existe. Que no existe esa identidad tan arraigada que toma las mejores decisiones para nosotros. Y más adelante veremos por qué es así. Así que a partir de ahora, cuando se acerque a la nevera a darle un tiento a la onza de chocolate, pregúntese qué módulo está al mando en este momento…

Pero vayamos por partes, primero hagámonos a la idea de que no hay un núcleo sólido que actua de manera coherente a través del tiempo y que mantiene las cosas bajo control.

El yo en la mente

 

¿Cómo funcionan los módulos?

Para Rita Casmedy, pionera en psicología evolutiva y una de las investigadores del modelo modular de la mente, es así: Los módulos actúan coordinando pensamientos y percepciones para un fin específico en un determinado momento.

Si en un momento dado nos sentimos celosos y actuamos como personas celosas, es porque el módulo que coordina estos pensamientos y percepciones ha tomado el control.

Y según ella, la meditación puede tener un papel determinante en este proceso. Ya que puede hacer que los módulos que toman el control por defecto, dejen de hacerlo. Podemos llegar a tener un cierto control sobre estos módulos.

 

¿Cómo nos ayuda la meditación?

Como en muchas otras tareas, a lo que nos ayuda la meditación (o el Mindfulness) es a tomar conciencia. Nos permite hacernos cargo del estado en el que estamos en cada momento. No hay un tipo específico de coordinación que dirija la orquesta de los módulos.

No hay un módulo que tenga más “poder” y que decida en qué momento entra uno y sale otro. Simplemente están en continua “lucha” por el poder. Y va tomando más peso el módulo que más haya sustentado el poder en una determinada situación. Volvamos al ejemplo anterior e imaginémonos ante el frigorífico con la tableta de chocolate en la mano ¿qué módulo ganará?.

Hay dos opciones. Puede ganar el módulo de la gratificación momentánea, o puede ganar el módulo de la salud a largo plazo. ¿Quién ganará? Es simple, el que haya ganado más veces en el pasado.

Y esto es terrible. O a mí me lo parece. Entiendo que la teoría de la evolución tiene sus razones para que esto sea así, pero no nos deja en un buen lugar…

 

meditando

 

Red en modo automático

Otro concepto importante a tener en cuenta es el modo automático. Y es lo que ocurre en nuestra mente, por defecto, cuando no se está ocupando en nada en particular. Cuando la mente no ha sido absorbida por cualquier otra tarea. Una especie de mente errante.

Investigaciones recientes han demostrado que este modo “por defecto” está menos activado durante la meditación. Y los que han hecho meditación sabrán lo difícil que es muchas veces “calmar” nuestra mente cuando no está haciendo ninguna otra cosa.

Nos sentamos a meditar, intentamos concentrarnos en la respiración, en la postura, en las sensaciones en el cuerpo… Y antes o después comienzan a avasallarnos los pensamientos. “Espero no haber ofendido ayer a mi jefe cuando le dije esto”, “me pregunto si el chico tan atractivo del tercero querrá salir a comer conmigo”, “no sé qué voy a hacer esta noche para cenar”… Y mil historias más.

Como dice Rita Casmedy, en un estado así, la red en modo automático está funcionando… Y hay un montón de módulos intentando llamar la atención. Metafóricamente, claro, ya que no son conscientes. Pero de alguna forma están compitiendo por nuestra atención.

 

Los módulos en acción

Douglas Kenrick, otro investigador de este modelo modular de la mente, que ha escrito varios libros sobre el tema, afirma que existen unos seis módulos diferentes. Así que cuando estamos intentando meditar y nos aborda el pensamiento “espero no haber ofendido ayer a mi jefe cuando le dije esto”… El módulo Afiliación es el que ha tomado el control. Es el que ha conseguido captar nuestra atención en este preciso segundo. Este es el módulo encargado de mantener las amistades, en definitiva, el encargado de mantener nuestro estrato social.

Y cuando estoy pensando en cenar con el vecino atractivo del tercero, está funcionando el módulo de la Atracción. Ya sabes, el encargado de que podamos dejar nuestros genes en la próxima generación 😉

Y aunque pueda parecer que los módulo se activan según la información del ambiente, no es así. Podría parecer que ante la persona atractiva se activa automáticamente el módulo de la Atracción, pero las investigaciones sugieren que funcionan al revés.

No es la información en el entorno inmediato lo que activa un módulo. Y esto es lo más llamativo de este modelo. A menos a mi entender. Cuando leí esto por primera vez casi entro en un colapso total. Y no es para menos. Veamos…

Supuestamente, todos los módulos están continuamente rumiando información, sin parar un segundo. Podemos imaginar una parte de nuestro cerebro con seis módulos enviando pensamientos continuamente a nuestra conciencia. ¡Estresante cuanto menos!

Esta información está continuamente activa hasta que una en particular llega a nuestra conciencia. Y las restantes cinco ahí siguen, lo que pasa es que no llegamos a ser conscientes de ellas.

 

modulos yo

 

La meditación

¿Cómo aquietamos esta red? La ciencia sugiere que son dos los tipos de meditación que nos pueden ayudar. Una es la meditación consciente y la otra es la meditación mediante la concentración.

La concentración es especialmente eficaz para calmar la red en modo automático. Porque estar centrada en algo, es una forma de cortocircuitar ese modo automático. Por eso la meditación consciente a menudo comienza con la concentración.

Además de este cortocircuito, hay otra conexión entre la meditación y los módulos. Que tiene más relación con la meditación consciente. Este tipo de meditación nos enseña a ver las cosas tal cual son, dentro de nuestra mente y en el mundo exterior. Nos ayuda a ver las cosas de otra forma, más objetivamente, con menos apego. No solo en la meditación, sino en la vida cotidiana.

Una de las consecuencias de la práctica de la meditación es ver nuestros sentimientos con menos apego. Y conseguir que nuestros sentimientos no tengan tanto poder. Nos ayuda a que las emociones tengan menos poder para arrastrar a la mente en una dirección en particular.

 

Los gatillos de los módulos: las emociones

Los expertos en el modelo de los módulos han demostrado recientemente que las emociones y los sentimientos son los “gatillos” de los módulos. Realizaron un experimento en el que condicionaban a la gente unos determinados sentimientos para ver qué módulos se activaban después. Tras ver una película de terror se activaba el módulo de Auto-Protección, y tras ver una película romántica se activaban módulos muy diferentes que hacen que la gente se comporte de forma muy diferente.

