La existencia a través de las redes.

Parece un video de comedia, pero muestra con un gesto satírico lo que en temas de relaciones humanas hoy está establecido. Las redes sociales llegaron para quedarse eso ya ha quedado claro, pero, ¿nos hemos detenido a pensar como ha transformado nuestros vínculos, y porque no, nuestra visión de nosotros mismos?

No es difícil actualmente seguirle la pista a una persona, ya que gracias a todos los mecanismos digitales una persona va mostrando al mundo “su vida” (o por lo menos lo que intenta que sea), es usual ver todo lo que come, con quien se junta, a donde viaja, en que trabaja, el desarrollo de sus hijos, cuando tiene bajones emocionales, y todo sin necesidad de ser cercano a esa persona, solo es necesario compartir una red social.

El mundo globalizado amplió nuestros mecanismos de comunicación, y también influyó en qué y cómo en el mensaje, en cierta manera se instaló en la psicología general,  hasta en sociedades menos occidentalizadas, una “manera de vivir adaptada a las redes” y que traspasa más allá de un aparato electrónico, se ha instalado en la vida emocional y psicológica del colectivo, y por su puesto vivimos para mostrarlo.

 

La sociedad de la transparencia

 

 

Hace unos meses atrás les conversaba sobre Byung-Chul Han,  profesor, filósofo y ensayista surcoreano – alemán. Experto en estudios culturales y profesor de la Universidad de las Artes de Berlín. Ha centrado sus escritos en la sociedad actual y la inmersión del control neoliberal, tanto a nivel económico como social.

En esta oportunidad les hablaré sobre su libro “La Sociedad de la Transparencia”, obra de escasas 100 paginas, pero densas y con una crítica (para algunos negativista para otros realista) sobre la sobre exposición que realizamos en redes sociales, y como esto ha afectado la psicología colectiva, y por ende la sociedad actual.  Divide su ensayo en 9 capítulos, describiendo una fotografía de lo que él considera es la sociedad actual: la sociedad positiva, la sociedad de la exposición, la sociedad de la evidencia, la sociedad porno, la sociedad de la aceleración, la sociedad íntima, la sociedad de la información, la sociedad de la revelación, y finalmente la sociedad del control.

 

En este artículo tomaré como referencia 3 de ellos donde intentare hacer una pincelada:

 

  1. La Sociedad Positiva

 

 

“La sociedad positiva está en vías de organizar el alma humana totalmente de nuevo. En el curso de su positivación también el amor se aplana para convertirse en un arreglo de sentimientos agradables y de excitaciones sin complejidad ni consecuencias”.

 

En este sentido el autor hace una crítica sobre el manejo excesivo que se produce sobre las emociones positivas, indicando que se muestra el placer inmediato, el éxito, la felicidad, lo alcanzable, es como si las redes sociales actuaran como plataforma adictiva, siendo las drogas de consumo los “me gusta”, “me encanta” “me divierte”, utilizándose como un medio de reforzamiento de la  autoimagen y de la autoestima del dueño de la publicación.   De manera que no hay espacio para lo que se consideran “emociones negativas”, no hay espacio para el lado escuro, para el sufrimiento y para a desdicha, esta versión humana es anulada, no tiene espacio para el reforzamiento social, todo lo que es considerado negativo es centro de críticas y de segregación.

 

“El amor se doméstica y positiviza como fórmula de consumo y confort. Hay que evitar cualquier lesión. El sufrimiento y la pasión son figuras de la negatividad. Ceden, por una parte, al disfrute sin negatividad. Y, por otra parte, entran en su lugar las perturbaciones psíquicas, como el agotamiento, el cansancio y la depresión, que han de atribuirse al exceso de positividad”.

 

El autor refiere el peligro de anular los sentimientos considerados negativos de la vida social, primeramente porque la contención a través de las redes sociales es efímera y poco tangible, y por otro lado este espacio de poca contención al sufrimiento humano puede llegar a producir cuadros complejo que afectan a la psiquis debido a la fragilidad de la autoestima del individuo basado en el reforzamiento logrado a través de las redes sociales.

Considerando que finalmente   la superficialidad misma de la situación es sostenida por este hiper positivismo frágil, esto puede llegar a producir un quiebre emocional en la persona que está impregnada por la sociedad de la transparencia (entregando toda su vida privada a las redes), y cuando esta no responde de la manera esperada pueden producirse cuadros emocionales graves como  depresiones, ansiedades y fobias, y en algunos casos más extremos psicosis.

 

  1. La sociedad de la exposición

El autor en este punto habla sobre la sobre exposición que hacemos de nuestra intimidad en las redes sociales, indica que ya no hay espacios privados, existe la necesidad actual de publicar todo lo que se hace y se siente, como una manera de “pertenecer” a la sociedad y ser aceptada por ésta, lo oculto es sospechoso, la transparencia actúa como mecanismo de búsqueda de confianza, y en este sentido, el video mostrado en la parte inicial de este artículo lo expone magistralmente, indicando la premisa “si no estás expuesto no existes”.

 

“En la sociedad expuesta, cada sujeto es su propio objeto de publicidad. Todo se mide en su valor de exposición. La sociedad expuesta es una sociedad pornográfica. Todo está vuelto hacia fuera, descubierto, despojado, desvestido y expuesto. El exceso de exposición hace de todo una mercancía, que «está entregado, desnudo, sin secreto, a la devoración inmediata”

 

Y esto lo podemos observar fácilmente en los actuales aclamados (y adinerados) “influencers”. Personas que han logrado lucrar de manera sustancial con sus vidas privadas, traspasando los límites esperados, y logrando convertirse en modelos sociales a seguir a través de lo que promueven como “vida ideal publicable” en las redes sociales. Ofreciendo una gama amplia de opciones y de estilos que alcanza para todos los gustos. Podemos tener desde académicos y científicos, artistas y deportistas, y personas comunes que logran diferenciarse por una razón especial. Mercantilizando así la existencia misma.

