La existencia a través de las redes.

Parece un video de comedia, pero muestra con un gesto satírico lo que en temas de relaciones humanas hoy está establecido. Las redes sociales llegaron para quedarse eso ya ha quedado claro, pero, ¿nos hemos detenido a pensar como ha transformado nuestros vínculos, y porque no, nuestra visión de nosotros mismos?

No es difícil actualmente seguirle la pista a una persona, ya que gracias a todos los mecanismos digitales una persona va mostrando al mundo “su vida” (o por lo menos lo que intenta que sea), es usual ver todo lo que come, con quien se junta, a donde viaja, en que trabaja, el desarrollo de sus hijos, cuando tiene bajones emocionales, y todo sin necesidad de ser cercano a esa persona, solo es necesario compartir una red social.

El mundo globalizado amplió nuestros mecanismos de comunicación, y también influyó en qué y cómo en el mensaje, en cierta manera se instaló en la psicología general,  hasta en sociedades menos occidentalizadas, una “manera de vivir adaptada a las redes” y que traspasa más allá de un aparato electrónico, se ha instalado en la vida emocional y psicológica del colectivo, y por su puesto vivimos para mostrarlo.

 

La sociedad de la transparencia

 

 

Hace unos meses atrás les conversaba sobre Byung-Chul Han,  profesor, filósofo y ensayista surcoreano – alemán. Experto en estudios culturales y profesor de la Universidad de las Artes de Berlín. Ha centrado sus escritos en la sociedad actual y la inmersión del control neoliberal, tanto a nivel económico como social.

En esta oportunidad les hablaré sobre su libro “La Sociedad de la Transparencia”, obra de escasas 100 paginas, pero densas y con una crítica (para algunos negativista para otros realista) sobre la sobre exposición que realizamos en redes sociales, y como esto ha afectado la psicología colectiva, y por ende la sociedad actual.  Divide su ensayo en 9 capítulos, describiendo una fotografía de lo que él considera es la sociedad actual: la sociedad positiva, la sociedad de la exposición, la sociedad de la evidencia, la sociedad porno, la sociedad de la aceleración, la sociedad íntima, la sociedad de la información, la sociedad de la revelación, y finalmente la sociedad del control.

 

En este artículo tomaré como referencia 3 de ellos donde intentare hacer una pincelada:

 

  1. La Sociedad Positiva

 

 

“La sociedad positiva está en vías de organizar el alma humana totalmente de nuevo. En el curso de su positivación también el amor se aplana para convertirse en un arreglo de sentimientos agradables y de excitaciones sin complejidad ni consecuencias”.

 

En este sentido el autor hace una crítica sobre el manejo excesivo que se produce sobre las emociones positivas, indicando que se muestra el placer inmediato, el éxito, la felicidad, lo alcanzable, es como si las redes sociales actuaran como plataforma adictiva, siendo las drogas de consumo los “me gusta”, “me encanta” “me divierte”, utilizándose como un medio de reforzamiento de la  autoimagen y de la autoestima del dueño de la publicación.   De manera que no hay espacio para lo que se consideran “emociones negativas”, no hay espacio para el lado escuro, para el sufrimiento y para a desdicha, esta versión humana es anulada, no tiene espacio para el reforzamiento social, todo lo que es considerado negativo es centro de críticas y de segregación.

 

“El amor se doméstica y positiviza como fórmula de consumo y confort. Hay que evitar cualquier lesión. El sufrimiento y la pasión son figuras de la negatividad. Ceden, por una parte, al disfrute sin negatividad. Y, por otra parte, entran en su lugar las perturbaciones psíquicas, como el agotamiento, el cansancio y la depresión, que han de atribuirse al exceso de positividad”.

 

El autor refiere el peligro de anular los sentimientos considerados negativos de la vida social, primeramente porque la contención a través de las redes sociales es efímera y poco tangible, y por otro lado este espacio de poca contención al sufrimiento humano puede llegar a producir cuadros complejo que afectan a la psiquis debido a la fragilidad de la autoestima del individuo basado en el reforzamiento logrado a través de las redes sociales.

Considerando que finalmente   la superficialidad misma de la situación es sostenida por este hiper positivismo frágil, esto puede llegar a producir un quiebre emocional en la persona que está impregnada por la sociedad de la transparencia (entregando toda su vida privada a las redes), y cuando esta no responde de la manera esperada pueden producirse cuadros emocionales graves como  depresiones, ansiedades y fobias, y en algunos casos más extremos psicosis.