Así que siempre hay sentimientos asociados a determinados módulos. Por ejemplo, empiezas a sentirte mal porque a lo mejor ofendiste a tu jefe. Es un sentimiento negativo que llama tu atención. Y la única forma de que ese sentimiento y ese pensamiento se vayan es “solucionando el problema”. Así que decides mandarle un correo electrónico para cerciorarte de que todo está bien. El módulo ya ha hecho su trabajo y ahora somos vulnerables a cualquier otro módulo. En el caso de la cena con el vecino atractivo igual, ese sentimiento agradable es lo que le da poder al módulo sobre ti.

¿Pero este modo de funcionar es bueno para nosotros? ¿Es un forma útil de llamar nuestra atención? Que los sentimientos y las emociones nos “gobiernen”¿a dónde nos lleva?

Un sentimiento dado será lo que marque qué módulo gana y qué módulo pierde. La atención plena nos puede hacer más conscientes de nuestros sentimientos y pensamientos, de forma que podemos llegar a ver qué sentimiento nos está controlando en un momento dado. Porque además, ni siquiera nos podemos fiar de la “veracidad” de los sentimientos. Como vimos en otro post, nuestra mente nos puede hacer creer que una cuerda es una serpiente, y desencadenar todos los efectos del miedo en nuestro cuerpo.

 

Emociones

 

¿Qué pasa cuando odiamos?

Un ejemplo para entenderlo bien es el odio. Un psicólogo evolutivo nos diría que el odio es necesario ya que define a nuestros enemigos. Si odiamos a alguien es nuestro enemigo. Y esto es importante para la selección natural, saber quiénes son nuestros amigos y quienes son nuestros enemigos.

Los científicos del comportamiento han descubierto una característica interesante que define cómo nos fijamos en nuestros amigos y en nuestros enemigos. Y es la Ley de la Atribución. Si nuestro amigo hace algo bueno se lo atribuimos a su esencia interior y si hace algo malo lo atribuimos a una causa externa. Ya sabes, “era la presión del grupo”, “no había dormido bien”, “en realidad no era él mismo”, etc… Lo mismo ocurre con nuestro propio comportamiento. Si apruebo un examen es porque soy una gran estudiante. Si lo suspendo, los profesores me tienen manía. La historia de siempre…

Con nuestros enemigos es lo contrario. Si hacen algo bueno, habrá alguna causa externa para explicarlo. Y si hacen algo malo, será su esencia natural. Básicamente, ellos son malos aunque hagan algo bueno.

Esta característica fue diseñada por la selección natural. Cuando hablamos de nuestros enemigos está en nuestro interés hacerlo de forma poco favorable. Queremos socavar su estatus, ya que son las personas que potencialmente pueden hacernos daño. Y cuanto más poderosos sean, más daño pueden hacernos. En definitiva, nuestro enemigos son las personas que hacen cosas malas por naturaleza y cosas buenas por otras razones.

Una de estas razones la podemos ver cuando una nación va a entrar en guerra con otra nación. ¿Qué se suele hacer con el líder del país que va a ser atacado? Se le presenta como el mismísimo diablo. Sea real o no. En la guerra de Irak de 2003, por ejemplo, se comparaba a Saddam Hussein con Hitler. Y si lo quieres es sembrar el odio en la mente de alguien, esta es una buena manera. Una vez que has conseguido “instalar” este marco en la mente de la gente, si esta persona hace algo bueno, se le atribuirá a causas externas. Y cuando hace algo malo, será una prueba más de lo mala que es esa persona.

El odio es una emoción muy fuerte, se siente de forma muy dramática. Cada vez que piensas en tu enemigo vuelves a sentir la rabia. El módulo te está atrapando otra vez. Además, es muy fácil que de forma externa, mediante los medios de comunicación, por ejemplo, se forje en ti un “gatillo” que de forma automática le dará el control a uno de los módulos, incluso cuando lo que te están contando no sea una realidad.

 

¿Podemos controlar los módulos?

En realidad no es una tarea fácil. Pero la única forma es tomando más control y más conciencia sobre nuestros pensamientos y emociones.

La meditación consciente y la atención plena, en el contexto de esta visión modular de la mente, nos pueden ayudar a entender qué módulo está actuando en nosotros. Y cómo ese módulo está cambiando la forma en que percibimos la realidad. Y lo puede hacer incluso con emociones muy sutiles.

Queremos saber cuándo la serpiente es una serpiente, y cuando es una simple cuerda, ¿no? Yo por lo menos si quiero saberlo.

El problema es que los sentimientos que activan los módulos pueden ser muy sutiles. No siempre estarán asociados a una serpiente que nos puede matar, o a un terrorista que puede invadir nuestro país. Y cuando entramos en este nivel de sutileza, sólo la auténtica presencia, la atención plena, puede ayudarnos.

 

La visión budista

El budismo nos habla de la doctrina del “no yo”, lo que podría encajar perfectamente con esta visión modular de la mente, donde no hay un “director de orquesta” que esté al mando.

Aunque hay muchas interpretaciones de esta doctrina del “no yo”, la que más podría encajar con esta visión es la que dice que no hay ninguna parte de nuestra mente que tenga que ser parte de nuestra alma. No hay ninguna sensación que tengamos que poseer, no hay ningún pensamiento que tengamos que poseer. Podemos elegir qué cosas dejar de lado.

Para traducirlo en términos modulares se podría decir que no hay ningún módulo que tengamos que poseer. O no hay ningún módulo que tengamos que ser. Porque como hemos visto, los módulos están luchando todo el tiempo por ser nuestro self.

 

Fuentes:

¿Quién soy yo?

Yo adolescente, yo hoy

Recuerdo que tendría alrededor de quince años cuando la directora de secundaria del colegio en el que estudiaba nos quiso animar para ir a una salida de fin de semana para descubrir «¿Quién soy yo?«, que organizaban las religiosas, pues iba a un colegio de religiosas. La verdad que no pareció conseguir mucho más de nosotros que unas cuantas risas que nos echamos a propósito de ella y de la graciosa forma en que hablaba una mezcla de castellano y catalán. Sin embargo, todavía hoy puedo recordar que fue la primera persona de la que escuché esa pregunta y aunque no entendí que quería decir con lo de “¿Quién soy yo?” y qué sentido tenía hacerse esa pregunta, por alguna razón la vibración de sus palabras quedó grabada en mí, pues como puede percatarse el lector o lectora, hasta día de hoy no he olvidado la cuestión.

Mientras escribo esto me pregunto qué ha cambiado entre esa adolescente y la persona adulta de hoy, que no sólo le encuentra sentido a la pregunta sino que piensa que indagando en ella con honestidad igual puede descubrir el secreto de una vida plena. ¿Soy la misma persona que esa chica adolescente? ¿Por qué a ella le parecía casi una broma preguntarse algo así? En fin, para no liarlo más, dejaré a un lado las reflexiones acerca de cómo se entendía a sí misma la chica adolescente e iré al grano sobre lo que me apetece compartir hoy, a saber, el sentido de conocer “¿quién soy yo?”.

quién soy yo

Conócete a ti mismo

Son muchas las tradiciones filosóficas que nos instan a “conocernos a nosotros mismos”. Tenemos en la filosofía occidental el célebre oráculo de Delfos que reza justo de este modo:

“Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el Universo y a los dioses”.