 

¿Alguna vez has leído los términos y condiciones cuando abres una cuenta en una red social? Te has dado cuenta que hay condiciones que explican que todo lo que subes voluntariamente a las redes pasan a pertenecer a la plataforma, aunque se borre posteriormente a la publicación, el archivo ya se encontraría en una nube de manera permanente, ya no te pertenece, sino que le pertenece a la red.

 

“El mundo se ha convertido en un mercado en el que se exponen, venden y consumen intimidades”

 

  1. La sociedad del control.

El autor introduce un término que a mi criterio personal es uno de los más delicados, el control digital. Toma el concepto de panóptico, que fue un tipo de arquitectura carcelaria creado por Jeremy Bentham, constaba de una estructura de celdas ubicadas alrededor de una torre de vigilancia permanente en el centro del edificio,  lo revolucionario de su diseño se basaba en permitir al guardia de seguridad quien se encontraba 24 horas en la torre central de vigilancia, observar a todos los prisioneros, sin que estos puedan saber si son observados o no. Lo cual era la base del control psicológico, el prisionero nunca controlaba cuando estaba siendo observado.

De la misma manera funcionaría el panóptico digital descrito por Han, los usuarios de las redes entregan voluntariamente información personal e íntima que permite a la red tener el control de la información para luego ser utilizada como elemento de consumo y vigilancia digital.

 

“La peculiaridad del panóptico digital está sobre todo en que sus moradores mismos colaboran de manera activa en su construcción y en su conservación, en cuanto se exhiben ellos mismos y se desnudan”.

 

Lo importante del hecho que refuerza el autor, es que la información que maneja la red de nosotros mismos, es información que nosotros voluntariamente hemos entregado, a través de la idea de libertad que ofrece navegar por la red, el precio que hay que pagar es la información personal que proporcionamos.

 

“La sociedad del control se consuma allí donde su sujeto se desnuda no por coacción externa, sino por la necesidad engendrada en sí mismo, es decir, allí donde el miedo de tener que renunciar a su esfera privada e íntima cede a la necesidad de exhibirse sin vergüenza.

 

Finalmente el autor termina con esta reflexión:

 

“Hoy, el globo entero se desarrolla en pos de formar un gran panóptico. No hay ningún afuera del panóptico. Este se hace total. Ningún muro separa el adentro y el afuera. Google y las redes sociales, que se presentan como espacios de la libertad, adoptan formas panópticas. Hoy, contra lo que se supone normalmente, la vigilancia no se realiza como ataque a la libertad. Más bien, cada uno se entrega voluntariamente a la mirada panóptica. A sabiendas, contribuimos al panóptico digital, en la medida en que nos desnudamos y exponemos. El morador del panóptico digital es víctima y actor a la vez. Ahí está la dialéctica de la libertad, que se hace patente como control”.

 

Conclusiones

 

Hay varias maneras de ver lo que este autor nos ofrece. Personalmente lo veo como una invitación a ser cuidadosos y a proteger nuestra intimidad. A intentar no mercantilizar nuestra vida privada como un producto. Escuchar bien lo que dice este autor, somos nosotros los que VOLUNTARIAMENTE entregamos información y ofrecemos parte de nuestra intimidad a internet, de manera que nos ofrece igualmente un halo de control, si, aunque no lo parezca, seguimos teniendo el control de lo que decidimos publicar y exhibir.

 

Nuevamente hago una invitación a leer sus libros, de manera que cada uno pueda sacar sus propias conclusiones, tomando lo que le sea útil y pudiendo desarrollo pensamiento crítico de la actualidad que nos rodea.

 

 

“La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo.”(Nelson Mandela).

 

 

Bibliografía:

La sociedad de la transparencia. Byung-Chul Han (Autor), Raúl Gabás (Traducido por). 2013

 

 

Caos: de la confusión a la creatividad

Caos es una palabra que solemos asociar a un estado confuso, agotador, desagradable. Muy comúnmente suscitando reacciones de miedo, inseguridad, bloqueo y hasta pánico.

Si nos remitimos a la RAE, Caos sería definido como:

  1. m. Estado amorfo e indefinido que se supone anterior a la ordenación del cosmos.
  2. m. Confusión, desorden.
  3. m. Fís. y Mat. Comportamiento aparentemente errático e impredecible de algunos sistemas dinámicos deterministas con gran sensibilidad a las condiciones iniciales.

Lo sorprendente del término, es como ha evolucionado en el inconsciente colectivo su significado, ya que de de las tres definiciones se han enfatizado (¿a propósito?) la segunda y tercera definición, obviando la importancia de la primera.

Ahora bien, prestemos atención a su etimología. Caos procede del latín “chaos” y a su vez del griego “χαος” (chaos) que significa abertura.

Más concretamente: espacio que se abre’, o ‘hendidura’, y procede del verbo χάω, que en formas derivadas significa ‘bostezar’, ‘abrirse una herida’ o ‘abrirse de una caverna’.  Incluso indagando en la mitología podemos apreciar como una importante tradición filológica considera que Caos es la hendidura o resquicio situado entre el cielo y la tierra, algo que se abre entre dos opuestos.