 

  1. La sociedad de la exposición

El autor en este punto habla sobre la sobre exposición que hacemos de nuestra intimidad en las redes sociales, indica que ya no hay espacios privados, existe la necesidad actual de publicar todo lo que se hace y se siente, como una manera de “pertenecer” a la sociedad y ser aceptada por ésta, lo oculto es sospechoso, la transparencia actúa como mecanismo de búsqueda de confianza, y en este sentido, el video mostrado en la parte inicial de este artículo lo expone magistralmente, indicando la premisa “si no estás expuesto no existes”.

 

“En la sociedad expuesta, cada sujeto es su propio objeto de publicidad. Todo se mide en su valor de exposición. La sociedad expuesta es una sociedad pornográfica. Todo está vuelto hacia fuera, descubierto, despojado, desvestido y expuesto. El exceso de exposición hace de todo una mercancía, que «está entregado, desnudo, sin secreto, a la devoración inmediata”

 

Y esto lo podemos observar fácilmente en los actuales aclamados (y adinerados) “influencers”. Personas que han logrado lucrar de manera sustancial con sus vidas privadas, traspasando los límites esperados, y logrando convertirse en modelos sociales a seguir a través de lo que promueven como “vida ideal publicable” en las redes sociales. Ofreciendo una gama amplia de opciones y de estilos que alcanza para todos los gustos. Podemos tener desde académicos y científicos, artistas y deportistas, y personas comunes que logran diferenciarse por una razón especial. Mercantilizando así la existencia misma.

 

¿Alguna vez has leído los términos y condiciones cuando abres una cuenta en una red social? Te has dado cuenta que hay condiciones que explican que todo lo que subes voluntariamente a las redes pasan a pertenecer a la plataforma, aunque se borre posteriormente a la publicación, el archivo ya se encontraría en una nube de manera permanente, ya no te pertenece, sino que le pertenece a la red.

 

“El mundo se ha convertido en un mercado en el que se exponen, venden y consumen intimidades”

 

  1. La sociedad del control.

El autor introduce un término que a mi criterio personal es uno de los más delicados, el control digital. Toma el concepto de panóptico, que fue un tipo de arquitectura carcelaria creado por Jeremy Bentham, constaba de una estructura de celdas ubicadas alrededor de una torre de vigilancia permanente en el centro del edificio,  lo revolucionario de su diseño se basaba en permitir al guardia de seguridad quien se encontraba 24 horas en la torre central de vigilancia, observar a todos los prisioneros, sin que estos puedan saber si son observados o no. Lo cual era la base del control psicológico, el prisionero nunca controlaba cuando estaba siendo observado.

De la misma manera funcionaría el panóptico digital descrito por Han, los usuarios de las redes entregan voluntariamente información personal e íntima que permite a la red tener el control de la información para luego ser utilizada como elemento de consumo y vigilancia digital.

 

“La peculiaridad del panóptico digital está sobre todo en que sus moradores mismos colaboran de manera activa en su construcción y en su conservación, en cuanto se exhiben ellos mismos y se desnudan”.

 

Lo importante del hecho que refuerza el autor, es que la información que maneja la red de nosotros mismos, es información que nosotros voluntariamente hemos entregado, a través de la idea de libertad que ofrece navegar por la red, el precio que hay que pagar es la información personal que proporcionamos.

 

“La sociedad del control se consuma allí donde su sujeto se desnuda no por coacción externa, sino por la necesidad engendrada en sí mismo, es decir, allí donde el miedo de tener que renunciar a su esfera privada e íntima cede a la necesidad de exhibirse sin vergüenza.

 

Finalmente el autor termina con esta reflexión:

 

“Hoy, el globo entero se desarrolla en pos de formar un gran panóptico. No hay ningún afuera del panóptico. Este se hace total. Ningún muro separa el adentro y el afuera. Google y las redes sociales, que se presentan como espacios de la libertad, adoptan formas panópticas. Hoy, contra lo que se supone normalmente, la vigilancia no se realiza como ataque a la libertad. Más bien, cada uno se entrega voluntariamente a la mirada panóptica. A sabiendas, contribuimos al panóptico digital, en la medida en que nos desnudamos y exponemos. El morador del panóptico digital es víctima y actor a la vez. Ahí está la dialéctica de la libertad, que se hace patente como control”.