O el Maestro Eckhart que afirmaba:

“Quien se conoce a Sí, conoce todas las criaturas”.

Y en la filosofía oriental leemos, por ejemplo, en un pasaje del Tao Te Ching:

“Quien conoce a los demás es inteligente.

Quien se conoce a sí mismo, es sabio.”

La sabiduría de la India lo expresa también desde las Upaniṣad, donde nos hablan de la esencia última del ser humano como idéntica a la esencia de todo el universo:

“ Uno debe de ver y escuchar, así como reflexionar y concentrarse en su propio ser, ya que cuando uno ha visto y oído su propio ser, cuando uno ha reflexionado y se ha concentrado en su propio ser, conoce entonces el mundo entero”.

Algunos maestros trasladaban esta pregunta a sus discípulos y oyentes, invitándolos a descubrir qué es aquello a lo que llamamos “yo”. Esta pregunta sólo cobra sentido cuando uno se la formula honestamente, no reproduciéndola como una especie de mantra y respondiendo automáticamente lo que hemos escuchado que otros han respondido, sino respondiendo aquello que realmente se nos ocurre e indagando en todo lo que aparece. Por ejemplo ¿puedo decir que soy Tal, o eso es sólo un nombre? ¿puedo decir que hago esto o aquello o sólo estaría describiendo mi profesión? ¿y cómo me voy a describir sólo físicamente si mi físico cambia con los años? ¿puedo decir que soy lo que pienso, siendo que mis pensamientos cambian a cada instante?… Bien, se me ocurre que podría responder: “soy todas esas cosas juntas: tengo este nombre, me dedico a esto, soy físicamente así, suelo tener un carácter asá…”. Podría utilizar el tipo de fórmulas a las que recurrimos para describirnos, por ejemplo cuando tenemos que hacer una carta de presentación, esa que ni yo misma me creo o que me chirría cuando me presento a viva voz.

 

iam-who-i-am

Cuando decimos “yo” parece que estemos haciendo referencia a algo fijo, a una entidad que tienen fuerza propia, algo que siempre es igual, aunque en verdad todo lo que estamos diciendo acerca de ese “yo” es cambiante, pasajero y contingente. ¿Entonces lo que llamo “yo” es algo fijo o algo cambiante?

La propuesta del advaita vedanta: neti neti

Esta es una de las grandes cuestiones dentro de las tradiciones sapienciales de la India. Para el advaita vedanta, el vedanta no-dualista, la identificación con todos ese tipo de características cambiantes es precisamente lo que nos mantiene en la ignorancia. No la ignorancia de haber leído poco sino la ignorancia de lo que uno mismo es en esencia. El “yo” identificado con todas las características pasajeras o contingentes se piensa a sí mismo limitado, incompleto y mortal. Las características que nos podemos atribuir como seres humanos son limitadas y atribuimos a los objetos, a las personas a nuestro alrededor y a las situaciones que vivimos la capacidad de completarnos, de hacernos de algún modo felices y en el fondo aspiramos a una felicidad total que dure para siempre. Pero ¿cómo otras personas, objetos y situaciones que también son pasajeras nos van a proporcionar una felicidad duradera? Esa “felicidad” sólo durará lo que dure la experiencia o situación de placer.

Finalmente, a causa de que generamos nuestra identidad a costa de un cuerpo, unas emociones y unos pensamientos pasajeros, creemos que somos mortales, porque efectivamente el cuerpo, las emociones, los sentimientos,etc. mueren. Pues bien, el advaita vedanta lo que nos propone es ir quitando capas de cebolla. Tal vez no puedo responder o saber a voz de pronto “¿Quién o qué soy?”, pero sí que podemos descartar todo aquello que no somos, es decir, todo aquello que es pasajero. Esta forma de proceder se conocía ya desde la antigüedad como “neti, neti” (“no esto, no esto”). La persona toma su cuerpo como objeto de indagación, analiza en qué medida se identifica con este cuerpo y qué hay en el cuerpo que sea eterno y qué hay que sea pasajero, luego se puede analizar la sensación de sed y de hambre, los pensamientos, etc.

Este tipo de reflexión nos conduce hacia un espacio de silencio porque no puedo decir que nada de lo que analizo sea eterno, y Aquello que queda cuando todo lo que no es eterno ha sido descartado, Eso es lo que Soy. Desde esta tradición se nos anima a poner la atención en Eso, en el Ser, la Esencia última, la Conciencia Absoluta y eterna que observa todo lo cambiante. Decir de un lado, no soy todo aquello que cambia y de otro lado, lo que soy en verdad es el Ser, la Pura Conciencia y la Dicha infinita.

buda

La propuesta del budismo: no hay «yo»

El budismo se da cuenta también de que todo aquello que llamamos “yo” es cambiante y por tanto también nos insta a dejar de identificarnos con esos aspectos pasajeros: no soy la forma ni el nombre de mi cuerpo, tampoco soy mis sensaciones, ni mis percepciones, ni siquiera mis pensamientos o memoria, ni la conciencia que observa y conoce a través de los sentidos. Sin embargo, no establece una esencia, un “Eso” como hilo que sostiene todo lo pasajero sino que pone el foco en observar la realidad de lo cambiante.

Cuando todo lo que me constituye es cambiante lo que llamo “yo” pasa a ser sólo un nombre, vacío de un contenido fijo, no existe una esencia que sea fija y eterna, lo único que sería eterno es el cambio constante. Darnos cuenta de esto nos evita el sufrimiento de seguir pidiendo a lo que por su naturaleza es cambiante que no cambie, nos evita el sufrimiento que nos genera el deseo de que las cosas sean de forma distinta a como son. Darnos cuenta del sufrimiento que produce el deseo de que lo que es cambiante sea eterno o de que las cosas sean de forma distinta a como son, conduce a la disolución del “yo” como individuo y nos lleva a un estado de liberación.

Recorrer mi propio camino

Expuesta a muy grandes rasgos la visión de dos  tradiciones de gran impacto surgidas de India, he de decir que creo que sus explicaciones no nos sirven. Me explico, no nos sirven como respuesta. Tal vez puedan servirnos como guía, o tal vez nos despisten más porque comenzamos a ver el mundo bajo una serie de creencias que acaban resultando tan cómodas que uno no quiere soltarlas  y así nos pasamos siglos pensando que la tierra era plana y siglos pensando que es redonda. Puede que las explicaciones de otro me inspiren a indagar, pero el trabajo está en indagar con toda sinceridad, atreverme aser sorprendida, abrirme a la posibilidad de que la respuesta sea completamente distinta a mis esquemas de creencias y para eso tengo que atreverme a soltarlas.