A pesar de la antigüedad del término Caos  y su exponente en la literatura mitológica más antigua, su ‘aparente opuesto’ Cosmos, ha sido siempre el hijo predilecto para la Ciencia, -algo así como en la parábola de Caín y Abel-, siendo sólo relativamente recientes las investigaciones realizadas en el campo de la Teoría del Caos, que le han otorgado el lugar que le correspondía al hermano mayor de Cosmos.

caín y abel

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Un poco de historia

El interésde la Ciencia por el Caos comenzó con investigaciones realizadas en el campo de la física, la química, la meteorología, la matemática y la biología, pero cada vez más, demuestra su utilidad en el campo de la sociología, la economía, la educación y la psicología.

Los estudios del Caos, la complejidad y los nuevos acercamientos a la totalidad pueden asociarse a nombres como Popper (1996), Lorenz (2000), Capra (1996), Allen (1996), Marmgren (1998), Briggs y Peat (1994), Poincaré (1963), Bohm (1980), Gleick (1988), Mandelbrot (1982), Ruelle (1991) y, por supuesto,  Prigogine (1994, 1997, etc). En el campo de la psicología y la psicoterapia tenemos Meara (1999) y a Manuel Almendro ( 2002),  entre otras personalidades.

Su inquietud comenzó a cuestionar la imperante visión determinista y reduccionista de la realidad, que percibe a ésta como una serie de sistemas aislados unos de otros (cerrados), en los cuales las influencias se llevan a cabo de forma lineal,siendo todo efecto de una causa que puede ser predecida con exactitud y por lo tanto controlada y manipulada.

Como podemos observar, la ciencia  ha reconocido el Caos desde siempre, pero con la esperanza de que el caos fuese la excepción a la regla del orden y que con el tiempo, ampliando nuestros conocimientos y nuestros métodos algún día todo sería predecible y causalmente conocido.

Ahora sabemos, gracias a los estudios sobre la complejidad y la totalidad, que el Caos es más la regla que la excepción. 

Teoría del Caos: algunas pinceladas

La Teoría del Caos trataría de explicar  las variaciones y fluctuaciones que se producen en un sistema vivo, abierto y dinámico, muy sensibles a las variaciones en las condiciones iniciales.

Pequeñas variaciones en dichas condiciones iniciales pueden implicar grandes diferencias en el comportamiento futuro, imposibilitando la predicción a largo plazo.

Tal y como lo explica el doctor en psicología y autor del libro Psicología del Caos, Manuel Almendro:

«Que todo apunte en una dirección no implica necesariamente que deba ser así. Multitud de variables que no pueden ser controladas tienen un claro efecto particular y único en cada circunstancia que ocurre en nuestra vida. El Caos es pues indeterminación, ni lo sabemos ni lo podemos llegar a saber.»

El siguiente vídeo tratará de explicároslo de manera más sencilla y divertida en 7 minutos.

Así pues, a partir de unos antecedentes X  que nos ocurre en nuestras vidas, podemos tratar de explicar lo sucedido (la cadena de eventos hacia atrás) pero no predecirlo con total seguridad, ya que existe una dependencia total de las condiciones iniciales y a pesar de eso, nos es imposible predecir qué sucederá, pues lo mental, lo psicológico, está sujeto a la incertidumbre, es decir a la impredictibilidad.

Es importante aclarar que caos no significa azar en absoluto. El azar es un concepto abstracto matemático, y no existe como tal en la naturaleza. Sin embargo el caos como fluctuaciones cíclicas que van del orden al desorden se encuentra en la naturaleza misma, y a diferencia del azar – que es ciego y carente de intencionalidad- dentro del propio caos existe un verdadero orden intencional, aunque este no es lineal y por lo tanto, no predecible a priori.

¿Significa esto que estamos irremediablemente sujetos a la incoherencia desordenada de nuestras vidas?

No. Significa más bien saber que muchas de las situaciones que percibimos como ordenadas y lineales es debido a nuestra propia percepción como observadores (no existe observación  independiente del observador) que le «impregna» dicho orden para darle un sentido y satisfacer la necesidad intrínsica que tiene la mente humana de querer completar lo incompleto, explicar lo que inexplicable, ordenar lo desordenado y llenar lo vacío.

Sistemas altamente sensibles

La vida, ya no parece ser una excepción a las leyes de la naturaleza. El ser humando forma parte de la naturaleza misma, y como tal, tiene en cuenta sus Leyes. Más que ser «un estado» y «lineal» (un ser ya hecho y con pasado-presente-futuro programado) el ser humano es un «ser en proceso» y por lo tanto, emergente.

Esta capacidad de ser fuente continua de transformación donde brotan nuevas direcciones (bifurcaciones o salidas emergentes) que conllevan a un nuevo progreso o evolución, a una nueva diferenciación de las estructuras iniciales, es lo que hace maravilloso el indeterminismo del caos.

El caso de Khalil Rafati que salió hace poco a la luz en los medios de comunicación, es un claro ejemplo de cómo funciona esta autoorganización en nuestras vidas de un modo no predecible.

 

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En su exposición del Efecto Mariposa, como concepto propio de la Teoría del Caos, Lorenz nos dice:

“Una consecuencia inmediata de la dependencia sensible en cualquier sistema es la imposibilidad de realizar predicciones perfectas, o ni siquiera mediocres, suficientemente alejadas en el futuro”

Nos  es imposible saber hasta qué punto las condiciones actuales fueron fuertemente influenciadas por algo que nos pareció insignificante, o que incluso no fue captado de manera consciente, dado que lo que rodea al ser vivo va desde lo más perceptible hasta lo más sutil, y es justamente esto último lo que suele ser pasado por algo y lo que provoca el verdadero efecto mariposa.