 

Conclusiones

 

Hay varias maneras de ver lo que este autor nos ofrece. Personalmente lo veo como una invitación a ser cuidadosos y a proteger nuestra intimidad. A intentar no mercantilizar nuestra vida privada como un producto. Escuchar bien lo que dice este autor, somos nosotros los que VOLUNTARIAMENTE entregamos información y ofrecemos parte de nuestra intimidad a internet, de manera que nos ofrece igualmente un halo de control, si, aunque no lo parezca, seguimos teniendo el control de lo que decidimos publicar y exhibir.

 

Nuevamente hago una invitación a leer sus libros, de manera que cada uno pueda sacar sus propias conclusiones, tomando lo que le sea útil y pudiendo desarrollo pensamiento crítico de la actualidad que nos rodea.

 

 

“La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo.”(Nelson Mandela).

 

 

Bibliografía:

La sociedad de la transparencia. Byung-Chul Han (Autor), Raúl Gabás (Traducido por). 2013

 

 

Parar para continuar

Cuando  pensamos como utilizamos nuestro tiempo en la semana, probablemente nuestros trabajos o el tiempo dedicado a él,  se lleva gran la parte del mismo, seguro le siguen las actividades en casa, además, hemos intentado apuntarnos en alguna actividad que “nos distraiga o desconecte del día a día”. Qué decir de nuestra continua profesionalización, la necesidad de estar  cursando un  master o postgrado,  y por supuesto no puede faltar el tiempo que compartimos en familia o con amigos. Vamos, que tiempo sin hacer nada, imposible, “yo no tengo tiempo que perder”.

Que pasa cuando nuestro cuerpo dice; “!hasta aquí!”, o “!para un momento por favor!”,  y decidimos tomarnos un día de descanso sin hacer nada, la sensación, o más bien la idea contagiada o insertada que nos asalta, es de  que se está  “PERDIENDO EL TIEMPO”,  y es aquí cuando nos pueden abordar pensamientos del tipo: “¿Estuve todo el día en casa y no termine esto o lo otro?”, o “he perdido todo el día”. Que mala sensación se nos puede quedar, ¿verdad?

 

¿Te suena algo de este comercial?

 

Si, así es, nos han vendido muy bien la idea de vivir el día a día al máximo, no hay tiempo que perder, la vida es una, y además “corta”. Qué agobio, ¿no?, si nuestros congéneres de hace un par de siglos, o sin ir más lejos, nuestros abuelos pudieran ver el ritmo de vida actual en el que estamos inmersos, creo que se pondrían las manos en la cabeza y nos preguntarían ¿Cuándo paran?.

 

La sociedad del cansancio

 

La Sociedad del cansancio, es el título de un ensayo parte de una serie de libros escritos por el Filósofo Surcoreano  Byung-Chul Han, quien, entre otros escritores y estudiosos contemporáneos ha dedicado su trabajo en tratar de comprender y describir la sociedad actual (centrémonos en la occidental) híper-consumista, capitalista, y neoliberal.

 

El autor surcoreano nos plantea una nueva estructura social, con una nueva cara de esclavitud, donde la explotación ya no está en un patrón autoritario,  sino que se transforma en la auto-explotación  titulada como “realización personal”( es decir la eterna búsqueda de autorealizarse), y por consiguiente  “superar o ser mejor que el otro”. Esto es la filosofía del paradigma de la competencia, “entre mejor preparado esté, entre más idiomas se hable, entre más conozco sobre un tema tendré mejores y más  posibilidades de conseguir el empleo, estatus, y la vida soñada”.