Recorrer el camino de conocerme a mi mismo, sólo puedo hacerlo yo ¿y quien es ese “yo” que quiere conocerse a sí mismo?

 

Respecto a cómo conociéndose a uno mismo el universo entero puede ser conocido, lo dejo para la próxima entrada.

 

Fuentes:

  • CAVALLÉ, Mónica. La sabiduría recobrada, Kairós, 2002.
  • OLIVELLE, Patrick. Upanisads, Oxford World’s Classic, 2008.

Abrirnos a la experiencia de no saber

La ignorancia es la raíz del sufrimiento

Parte el budismo de la premisa de que el mundo que percibimos es sufrimiento y esta premisa, fruto de la observación, es compartida por un buen número de tradiciones filosóficas de la India. Otro de los puntos en los que suele haber acuerdo es que la ignorancia es la raíz de todo este sufrimiento. ¿Pero a qué se refieren al hablar de ignorancia? Está claro que no se trata de ignorancia cultural, de analfabetismo o desconocimiento de las distintas ciencias, sino desconocimiento de la realidad tal como es, siempre cambiante (en el caso del budismo) o desconocimiento de la esencia última y eterna que constituye la verdadera realidad de todo lo que podemos concebir (en el caso del vedanta). La ignorancia no es entendida en este contexto como una falta de información si no como un conocimiento erróneo, una percepción muy limitada del mundo y de nosotros mismos y es esta errónea percepción, el identificarnos con lo que no somos en verdad, lo que nos acarrea sufrimiento.

Veamos un ejemplo, me he identificado tanto con mi forma de pensar que cada vez que alguien me lleva la contraria necesito defender mi punto de vista a ultranza. ¿Por qué? Porque mi identidad se ve amenazada, porque estoy definiendo lo que yo soy en función de lo que pienso. Esto es sólo un ejemplo, serviría también la identificación con el cuerpo físico, con las emociones, con la profesión o roles sociales, con las posesiones materiales, las cualidades que uno se atribuye, etc.

saber¿Y por qué razón esto nos genera sufrimiento? Pues bien, nos genera sufrimiento porque pretendemos que lo que es pasajero y cambiante pase por eterno, rechazamos el cambio y lo hacemos a menudo tomándolo por algo fijo que atribuimos a nuestra identidad. De hecho cuando hablamos de identidad ¿no os suena a algo fijo? “estas son mis marcas de identidad”, “yo soy así y así seguiré nunca cambiaré” – decía la letra de una canción de los ochenta–.

 

El deseo insaciable

Hay otro rasgo común entre muchas escuelas del pensamiento indio y es que esta ignorancia-confusión en la percepción del mundo, lleva consigo el deseo y el deseo resulta ser un pozo sin fondo, una sed que nunca se sacia, a menos que comprendamos nuestra verdadera naturaleza y nos demos cuenta de que nosotros, desde nuestra ignorancia, inventamos esa sed, creímos que nos faltaba algo para ser completos y comenzamos a buscarlo fuera, en los objetos, en las emociones, en el otro…, pasando por alto que nada pasajero nos puede proporcionar una felicidad o una paz que sea infinita.

Uno de los deseos más arraigados en el ser humano parece ser el deseo de conocer y de entre todas las incógnitas algunas de las que han predominado han sido el deseo de saber cómo se originó la vida, si tiene ésta algún sentido o finalidad concretas y qué ocurre tras la muerte. Todas ellas preguntas acerca de lo incognoscible, del misterio de la vida, “Misterio de los misterios” (reza un verso del taoísmo). Muchas son las respuestas que se han dado a estas preguntas dando con ello lugar a distintas religiones, ciencias y corrientes filosóficas. Sin embargo, ¿puede el Misterio dejar de ser Misterio en algún momento? Intentar explicar lo incognoscible a través de un pensamiento limitado, que parte de preguntas limitadas, parece un juego sin fin, como el burro que persigue la zanahoria atada a un hilo que cuelga de una estructura propia que hace que la zanahoria nunca sea alcanzable por el burro, generándole cada vez la ilusión de que con el próximo paso conseguirá alcanzarla.
saber

Y así ocurre a menudo con nuestra idea de felicidad, algo que siempre se alcanzará en un futuro, un futuro que nunca llega.

 

Saltar al VACíO de NO-SABER

Surge en nosotros el deseo de saber y con él la necesidad de generar opiniones e ideas acerca de lo que percibimos y muy a menudo apegándonos a esas opiniones como la verdad, o si más no aquella forma de pensar que me proporciona una identidad y creyendo que lo que yo soy se limita a esa identidad. Recurrimos a las palabras para explicar el Silencio, a la especulación para avanzar en conocimiento, creyendo cada vez que por fin hemos alcanzado la “Verdad” hasta que una nueva “verdad” desplaza la anterior. En ese ansia de saber, me pregunto “¿es este proceso es un desarrollo evolutivo que llegará a algún fin o en realidad todas las nuevas respuestas que pueda dar nunca me llevarán a liberarme del sufrimiento? o dicho de otro modo… alcanzar un estado de felicidad plena como afirman las tradiciones de la India que es posible lograr. Queremos alcanzar a comprender lo desconocido a través de los conceptos e ideas que ya conocemos, queremos saltar al vacío pero lo llenamos de nuestra experiencia pasada y nuestras formas de pensar, no fuésemos a morir en el salto.

¡Qué vértigo nos da soltar! Soltar lo conocido para abrirnos a decir “no sé”, “no tengo ni idea de qué va todo esto”, “no tengo ni idea de si la vida tiene algún sentido o no lo tiene”, “no tengo ni idea de quién soy ni de quién es la persona que tengo delante”… ¡Qué miedo abrirme al Misterio, sin saber cuál es el siguiente paso! Me da tanto miedo que rápido recurro a lo que ya conozco, a los juicios y formas de actuar que me son familiares, a tapar el Silencio, el Vacío, lo Desconocido con palabras y discursos que me dan una cierta seguridad, con nombres y formas que a lo sumo parecen proporcionarme de vez en cuando un nuevo punto de vista y ahí nos quedamos, en los puntos de vista que siguen intentando comprender lo desconocido desde lo conocido. De esta forma sigo y supongo que seguimos muchos, alimentando la ignorancia, entendida como esa visión errónea de la que hablábamos al inicio del texto, cuando en realidad se nos insta a soltar.