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Es lo que ocurre por ejemplo con el tiempo atmosférico y lo que llamamos ironía de la vida cuando habíamos visto en el telediario que haría un sol estupendo y nos ha caído una lluvia de campeonato.

«El aleteo de una mariposa en Brasil puede producir un tornado en Texas» (Edward Norton Lorenz)

La Teoría del Caos en nuestras vidas

Ahora bien, ¿en qué me puede servir a mí entender cómo funciona el caos es mi día a día?

Esta sería una muy buena pregunta y cuya respuesta asumo acorde a la que da Manuel Almendro

«Entender como funciona el caos presupone adoptar una posición de humildad frente a la naturaleza de las cosas, ya que dejamos de jugar a ser dioses intentando controlarlo todo y nos permitimos ser «vividos» por la vida.»

No desde de una posición derrotista o inactiva, sino siendo conscientes  y aceptando que la necesidad compulsiva de control de lo que nos sucede -a nosotros y al entorno- es un mecanismo que nos aleja del equilibrio psicológico más que cercanos a él.

Otra ventaja de aceptar esta postura es dar una explicación de la no-explicación, lo que produce un descenso de la ansiedad a nivel general. Es abrirnos a aceptar la incertidumbre, a reconocer nuestra necesidad compulsiva a salir de ella y admitir nuestra incapacidad para hacerlo completamente, con la esperanza de no tener que enfrentarnos al temido vacío.

Es más, volviendo a la definición de la RAE, si caos es el estado anterior al orden, entonces éste de convierte en el prerrequisito para la autoorganización y vuelta al equilibro. Es como si fuera necesario desorganizar para organizar, en una secuencia de movimiento de desorden-orden-desorden.  El caos pues, no es el «enemigo», algo contra lo que tenemos que resistirnos y luchar hasta desgastarnos, sino más bien, la antesala a la autoorganización.

 

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Esta autoorganización es considerada por Prigogine como la transición del orden al caos. Es como la esperanza del proceso que impide el establecimiento de certezas y no predetermina ni programa el futuro -aunque pueda imprimir una dirección movible a medida que los procesos avanzan-.

En los momentos de crisis personales se produce una ruptura interna, una inadecuación entre la persona y su forma de vida, entre ella y su entorno y una incapacidad de relacionarse a través de los modelos aprendidos, de su guión de vida y hábitos de comportamiento, etc. En ese momento se produce un corto circuito, una ruptura del fluir, y incoherencia entre lo que la persona piensa-siente-hace (los tres sistemas nucleares). Cuando esa «inadecuación» llega al máximo rompiendo con el orden considerado como «normal», se presenta lo que llamamos crisis emergente, el caos. Es en este momento de máxima inestabilidad donde la autoorganización puede permitir al individuo una transformación de los propios procesos, un nuevo encaje resolutivo del individuo consigo mismo y con el contexto.

 

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Así es como lo describe Manuel Almendro

«Los sujetos enfermamos por ese desorden natural pero también nos es posible curarnos precisamente a través de ese mismo desorden.»

Recordemos por último esa analogía mitológica que suponía la Caos como la hendidura entre el Cielo y la Tierra. ¿Y si en el afán egóico de empeñarnos en huir, romper, controlar y salir de ese estado de Caos estás obviando el hecho de que ese mismo estado es el que te llevará a la transformación y el re-equilibrio en tu vida?

Para terminar comparto esta preciosa y esperanzadora reflexión de Prigogine

La T. del Caos «permite a la naturaleza (incluido el ser humano) a abandonarse a un juego creativo, producir algo nuevo, no contenido implícitamente en sus estados precedentes. Su destino está abierto. Su futuro ya no está determinado por su presente ni por su pasado. La melodía no está compuesta de una vez para siempre. Se elabora sin cesar… A partir de ahora, el mundo puede estallar de creatividad.”  (Prigogine)

Fuentes:

-Almendro, Manuel. Psicología del caos. Editorial: La Llave, 2002.

-Asociación de Academias de la lengua española. Caos. Recuperado en http://dle.rae.es/?id=7HD3hMJ

-Spire, Arnaud: El pensamiento de Prigogine: La belleza del Caos. Editorial: Andrés Bello, 2001

Referencias bibliográficas:

-Martínez Robles, Yaqui Andrés. Teoría del Caos y Psicoterapia Gestalt: Nuevas aproximaciones a la configuración de la totalidad. Un voto a favor del indeterminismo. Revista Figura-Fondo Nº10

 

 

Aprendiendo a ser padres: El control de Esfínteres

Este es el primero de una serie de artículos para orientar a padres, hermanos, educadores y cualquiera interesado en el conocimiento acerca de los distintos ámbitos que ocupan la vida de los jóvenes y adolescentes. Pero si tuviera que definir un “Target” (Un objetivo) diría que se trata de una serie de artículos para orientar a los padres en el complejo mundo que es su hijo.

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¿Qué es importante saber sobre el control de esfínteres?