 

Este nuevo paradigma de esclavitud fundamentado en la necesidad de auto-realización neurótica y sin descanso enfocada en la competencia, y donde básicamente la necesidad de destacarse y de “ser auténtico”, de ser más productivo, más avanzado, más integral, más comunicado, más tecnológico, más autónomo, más espiritual, etc, genera un alto grado de presión, de auto exigencia que termina derivando en diversos puntos en los cuales el libro dirige su análisis, sin embargo, en esta ocasión voy a enfocarme en los siguientes:

 

  • Vivimos en la sociedad de las enfermedades emocionales y relacionales

 

 

El siglo pasado se caracterizó por enfermedades bacterianas, virales y contagiosas, cargadas de epidemias y pandemias. El siglo XXI se caracteriza principalmente por las enfermedades de tipo mental y relacional: el crecimiento de diagnósticos de ansiedad, depresión, trastornos de personalidad, déficit de atención con hiperactividad, adicciones, el famoso Burnout (o síndrome del quemado), etc. Quizás esa necesidad de mantenernos rindiendo y haciendo “más” que se nos exige socialmente termine agotando, en algunos casos más pronto que en otros, nuestra organización psicológica y nos termina exponiendo a lesiones emocionales que al cronificarse y mezclarse con las condiciones precisas favorecen la aparición de una enfermedad de tipo mental.

 

  • Vivimos dentro de la “Gran Red”:

 

 

El video puede mostrar en cierta medida el lado B del uso de las redes sociales.   El internet y la exposición a la comunicación globalizada e instantánea ha generado una nueva manera de relacionarnos y vincularnos unos con otros. La aparición de las redes sociales ha fomentado una necesidad (camuflada en una falsa y frágil percepción de libertad) de exponernos y de conocer la “realidad mostrada” por el otro. Se crea así una nueva droga: los LIKES (me gusta). Centrados de manera narcisista ante las reacciones de los otros, entre mas “me gusta” consiga en Facebook, Instagram, etc, «más reforzado y más seguro me siento de mí mismo, más reconocido estoy».  Es decir, vamos construyendo una frágil identidad digital, sin filtros que protejan nuestra privacidad. Todo se basa en el exceso de lo positivo, “lo feliz que soy, los lugares a donde viajo, lo que como”, ya todo pasa a ser de control público, y nuestra autoestima también.

 

 

  • La necesidad patológica por NO ABURRIRNOS:

 

 

Una de las características principales que se ha perdido o debilitado en esta sociedad es la capacidad para “aburrirse”, es decir, no hacer nada. Actualmente vivimos en una situación de sobre estimulación, lo que el autor llama multitasking, entendiéndose por la posibilidad de embotamiento de información que nos arropa en todo momento donde sea que vayamos. La publicidad en la calle, la cantidad de ventanas abiertas en nuestro computador, las distintas aplicaciones que usamos en nuestros teléfonos móviles al mismo tiempo, o la televisión encendida las 24 horas, no permiten que nos distraigamos, o más bien que nos enfoquemos en una sola cosa con atención.

 

Es decir HEMOS PERDIDO LA CAPACIDAD DE CONTEMPLACIÓN, aquella que generó tantos filósofos, astrónomos y científicos en la Antigua Grecia, aquella que ayudo a desarrollar a maravillosos navegantes que se guiaban por las estrellas, aquellos guiados por su propia contemplación y conexión con lo natural. Y qué decir del silencio, precioso regalo usado para conectarnos con nosotros mismos y con nuestros propios pensamientos, el silencio es un privilegio en este mundo convulsionado, lleno de ruido visual, sensorial,  acústico, etc. El silencio ya no es algo con la que estemos familiarizados, por eso cuando por fin se logra obtenerlo en la mayoría de los casos provoca, paradójicamente, ansiedad, tensión y sensación de incomodidad, generando la rápida reacción de encender la tele, la radio o de prender el computador.

 

No todo está perdido

 

Aunque parezca un enfoque negativista sobre la sociedad actual o sobre el futuro que nos depara,  es particularmente una invitación a detenernos un poco y realmente reflexionar que tan impregnados estamos de la sociedad del cansancio, que tanto has comprado el concepto y lo has traspasado a tu vida, cuanto ha penetrado en tu individualidad y ha trastocado tu salud mental.  Es una invitación para conectarnos nuevamente con lo esencial, con lo espontáneo, con lo genuino para renunciar a los accesorios adquiridos en nuestras vidas que terminan generando insatisfacciones eternas.

 

Por último les hago una invitación a la lectura de los libros de Byung Chul Han, ya que de esta manera podrán tener un criterio propio sobre sus escritos, en donde seguramente deferirán, y en otros casos conseguirán sentido.  Este artículo es solo una pincelada, el resto del cuadro queda a realizarse por cada uno de ustedes.