Me temo que indagar en mí, en conocerme y conocer el mundo, conocer la Realidad, si a caso existe una Realidad en mayúsculas, pasa por soltar, por abrirme a la experiencia de no-saber y con ello abrirme a las infinitas posibilidades que desconozco y a soltarlas de nuevo, abrirme eternamente, en cada instante, a no-saber. Tal como advertía el propio Buddha (el que ha despertado), según las enseñanzas que se le atribuyen, una vez hemos utilizado la barca de las enseñanzas para cruzar al otro lado de la orilla no tendría ningún sentido seguir cargando con ella sino que habría que soltar esa barca que nos ha llevado de la orilla del sufrimiento a la orilla de la paz. También advierte de la inutilidad de la especulación y lo hace contando la historia de un hombre que ha sido herido por una flecha envenenada. ¿Acaso cuando compañeros y amigos llamasen a un médico para salvarlo diría “no consentiré que me arranquen la flecha hasta que sepa quién me ha herido, de qué familia procede, si es alto o bajo, el color de su piel o hasta que sepa de qué material está hecha la cuerda del arco con que me disparó, etc.”? Si así lo hiciese, el hombre moriría antes de haber llegado a saber tantas cosas.

saber

Este tipo de historias apuntan a la imposibilidad de llegar a conocer a través de la mente y los conceptos aquello que nos puede liberar del sufrimiento, a saber, ver lo que es tal como es y no como querríamos que fuese o como pensamos que es. ¿Qué pasa si de verdad nos abrimos al Misterio, asumiendo que es Misterio precisamente porque no tenemos ni idea de lo que es? ¿Y qué pasaría si llevásemos esta actitud de observación, desde el no-saber, a cada instante de nuestra vida? ¿Podría esta actitud arrancar la flecha de nuestra errónea identificación con lo que no somos y el deseo insaciable que esto nos genera y que tanto nos duele?

Comparto finalmente los últimos versos de un poema védico dónde hace más de dos mil quinientos años, se pone de manifiesto las limitaciones del conocimiento humano y os invito a que cada uno mire dentro de sí qué espacio se abre al soltarnos a la posibilidad de ¡no-saber!

«(…)
Buscando en sus corazones, mediante su sabiduría
los sabios hallaron el vínculo
que une al Ser con el no-Ser.
Extendieron transversalmente su cordel.
¿Existía un abajo? ¿Existía un arriba?
¿Existían fecundadores, existían energías?
Abajo se hallaba la fuerza; arriba el impulso.
¿Quién sabe la verdad?
¿Quién puede decirnos dónde surgió esta creación?
Los dioses nacieron después, con la creación del universo.
¿Quién puede saber, pues, de dónde surgió?
Aquel que es su guardián en el cielo,
fuera él o no su hacedor,
sólo aquel sabe de dónde surgió esta creación.
O quizá ni siquiera él lo sabe».

 

Referencias bibliográficas

  • Panikkar, R., El silencio del Buddha. Una introducción al ateísmo religioso. Siruela, 2000.
  • Gallud Jardiel, E. El hinduismo en sus textos esenciales,  Verbum, 2016.

Darwin VS Buda: Las dos caras del sufrimiento y la insatisfacción

Podría sonar extraño querer rebelarse contra las leyes de la selección natural y de la evolución. Más que nada porque ha sido mediante éstas leyes que hemos llegado hasta aquí como especie, y yo, Elsa Bonafonte, puedo estar escribiendo este artículo aquí y ahora. Pero también es cierto que desde que no vivimos en las cavernas, y desde que no tenemos que cazar ni que escapar de los leones, las leyes de la selección natural no nos ayudan mucho. Es más, podría decirse que son la principal fuente de nuestro sufrimiento.

Este sufrimiento tiene muchas acepciones. La más común, occidental, y que podemos encontrar en el diccionario, lo define como el “hecho de sufrir o padecer dolor físico o moral”. Pero desde el punto de vista del budismo, el sufrimiento no es exactamente esto… Pero para poder entenderlo, antes tenemos que conocer las cuatro nobles verdades del Budismo.

sufrimiento budismo

 

 

Las cuatro nobles verdades del budismo 

Aunque no es una tarea fácil, voy a tratar de explicar cómo el budismo, y su camino para alejarse del sufrimiento, se ha convertido en una verdadera rebelión contra las leyes de la selección natural y de la evolución. Pero primero debemos saber las cuatro nobles verdades del budismo:

1- Primera (dukkha): La naturaleza de la vida es el sufrimiento. El nacimiento es sufrimiento, la vejez es sufrimiento, la enfermedad es sufrimiento, la muerte es sufrimiento…

2- Segunda (el origen de dukkha): El origen del sufrimiento es el deseo o “sed de vivir” acompañado de todas las pasiones y apegos. Es el deseo que produce nuevos renacimientos, que acompañado con placer y pasión encuentre siempre nuevo deleite, ahora aquí, ahora allí. El deseo por los placeres sensuales, el deseo por la existencia y el deseo por la no existencia.

3- Tercera (la cesación de dukkha). Alcanzar el Nirvana, la verdad absoluta, la realidad última. Es la noble verdad de la cesación del sufrimiento. Es la total extinción de ese mismo deseo, su abandone, su descarte, liberarse del mismo, la no dependencia.

4- El sendero que conduce al cese del sufrimiento y la experiencia del Nirvana. El sendero que conduce al la cesación del sufrimiento. Es el recto entendimiento, el recto pensamiento, el recto lenguaje, la recta acción, la recta vida, el recto esfuerzo, la recta atención y la recta concentración.

Podréis preguntaros qué tienen que ver estas verdades budistas con las leyes de la selección natural. Yo también me lo preguntaba. Y aquí está la respuesta y las investigaciones que se han hecho al respecto.

 

La insatisfacción como base del sufrimiento

En el Budismo la idea del sufrimiento es algo más específica de la que tenemos los occidentales. No se refiere tanto al dolor físico o moral, sino a la sensación de “insatisfacción” que nos acompaña a la mayoría de los mortales casi el 100% del tiempo.

Como dice la segunda noble verdad del budismo, el sufrimiento es “el deseo o “sed de vivir” acompañado de todas las pasiones y apegos. Este deseo, como veremos ahora, es el causante de nuestra insatisfacción, que según los budistas es la base del sufrimiento. Y aquí, amigos, entra nuestra buena amiga la evolución.

Según el Budismo “la naturaleza de la vida es el sufrimiento”. Y seguramente que podréis pensar que no estamos sufriendo todo el tiempo. Que no vivimos “sufriendo” las 24 horas del día. Pero si añadimos el significado de “insatisfacción” a esta ecuación, entonces sí que tiene más sentido. Ya que la mayoría de nosotros vivimos (gracias a las leyes de la evolución) en una continua insatisfacción.