Es importante establecer unos «Standars»: La edad en la que los niños controlan habitualmente sus esfínteres oscila entre los 18 y 30 meses, siendo la maduración nerviosa una condición indispensable para alcanzar dicho control. La secuencia del control de esfínteres es: Primero de los 18 meses a los 2 años los niños suelen lograr el control anal tanto nocturno como diurno; Poco tiempo después el niño anticipa la sensación de hacer pis y/o decir que está mojado; A partir de los 2 años, se produce un incremento en la capacidad de la vejiga y se inicia el control: primero, de días y algo más tarde, de noche. Entre los 3 y los 4 años debe haberse logrado tanto el control diurno como el nocturno.

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¿Cómo enseñar a vuestro hijo a controlar sus esfínteres?:

Es necesario que enséñeis a vuestro hijo a controlar la orina cuando haya adquirido la capacidad para caminar de forma firme y rápida y empiece a decir que quiere hacer pis, aunque ya se lo haya hecho encima. Es importante que le quitéis los pañales para que aprenda a diferenciar entre estar seco o mojado. El verano es una buena época para enseñarle, porque no resulta tan incómodo si se producen fallos y se moja. Al principio, es conveniente estar pendiente de las horas en las que orina y del tiempo que pasa entre una y otra micción. Una vez que calculéis las horas en las que vuestro hijo puede necesitar ir al baño, proponedle que utilice el orinal o el inodoro, pero nunca le deis demasiado tiempo, porque podría provocarle rechazo.

Es conveniente permitir que vuestro hijo pase al baño y vea cómo usáis los demás el inodoro, para que intente imitaros. Actualmente, existen suplementos que se pueden acoplar al inodoro y que a vuestro hijo le gustarán más que el orinal, porque le permiten imitar mejor el comportamiento de los adultos. Para conseguir que vuestro hijo retenga durante más tiempo su orina, es conveniente enseñarle, como si fuera un juego, a cortar y soltar el pis cuando vaya al paño. Es importante que felicitéis a vuestro hijo cada vez que lo consiga y nunca le castiguéis o critiquéis si no lo logra. Es fundamental que ayudéis a vuestro hijo a bajarse y volver a subirse la ropa interior, pero no hagáis las cosas por él.

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Problemas de la eliminación:

  • La enuresis: Es la falta de control en la emisión de orina, sin causa orgánica que lo justifique, a partir de los 4 o 5 años. La enuresis puede aparecer durante el día (Diurna), solo durante la noche (Nocturna), o en ambas situaciones (Mixta). En algunos casos se produce todos los días y en otros de forma esporádica. Aunque la mayoría de las enuresis son primarias (Cuando el niño nunca ha controlado la orina), también se pueden dar las secundarias (Cuando, después de haber pasado un periodo de tiempo controlando la orina, el niño vuelve a hacerse pis). Estas últimas suelen coincidir con algún acontecimiento negativo o estresante. La enuresis es uno de los problemas más comunes a los que se enfrentan los padres en los primeros años de vida de su hijo. Si aparece, es necesario que un profesional determine cuáles son sus posibles causas: Antecedentes familiares de enuresis, sueño muy profundo, fallos en el entrenamiento de los hábitos de limpieza, acontecimientos estresantes.

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    ¿Qué hacer ante el niño enurético? Ante todo, es fundamental que no hagáis un drama, demostrando a vuestro hijo que confiáis en que sea un problema pasajero. Tened en cuenta que cada niño es diferente, por lo que debéis evitar comparar a vuestro hijo con otros niños (Hermanos, amigos, vecinos…). Por norma general, prestad atención a vuestro hijo, alabadle cuando consiga no mojarse. Nunca le castiguéis ni le recriminéis si tiene fallos. Podéis recompensar los logros de vuestro hijo, dándole un premio especial cuando consiga no mojar la cama un determinado número de noches. También podéis recurrir a los diferentes aparatos que existen en el mercado para solucionar el problema de la enúresis. Su funcionamiento consiste en la activación de una alarma ante las primeras gotas de orina, produciendo dos efectos: Se detiene la emisión de orna y el niño se despierta.

    Es importante que impliquéis a vuestro hijo para resolver el problema, sin recriminarle: Eseñándole que no debe ingerir líquidos antes de acostarse. Enseñádle a ir siempre al baño antes de dormir. Apuntando con él, en un gráfico, qué noches se hace pis y cuales no. Ayudándolo a responsabilizarse de retirar la ropa mojada (Pijama y sábanas). Evitando ponerle pañales, porque dificulta que el niño aprenda a recibir las señales que le avisan de que desea hacer pis, aunque si podéis colocar en su cama un plástico para proteger el colchón.

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    Es conveniente que entrenéis a vuestro hijo a aguantar la orina, para aumentar la capacidad de su vejiga. Cuando os indique que desea ir al baño, pedidle que aguante cinco minutos. Una vez pasado ese tiempo, el niño irá al baño y se le debe felicitar por su esfuerzo. Paulatinamente se irán subiendo los minutos, para que pueda aguantar más fácilmente. También podéis despertar a vuestro hijo por la noche para que vaya al baño, pero es importante que se despierte del todo y que sea plenamente consciente de lo que está haciendo. A partir de los 5 años, es conveniente que acudáis al pediatra y al psicólogo, para descartar causas orgánicas y determinar la mejor forma de actuación. También existe medicación específica que se utiliza en los casos de enuresis, pero siempre debe administrarse bajo recomendación y supervisión médica.