Y para que lo entendáis vamos a ver un ejemplo. Imaginemos que soy una loca de los donuts (que no es el caso, pero me venía de perlas para usar uno de mis gifs favoritos):

Homer

No todos los días nos dejamos llevar por nuestros antojos, pero algunas veces sí que lo hacemos. Te imaginas esa caja de 6 donuts, su olor, su sabor la llevártelo a la boca… Y seguramente, mientras estamos disfrutando de esos maravillosos donuts, no estamos sufriendo. ¿Estás loca, voy a sufrir mientras me todo mi donut favorito?

Pero si nos paramos a pensar sobre ello. Probablemente, en el mismo instante en el que empecemos a tragar el donut, ya estaremos pensando en el siguiente. De alguna forma, ya estaremos deseando, anhelando el próximo donut. Y si estamos pensando en el próximo donut, es que este donut no nos está produciendo satisfacción. No nos está satisfaciendo. Si estuviera satisfecho, no querría más, ¿no es cierto?

Es la cruda realidad. El placer no dura. Y así funcionan las cosas. El hecho de que “el placer no dure” es uno de los preceptos de Buda. La impermanencia de las cosas está presente en casi todos los textos de Buda. Nada es permanente, y el placer no es una excepción.

 

La “forma” de la insatisfacción: el deseo y la aversión

Aquí entramos en la segunda verdad noble del budismo. La causa del sufrimiento y la insatisfacción. Y generalmente se ha traducido como ansia, o deseo intenso. En el sentido de tratar de aferrarse a algo, de apegarse a algo. Como dijo Buda, en el deseo de agarrar cosas que no durarán, se prueba el engaño, la ilusión. El solo deseo nos demuestra que no somos conscientes de la impermanencia de las cosas, de la verdad sobre cómo es la realidad.

Volviendo a los donuts, podemos ver que este fenómeno no se refiere sólo a placeres sensoriales (comida, sexo, etc.). Se refiere a cualquier cosa que nos cause gratificación. Conseguir un 10 en un examen, conseguir la estima de los amigos, y un largo etcétera. Cualquier cosa que nos haga sentir bien, y de lo que querremos más.

En psicología está muy relacionado con la adaptación hedónica. Y se refiere a cuando nos pasa algo muy bueno, como que nos toque la lotería, y pasado un determinado periodo de tiempo, volvemos a nuestro nivel normal de “felicidad”. Continuamos deseando cosas que nos harán felices: ese trabajo, ganar la lotería, que mi vecina se vuelva loca por mi… Pero la realidad es que podo después de conseguir cualquiera de estas cosas, nuestro nivel de felicidad vuelve a la normalidad. No estamos más cerca de la felicidad que antes de desear cualquiera de estas cosas.

Y no solo hablamos de cosas “buenas”. Las dos primeras leyes del budismo también contemplan la ansiedad y al miedo. Ansiedad de ser criticado en público, tener que ir a un sitio al que no quieres ir, miedo al abandono, etc. En definitiva, el miedo de ser comido por un león. ¿Empiezas a comprender ahora?

En un principio estas cosas no entrarían en la categoría del deseo. No ansiamos ni deseamos que nos abandonen, o sentir ansiedad ante un examen. No queremos estar “más cerca” de eso. Quieres huir de eso.

Así que podemos afirmar que en la segunda ley del Budismo (aunque no aparezca de forma explícita), encontramos como fuente del sufrimiento y la insatisfacción el deseo y la sed por lo que nos atrae, y aversión por lo que nos produce miedo y ansiedad. No aparece explicito en la segunda ley, porque ambas cosas son las dos caras de una misma moneda. Si tienes miedo de hacer el ridículo en público, es porque estás apegado a tu reputación, a tu estatus social. Eso apego, deseo o sed es el problema.

 

El origen de la insatisfacción: nuestra amiga la evolución

Como hemos visto, según la segunda noble verdad nos dice que la fuente del sufrimiento y la insatisfacción es nuestro apego, nuestro deseo de aferrarnos a cosas que no duran, incluido el placer. Como con el ejemplo de los donut de chocolate.

Según Buda, nuestro fracaso para parar esta dinámica es un ejemplo más de nuestra incapacidad de ver el mundo de una forma clara. ¿Y por qué no somos capaces de frenar este proceso? Porque hay mecanismos biológicos que son mucho más fuertes que nosotros (tanto del proceso del deseo como de la evaporación de la satisfacción), y contra los que poco podemos hacer, a menos que nos convirtamos en monjes budistas y nos vayamos a meditar a una montaña.

sufrimiento evolucion

 

Por qué no vemos claramente (por cortesía de la evolución)

Buda solía utilizar el término ilusión para hablar de nuestra incapacidad para ver las cosas claramente. Aunque este término nos puede confundir un poco. No quiere decir que cuando estamos disfrutando de nuestro donut nos imaginemos que nos vigilan unos espías rusos detrás del mostrador, y que en unos instantes se abalanzarán sobre nosotros para arrebatarnos el cerebro…

Ni siquiera pasa por nuestra mente la idea de que el placer de esos donuts van a durar para siempre. Ni diez minutos. Pero a la vez, está demostrado que pensamos mucho más en el placer que nos causa, que en la evaporación posterior de ese placer. Sólo estamos focalizados en el placer del momento.

En otras ocasiones, podemos vivir algo más cercano a esa ilusión unida al deseo, a la obsesión. Cuando nos enamoramos de alguien, estaremos todos de acuerdo en que se dan ciertas distorsiones de la realidad en nuestra forma de percibir las cosas. Parece que todo será perfecto eternamente. Pero en realidad, las relaciones son más complicadas que eso. Porque volvemos a ser incapaces de ver la impermanencia de las cosas. Y por tanto, no vemos claramente la realidad.

Lo mismo nos ocurre cuando deseamos un trabajo intensamente. E imaginamos todas las cosas maravillosas que nos traerá ese empleo… Y estás seguro de que al conseguir ese puesto, te podrás relajar. Entonces llega ese soñado puesto de trabajo, pero tu nos has llegado realmente a ningún sitio. La gratificación no dura para siempre.

¿Y qué parte de nosotros es la que no nos permite ver claramente? Sin ninguna duda una de esas partes es el neurotransmisor dopamina. O la llamada droga del placer. La verdadera historia es que es mucho más complicado que eso. Los efectos de la dopamina dependen de muchos factores: la parte del cerebro implicada, las neuronas implicadas, los receptores implicados, etc.

 

La dopamina y el deseo

Vamos a ver un estudio en el que se monitorizó las neuronas implicadas en el cerebro de unos monos, en relación al deseo y a la satisfacción del mismo.