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  • La encopresis: Es la falta de control en la evacuación de heces, sin causa orgánica que lo justifique, a partir de los 4 años. Aunque es un problema menos frecuente que la enuresis, si aparece es necesario que un profesional determine cuáles pueden ser sus posibles causas: Estreñimiento, problemas durante el entrenamiento de ir al baño, situaciones de estrés, dificultades familiares.¿Qué hace ante el niño encoprético? Al igual que los casos de enuresis, es importante que impliquéis a vuestro ijo para resolver el problema, sin recriminarle: Enseñadle a adquirir la costumbre de sentarse en el inodoro durante unos minutos, dos veces al día, al levantarse y después de la comida. Elaborando con él los horarios de defecación. Apuntando con él, en un gráfico gráfico, los éxitos y los fracasos, premiando cada éxito. Ayudándole a responsabilizarse de la limpieza en los episodios de encopresis. Alabando sus esfuerzos e interés por resolver el problema. Es fundamental que evitéis bromear, criticar y, por supuesto, castigar a vuestro hijo cuando se ensucie, porque afectará negativamente en su autoestima. Es conveniente que acudáis al pediatra y al psicólogo, para determinar si existe o no causa orgánica y determinar la mejor forma de actuación.

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Conclusión:

No existe una edad fija para que vuestro hijo empiece a controlar sus esfínteres. Llegará a hacerlo cuando esté preparado. Si sois demasiado estrictos o, por el contrario no le enseñáis, puede que tenga dificultades. Es conveniente no desatender este tipo de problemas, ya que suelen producir sentimientos de culpa tanto en vosotros como en él y un aumento de la tensión en el ambiente familiar. Para evitarlo, consultad con el pediatra, que determinará si existe una alteración orgánica. Una vez descartada es importante acudir al psicólogo para que analice y valore la mejor forma de actuación.

Perder el control: Aprendiendo a abandonar la mente durante el sexo

Después de un taller de Gestalt sobre cuerpo y bioenergética el profesor nos recomendó un libro con un titulo cuanto menos muy  sugerente. El libro en cuestión es Orgasmo total, de Jack Lee Rosenberg. Y aunque  no lo pueda parecer por el titulo, poco habla sobre el orgasmo, apenas un capítulo. Y mucho sobre la energía que recorre nuestro cuerpo, sobre los bloqueos que sufrimos y que se manifiestan en nuestra respiración y sobre la conexión con lo sensual, sobre el contacto con nosotros mismos.

Uno de los últimos capítulos del libro es el que más llamó mi atención. También porque me he sentido muy identificada. Y no tanto en lo relativo a lo sexual, sino en lo relativo a la existencia misma. El capítulo se llama «Cómo abandonar la mente».

 

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Abandonar la mente

«Algunas personas experimentan un curioso fenómeno cuando comienzan a prestar atención a sus cuerpos: ¡sus mentes se hacen muy activas! Esta actividad mental parece llevar a la conciencia un torrente de contenido que es irrelevante en esa situación. Un modo de encarar ese fenómeno es analizar ese contenido. Otro es preocuparse del proceso mental, enfatizando el cómo de la actividad mental, más que el por qué o el qué».

Así comienza este capítulo del libro. Y precisamente es lo que me preocupa. El cómo. El cómo nuestra mente se convierte en una jaula de monos locos, como dirían algunas tradiciones orientales. Para lograr un orgasmo intenso, antes tenemos que poder abandonar nuestras mentes. O como dijo una vez Perls:

«Abandona tu mente, y dedicate a tus sentidos».

Pero para los occidentales, abandonar la mente es una herejía. Vivimos en una cultura que rinde culto a lo racional. Tenemos que entender todo a efectos de causa y efecto. Todo tiene que tener sentido. Todo tiene que ser explicado y entendido racionalmente. Le damos una prioridad absoluta al pensar, y poco al sentir. Además de que el pensar, generalmente, interfiere en nuestra capacidad de sentir.

 

Cómo interfiere la mente en el «sentir»

Lo puede hacer de varias formas, que se pueden resumir en preocuparse, contenerse y desconectarse. Y siendo esta una simplificación excesiva, nos sirve para poder comprender este proceso de forma sencilla, y en nosotros mismos.

Cierra tus ojos y observa con atención hacia dónde va tu mente. ¿Qué es lo que continua en tu cabeza cuando haces esto? Quizá notes que tu atención se ocupa de como te estás sintiendo, de cómo se encuentra tu cuerpo en este momento. Te haces consciente de la silla sobre la que estas sentado, si es muy dura o por el contrario es muy blanda, si hace frío o sientes calor. Te haces consciente de los sonidos, de tu respiración, de la incomodez de tu cuerpo, o de lo tranquilo que estás. Estás presente aquí y ahora.

Esto suena muy bonito, pero lo más común es que esto no suceda. Y que tu mente se dirija hacia el futuro, ensayando, imaginando y planeando lo que va a suceder. Esto te aleja de lo que está ocurriendo en este momento, del aquí y ahora. Y te aparta de la espontaneidad.

O también te puede ocurrir que te vayas al pasado. Hacia una situación irresuelta o inacabada, hacia algo que necesita «completado» de algún modo, un desacuerdo con alguien, una discusión, una conversación pendiente… El famoso fenómeno «tenía que haber dicho» o «tenía que haber hecho».  Al ensimismarnos en nuestra imaginación, lo más probable es que lleguen recuerdos que no nos dejan estar tranquilos.

«Además, cuando más profunda es la implicación emocional de la situación que nos perturba, mayor es la necesidad de finalizarla, resolverla completamente y despacharla».

 

Perder el control

 

Completar una gestalt

Este concepto de finalizar o resolver una situación que nos mantiene intranquilos es uno de los principios básicos de la terapia gestalt, y es lo que se denomina «completar» una gestalt. Una situación incompleta atrae energía como un imán. Como dice Jack en el libro, es como cuando entra el vecino, se quita los zapatos, y deja caer solo uno al suelo. Nuestra atención se queda «enganchada» esperando el sonido del otro zapato cayendo al suelo. Sólo al escuchar el sonido, al completar al gestalt, nos quedamos tranquilos. Y queda energía libre para prestarle atención al presente.

Algunas personas no quieren, no pueden o no saber completar sus gestalts no resueltas. Y lo que hacen es aguantar enfrascados haciendo cosas. Y así se evita resolver esas situaciones. Y así se evita sacar a la luz relaciones amorosas fracasadas, conflictos, rencores… Y este «no sacar» hace que se nos quede anquilosado el pasado. Y si estás en el pasado, no estás en el presente.

«Te encuentras atrapado entre el «entonces y allí» y el «aquí y ahora». Tu energía está divida».

Y si algo he aprendido con los años, es que la energía está donde está tu mente. Si tu mente está en el pasado, o en el futuro, toda tu energía está allí. Incluso con las personas o las situaciones. Si estás obsesionado con una persona, o una situación, allí está toda tu energía, en vez de estar en ti mismo. Y de esto viven muchas personas tóxica y «vampiros emocionales». ¿Qué ocurre cuando alguien te ha hecho una faena enorme y tu no paras de pensar en esa persona, aunque sea para insultara en tu imaginación? Al final le estás «regalando» tu energía. Él se hace más fuerte y tu más débil.

Muchas veces no podemos resolver estas situaciones inacabadas. No hay forma de resolverlo en nuestra vida. Pero sí lo podemos resolver en nuestra mente, en nuestra imaginación. Podemos cerrar los ojos, imaginarnos la situación en cuestión, y encaminarla hacia una resolución. Mentalmente podemos finalizar la situación y despedirnos de ella.

Estar demasiado tiempo en el futuro y en el pasado puede ser nocivo para nuestra salud. Tener la tendencia de «irte» durante largos periodos puede hacer que te sientas perdido en tu imaginación. Pero tener un contacto prolongado también puede ser nocivo. Mantener el contacto durante largos periodos de tiempo es prácticamente imposible, y el esfuerzo de «tengo que estar conectado» puede agotar nuestra energía. Encontrar el equilibro entre contacto y ensimismamiento es una de las claves de la salud y el equilibro emocional.

 

«Simplemente ser»

En  Oriente se conocen desde hace miles de años las cualidades de intrusión y distracción propias de la mente, y ha desarrollado medios para afrontarlas. Por ejemplo el Raja Yoga, es el camino de la iluminación a través del control de la mente; es un método para «detener» la divagación espontánea de la mente.

Pero siendo más «mundanos», podemos decir que la diferencia principal entre la filosofía oriental y occidental está en el «ser» y el «hacer». Los occidentales estamos siempre haciendo y tenemos grandes dificultades para simplemente ser. En cambio en la filosofía oriental el acento se pone en el ser.

«Tu eres y para ello no tienes que hacer nada.»

El pensamiento oriental viene a decir que cuando vemos algo intelectualmente, lo hacemos de forma separada, es algo separado de nosotros. Y «parando la mente» puedes tener una experiencia directa del Universo. Puedes ser uno con él. Pero si sigues con el autoanálisis que nos obsesiona, no hacemos más que aumentar la distancia entre el Universo y nosotros mismos, con nuestra mismidad. Si somos capaces de «parar la mente» podremos tener un conocimiento directo de nosotros mismos. Por desgracia, la mente no siempre quiere cooperar, y continua «haciendo su camino»… Por ello el filósofo oriental desarrolla caminos para apaciguar la mente y experimentarse a sí mismo más directamente.

 

perder el control

 

1- Dejar de preocuparnos

Desde un punto de vista occidental, concebimos la mente como un ordenador. La mayor parte del tiempo la mente funciona fluidamente, pero a veces se queda atascada, del mismo modo como lo hace un disco rayado. Este disco rayado es el PREOCUPARSE. Puede adoptar la forma de situación inacabada, si hablamos del pasado, o la de un simulacro, si hablamos del futuro. Ambas nos sacan del aquí y ahora.

Lo opuesto a preocuparse es estar tranquilo. Y un modo de que la mente se sienta tranquila es la práctica de la meditación.  Una forma de practicar meditación es hacerlo mediante un mantra. Y no es más que repetir una y otra vez una frase original del sánscrito, que tiene algún significado. Pero lo que realmente nos importa es la repetición. Para entender esto mejor, mejor leer una historia que cuenta Jack Lee:

«Un yogui me contó una historia de un maharajah que tenía un inteligente siervo, capaz de hacer cualquier cosa por él. El único problema era que el siervo estaba constantemente al lado del maestro diciendo: «Qué puedo hacer ahora, maestro? ¿Qué puedo hacer ahora?», tirándole de la manga y solicitando nuevas tareas. El siervo estaba volviendo loco al maestro. Así, finalmente, el maestro dijo: «Quiero que vayas y construyas una torre de siete pisos de altura, y luego quiero que subas y bajes corriendo las escaleras hasta que te llame». De esta manera el maestro se cuidaba de sí mismo cuidándose del siervo que le estaba llevando a la locura.»

De la misma manera que podemos hacer nosotros con nuestra mente. No necesitamos preocuparnos cuando estamos intentando relajarnos, o disfrutando del sexo. Así que la única solución al problema del disco rayado es dejando que se sobrecargue, como un mantra, hasta que al cabo de un rato, se queda calmada.