Lo que hicieron es darle zumo de fruta a los monos y esto es lo que pasó. En la primera parte del experimento, al darle la fruta al mono, hubo un subidón de dopamina. Con lo que el mono sintió una gran felicidad. ¿Y cuánto duró este subidón de felicidad? La cruda realidad es que aproximadamente duró un tercio de un segundo. No mucho, la verdad…

Como ya hemos apuntado, el placer tiende a evaporarse muy rápidamente. Y en nuestra propia experiencia del día a día, deberíamos ser muy conscientes de la impermanencia de las cosas.

sufrimiento dopamina

Una posible explicación de este fenómeno lo encontramos en la selección natural. ¿Y por qué la selección natural diseñaría un cerebro con una experiencia de placer tan fugaz? ¿Por qué no alargar el efecto de la dopamina 10 segundos, 20 segundos? Lo cierto es que esto no pasa. Y lo más incómodo e inexplicable… ¿Por qué no somos capaces de integrar en nuestra vida, en nuestro día da día, cómo de rápido se evapora el placer? Eso nos ahorraría mucho dolor.

Lo cierto es que la selección natural funciona de otra forma. No buscaba nuestra felicidad ni nuestro placer. Sólo quería (y quiere) trasladar nuestros genes a la siguiente generación, garantizando que comeremos y que tendremos sexo. Incluso el estatus social tiene un correlato positivo en primates, a la hora de conseguir una mayor descendencia.

Hay tres leyes fundamentales de la selección natural mediante las cuales se ha diseñado nuestro cerebro.

1- Cuando un animal consigue su objetivo (comida o sexo) experimentan algo de placer. El placer es el reforzador de la conducta. Hace que los animales hagan “más” de eso que han hecho para conseguir su objetivo.

2- El placer no puede durar para siempre. Si fuera así, los animales dejarían de estar motivados para hacer “más” de eso que han hecho para conseguir su objetivo. Si comes y no vuelves a tener hambre, no estarás motivado para volver a comer, y morirías. Así que la desagradable sensación de hambre es necesaria para la supervivencia. Lo mismo con el sexo.

3- Los animales se deben focalizar más en el placer que le producen estos objetivos, que en la consecuente evaporación de dicho placer. Si te focalizas en lo genial que será el placer que vas a obtener, estarás más motivado para hacer las acciones necesarias para conseguirlo. Si supiéramos que el placer va a durar un nonosegundo, no emplearíamos tanto esfuerzo.

 

Evolución VS Buda

Estos principios del diseño tienen mucho sentido en términos de la selección natural, y pueden ayudarnos a entender las enseñanzas de Buda. Buda repitió muchas veces que el placer tiende a evaporarse, y eso nos deja insatisfechos. Y parece ser el caso de que el placer está genéticamente diseñado para durar muy poco tiempo precisamente para dejarnos insatisfechos. Para así trabajar más y conseguir más puntos en la carrear de la selección natural.

Buda también dijo que parece que no llegamos a captar esta característica del placer. Y esto también tiene sentido en términos de la selección natural. Focalizarnos solo en el placer es un buen motivador.

Volvamos a los monos y veamos qué pasó en la segunda fase del experimento.

                                                                                                               

La anticipación del placer

En la primera parte del experimento el mono no podía anticipar el placer que iba a sentir al tomar el zumo. El mono no esperaba el zumo. Para poder hacer posible que el mono experimentara la anticipación, mediante un proceso de condicionamiento, le enseñan que cuando se encendiera una luz, obtendría el zumo.

Y esto es lo que pasó:

sufrimiento dopamina

En la zona de la anticipación es donde se da el subidón de dopamina. Loque parece ocurrir es que el mono está anticipando el placer que va a recibir. Está focalizado en el placer que va a llegar. La propia anticipación produce placer. Hay excitación, proyección del placer. Y eso es lo que parece que refleja ese subidón de dopamina.

Lo cierto es que un caso extremo. No se han encontrado los mismos resultados en todos los experimentos, sobre todo en la parte de la supresión del subidón de dopamina cuando estaban disfrutando del zumo. Lo que parece que ocurres es que se dan dos subidones de dopamina. Uno muy alto, en la anticipación, y otro bastante más bajo, cuando se consigue el premio. Además, es un proceso que se torna automático.

Y esto es algo que nos ocurre todos los días. Imaginemos que todos los días nos tomamos una onza de chocolate negro por la tarde. Llega un momento en que el proceso es tan automático que casi no disfrutamos de esa onza de chocolate. Nos ponemos en marcha, pensamos en el chocolate (primer subidón de dopamina) vamos hacia al nevera, cogemos el chocolate, nos lo metemos en la boca… Y probablemente durante todo ese tiempo nuestra mente se haya perdido varias veces en pensamientos, y hemos abandonado el aquí y ahora (segundo subidón de dopamina). Hemos abandonado la conciencia del momento presente que nos haría disfrutar plenamente de la onza de chocolate. Lo mismo que el mono una vez que ha aprendido que tras la luz viene el zumo de fruta.

El primer subidón de dopamina es la fuerza motivacional. Lo que nos hace hacer el trabajo necesario para conseguir la comida que necesitamos para la supervivencia. No porque necesitemos donuts o chocolate negro para vivir. Pero nuestros antepasados necesitaban el azúcar de las frutas. El mismo azúcar que el hombre moderno encuentra en paquetes de donuts envasados.

Si pensamos en nuestros antepasados, o en los monos, es evidente que era necesaria una gran motivación para buscar la fruta, recorrer largas distancias, escalar árboles, etc. Una motivación “anterior” al disfrute de la fruta. Y es la que tenían en el subidón de dopamina de la anticipación del premio.

 

¿Por qué se mantiene la tortura?

Una pregunta muy interesante a hacerse ahora es: Como en el caso del chocolate negro que tomamos por la tarde, si ya nos hemos habituado al placer que obtenemos, si se ha convertido en una tarea rutinaria, y ya sabemos que en el momento de tomar el chocolate el placer que obtenemos es mínimo o nulo… ¿Por qué seguimos haciéndolo?

¿Por qué no simplemente disfrutamos de la dopamina de la anticipación, y luego no tomamos el chocolate? Y aquí es donde vuelve a aparecer nuestra amiga la evolución.

Esa estrategia no funcionaría. Porque si disfrutamos de ese primer subidón de dopamina, y luego no obtenemos el refuerzo, lo que ocurre es que sufrimos un déficit de dopamina.

sufrimiento dopamina

Sería lo que se llama la decepción de anticipación no satisfecha. Y esto también es muy común. Y para ilustrarlo contaré algo que le pasó un día a mi hermana Carla. Quería tomar helado de limón, y nuestra madre le dijo que había helado de limón en la nevera. Y con el subidón de la anticipación de dopamina fue cegada por el deseo a la nevera. Cuando abrió el congelador y encontró halado de vainilla (que no le gusta nada) en vez de helado de limón, la sensación de insatisfacción fue máxima. No sólo sentimos la ausencia del placer. Sentimos decepción.