Uno de los problemas al que nos tenemos que enfrentar los occidentales, es que nos identificamos demasiado con nuestros pensamientos. Con lo que asumimos que el no pensar equivale a no ser. Sólo hay que recordar al famosa frase de Descartes, «Pienso, luego existo». Uno de los objetivos de la meditación es romper sea creencia, romper esa identificación tan fuerte con nuestros pensamientos.

También podemos reflexionar en estas ideas, como ya  nos contaba Montse en su post «Quién soy yo» :

 

«Yo no soy mi cuerpo; tengo un cuerpo, pero no soy mi cuerpo.
Yo no soy mis emociones; tengo emociones, pero no soy mis emociones.
Yo no soy mis deseos; tengo deseos, pero no son yo mismo.
Yo no soy mi inteligencia; tengo intelecto, pero no me reduzco a ello.
¿Qué soy yo entonces? ¿Qué queda después de descartar mis
sensaciones, emociones, deseos y pensamientos?
Yo soy un centro de conciencia y voluntad, capaz de dominar,
usar y dirigir todos mis procesos psicológicos y mi cuerpo físico.

Aún cuando nuestra mente no está atascada en una pauta de preocupación, podemos tener dificultades para «dejarnos ir» en la excitación corporal. Si somos capaces de concentrar la mente en algo que no de pie a ninguna pauta de pensamiento, descubriremos que nuestro cuerpo se encuentra libre para experimentar sus sensaciones.

Nuestra mente es un ordenador inmenso y activo que recoge datos sin parar, durante todo el tiempo que estamos despiertos.  A veces parece estar tan sobrecargada que parece que vaya e explotar. Y en esos momentos necesitamos vaciarla y empezar de nuevo. En este caso podemos utilizar otro tipo de meditación. Se trata de prestar atención a los pensamientos como si estuviéramos distante de ellos, como si no fueran nuestros, y se trataran de una película. Hay que dejar fluir los pensamientos, sin retenerlos sin juzgarlos, sin censurarlos… Nos desidentifiamos de nuestros pensamientos. Podemos imaginarnos a nosotros mismos al lado de un rio de curso lento, y nuestros pensamientos son los objetos que flotan en el agua, lentos, que pasan a nuestro lado para seguir su camino.

Vaciamos la mente. Dejamos que nuestros pensamientos fluyan tranquilos, sin interrumpirlos. Si aparece un pensamiento, lo examinamos atentamente y vemos si se trata de un asunto inacabado. Si así es, lo apartamos a un lado, nos imaginamos que lo ponemos a un lado, cercándolo con un muro, para poder volver a él más adelante. Ahora tenemos que vaciar y relajar la mente, no nos atamos a ningún pensamiento, aunque sea una obsesión no acabada que nos persigue. Y pronto te darás cuando la mente cesa en su preocupación.

perder el control

 

2- Dejar de controlarlo todo

Otro hecho que nos aleja de poder «abandonar la mente» es el contenerse. O dicho de otro modo, el tratar de controlar todas las situaciones que nos rodean. Intentar poner cada cosa en su lugar, controlar y aislar nuestro entorno de modo que todo siga el camino que nosotros queremos. «Aparentar» también es una forma de controlar.

¿Y qué es lo opuesto a contenerse? Soltarse, aceptar las cosas como vienen, respondiendo con espontaneidad al Ahora. Y como suele ser más fácil decir las cosas que hacerlas… ¿Cómo podemos soltarnos? Si dirigimos la atención a nuestro cuerpo, no a lo que está haciendo nuestra pareja, ni a lo que sucede a nuestro al rededor, podremos ser conscientes de nuestro propio «contenernos», de la dificultad que sentimos para soltarnos, para dejar el control.

 

perder el control

 

3- Dejar de desconectarnos

El tercer fenómeno que experimentamos en nuestras mentes consiste en desconectarnos. Y estoy seguro que esto os suena. La mayoría de las personas no estamos verdaderamente presentes la mayor parte del tiempo. Somos autómatas. Y este efecto se multiplica cuando estamos en una situación que nos produce ansiedad, como lo es el sexo para mucha gente. Al desconectarnos nos disociamos de nuestra experiencia. Y además, por si fuera poco, podemos aumentar químicamente este efecto de «no presencia» mediante el alcohol o tranquilizantes.

Para el que se sabe «desconectado», pero quiere invertir este proceso, hay esperanza:

«Si atraes la atención hacia tu conciencia en detalle, si verdaderamente pones atención en lo que estás haciendo, estarás en situación de comenzar a ponerte en funcionamiento, a conectarte.»

Podemos mirar el enfoque oriental respecto a poner atención, y para poder comprenderlo basta observar cualquier monasterio Zen, donde existe una disciplina permanente, momento a momento, sobre cualquier pensamiento o acto, requiriéndose una constante y plena atención.

Para empezar podemos decirnos a nosotros mismos: «Ahora soy consciente…» y terminar la frase. De los colores de la habitación, de los olores, de los ruidos, de mis manos, de frío o el calor… La práctica regular de esta técnica aumenta la sensibilidad hacia el presente que nos rodea. Y según vayas repitiendo el ejercicio, aumentará tu sensibilidad sobre lo que sientes dentro y fuera de ti.

«Vuelve a este mundo, aquí y ahora, y pon atención. Disfruta de tu vida al máximo. Que yo sepa, esta es la única oportunidad que tienes de hacerlo. Esta es, en palabras de Ken Kesey, «la única entrada que has conseguido para este espectáculo»; si no estás atento, se la llevará el viento».

 

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