Y esto también cobra sentido como recurso motivacional si volvemos al escenario de nuestros ancestros. Si una vez hecho todo el trabajo para llegar a los árboles en los que esperaban encontrar la comida, no la encuentran, el cerebro está diseñado para que no volvieran nunca más a esos árboles que no tiene frutos. El cerebro está diseñado para que evitaran esos árboles, mediante esa sensación de decepción que sufrieron la primera vez que llegaron allí.

 

Las tres leyes de la evolución y los principios de Buda

Parece que hay cierta correspondencia entre las leyes de la evolución y los principios del Budismo.

Buda dijo que le placer no duraba, y que nos dejaba insatisfechos. Y la teoría de la evolución parece explicar por qué. Buda dijo que nos focalizamos en el placer y no en la fugacidad del mismo, y nuevamente la teoría de la evolución parece explicar por qué.

Y aquí otro ejemplo de cómo a la selección natural no el “importa” que no veamos el mundo de forma clara. En otro experimento se demostró que bajo condiciones de miedo los alumnos veían en esta imagen una serpiente, mientras en condiciones normales veían una cuerda.

serpiente cuerda

O cómo vemos caras enfadadas si estamos enfadados, en personas que realmente tienen una expresión neutra. A la selección natural no el importa que no veamos la realidad como es. Y tampoco el importa que seamos felices. Desde el punto de visa de la selección natural, la felicidad es sólo una herramienta. Si sentirnos felices en un momento dado nos hará estar motivados, entonces estará bien. Lo mismo que si sentirnos infelices, insatisfechos, sufriendo… funciona para los objetivos de la selección natural. También estará bien.

Por todo ello el Budismo parece una rebelión contra la selección natural. El Budismo trata de que seamos capaces de ver la realidad tal como es todo el tiempo, y aspira a terminar con el sufrimiento. Por lo que de cierta manera implica lo contrario a la lógica de la selección natural.

Y esto que hemos visto es solo una parte de esta rebelión. Para conocer la escala real de esta revolución hay que conocer las estrategias específicas del Budismo para lograr ver el mundo de forma clara y para acabar con el sufrimiento. 

Sufrimiento

 

Referencias:

 

Cuando todo se derrumba: 10 pensamientos sobre el sufrimiento y la evasión del dolor

Como diría Jung, no existen las casualidades. Y eso es lo que me parece haber pasado esta semana. Conocía a  Pema Chödrön gracias a Virginia Gawel, psicóloga argentina de la que me enamoré, gracia a que Enrique, blogger de esta web, compartió un video sobre ella en nuestra página de Facebook.

Estas coincidencias son maravillosas, ya que si estás atento, te llevan a lugares a los que no esperabas llegar. Pero que evidentemente, debías alcanzar.

Las enseñanzas de Pema están llenas de sabiduría, que podemos aplicar a nuestra vida diaria y a la terapia, tanto si la impartimos como si la recibimos. Como bien sabe cualquier buen terapeuta, “sólo podemos reconocer lo que estamos sintiendo si nos hallamos en un espacio abierto y libre de juicios”.

Y como pacientes, antes o después debemos entender que “el sufrimiento empieza a disolverse cuando cuestionamos la creencia o la esperanza de que hay algún lugar donde ocultarse.”

 –

Pema Chödrön

Pema Chödrön es una monja budista occidental, nacida en Nueva York en 1936. Antes de hacerse budista, tuvo una vida que bien podría parecerse a cualquiera de nuestra vidas. Casada dos veces, divorciada dos veces, madre y abuela, «enferma» de fatiga crónica, etc. Esto ha hecho que viviera en más de una ocasión cómo «todo se derrumbaba», y que sea capaz de expresar sus enseñanzas con un humor y una sabiduría que nos puede llegar a todos.

Uno de sus últimos libros es «Cuando todo se derrumba«, y aquí os dejo 10 pensamientos que puedes encontrar en el libro, y que sin duda pueden llegarte al corazón.

Pema Chodron

 Diez pensamientos de Pema Chödrön:

“El miedo es la reacción natural al acercarse a la verdad.”
 “Cultivar una mente ecuánime, que no se aferra a tener razón ni a estar equivocada, te llevará a un estado de ser presidido por la frescura. La cesación última del sufrimiento procede de ese estado.”
“Tener aunque sólo sea unos segundos de duda respecto a la solidez y la verdad absoluta de nuestras opiniones, incluso el simple hecho de tomar conciencia de que tenemos opiniones, nos introduce a la posibilidad de la ausencia de ego. No tenemos que hacer desaparecer nuestras opiniones y no tenemos que criticarnos por tenerlas. Simplemente hemos de ser conscientes de lo que nos decimos a nosotros mismos y ver cuánto de ello no es más que nuestra percepción personal de la realidad, que puede ser compartida o no por los demás.”
Pema Chödrön
 “Sólo en la medida en que nos acontece la aniquilación una y otra vez podemos hallar en nosotros aquello que es indestructible.”
“Cuando nos aferramos agresivamente a nuestras propias opiniones, por muy válida que sea nuestra causa, simplemente estamos añadiendo más agresión y violencia a nuestro planeta, y por tanto aumentando su dolor. Cultivar la no agresión es cultivar la paz.”
“Si realmente supiéramos la infelicidad que causa en este planeta nuestra evitación del dolor y nuestra búsqueda del placer, si entendiéramos que este hecho nos hace desgraciados y corta nuestra conexión con nuestro corazón y nuestra inteligencia básicos, practicaríamos la meditación como si se nos estuviera quemando el pelo.”
 “El sufrimiento empieza a disolverse cuando cuestionamos la creencia o la esperanza de que hay algún lugar donde ocultarse.”
 “Sólo podemos reconocer lo que estamos sintiendo si nos hallamos en un espacio abierto y libre de juicios.”
“Cuando vivimos una gran decepción, no sabemos si ahí se acaba la historia; también podría ser el principio de una gran aventura.”
“Relajarnos en el momento presente, relajarnos en la ausencia de esperanza, relajarnos en la muerte, no resistirnos al hecho de que las cosas se acaban, de que las cosas pasan, de que no tienen sustancia duradera, de que todo está cambiando constantemente: éste es el mensaje básico.”

Y para los que estéis tratando de entender la felicidad, esta charla es maravillosa 😉

– 

 –

Si te ha gustado, aquí podrás encontrar una entrevista a Virginia Gawel en la que habla de Pema y de este libro. ¡Que lo disfrutes!

Pema Chödrön

Fuente: Virginia Gawel